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miércoles, 27 de octubre de 2021

Dune


Dune es como Tenet (2020), grandes películas de sala, para ver especialmente en la sala de exhibición, películas que podemos llamar de fuegos artificiales, cine espectáculo y también 2 obras notables del séptimo arte. No obstante Dune, de Denis Villeneuve, es una obra sencilla, sin excesos, sin sobre abundancia, todo está en su justa medida. La tecnología del futuro es sólida, y no es mucha, mejor así, pero más que suficiente, para no caer en el error, en la tontería, al tratar de imaginar demasiadas cosas futuristas. El filme habla de un mesías, al estilo de Jesús, alguien positivo para el universo, pero Paul Atreides (Timothée Chalamet) es también un guerrero en ciernes, no un pacifista como Gandhi, Mahoma o Jesús. Atreides se hace llamar un freak por ser un hombre predestinado, con visiones, en sueños, un tipo elegido para cambiar el universo. Villeneuve es astuto y coloca lugares fáciles de reconocer en un lugar más extraño como sería un típico sci-fi. Así vemos un enfrentamiento entre los hombres de la casa Atreides liderados por un jefe militar interpretado por Josh Brolin contra unos comandos asesinos de la casa Harkonnen, como si estuviéramos viendo Gangs of New York (2002). Es un filme que también se percibe esotérico, sobre todo al inicio, y tiene algo del cine de terror, así los poderes mentales de la madre de Paul y del mismo Paul parecen propios de las brujas del cine de género. Es una obra no solo de un mesías sino de su madre, su guía, tal cual toda madre quiere encaminar a un buen futuro a su hijo. Ésta madre la interpreta Rebecca Ferguson. El padre es una figura poderosa, pero más común. El malvado máximo es bastante bueno, el barón Harkonnen (Stellan Skarsgard), un tipo gigantesco, voluminoso. Yace trabajado con gran pulso y sin ninguna necesidad de ser políticamente incorrecto. El filme tiene a Chalamet, flaquito, como un joven prometedor, y no desentona, sin ser impresionante. Ésta austeridad guerrera colinda con cierta sofisticación estética, es un guerrero propio del tiempo futurista que de cierta forma vivimos. El desierto como contexto y base de la novela de Frank Herbert -escrita en 1965- pone la nota clásica al filme, como un lugar curioso al ser domesticado por lo indígena además, por las tribus llamadas Fremen. Ésta propuesta recuerda ligeramente, por partes, a la saga de Star Wars, aunque la novela de Dune es anterior incluso a la primera trilogía que arranca en 1977 y seguramente Star Wars bebió algo de la novela Dune. Las naves futuristas asemejan a libélulas y se ven excelentes. La pelea del final con el actor de color Babs Olusanmokun es maravillosa a su vez, muy representativa, toda una gran iniciación. Es un filme que se ve cosmopolita y no luce forzado en ello. Zendaya como la musa del héroe está muy bien utilizada -poco, en sueños más que todo, pero notablemente-, sin que sea vea sexy, sino natural simplemente. Momoa trasmite relajo y empatía ligera para bien y mal, pero se percibe como un efectivo guardaespaldas asesino. Éste propicia buena acción, sin que ésta primera Dune tenga mucha, pero hay y se proyecta bastante potente, minimalista, poco pero sugerente. Es un filme que no aburre nunca, y está más que bien narrado, es novedoso sostenidamente, sin que tenga que hacer malabares o efectismos, todo tranquilo, fluido. El filme tiene una atmósfera algo retadora y se le siente personal, melancólica, de aire solitario y meditativo, gris y tenebrosa, ayuda la paleta oscura de colores. La notable banda sonora de Hans Zimmer parece que tiene una onda religiosa, con sonidos como de terror, que aportan misterio al filme, manejan o imponen un halo ficticio de cierta oscuridad, aunque es un filme claro y sencillo en realidad, de entretenimiento puro y duro del bueno, de nivel. Todo el momento en la nave cuando transportan de presos a Paul y su madre es de antología, éste momento será un clásico en el futuro, es perfecto, Villeneuve le pone terror y realismo algo sucio.   

