miércoles, 7 de diciembre de 2016

Dog Eat Dog

El director de Aflicción (1997), Paul Schrader, es un cineasta de hacer películas muy personales y osadas, de las que apuestan por la autoría y por la diversión cinéfila, fuera de que su filmografía sea bastante irregular. Su última película tiene a tres criminales buscándose la mala vida, tratando de hacer dinero a toda costa, mientras se van con putas y se drogan, mientras tratan de deshacerse de los cadáveres que van generando. El tipo más extremo, medio psicópata, es como su apodo lo dice, Mad Dog (el genial Willem Dafoe), un sujeto que es en buena parte insoportable, que parece gentil y termina provocando mucha violencia. Es un tipo fracasado y solitario, por lo que su criminalidad es una extensión natural de su existencia. Lo acompañan Troy (un buen Nicolas Cage) que es en cierta forma extravagante, tiene su edad, pero mantiene su estado juvenil, relajado. Por último tenemos a un actor desconocido y novel, Christopher Matthew Cook, como Diesel, el tipo grandulón  y supuestamente bruto pero que lucha por ser coherente, no obstante termina temperamental. Los tres se meten en trabajos sucios de robos y secuestros, no temen a la policía y son unos criminales de la peor calaña, aunque tienen personalidades llamativas, si se quiere, propio de la invención de personajes distintivos.

El filme de Schrader es ver cómo se comportan y desenvuelven estos criminales. Existe una cualidad de novedad, de no ir por el lugar ordinario, amable y fácil en una buena cuota, hay tiempos muertos y algarabía, vagabundeo, pero fallan muchas cosas en la película, hay momentos que sobran y abruman, mucha audacia tiene un feo efecto y hablan mucho, sobre todo tonterías, pero no se oyen como los hampones de Quentin Tarantino, a los que uno les presta atención y generan placer, sino todo lo contrario, molestan, aburren, agotan. El filme quiere ser rocambolesco, pero carece de cierta magia, el guion y las aventuras, la forma de narrar no son tan efectivos, desgraciadamente el filme no entusiasma, por más que se esfuerza.

Puede que ver la criminalidad de estos tipos en toda gloria y maldad sea “atípico” y de curiosidad, el cine es muy tolerante, hay mucha libertad y aguantas mucho más de lo normal, pero en la práctica, en los hechos en sí no funciona del todo bien. No es que Cage, Dafoe y Cook lo hagan mal, pero el guion no les ayuda. Suben un cadáver y de pronto una compuerta se abre y caen a un  basurero con el cuerpo, ¿qué pasa después?, Mad Dog intenta justo ahí ser comprendido y escuchado. Se genera mucha incongruencia. Mad Dog mata sin contemplación. Troy es medio poético y rebelde, en el tono de un viejo Elvis. Diesel está como aburrido de su vida. Lo malo es que luego se comportan como personajes planos y estúpidos, y la acción no es lo suficientemente buena. En un momento Troy secuestra a una pareja de ancianos afroamericanos, y como en un sueño empieza una balacera, al poco rato de volver de la muerte esposado y arrastrado por una patrulla. La incorrección política es muy insípida y desagradable, y así se siente la película en general. Una cabeza explota de un disparo inesperado, los amigos juegan a echarse mostaza y kétchup tomando a la ligera la relación criminal entre ellos, arranca el filme con un desenlace impactante, hay ironía en la crueldad, pero el filme –o quizá por eso- no termina de funcionar. 

martes, 6 de diciembre de 2016

Las plantas

Esta película chilena y debut de Roberto Doveris es una película rara a un punto, no es de las más amables para empezar, sino más bien puede generar disgusto en su explicites sexual y tipo de coming of age desenfadado, por lo que por obvias razones tuvo cierta polémica en su país, y no le faltaron los ataques, sin embargo más tarde mereció 2 premios en el festival de Berlín 2016. La propuesta invoca el despertar sexual de una chica de 17 años que no es muy típica; figura, claro, propia de la siempre buscada originalidad del cine, de perpetrar personajes extravagantes, especiales, y en ello pueden hasta ser incómodos (y ahí apreciándola o no, tiene su logro y audacia), aunque no es la costumbre.

