domingo, 18 de octubre de 2020

Mes chers espions

 


Ésta película se podría pensar no es de las que se puedan hacer muchas veces, se agotaría el encanto del director que las haga. Pero, bueno, hay muchos cineastas que repiten la misma fórmula, y finalmente es cosa de cada uno, cinéfilos y autores. Es una película que está muy bien hecha realmente, y está formada por elementos bastante sencillos, como ponerse el director del filme, Vladimir León, a comer y a conversar con su hermano, actor y también director de cine, Pierre León. Mientras comparten un plato de comida y una botella de licor, a lo bien francés, van conversando sobre la temática de su filme. Debo decir que son gente culta e inteligente, sus diálogos representan esto muy bien, además son muy fluidos y se les ve muy relajados. Las conversaciones no son necesariamente plus ultra, pero son buenas, atraen, manejan muy bien el tema del filme. Este documental trata de una investigación familiar que ponen en práctica los hermanos León, que les intriga, notando que guarda secretismo y misterio de parte de hasta de su propia familia que no ha dejado mucho rastro, a raíz de la deportación de la madre de Vladimir y Pierre, cuando ella tenía tan solo 14 años, junto con la tía de ellos, producto de que sus padres, los abuelos, fueron acusados de hacer espionaje para la Unión Soviética en Francia. Éste hecho, la deportación a la URSS en 1948, hace que los hermanos León busquen comprobar si en efecto sus abuelos fueron espías o dobles agentes incluso. La madre del director llega a compartir su diario, pero aunque se habla de la deportación la causa no se profundiza en este diario, seguramente porque por ese entonces era solo una adolescente y más era la belleza y riqueza cultural de Francia lo que más le importaba. Los León ponen aderezo a su investigación, que yace siempre en la duda. Buscan pistas, aquí el documental y los autores se muestran ingeniosos, hay indicios interesantes, aunque también algo endebles, así va el filme, nada es contundente para afirmar un lado u otro, son posiciones distintas en juego y ya cada quien saca sus conclusiones últimas. Pero las pistas ciertamente son jugosas aun así. Es un filme curioso, atractivo, aun cuando requiere algo de paciencia y es un poco largo. Los León, porque el filme los tiene de guías a los dos, llegan a hacer una reunión íntima generando un pequeño debate entre amigos y pequeños intelectuales, la pregunta planteada en la reunión es ¿hay libertad hoy en día en Rusia, en la Rusia de Putin? (ésta pregunta se esclarece). Los León aunque son bien franceses, la verdad, cosa que está muy bien, perpetran moverse con agilidad en Rusia; hacen un viaje hasta allá y se citan con estudiosos y amigos de su familia. Ellos logran ser respetuosos con todas las ideas -cosa difícil en muchos-, aun cuando no son muy afines al comunismo, ni a la URSS ni a líderes como Stalin, porque sobre todo están en contra de cualquier tipo de limitación de los derechos y la libertad individual. Éste respeto mezcla amor y cierto rechazo por los abuelos. A la abuela la oímos hablar en un video casero grabado una década atrás, ahí ella mantiene todo ese garbo -aun en la vejez- de sus años como actriz. El diario de la madre narra penurias -en la URSS, como lo que cuentan los abuelos- y también un mundo de ilusión adolescente -la nostalgia por Francia-. El filme de Vladimir da para mucha conversación, dicho cómo virtud de un filme que nutre muy bien su temática y hace una obra notable e interesante por medio de cosas llanas. Desde luego para viajar se necesita plata, pero ante todo de voluntad, motivación, emprendimiento serio y, mucho, de audacia para generar tantos diálogos ricos, una investigación que manifiesta bastante atracción, que se da solvente, como también el saber contactarse con la gente idónea para nuestro proyecto, que genera atracción intelectual y entretiene sin ponerse esnob -aunque la guapa chica de lentecitos tenía su airecillo de chica profunda- o que la película se perciba como una sobredimensión de algo que parte de lo familiar e íntimo y de cierto dolor y fastidio que olvidar más que de algo muy memorable, pero que como ese muchachito de traje militar y esa bella pequeña actriz de esposa, personas aparentemente sencillas, puedas ser digno de la historia de una gran película y ¿por qué no de espionaje? La mejor basa de éste documental es estar en el punto de convertir lo "común" en algo llamativo -que tampoco es fácil-, hacer de todo lo que toca algo valioso. 

martes, 13 de octubre de 2020

Dick Johnson is dead

 


