sábado, 18 de noviembre de 2017

Graduación (Bacalaureat)

Romeo (Adrian Titieni) es un médico intachable en un mundo corrupto. Pero cuando su hija va a dar un examen para poder acceder a una universidad extranjera de prestigio ella es atacada por un violador que no consume el acto. La hija de Romeo, Eliza (Maria Dragus), queda algo perturbada y no logra concentrarse para el examen. Romeo que tiene una vida decente pero humilde en una pequeña ciudad rumana quiere un mejor futuro para su hija, por lo que al ver peligrar la beca de su hija en el examen hace uso de sus buenas relaciones y moviliza todo en su poder para que su hija pueda aprobarlo. En ese lugar entra a tallar la ética, asunto que hace llorar escondido en los arbustos a Romeo.

El filme se vuelve más complejo con las subtramas. El favor a Romeo trae a colación una investigación policial. Curiosamente (e ingenioso) algo que se podría decir pequeño puede llegar a tener grandes consecuencias. Las ramificaciones del filme de Cristian Mungiu son coherentes, no son exageradas, la negociación por el examen de Eliza se agiganta poniendo la vida de alguien en peligro. Mungiu tiene muchos frentes, los mezcla muy bien, mantiene la cohesión y la atención de cada parte. Hay muchas sorpresas y pequeños misterios (las ventanas rotas o el novio y una llamada). Mención especial del actor Vlad Ivanov que siempre le dan pequeños papeles pero los representa con impresionante soltura y naturalidad. Además, la relación matrimonial de Romeo también tiene injerencia, hay una mujer más joven en la vida de Romeo, interpretada por la novel y sexy Malina Manovici. El hijo pequeño de Sandra –Manovici- aporta incluso a la meditación. ¿Cómo comportarnos frente a la injusticia –humana y existencial-?, ¿Puede el mal empujarnos a hacer algo incorrecto?, nos hace preguntarnos el filme.

Romeo ciego por el amor a su única hija debe tomar decisiones, éstas lo persiguen y es que arrastra algunas sin resolver. Un momento crítico desestabiliza todo el largo trabajo a cuestas de su hija. Eliza ha aprendido de sus padres a ser ética y ahora ella también tiene que elegir aunque Romeo –nombre algo irónico cuando pensamos que tiene una amante- es el ente más activo del filme; como joven no se le ve tan preocupada por su futuro. No obstante los fracasos de sus padres rondan sobre ella. Como con aquella última foto, como padre Romeo quiere que su hija sea más feliz que él. Pero la chiquilla no sufre de ningún síntoma de pueblo pequeño (vida pequeña). El filme asume los problemas con pasión – a los personajes les duelen sus decisiones, las asumen en todo compromiso- pero sin solemnidad, tiene un toque muy sencillo, clásico del buen cine rumano que es de los más capos tratando temáticas comunes, muy universales, pero sensibles e interesantes. 

Milla

Es la historia de una chica de 17 años, Milla (Severine Jonckeere), que pasará del mundo de la inmadurez y rebeldía típica juvenil, primero vive con su novio Leo (Luc Chessel) ocupando una casa abandonada y cogiendo cosas de la calle, a tratar de mantener a un hijo por nacer, cuando su joven novio embarcado en un barco pesquero decida no regresar. El segundo filme de la francesa de ascendencia armenia Valérie Massadian retratará los pormenores del día común de Milla, ese estar y no estar con el novio, y no hay nada espectacular en su vida, todo es muy cotidiano. Milla quien en un inicio no para de reírse de todo –y es hasta molesta- pasará a verse muy bien retratada en una escena fantástica y potente, con la canción Add it up, de Violent Femmes, de cover, que muestra cómo se siente interiormente. En ésta escena una chica sexy exhibirá toda su furia, frustración e impotencia. La propuesta se pega a las imágenes –imágenes sencillas-, contiene muy poco diálogo, pero el efecto de realismo, de retratar la vida relajada al inicio y la vida pesada después exige paciencia, la intrascendencia puede llegar a ser mayúscula. Quedan claros los dos trayectos existenciales, Massadian lo trabaja bastante, son dos horas de película. La cuestión para cada espectador es meterse en los extensos y humildes momentos. La propia Massadian actúa en el filme como compañera de trabajo de Milla. La primera parte la domina la presencia de Leo, quien hasta declama poemas de amor, y siente que todo es felicidad. Pero pronto las necesidades y la rutina salen a flote y el mar le llama. Milla tiene que tomar la batuta y sin tanta explicación se las arregla, pero carga un peso emocional. Massadian invoca los silencios, interioriza el dolor; luego viene el desfogue con la canción, el glorioso momento punk y feminista del filme. 

lunes, 13 de noviembre de 2017

El otro lado de la esperanza (Toivon tuolla puolen)

Todo empieza con 2 personas por separado haciendo su propio trámite de vida, se preparan para el cambio. Muy ordenadamente y calculado se mueven hacia sus propias metas con suma seguridad, a pesar de que nunca nada está dicho o prescrito en el mundo.

Uno de ellos es un finlandés, Wikström (Sakari Kuosmanen), quien abandona sus negocios, a sus clientes, y va en busca de una gran suma de dinero. De la forma más inaudita y fantástica pone todo el capital que ha acumulado en un juego de póker, con algún tipo de casa mafiosa, y gana. Ese dinero le sirve para comprar un restaurante y a sus 3 empleados.

El admirado director finlandés Aki Kaurismäki se lo toma todo con su humor raro, ese que hace comedia de situaciones muy dramáticas, aunque en su punto preciso, ese que guarda respeto y afecto por la gente que retrata, a través de casos sociales que refieren pobreza, necesidad y mucho de humanidad. Se habla, de lo más sencillo, de gente buena, gente que ayuda al prójimo desinteresadamente y sin apelar a los reflectores. Pero la vida es mucho más complicada que esto, y la realidad es que abundan los problemas, la soledad, la indiferencia.

El otro protagonista es el sirio Khaled (Sherwan Haji) que rodando por Europa medio por accidente ha terminado en Finlandia. Lo vemos bajar de un barco de la forma más curiosa. Lleno de hollín con su gran bolsa de ropa. Khaled huye de la guerra y de la destrucción en Alepo donde ha muerto su familia y sólo le queda una hermana, que está perdida y Khaled, además, la busca. Khaled no tiene bando ni tampoco le importa mucho la religión; éste hombre sólo quiere una vida decente, como cualquiera, integrarse como inmigrante.

