jueves, 10 de octubre de 2019

Ginger snaps


Ginger Snaps (2000), la dirige un hombre, John Fawcett, pero el guion lo escribe Karen Walton, y se nota la mirada femenina en la película, con los trances y traumas que pasan las mujeres en la adolescencia. Incluso llega hasta la adultez femenina, poco más de la mediana edad; hay una línea que señala que de todo se culpa a las mujeres, con la madre de las hermanas protagonistas sintiéndose maltratada por éste lugar común. Ginger snaps emparenta la transformación en hombre lobo –mujer lobo- con éste trance difícil de la feminidad. Brigitte  (Emily Perkins) y Ginger (Katharine Isabelle) son éstas hermanas adolescentes que son marginadas en sociedad, son outsiders, vistas como freaks, y suelen pegarse a hacer sangrientas escenografías amateurs de asesinatos con ellas mismas, sueñan con el escapismo del suicidio. Pero una vez que Ginger es atacada por un hombre lobo y se empieza a convertir en uno, el meollo del filme, las hermanas quedan separadas. Brigitte ya no querrá morir y Ginger se volverá violenta, cada vez más salvaje traducido a cierta maldad o una transformación que no le deja salida con sus instintos animales, con una sed de sangre, y excitación que parte de lo sexual. En adelante hay un festín gore, de terror, donde se nota ahora sí mucho más la mano de Fawcett, una mirada mayormente masculina, más intensa, pero propia no del movimiento sino del fotograma artístico, del acomodo para la imagen estática, pero llena de vida, impactante, clásica del cine de género. Pero también hay grandes secuencias, como la del final con el hombre lobo –una bestia, un monstruo- asechando la casa de las hermanas, o la del ataque relámpago y frenético que transforma a Brigitte. Además sobresale en la memoria la audacia de hacer heroico a un dealer, aunque anclado a la adolescencia, al relajo de la imagen, a la despreocupación y a cierta simpatía. Éste filme es canadiense y es un muy buen filme de terror, tiene sustancia y potencia. Ginger Snaps 2: Unleashed (2004) en cambio no es buena, suena bien en el papel, pero verla es hasta aburrido, es casi el opuesto total malo de la primera.

domingo, 29 de septiembre de 2019

Did You Wonder Who Fired the Gun?


Lo que más llama la atención de éste documental es que sus imágenes son lo más simples, humildes y austeras que uno puede imaginar, lo que va mostrando mientras nos relata cosas. Esto es tremenda curiosidad cuando se supone que el cine son imágenes, pero también es curioso notar que el filme es muy interesante por lo que va contando, como va ramificando un caso de racismo. Al final la atención que genera ir escuchando –o leyendo, por subtítulos- lo que tiene que contar, lo que investiga, sus revelaciones, hace olvidar que son las imágenes más llanas del universo las que van acompañando la propuesta. Se ve una carretera, se oye una canción folk tradicional, salen unas letras y nombres moviéndose como en ritmo hip hop. Vemos pasajes que resplandecen como electrificados, puestos en sombras, manipulada la realidad de estas imágenes secundarias. Es un documental que pudo ir por lugares vistosos, pero opta por una construcción artística de lo mínimo, de lo carente de espectáculo, de lo que puede pasar por simplón. Pero no obstante la investigación es audaz, te atrapa, va hilando e hilando, te va metiendo en su denuncia del racismo en general que se vive en Estados Unidos, partiendo del sur, estudiando el caso de un familiar del propio director, director que hace de guía todoterreno y mostrando que su trabajo es algo muy personal y chiquito. Es un filme de investigadores. Lo que cuenta es interesante, aunque haya que leer dos cartas de gente cercana que trata de revelar quien fue el bisabuelo de Travis Wilkerson, del director del filme. La película trata de como S.E. Branch, un caucásico dueño de una pequeña tienda de comestibles, asesinó de 2 disparos a  sangre fría a un afroamericano, a Bill Spann, alegándose defensa personal (Spann llevaba un cuchillo). Branch fue declarado muy fácilmente inocente y siguió su vida de manera normal. Pero Wilkerson deja en claro que su bisabuelo era una mala persona y duda de como sucedió la muerte de Spann, quien casi es un NN, un anónimo. Esto va creciendo y se va tornando una denuncia grande sobre el aún vigente racismo americano. Se oye de otros casos similares, hablan activistas de los derechos civiles de los afroamericanos. Se menciona gente emblemática al respecto. El documental intenta resolver un caso que queda lejano y oscuro, lo de Spann sucedió en los 40s. Wilkerson falla quizá en resolver el caso, en sus pesquisas, pero deja muy potente su denuncia general, sobrevuela la impunidad del racismo. Es un filme que en conjunto satisface, que llega a superar sus carencias, sus imágenes humildes, su falta de precisión, su falta de concretar el caso específico. Argumenta bien mientras honra la muerte de Bill Spann.

