jueves, 19 de julio de 2018

Sal


Segundo largometraje del director colombiano William Vega que se contextualiza en el desierto de La Tatacoa donde hay salinas. Es un filme misterioso con un personaje que busca a su padre. Éste personaje se ha accidentado en moto y se recupera con el cuidado de una pareja de mediana edad. La película tiene una parte poética e histórica leída a colación del árido territorio por una chica de ascendencia china que repite varias veces estar soñando, y aunque vemos al protagonista interactuar en un momento con dicha chica y hablar de su viaje al desierto puede ser toda su vicisitud éste sueño femenino. Ésta parte es la menos conseguida en todo sentido. 

La búsqueda del padre es metafórica al igual que el desierto. Puede ser un Purgatorio, un limbo o un lugar de muertos. También puede ser reflejo del conflicto armado colombiano, aunque se oye hablar de entes violentos más fantásticos. El filme tiene una atmósfera apocalíptica y el protagonista habla de estar atrapado en éste lugar. El filme a su vez tiene una estética de espacio rústico muy atractiva -lo mejor de la propuesta-, como su anterior obra, La Sirga (2012).

La recuperación del protagonista y el arreglo de su moto tienen bastante espacio narrativo. El filme se siente muy libre, como que no le importa contar una historia, pero tiene mucha visualidad. Vemos como la mujer lo cura -el antebrazo rociado de sal es una bella imagen-, como el marido le ayuda con la moto y hay un tercer hombre que es un negociante y remite a la desesperación. El protagonista dice ser poeta, pero es muy pedestre y humilde también. El padre puede ser muchas cosas, incluso el hombre que le ayuda con la moto llega a autodenominarse así. Entonces el desierto puede representar en una interpretación el hogar familiar. El desierto tiene un claro sentido surreal con el centro de la recuperación de un gran golpe. Es un filme de datos mínimos y ahí está el juego. No es un filme de certezas.

martes, 17 de julio de 2018

The Naked Spur


Un ranchero, Howard Kemp (James Stewart), pierde su rancho cuando su novia lo vende y se va con otro, pero él se ha dispuesto a recuperarlo. El dinero lo pretende por la recompensa de un criminal, Ben Vandergroat (Robert Ryan), que ha asesinado a un sheriff. Por las montañas rocallosas, en el sur del estado de Colorado, Kemp persigue a Vandergroat.

Finalmente lo atrapa, junto a una muchacha inocente, Lina (Janet Leigh), habiéndosele unido 2 tipos con quien debe compartir la recompensa. Estos son un buscador de oro con muy mala suerte, Jesse Tate (Millard Mitchell), y un militar del ejército del norte, Roy Anderson (Ralph Meeker). El filme se moverá con tan sólo estos 5 personajes –en estado de gracia- y el ataque de los indios. Darán mucho drama del bueno, en pleno camino de las montañas. Anthony Mann dirige éste western, otra de sus genialidades en el género.

Por poco tiempo se mantiene la ambigüedad del tipo de prisionero que es, pronto se revela como una persona despreciable, siempre con la sonrisa de burla en la cara y la trama de algún acto de violencia o alguna confabulación para poder escapar. Es como el demonio tentador, generador de criminales, de gente sin moral, de brutalidad.

Lina es algo más ambigua, uno no entiende del todo la razón de que ayude a Vandergroat, cuando parece buena persona, aunque se aduce un padre amigo de él y muy parecido y el sueño de ir a California, además de su juventud. Pero sobre todo es la audacia que tienen los western de Mann que brindan matices a sus personajes, como con el oficial del norte que tiene un lado violento también y hasta criminal, o que al buscador de oro lo arrastra la ambición hasta la traición. Ambos generan aventuras, riesgos y sus propias grandes escenas. Una con el ataque de los indios que vienen por el oficial y otro con un escape.

Es un filme lleno de momentos muy potentes, cargados de la lucha contra la propia humanidad. En varios instantes Kemp que luce como un tipo noble aunque aplastado por su pasado se le hace perder la paciencia hasta llegar a retar a duelo a Vandergroat. El criminal es pícaro y muy inteligente, más que ducho con el arma. Es un western propio de la interacción humana que de balazos, pero muy rico en aventuras. Todo el viaje por las montañas depara mil grandiosos descubrimientos, con personajes valiosos en sí aunque expuestos con sencillez.  

Tiene un final muy poderoso, lleno de adrenalina, donde nuevamente sale a la luz la ambición, la brutalidad, la moral de los hombres. En el fondo de lo que trata el filme es de ser un hombre correcto, muy a pesar de las frustraciones, carencias y tentaciones del mundo. El motor de la propuesta es que Vandergroat quiere escaparse a como dé lugar, tan simple como ello, mientras los demás anhelan una mejor vida, pero que se mezcla con el querer dinero, que tiene de enceguecedor con lo ético. Al final lo que necesita Kemp no es una tierra o una recompensa económica sino la restitución de su afecto y fe hacia el mundo.

The Man from Laramie


Éste es otro western maravilloso de Anthony Mann que tiene mil giros y sorpresas, es todo lo impredecible e intenso que uno pueda pensar. Un hombre que dice no ser un pistolero, Will Lockhart (James Stewart), pero sí un hombre de carácter, va a un pueblo llamado Coronado en busca del culpable de la muerte de su hermano, muerto en una masacre por los violentos y combativos apaches, producto de que alguien les ha vendido rifles.

Ésta masacre de un regimiento militar es sólo el punto de partida de una película que contiene muchos hilos emocionales, centrados en la familia más poderosa del territorio, con el patriarca Alec Waggoman (Donald Crisp), dueño de casi todo, un tipo ejemplar, aunque hecho con la fuerza de su carácter, que lo mantiene aún en la edad, en el que es un gran personaje.

