martes, 15 de abril de 2014

Nymphomaniac. Volumen 1 y 2.

El sexo a menudo es polémico, aun en el siglo XXI. De alguna forma llega a provocar histeria a mucha gente, tanto como siempre el ser humano lo busca y lo disfruta, si bien ya es algo normal no sorprenderse demasiado con el tema, ya que el arte lo ha explotado sobremanera. Y es ahí donde encaja un director como el danés Lars von Trier, el que suele estar donde las papas queman, ansiando ser rebelde y mediático, trasgresor e irreverente, no por nada ha sido catalogado como persona non grata en Cannes, tras unos desafortunados comentarios sobre el nazismo y que bien que lo usa para promocionarse, para atraer ovejas a su rebaño, aunque no podemos negar que su arte tiene atractivo, y que su ingenio ostenta agudeza, originalidad y mucho entretenimiento con su cine de autor.

Sin embargo, todo cansa cuando se malgasta o se vuelve notoriamente artificial, se le notan las costuras, y algo de ello también se puede ver en su última película, dividida en dos partes de dos horas cada una para su exhibición comercial en un trabajo recortado de cinco horas de origen, que versa como reza su título sobre el relato de la vida de una ninfómana llamada Joe (Charlotte Gainsbourg), a partir del descubrimiento de su naturaleza sexual en juegos infantiles de sobarse su parte noble deslizándose con agua, hasta hallarse acogida en el cuarto de un culto, sensible y virgen sujeto maduro de ascendencia judía conocido como Seligman (Stellan Skarsgard, idóneo en su caracterización de inocencia, soledad, apocamiento y calma) que la encuentra en un callejón tirada golpeada. El que servirá para acotarle nociones intelectuales a su descaro y brutalidad vivencial, como un complemento de trascendencia de lo llano, de lo impactante, de lo burdo, e incluso de lo vulgar. Recurriéndose a la música clásica, al símil de la pesca, a la historia universal, a la matemática, a lo blasfemo, a la botánica o a la religión católica y a la ortodoxa.

En el trayecto vemos distintas prácticas sexuales, muchas radicales, la promiscuidad en un tren dentro de un concurso entre unas jóvenes amigas por unos caramelos a cambio de superar a la otra en tener encuentros casuales, un trio con dos africanos bajo la dificultad del lenguaje haciendo un sándwich (doble penetración), lesbianismo (aunque más como parte de la continuidad del relato que exhibición, detalle o descripción), sadomasoquismo con “K” (el sencillo pero talentoso Jamie Bell, que por su cuerpo pequeño y su cara amable de niño rubicundo y bonito no parecería la figura que maneja, no obstante cumple  y bien, sin inmutarse, en la imagen que se ciñe al extraño acto de placer –en un estilo que aunque a veces grotesco es a todas luces vital, lujurioso, buscando impresionar, como a favor de tantas locuras, o intenta ser mucho menos tajante de lo normal y deja la idiosincrasia y el propio acontecer de las decisiones y resultados de la existencia retratada como juicio discreto- y no al ser humano que lo realiza, que sería más fácil en cuanto a contundente, y que al fin y al cabo hablan de una estética de embellecimiento, una arquitectura que a una distancia cuenta con rasgos delicados, que no por ello siempre la mejor, aclaro, pero en esta oportunidad funciona en toda la película, disminuyendo la carga ya de por sí violenta y difícil, partiendo desde el título y la temática hacia su desarrollo descarado) que incluye el fisting a lo que le llama Trier el pato silencioso y un sinfín de aventuras continuas con variados hombres de distinta complexión física, edades y fetiches a los que se les maneja con horarios apretados sin ningún tipo de afecto sino puro y duro placer orgásmico. De donde uno de los amantes de la protagonista se enamora de ella y quiere dejar a sus hijos, para lo que su esposa interpretada por Uma Thurman como Mrs. “H” hace uso de una toma de consciencia mediante el sarcasmo, el trauma y el remordimiento y hasta diríamos que el humor negro.

Se debe advertir que existe una buena cuota de sexo explícito en el filme, que valga la curiosidad no llega a molestar como para arruinar la visualización del conjunto ni a generar demasiada inquietud, más allá de la necesaria, porque de eso trata la película y sería (un poco) raro no tomarlo desde la realidad que invoca, sin convertirlo en una película pornográfica que no lo es, más bien como espolvoreando incluye momentos peliagudos por aquí y allá, pero componiendo una historia mayor al uso que es lo que predomina (se ciñe por un lado al cine de autor que es lo que dirige la obra a pesar de las apariencias y así se disfruta mejor, si bien la carnaza es otra, aunque cumple con lo prometido; y por otro a lo erótico que no es una novedad en Escandinavia que tiene una historia fílmica en el sexploitation), y más siendo quien es Lars von Trier. Vemos penetraciones (aunque por tiempos cortos de exposición), exhibición de genitales de forma directa y recurrente, y varias escenas de sexo oral, hasta con eyaculación que cae de la boca en un retrato compuesto artísticamente, con una estética aunque de desestabilización/excitación del espectador, que hay que decirlo sin tapujos, y es que evoca nuestro lado primario y ordinario, cómplice con nuestra simplicidad, fantasía y erotismo. No obstante, definitivamente no es lo más importante ni lo convierte en un filme trascendente en absoluto, yo diría que hasta todo lo contrario, sino fuera por las lecturas, los argumentos, el soporte imaginario y su trama, que tratan de dirimir la (casi) imposible aceptación de una esencia vapuleada a diestra y siniestra, mitificada por el imaginario sensual pero repelida con fuerza en la sociedad, marginada, siendo vista como un vicio de inadaptación, que a veces no nos parece tan real o no es lejano, pero que en la presente es una declaración de feminismo, aunque bastante extremo, y efectista, no se puede negar. Paradójicamente mediante la misoginia que se le achaca al autor por la rudeza y compromiso que éste le exige a su actrices en la caracterización de sus personajes, o como recuerda mucho su película Anticristo (2009) que parece a un punto mal entendida ya que en lugar de un drama uno debe ver una cinta de terror en una posesión del mal y estoy seguro que la óptica con que se le mira cambiará y verán una muy interesante aunque espeluznante historia de entretenimiento muy bien concebida. Trier logra comprometer por completo a su musa, a una muy solvente Charlotte Gainsbourg; tanto como a la novata Stacy Martin que hace de Joe de joven, la que está a la altura de su futura versión, viéndose sucia o dulce, desconcertada o curtida, dependiendo lo requerido, en un empaque pedestre muy efectivo.

Hay que reconocer que todo el genio de Trier no le es favorable, es una mezcla de buena creatividad y otras de fallas garrafales, y eso lo hace carne de cañón, lo expone a ser recriminado, a generar descontento, pero a su vez a sentir admiración por su arte, en ver que tiene personalidad, osadía y seguridad en lo que hace, dando la sensación de que cree en sí, y eso fallido o no siempre es remarcable. Intenta verter su audacia argumentativa como con la pedofilia y la represión personal y “voluntaria” que terminan en una insólita premiación consuelo, y pues hay ratos en que éste no tiene tino, aturde y se vuelve (un poco) estúpido, como con el desenlace final en que por no ser complaciente y digno del “y finalmente todos fueron felices”, cae en la sinrazón, en la mala broma, en desbaratar a un personaje, pero también hay que decir que tampoco es muy creativo, solo (algo) correcto, el cierre de “Nymphomaniac. Volumen 1” que termina como el llanto de una telenovela erótica, en un aire manido, aun siendo más tarde muy bien sobrellevado y asumido en la trama.

El meollo del asunto es la proximidad de la frustración, como una sombra perenne, el llamado inclemente del abismo, y que tiene una línea más concreta en la relación de Joe con Jerôme (Shia LaBeouf) que valga la anotación y significado es su primer encuentro sexual (y que proviene del acercamiento solido afectivo con su padre, en la aparición emocional en el papel de un enternecedor y empático aunque ligero Christian Slater, exceptuando los gritos del delirium tremens, que le deja a la protagonista una posibilidad de intentar amar, aun no queriendo hacerlo), de lo que se infiere (en ese momento que no es perfecto sino humillante pero uno que le marca y la define, y de ahí que ella se niegue a aceptarlo al re-encontrarlo, lo rechace en primera instancia como una fuerza en disputa premonitoria) la lucha que determinará la existencia de nuestra antihéroe que sabe que su naturaleza es mala aunque su interlocutor asexual trate de apaciguarla con una mirada clínica, fría, despersonalizada y condescendiente, sin embargo como dice la frase que se le atribuye a Kurt Cobain y que ella en sus actos parece seguir –con la quema del auto de su consejera psicológica, en una liberación de aspecto juvenil, como con la música de Rammstein que abre el filme, que hacen de Trier un infante terrible-, es mejor ser odiado por lo que eres que amado por lo que no eres. Y ella se acepta tal cual, pero seamos conscientes y maduros ¿qué acepta? Y nuevamente Trier juega con nuestras ideas preconcebidas, derrumba lugares comunes, se recrea con nuestra mente, y puede ser audaz pero es solo eso, algo ocurrente aunque bien argumentado, que no tenemos que compartir. Mientras nos hemos entretenido.

viernes, 11 de abril de 2014

Grand Central

Presente en Un certain regard en el festival de Cannes 2013 y en el festival de cine independiente de Buenos Aires (Bafici) de este año en la competencia oficial internacional, la segunda película de la francesa Rebecca Zlotowski es una historia que versa sobre la adaptación a una vida confortable en la clase trabajadora de parte de un joven llamado Gary (Tahar Rahim, actor en ascenso que hace de un espíritu noble pero pedestre, con solvencia,  aunque deja un resquicio de oscuridad bajo una frase común, tú no me conoces, y sin salir de su cuadrante puede ser enérgico e impredecible como en Un Profeta, 2009, de donde una vez más el “hambre” más que la malicia empuja) que viene de una existencia austera, con una madre indiferente, una hermana recriminadora y una educación básica, que encuentra la ansiada paz en la localidad del bajo valle del Rhone, donde labora en una planta nuclear, solo que pronto –como no podía faltar- esto se quebrará cuando se enamore de la bella, seductora y desinhibida Karole (Léa Seydoux, en toda boga, que llora como las grandes, y tiene en sus movimientos un aire campechano que bascula con su atractivo y su provocación, cuando quiere, sobre todo en esos ojos hipnotizadores), futura esposa del mejor amigo de su patrón.

Con esta sencilla trama se arma una estructura que se mueve muy bien esquivando ser cuadriculada en un marco reducido y manido, provocando el alargamiento del descubrimiento y la consabida debacle creando a un punto muy saludable su lado de novedad, sabiendo escapar y potenciar a la vez su contexto que se mueve en el ambiente de la planta nuclear mientras el eje es la oculta relación que mantienen Gary y Karole.

