domingo, 19 de mayo de 2019

Prospect


Aunque suena improbable, difícil, de que alguien llegue a sentir aprecio por quien ha matado a tu padre y no fue un padre que detestabas o estuvo ausente en tu vida éste filme de Christopher Caldwell y Zeek Earl no es un mal filme, es más bien interesante y entretenido. Es un sci-fi con su ciencia propia, con su magia cinematográfica para mostrar el futuro. Una de las curiosidades de la propuesta es extraer especies de gemas de dentro de unas bolsas tipo estómago que yacen en medio de la naturaleza –en la tierra- como vida fantástica y pueden destruirse las gemas si las extraes mal o mutilarte al introducir por necesidad tu brazo.

Esto genera ambición y la codicia violencia y, desde luego, crimen. Luchan entre todos por obtener éstas gemas, habiendo un padre y una hija buscándolas por problemas de dinero para poder ir a donde quieren, que a esto le llaman ciclos, a los viajes por el espacio, como gasolina. El tándem padre –hija desciende de emergencia en una luna y empiezan a buscar las gemas, en esta tierra de nadie, a lo desierto americano de western. Ésta luna es como un bosque de fantasía, con destellos del tipo de unas luces de colores cayendo en medio de mucha vegetación. Tan simple como ello, y ahí está su luna, contexto y notable y efectivo escenario.

El filme es una película de aventuras, todo parte cuando dos tipos asaltan al padre y a la hija protagonistas, a Damon (Jay Duplass) y a Cee (Sophie Thatcher), y termina en ésta rara amistad de querer al enemigo, entre Cee y Ezra (Pedro Pascal). El filme se mueve en formar el vínculo, con un Ezra justificándose lo mejor que puede en lo que parece casi imposible, exhibiendo otros lados de sí, de tipo abusivo y bruto a hombre de palabra y sensibilidad. El filme presenta cierta química entre Pascal y Thatcher a pesar de la diferencia de edad, pero nada extraordinario ocurre a ese respecto que no sea un esbozo, estando más pegados a la amistad.

Es un filme que entra rápido al meollo, en sólo quince minutos prácticamente todo esta explicado y dentro de su cuota de original ciencia ficción. Tiene un discurrir intenso, salta de aventura en aventura, en medio de esa amistad que forman Cee y Ezra, donde anida la relación más potente del filme, aunque criticable por una parte, pero rica al fin y al cabo para el uso y trayecto del filme. Lo mejor, lo más creativo, es la extracción de gemas representando la fiebre de oro. Después hay mercenarios, asaltantes (outlaws) y sencillos buscadores de oro como en un western, pero con la cara de la ciencia ficción. Es un sci-fi de elementos sencillos, pero con su originalidad, con mucha aventura, intereses crudos y raras lealtades en juego.

viernes, 17 de mayo de 2019

Dar la cara


Dar la cara (1962), de José A. Martínez Suárez, es un filme político, que retrata los tiempos en que se halla Argentina por entonces, tiempos convulsos, tiempos de huelgas, de estudiantes protestando, de obreros y trabajadores humildes quejándose o con gente defendiéndolos, peleando con sus patrones, exigiéndole al estado, épocas de socialismo.

El filme es un coming of age de tres personajes, de tres muchachos, recién terminado el servicio militar de ellos al mismo tiempo. Uno es un ciclista, otro un estudiante y otro un director de cine. En el filme hablan de fracaso, se enfrentan a ello constantemente. Entre ellos hay distinta condición social, el director de cine es de dinero, hijo de un hombre exitoso, mientras los otros dos son clase trabajadora (ciclista) y clase media (estudiante).

Los tres protagonistas son amigos. Beto (Leonardo Favio, el mejor actor de los tres, el más carismático además) es el ciclista, quien debe esforzarse por clasificar a una gran competencia de ciclismo, y ver por un buen futuro –es repartidor de periódicos-. Beto es un muchacho muy sociable y muy querido. Lo tenemos haciendo una parrillada gigante para sus amigos –carne argentina, qué más nacionalista-, auspiciada por un tipo de negociante popular.

Beto tiene una novia que se la pega de muy modosita con él, o teme perderlo por esa vía “fácil”, y no quiere tener sexo ni provocarlo siquiera antes del matrimonio. Beto termina en brazos de otra buscando una mujer más sexual, la que tiene muchos amigos como eufemismo de promiscuidad. Pero termina renegando de ésta nueva mujer también, aun cuando esta mujer tiene dinero –no obstante Beto no es aprovechado, es finalmente un caballero-. En un momento alguien lo llama grasa, insulto despectivo argentino de vulgaridad y mediocridad, y éste pierde los papeles, es un hombre humilde, pero orgulloso, alguien con personalidad, aunque a ratos sea discutible, parezca que no sabe lo que quiere, como todo muchacho.

Bernardo (Luis Medina Castro) es el estudiante, siempre falla en avanzar en sus estudios porque la huelga y la lucha social lo hacen desenfocarse de su camino, lo jalan como quien es atraído hacia el pecado, cuando sabe que la lucha social se entromete en su futuro, en terminar de labrarse uno. Intenta olvidarse de la huelga por esta razón, pero los tiempos y sus compañeros no lo dejan tranquilo, notando que hay estudiantes enfrentándose a los huelguistas, hasta como si fueran pequeños gángsters, criminales en ciernes.

Esto lo sigue a todas partes a Bernardo, el claramente político de los tres, como si se tratara de un filósofo o un sociólogo por naturaleza cuando en realidad estudia ingeniería. Es su fuerte consciencia, son los tiempos, y será su pugna “eterna”, sopesando que esto del socialismo también es fuente de violencia –como las antorchas que llevan los huelguistas que parecen bombas molotov-, aunque no veamos aun brutalidad.

Mariano (Pablo Moret) es el cineasta que quiere hacer una gran película y cree que su padre que también es director de cine solo hace películas comerciales sin profundidad, sin tener nada que decir, las llama hasta bodrios, y esto le molesta, por un especie de idealismo. Pero en el trayecto entiende que el cine no necesariamente debe ser político ni el cine comercial es algo malo –pero acotando que es más altruista que negociante-, no tiene la vena social en sí como otros compañeros de cine que llama (audazmente) periodistas. Pero tendrá su lucha existencial, su confusión, su lucha de autodescubrimiento para darse cuenta.