Lo mejor del documental de Kirsten Johnson es que conmueve bastante, trasmite mucho amor por el padre de 86 años que la directora siente está cerca de la muerte por lo que se prepara de alguna forma para ese trance tan difícil, al mismo tiempo que propone vivir con intensidad tenerlo aún con vida, como quien pretende vencer a la muerte, por lo menos por un tiempo más, por un par de años. El filme tiene de base mostrarnos escenas de accidentes donde muere Dick Johnson, el padre de Kirsten, exhibiendo sentido del humor aunque negro, pero esto aunque es algo vistoso y original si se quiere no es tan interesante a fin de cuentas. El filme en realidad propone ver cómo es la vida con el padre cerca de la muerte producto de que empieza a sufrir de la memoria y poco a poco va dependiendo más de la hija. Dick es un hombre simpático, cae bien inmediatamente, luce muy tranquilo y ligero, también se le observa sensible e inteligente en muchas oportunidades, fue psiquiatra y se ve su capacidad para tener empatía con la gente. Es un filme sobre la cotidianidad de la edad avanzada, aunque Dick es un hombre un poco ágil, no es que sea un viejito de pocos movimientos, tiene hasta sus ocurrencias light. Los ancianos suelen no tener filtros al hablar, lo que puede molestar, pero en el caso de Dick él es un hombre muy medido, muy tranquilo, muy pensante, tiene respuestas notables. Dick llora con cierta facilidad (si se le empuja un poco), pero nunca cae pesado ni agota. No obstante el filme sí se percibe un poco manipulador, pero no son muchos momentos de ésta índole. En un momento en buena parte propiciado, pero emotivo e íntimo y sincero de parte de Dick, se deja la cámara correr "discretamente", pero Dick que es mosca (inteligente) a pesar de ser tranquilo, no busca fastidiar, le dice a su hija que le da permiso para exhibir el momento. En este sentido Dick es abierto a mostrarse tal cual, a mostrar su sensibilidad; gusta del cine también, aunque el documental es algo que menos afinidad tiene como público, cómo llega a comentar, aludiendo más que incomodidad a su sencillez como espectador. El presente documental tiene algunos momentos simplones, pero a su vez también memorables, uno de los más memorables es cuando se organiza la misa por la muerte del protagonista. La propuesta funciona mejor cuando se enfoca en la vida, en vivir, que en la proximidad de la muerte, cosa que empieza a tomar forma por el final, así el filme se pone a mostrarse en pro de la felicidad de existir, aun en la vejez y en su ocaso, como sale de la personalidad de Dick, aun pudiendo sonar algo a mensaje de autoayuda, pero de esta manera la película se pone mejor, se vuelve curiosamente más original, notando que este filme en conjunto contiene creatividad, no es el típico documental de estos temas. La muerte sucederá, pero esto queda relegado de cierta manera a vivir el presente, a elogiar el existir, a ser positivo a pesar de la racionalidad de los hechos, aun con problemas de memoria y cosas de la vejez, que aun no se ven tan duros -no obstante duelen, como ir perdiendo la independencia-, que están en una etapa manejable todavía, aunque Kirsten y su padre ya están preparándose para lo que vendrá, a razón también de cómo fue con su madre. El filme por el final da un cierto vuelco ideológico y enaltece un sentir de felicidad por encima de la sombra de la muerte, de aprovechar la presencia de Dick en la familia, de aprovechar la gran amistad y amor que une a padre e hija hoy en día -y que viene de siempre-, aun cuando Dick se nota muy dócil, y es de perfil bajo, o en realidad quizá gracias a esto. Dick come con gran alegría, con tremendo goce, en medio de sonrisas, helados y dulces, algo tan sencillo da a pensar en la felicidad de existir, éste positivismo medio inquebrantable y valiente que yace por encima de quedar desorientado en una habitación resuena como un filme más virtuoso que ese otro miedo expuesto aunque con brevedad de quedar abandonado u olvidado. Desde luego, Kirsten ama a su padre y este es otro caso, ese vínculo se ve fuerte en pantalla y aporta muchos momentos valiosos -con una Kirsten fuerte-, es una historia de amor que cala. 

domingo, 11 de octubre de 2020

El elemento enigmático

 

