sábado, 25 de julio de 2015

Ant-Man

En nuestra contemporaneidad nos invaden todo tipo de superhéroes en la cartelera internacional, uno tras otro, y se esperan muchos más, y en esa apuesta aparece uno nuevo, Ant-Man, un superhéroe que valga la redundancia es muy pequeño, no tan popular como otros de la Marvel, no son The Avengers, los X-Men ni Spiderman, y en ello se ha creado una pequeña diferencia en su narrativa, viéndose que las luchas son menos aparatosas y grandilocuentes que lo que se acostumbra hoy en día, en un tiempo donde se le da demasiada importancia a los efectos especiales, y, claro, Ant-Man los tiene en gran nivel, véase cuando se encoge y se mueve entre las hormigas (sus aliadas) o se dan en una lucha con su némesis “semejante” donde crece y se reduce como al chasquido de unos dedos mientras reparte golpes, a la par que se agigantan los objetos, como un pequeño tren de juguete (que valga la curiosidad puede ser amenazante) o algún insecto que luego permite la broma, sin embargo hay mucha argumentación que hace cierta diferencia, se concibe una historia en que un padre quiere ser apto para su hija, cuando lo absorbe un pasado de robos finos (repeliendo cualquier tipo de implicancia mortal) y una temporada en la cárcel. A nuestro protagonista, a Scott Lang (el carismático Paul Rudd).

Es de resaltar que el personaje de Michael Douglas brinda mucha profundidad, sin salirse de un personaje serio y creíble en una de superhéroes, en que anida mucha comedia, no por poco iba a terminar dirigida por el gran Edgar Wright (que es uno de sus primeros guionistas, junto a Joe Cornish, director de Attack the block, 2011), artífice de la trilogía del cornetto, con lo que han quedado muchos rezagos de su audacia en el competente pero simple director Peyton Reed, que deja fluir la comedia ya que si vemos su filmografía también va por ese camino, por lo que el no tomarse demasiado en serio, y reírse de la solemnidad ayuda a caer muy simpático al cinéfilo, aunque no sea una película especialmente taquillera, lo cual hay que decir que es irrelevante porque escoger rehuirle a los efectos e impresiones cada vez más grandes, a lo superficial de un anhelo de sobrecarga de sorpresa visual, como se recita elocuentemente en Jurassic World (2015) es saludable cuando se quiere contar algo entrañable y divertido, a la vieja usanza digamos, y en ese lugar Ant-Man hace gala de suma modestia, como que la graduación de superhéroe sea vencer a un Avenger en una confrontación con el tamaño de una hormiga, en lo que pudo sumirse en el ridículo, y no lo fue, se hizo de buenas risas con el rol de Michael Peña como el compinche de Scott, el de los trabalenguas, y de suficiente seriedad para creernos algo que poca lógica imprime, aunque se hable demasiado, salvando que eso agota un poco, pero no malogra un filme que cuando llega el momento se llena de espectacularidad en sus encogimientos, y convence en su mayoría.

Otro punto a tomar en cuenta es que Paul Rudd no es el típico actor que hace de superhéroe, y eso es una apuesta por algo distinto, aparte del cosmopolitismo de sus amigos, latinos, europeos del este y afroamericanos, ya no se trata solo de gringos musculosos o angloamericanos blancos, además de que siendo conocida la vena cómica de Rudd aportó en el guion y da también mucha personalidad a su rol, aparte de conmover en su mayor motivación, la del amor por su hija, como en la línea paralela con Michael Douglas, como el científico creador, y su prole, en la guerrera marcial e intelectual de Hope van Dyne, en la piel de Evangeline Lilly. En ese aspecto el reparto lo contienen actores que nos son celebridades (exceptuando a Michael Douglas, si bien es de otra generación) pero que hacen bien su trabajo, como el del en buena parte desconocido Corey Stoll como otro científico que tiene desequilibrios mentales producto de su fijación con crear soldados diminutos y venderlo al mundo, y de paso ponerlo en peligro al no medir consecuencias. Stoll será Yellowjacket.

Ant-Man reduce todo a lo esencial, siendo ligera, y gana con esa elección. Amparándose en la comedia, que quien esperaría que la introducción de los títulos sea nada más y nada menos que con una salsa, y una despedida de prisión particular, de un preso enorme golpeándonos por diversión para poco después abrazarnos. Muy pocos, y en ese relajo conjunto yace una base potente de empatía. El resto es hacer de un hombre “común” (sus robos son muy complejos) un superhéroe cautivante, mediante un traje especial y no poderes sobrehumanos propios, con un background que cambiar (el mensaje altruista de corregirnos, aunque haya peros realistas a la hora de aquello, como salir de la cárcel y no hallar trabajo por antecedentes) y una pequeña a quien cumplirle (la tierna Abby Ryder Fortson). En ese trayecto se nos habla de padres separados y nuevos compromisos, un lugar común de la Norteamérica indie, real, en un secundario siempre competente, Bobby Cannavale, como el padrastro de la hija de Scott y además policía, que haciendo su deber lo persigue. De lo que tantos ingredientes positivos dan una buena película en su tipo, sin que tampoco sea demasiado innovadora, porque tampoco es que se salga de cierta expectación de lo que hoy nos gobierna salido de Hollywood y por estas épocas, pero sí que es entretenida, eficaz, y por su lado medianamente original, con lo que nos quedamos satisfechos con la Marvel en esta oportunidad. 

miércoles, 22 de julio de 2015

19 Festival de cine de Lima

Llega otro año y empieza una nueva fiesta del cine, con el 19 festival de cine de Lima, que propone mucho goce con el séptimo arte. Desde su  centro de ebullición, el cine latinoamericano, en su competencia oficial que contará con 19 películas de nuestra habla en común, que están muy apetecibles, como muestra un botón, Paulina (Mejor película Semana de la Crítica de Cannes 2015), El Club (Oso de Plata por Premio Especial del Jurado en la 65º edición del Festival de Berlín) o El Abrazo de la Serpiente (Premio “Art Cinema Award” en la Quincena de los Realizadores de Cannes 2015), entre muchas otras que hacen el plato fuerte de la festividad, como sus 11 documentales latinos oficiales, de los que destaca  Allende, mi abuelo Allende que estuvo en la Quincena de los Realizadores.

A continuación tenemos un soberbio complemento con Múltiples Miradas, que son películas latinoamericanas, y que permitirán conocer el cine contemporáneo de nuestros países de habla castellana. Están por su lado igual las secciones de La Vuelta al Mundo en Ocho Días y La Semana de la Crítica de Cannes que son realmente destacables. En la primera está la última película del niño engreído del cine-arte Xavier Dolan, con Mommy, la irreverencia de Peter Greenaway con Eisenstein in Guanajato y la comedia She's Funny That Way de Peter Bogdanovich, entre tantas otras más, mientras en la segunda tenemos lo mejorcito de una sección trascendental en el festival de festivales, Cannes, donde va al gusto del comensal, ya que todo es interesante.

Tienen lo suyo también las presentaciones especiales (Galas) y los documentales de Ambulante, Gira Documental 2015, de lo que en la primera luce como prioridad disfrutar de la última obra del genio brasileño desaparecido, Eduardo Coutinho, con el documental Últimas Conversaciones. Y en Ambulante nuevamente es a gusto personal, uno debe descubrirlas, sin embargo se ve muy recomendable en especial, como faro, La sal de la tierra. Con ello se exhibieran muestras del gran Werner Herzog, cineasta mayor; el mexicano Arturo Ripstein y su esposa (la famosa guionista) Paz Alicia Garciadiego; y del querido actor peruano Gustavo Bueno, a los que se rendirá homenaje, y habrá conversatorio con el público. Junto a Grandes Clásicos Franceses Renovados, e imagina ver en pantalla grande Los ojos sin rostro, de Georges Franju, o El desprecio, de Jean-Luc Godard, sin contar lo antes mencionado, Aguirre, la cólera de dios o Fitzcarraldo, todas grandes experiencias. Mención aparte de la muestra de cine turco, donde Erase una vez en Anatolia se adjunta a esos potentes momentos.