Dar la cara es una película muy bien hecha, aunque tiene un lado marcadamente político, que la emparenta con el cine latino de ese entonces y las influencia ideológicas, pero también quiere ser clásica en su amabilidad, en sus historias simpáticas de humanidad, como el deportista que quiere tener sexo con una mujer de su agrado, con una pareja romántica, como quien dice ni puta ni mojigata o quien no pretende ser un tonto por ninguna parte; el estudiante que no quiere botar su vida a la basura, a razón de madurar y saber quién quiere ser y quien es; y el cineasta imberbe que quiere trascender en su profesión, hacer arte, por encima del dinero, un tipo con consciencia, otra a la social. 

miércoles, 15 de mayo de 2019

Dragged Across Concrete


Dragged Across Concrete (2018), de S. Craig Zahler, dura 2 horas 35 minutos y se cocina lento, pero es una película muy entretenida, te mantiene interesado todo el tiempo. Es un filme con 2 policías suspendidos donde uno de ellos quiere hacerse de un dinero corrupto para sacar a su familia de un mal barrio –una hija adolescente peligra de ser violada en un futuro-. El policía de esta idea lo interpreta Mel Gibson como Brett Ridgeman, y su compañero es Vince Vaughn como Anthony Lurasetti.

No es un filme perfecto, pero es definitivamente bueno. Dentro de lo malo está el humor grueso en la presentación y salida de Jennifer Carpenter. También darle mucha importancia al personaje que hace Tory Kittles. Lo interesante está en la interactuación entre Gibson y Vaughn y como lentamente se va armando el filme tras un robo y el seguimiento de un tal Vogelmann (Thomas Kretschmann) y como sus secuaces son presentados. 

La acción cuando finalmente llega –aparte de lo que hacen independientemente los secuaces enmascarados del robo- es potente y full jugosa, el filme tiene muy buena acción, secuencias y escenas de antología. La propuesta es impredecible, anárquica, trasgresora, hedonista. Gibson y Vaughn hacen grandes papeles, están magistrales, hablan bastante entre sí. Dragged Across Concrete es cine punk, cine que no teme ser rebelde y hacer lo que le plazca. El filme tiene un timing lento, pero también es sumamente interesante, que uno no siente el tiempo en absoluto, sino que más bien te haces de expectativas.

La trama es inesperada en su discurrir de corrupción, con unos policías protagonistas carismáticos y a la vez unos malditos en cuanto a astucia y estado cool. El filme aunque no tiene el timing de Tarantino que suele ser veloz recuerda a su cine. S. Craig Zahler definitivamente con sus tres películas a cuestas es un director a tener siempre en la mira, es un cineasta del hedonismo cinéfilo, un gran cineasta del entrenamiento en total libertad.

sábado, 11 de mayo de 2019

Tinta roja


Un grupo de periodistas celebran en un bar con música criolla –al son de El Alcatraz y su clásica vela detrás de una falda- hasta que llega una noticia fúnebre que les cambia el rostro a todos. Así empieza éste filme del peruano Francisco Lombardi y hacia ahí irá tras varios flashbacks que van completando la figura hasta llegar a un racconto.

Alfonso (Giovanni Ciccia) es un practicante que se une a un periódico popular llamado El Clamor y en éste lugar halla a su mentor, a Faundez (Gianfranco Brero), un hombre muy sexual, muy vulgar de boca, como el filme tan criollo. Se ven muchos casos de periodismo popular donde brillan los crímenes y accidentes, las muertes, y la gente más pobre y humilde lucen como si fueran artistas por un día, parafraseando a la película.

El grupo de periodistas protagonistas está encabezado por Faundez que es el periodista avispado, vivo, malcriado, astuto, el jefe que muestra toda su virilidad y machismo, quien es pícaro hasta lo grotesco, quien es muy criollo, muy ducho en el periodismo más barato. Gianfranco Brero lo hace muy bien, y obtuvo por su actuación el merecido premio de mejor actor en el festival de cine de San Sebastián 2001.

Faundez muestra una personalidad ambivalente, puede ser detestable –donde anida más-, como alguien a reconocer como talentoso, como en su profesión, que es hasta guía, maestro, amigo, tiene un extraño aire paternal, aunque busque lo soez, lo sórdido, trabaje hasta con lo ruin, como pasar por alto siempre el dolor ajeno y ver a las personas como intereses propios y cero altruistas, e igualmente habla curiosamente de la compasión, pero de la que le recuerda a sí mismo, habiendo una escena de boomerang donde ve quien ha sido y se da cuenta de su error. Familiarmente es una ruina, otro punto de la ideología del sexo y el libertinaje que maneja la propuesta. Y pasa por alcohólico en cierta manera, otra idiosincrasia chicha.

Lo secundan Van Gogh (Carlos Gassols), el chofer quien gusta de recitar frases célebres –muchas muy conocidas, sencillas- y luce como un viejito bonachón, pero también es parte del clan del criollismo; un fotógrafo casi mudo, Escalona (Fele Martínez), muy frío para la foto más escabrosa y sensacionalista, pero catalogado de los mejores de su profesión valga la curiosidad; y el nuevo practicante, Alfonso, que pasará de ser un joven educado con ánimos de convertirse en un escritor profundo –de ahí le viene lo de Varguitas, en la mención a Mario Vargas Llosa- y mucha cultura al pupilo de Faundez, su posible reemplazo, un pequeño doble.

El filme muestra a una Lima popular, donde la noticia más fuerte es buscada con ahínco, mientras se forman vínculos entre los periodistas y se van mostrando sus personalidades, en especial la de Faundez que es igualito a lo que significa El clamor, un periódico chicha, vulgar. Faundez en sí es la película, como va adoctrinando e influenciando a Alfonso que vendría a ser el pequeño héroe, quien más es como pasar por una experiencia de madurez, de vida.

La parte romántica la forma Nadia (Lucía Jiménez), pero como el filme busca ser siempre chicha, popular, criollo, sexual, ella pasa finalmente a segundo plano, a ser parte de la ideología o la argumentación de éste submundo de noticia barata y devoción al sexo. Nadia es guapa, independiente, algo sofisticada, una periodista de espectáculos, pero eso no cuenta frente a la verdadera reina del filme, la sexualidad –junto a la violencia-, con la podóloga (Tatiana Astengo) y la periodista amante (Yvonne Frayssinet) representándola.

Es un filme que puede gustar mucho si lo vemos como la peruanidad más humilde, como un retrato implacable y muy realista del criollismo peruano, pero que como su expresividad puede ser vulgar, chacra, que puede no congeniar tanto con lo más artístico, o en todo caso su aspecto social es muy contundente y ahí radica su mayor logro, como su tara, dependiendo, pero como es lo que busca el cine de Lombardi más es tenerlo por un éxito de película.

