jueves, 21 de febrero de 2019

Inferninho


Inferninho (2018), de Pedro Diogenes y Guto Parente, tiene de protagonista a un travesti, Deusimar (Yuri Yamamoto), que por falta de empuje nunca se ha movido de su bar, y por curioso que parezca decide hacerlo cuando prácticamente es echada del lugar. Pero antes conoce al amor, a un marinero, a Jarbas (Demick Lopes), quien le traerá problemas. En su bar llamado inferninho hay tipos vestidos de superhéroes pero de manera muy pobre, muy rudimentaria, hay hasta un Wolverine. Deusimar se mueve con mucha naturalidad, mostrando todo su físico ambiguo. Jarbas de todas formas está plenamente seducido por ella. En inferninho una mujer canta todas las noches, es una música propia del lugar, barata. Deusimar termina paseando por especie de protectores de pantalla de computadora aludiendo que está viajando finalmente por el mundo. Todo el filme es muy precario. Es un filme con poca narrativa también. En inferninho hay montón de freaks, es un refugio para los marginados, esa es su gran justificación. Deusimar es tratada con afecto por todos, en particular por alguien vestido de conejo, aun cuando Deusimar tiene también mal carácter. Aunque no es una película desechable, tampoco es una maravilla, más interesante de Guto Parente es su otra película del mismo 2018, O Clube dos Canibais. Ésta busca ser una película marginal, y se queda bien ahí. Es una conformación de identidad, pero le falta mucha gracia, no tiene mucho don.  

Incredibles 2


Secuela que está a la altura de la primera que estuvo genial; dirige nuevamente Brad Bird, quien también se encarga en solitario del guion. Los superhéroes son ilegales y unos ricos empresarios, Winston Deavor (Bob Odenkirk) y Evelyn Deavor (Catherine Keener), dos hermanos, quieren volverlos legales, para lo que contratan a Elastigirl (Holly Hunter) para con ella hacer una buena publicidad y lograr revertir la imagen pública de los superhéroes. Mientras su súperesposa está afuera Mr. Incredible (Craig T. Nelson) se encarga del hogar, de cuidar a sus tres hijos, que incluye a un bebé con 17 súperpoderes.

Es un filme familiar, muy entretenido, con sus buenas escenas de acción y su humor por todas partes, pero que deja ver una historia, que no es una comedia. Hay mucha aventura. El malvado Screenslaver tiene una excelente escena de acción enfrentando a Elastigirl, que no tiene nada que envidiar a una cinta live action; es más, parece que la copia al milímetro, así igualmente el filme tiene muchas escenas serias y típicas del cine americano, emula muy bien la realidad. También hay ternura en los personajes de la familia, que le da un plus al producto.

Es un filme que tiende a lo cotidiano, aun cuando hay cosas extraordinarias, como súperpoderes y peleas con harta destrucción de infraestructura –asunto por el cual escogen a Elastigirl en lugar de Mr. Incredible-. Esto es lo mejor del filme, ese gran convivir con lo común, con el padre cuidando de su hijos; con una hija enfrentando la adolescencia, el querer tener un novio; con un padre que demuestra no ser machista y cuida de su hogar, mientras su mujer es la heroína y tiene el trabajo que él tanto ama. Se nota la unidad familiar en los protagonistas, haciendo todo por el beneficio mutuo, por amor, aun cuando hallan enojos. Es un filme que así trasmite harta empatía y tiene una buena historia.

El filme es un poco como The Dark Knight (2008) en su argumentación contra el sistema aunque con su propio discurso –alrededor de la flojera, pasividad y falta de emprendimiento de la gente-, que tiene una simple refutación, que la familia Parr o Increíble son pura bondad y ven desinteresados por el bien de los demás, aman cuidar de la gente, aman servir, aman ser superhéroes, aun cuando saben que su familia es importante y tienen que cuidarse –ver por los pequeños- o que lo común pueda verse afectado, pero su naturaleza altruista los moviliza y ahí forman su unidad familiar. Mr. Incredible es un poco un niño grande y así es el filme también, como con el auto deportivo del superhéroe. Pero a la par vemos la moto de Elastigirl; en ambos géneros hay una personalidad potente. También la animación es muy carismática.