Florencia (la cantante argentina Violeta Castillo) contacta por internet a muchachos que quieren tener relaciones sexuales casuales, pero una vez que llegan a buscarla ella los manipula y juega con su deseo sexual, los obliga a masturbarse y en segundo plano tan solo los observa, no quiere contacto, solo es una experimentación y curiosidad. Los hombres, desde luego, se enfadan, se sienten defraudados y ansiosos. De esto que haya una gran escena cargada de tensión, de cómo va a terminar uno de los encuentros que se convierte en el juego del gato y el ratón. En esos momentos el filme se posa sobre el poder de seducción de la mujer, en el control por sobre los hombres (en un arranque feminista que termina en frustración y en ortodoxia), y en la responsabilidad y peligro de llevar ese deseo con una, aunque desde un caso extremo.

Florencia señala a todos los de su edad, un cierto aspecto friki general por antonomasia en la juventud, lo cual puede sentirse como disonante en el concepto del cine latinoamericano, más propio de la modernidad norteamericana. El problema de cierta adaptación clásica de Florencia, pero que está llena de amigos, es que su rareza proviene de tener a un hermano en estado vegetal y tener que cuidar de él, de cara a ser parte de una familia muy golpeada. Florencia impredecible –también hace cosplay y se anima a hacer coreografías singulares a ese respecto- toma al hermano por un maniquí y lo manipula como le viene en gana, no es que no lo quiera, sino que le da vida con su irreverencia, lo hace por un optimismo particular. Lo mismo pasa cuando lee un cómic de unas plantas fantásticas que hablan transversalmente de la vida del hermano, como un mundo alterno y secreto, otro despertar. El que ve o quiere compartir Florencia (¿incesto?), chica muy imaginativa y atrevida. El filme carece de cierta consistencia, parece que algo está aquí y allá sin mayor motivo, como momentos dispersos y llamativos, a propósito quizá como estilo y lugar común de cine arte. Gira en base a tres elementos centrales, el cómic (la cultura pop), la sexualidad y lo vegetativo/la enfermedad (como ella pasmada frente al vidrio de la puerta), donde se triplica una experiencia. La de las plantas que desbordan sexualidad. Lo que suena interesante, como concepto, pero que queda en un filme regular solamente. 

Ruinas tu reino

Un pequeño barco pesquero en el golfo de México es el escenario principal del presente filme, ahí el director mexicano Pablo Escoto nos enseña la humildad de los pescadores que van separando tripas, restos, suciedad, de los pescados, entre chancletas. La imagen carece de belleza, la toma se demora, mientras la captura es lo más franca posible, el ambiente es precario, el rostro del flaco pescador serio, concentrado, indiferente. Pero la cámara no se detiene solo en su diario existir, en la dureza de su labor, aparte de verlos matar el rato, Escoto trata de hacer su propia lírica, construyendo ideas muy gaseosas con las imágenes. Podemos ver solo el vaivén del mar, sumergirnos en su ecosistema, la repetición de las varias faenas del oficio, la toma petrificada  -mal encuadrada- frente a unas gaviotas sobrevolando el cielo, y no se queda únicamente en ese lugar, va hasta tierra donde observamos a una mujer ir hacia adelante sin más, penetrando en la oscuridad, rumbo a una parte frondosa de plantas, y enseguida uno termina pensando en el cine que hace Nicolás Pereda.

Un intermedio –infaltable- le reza al mar, lo enaltece y a su bravura. Una voz clama por un retorno y una distancia territorial. El filme hecho de forma rústica, implica no solo la mundanidad de los pescadores, su sencillez vivencial, un lugar social, sino trata de experimentar con el espíritu que rodea la dura jornada y el hogar, lo que nunca es barato. La película recuerda a la joya de Leviathan (2012), que es hacer la misma película con otro estilo y con muy pocos recursos, algo bastante pequeño y humilde, un cine marginal, donde la toma de un ángulo desangelado y muy simple de un barco –pedazos en bruto- es nuestra declaración de principios.

Foyer

El tunecino radicado en Francia Ismaïl Bahri filma un papel en blanco durante 31 minutos, sí, aunque usted no lo crea, y eso es todo lo que verás en este mediometraje en cuanto a aspecto visual. Un fondo blanco movido por el viento. Un viento e iluminación que produce algunos leves tonos y sombras, nada más. Detrás de ese papel Bahiri sale a la calle y empieza a deambular filmando su particular película. En el camino abundan los curiosos que le preguntan que qué hace, se autoproclaman cinéfilos y le hacen comentarios, hay conversaciones, aunque nunca veremos a nadie ni a nada.

