jueves, 7 de noviembre de 2019

Aj Zombies


Un apocalipsis de zombies en Lima en clave de comedia tiene su curiosidad y originalidad en la historia del cine nacional, aunque a la hora de visionarla no haya mucha originalidad con lo que vemos en realidad. No obstante el filme no es de mala calidad, tiene efectos especiales competentes, no impresionantes, pero si eficientes al menos. Además es una comedia que funciona, da risa por momentos, aunque también hay momentos obvios, planos, simplones, mucho lugar común en sus bromas y en lo que cuenta su narrativa, como el enamoramiento entre el hijo de una empleada del hogar, Felipe (Emilram Cossio), y la hija de una familia adinerada limeña, Claudia (Anahí de Cárdenas). Felipe muere por ésta niña pituca que interpreta por millonésima vez Anahí de Cárdenas y le queda como anillo al dedo aunque con una actuación propia de televisión. Felipe sueña con estar con Claudia, que a pesar de su diferencias sociales fueron muy amigos de niños y comparten cierta complicidad, que se plantea tipo Chavo del ocho con un tira y afloja romántico, sin beso de por medio, apenas una recostadita en un hombro, con final melancólico por un lado y rapero y burlón pajero por otro. Junto a ellos en las correrías y escapes de los zombies están 2 tipos “curiosos”, un guachimán híper marcial (Cesar Ritter), y un borracho salsero (Miguel Iza); tanto Iza como Ritter son buenos actores y ofrecen varias risas, y hasta Iza lo conjuga con buenos lugares dramáticos haciendo muy bien de borracho, atrayendo lo popular en especial, sobre todo con la música (la salsa), pero sin exagerar, sin jalar a todo el barrio encima, como suele hacer la mayoría cuando piensan en hacer algo peruano. La energía de Ritter en su papel también es de destacar. Éste filme sabe usar y mezclar muy bien lo popular con lo pituco, y no cae tampoco en el golpe bajo, ni en el criollismo vulgar y feo. Emilram Cossio tiene carisma, aunque simple, y Anahí de Cárdenas es una buena compañera de mataperradas e ilusiones amorosas. La música mayormente es en inglés y cada canción que acompaña tiene sentido con lo que vemos, aunque suena un poco incongruente con el cine latino, hubiera sido más audaz aunque más difícil hacer algo notable ponerle música en el mismo idioma. Aj Zombies, perteneciente a Daniel Martín Rodríguez, parece q no tuviera rumbo, es más un par de chistes lights pasables o decentes que otra cosa; no será plus ultra, pero películas como éstas deben hacerse.

martes, 5 de noviembre de 2019

Mi desnudez no significa nada (Ma nudité ne sert à rien)


Docuficción de la francesa Marina de Van, directora de cine de películas de terror que aquí se anima a hacer algo bastante íntimo, más personal en apariencia, pero que contiene su toque de espectáculo –aunque atípico a lo general-, y de narradora de historias. En principio es algo chocante la figura que vemos, presenciamos a una mujer solitaria y triste que anda mucho tiempo desnuda –el desnudo como búsqueda de despojo de la opresión del sufrimiento, más que de erotismo-, la mayor parte del tiempo encerrada en su habitación con su gato. Solitaria en los 40 y pico –edad que hace de sutil mortificación- busca hallar pareja en citas que pacta online, pero cuando concreta encuentros hay algo en su personalidad, en su abulia, y cierta depresión en general, que la hace rechazar a cada pareja que en principio le interesa. Así observamos como un tipo se resiste a no parar de tener relaciones con ella, de lo que asoma una posible violación y termina en frustración existencial. La cámara aparece en los lugares más complicados de filmar lo que da a entender que no todo es real, que hay ficción presente, como con el momento que Marina irrumpe en un cuarto de hotel, además de que las reacciones de la pareja sorprendida denotan actuación. El final también lo deja más que claro en aquella sonrisa naif. No obstante el filme coge un sentimiento, una cierta verdad expositiva, revelando algo muy personal de ésta directora, una psicología, un anhelo y sufrimiento, en esto la directora es vanguardista y audaz, aunque también se percibe un tono de cierta fealdad, de cierto patetismo, que la directora no rehúye, más bien lo busca con ahínco, y es algo duro de ver, aunque finalmente el filme se revela como un artificio en parte. Ahí anida el vanguardismo de la propuesta, la intrepidez de concretar éste retrato de apertura emocional. El filme sigue un guion, éste guion se percibe que tiene de cierto, pero se nota que hay construcción (que falta espontaneidad), que no todo es solo posar la cámara. Pero a un punto contiene realidad y es eficaz, la de la soledad, el desgano y la melancolía de Marina, la del retrato poco bello, el que toca el ridículo con la imitación de la admiración por Flashdance (1983). Hay un ánimo de revelarse poco agraciado, imperfecto física y emocionalmente, al tiempo  que Marina está osadamente desnuda ante la cámara en varios sentidos, y esto tiene interés a la vez que rechazo, por dar a notar amar el patetismo. Es un filme poco comercial, curioso, imperfecto como el cuerpo que exhibe, tan semejante al de “todos”,  al de la mayoría, y ahí hay atracción para con el espectador, aun cuando también germina una distancia producto de una transparencia tan abierta e incómoda por momentos. Es en su primera parte casi un callejón sin salida, y se hace fuerte de ver, pero la imagen general va soltándose, relajándose, al pasar del metraje. La protagonista va siendo cada vez más racional, apoyada siempre en su voz en off que hace de diario de cotidianidad en soledad, en gestos tristes. Luego se ve a la familia de la directora –madre y hermanos- que es una familia convencional, tranquila, feliz y sencilla, lo que contrasta con la esencia de rareza que exuda Marina de Van, digna artífice de su cine de terror.