En otra entrada de esas algo absurdas Khaled termina trabajando con Wikström. El filme apela a la nobleza y a la sensibilidad humana por el camino del humor seco. Khaled mantiene siempre la dignidad y la entereza. Wikström es un tipo competente en todo sentido. Son dos caras de la misma moneda. El tipo (finalmente) afortunado y el tipo caído en desgracia; el hombre viejo y el joven en tránsito de querer salir adelante; el europeo y el refugiado; el que necesita de los demás en un mundo (aparentemente) nuevo y el que proviene del “mismo” lugar aunque europeo. Tanto Khaled como Wikström son tipos salidos del pueblo, de la clase trabajadora en un mundo capitalista. Wikström no terminará como un capitalista cualquiera, es un tipo con consciencia social, pero relajado, como el cine de Kaurismaki.

El filme de Kaurismaki en ésta oportunidad tiene menos que antaño de puesta de aire antinatural, mientras tanto muestra la realidad como pocos, toca fibra. El séptimo arte de Kaurismaki tiene mucho corazón, pero es un cine fuerte, y entretenido. El director finlandés tiene una manera de contar historias que salen de lo común, tiene una puesta en escena personal y un estilo patentado. Kaurismaki abre con una escena fría, un hombre abandona a su mujer (a la que no conocemos), el anillo queda aplastado en el cenicero. Y termina con una escena muy bella. El filme de Kaurismaki es hacer también poesía del hombre solitario. 

sábado, 11 de noviembre de 2017

Baronesa

Un trasero empieza a agitarse en pantalla, en realidad sólo un pedazo de él, está bailando al ritmo de una canción de moda, así abre el documental de la brasileña Juliana Antunes. En éste conoceremos a Negao, Leidiane y Andreia. Andreia es el centro del filme, y comparte con su amiga Leidiane, mujer joven de una gran prole de pequeños, el día a día en la favela Vila Mariquinha, en Belo Horizonte, en el estado de Minas Gerais. Vemos como beben cerveza y fuman, como se entretienen, como lamentan la violencia de la zona, dicen que a cierta hora no se puede andar por las calles. Negao, un muchacho de aspecto bastante relajado, de muy poca meditación, libre y despreocupado, del tipo hip hop o a lo Snoop Dogg, es buen amigo de Andreia, comparten una línea de coca. El documental trata de ser lo más descarnado y real posible, pero sus protagonistas son simpáticos aun así, parecen gente amable a pesar de su precariedad y llaneza, mantienen la alegría, lucen positivos, no se quejan mucho como película socialista, más bien piden lo justo, un lugar tranquilo para poder caminar sin temer morir. Andreia tiene una meta, quiere ir a vivir a una favela más pacífica, se llama Baronesa, y la cosa es bastante clara, ella habla de invadir lo máximo posible, la realidad es dura para ella y la mujer simplemente sobrevive como puede, mientras en el trayecto se relaja, se toma su cerveza en la puerta de su casa, comparte grandes conversaciones con sus 2 mejores amigos.

El filme es en buena parte como “filosofa” ésta gente humilde, Andreia en especial. Es darles voz absoluta y escuchar cómo ven el mundo (a veces sólo a través de acciones, como Negao), sin drama tampoco, no son gente lacrimógena, es gente fuerte. Oímos de su vida personal, los vemos reír y tratar de tener una vida satisfactoria a uno que va hasta un sueño de mejorar, con algo “pequeño”, mudarse, siempre difícil de conseguir. Pero, claro, hablamos también de construir una nueva casa. No es poca cosa.  Es el gran dilema de la vida, tener dinero para vivir decentemente, para ser feliz. Lo interesante del filme es que no trata de maquillarnos gente impoluta; sí, existe simpatía, no vemos un lado violento directo en ellos, pero nos acercamos a la sombra de hacer algo delictivo, tomar drogas, llenarse de hijos que apenas están vestidos. Andreia confiesa sin pelos en la lengua con fuerza que tuvo que defenderse de un familiar abusador sexual y pensó que lo había matado. Es una mujer que a temprana edad debió ingeniarse como subsistir en el mundo. Muy cerca de su casa en una pared brilla la bandera de Brasil, la favela Vila Mariquinha es también Brasil y en ese lugar hay gente que voltear a mirar. 

lunes, 6 de noviembre de 2017

Halloween 2017

Éste es el resultado de la sexta maratón que hago en el blog, que ha dado 11 películas.

Eaten Alive (1976)

La segunda película de terror de Tobe Hooper tras el hit The Texas Chain Saw Massacre (1974) es sobre el dueño de un hotel de mala muerte en Texas, el viejo Judd (Neville Brand), que yace al lado del pantano y tiene de mascota a un cocodrilo que alimenta con los cuerpos de las personas que asesina, una mascota que le ha arrancado una pierna. De Judd se dice que es un viejo loco y retardado, no hay más indicativos de las motivaciones de sus crímenes. El filme se inspira en un asesino en serie real, Joe Ball, llamado El hombre cocodrilo (The Alligator Man). Hooper pone las cosas claras, en un hotel de aspecto sucio y rustico, llegan clientes y Judd los mata sin contemplaciones con herramientas agrícolas, sea una enorme hoz o una gran horca, o los empuja hacia el cocodrilo que embiste. Judd secuestra a una bella mujer interpretada por Marilyn Burns, la famosa scream queen y final girl de The Texas Chain Saw Massacre que se dedica a lo suyo, a desesperarse, asustarse y gritar, aunque hay otra que sale corriendo haciendo lo mismo. Tampoco faltan los desnudos y las clásicas bimbos del terror. Por la pantalla pasan rostros reconocibles, como Robert Englund (Freddy Krugger), quien trabajaría con Hooper en varias oportunidades. Englund hace de chico típico texano, rudo, simple y con la libido alta. Otro rostro reconocible es el de Mel Ferrer quien estuvo casado con Audrey Hepburn por más de una década. También William Finley que trabajó bastante con Brian De Palma y hace de estúpido, como el marido de Marilyn Burns en el filme. Y una irreconocible -por la edad- Carolyn Jones (The Addams Family). El filme es muy básico, pero entretiene, mantiene la tensión y la inquietud todo el tiempo, es intenso y tiene su cuota de histeria, la que está mejor trabajada con la niña que es perseguida hasta por el cocodrilo. Las muertes son fuertes y llevan bastante dramatismo, salen un poco de lo común en cuanto a interpretación. El cocodrilo se deja ver pero el que perpetra todo y domina el escenario es el viejo Judd, que es el extremismo en persona, no disimula en absoluto ni su mal humor.