Por todo y más, habrá una Muestra de Cine Itinerante descentralizado de la capital y en distintos distritos, como a su vez participará de jurado el reconocido actor argentino Gaston Pauls y el director mexicano Diego Quemada-Diez que con La jaula de oro se hizo de 12 premios Ariel (máximo premio de la Academia Mexicana de Cine) incluido el de mejor película. De lo que desde hoy hay que empezar a planear de como gozar de tanta cinefilia.


lunes, 20 de julio de 2015

La Guarimba Film Festival 2015 (Cortos)


Festival que acaece en Amantea (Calabria), Italia, y que consta de una exhibición de cortometrajes de ficción, documental y animación. Va del 7 al 11 de agosto en su tercera edición. Con lo que comentaremos 9 de los 20 seleccionados para la sección de ficción.

Eu queria ser arrebatada, amordaçada e, nas minhas costas, tatuada
(Andy Malafaia | 2015| 16′ | Brazil)

Nos narra la vida de una desnudista en un habitad precario, en una película que nos presenta sobre todo un estado mental, el del agotamiento, el no querer seguir con una existencia sórdida, como en aquella visión desmejorada y entristecida en el espejo, en colores lúgubres, azules, a la par que corroboramos que el sexo se impone demasiado, y se estipula como una perenne insatisfacción, en el coito pasajero y en el trabajo erótico. De ahí la simbólica expulsión de una intoxicación, que revela nuestro desolado lado oscuro. Mostrando énfasis en su leitmotiv en lugares puntuales, el del malestar, por lo que su realismo puede ser hiriente, pero su ordinariez justificada.

Persefone
(Grazia Tricarico | 2014 | 18′ | Italia)

Importante antes conocer algo del título que alude a la mitología griega, Persefone representa a la muerte, al inframundo.  En el corto nos hablan de la tentación de nuestra sensualidad, en un chico salvaje, rústico, que se halla a la deriva de las convenciones, que ejerce su liderazgo outsider y su hipnotizada lujuria. En aquel representativo nado en el mar que invoca la libertad absoluta, aquella que nos pone al filo de cualquier anhelo. Aun a costa del rechazo feroz y de lo inmoral, la atracción por lo prohibido, oscuramente retratado por la necrofilia. Mediante el uso de lo bello en lo aparentemente muerto, porque yace muy cerca y secretamente el mito, aquel audaz anzuelo que nos guía ciegos.

Rhino Full Throttle
(Erik Schmitt | 2013 | 15′ | Alemania)

Nuestro protagonista ama su ciudad y cree que ella le va a mostrar algo especial, y en efecto lo hace, se trata del amor, en un emparentamiento con nuestra identidad cultural y personal, en una chica libre y extravagante como él, como en aquellos efectos de postproducción de chispas y apaciguamientos entre ellos, “originales”, cinéfilos y muy contemporáneos, que asoman como las emociones que los circundan, en un retrato de cine cool, donde Bruno debe vencer sus autolimitaciones, y convencer a la reina de las atracciones.  En ello el reloj corre a mil, son solo 15 minutos de duración, las secuencias y estados de alegría y conflicto apuran las transiciones, pero logran curtir la expectación de un dulce breve romance moderno.  

Sura, The Emperor's banquet
(Jo Bareun | 2014 | 26′ | Reino Unido)

15 de agosto de 1945, la radio anuncia que terminó la guerra, que Japón se rinde a EE.UU, pero en un pequeño bunker unos soldados no quieren claudicar, quieren morir con honor, como samuráis, hacerse seppuku,  solo que uno de ellos sueña con algo más pedestre, curioso, y lo sabemos desde el inicio en la que parece una clase de cocina, tan en boga por estos días, la ciencia culinaria, aspira a un delicioso plato de pulpo hecho por su madre (hay toda una filosofía bajo ello), el olor de su pueblo natal y de sus afectos, es decir, que no quiere morir, sin embargo debe saber salir indemne en medio de sus compañeros y superiores fanáticos. Habiendo un juego entre lo surreal, la pequeña locura marina de este desertor de la fatalidad, y esas muertes explicitas que lo van inquietando, y acercándolo a su momento, que incluye el aprecio por una dama que lo admira. Indefectiblemente recuerda a Cartas desde Iwo Jima (2006), pero en un tono discreto de irreverencia, en un quehacer más lúdico. Tanto que la solemnidad del Imperio Nipón, la sangre de su simbólico sol de su bandera, se ve mermada por nada más y nada menos que por la gastronomía -y la orden- del pulpo.  

February
(Ruslan Magomadov | 2014 | 26′ | Rusia)

Dos hermanos pastores ven atacado su rebaño por un lobo, por lo que buscan darle caza, cuando en medio de las pesquisas en la intemperie tras el fuerte invierno y la nieve descubren el lado temido de la Rusia de 1944, de las purgas de Stalin, contra el pueblo checheno.  En un viaje al corazón de las tinieblas, en donde la inacción genera un accidente. Corto que hace gala de un cuento personal, y de la historia fehaciente, en una inclemencia que es como la del frio mismo, y una sensación de desgracia y opresión, más que de dominación y conocimiento de la naturaleza, refiriéndonos a la humana, la más difícil de comprender, muy bien detenida en el tiempo en aquel rostro del niño perdido en sus culpas y sufrimientos. Un golpe de seriedad para el espectador, ante un tema duro, bajo un aura de buena ficción y algo de aventura.

Butter Lamp
(Hu Wei | 2013 | 15′ | Francia, China)

Implica el folclore tibetano en la fotografía comercial bajo carteles de paisajes míticos chinos, en una conjunción de coger lo nativo y mezclarlo con la modernidad (como en una lectura de la propia China), recogiendo una esencia dentro de lo artificial, si bien se ve a una anciana arrodillarse frente a una imagen de un lugar de devoción, mostrando la autenticidad. Como, además, en una metalingüística, a razón del cine.  Aparte de ser curioso el proceso de la fotografía, entre la algarabía, la identidad, la tradición o la personalidad.

Gummifaust
(Marc Steck | 2014 | 09´ | Alemania)

Es algo ya antes visto o muchas veces pensado, un lugar común de irreverencia, con el aditivo de lo gore, en donde un crítico de teatro, que puede ser un espectador culto cansado cualquiera, a quien se le dirige el corto y la broma, está harto de la vulgaridad de como llevan a cabo las obras dramáticas, léase la banalidad, la redundancia y el mal artificio que imposta el arte, que con lo contemporáneo cree permitirse todo (de ello el título de un Fausto innovador), y ante su expectación decide hacerse cargo, en lo que es un humor negro bastante naif, y otro tipo de superficialidad modernista, pero que es solo un chascarrillo.  

The Dollhouse
(Chad Galloway | 2014 | 07´41″ | Canada)

En esta pieza no hay narrativa, pero uno puede dársela a través de unos cuantos detalles de su escenificación, o por medio de su implicación simbólica general, se trata del fuego que consume una casa hasta convertirla en una casa de muñecas, algo inanimado, muerto (porque la vida también anida en lo objetos que nos son sentimentales), que puede ser el retrato de la perdida de la nostalgia, el llamado de la madurez o de la fuerza interior. Es algo, sin duda, emotivo, sensorial, como puede ser descrita como una representación de una consciencia subjetiva, una psiquis, la del olvido de la infancia, de los recuerdos (¿dolorosos?), esos que arden lentamente ante la cámara con el fuego. Como también un ejercicio de creatividad, donde lo visual toma mucha potencia, poder, y nos hace sentir su naturaleza.