lunes, 4 de noviembre de 2019

Joker


Hay muchas películas de superhéroes actualmente, están de moda, y esa gran cantidad hace que salgan novedades, una de éstas es la presente, que imita el realismo de la trilogía de Batman de Christopher Nolan. Arthur Fleck (Joaquin Phoenix) es quien será el joker, uno de los mejores personajes que ha dado algo enorme como el cómic, y uno de los malvados más perversos y fantásticos que existen en el arte. El filme de Todd Phillips hace que Fleck sea golpeado por la vida inmisericordemente, todo es malo en su existencia, la vida le pega una y otra vez hasta que se harta y se convierte en un símbolo social y un tipo malvado, valga la curiosidad de definiciones. Fleck trabaja de payaso pero todo le sale mal, también quiere ser cómico de stand up. El filme es como la vida y el mundo cruel crea al Joker. El filme trasuda lucha de clases, hay los pobres y perdedores, y los yuppies, empresarios y los Thomas Wayne que menosprecian a la mayoría perdedora, les llama payasos. De esto que violencia y abuso surgido en un metro con unos yuppies se convierta en una pequeña revolución. Joker lidera a los payasos, es decir a los perdedores, a los olvidados, a los oprimidos, a los pobres. Es una historia que convierte al Joker en un (anti)héroe, como el Travis Bickle de Taxi Driver (1976), tipos a los que se les escurre la felicidad y el éxito –y peor para Fleck, que no para de ser agredido por todo a su alrededor-, y de manera violenta y reprochable hallan el éxito, se vuelven líderes o héroes de masas, del bajo mundo digamos o, de la presente, del pueblo. La idea de un brote de ratas en la ciudad es que la pobreza está en todas partes y hay descontento, así surgen rebeliones, disturbios, crisis. De éste modo el crimen se vuelve un lugar de restitución, el Joker logra su identidad de esa manera, lo cual suena inteligente y perverso al mismo tiempo, toda su definición moral, aunque en el asesinato. Fleck toma 7 pastillas, es un tipo controlando su desequilibrio, tratando de encajar en el sistema, y termina libre y feliz finalmente en su locura, que curiosamente parece sanar en el extremo de la violencia, tomando fuerza en la brutalidad. Su depresión lo lleva a meterse en el refrigerador en una gran escena salida de una película de terror. Baila danza clásica cuando fluye por su cuerpo la libertad, la locura se podría decir, en lo literal es el asesinato, que significa su restitución de dignidad, que es a donde apunta el filme, la de los humillados, la de los maltratados, la de los dejados de lado por la ayuda social. Fleck fantasea con una vecina afroamericana –la señal con los dedos de una pistola en la sien es parte audaz de su insania- , con ser visto como un hijo por quien quisiera sea su mentor, un comediante de programa de entrevistas, y ahí entra a tallar otro filme, El rey de la comedia (1982), donde ahora Robert De Niro es el hombre en lo alto del podio, y Fleck tendrá que matar al padre exitoso para renacer del fango -convertido en el Joker-. También a Thomas Wayne, símbolo de la opresión social. Joaquin Phoenix está grandioso, ésta vez debe merecer el Oscar, es tremendo actor y aquí lo demuestra con creces, es una de las mejores actuaciones de toda su potente carrera, como cuando Fleck está de pie frente al archivero en el asilo de locos escuchando la lectura del archivo de su madre, y oye de su terrible niñez, crecimiento, y el comienzo, creación y desarrollo de sus trastornos, como con su risa compulsiva e incontrolable frente a cuando se halla tenso. Phillips cambia algunas cosas conocidas como con el nacimiento de Batman en aquella calle saliendo del cine y con la sonrisa del Joker que apunta a lo natural -con la sangre, con los dedos, a la incontinencia-, y todo suena perfecto, glorioso. Éste filme ganó el león de oro del festival de Venecia 2019 y es un gran ganador, una gran película, que engrandece y profundiza la visión del personaje del Joker para verlo plenamente justificado.