Candyman (1992)

Se basa en el cuento Lo prohibido (The Forbidden), del famoso escritor inglés Clive Barker. Dirige su compatriota Bernard Rose. Es sobre una leyenda urbana de un afroamericano asesinado por enamorarse de una mujer blanca en el siglo XIX y que fue amputado violentamente de una mano por una turba pagada por el padre de su novia y luego llenado todo su cuerpo desnudo de la miel de un apiario matándole al soltarle las abejas, de esto nace el sobrenombre de Candyman, el hombre dulce, como también significa el hombre de los dulces, que es un eufemismo para comerciante de drogas. Esta dualidad está muy presente en el filme, contextualizado en Cabrini-Green, Chicago, donde mataron a Candyman (Tony Todd). Cabrini-Green tiene una zona de pandillaje, peligro y pobreza, de población afroamericana. La protagonista es una estudiante de posgrado, Helen Lyle (Virginia Madsen), que hace una tesis sobre leyendas urbanas y le atrae la de Candyman. La historia es una mezcla de locura, terror psicológico, y algo sobrenatural, paranormal. ¿Quién mata?, esa es la pregunta, y es como una posesión tras el maleficio de repetir el nombre del monstruo 5 veces frente al espejo, pero también vemos a Tony Todd no sólo como el Candyman del garfio, también como un pandillero de la zona, lo que puede dar a entender que todo es parte de la psiquis enferma. Por el final toma la forma de un nuevo cuento urbano. La parte más interesante es el desequilibrio mental que proporciona Candyman, pero el terror también yace importante en el titiritero vengándose directamente de la humanidad, en éste Freddy Krugger afroamericano.

Don't Look Now (1973)

La pequeña hija de John y Laura Baxter (Donald Sutherland y Julie Christie) muere ahogada en un estanque, en un pequeño pantano, en la casa de campo inglesa del matrimonio Baxter. John sangra y su sangre se mezcla con una fotografía que muestra a alguien con un impermeable rojo en el interior de una iglesia, esto es una profecía encubierta que pronto entenderemos con la película. El filme maneja la idea del doble, representando en aquel impermeable rojo con el que muere la hija de los Baxter y que John suele ver al vuelo y anónimo y se siente atraído por las calles, de la que nace la lectura de que el dolor te persigue hasta destruirte cuando no lo logras manejar, para el caso la muerte de un hijo que es la temática central de la propuesta. El filme produce flashforwards (visiones extrasensoriales del futuro) tanto como flashbacks (fijación en el dolor). Laura por su lado cree en una vidente ciega y su hermana que la cuida, pero el filme de Nicolas Roeg que se mueve en el misterio y el suspenso las pone en constante duda, hasta parecer una especie de brujas (se hace énfasis en la risa y se pone a la vidente como destello en la memoria). Puede sonar ridículo pensar que una viejita luzca tan peligrosa, pero terminada la película habrá que creerlo para salir contento. Al mismo tiempo hay un asesino suelto, aunque todo se ve muy leve, accesorio, aunque aquí tenemos un thriller. El filme maneja distintos caminos, llegando a optar por el terror gore. Pero es bastante un drama, el ver como se reconcilian como pareja y con la vida los Baxter, a ese respecto vemos una candente y famosa –por la censura y creerla real- escena de sexo entre Sutherland y Christie. Roeg hace ver a todos raros y sospechosos, desde el policía (Renato Scarpa) al que llaman por un secuestro, al Obispo (Massimo Serato) de muy cambiante mirada, hasta al propio John Baxter (un perfecto Donald Sutherland en quien brilla siempre la extravagancia). El invierno de Venecia y sus solitarias calles tienen un rol trascendental, la mimetización con la trama, los asesinatos, la desconfianza perenne y el duelo.

The Toolbox Murders (1978) y Toolbox Murders (2004)

The Texas Chain Saw Massacre (1974) marcó un hito, impresionó a muchos, no sólo a espectadores, también a la gente que hace cine, ya que con muy poco presupuesto fue un hit, de ingresos en pocas palabras, por lo que muchos querían tener su éxito comercial de la misma manera. The Toolbox Murders (1978) fue una de ellas, dirigida por Dennis Donnelly quien siempre se dedicó a la televisión y fue ésta su única película de cine. Ésta propuesta se divide en 2 partes. En la primera aparece un hombre con una caja de herramientas y un pasamontañas y empieza a matar mujeres en un edificio. A cada una la mata con una herramienta distinta, con un martillo, un taladro o una pistola de clavos. El asesino es muy tranquilo y muy seguro, apenas se mueve, muestra gran frialdad. En ésta parte abunda el gore. Uno de los homicidios es todo un acontecimiento. Ésta muerte la interpreta Kelly Nichols, actriz novel que solía posar desnuda para revistas y más tarde se convertiría en actriz pornográfica. Nichols yace masturbándose en la bañera cuando aparece el asesino y ella completamente desnuda empieza a correr por el apartamento perseguida por el lento criminal. La primera parte salvo las muertes en sí son momentos muy poco intensos, o es que se deja todo a la fuerza de los sanguinarios efectos especiales. Tras el comienzo de la investigación, que poco importa, pasamos a la segunda parte. Antes termina con el secuestro de una chica de 15 años, que hace Pamelyn Ferdin, la niña que encuentra al soldado del norte en The Beguiled (1971). Ferdin se dedica a hacer lo mismo que hiciera Marilyn Burns, llorar y tener miedo, pero poco después empieza a manipular a sus captores. Esto es otro punto del WTF de la segunda parte, la identidad del asesino de la caja de herramientas se ve llegar de lejos, pero tiene un “compinche” salido de prácticamente la nada. En ésta segunda parte todo es producto de la locura, no hay mucha coherencia que darle al asunto, pero se hace bastante entretenido así el filme, imperfecto, extravagante y algo absurdo. En la película aparece Cameron Mitchell, actor muy popular por la serie El Gran Chaparral quien en sus horas bajas se dedicó a actuar en películas de terror de todo pelaje, con la dignidad del caso, con más de lo que aspiraban los filmes. The Toolbox Murders (1978) dice haber dramatizado hechos reales.

El remake, Toolbox Murders (2004), lo haría Tobe Hooper y sería completamente distinto. Empieza bien con la participación de Sheri Moon Zombie (Baby, de la familia Firefly, The Devil's Rejects, 2005), aunque no llega a la altura de la memorable escena con Kelly Nichols. Lo de la guapa Sheri Moon Zombie es convencional, además de no presentar polémica alguna. Después el filme se presenta como típico contemporáneo con su gente –inquilinos de un edificio de mal aspecto- entre algo trash y cool y pinta feo como producto, manido. Adam Gierasch interpreta al tipo raro y marginal, del cabello largo tapándole la cara, que arregla el edificio, uno donde suelen llegar aspirantes a actores; también es el guionista del filme –junto a Jace Anderson- y más tarde director de películas de terror. La protagonista es Angela Bettis (May, 2002) y simplemente está bien. Una vez avanzado el filme, ver al pandillero maltratador, a la muchacha fácil y sobrada, al chiquillo mañoso con la cámara web y al dueño del edificio fumando marihuana la trama crea un poco de misterio, más allá de la existencia del asesino de las herramientas. Nell (Bettis) es curiosa y muy tensa, suele llamar a la policía a cada ruido o griterío que oye, luego de varias falsas alarmas nota que el edificio tiene cosas extrañas y se lanza en pos de descubrir que pasa. De aquí en adelante la película toma ritmo y atractivo y terminamos conociendo a Coffin Baby o al hermano de Darkman (1990).