Se trata de dilucidar de alguna forma qué es el cine, cuales son las pretensiones propias y las de los espectadores con respecto a este. Se da el encuentro entre el cine comercial y el cine más personal, extravagante y experimental. La gente común que se acerca es amable y simpática, no desestiman a Bahri, más bien tienen la mente abierta o son diplomáticos. En algún momento se acerca la policía, y se puede apreciar un tono político en el filme. ¡Sí! (risas), todo esto sucede tras un simple papel en blanco. Sin duda, el filme reta al espectador común. Es un filme que seguramente haría, molestaría, aburriría y frustraría a miles de espectadores. En su aspecto político, ese papel en blanco puede simbolizar muchas cosas, algo se oculta o se le oculta a la sociedad tunecina (todo quema, como el potente sol que siempre acompaña a Túnez), o implica la noción de que usted debe poner las imágenes a lo que oye, las conclusiones. En ello se habla de una Túnez problemática, difícil, pero no se especifica nada (al final, el filme irá a parar a una piscina, según se oye). Se siente además el peso de Francia, la sombra de Europa en la ciudad. 

Entre las preguntas del público sale a flote preguntas que se hacen los cineastas del cine de guerrilla, minoritario y de cine arte más austero, ¿vas a exponer en algún lugar tu película? (detrás: ¿quién va a ver tu película?). ¿Cuál es el peso, significado y necesidad de tu película? En el trayecto alguien ironiza diciendo que la película lo volverá famoso. Ahí siempre el contraste con el cine comercial. Cine en que la mayoría se identifica. Se entiende la noción de exposición, de lucha, de convicción, de soledad. Pero el filme está lejos de ser sombrío. El cineasta pretende otorgarle al movimiento del viento de un papel en blanco algún tipo de belleza. 

jueves, 1 de diciembre de 2016

La mano (The Hand)

Antes de que Oliver Stone se volviera un autor tan político empezó como muchos haciendo películas de terror, hizo 2, la segunda es de la que hablaremos. Stone tiene un sentido del relajo bastante potente también en su filmografía, como se ve en The Doors (1991) o en Natural Born Killers (1994). Tiene talento para los dos lugares, y puede manejar ambos en el mismo lugar tipo su maravillosa Wall Street (1987). La mano (1981) es entretenimiento, pero con un lado psicológico, Stone no se conforma con solo divertirse. Puede que por esto el filme intenta ser más neuronal de la cuenta o narrativo que terrorífico, aunque tiene también mucho de básico. La escena donde pasa la mutilación de la mano tiene su espanto y gore, eso sí, y me agrada cuando la mano perversa empieza a arrastrarse y ha fisgonear, a dejar rastros, por ahí, a seguir a su amo. Sea con el anillo, la hierba o el gato, esa acechanza se percibe muy bien, inquieta, genera suspenso, mucho más que con las performance de los asesinatos que lucen apenas cumplidores, poco impresionantes. A pesar de esto, Stone, con el giro final (a lo Carrie, 1976), muestra que disfruta/ba del género; también cuando se presta él mismo para una de las escenas de "terror".

La mano tiene de antecedente a Las manos de Orlac (1924) donde un trasplante de manos, las de un criminal ejecutado por la pena capital, mortifica la psiquis de un hombre idealista, el pianista Paul Orlac, interpretado por el enorme Conrad Veidt, quien gesticula en su potente expresividad, de alguien que lleva prácticamente el cine en su teatralidad y plasticidad gestual. Orlac cree ser poseído por las manos del criminal, y se siente destruido moralmente. En el filme de Robert Wiene vemos la grandeza del expresionismo alemán, del cine mudo, la de Veidt y la de Wiene. Orlac pasa por tremenda angustia mental y de culpa. El estado de sufrimiento se nutre del expresionismo alemán en gran forma y queda tremendamente sentido, vemos la daga incriminadora de Vasseur, el estado de pesadilla, la perversidad de Nera y la entrega de la leal Yvonne que llega al rescate.  Hay un remake  (de Hollywood) más sencillo, pero casi tan genial como el original, Mad Love (1935), de Karl Freund. En este filme nos ubicamos en Francia con un tal doctor Gogol (el estupendo Peter Lorre) que toma todo el protagonismo, él es en un tipo que no puede controlar el amor desmedido que siente por la esposa del concertista Stephen Orlac (Colin Clive), una actriz del Grand Guignol, a la que adora incluso mediante una estatua de cera. Gogol obsesionado hasta el tuétano terminará dañado frente a unas palabras de amargura –quedando golpeada  su genialidad como cirujano, uno amante de las ejecuciones- y nos dará una de las escenas gloriosas de la historia del séptimo arte, con lo del trasplante de cabeza (salido de la película de 1924, pero con una figura con propia personalidad, aunque breve). También hay un segundo remake, de 1960, con Christopher Lee (Nero El mago) y Mel Ferrer (Orlac) que al parecer no es muy bueno, aunque no he tenido oportunidad de verlo aun.