domingo, 27 de octubre de 2019

Apuntes para una película de atracos


Documental perteneciente al español León Siminiani. Es un filme simpático, que se disfruta, es  ágil e interesante a la vez. Tiene como protagonista a un atracador de bancos que yace preso pero como no usó violencia explícita está condenado a menos de 10 años, y tiene permisos. El atracador conversa con el director, hay un vínculo entre Siminani y su mujer y el atracador y su propia mujer. Interactúan los 4 –aunque una a través de los otros-, incluso sus hijos chicos aparecen paseando juntos. La esposa del atracador no quiere que lo filmen, porque su hijo puede sufrir de lo que ha hecho puesto a la vista de todo el mundo, por eso el atracador, a quien el director apoda el flaco, no muestra su rostro, siempre lleva una máscara. El filme tiene sus pequeñas audacias, como en el caso donde se pierde una conversación presencial –no se graba- con la mujer del atracador –a la que nunca se le ve en el documental- y Siminiani y su mujer, Ainhoa, recrean toda la escena con bastante soltura, fuerza y naturalidad, al tiempo que analizan el estigma público de cometer un gran delito. La propuesta busca o promete poner a actuar al atracador, pero es muy poco lo que finalmente actúa, es él mismo en realidad, no obstante es interesante cuando se le coloca un micrófono y el atracador habla con total libertad, como medio dueño del documental, y esa libertad hace que la película se movilice a dos bandas (complementarias), con el director por una parte y el atracador contando cosas por otra, hermanados, mostrando una fuerte amistad, que se luce transparente, cálida y genuina. El documental es honesto en todo momento, y haciendo un balance mantiene una media interesante, aunque bien avanzado el filme decae un poco el interés, pero es porque no se fuerzan cosas, falsedades o efectismos. Se llega a alucinar un final de eso épicos, pero queda en comentario curioso solamente, y mejor así, porque el filme trasmite realismo, es esa clase de filme, verídico, pero entretenido. Por la película pasan menciones de alguna que otra gran película de atracos, corre buena cinefilia. Lo que ha hecho específicamente éste atracador español es además curioso, tiene originalidad y personalidad, aunque desdeñable por ser un delito. El atracador es súper sencillo y se nota muy amable, bastante tranquilo, y se entiende la empatía que genera no solo hacia el director. El filme también articula el espejo en ciertos momentos, Siminiani debe lidiar con el nacimiento de su hijo y querer hacer el documental, su mujer no lo molesta felizmente, lo apoya, pero queda esa idea en el aire, lo que si le pasa –aunque suena lógico que así sea- al atracador con su hijo y su mujer, sobre todo por haber seguido el ejemplo paterno –igual el tipo se las arregla para hacer lo que quiere, y hay final feliz para todos- . Es un buen documental, se ve bien, tiene recursos inteligentes en la austeridad, apreciando que está muy bien hecho, tiene muy buena presencia y dominio todo el tiempo.