Line of Grace
(Rotem Kapelinsky | 2014 | 30´ | Israel)

Una mujer en su camión vende comestibles tailandeses en el desierto, pero nada le es fácil en su camino, en que le falta el dinero para la gasolina, los clientes, y tiene mucha competencia, hasta enfrentarse a la violencia de estar deambulando sola por zonas rusticas. Es un corto que puede crecer en un largometraje, tiene más de una línea narrativa, como la del chico perdido, en el que puede mezclarse con el género de acción, no solo el drama del día a día. Teniendo una mirada feminista, de autosuficiencia, pero aun así de mucho peligro, del que hace gala con una imprevisibilidad interesante. Por un momento, nuestra protagonista, tiene de heroína, pero también de antihéroe. Sopesando un ambiente de cierto exotismo rural, pero tratado con mucha naturalidad, de una lograda multiculturalidad.

sábado, 18 de julio de 2015

Mommy

Xavier Dolan con esta película ha ganado el premio del jurado en el festival de Cannes 2014, ha demostrado que está en toda boga una vez más, aparte de que su filmografía es sumamente apreciable, entretenida  e interesante, asumiendo temáticas gay, que se hacen muy llevaderas, y que van más allá de su orientación sexual, hacen arte en toda palabra. Desde Yo maté a mi madre (2009), la que se parece a la presente, donde madre e hijo no se soportan, en un trato por ratos histérico de parte de la performance del propio Dolan, que hace de su relación maternal un campo de batalla donde salen continuamente heridos mutuamente, a pesar de tener instantes y búsquedas de compartir alegrías y un poco de paz, sin embargo hay una gran dificultad que parece rebasarlos (como se intensifica en Mommy en todos los aspectos hasta tener una Canadá ficticia con una ley especial en que los hijos inadaptados y peligrosos van recluidos a un hospital estatal sin juicios de por medio), como siendo mandado a un internado, y revelar una historia de contrastes en un tira y afloja de afectos y no saber manejarse, el no poder sobrellevar un amor dado por hecho, frente  a una madre que no sabe cómo hacer feliz a su hijo gay, y más bien lo contraria todo el tiempo, en el que es un grito de tremenda incompatibilidad, una que con Mommy llegará a la violencia casi incontrolable propia de la enfermedad mental de su protagonista, Steve (un gran Antoine-Olivier Pilon).

Otra películas suya es Los amores imaginarios (2010) que yo más que otra cosa la emparento con la comedia sutil, y es un gigantesco divertimento de esa forma, exuda mucha gracia y simpatía, la de dos mejores amigos, Francis (Xavier Dolan) y Marie (Monia Chokri) que son muy cool y particulares, ella viste algo fuera de lugar a la refinada moda clásica o afrancesada en medio de la vulgaridad sensual natural de la juventud femenina, mientras él demuestra pequeños detalles inocentes gays, afinidades intimas, como toda la obra de Dolan los exhibe, ambos son dos chicos muy pop a su estilo, relajados, pero todo se pone complejo cuando se enamoran de la misma persona, de un amor imaginario, que les pone impetuosos y competitivos por ganarse a Nicolas (Niels Schneider) que yace en su propia burbuja de belleza, en un comportamiento narcisista o indiferente en su mundo, aunque jugando con la coquetería y la amistad, pero dejando fuera de combate a estos viejos amigos que llegan a apuñalarse por la espalda, a humillarse tras declararse por medio de poemas dramáticos, a dar presentes como regalar afiches de ídolos y sobre todo a verse atractivos en una lucha que llega a lo infantil, luce caprichosa, tanto que ante un nuevo blanco, alguien guapo, se revitalizan sus anhelos carnales, de la mano de aquella magnifica música de bang bang, de Dalida, que anuncia los ataques e ingenios sensuales de estos dos engreídos enamoradizos.

Laurence Anyways (2012) es el lado romántico y harto sensible de Dolan, de lo que más que una película de un hombre que quiere ser una mujer, que descubre su transexualidad, se trata de alguien que es muy diferente, inclasificable, que quiere vestirse femeninamente pero aun amar a su novia, lo que presenta una grave contradicción, que más brilla en el amor platónico, impoluto, imposible. Donde hay tiempo para el escape, pero más para el desconcierto y el dolor, como en aquel final que es el inicio de la relación entre Laurence Alia (Melvil Poupaud) y Fred Belair (Suzanne Clément), armándose una hermosa poética en esta adaptación social y amatoria tan complicada, que no solo tiene a los familiares y a la sociedad por enfrentar, sino a ellos mismos, no obstante es mucho una decisión de superación, de valor, de quien uno es en realidad, y ahí Dolan muestra su poderosa inteligencia para profundizar en una temática gay de (auto)aceptación, siendo más cautivante por mayores profundizaciones o escapes de atención, como en este amor tan bello dentro de su tragedia y honestidad.

Tom en la Granja (2013) es una adaptación de la obra teatral de su compatriota Michel Marc Bouchard que mereció el fipresci en el festival de Venecia del mismo año. Un nuevo cambio de registro para el audaz Xavier Dolan, un thriller con grandes momentos de suspenso, en que se trabaja el erotismo gay y la homofobia, juntas en el hermano matón e impredecible del novio muerto del protagonista, un espectacular aunque desconocido Pierre-Yves Cardinal, del que se da a entender que solitario y antisocial puede resbalar en su inclinación sexual, siendo un tipo pueblerino, rustico, agresivo, pero que con el desenlace y aquel encuentro revelador de una leyenda de bar se verá el verdadero rumbo de su psiquis, hacia las tinieblas de una mente desequilibrada, a razón de una psicótica relación, revelada con ese baile de tango. Todo a partir de querer ocultar la homosexualidad del hermano pequeño a la madre, en un secreto que se siente amenazado por la visita de Tom (Xavier Dolan) a la granja familiar, quien no sabe con lo que se encontrará, llegando a perderse por una oscura atracción.

Mommy (2014) ya no articula ninguna temática gay, aunque vuelve a reinterpretarse en otra versión la ópera prima del director canadiense, contando con la misma madre, con la actriz Anne Dorval, ésta vez aunque mayor más juvenil y sexy, con el valor de un tercer puntal que también aparecía en Yo maté a mi madre, debut de Dolan a los tempranos 20 años, en otra actriz fetiche, Suzanne Clément, como la vecina, amiga y maestra con problemas de tartamudeo, una falta de seguridad que parece implicar la distancia con su familia. En dos mujeres que trataran de domar y no tirar la toalla por más que la exigencia sea enorme con el intenso Steve, un  muchacho de 15 años que sufre de trastorno por déficit de atención con hiperactividad, y que puede ser tierno y radiante, pero también un loco incontrolable, que llega a los golpes y a acciones muy brutas, quien tiene la fijación con la madre, hasta lo sensual más que en lo incestuoso, notando que él es un chico muy sexual, un rasgo de álter ego.

Dolan juega con el muchacho, el que muestra mucha fuerza y vitalidad que se mueve en lo positivo y lo negativo, porque no todo es daño y errores de carácter, aunque la carga es pesada, y parece una tara indestructible, no obstante el tono de la propuesta no es en absoluto oscuro, y llega a haber mucha alegría desbordada a la vista, compartida con sus bellas cómplices, como en la ejemplar apertura del formato cuadrado 1:1 de la pantalla, apuntando que atrapado en éste es la representación del dolor, de los problemas, de una inadaptación mental y social, del que pretende ser un outsider (le dice a la madre, somos tú y yo contra el mundo), pero termina saboteándose por su comportamiento apasionado e inestable, en una libertad que termina acogotándole.

Es un filme en que nunca asoma el agotamiento, aun volviendo al mismo punto en incontables ocasiones, la de la sempiterna rebeldía de la desbocada espontaneidad (aunque haya una filosofía de amor y respaldo incansable por no corromper, como Steve teme se termine, y lo lleva hasta las últimas consecuencias, exigiendo una fidelidad que es el motivo central del filme, y es un bello pero difícil nexo materno), porque la trama es monotemática, pero ingeniosa en bascular los cambios de humor, de la alegría al conflicto y viceversa, donde yace su máximo valor, muy bien trabajado, teniendo además a un trio efectivo y con suma gracia que mueve a la emoción, la busca sin parpadeos, habiendo su toque infaltable de poética y complicidad conmovedora de la que se agarra con fuerza, y se sale con la suya.   

jueves, 9 de julio de 2015

La Trilogía de Texas: The Passage, Low Tide y Stop the Pounding Heart

El italiano Roberto Minervini realiza una trilogía de películas ubicadas en Texas, EE.UU, una etnografía del interior de Norteamérica precisa e iluminadora, habiendo además una crítica respetuosa, pero sutil, sobre la realidad nativa del sur, en una mezcla de documental y ficción, más, o menos, pronunciado, en el aspecto real, digamos que periodístico, dependiendo el filme, aunque todos bajo una gran carga emotiva y vivencial, teniendo muy a flor de piel su cualidad existencial y humanista, con aspectos muy cercanos a la vida misma, desde lo bastante cotidiano, de ahí su lado documental, en el retrato de la acciones verdaderas de los llamados “actores” que en muchos casos es como que se interpretaran a sí mismos, son ellos, sobre todo en las dos últimas películas.

