domingo, 29 de julio de 2018

Un día en la vida de Andrei Arsenevitch y A.K.


Un día en la vida de Andrei Arsenevitch

Ensayo cinematográfico del francés Chris Marker que analiza el cine de Andrei Tarkovsky, y hasta lo filma en sus últimos días. Una curiosidad es que menciona que en una sesión de espiritismo que hiciera Tarkovsky se comunicó con Borís Pasternak y le manifestó que haría 7 películas, justamente lo que pasó, y aunque él creía que eran pocas películas le dijeron que serían notables. Según el filme Tarkovsky toma conciencia de ésta premonición cuando lo vemos editando su última propuesta enfermo desde su cama. El documental compara, unifica, las películas de Tarkovsky con su vida real, como con la espera del director ruso y su mujer por la llegada de su hijo, el permiso de la URSS para que salga del país, que lo hacen ver igual que El espejo (1974); o el lograr la toma perfecta del incendio del final de El Sacrificio (1986) y que Tarkovsky grite de alegría lo unen con la celebración tras el levantamiento de la campana en Andrei Rublev (1966). En el estudio del cine de Tarkovsky se menciona que el director hacia sus filmes pensando en los cuatro elementos de la naturaleza. Sus personajes se mezclaban, se revolcaban, con la tierra; se veía incluso a la lluvia y el fuego en una misma toma; el aire se hace presente como con el globo aerostático y la bella mirada desde arriba en Andrei Rublev. Estos elementos se convertían en arte en el cine de Tarkovsky. Igualmente su lado místico, con lo que no buscaba que sus personajes miraran hacia el cielo, sino que el cielo mirara hacia los hombres, que Dios observara su creación. Con el tiempo Tarkovsky –nos dice el documental- se desprende de pretextos y explicaciones. Tarkovsky quiere que el cine iguale a las mayores artes, sea apreciado en la misma liga, con la misma admiración. Utiliza por ello la pintura como un espejo o hace hincapié en la lectura de literatura o de historia en sus personajes. Tarkovsky siempre tuvo trabas y negatividad de parte de la URSS, fue un cineasta exiliado, pero fue el más ruso de todos nos dicen, y se deja ver en Nostalgia (1983). La censura de la URSS incluso le recriminó que el protagonista en Solaris (1971) no llevara pantalones. El documental hace ver que Tarkovsky dejó muchos lugares de fe por creer en su séptimo arte, como la medio inexplicable La Zona de Stalker (1979); creyó en la ciencia ficción como vehículo para lo místico. También nos dice que en una de las primeras escenas de La infancia de Iván (1962) aparece un niño al lado de un árbol joven y se cierra el círculo en Sacrificio con un árbol muerto.

A.K.

Documental de Chris Marker que es un detrás de cámaras de la película Ran (1985). Nos habla de los lugares comunes del cine de Akira Kurosawa, dividido por secciones, como el amor del director japonés por los caballos que incluso simbolizan cosas en sus películas. También por la lluvia que John Ford le dijera que había notado su aprecio especial por ello cuando se conocieron y el nipón se lo confirmó directamente. Kurosawa luchaba a menudo contra el clima, lo tenía como un rival, como en el Monte Fuji durante el rodaje de Ran, pero esculpía con éste igualmente su arte. Le criticaban la violencia en sus obras, pero el director se defendía que mostrarlo, verlo, era enfrentar y vencer el miedo hacia ello. Afirmaba no gustarle en absoluto la violencia, pero era su manera de catarsis exhibirla en sus películas. La niebla y el fuego también toman mucha parte en su séptimo arte. Vemos a Kurosawa involucrarse en toda la fabricación de Ran, convertirse en un autor en toda la palabra, secundado por gente con quien siempre trabajaba, bien explicado en el uso de tres cámaras al mismo tiempo. Al director nipón se le ve muy tranquilo y amable, luce todo un caballero y alguien humilde, pero estaba en todas, corregía hasta lo más mínimo. Éste detrás de cámaras permite ver la admiración de Marker y del entorno de Kurosawa, a quien llamaban sensei, uso más frecuente en el arte marcial, pero refiere a un dominio excepcional. Kurosawa ya tiene cierta edad en éste documental, como admite, no obstante sigue al pie del cañón dominando cada pedazo de su magistral arte, como mandar a pintar la vegetación de color dorado y fabricar una luna para crear una escena exacta a su gusto e imaginación. Es un quehacer meticuloso como ver la sincronización de flechas encendidas con fuego arrojadas hacia la niebla profunda. El detrás de cámaras es medio gaseoso visualmente, más que todo es ver la arcilla en transición, la grandeza viene después al ver Ran terminada y cada obra suya. Son órdenes, planificación y detallismo lo que presenciamos, gente comprometida, apasionada, hasta los extras, a los que observamos meterse en su rol, vestirse, comer, gritar, coordinar, marchar, bromear, etc. Son parte importante desde el más pequeño gestor hasta su sensei, el gran Akira Kurosawa.