En la película de terror de Stone vemos que un exitoso realizador de cómics llamado Jonathan Lansdale (Michael Caine) pierde una mano en un accidente de autos y ésta mano mutilada cobra vida y viene a ejecutar todo el odio y venganza secreto que siente el protagonista. Se dedica a poner en práctica sus oscuros pensamientos. Lansdale pasa por problemas maritales, su mujer no lo quiere más y desea a otro hombre, y esto repercute en volverlo un villano y un psicópata (con pérdidas momentáneas de la memoria), quien tiene recurrentes pesadillas y alucinaciones. El filme juega con la realidad y la fantasía, habiendo dudas de que está pasando en verdad, en ello hay dos historias paralelas. Es un filme que llega a explicarlo todo con pelos y señales perpetrándose barato, pero a ratos pareciera haber inspirado al escritor Bret Easton Ellis y a American Psycho (2000). Es una película curiosa en la filmografía de Oliver Stone, aparte de ser atractiva la idea de una mano solitaria cometiendo asesinatos, tras los deseos íntimos de un hombre frustrado y castigado en toda su vida, su hogar y su trabajo. 

Comanchería (Hell or High Water)

Una película del siempre interesante David Mackenzie (Perfect sense, 2011) donde 2 hermanos vaqueros en este western moderno roban pequeñas sucursales bancarias en Texas. Tanner Howard (Ben Foster, creíble a un rango decente) es el impetuoso y loco hermano quien es un ex presidiario, un hombre proclive desde siempre a lo criminal, sin exagerar la nota –sin crear una figura de cómic o caricaturas- con sus maneras rebeldes e inesperadas. Toby Howard (Chris Pine, que sorprende a lo que le conocemos como actor, ya que no suele tener actuaciones tan exigentes, serias, rudas y realistas) es el hermano pensante, quien tiene todo un plan para vencer al capitalismo ramplón y más aprovechado (el que representan los bancos, que para el caso se quedan con los hogares y tierras tras las hipotecas).

En el otro lado tenemos a dos rangers de Texas, a Marcus Hamilton (Jeff Bridges, en una magnífica actuación) y a su compañero medio indio y medio mexicano Alberto Parker (Gil Birmingham, excelente compañero) que siguen las pistas de los asaltantes.  El dúo de la ley está muy bien trabajado y sobresale bastante en el filme, Hamilton es siempre políticamente incorrecto con su compañero, le hace mil bromas sobre su ascendencia mexicana e india, pero tienen ambos una sólida amistad, así de rara. Parker es astuto y despierto, tranquilo, de respuesta estoica y avispada aunque respetuosa. El duo de los hermanos está también bien trabajado, pero es más algo muchas veces visto en el cine, de ellos sobresale su periplo, en lo cual no todo es criminal, muestra afectos y juegos entre ellos, simpatía con gente que van conociendo, y a la vez van chocando con el mundo. Los dos están en una misión, más Toby que Tanner, este último respalda a su hermano, proponiendo experiencia, aun cuando fuera el hermano loco y uno esperaría menos de él, pero aun así resulta muy verídico. La relación de cariño entre los hermanos es un gran puntal, “malos” o buenos todos tienen emociones aquí.

El viaje de los hermanos por las carreteras de Texas y la persecución racional y básica de los rangers, la sencillez del método físico de los robos, pero de suma inteligencia como complejo plan contra los bancos, tiene todo un toque muy cotidiano y sencillo, un tono híper realista y natural, alejado de lo grandilocuente, recurriendo a  personajes secundarios pintorescos, algunos secamente cómicos. El filme trata de coger y crear una gran cercanía con la vida común y silvestre, con unos robos que más son una necesidad de vencer al mundo y al sistema que pura y banal maldad o criminalidad sin escrúpulos. La propuesta  tiene de único guionista a Taylor Sheridan, también único guionista de Sicario (2015), otra gran película, y más que traer originalidad, se trata de estilo, de recurrir mucho a la vida tal cual, evitando más bien lo aparatoso y fantástico, en lugar de buscar impresionar, todo es muy vital y directo, buscando lo audaz en el realismo, como la seducción de una recepcionista bella con el piropo preciso (para la mujer candente escondida en las formas) o ser atendidos en un restaurante de parrillas por una mesera anciana cascarrabias e imponente.