viernes, 20 de septiembre de 2019

Funeral siniestro


Ésta es la mejor película catalogada del colombiano Jairo Pinilla. En una primera parte una niña sufre de maltratos por una malvada madrastra que se queda a cuidarla en una finca en el campo. En la segunda parte la niña asiste al funeral de la madrasta en su misma casa. La primera parte muestra a una mujer mayor diabólica, practicante de brujería y hasta homicida. La segunda todo el odio que anidaba en la madrastra le crea enorme pavor a la niña que se queda sola a velarla. Pinilla en la parte del funeral hace uso del suspenso, ¿qué pasará?, te preguntas, pero Pinilla opta por lo básico, como refleja su cine, carente de mayor originalidad e imaginación, busca ser lo más correcto posible, y eso le juega bien en el aspecto técnico y estético, pero en la historia, en el atrevimiento, en la distinción, en la novedad el aporte es ínfimo, casi nulo, con lo que tenemos entre manos un filme medio soso. No obstante la niña protagonista actúa muy bien, y esto le da dimensión a la propuesta siendo ella lo más trascedente del filme, frente a padecer a la madrastra en dos ámbitos, tenerle miedo a razón de la violencia física y en la posibilidad de lo sobrenatural. El filme es súper simple, de narrativa escueta, centrado en un par de actos, otorgando prioridad al miedo como meollo del sufrimiento de la niña protagonista. Es una historia de abuso, ahí está el terror, es una película realista, con tintes de excepcionalidad imaginaria, en la brujería y en lo fantasmal. El filme decide ser sencillo, es cine austero, pero estético, bien narrado, con ritmo, pero exento de fiesta, de locura. Es un cine convencional, clásico, humilde, ligero, amable y formal. Tiene algo de gracia, aunque sea poco. No es una propuesta revolucionaria, ni muy original, pero Jairo Pinilla debuto con éste filme, consagrándose como pionero del cine de terror en Colombia. Tiene un aire leve a realismo social, con la ambición de dinero fácil como leitmotiv, pero con mayor amabilidad y soltura.