martes, 19 de febrero de 2019

Green Book


Filme que trata de la amistad de un bouncer italoamericano, llamado Tony Lip (Viggo Mortensen), y un doctor en música y experto pianista clásico afroamericano, Don Shirley (Mahershala Ali), cuando el pianista contrata a Lip, o Vallelonga en su apellido original, para que haga de chofer, guardaespaldas y asistente en una gira por el (aun para la fecha) sur racista americano, en los 60s, cuando contratan a Shirley para galas intimas de ricos, para la clase alta sureña, clase social donde Shirley pertenece aun cuando sufre de discriminación.

El director del filme, Peter Farrelly, se separa en ésta oportunidad de la codirección con su hermano Bobby Farrelly, con quien hiciera una destacada carrera en la comedia, con títulos como Dumb and Dumber (1994), There's Something About Mary (1998), Me, Myself & Irene (2000), Amor ciego (2001) o Fever Pitch (2005), comedias muy divertidas, corrosivas e inteligentes. Peter Farrelly además salta a otro género, un drama sobre racismo, aunque no exento de momentos simpáticos y un humor suave.

Green book (2018) es una película amable y noble, sobre dos personas aparentemente distintas que forman un vínculo de amistad y con ello mejoran como seres humanos. Shirley aunque es sofisticado es un hombre solitario y alejado de su ascendencia afroamericana representada en lo popular, mientras Lip es un hombre que suele recurrir a la violencia, como estereotipo de gángster italiano. Lip es un hombre siempre simple y fuerte; Shirley es más complejo, a ratos puede verse muy poderoso y en otros momentos muy pequeño.

Lip dentro de todo tiene buen corazón, y su interacción hará que venza su racismo, que vemos es producto del trato común en su barrio, con otros italianos enfocados en su ascendencia. En ésta road movie se conocerán muy bien, hasta de una secreta tendencia sexual. Shirley será un poco dócil con el racismo y Lip lo influenciará para que sea más frontal, como es él; lo mismo en la educación al contrario, con un refinado Shirley culturizando a Lip mediante las cartas románticas a su esposa, la ideal Dolores (Linda Cardellini), y ayudándolo a vencer algunas malas actitudes, reduciendo el grado de brutalidad facilista al que suele recurrir Lip.

Es una propuesta muy agradable, aunque enfrenta el racismo. Es una feel good movie con voluntad altruista e inteligente para mostrar a un afroamericano que tiene muchos matices y sale del común. Se muestra el racismo normalizado, como no permitir el mismo baño o los mismos hoteles como menciona el título; Green book es un cuadernillo racista de lugares a los que son destinados en hospedaje los hombres de color. Resalta también ver a la policía como racista, lo que puede llevar a criminalizarse y verlos como el verdadero KKK de su época. Shirley va de gira por el sur porque quiere conseguir más libertades para su gente, lo cual lo plantea como un hombre de integridad y avanzada.

Pero el filme es relajado; es audaz y entretenido. No es un filme grandilocuente, en ningún sentido; busca ser medido, pero es inteligente en cómo va relacionando a ésta dupla, que dígase es una historia real, que primero es individual y luego se colectiviza. Mortensen aunque tiene entre manos un estereotipo, remite a vencer su lugar de origen, cómo los italianos se mueven culturalmente cuando yacen cerrados en sí,  y fácilmente podría ganar mil y un premios del público, mientras Ali tiene un rol más exigente, y no contiene total condescendencia, sino que presenta debilidades, cierta soberbia, cierto hermetismo.  