El filme deja en claro por su parte figuras conocidas de comportamientos, aquí esta lo rudo y llano, sin pose, gente naturalmente extrema amante de lo rural y social cansada de lo citadino y capitalista. Hay hasta una escena obvia con el choque entre gente tipo hip hop versus vaqueros, gente del interior americano. Escuchar música típica de la zona es otro realce y gran acierto, el cariño por lo autóctono y primario, que canten los asaltantes la música que los refleja. En Hell or High Water, aunque cumple con su tiroteo y esperado enfrentamiento con la ley, más vale el viaje y sus formas comunes audaces, originales porque el cine sobredimensiona las realidades y aquí se busca el opuesto. 

martes, 29 de noviembre de 2016

La llegada (Arrival)

El canadiense Denis Villeneuve es uno de los grandes directores de la actualidad, no solo únicamente en Hollywood y por la enorme repercusión que esto significa en los cines del mundo, sus películas exceden el rotulo de simple entretenimiento, es audaz, interesante y personal. Su última película es una maravilla, tiene suma inteligencia en como armar una narrativa plena, perfecta y de relevancia, y sorprender al espectador por completo con su redondez final. Hablamos de llevar una sonrisa –y lágrimas- al final de su visionado, y esto se debe a que el filme está interrelacionado con algo muy humano; lo grande y posiblemente espectacular –a lo Independence Day (1996)- con lo familiar y muy sensible.

La llegada (2016) puede ser vista como una historia de posible invasión y guerra con extraterrestres, en donde 12 naves yacen a pocos metros de altura en los cielos de distintos países de nuestro planeta, sin que conozcamos sus intenciones, con lo que ciertas potencias mundiales como China en especial, y EE.UU. por su parte también se halla en tensión y desconfía, sienten que pueden ser un peligro para la humanidad, y están dispuestos a atacar a las naves, mientras los alienígenas, que parecen calamares o pulpos de buen tamaño, votan tinta para generar símbolos como palabras tal cual el idioma japonés o jeroglificos, y hay un trabajo de comunicación y de descifrado por lograr, para lo que se le pide a una experta lingüista, Louise Banks (Amy Adams), que se encargue. La otra parte del filme es que Louise supone ha perdido a su hija, y debe superarlo (antes o después, no importa), lo cual es enorme, pero la historia no se queda ahí y juega con nuestro entendimiento inicial, al dar un gran vuelco al final.

Los extraterrestres vienen a hacernos ver el lenguaje universal, en una unión trascendental de evolución como en 2001: Una odisea del espacio (1968), articulando un lenguaje que significa devoción al ser humano –tocando nuestra entrañas y vínculos más poderosos- a pesar de cualquier desenlace, mediante lo gigantescamente complejo  y  extremo de padecer;  o aquel que trata de comprender lo que le es distinto y lejano, al otro, al foráneo, uniendo las distancias, como puede ser a través de los puntos de conexión como el amor y la entrega más honesta.

Todo el filme tiene una lectura sentimental escondida en una película de ciencia ficción, de las mejores de la historia del séptimo arte, agrego; en una posible película de género, de acción, que se escurre de las convenciones y de lo más fantástico (incluso las naves y los extraterrestres son algo muy básico visualmente, las naves parecen monolitos, otra conexión con la película de Kubrick), que en realidad es más un drama velado, fuera de las tantas intervenciones de la lingüista y de su equipo que cuenta con el matemático Ian Donnelly (Jeremy Renner) que será parte importante dentro del rompecabezas general. La llegada, aclaro, no es una película difícil de entender, como la interesante pero críptica Enemy (2013), es cercana y amable, la que será más que seguro una película de alta competitividad en los próximos premios Oscar. También será bastante curioso ver que hace Villenueve con la secuela de Blade Runner (1982). 

sábado, 26 de noviembre de 2016

Hierba

Suena original y atractiva la idea motor de éste filme de los más recientes del argentino Raúl Perrone, prolífico director de culto que ya anda presentando una nueva obra, Cump4rsit4. En la presente se trata de darle vida narrativa a la pintura Almuerzo sobre la hierba, del francés Édouard Manet. Obra pictórica que pasa por el estilo del director de Ituzaingo, en el que es ante todo un viaje estético y experimental, convertida la pintura en una historia típica suya, con cazadores salidos prácticamente de la nada –pero con el campo como una invitación natural- y amores o sensualidades peligrosas de por medio, compartidas, con forzamientos y en pugna.

