miércoles, 17 de julio de 2019

Ensayo de un crimen


Un niño recibe una cajita de música y oye una historia con ella que lo define durante su existencia. La cajita dicen tiene un poder, ésta mata a los enemigos de uno. Archibaldo de la Cruz (Ernesto Alonso) crece con la seducción de su infancia, con la idea de esa cajita de música, es decir, del asesinato. Durante su adultez planea matar a alguien, a una mujer, pero nunca puede llegar a ser el autor de ningún crimen, hay una suerte de destino de esquivar que lo lleve a cabo; sucede, pero nunca es por su mano. Archibaldo parece una buena persona, es rico, refinado, simpático y muy educado, pero esconde esa perversidad, quiere ser un asesino. Luis Buñuel perpetra ésta maravilla de película, con ésta ironía como leitmotiv. Hay una escena donde Archibaldo muestra su maldad en toda potencia, quema un maniquí doble de una persona que quiere matar, vemos todo como una escena de terror. Observamos el plan siniestro que quería llevar a cabo y, como siempre, quedó frustrado. Archibaldo es un seductor, aunque no es un tipo tan atractivo. Pero su verdadera motivación es perpetrar un homicidio. La bella Rita Macedo hace tremendo papel, como Patricia Terrazas, una mujer desenfadada, sexual, avispada, una mujer promiscua en plan de juego, aunque finalmente fiel. Tiene una escena fetichista con sus tacos altos en un casino que la dibuja de cuerpo entero como una bomba sexy. Carlota, otra mujer en la vida de Archibaldo, se pliega lúdica también a la dualidad y a la corrupción, es una mujer que aparenta ser devota católica pero anda con un hombre casado. Archibaldo se enamora de ella, quiere casarse, pero termina queriendo matarla tras descubrir su affaire. El filme como con la monja repite la ironía del esquive de la calidad de asesino de Archibaldo, hombre sofisticado y perverso, como el filme de Buñuel.

martes, 16 de julio de 2019

The Ox-Bow Incident


Éste filme tiene un arranque fenomenal, con un Henry Fonda buscando entusiasmo en peleas de bar, para terminar desmayado por un botellazo del cantinero. Todo en son familiar por más extraño que suene. Así se presenta el filme, nos habla de un pueblo donde todos son como una gran familia que deliberan y debaten juntos, aunque tengan diferencias y rencillas de paso. El debate central y meollo del filme lo ocasiona la muerte de un ganadero, un hombre ejemplar y muy querido, ha sido robado su ganado y asesinado. El pueblo, los amigos, los compañeros, los vecinos, la comunidad, enardece, quieren venganza, quieren hacerse cargo de los asesinos, para eso quieren ir a buscarlos, atraparlos y lincharlos, ahorcarlos. El debate surge porque antes algunos pretenden que se les arreste y pasen por un juicio, pero la mayoría no quiere tanto tramite, están furiosos, quieren el linchamiento. Deliberan rápidamente, y salen en busca de los asesinos, la gran escena se muestra con montón de jinetes cabalgando. El filme se define por la justicia en manos de la gente contra la de la ley. La consciencia viene más tarde con un toque sentimental, con una declaración de por medio. El filme tiene un mensaje claro y muy certero. Es también una propuesta entretenida, muy ágil, muy simpática, aun cuando acción no es que abunde, es más un drama, una película para pensar dígase aunque no sea para nada compleja de ver. Como uno de los bandoleros está Anthony Quinn aunque como secundario. The Ox-Box Incident (1942), de William A. Wellman, es un filme en su punto de tiempo, dura menos de hora y media, y es muy potente.

jueves, 11 de julio de 2019

La muerte en este jardín (La mort en ce jardín)


Luis Buñuel hace una película de aventuras, con un país equis en América latina que está gobernando por militares y que un día prohíben a los extranjeros extraer diamantes. Esto genera el choque entre los extranjeros y el gobierno dictatorial. Así comienzan las persecuciones, se forma un grupo que quiere escapar, se van rumbo a la selva del Brasil. Un extractor de diamantes, Castin (Charles Vanel), quiere casarse con la prostituta local, con Djin (Simone Signoret), ella lo considera viejo, pero por interés acepta. De esto saldrá una pequeña aventura sorpresa más adelante, con francotirador incluido. El héroe es un tipo corrupto en varios sentidos, un tipo violento con las mujeres, Shark (Georges Marchal), un ladrón que simplemente sobrevive como puede y se une al grupo de la fuga. Michel Piccoli es el padre Lizardi, un tipo común, curiosamente una rara avis de Piccoli que en el cine hace de mucho hombre extraño y extravagante. Junto a ellos la hija sordomuda de Castin (la hermosa Michèle Girardon). El filme recuerda el cine de aventuras de John Huston, pero con un toque de personalidad propia. Buñuel es más bruto para escenificar los comportamientos. El filme es bastante práctico, tiene buen ritmo. Está explicado con suma facilidad, pretende la movilidad. No hay grandes protagonistas, están a media caña, les falta grandeza, por más que se intenta, pero se distinguen, no son personajes planos. Las acciones son decentes e interesantes, pero muchas muy simples, aunque es un filme que escapa del rótulo final de típico. Shark es un tipo bastante rudo y aporta cierto realismo, aunque carece de carisma. La mort en ce jardin (1956) es una película entretenida, pero no una gran película. Esta propuesta es una mezcla mexicana con francesa. Un nado entre europeo y latino. Sobresale la actuación de Piccoli.

jueves, 4 de julio de 2019

Ferat Vampire (Upír z Feratu)


Que un auto sea un vampiro suena híper extravagante y original, pero el resultado es un filme extraño para el cine de terror, pero interesante aun así. El auto en cuestión tiene un desenvolvimiento más discreto que algo potente y terrorífico, el terror es más anexo por otras cosas que por el propio auto; el auto vampiro, el ferat, más bien tiene una especie de investigación, comprobación, de que en efecto es un vampiro, y el trabajo en ello parte de un tipo que es freak y cuenta esto a un doctor (Jirí Menzel), el doctor se convence porque el ferat implica a un mujer que él ama, una  enfermera, Mima (Dagmar Havlová). El filme gira en base a un rally, el ferat va a competir en éste rally. Mima va a conducir el auto, ya que la anterior piloto murió, supuestamente chupada su sangre por el ferat. En el filme hay un juego del doble con ésta mujer, Luisa (Jana Brezková) y su hermana Clara (la misma Jana), presentándose como una alucinación, un juego de terror, donde muchas mujeres quedan confundidas. Esta propuesta tiene su complejidad, es algo intrincada de entender. Mima y Luisa tienen sus vidas vinculadas, la morgue las espera. El doctor Marek es el padrote, las seduce a ambas, aun cuando tiene la pinta de nerd. Ferat Vampire (1982) es un poco seria con su investigación de hacer ver al ferat como un vampiro, esto se dilucida al final finalmente, antes todo busca comprobar los supuestos disparates de un tipo. Esto del ferat vampiro hace percibir al filme raro, porque no busca hacer terror barato, terror básico o intenso, es algo más sutil, el auto chupa la sangre por el pedal, hay una adicción y dependencia ahí, esto se conjuga con la pasión por el automovilismo y el deseo de éxito y reconocimiento. Mima ama el automovilismo, igualmente como Luisa lo amaba, ambas están dispuestas a morir por ello. También tiene influencia que un vampiro chupa la sangre a alguien y la vuelve dependiente de su hechizo, es como una esclavitud la que genera, hipnotiza a la persona, roba el alma. Ambas cosas van de la mano, la pasión por el automovilismo y el vampirismo, hay una fusión sólida en esto en la presente propuesta. Luego veremos hasta el rally en acción. Aparte el checo Juraj Herz espolvorea terror en el filme, pequeños sustos, pero también coloca una pesadilla potente con el ferat a lo Cronenberg, con un auto latiendo como la carne, lleno de sangre. El rally que es auténtico está bien inmerso en el filme. La compañía Ferat tiene una administración y directores que da a entender a un capitalismo violento, un capitalismo depredador y corrupto. El filme tiene su erotismo, pero nunca deja de lado su historia. La escena con las botellas en la cama es chocante, pero el filme da una explicación freak, así se ve un poco el filme. Es un cine de terror raro, particular, cine de autor con su roce con el ridículo en el que nunca cae. Ferat vampire no será una obra maestra, pero es una película bastante curiosa.

Vampire doll


Un hombre llega excitado en taxi bajo una intensa lluvia en busca de su novia a un lugar apartado en el campo, y se da con la sorpresa de que está muerta, la ha dejado de ver 6 meses y se iba a casar con ella. Se queda a pasar la noche en la casa de la madre de quien iba a ser su futura esposa, de pronto ve pasear por fuera a la joven, sale corriendo a buscarla. Afuera está su tumba, bien a la japonesa, de pronto la tiene muy cerca, ella llora y le dice que la mate. Enseguida él promete curarla, en eso a la mujer le brillan los ojos de amarillo y abre grande la boca, muestra dientes afilados, el sujeto en cuestión va a morir. El hombre desaparece –como en un sueño- y su hermana va en su búsqueda. Así empieza la película, y tiene una buena consistencia, como cuando el visitante despierta por el ruido, ve por la cerradura de la puerta y ve a alguien mecerse en una mecedora, luego ya no hay nadie, y se pregunta si era ella, Yuko, su novia, la muerta. Una muñeca cae al piso y se rompe en pedazos; por la ventana ha pasado un fantasma. El filme tiene encanto, así de terrorífica y clásica es. Michio Yamamoto hace su primera película de una trilogía (The Bloodthirsty Trilogy), con una mujer bella vampiro. El filme anexará mucha historia, con el pasado de la familia de Yuko. En la casa gótica donde caen las victimas espera la señora misteriosa de la madre de Yuko y su sirviente jorobado, chato, grueso y retardado. El sirviente quiere matar al novio de Keiko, la hermana del hombre muerto de la apertura. Esto da cierta risa, porque el sirviente retardado se mueve autómata a ayudar a la familia a quien sirve, siempre está al acecho de saltarle encima al novio, mientras éste esquiva hachas y armas como puede para sobrevivir. Keiko también pasa las de Caín en la casa, es sedada, secuestrada, encerrada se topa con la vampiro. Hay momentos así de buenos, de convincente suspenso. La mujer vampiro es efectiva y se suman historias. El campo como contexto es fértil en sustos. La casa señorial brilla como punto de terror en medio de la inmensidad. Los pasajes de la casa se prestan para el miedo, para el sobresalto, en cualquier momento puede salir la vampiro, que ronda. En medio de todo Keiko y su novio sospechan, escuchan llorar a alguien, van a ver. La madre de Yuko se mantiene seria, vestida bien japonesa, su seriedad se percibe de demencia, se mantiene fría. Es una película que gira en torno de la casa señorial y su imponente soledad, donde se guardan secretos tétricos, salvajes. Las posibles víctimas solo son Keiko y su novio, pero se dan muchos sustos con ellos, se proyecta bastante el peligro aun así. A ratos aparece la vampiro. El sirviente también como asesino propone su cuota de terror y muerte, aunque haga escapar algunas risas. El filme no se oye perfecto con la ensanchada historia familiar, pero tiene buenos sustos.