Hay escenas graciosas, como cuando Lip sobre-entusiasmado bota la gaseosa a la pista; gracias a los gestos de ambos actores. Tiene escenas inteligentes también, puestas en diferentes perspectivas, como con el Kentucky Fried Chicken, algo que en el lugar común dicen que aman los afroamericanos. Peter Farrelly lo utiliza como lugar de racismo en una cena de ricos, y en otro momento Lip le enseña a Shirley un poco de humildad y campechanía, alegando de paso que él es más negro que Shirley, porque es un hombre de clase trabajadora que conoce bien la música popular negra. Todo esto se revertirá de manera hollywoodense, pero no deja de ser una película con gracia y sensibilidad.

domingo, 17 de febrero de 2019

Van Gogh: En la puerta de la eternidad (At Eternity's Gate)


Willem Dafoe es Vincent van Gogh, en ésta película de Julian Schnabel, un van Gogh visto en su última etapa, por lo que lo oímos hablar de su estado de locura, al que se enfrenta siempre. Van Gogh también se oye más sabio, con esa emotividad que plasma el talento de Dafoe, cuando refiere a su arte y el único don que Dios le ha dado. El filme de Schnabel se pone a contestar sobre la vida del famoso pintor, si tiene cierta lógica el estado en que se encuentra, de ser visto como un perdedor, si realmente tiene talento. El filme responde que sí, y que su talento es de otro tiempo, está adelantado en el tiempo y le espera el futuro, la eternidad.

El filme tiene un toque artístico que lo saca de cierta convencionalidad, dibujados en esos momentos de trascendencia que vemos en varios momentos que definen la existencia de van Gogh. No sólo es discutir su estado lamentable, de locura, de derrota, de no saber encajar, de terminar recluido en sanatorios, de ser en parte detestado en los pequeños pueblos franceses -en Arles y en Auvers-sur-Oise- en los que se hospeda. Los momentos artísticos técnicos llegan con desenfoques en los bordes o con los movimientos de la cámara al son de las carreras. La naturaleza toma especial importancia y el filme se vuelve a ratos un poco contemplativo, se desembaraza de diálogos, y lo vuelve todo emotivo, dejando a Dafoe que haga su trabajo, que plasme sentimientos, de éxtasis y apasionamiento, o de congoja y de sufrimiento interno.

Schnabel muestra la convivencia con Paul Gauguin (Oscar Isaac), un tipo práctico que quiere romper con todo lugar común en la pintura, y que al irse genera una crisis en van Gogh. El filme tiene un lado igual de práctico, mostrando todo bastante simplificado. El filme puede resumirse en pocas líneas volviéndose un filme más visual que argumental. No obstante tiene diálogos jugosos también, como los de Shakespeare con  Madame Ginoux (Emmanuelle Seigner) y un cura analítico (Mads Mikkelsen). También hay ratos de ternura, como con el hermano, Theo (Rupert Friend), abrazados ante un primer internamiento de Vincent. Oscar Isaac hace de un Gauguin firme pero no violento, menos intratable a otra figura suya. Lo mismo pasa con Dafoe y su van Gogh, tiene problemas de adaptación pero se muestra más la conclusión, no los ratos de violencia; a van Gogh se le ve débil más que fuera de sí.

Los momentos de interacción son muy buenos, como también lo es con el Dr. Paul Gachet (Mathieu Amalric) y hasta con un loco (Niels Arestrup). No obstante el filme tiene muchos momentos de soledad, donde van Gogh es tan existencial, sufrido, reflexivo, cosa que hace menguar algo al filme, tanto como distinguirlo, incluido lo estético. Es un filme que no profundiza tanto en hechos sino en sentimientos, en dudas, en pensamientos, siendo un filme a un punto intelectual, en tratar de entender a van Gogh, y verlo más que un loco con un don. Es visto como un tipo inteligente, tiene reflexiones sobre sí mismo muy ricas, que se escabullen un poco a cierta realidad, la de la derrota del presente, pero el filme se enfoca en la eternidad, en el futuro que no conocería el autor, y ahí entra a tallar la admiración de los creadores, los guionistas Jean-Claude Carrière, Louise Kugelberg y el propio director.

jueves, 7 de febrero de 2019

Climax


Climax (2018), de Gaspar Noé, usa el baile como manifestación de terror, con esos movimientos que parecen que se están quebrando los propios huesos, con esos bailes similares a orgías y como la invasión de un virus que enloquece a sus participantes. Es algo sensual y violento. El baile lo es todo en el filme, vistoso y virtuoso, con grandes coreografías, una hasta tomada desde arriba. Como película de terror el filme tiene al baile como arma, cosa que también pretende cierta polémica vista tanta sexualidad, pero así es Noé, aunque ésta vez éste filme ha logrado lo imposible, que todo el mundo lo celebre.