Sin duda, es una de sus películas más auténticas y más propias, donde está toda su identidad e idiosincrasia como cineasta, para bien y para mal, es toda su esencia, y predomina lo destacable, es nuestro cine al fin y al cabo, parte importante de quienes somos, parte de nuestra historia como séptimo arte, aun cuando el filme es del 2000, y Días de Santiago (2004) y Madeinusa (2006), hitos de nuestro cine y un cambio en nuestra cinematografía, están cerca. Pero Tinta roja es otro hito e identidad, una de nuestras mejores películas, aun cuando es tan social, tan realista, tan vulgar, tan criolla, y propia de otro tiempo.

jueves, 9 de mayo de 2019

Rojo


Un hombre discute con otro por una nimiedad, finalmente el que parece perder o resignarse avergüenza a su contrincante, estalla en furia el humillado, más tarde se desata la violencia. Tras un espectacular arranque el filme se dedica a explayarse en sus 2 historias, una sobre un saqueo de una hermosa casa y el otro sobre una discusión en un restaurante. Pero el filme es muy suelto, no esperen un abordaje contundente como el del poderoso inicio. El director argentino Benjamín Naishtat retrata 1975, poco antes de la dictadura de Jorge Rafael Videla. En su filme vemos lugares comunes de lo que sería ésta dictadura, pero en forma trasversal. En Rojo hay desaparecidos aunque por asuntos pedestres y por gente común. El filme salvando distancias es como La cinta blanca (2009) y constatar lo que vendría después en Argentina. Es una obra donde todo no parece tener mucha importancia y el clima está un poco enrarecido. El personaje principal es un abogado, interpretado por Darío Grandinetti, quien viaja a una pequeña provincia con su mujer y su hija. Entre lo curioso y hay mucho de ello, pero en tono muy relajado, que puede pasar por medio dormido, está la contratación de un detective en manos de la interpretación del chileno Alfredo Castro. En Rojo hay corrupción, oportunismo y aprovechamiento, parte de lo que sería la dictadura de Videla. Hay culto a la iglesia, como Castro haciendo de un devoto, un hombre que permite lo sórdido, pero ejerce la crítica social. Grandinetti luce muy competente, es un gran actor. En éste filme hay hasta un eclipse, escenificado en una playa. Es una propuesta muy de cine arte y tiene personalidad. No es un filme demasiado original, pero medio que se distingue, como cine de autor. Tiene un clima algo seco, pero no muerto, y contiene humor extraño, será ironía. Es un filme que se pretende inteligente, quizá demasiado para su propio bien, y no resulta un filme maestro. Es más potente y efectivo al hacer cine sorpresivo y violento como en el inicio. Luego cambia de tono. Es una obra a valorar, aunque decaiga, afloje y sea algo parsimoniosa.

lunes, 6 de mayo de 2019

High Life


Claire Denis hace una película interesante, pero no perfecta, entonces vale, porque tiene su originalidad, su buen cine arte, aunque tiene puntos débiles o criticables. El filme es algo confuso de ver, sobre la misión de reproducción, el por qué la hacen tan complicada; después se suelta el pandemónium que si luce normal ante no ir por la vía rápida y fácil.

El filme tiene su parte fuerte en como desaparece la tripulación hasta quedar padre y bebé solos. Robert Pattinson interpreta a éste padre, y está muy bien. La trama de ir rumbo a un agujero negro suena escueta pero práctica, efectiva, con los muchachos pequeños criminales puestos en el espacio con la doctora asesina (Juliette Binoche) y su investigación.

El sentimiento que emana entre padre e hija del inicio es bueno, luego se vuelve medio intrascendente, pero sigue funcionando. Pattinson con su actitud y performance no necesita verse más viejo, no mucho al menos. High life (2018) es un sci-fi que exhibe herramientas sencillas, pero es muy erótico, sexual, tiene identidad.

Lo interesante es como cada tripulante va a ir desapareciendo hasta que quede la figura previa de los cadáveres que arroja al espacio Monte (Pattinson). Estos cayendo en el espacio son tremenda imagen. Binoche sobresale como cabe esperar. Lo futurista –lo material- está perfecto, sin demasiada extravagancia que no sea alguna máquina de excepción.

Pattinson hace de un buen tipo en general, quien se regenera con la responsabilidad de cuidar de su hija. La propuesta habla de la búsqueda de la trascendencia. Binoche también hace de una mujer en pos de la redención, con lo maternal. Hay un vacío y ser defectuoso –hasta lo criminal-, mejorar como persona, que se trata, que se llena o se transforma con tener un hijo, aunque hay quien reniegue de ello y se muestra incluso violento.

El filme versa sobre ser padre y arranca de ser un muchacho loco hacia esa responsabilidad, mientras esto es productor de mucha intensidad. El filme tiene su toque gore, sus momentos de terror. Hay una buena bomba de tiempo, en como Denis propone subir la tensión, en como lo prepara. High life no es un hito, pero es un buen filme.

domingo, 5 de mayo de 2019

El Motoarrebatador


El Motoarrebatador (2018), de Agustín Toscano, es un filme pequeño y básico. Unos ladrones en moto le roban una cartera a una señora madura y la terminan arrastrando por el piso. El que maneja la moto siente culpa de lo que ha hecho, mandar a la mujer al hospital, la visita y termina siendo como un familiar para ella, la cuida. El hombre se llama Miguel (Sergio Prina) y tiene la suerte de que la mujer está amnésica y esto le permite cuidar de su casa y hacerse pasar por alguien conocido de ella. Elena (Liliana Juarez) es una mujer solitaria, una empleada del hogar que ha juntado su plata y vive tranquila, va a cobrar un dinero y justo la asaltan. Miguel es un tipo pobre y desempleado, vive en casa de su pareja que termina botándolo, tiene un hijo chico. Miguel ve de paso la oportunidad de establecerse, de tener un hogar cómodo en casa de Elena. Elena mientras tanto necesita ayuda por su estado y se apoya en Miguel. Hay una relación algo extraña de definir del todo, ¿hay amistad, atracción o más lo que parece, un cariño familiar? El motoarrebatador no ofrece mucha originalidad, es una película que se siente mil veces vista, pero es ligera y se ve fácilmente, no molesta, entretiene. La escena que sale de lo común es una con Prina desnudo con casco de moto echando aerosol a la casa, dura poco tiempo y parece salida de la nada, algo gratuita. El filme forma un vínculo sólido entre Elena y Miguel, que es de lo que se vale la película, su centro. Ésta relación sin embargo no llega a plasmar gran cosa y llega a una pelea que hace ver a Miguel como un tipo bajo, acomplejado con su estado de criminal. Los protagonistas están bien dibujados, aunque le falta más punche al asunto, un poco de más relleno y novedad. Ésta película argentina estuvo en la Quincena de Realizadores 2018.

miércoles, 1 de mayo de 2019

El Ángel


El Ángel (2018), del argentino Luis Ortega, es una película exuberante, hecha en grande a lo blockbuster de cierta manera, no digo comercial, porque no lo es del todo, tiene escenas que son muy radicales o anárquicas, de paso de mal gusto, como mostrar un testículo latiendo en primer plano para enseñar que el protagonista es un desviado como lo señalan más tarde los medios de prensa. El Ángel compitió en Un certain regard 2018.