miércoles, 3 de julio de 2019

Lake of Dracula


No es muy común ver un Drácula japonés, y eso es lo que nos trae Michio Yamamoto. El filme es muy práctico y lleno de momentos de terror, de sustos, de suspenso. Uno de los buenos es con una paciente de hospital infectada por el monstruo. Akiko Kashiwagi tuvo un encuentro con Drácula a la edad de 5 años y creció con esa visión que ella creía un sueño. Pero Drácula la perseguirá hasta su casa del lago. El ataúd llega así en una camioneta de lo más simple. Drácula se dedica a convertir en no muertos a quienes se cruza. Akiko y su novio, el Dr. Takashi Saeki, investigan la situación. Es un filme entretenido, pero no plus ultra, aunque tiene su pequeña originalidad con la aclimatación de Drácula a un japonés, pero en general parece una película europea, la propuesta está bien occidentalizada, y esa es la curiosidad que quería ofrecerle Michio a la gente de su país. Todo es clásico del mundo vampírico, se ha respetado bastante la leyenda occidental. Es un filme algo lento, con su melodrama con el miedo que siente Akiko. Es un Drácula más de terror que sensual, pegado al que hiciera la Hammer. La atmosfera es gótica de la misma manera, con su toque a añejo, a nocturno, a frío.

domingo, 30 de junio de 2019

Falbalas


Ésta película es una genialidad del director francés Jacques Becker y del séptimo arte. Falbalas (1945) tiene de protagonista a un modisto de alta moda, Philippe Clarence (Raymond Rouleau), que suele enamorar a mujeres, pero solo como juego, aquí le dicen como comedia, como aventura pasajera sexual y no formalizar con ninguna, para luego abandonarlas sin miramientos ni concesiones, esperando ellas un trato distinto. Cuando conoce a la novia de su mejor amigo, a Micheline Lafaurie (Micheline Presle), de lo más fresco busca hacer lo mismo, y lo consigue, logra acostarse con ella, un poco forzándola con su imponente seducción al estar medio reacia a ser infiel –pero se siente fuertemente atraída-.

No obstante al proponer el juego, la comedia, con ella, inesperadamente Clarence siente algo excepcional por ésta mujer, queda flechado por primera vez en su existencia. Sin embargo la historia terminará como todo un melodrama, muy triste. Pero viendo más atrás, la seducción es atractiva, efectiva, rápida, como toda la película, ella luce hermosa con la cámara posándose rendida a sus pies sobre su rostro atractivo, brillando la fémina bajo una luz santificadora, endiosándola, aunque Clarence se porte inicialmente como un perro con ella, donde la personalidad del protagonista será un duro golpe de realidad.

Clarence es alguien que nada en la imperfección, tiene bastante de recriminable y así lo toma la película, no es para nada un héroe. No obstante Clarence es un hombre de éxito en muchos campos, un tipo seguro de sí, pero ciertamente se perpetra cruel al pasar por encima de su mejor amigo sin ninguna pena, que lo hace desde el principio y éste -una persona de abierta nobleza y lealtad- ni cuenta se da. También hay una historia extra con una mujer del trabajo de la moda que yace enamorada locamente de Clarence, que fue una antigua pareja de estas pasajeras que él tiene, pero quedó prendada ciega por él, continuando asediándolo, esperanzada, ahí Clarence se notará insensible en más de una oportunidad, comparando ambos devenires y volviendo a ser atacada el aura de múltiple éxito del protagonista.

La película que nos convoca ahora fácilmente ha debido inspirar a Paul Thomas Anderson para hacer Phantom Thread (2017). Falbalas es maravillosa, algo terrorífica en un comienzo, y así de la misma manera termina, con el delirio de Clarence sobre un objeto inanimado. El mundo de la moda está retratado con maestría, no apunta a ser dominantemente femenino por convención natural sino se percibe universal, y ni se siente, parece un contexto como cualquier otro, aunque muy bien representado.

El filme de Becker traiciona a Clarence tanto igual que él lo hace con la buena fe de las mujeres. Hay que notar que aunque Clarence se luce como un galán o un romántico es un tipo aprovechado por costumbre, juega con los sentimientos de las damas, las utiliza y las bota, aquí las mujeres no son liberales, buscan sexo con amor. Por todo esto Becker finalmente se pone del lado de las mujeres, y Micheline se vuelve heroica como ave fénix, aunque Clarence termina dando pena a último minuto, pagando por sus actos sin oportunidad de redención.

Daniel Rousseau (Jean Chevrier), el novio de Micheline, inicialmente da la impresión con su pinta de ser un gángster italiano, pero es más dócil que el pan, muy controlado, pero bien trabajado, aunque atípico al uso cinematográfico. Se suele ver a su tipo de personaje más desaforado, más torpe. Notable también que Falbalas no haga uso de un exceso de sutileza, sino es una propuesta muy clara, evita los eufemismos, aunque es delicada como cine clásico, nunca será vulgar. No necesitamos ver dormir juntos a Clarence y Micheline para saber que han tenido un encuentro sexual. Pero las cosas se dicen por su nombre, y así funciona ejemplarmente, para sorpresa de muchos. Falbalas guarda unos minutos finales llenos de suspenso, minutos finales gloriosos para el cine.

sábado, 29 de junio de 2019

El azar (Przypadek)


Ésta película versa en tres versiones del devenir futuro de un muchacho que tiene fuerte nexo político con el estado de su país; en una parte con comunistas que son el gobierno y en otra con gente que está contra el comunismo que hacen periodismo clandestino. El muchacho se llama Witek Dlugosz (Boguslaw Linda) y es un estudiante de medicina. En una versión Witek abandona su carrera de medicina y se mete al partido comunista, se pone con el orden hegemónico de su tiempo. Witek hace de enviado especial para sofocar una revuelta y se da uno de los momentos clímax del filme, pero en general es un filme pesado. Al mismo tiempo vemos la relación de Witek con una joven de su infancia, habiendo bastantes escenas eróticas y artísticas junto a ésta mujer. No obstante repercute en ellos el orden del partido comunista. En otra versión Witek pertenece a un grupo anticomunista y tiene además una relación con una mujer casada de su grupo habiendo más un estado político-social que erótico entre ellos. Por ultimo en la tercera versión Witek es neutral, ni pro ni contra el comunismo, piensa en tener familia y desarrollar su carrera de medicina aun cuando el decano lo ayuda, lo encausa profesionalmente, pero el decano tiene problemas políticos. El filme abre bien arty, con unos cuerpos muriendo en un hospital –sabremos que uno de ellos será el de la madre de Witek-, luego el padre del protagonista yace moribundo melancólico confundiendo su futuro y Witek pequeño aparece despidiéndose de una niña a la que promete volver a ver. El azar (1987) es un filme muy político y se hace difícil que uno se entretenga realmente, aunque tiene sus escenas agraciadas, de buen cine arte. El director polaco Krzysztof Kieslowski muestra a Witek corriendo desesperado hacia un tren y en el trayecto empuja a una vieja y hace que una moneda ruede hacia un vagabundo que luego toma una cerveza como centro de unión de todas las versiones. Estas escenas son arty igualmente, son pequeñas genialidades visuales, pero lo político está tan enraizado en todo que la propuesta agota. Las escenas eróticas ayudan, pero se suman conversaciones pesadas con casi todas las parejas que pasan por la existencia del protagonista. La última yace de pie completamente desnuda frente al umbral de una puerta, esta escena es muy sensual que destaca entre todas por su naturalidad y fuerza.

jueves, 27 de junio de 2019

Faster, Pussycat! Kill! Kill!


El director de ésta propuesta, Russ Meyer, hacia películas de segunda categoría, pero la presente película es una súper película, una obra de arte popular, una obra maestra del entretenimiento. Lo tiene todo como goce mayúsculo. Ostenta una malvada de antología, Varla (Tura Satana), que mata a puño limpio con golpes de karate. El filme abre con carreras de auto informales, con tres mujeres pandilleras de cuerpos esculturales, especialmente de tetas grandes, fisonomía distintiva del cine de Meyer. Estas tres mujeres se topan con una pareja de novios jóvenes donde el hombre quiere lucir la velocidad de su auto, su eficacia al volante, y Varla le hace el alto de la peor manera, al estar dotada de un ego gigantesco y peligroso. Luego las tres bellas pandilleras terminan en un rancho de un hombre en silla de ruedas que guarda una cuantiosa fortuna y conocen a sus 2 hijos, uno es un Hulk gringo de cierto retardo, el otro es un cowboy común, de valores, aun con este padre. El filme es pura acción, Varla hace todo en sus manos para no ser acusada de nada y querer llevarse la fortuna escondida. El tipo en silla de ruedas (Stuart Lancaster) es un sujeto perverso por su lado también, tiene sed de venganza de matar mujeres, pero se topará con la horma de su zapato en la temible Varla. El filme es uno de sobrevivencia donde Varla querrá deshacerse de todo testigo. Faster, Pussycat! Kill! Kill! (1965) tiene el erotismo medido, cuidado, al servicio del relato. No son necesarios argumentos profundos, solo es dejarse llevar por su intensidad, por su acción, todo es hacer, más que pensar, y así es hedonismo puro, la sencillez en estado de gracia.

viernes, 21 de junio de 2019

Las margaritas (Sedmikrásky)


El filme es simple y a la vez no tan simple. Simple porque la propuesta trata de dos muchachas hermosas locas que se dedican a las mataperradas, a disfrutar de la vida haciendo locuras e incomodar al resto banalmente con sus libertades, con su deseo de tontear. Y no tan simple porque muchas de las cosas que hacen tienen pequeños efectos cinematográficos o parece simple juego “absurdo” y es difícil de cogerlo en la memoria. Se tiende a disfrutar lo que hacen, como cine, pero también a olvidarlo.