Alita: Battle Angel


Llevar animes a real action siempre es complicado, es un trabajo arduo lograr concretar una buena película de éste tipo, digna de su magma. Robert Rodriguez hace una muy buena película, con algunos defectos mínimos, pero una obra muy entretenida. El guion es de James Cameron y Laeta Kalogridis y está muy bien contado. Lo que dejaba de incógnita el anime de 1993 el filme de Rodriguez lo responde, y cumple. Alita (Rosa Salazar) tiene una historia rica. La acción del filme también es bastante efectiva. Lo fantástico luce real durante 2 horas, hay unos efectos digitales impresionantes, no hay ninguna fisura ahí.  Alita es el eje y mantiene el interés todo el tiempo. Zapan (Ed Skrein) y Grewiska (Jackie Earle Haley) son dos enemigos formidables, prácticos, recurrentes y poderosos en cámara como entretenidos. Mahershala Ali tiene un papel feo, pareciera que es el líder de los antagonistas pero es solo un intermediario. Nova (Edward Norton) es el verdadero jefe, que vive en la ciudad flotante de Zalem. Alita tiene una historia sólida y peleas espectaculares. Lo de los patines y las peleas de cyborgs recuerda el ascenso social tras el deporte brutal de The blood of Heroes (1989). Ésta semejanza hace más genial la película. En Alita hay varias historias alrededor de la protagonista y todas están bien desplegadas y resueltas. Jennifer Connelly tiene un personaje sexy e inteligente a la vez. Alita es mucho más entretenimiento que feminismo o mensaje social. Ed Skrein sobresale del grupo en especial. El filme es muy cool, Rodriguez sabe bien hacer un filme así, ya lo había demostrado con Sin City (2005). Hay solo unas pocas partes que no llegan al mismo nivel, pero es porque la vaya está muy alta. Los actores se visten muy bien de los personajes. Alita con esos enormes ojos también es notable, da distinción, como característica del manga. Hay también romance, hay química con Keean Johnson. Éste filme es hedonismo puro. Las coreografías de combate de Alita, de físico pequeño, son impresionantes y se ven realistas, aun cuando sus rivales son gigantescos. Skrein tiene un papel perverso, lo cual lo hace muy atractivo. Ali en cambio tiene un papel muy débil, rastrero, pero sin genialidad. Christoph Waltz como el Dr. Ido es la nobleza andando y no logra un papel tan llamativo. Éste filme tiene hartos fuegos artificiales, está hecho para ser tremendo espectáculo. Alita deja claramente abierta la puerta para una secuela. Como todo el filme tiene lo mejor del anime de 1993 es una gran incógnita como será ésta secuela, esperemos sea tan buena como la presente película.

jueves, 19 de septiembre de 2019

Il traditore


Il traditore (2019), de Marco Bellocchio, es una gran película, una película en grande, una fiesta cinéfila, con un tipo que destruyó la Cosa Nostra o le dio un potente golpe que la dejó muy distinta a antaño, llamado Tommaso Buscetta (Pierfrancesco Favino), quien delató a todos su compañeros y jefes mafiosos, que terminaron encerrados. Pero antes la mafia se encargó de matarle montón de familiares. Buscetta decía que si moría en su cama de viejo iba a ser un triunfo para él. Favino hace de un mafioso corpulento, de protagonista, poco típico al uso cinematográfico por su apariencia física, aunque él es un soldado, no un jefe mafioso. Favino tampoco es una cara conocida o popular en el séptimo arte, pero tiene una trayectoria larga. Lo que brinda es algo bastante bueno, aunque el filme vale mucho más por su historia y sus formas. En la parte de los juicios hay bulla, desorden, hay cine arte, hay excentricidad. Bellocchio tiene de extravagante pero en su punto, ducho en el cine no quiere vacíos o posturas efectistas, prefiere ser fiel a un cine auténtico, destinado a la “formalidad” –en cierta medida-, pero también al cine moderno donde cabe cierto aspecto freak, irreverente, osado, distintivo, arty. Pero lo hace en una medida que hay balance con la seriedad general, con los hechos reales. No se excita demasiado con el cine moderno, deja espacio para hacer cine amable. Éste es un cine entretenido, un espectáculo sublime, también impactante, muy violento, observando a Buscetta padecer por la mafia, desde su escape a Brasil donde es torturado arriba en el aire en un helicóptero por la policía brasileña, o intentando suicidarse con veneno pasando por epiléptico, mientras en pantalla vemos morir a sus hijos y gente próxima, a alguien le cortan un brazo antes de darle un tiro. Pero Buscetta a pesar de todo también ríe, canta, pasea en bicicleta, se acuesta con mujeres, contraataca. Los mafiosos gigantescos quedan empequeñecidos frente a su voz en los juicios. El filme habla de valentía por su parte, con el fiscal investigador que apoya las declaraciones del traidor. Bellocchio hace un filme que trata de tumbarse abajo la leyenda de la Cosa Nostra, y deja a un último hombre mítico en su lugar, a un tipo muy humano, pero también bastante fuerte y decidido, a un hombre que llora ante verse inútil frente a la muerte de sus seres queridos, y que declara firme enardeciendo al gallinero, a unos jefes mafiosos como animales salvajes tras los barrotes, pero perdidos.