domingo, 17 de diciembre de 2017

Blade Runner 2049

Trabajar alrededor de una película tan aplaudida siempre es un riesgo, más allá de la expectativa que genera. La mayoría falla. Pero Blade Runner 2049 (2017) sale victoriosa. No es una película espectacular, pero es una buena secuela. El director Denis Villeneuve junto a los guionistas Hampton Fancher –guionista de la primera Blade Runner- y Michael Green hacen una historia que respeta la original y la complementa muy bien. Incluso Deckard obtiene más respeto que el que tuvo Han Solo en Star Wars: Episodio VII - El despertar de la fuerza (2015), pensando en las actuaciones más populares y admiradas de Harrison Ford.

Ryan Gosling es K, un blade runner que caza replicantes antiguos, pero pronto él renegará de su trabajo cuando se dé cuenta que él también ansía ser muy humano y que los replicantes, seres que ansían la libertad, atrapados bajo el yugo humano, merecen una mejor existencia. El cambio llega cuando los replicantes ya no son construidos, sino pueden reproducirse por ellos mismos, éste cambio hace que se trate de buscar eliminar al primer replicante nacido. K es enviado por su jefe de la policía (Robin Wright, que hace un personaje sólido, que sólo cumple con su trabajo y el que cree su deber) a desaparecer todo rastro del mesiánico replicante.

El filme de Villeneuve tiene una narrativa lenta, vemos como es la vida de K por buen tiempo, K tiene una pareja virtual, un holograma, en la actriz Ana de Armas. Ella trae un sentir de melancolía, aunque ella es una mujer muy sensible, una mujer que solo busca la felicidad de K. La vida de K está dedicada al trabajo, cazar, pelear y matar replicantes viejos, y volver a su casa y tener una vida sin intensidad, apagada. Pero K en silencio guarda un secreto. Quiere ser también humano, aunque siente amor por Joi (Ana de Armas), que es un dispositivo de manufactura, que lo compras. No obstante se alimenta de las experiencias a su alrededor.  

Esta propuesta no contiene mucha acción, pero es interesante, mantiene la atención por su historia. Todo gira alrededor de un descubrimiento obvio, no del todo corroborado. En esto el filme tiene coherencia, y va alimentando su narrativa. Va otorgando más y más forma, aunque lo conozcamos de manera directa y fácil. Esto no está mal, simplemente es una forma de aparente cine amable, de dar arranque a todo lo que vendrá, que es bastante.

Esta obviedad solo es una parte porque las formas son lentas y la película evita el espectáculo en la mayoría de su metraje, que sólo se presenta por espacios muy cortos y sobre todo al final, con la replicante ultra moderna asesina Luv (Sylvia Hoeks), que aunque es de movimientos veloces y gesticulación normal y muestra una cruel inteligencia en sus diálogos recuerda a la máquina femenina de Terminator 3: Rise of the Machines (2003).

Blade Runner 2049 le da mucha cabida a los personajes femeninos, que están muy bien trabajados y presentan variedad, a un lado sensibilidad y al otro mucha fortaleza, aunque es K el protagonista. Dave Bautista tiene un papel pequeño como el replicante Sapper, pero siempre está en ascenso, mejorando, y no le falta una buena performance y es para tenerlo presente. También nada más memorable que entrar en el pasado de la mano de los hologramas que muestran a Sinatra y a Elvis cantando en un abandonado enorme casino y que en ese mismo lugar el blade runner clásico y el nuevo se tomen unos whiskies al conocerse. 

martes, 29 de noviembre de 2016

La llegada (Arrival)