                                                                                                                                                 
Me considero inclasificable para ver películas, cualquier tipo de filme me puede sorprender si tiene de especial, aun cuando puede tener cosas que no me suelen gustar o incluso no es la clase de película que me suele entusiasmar por lo general. Mantengo la mente abierta siempre y mis consideraciones habituales no son inamovibles frente a una película que lo amerite, que se lo gane. Éste mediometraje del argentino Alejandro Fadel dicen que es una propuesta de las que hay que dejarse llevar sin entenderla, que es sensorial y no para verla racionalmente y así no es como suelo apreciar el cine, para mi un filme debe entenderse siempre, algo al menos, los filmes están para sentirse pero entendiéndolos, procesándolos, están hechos para analizarse y desde ahí sentir emociones y fascinaciones. Éste filme es un spin-off de Muere monstruo muere (2018), un apéndice. Como dice el título del mediometraje parece la conclusión o explicación hecha filme de la parte oscura -enigmática- de Muere monstruo muere. Pero nuevamente el filme se queda por una parte en el misterio, es como una repetición de esa obra. Hay algunos diálogos sobre la libertad, el concepto, el entendimiento y lo abstracto, los diálogos son más abiertos que antes. No veo que el filme tenga mucho de una comedia, como sarcásticamente ha dicho Fadel que tiene el mediometraje. La música que acompaña se hace notar de manera bastante efectiva. Los sonidos acústicos, ambientales, aportan su buen toque de suspenso, terror, fermenta expectativa. El toque sonoro hace potente vivir éste sci-fi, mientras las imágenes se detienen, recorren, la cordillera nevada, el poderoso paraje de hielo. Éste mediometraje es de bajo presupuesto, por ello es muy importante el sonido. Los tres motociclistas protagonistas deambulan por la nieve aportando sencillez visual, al mismo tiempo juegan al sci-fi como si fueran extraterrestres, es una licencia austera de la imaginación para entrar en lo lúdico de la propuesta. En el filme se halla un cadáver mutilado bañado en sangre sobre la blanca nevada. Si conjugamos libertad, sangre y aliens puede verse como el estudio exógeno de nuestro comportamiento irracional y violento. También podría ser la influencia de estos aliens sobre nuestra violencia e irracionalidad. En los diálogos no obstante aunque no es una comedia se percibe algo de ironía, uno de los personajes que habla -se comunican mediante subtítulos- se siente fastidiado con la intelectualidad del compañero, cuando la abstracción llega a la teología el fastidio es una pequeña explosión de humor, como quien dice no me fastidies con tu película, con tus complicaciones constantes. Pero siempre es interesante que haya originalidad y novedad -lo clásico, claro, es lo clásico, lo mejor de lo mejor-, y ante todo autenticidad, que el filme tenga algún tipo de coherencia, que haya seriedad y profundidad -salvo sea realmente de humor, y para ello también hay que tener talento especial, el humor no es para todos tampoco-, que el filme pretenda ser bueno de verdad, que no sea efectista, impostor ni forzado. Ésta obra se mantiene fiel a las complicaciones, el mensaje es ese, mantenerse fiel a uno, a nuestra filosofía, a nuestro lenguaje, a nuestra literatura, a nuestra visualidad, como morir en la nieve, morir siendo de otro planeta, que también puede leerse como algo pesimista con las acciones de la humanidad, como con su corrupción. La cordillera, la nieve que lo envuelve todo imponente, como que te hipnotiza, sumada la música de acompañamiento, crea un ambiente, la naturaleza por encima de todo, esto es lo sensorial, el sentir de lo extraño, pero resulta un poco redundante. No obstante se percibe una aclimatación completa, plena, virtud de lo elemental para hacer cine. Ver a estos astronautas motoristas pasear por el inclemente frío, por las condiciones más adversas tiene sus varias lecturas, es una exploración a lo oscuro, al corazón de las tinieblas, a nuestra brutalidad. A su vez hay una lectura ideológica, hacer películas, hacer arte, escribir de cine también puede ser arte, es una lucha, una resistencia, por ser uno mismo.

jueves, 8 de octubre de 2020

Los helechos

 