domingo, 15 de septiembre de 2019

Desaparecido (Missing)


El presente filme ganó la palma de oro. Costa-Gavras hace un retrato contundente del inicio del gobierno militar de Pinochet. El retrato de las calles es de un estado terrible de inseguridad, muerte y terror, que aunque exagera un poco es un retrato artístico solvente y de los más potentes que se han hecho del gobierno de Pinochet. El filme habla de la desaparición de un americano socialista, idealista y pequeño activista en manos de las tantas que ocurrieron durante el régimen dictatorial. Jack Lemmon y Sissy Spacek hacen del padre y la esposa de éste americano que buscan hallarlo frente a un estado latino que aliado de EE.UU. no pretendía hacerles daño a ninguno de los ciudadanos americanos, pero como había tanta libertad de abuso y homicidio nos muestra el filme hacían excepciones con todo tipo de opositores. El filme revela el apoyo americano a la dictadura de Pinochet como una gran revelación de su año de filmación, 1982. Pero en general luce un filme sencillo. Lo mejor de la propuesta es el retrato visual que hace de las calles, de la inseguridad y la muerte. Pone un buen suspenso en ésta inseguridad, proponiendo a un Lemmon valiente, muy seguro de sí, hasta osado, pero pequeño frente a la gran maquinaria militar del gobierno chileno de Pinochet. Es un filme que se centra en la desaparición de un tal Charles Horman, un hombre común como persona pero excepcional al ser extranjero, quien representa a muchos hermanados por la desaparición extrajudicial, en un retrato humanista más que político, aunque queda bastante claro que se trata de una dictadura y los buenos son socialistas, que dibujan como gente pequeña que lucha contra un gran poder representado en un tremendo libertinaje de violencia. Es como tener entre manos una causa perdida, una causa noble, frente a un gran monstruo destructor, sanguinario y omnipotente. En ello el filme es sólido, bueno, políticamente ya es secundario, aunque Gavras es de política de izquierda. Lo que duele no es una ideología específica poderosa –aunque hay de esto-, sino mucho más matar tan fácilmente seres humanos, como lo que significa ese estadio lleno de cadáveres, clásico de las dictaduras. La trama vale por una crítica general, de ello que aunque se identifica rápidamente que se trata del gobierno de Pinochet no se menciona directamente, pero es obvio, claro, al ubicarlo también en Chile. Horman es un tipo común al punto que su padre lo cree un perdedor, pero ésta percepción cambiará cuando vea que defendía ideas propias y planteaba la ayuda social y del prójimo. Para ello Lemmon hace de un hombre capitalista y metido en sus asuntos, pero llegará a valorar y comprender a su hijo, más allá de la sangre, porque inicialmente –como muchos podemos pensar- lo cree medio absurdo y torpe, a lo que el estado americano en un contundente monólogo agregará entrometido en asuntos que no le competen y de un final más que lógico, comparándolo –irónicamente- con meterse con la mafia. El filme no obstante es endeble cuando critica a los americanos y a la derecha por buscar resguardar el tipo de vida americana y capitalista que los identifica. También transmite muy poco en su hacer sentir la gloria de ser socialista en lugar de capitalista, no propone ningún gran argumento en ello. Pero lo deleznable a todas luces es el método, el verdadero talón de Aquiles, el asesinato, la desaparición forzada, incluso de gente como Horman que puede pasar hasta por un poco idiota. En esto se centra el poder del filme, en su recreación de terror extremo, de grandilocuencia sobre la muerte. También Gavras es entretenido, hila bien la dictadura a través de la historia de Charles Horman. Tampoco tiene una estructura del todo convencional narrando los sucesos. Hay creatividad estructural, pero dentro de la total claridad, sin recurrir a lo paranoico, lo que hace del filme uno más notable. Con muy pocos personajes enemigos el filme deja una figura muy precisa y firme global, gracias a que en lo práctico el retrato posee tanto vuelo, proponiendo cine, un buen relato, emociones, al tiempo que conocemos sobre una realidad histórica que Gavras acomete con total fuerza. 