Alec Waggoman provoca una escena en que enfrenta con las armas a Lockhart sólo, aun viejo y casi ciego. Lockhart por su parte también esta disminuido físicamente, herido de una mano, y así agarra la escopeta. Lockhart es un tipo muy bravo y muy justo, quien no necesita ser pistolero, pero es un héroe en toda grandeza, sencillo, pero clásico.

El filme tiene varios enemigos, alguno impensado, creando una competencia por el poder y la herencia que no tiene nada de típica, entre el agresivo Dave Waggoman (Alex Nicol), que parece el más corrupto, pero es su deseo de estar a la altura del legado de su padre, y Vic Hansbro (Arthur Kennedy), un tipo que luce correcto, encargado del imperio de Waggoman, pero termina como todo un descubrimiento.

En el filme Lockhart no quiere irse, a pesar de que su vida pende de un hilo. También siente atracción por la sobrina de Alec, Barbara Waggoman (Cathy O'Donnell), comprometida con Vic, a quien Lockhart al oírle decir que no es tan bella le dice que a él le parece deliciosa. Más tarde ella brindará otra hermosa escena romántica clásica donde confiesa su confusión amorosa.

Anthony Mann en un principio pareciera que hablara de ir contra el monopolio del territorio, pero luego lo resuelve de manera muy sencilla, prácticamente se olvida del tema. El único apoyo de Lockhart es una dama solterona ya mayor, Kate Canaday (Aline MacMahon), éste personaje tiene la frase audaz y precisa en la punta de la lengua. Mann hace ver el enfrentamiento de Lockhart como el de un sólo hombre contra muchos, contra lo que parece imposible de salir victorioso, como la llegada de los apaches por las armas, pero todo lo resuelve con gran inteligencia y coherencia.

El filme se ampara mucho en la inestabilidad familiar de los Waggoman, producto del carácter explosivo, cruel, engreído e inmaduro de Dave, que empieza como un enemigo total, y luego se diluye en medio de accidentes y homicidios no premeditados. El enemigo se vuelve menos predecible, aunque Dave y Lockhart entregan escenas gloriosas, como cuando Dave hace su entrada y hace que arrastren del caballo sobre una fogata a Lockhart. Luego también cuando Lockhart busca la revancha en una toma hermosa saliendo furioso y decidido a su encuentro.

Hay peleas a puño limpio y duelos con final novedoso, muy bien dramatizados, sin recurrir a la exageración de las habilidades, es realista y con su propia expectativa, pero jugando al héroe solitario y valiente hasta lo suicida. La acción tiene un toque menos brutal, pero muy impredecible y emocionante, recurriendo mucho a las relaciones humanas y a su complejidad. Dave tampoco es un pistolero, pero tiene en sí la furia y violencia del peor rival de la tierra.

domingo, 15 de julio de 2018

Winchester '73


Anthony Mann dirige éste western con James Stewart, un pistolero que quiere vengar la muerte de su padre, en manos de su hermano, que se hace llamar Dutch Henry Brown (Stephen McNally). Aparte de ésta curiosidad de criminalidad entre parientes es notable el trayecto que recorre un rifle winchester, plagado de aventuras y mucha acción, en un western muy entretenido, de los mejores que hay.

El filme es todo lo clásico que puede ser pero también muy emocionante en sus combates, que incluye el ataque de los indios que también llegan a tener en sus manos el famoso winchester. Cada pedazo del filme es perfecto, tiene mucha bravura y naturalidad, como con el apostador y vendedor de armas que enfrenta a la banda de Dutch. La cobardía está presente como tema en un personaje, en Steve Miller (Charles Drake), y provoca otras grandes escenas, como una persecución de los indios contra una carreta con una toma hermosa general con el vehículo al frente seguido por los caballos enemigos y el paisaje en toda panorámica.

Hay un matón y bandolero importante aparte de Dutch, el pícaro Waco Johnny Dean (Dan Duryea) que enfrenta a la ley, a Dutch y a Lin McAdam (James Stewart). El filme está lleno de personajes notables, como la rubia Lola Manners (Shelley Winters), mujer valiente, pero también presta a la feminidad, aunque se le achaca ser una cabaretera, no obstante luciendo muy elegante y formal, pero se entiende al cambiar simplemente de compañía. Inclusive hay secundarios de oro como el mejor amigo de Lin, High Spade (Millard Mitchell), el sargento amable Wilkes (Jay C. Flippen) y hasta vemos a un tranquilo y viejo Wyatt Earp (Will Geer).

El filme tiene potentes escenas de acción, vemos de todo y en poco tiempo, hay grandes cambios y recorridos del winchester, todo enhebrado a la perfección, hay tremenda maestría para dar coherencia y visibilidad a cada aventura del arma admirada. Es un western emocionante de principio a fin, desde que Lin compite con Dutch por el winchester en el pueblo de Wyatt Earp hasta el duelo final tras las montañas. También sobresale el robo de una diligencia con un enfrentamiento de los más geniales del cine, todo dentro del uso privilegiado del tiempo, en su economía, claridad y precisión. Mientras Anthony Mann se dedica a entusiasmarnos con la intensidad de mil aventuras su western remite a la amistad, la lealtad, el respeto familiar, la libertad femenina y el llamado del deber, ver por otros.

El día de la ira (I giorni dell'ira)


Spaghetti western perteneciente a Tonino Valerii, con Lee Van Cleef como un pistolero sin ley, llamado Frank Talby, que ve por sí mismo únicamente. Lo mejor del filme, donde yace su originalidad, es el paso de tipo noble a tipo despreciable de Talby. Se debe mucho a un código de vida que tiene y que se lo enseña a su pupilo, Scott Mary (Giuliano Gemma).