El canadiense Denis Villeneuve es uno de los grandes directores de la actualidad, no solo únicamente en Hollywood y por la enorme repercusión que esto significa en los cines del mundo, sus películas exceden el rotulo de simple entretenimiento, es audaz, interesante y personal. Su última película es una maravilla, tiene suma inteligencia en como armar una narrativa plena, perfecta y de relevancia, y sorprender al espectador por completo con su redondez final. Hablamos de llevar una sonrisa –y lágrimas- al final de su visionado, y esto se debe a que el filme está interrelacionado con algo muy humano; lo grande y posiblemente espectacular –a lo Independence Day (1996)- con lo familiar y muy sensible.

La llegada (2016) puede ser vista como una historia de posible invasión y guerra con extraterrestres, en donde 12 naves yacen a pocos metros de altura en los cielos de distintos países de nuestro planeta, sin que conozcamos sus intenciones, con lo que ciertas potencias mundiales como China en especial, y EE.UU. por su parte también se halla en tensión y desconfianza, sienten que pueden ser un peligro para la humanidad, y están dispuestos a atacar a las naves, mientras los alienígenas, que parecen calamares o pulpos de buen tamaño, votan tinta para generar símbolos como palabras tal cual el idioma japonés o jeroglificos, y hay un trabajo de comunicación y de descifrado por lograr, para lo que se le pide a una experta lingüista, Louise Banks (Amy Adams), que se encargue. La otra parte del filme es que Louise supone ha perdido a su hija, y debe superarlo (antes o después, no importa), lo cual es enorme, pero la historia no se queda ahí y juega con nuestro entendimiento inicial, al dar un gran vuelco al final.

Los extraterrestres vienen a hacernos ver el lenguaje universal, en una unión trascendental de evolución como en 2001: Una odisea del espacio (1968), articulando un lenguaje que significa devoción al ser humano –tocando nuestra entrañas y vínculos más poderosos- a pesar de cualquier desenlace, mediante lo gigantescamente complejo  y  extremo de padecer;  o aquel que trata de comprender lo que le es distinto y lejano, al otro, al foráneo, uniendo las distancias, como puede ser a través de los puntos de conexión como el amor y la entrega más honesta.

Todo el filme tiene una lectura sentimental escondida en una película de ciencia ficción, de las mejores de la historia del séptimo arte, agrego. Es parcialmente una película de género, que se escurre de las convenciones y de lo más fantástico (incluso las naves y los extraterrestres son algo muy básico visualmente, las naves parecen monolitos, otra conexión con la película de Kubrick), que en realidad es más un drama velado, fuera de las tantas intervenciones de la lingüista y de su equipo que cuenta con el matemático Ian Donnelly (Jeremy Renner) que será parte importante dentro del rompecabezas general. La llegada, aclaro, no es una película difícil de entender, como la interesante pero críptica Enemy (2013), es cercana y amable, la que será más que seguro una película de alta competitividad en los próximos premios Oscar. También será bastante curioso ver que hace Villenueve con la secuela de Blade Runner (1982). 

miércoles, 21 de octubre de 2015

Sicario

Nuestra visión colectiva del mundo tiende a cambiar de alguna forma con el pasar de los años, digamos que discreta y sutilmente, y eso se refleja en distintas partes, como en el séptimo arte, que radiografía el pensamiento imperante o en ciernes de consolidarse, y ¿cuál es éste en particular el que maneja el filme? El de la ausencia de cierta moral, ética e idealismo, en que todo vale por enfrentar a un grave mal de la sociedad, en esta oportunidad, al narcotráfico, en que se empieza a aceptar que la corrupción, la suciedad estratégica, los asesinatos extrajudiciales, la tortura, las negociaciones ilícitas, el choque abierto como en una guerra sin miramientos legales ni cuartel, la intimidación, el uso de sicarios, como los planes tácticos de posicionamiento y enfrentamiento no tienen atenuantes ni trabas de ninguna índole si la meta lo dispone, es decir, el fin justifica los medios, aunque, claro, dentro de lo que es una película, de la libertad imaginativa y narrativa, un tono de cierto relajo y en pos del entretenimiento.