En un restaurante hay un espectáculo de Charleston, las chicas se dejan llevar por el baile y empiezan a hacer desmanes, a desenfrenarse, a ponerse intensas, haciendo que todo sea cómico como en una película muda de slapstick. En otro momento la rubia le corta el vestido a la de cabello negro, a la mejor amiga u hermana, y ésta en un efecto básico de edición le corta con la tijera un brazo, luego se decapitan y sus cabezas bailan, más tarde todo el escenario se hace picadillo, diminutos cuadritos, en total estado de juego. Es un filme de momentos así, de disfrute efímero, con unas muchachas simplemente vacilándose.

A ellas las veremos mostrándose lúdicas con tijeras, comen con éstas como cubiertos, apelando al festín, al fuego, al poder, a lo impredecible y a la violencia. Las chicas dicen que el mundo está corrupto entonces argumentan que no tienen por qué ser tampoco intachables, también serán corruptas, no hay regla que las detenga. Sobre socialismo –capitalismo, con el primero (socialismo) se topan con un jardinero trabajando concentrado en lo suyo y llaman algo hermoso a lo que hace, luego roban unas mazorcas y se extrañan que el trabajador no les llame la atención. Con el segundo (capitalismo), entran a una fábrica, se meten apiñadas en un pequeño ascensor de carga, y al abrir una puerta terminan en una cena de lujo donde aún no han llegado los invitados y como ellas son adictas a la comida como estado pleno de goce y diversión se dedican a tragar, a destruir todo orden y a lanzarse la comida.

Una se viste con una cortina, se trepa sobre la mesa de agasajos, camina sobre los alimentos, pisoteándolos rebeldemente, se burla del modelaje. Es la belleza al servicio de la personalidad, no la belleza vacía, tal cual preguntan filosóficamente, pero a su vez son libres para hacer de tontas en mil oportunidades. También se burlan de la edad, de los hombres mayores exitosos –mientras se le rinde pleitesía a la juventud-, con los que salen y terminan aprovechándose de ellos, en comilonas que estos pagan, para luego hacer que el tren se los lleve; los humillan y los desechan, bajo mímica cómica. El filme no es uno sexual, no hay escenas subidas de tono, a lo mucho vemos a la rubia salir desnuda tapándose sus partes más íntimas con cuadros de mariposas disecadas, siempre en estado de broma naif, pero sabiendo del poder sexual, de su poderosa femineidad.

Se burlan de tener pareja, también lo hacen de cualquier hombre, con uno que llama y expresa estar enamorado en el teléfono y ellas ignoran por completo sumidas en sus locuras. Es un canto de feminismo como entretenimiento, de fuerte e imponente personalidad, de extravagancia amable, como aparecer jugueteando a menudo en una piscina, echadas al lado, semejante a unas muñecas, o cuerpos en absoluto relajo. Las margaritas (1966), de la checa Vera Chytilová, es pura irreverencia alegre, un llamado a no aburrirnos nunca, a ser intensos y felices siempre, aunque haciendo mataperradas, portándonos como niños malcriados.

sábado, 15 de junio de 2019

Carta de una desconocida


Una película muy celebrada, perteneciente a Max Ophüls, de poética maldita, de tragedia romántica, con una mujer que se enamora perdidamente de un hombre, su vecino, y muere amándolo, dejando una carta confesándole todo su amor. Lisa (Joan Fontaine) desde chiquilla queda prendada de un famoso pianista mujeriego, Stefan Brand (Louis Jourdan), y llega a conquistarlo, pero el hombre mujeriego como es la olvida y hasta redunda en ese olvido. En una estación de tren él dice que la buscará a su regreso de un concierto suyo, pero no lo hace. Ella firme en no incomodarlo –en no prestarle obligaciones- termina poniéndose a un lado –tontamente-, llevando un hijo de Stefan, a quien en vida no le confiesa de la existencia del muchacho –error aún más grande-. Es una película triste, con un hombre que se autodestruye inconscientemente al dejar pasar el amor verdadero, porque él ama a Lisa pero ha fallado por equis motivo en cumplir con ésta mujer. Ahí yace un pequeño misterio, ¿qué lleva a Stefan a dejarle entender a ella de que es su otra mitad en la vida, con aquello de lo que siempre ha sentido le ha faltado y necesitado, pero termina olvidándola o no reconociéndola varias veces?, esto puede sonar a un defecto de la propuesta, pero también plantea que el filme sea romántico, poético y trágico mediante éste olvido inexplicable y leitmotiv. Al final el hombre quien ha cometido el gran error de su vida recordará en su mente todos sus encuentros, identificándola, desde pequeña, mucho gracias a la carta sentida que ella le deja. Stefan no es un mal hombre, solo alguien que ha dejado escapar al amor. Simplemente es un hombre torpe, ejecutor de tantos fracasos, mientras Lisa representa a la mujer abnegada, una tragedia andando con su enamoramiento apasionado. El filme tiene muchas escenas dulces, todo no es llanto o drama. Pero el fin es ese, echar unas lágrimas con una historia triste.

viernes, 14 de junio de 2019

El bien esquivo


Los protagonistas toman de modelo levemente al Inca Garcilaso y a Sor Juana Inés de la Cruz, como a El carbunclo del diablo, de Tradiciones peruanas, de Ricardo Palma. Jerónimo de Ávila (Diego Bertie) es un mestizo que en el siglo XVII quiere ser reconocido por los ascendentes de su padre español para obtener derechos, ya que ser mestizo no los tiene. Inés Vargas de Carvajal (Jimena Lindo) es una monja que escribe poemas sensuales a escondidas, es una mujer muy sensorial, lo cual le puede costar la vida por sacrílega frente a la inquisición.

El filme pone a la inquisición como el malvado de la película, tratando de extirpar las idolatrías. El líder de las persecuciones en ésta propuesta es Ignacio de Araujo (Orlando Sacha). Ávila se meterá en problemas con la ley española buscando el acta de matrimonio de su padres, prácticamente es una persona torpe para ir de error en error criminal. Peleará con un notario corrupto, matará a un hombre tras unas apuestas, será acusado de idolatría por las relaciones con su madre india (Delfina Paredes). Inés aunque parece dócil esconde cierta rebeldía, pero inocua, solo que la inquisición será implacable con ella.

Ésta es una película de muchas aventuras, hay un romance llamativo entre la monja y el mestizo que es un espadachín. Es una trama que habla de las raíces incaicas frente a las españolas, habla de identidad nacional, pone al culto místico inca contra la religión católica, que recorre todo el filme. Es una película que contiene a los actores más populares del medio, muchos en pequeños papeles. Es un filme competente, aunque no una obra de arte. El bien esquivo (2001) es el filme más reconocido de Augusto Tamayo.

La película tiene buenas actuaciones, inclusive de los que hacen de actores muy secundarios, como indígenas, aunque también tiene momentos muy ligeros, demasiado austeros en lo visual, como con el disparo de la ballesta y el final, a lo película de fantasía, con un Gianfranco Brero bien maquillado como salido de El señor de los anillos. La huida por el desierto pasa por lo mismo, a lo paisaje de Lawrence of Arabia, sin casi presupuesto. Pero en los claroscuros –en especial de sus pasadizos coloniales, de su infraestructura- esconde cierta magia, cierta esencia de misterio, aunque ésta obra se presta bastante transparente.

El bien esquivo es pasional, con la monja literata delicada y expresiva en sus gestos, y el mestizo bravo y llano pero no chacra, prestos al romance más altisonante, aunque breve. Araujo es un gran personaje, que recuerda a alguien como al Senador Palpatine, poseedor de un lado fantasioso aunque identificable en la realidad con su sencilla sotana y su crucifijo brilloso, pero se le percibe con un aire oscuro, secretamente perverso, una fuerza subyugadora, manipuladora, castigadora, un sujeto bien letrado, con excelentes diálogos, una mente inteligente, pero un tipo calculador, firme en su deseos, en imponer el catolicismo a los pueblos conquistados que buscan mantener sus raíces y conceptos propios, creándose un poderoso contraste con los héroes.

miércoles, 12 de junio de 2019

La Vigilia


Edgardo Chocano (Gianfranco Brero), un hombre de dinero, solo, de noche, piensa y escribe en su computadora un trabajo académico, cuando es sorprendido por una mujer bella y salvaje del pueblo (Stephanie Orúe). La mujer lo termina atando y amenazándolo en su casa. No se sabe que quiere. El hombre culto no es un esnob, tiene bien puestos los pies en la tierra y sabrá manejar la situación, hasta llegar a compartir una extraña amistad con la mujer.

Ésta película de Augusto Tamayo es un thriller, y es uno decente, aunque con ciertos defectos. Uno de ellos está normalizado y generalizado en el cine peruano, hablar demasiadas lisuras, como una metralleta de vulgaridad, para reflejar realismo o porque todos dicen que así hablamos. Otro, por ratos el filme adolece de mayor creatividad, se le siente demasiado común o en buena parte conocido. Pero es un filme interesante en el planteamiento de la relación de los protagonistas, en ponerlos a enfrentarse entre ellos primero y luego a una banda criminal, que tiene de motivo un macguffin, que hace entretenido el filme.