Alone in the Dark (1982)

El filme empieza satirizando la levedad con la que un psiquiatra, Dr. Leo Bain (Donald Pleasence), se refiere y trata a los psicópatas asesinos, esquizofrénicos, con los que se interrelaciona como si todos fueran una comunidad de hippies. Hay un piso especial para estos enfermos y peligrosos asesinos. A la residencia médica del Dr. Bain llega un nuevo doctor sustituyendo a uno muy querido, el Dr. Dan Potter (Dwight Schultz, a un año de convertirse en el loco Murdock de esa genial serie de mi infancia The A-Team), que curiosamente hace de un hombre muy estable, educado y pausado. El problema llega cuando los psicópatas del piso especial creen que el Dr. Potter ha matado en realidad al anterior psiquiatra y quieren vengarlo. Ésta simple idea es el motor para generar toda la película y el terror. Con la ayuda de un apagón general en la ciudad 4 psicópatas escapan de la institución mental y van en busca de la casa del Dr. Potter. Esto sucede a media hora de empezada la película y presenta distintos clímax, intentos, crímenes y apaciguamientos, producto de que el Dr. Potter es algo lento en darse cuenta y reaccionar. Los 4 dementes lo conforman un hombre que se cree predicador pero se toma muchas licencias de interpretación bíblica y es pirómano (Martin Landau, que pone una cara de loco precisa); Ronald Elster, alias Fatty (Erland van Lidth, un ex luchador olímpico de 150 kilos), que es un abusador de niños; un hemofílico que vemos tras una máscara de hockey; y el gran Jack Palance como un veterano de guerra que fue prisionero y es el gestor de la cacería, pero que no vemos nunca matar directamente, sólo sugerirlo llevando él una ballesta. Dirige Jack Sholder y es considerada una película de culto.

Alice, Sweet Alice (1976)

El director americano Alfred Sole se inspira en Don't Look Now (1973) para hacer su película. Se ubica en Paterson, New Jersey, pero con tanta presencia del catolicismo/cristianismo uno duda un poco. El filme gira alrededor de una niña de 12 años llamada Alice (Paula E. Sheppard) que tiene acciones crueles y algunos hasta la consideran desequilibrada. Cuando su hermana menor (Brooke Shields) es asesinada en una parroquia a la que asisten a su primera comunión todo el mundo señala a Alice como la culpable, a pesar de que es un niña. En pantalla vemos al asesino con un impermeable amarillo, zapatos y medias blancas, el uniforme del colegio femenino St. Michael, y la máscara con la que suele jugar Alice. Todo apunta hacia ella, el filme trata de como una niña puede ser una posible psicópata homicida. Alice es muy segura de sí y vengativa, además celosa de la bondad y el cariño que genera su hermana pequeña. Sus padres la defienden pero su tía le tiene miedo, encima su tía es atacada por el mismo asesino y entra en crisis gritando que fue Alice. El filme va agregando cada vez más indicios de que Alice es la culpable. Alice lo niega, pero no deja de mostrarse impasible y dura. La película trata a la niña como a una adulta en muchos casos, incluso la hace defenderse de un posible abuso sexual con suma autosuficiencia y sin trauma alguno, aparte de frialdad y hasta maldad. El filme utiliza mucho la religión, está por todas partes, pero Alice como que vive al margen de su profundización. El filme guarda el misterio, siempre cabe el despiste, nunca muere la duda, pero al ver al asesino baja un poco el interés, la originalidad y el encanto descienden aun con la coherencia de su lado, pero queda la curiosidad de ver la resolución de la trama una vez que todo está expuesto. El filme explota harto la figura de Alice, se hace muy rica su participación, la niña mantiene bastante la picardía y astucia. La película es elegante en gran parte, la religión le da un toque y estética muy familiar y se van arrojando destellos de sordidez.

Alligator (1980)

Ésta historia es una leyenda urbana americana convertida en película de terror. Una niña compra un pequeño cocodrilo y lo tiene de mascota, pero un día su padre se molesta con el animal y decide echarlo por el inodoro. El cocodrilo llega hasta las cloacas, crece y de pura casualidad empieza a alimentarse con unos perros muertos que tiran donde se halla, pero está la particularidad de que estos perros son trabajados científicamente, se agigantan, cuando buscan hacer ganado más grande. El cocodrilo por tanto llega a crecer hasta 10 - 12 metros,  y como se alimenta de lo que tiene cerca esto incluye gente que cae en su zona, con lo que partes humanas desmembradas salen a la superficie. Un policía que tiene mala fama, los compañeros que salen con él terminan muertos, lo interpreta Robert Forster, se obsesiona con el caso del cocodrilo, pero nadie le cree, buscan a un asesino en serie. Forster trasmite mucha simpatía y relajo, y así se luce el filme de Lewis Teague, con guion de John Sayles (director independiente; guionista de Piranha, 1978; y sería co-guionista de Aullidos, 1981). Esto genera que se sume al conjunto humor algo tonto y cierto cariz de cine familiar, pero también hay sus momentos prodigiosos de gore y espectáculo, como cuando el cocodrilo sale a plena ciudad y se mete en un matrimonio y se come a casi todo el mundo, incluyendo a los malvados. El cocodrilo está en su propia fiesta masticando a cuanta persona se le cruza. Con esto se podría decir que la propuesta de Teague mezcla distintos espectadores, al hardcore y al naif. El policía que hace Forster logra la ayuda de una herpetóloga (Robin Riker), que aporta muy poco, es una simple compañera. Forster es el único personaje que brilla (Perry Lang como Kelly, un joven e impávido policía, tiene su gracia, además), aunque por algo el filme lleva ese título. El filme es sencillo, práctico y muy entretenido. Al cocodrilo se le ve en toda alevosía, y aparte de verlo tragar personas y luego ver restos de su comida, tiene varias escenas memorables, como cuando lo observamos moverse enorme sobre una gran pista de Chicago.