En el cuadro de Manet vemos a 2 mujeres y a 2 hombres teniendo un picnic, donde la nota trasgresora es que una de las mujeres yace desnuda y la otra observa de lo más natural. El cuadro inicial parte de que los varones de aspecto culto y refinado lucen sosegados con la desnudez de la mujer, cosa que cambiara una vez que Perrone los ponga en marcha, simbolizando al deseo y a la pasión y a la locura que desencadena esta Eva ofreciendo tentación, creándose una nueva lectura de acuerdo a nuestros tiempos, unos más callejeros. En la pintura de Manet uno pensaría que se tratan de prostitutas, pero la realidad es que tiene un toque más bien familiar. Perrone en cambio pone al pie del cañón la lujuria y su cualidad de distancia con las mujeres.

Perrone experimenta con la manera de expresarse, dividido el filme en 18 actos, de lo más sencillos, la historia repite más bien motivos, en un estado latente de conflicto. El filme parece enmarcado como si fueran viejas fotografías aunque en color (en un formato cuadrado y con bordes blancos), remiten a un tiempo de proyección de un cine inicial. Los fondos lucen antinaturales, la mayoría yacen como láminas (tiesas), pero las disolvencias de los cuerpos fusionados con el paisaje proporcionan vida, bajo unos fondos que homenajean al impresionismo y fomentan una estética de conjunto, dentro de una amalgama, al contener personajes teatrales y bastante expresivos, guiados tipo por la comedia francesa, luciendo un cierto aire de nobleza que va quedando en segundo plano frente al desenfreno de las altas pasiones.

Alba

No se hacen muchas películas ecuatorianas, por lo que encontrarse con la ópera prima de Ana Cristina Barragán genera entusiasmo. Es una película que trata sobre una niña que vive con su madre separada que yace enferma, débil, postrada en una cama. Cuando ésta empeora y es trasladada al hospital, tiene la niña que ir a vivir con su padre, al que no conoce mucho. Este es un hombre de pocos recursos económicos, a diferencia de su ex esposa, además es una persona cohibida y de expresión pobre, con lo que pasa por raro y antisocial, pero por encima de las apariencias es un hombre decente y quiere formar un mejor vínculo con su hija. Alba (Macarena Arias), tiene 11 años, y se parece a su progenitor, es también percibida como rara, no encaja muy bien con sus compañeritas, y como todo niño anhela integrarse, por lo que sacrifica pensamientos, donde los otros niños suelen ser crueles y superficiales. El filme trata de como la niña va a encontrarse a sí misma y va cimentando su propia personalidad. Es una historia de crecimiento.

La película exhibe a la niña en variedad de pequeñas primeras experiencias, está el temido despertar sexual (viendo desnudarse a su padre, besando en un juego a un niño, en ponerse bonita, agrandada, para una fiesta), la incómoda llegada de la menstruación (que se maneja con madurez), la aparición de vellos en la axila y la sensación de no ser atractiva. Esta la lucha por aceptarse, y en ello entra a tallar la situación económica (Alba teme ser marginada por vivir en una casa humilde con su padre). Macarena Arias hace un buen papel, puede que sostenga más de la cuenta un estado de fuera de lugar algo monotemático, como si no pudiera ser encantadora y natural también, y se explote el lugar común del afecto por los insectos, pero también tiene sus virtudes y una buena estructura, tal es su estado de cierta independencia (va y viene por calles desconocidas, hasta de noche), aun a corta edad, como contiene su parte de astuta, aunque no sea un ser firme, para lo que siempre está atenta, observadora de su entorno, como quien está buscando respuestas, salidas.