El filme tiene una primera parte en que la mujer agrede con suma violencia al hombre de la casa, y aguarda el misterio en sus actos. Puede ser simplemente la invasión terrorífica de una casa privilegiada donde la mujer pobre aprovecha los bienes materiales que ha usurpado. Luego da un giro el filme y tenemos una relación particular. Se habla de sexo, pero se trata en realidad de una amistad, lo que hace curiosa la relación, que no es de padre e hija aunque Edgardo es mayor y ella hace de chica muy joven.

Ella es sexual, y violenta también manifestándolo. En un momento se adjudica ser una prostituta, aunque no lo es, pero es firme y atrevida con esto, podría haberlo sido. Hay una escena donde ella yace toda desnuda en la bañera; hay otra donde ella tiene sexo de pie en un cementerio. Son momentos claves de sexualidad donde el hombre mayor hace de voyeur, como de un hombre muy contenido. Pudo ser más profunda ésta parte, pero queda como que Edgardo es un tipo híper civilizado, aunque sea capaz de enfrentar el infierno por ésta chica.

Edgardo tiene dinero, pero es un hombre que puede manejarse dentro del pueblo sin problemas, dentro de lo criminal también, como cuando va a distritos más inseguros con total tranquilidad y conocimiento. Los viajes en auto economizan harto tiempo de cine, tienen una buena edición hay que anotar. El lado de la persecución criminal no está muy desarrollado, o es bastante simple, pero esto otorga a su vez personalidad, porque pesa mucho la relación entre el hombre mayor y la joven, una relación difícil de definir a cierto punto, quizá un poco un hueco, o medio un enigma, pero un disparador de intensidad, curiosidad y maleabilidad.

Ella le dice que está loco en su accionar, lo dice de la manera más llana y vulgar, poniéndose en duda las razones abiertamente, sin que él responda del todo –estando bien muchos de sus silencios-; también todo podría haber sido parte de la imaginación de Edgardo, oyéndose mejor que todo haya sido literatura que un estudio del primitivismo o el choque de clases. La vigilia (2010) tiene ocurrencias como la de toparse con el peligro de la embestida de un toro que se percibe un poco boba, al tiempo de básica, pero tiene un minimalismo atractivo, mucho más saludable y hedonista que la exuberancia y telenovela de Una sombra al frente (2007).

jueves, 6 de junio de 2019

La ronda (La ronde)


Son pequeñas historias de amor fugaz interconectadas por una persona de las parejas, realizadas en cadena, pasando de una aventura a otra aventura, con Raconteur (Anton Walbrook) como el presentador y ser ubicuo entre las parejas, en un carrusel del placer y la felicidad, aunque también hay decepción y traición. Pero sobre todo brilla la felicidad.

Hay grandes actores franceses de parejas, con una Simone Signoret haciendo de una prostituta, aunque no una común, capaz de saltarse cobrar por tener un encuentro de su predilección, pasando por terminar durmiendo con un aristócrata de buen aspecto físico (Gérard Philipe), donde queda todo en un estado idílico de romanticismo y ternura –con una Signoret como flotando en las sábanas ante la mirada voyeur de la cámara acariciándole el rostro, su belleza- , porque el director Max Ophüls no juzga, ni al adultero ni al libertino, sino que celebra el amor libre, el placer sexual como hallazgo total de felicidad.

Serge Reggiani interpreta a un soldado que sólo quiere divertirse, quiere gastar su día libre bailando, mientras cambia de pareja, no pretende estabilidad. Simone Simon hace de una bella y sumisa empleada del hogar rendida a los pies del hijo de su patrón (Daniel Gélin), como fantasía húmeda, y el hijo del patrón pasa a cumplir una segunda fantasía, metiéndose con una mujer casada (Danielle Darrieux) que duda y teme ser descubierta. Pero el marido de ésta (Fernand Gravey) también la engaña, con una joven humilde atraída por el dinero. No obstante ésta dama realmente desea a un poeta (Jean-Louis Barrault), y se hace pequeña frente a éste.

En la alcoba, en camas separadas, pero próximas, con sus lámparas respectivas a tiro de cordón, los esposos hablan sobre la infidelidad, sobre la calma de su relación que el hombre inocente venera y a la mujer le aburre secretamente. Ella, pícara, le pregunta si de joven ha estado con una mujer casada, él autosuficiente sorprende confesando que sí, sólo que remata que a esas mujeres no se les ama en esos affaires, ella queda meditabunda, en un prender y apagar las lámparas en medio de la curiosidad de ambos, saliendo del silencio y la monotonía matrimonial. Esto implica una escena paradójicamente simpática e irónica, levemente humorística. Plasma la perversidad en el amor, que aquí también tiene cabida.  

La ronda (1950) es un filme que con el presentador explica que estamos ante una obra creativa o cinematográfica, un divertimento, mostrándonos como nos comportamos, o como la gente revolotea alrededor del placer. Y lo hace con chascarrillo, con libertad, con un toque de despreocupación, algo de trasgresión, aun cuando es una propuesta de aire clásico, con muchas formas, delicadeza y amabilidad para narrar.

El presentador ayuda a la consumación de las aventuras, cómplice en el adulterio, como un alter ego de Ophüls y a quien adapta, a Arthur Schnitzler, que celebra el placer, que puede ser platónico, o impío, o algo forzado, o sensual, o engrandecedor. Hay desbalances e iluminaciones, se ama al vuelo, se desea con fuerza, y te corresponden -como el hijo del patrón cerrando las ventanas para propiciar un encuentro romántico o a través del velo como preámbulo sensual-, o no te aman pero te aceptan la aventura, también te la niegan.

La prostituta busca el sentimiento, un soldado no le corresponde como quiere, está muy apurado por divertirse, que curiosamente no pretende el camino fácil, quiere la dilación. Pero si un conde, que sufre un repentino deslumbramiento frente a la elocuencia romántica inesperada. El poeta es deseado como una celebridad por la humildad de una mujer (Odette Joyeux) y rechazado como algo de poco valor aun pasando por una necesidad, por una engreída actriz de teatro (Isa Miranda); aflora todo el paquete, en la vocación de la fuente del entretenimiento abierto y celebrado, prominente, lleno de calor e ingenio transparente.

El placer (Le plaisir)


Max Ophüls nos muestra 3 historias, dos cortas de unos 15 a 20 minutos y una extensa que es la del medio y la que más llama la atención. Las cortas hay una que es sobre un hombre viejo que se pone una máscara de un hombre joven para ir de fiesta; la otra es sobre una mujer que pelea siempre con su pareja, un pintor, y se separan, y ella quiere volver con él a toda costa.

La del centro es acerca de un grupo de cortesanas y su madame que dejan su discreto prostíbulo que parece una casa de fiestas para ir al campo a la primera comunión de la hija del hermano de la madame. El hermano es interpretado por Jean Gabin, y queda prendado, en busca de un affaire extramatrimonial, de una cortesana (Danielle Darrieux).

El filme tiene una escena muy hermosa cuando una cortesana recién llega al campo, cuando sale a ver por una ventana y se maravilla de las estrellas, el cielo y el paisaje rural. Es breve pero llena de cine. La película versa sobre el placer, como señala el título, el primer hombre lo busca con ahínco a pesar de que su tiempo ya ha pasado, y su cuerpo no resiste los sucesos hedonistas y suele caer enfermo.

La última historia es más femenina, una mujer anhela el placer en su relación con el hombre de sus sueños, pero no puede evitar pelear con él quien quiere escapar de ella y solía amarla con devoción. No obstante la bella dama (Simone Simon) quiere volver a contener ese amor romántico (Daniel Gélin), mientras el hombre se muestra terco en no volver a sus brazos.

Le plaisir (1952) tiene escenas atractivas, muy cinematográficas, como con el encuadre de los hombres mayores exitosos mirando a la playa al no hallar el prostíbulo abierto. El filme es elegante, nunca es vulgar aun cuando trata con el sexo y el libertinaje, es un canto a la libertad del placer, pero de manera inocente y alegre.

domingo, 2 de junio de 2019

Madame de...


Una dama aristocrática (Danielle Darrieux) vende unos finos aretes que son regalo especial de su marido, un general (Charles Boyer), por sus deudas. El general se inquieta y los busca con ahínco, los termina comprando de nuevo, pero curiosamente se los regala a su amante. Aquí el hombre se pinta de cuerpo entero y prácticamente justifica que su mujer termine enamorándose de un pretendiente, de un diplomático (Vittorio De Sica). El diplomático sabe que ella es una mujer coqueta pero que no pasa de ello, que hasta el marido bromea comentándoselo, sin embargo él nunca deja de seducirla con su caballerosidad. El director Max Ophüls simplifica la seducción mediante los incontables bailes que comparten, sin despegarlos, los vemos en secuencia danzando pegados uno al otro, hablando en el tiempo. Ella apoyada en una puerta termina diciendo que no lo ama rendida ante él, éste “no” en realidad es un sí cómplice. Pero pronto el general se pondrá las pilas y buscará cortar éste affaire. En ello el filme luce refinado, lo mismo con ponerse capas mediante ayudantes, el filme es elegante y muy clásico. Es una historia de infidelidad y romance. De Sica luce como un seductor neto, con gran porte. Boyer es un hombre de aire inteligente, un hombre muy despierto, pero ésta relación se le escapa de las manos. El filme es muy sutil en toda la infidelidad, mientras el general guarda las formas. Finalmente el filme se decide por una salida más “brutal”, un duelo de pistolas, aunque de caballeros, y tiene un final hermoso, con el foco en las velas de la iglesia, un rezo sin nadie, su cuota de suspenso y una puesta en escena de cierto misterio. Éste puede tenerse por un filme aristocrático, con un trío de actores geniales.

martes, 28 de mayo de 2019

Dry Martina


Es la historia de una cantante, Martina (Antonella Costa), que es muy sexual, dice que es ahí donde ella siempre se ha sentido feliz, donde se halla a sí misma. Ella pretende que el mundo la quiera tal cual, así con su fuerte deseo sexual y promiscuidad, con su liberalidad a mil, con querer hacerlo cuando quiera y cuantos quiera, mientras habla de manera directa. El filme sigue ese rumbo, con la hermana imaginaria de la misma manera, que también es muy libre en lo sexual, como con el muchacho de color con quien sólo se divierte y suena a lugar común -siendo el hombre de color representación de sexo puro y duro-.