Los helechos (2019), de Antolín Prieto, es una película que por una parte no parece película peruana, mucho menos si la consideramos una comedia, es demasiado sutil para empezar -salvo la escena sexual a lo "cine europeo"- y nosotros no tenemos nada de sutiles con la comedia, solemos ser bien chabacanos en general o de trazo grueso, o solemos imitar el cine americano y poblar la comedia de peruanismos así, cosa que por una parte se extraña, por más raro que suene, aunque no la exageración, un poco solamente, ya que tiene un feeling especial hallar peruanismos en la comedia nacional y (algunos) lugares comunes de ser peruano, aunque a veces se tiende a exagerar el lugar común, sobre todo nuestro criollismo, que puede dejarnos mal parados. Como digo, un poco no más se extraña, porque la comedia sutil de Antolín tiene varias virtudes y ventajas de ser como es, como tener más nivel que de costumbre, tiene un toque más universal y cosmopolita -más un cierto toque indie extranjero, sin perder su cualidad de cine amable-, hay argentinos y españoles en su reparto, pero en lugar de anclarse a las diferencias se preocupa más bien de su temática, de sus relaciones de pareja, va al meollo del asunto, a su trama, y éste es un gran acierto. Los helechos es una película que se ve natural, pero también elegante, sin ser pedante o impostada. Las parejas protagonistas se ubican en Azpitia, el campo, pero cerca de Lima. El filme utiliza un trato educado, pero que no se ve del todo extraño, aun cuando nuestro comportamiento suele ser más chacra en público. No obstante se nos reconoce en el trato aun así, no es que se anule la identificación nacional, hay su parte, como hay varios lugares para reflejarnos, como lugares turísticos y en especial por el pisco, nuestro trago de bandera. Pero ciertamente es un aire más refinado el que se vive, aunque tampoco es que sea la highlight, hay peleas y algunos comentarios "ordinarios", en casa de estos anfitriones hippies y en el Perú hay también una cierta corriente hippie si se quiere. Vemos a tres parejas compartir vacaciones en el campo, Azpitia luce muy bien, está muy bien tratada turísticamente, notablemente. El filme de Antolín usa la técnica de la impro, algo puede verse que hay, pero se nota que hay un guion y una estructura también, y bien así, la naturalidad es necesaria, vital si se quiere, pero toda película requiere de mucho más que espontaneidad o de únicamente la sensación de naturalidad. Pudo haberse notado en la fluidez del habla y haber tenido huecos en los nexos biográficos o en común. La impro se siente por algunos cortes, los diálogos en varias partes no son extensos y se nota que daban para seguir o como que se percibe un cierto vacío -algo leve-. Pero en conjunto la impro no es algo que se perciba demasiado ni se vea para nada mal, otro acierto; la película pudo terminar siendo bastante mala si la impro fuera muy dominante, cosa que en realidad no se percibe así. El filme de Antolín es entretenido, están bien cimentadas éstas vacaciones, curiosamente -porque el sentido parece otro- sobresale la amistad más que la relación de pareja, hay una buena interrelación en general, las vacaciones se ven interesantes y divertidas. 

miércoles, 7 de octubre de 2020

My Mexican Bretzel

 


El found footage pareciera fuera algo donde no parecen haber muchas posibilidades, algo limitado, si seguimos el manual, o algo banal y vacuo en gran parte del cine de terror, pero en la práctica se hacen películas notables, es una fuente de originalidad, aunque no abundan tampoco las películas sublimes, pero hay sus trabajos bastante buenos, como el presente, de la española Nuria Giménez. Es una película donde mucho es falso, pero también tiene de verdad, y hasta de trascendencia. El filme abre con una frase que dice que muchas mentiras a veces muestran la verdad en realidad, así tal cual. Las mentiras muchas veces son necesarias, alivian o hacen la vida mejor en muchos sentidos, así de contradictorio es el mundo, así estamos diseñados, pero eso se aprende con el tiempo. El filme recoge material de archivo, videos caseros, hallados en Suiza, pertenecientes a los abuelos de la directora que ha revisado, escogido, resumido, para luego "inventar" la historia que veremos, sobre una pareja que lleva otros nombres, León y Vivian Barrett, que al tener poder adquisitivo los vemos viajando muchas veces y disfrutando de la vida, aunque también se habla del negocio del hombre, sobre un medicamento. En el filme leemos subtítulos, ahí yace la lectura del diario de Vivian quien es quien cuenta la historia que presenciamos. Como podemos apreciar es una mirada femenina la expuesta. Los vídeos caseros que vemos pertenecen a León, el marido, pero es Vivian quien los analiza o les da forma, y tras ella la artífice, la directora, a la vera del found footage y su creatividad. Hay una amalgama perfecta entre los diarios y las imágenes de archivo. León se la pasa posando, mientras su esposa denota estar un poco aburrida de él. León es un hombre realizado, feliz, pero su mujer yace medio disconforme con su realidad, aunque no lo dice directamente. Esto puede sorprender un poco, porque los Barrett se pudren en plata y se dedican a gozar de la vida, a viajar por el mundo. Pero así somos todos los seres humanos, nadie está conforme con nada nunca, a todos nos fastidia algo, en toda vida hay dolor y pena. La felicidad como se puede ver -aunque tendemos a pensar distinto- suelen ser menos momentos que otros. Todo llega a aburrir. León como que de tanta felicidad -sonrisas que vemos a diestra y siniestra- no le presta toda la atención que las mujeres suelen exigir. Vivian tiene un affaire, de aquí el título del filme, con un mexicano. Éste mexicano puede ser un invento de Nuria, o puede que en efecto sea alguna historia íntima familiar. El mexicano yace en fuera de campo, nunca lo veremos, se habla de él únicamente, Vivian habla de él. Más que de Los puentes de Madison (1995) éste mexicano es solo una aventurilla producto del aburrimiento que siente Vivian del marido egocéntrico, a razón de esa atención que falla. A Vivian se le percibe muy formal, algo contenida públicamente, pero cuando la vemos descalza por la playa con sus tacos en la mano podemos notar -fetichistas, eso sí- que ella puede ser una mujer provocadora y sensual sin pretender exageración. Esa mujer también filosofa a través de un gurú indio que es otro invento de Nuria, otra mentira que guarda mucha verdad y trascendencia. Nuria ha dicho que éste gurú nace de lo cotidiano más que de textos en específico, de todas formas es su cualidad de directora culta, e inteligente también, para pensar por sí misma, porque todos podemos llegar a la misma conclusión si pensamos. Como la manzana de Newton el mundo que nos rodea es una ventana al saber para todos, salvando diferencias intelectuales, desde luego.  

