miércoles, 7 de agosto de 2013

La jaula de oro

Presentada en el Festival de Cine de Cannes 2013 en la importante sección de a certain regard en donde ganó un premio, el Prix un talent certain pour l'ensemble des comédiens (un reconocimiento a sus actores), el primer largometraje de ficción del director español Diego Quemada-Díez ahora presente en la competencia oficial de ficción del 17 Festival de Cine de Lima trata sobre la emigración a Estados Unidos por la vía ilegal, ejemplificada mediante  el viaje mochilero de tres muchachos que están entre los 15 y 16 años; una chiquilla que se hace pasar por hombre, Sara (Karen Martínez); un indígena que no habla español, Chauk (Rodolfo Domínguez); y un atrevido, arisco e intrépido jovencito, Juan (Brandon López).  

Ellos tomaran el camino largo y difícil siguiendo la ruta rural hacia Norteamérica atravesando pueblitos y el amplio y mucho desolado campo, partiendo desde Guatemala, pasando por México hasta su frontera con el país de las barras y estrellas para llegar a Los Angeles, California. Pero en ese trayecto no faltaran los problemas, el dolor y las emociones, siendo una historia de aventuras, fuertes trabajos agrarios, improvisaciones teatrales, una vida austera que se adapta a poco, gallinas que robar para comer, bebiendo aguardiente, durmiendo en vagones abandonados, enfrentando a la policía y a migraciones, a distintos secuestradores y guerrilleros/narcotraficantes, pasando por fiestas populares y subidas como polizontes a los techos de los trenes de carga. Todo lo que sirve para unir a estos tres pequeños, recios e independientes soñadores que han madurado temprano y se han puesto una meta ardua, la que muchos toman, arriesgando su seguridad por un futuro mejor.  

En ese periplo hay juegos y atracciones, enojos y prejuicios, camaradería y conflicto. En una en general muy lograda convivencia con diferentes perspectivas y sentimientos. Hay una notable actuación al respecto y se crea una simpatía por ellos tres, teniendo naturalidad y presentando esa simpleza del ansiado realismo interpretativo, aun teniendo uno que otro lugar común en cuanto a reacciones, como la distancia entre Juan y Chauk, y la proximidad de este último y la comprensiva Sara; sin embargo, finalmente toman rumbos que uno no hubiera predicho.  

No es que invente la pólvora, Diego Quemada-Díez, pero lo hace bastante bien en ese trayecto de embestidas y retos, utilizando cierta medida contención en el despliegue de afectos, lo suficiente para que uno sintonice, y bien, como para el goce de la mayoría, pero sin desecharse en la abrumadora exaltación tanto que pierda algo del necesario halo de complejidad que tiene, confabulando con esta pequeña banda de inmigrantes, que de eso trata, de crear la infaltable empatía, si bien es un relato desasosegante y triste en el devenir que nos presenta, colándose una crítica al sistema que pone tan complicado el querer hacer realidad una vida mejor en otro país, siendo fulminante además su contradicción, entre lo que uno espera y lo que encuentra, como en el sueño de la nieve cayendo en la oscuridad, una belleza y anhelada felicidad que luego se transforma en melancolía.

Es un filme de estilo "comercial", muy bien hecho, de fácil visionado que ostenta sus alegrías y que aunque puede no ser todo lo original que uno quisiera ver, es entrañable, simpático y también muy doloroso, tanto que Diego Quemada-Díez no ha podido evitar mostrar que el mundo es un lugar duro donde no abundan los finales felices (lo que clama porque nosotros lo transformemos reflexionando ante lo visto), como se puede ver en su famoso y multipremiado cortometraje I Want to Be a Pilot (2006). Se acerca un poco al efectismo, como acostumbra, pero también muestra la verdad que está ahí afuera y no se puede negar y cala aun frente a nuestra habitual desconfianza.

Cuando nos preguntamos cómo hará el indígena de ilegal en tierra anglosajona con la limitación del lenguaje, el que sirve de centralización de un cúmulo de diferencias que deben rebatirse por algo mayor, la cualidad de hermanos de toda la humanidad, vemos que se sortea en el complicado viaje, y eso alberga esperanza. Otra pregunta tomándola al pie de la actualidad que evoca el filme es ¿Vale la pena ir a parar a una jaula de oro?, como atrapado en falsas ilusiones. Es un retrato pesimista al fin y al cabo.

En este relato habrán algunas sorpresas como ¿y que de aquella persona? y como en la vida misma se darán historias sin resolver, como en aquella mirada perdida en los copos de nieve de la negra noche. Cierta impotencia latente que espera por un cambio, aunque arreglar el mundo nos parezca tan utópico. Eh ahí el reto y el mensaje de esta propuesta que no solo entretiene claramente, sino que aporta su grano de arena; la que nos recuerda a tantas películas, y aun así plantea su propia voz.     

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