En The passage (2011) hay mucha más ficción de por medio, pero no la hace menos interesante, en la relación de un ex convicto recién salido de la cárcel y una mujer mayor de ascendencia latina que sufre de cáncer terminal, ambos seres solitarios. Para lo que de la casualidad hacen un trato de viajar juntos en el carro de él a cambio de dinero, sustento, viendo que al comienzo el hombre busca solo sacar provecho del asunto, incluso le roba en cuanto puede. De lo que más adelante nacerá una amistad genuina en su rumbo hacia la última esperanza (palabra clave, como en aquel cartel simbólico y coyuntural de Obama), un lugar de sanación popular de tipo cristiano, de lo que en el camino encontraran a un tercer personaje, un artista británico, que es flojo en su intromisión narrativa, pero que de todas formas los convierte en una pequeña banda de seres sufridos y marginales, mejorando mutuamente con su interrelación común, en un vínculo fresco de reflexión y humanización.

Hay que hacer notar que Minervini utiliza actores no profesionales, una grave fuente de virtud, un soporte indispensable, observando su predominancia natural de aire espontáneo en escena. Son harto talentosos en su realismo, ya que deben cumplir con interpretar fuertes conflictos emocionales, como el desamparo y la soledad, la necesidad de una madre, tras el desorden, la fiesta, el alcohol, el sexo y su aspecto hippie (termina muchas veces desnuda inconsciente por el piso), del espléndido niño de Low Tide (Marea baja, 2012) con su distraída progenitora, una persona que es más mujer que madre y debe aprender su lugar y obligación afectiva, habiendo gran énfasis y ternura en una repentina pero justificada crisis interior a ese respecto, un trabajo complejo que hay que decir que resulta muy solvente, sobre todo viendo que parte de hasta el acto más mínimo del chiquillo, como cuando carga una bolsa de hielo hasta el hogar, recicla latas para venderlas, juega con una serpiente o unos sapos, o solo echa a saltar en el colchón o a bañarse en una piscina inflable con unos diminutos peces, viendo que luce autosuficiente cocinándose, lavando la ropa o hasta cuidando de su madre, pero la verdad es otra y llegará intempestivamente, faltándole algunos pequeños nexos para hacer limpia y más correlativa la narrativa, y es que no solo yace abandonado, sino bastante necesitado de afecto.

Al mismo nivel destacable está la fluidez y sentido de verosimilitud –sopesando que tiene de mucha verdad en contexto general-  de la sencilla muchacha llamada Sara, de Stop the pounding heart (2013), que analiza su tímido punto de vista y lo contrasta con el dominante entorno, en el enfrentamiento con una sociedad machista y patriarcal, de hombres, con un feminismo que nace curiosamente de su temple y entrega laboral familiar, cuidando cabras y de una granja con 11 hermanos (recordándome a Luz silenciosa, 2007, o cierta pureza, austeridad y naturalidad del cine de Robert Bresson, aunque su prominente lado documental consigue ser más vivo, realista y efervescente), como proviene además  de una madre modélica y curtida siempre discursiva y aleccionadora que le impulsa como ser humano, de que todo lo puede, diciéndole que le esperan grandes cosas, aunque lo diga como un cliché o superficialmente, pero que sin embargo se contradice ofreciéndole la palabra omnipresente de la biblia, y un lugar relegado a sus anhelos juveniles como simple esposa rural tras un marido cowboy o granjero, que se ve dibujado en un chico, un macho cabal texano, que monta toros.

En Stop the pounding heart, ante el poderoso dilema de la libertad y el enamoramiento que vislumbra el futuro, ella responde de que rehusará casarse, hablando infantilmente, de forma inocente, transparente, producto del corazón palpitante, de su vitalidad e intensidad íntima, que encima sufre por un amor que es su lucha silenciosa, esa que sutilmente vemos detrás de los quehaceres y la calidad de hacendosa que la tiene sumisa, pero dispuesta a ser esa princesa de la misteriosa conclusión, en la ilusión pura, fuera del final que le toque vivir, casada y domada, o libre en otra parte, o quizá sí (ella misma) dentro de su idiosincrasia, cosa que queda oculto para la imaginación, fuera del sentir de un desenlace optimista, como la mayoría de los que articula Minervini en sus películas, salvo el triste final (inevitable) de The passage en el retorno de aquella peregrinación de tres especie de hermanos, unos compañeros espirituales, en dicha road movie, unidos por unas cuentas individuales que saldar (la familia, la realización personal, la vida misma), la reconciliación con el mundo y darse una nueva oportunidad, así sea simplemente dentro de la simbología de la fraternidad, la alegría circunstancial y la paz de sumergirnos en un río frente a las montañas, o en el mar y un abrazo intenso entre lágrimas como en Low Tide. 

domingo, 5 de julio de 2015

La filmografía de Abderrahmane Sissako

El director mauritano Abderrahmane Sissako es uno de los pocos nombres famosos e internacionales del cine africano, que con Timbuktu ganó mucha más notoriedad en el mundo, ya que compitió por la palma de oro en el festival de Cannes 2014, fue nominada a mejor película extranjera en los Oscars 2015, y se alzó éste último año con 7 premios César, el galardón de la Academia del Cine Francés.

Vida en la tierra/Life on earth (La vie sur terre, 1998). Filme de apenas una hora, que trata sobre la cotidianidad de la villa de Sokolo, una comuna rural en Mali, donde la gente pasea en bicicleta, usa ropas coloridas, hay mujeres con cantaros en la cabeza, niños jugando al fútbol, y hombres reunidos sentados a la puerta de sus casas de adobe escuchando la radio, una que informa sobre el año nuevo, el comienzo del nuevo milenio, el 2000, y, sobre todo, lo que ocurre en Europa. Todo muy austero, pero en feliz comunidad, aunque con el anhelo de cosas materiales. En Sokolo vemos pequeños lugares de encuentro, como tomarse una fotografía profesional en la calle por un humilde poblador o el uso de un único teléfono público que es el punto de apoyo, junto a la radio, de la modernidad que asoma en sus vidas sencillas y precarias. Sissako como en toda su filmografía rehúye en buena parte las formas y estructuras narrativas convencionales, da la sensación de que no pretende la linealidad, sino más bien exhibe pequeños retratos unidos por algún punto en común, en éste caso, como reza el título, la vida de esta pequeña villa, la humanidad africana en el planeta, quedando secundaria la actuación del propio Sissako como quien retorna a su patria de Francia, y flirtea con una bella mujer negra que estimula las emociones, mientras se amolda sin problemas a la docilidad, simplicidad y suma sobriedad que reina en el lugar. A través de la belleza de lo autóctono, a pesar de las tantas carencias, de la austeridad rural, símbolo de todo el territorio.  