sábado, 3 de octubre de 2020

Special effects

 


Special Effects (1984), de Larry Cohen, es una película de bajo presupuesto bastante entretenida y atrapante. Tiene algo de Vértigo (1958), con una mujer por la que un hombre está obsesionado hasta el surgimiento de una doble de ella, aunque aquí se trata de su esposa que quiere ser actriz a toda costa. Cohen muestra su admiración de siempre por Alfred Hitchcock, pero se actualiza, es una película propia de su tiempo, se pone afín a un cine más sucio, el de los 80s, sin embargo se ve como una mixtura de audacias, entre lo clásico y lo moderno. El filme nos muestra a un director de cine fracasado y desesperado aunque acomodado en busca de hacer una película gloriosa, para ello habiendo cometido un crimen quiere materializarlo en la gran pantalla, cree que ahí está el material más potente. Andrea (Zoe Lund) es muy cruel con su esposo, Keefe (Brad Rijn), su crueldad la lleva a caer en el karma, cuando quiere trabajar con el director de cine Neville (Eric Bogosian), un psicópata. Neville se hace amigo de Keefe, y empieza una amistad secretamente perversa con él. Keefe muere de amor por su esposa a pesar de todo, y cuando conoce a Elaine (también Zoe Lund) no le importa más que volver a ver físicamente a su mujer en Elaine, que es idéntica, y aunque no es tan arpía como Andrea pronto queda seducida con ser actriz. El filme tiene a las mujeres por muy liberales, los hombres orbitan alrededor de ellas padeciendo su superficialidad. La maternidad es una carga para mujeres como Andrea, pero Keefe ha prometido a su hijo pequeño que le llevará a su mamá. El filme es muy campechano, sin llegar a lo burdo o vulgar. Hay sexo y erotismo, infaltable en el cine de los 80s, de imagen pedestre, aunque Cohen de por sí es algo chacra con lo sensual. En un momento un actor le soba un seno a Elaine y Keefe se vuelve loco. A ratos falta sutilidad, pero el filme funciona bien aun así. Los protagonistas se notan muy reales, y hay muy buena interacción entre ellos, sin necesidad que sean actores luminarias, pero lucen competentes tal cual, hasta agregan personalidad al producto. Keefe y Andrea como que vienen de abajo mientras Neville es un rico carismático, sin ínfulas. Bogosian sobresale en especial, hace de un buen psicópata. Keefe transmite literalmente tensión por su  mujer, pero no llega a ser insoportable, Rijn tiene un aspecto desgarbado, de muy relajado, que contrasta con su tensión, y hace una amalgama particular, aunque tiene de defectuosa. Éste filme no es muy complejo, pero tiene su gracia, sin duda, como que Neville es muy amigo de un jefe de policía con anhelos de trabajar en el cine, con lo que el crimen real siempre está a dos pasos del ficticio o cinematográfico, proponiendo suspenso y un planteo sobre la fuerte realidad o el impactante realismo del séptimo arte. 