Es un filme que tiene una narrativa escueta, más es el baile moderno que otra cosa, pero todo tiene perfecta concordancia general, tiene sentido, en que unos bailarines se reúnen en un lugar abandonado en la nieve, tipo bunker, y en medio de sus prácticas y exhibiciones exóticas e imponentes se despierta el daño, el crimen masificado, en la que es también una fiesta desenfrenada, muy hedonista y libertina.

Antes de que se expanda el mal tenemos un visionado fascinante, hay que admitirlo, lo mejor del filme, al proponer tremenda maestría en las coreografías, que no son en absoluto delicadas. Se trata de algo potente, intenso, decidido, festivo, como lo es el cine del irreverente Noé. Locura que se despierta a raíz de que la gente es drogada anónimamente, sin mayor razón. Pero se puede entender fácilmente una justificación.

En el inicio vemos que ante la cámara se presenta cada uno de los bailarines, ésta parte busca ser irreverente y más bien desanima, no es una presentación muy interesante, es obvia, pero cuando todos estos “personajes” extravagantes salen en grupo a bailar todo es esplendoroso, entretenido, impactante. Pero la propuesta no es mucho tampoco, aunque tiene lógica.

En un momento por un cromatismo que domina el filme, el rojo, de peligro, de ardor, y el constante juego de la cámara, poner en ángulos difíciles las imágenes o prender y apagar la visibilidad, tenemos el caos en todo apogeo, producto de que todos quedan drogados excesivamente, pero en éste momento fastidia observar un poco la película. Luego se verán momentos de violencia desagradable, típico en Noé, y termina paseando la mirada por un reguero de perdición en conclusión. Esto no luce muy bien, aun cuando no está tan extendido, o por más que el filme había anunciado que era un hecho real. Las escenas de sexo, aunque sin explicites, tampoco son muy gratificantes.

El filme con su querer ser polémico o híper libre más bien lo muestra barato, mediocre. No obstante Noé tiene talento en manifestar el baile como terror, pero lo sexual le cobra la grandeza; es como tener grandes técnicas o ideas, pero una exhibición finalmente pobre. El baile como monstruo es ingenioso, pero las escenas de exceso no están a la altura, es decir, Noé falla porque quiere ser irreverente, cuando debería enfocarse más bien en lo que concibe, en la narrativa. Lo mejor es simplemente el baile tal cual y después su proyección en distintas otras formas. Por todo lo dicho es un filme imperfecto, como uno ha de esperar de Noé pero también muy irregular, malo por partes –sobre todo al final-, bueno en otras. Me quedo con las coreografías y la técnica, pero en construir una película narrativa no mucho.

miércoles, 6 de febrero de 2019

Aterrados


El filme del argentino Demián Rugna es una potente propuesta de terror que no escatima momentos de miedo, poniendo todo al servicio de ello, poco le interesa hacer un filme de feliz resolución o de ya está, terminamos, combatimos lo extraño, fin; lo que le importa es poner escenas impactantes una detrás de la otra, pero armadas dentro de una lógica, en su propio mecanismo de miedo.

No se trata de momentos que se perciban efectistas, vacíos, sino son el meollo del asunto tal cual, muy sencillos argumentalmente, propios del enorme poder siniestro contra el cual pelean los protagonistas, dos doctores de ciencia paranormal, Albreck (Elvira Onetto) y Rosentock (George L. Lewis), y un ex policía forense, Jano (Norberto Gonzalo), ayudados en el trayecto por un capitán de la policía, el comisario Funes (Maximiliano Ghione).

La trama no explica el mal en todo, en realidad lo hace en muy poco, no hay mucho que explicar tampoco, en lugar habla de guardar la información como novedad, por lo que todo es enorme de enfrentar, prácticamente imposible de detener y no se espera que el bien venza necesariamente. El mal habita en un vecindario de clase media de Buenos Aires.