Scott es un tipo huérfano de padre e hijo de una prostituta que por esto es maltratado por todos en el pueblo, es despreciado además por ser un tipo que se encarga de la limpieza. Ésta parte está muy subrayada y no es lo mejor del filme, pero queda clara la condición del protagonista que ve en Talby un ídolo, un maestro. Scott no aprende a disparar por Talby, sino por el humilde Murph (Walter Rilla) que fue sheriff, pero Talby le da el carácter suficiente para convertirse en un pistolero respetado como él.

Ésta propuesta tiene una primera parte muy dramática, bastante telenovelera, donde se repite el maltrato de casi todos los pobladores a Scott, que incluso los padres de las hijas deseadas lo menosprecian, lo llaman bastardo. Esto no obstante puede verse también algo ingenioso, porque el rechazo es gigantesco a algo no tan serio aunque propio de los tiempos más clásicos, donde la pertenencia al hogar era muy importante.

Le caen a golpes siempre y éste aguanta sin responder. Scott debe ser el tipo más golpeado y humillado en la historia del spaghetti western. Luego llega Talby, le invita su primer whisky y mata a un tipo que quiere humillar a Scott. A razón de esto Scott lo sigue fielmente y Talby le indica su código de vida, le da sus lecciones, que en el último duelo Scott ducho las pondrá todas en práctica, hasta las más salvajes, propias del western.

En su segunda parte el filme mejora notablemente, Talby va en busca de dinero y se hace cargo de mucha gente, tanto de pistoleros como de empresarios corruptos, banqueros, dueños de bares, jueces y sheriffs. En esta parte hay muy buena acción, más viaje e imponente paisaje, hasta un toque de cine sucio, barato, que no desestimo, como aquella golpiza del cowboy deudor en un bar. En sí el filme tiene varias escenas austeras pero efectivas.

La tercera parte es la mejor con un Talby poderoso y temido por medio mundo, habiendo tenido varias escenas gloriosas, como aquella en que Scott lo ayuda y se vuelve un pistolero. También es estupenda la escena del duelo de Talby con un asesino a sueldo montados a caballo y con escopetas. Muchos quieren deshacerse de él y hay un escenario de lograda ambigüedad, ya no se sabe bien quienes son los malos y los buenos, todos tienen algo reprochable. Surgen varias muertes y las escenas se llenan de más elementos, de abundancia.

El filme toma un rumbo impredecible, aunque el protagonista es Scott, al que se le quiere poner la mítica de Doc Holliday. Es notable la explicación sobre el uso de las pistolas para tomar ventaja en duelos. Es un Spaghetti western interesante, lleno de muchos momentos, giros, mucha trama que no opta por lo sencillo y una argumentación sobre la violencia y lo bruto en el oeste. Finalmente Scott se pega a lo simple, pero con el respeto de su lado. 

sábado, 14 de julio de 2018

El cuarto hombre (De vierde man)


Ésta película se puede leer como otra versión de Bajos instintos (1992), pero aquí el holandés Paul Verhoeven filma en su país y lo hace al estilo europeo, o sea con mucha extravagancia y mayor trasgresión, mostrando mucho sexo, como la parte frontal de su protagonista, el escritor Gerard Reve (Jeroen Krabbé), que es bisexual. Lo vemos provocando erotismo homosexual, aunque queda atrapado en la tela de araña de una mujer, que como abre el filme se come a tres moscas, tres reses sangrientas, mata a tres maridos y va en pos del cuarto.

El filme también es profano con el catolicismo, la religión está por todas partes en montón de símbolos, manipulaciones y visiones, especialmente de la Virgen María que hasta es vuelta a humanizar, e incluso Jesús es combinado con un deseo homosexual. También el filme tiene mucha violencia, gore, como la muerte de los elegidos por Christine Halsslag (Renée Soutendijk), o ver cómo le cortan los genitales a alguien con unas tijeras, bajo la mención de Sansón y Dalila, y la labor de peluquera de una especie de bruja o caso de locura que maneja bastante el filme, como desdoblar esas premoniciones de sangre que persiguen a Gerard.

El filme tiene una narrativa algo atípica, llena de sorpresas, cosas que pasan y son sólo pensamientos, miedos, enojos, proyecciones. Gerard pretende matar a su amante en el inicio del filme ahorcándolo con un sostén, cuando muestra que es alcohólico, razón para pensar en su desequilibrio. El filme muestra muy sencillamente las muertes de los maridos en medio de la aventura –paracaidismo, safari, paseo en lancha-, filmados en vídeo casero y guardadas las cenizas como los trofeos de una cazadora de hombres, un ente muy sexual, pero no se les justifica del todo, que hasta hace pensar en algo sobrenatural –tras accidentes-, cosa que tampoco argumenta, prefiere el juego, el entretenimiento y la libertad, rehúye un poco la confirmación, a lo convencional, plasmando una dosis de misterio de lo más simple.

En el filme Gerard tiene una fuerte inclinación gay, éste ve a Christine como un hombre, a pesar de su gran sensualidad, de esto que le tape los senos con las manos. Se enamora a la vez de un amante de ella que ve antes en un metro y más tarde tiene una escena erótica con él. A Christine la observamos pasiva, aunque esconde a un ser perverso. Al final vemos lo que en realidad es, pero el filme se mueve mucho por el thriller psicológico, por la mente del protagonista. Gerard es un conferencista que como escritor cree en el poder de la imaginación por sobre la realidad y eso presenciamos al fin y al cabo, sumergido en una cierta paranoia donde el ojo de una puerta sangra y nos aterroriza la fachada de un hotel.

Quién sabe? (a bullet for the General)


Spaghetti Western dirigido por Damiano Damiani que exuda bastante inteligencia, en su argumentación social, en su narrativa, muy bien estructurada, que a la vez es muy entretenida. Tenemos a un americano apodado El Niño (Lou Castel), siempre de sastre a lo gángster, que se une a la revolución mexicana, se hace compañero de un líder llamado El Chuncho (Gian Maria Volonte), un tipo rustico y muy llano, pero autentico y honesto. Con él está un sacerdote revolucionario, interpretado por Klaus Kinski haciendo una vez más de loco. Kinski aparece poco. El protagonismo se lo reparte Castel y Gian Maria Volonte.