En el estilo de Zlotowski está que maneja muy bien la elipsis, y el acortar harto las explicaciones y por ende las escenas haciendo que llenemos espacios, saltemos preámbulos y avancemos a un ritmo cautivante sin caer en lo abrupto o lo mutilado, si bien hay uno que otro momento algo corto al buen uso. Gracias a una visualidad imponente, a lo que llamaríamos puro cine, sugiriendo y proyectando, bajo una mirada bella, artística, como la voluptuosa pierna y el roce en el carro o el caminar guiados por el silencio y las miradas del deseo hacia un paraje boscoso donde la pareja pecaminosa hace el amor.

Otro rasgo, la ambigüedad, ¿a quién ama o le es fiel, Karole? Que es el leitmotiv y objeto de creación o destrucción de los seres humanos involucrados, y yo diría que ambos, en una pasión que valga la redundancia hierve de fuego “secreto”, sin sobrexplotarlo o anunciarlo literariamente, sino más bien haciendo uso de la elegancia, mucha arte, el buen hacer cinematográfico y la inteligencia de su autora, alguien a quien seguir definitivamente.

La proyección y la imaginación del espectador son muy necesarios con este filme (la compenetración con el vínculo afectivo de la pareja de protagonistas que pienso asegurada ayudará mucho a poner de nuestra parte), aunque muchos no lo noten y no lo perciban así, para apreciarlo en toda su medida aun siendo fácil de ver y seguir, porque sin ello será como ver disminuido su verdadero valor –auspicioso con unas formas, esquives, engrandecimiento de los detalles y anexos que hacen de éste relato una composición mayor- y muchos creerán que están ante una obra menor en su magma y sentido, donde mucho hay que interpretar y cavilar para deducir una posición, ya que tiene muchos rodeos además, habiendo mucha duda, y misterio, un cierto aire raro y endeble en la atmósfera que crea su trama, como con esa constante alerta de contaminación, la sombra de la muerte que vuela apenas perceptible pero muy perenne si aguzamos la vista (véase ese anticipo de terror y discreta brutalidad en el rasurado de cabello de la amiga de Karole, una chica radiante, como observamos en un canto suyo anterior, que llora, teme y facilita la noción del peligro inminente).

En su reparto contamos con Olivier Gourmet como Gilles, quien entrenará al joven ágil de entendimiento y entregado a su trabajo, hasta lo heroico, Gary. Tiene algunos ratos memorables, como cuando yace desnudo en la banca ante el chorro de agua que trata de limpiarlo de la radiación, o sobresaltos y gritos imponiendo su figura “ordinaria” y absorbida por la planta nuclear. Es loable ver que este actor siempre puede cambiar de registro emulador con algunos simples toques. Parece una persona distinta con naturalidad y simplicidad, pero con mucho talento. Con él, Denis Ménochet como Toni, el tipo rudo pero también extrovertido, novio de Karole. Articulará más complejidad de la que se cree, si bien es mucho un accesorio pequeño de la trama. De sí se desprende la sensación de conflicto, como en tantos momentos, sin embargo muchas veces Zlotowski como en la vida misma hará caso omiso de ello, como apagando o prendiendo nuestra atención en pseudo climax, aunque tendrá sus lapsos de entregarnos lo que predispone, pero siendo una historia madura, coherente, realista y no tan efectista. 

miércoles, 2 de abril de 2014

Only Lovers Left Alive

Competidora por la palma de oro en el festival de Cannes 2013, Jim Jarmusch, representante por antonomasia del cine independiente americano desde hace como treinta años, y uno de los cineastas más queridos y admirados del planeta por infinidad de cinéfilos, nos trae una cinta atípica al uso, como suele ser su séptimo arte, aquel que reinventa el lugar común y lo hace suyo, tan propio como íntimo, como se puede ver con facilidad en dos de sus obras claves; el western a modo de viaje espiritual en la “reencarnación” de un poeta interpretado por Johnny Depp como William Blake en una especie de road movie de tintes cómicos y violentos, Dead Man (2005); o el chanbara o cine de samuráis, asimilados desde la urbanidad angloamericana en un antihéroe afroamericano que es un sicario con un poderoso código ancestral personal, el que se ciñe fielmente al título que lo define, por un lado a un perro, que en jerga gringa indica a alguien que se las sabe todas (por decirlo igual de forma coloquial), un tipo ladino y duro, y por el otro, el de un fantasma, alguien que vive a la sombra de su deber y entrega total como la mítica nipona que representa y contextualizan su figura, Ghost Dog: The Way of the Samurai (1999), partiendo de un registro en el conjunto de su obra que muestra siempre la calle desde adentro, la cotidianidad de la gente de a pie que tiene a la música, su vitalidad, su astucia y picardía, su sobrevivencia y recurso, su cariz de entretenerse banalmente y de manera tramposa o hasta en parte criminal, y su espontánea y pura vaguedad como bastión de libertad e identidad.

Only lovers left alive hace de los vampiros un continuo recuerdo/pretexto de los slackers de Permanent Vacation (1980) o -una de sus mejores propuestas, que en lo particular me resulta fascinante, como a muchos amantes del sencillo cine de autor- Stranger Than Paradise (Extraños en el paraíso, 1984). Y es que aquí no pasa mucho, es el vagabundeo y modo de vida de siempre, pasar el tiempo, solo que ambientado a la eternidad, al apetito y la necesidad por sangre, el rechazo y miedo al sol, a los rasgos conocidos de estos famosos y populares monstruos folclóricos, literarios, y, por supuesto, también cinematográficos. Y es que en realidad se trata de los mismos outsiders, los de la cosmovisión que dibuja Jarmusch, esos de genio puro y duro, los que retratan la diafanidad de una esencia que no pelea con quienes son, sino simplemente se dejan llevar tal cual en un mundo donde como regla no son bien vistos, sin embargo el problema en la trama y en esa simbología que exuda, yace con los llamados para el caso, zombis, los seres humanos, que (valga la ironía y la audacia) a diferencia de los vampiros (que deberían ser en su lugar la verdadera fuente de conflicto) resultan tantas veces un problema de convivencia y de búsqueda de felicidad y de asentar digamos que un estilo, y (por lo tanto) una existencia.

El filme de Jarmusch tiene como una declaración de sus ideales, y de su arte, mientras se amalgaman varias capas, permitiendo varias lecturas. Aunque es bastante fácil de entender, requiere de un espectador calmo y paciente, ya que no hay demasiadas emociones fuertes, más es como detallar esa conjunción y reinvención que ha hecho de su mundo y el de los vampiros. Unos que son civilizados, instruidos, elegantes, melómanos, viajeros, cosmopolitas, emocionales (como esa idea que circula del suicidio), afectivos (es la historia del amor milenario de una pareja), sacrificados (evitan matar gente y beben sangre de laboratorio), solitarios, un poco místicos, con un aire de artistas de culto (uno de los protagonistas es músico), en un sinfín de características que son el plato fuerte de esta propuesta. Y es que se evita ser lo que se espera de ellos. Han llegado a un estado superior a su condición, dado con la experiencia y la época contemporánea. Algo que puede ser interesante visto desde una nueva interpretación del quehacer cinematográfico de Jarmusch, que como David Cronenberg, siguen siendo ellos, pero con una estética y un alcance más complejo.

Como en toda obra que se precie, siempre brilla la independencia, a fin de cuentas. Y esta no es la excepción en absoluto, es un placer ver una nueva pieza de la labor que realiza este atrayente cineasta, pero se puede ver que en ella la filmografía de Jarmusch pasa ante nuestros ojos.

Los actores que acompañan sirven para ganar todas las cualidades que recrean personajes polifacéticos, oscuros pero aceptables, simpáticos y raros, fabuladores de temor y seducción, universalidad y particularidad, siendo arduos al manejar esas dualidades o complementariedad  que enriquecen el séptimo arte y toda historia atractiva, proyectando el quehacer de una leyenda novedosa. En Tilda Swinton y Tom Hiddleston, como Eve y Adam, que no se hacen incongruentes en sus distintas edades, al estar unidos como pareja, ya que ella aunque suene increíble de creer en la vida real tiene 53 años, y él a penas 33, pero no se siente mucho, pasa desapercibido al punto de lo efectivo, e incluso aquello incrementa el panorama de los pensamientos que se pueden desprender, desde lo visual que no se articula en pantalla como relato, de lo que ayuda mucho esa calidad de albina y fantasmal que maneja Swinton, tanto como su frescura y distinción de la manada, sin tampoco perderse de no ser un referente ubicable en la gente. Con ello su buen cuerpo (sale desnuda en una toma fotogénica y delicada), y su intensidad interior como artista que la hacen tan creíble y auténtica. Por el lado masculino, Hiddleston no malogra la imagen que se quiere concebir con el halo de su inocencia, su cariz de sano, su innato carisma o su llaneza, sino más bien matiza su elíptica esencia, la realza, haciéndola enigmática y diferente desde sí, sin ser forzado a nada, o mejor dicho, a poco porque algo se le empuja a proponer rudeza, fastidio o enojo que resulta menor en calidad de forma, no obstante lo mejor es su fragilidad, el ser refinado y profundo. A su vez lógicamente aporta mucho la idiosincrasia de a quienes retratan, lo que se explota libremente pero de donde se recuperan todas las ideas centrales. Se flexibilizan o se vuelven maleables en las manos de la creatividad de Jim Jarmusch, que no solo dirige sino escribe el guión, como suele hacer, y que aúna mayor compromiso con su obra.

Otro punto de soporte que pretende -o anticipa en el espectador- algún giro a la parsimonia general es la intervención de la actriz Mia Wasikowska como la hermana menor de Eve, que tiene vida libertina, es cruel e imprudente como inconsciente con sus actos, pero no quiebra la estructura ni el estilo conseguido, que para quien se entregue a éste saldrá ganando, más que confundirse y no asumir los parámetros expuestos desde el inicio que son los que dominaran la propuesta. Yo diría que si bien lo suyo crea sorpresa y auspicia el camino hacia una decisión concluyente (el meollo del filme), no pasa de mera “anécdota”, o mayor conocimiento descriptivo o pequeño contraste. Lo de ella es una buena actuación, desenfadada, aunque algo artificial en la performance. Del grupo de reparto, sobresale Anton Yelchin como Ian, el fan underground que le consigue todo lo que quiere a Adam, está logrado y es sumamente limpio. Pero no surte el mismo efecto en John Hurt como Marlowe que es bastante poca cosa, verle y sentir simpatía por él como actor, nada más, pero en verdad no provoca nada importante.