Lorenzo Ferro debuta en el cine como Carlos Robledo Puch, ladrón y asesino real que es quien tiene el mayor tiempo en la cárcel de la Argentina, más de 45 años en la cárcel. Pero Luis Ortega hace un filme medio arty, cool, algo humorístico, un poco extravagante. Lo mejor del filme es ver a Ferro bailando al son de La joven guardia y su hit el extraño de pelo largo. Robledo Puch se caracteriza por ser un tipo muy frío, pero también rubio y ojos azules, delgado, lo que sorprende a muchos que sea tan sanguinario y tan brutal.

El gran compinche de Puch es Ramón (Chino Darín), y manejan una cierta atracción entre ellos, sin concretarla; el filme defiende lo gay como en la pelea en el bar. La propuesta es muy intensa y entretenida, está contada bastante bien, con sentido del espectáculo. Los padres de Ramón y Puch también son interesantes, con el chileno Luis Gnecco y Cecilia Roth haciendo de los padres de Robledo Puch, siendo tipos muy decentes, pero de poco carácter. Por el otro lado los padres de Ramón son Mercedes Morán y Daniel Fanego y aportan picardía y perversidad. Fanego sobresale en especial del grupo.

El filme no intenta ser un retrato verídico, es algo mucho más libre, se busca una obra artística ante todo, con un Puch que es un personaje de cine, no uno tan real, aportando simpatía, relajo y humor. No se juzga con fuerza de ninguna manera su brutalidad, es visto todo como mecanismo de entretenimiento e impacto, de hedonismo. No es algo serio en ese sentido. Vemos a Puch comportarse como un niño, como un tipo de poca meditación, es un loco, aunque él se considera normal. Es como que al chico más popular del colegio se le pusiera perversidad, sordidez, criminalidad, y todo fuera conchudo, atrevido, libertino y nihilista.  

lunes, 29 de abril de 2019

La Mula (The Mule)


American Sniper (2014) le bajaba puntos a Clint Eastwood, ya cansa además que siempre esté retratando nacionalismos y patriotismos de su país, un héroe americano más a su filmografía. Con The mule (2018) vuelve el Eastwood que se hace querer, el mismo de la maravillosa Gran Torino (2008), con el mismo guionista, dígase de paso, Nick Schenk.

Clint Eastwood interpreta a Earl Stone, un hombre que ha antepuesto el trabajo a su familia, con una hija (Alison Eastwood, su verdadera hija) y una ex esposa (Dianne Wiest) que no lo aguantan, que mantienen su distancia y siempre lo critican. Earl toda la vida ha sido un outsider, un solitario, un hombre de la carretera, alguien que ha vivido siempre su hedonismo, lo superficial, como horticultor y como viajante. Ha recorrido 41 estados americanos. Earl además es veterano de la guerra de Corea.

Earl una vez que está arruinado, por las ventas de internet, se vuelve una mula, lleva cantidad de droga en bolsos a través de los estados americanos. Lo único que tiene que hacer es llevar la droga en su camioneta sin que lo descubra la policía. Mientras Earl gana dinero empieza a gastarlo en todos sus seres queridos, vuelve a ganárselos, pero lo que su familia quiere en realidad no es dinero, sino que él esté presente con ellos. Eastwood pone de mensaje que la familia es primero que todo, antes de la fama, el trabajo, el éxito y el dinero.

Como en Heat (1995), aunque con distancia, Heat es un obra maestra, al igual que el diálogo entre De Niro y Pacino, entre policía y criminal, hay diálogos maravillosos entre Earl y el policía que ve casos como el suyo, el agente Colin Bates (Bradley Cooper), pero sin que Bates sepa que en realidad Earl es a quien busca, el Tata, la mula que tanta droga ha transportado.

En un momento un narco le dice a Earl: Estás con nosotros ahora porque te has equivocado mucho antes, al ver a Earl tan fresco y feliz en sus transportes. Earl responde: pero es el mejor sanguche de chancho del mundo. Es decir, hice lo que me dio la gana, no me importa lo que dices, repito que vale la pena. No obstante Earl si sabe que ha sido un pésimo padre y esposo, sabe de sus errores, tiene consciencia, humanidad, y trata de hacer ahora feliz a muchos, a sus compañeros veteranos y en especial, a su familia –nieta, hija y ex esposa-.

La mula es ligera, pero hábilmente comercial, es muy entretenida, de gran ritmo. Eastwood luce maestría en su dirección, sabe hacer buen cine comercial, cine hollywodeense de primera. Nick Schenk escribe en el estilo de Gran Torino, aunque sea un filme menor a ese. La mula no es una película ambiciosa, pero es una para querer a Eastwood, para disfrutar de la cinefilia.

Clint Eastwood ya no se luce con la violencia, pero sí con las mujeres, con las jóvenes y voluptuosas, con las despampanantes, pero aunque es pedestre con ellas deja espacio para ser caballero con las mujeres mayores, las llama bellas, les suelta piropos dulces y las respalda. Es un mujeriego con las jóvenes y con las mayores es amoroso.

En el filme Earl tiene 90 años, Eastwood tiene 88 años, es pasivo con la violencia, los narcos mexicanos representan la violencia, Earl no los enfrentará nunca, de ninguna manera, incluso medio que pasa por amigo de ellos, por extraño que suene –ya que son criminales consumados, duros, sin medias tintas, expuestos así, casi todos sin background en el filme, o lo mínimo: la pobreza extrema, el ser nadie, lo típico-. Estos lo comprenden, les parece gracioso, curioso, extraño, Earl es un personaje para ellos, no lo sienten un criminal, parece más una extravagancia, aunque entienden la razón, como la de la mayoría: el tener mucho dinero, simple y llano. El filme cuenta un hecho real, sacado de un artículo periodístico.