Let's Scare Jessica to Death (1971)

Éste filme luce bien independiente, de bajo presupuesto, y no tan programado, se ve algo descuidado o dígase de aspecto espontaneo, pero de esta manera es interesante. El director americano John D. Hancock nos presenta a Jessica (Zohra Lampert), a su marido y a un amigo trasladándose a vivir a una casa de campo en una isla en Connecticut. Para raros llegan en una carroza fúnebre. Jessica siempre anda tensa, suele hablar en su mente, solemos escuchar muy seguido sus pensamientos, cómo trata de no parecer una loca, de comportarse lo más normal posible, de disimular (tal cual lo hacía Norman Bates al terminar en una celda), cuando recién acaba de salir de un instituto psiquiátrico, aunque sonríe y se porta amable con todos. Su amabilidad la lleva a invitar a una mujer que estaba viviendo de polizón en su casa de campo a que se quede con ellos. Su nombre es Emily (Mariclare Costello, la que tiene un cierto parecido con Meg Ryan), y aunque tiene de hippie es una mujer educada. Ella generará seducción en el ambiente y aunque pretende siempre irse es retenida por el grupo. En el pueblo hay mucha gente extraña, los ancianos lucen como salidos de un sanatorio mental, tienden a agolparse hacia los recién llegados. El filme siempre maneja una atmosfera enrarecida, es perenne el suspenso de que algo anda mal o va a terminar mal, provocando expectación y vigilancia, mientras Jessica y compañía tratan de adaptarse a su nueva vida y buscan relajarse entre ellos. Jessica desde el arranque de la historia (un flashforward) nos presenta la disyuntiva si lo que vive es su locura o una verdad sobrenatural, duda que jamás se resolverá, y es donde anida el terror, transparente, básico y muy libre, dentro del terror psicológico, pero el que se toma muchas licencias. El filme alude a una tal Abigail que se ahogó en el lago próximo a la casa de campo y que el folclore local la señala como un vampiro que pasea por la zona, pero su presencia llega a tener muchas expresiones, es un fantasma, una asesina en serie propia de un slasher, un monstruo a lo Jason Voorhees que está dentro del lago y un vampiro e historia que recuerda a la Carmilla de Sheridan Le Fanu. Todo se relaciona a un retrato del siglo XIX de los antiguos dueños de la casa de campo, la familia Bishop. El filme se presenta con un espíritu hippie, muy suelto, pero finalmente toma sentido, de lo alejado y despreocupado del terror que está se convierte en una revolución, una avalancha, de elementos del género.

The Legend of Hell House (1973)

Se basa en una novela del famoso novelista americano Richard Matheson, quien se encarga además del guion. Un millonario le paga a 3 estudiosos de lo paranormal por ir a la casa Belasco, alias La casa del infierno (Hell House), a comprobar la veracidad de la vida después de la muerte; al Dr. Lionel Barrett (Clive Revill), a la médium Florence Tanner (Pamela Franklin) y al estudioso del espiritismo y sobreviviente de Hell House Franklin Fischer (Roddy McDowall). Junto a ellos va la guapa esposa de Barrett, Ann (Gayle Hunnicutt). La leyenda habla de un asesino en serie llamado Emeric Belasco que ha dejado embrujada la casa con sus asesinatos. El filme tiene escenas y sustos bastante buenos, como cuando los objetos enloquecen y son lanzados violentamente por algún espíritu contra el Dr. Barrett. Aquí se prueba la potencia y facilidad con la que pueden matar los espíritus. También es interesante la posesión erótica y sexual, los fantasmas llenan de lujuria y liberalidad a las mujeres protagonistas, y hasta intentan tener sexo con ellas. Una de las muertes con una enorme cruz cayendo encima tiene su encanto. El filme verbaliza mucho por su parte la depravación y las posibilidades. El lenguaje y la investigación tienen un toque (pseudo) científico bastante elogiable. Aunque éste filme es más técnico y serio más tarde Los Cazafantasmas (1984) reinventaran sus usos. Movilizaran la idea del ectoplasma que llegamos a ver, de Hell House como una gran batería y de una máquina para jalar dentro a los fantasmas. A Belasco lo llaman el gigante rugiente (Roaring Giant), para cuando llegue la solución esto y el filme sonará ridículo. Pero el filme de John Hough ya habrá cumplido, nos habrá entregado una buena película de terror.

Hellraiser (1987)

Dirigida por el famoso novelista Clive Barker quien Stephen King llamaría el futuro del terror. Hellraiser se convertiría en una franquicia, con 9 secuelas en su haber. Se basa en la novella The Hellbound Heart (que traducida sería El corazón atado al infierno), del mismo Barker. Es una gran película, una gran historia, pero tiene algunos cabos y ratos imperfectos, como aquel dragón salido del fuego, también aquel monstruo del laberinto está intrascendente, y la desaparición de los enemigos parece más de ciencia ficción cutre que de película de terror. Pero el resto es una delicia para el fanático del género. Un hombre totalmente perverso anclado a experimentar con los límites del sexo llamado Frank (Sean Chapman) compra en Marruecos un cubo de rompecabezas, que es una puerta y llave a otra dimensión y al placer y al dolor, un dispositivo mecánico y místico llamado La Caja de Lemarchand, o La Configuración del Lamento. Esto lo relaciona con los cenobitas y su líder, el icónico en el género, Pinhead, que apenas aparece. Los cenobitas son gente desfigurada, mutilada o monstruosa pertenecientes a un culto destinado al sadomasoquismo que es tanto el cielo como el infierno. Los cenobitas parten en pedazos a Frank en una de sus sesiones extremas, pero Frank regresa a la vida con la sangre que gotea sobre su cuerpo por el piso. Frank vuelve como un cadáver de muy poca piel sediento de más sangre, interpretado aquí por Oliver Smith. Larry y Julia Cotton (Andrew Robinson y Clare Higgins) se mudan a la casa donde está Frank, que es el hermano seductor del obediente y dócil Larry. Frank fue el amante de Julia y ésta no deja de sentir placer y devoción con su recuerdo, con sus encuentros sexuales. Julia se encargará de proporcionarle sangre a Frank trayendo tipos excitados a su hogar y matándolos. Los efectos visuales del filme son tremendos, muy terroríficos, no dejan espacio a la imaginación, tiene un buen manejo del gore y lo grotesco y desagradable. La explicites, estética y potencia de Barker es su mejor marca, aparte de la subyugante y entretenida historia que tiene entre manos.

martes, 31 de octubre de 2017

Una historia inmortal (Histoire immortelle)

Basada en un cuento de Isak Dinesen, dirigida por Orson Welles, guion del mismo Welles y la novelista francesa Louise de Vilmorin. Apenas dura 50 minutos, pero es de una intensidad y complejidad muy subyugante. Arranca con el cameo del actor español Fernando Rey –que no aparece en los créditos- mientras se narra la historia de un hombre malvado, Charles Clay (Orson Welles, con su habitual solvencia para hacer de hombres terribles y no hacerlos unidimensionales), un comerciante millonario expatriado que se encuentra en sus últimos días de vida, pero lo guarda en secreto. Se habla mal del hermético, estoico y solitario Clay, se cuenta que destruyó a su socio, lo dejó en la bancarrota y lo arrojó a la calle con su familia, le quitó su mansión y finalmente éste terminó suicidándose. Tiene una hija ya mayor pero aun atractiva, Virginie Ducrot (Jeanne Moreau), que vive sola, en la pobreza.