Es un filme notable, que prefiere ser realista que mítico. En un inicio vemos tal cual la revolución, que tiene que matar gente opuesta a ellos, que no son muy distintos. En el tren se teje un plan secreto aunque se ve de lejos, con un Niño muy audaz, muy calculador, un tipo que persigue como él mismo anuncia el dinero. Después con el Chuncho pasan a tener enfrentamientos con el gobierno mientras buscan conseguir armas.

Vemos en toda claridad como el pueblo le exige justicia a los guerrilleros, quieren la tierra de un rico terrateniente y su ajusticiamiento, todo está muy directo y trabajado a fondo que no se busca ninguna poesía en el asunto y queda una recreación muy sólida pero que por ello a muchos menos ha de gustar. Se ve que el terrateniente no es una mala persona, su familia sufre su sentencia, aunque la gente del pueblo  lo tiene por indiferente con su entorno y lo ven como el eje del sostenimiento de la pobreza de los demás.

El filme tiene éste tipo de argumentación social, el filme defiende el socialismo, que en oposición tiene al gringo, al Niño, un capitalista absoluto, un amante del dinero. La propuesta plantea el idealismo de la revolución de la mano de un tipo muy común y hasta salvaje en el Chuncho, excelentemente interpretado por Gian Maria Volonte, que como hombre de acción igualmente da la talla, como el filme, que muestra mucha adrenalina e intensidad. En ese sentido Kinski sobresale, lanzando granadas y rezos, aunque se limita a esto.

El Chuncho es muy violento, pero también aunque de tipo bruto carismático, es un simple obrero de la revolución, aunque líder de un grupo bajo el mando del General Elías. El Chuncho se hace muy amigo del gringo y en esto salta su lugar en el mundo. El filme sólo al final se permite una cierta poética, aunque fiel a su argumentación. Sobresale también la participación de Martine Beswick como Adelita, una revolucionaria con cerebro y bella además.

El Niño es el tipo más audaz del filme, el pistolero más dotado, el más frío y solitario, aunque el protagonismo a fin de cuentas le pertenece al Chuncho, curioso porque es el tipo más ordinario de todos. En esto está pensar en que cualquiera puede ser héroe, incluso alguien por una parte cruel –capaz de matar a un compañero o querer acostarse con la mujer de un ajusticiado-, como en un inicio se ve en los revolucionarios con el trato a los que van en el tren, que no están caricaturizados en nada, ni los militares, que temen por sus vidas, dudan qué hacer.

Pero al mismo tiempo hay muchas escenas para hacer simpático al Chuncho, como esa en que agotado tira piedras a la mujer robusta insaciable sexualmente o cuando salta hacia detrás de un muro para evitar morir ante los disparos torpes de los nuevos reclutas, guerrilleros a lo cine de Pasolini, muy humildes, poco agraciados, algo cómicos.

Mi nombre es ninguno (Il mio nome è Nessuno)


Éste Spaghetti Western lleva bastante comedia, especialmente con Terence Hill. Es una película un poco freak en cuanto a que Terence Hill interpreta a Nessuno (Ninguno o nadie), un joven que de niño vio a un pistolero, Jack Beauregard (Henry Fonda), matar en la barbería de su padre a tres matones que iban en su busca y quedó fascinado con él. Ésta admiración la lleva al extremo, persigue de adulto a Beauregard porque quiere que éste se enfrente a una banda de 150 bandoleros y quede así inmortalizado en la historia.

El titiritero Nessuno argumenta con el viejo Beauregard buscando convencerlo, pero el pistolero sólo quiere jubilarse y cambiar de vida, lo cual finalmente le facilitará el admirador. Todo esto lleva comedia y no todo es efectivo, tiene algo de ridículo, de WTF, de preguntarnos qué estamos viendo, y eso la hace una película para pocos, aunque también la podemos ver sin hacernos muchas disquisiciones y seguirle el juego a Nessuno y al filme de Tonino Valerii.

La lógica está del lado del viejo Beauregard, pero es lo más común, incluso su apariencia está muy alejada de la mítica del western, pero el aplomo, experiencia y la naturalidad de Henry Fonda le dan cierta credibilidad. También como es una comedia como que aguanta todo. Terence Hill casi no usa la pistola, se dedica a golpear a todo el mundo en medio de la broma, acelerando sus movimientos, lo que hace menos interesante al filme. Éste tipo de comedia slapstick tiene poca gracia en un western.

No quiere decir que el filme tampoco sea despreciable, tiene su originalidad y algunas buenas escenas de acción –el bar con los tiros a los vasos de cerveza, o frente al tren robado- y encima en escenarios vistosos –como un circo o una casa de sustos-, aunque parece Hill un nieto persiguiendo a su abuelo, sólo que con un viejo –en buen estado físico, Fonda tenía 68 años por entonces- que no tiene muchas ganas de andar con él, de contar ninguna historia. Esto también le brinda más dignidad, no es un hombre pretencioso, se le ve muy tranquilo.

Todos se quieren deshacer de Beauregard, por meterse con el empresario de turno, con Sullivan (Jean Martin). Solamente el extraño e infantil Nessuno habla de mítica en Beauregard. Nessuno ni siquiera pretende sustituirlo, es como quien tiene una ilusión y quiere que esa ilusión brille –se mantenga- para su propia satisfacción y felicidad, suena bien, pero en la práctica tiene un lado freak aunque se palia en parte con la comedia y quien es Terence Hill.

jueves, 12 de julio de 2018

Il mercenario


Franco Nero es el mercenario del título, el polaco Kowalski, hace del asesor de un joven revolucionario, el mexicano Paco Roman (Tony Musante). Paco es inmaduro e ignorante como él mismo se adjudica, pero en parte también es inteligente al buscar asesorarse, aunque Kowalski es abusivo con sus beneficios, dada la situación social, provocando la buena broma en el trayecto, como bañarse en el desierto cuando todos están sedientos.