El filme intenta ser muy moderno, con lo sexual a la orden del día, del nuevo pensamiento, un pensamiento progre para bien y para mal en su significación, la aceptación de la promiscuidad femenina, la ligereza sexual femenina, el hedonismo ante todo, el sexo libre en toda gloria, sin escenas subidas demasiado de tono ni rarezas, acótese, pero con aventuras intrascendentes por doquier, se busca la aceptación total en ese sentido. Pero Martina quiere que la quieran también así, incluido el espectador, pero le falta cierta empatía para ello, aunque es algo simpática, no es un cero a la izquierda. Ella quiere ser cool con su liberalidad, con su sensualidad, pero poco importa a ratos, no a todos nos convence o entusiasma.

Dry Martina (2018), de Che Sandoval, está bien hecha, técnicamente es una película más que decente, tiene buenas formas, pero narrativamente hablando –por lo que cuenta o cómo lo cuenta como trama-  es mucho más discutible. Martina confiesa haberse acostado con todos sus amigos del colegio –fueron 12-; pide una pija y termina abrazada a un anciano que no entiende su lenguaje, con un juego que plantea la propuesta, en la comunicación entre la jerga chilena y la argentina. El filme la pone como una incomprendida, alguien por quien sentir algo de pena, es finalmente una solitaria, pero esto no pega, Martina debería ser más dura, más fuerte, mostrarse así tal cual habla y ejecuta, pues ese camino ha escogido.

El sentimentalismo no funciona con Martina, cuando se muestra conchuda con el sexo previamente, de manera tan desenfadada y apologética. Si eres irreverente, no pretendas ser tierno después, no será tan fácil de generar empatía así, si no habrá que ser ingenioso entonces, y en ello el filme falla, mostrando un salto muy simple. Dry Martina con la historia de la hermana chilena loca mejora, se libera un poco de su temática de promiscuidad –paradójicamente a raíz de una relación casual-, dejando de ser repetitiva, para al final dar un pequeño giro, con la –simbólica- gata maullando. No es un filme malo; como película ligera tiene su gracia.

domingo, 19 de mayo de 2019

Prospect


Aunque suena improbable, difícil, de que alguien llegue a sentir aprecio por quien ha matado a tu padre y no fue un padre que detestabas o estuvo ausente en tu vida éste filme de Christopher Caldwell y Zeek Earl no es un mal filme, es más bien interesante y entretenido. Es un sci-fi con su ciencia propia, con su magia cinematográfica para mostrar el futuro. Una de las curiosidades de la propuesta es extraer especies de gemas de dentro de unas bolsas tipo estómago que yacen en medio de la naturaleza –en la tierra- como vida fantástica y pueden destruirse las gemas si las extraes mal o mutilarte al introducir por necesidad tu brazo.

Esto genera ambición y la codicia violencia y, desde luego, crimen. Luchan entre todos por obtener éstas gemas, habiendo un padre y una hija buscándolas por problemas de dinero para poder ir a donde quieren, que a esto le llaman ciclos, a los viajes por el espacio, como gasolina. El tándem padre –hija desciende de emergencia en una luna y empiezan a buscar las gemas, en esta tierra de nadie, a lo desierto americano de western. Ésta luna se ve como un bosque de fantasía, con destellos del tipo de unas luces de colores cayendo en medio de mucha vegetación. Tan simple como ello, y ahí está su luna, contexto y notable y efectivo escenario.

Prospect (2018) es una película de aventuras, todo parte cuando dos tipos asaltan al padre y a la hija protagonistas, a Damon (Jay Duplass) y a Cee (Sophie Thatcher), y termina en ésta rara amistad de querer al enemigo, entre Cee y Ezra (Pedro Pascal). El filme se mueve en formar el vínculo, con un Ezra justificándose lo mejor que puede en lo que parece casi imposible, exhibiendo otros lados de sí, de tipo abusivo y bruto a hombre de palabra y sensibilidad. Hay cierta química entre Pascal y Thatcher, a pesar de la diferencia de edad, pero nada extraordinario ocurre a ese respecto que no sea un esbozo, estando más pegados a la amistad.

Es un filme que entra rápido al meollo, en sólo quince minutos prácticamente todo esta explicado y dentro de su cuota de original ciencia ficción. Tiene un discurrir intenso, salta de aventura en aventura, en medio de esa amistad que forman Cee y Ezra, donde anida la relación más potente del filme, aunque criticable por una parte, pero rica al fin y al cabo para el uso y trayecto de la propuesta. Lo mejor, lo más creativo, es la extracción de gemas representando la fiebre de oro. Después hay mercenarios, asaltantes (outlaws) y sencillos buscadores de oro como en un western, pero con la cara de la ciencia ficción. Es un sci-fi de elementos sencillos, pero con su originalidad, con mucha aventura, intereses crudos y raras lealtades en juego.

viernes, 17 de mayo de 2019

Dar la cara


Dar la cara (1962), de José A. Martínez Suárez, es un filme político, que retrata los tiempos en que se halla Argentina por entonces, tiempos convulsos, tiempos de huelgas, de estudiantes protestando, de obreros y trabajadores humildes quejándose o con gente defendiéndolos, peleando con sus patrones, exigiéndole al estado, épocas de socialismo.

El filme es un coming of age de tres personajes, de tres muchachos, recién terminado el servicio militar de ellos al mismo tiempo. Uno es un ciclista, otro un estudiante y otro un director de cine. En el filme hablan de fracaso, se enfrentan a ello constantemente. Entre ellos hay distinta condición social, el director de cine es de dinero, hijo de un hombre exitoso, mientras los otros dos son clase trabajadora (ciclista) y clase media (estudiante).

Los tres protagonistas son amigos. Beto (Leonardo Favio, el mejor actor de los tres, el más carismático además) es el ciclista, quien debe esforzarse por clasificar a una gran competencia de ciclismo, y ver por un buen futuro –es repartidor de periódicos-. Beto es un muchacho muy sociable y muy querido. Lo tenemos haciendo una parrillada gigante para sus amigos –carne argentina, qué más nacionalista-, auspiciada por un tipo de negociante popular.

Beto tiene una novia que se la pega de muy modosita con él, o teme perderlo por esa vía “fácil”, y no quiere tener sexo ni provocarlo siquiera antes del matrimonio. Beto termina en brazos de otra buscando una mujer más sexual, la que tiene muchos amigos como eufemismo de promiscuidad. Pero termina renegando de ésta nueva mujer también, aun cuando esta mujer tiene dinero –no obstante Beto no es aprovechado, es finalmente un caballero-. En un momento alguien lo llama grasa, insulto despectivo argentino de vulgaridad y mediocridad, y éste pierde los papeles, es un hombre humilde, pero orgulloso, alguien con personalidad, aunque a ratos sea discutible, parezca que no sabe lo que quiere, como todo muchacho.

Bernardo (Luis Medina Castro) es el estudiante, siempre falla en avanzar en sus estudios porque la huelga y la lucha social lo hacen desenfocarse de su camino, lo jalan como quien es atraído hacia el pecado, cuando sabe que la lucha social se entromete en su futuro, en terminar de labrarse uno. Intenta olvidarse de la huelga por esta razón, pero los tiempos y sus compañeros no lo dejan tranquilo, notando que hay estudiantes enfrentándose a los huelguistas, hasta como si fueran pequeños gángsters, criminales en ciernes.

Esto lo sigue a todas partes a Bernardo, el claramente político de los tres, como si se tratara de un filósofo o un sociólogo por naturaleza cuando en realidad estudia ingeniería. Es su fuerte consciencia, son los tiempos, y será su pugna “eterna”, sopesando que esto del socialismo también es fuente de violencia –como las antorchas que llevan los huelguistas que parecen bombas molotov-, aunque no veamos aun brutalidad.

Mariano (Pablo Moret) es el cineasta que quiere hacer una gran película y cree que su padre que también es director de cine solo hace películas comerciales sin profundidad, sin tener nada que decir, las llama hasta bodrios, y esto le molesta, por un especie de idealismo. Pero en el trayecto entiende que el cine no necesariamente debe ser político ni el cine comercial es algo malo –pero acotando que es más altruista que negociante-, no tiene la vena social en sí como otros compañeros de cine que llama (audazmente) periodistas. Pero tendrá su lucha existencial, su confusión, su lucha de autodescubrimiento para darse cuenta.

Dar la cara es una película muy bien hecha, aunque tiene un lado marcadamente político, que la emparenta con el cine latino de ese entonces y las influencia ideológicas, pero también quiere ser clásica en su amabilidad, en sus historias simpáticas de humanidad, como el deportista que quiere tener sexo con una mujer de su agrado, con una pareja romántica, como quien dice ni puta ni mojigata o quien no pretende ser un tonto por ninguna parte; el estudiante que no quiere botar su vida a la basura, a razón de madurar y saber quién quiere ser y quien es; y el cineasta imberbe que quiere trascender en su profesión, hacer arte, por encima del dinero, un tipo con consciencia, otra a la social. 

miércoles, 15 de mayo de 2019

Dragged Across Concrete


Dragged Across Concrete (2018), de S. Craig Zahler, dura 2 horas 35 minutos y se cocina lento, pero es una película muy entretenida, te mantiene interesado todo el tiempo. Es un filme con 2 policías suspendidos donde uno de ellos quiere hacerse de un dinero corrupto para sacar a su familia de un mal barrio –una hija adolescente peligra de ser violada en un futuro-. El policía de esta idea lo interpreta Mel Gibson como Brett Ridgeman, y su compañero es Vince Vaughn como Anthony Lurasetti.