El filme se ambienta en Macao, colonia portuguesa en China, con un aspecto típico de la colonia muy bien reflejado en las calles. Nos hallamos en el siglo XIX. El mediometraje de Orson Welles sólo cuenta con 4 personajes, muy bien distribuidos. Es una propuesta donde se habla mucho, y puede uno perderse entre tanta literatura. El filme toma un giro fantástico aunque la pretensión sea otra cuando Mr. Clay, que tiene un rostro enfermo como también uno de aspecto demoniaco, se aburre de oír siempre sobre sus cuentas y fortuna, a su fiel secretario y mano derecha, el judío errante Elishama Levinsky (Roger Coggio). Un día Mr. Clay buscando ser interesante le habla sobre una historia de marineros, pero el inteligente Levinsky le dice que conoce la historia y es falsa, que todos los marineros solitarios se la atribuyen para ufanarse y negar su vacía y monótona existencia. El sagaz Charles Clay rechaza lo bíblico, el destino, lo profético, cree en los hechos, en la verdad palpable y decide hacer realidad esa historia que escuchó del marinero, pero en el fondo planea su redención, aunque silenciosa.

En un vuelco que hace del mundo literalmente un gran teatro donde los actores terminan siendo en el alma y en lo emocional sus propios personajes, creen en su propia ficción, mezclándose fantasía con realidad, ilusión con la persona auténtica, sin distinción alguna, Mr. Clay encomienda a su secretario cumplir con la historia, crear una historia inmortal. Lo que se le ofrece a Virginie no es la prostitución sino una historia de amor verdadero, poético y eterno, aunque ella crea estar en pos de su venganza. La historia que escuchó Clay es sobre el ofrecimiento a un marinero de un hombre millonario que no puede tener hijos de que embarace a su joven y bella mujer. Es la historia de una noche de pasión, del hombre anónimo que coge, embelesa y se va, donde tanto el hombre como la mujer quedan vinculados para toda su vida aunque no vuelvan a verse.

En su carruaje tenebroso el gigantesco y moribundo Mr. Clay va en busca del marinero, recoge a un mendigo y náufrago (como cuando Moreau se siente vieja, pero dice tener 17 años; también es notable la seguridad que trasmite como actriz), un danés de cabello bien rubio y falso, Paul (Norman Eshley). Éste no será un hombre común, por algo es parte importante de una historia inmortal. Aunque es muy joven mostrará inteligencia y sensibilidad. El filme es una historia gótica donde Mr. Clay más que un pervertido y un voyeur o un demiurgo omnipotente que se sale con la suya le entregará a dos almas perdidas una noche que rememorar, un lugar para celebrar la vida, para olvidar la frustración y con ello Mr. Clay sana sus heridas, culpas y suelta sus cargas. La película también se puede leer como la historia romántica y maldita de una puta y un mendigo que le venden el alma al diablo a cambio de amor. 

domingo, 29 de octubre de 2017

Mimosas

La propuesta se divide en 3 partes del rezo islámico (reverencia, levantamiento y postración), la trama significa un recorrido por la fe frente al mundo del escepticismo religioso que se ha vuelto tan influyente, pero primero hay que tener presente que hacia la caravana que lleva a un Sheik a su descanso –quien ha decidido morir-  llegará un maestro sufí y no cualquier persona.

El personaje especial del filme es un maestro sufí que parece retardado y hasta suena cómico, Shakib (Shakib Ben Omar). Inicialmente todos lo ponen en duda, como cuando habla del demonio en la estación de taxis, y hasta se burlan de él, incluso su pupilo que aún no se ve así, sino un avispado hombre de mundo, el corpóreo. Shakib tiene su manera revolucionaria y naif de ver el mundo, como cuando opta en su idealismo, bondad y locura por el sacrificio, una muerte segura ante unos bandidos del desierto de Marruecos, instando a pelear por el amor, expuesto de manera muy básica. Shakib Ben Omar no es un actor profesional y en buena parte está haciendo de sí mismo, pero resulta harto carismático.

Por más curioso que parezca Shakib es el guía espiritual del autosuficiente Ahmed (Ahmed Hammoud) quien con otro truhan se comprometen a llevar el cuerpo del Sheik al lugar que había escogido para descansar, la ciudad de Sijilmasa, pero en realidad no conoce cómo llegar hasta allá cuando están cruzando por la cordillera del Atlas, solamente quería aprovecharse de la situación y coger la recompensa por llevarlo, y pretende abandonarlo. Pero aparece de pronto Shakib, uniendo dos tiempos, perpetrando un espacio conjunto de introspección.

Shakib en el presente es un taxista marroquí, vemos los vehículos ir por el desierto (luego uno transportando gente no identificada), como si fueran conducidos por ángeles, lo cual dígase que sonaría bastante cómico si lo pensáramos/emuláramos literalmente en nuestra realidad (la peruana), donde por lo general brilla la vulgaridad, la misma que se representa en los bandidos y asesinos y los peligros del desierto.  

Marruecos es un lugar místico para el director gallego nacido en Francia Oliver Laxe, que está por encima de lo salvaje o, en todo caso, cohabitan. El filme recurre a lo mínimo aunque es una película de aventuras también, un neo western metafísico sin mucha acción, de andares cansados frente al poder de la naturaleza, contextualizado en un lugar imponente, el desierto y la cordillera marroquí, agradeciendo de paso la fotografía del catalán Mauro Herce. Mimosas (2016) ganó el gran premio Nespresso de la semana de la crítica, festival de Cannes 2016. 

Que Dios nos perdone

El Papa Benedicto XVI, Joseph Ratzinger, está por llegar a Madrid, estamos en el 2011. Aunque se halla en pleno el movimiento 15-M el gobierno intenta hacer lo más apacible la visita del Papa, pero anda suelto en la ciudad un asesino en serie, alguien que mata ancianas solitarias, pero no pueden hacerlo público, con lo que el asesino se cree impune y acrecienta sus crímenes. El thriller de Rodrigo Sorogoyen se forja a la vera de dos compañeros policías. Uno es Velarde (Antonio de la Torre), tartamudo que vive sólo y se siente atraído por una mujer (María Ballesteros) que limpia su edificio; el otro es Alfaro (Roberto Álamo), un hombre violento, de poca paciencia, pero un policía muy competente y entregado a su labor. Ambos investigan al asesino en serie, mientras que los demás están más que despistados.