Eastwood se muestra buen actor. A su edad sabe expresarse bastante bien, ser gestual, y acomodar el cuerpo al requerimiento, que puede ser algo brusco, primitivo. Igual el reparto mexicano está notable, no tiene fisuras. Bradley Cooper también luce muy bien. Eastwood agrega algunas bromas sobre afroamericanos y mexicanos, pero todo ligero y con la confianza que lo caracteriza, sin tampoco sobrepasarse.

Otra broma recurrente es compararlo con James Stewart, con esa imagen impoluta y correcta que tenía, de americano modelo e identificador, y suena a lo que intenta hacer Earl -se le exige- al pasar del criticable outsider lobo solitario –el Eastwood violento de paso- a un hombre familiar -a un viejito, la realidad-, aunque a Earl Stone se le ve sonreír cuando está preso con sus flores, nuevamente solitario en su mundo, luego de jugársela y apostar por lo criminal -su opuesto- y ser un lobo solitario por última vez, aunque lo sea una y otra vez como una enfermedad o identidad prácticamente inamovible, pero habiendo cumplido con su familia en aquella despedida. De todas formas queda en el aire hasta el final un sutil chascarrillo: no puede con quien es. 

viernes, 26 de abril de 2019

Capharnaüm


Capharnaüm (2018), de Nadine Labaki, retrata la miseria de los habitantes de Beirut, Líbano. Zain es un niño de 12 años que pasa penurias porque sus padres son extremadamente pobres y están llenos de hijos; su familia hace mezclas con medicamentos y las vende a drogadictos.

Una de las hijas es deseada por un joven dueño de una tienda de alimentos y cuando llega su menstruación la hija le es entregada para el matrimonio. Zain que ama mucho a su pequeña hermana se arrebata y abandona el hogar, va a la calle y sobrevive como puede. Afuera, solo, conoce a una emigrante etíope y a su bebé; Zain cuida del niño a cambio de un hogar y trabajo.

Ésta es una película llena de problemas económicos, sociales, y muchos la han tachado de hacer una película de porno-miseria, pero es una realidad que ha conmovido a la directora como ella misma ha dicho, entonces depende de uno con que se queda, si con el sentimiento de necesidad de Zain y mucha gente libanesa que le salpica al mundo, o con una demostración demasiado lastimera y abusadora de precariedad.

Ciertamente que el filme llega hasta las últimas consecuencias en mostrar la pobreza de Zain que llega a estar preso y a demandar a sus padres por su nacimiento. Pero el filme tiene una buena escenificación y tiene sus momentos a rescatar aun así. Uno de ellos es cuando Zain conoce al hombre cucaracha, primo de Spider-Man, y se hace una similitud con el estado de Beirut. El hombre cucaracha es un viejo que fuma como loco. Se le ve todo un personaje.

Zain es un niño sobreviviente, un niño que logra arreglárselas para vivir aun a tan corta edad. El filme exagera cuando Zain va a vengar a su hermana tan ligeramente. La última parte ya es demasiado con un Zain llamando a la consciencia de todos por la pobreza que lo acosa y los padres que tiene y que la propician.

Capharnaüm (2018) no es Slumdog Millionaire (2008) donde se exagera el cine de la India con sus películas lacrimógenas e historias de miserias, en medio de un juego televisivo de preguntas y un rescate romántico, donde todo es hiperbólico adrede –hay hasta una escena donde por un autógrafo un niño se sumerge en excremento-, pero tiene algo de ella en ese sentido, donde tanta pobreza y a todas luces hace cierta mella en uno, toca algo de fibra.

La mirada desde el aire de las casas paupérrimas de Beirut es de una estética avasalladora, hay una geometría y simetría aun en la escasez material. Zain cuidando del bebé africano es toda una clase de neorrealismo, con una naturalidad desbordante. El pequeño bebé para la cámara hace cosas increíbles. Zain como lo cuida es imponente. Lo que vuelve a fallar es cuando Zain hace el trámite con el hombre del ojo azul y el otro marrón, nuevamente se tiende a lo más extremo, a lo más penoso.

Se pudo atemperar un poco el nivel de miseria, pero el filme busca que Zain declare la vida como horrible y culpe a sus padres que tienen hijos sin pensar en cómo mantenerlos o, por supuesto, en que consigan la felicidad. Ésta es una película que capta la atención, se deja ver bien, no es pesada, aun cuando tiende a mostrar la peor cara de Beirut, pero lo hace con ritmo, imaginación, estética y amabilidad hacia el espectador. No será un filme inmortal o memorable, una obra de arte o de culto, pero no es un mal filme.

jueves, 25 de abril de 2019

Barbara


Ésta película ganó un premio especial, premio a la poesía narrativa en Un certain regard 2017, pero se debe a que es una película muy de cine arte, que sigue un poco la estela de Ne change rien (2009), de Pedro Costa. Barbara remite, por el nombre también, a una cantante francesa, nacida Monique Andrée Serf, pero habla al mismo tiempo de la actriz que la interpreta, Jeanne Balibar, que hace de una actriz llamada Brigitte que hace una película sobre Monique Serf, ambas son cantantes y se fusionan. Balibar todo el tiempo está cantando, mientras entra y sale de la vida de Barbara, la cantante famosa gala, y es ella misma también, con mezcla de ficción y documental. Es una película muy marcada en cine arte, es una película típica de festival, no es en absoluto una película comercial o fácil de ver, de ahí que un premio de poesía narrativa le caiga tan lógico. Pero es una película amena, vemos a Balibar dar una gran actuación, es toda una diva, una mujer madura sexy, llena de melomanía y cinefilia. Un piano es sacado a un patio y Balibar sale y toca afuera, hay una clara composición artística, quiere ser una película cool, de cine arte cool, aun cuando sea difícil de ver para muchos porque no es convencional, su narrativa es muy libre y no parece tener rumbo claro, no hay conflicto, no hay desenlace feliz o trágico, es ver a Balibar fluir como actriz y cantante. También hay ficción, como una aventura sexual con un hombre ordinario, pero es mucho el ver estar haciendo una película, metacine. Brigitte luce tacos altos siempre, es sensual, es interesante. Toca donde sea, la vemos componer música y el rol de Barbara, con quien tiene vasos comunicantes profesionales. Mathieu Amalric no sólo dirige la película, también actúa, hace de cineasta, emula su profesión actual, pero se nota un personaje. Amalric estuvo casado con Balibar y tiene 2 hijos con ella, actualmente están divorciados, pero se siente la admiración que le dedica a ella, haciendo de fan suyo, mientras él consigue hacer cine de autor en toda gloria, o eso busca con esmero y amor. A ratos se nota un poco el querer hacer cine arte, es decir, ser arduo y estético, denotando algo un poco artificial, pero la simpatía que exuda el filme lo supera todo. Balibar se luce en grande, es imponente.

sábado, 20 de abril de 2019

Border (Gräns)


Ali Abbasi hace un filme con el folclore nórdico adaptando un cuento del sueco John Ajvide Lindqvist, el mismo escritor de la novela de vampiros Déjame entrar que Tomas Alfredson adaptó a la gran pantalla el 2008 y fue una maravilla. Abbasi ganó con Border el máximo premio de Un certain regard, Cannes 2018.