No es un filme perfecto, pero es definitivamente bueno. Dentro de lo malo está el humor grueso en la presentación y salida de Jennifer Carpenter. También darle mucha importancia al personaje que hace Tory Kittles. Lo interesante está en la interactuación entre Gibson y Vaughn y como lentamente se va armando el filme tras un robo y el seguimiento de un tal Vogelmann (Thomas Kretschmann) y como sus secuaces son presentados. 

La acción cuando finalmente llega –aparte de lo que hacen independientemente los secuaces enmascarados del robo- es potente y full jugosa, el filme tiene muy buena acción, secuencias y escenas de antología. La propuesta es impredecible, anárquica, trasgresora, hedonista. Gibson y Vaughn hacen grandes papeles, están magistrales, hablan bastante entre sí. Dragged Across Concrete es cine punk, cine que no teme ser rebelde y hacer lo que le plazca. El filme tiene un timing lento, pero también es sumamente interesante, que uno no siente el tiempo en absoluto, sino que más bien te haces de expectativas.

La trama es inesperada en su discurrir de corrupción, con unos policías protagonistas carismáticos y a la vez unos malditos en cuanto a astucia y estado cool. El filme aunque no tiene el timing de Tarantino que suele ser veloz recuerda a su cine. S. Craig Zahler definitivamente con sus tres películas a cuestas es un director a tener siempre en la mira, es un cineasta del hedonismo cinéfilo, un gran cineasta del entrenamiento en total libertad.

sábado, 11 de mayo de 2019

Tinta roja


Un grupo de periodistas celebran en un bar con música criolla –al son de El Alcatraz y su clásica vela detrás de una falda- hasta que llega una noticia fúnebre que les cambia el rostro a todos. Así empieza éste filme del peruano Francisco Lombardi y hacia ahí irá tras varios flashbacks que van completando la figura hasta llegar a un racconto.

Alfonso (Giovanni Ciccia) es un practicante que se une a un periódico popular llamado El Clamor y en éste lugar halla a su mentor, a Faundez (Gianfranco Brero), un hombre muy sexual, muy vulgar de boca, como el filme tan criollo. Se ven muchos casos de periodismo popular donde brillan los crímenes y accidentes, las muertes, y la gente más pobre y humilde lucen como si fueran artistas por un día, parafraseando a la película.

El grupo de periodistas protagonistas está encabezado por Faundez que es el periodista avispado, vivo, malcriado, astuto, el jefe que muestra toda su virilidad y machismo, quien es pícaro hasta lo grotesco, quien es muy criollo, muy ducho en el periodismo más barato. Gianfranco Brero lo hace muy bien, y obtuvo por su actuación el merecido premio de mejor actor en el festival de cine de San Sebastián 2001.

Faundez muestra una personalidad ambivalente, puede ser detestable –donde anida más-, como alguien a reconocer como talentoso, como en su profesión, que es hasta guía, maestro, amigo, tiene un extraño aire paternal, aunque busque lo soez, lo sórdido, trabaje hasta con lo ruin, como pasar por alto siempre el dolor ajeno y ver a las personas como intereses propios y cero altruistas, e igualmente habla curiosamente de la compasión, pero de la que le recuerda a sí mismo, habiendo una escena de boomerang donde ve quien ha sido y se da cuenta de su error. Familiarmente es una ruina, otro punto de la ideología del sexo y el libertinaje que maneja la propuesta. Y pasa por alcohólico en cierta manera, otra idiosincrasia chicha.

Lo secundan Van Gogh (Carlos Gassols), el chofer quien gusta de recitar frases célebres –muchas muy conocidas, sencillas- y luce como un viejito bonachón, pero también es parte del clan del criollismo; un fotógrafo casi mudo, Escalona (Fele Martínez), muy frío para la foto más escabrosa y sensacionalista, pero catalogado de los mejores de su profesión valga la curiosidad; y el nuevo practicante, Alfonso, que pasará de ser un joven educado con ánimos de convertirse en un escritor profundo –de ahí le viene lo de Varguitas, en la mención a Mario Vargas Llosa- y mucha cultura al pupilo de Faundez, su posible reemplazo, un pequeño doble.

El filme muestra a una Lima popular, donde la noticia más fuerte es buscada con ahínco, mientras se forman vínculos entre los periodistas y se van mostrando sus personalidades, en especial la de Faundez que es igualito a lo que significa El clamor, un periódico chicha, vulgar. Faundez en sí es la película, como va adoctrinando e influenciando a Alfonso que vendría a ser el pequeño héroe, quien más es como pasar por una experiencia de madurez, de vida.

La parte romántica la forma Nadia (Lucía Jiménez), pero como el filme busca ser siempre chicha, popular, criollo, sexual, ella pasa finalmente a segundo plano, a ser parte de la ideología o la argumentación de éste submundo de noticia barata y devoción al sexo. Nadia es guapa, independiente, algo sofisticada, una periodista de espectáculos, pero eso no cuenta frente a la verdadera reina del filme, la sexualidad –junto a la violencia-, con la podóloga (Tatiana Astengo) y la periodista amante (Yvonne Frayssinet) representándola.

Es un filme que puede gustar mucho si lo vemos como la peruanidad más humilde, como un retrato implacable y muy realista del criollismo peruano, pero que como su expresividad puede ser vulgar, chacra, que puede no congeniar tanto con lo más artístico, o en todo caso su aspecto social es muy contundente y ahí radica su mayor logro, como su tara, dependiendo, pero como es lo que busca el cine de Lombardi más es tenerlo por un éxito de película.

Sin duda, es una de sus películas más auténticas y más propias, donde está toda su identidad e idiosincrasia como cineasta, para bien y para mal, es toda su esencia, y predomina lo destacable, es nuestro cine al fin y al cabo, parte importante de quienes somos, parte de nuestra historia como séptimo arte, aun cuando el filme es del 2000, y Días de Santiago (2004) y Madeinusa (2006), hitos de nuestro cine y un cambio en nuestra cinematografía, están cerca. Pero Tinta roja es otro hito e identidad, una de nuestras mejores películas, aun cuando es tan social, tan realista, tan vulgar, tan criolla, y propia de otro tiempo.

jueves, 9 de mayo de 2019

Rojo


Un hombre discute con otro por una nimiedad, finalmente el que parece perder o resignarse avergüenza a su contrincante, estalla en furia el humillado, más tarde se desata la violencia. Tras un espectacular arranque el filme se dedica a explayarse en sus 2 historias, una sobre un saqueo de una hermosa casa y el otro sobre una discusión en un restaurante. Pero el filme es muy suelto, no esperen un abordaje contundente como el del poderoso inicio. El director argentino Benjamín Naishtat retrata 1975, poco antes de la dictadura de Jorge Rafael Videla. En su filme vemos lugares comunes de lo que sería ésta dictadura, pero en forma trasversal. En Rojo hay desaparecidos aunque por asuntos pedestres y por gente común. El filme salvando distancias es como La cinta blanca (2009) y constatar lo que vendría después en Argentina. Es una obra donde todo no parece tener mucha importancia y el clima está un poco enrarecido. El personaje principal es un abogado, interpretado por Darío Grandinetti, quien viaja a una pequeña provincia con su mujer y su hija. Entre lo curioso y hay mucho de ello, pero en tono muy relajado, que puede pasar por medio dormido, está la contratación de un detective en manos de la interpretación del chileno Alfredo Castro. En Rojo hay corrupción, oportunismo y aprovechamiento, parte de lo que sería la dictadura de Videla. Hay culto a la iglesia, como Castro haciendo de un devoto, un hombre que permite lo sórdido, pero ejerce la crítica social. Grandinetti luce muy competente, es un gran actor. En éste filme hay hasta un eclipse, escenificado en una playa. Es una propuesta muy de cine arte y tiene personalidad. No es un filme demasiado original, pero medio que se distingue, como cine de autor. Tiene un clima algo seco, pero no muerto, y contiene humor extraño, será ironía. Es un filme que se pretende inteligente, quizá demasiado para su propio bien, y no resulta un filme maestro. Es más potente y efectivo al hacer cine sorpresivo y violento como en el inicio. Luego cambia de tono. Es una obra a valorar, aunque decaiga, afloje y sea algo parsimoniosa.

lunes, 6 de mayo de 2019

High Life


Claire Denis hace una película interesante, pero no perfecta, entonces vale, porque tiene su originalidad, su buen cine arte, aunque tiene puntos débiles o criticables. El filme es algo confuso de ver, sobre la misión de reproducción, el por qué la hacen tan complicada; después se suelta el pandemónium que si luce normal ante no ir por la vía rápida y fácil.

El filme tiene su parte fuerte en como desaparece la tripulación hasta quedar padre y bebé solos. Robert Pattinson interpreta a éste padre, y está muy bien. La trama de ir rumbo a un agujero negro suena escueta pero práctica, efectiva, con los muchachos pequeños criminales puestos en el espacio con la doctora asesina (Juliette Binoche) y su investigación.

El sentimiento que emana entre padre e hija del inicio es bueno, luego se vuelve medio intrascendente, pero sigue funcionando. Pattinson con su actitud y performance no necesita verse más viejo, no mucho al menos. High life (2018) es un sci-fi que exhibe herramientas sencillas, pero es muy erótico, sexual, tiene identidad.

Lo interesante es como cada tripulante va a ir desapareciendo hasta que quede la figura previa de los cadáveres que arroja al espacio Monte (Pattinson). Estos cayendo en el espacio son tremenda imagen. Binoche sobresale como cabe esperar. Lo futurista –lo material- está perfecto, sin demasiada extravagancia que no sea alguna máquina de excepción.