La trama trata de que una nueva visión de operación contra el lado oscuro, el mal, el tráfico de drogas, es capital, indispensable e ineludible para vencer a este enemigo social, criminal y endémico, rompiendo los límites entre como deben ser los héroes y sus némesis, el bien deja de ser impoluto, y se ensucia, aunque “no” se mancha (o eso poco importa), por salvaguardar el bienestar general, como lo decía Clint Eastwood en El francotirador (American Sniper, 2014), arguyendo un mundo de lobos, ovejas y perros pastores, ésta vez, con una propuesta más directa, más honesta, más realista, menos poética, mucho menos identificable con uno y bajo mayor alcance (fríos sicarios, en lugar de consumar héroes de guerra por sobre todas las cosas), invocando a secas un mundo de lobos, como por varios momentos ese es su trato narrativo y discursivo (véase esos ajusticiamientos horribles y tenebrosos de decapitados y mutilados colgando de un puente; o ese recorrido introductorio a una ciudad del caos, en una caravana de vehículos militares fuertemente armados, a través del tráfico y las calles imponentes de suma violencia y anarquía, habiendo uno inicial a la brutalidad y crueldad de los narcos en esas bolsas con cadáveres en las paredes y esos estallidos tempestuosos), ya que por el final llega el dramatismo clásico de Hollywood; como dice plenamente el concepto y el discurrir del filme por el que Emily Blunt es un mero pretexto de bondad, ética  y corrección obsoleta, bajo un potente señalamiento de ser un agente naif, fuera de lugar y de la necesidad del momento, lejos del entendimiento del mundo salvaje y brutal al que se enfrenta, implicando notoria indefensión (siendo rescatada de una estrangulación, la única salida frente a la declarada muerte, y perdonada su vida en varias oportunidades llegada la confrontación y el descubrimiento, mostrando su inutilidad, que hasta le dicen que se siente su miedo y la hace ver como una niña, al igual que pasa con su compañero afroamericano, que yace de relleno, y es el reflejo del lugar del que provienen, y de lo que representan en esta guerra implacable), como en su notorio asombro cuando recorre las calles de esa tierra de nadie llamada Juárez, México, fronteriza con El Paso (Texas, EE.UU.), los lugares por donde se mueve la historia y un equipo de élite del FBI en conjunto con la CIA, agencias con cierto conocido, afamado, lado todoterreno y toda permisividad entre sus acciones contra el crimen, y la amenaza, cualquiera que sea, hacia su país.

El filme tiene su gran goce cinéfilo, en varios momentos, es, qué duda cabe, un estupendo thriller, una película de acción y crimen especialmente dotada, puede que imperfecta en su última parte en querer aglomerar y concluir todo de golpe, en un enfrentamiento y resolución tras otro, que puede llegar a confundir el hilo de la trama, pero alberga también en ello una labor trepidante e intensa, una seguidilla de movimientos que producen sorpresa y adrenalina; con el túnel, por donde pasar la droga del cartel mexicano (que tiene un bello y audaz efecto nocturno, que sigue a Zero Dark Thirty (2012), de Kathryn Bigelow, y hace lo suyo, utilizar el verde fosforescente, pero también una escala de grises), su nexo con policías corruptos, y esos dos familiares capos que hay que sacar del ruedo, llegando la consolidación del personaje de Benicio Del Toro, resuelto su misterio y las habladurías tras su repercusión y fuerza en los nuevos planes operativos, que justifican plenamente sus pesadillas, esa inquietud, ese estado de tensión y sus temblores en el avión que lo da a conocer, teniendo a un segundo en el carismático, natural y rudo Josh Brolin, un buen complemento en su descaro y “relajo” que anida por su parte en esta lucha, que tiene índole de generar un superficial encanto cool, como usar sandalias en plena reunión decisiva. Con ellos la gran Emily Blunt, que desde su rol de “niña” mimada, libertina, fantasiosa y sensual en My Summer of Love (2004) ya mostraba todo su talento; lo hace bien en su sacrificio de ser más una pieza explicativa clave de una tesis, que un lugar de lucimiento, mostrándose débil y menor al uso, con lo que más que minimizar su performance, uno la admira por su entrega y su cariz polifacético, como una dura policía, aunque no apta para mayores retos (aun, suponemos, alegando feminismo, más que corrupción).