Border nos muestra la vida de Tina (Eva Melander), una mujer de apariencia gruesa, de aire primitivo y poco agraciada que es policía de aduana y que tiene un don especial, puede oler las emociones con lo que le es fácil arrestar a pedófilos, contrabandistas y cualquiera que se quiera pasar de listo en la aduana.

Tina se siente una freak por su apariencia poco común, a pesar de llevar una vida ordinaria y estable. Tiene una relación con un hombre normal, pero no están muy unidos. No obstante la existencia de Tina cambiará cuando conozca a Vore (Eero Milonoff), quien le revelará que ella es en realidad un troll y no un ser humano.

Tina se reconocerá al fin, en su casi extinta especie, sentirá la razón de su diferencia con los seres humanos y se liberará con alguien físicamente semejante a ella. Tendrá un romance con Vore, y sacará su lado más salvaje. Lo representa la escena de sexo, sus gruñidos y algo tan simple como comer insectos. En el camino habrá una pequeña trama de pedofilia, que sacará aún más de lo convencional su romance y apasionamiento. En esto veremos un poco de terror, teniendo en cuenta que el folclore nórdico y los troll lo tienen en una medida.

Habrá a su vez un macabro intercambio dentro de lo sobrenatural con la suma de la venganza. Todo lo que hacen muy interesante éste filme. Ésta propuesta tiene un aire seco y algo duro. Abbasi en su obra maneja muchas emociones como la depresión en la vida sosa y marginal y trabaja con la identidad. También el filme enfrenta al bien con el mal en la propia esencia, y aunque Tina es alguien compasiva y preocupada por los demás se influenciará de alguien como Vore que tiene crueldad y resentimiento en su haber.

Se dará un deseo de repetición de maldad o supervivencia a la vera de la extinción de los Trolls por lo que Vore es un tipo que hace el mal en favor de su especie, que habla del apocalipsis, y justifica a hombres como a los trolls que hacen de Tina no una freak sino alguien opuesto por naturaleza, alguien que debe hallarse para ser ella misma –dentro de la dualidad de lo común, terrenal, y lo extraordinario, buen cine de género-, con lo que el folclore nórdico y la película suena muy rico, algo perverso y terrorífico inteligentemente.

viernes, 19 de abril de 2019

Cold war (Zimna wojna)


Lo que ofrece el polaco Pawel Pawlikowski es una historia de amor, algo tan sencillo como eso, pero con el fondo de la post guerra mundial, la guerra fría y la ubicación en el socialismo partiendo de 1949 hasta los 60s, donde la pareja como polacos en tiempos socialistas deben adaptarse. Zula y Wiktor (Joanna Kulig y Tomasz Kot) son esa pareja. El filme tiene a Zula como aspirante a un grupo folclórico estatal y a Wiktor como uno de los seleccionadores. Ella con una gran personalidad, belleza y un pasado llamativo dejará prendado a Wiktor, a lo que se suma el talento de la joven muchacha que la hace más especial. Lo que nos mostrará Pawlikowski es lo tantos vuelcos que dará la relación, intensa, llena de amor, pero aun así siempre trunca, hasta ese final de aire ligero bajo decisiones importantes. Otra cosa que suma y mucho es que es un filme con mucha música. También tiene una gran edición, pasan mil cosas en poco tiempo. Los sucesos fluyen en tiempo perfecto, incluso más rápido. La relación da muchos momentos, tiene un lado cool, aun cuando en realidad es una historia triste, producto de la continua imposibilidad de estar tranquilos y juntos por largo tiempo. Es una historia con la que entretenerse, pero que meditándola genera desazón. Las peleas y rupturas no son expuestas en lo visual por largo tiempo, pero se les siente. No hay antipáticos aquí, pero si hay momentos de engreimiento, donde uno es más culpable que el otro, además el fondo social y político se inmiscuye en sus existencias. Lo hace sin grandilocuencia, pero en cada trámite se da poca información. No obstante se entiende bien en general. El fondo hace del filme algo más complejo, una relación muy difícil. El relato es bien nacionalista, aun cuando Francia también aparece. Cold war (2018) es una película con identidad, bien polaca -lo que la hace notable-, y a la vez universal.

sábado, 13 de abril de 2019

Boss Nigger


Blaxploitation de Jack Arnold, escrito por Fred Williamson quien es el protagonista, Boss Nigger, cazarecompensas que con su acompañante Amos (D'Urville Martin) llegan a un pueblo donde se hace del puesto de sheriff cuando todos temen y obedecen a un pistolero, Jed Clayton (William Smith), que Boss Nigger está persiguiendo. El filme tiene mucho de humor, pero tiene su lado serio, pero no es demasiado tampoco. Boss Nigger es una película de lucimiento, de dejar en gran estado a la gente de color, pero propone burlarse del racismo, haciendo ver a Boss Nigger más astuto que todos, a veces parece un poco abusivo y matón pero representa al héroe, al tipo guapo, el más despierto. Les pone el pie encima a los malvados o a quienes no lo aceptan como sheriff, que son la mayoría. No hay impresionantes escenas de acción, pero es un filme competente en ese rubro. Es un divertimento, pero no un gran western. Hay mucha picardía, incluso con una morena (una sexy Carmen Hayward). También hay sus muertes, no es que el filme tema matar a nadie, sea una película familiar del todo, es un filme con harta violencia. Boss Nigger (1975) es uno de los filmes capitales del blaxploitation. El alcalde lo interpreta R.G. Armstrong, un personaje vistoso, como el alcahuete de Jed Clayton, aunque el pistolero lo trata mal. Clayton es un malvado clásico, pero no tan llamativo, tiene músculos, se le ve tosco y cruel, pero visualmente le falta mítica. Boss Nigger pinta mucho a comedia, pero el héroe es atractivo para el espectador. La musiquilla que lo acompaña es verdaderamente mala al oído. Boss Nigger pone de cabeza este pueblo lleno de racismo, pero tampoco nada muy profundo, se lo toma bien ligero. Inclusive Boss parece comprender la situación bastante bien y no exaltarse ni asombrarse. No es ningún llamado a la consciencia, sino hedonismo de cine B.  