Los investigadores paranormales van al lugar y cerciorados de que todo es real están medio en el limbo contra tanta actividad extraordinaria, lo que en lugar de ser un defecto significa pura diversión para el espectador, que padecerá sus tantos momentos de alto impacto. No se sabe hasta dónde llegará todo, siempre con el complemento de tratar de explicarlo con lo normal y esto será superado siempre.

Rugna es muy abierto con los sustos, es muy directo, austero como narrativa, pero sumamente efectivo visualmente, sabiendo apreciar tanto background del género que hay ya. No es un filme de narrativas sesudas, arduas, todo es muy práctico y bastante simple. Es ir a luchar/ver lo paranormal y punto, no pidan mucho, pero todo funciona a la perfección como disfrute. 

No para hasta el final de exhibir sorpresa tras sorpresa cada vez más terrorífica, bien distribuidas y manifestadas, aunque hay algunos pocos momentos endebles, como lo de los vidrios en los ojos, pero toda la parte del muerto debajo de la cama que recuerda al monstruo de Rec (2007) está excelente, igualmente el niño con el vaso de leche.

lunes, 4 de febrero de 2019

Conversaciones con asesinos: las cintas de Ted Bundy


Documental de 4 horas de duración, perteneciente a Joe Berlinger. En lo personal hallo muy interesante el tema de los asesinos en serie y Ted Bundy es uno de los más brutales y raros. En el documental conoceremos muy bien a Bundy. Por el título se da a entender que Berlinger se ampara en unas cintas, que fueron grabadas por un periodista durante buen tiempo, pero en éstas se habla más de como él se veía a sí mismo, como se idealiza y, desde luego, miente en su figura, como deja ver el filme mediante entrevistas y datos complementarios, creando en conjunto algo más atractivo que lo común, al oír por él su manera de pensar, su personalidad, una parte de ella, y corroborarla y complementarla con la otra parte tan ruin, sus crímenes, incluyendo variedad de hechos concretos de su existencia.

Ted Bundy habla en las grabaciones y va germinando en él un lado de cierta irrealidad, o como él se dividía en 2 personas. Por una parte, como frente a un público imaginario o un teatro de admiraciones propias, un notorio narcisismo, se muestra como un prometedor estudiante de derecho y graduado en psicología con aspiraciones políticas y económicas altas, de trato amable, pacifico, un tipo con presencia física, bien educado y hasta simpático. También suma una infancia y familia idílica. Todo esto en el detallismo será muy distinto a como lo manifiesta, aunque se especule que los criminales en serie son medio inexpugnables.

Pero en lo oscuro hay mucho más, hay un tipo demencial, asesino de 30 a 36 mujeres jóvenes, incluyendo una menor, asesinadas sin razón alguna, o dando a entender que fue el deseo de desfogar y sobredimensionar pequeñas frustraciones psicóticas, como no sentirse exitoso y aceptado en la medida de sus delirios, aunque si era un hombre inteligente, que hasta trabajo para la policía un tiempo, que le sirvió para hacer el mal. Bundy tiene relaciones estables con mujeres, pero al mismo tiempo sale a matar jovencitas, en su escarabajo. Otra cosa inexplicable de su personalidad, un total desdoblamiento.

El documental no busca ser explicito con los asesinatos, deja ésta parte terrible un poco como en segundo plano, trata más bien de entender la personalidad tan rara de éste asesino en serie o mostrar su total contradicción como ser. Bundy es un tipo enigmático, se dice no ser un loco, sino un tipo común, pero su proceder es totalmente anormal, pero él finge ser otra persona, y no tiene remordimientos como mentir alegando inocencia hasta casi el final. Cuando lo entrevistan o aparece en público es difícil de creer que éste tipo sea tan salvaje, sádico y cruel, pero llega a verse algo de su perversidad de propia exhibición cuando interpreta sus crímenes en tercera persona o pide detalles de estos.