La propuesta de Denis Villeneuve, que compitió por la palma de oro en el festival de cine de Cannes 2015, cumple con respetar mucho su historia, tiene vasta personalidad, dentro de una buena filmografía, por sobre exigencias “secundarias”, esquivando fuertes inclusiones formales de pensamientos imperantes buscados, viendo que el feminismo y la inclusión multirracial tiene su originalidad y lógica aunque por una parte levemente criticable (¿el compañero del FBI de color, de Kate Macer, Emily Blunt, es gay?), sirviendo a los acontecimientos, como el amigo afroamericano comportándose como una compañera de cuarto, criticándole el sostén y su falta de arreglo personal, acotando que la belleza de Blunt es demasiado incluso sin esforzarse, no usando la imagen hacia la gloria de estos. Mención aparte de estas banalidades, prima el mensaje de esa cancha rustica de futbol donde niños mexicanos juegan, cuando de repente padres y críos se sobresaltan al escuchar disparos a la distancia, ese es el mensaje central, a todos nos concierne hallar soluciones, aprobando o no el método del filme, sopesando que por nuestras acciones podemos descarrilarnos. 

lunes, 5 de enero de 2015

Enemy

En nuestra alicaída cartelera del 2014, lo de siempre, donde es como estar a cuentagotas en el infierno, buscando a ver si algo notable cae, lo cual sucede una vez cada tiempo, aparece ésta película, la que por su cualidad de críptica y surrealista es todo un logro que se haya encontrado en nuestras salas de exhibición, siendo un simpático “descubrimiento”, al ponerme al día con las que se me pasaron o se postergaron demasiado, pero que llamaban mucho la atención, sorprenden y valen harto la pena. Y es que el director canadiense Denis Villeneuve no es una novedad en cuanto a seguirle el paso, como a su talento y al interés que provoca, ya que Incendies (2010), que fue nominada al Oscar, lo dio a conocer al mundo con una excelente película. 

Así vemos que en su filmografía estila la autoría irreverente. En Maelström (2000), con la historia de una joven, bella y fresca mujer caótica, tras la extrema lucha existencial. La cual se hallará a sí misma en el amor, no sin antes enfrentarse a sus trágicos errores. Y la profundidad, seriedad y reflexión de la fragilidad de la condición humana en Polytechnique (2009), sobre la Masacre de la Escuela Politécnica de Montreal a manos de un desquiciado que asesina a más de una docena de compañeras de estudio arguyendo odio al feminismo como causante de injustas ventajas, disparidad aprovechada y muchos daños sociales que lo incluyen. Éstas películas son menores a un punto pero valiosas, como para echarles una satisfactoria mirada.

Habrían que pasar 3 años para que vuelva, no con una sino con dos propuestas muy atractivas que nos lo pone muy claro, Denis Villeneuve es un estupendo director. Una de ellas es Prisioneros (2013) donde la perversión, la sombra de la contaminación de un pueblo –por medio del abuso y el miedo- y la deformación moral o esencial, y las salidas anti-éticas por presión, frustración o desesperación son el camino común a seguir en medio de una lucha por subsistir bajo éste tipo de impiadosas -hasta sucias y deplorables- reglas, en un contexto muy duro en que se da pie a la tortura de un retardado, rol del eficiente y exigente actor Paul Dano, tras ser un posible pedófilo, o cómplice de secuestro, habiendo un manejo delicado pero seguro e incluso osado que sortea temas espinosos con el ánimo de implicar una rabiosa intensidad y el mejor suspenso, que el canadiense consigue en muy buena medida en sus propios términos, a la par de un sencillo pero contundente estudio en lo que invoca el título. Con esto hay razones para odiar tanto como para amar el filme en su libertad funcional. 