El aire culto del filme le juega algunas malas pasadas, puede ser algo cursi o ridículo, como algunas audacias en las acciones pueden ser algo bobas o pasar por disonantes, pero todo hace también de amplificador de una personalidad entera y contundente, es jugarse por el arte de uno, y buscar entender que el cine es imponer nuestra marca, nuestra autoría y todo ello está en Jim Jarmusch. No es que sea lo más perfecto lo que hace ni lo más cautivador, pero tiene un nombre muy bien ganado y lo sigue demostrando fehacientemente. La trama es un paseo existencial y vivencial al corazón de un vampiro de los últimos tiempos, pero no solo eso, sino al alma de un creador de pies a cabeza. Ese al que se parafrasea, la necesidad nos empuja a succionar sangre, de unos bellos ejemplares al son de una hermosa luna romántica en pleno Tánger, pero vamos a convertirlos. No vamos a matarlos ni a corrompernos.

viernes, 21 de marzo de 2014

El desconocido del lago

No vamos a entrar en rodeos, las películas de temática y predominancia homosexual no son fáciles de ver para un heterosexual común, siempre implican un esfuerzo de tolerancia, en distinta medida, dependiendo de cada espectador (y mucho desde esta parte del hemisferio), pero quien quiere hacer crítica no puede obviarle, sobre todo siendo parte del cliché de que este séptimo arte suele ir mucho inmerso en el cine independiente, por lo que el “arte” siempre suele tenerle presente, más viendo que es algo minoritario y tendemos a creer que eso es parte del conjunto más trascendental en cuanto a autoría, sin embargo para quien escribe es una verdad que muy pocas películas de esta tendencia suelen ser realmente valiosas, a diferencia de lo que muchos creen o quieren creer.

Por lo antes dicho, se hace aún más difícil de visionar la propuesta presente porque es bastante explícita en lo sexual, y no solo por el contexto en plenas vacaciones de verano de una paradisíaca playa gay y nudista a orillas de una zona boscosa que clama ser totalmente liberal, que llega a lo libertina, pero dentro de un orden, donde los hombres van desnudos enseñando de forma directa sus partes genitales, constantemente, para así generar una especie de mercado de oferta y demanda donde gratis se ofrecen al agrado físico mutuo y personal para ir a copular entre las plantas. Porque llegaremos a presenciar la ambientación de la aventura sexual, de lo casual, en el coito, el sexo oral y la masturbación de mano ajena hasta el clímax, bajo pelos y señales (sobre todo en estos dos últimos, en que llega a implicar lo pornográfico, lo innecesario), que para el director Alain Guiraudie  es parte importante de lo que quiere retratar (no permite concesiones que puedan generar mayor recepción, su decisión es férrea y se hace de un compromiso de entrega, transparente y total, hacia su público objetivo, que debe tenerlo si se ve lo que hace, y no como articula la revista francesa Cahiers du Cinéma en que la cataloga como dentro de una lista de las 10 mejores del 2013), con la auscultación de compararla sutilmente con el amor, criticando el desenfreno y el apasionamiento superficial de los homosexuales, su tendencia a ello. Y es que este filme va dirigido demasiado a esta comunidad o inclinación, y no como muchos querrán adjudicarle, de que va bajo lo universal (que tiene algo no se puede negar, desde luego, pero es más un segundo plano, porque su adjudicación es el de un mundo, eso sí, concebido con mucha solvencia y autenticidad). 

No solo por ser contundentemente realista regodeándose en todo ello como quien no puede dejar de ver -y verse- en dichas características (yo creo que es demasiado, va más allá de la atribución de ambición de veracidad, y no parece que ese haya sido el móvil, es retratar lo que te gusta, gustará a un sector determinado y le es natural al autor, y por más paradójico que suene, implica menos arte y alcance, aunque más emotividad seguramente en quienes se sientan reflejados), y harto exhibicionista, poner incentivos claros y continuos a cierto hedonismo, porque incluso lo que retrata es propio de su idiosincrasia, de seguir la perspectiva de dar mayor predominio a lo carnal, a lo pasajero, hablando dentro de estados de madurez y aceptación cabal de un rasgo de adaptación evolutiva, pero haciendo la salvedad de que pretende sopesar otra alternativa, lo sentimental (aunque escogiendo finalmente ir hacia las tinieblas y el abismo o lo literal en la muerte, donde la pasión domina el escenario y a eso se adscribe), en el amor puro digamos, en el trato, en la afinidad, en la personalidad, en el diálogo y en la empatía de varios caracteres, en el gordito que no se saca nunca el pantalón corto, el que yace solo cada tarde, como que no genera entusiasmo, solamente conmiseración y afabilidad, y a un punto su representación luce un poco irónica –como una especie de sabiduría popular del creador; basta ver al voyeur que se masturba a la vista de la promiscuidad reinante- o es que los sucesos lo indican de esa manera con tanta muerte y proclividad hacia ella (¿es una treta de Henri señalarle su culpabilidad a Michel, algo inconsciente, con una connotación sexual hacía sí?, por un lado me lo parece aunque no se pretenda necesariamente, viniendo a ser la acción contra él una negativa), de lo que se deduce que Guiraudie no anhela ningún mensaje muy profundo, o no se lo toma tan en serio, y es que en general su historia es un tanto endeble, no muy sólida aunque con sus posibles lecturas, que bascula en cierto lugar común –lo cual tampoco es una tragedia, sino aguzar el ojo sobre un interés masivo- y en el afianzamiento muchas veces gratuito o redundante.

Como con su anterior filme,  Le roi de l'évasion (2009), aunque este era más abierto en su anhelo de risa, si bien comparten -en ese aspecto- sutilidad, solo que yace inclinada a pertenecer a la comedia, pero sin llegar a ser tampoco bastante directa (o es que yo no me rio así nomás ni encuentro la broma con facilidad), si bien tiene mucho de descocada con este Armand Lacourtade (Ludovic Berthillot) que cae en una crisis de pasados los 40s cuando se ve soltero viviendo con su madre, y decide enamorarse de una mujer siendo un homosexual declarado y activo (aprovechando una raíz “mágica” que permite la excitación sin importar con quien uno esté), de una chica de 16 años, Curly (Hafsia Herzi), y tirar a escaparse con ella de la policía y los padres de esta, como quien no quiere afrontar una realidad, una elección y una idiosincrasia, como indica el título traducido, en El rey de la evasión. Mientras El desconocido del lago parece tener cierta discreta ironía soterrada. Ya que Guiraudie tiene un sentido del humor bastante fino, hay que admitir, y a su vez dentro de toda crítica en contra, audacia e inteligencia en su quehacer cinematográfico. Aun siendo la actual, L'inconnu du lac en el original, no una obra de envergadura dentro del arte del cine, que tampoco mala, no obstante es bastante seguro que termine convirtiéndose en un clásico gay. Gratitud por semejante convicción no le va a faltar.

El filme es sumamente simple, tanto que su trama “arranca” a partir de los cincuenta minutos de metraje más o menos, sin embargo hay que decir que economiza muy bien sus elementos y los proyecta con cierta novedad aunque llana (en especial con la participación del inspector de policía, y el desenlace de la película, que además resultan muy lógicos al uso). Trata sobre como un joven gay, Franck (Pierre Deladonchamps) pierde la cabeza por otro similar sin siquiera conocerlo, por Michel (Christophe Paou) que esconde –y no tanto- algo turbio, oscuro (los motivos son bastante flojos, y ni el título, el desconocido del lago, ayuda), siendo alguien voluble, frío, temperamental y peligroso. En medio, diálogos con Henri (Patrick d'Assumçao), los que son buenos siendo cotidianos, parte virtuosa del conjunto, como las reflexiones e interrogantes que suelta el inspector Damroder (Jérôme Chappatte). Dejando precisado que como se ve todo resulta muy amable de comprender y por ende de llegar a entretenernos, ostentando su buena fotografía como la del lago iluminado por el sol ante la vista del protagonista recogido expectante en la arena, como por algunos ratos de buen suspenso en el agua o en la oscuridad de lo impredecible de éste thriller tardío, salvo por la gran dificultad de digerir su explicites y la excesiva rotundidad de su contexto, que es chocante de soportar en buena parte, ¡qué le vamos a hacer!, no es uno tan avant-garde a fin de cuentas, que te da por estar varias veces a tiro de lanzar la toalla, y no la hace recomendable para cualquiera, como tampoco creo que el “sufrimiento” pague demasiado el precio. Pero esa es su gracia.

martes, 18 de marzo de 2014

The Selfish Giant

Dos mejores amigos, Arbor y Swifty, se meten mucho en problemas, más por culpa del primero que representa una mala influencia, el otro es el niño grande y tonto de buen corazón como dicen todos, y él mismo se conoce. Soy blando nos expresa en un momento de estar cansado de tanta fechoría, pero evitando dejar de lado a su problemático camarada. Entre sus actividades para conseguir dinero, ya que son de familias pobres inglesas, está recoger y llevar material al negocio de un chatarrero, Kitten, que los explota, y un poco los maltrata. Un diálogo nos coloca el panorama, hacen lo que los adultos temen en la ley, para no tomar riesgos propios, y en esa búsqueda, está robar cable eléctrico, pero también ayudar con su caballo, con el que se realizan apuestas de carreras. En sí, ese es todo el contexto.

Estamos ante una cinta pequeña, algo repetitiva si se quiere, al punto que da la sensación de estar dilatada a pesar de su corto metraje, si bien varia dentro de sus mismas coordenadas, es decir, a razón de las malacrianzas de Arbor, su insolencia y total espontaneidad como rebeldía, en el colegio y con cualquiera, no respeta ni a su madre, y su refracción en Swifty que por hacer de leal compañía le sigue, comparte culpas –como la expulsión tras el bullying, el afecto y la ambigüedad de la lección- e hiere a su débil madre –la de perenne rostro compungido, un cliché en sí, aunque existe y mucho- que solo quiere que sea una buena persona, que estudie, siendo todo lo contrario a exigente o autoritaria; y sus correrías tras objetos de metal para recibir una propina. En ese trayecto se exhibe las personalidades de estos pequeños de 13 años, su libertad, desarreglos y nobleza.

Es un retrato que maneja muy bien la idiosincrasia de la adolescencia, sostenida por el vínculo de la amistad, eje del filme, que llega a conmover como drama. En un vuelco de trascendencia. Y en esa novedad yace el punto fuerte y éxito del conjunto, cuando parecía muy poca cosa, aunque ostenta además una lograda elucubración cotidiana, amplificada por los exabruptos, arrebatos, enojos, gritos y un cierto cariz primario de ir a la gesticulación violenta y a las acciones, aunque no terminen siendo extremas. Hay mucha exaltación, que puede ser un recurso que se sobreexplota para dar con la imagen que se quiere, de vivir entre gente ordinaria, pero también es que Arbor propicia mucho la reacción ajena, al no contener su constante reto, intensidad y osadía. Que hasta toma pastillas.