sábado, 14 de septiembre de 2019

La venganza de Jairo


Jairo Pinilla es un cineasta colombiano de 75 años, pionero del cine de terror en su país (en los años 70s) quien por deudas y derechos de autor terminó condenado al ostracismo, al olvido. Casi 20 años después intenta en éste documental, de Simón Hernández, dejar constatación de la que ha llamado su última película,  de su realización, como también de su historia, legado y su cinefilia. El documental de Hernández es interesante porque Jairo es un personaje bastante rico, con harta verdadera cinefilia, quien es un fan acérrimo del cine de terror. Es un cineasta que hace de todo en producción y no cuenta con grandes sumas de dinero, pero intenta hacer algo muy personal con el cine de género. Nos dice que no escogió el cine que hace por fácil, como muchos pueden creer –en lugar de cine arte- o menosprecian, porque él nos da a entender que lo aborda con complejidad, involucrándose en cada detalle y, a su ver, haciendo algo especial. Vemos partes de sus filmes, algunas partes son muy buenas, otras lucen re-baratas y terribles. De esto pende que el cineasta y su compatriota Luis Ospina lo llame maestro y lo señale como un hit de popularidad en la historia del cine colombiano, una recepción de taquilla que pocos han llegado a tener agrega Ospina, llegando incluso a mencionarse lejano humildemente. Pero a la vez la crítica dominante de su tiempo y país lo consideraba el Ed Wood nacional. El director colombiano Ciro Guerra también habla con admiración de Jairo Pinilla, aunque lo que dice suena mucho menos interesante que lo que dice Ospina, comparando a Jairo con Orson Welles. El documental tiene unas partes burocráticas que son bastante sosas, pero la historia de Jairo, quien es, que ama, su lucha, su pasión, hacen del presente documental uno valioso. A Jairo se le menospreciaba diciéndole que sus películas estaban en la línea de las de Superman que en las de Bergman. Pero Jairo menciona que siempre buscaba retarse (en lo que amaba), frente a inventar recursos y ser original en lo suyo. La venganza de Jairo (2019) es un buen documental para descubrir a un cinéfilo autentico, ultra fan del cine de terror -que muchos amamos y disfrutamos- y alguien importante en la historia del cine colombiano y en el séptimo arte de género hecho en Latinoamérica, es una buena oportunidad y llamado para recuperarlo.

lunes, 9 de septiembre de 2019

La caja de música (Music Box)