Posee gran ritmo, varios giros, dos grandes protagonistas. Uno, el infravalorado pero bastante mejor de lo que se le concede, Hugh Jackman, con una interpretación de sumo carácter, y el otro, Jake Gyllenhaal, con una prominente sugerencia expresiva y un quehacer fuerte y gravedad, sin forzarse como policía de acción. Con ellos muy bien la irreconocible Melissa Leo y el convincente, fuera del estereotipo, Terrence Howard. Muchas audacias y una elogiosa imprevisibilidad hacen que caiga preciso en su categorización de thriller criminal, asegurando un gran momento de entretenimiento, mientras trabaja mucho el misterio y cierto intrincamiento, aunque lleva de trampa en el proceso, que en ese sentido vemos que Villeneuve toca el límite de lo arbitrario o inverosímil, pero sabe ser finalmente coherente, como con la otra película que nos llega de él, y es la que tratamos, Enemy (2013), que se basa en una obra de José Saramago.

En Enemy se sirve el misterio desde el arranque con ese cuarto de libertinaje y perversión que recuerda a Requiem for a Dream (2000). Con ello el plato está servido. Son las reglas del juego que seguirá y desilusionarse es culpa de uno, porque cumple lo que promete, siendo un cine que en lo personal confieso que me cautiva, filmes que son un especie de laberinto que nos dejan mucho que pensar, en cuanto a armar un rompecabezas. Y no se trata de dejarse llevar, asunto al que suelo oponerme por lo general, sino prestar atención y entender cada pieza.  

La atmósfera es vital, gana puntos el filme con ello tanto como “molesta”, para entrar en las coordenadas del asunto. Busca no solo inquietarnos, también desconcertarnos. Predomina un aire de anormalidad, de suspenso, da la impresión de que algo malo va a pasar, asoma la sensación de una ruptura perenne. Nos ponen en un espacio geográfico lúgubre, apagado, desértico, de cierto mal estado, indeterminado a un punto. Entonces aparece un descubrimiento, el punto que nos define y nos confronta, por “accidente” vemos que alguien se nos parece físicamente al punto de lo idéntico, tenemos un doble, para lo que surge la inevitable figura ¿qué si mi vida fuera otra?, palpando la noción de un desdoble mental, la proyección de una fuerte necesidad reprimida, una potente carencia, que yace en lo prohibido, en lo vulgar, en la simplificación del yo, en el dejarse ir, a la vez que en el alejamiento de las responsabilidades que es uno de los elementos que une a Adam y Anthony (tremendo Jake Gyllenhaal, por partida doble), y a todo ser humano, tanto como las convenciones, el orden, la ética y lo moral, el hastío, el rechazo a lo que tenemos, el desencanto, la frustración. Empieza o, mejor dicho, retorna el sueño, mientras sopesamos los pormenores del contexto (hay que recordar que el espectador vive al personaje a través del misterio y el juego, hay una fusión), una mujer embarazada –también un ideal de paz que no se tiene; otra proyección mental en disputa, o una posible salida, de lo que se espera del protagonista y quizá de sí mismo en una autocensura- y una novia conflictiva que nos rechaza sexualmente, a nuestro hedonismo descarnado. Atendemos que más que algo literal, el thriller, la aventura y la historia de los hombres iguales y como chocan entre sí frente a verse en el mundo reconocidos por el otro, se trata en realidad de un simbolismo, un mundo mental en medio de un llamado a cierta corrupción, un especie de limbo psicológico.