La directora Clio Barnard no es que nos traiga algo arduo, pero sabe enfocar y aprovechar su temática (el leitmotiv, el egoísmo, es el trabajo de un 80% del relato para llegar a la simbología del caballo que es cepillado), siendo un cuadro verosímil, cargado de energía, como sus criaturas. Sabe reflejar a la clase trabajadora, aunque tienda a mostrarlos belicosos, sin que lleguen a actos demasiado deplorables, ya que maneja en ellos también estados de consciencia a fin de cuentas, aun habiendo “necesidad” de romper las reglas, hay vandalismo y robo, se recurre a la picardía, que en los niños es producto de una excesiva vitalidad y falta de una figura de autoridad. La permisividad es flor de sus días. Y en ello la trama nos hace en buena parte indulgentes en cuanto a simpatías, no obstante nos permite ver con claridad que requieren de mayor firmeza y de una conducción.

Es una película que puede gustar a muchos, sin que sea de suma originalidad, pero sí que cautiva con los pocos y sencillos recursos que administra, en como los ejecuta con humildad, solidez y sabiduría, algo de corte familiar bastante concreto con pinceladas de autoría muy leves pero harto atinadas, que se ve con facilidad. Habiendo una sensibilidad y perspicacia muy femenina en todo el filme, manejada con sutileza, como en segundo plano ante la contundencia intrínseca, rechazando ser melodramático, y yo diría que se es en todo momento opuesto a ello (se esconde el rostro, se escurre incluso del acto literal de lo lacrimógeno, se encierra uno a manera de la representación de desaparecer, de atrincherarnos, mientras se espera el ataque o castigo, el juicio sentimental, el del alma, recurriendo al gesto de compartir con la persona clave a la que se emparenta lo que se lleva en lo profundo), de la mano de un ambiente atrevido, rústico, llano, directo, sobre todo en los comportamientos, que denotan masculinidad. Y con ambos la diafanidad universal. Donde llega a haber plena complicidad tras una cruel lección de vida.

sábado, 15 de marzo de 2014

Especial de cine: La filmografía de Armando Robles Godoy

Debo empezar diciendo que he profundizado en este director por ser actualmente muy bien considerado en nuestro panorama cinematográfico, siendo un realizador antiguo de quien su última película fue en el año 2000, pero su quehacer artístico se remonta hasta los 60s, y del que se dice que una de sus películas, La muralla verde (1970) es la mejor de todo nuestro séptimo arte. Y tenía que comprobarlo, y de paso conocer toda su obra, que cuenta con 6 largometrajes, de los cuales no he visto solo Ganarás el pan (1965), su ópera prima, y la dejo para un futuro próximo cuando la encuentre.  

He visto dos veces La muralla verde a ver si me convencía, si contenía el importante título que se le otorga, la de película número 1 del cine peruano, aunque tampoco es que hayamos hecho muchas grandes obras, pero como en todo lugar las hay y ésta encaja entre las merecidas a elogiar, sin embargo en mi más honesta apreciación definitivamente no me parece la mejor, ni siquiera dentro de su filmografía, pero si una muy estimable propuesta, pensando en lo que nos dejó Armando Robles Godoy en conjunto, algo a valorar mucho como parte de la riqueza cinematográfica del Perú.

En la selva no hay estrellas (1967)


Esta película es un gran comienzo para revisar la obra de Armando Robles Godoy, si bien se parece mucho a La muralla verde, parecen hermanas gemelas, hechas bajo las mismas características, cualidades y defectos, ésta es más cautivante en su relato. Aun siendo una historia muchas veces contada (que se basa en un cuento del propio Robles Godoy, como La muralla verde en una novela suya, que nacen de su experiencia de colono por casi una década en la selva), la del oportunista y tramposo,  un criminal (mata por dinero a un hombre supuestamente correcto, un líder comunal, en la Sierra, mismo western o película bélica de francotiradores, o incluso de ambas, lo cual invoca emoción de lo que es plano de por sí), que quiere robarle el oro en polvo escondido en unas botellas de cerveza a una anciana legendaria que vive con los indios y lo salvaje en plena selva. La que nos suena un poco premonitoria al Coronel Walter E. Kurtz (Marlon Brando), en Apocalypse Now (1979). Pero se queda en mero pretexto, aunque uno bastante bueno, reconocemos, ya que el rey de la historia, el protagonista, es simplemente conocido como el hombre (Ignacio Quirós), un viajero que irónica pero sagazmente se da a conocer por buscador de oro, que acude a conocer y aconsejarse de a quien solo se le llama la vieja (los títulos son funcionales, como muchos personajes pero anuncian más que una falta la importancia de las formas y de la aventura y el juego que estas proveen, su verdadero fin. Su fuerza yace en el recorrido de la selva pero requiere del ingenio para seguir sorprendiendo), que es rica aunque únicamente acumula sin mayor razón el que ha encontrado en grandes cantidades, dice que ha perdido el motivo, mientras es idolatrada y cuidada por los indios, que impiden cualquier robo, empero no dejan de atraer a muchos tras el rumor de esa mítica existencia.

Es una historia muy atractiva, sin duda, y es que uno no se cansa de meterse en ellas, y hay que decir que Robles Godoy tiene sus muy buenas virtudes contándonosla en su realización. Por decir una, darle matices a su antihéroe, que es detestable por un lado, como el trato que le da a su novia y que suscita una tragedia, o por su naturaleza ambiciosa que quiebra cualquier precepto humano, pero a su vez le da remordimientos, o nos sensibiliza con un pasado de pobreza, con una poética que se maneja muy bien. El niño que fue, que crea una hermosa y audaz ambigüedad. Y no podemos dejar de lado su cariz de Indiana Jones (En busca del arca perdida, 1981), su intrepidez y carisma. La lucha a muerte que arranca en la película.

Los flashbacks sostienen el contexto central en que el hombre intenta salir de la jungla con su botín (es el verdadero enemigo como anuncia la vieja aunque al final lo sea él mismo y la frustración de la leyenda, la inminente derrota de un karma), imprimen novedad, y crean una biografía. Engrosan la trama que brilla en la predominante actuación del argentino Ignacio Quirós que con buen ojo del director saca una performance imponente, la misma que se verá en el mexicano Julio Alemán. Para muchos no será su filme más importante dado su cariz “primerizo” y de aventura (que en La muralla verde también está como algo autobiográfico), pero siendo su propuesta más entretenida y confabuladora con el espectador, más accesible, y en general bien ejecutada, es una más idónea opción de introducción. Y una mejor elección a cualquiera suya en plano emotivo, de goce.

Puede que se vea alguna leve crítica social y política debajo, pero en manos de Robles Godoy no tiene que ser la prioridad, felizmente, aunque deja ver una inclinación de denuncia (la que acompaña siempre como complemento de su arte). Aunque creo fehaciente que más pesa su cualidad de contador de historias, y suena más destacado verlo de esa forma, porque como se ve en La muralla verde esa vocación puede tender –que no llega a hacerlo- al fallo del conjunto o ser demasiado palpable pero dentro de un arte mayor en Espejismo (yo confieso que el cine social no es mucho de mi agrado, pero nunca me cierro a darle una oportunidad).

Es notable ver que para 1967, nuestro cine buscaba la innovación, tenía ese atrevimiento, es una película que tranquilamente puede convencer al público cinéfilo, sin que sean necesariamente cazadores de rarezas.

La muralla verde (1970)


Si algo tiene claro uno cuando ve esta película es que está ante una obra ambiciosa, aunque en el trayecto se contengan varios defectos, como en la edición abrupta, la que no fluye imperceptible, la que denota intención. Otro es la forma de hablar de los actores, parece que declamaran, los que por momentos lucen como si estuvieran leyendo, hay cierta rigidez (yo diría que un poco en general). Pero una vez acostumbrados a su forma de expresión artística, como con los continuos flashbacks que dan una estructura personal al conjunto, al que se le suma un cierto naturalismo y un sonido que influye como marca de casa, es como entrar a un mundo, en donde una vez acostumbrados empezamos a apreciarlo, a sentirnos absorbidos por él. Aunque en si nada del otro mundo se nos cuenta, la verdad, pero con la solvencia de quien sabe ser un buen narrador, incluso poniéndose el trabajo complicado en sus formas de exhibición, de donde crea arte, se hace cine en toda palabra si bien no todo es perfecto.

El escenario principal es la selva, la diosa región que trata de ser domesticada, la que es un escape, una oportunidad, y una apertura. El “paraíso habitado”, no temido, sino apreciado, tratado como cotidiano siendo un lugar arduo en su misterio y cualidad de salvaje e impredecible. En donde en todo momento vemos esa casita de madera en medio de la inmensidad de lo verde y de las aguas, pero también apreciamos como el hombre no se doblega, como busca dominarle. Más allá queda la ciudad de Tingo María (aunque todo lo es, el otro espacio parece independiente, representa el corazón de la selva), como una especie de sucursal, inferior al uso, de esa Lima burocrática que tanto enoja a Mario (Julio Alemán) y a cualquiera pero a la que uno se resigna, como a la continua lucha contra el desempleo, la borrachera, la corrupción, la pobreza, la pesadez de vivir o la sobrepoblación en el cemento con todos sus males a cuesta.

Mario vive con su esposa Delba y su pequeño hijo Rómulo, y nada es fácil ahí como uno hubiera creído ante Lima, y aunque distinta a la capital, yace igual de compleja en otras muchas características que versan en una nueva forma de vida (algo que no se sobredimensiona, incluso no se explota tanto, y se debe a alcances más maduros, de apreciar con mayor coherencia, calma y cariño el entorno), en donde hasta ahí llega el poder del gobierno, a diferencia de lo que solemos sostener, pero es más torpeza y distancia que ayuda de avance. Como la llegada del presidente, formalismos e invisibilidad.

Luego de una aclimatación al paraje, viene el recuerdo de un proceso para conseguir un lote en la selva, tras construir una familia, y más tarde una desgracia. Es un filme que se sustenta mucho de sus formas, su estructura, su tempo, y en ello puede molestar un poco, pero en si sabe otorgarse realismo, superando la imperfección. Tiene fuerza emotiva e intensidad, maneja muy bien sus conflictos, que son dos, conseguir un terreno en Tingo María y salvar a su hijo de una mordedura de serpiente. Otro punto es que sabe construir aprecio por sus personajes, cuando les genera un background desde la proximidad a nuestra idiosincrasia humana y peruana, siendo muy simpática la escena de la primera noche de casados, tiene su gracia, como en ese ardor de la excitación muy típico de nuestra jerga (se ve un erotismo trabajado, como en el tul del arranque). Es una película que asoma con nuestra esencia, que articula algunas críticas políticas llevándolas al terreno del relato, si bien parece en parte por ese lado documento histórico. No obstante no llega a abrumar mucho, ni a malograr la cualidad de narrador, que se sostiene muy bien. Sí, es una buena película, pero no la número uno, y yo diría que mejor apuesten por empezar por la anterior dentro de su filmografía.