Esperando la felicidad (Heremakono, 2002). Ganadora del fipresci en Cannes, película muy libre de ataduras formales ortodoxas, con historias tenues, pero cargadas de juego, poética y simbolismo. Hay dos líneas narrativas principales, una en la relación de un carismático niño y su protector, un viejo maestro electricista, la voz humilde, pero sabia del pueblo,  que implica con la luz muchas ideas, donde un foco sirve de vasto simbolismo, nos habla de la vida, la muerte, el relevo generacional, la modernidad, el simple placer lúdico, el futuro, la esperanza. En ésta relación brilla la ternura y la madurez, dentro de un canto como de padre a hijo que trasciende a todo poblador joven de África.  En la otra vía yace la soledad y la interculturalidad personal, donde Sissako parece hablar más de sí mismo, habiendo él estudiado cine en Rusia y tener gran influencia europea,  lo cual jamás le quita la noción de crítica, como hacia el colonialismo, por mencionar algo. No me parece lo más logrado/original, pero sí que es interesante, porque es un tema que toca a muchos países multiculturales o con atracción hacia lo occidental desde rasgos culturales distintos. Abdallah es un joven guapo con una pequeña crisis de identidad, padece la dificultad de adaptación a su zona, Nouhadhibou, Mauritania, como en la (simbólica) subida de una loma de arena en que tira la toalla, y al rato un poblador la sube sin ningún problema; aunque también baila en plena noche al son del ritmo nativo (la música autóctona e instrumental hace su presencia con una niña, además), le llama la sangre. En un álter ego que gana finalmente hacia su país, aunque le espera un viaje a Europa, no habla el idioma local o viste como extranjero. Por último es curioso que en la escena final se vea una duna con un brote de hierba circular que parece el cuerpo desnudo, el pubis, de una mujer. En donde el niño protagonista parece introducirse, en la madre patria. Éste filme, en lo personal, me parece el mejor que ha hecho.

Bamako (2006). Que es además la capital de Mali, conjuga cotidianidad nativa, como que no pasa nada espectacular, con un juicio contra el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional, habiendo jueces, defensores y acusadores, en especial varios activistas africanos, que lo son en la vida real, por lo que los discursos recriminadores son bastante elocuentes, en lo que a uno le deja pensando que éste es un filme ideal, en la auscultación de la idiosincrasia trascendental del territorio, como que también pudo adaptarse fácilmente a Latinoamérica, hubiera sido una gran idea, aunque ya corre mucho cine social y comprometido por nuestras venas. Todo en medio de un espacio precario y natural, en un patio, a puertas de la casa de una hermosa cantante de color y su marido desempleado. Con lo que vemos gente recogiendo agua de un caño público y colectivo, recién casados haciendo marcha alegre en la calle, conversaciones caseras, ocio distraído, algún enfermo necesitado, simple deambular, todos circunscritos a la radio y los altavoces que van comunicando el acalorado intercambio, el diálogo y juicio, a unos pobladores que hacen su vida llana, entre tranquilos y atentos, a una intelectualidad del pueblo que sufre los conflictos internos del país y de la realidad africana, la que revisita los abusos y la corrupción cometida contra ellos.  Es un filme abiertamente político, honesto, combativo, valiente, pero a su vez entretenido, curioso, relajado, como con aquel western autóctono que se ve en el televisor, llamado Muerte en Timbuktu, que cuenta con la participación del actor afroamericano y productor del filme Danny Glover, y el director israelí Elia Suleiman.  

Timbuktu (2014). Una propuesta que a diferencia de sus anteriores filmes no se muestra optimista ni vital predominantemente, en que se hace una crítica contundente al fundamentalismo islámico en África, que le sirve a todo el mundo que sufre su fanatismo y hasta violencia, como lo hace ver esa gran recepción en Francia, contándonos sobre un grupo musulmán radical, político y armado que quiere imponer su teología castrense a los pobladores de Timbuktu, Mali, de lo que observamos algunos terribles casos, siendo el principal el de un padre amoroso con su esposa y única hija, que viven libres y tranquilos al estilo natural, medio hippie, con música, mucho amor, con vacas y en un campamento en el desierto, cuando la zona se ha visto afectada por muertes y exilios, y ellos aún creen en sus país y se mantienen valientes en el territorio, pero por un accidente tienen que pagar con la ley tiránica que gobierna y solo vela por sus intereses. Culpa que vemos en todo apogeo, con castigos, abusos y prohibiciones (palabra favorita de éste régimen que se escuda contradictoriamente en Dios), en ello Sissako es bastante claro. Hay mucha dramatización y actualidad, habiendo un choque entre la vida feliz con el canto y lo familiar, y la demencial dictadura islámica radical que todo lo encuentra pecaminoso y restrictivo, en una ubicua y omnipotente Jihad, que se dedica a matar pobladores sin ningún cargo de consciencia, justificándose en sus propios términos. De lo que vemos a una mujer siendo azotada públicamente y ella empieza a cantar su tristeza, en un bastión de libertad y de lucha pasiva, porque la comunidad simplemente sufre, padece de aquella fuerza brutal, una que en especial rebaja el derecho de la mujer. En otro momento se ve el apedreamiento y muerte de dos cuerpos enterrados en la arena con solo las cabezas descubiertas. Sissako es muy enfático en su mensaje, de lo que lo aleja de la obra de arte y lo pone más cerca de la denuncia, aunque logrando ser un filme competente, desde su estilo y temática, como en su desenlace, en el correr, gritar, llorar, querer huir del mal, acabar con el dolor, la locura y el maltrato. En una propuesta que emociona porque toca a la gente en una realidad muy reconocible, en la crueldad reinante de una implacable ideología. Invocando poética.  

viernes, 3 de julio de 2015

Primicia mortal (Nightcrawler)

Ópera prima de Dan Gilroy (guionista de El legado de Bourne, 2012) que cuenta con una nominación al Oscar 2015 por guion original que él sólo escribe, y 2 premios en el Independent Spirit Awards del mismo año por guion y debut cinematográfico. Tiene la fenomenal actuación de un enflaquecido Jake Gyllenhaal, como Louis Bloom, un tipo que no tiene rumbo, que se dedica a robar, mientras tiene una personalidad rara, habla mucho, miente, regatea todo el tiempo, hasta formar un lugar tenebroso de sí mismo, mostrándose medio antisocial, sociópata y solitario, estando anhelante de un lugar en el mundo, poder triunfar, para lo que –a través de una epifanía muy bien dibujada en el rostro de Gyllenhaal- descubre casualmente el periodismo freelance, con la grabación de violencia explícita, especialmente en accidentes de auto o balaceras, que sigue interceptando la radio de la policía, para venderlo a las noticias, para lo que sus antecedentes menores criminales sin castigo le sirven para buscar lo gráfico, los peores casos, incluso planear escenas sangrientas sin ningún tipo de ética, trasgrediendo la ley, de lo que es un protagonista oscuro capaz de todo por ganar mucho dinero, prestigio y llegar a crear una compañía. En la que es una premisa chica, pero muy bien enfatizada, trabajada, sobre la vulgaridad y ausencia de valores por conseguir el sueño americano en nada menos que lo mediático, como un merodeador nocturno (un Nightcrawler). En la exhibición de otro Travis Bickle.

Es un thriller intenso, inteligente y cautivante, uno que no baja la guardia nunca, el cual se enfoca en las noches criminales y peligrosas de Los Angeles, como lo hacía Drive (2011), viendo cómo el protagonista se moviliza a temeraria velocidad en su auto deportivo, con un joven empleado, un tipo pobre como Bloom que se acopla y busca sobrevivir, pero termina tan ambicioso como su patrón. Toda la información se la entrega a una directora veterana de un programa de noticias, Nina Romina (gran rol de Rene Russo, que bascula entre el carácter de lo que quiere, el poder que maneja, y la sumisión frente a las exigencias y justificaciones de cuando se hace tan necesario Bloom que va creciendo y creando repercusión, imponiéndose, cuando inicialmente era constantemente maltratado, menospreciado, concibiéndose como un ser calculador y temiblemente audaz al fin), quien lo apoya para sacar también provecho.