El dúo Nero-Musante es uno muy bueno, y de esto se sostiene el filme, de la interacción entre jefe y asesor o asesor jefe y jefe pantalla o simple hombre de acción. Además está la injerencia de una mujer inteligente, Columba (Giovanna Ralli), que quiere que Paco se ponga los pantalones y le quite el poder al polaco, pero como Paco no es muy planificador no puede dejar de depender de Kowalski, que todo lo hace con una naturalidad y dominio que por algo nos parecen decir que Franco Nero es tremenda figura del spaghetti western, aunque mucho se debe también al genio del director, a Sergio Corbucci.

Éste filme es muy bueno, sobre todo usando la comedia, cuando la comedia suele arruinar el entusiasmo que genera un western como acción al quitarle seriedad y mítica. Pero éste está en su punto de genialidad, fusionándose plenamente a la acción. El filme llega incluso a abrir con unos payasos en un rodeo, uno de ellos es Paco que yace escondido. Otro aporte bueno es el del enemigo, interpretado por Jack Palance, como Curly (Risos), por su cabello. Inicialmente puede verse algo ridículo, pero más tarde toma forma. Curly es un malvado competente. Hay un duelo excelente al final entre Musante y Palance con escopetas.

Il mercenario (1968) es un filme entretenido, con su gracia al ritmo de las ametralladoras que tanto ama Corbucci. Nero no exagera y Musante se ve muy natural como un muchacho alegre, despreocupado, risueño. Giovanna Ralli también tiene talento para hacer de una fémina que se da cuenta de las cosas y no sólo quiere ser una beldad o una mujer para la cama, su aporte en el filme no es tampoco muy argumental, pero ya es una cierta mejora de cómo se retrata a las mujeres en los spaghetti western, cosa a la que no es tampoco muy ajeno Corbucci como cuando el polaco analiza una situación usando el culo de una mujer desnuda.

Algo ingenioso del filme es que la revolución está como en segundo plano, nadie parece muy convencido de ello, o muy comprometido, hasta el final donde muy ligeramente se deja ver que es ahora el sueño idealista del protagonista. Esto es en favor del entretenimiento, de la comedia, de lo práctico y de la interacción de los principales. El final es haber aprendido, pero tal cual se despachan fácilmente a los malos, a los militares de una dictadura.

También es audaz el Musante al servicio de la libertad de Corbucci, y que no lo endiose, sino juegue mucho con él hasta llegar a tirarlo a un lugar de chanchos, de barro. Nero tiene un papel más de líder, de tipo privilegiado por el guion, pero finalmente le llegan a poner un bozal de caballo, todo esto puede parecer intrascendente, pero quitar y poner mítica en un personaje, generar un balance, manejar la broma, el relajo y la imagen del tipo duro no es tan sencillo, no siempre funciona o se es favorablemente intrépido, pero en la presente Corbucci está en toda gloria. Musante se hace querer y Nero está en una de sus mejores actuaciones.

Corre, Cuchillo, corre (Corri uomo corri)


Es el tercer y último spaghetti western que dirigiera Sergio Sollima y es el menos interesante, pero aun así es entretenido. Es el más ligero de todos su western, tiene mucho de comedia, lo que le quita cierta emoción como western. Tiene a Tomas Milian otra vez como Cuchillo, pero sin su buena mítica. Lo acompaña Donald O'Brien como Cassidy, un pistolero que quiere primero dinero y luego se vuelve idealista, sin mucha mediación argumental y poca distinción, aunque como fue sheriff dirán que de ahí le viene el asunto.

El filme tiene a medio mundo tras una gran cantidad de dinero escondido para usarlo para la revolución mexicana, pero todos lo quieren para su ambición personal. Cuchillo tiene un especie de mapa, la ubicación, y por ello lo persiguen, hasta la que pretende ser su mujer bajo la ley, la celosa Dolores (Chelo Alonso), que quiere que se case con ella y deje de andar en aventuras de bandoleros, que se vuelva sedentario. La tentación llega con la bella Penny Bannington (Linda Veras), miembro del ejército de salvación. Las mujeres llegaran a cogerse de los pelos peleándose por Cuchillo. 

Dos mercenarios franceses que representan al gobierno –a los malos- mueven gente contra Cuchillo, de esto salen combates. Todo el mundo grita corre Cuchillo, corre, y le ponen música, esto tiene su adrenalina y encanto, pero no es mucho. Todo está muy bien articulado como western, de manera muy sencilla, pero es poco aporte. Como pasatiempo es competente, aunque de trascendente spaghetti western está en casi nada, pero no obstante tiene la inteligencia de Sollima para el spaghetti western y es mejor que muchos de todas maneras.

domingo, 8 de julio de 2018

Érase una vez en el Oeste (C'era una volta il West)


Sergio Leone fue el nombre más grande que dio el spaghetti western, con El Bueno, El Malo y El Feo (1966) como el filme más popular y trascendental del western italiano. Érase una vez en el Oeste (1968) es uno de los mejores spaghetti western del cine. Junto a Django (1966) e Il grande silenzio (1968) son las películas más celebradas del subgénero.

El filme empieza con una escena mítica, tres bandoleros esperan a alguien –a un hombre sentenciado a muerte- en la estación del tren. A uno (Jack Elam) le molesta una mosca y trata de no perder su mirada de matón imperturbable y a otro (Woody Strode) una gotera que cae hacia su sombrero. Ambos se desasen de sus problemas como quien anuncia que lo harán con el hombre por venir. El que viene es apodado como Harmonica (Charles Bronson), por el instrumento que toca, y se produce un gran duelo.