Espejismo (1972)


Esta película fue nominada a los Globos de oro de 1973, y Robles Godoy la tenía por su principal obra, y coincido que es la más lograda de todas las que hizo, aunque la más apasionante es En la selva no hay estrellas (que dicen que el título es por lo tupido de los árboles que cubren el cielo y no permiten verlas, a diferencia de lo que me ha parecido, que era que todos somos iguales en la metáfora de la selva, bajo una idiosincrasia reprobable si se quiere, algo como la pobreza por mencionar una alusión). Una propuesta que llega a vencer varios defectos pasados, y a un punto parece una pequeña “reinvención”, algo que acompaña la filmografía de este director, hasta en tres oportunidades, con cuatro muestras “distintas” de lo que entendía por arte, ya que tienen claramente muchos nexos en común y como se sabe una filosofía creativa detrás, la del lenguaje misterioso.  

Esta vez deja sus flashbacks aunque nuevamente sigue una línea en el presente y otra en el pasado en su estructura formal, conjugando los tiempos de forma menos marcada (los fragmentos son menos palpables), hace creer que dos historias distintas, unidas por un niño en común, la de su amigo que se muda de Ica a Lima al no tener sus padres oportunidades de progreso, y la de un amor prohibido castigado por ser de distinta clase social, pertenecen al “mismo plano” y contexto temporal (véase el hurto de la uvas de un terreno desconocido pero intuido de a quién puede pertenecer,  una trampa). Siendo un as de ingenio que hace de cada pieza un poético rompecabezas perfectamente concebido y entendido por el espectador, ya que Robles Godoy es audaz pero nada críptico, si bien deja algunos lugares sin resolver, al libre albedrio y a la elipsis (la pareja de enamorados).

Los pequeños detalles, que son trascendentes en todo arte cinematográfico, también son parte del repertorio de este director, y juegan a unir lugares, como lo que rodea el descubrimiento del niño que repite el enigma de ¿quién es el hombre que corre?, que vive en una narrativa romántica, que se devela como un cuento con cierto aire gótico, aunque nos traten de cautivar con el escenario de los arenales, en los partidos de fútbol que llevan una saludable y referencial lírica nacional, al menos desde esa niñez que juega descalza, mataperrea libre en toda sencillez. Y vaya mezcla me dirán, pero hay una casona abandonada y a medio derruir habitada por una especie de leyenda, que finalmente tiene un sustento "real" que conoceremos.  

Algunos detalles dan complejidad y color a la narrativa, como esa quema de máscaras de presencia amenazante en medio del rezo de un poema sobre sufrimiento existencial, contextualizado en nuestra idiosincrasia, como muñecos de año nuevo, rituales populares.  Que se codean con discursos religiosos contrastados con la realidad para ser desarmados. Como también una introspección y crítica social que finalmente se difumina como parte de un relato artístico, que tiene éxito en hacerse de esa forma, porque queda el concepto implicado, aunque predomina más la trama de ficción. Ya que en buena parte –tanto como lo contrario- no parece una historia de ese corte, y si lo es se asume desde parámetros que exudan arte o contienen un alcance de posibles distintas lecturas, una que puede pasar desapercibida ante otra dependiendo el espectador, pero que saben fusionarse, como la imposición del silbido para que no se coman la uvas del terrateniente autoritario y déspota, con la subversión de ello en un cantico revolucionario. Hay originalidad en presentar éste "retrato social". Habiendo lapsos menos discretos, como en el contraste de la pisa laboriosa de uva y una procesión festiva con un Señor en andas, un escenario cultural y quizá una crítica a la unión de dos realidades que se influyen mutuamente. Pero también provistas de mutua belleza.

Un don ver que Robles Godoy sabe fabular su propia historia bajo aguas conocidas, pero creando esta vez una estructura y unas formas mayores a sus antecedentes, mucho más naturales, más sabias, más elegantes, sin perder sus rasgos, como esa pelota lenta moviéndose en la cancha, esa música instrumental peruana que circula constante o esa dunas y sensación de espejismos que invoca toda la obra. Rupturas, comienzos, revelaciones, sanación. Quitando algunos momentos ideológicos, su historia está muy bien conseguida. Pudo ser más limpia, pero el resultado es tanto personal, como muy peruano, y con una estética y calidad de por medio que hacen de este un trabajo no tan subyugador internamente pero que produce bastante admiración por la buena conjunción de sus elementos, a veces dispares, venciendo al cliché y al panfleto aun teniéndolo presente.

Sonata soledad (1987)


Robles Godoy, como Tarkovski, cree que el buen cine tiene muchas semejanzas con la música, y que mejor forma de defender este punto, que haciendo cine guiado por composiciones musicales (Heitor Villa-Lobo, Ludwig van Beethoven, Carl Orff), en tres segmentos independientes que versaran sobre la soledad, como anuncia el título. En un trabajo dedicado a sus alumnos de taller cinematográfico, y a todo aquel que conciba el cine como arte, con algo que requiere entrega aun no habiendo premio de por medio. Lo que en buena parte le sucedió a este director durante su carrera, aunque hoy goza del reconocimiento y el descubrimiento de muchos amantes del séptimo arte en el Perú.

Se dividen en tres movimientos Tempo, Contrapunto y Variaciones. El primero es bastante fácil de interpretar y ya se ha visto a menudo pero está bien hecho, tiene de personal. Se trata del mismo director, de Robles Godoy evocando etapas pasadas, como la infancia, la suya o la que representa a una idiosincrasia general, siendo más seguro que sean ambas, la de la represión sexual que promueve una iglesia ortodoxa, donde se recrimina la masturbación de un niño, hasta con un golpe en sus partes nobles, o los deseos sexuales sin ataduras en la temprana juventud que deben esconderse aun sintiendo felicidad (viviéndose una cierta nostalgia en capas mentales que separan lo bueno y lo malo del pasado), recreados con el juego en la maleza o en las doncellas corriendo libres por el campo.

Bajo la atenta observación quieta pero cómplice de nuestro “protagonista” se miran variadas expresiones de cariño y pasan distintas edades, ancianos en un tren, chiquillos por un bosque o jóvenes Romeos delante de balcones de casonas, mientras en este ambiente de aire rural algo empieza a desaparecer, a olvidarse, se destruye lo anacrónico o pasado de moda, lo que yace al parecer superado. Como en la introspección final de una mirada optimista frente a una época opresiva que encontraba sus momentos de libertad y alegría como defiende y llega a expresar el conjunto, la que llega a consolidarse.

El segundo es claramente el mejor del grupo, un poco enredado pero finalmente entendible, se trata del desdoblamiento, de la proyección del pensamiento, de la mirada al pasado y al futuro, de segundas oportunidades, de pensar en la salvación del amor de una realidad matrimonial, de la pareja formada por los conocidos actores Orlando Sacha y Elvira De La Puente. Es la profundización a través de distintos escenarios superpuestos, que indican un antes y un después o una vía de escape, hasta la ficción de una máquina de escribir. O la soledad de una mujer y el desconcierto y la ceguera de su marido. Maravilloso, redondo, en sus tantas lecturas.

Por último llega el desastre, pero visto como un ejercicio de cine, un juego cinematográfico de arte, sin darle demasiada importancia a lo que cuenta, genera cierto aplauso. Es una metaficción/metacine que inmiscuye a un trio de amantes, una mujer (la hija del director, la poeta Marcela Robles que nos enseña una cara atrevida, con besos apasionados a diestra y siniestra, que se hace también bastante divertido, sin otorgarle mayor dimensión) y sus dos amantes, o un marido/director y una infidelidad/un operario de grúa, en todo caso la liberalidad de la dama termina matándola (el que abra los ojos ante la cámara inmóvil es algo a lo que uno no se resiste o espera). Se llama variaciones e implica como antes alternativas, pero se ejercen de forma poco clara, inconclusa, demasiado entremezclada y no tan significativa, que uno se queda solo con la visión de la plasticidad creativa, sin atender el fondo, y queda algo más que decente. 

Imposible amor (2000)


Con este filme salta la pregunta de rigor, ¿estamos ante un bodrio de escala mayúscula o una película incomprendida aunque fallida?, y yo creo que la percepción será muy radical en la mayoría que se atreva con ella (quedan avisados), si bien apunta a que habrán muchos más del primer grupo, aunque que dilema si admiramos a este director por cuatro de sus seis películas (habiendo mucho consenso en la maestría de tres de ellas, La muralla verde, En la selva no hay estrellas y Espejismo), pero intentando dar algún veredicto yo creo que oscila entre los dos lugares de la interrogante, tiene de ambos, y uno queda balanceándose a un lado y a otro.

Se trata de cuatro historias de amor imposible como invoca un título preciso. Hay dos que terminan nadando en el cliché y el facilismo, sin ser la intención. Uno es el relato de una periodista ruda, sencilla, de calle, en la actriz Mónica Sánchez que gira alrededor del enojo de tener que entrevistar a alguien de quien detesta su personalidad pública, sin tratarlo directamente (y lo deja ver flagrantemente bajo trazo grueso, tanto que los dos parecen caricaturas y no objetos de ninguna profundización romántica y sensual como se pretende con un aire pseudo trascendental que se oye -en mucho- forzado, incluso hueco, mostrando los artificios endebles de un magma quizá mejor, mal encaminado), a un intelectual claramente antipático (en el uso de arquetipos mil veces manipulados en telenovelas). Basta escuchar su efectista exposición que borra de sopetón nuestro cine, un lugar común sea dicho, con el mismo Robles Godoy de interlocutor que lo usa como representante de sus disgustos, frustraciones y llamados de ayuda política y cultural para el séptimo arte nacional (necesarios pero fuera de lugar ante su forma directa, al estar inmerso en una ficción).

En esta historia se explota demasiado lo sexual al punto que uno pierde toda esperanza de que remonte su débil argumentación, ya que en realidad se trasparenta superficial (¿pueden creer que llegue a incomodar ver desnuda a Mónica Sánchez?, no por las razones buscadas sino porque uno tiene otras expectativas artísticas con la propuesta, y ve irse al diablo todo ello, aunque lógicamente no lo ha notado el autor de esa manera).

Finalmente termina fabulando una audacia de que todo pudo ser producto de la imaginación literaria, la cavilación del apasionamiento dentro de un idilio complicado entre dos polos opuestos, efímeros pero cargados de placer y alta excitación, plena realización, y como se deduce, puede ser engañoso, o quizá ser mejor de lo que creemos a simple vista, y queda una cierta duda, una intención que no llega a tener todo el éxito esperado.