Con Nina a su vez existe una relación sexual, aunque como ella dice le dobla la edad, estipulada como una transacción, una más en la escalera del ascenso, pero dejada como una prominente elipsis, ya que en pantalla no vemos ningún roce físico, que sorpresivamente  no se hace extrañar, el meollo del asunto es la brutalidad, la violencia (más allá de lo literal de la idea, porque no se trata de un gancho visual, y es que no todo efecto impacta primariamente, sino es lo que proyecta con ello), su compra y su demanda, y no el sexo, solo bajo (hermosas) palabras, muy bien creadas/ubicadas, que engrandecen el conjunto, de lo que hay que acotar que no le falta nunca la acción como soporte argumental. En una interacción verbal que es de lo mejor del filme, como lo es igual con el ayudante, y con la competencia en las calles en el papel del actor Bill Paxton. Los diálogos son demasiado buenos, mayúsculos, su fuerte, perfectamente combinados con lo trepidante, bello e impredecible del mundo nocturno  de L.A. que como vemos sirve para muchos cometidos en el cine.

En el deseo de seguir escalando, y proponiendo mayor sensacionalismo, Bloom cada vez se supera, provocando muertes. En donde implica un antihéroe en toda cabalidad, que exuda algo de simpatía o atracción en sus discursos analíticos, informados, motivadores, pero obsequia más repulsión en realidad, en quien es, que hace y como lo aplica, en una propuesta que no va con la corrección política que suele plasmar cierto cine complaciente de Hollywood, como lo hiciera en su tiempo Taxi Driver (1976), habiendo una crítica corrosiva al periodismo y a la sociedad consumista. En el que es un filme monotemático, bien centrado, pero bastante autosuficiente.  

domingo, 28 de junio de 2015

Life Itself

Documental que retrata la vida de Roger Ebert, el crítico de cine más popular del mundo, ganador del Pulitzer en 1975, desde su última etapa en que le aquejaba un cáncer que le quitó la posibilidad del habla y le hizo depender de una computadora como sustituto. Estado que domina mucho el filme, que imprime dureza y resulta algo chocante, aunque Ebert se mantenía optimista y positivo, gracias mucho a la compañía de su esposa con quien se casó tardíamente, a los 50 años, llamada Chaz, una dama afroamericana que siempre lo respaldó –cuando se decía que Ebert tenía el peor gusto para escoger pareja, cosa que revirtió totalmente, y se sentía bendecido de haber hallado a una amorosa mujer con quien compartir su vejez- y que no quería que se rindiera, aun cuando el crítico americano sentía que ya era su momento de irse, y así lo concibió, muriendo un 4 de abril del 2013, a los 70 años.

El director y destacado documentalista Steve James hace un retrato muy celebratorio, exhibiendo los logros y virtudes de Ebert, como sus conflictos con su compañero Gene Siskel (pequeñas rencillas, pero en un trato llevadero, finalmente eran amigos a pesar de ciertas desconfianzas y posiciones encontradas con las películas), con el que tuvo un programa muy famoso, At The Movies With Gene Siskel and Roger Ebert (En las películas con Siskel y Ebert), que ayudó a popularizar mucho a la crítica de cine con la creación de una aprobación o desaprobación bastante sencilla y rápida, que era de pulgares arriba o hacia abajo, como es uno de los éxitos que propuso Ebert haciendo de la crítica un referente tan masivo, promoviéndola menos precaria y nada elitista, lo que le atrajo detractores y comparaciones, como que era dueño de un Pulitzer y popularidad, pero era la crítica Pauline Kael la más inteligente en EE.UU, y la mejor forma de trabajar lo cinematográfico, seria y profundamente.

Véase que Ebert participaba del festival de Cannes y lo hacía más conocido con sus notas elogiosas en su país, para una población inexperta, como hizo lo propio con grandes directores como con un primerizo Martin Scorsese a quien le atribuyó la gloria futura, cuando pasaba además por un momento difícil que el mismo cineasta cuenta; como con documentales de Errol Morris, en la época que no había muchas salas de exposición de su trabajo; o con el reconocimiento en Norteamérica -y durante su tiempo de decline- del cineasta alemán Werner Herzog a quien siempre defendió; con los que hizo mucha amistad, y hasta Herzog le dedicó un filme, de lo cual se llegó a dudar de su honestidad cuando los juzgaba, habiendo ataques hacia él en general por amiguismo y cierta falta de independencia, en especial para los filmes de Hollywood, que por una parte tenia de verdad, dicho off topic o de forma sutil, ya que Ebert era parte del engranaje hollywoodense, al punto de que hoy en día hay una estrella en el paseo de la fama con su nombre, pero que es mucho más, aquello no es todo ni lo anula, es una parte de un conjunto, salvedades y elecciones, ya que difundía notablemente el séptimo arte, engrandeciendo la labor profesional del crítico de cara al aprecio de la gente, que no creía antes mucho en la crítica, poniendo por lo tanto su (buen) grano de arena y un estilo que reconocía otras formas de trabajo, pero que tampoco era que no fuera audaz o inteligente, siendo muy ágil y empático en sus artículos, en el diario en que toda la vida trabajó, el Chicago Sun-Times, al cual le fue siempre fiel, seguido de su salto precursor a la web donde tuvo igual mucho éxito. Y no era que no tuviera la última palabra, solo que lo suyo era promocionar, dar a conocer propuestas más que maltratar filmes, de lo que Ebert menciona que con la edad se volvió bastante suave, pero al respecto poco deja ver la propuesta, salvo con la participación y la “suspicacia” (pero también parte del homenaje), del crítico e intelectual minoritario Jonathan Rosenbaum, que es el que abre aquella puerta en el documental.

Otro critico que discrepó y reprendió a Ebert por su método reduccionista de los pulgares, y la simplicidad del programa de televisión fue Richard Corliss, que también con el tiempo quedó subyugado en buena parte por Ebert, como se ve mucho en A.O. Scott, también crítico, más sumiso y admirativo. Nombres importantes que aplauden su larga carrera. De lo que discretamente  luce que hubo sus ratos de autoconciencia (pensando que no es la opción ni la prioridad del documental, sino rendirse a una leyenda), de que todo no era perfecto, ni que Ebert es el crítico ideal, pero tiene méritos y triunfos justos, como que era un hombre que amaba realmente al cine, y le dedicó toda su vida, hasta despedirse de sus lectores cinéfilos un día antes de su muerte. Desde que llenó casualmente un nicho en una urgencia de un diario, que simplemente lo colocó, viendo que lo que hacía era periodismo comprometido, ya que Ebert desde el principio demostró defender causas altruistas, y fue un tipo precoz que se ganó bien el respeto de sus compañeros con un alto cargo. 

Su cinefilia lo llevó a formar un vínculo de la nada con directores noveles a los que les puso mucha fe, como Ava DuVernay,  a quien conoció de niña e inspiró con su conocimiento; y a Ramin Bahrani al que unió una invitación tímida, para luego cimentar una gran amistad y admiración mutua, llegándole a dar el maestro critico un regalo preciado que tiene su curiosidad y legado cinematográfico. Con lo que el cariño que exuda y produce Roger Ebert es legítimo, merecido, ganándose un lugar privilegiado en la historia de la crítica mundial. La eternidad cómplice de quienes amamos el bien llamado séptimo arte. 

Steve James es un documentalista sumamente interesante, mucho más allá de las apariencias y primeras impresiones, a quien Ebert apoyó siempre. Tiene trabajos bastante admirados, aplaudidos, especialmente Hoop Dreams (1994), ganador del premio del público en el festival de Sundance, por una profundización valiosa, próxima, que reditúa nuestro tiempo entregado (dura 3 horas). La que trata de 2 muchachos aspirantes al mundo más grande del basquetbol, partiendo desde abajo, quienes son Arthur Agee y William Gates, uno más inmaduro y rebelde que otro, a los que vemos en su peligroso habitad en Chicago, con sus respectivas familias, amigos o novias, dentro de varios niveles de crecimiento. Los que durante 4 años son documentados en sus caídas y cúspides en el deporte, cuando la frustración, la cruel derrota, yace a la vuelta de la esquina, y hay ejemplos tristes y cercanos. En un retrato de superación personal y mucha adversidad colindante, vivencial, un reto de la pasión. Ubicado en la etapa escolar, ganando becas y auspicios, hasta llegar a la universidad y conocer su desenlace 2  años después. En busca de su sueño de llegar a pertenecer a las grandes ligas, viniendo de lugares pobres llenos de inestabilidad, drogas, crimen y pandillaje, bajo la precariedad de los afroamericanos, en que nuestros protagonistas llegan a tener familiares delincuentes, como otros dignos de admiración y ternura, habiendo varios momentos que mueven al corazón, en el camino duro del basquetbol que es mucho un negocio y hay un sistema de oportunidad pero también uno implacable si no rindes. En el Chicago que vibra con Michael Jordan, y con el jugador profesional de la NBA Isiah Thomas, exalumno de la escuela St. Joseph, donde son reclutados.  Los altibajos son dignos de mucha novedad, e impredecibles, como la naturalidad y las circunstancias la belleza y grandeza de la esencia del documental.