Se han hecho muchos filmes sobre el Holocausto, hay muchos filmes muy buenos, y Costa-Gavras pertenece a ese grupo, con una película poderosa, interesante, ágil y entretenida. Un hombre de nacionalidad húngara (Armin Mueller-Stahl) nacionalizado americano es acusado de ser un nazi, un asesino, en su país de origen, le espera la perdida de la nacionalidad americana y la extradición, pero recurre a su hija, una prestigiosa abogada, Ann Talbot (Jessica Lange), asegurando que es inocente, que el que buscan es otro hombre. Ann tiene una imagen radicalmente distinta del hombre que piden por criminal de guerra, ama a su padre y éste la ama, tienen un fuerte vínculo. El hombre ha sido intachable en lo que recuerda su hija. Pero un juez acusador, Jack Burke (Frederic Forrest), está empecinado en llevar al padre de Ann, a  Mike Laszlo, a prisión. Está completamente seguro que es el hombre que buscan. En esto Costa Gavras fija su atención y su quehacer cinematográfico, en ésta dicotomía de un posible mismo sujeto, en un hombre que es un desgraciado, asesino frio y sumamente cruel, asesino de mujeres y de niños; y un hombre que es noble como padre y cariñoso como abuelo. Un hombre excepcional, gigantescamente perverso; y uno sencillo, pacífico, amable y común. Gavras propone mantener la duda hasta el final, pero manipulando varios indicios de culpabilidad –como con pequeñas semejanzas salidas de la actualidad-, contrastado siempre con la imagen que tiene Ann y su relación presente, que vamos viendo. Va sembrando ambigüedad y posibilidad, es un filme muy rico a esa vera. Mientras tanto uno piensa que duro debe ser descubrir a alguien tan amado como un tipo tan ruin, que terrible posibilidad, hay un interesante quehacer emocional. Ann, una espléndida Lange, va sintiendo la pegada de los descubrimientos de lo hecho por el nazi buscado, a través de un juicio, que nunca es pesado para el espectador. Ann es justa y moral, cree en la imagen de un padre noble. Pero el fiscal va sembrando la posibilidad de la hipocresía y maldad máxima en él. Armin Mueller-Stahl luce como un buen hombre, su cara muestra seguridad. No obstante siente también la pegada. El filme es muy astuto con los detalles, con éste tira y afloja continuo de culpabilidad. Al final saca un as bajo la manga, una audacia de cine comercial, pero un recurso muy eficiente y simpático como séptimo arte, aunque simple, por medio de una visita y un marco. El filme propone la culpabilidad en mayor parte, sin cerrar la imagen de una protagonista fuerte y su gran inteligencia para defender a su padre, con una Ann que es una idealista, una humanista, muy presente en las aguas húngaras de la perfidia. Madre e hija cariñosa; divorciada, pero con la sutil chance de retornar con el ex marido; mezcla que apoya la ambigüedad general, en éste justo merecedor del oso de oro de 1990.

viernes, 6 de septiembre de 2019

Z


Costa-Gavras hace una película política entretenida, que tiene arte. Es una película de 1969 y se ve todo lo clásico que hay en una película de su tipo, pero es porque la presente película sentó bases en el cine político. Me hizo recordar un filme posterior, The Act of Killing (2012); un genial Marcel Bozzuffi me trajo a la memoria a Anwar Congo, como un matón paramilitar ejecutor de izquierdistas. Yves Montand es un senador izquierdista que los de derecha quieren destruir por sus aspiraciones políticas e ideología. Finalmente lo asesinan, y empieza una pequeña investigación o exposición del complot homicida que es toda la película. Gavras no hace una película paranoica, sino una película directa, clara y realista, con toques de cine arte, como con el propio asesinato del senador que es con un mazo y mediante una camioneta en movimiento. Jean-Louis Trintignant hace del juez investigador, tiene una postura elegante e inteligente, que contrasta un poco –para bien- con la frescura de la narrativa. Es una película seria pero entretenida, porque es suelta, no es demasiado formal. Irene Papas aporta muy poco en su actuación y personaje. Es un filme fácil de ver, pero bien ejecutado, que aunque es cine político no agota, es muy ágil y con personalidad. Están todos los lugares comunes del cine político y las ideologías, está la imagen por antonomasia, pero porque es un precursor, pero aun así no molesta ni es un filme de mala calidad en absoluto. Es una propuesta que reúne todas las de su tipo, es ver la eterna lucha esencial entre derecha e izquierda, militares y activistas. Ganó el Oscar, por tanto es un filme comercial, popular y masivo, amable y hedonista. Gavras es bueno en el cine político, con miras a un gran público, pero con arte, no es panfletario ni cansino. El filme tiene elegancia, pero también su audaz toque de relajo. Inclusive los matones paramilitares pueden ser un poco infantiles, o los eventos alrededor del golpe en la cabeza de un héroe sencillo y delator es retratado como algo campechano.