Es increíble cómo se separa de sus asesinatos, pero más adelante vemos que los tiene en la mente, y aun así vive de lo más tranquilo. En ese sentido el documental es muy claro e inquietante con éste tipo de criminal. El término de asesino en serie era algo nuevo en la práctica para la policía. Había poca tecnología, menos ciencia, escasa interrelación policial entre estados, cosa que favoreció a Bundy, quien fue siempre astuto. Transportaba, desmembraba y ocultaba cadáveres. Pero también era muy intenso e impetuoso, capaz de volver a atacar bastante cerca de la zona de algún crimen suyo. El documental de Berlinger es un poderoso y atractivo retrato de alguien que quería ser excepcional y que se creía apto para ello, y lo manifestó de la manera que la mayoría terminó celebrando su muerte.

sábado, 2 de febrero de 2019

Todos somos marineros


Ópera prima del peruano Miguel Angel Moulet, con un barco extranjero atracado en el puerto de Chimbote con tres tripulantes rusos esperando por irse, abandonados en Perú, mientras se las arreglan como pueden. En el barco vive el capitán de la embarcación –que es en realidad irrelevante- y dos hermanos.

El hermano de mayor edad (Andrey Sladkov) tiene una relación con la dueña de un pequeño restaurante ubicado en un mercado (Julia Thays). Hay un chico típico criollo avispado que lleva la comida, quien es como un sobrino para la dueña del restaurante. Con estos pocos personajes tenemos el discurrir de la película.

Moulet pone en marcha la cotidianidad en buena parte de la propuesta, o sea que parece que no pasa nada. El filme abre con el hermano menor ruso (Ravil Sadreev) sufriendo de un golpe en la cabeza, lo cual se conocerá la razón después. Es un buen arranque, misterioso, curioso. El barco ruso parece un enorme submarino, lleno de cubículos, pasadizos y recovecos, con sus mesas sucias con botellas abiertas y restos de comida.

La imagen de la mujer del mercado y el ruso adulto de mediana edad al término de una faena sexual tiene un aire encantador, típico del cine peruano por una parte, pero de manera estética, cuidada, romántica sin sentimentalismos baratos. El filme también tiene un aire europeo, con ese barco tirando para los azules y plomizos y el idioma ruso en boca de los tripulantes que suelen hablar transversalmente de cierta desesperación velada.

La trama presenta un suceso trascendental, un punto definitorio -en pos de irse o quedarse con la mujer; perderse o salvarse-, medio inesperado de cierta manera –fácilmente podía seguir igual, tipo cine indie-, que moviliza el filme hacia una gran tensión –aunque del tipo observacional, meditativo, no se trata de un estado visual crispado, alterado o más primario, es más una inquietud silenciosa, una composición/cohesión a prueba- y la expectativa de hacia dónde se moverán los protagonistas, pero el filme va ya rumbo al remate, sucede cuando la película está por acabar y marcar el final como fotografía postal de cine independiente.
                                                                                                                                                            Ese gran suceso no es algo tan ingenioso, porque es algo un poco predecible –no venía sucediendo nada importante en el filme- o por una parte efectista –es algo que busca impactar, sorprender, desestabilizar, aunque vale-. Para bien y para mal rompe un poco con todo –aunque mantiene el lado dormido de la personalidad de los rusos-, cuando el filme apuntaba bastante a lo intrascendente, a lo ordinario, a lo llano.

Lo más importante del filme hasta entonces era estar sin poder salir del puerto y su ciudad, yacer en la cercanía de las orillas, que quiere decir en el olvido y la proclividad a la perdición -que es latente, hasta finalmente enfrentarla-, mientras sólo quedaba esperar y aguantar –ese es el lema silencioso, que incluye más tarde la consciencia, la culpa-.

Con ese gran suceso en la mente del espectador dice la mujer del mercado, me gustaría tener un hermano mayor; y no sabe lo que dice en realidad o suena secretamente melancólico a razón del relato, es una paradoja que en sus zapatos la hubiera favorecido; porque ella ve que el ruso mayor lo suele proteger al hermano menor, que es enfermizo, parece tener epilepsia, tiene problemas neurológicos. En todo esto salta un quehacer de sufrimiento en distintas direcciones, aunque el tono del filme es otro.