sábado, 26 de octubre de 2019

Hotel by the river


El director coreano Hong Sang-soo saltó de ser un pequeño cineasta a un cineasta muy popular para la cinefilia hardcore. Ya en la cima de la aclamación por ésta cinefilia todo lo que hace es reverenciado. Ésta película es una pequeña obra, un filme sencillito, austero o de bajo presupuesto, como todos los suyos. Se mueve con tan sólo 5 personajes, un padre de cierta edad y sus dos hijos “maduros”; y una pareja de amigas, dos chinitas guapas. El padre parece que tiene una enfermedad terminal o habla así, como si algo le fuera a suceder, es medio extraño, incluso puede sufrir de locura, como se deja escapar sutilmente. Las amigas paran durmiendo juntas en una pequeña cama de cuarto de hotel, y se percibe como un homoerotismo lésbico entre ellas, aunque no pasan de conversar, abrazarse y mostrarse afecto muy respetuoso. Una de ellas (Kim Min-hee) está triste porque se ha separado de su pareja, no se especifica mucho al respecto, salvo el sentimiento que la envuelve y ciertos comentarios hacia la ruptura en sí, no algo detallado. Hong Sang soo ausculta las separaciones de pareja, al tiempo que parece algo auto-analítico, el padre también está separado y hay en él una cierta definición de mujeriego o womanizer aunque más platónico porque supone un hombre de edad o quizá un caballero a fin de cuentas.  En ese ámbito, un hotel, van paseando los 5 personajes, interactuando un poco entre todos. El padre es poeta y uno de sus hijos es director de cine, y se da sin exagerar lo de ser famoso y que la gente se te acerque admirativa, mientras ellos están en su planeta, son gente humilde. El poeta incluso llena de piropos a sus dos fans féminas, aunque luego les lee un poema igual de extraño que él. Así también hay un dialogo entre naif, con peluches de por medio, y algo medio místico y estrafalario entre padre e hijos, hijos que ya están en los 40s pero se comportan a ratos infantiles, engreídos. No pasa mucho entre un padre (Gi Ju-bong) que deambula en sus últimos días sin pompa de por medio, dos jóvenes simples y bellas en plan lamento y consolación como fantasía sexual velada, y 2 hijos que quieren acercarse a su padre pero están en cierta forma perdidos, se les para escabullendo, y es una propuesta de ese tipo, de estar ahí sin más, con los problemas en fuera de campo, pero a cuestas, lidiando con lo ejecutado o cantado –la muerte en general, la separación paterna, la separación de pareja-, con la tensión tras bambalinas, en el que es un retrato común y no tan común al mismo tiempo.

lunes, 21 de octubre de 2019

Construcciones


Perteneciente a Fernado Restelli, director cordobés que con éste filme hace su debut. Es un filme sencillo sobre la vida de un padre y su pequeño hijo, en su cotidianidad. Es una propuesta que deja apreciar una vida humilde, es un filme social que contiene sensibilidad hacia quienes muestra, y quienes yacen naturales, como cuando Pedro, el padre, un hombre de la construcción y vigilante nocturno, se saca la sandalia y le llama la atención a su travieso, intenso y tierno hijo, no le pega pero lo asusta. Esto muestra que no se trata de quedar bien ante la cámara, sino de la honestidad del retrato humano, porque puede ser criticable una cierta violencia latente, pero más yace una imagen amorosa de padre e hijo, que comparten muchos momentos dulces. El padre baña a su hijo, come con él, lo viste, leen juntos, le habla y le cuenta cosas interesantes. Llegan hasta enseñarnos sus días de campamento juntos, y es un filme casi de 2 protagonistas, sumando a quienes los alojan, a una mujer robusta y su joven pareja, pero padre e hijo son el centro de la película. Pedro escucha solitario en su trabajo las noticias económicas y políticas argentinas, sin decir una palabra, es lo social al pie del cañón también. En un momento Pedro se acuesta con una mujer, quizá una prostituta, y se oye de fondo un tango cargado de vida social con la cámara encuadrando sólo el rostro de Pedro durmiendo, relajado, es la vida en sus distintas facetas, es el hombre a quien el ojo cinematográfico mira con complicidad y afecto, una mirada humana, horizontal y respetuosa en todo momento. En ese trayecto Pedro mira hacia la ciudad pensativo, silencioso, tranquilo, siempre entero a pesar de todo, con su toque de personalidad.

domingo, 20 de octubre de 2019

Jeannette, la infancia de Juana de Arco (Jeannette, l'enfance de Jeanne d'Arc)