Pattinson hace de un buen tipo en general, quien se regenera con la responsabilidad de cuidar de su hija. La propuesta habla de la búsqueda de la trascendencia. Binoche también hace de una mujer en pos de la redención, con lo maternal. Hay un vacío y ser defectuoso –hasta lo criminal-, mejorar como persona, que se trata, que se llena o se transforma con tener un hijo, aunque hay quien reniegue de ello y se muestra incluso violento.

El filme versa sobre ser padre y arranca de ser un muchacho loco hacia esa responsabilidad, mientras esto es productor de mucha intensidad. El filme tiene su toque gore, sus momentos de terror. Hay una buena bomba de tiempo, en como Denis propone subir la tensión, en como lo prepara. High life no es un hito, pero es un buen filme.

domingo, 5 de mayo de 2019

El Motoarrebatador


El Motoarrebatador (2018), de Agustín Toscano, es un filme pequeño y básico. Unos ladrones en moto le roban una cartera a una señora madura y la terminan arrastrando por el piso. El que maneja la moto siente culpa de lo que ha hecho, mandar a la mujer al hospital, la visita y termina siendo como un familiar para ella, la cuida. El hombre se llama Miguel (Sergio Prina) y tiene la suerte de que la mujer está amnésica y esto le permite cuidar de su casa y hacerse pasar por alguien conocido de ella. Elena (Liliana Juarez) es una mujer solitaria, una empleada del hogar que ha juntado su plata y vive tranquila, va a cobrar un dinero y justo la asaltan. Miguel es un tipo pobre y desempleado, vive en casa de su pareja que termina botándolo, tiene un hijo chico. Miguel ve de paso la oportunidad de establecerse, de tener un hogar cómodo en casa de Elena. Elena mientras tanto necesita ayuda por su estado y se apoya en Miguel. Hay una relación algo extraña de definir del todo, ¿hay amistad, atracción o más lo que parece, un cariño familiar? El motoarrebatador no ofrece mucha originalidad, es una película que se siente mil veces vista, pero es ligera y se ve fácilmente, no molesta, entretiene. La escena que sale de lo común es una con Prina desnudo con casco de moto echando aerosol a la casa, dura poco tiempo y parece salida de la nada, algo gratuita. El filme forma un vínculo sólido entre Elena y Miguel, que es de lo que se vale la película, su centro. Ésta relación sin embargo no llega a plasmar gran cosa y llega a una pelea que hace ver a Miguel como un tipo bajo, acomplejado con su estado de criminal. Los protagonistas están bien dibujados, aunque le falta más punche al asunto, un poco de más relleno y novedad. Ésta película argentina estuvo en la Quincena de Realizadores 2018.

miércoles, 1 de mayo de 2019

El Ángel


El Ángel (2018), del argentino Luis Ortega, es una película exuberante, hecha en grande a lo blockbuster de cierta manera, no digo comercial, porque no lo es del todo, tiene escenas que son muy radicales o anárquicas, de paso de mal gusto, como mostrar un testículo latiendo en primer plano para enseñar que el protagonista es un desviado como lo señalan más tarde los medios de prensa. El Ángel compitió en Un certain regard 2018.

Lorenzo Ferro debuta en el cine como Carlos Robledo Puch, ladrón y asesino real que es quien tiene el mayor tiempo en la cárcel de la Argentina, más de 45 años en la cárcel. Pero Luis Ortega hace un filme medio arty, cool, algo humorístico, un poco extravagante. Lo mejor del filme es ver a Ferro bailando al son de La joven guardia y su hit el extraño de pelo largo. Robledo Puch se caracteriza por ser un tipo muy frío, pero también rubio y ojos azules, delgado, lo que sorprende a muchos que sea tan sanguinario y tan brutal.

El gran compinche de Puch es Ramón (Chino Darín), y manejan una cierta atracción entre ellos, sin concretarla; el filme defiende lo gay como en la pelea en el bar. La propuesta es muy intensa y entretenida, está contada bastante bien, con sentido del espectáculo. Los padres de Ramón y Puch también son interesantes, con el chileno Luis Gnecco y Cecilia Roth haciendo de los padres de Robledo Puch, siendo tipos muy decentes, pero de poco carácter. Por el otro lado los padres de Ramón son Mercedes Morán y Daniel Fanego y aportan picardía y perversidad. Fanego sobresale en especial del grupo.

El filme no intenta ser un retrato verídico, es algo mucho más libre, se busca una obra artística ante todo, con un Puch que es un personaje de cine, no uno tan real, aportando simpatía, relajo y humor. No se juzga con fuerza de ninguna manera su brutalidad, es visto todo como mecanismo de entretenimiento e impacto, de hedonismo. No es algo serio en ese sentido. Vemos a Puch comportarse como un niño, como un tipo de poca meditación, es un loco, aunque él se considera normal. Es como que al chico más popular del colegio se le pusiera perversidad, sordidez, criminalidad, y todo fuera conchudo, atrevido, libertino y nihilista.  

lunes, 29 de abril de 2019

La Mula (The Mule)


American Sniper (2014) le bajaba puntos a Clint Eastwood, ya cansa además que siempre esté retratando nacionalismos y patriotismos de su país, un héroe americano más a su filmografía. Con The mule (2018) vuelve el Eastwood que se hace querer, el mismo de la maravillosa Gran Torino (2008), con el mismo guionista, dígase de paso, Nick Schenk.

Clint Eastwood interpreta a Earl Stone, un hombre que ha antepuesto el trabajo a su familia, con una hija (Alison Eastwood, su verdadera hija) y una ex esposa (Dianne Wiest) que no lo aguantan, que mantienen su distancia y siempre lo critican. Earl toda la vida ha sido un outsider, un solitario, un hombre de la carretera, alguien que ha vivido siempre su hedonismo, lo superficial, como horticultor y como viajante. Ha recorrido 41 estados americanos. Earl además es veterano de la guerra de Corea.

Earl una vez que está arruinado, por las ventas de internet, se vuelve una mula, lleva cantidad de droga en bolsos a través de los estados americanos. Lo único que tiene que hacer es llevar la droga en su camioneta sin que lo descubra la policía. Mientras Earl gana dinero empieza a gastarlo en todos sus seres queridos, vuelve a ganárselos, pero lo que su familia quiere en realidad no es dinero, sino que él esté presente con ellos. Eastwood pone de mensaje que la familia es primero que todo, antes de la fama, el trabajo, el éxito y el dinero.

Como en Heat (1995), aunque con distancia, Heat es un obra maestra, al igual que el diálogo entre De Niro y Pacino, entre policía y criminal, hay diálogos maravillosos entre Earl y el policía que ve casos como el suyo, el agente Colin Bates (Bradley Cooper), pero sin que Bates sepa que en realidad Earl es a quien busca, el Tata, la mula que tanta droga ha transportado.

En un momento un narco le dice a Earl: Estás con nosotros ahora porque te has equivocado mucho antes, al ver a Earl tan fresco y feliz en sus transportes. Earl responde: pero es el mejor sanguche de chancho del mundo. Es decir, hice lo que me dio la gana, no me importa lo que dices, repito que vale la pena. No obstante Earl si sabe que ha sido un pésimo padre y esposo, sabe de sus errores, tiene consciencia, humanidad, y trata de hacer ahora feliz a muchos, a sus compañeros veteranos y en especial, a su familia –nieta, hija y ex esposa-.

La mula es ligera, pero hábilmente comercial, es muy entretenida, de gran ritmo. Eastwood luce maestría en su dirección, sabe hacer buen cine comercial, cine hollywodeense de primera. Nick Schenk escribe en el estilo de Gran Torino, aunque sea un filme menor a ese. La mula no es una película ambiciosa, pero es una para querer a Eastwood, para disfrutar de la cinefilia.

Clint Eastwood ya no se luce con la violencia, pero sí con las mujeres, con las jóvenes y voluptuosas, con las despampanantes, pero aunque es pedestre con ellas deja espacio para ser caballero con las mujeres mayores, las llama bellas, les suelta piropos dulces y las respalda. Es un mujeriego con las jóvenes y con las mayores es amoroso.

En el filme Earl tiene 90 años, Eastwood tiene 88 años, es pasivo con la violencia, los narcos mexicanos representan la violencia, Earl no los enfrentará nunca, de ninguna manera, incluso medio que pasa por amigo de ellos, por extraño que suene –ya que son criminales consumados, duros, sin medias tintas, expuestos así, casi todos sin background en el filme, o lo mínimo: la pobreza extrema, el ser nadie, lo típico-. Estos lo comprenden, les parece gracioso, curioso, extraño, Earl es un personaje para ellos, no lo sienten un criminal, parece más una extravagancia, aunque entienden la razón, como la de la mayoría: el tener mucho dinero, simple y llano. El filme cuenta un hecho real, sacado de un artículo periodístico.

Eastwood se muestra buen actor. A su edad sabe expresarse bastante bien, ser gestual, y acomodar el cuerpo al requerimiento, que puede ser algo brusco, primitivo. Igual el reparto mexicano está notable, no tiene fisuras. Bradley Cooper también luce muy bien. Eastwood agrega algunas bromas sobre afroamericanos y mexicanos, pero todo ligero y con la confianza que lo caracteriza, sin tampoco sobrepasarse.

Otra broma recurrente es compararlo con James Stewart, con esa imagen impoluta y correcta que tenía, de americano modelo e identificador, y suena a lo que intenta hacer Earl -se le exige- al pasar del criticable outsider lobo solitario –el Eastwood violento de paso- a un hombre familiar -a un viejito, la realidad-, aunque a Earl Stone se le ve sonreír cuando está preso con sus flores, nuevamente solitario en su mundo, luego de jugársela y apostar por lo criminal -su opuesto- y ser un lobo solitario por última vez, aunque lo sea una y otra vez como una enfermedad o identidad prácticamente inamovible, pero habiendo cumplido con su familia en aquella despedida. De todas formas queda en el aire hasta el final un sutil chascarrillo: no puede con quien es. 

viernes, 26 de abril de 2019

Capharnaüm


Capharnaüm (2018), de Nadine Labaki, retrata la miseria de los habitantes de Beirut, Líbano. Zain es un niño de 12 años que pasa penurias porque sus padres son extremadamente pobres y están llenos de hijos; su familia hace mezclas con medicamentos y las vende a drogadictos.