El filme constaba de momentos de cotidianidad –golpear un saco de box, montar en una moto, bromear con la gente, dar de comer a las gaviotas, estar con los perros, ser parte de una procesión-, era una obra sin demasiado conflicto a desarrollar. No obstante estar ahí abandonados era un conflicto, aunque no se hace sentir mucho; no posee pico de entusiasmo en ese sentido y al final lo busca de otra manera.

La propuesta, lo mismo que de sufrimiento, no habla de hambre o necesidad –no es en absoluto una película de cine social, aunque tiene de popular-, al menos no directamente o lo deja como algo secundario o quizá sobreentendido. La mujer del restaurante es un desarrollo notable de una mujer trabajadora que vive bien con su esfuerzo a razón de algo humilde. Se refleja el vivir bien con su cuarto de aire paradisiaco, con su toque erótico, con cierta pinta de putañero. 

miércoles, 30 de enero de 2019

Los muchachos de antes no usaban arsénico


Ahora que se viene El cuento de las comadrejas (2019), del argentino Juan José Campanella, atañe recuperar Los muchachos de antes no usaban arsénico (1976), ya que El cuento de las comadrejas es el remake de ésta película de su compatriota y maestro José A. Martínez Suárez. El cuento de las comadrejas se llama así justamente por una parte –por el final- del filme de Martínez Suárez cuando uno de los abuelos señala a sus enemigas como unas comadrejas que han estado torturándolos, y ¿cuál es la tortura?, que vendan su enorme casa.

Tres mejores amigos de avanzada edad comparten una gran amistad y vida en un lugar,  cuando la dueña de la casa donde viven –el marido, uno de los tres viejos, dueño también-, una estrella de cine mayor, retirada, melancólica porque ésta mansión y terreno fue como una pequeña Hollywood local la tiene siempre nostálgica y llorando frente al proyector de cine viéndose retratada muy joven y esplendorosa y quiere irse a vivir a un departamento de lujo para pasar la página, para olvidar. Pero su ex administrador, su ex doctor y su marido en silla de ruedas no quieren irse ni venderla, porque rompería con su convivencia y alejaría su amistad.

El filme de Martínez Suárez es muy sutil, aun cuando trata con humor negro, que veremos consolidado en la conclusión. Pero antes es una comedia muy leve, al tiempo de muy sugerente; lúdica con los tres ancianos. Están interpretados por tres grandes del cine, el actor Arturo García Buhr, el maestro del terror Narciso Ibáñez Menta y el director de cine Mario Soffici. Las comadrejas son Mara Ordaz (Mecha Ortiz), la vieja estrella de cine; y la corredora de inmuebles, la bella Laura (Bárbara Mújica). Se trabaja el filme sólo con estos 5 personajes y prácticamente en una sola locación, la enorme casa donde viven los 3 ancianos y la señora.  

Es un filme muy alegre, con los viejos tramando como intimidar a una carismática, seductora y tramposa Laura y a Mara tras bambalinas forzando la situación, pero más pasiva. Laura es la que quiere doblegarlos, pero aunque los viejos se dejan llevar un poco por ella, tienen muy presente en realidad no dejarse vencer por la corredora. Es un tira y afloja muy discreto, que no deja ver a plenitud las jugadas, pero que están ahí presentes. Por ratos pareciera que no pasara absolutamente nada, que todo fluyera hasta lo inminente, pero hay un gran remate guardado como as bajo la manga. El filme es impredecible y muy elaborado. Aunque se deja entender bien, no permite ver con claridad que hay una pugna, prefiere lo transversal y suave. Todo ello hacen del filme uno muy inteligente y entretenido, pero también algo exigente.