Juana de Arco es para Francia como Santa Rosa de Lima para nosotros los peruanos, su máximo ídolo religioso -que incluye la particularidad del feminismo y la guerra- y se han hecho varios filmes notables, por tanto medio que no cabía repetir lo “convencional” cuando ya antes se ha hecho y muy bien. A ese respecto tenemos La passion de Jeanne d'Arc (1928), de Carl Theodor Dreyer, y Procès de Jeanne d'Arc (1962), de Robert Bresson. Bruno Dumont tiene sentido del humor -quien lo diría-, le gusta la comedia, como lo dicen sus trabajos últimos. Ahí tenemos a su Juana de Arco haciendo headbanging a cada rato o realizando el ejercicio atlético de una araña con total naturalidad. Es un filme curioso y se ve bien. Jeannette l'enfance de Jeanne d'Arc (2017) tiene la originalidad de que también es un musical, y la música tiene personalidad. El soundtrack de Jeannette es una fusión de músicas, el galo Igorrr es el encargado de la banda sonora, su música tiene de todo, tiene pop, no soy fan de éste estilo, pero si del hip hop, la música electrónica y el heavy metal que le ha puesto al filme. Ésta propuesta tiene un escenario austero, su puesta en escena es mínima, la presente obra es de una sencillez formal, mientras discurre una narración histórica interesante y seria –verdadera- en cierta medida, su mitología acompañada de humor, pero sin que sea una comedia. El escenario es siempre el campo, con ovejas, tierra por doquier y algo de vegetación, en el centro Jeannette mueve la cabeza y dice sus párrafos, interpretada por dos personas, una niña y una joven, Lucile Gauthier y Victoria Lefebvre, como con la monja en la obra de unas gemelas. Es un filme que es austero por donde se le mire, pero entretiene, no cansa, pero a muchos les puede parecer demasiado sencillo y algo repetitivo. La música no es mala tampoco, aunque hay quienes seguramente les puede parecer chocante, pero es una ocurrencia irreverente toda la película, parte de la modernidad del cine que tiene ya mucha agua bajo el río.

jueves, 10 de octubre de 2019

Ginger snaps


Ginger Snaps (2000), la dirige un hombre, John Fawcett, pero el guion lo escribe Karen Walton, y se nota la mirada femenina en la película, con los trances y traumas que pasan las mujeres en la adolescencia. Incluso llega hasta la adultez femenina, poco más de la mediana edad; hay una línea que señala que de todo se culpa a las mujeres, con la madre de las hermanas protagonistas sintiéndose maltratada por éste lugar común. Ginger snaps emparenta la transformación en hombre lobo –mujer lobo- con éste trance difícil de la feminidad. Brigitte  (Emily Perkins) y Ginger (Katharine Isabelle) son éstas hermanas adolescentes que son marginadas en sociedad, son outsiders, vistas como freaks, y suelen pegarse a hacer sangrientas escenografías amateurs de asesinatos con ellas mismas, sueñan con el escapismo del suicidio. Pero una vez que Ginger es atacada por un hombre lobo y se empieza a convertir en uno, el meollo del filme, las hermanas quedan separadas. Brigitte ya no querrá morir y Ginger se volverá violenta, cada vez más salvaje traducido a cierta maldad o una transformación que no le deja salida con sus instintos animales, con una sed de sangre, y excitación que parte de lo sexual. En adelante hay un festín gore, de terror, donde se nota ahora sí mucho más la mano de Fawcett, una mirada mayormente masculina, más intensa, pero propia no del movimiento sino del fotograma artístico, del acomodo para la imagen estática, pero llena de vida, impactante, clásica del cine de género. Pero también hay grandes secuencias, como la del final con el hombre lobo –una bestia, un monstruo- asechando la casa de las hermanas, o la del ataque relámpago y frenético que transforma a Brigitte. Además sobresale en la memoria la audacia de hacer heroico a un dealer, aunque anclado a la adolescencia, al relajo de la imagen, a la despreocupación y a cierta simpatía. Éste filme es canadiense y es un muy buen filme de terror, tiene sustancia y potencia. Ginger Snaps 2: Unleashed (2004) en cambio no es buena, suena bien en el papel, pero verla es hasta aburrido, es casi el opuesto total malo de la primera.

domingo, 29 de septiembre de 2019

Did You Wonder Who Fired the Gun?