La llave es el recordatorio de la tentación que vuelve, como la carta que “usurpamos” al "doble", si bien es más que compartir la semejanza física, tienen una conexión psicológica, habiendo una preocupación constantemente oculta, que sería el leitmotiv en las arañas como demonización o estado de locura, que remite indefectiblemente al mundo surreal de David Lynch. Pero aunque a todas luces es un conflicto, nos atrae indeteniblemente en todo sentido de manera subyugadora y determinante, como justifica que sea como una investigación anónima al comienzo y no algo simple en un encuentro. Hay algo oscuro detrás, siempre latente, que invita a pensar en Eyes Wide Shut (1999), un tema sexual que invoca el poder y la libertad, que como vemos puede ser principal y más complejo de lo que creemos. 

Son distintos en lo literal, uno es un profesor académico, racional, convencional; el otro, un actor de tercera, aventurero e irresponsable, mujeriego, libre de alguna forma para dar rienda suelta al instinto y a la infidelidad, viendo a la promiscuidad y la perversión como camino o meta. Me viene a la mente Dead ringers (1988), en el anhelo de libertad en pos del amor/liberalidad y extremismo sexual, un punto de partida que puede indicar más, de secreta búsqueda, de cambio, tras una dependencia de imposible desunión, que puede indicar la vida misma, y que se contrapone con lo autodestructivo como en ese accidente en auto que significa el rechazo en varios niveles, como en lo femenino, lo sexual tanto como la desconfianza de la deslealtad, en un difícil y hasta imposible anhelo de complementariedad, en ambos filmes, dadas las circunstancias. 

No obstante son un único cerebro en pugna, ya que el otro aunque más mundano es parte de su interior, en un sentir que agrede al protagonista que es el catedrático, viendo que la película es más una representación de la psiquis en conflicto, enfrentándose a lo contenido y continuamente trunco, tratándose de un opuesto a nosotros y a nuestras creencias o a las de la mayoría de la sociedad. Puede que esté hasta enfermo (que sería lo secundario o irrelevante frente a las ideas y el manejo que destila, cómo se asume), o mejor dicho, sea el encuentro audaz con los recovecos mentales dispuestos para su entendimiento visual. Nos hace apreciar una profundidad que aunque en el ecran sencilla al fin y al cabo, permite volar mucho la imaginación tanto como entretener en su juego críptico y su cualidad de thriller. Proporciona una pequeña gran oportunidad de reflexión por su lado, y el final nos lo pone claro. No es en absoluto gratuito. Representa un callejón sin salida en nuestro laberinto conceptual y existencial. La hipnótica (terrorífica y deliciosa) tendencia o llamado a la perdición, como en The Wrestler (2008).

jueves, 9 de junio de 2011

Incendies

Realización que fue nominada a mejor película en lengua no inglesa en los Premios Oscar 2011, dirigida por el canadiense Denis Villeneuve. Ésta es una historia compleja, laberíntica pero muy bien urdida aunque nos dará trabajo para comprender todas sus aristas, uno se puede perder por su recorrido que no explica muchas cosas sino hay que tratar de descubrirlas por deducción o por refracción de otras ideas. La historia es atrapante y tiene como hilo conductor el pasado de la madre de dos hermanos gemelos, Jeanne y Simon, a los que su progenitora en su testamento les deja una carta para cada uno que deben entregar por un lado a su padre y por otro a su hermano, personas a las que no conocen ni sabían de su existencia.

Mientras Jeanne va al Líbano en busca de su padre empieza a descubrir las oscuras y terribles experiencias vividas por su madre, Nawal Marwan, que desde joven sufrió el dolor de la perdida de seres queridos y de la inhumanidad del semejante aún dentro de su propia familia. Nacida cristiana se enamorará de un refugiado musulmán de quien quedará embarazada, de esa relación empezará a conocer el sufrimiento como la lucha interna entre su origen y el árabe que la marcará para siempre, cruzando la línea divisora entre ambos bandos como terrorista islamita. Llegará a convertirse en una criminal y será apresada por 15 años, la apodaran la mujer que canta y será violada y torturada. Más tarde sabremos la identidad de ese verdugo que será parte del desenlace del relato.