La otra es sobre un anciano pianista que ve todo el tiempo en la gente que le rodea a quien suponemos su difunta esposa, o el amor de su vida en todo caso, plasmada en la juventud, simpatía (sonríe todo el tiempo en cada rincón) y belleza de la actriz Gianella Neyra (de quien su mejor aporte es exhibir su anatomía en un piano, mostrando sus voluptuosos senos). Y es algo muy gastado, y que se repite hasta el hartazgo, como si fuera comercial de televisión. Puede que algunas conexiones lejanas con las otras dos historias, en transfiguraciones y algunas ambigüedades (que lastimosamente luego se evaporan) hubieran podido ser un espacio creativo fértil, pero se desaprovechan, no se ven, y queda la noción de un relato menor, repetitivo, cansino, y muy poco en cuanto a alguna reflexión mayor.

Una tercera historia es como un sketch, que termina siendo grotesco, ya que la desinhibición termina matando la dulzura y gracia de la actriz Vanessa Robbiano (cuando suele poner de cabeza a San Antonio, y le pide el milagro de ser correspondida por un seminarista, interpretado por Giovanni Ciccia). De donde su polémica no produce el efecto esperado, siendo banal, manido, sensacionalista, más que trasgresor y edificante en su rebeldía. Y es que a ratos el conjunto requiere de mayor consciencia, ponerle filtro, complejizarle, de donde se vislumbra que se revela mucho la percepción del mundo de Robles Godoy, que en una diálogo nos hace escuchar, que la estupidez es lo natural (superpuesto en dejar manejar a un niño), o nos parece revelar gustos íntimos, la mención de una experiencia con el compositor alemán Mendelssohn en el personaje que interpreta Javier Echevarría –en una de su revelaciones a tomar por serias, ya que todo su composición no da para ello, sin querer- y quizá un poco alter-ego de este cineasta peruano, que hay que decirlo, suena en parte pedante en su utilización (no pinta color, chirría), siendo nuestro cine auspicioso de lo popular, de la empatía colectiva cultural, a diferencia de ponerle ese mismo nombre a un toro del que se encariña un chiquillo, que funciona, en La muralla verde.

Sobresale un relato de los cuatro expuestos, que resulta interesante, y paradójicamente es el más leve en cuanto al concepto que se atribuye todo el conjunto en su rótulo. Flota en el aire una conseguida diafanidad. En el teatralizar unos conflictos familiares con respecto al cuidado de un hijo, con el disgusto que le crea a la madre el vínculo afectivo con su abuelo. Por un momento en el movimiento de las sillas me hizo recordar una performance de Pina (2011). Ahí hay una gran idea, que pudo sacar mucha más sustancia aún.

La película termina con la aparición de cada pareja desvaneciéndose en un efecto digital, al son de un director de orquesta en un teatro derruido, el personaje del abuelo (Orlando Sacha). Como la telenovela brasileña, y muchas otras, Tieta (de Agreste), una de las pocas que he seguido con entusiasmo, y que me decepcionó a último minuto, en cómo concluía, y es que no todas las teatralizaciones son plausibles, no obstante sintiendo el orgullo que exuda el filme en su culminación, uno no puede dejar de recordar la frase, nadie nos quitará lo bailado, y no lo hacemos. Tiene a fin de cuentas, un extraño encanto tanta malacrianza. Vive cierto sentimiento y apasionamiento, aunque tanta falla nos lo haga difícil de apreciar.  

domingo, 9 de marzo de 2014

Incendios

Una mujer guarda silencio los últimos años de su vida, debido a un profundo dolor tras vivir durante muchos años lo peor de la guerra civil libanesa, una existencia atroz que la ha marcado para siempre, mientras sus dos hijos viven detestando su manera de comportarse hacia ellos, y es que no la conocen, no saben lo que ha sufrido, y es con su testamento que la llegaran a comprender, no sin sumirse en su tenebroso mundo. Les deja a sus vástagos dos cartas con destinatarios desconocidos que deben buscar, una para su padre que nunca han visto, y otra a un hermano que recién se enteran que existe. Para ello Jeanine y Simón indagaran en el pasado, en el contexto histórico y vivencial de Nawal Marwan, una cristiana que se enamoró de un refugiado palestino en pleno caos del Líbano y terminó perdida en el odio de una guerra, en que la ironía y la crueldad no tienen parangón ni justicia, como si ningún bando fuera síntoma de lógica, si bien sus raíces serán las que más daño le provoquen, cuando ella arremeta en un atentado contra su origen, absorbida por las constantes tragedias provocadas, como la quema intencional de un ómnibus con gente común dentro, incluso niños, muriendo sin compasión.

Estamos ante un drama bastante intenso algo complicado de seguir, como se dice en boca de Jeanine, será como las matemáticas que tanto le obsesionan, en cuanto al análisis de la existencia (inteligente forma de plegar ésta materia a algo social, familiar, histórico y cotidiano, aunque en el trayecto sea tan arduo de asimilar en toda su forma),  pero con la debida atención todo encajará a la perfección, aunque con cierta exageración en la acumulación en un punto. Teniendo una buena mezcla de tiempos y protagonistas en una misma escena, lo que imprime un cariz atractivo e interesante en lo visual, muy artístico, típico del teatro (véase especialmente el momento de la lectura de las cartas). Como esa austeridad característica que tanto sugiere, tanto como la utilización de los detalles, la inscripción de la tumba o los baldes de agua en la fosa.

Hay que mencionar que es una obra extensa, alrededor –más, o menos- de 3 horas de duración y se siente, se da la sensación de redundante, sin serlo, se reincide mucho en los dramático, y es que estamos ante un melodrama en todo esplendor. Por eso se opta dentro de un lapso, bien avanzada la función (creyendo que agota  la propuesta), por la comedia, en una especie de humor negro bastante malo la verdad, en el rol de Miguel Iza como asesino y torturador, en donde se hace uso de una música estridente -incoherente al lugar, incluso pensándose en que se le da un trasfondo al personaje- y una comedia fuera de contexto, alejada del estilo reinante, que parece más una burla que un acto de complicidad y relajo con el espectador, y es que éste personaje siendo tan importante termina siendo ridículo, pesándole mucho la picardía que se trata de imprimirle, la que no funciona con la historia. Si el director, Juan Carlos Fisher, lo hizo a propósito –pensando en algún cambio o adaptación en particular interior del libreto, sea por el sonido o la caracterización escogida- o es parte de la propia obra, ha sido meter algo de corte tan arbitrario, absurdo, que en algunos brilla por original en su extravagancia, pero aquí es como una patada en el estómago, de un mal gusto e incomodidad implacable (mírese en esto último el efecto contrario que clamaba), de una broma vergonzosa, pero bueno, "perdonamos" el atrevimiento ya que realmente parece como una válvula de oxigeno que exigía la realización, aunque no sea la más idónea, o en realidad audaz.Y es que a diferencia del filme de Incendies (2010) de Denis Villeneuve, en la obra teatral llega a tenerse muy presente el tiempo de exposición y por ende de reiteración; se perciben más los defectos del escrito del dramaturgo Wajdi Mouawad. Otro cambio en la  exhibición, el de la bola roja de payaso, distinto al de los tres puntos de un tatuaje en la película, también exuda poca seriedad careciendo de ubicación, se vuelve tan bobo, ligero y endeble que denota falta de tino, sin embargo principalmente son solo estos ratos los que entorpecen la atención bien ganada de toda la recreación en el Teatro La Plaza de Larcomar.

Pero veamos aciertos, aunque lo anterior siendo tan obvio casi ni lo menciono. Los monólogos en repetidas ocasiones son bastante poderosos, se cargan de pasión, de emotividad, que hasta las malas palabras toman forma y elocuencia. Es loable ver como se palpa el dolor, llega a trasmitirse y a asumirse dentro de un contexto histórico libre en donde lo más importante pasa a ser lo humano, nuestra identificación universal, aunque atendiendo a la proyección de una realidad en la cual provoca indagar, pormenorizar, relacionar y conocer más tarde. O el observar a los implicados absortos, perdidos en sus cavilaciones y preocupaciones. Que son parte trascendental del relato.

Las actuaciones se proveen de mucha fuerza, como los reclamos de acción y venganza de la amiga de Marwan, o la abuela curtida e ignorante a la fuerza, la que motiva una superación (ambas de Gabriela Velásquez); el rencor de Simón en la oficina del abogado (Rómulo Assereto, en un buen arranque de la obra),  tanto como con la mimetización con el retrato de boxeador, en un tipo en buena parte arisco, si bien tiene algunos lapsos débiles en imprimir natural contundencia; el bascular entre la sensibilidad y la solidez en Jeanine (Jimena Lindo), solvente pero a la que critico que veces se pega demasiado a la dureza, característica común en la performance de esta actriz; el compañero palestino que hace el actor Renato Rueda -dentro de otros roles, mucho menos recordables, como los de Andrea Fernández  que solo tiene una chispa cuando un personaje suyo pide que le enseñen a leer- que sirve de des-limitación  de filias y orígenes, conmovedor en reflejo, inmerso en el anclaje al cariz humano que se maneja en la propuesta; la dulzura e inocencia a puertas de quebrarse, la convicción de instruirse, es decir de la fe, de Jely Reategui como la joven Marwan; y el cansancio y la conmoción en pos de la derrota anímica de Norma Martínez como nuestra protagonista adulta. Menos cautivantes, aunque acertados en la comedia sencilla que propician como un extra a sus maneras, personaje de cariz secundario pero que ha tenido más espacio de lo que tenía en el filme, y quizá de lo necesario, si bien se percibe la intención de dotar de gracia al conjunto, Alberto Isola, como el notario y albacea; y Carlos Victoria en varios papeles, en los que repite un estribillo de largarse con rodeos, siendo chico y simple pero efectivo, mejor que Isola aún bajo distinta cantidad de presencia, y ni que decir de Iza, a quien ésta vez le han dado el peor papel, en el ruedo, ya que pudo ser muy complejo, como se lee indirectamente.  

Incendios es una de las adaptaciones más atractivas que tenemos actualmente en el teatro peruano, que a pesar de no ser todo lo genial que uno creía que era, es un muy buen espejo de la guerra civil del Líbano, una ilustración de mucha sensibilidad, con hartas virtudes dramáticas. A un punto un lujo contar con ella. Estar al tanto del mundo. Y eso representa un merecido aplauso para Juan Carlos Fisher y todo su elenco.  

sábado, 1 de marzo de 2014

Pronósticos y análisis hacia los ganadores del Oscar 2014

Como cada año –éste es el tercero en el blog- va mi perspectiva valorativa justificada sobre los que serán los resultados de la 86va Ceremonia de la Academia de las Artes y Ciencias Cinematográficas Americanas, habiendo visto todas las presentes exceptuando tres películas, una de animación y dos filmes de habla no inglesa. Mi voto va en negrita.