Lo que más llama la atención de éste documental es que sus imágenes son lo más simples, humildes y austeras que uno puede imaginar, lo que va mostrando mientras nos relata cosas. Esto es tremenda curiosidad cuando se supone que el cine son imágenes, pero también es curioso notar que el filme es muy interesante por lo que va contando, como va ramificando un caso de racismo. Al final la atención que genera ir escuchando –o leyendo, por subtítulos- lo que tiene que contar, lo que investiga, sus revelaciones, hace olvidar que son las imágenes más llanas del universo las que van acompañando la propuesta. Se ve una carretera, se oye una canción folk tradicional, salen unas letras y nombres moviéndose como en ritmo hip hop. Vemos pasajes que resplandecen como electrificados, puestos en sombras, manipulada la realidad de estas imágenes secundarias. Es un documental que pudo ir por lugares vistosos, pero opta por una construcción artística de lo mínimo, de lo carente de espectáculo, de lo que puede pasar por simplón. Pero no obstante la investigación es audaz, te atrapa, va hilando e hilando, te va metiendo en su denuncia del racismo en general que se vive en Estados Unidos, partiendo del sur, estudiando el caso de un familiar del propio director, director que hace de guía todoterreno y mostrando que su trabajo es algo muy personal y chiquito. Es un filme de investigadores. Lo que cuenta es interesante, aunque haya que leer dos cartas de gente cercana que trata de revelar quien fue el bisabuelo de Travis Wilkerson, del director del filme. La película trata de como S.E. Branch, un caucásico dueño de una pequeña tienda de comestibles, asesinó de 2 disparos a  sangre fría a un afroamericano, a Bill Spann, alegándose defensa personal (Spann llevaba un cuchillo). Branch fue declarado muy fácilmente inocente y siguió su vida de manera normal. Pero Wilkerson deja en claro que su bisabuelo era una mala persona y duda de como sucedió la muerte de Spann, quien casi es un NN, un anónimo. Esto va creciendo y se va tornando una denuncia grande sobre el aún vigente racismo americano. Se oye de otros casos similares, hablan activistas de los derechos civiles de los afroamericanos. Se menciona gente emblemática al respecto. El documental intenta resolver un caso que queda lejano y oscuro, lo de Spann sucedió en los 40s. Wilkerson falla quizá en resolver el caso, en sus pesquisas, pero deja muy potente su denuncia general, sobrevuela la impunidad del racismo. Es un filme que en conjunto satisface, que llega a superar sus carencias, sus imágenes humildes, su falta de precisión, su falta de concretar el caso específico. Argumenta bien mientras honra la muerte de Bill Spann.

viernes, 20 de septiembre de 2019

Funeral siniestro


Ésta es la mejor película catalogada del colombiano Jairo Pinilla. En una primera parte una niña sufre de maltratos por una malvada madrastra que se queda a cuidarla en una finca en el campo. En la segunda parte la niña asiste al funeral de la madrasta en su misma casa. La primera parte muestra a una mujer mayor diabólica, practicante de brujería y hasta homicida. La segunda todo el odio que anidaba en la madrastra le crea enorme pavor a la niña que se queda sola a velarla. Pinilla en la parte del funeral hace uso del suspenso, ¿qué pasará?, te preguntas, pero Pinilla opta por lo básico, como refleja su cine, carente de mayor originalidad e imaginación, busca ser lo más correcto posible, y eso le juega bien en el aspecto técnico y estético, pero en la historia, en el atrevimiento, en la distinción, en la novedad el aporte es ínfimo, casi nulo, con lo que tenemos entre manos un filme medio soso. No obstante la niña protagonista actúa muy bien, y esto le da dimensión a la propuesta siendo ella lo más trascedente del filme, frente a padecer a la madrastra en dos ámbitos, tenerle miedo a razón de la violencia física y en la posibilidad de lo sobrenatural. El filme es súper simple, de narrativa escueta, centrado en un par de actos, otorgando prioridad al miedo como meollo del sufrimiento de la niña protagonista. Es una historia de abuso, ahí está el terror, es una película realista, con tintes de excepcionalidad imaginaria, en la brujería y en lo fantasmal. El filme decide ser sencillo, es cine austero, pero estético, bien narrado, con ritmo, pero exento de fiesta, de locura. Es un cine convencional, clásico, humilde, ligero, amable y formal. Tiene algo de gracia, aunque sea poco. No es una propuesta revolucionaria, ni muy original, pero Jairo Pinilla debuto con éste filme, consagrándose como pionero del cine de terror en Colombia. Tiene un aire leve a realismo social, con la ambición de dinero fácil como leitmotiv, pero con mayor amabilidad y soltura.