jueves, 11 de abril de 2019

The Baby

Ésta obra de culto de Ted Post puede parecer una película idiota en un inicio, pero tiene forma en cierta manera. Un joven de 20 años con grave retardo se comporta como un bebé y es tratado así por su familia, por su madre, Mrs. Wadsworth (Ruth Roman, que luce como una Elizabeth Taylor madura de mirada furiosa), y sus 2 bellas hermanas. Un día, una astuta asistenta social, Ann Gentry (Anjanette Comer), intenta ayudarlo, al creer que es el trato de la familia el que lo tiene así, a quien solo se le conoce como Baby. Pero el filme va un poco más allá y algo de terror propone, un poco de sinrazón especial también por el final, pero tener a un adulto comportarse como bebé lo tiene a montón de todas maneras. Es una propuesta con muy pocas escenas de terror; a la que sumamos algo de suspenso cuando emborrachan a la asistenta social y quieren deshacerse de ella. Ver cómo se comporta éste adulto como bebé realmente se percibe ridículo, no es una actuación muy plausible, pero en conjunto el filme es coherente, tiene sentido. No obstante no es gran cosa lo que aporta. Le falta fuerza como película de terror, y como drama no tiene seriedad suficiente. La familia de Baby sí es curiosa, como con las hijas, una le tiene cólera y lo maltrata, la otra se acuesta con él por las noches. Lo llamativo en general viene con la frase ir por lana y salir trasquilado, lo que ocurre en el desenlace. Pero es poco. Igualmente, como sea, es un filme de culto. Seguramente por la situación del adulto haciendo de bebé, pero lo mejor es la familia y la astucia de la asistenta.

domingo, 7 de abril de 2019

God Told Me To


Estamos ante una de las mejores películas de terror de Larry Cohen y una de las más interesantes del género, con una película intrincada y extravagante. Un detective de policía llamado Peter J. Nicholas (Tony Lo Bianco) investiga unos casos de tiroteos y masacres en New York por asesinos que dicen que Dios les ordenó matar, como gente imbuida en una epifanía religiosa, cuando no eran antes personas proclives a la violencia. Todo esto suena interesante de arranque pero la cosa irá creciendo, poniéndose más alucinante.

El detective es muy católico, pero lleva una vida contraria al dogma de su fe por una parte, tiene una amante y su esposa a la que tiene medio abandonada lo sabe, pero no lo deja, lo consiente. Con éste tipo de vida igual el detective siente mucho apego a la iglesia, por lo que al enterarse de que los asesinos dicen que Dios los ha mandado a perpetrar masacres está muy perturbado e interesado en resolver los casos. Pero efectivamente hay un dios tras todo pero no es lógicamente el típico, entrando a formularse un argumento bastante curioso.

La segunda parte da otro giro al filme, volviéndolo más imaginativo y estrafalario, pero aun así tiene sentido para el observador. Tiene escenas místicas de otro orden, habla de lo bíblico de forma pagana, dentro de un filme de reinvención teológica. No necesariamente nos refiere al demonio pero si a un dios con otras ideas. También el detective tiene un misterio con su adopción que pone al filme en una mayor perspectiva, pero aun así sigue manteniendo el encanto y cierta coherencia, cuando todo es muy radical y novedoso a un punto.

Esta propuesta tiene un muy buen argumento. Aunque encasillarse en el demonio puede ser un poco cuadriculado si coincide algo con el filme La Profecia (1976). El filme aunque habla de religión en realidad lo trastoca todo a ese respecto haciendo algo muy libre y cósmico. Todo el filme es muy estrambótico, pero a la vez muy humano, muy terrenal con el mal y la perversión humana en un dios, con el sentido de la venganza y de la crueldad como camino u opción.

La película puede simplificarse en el demonio y todo fácil para digerir, pero el filme da a pensar en algo más gaseoso y general, pero la última línea de diálogo señala que el camino de lo correcto, de la fe, está por encima de lo sobrenatural, y existe algo más, existe lo ideal, proponiendo a la fe en lo cristiano y su palabra como la mejor vía de humanidad, de estabilidad, por eso el detective se ciñe a esa línea, aunque con una sonrisa irónica. Ya no en el sentido inicial de los hombres dominados, sino como forma de libertad.

El detective tiene que conocerse, aun con ese final. En un momento se lo dicen, si sigues por ese sendero terminarás mal, pero el hombre tiene que indagar, como policía y persona, lo da a entender lo que le cuenta de los hijos su esposa a su amante, hay algo que debe cumplir. Toda esa fe suya tiene que ver igualmente, tanto icono religioso y música celestial a diestra y siniestra y las mencionadas confesiones de culpa. Todo lo que emparenta a la estupenda Teniente corrupto (1992), en forma clásica.

sábado, 6 de abril de 2019

It's Alive, It Lives Again y It's Alive III: Island of the Alive


It's Alive (1974)

Lo mejor de éste filme de Larry Cohen es el sentimiento que emana de los padres hacia su bebé monstruo, esa lucha entre entender que su bebé es su carne y sangre, su amado recién nacido, y un monstruo asesino, literalmente, pero que podemos conjugar e imaginar como que se trata de un asesino humano para pensarlo como idea general, ¿cómo enfrentarnos a esto? 

Pero es aún más complicado cuando entra a tallar lo sobrenatural, el bebé tiene garras y dientes afilados como una bestia y mata gente por instinto, no es que razone demasiado. No obstante el bebé reconoce a sus padres, y ahí el filme trasciende, se vuelve mejor de lo que uno esperaría de una película de terror común, porque matar a una criatura bruta, impersonal y sanguinaria es más sencillo de esperar, menos rico en matices y en alcances.

El filme propone en contraste como ve la policía al bebé monstruo, pensemos al mismo tiempo en un asesino en serie, viéndolo como una bestia lo quiere aniquilar sin piedad –como a los tantos muertos del monstruo-, es una amenaza implacable, algo salvaje e inmanejable para ellos, en cierta manera la policía es bastante dura en el filme. Llega un momento donde el padre demuestra que se le puede dominar de cierta manera, podría si fuera una persona ser simplemente arrestada e ir a prisión, pero éste literalmente es un monstruo, pero también un bebé, pero la policía está cerrada en el filme, no quiere darle oportunidad alguna.