martes, 29 de septiembre de 2020

The plastic house


The plastic house (2019), de Allison Chhorn, es un documental de cine experimental, es un tributo a los padres -recientemente muertos- de la directora que tenía 27 años durante el estreno de la película. El filme pone a Allison a cuidar de un enorme vivero familiar, vemos como vive en el mismo lugar, su casa es continua al vivero. El espacio es un territorio emocional, un territorio íntimo. El lugar donde vivieron y trabajaron los padres sirve para exponer cómo se siente la protagonista, Allison, australiana de rasgos orientales. Hay grietas en la casa donde el filme pone el lente, los pone en primer plano en repetidas ocasiones, son como heridas por curar, cicatrices, como la etapa que vive Allison actualmente, de quiebre, de dolor, de luto. Es una historia sobre el tiempo además. El filme muestra la soledad de la protagonista, como cuando escucha música en un rincón, como cuando espera por dormirse y los ojos los tiene pensativos, tristes, en el silencio y la inmovilidad, en esa pasividad que arde en el cuerpo y si no sana destruye. El vivero pasa por ciclos, como el ser humano o la humanidad, nacimiento, maduración y deceso. Hay momentos donde todo es árido, desértico, se ve como abandonado, destruido por el viento y la lluvia, contra lo que luchaba el padre de Allison para embellecer su vivero. En otros momentos la semilla pega, la vegetación crece, el lugar se ve verde y hermoso, frondoso, luminoso. El filme se llama la casa de plástico por el plástico que está en el techo sobre el vivero. Este plástico también se rompe, se agita y se destruye con el viento y la lluvia, también brilla el sol a través de éste y protege el lugar. El lugar simboliza, yace como un elemento vivo, que late, como parece suceder con las grietas de la pared por donde la cámara recorre. A ratos se oye una banda sonora como salida de una película de David Lynch, hay algo surreal en todo esto. Pero el filme en buena parte luce muy natural, como cuando Allison duerme en el carro y se levanta con la pala para cubrir el pasado, y mirar hacia el futuro, hacia tender la semilla y volver al ciclo de la vida, del vivero en esplendor. Allison no muestra mucho su rostro, el pelo le suele tapar la cara, se le ve ponerse la ropa de espaldas. Ella yace como escondida en este lugar que lo abarca todo, que la dibuja de cuerpo entero, que habla por ella, que muestra sus sentimientos más poderosos y personales, también desde lo muy claro, seguir con la labor de los padres, seguir con el lugar que ellos amaban y compartieron con ella, es una muestra de amor y continuidad, el lugar es eso también, un  templo, donde padres e hijos compartieron afectos y experiencias. El vivero es un lugar donde las voces de los padres siguen oyéndose, incluso literalmente, con las grabaciones familiares que va mostrando Allison con una cámara de mano. 