El filme esta espléndidamente orquestado, todo es muy diáfano y claro, y no menos emocionante ni interesante. El asesinato de una familia irlandesa producto de negocios a un lado y a otro es el motor del filme para plasmar traiciones y luchas. Harmonica tiene una vendetta personal, de algo muy sencillo, pero no menos cruel, explicado maravillosamente en una pequeña y potente escena. Un bandido se hace aliado del solitario y misterioso Harmonica, Cheyenne (Jason Robards), que se siente conmovido por una fémina y dice no ser tan malo como dicen de él, por Jill McBain, la hermosa y sensual Claudia Cardinale, una ex prostituta y ahora viuda.

Cada pedazo del filme está laboriosa y bellamente explicado, sumado a una música en parte sublime, provista por el legendario Ennio Morricone, pero que a ratos también se le siente tiene demasiada injerencia. Cantidad de escenas están provistas de gran dramatismo, una estética clásica del spaghetti western, la de tratar de darle poesía y expectativa a cada asunto, y no sólo a los duelos, sino a la interacción que busca otorgar personalidad a cada uno de los personajes, inclusive a la viuda Jill, aunque típico ser indefenso ante lo bruto, pero con el cuero de chancho de la mujer promiscua, sólo que de gran belleza y carisma.

En el lado del mal está el ente intelectual interpretado por Gabriele Ferzetti como el empresario Morton, un hombre con problemas para caminar y que representa al dinero. A éste lo acompaña -aunque lobo solitario, a fin de cuentas- el pistolero Frank (Henry Fonda), asesino por naturaleza, típico ser del western más salvaje, que trata de aprender a ser un empresario, al ser un tipo también ambicioso. Frank tendrá su escena gloriosa con una emboscada.

Sergio Leone siempre busca crear una cierta mítica, y puede saltarse algo de razón, en cosas más intrascendentes, está a la orden de la frase audaz también, sea fomentando la imagen de la prostituta admirada o del pistolero frío digno de respeto. A Cheyenne le facilita cierto toque cómico, una cierta libertad, como disparar a través de su zapato, y a Harmonica la llana bravura del hombre de poca palabra y gesto tosco, firme y preciso. Mucho trato con Jill parece inexplicable, pero es la muestra del ser esencial, pudo ser Harmonica un campesino de joven.

Todos están plenamente dibujados, pero el que más sorprende –impresiona- es Henry Fonda, el resto parece estar en todo su elemento, lo que se espera de su participación en el cine y no por ello menos grandiosos. Fonda es de apariencia elegante, pero de trato rústico, asumiendo un esqueleto de hombre de acción, elemental, mientras trasmite una maldad en toda magnitud. Bronson es la sencillez en estado bruto y puro, el de la mirada peligrosa e inmutable. Leone propone imágenes clásicas en toda fuerza.

Cada parte se percibe bastante razonada pero fresca, en un guion en manos de Bernardo Bertolucci, de Dario Argento, de Sergio Donati y del mismo Leone. También el paisaje es imponente, se siente trabajado, se presta al brillo, la música también lo señala claramente, como con la llegada de Jill al mundo salvaje –ella viene de la ciudad-, hasta entrar en una taberna del peor aspecto y parecer una mujer que está fuera de lugar, y pronto sabremos que como todos aducen es la idónea  –lo suficientemente fría, y la parte dura de procesar- para asistir a cada acto grotesco y primitivo del entorno, como la escena con Frank que aunque delicada -como ella- la viste de puta, y oír los malos consejos de Cheyenne, un aficionado al café dígase en favor, que terminará en una escena social –con obreros construyendo el futuro-.

Cara a cara (Faccia a faccia)


Éste es el segundo spaghetti western que hizo el italiano Sergio Sollima y está interpretado por Tomas Milian como el bandido Solomon Bennet y por otro ícono del western italiano, por Gian Maria Volonte, como el profesor Brad Fletcher. Fletcher es un intelectual y un hombre alejado de toda forma de violencia propia, mientras Solomon es un pistolero famoso. Pero el filme se basa en que ambos cambiaran de comportamiento y de filosofía de vida. Pronto Fletcher se irá corrompiendo, atrayéndole más y más la fuerza bruta, y Solomon se impregnará del idealismo inicial del profesor y su amigo.
 
El filme tiene a Solomon tratando de escapar de la ley y queriendo formar nuevamente su pandilla de asaltantes, y en ese trayecto Fletcher irá enamorándose de la esencia del western. Solomon es muy respetado y buscado, y aunque suene extraño querido por muchos, a pesar de que no duda en matar. La amistad que forma con el profesor lo ablanda. Es el aprendizaje de la vida ajena a la vera de mucha acción. Hay un pueblo llamado Purgatorio y en éste Solomon sólo enfrenta a muchos pistoleros. También hay un refugio de maleantes y mercenarios donde se cobija Solomon y su gente.

A la par hay un cowboy espía enviado por una agencia histórica famosa de ley privada, la agencia Pinkerton, con William Berger como Siringo, el héroe, aunque yace medio opacado por el mal, representado por Solomon y Fletcher. Éste mal no es completo, está matizado con algunas acciones nobles y palabras, como salvar al pueblo Purgatorio del poder abusivo, aunque a cambio de dinero. Hay un cierto heroísmo y popularidad que enaltece criminales. También es irrefutable la simpatía que brota de Milian. Suma igualmente vivir en un mundo salvaje, donde matar es algo normal y hay mucho hombre ambicioso.

Volonte hace un gran papel, primero se le ve muy débil, y luego es creíble como matón. El cambio de cada uno es progresivo, pero Sollima denota mayor justificación con Volonte que con Millian. Volonte es un tipo que habla de hacer historia en un inicio y se ve minimizado por el mundo que lo rodea y es que hay curiosamente más oportunidades para el salvaje que para el intelectual, es un mundo bárbaro. Milian es más un ave libre sin demasiada profundidad, y como que da a entender un cansancio de vacío, de inconciencia.