Otro filme valioso de Steve James es The Interrupters (2011), con el que mereció el premio de mejor documental en los Independent Spirit Awards 2012, que implica a ex convictos y ex pandilleros afroamericanos y latinos que han cambiado totalmente su vida y ahora se dedican a detener los pleitos, la amenaza latente, la criminalidad, de las mismas pandillas, que parecen el único lugar de refugio, en los peores barrios de Chicago (donde hay tiroteos a menudo, incluso caen heridos algunos de estos miembros de paz/reflexión, como que el documental se pasea por los tantos rincones callejeros en que alguien murió bajo el fuego de la continua violencia, de lo que mayormente se trata de muchachitos, a los que se les dejan regalos, frases, llanto y memorias en el lugar abatido, tocando la fibra emocional, se hace sentir con las pérdidas), enfrentándose por medio de la experiencia, el reconocimiento y el respeto que albergan en la zona (habiendo hasta familiares de famosos delincuentes históricos que optaron por otra dirección al final), como por su elocuencia y firmeza en el habla, frente a tipos armados, inestables, medio locos, poco meditativos y con afición a las drogas, lo cual es toda una hazaña de valentía a lo que están entregados en cuerpo y alma, en la pertenencia a la asociación CeaseFire, llamados interrupters, los que detienen las balas. Y hay una documentación bárbara/impresionante, pormenorizada, que sigue in situ, en plena “técnica”, e inestabilidad, en lo impredecible, con una gran espontaneidad, pero a su vez dentro de la dirección de una construcción que mueve a la complicidad, a la emoción, y que celebra héroes comunes, como al cambio que generan en la gente, en unos barrios olvidados, produciendo acción contraria, brindando esperanza, un gran apoyo a la comunidad (el filme mismo lo es también, trayendo a la superficie la realidad “escondida” de Chicago), combatiendo la indiferencia, el pesimismo de llamarlo una lucha perdida con lo que pareciera un contraataque pequeño, el desenfreno de la muerte, que no es poca cosa, sino un problema nacional. 

viernes, 26 de junio de 2015

Gangs of Wasseypur

El Cine de Bollywood es muy amplio, prolifero, pero le cuesta llegar al mundo, que sea popular fuera de sus confines, aunque acotando  que es un séptimo arte bastante autosuficiente, apreciando que tiene todo el respaldo de su población, quienes están enamorados de su propio arte, como deja ver la presente propuesta de crímenes y mafiosos que celebra el cine nacional mediante retazos de películas precedentes, la visibilidad de posters cinematográficos en la calle, la vista del panel de ciertas funciones, el baile de canciones antiguas en los filmes homenajeados, o sobre todo con las visitas continuas de los mismos gángsters a las salas de exhibición, habiendo incluso un discurso del llamado Padrino y némesis Ramadhir Singh (en referencia notoriamente buscada y repartida del famoso filme de Francis Ford Coppola) que dice que justifica su éxito en el hampa y sobrevivencia a no ver películas indias, a no entusiasmarse en imitar a los héroes y maleantes cool de la gran pantalla de su país, y no ansiar romper los límites, ni correr demasiados peligros.  

Estamos ante la lucha campal de tres generaciones de apellido Khan, principal y primeramente el indómito Shahid Khan (Jaideep Ahlawat) que se hace pasar por un mítico ladrón, luego pelea a puño limpio en el barro por respeto (en un alarde de grave efectismo) y se vuelve mano derecha de un Don, de un joven Ramadhir Singh (Tigmanshu Dhulia), de donde nacerá un gran odio y un profundo afán de venganza que durará 68 años, desde 1941 hasta el 2009. A continuación lo sigue Sardar Khan (Manoj Bajpayee, que se hace con la primera parte de la película) tipo muy lujurioso que tendrá 5 hijos y contendrá una fuerte fijación de reparar la honra familiar; y por “último” Faizal Khan (Nawazuddin Siddiqui) que es como el Michael Corleone de los Khan (que dominará la segunda parte de Gangs of Wasseypur), el que no estaba destinado a la mafia, pero que termina siendo peor que los otros anunciados, supuestamente más violentos. En una parentela que está plagada de criminales, en lo que el director y guionista –junto a tres nombres más- Anurag Kashyap muestra mucho ingenio, ya que los grandes nombres y lúdicos personajes entran por montón, suscitando muchas acciones, que llevan en varios casos de explicites gore.

El filme está acompañado de colorido (uno que predomina), aparte de la vitalidad o intensidad que exuda por todas partes, o el ámbito de fiesta que asoma cada cierto tiempo, como en los enamoramientos, yace en las canciones extra-diegéticas que abundan, tratando de compaginar y producir emociones en pleno apogeo, aunque desde la sencillez y lo didáctico, que molestan a un punto bajo tanta intromisión, al hacerse notar demasiado, como que además merman la brutalidad con su estilo naif, fuera de generar respiro o un contraste particular, ya que también propician harta personalidad y distinción al producto, aunque no son como la locura, el humor negro y la irreverencia de los filmes sur-coreanos. Junto a ello, de la misma forma, a la par que se trata de imponer una mítica en los gángsters, fallan algunos momentos a ese respecto, por conllevar poses inocentes, obvias, fáciles, que solo pueden implicar a un espectador bastante primario (aunque el filme sea comercial), propenso a la risa barata, como cuando se duda de la efectividad de Faizal Khan por medio de una broma seca directa y éste saca el arma y muy orondo lo mata frente a los demás y se retira, con lo que este tipo de énfasis luce endeble, poco creativa, quitándole oscuridad más bien al conjunto, a lo que de por si no lo quiere ser en alto grado, pero que tiene varias buenas escenas potentes, como la perdida de una pierna por una granada, o los tantos atentados, secuestros, choques y escaramuzas que pululan por la obra.

Tiene ratos muy teatrales que más que complicidad, matan trascendencias, pero siendo la duración de la propuesta de 5 horas y media, hay de donde escoger, tanto que perdonar, existen mejores elecciones, mezcladas con una cotidianidad que es importante para Anurag Kashyap, siendo elocuente que los mafiosos tengan diferentes rasgos de personalidad, o sea que lloren, rían, flirteen o que tonteen, que no sean tan estereotipados en su crueldad y ahí gana puntos, quizá hasta exagera a veces, ya que cuenta con mucha violencia y puede agotar, no obstante también tiene muchos ratos de “quietud” que pueden generar lo contrario, exhibe muchos momentos en familia, amoríos o se van construyendo los imperios a través de negocios sucios, saqueos, competencias o por la política, labrándose cada uno un nombre en la temible zona de Wasseypur o el distrito de Dhanbad, que es el leitmotiv del filme, aparte de las guerras entre bandos criminales, y al igual que antes, tiene su tontería  y facilismos, tanto como su imaginación efectiva, porque se juega mucho el director indio a ponerle background cool a cada criatura que entra en el hampa, al conflicto y a los tiroteos, en la búsqueda de implicar respeto, que se logra por traer a colación en Sultan (Pankaj Tripathy), un especie de mercenario de Ramadhir Singh, que no tiene que hacer ningún mohín de fiereza o traslucir frialdad, se le ve muy normal, sencillo y natural (grave virtud del filme, ya que muchos no lucen intimidantes a priori, tomemos en cuenta que Faizal Khan es un claro ejemplo de ello y tiene gran repercusión en el relato), pero perpetra ataques armados enérgicos, cargados de brutalidad, véase cuando desconoce a un familiar que considera traicionero a su causa, logrando mucha adrenalina en un quehacer imponente.