Alfaro es un problema para la policía, hasta ha dejado casi tuerto y cojo a un policía (esto tiene de comedia involuntaria, también hay que decir). Alfaro es un tipo de trato bruto por un lado, pero alguien analítico en su investigación. Los protagonistas tienen profundidad gracias a su vida social, el filme permite ver como son fuera del trabajo y es un gran aporte. Velarde es torpe con las relaciones afectivas y lo vemos en una escena que puede verse como violencia doméstica, pero todo es producto de unos movimientos apresurados. Ésta escena es chocante, pero interesante, bien manejada.

Ya la dupla en guion de Isabel Peña y Rodrigo Sorogoyen dirigiendo Sorogoyen mostraba intrepidez y personalidad en su película anterior, Stockholm (2013), una película convencional pero con su cuota de simpatía durante una hora, en la seducción del chico listo y seguro de sí (Javier Pereira) detrás terco de la chica difícil (la bella Aura Garrido), pero que se convierte en su última media hora en una película curiosa y original (justificando además la existencia de esa parte convencional), dura, dolorosa, incómoda e impactante –la última escena puede ser algo predecible, pero está escenificada con suma belleza, si cabe ante tanta melancolía-, al cotejar la actitud del muchacho autosuficiente.

Durante hora y media asistimos primero a la investigación de Alfaro y Velarde, para pasar al karma de Alfaro por su comportamiento violento, y el vacío de Velarde. Vemos a ancianas muertas, provocando una explicites mortuoria, pero esto es parte del cine de crímenes, no hay que ser demasiado sensible tampoco. También esto sirve de soporte para la dualidad del asesino en serie que es otra construcción valiosa, como personaje, y apreciar su demencia, brutalidad e incongruencia de personalidad, la misma que se puede ver en las debilidades y torpezas de los policías, pero, lógicamente, en menor grado.

Parte importante de la película es la pérdida de la fe, cómo muchos empiezan a descreer, aunque a su vez vemos al Papa atrayendo multitudes en España que ha mostrado cambio hacia la religión. El título por eso se hace apropiado, que Dios nos perdone (nuestras perversiones, carencias y soberbias).

La última parte muestra quien es el asesino, con una magnífica actuación, digna de un gran premio previo. Los policías aun lo buscan, las fichas ya están sobre la mesa, la exposición primera de un misterio pasa a exhibirse en toda magnitud. Por último la trama conjuga la tartamudez y el asesinato, o hacer daño a otros (el centro del filme y todos lo hacen de alguna forma), es algo que va en ascenso nos dice y hay que parar, evitar, pensar o aminorar. La tartamudez –lo emocional- se asocia con la violencia, el feminicidio –la mayoría de muertes en el filme son de mujeres-, en distintas vertientes, de forma sutil. 

sábado, 28 de octubre de 2017

La luz en el cerro

Ópera prima de Ricardo Velarde. Es un filme que se ambienta en Marcapata, Cuzco, que nos pone de protagonistas a 2 muchachos, Jefferson (Manuel Gold) y Chino (Emilram Cossío), que son forenses y mejores amigos. Están a las órdenes de un policía, Padilla (Ramón García), que suele ser honesto y digamos que justo en su cargo pero es rudo y violento.

Éste thriller peruano es bueno en potenciar su misterio, que es algo pequeño, pero se proyecta notablemente. El filme se dedica sólo a manejar unos cuantos elementos, unir la ambición, el peligro (natural, místico-sobrenatural y físico) y algo de leyenda inca, teniendo un ritmo un poco sosegado, no tiene un ritmo hollywoodense, veloz, clásico del thriller, pero tampoco uno demasiado lento, pero es cine de género, uno bien adaptado a nuestra realidad, muy peruano.

Es un filme favorablemente autóctono, se plasma bien el Ande y a la gente oriunda del lugar sin tantas vueltas, a lo fresco. Hay una buena conjunción que evita lugares añejos, salvo en el anciano padre de la esposa del hombre fallecido, lo cual resulta muy lógico siendo un hombre híper tradicional y básico. El filme “criolliza” el asunto de la ambición, hace que la gente del Ande también sienta mucha codicia, como esa turba con antorchas a lo Frankenstein. El filme maneja una notable fusión de orígenes nacionales. La gente del Ande no está romantizada ni idealizada, pero se puede percibir un lado de inocencia y pureza en la esposa e hijo del fallecido.

Es bueno ver que no es necesario recurrir a la grandilocuencia, todo es muy sencillo y crece en la interacción, no necesita de un regadero de muertos en la mayoría del metraje, como la autopsia hace más bien de multiplicación e intensidad en su lugar, con un toque gore razonable que pega idóneo con el heavy metal que escuchan los forenses. La propuesta como que se mueve con mucho cuidado y algo rígida, pero lo que produce en conclusión es destacable en su medida. Como ópera prima es conservadora en varios puntos, mientras apuesta al entretenimiento, pero tiene muchas sorpresas en el desenlace.

El tipo mafioso (Mario Velásquez) aprovechado de los débiles y su compinche mudo del machete (Daniel Núñez) están perfectos, así básicos pero creíbles de acuerdo a la historia y lugar. La sexy Stephanie Orúe es una lugareña fácil y ambiciosa en la trama. Sólo su rabieta cuando la botan al piso se ve muy amateur, parece momento de humor de telenovela, pero en general está bien, es una actriz con potencial, e igualmente también Ramón García tiene algún pequeño desliz, en cierto momento se traba con las palabras, pero en su mayoría tiene momentos decentes, aparte de gran naturalidad para llorar.

Tres personajes –mafioso, guardaespaldas y amante- son muy elementales, pero simpáticos al uso, lo que le da un toque al producto digamos que típico de cine regional. Pero los 3 protagonistas –el policía y los forenses- generan algunos matices cuando también se ven codiciosos y llegan hasta pretender pasar por alto el sacrificio de vidas humanas. Esto puede sonar algo endeble con la figura de Jefferson al llegar a romper demasiados vínculos, pero el filme es más movilidad que profundidad, además de que se olvidan de su pasado. El maleficio inca –detrás de la ambición colonialista- cumple a cabalidad, con lo que el filme se hace cargo de una leyenda sencilla, pero muy efectiva, como lo es ésta propuesta.

viernes, 27 de octubre de 2017

Mindhunter (serie)

El departamento de Ciencias de la Conducta del FBI en Quantico, Virginia, tiene a un profesor muy especial, el joven Holden Ford (Jonathan Groff), que es un hombre -en apariencia- muy formal (su traje de sastre es parte de la identidad de su personalidad), pero audaz, inteligente, imaginativo, quien aplicará su ímpetu, instinto y buena cabeza a la investigación de la conducta y psicología de psicópatas asesinos, aunque con autocomplacencia, un gran ego y vanidad. Todo esto es algo nuevo para la ley para el año en que se contextualiza la serie, 1977. Aun la policía cree en la conducta normal del criminal, la de tener siempre algún motivo, generalmente la codicia o la necesidad, pero hay un nuevo criminal suelto en Estados Unidos, y es cuando el departamento de Ciencias de la Conducta a la cabeza de Holden Ford acuña un nuevo nombre, el de asesino en serie.