El título del filme es una ironía muy clara, trabajada. Los viejos son muy dinámicos, son de un espíritu muy joven e intenso. Es particularmente interesante ver como Narciso Ibáñez Menta juega con su personalidad histórica de actor, como personaje de terror, como con su araña. Arturo García Buhr aunque lo vemos en silla de ruedas sigue siendo un galán. En el filme es notable prestar atención a cierta perversidad de estos que parecen unos viejos simpáticos, como con sus mujeres, que será capital en la propuesta. Es un filme propio de lo clásico, con su inocencia y elegancia y humor fino por doquier, su cariz familiar, que se disfruta igual de sutil como es. Hay que estar atento a cada jugada, aunque no esperando lo común, donde parece que no pasa nada, como en un amistoso juego de bochas, que es como la avanzada edad, un sosiego externo y una efervescencia interna, una gran capacidad para sorprendernos.

lunes, 28 de enero de 2019

Suspiria


El remake de Luca Guadagnino es sólido aunque no plus ultra, se entiende todo a la perfección aun cuando tiene cierta complejidad. Dura el filme 2 horas 30 minutos y pudo ser más corto para hacerlo más dinámico, pero esto es decisión personal. El filme pone a Susie Bannion (Dakota Johnson) como una chica rara, con un pasado en flashbacks que habla de algo oscuro en ella, con la maternidad como determinante. En la academia alemana de danza llamada Tanz, a la que se inscribe, desde el arranque vemos sus fichas, quienes representan el mal, las brujas, pero qué se trama tras bambalinas es la gran pregunta. Cuando surgen tremendas decapitaciones, el mejor momento del filme, lo sabremos.

El filme tiene fuerte injerencia de la danza y eso es un plus, no solo algo decorativo, que hasta una tortura o muerte se fusiona con un baile de danza artística moderna. El baile toma simbolismo mezclado con el centro del filme, la brujería y lo demoniaco.  También es interesante como movilizan sus poderes las brujas, todo resulta a un punto original en ello. La camaradería femenina toma un lado perverso en el filme. La propuesta de Guadagnino tiene un espíritu clásico, elegante, de misterio, aun cuando presenta escenas gore en un momento.

Suspiria (2018) no solo trabaja con Dakota Johnson, también con las bailarinas que hacen Chloë Grace Moretz y Mia Goth, dividiéndose el protagonismo. No obstante es finalmente de Dakota, que hace de una chica ambigua, por momentos es fuerte y a otros ratos introvertida. Grace Moretz hace de una muchacha perturbada pero que tiene justificación, y ahí entra a tallar el Dr. Josef Klemperer (Tilda Swinton), que tiene una sub-trama donde participa la original Suzy Bannion, Jessica Harper, esforzándola a darle un beso a Tilda Swinton. Swinton hace un buen doble papel, hasta triple papel, pero no veo necesario que ella sea el Dr.

Swinton como Madame Blanc es notable, tiene hasta un velado lesbianismo hacia el personaje de Dakota, que habla de admiración por el arte mutuo. La danza toma un entendimiento superior en la propuesta, como algo que hay que comprender más allá de lo común -no solo para ejecutar las performances-, que apasiona, yendo debajo lo macabro como complemento ingenioso, pero lógicamente arbitrario. El filme va dando pequeños momentos de terror, previos a las decapitaciones tan capitales. La obra prefiere ser más narrativa que terrorífica, que de pura acción o efectista. A ratos cansa un poco, quizá es muy detallista, pero es aplaudible que quiera tener una historia argumental sólida.

Hay una interacción colectiva jugosa entre las tantas profesoras de danza –como con sus conversaciones privadas y sus juegos con sus víctimas- y en el eje están Madame Blanc y Susie Bannion mientras el Dr. Investiga por su cuenta. Hay tres frentes bien desplegados, aunque algo lentos. De Mia pasa a Dakota. Suspiria es un buen remake, aunque no una obra maestra. Es muy endeble la parte del Dr., pensando que Swinton está debajo. El quehacer con Dakota se percibe medio freak, y funciona bien, aunque se vea extraño, como si fuera defectuoso, pero en realidad es ambiguo. Swinton como Madame Blanc es sofisticada, proponiendo la trascendencia necesaria de la brujería. Es la bruja más lograda, además. La conclusión resulta atípica en todo sentido, proponiendo lo argumental. Tenemos entre manos un filme de cierta originalidad y buena atmósfera de terror. Tanz es siniestro, en su propio universo.