sábado, 26 de septiembre de 2020

The fantastic


The fantastic (2020), mediometraje de la finlandesa Maija Blafield, pone a entrevistar anónimamente a unos norcoreanos en relación a la vida dictatorial en su país frente a poder ver películas foráneas, películas prohibidas en el territorio. Estos entrevistados dan su opinión íntima y personal sobre un cine que les parece extraño, novedoso, sobrenatural, analizándolo de cara a su realidad limitada, manipulada. El filme trata de conocer cómo en su país entienden ésta gente éstas películas de fantasía, de sci fi como Matrix, de acción como Rambo o películas románticas entre otras. Es un estudio sobre la mente y la percepción también, rozando la predisposición. Pero las respuestas son inocentes, sanas, son de sorpresa eso sí, pero lo ven con naturalidad, como cosas nuevas, pero comprensibles finalmente. No obstante se nota una cierta tendenciosidad del filme para que hablen algo contrario/negativo a su origen o den respuestas de mayor interés. Se entiende que Corea del Norte es un país con restricciones de libertad, derechos e igualdad, de nuestra normalidad, como la que existe en occidente, hay una cierta dictadura ahí. En Corea del Norte hay solamente 1% de gente con la facilidad de conocer lo foráneo, el resto como dicen los entrevistados yacen en la monotonía, tanto como en la limitación y en la abulia, pero los entrevistados ven en realidad de manera sencilla -aunque adictiva- ésta temática de los filmes extranjeros, salvo con cierta sorpresa y novedad ficcional. No creen que esto sea real, aunque hay algunas dudas, pero se entiende una tendenciosidad, querer buscar ciertas respuestas, más polémicas e irracionales, para que calcen con la tesis del filme, que no está mal tampoco porque uno está acondicionado por su realidad en cierta manera. Sin embargo la gente entrevistada se ve que es culta y sabe usar bien la abstracción a pesar de la novedad y la sorpresa. No obstante, como vemos, han respetado finalmente poner las respuestas honestas y sencillas. Después el filme busca adornar la propuesta con extrañeza, la misma que quiere crear un empaque, hacer un documental de autor. Pero se notan las costuras con esos efectos especiales tan efectistas, propio sobre todo del adorno sin más. Además hay imágenes de la frontera China-Corea del Norte y la zona libre entre las Coreas, cotidianidad, y esto se ve menos extraordinario, pero pega mucho mejor, mejor que esos efectos especiales y un carácter medio experimental. Es un filme no logrado del todo, pero que luce medio interesante aun así. Hubiera sido mejor el documental si habían más entrevistados y se enfocaban en su opinión igual de sencilla de lo nuevo que hallaban frente a ellos, proponiendo hacer un filme con el espíritu y magia natural de Eduardo Coutinho, en lugar de pretender sin conseguirlo un filme extraño. La diafanidad muchas veces vale más que lo raro.

el tiempo y el silencio

 


El tiempo y el silencio (2020), ópera prima del peruano Alonso Izaguirre, pertenece al cine indie nacional. Ésta película técnicamente mejora mucho el séptimo arte precedente del cine indie peruano, incluso lo que se veía había progresado, con Expectante (2018), y a esto le suma una historia más nutrida. La película solamente guarda aun cierto atraso y precariedad con el cambio y el movimiento de filmar, falta dinamismo y mayor variedad de mezcla de tomas, siguen estos filmes usando tomas fijas en demasía y algunos travellings como variedad principal. Puede que esto les haya dado una cierta personalidad de cine de guerrilla o al margen de lo comercial y no es que se vea mal, aquí esto mejora bastante, pero podría tener mucho mejores tomas, mejor ritmo y provocar mayor naturalidad visual, que no se note que hay una cámara detrás en exceso y que uno se pueda perder en la imaginación de lo que vemos. Al margen de esto la historia es interesante, hay una narrativa con nombre propio en cierta medida, también el cine ha recorrido mucho. La narrativa es propia del cine arte minoritario, pero ya con algo bastante sólido a cuestas en el cine indie nacional, con un deseo de hacer una historia por la puerta grande, con todos los grandes atributos, aunque en su tipo, outsider, en cuanto a formas narrativas. El filme nos presenta dos protagonistas por separado, a un profesor de literatura dando un taller sobre El primer libro, Por el camino de Swann, de En busca del tiempo perdido de Marcel Proust, y a una proyeccionista de cineclub, interpretados por Manuel Siles y Diana Collazos. Luego ellos llegaran a un punto de encuentro, tras sus personales periplos. Antes él filosofará con el arte, sufrirá no poder tener toda la atención y el éxito en su pasión y entrega por la literatura. Él hará de un hombre intelectual, en una imagen conseguida. Lo veremos durmiendo fastidiado y algo melancólico por la falta de pasión en su taller. Ella será más pedestre, mucho más light, con ella trataremos la soledad. Incluso estando la chica acompañada se le siente así y luego será rotundo oficialmente. La vemos de esa manera en una piscina, oyendo una canción o en su cineclub. En éste último asoma algo sensual -cuando ella se sienta al lado de alguien-, más de bajas y sucias pasiones, propio del cine que proyecta porno que de un cineclub de cine arte, pero como es un filme muy delicado, muy cuidado, arty e intelectual, se le percibe muy sutil, para pegar el salto hacia algo más común, más inocente, como cosa de un escape tras hacer una pequeña audacia. La filmación de la pareja comiendo papas fritas en el auto y despidiéndose tiene una estética de cine indie nacional muy logrado, austero, pero muy bien hecho. El momento en que la vemos en la motito es muy bello, algo tan sencillo como filmarla en las calles coge un vuelo estético de gloria. Antes aunque sea notorio la vemos metida en la tristeza existencial aunque coyuntural solamente, no llega al ámbito de la depresión. Hay su buen manejo del libro de Proust, buen anexo el de un tren mencionado en la literatura del galo, aunque el taller no tiene buen aspecto visual, sobre todo cuando hay una intelectualidad lograda si se quiere. Puede ser porque no es la clase alta la retratada, sino una trabajadora pero académica. Hay una nostalgia por el estudio, por el arte, por el cine de antaño, por lo mental, tal cual Proust. Es un filme que es un paso hacia adelante en el cine indie, otro más, sin perder esa esencia de autoría outsider, del que tiene y quiere decir y hacer algo personal, algo trascendental, pero al estilo peruano, sin tantas ínfulas, pero celebrando el intelecto, la pasión por el cine y la literatura, más allá de lo superficial, del mero entretenimiento, con mayor exigencia y lejanía de la empatía primaria. Eso sí, es un título sugerente, pero no han llenado el tanque de gasolina, quizá por algunas convenciones, que todos los cines las tienen de cierta manera, aunque éste se ha sentido muy fresco, muy natural en su estilo.