El departamento de Ciencias de la Conducta está en pleno ejercicio de consolidación, están desarrollando un nuevo estudio sobre criminología, para ello Holden Ford se hace de 2 aliados, compañeros. Entra a tallar Bill Tench (Holt McCallany), un hombre en los cincuenta, un típico policía rudo, pero también muy inteligente, consciente, de comportamiento fresco y suelto con una existencia tensa. Tench es un ducho profesor itinerante de la ciencia de la conducta criminal, y pronto queda identificado con Ford. Luego el tercer puntal del departamento es la psicóloga y estudiosa de criminología Wendy Carr (Anna Torv), una mujer bella, sexy –nunca deja los tacos altos- pero ultra racional, seria y ética, tiene una dominante aspiración académica. Los 3 se conocen sin tanto rodeo –la serie va al grano rápido- y pronto se unen para éste proyecto -que como la mayoría parte de nada- de querer detectar como piensa el asesino en serie, buscan hallarle una lógica al nuevo depredador americano, sistematizar patrones a su aterradora crueldad y frialdad, que por la fecha era prácticamente inexplicable e incomprensible. 

Los asesinos en serie son como sabemos lo peor de lo peor, y solían ser vistos solamente como locos, pero el atractivo de la serie es hallarles sentido, su propia manera de ver el mundo y sus actos sanguinarios. Holden y Tench se sientan a escucharlos –a entrevistarlos-, los asesinos hablan directamente sin cortapisas sobre sus atrocidades, mentalidad y su pasado, de dónde provienen, qué los ha hecho así, como justifican sus actos descabellados. El estudio los dividirá en asesinos organizados y desorganizados. Los organizados son los que planean todo al milímetro y fantasean con lo que hacen al punto de llamarlo una vocación. Los desorganizados son los que espontáneamente se dejan llevar por el momento, pero se comportan igualmente sádica y extrañamente. Producen con su victimas caprichos homicidas, torturas y perversiones.

El guion lo escribe Joe Penhall, guionista de The Road (2009). Se basa en el libro Mind Hunter: Inside the FBI's Elite Crime Unit, de John E. Douglas, ex agente del FBI especializado en perfil criminal y en quien Holden Ford está inspirado; y Mark Olshaker, estudioso de larga data y consultor de justicia criminal. Dirigen los episodios 4 directores de cine. David Fincher, la cabeza más visible y famosa, se encarga de los 2 primeros y los 2 últimos episodios, además de ser productor de la serie, aportando su buen dominio de la temática de asesinos en serie, con sus magistrales Se7en (1995) y Zodiac (2007). En un arranque es algo pesada la serie pero le sobreviven momentos maestros, está cuando recién se conoce Holden y su futura novia, Debbie Mitford (Hannah Gross), que es rica en personalidad, estudios y diálogos; y cuando Holden se acerca por primera vez a Edmund Kemper (Cameron Britton), alias The Co-ed Killer, que es el mejor asesino en serie caracterizado en la serie, de los 4 que conocerá, agregando que cada uno de los asesinos en serie entrevistados genera grandes y jugosas conversaciones, incluso clímax –como con el pájaro o los zapatos altos de mujer-.

Los otros tres directores dirigen 2 episodios cada uno, es un grupo sólido y compacto. El danés Tobias Lindholm aparte de cineasta también es un consagrado guionista, fue guionista de The Hunt (2012) junto a su compatriota Thomas Vinterberg que dirige la película, y la temática de la pedofilia y el señalamiento dudoso de culpa también es parte de la serie. Esto le da matices a la personalidad de Holden y al trabajo en Quantico. Andrew Douglas ha dirigido el remake The Amityville Horror (2005), un clásico del cine de terror basado en un criminal real que decía oír al demonio y acababa con toda su familia, y aparte de encajar a la perfección aunque no sea un nombre célebre entre el grupo se podría decir que aporta momentos de miedo, momentos oscuros, como con los temores y repulsión -camuflada, ya que deben ganarse su confianza y seguirles el juego perverso- que producen los asesinos en serie, los que sirven también para resolver casos anexos (es típico que los policías locales les pidan ayuda tras sus exposiciones sobre los nuevos criminales), casos de asesinos con su primer homicidio, lo que justifica la existencia de sus estudios y su consagración como criminólogos. Asif Kapadia, reconocido documentalista inglés de ascendencia india, director de Amy (2015), ganadora del Oscar, es más clásico o cae preciso cuando llama Sherlock Holmes a Holden. Kapadia moviliza simpatía, humor inteligente y ritmo.

La serie será muy clara en general, con muy buen manejo del background criminal, será interesante y entretenida, tendrá ratos sutiles también, y a sus tres protagonistas les brindará alguna idea de vida social, familia, pareja o soledad, mostrando una visión más grande que se incorpora a su vida profesional, a lo que hacen y más nos importa. No será algo superficial o de relleno, sino que se mezclará muy bien con el conjunto y nos dibujaran quienes son los protagonistas, les brindará personalidad y profundidad real, como el cambio de la predecible homosexualidad al cuidado elíptico de un gato. Los diálogos y la palabra son de suma importancia, la conversación brilla por su ingenio transparente.

Habrá sexo y sensualidad, pero es irrelevante en realidad y avanzada la serie se diluirá, aunque los hippies sobrevuelan la trama y la época, haciendo de pequeño inicial contraste, como también Tarde de perros (1975) hace de soporte elemental, pero todo esto es pasajero aunque paradigmas y prejuicios a destruir. Abre la propuesta una escena muy violenta pero para bien la serie evolucionará en la sugerencia que en la explicites (innecesaria), aunque recurriendo a la constante de las fotografías de los asesinatos que reflejaran el lado macabro del asunto, que no hay que perder de vista, y está bien al tanto la serie, de esto que se argumente bastante al respecto y halla cambios de humor entre los asesinos brutales y los policías que quieren comprender su modus operandi. No todo es perfecto en la serie, como el compañero soplón y la crisis final que son bastante ordinarios y desangelados, pero la serie está bastante bien.