El filme comparte sus estragos con la aceptación personal con la relación con su padre, que va de fondo, con el que hay un juego de espejos (te quiero, me quiero). Este tiene su sensibilidad y mucha humildad, manejando pequeños gestos, que no abruman con sentimentalismos, aunque el padre (Pablo Aguirre Andrade) tenga una apariencia lastimosa marcada (que no lo anula). El filme resulta ser sutil en los muchos detalles, mientras remarca el sentir general de la rareza e inadaptación que gobierna (habiendo dosificado romanticismo). El personaje de Alba tiene materia, esencia, del cual se sostiene la película y compenetra, aunque existe cierta rigidez.

domingo, 20 de noviembre de 2016

United States of love (Zjednoczone stany milosci)

Estamos en Polonia un año después del fin del comunismo en este país, 1990. El director Tomasz Wasilewski nos retrata el fin de una política, pero no la de la violencia del hombre a la mujer, como quedando rezagos -en un símil- de primitivismo con aquel gobierno de antaño, lo que se observa en la historia del hombre que enviuda y su amante lo busca, pero ella se le presenta como sentimiento de culpa y él no quiere ya nada con ella, pensando en matices, ya que el hombre parece no tener ninguno (en un momento se ve que él alquila una película pornográfica, como queriéndose decir que la relación con la amante es puro sexo). A la par el hombre tiene una hija de su matrimonio y no quiere pelear con el recuerdo de la madre. La amante, una mujer profesional, rectora de un colegio, plena y desinteresadamente enamorada, la cual no se siente como una cualquiera, llamada Iza (Magdalena Cielecka), se enfrenta al maltrato y a la humillación del rechazo del hombre amado (el que llega a ser muy cruel), a sentir la superficialidad de su relación, aunque en la propuesta no se profundice el lado inmoral de ser la otra durante 6 años. A lo que va el filme por otra parte es a cierta hipocresía, doble moral y unilateralidad, aparte de a la violencia de género. Esta historia, de tres que son, termina como una de las películas del Decálogo de Krzysztof Kieslowski, de quien comparte el espíritu en aquellos edificios y viviendas hechas por el gobierno comunista. El filme no se pone a un solo lado como muchos pueden pensar al ver el maltrato, sino que Iza también tiene un fuerte lado recriminable, en esto se apela también a la propia actitud de aceptarse subalterna al hombre como amante, minusvalorarse. Este relato posee un poderoso momento en el cual Iza tiene sexo casual y bruto en un lugar público, sintiendo el peso de ser una “cualquiera”. 

En la historia de apertura tenemos a una mujer cansada de su matrimonio, desilusionada de éste, por motivos desconocidos, que no sean soñar con un amor imposible, tampoco especificando antecedentes. En esto hay mucha sutileza que apela más que todo a las emociones, a los estados de ánimo, a la complejidad de las mujeres. Nuevamente hay escenas ingeniosas –el filme tiene varias- compartiendo el sentir de Agata (Julia Kijowska), la protagonista, tal es aquel sexo rabioso, desesperado y esencial que busca en el marido pensando en el otro hombre, en lo platónico, de lo que solo podemos hacer conjeturas e imaginar respuestas. ¿Un antiguo amor?, ¿un hombre intachable que enamora con su idealismo?, que me recuerda a ¡Qué verde era mi valle! (1941). Esa entrada al baño para ver al hombre deseado desnudo es otra pulsación primaria que acierta en su exhibición y sugerencia. El filme posee muy buena narrativa, haciendo de historias muy fáciles de identificar un cine sensible y duro a partes iguales, un cine que logra contener arte. La religión, algo importante en Polonia, sobre todo frente al comunismo en su país, queda relegada por las 4 mujeres protagonistas, donde ellas se enfrentan elípticamente a ésta.

La tercera historia yace compartida – las cuatro mujeres poseen una relación muy fuerte entre sí-  y se da entre Marzena (Marta Nieradkiewicz), una bella aspirante a modelo, profesora de danza y de ejercicios acuáticos, y Renata (Dorota Kolak), la profesora solitaria y mujer mayor, que vive fascinada con la joven vecina Marzena. Renata sueña con darle una vida llena de cuidados y afectos que la joven no consigue contener, a pesar de representar la figura del deseo, observando que la belleza le representa aprovechamiento y desilusión de los otros más que realización. Miremos esa escena de masturbación sobre su cuerpo desnudo petrificado, acto impropio, sucio, cercano a la violación, una escena poderosa que se complementa con un lavado espiritual, de idolatría secreta. En la historia brilla el contraste de los dos cuerpos, el bastante imperfecto y el voluptuoso, el de la relación “imposible” (lo que gobierna el filme), de cara a la liberalidad sexual heterosexual que atrae daño y a la trasgresora homosexualidad idealizada, pura.