martes, 22 de septiembre de 2020

Cuties

 

Ésta película no la hubiera visto así no más, fue la polémica lo que me llamó la atención para verla, la curiosidad de ver si era una película reprobable/censurable -como ha habido un clamor popular- o había una mala percepción general de ella y una mala promoción de Netflix. Aunque no es una gran película, no es tampoco mala, está decentemente hecha, tiene materia. Cuties (2020) no es mi tipo de película, pero no desprecio ninguna propuesta cinematográfica que se distinga. Maimona Doucouré ha hecho una película que se siente muy personal, que habla de lo que le identifica bastante, como francesa de origen senegalés, esto también es una virtud. Su filme retrata un conflicto serio -tampoco tan común, ver esto desde el niño-, el de una niña de 11 años llamada Amy (Fathia Youssouf), el de su trance de crecimiento emocional, observando en la propuesta cómo atraviesa un lado oscuro precoz, si se quiere, para poder madurar, para poder estar en paz consigo misma. El filme tiene un tono realista -atrevido- y eso es lo que tanto molesta -y distingue al producto-, la sexualización de niñas de 11 años, que tienen muy presente el sexo, aunque con una mezcla de inocencia y pose más que todo, las del grupo por no querer ser vistas como niñas. Pero cada acto precoz tiene sentido, hay justificación como propuesta. Tiene todo el estilo del cine europeo, falta más sutilidad quizá, pero así suele ser el cine europeo. También es un retrato franco y contundente, para bien y para mal. No obstante el filme ganó un premio en el festival de Sundance 2020, el de mejor dirección. Un niño debe vivir su edad, no debe quemar etapas, no debe pensar en asuntos que no le competen -salvo como prevención- ni le hacen bien tan temprano, pero el filme como conclusión piensa eso, cuando Amy queda como curada de su crisis emocional, de sus demonios, aun tan niña. El agrandamiento, la sexualización, es producto de carencias y conflictos. Tiene que ver mucho el nuevo casamiento del padre de Amy, la poligamia, la tradición senegalesa que choca con el amor, la felicidad y la unidad del núcleo de Amy, su madre y hermano -el pequeño es sumamente gracioso-, más que de Francia chocando con la tradición del hogar de la niña protagonista, pero que también tiene su influencia, desde luego, hay una parte de choque en la concepción de familia entre Europa y Senegal, celebrando la concepción familiar de occidente. No obstante Francia se presenta como de una cuota de mala influencia con las niñas agrandadas, que tampoco solo se remiten a Francia, es algo que está en muchas partes, también en USA. Pero tampoco son todas las niñas así, es porque Amy está predispuesta a ese grupo de niñas sexualizadas. El caso es algo más íntimo que por estar en Francia, pero algo hay, es la tentación de lo llamativo, frente a un lugar que te duele, que te pone a ver sufrir a tu madre. Todo lugar tiene algo bueno y malo, nos parecen decir salomónicamente, como quien se identifica con el cosmopolitismo. En la trama esas niñas que hacen twerking y son tan modernas son un escape mental, una fantasía que se cierne sobre la realidad. Pero es algo que Amy debe superar, y llega ese momento de botarlo todo intempestivamente, como un torrente, surge la pausa en medio del ajetreo, en medio de la intensidad, y se ve, finalmente se ve, y surge el llanto desesperado, aunque parezca disonante a la vera de la falsa felicidad y el vacío de la rebeldía.