Uno quiere más, y el otro menos, menos acción. Pareciera un relevo, pero es más la lucha del bien contra el mal, que al final cohabitan en un contexto de corrupción en que el ideal surge como ave fénix, para imponerse. Es una cuestión de liderazgo en muchos sentidos. En todo éste despliegue de filosofía de a pie surge un western emocionante, entretenido.

viernes, 6 de julio de 2018

The big gundown (La resa dei conti)


El italiano Sergio Sollima dirige éste spaghetti western, con Lee Van Cleef como Jonathan Corbett, un cazador de hombres, como lo llaman, de outlaws, hombres fuera de la ley. Empieza con tres bandidos celebrando su escape cuando aparece de la nada Corbett y en una escena de esas míticas -como presentación- les entrega a cada uno una bala. El resto es historia. Corbett se mezcla con políticos y gente aristocrática pensando en postular a senador. Conoce al empresario Brokston (Walter Barnes) con quien se hace aliado para su campaña y la construcción de una vía de tren. A Brokston lo acompaña el Baron von Schulenberg (Gérard Herter), y no es difícil de imaginar que veremos en algún momento un duelo entre Corbett y el Baron que suele preguntar por su capacidad de disparo y vanagloriarse ante él.

Éste filme de Solima tiene muchas escenas de acción y sigue un recorrido muy poco previsible, llegando incluso el protagonista a cruzar la frontera y estar en México. Está muy bien preparado. El meollo del asunto lo trae un mexicano apodado Cuchillo (Tomas Milian) que señalan ha violado y matado a una menor, por lo que se le encomienda a Corbett atraparlo. En esa consigna se le escapa muchas veces Cuchillo que es muy escurridizo y habilidoso. Su introducción se da con un escape con acrobacia en caballo. Corbett es un tipo muy terco y dotado tirador, pero le cuesta mucho atrapar al humilde Cuchillo, que como su sobrenombre indica es un maestro con el uso de dicha arma, que reta incluso con ésta en duelo a pistoleros.

Entre las muchas escenas gloriosas de acción que hay en el filme está una en un rancho, previo maltrato a Cuchillo, que dígase de paso le es muy atractivo a las mujeres, tanto aprovechado como mujeriego. En el rancho gobierna una fémina conocida como La Viuda (Nieves Navarro), una mujer sensual, solitaria y fuerte a quien respetan mucho. Corbett enfrentará sólo a muchos cowboys en el rancho. Luego irá al desierto donde surgirán nuevas aventuras con Cuchillo que suele ser muy tramposo también. Corbett no es un superhombre, falla, le cae algún tiro y pasa las de Caín cuando lo engaña Cuchillo. Entre ellos surge una cierta amistad–odio-responsabilidad que da mucho entretenimiento. Milian y Van Cleef son leyenda en el spaghetti western y se notan las razones claramente. A ambos se les exige bastante física y emocionalmente y la entregan en toda magia.

En el filme hay muchos pistoleros duchos como un cura ex bandolero. No todo es acción, hay su sencilla celebración y sus discursos del mundo salvaje del western. Otra escena memorable es en un prostíbulo en México con el solitario Corbett peleando contra todo el mundo. Pero la secuencia cumbre llega con la persecución final de Cuchillo cansados todos de no poder con él, que es verdaderamente escurridizo y tan decidido y corajudo como Corbett. En dicha escena hay un aire a cine social muy logrado. Tampoco faltan los hermosos duelos llenos de emoción.

miércoles, 4 de julio de 2018

Requiescant


Spaghetti Western dirigido por Carlo Lizzani sobre un muchacho mexicano adoptado tras una masacre que tenía olvidada, llamado Requiescant, interpretado por Lou Castel. Requiescant viene de la palabra parte de la frase en latín que significa descansa en paz, que es lo que hace el protagonista y así se despide, que tengan todos santa sepultura.

En el filme un militar aristocrático del norte por ansiar querer apropiarse de tierras mexicanas traiciona un pacto y genera una masacre. El tiempo pasa y los americanos terminan dominando a los mexicanos que yacen de sirvientes o como habitantes de segunda clase. Requiescant cambiará esto de manera sencilla, como quien no quiere la cosa, ya que no es un tipo violento, al buscar rescatar a la muchacha con la que se crió como hermano de la prostitución forzada.

Los malos tienen encanto, liderados por George Bellow Ferguson (Mark Damon), que tiene una similitud física con el Conde Drácula. El filme es político con él haciendo mención de la libertad y de la mejoría del pueblo llano, representado en los mexicanos oprimidos. A Ferguson lo acompañan dos asesinos en especial, dos pistoleros, el rubio Dean Light (Carlo Palmucci), que además es proxeneta, y el gran Franco Citti como Burt, tipo que carga una muñeca.

El filme tiene grandes escenas, que tienen cierta originalidad, como cuando finalmente se hace cargo Requiescant de Ferguson y de Dean Light o cuando los pobladores van al fuerte a recoger huesos, cadáveres. Requiescant es un muchacho sano, aficionado a leer la biblia, y no gusta de matar, pero le viene natural la habilidad. Tiene apariencia de hombre humilde, aparte de su juventud. Todo esto crea mítica a su alrededor, aunque tampoco nada del otro mundo. El filme tiene un buen recorrido y se presta a ser algo novedoso.