MEJOR PELÍCULA
"Her"

Tres películas, de las nueve, me han emocionado mucho en particular, Captain Phillips, Her y Nebraska, y estoy seguro que si en la noche de la gran gala del cine escogieran alguna de ellas sería una especie de sorpresa para todo el mundo, una pequeña revolución con las convenciones que manejan los Premios Oscar, sea una por discreta, otra por predominar la acción y una tercera por lucir un poco rara por decirlo a trazo grueso, pero teniendo en cuenta que las tres son de mucha calidad y como se puede apreciar no exentas de cierta oportunidad ya que por algo están aquí también, sopesando que a su vez tienen un respaldo masivo bajo su emotividad, su ritmo endiablado o su profunda empatía, sin embargo la carrera de las distintas premiaciones americanas y extranjeras apuntan a dos en especial, a Gravity y a 12 years a slave, por lo que siendo consciente de ello, junto con mis propios parámetros, mi voto es para 12 years of slave, ¿por qué?, porque es una cinta redonda sin derramar demasiada excepcionalidad, sin ser una fuente de grave originalidad, ya que es correcta, pero intensa, y emotiva en una medida que no se ve para nada barata, como académica en el buen sentido de la palabra, es decir, madura, seria, mayor, dentro de la concepción de a quien atribuimos por méritos claros el título de arte, uno que nada en lo visceral desde un cuadro limpio, muy cerebral, pero en donde hay a su vez harta vida y naturalidad. Todos atributos que la hacen una estupenda  e idónea candidata a recibir el máximo reconocimiento de la noche.

MEJOR DIRECTOR
Steve McQueen - "12 Years a Slave"
David O. Russell - "American Hustle"
Alfonso Cuaron - "Gravity"
Martin Scorsese - "The Wolf of Wall Street"
Alexander Payne - "Nebraska"

Aquí nuevamente la lucha es entre Alfonso Cuarón y Steve McQueen. Y es que somos muchos los que agradecemos el avance técnico en la dirección propuesta por el mexicano, como también entregarnos esa ilusión de yacer en la inmensidad y grandeza del espacio, mientras vivimos una aventura existencial, aunque pequeña como trama. Sin embargo estoy en la línea de creer más en el fondo que en la forma, en la cualidad esencial de arte, dentro del pensamiento de conjunto, y en mi caso no lo veo ahí primero a Cuarón, tampoco a McQueen aunque para éste último su película tenga mucho equilibrio y conocimiento, de quien veo mucho más genio en su anterior realización, Shame (2011), su gran obra. Por lo que en esta oportunidad escogeré a alguien a quien yo se lo daría, y no lo va a ganar seguramente. A Alexander Payne, porque sabe (y lo demuestra), es ingenioso, y combina muy bien el deberse al arte más puro digamos (que claro el séptimo arte tiene matices), pero pensando en llegar a la gente, en llenar butacas también, es decir tiene un cine que tiene siempre de comercial, tanto como de autor. Quizá le doy demasiado crédito pero su filmografía pienso que habla por si sola. Y para ello no necesita ser alguien radical, ni sumamente especial.

MEJOR ACTRIZ
Amy Adams - "American Hustle"
Cate Blanchett - "Blue Jasmine"
Sandra Bullock - "Gravity"
Judi Dench - "Philomena"
Meryl Streep - "August: Osage County"

Este es otro lugar que viene bastante cantado, el más anunciado de todas las candidaturas, tanto que parece unánime, todos escogen a Cate Blanchett, que está muy talentosa e inconmensurable en mayoría en Blue Jasmine aunque tiene algo de excesiva, a ratos como que está fuera de lugar y no todo es porque retrata a una loca en ciernes tensa en otra clase social, no obstante se ve su esfuerzo por sobresalir, que le paga. E igual debo ser honesto, Meryl Streep a mi ver es mejor, esta vez lo veo claramente en ella, y ha sido algo impensado para mí, porque nunca ha sido de mis favoritas, hasta le tenía cierto rechazo al ostentar muy a menudo el aplauso ciego de un gran sector del público y la crítica, pero en esta ocasión he visto la luz de esa espectacularidad que la ha llevado a ser nominada 18 veces en total y dentro a conseguir 3 Oscar, algo a todas luces impresionante. Y no lo va a ganar, pero lo merece viéndolo por expresa performance, más aun comparándola con la estatuilla dorada de La dama de hierro (2012). 

MEJOR ACTOR
Chiwetel Ejiofor - "12 Years a Slave"
Christian Bale - "American Hustle"
Leonardo DiCaprio - "The Wolf of Wall STreet"
Matthew McConaughey - "Dallas Buyers Club"
Bruce Dern - "Nebraska"

El favorito es Matthew McConaughey, y pues se lo merece, ha crecido mucho y no solo por la publicidad que ha generado su nueva imagen, está bastante entregado, hace algo verdaderamente nuevo como profesional, en su performance en sí, lo que puede dar, y es sorprendente que haya dado este salto, de las comedias románticas a tenerlo seriamente por ganador indiscutible. Y más todavía observando con quienes compite, que ha hecho cada uno, todos muy dignos de competir, muy buenos. Viendo cerca a DiCaprio, aunque no creo que pueda quitarle su galardón. O quien sabe, y el "más antiguo” se imponga. Notando que el año pasado que era más notorio vimos que no importó en un caso parecido; se lo dieron a Jennifer Lawrence por sobre Emmanuelle Riva. 

MEJOR ACTRIZ DE REPARTO
Lupita Nyong'o - "12 Years a Slave"
Jennifer Lawrence - "American Hustle"
Julia Roberts - "August: Osage County"
June Squibb - "Nebraska"
Sally Hawkins "Blue Jasmine"

Jennifer Lawrence y Julia Roberts son pesos pesados (no dejan de serlo en ningún momento aun con el rótulo de reparto), pero si bien hacen lo suyo, su fama a mi ver les juega un poco en contra, ya están consagradas, son populares, y han ganado, no requieren del premio. Lawrence sobre todo obteniéndolo el 2013, de lo que se percibe que es solo recordar que es muy talentosa, y creo que si bien lo hizo bastante bien no lo merece ahora sobre las demás. Mientras Roberts es otro caso, tiene posibilidades, teniendo en cuenta que tiene ya mucho tiempo de haberlo recibido, y muchos claman por un merecido reflote. Yo no lo veo tan claro, aunque algo hay, aclarando que su nombre se lo ha ganado. La elección (justa, en mi juicio) oscila entre Squibb y Hawkins, dos verdaderas secundarias (aparte de novedosas y en las candidaturas al nivel de las grandes), véase como quiera, y pues de ahí debe salir la ganadora. Aunque opto por Sally Hawkins porque su aporte es vital en el contraste de su trama viendo que tiene una imagen menor (que explota precisa), sugestiona menos como actriz, recurriendo a una humildad y sugerencia muy encomiable, se viste de su papel, de esa cierta vulgaridad que retrata. A Squibb más le veo momentos, aparte de su naturalidad, pero con Hawkins es todo un paquete, brilla en su estilo de principio a fin. Y ahora voy a ser quizás injusto pero a Lupita Nyong'o la catalogo como la última del grupo, no me ha impresionado, aunque entiendo que es un muy buen debut, y de por sí ya es una ganadora.

MEJOR ACTOR DE REPARTO
Michael Fassbender - "12 Years a Slave"
Bradley Cooper - "American Hustle"
Barkhad Abdi - "Captain Phillips"
Jared Leto - "Dallas Buyers Club"
Jonah Hill - "wolf Of Wall STreet"

Los Oscar parecen a un punto un poco predecibles, hay que acotar, pero bueno, digamos que es coherencia,  escuchar a la mayoría, y se ve como ganador a Jared Leto, un posible justo vencedor que finalmente tiene su momento, aunque debo anunciar que veo grietas en su actuación, pequeñas pero las hay, cae en algo de superficialidad en su conjunto dramático, a pesar de ser bueno, no se lo quitamos. Si gana, nos quedaremos contentos. No obstante, mi voto, transparente, es para Michael Fassbender, éste es demasiado actor, convence de una forma atroz, no sé si mañana decaiga, pero hoy el tipo es de un nivel abrumador, completo, y no sobreactúa, que es algo en lo que si llega a caer Blanchett, aun siendo una actriz terrífica.  Los demás están lejos, en mi percepción. Yo seguiré esperando a Hill, tiene potencial y ganas, pero le falta. Mientras Barkhad Abdi demuestra mucho coraje y seguridad,  no se achicopala en absoluto con Hanks al costado, da la talla y es algo atípico en el cine, que un novato sea tan imponente, lo que puede ser un aliciente de triunfo, pero me parece que es desproporcionado tenerlo como vencedor. Más lógico –es que se consolide, confiar en que lo hará- y noble sería que lo sigan contratando en Hollywood, y en lo posible en buenos roles. A Bradley Cooper se le ha dado mucho papel, pero si bien cumple, y dependiendo un poco más, todavía no convierte sus oportunidades en maestría, pero como va -ya lo hemos dicho- llegará a lo más grande.

MEJOR GUION ORIGINAL
Eric Warren Singer y David O. Russell - "American Hustle"
Woody Allen - "Blue Jasmine"
Spike Jonze - "Her"
Bob Nelson - "Nebraska"
Craig Borten y Melisa Wallack -"Dallas Buyers Club"

Lo veo muy claro, como en otros años, tanto que hallo a Her como si observáramos la imagen de una sola bolita verde en medio de muchas rojas.  ¿Cómo no verlo? Un filme original, profundo, un poco freak, pero fácil de ver, contemporáneo, futurista, atemporal. El ingenio de aprovechar (nuevamente, infaltable) un punto cardinal humano: el amor, y sacar mucha sustancia y no ser previsible. Una gran puerta para apreciar el mundo. 

MEJOR GUION ADAPTADO
John Ridley - "12 Years a Slave"
Julie Delpy, Ethan Hawke & Richard Linklater - "Before Midnight"
Billy Ray - "Captain Phillips"
Steve Coogan y Jeff Pope - "Philomena"
Terence Winter - "The Wolf of Wall Street"

Creo en la espontaneidad, en ser finalmente inclasificables, por eso me pasa que cuando pienso en mejor guion adaptado, imagino una transformación tan poderosa que uno olvida que había un libro detrás, que está obviamente, pero que vive en el cine, entonces bajo esa idea cuando miro a las cinco candidatas sobresale Captain Phillips, sin embargo no es mi voto, la pongo en segundo lugar, aunque seguramente la propuesta más complicada de llevar al ecran sea The Wolf of Wall Street, a la que sitúo en tercer lugar, ya que la veo irregular, aun teniendo una constante en lo ordinario, ya que pudo ser mejor, comprendiendo el estilo escogido. Siendo mi elección Before Midnight, porque han sabido sacar jugo a los filmes pasados, extrayendo algo poderoso tras tanto éxito, de algo aparentemente gastado, lo que ha sido totalmente desmentido en esta labor de guion, exhibiendo fuerza, auto-conocimiento, sorpresa (lógica), evolución (guste o no) y creatividad.   