Una de las hijas es deseada por un joven dueño de una tienda de alimentos y cuando llega su menstruación la hija le es entregada para el matrimonio. Zain que ama mucho a su pequeña hermana se arrebata y abandona el hogar, va a la calle y sobrevive como puede. Afuera, solo, conoce a una emigrante etíope y a su bebé; Zain cuida del niño a cambio de un hogar y trabajo.

Ésta es una película llena de problemas económicos, sociales, y muchos la han tachado de hacer una película de porno-miseria, pero es una realidad que ha conmovido a la directora como ella misma ha dicho, entonces depende de uno con que se queda, si con el sentimiento de necesidad de Zain y mucha gente libanesa que le salpica al mundo, o con una demostración demasiado lastimera y abusadora de precariedad.

Ciertamente que el filme llega hasta las últimas consecuencias en mostrar la pobreza de Zain que llega a estar preso y a demandar a sus padres por su nacimiento. Pero el filme tiene una buena escenificación y tiene sus momentos a rescatar aun así. Uno de ellos es cuando Zain conoce al hombre cucaracha, primo de Spider-Man, y se hace una similitud con el estado de Beirut. El hombre cucaracha es un viejo que fuma como loco. Se le ve todo un personaje.

Zain es un niño sobreviviente, un niño que logra arreglárselas para vivir aun a tan corta edad. El filme exagera cuando Zain va a vengar a su hermana tan ligeramente. La última parte ya es demasiado con un Zain llamando a la consciencia de todos por la pobreza que lo acosa y los padres que tiene y que la propician.

Capharnaüm (2018) no es Slumdog Millionaire (2008) donde se exagera el cine de la India con sus películas lacrimógenas e historias de miserias, en medio de un juego televisivo de preguntas y un rescate romántico, donde todo es hiperbólico adrede –hay hasta una escena donde por un autógrafo un niño se sumerge en excremento-, pero tiene algo de ella en ese sentido, donde tanta pobreza y a todas luces hace cierta mella en uno, toca algo de fibra.

La mirada desde el aire de las casas paupérrimas de Beirut es de una estética avasalladora, hay una geometría y simetría aun en la escasez material. Zain cuidando del bebé africano es toda una clase de neorrealismo, con una naturalidad desbordante. El pequeño bebé para la cámara hace cosas increíbles. Zain como lo cuida es imponente. Lo que vuelve a fallar es cuando Zain hace el trámite con el hombre del ojo azul y el otro marrón, nuevamente se tiende a lo más extremo, a lo más penoso.

Se pudo atemperar un poco el nivel de miseria, pero el filme busca que Zain declare la vida como horrible y culpe a sus padres que tienen hijos sin pensar en cómo mantenerlos o, por supuesto, en que consigan la felicidad. Ésta es una película que capta la atención, se deja ver bien, no es pesada, aun cuando tiende a mostrar la peor cara de Beirut, pero lo hace con ritmo, imaginación, estética y amabilidad hacia el espectador. No será un filme inmortal o memorable, una obra de arte o de culto, pero no es un mal filme.

jueves, 25 de abril de 2019

Barbara


Ésta película ganó un premio especial, premio a la poesía narrativa en Un certain regard 2017, pero se debe a que es una película muy de cine arte, que sigue un poco la estela de Ne change rien (2009), de Pedro Costa. Barbara remite, por el nombre también, a una cantante francesa, nacida Monique Andrée Serf, pero habla al mismo tiempo de la actriz que la interpreta, Jeanne Balibar, que hace de una actriz llamada Brigitte que hace una película sobre Monique Serf, ambas son cantantes y se fusionan. Balibar todo el tiempo está cantando, mientras entra y sale de la vida de Barbara, la cantante famosa gala, y es ella misma también, con mezcla de ficción y documental. Es una película muy marcada en cine arte, es una película típica de festival, no es en absoluto una película comercial o fácil de ver, de ahí que un premio de poesía narrativa le caiga tan lógico. Pero es una película amena, vemos a Balibar dar una gran actuación, es toda una diva, una mujer madura sexy, llena de melomanía y cinefilia. Un piano es sacado a un patio y Balibar sale y toca afuera, hay una clara composición artística, quiere ser una película cool, de cine arte cool, aun cuando sea difícil de ver para muchos porque no es convencional, su narrativa es muy libre y no parece tener rumbo claro, no hay conflicto, no hay desenlace feliz o trágico, es ver a Balibar fluir como actriz y cantante. También hay ficción, como una aventura sexual con un hombre ordinario, pero es mucho el ver estar haciendo una película, metacine. Brigitte luce tacos altos siempre, es sensual, es interesante. Toca donde sea, la vemos componer música y el rol de Barbara, con quien tiene vasos comunicantes profesionales. Mathieu Amalric no sólo dirige la película, también actúa, hace de cineasta, emula su profesión actual, pero se nota un personaje. Amalric estuvo casado con Balibar y tiene 2 hijos con ella, actualmente están divorciados, pero se siente la admiración que le dedica a ella, haciendo de fan suyo, mientras él consigue hacer cine de autor en toda gloria, o eso busca con esmero y amor. A ratos se nota un poco el querer hacer cine arte, es decir, ser arduo y estético, denotando algo un poco artificial, pero la simpatía que exuda el filme lo supera todo. Balibar se luce en grande, es imponente.

sábado, 20 de abril de 2019

Border (Gräns)


Ali Abbasi hace un filme con el folclore nórdico adaptando un cuento del sueco John Ajvide Lindqvist, el mismo escritor de la novela de vampiros Déjame entrar que Tomas Alfredson adaptó a la gran pantalla el 2008 y fue una maravilla. Abbasi ganó con Border el máximo premio de Un certain regard, Cannes 2018.

Border nos muestra la vida de Tina (Eva Melander), una mujer de apariencia gruesa, de aire primitivo y poco agraciada que es policía de aduana y que tiene un don especial, puede oler las emociones con lo que le es fácil arrestar a pedófilos, contrabandistas y cualquiera que se quiera pasar de listo en la aduana.

Tina se siente una freak por su apariencia poco común, a pesar de llevar una vida ordinaria y estable. Tiene una relación con un hombre normal, pero no están muy unidos. No obstante la existencia de Tina cambiará cuando conozca a Vore (Eero Milonoff), quien le revelará que ella es en realidad un troll y no un ser humano.

Tina se reconocerá al fin, en su casi extinta especie, sentirá la razón de su diferencia con los seres humanos y se liberará con alguien físicamente semejante a ella. Tendrá un romance con Vore, y sacará su lado más salvaje. Lo representa la escena de sexo, sus gruñidos y algo tan simple como comer insectos. En el camino habrá una pequeña trama de pedofilia, que sacará aún más de lo convencional su romance y apasionamiento. En esto veremos un poco de terror, teniendo en cuenta que el folclore nórdico y los troll lo tienen en una medida.

Habrá a su vez un macabro intercambio dentro de lo sobrenatural con la suma de la venganza. Todo lo que hacen muy interesante éste filme. Ésta propuesta tiene un aire seco y algo duro. Abbasi en su obra maneja muchas emociones como la depresión en la vida sosa y marginal y trabaja con la identidad. También el filme enfrenta al bien con el mal en la propia esencia, y aunque Tina es alguien compasiva y preocupada por los demás se influenciará de alguien como Vore que tiene crueldad y resentimiento en su haber.

Se dará un deseo de repetición de maldad o supervivencia a la vera de la extinción de los Trolls por lo que Vore es un tipo que hace el mal en favor de su especie, que habla del apocalipsis, y justifica a hombres como a los trolls que hacen de Tina no una freak sino alguien opuesto por naturaleza, alguien que debe hallarse para ser ella misma –dentro de la dualidad de lo común, terrenal, y lo extraordinario, buen cine de género-, con lo que el folclore nórdico y la película suena muy rico, algo perverso y terrorífico inteligentemente.

viernes, 19 de abril de 2019

Cold war (Zimna wojna)


Lo que ofrece el polaco Pawel Pawlikowski es una historia de amor, algo tan sencillo como eso, pero con el fondo de la post guerra mundial, la guerra fría y la ubicación en el socialismo partiendo de 1949 hasta los 60s, donde la pareja como polacos en tiempos socialistas deben adaptarse. Zula y Wiktor (Joanna Kulig y Tomasz Kot) son esa pareja. El filme tiene a Zula como aspirante a un grupo folclórico estatal y a Wiktor como uno de los seleccionadores. Ella con una gran personalidad, belleza y un pasado llamativo dejará prendado a Wiktor, a lo que se suma el talento de la joven muchacha que la hace más especial. Lo que nos mostrará Pawlikowski es lo tantos vuelcos que dará la relación, intensa, llena de amor, pero aun así siempre trunca, hasta ese final de aire ligero bajo decisiones importantes. Otra cosa que suma y mucho es que es un filme con mucha música. También tiene una gran edición, pasan mil cosas en poco tiempo. Los sucesos fluyen en tiempo perfecto, incluso más rápido. La relación da muchos momentos, tiene un lado cool, aun cuando en realidad es una historia triste, producto de la continua imposibilidad de estar tranquilos y juntos por largo tiempo. Es una historia con la que entretenerse, pero que meditándola genera desazón. Las peleas y rupturas no son expuestas en lo visual por largo tiempo, pero se les siente. No hay antipáticos aquí, pero si hay momentos de engreimiento, donde uno es más culpable que el otro, además el fondo social y político se inmiscuye en sus existencias. Lo hace sin grandilocuencia, pero en cada trámite se da poca información. No obstante se entiende bien en general. El fondo hace del filme algo más complejo, una relación muy difícil. El relato es bien nacionalista, aun cuando Francia también aparece. Cold war (2018) es una película con identidad, bien polaca -lo que la hace notable-, y a la vez universal.