Entre otras curiosidades está la presencia de Pier Paolo Pasolini como un sacerdote revolucionario, aunque exento de disparar. También está otro actor habitual de Pasolini, el simpático Ninetto Davoli que tiene un papel muy secundario. Pasolini sirve de paso como lugar de mensaje político. En ello el filme quiere ser algo trascendente, pero se aprecia mejor como entretenimiento. Es un filme atractivo, con varias emboscadas contra Requiescant, incluido el uso de dinamita, explosiones, y salvarse por una simbólica campana gigante. La religión tiene fuerte injerencia, desde el título, como apoyo al pueblo y a su hijo predilecto, Requiescant, un típico héroe. También no falta la belleza femenina con mujeres sacrificio.

martes, 3 de julio de 2018

Vamos a matar, compañeros


El italiano Sergio Corbucci hace una película contextualizada en la revolución mexicana, con dos líderes revolucionarios enfrentados y muy distintos entre sí, uno utópico, idealista, interpretado por Fernando Rey como el profesor Santos, y el otro, un tipo bastante corrupto y salvaje, en el general Mongo (José Bódalo), genial en su rusticidad. Pero la fiesta viene con los dos héroes, porque el presente aunque un spaghetti western también es una comedia.

El filme pierde algo de valor porque cantidad de momentos privilegian la broma que la acción. Pero es una película entretenida aun así y también le sobreviven muchas escenas intensas. Los 2 héroes son El Vasco (Tomas Milian) y el sueco Yodlaf Peterson (Franco Nero).

Entre El Vasco y el sueco surgen muchas bromas, con un Peterson muy listo, tanto como ambicioso, y un Vasco humilde y medio tonto pero muy corajudo, como un creyente en la revolución, salido de abajo, empieza de lustrabotas. Peterson le toma el pelo a su amigo todo el tiempo, El Vasco aun así exuda mucho carisma y tiene sus ratos de pequeña revancha.

Ambos pasan momentos de indefensión –el astuto Peterson siempre está a puertas de morir, aunque mantiene su sentido del humor- y requieren de la suerte o del otro para vivir. Corbucci bromea en toda libertad con la imagen de sus héroes y mantiene su bravura con las armas.

Otro puntal curioso es el de un tal John (Jack Palance), típico nombre americano y cowboy ruin, que se parece en el accionar al sueco, ambos se ven movilizados por el dinero. John es aficionado a la marihuana, tiene una mano artificial y carga un halcón que ama. Todo esto apunta a crear un rival atractivo en el plano de la imagen, aunque en la acción en sí genera poca magia. Jack Palance no está particularmente inspirado, se le aprecia mejor más serio, rudo.

Es un filme que se burla un poco de la revolución o da a entender que prefiere el espectáculo. Se celebra la violencia como entretenimiento, se celebra el western no tomándosele demasiado en serio. En la parte política –que hay mucha, sin mayor profundidad- la broma dispara por todas partes, el sueco puede ser visto como un extremo capitalista y el Vasco como un idiota revolucionario, más una figura a lo Che Guevara, lo mismo con Santos, como un tipo inocente, y a Mongo como un mentiroso, un oportunista, un clásico político.

Lo mejor del filme es la interacción entre Milian y Nero, actores representativos del spaghetti western, prestos en ésta oportunidad a la comedia, a bromear con su imagen. Como están en toda la película -que abre con un duelo entre ellos- hay que decir que es una película decente, salvaje, como algo en bruto. Mención especial de la belleza de la alemana Iris Berben como una creíble mexicana, rústica, sensual, combativa, aunque secundaria.

Amityville II: The Possession


La primera película de ésta franquicia, The Amityville Horror (1979), es un clásico moderno del cine de terror que ha inspirado a otros cineastas del género y que ha brindado mil referentes, pero Amityville II: The Possession (1982) es una película malsana, más vulgar, más bruta, más cruel y más perturbadora, una película para pocas personas.

En la trama tenemos dos movimientos claros, dos realidades, una es que la familia Montelli no es una familia de aquellas sanas y felices, sino tienen a un padre, Anthony Montelli (Burt Young), que tiene carácter violento, y golpea a toda su familia, incluso a sus hijos pequeños. Anthony es aficionado a las armas y las tiene a la vista de todos los integrantes de su hogar. El otro es que la casa tiene un pasaje pestilente donde se esconde un demonio, éste se mueve como cámara subjetiva y derriba todo a su paso, se mueve a vista y paciencia del grupo.

Una primera parte es como éste demonio genera caos y miedo en la casa, el cual está muy bien escenificado, es directo, sin medias tintas, pero efectivo. Si algo tiene a favor y en contra éste filme del italiano Damiano Damiani es que no posee ñoñerías, prefiere ser abiertamente desagradable, cosa que la hace una propuesta para pocos paladares. No es la clásica película de terror, ésta genera incomodidad. Todo llega a un punto de no marcha atrás con ésta familia cuando surge un incesto, rompiendo la confianza y la alegría entre hermanos, el lado más humano de la familia Montelli. Después de esto está claro que todos van rumbo al infierno.

Luego llegan las voces y la posesión del hijo mayor, Sonny Montelli (Jack Magner), y una llamada que no obtiene un importante recado. A los 50 minutos de metraje aparece lo inminente, el hecho real del filme. Lo que viene después es cantidad de pequeñas escenas de terror sádicas que entregan más incomodidad, para pasar a un exorcismo. En esta parte no hay tanta originalidad por lo fácil del referente que viene a la mente, mientras se juega con efectos especiales y demonios propios del maquillaje, pero aún hay cierta facilidad para desagradar.

Éste filme es de culto y, sin duda, para los más dispuestos a fastidiarse. Jack Magner y Burt Young se prestan para dejarse odiar. Sólo James Olson como el padre Adamsky posee carisma, quien lucha por esa inocencia y sencillez que inicialmente muestra el personaje de Sonny, antes de pasar a ser objeto de lo aborrecible, porque lo feo lo es en ésta propuesta en toda magnitud. El filme tiene un tono propio, aunque algo barato –y no se trata de mala estética-, donde su efectividad yace en lo mismo, lo descarnado.