Simon irá en busca de su hermano a través de la ayuda del notario Jean Lebel , antiguo jefe de su madre en Canadá que hace de testaferro en su horas terminales, el pariente que se desea encontrar estará incluido en la sorpresa que esconde el filme, que llega a reunir toda las circunstancias principales en un final impactante y convergente. Él lleva una marca de tres puntos tatuados en la parte superior de un talón que será importante para identificarlo. De éste se nos cuenta que al padecer una vida de soledad y abandono termina convirtiéndose en asesino, el que cambiará de equipo pero seguirá practicando lo que mejor sabe hacer, infringir daño a los demás estando muy inmiscuido en la guerra religiosa que vive Líbano.

Habrán actos que transformaran a Nawal, la frialdad de los hombres la convertirán en una revolucionaria renegada. La balacera y quema de un ómnibus con niños mahometanos dentro herirá su psiquis y la harán participe de la atrocidad reinante, habiendo tratado en una ocasión de olvidar su sufrimiento y anhelado insertarse en la sociedad tras un cruel asesinato que le compete muy cercanamente, el cual le abre un vacío secreto en su interior. Parece que el destino la persigue y ella toma la decisión de escucharle; luego sufrirá el oprobio en la cárcel y deseará la muerte de lo que lleva en su vientre, que terminará cuidando como amando en su renacimiento e incluso perdonando su procedencia ya que más tarde huirá a un nuevo país y logrará rehacer su vida ayudada por quienes ella defendió lealmente al tomar partido por una causa que no representa la más razonable sino solo una posición, para solo recordar sus años más jóvenes tras volver a toparse con lo irrepetible y enterrado en el silencio, de forma tan impiadosa y brutal poco tiempo antes de morir.

Es una historia de padecimiento, de odio, de venganza, de injusticia, de equivocación, de caos, de locura, de extrema resistencia. El contexto es la guerra y Nawal estará siempre bajo esa vorágine que desde el inicio de la película no la dejará en paz. El espectador será observador de todo el calvario y de los vaivenes de esa mujer. La historia se cuenta en dos tiempos cruzados de presente hacia atrás yendo y viniendo por turnos, el de la joven Nawal hacia la madurez, el de los hijos preguntando por el ser que los ha protegido durante toda su existencia, apartándolos de tanta demencia e infelicidad que le tocó atravesar. En un momento Simon recuerda que tuvieron un hermoso crecimiento, e incluso irónicamente dice que debieron tener un perro como si eso les hubiera faltado y hubiera resultado importante. En comparación con lo que pasa su progenitora, una despiadada pesadilla que muestra dos caras del mundo, interrelacionadas por su persona. No obstante, querrá cerrar ese capítulo, esa herida, con el entendimiento que ha previsto de su descendencia por su pasado, algo que encuentro realmente injustificable pero que nos sumerge en una trama poderosa y febril que nos conmueve, nos remece, nos hipnotiza, nos involucra en un trance de más de dos horas de duración.

Los hijos lloran, se mezclan con gente peligrosa, visitan lugares donde se detesta a su madre, sienten pena por ella, la conocen más como si pelaran una cebolla; nadan en la piscina, el agua simboliza la calma, que al contrario que el incendio que es toda la narración los aleja de momento de una realidad que les dolerá y que al llegar al lugar que han requerido sus pesquisas se cierra la obra en un colofón que une las piezas del rompecabezas donde el culpable es la incomprensión, la violencia, la furia e intolerancia por sobre el amor y la falta de fraternidad entre los seres humanos.