MEJOR FILME EXTRANJERO
"The Broken Circle Breakdown" (Bélgica)
"The Great Beauty" (Italia)
"The Hunt" (Dinamarca)
"The Missing Picture" (Cambodia)
"Omar" (Palestina)

No he podido ver The Missing Picture ni Omar, por lo que mi elección se da de forma incompleta, pero eso es lo que hay, qué le vamos a hacer, he esperado hasta un día antes del Oscar a ver si aparecían milagrosamente pero no ha sucedido. Mi voto es para The Great Beauty, es un filme complejo, trabajoso y audaz, con un gran tema que va de esencias, aparte de que es entretenido y visualmente cautivante. Por lo que pareciera que sus rivales se hacen chiquitos a su lado, aunque más de uno dirá tontamente que es pretencioso, en lugar de subirse a esta montaña rusa que lo único que hace es maravillarnos con el séptimo arte y su capacidad de asombro, que en mi caso está en toda efervescencia, sin pesimismo. La que dicen puede hacerle mella es The Missing Picture. Una pena no haberla visto.

MEJOR DOCUMENTAL
"20 Feet From Stardom"
"The Act of Killing"
"The Square"
"Cutie And The Boxer"
"Dirty Wars"

Esta competencia es muy competitiva, hay grandes documentales en esta oportunidad, ha sido una de las secciones más fuertes. Exceptuando Dirty Wars y Cutie And The Boxer, las demás son colosos. Esta última una película chiquita aunque con virtudes, la que versa sobre el amor de pareja bajo el contexto de la vida artística más comprometida, aun siendo fruto de desilusión y precariedad, en que se nos permite ver el alma creativa y la de las relaciones afectivas, la compenetración y la lucha por vencer la invisibilidad (una familiar y otra universal), a través de un artista que aporrea un lienzo con guantes de boxeo manchados en pintura, a la par de que su esposa dibuja caricaturas (la serie de Cutie, que significa bonita, tierna) que reflejan su sufrida existencia, siendo actualmente una anciana de espíritu juvenil –como su esposo parece un poco inmaduro, aunque vaya perseverancia la suya- en pos de ser liberada de las sombras de la dictadura patriarcal del marido fracasado, aunque una pizca reconocido, que le rebota a ella. Por su lado Dirty Wars es valiente, pero por la luz que da la investigación de su temática luce poca cosa al fin y al cabo aun revelando algunas cosas, tratando algo bastante relevante, de lo que queda la sensación de continuación. Presentándose como un disparador bastante bueno en la denuncia de la gestión paramilitar del gobierno americano y por ello merece elogio, aunque puede ser incomodo, no es un filme que provoque a muchos espectadores, ya que su sugerencia implica cierto desequilibrio, sin embargo es interesante. La estatuilla dorada será para The act of killing, es tremendo filme, una revelación contundente bajo una forma original, es improbable que no gane. Pero hay que hacer mención de dos grandes rivales, 20 Feet From Stardom y The Square. El primero es perfecto, facilita mucho diálogo en cuanto lo ves, cubre todas las aristas posibles, es muy honesto, solo es recriminable un cierto sentir inicial de paternalismo con los afroamericanos –quizá indirecto al buscar un retrato fiel- pero que luego evoluciona a nuestra humanidad. Si algo lo hace menos elegible, es porque su temática es menos trascendente que The act of killing, pero es muy racional (imagina a Searching for sugar man más esta conseguida cualidad, es un filme bastante recomendable), como también desprende emotividad sin prestarse a ello como directriz, está hecho con mucha habilidad, además de que atrapa por mérito propio. The Square es otra joya (no importa que no gane, hay que verla), empieza uno con desconfianza, pensando ¿es un filme unidireccional? pero termina siendo el retrato de una consciencia civil vigilante del gobierno egipcio tras el deseo de consolidar una democracia competente tras una dictadura de 30 años. Algunos protagonistas tienen vocación de héroes y actores, es más alguno lo es (está Khalid Abdalla de Cometas en el cielo -2007- como revolucionario, la mayoría de ciudadanos llega a serlo), pero terminan ayudando a darle vitalidad y un eje representativo a la propuesta, y hasta sirven de ejemplo de una realidad de convivencia entre musulmanes y cristianos. Yo confieso que he gozado con estos tres documentales.

MEJOR ANIMACIÓN
"The Croods"
"Ernest y Celestine"
"Frozen"
"Gru - Mi villano favorito 2"
"The Wind Rises"

No pude ver The wind rises, que era el filme que más me atraía, pero vamos a escoger desde las otras cuatro. Todos nuevamente dan por hecho una elección, Frozen, pero para quien escribe le parece que es más de lo mismo, camuflado nomás o es que de eso se trata, el viejo Disney, pero no seamos mezquinos se actualizan un poco y si es suficiente está bien. Logran introducir protagonistas con el espíritu rebelde o con el cariz de ser freak, ya no yace la perfección anodina y agotada de las princesitas, están modernizadas, son más simples y empáticas con la mayoría, reinan desde la amigable imperfección, pero debajo de estos pocos detalles cunde lo mismo, la simplicidad y la inocencia, y seguro muchos le reciben con los brazos abiertos, pero hay quienes como yo que sienten cierto cansancio, aun no habiendo nunca dejado ir del todo al primigenio espíritu Disney, pero bueno quien quiera creer que es un filme ultra novedoso lo verá de todas maneras, y en realidad es algo mínimo, más es apreciar que esto nunca se ha ido de nuestras almas. Y por ello muchos articulamos una cierta alegría en cuanto a ésta “reinvención”.  Mi voto no es para Frozen, pero tampoco para Ernest y Celestine, entonces dirán que estoy desvariando, ¡son los favoritos!, junto a Miyazaki. Pero es así. Ernest y Celestine es elegante aun copiando ciertos exabruptos propios del anime, como un aire de antipatía de parte del oso goloso, solo que muy bien justificado al final, en el recuento de su historia. Y de repente por la finura que maneja al fin y al cabo le falta verdadera fuerza, porque es un poco soso en comparación a propuestas intensas como The Croods o graciosas como Gru –Mi villano favorito 2 (de la que no hablo porque si hubiese estado en su lugar Monsters University sería igual, y con ello no digo que sean malas, pero no ameritan el premio. Si se va a elegir lo mismo que sea elevado a la potencia y eso es The Croods, y no Frozen). Al final Ernest y Celestine es solvente, pero huele a moraleja a distancia, pero seamos condescendientes, que importa, si es noble, se trata de la tolerancia, el combate de la xenofobia, la propulsión de la igualdad e incluso de la fraternidad entre capas sociales, aquí entre osos y ratones que se aíslan mutuamente, subsisten en mundos distintos, o que a pesar de necesitar unos de otros, viven sin interrelacionarse directa o amablemente. Es dulce, durante muchos ratos, de forma algo dosificada, consciente un poco de esto, y tiene una paleta de colores y emulación de trazos como de acuarelas. Es una simpática propuesta, pero no puedo negar que aunque en conjunto sale de lo que acostumbramos ver en el cine, al menos los latinoamericanos, mezcla de distintos continentes, a grandes rasgos (consiguiendo algo bonito pero a un punto pequeño): la ñoñez o el candor americano, la loca pero cálida espontaneidad japonesa o la extrañeza europea, no puedo mentir y reconocer que gocé más con The croods, que entiendo que tiene su originalidad –pero siguiendo las convenciones de su séptimo arte, el que reconocemos con facilidad- siendo algo forzada su incoherencia cromática o en la deformación de animales prehistóricos o mamíferos, como muy natural en una ficción el saltarse el contexto histórico usando a los cavernícolas con mayor libertad a raíz de la separación de continentes y el choque con los homo sapiens, pero que en lo más importante de su oferta, lo próximo, te la pasas genial sin esfuerzo  porque es un filme frenético, ágil, verdaderamente cómico al uso cotidiano y entretenido, y encima está cargado de mensajes, que dispara por todas partes, alentando la modernidad, la aventura, la curiosidad, la innovación, el vivir con placer, etc. hasta los que propone Ernest y Celestine. Y por ello me lanzo al vacío mismo kamikaze escogiéndola, aunque definitivamente no va a alzarse con la estatuilla dorada, y la miraran como lo que en realidad no es, algo pequeño ante sus contrincantes, cuando más bien todo se resume en que es una explosión, una fiesta.

MEJOR CORTO ANIMADO
“Feral” Daniel Sousa
“Get a Horse!” Lauren MacMullan
“Mr. Hublot” Laurent Witz y Alexandre Espigares
“Possessions” Shuhei Morita
“Room on the Broom” Jan Lachauer y Max Lang

Vamos a decirlo defrente, espero que no triunfe Get a horse, sería muy cansino verlo, como todos creen y alientan, y es que el “atrevimiento” de quebrar un dibujo animado clásico y en blanco y negro de Mickey Mouse en el desorden y el slapstick en una especie de meta-cine puede tener su lado atractivo, pero el universo que crea Mr. Hublot es más potente en su imaginación (aunque el ratón Mickey nos tenga ganados por ser tan entrañable, siendo en parte un sketch nostálgico), en donde parece que las formas hablaran por sí mismas, las que se complementan con la sencillez de la relación con el perrito artificial que empieza a crecer de forma descomunal para el espacio que es recogido. Ya que si bien no es que las historias de este grupo sean originales, ninguna lo es, quien vea este corto quedará con algunas dudas, si es curioso, preguntándose ¿Qué es todo este lugar? Pero ahí yace su riqueza, y si leemos un poco de ello o atendemos a los detalles veremos que es muy interesante, desde el kilometraje en la frente de Hublot hasta un mundo maquinal, frío, que no es tan absurdo como creemos. Después, Feral es otro trabajo con su gracia, al que reservo el tercer puesto (segundo Mickey), no por el retrato del niño salvaje, contado hasta la saciedad, sino por su arte, usar la pintura (carboncillos sin rostro), la mitología (en las metamorfosis o en los fundadores de Roma) o el inconsciente (cuando se funde o no el niño feral en su entorno) fusionados en algo mínimo. Lástima que carezca en realidad de relato, y solo de efectos que son a fin de cuentas pequeños, aunque proyecten juego. Los otros dos redundan, yacen en el lugar común. No les encuentro ningún gran aporte.