La mujer en el filme vive en un mundo al parecer machista, pero tiene mucha participación, albergando sensualidad, engreimiento, ira, venganza, traición, carácter. Incluso increpan a los gángsters, favorecen contraataques o deciden futuros. En si los personajes son como la vida (fuera de la exageración del mundo criminal, donde se mata frente a la policía, que queda bastante en segundo plano), llenos de emociones, y personalidad, hay un trabajo rico en ese apartado. Hablando de la profundidad del ciudadano indio, que por algo se siente contento con su cine, a pesar de quien ve tanta imperfección, pero que aun así vale la pena.

Gangs of Wasseypur estuvo en la Quincena de realizadores, en el festival de Cannes 2012, que no ha sido la última vez para Anurag Kashyap, quien volvería con 2 filmes el 2013, otro de crímenes, en Ugly (2013), en la misma Quincena, sobre la desaparición de una niña en el que se denomina de territorio peligroso, suceso que tejerá una red muy complicada tras sus rastros y encuentro, donde mucho (conflicto) a veces hace de menos ganancia de la que se cree en primera instancia, y lo rocambolesco le cobra factura, pero que de todas formas tiene para entretener, con tanto revés, ambición, corrupción, sensualidad, frustración, maltrato y trampa. La otra fue Bombay Talkies (2013) y es una película ómnibus con la participación de 4 directores. Dos de las historias son de temática gay, una recuerda a Billy Elliot (2000) pero se hace muy india finalmente en la admiración de la belleza autóctona y de la danza popular; y la otra es casi una parábola de la honestidad en un matrimonio frustrado, simpáticas pero en buena parte redundantes para con el cine. La otra historia es con Nawazuddin Siddiqui y puede ser muy austera (poca cosa), pero la performance y la demostración de talento de éste actor ahí es digna de gran alabanza. Por último está la de Anurag Kashyap con Vineet Kumar Singh que en este lugar hace el rol inverso a su papel de matón de Gangs of Wasseypur, como un buen hijo que debe cumplir la última petición de su padre, la que es que un actor famoso (Amitabh Bachchan) muerda una fruta dulce típica que le lleva, en donde se hace gala de ese amor declarado de Kashyap por el cine de Bollywood, habiendo dicho que este cuento lleva mucho de quien es. En estos no brilla la originalidad, pero si el tratamiento, además de que Bombay Talkies fue un homenaje a los 100 años de Bollywood, y ese espíritu perdura.

sábado, 20 de junio de 2015

No llores, vuela (Aloft)

Recuerdo cuando fui a ver Madeinusa (2006), me invadió un enorme entusiasmo en la sala de exhibición, bajo la sensación de que lo que estaba observando era algo totalmente diferente a lo que se ha hecho/hacía en el cine peruano, luego llegaría el oso de oro, el fipresci y la nominación al Oscar por La teta asustada (2009), lo que hace siempre interesante, digno de orgullo, ver una película de Claudia Llosa, no obstante la crítica atacó Aloft, por lo que visionarla generaba sus dudas (aunque verla o volverla a ver es la última palabra), pero el resultado ha sido más alentador de lo que anunciaba tanta fiereza en contra, y aunque no sea una cinta maravillosa, tiene lo suyo a un punto, dentro de su delgadez, esa a la que le falta carne, volumen, pero que mantiene su parte de subyugación en la noción de estar catando un cine exigente, maduro, sin ser difícil de entender, y es que le puede faltar entretenimiento, pero no atención ni delicadeza, en el que es un retrato muy duro (más allá de ver parir a un cerdo, que tiene su lado simbólico), de lo que eso lo hace al mismo tiempo un filme relevante por méritos propios de dirección, temática y su manera de narrar, en su carga de frialdad, como  el mismo paisaje se hace cargo de propiciar, sin hacerlo en lo obvio o en la sobreexplotación, habiendo ratos de aligeramiento que son bastante secundarios y quizá inservibles de cierta forma, porque lo que vemos es algo muy difícil de manejar y de abordar, y eso es lo que perdura, sin caer en el papelón o la proclividad al efectismo rancio, o peor, su superficialidad. Se trata de la distancia afectiva ante un terrible dolor que sucede entre un hijo y su madre, con un amaestrador de halcones llamado Ivan (Cillian Murphy), vástago de una curadora y artista, Nana Kunning (gran esfuerzo de Jennifer Connelly).

En el filme se habla de misticismo, de un método de curación folclórico digamos, uno que nos suele ser tan común en nuestros países muchas veces pre-modernos, dicho a grandes rasgos, si bien el método visto con un columpio en medio del bosque (que recuerda la enorme escena de Anticristo, 2009, del pequeño en el alfeizar; el éxtasis y el mal), unas especies de pastillas suponemos naturalistas o una bolas de piel como sahumerio no sea fácil de reconocer, pero que en el primer mundo, estando ambientada en Canadá, luce tan raro, aunque la propuesta es muy angloamericana, en la lejanía entre miembros de familia, en lo que propicia una vida de rápida independencia o a razón de la dureza del carácter que suelen sembrar y habitar entre los norteamericanos, a diferencia de nuestra tendencia latina a lo familiar, a la emotividad y la dependencia, como también lo es el egoísmo de los niños, no siempre asumido. En donde puede asomar la estafa, como en el alcoholismo del llamado arquitecto, el cual a través de lo que vemos pasa a un segundo plano, apreciando que lo que en verdad (nos) surte el esperado efecto mágico es el poder de curación del habla, de la auto-reflexión, al estilo de la esencia del Dalai Lama, como bien perpetra la voz en off en el desenlace, invocando el sentido de la vida y la muerte en una metáfora con el hielo.

La historia se divide en dos tiempos, el presente y hace 20 años, unidos por la búsqueda de un tercer personaje, en otro actor de cierto renombre, en la periodista Jannia Ressmore (Mélanie Laurent) que plantea hacerle un reportaje a Nana Kunning por medio de su arisco hijo. Y puede que sea una participación bastante menor, una aventura pasajera, poco sustancial, pero, bueno, es su carta (convencional) como hilo narrativo para implicar la reconciliación, y en sí un endeble rastro de efecto sobrenatural (pesando contarlo en el orden racional del primer mundo, aunque igual lo hace dejando una elipsis propia de un outsider, pero como una aclimatación sin mucho soporte argumental, tácita, dada por hecho sin más, per se, que deja la propuesta un poco en el limbo), sin el poder del aura del realismo mágico, sino de forma demasiado seca y austera, ya que está desprovista de la belleza del canto literario y el cariz que envuelve aquel folclore; una trascendencia popular, sencilla y de cotidianidad, bendecida por ritos cautivantes,  en un imaginario enraizado  a la cultura y a un lenguaje sumamente autosuficiente, no obstante, claro está, en buena parte fantasioso. En ello Llosa no toma muchas cartas en el asunto, no pretende énfasis, no obstante apoya esa práctica, en un rasgo de identidad como lo es llamar Inti a un halcón domesticado, lo cual hace de ésta película algo fiel al cine que articula y cavila nuestra prominente directora, aunque no sea tan logrado como sus obras predecesoras. El traspase no funciona igual, sin embargo tiene su mérito, inteligencia y ambición, mientras asoma la recurrente lección de la dificultad de convertir mundos personales a otros territorios disimiles.

Recupera el sentido de La Teta asustada en ponerle realismo a lo mítico, pero que aquí hace la gran salvedad (por una parte facilismo) de no profundizar, apelando a lo sutil, no generar mayor coherencia al respecto (sorpresivamente la universalización le cobra cierta factura), fuera del mensaje final, que llega como recurso grandioso, que lo es a un punto (también por un lado banal) y esa línea es lo mejor del filme, un potente minimalismo. Como ese título tan propio de libro de autoayuda, que poco favor le hace.