viernes, 30 de agosto de 2019

Parasite


Fue la ganadora de la palma de oro 2019. El coreano Bong Joon-ho se coronó en popularidad en el cine arte, siendo muy querido por la cinefilia internacional. Le faltaría sólo un cupo al Oscar a película extranjera para completar toda popularidad. Bong ha hecho cine social inteligente y de cine arte. Aunque su mejor película sigue siendo Madeo (2009) y la más aclamada Memories of murder (2003), Parasite es una muy buena película. Bong no es críptico, pero sí muy inteligente con ésta propuesta. Es cine social con arte en mayúsculas. El filme no necesita de montón de rareza para ser bueno, tiene solo una cierta cuota por el final. No obstante todo el filme es una construcción artística. Al mismo tiempo es una obra seductora, que se ve muy bien, que entretiene bastante, que mantiene el interés y la sorpresa. Es un filme que medio que dispone todo para el final, con esos remates poderosos del séptimo arte. Es cine social efectivo e inteligente, como no lo era Snowpiercer (2013). La sátira o el humor negro que ven muchos lo veo en un inicio mostrando la pobreza de los protagonistas. Pero va menguando. La narrativa lleva cierta calma hasta el final explosivo. Por el final se vuelve brutal, híper violenta y gore, donde la lectura social está más diluida, es más metafórica y más complicada de entender por mayor impacto y hedonismo. Es una historia de estafadores, pero sin subrayarlos, dándoles humanidad y algo de discreción. Es la historia de unos arribistas, que luego por un lado se enfrentan a la consciencia. Pero que buscan escapar de ella. El primer suspenso surge cuando sus planes ya están ejecutados, cuando los lugares de trabajo están ocupados y reemplazados, es ahí que vemos tocar el timbre a la antigua ama de llaves. De esto se desprenden dos líneas de pobreza. No veo tanta lucha de clases, de ideología, aunque si deja qué pensar. Bong es más sutil que esto, piensa en hacer cine. En un momento la esposa compara al marido (el genial Song Kang-ho) con una cucaracha, y en ese momento anida el meollo del filme, el marido atisba violencia frente al menosprecio. Todo ello se manejará en la relación de la clase alta con la clase baja, entre servidumbre y patrones. El detonante es algo nimio, pero que hiere el amor propio, se manipula a través del olor, aunque en realidad es el olor del desprecio, del menoscabo, más que de algo físico u olfateable. El chofer entra por tanto en depresión silenciosa, le molesta el vender su alma por dinero, el humillarse, pero su realidad lo empuja a obedecer. De no ser así le espera un borracho meando por su ventana (la sátira), o un electrocutamiento tras una inundación (el drama). Nuevamente Bong se muestra inteligente, lo hace de algo aparentemente insignificante, hacer que el chofer se disfrace de indio para alegrar la fijación del hijo del dueño. La explosión de violencia surge por dos vertientes, por medio del desprecio y la venganza. El hijo del chofer, pobre, duda y pregunta si puede encajar en la clase alta a la hija de la familia privilegiada que enamora, él cree que no, al ver tanto goce. Su padre antes le dice que no hay que tener plan porque la vida se ríe de los planes. Pero el hijo no hace caso de nada y propone un plan y buscar el dinero como solución de todo. El filme vuelve al ciclo de destrucción que nos ha mostrado previamente. O quizá no, habrá éxito, y es porque ahora es distinto, al ejecutarse por el buen camino. De todas formas queda todo como una cierta ilusión. El problema es que como dice el padre la vida no permite que exista un plan efectivo a lo que uno tanto delinea, y se habla de pesimismo o del realismo de la frustración. Puede también que la salida venga de lo improbable, ese es el mensaje, el llamado de la eterna sorpresa, como la violencia del filme.