El filme es sencillo, el bebé monstruo mata y se esconde, los padres sufren por él, la madre yace desequilibrada ahora por su existencia y devenir; el padre se vuelve egoísta y piensa en sí, en como lo ven todos, como el engendrador de una bestia asesina, tiene un estigma. Pero cuando el padre, Frank Davies (un genial John P. Ryan), le dispara a su hijo monstruo, él siente algo, lo oye llorar, lo ve indefenso y lastimado y el filme crece con el sentimiento. En adelante uno se preocupa por el bebé monstruo, aun cuando ha matado tan salvajemente, provocando de paso una buena película de terror, un buen entretenimiento.

It Lives Again (1978)

Como es lógico éste filme es inferior al anterior, a una película que ha sido buena y original, pero no es una película mala como la mayoría de secuelas de una buena película. Lo que sigue aquí es la historia de cómo intentar manejar a los bebés monstruos sin matarlos. Vuelve Frank Davis (John P. Ryan), intentando salvar al bebé de Jody y Eugene Scott (Kathleen Lloyd y Frederic Forrest); hay otro parto misterioso, como en la primera película, ésta vez no por qué cosa aparecerá y cómo, sino por cómo controlarlo sin que pueda matar. La solución es simple.

Frank Davis y otros activistas, llamémosles así, doctores -aquí hay muchos doctores-, buscan salvar a los bebés monstruos, mientras la ley con el detective de policía Perkins (nuevamente James Dixon) y la ayuda de otro padre con trágica historia, Mr. Mallory (John Marley), quieren matarlos a todos sin piedad. Éste filme de Larry Cohen es tranquilo en gran parte, las muertes demoran en aparecer, el filme prefiere regirse a formar su historia, basándose en lo bueno del pasado, el sentimiento de los padres por sus hijos, aun de ésta condición.

En ese intento por controlar y salvar a los bebés monstruos algo sale mal –como cabe esperar- y empieza otra vez el caos y la policía enardecida contra unos padres desesperados, angustiados y en una encrucijada, decidir cómo comportarse, frente a una bestia o frente a su hijo recién nacido. La respuesta llega finalmente sin tanto aspaviento, el filme tampoco quiere complicarse, se ve como entretenimiento más que todo, pero deja una sensación decente de que ha intentado un poco más, como en la primera película.

It's Alive III: Island of the Alive (1987)

Ésta película es más descocada que las anteriores, se muestra irreverente, los bebés monstruos son llevados a una isla, pero los van a buscar o se topan con ellos de casualidad. Los bebés monstruos abandonados en la isla en 5 años han crecido bastante, pero siguen con su instinto de matar. Luego se matizará con un viaje y un descubrimiento, pero antes serán como bestias camuflados y al acecho en la selva de la isla. Esa es su naturaleza, difícil aceptarlos por ésta causa, pero hay las dos posturas de siempre, los que quieren matarlos sin piedad, especialmente la policía, y los padres que sienten lastima y amor por ellos.

El filme tiene de protagonista a Michael Moriarty como el padre famoso de una de las bestias, la madre es la actriz Karen Black. Moriarty se hace el gracioso en varias oportunidades. Esta propuesta de Larry Cohen es algo más ligera que las anteriores en cuanto a tomarse en serio, pero tampoco deja de hacerlo del todo, pero tenemos a la Cuba de Fidel Castro, pandilleros y discotecas para ser más irreverentes y despreocupados que antes. Es el filme más endeble del grupo, pero aun así es entretenido, tiene su cuota de hedonismo.

Más que todo son tantas vicisitudes que pasan con rapidez las que entretienen, pero no trasciende en realidad como filme. El amor de padre es tratado muy superficialmente, pero está presente. La posible relación sexual entre Stephen Jarvis (Moriarty) y una mujer en el parque de diversiones habla de una enfermedad contagiosa y el repudio por miedo, pero señalándolo desde la procreación de bebés monstruos. El filme tiene escenas decentes de terror con las muertes, pero nada del otro mundo, cumplidoras solamente. El filme tiene varias aristas como el juicio de Jarvis por salvar a su recién nacido.

sábado, 30 de marzo de 2019

The Captain (Der Hauptmann)


El director alemán Robert Schwentke hace una buena película, con un tema manido, los nazis, volviendo a su natal Alemania a contextualizar la historia, sobre un soldado desertor que encuentra un uniforme de un capitán nazi y se convierte en él volviéndose un sanguinario asesino de desertores, valga la paradoja.

El soldado se convierte en Willi Herold (Max Hubacher) y va acumulando seguidores tras su uniforme, cuando la guerra está por terminar y rinde el caos en las filas alemanas. Herold es un militar duro y efectivo en pleno mundo nazi y esto lo mantiene como líder, mostrando mucha astucia para hacerse cargo del falso cargo. El filme de Schwentke no plantea poner en aprietos a Herold con su sustitución, no va por lo ordinario, sino que el traje y el poder cada vez hacen peor persona a Herold, que se mantiene frío ante los sucesos que van apareciendo.

Otra curiosidad de la temática nazi es que no se habla de judíos sino de desertores alemanes, Herold por quedar bien se imbuye en una carnicería de su propia gente, considerando a los desertores traidores y gente inmunda a su causa recién nacida, por lo que se siente en el derecho de acabar con todos ellos. El filme tampoco sataniza a los alemanes sino los vuelve de carne y hueso y se agradece darles forma y credibilidad más allá de lo de siempre.

The captain (2017) sí los dibuja horribles a muchos alemanes pero lo hace sin caricaturizarlos o convertirlos en figuras exageradas de maldad, son tipos perversos, pero también cantan, ríen, bailan, bromean, se hacen favores, sociabilizan, etc., como con el dúo de desertores haciendo humor para los militares. El filme se centra en el asesinato de desertores, y hay hasta alemanes que ven esto como una matanza inhumana. Herold es visto como un tipo cruel entre algunos alemanes, pero como con el juicio de los nazis se ve que estos lo aplauden en contraste.

También es notorio la lealtad y deslealtad del séquito, entre dos subalternos en especial. Freytag (Milan Peschel) es fiel como un perro, hombre humilde y respetuoso, es el que además inicia toda la mentira con Herold, lo cree inmediatamente un capitán nazi y es su primer seguidor. Luego tenemos a Kipinski (Frederick Lau), un tipo vulgar sin ética alguna, un hombre sin ley en realidad que en más de una oportunidad quiere dejar mal o hasta traicionar abiertamente a Herold. Estos dos lo siguen en toda la película y brindan muchos momentos.

La película está muy bien contada, tiene todo el uso del buen entretenimiento, de la grandeza, la agilidad y el buen ritmo hollywodeense, pero también sabe generar atención e interés un poco más de lo común con lo que cuenta, un hecho real, con la existencia de Willi Herold, que por el final se convierte en un especie de rey de su propio reino en medio del caos absoluto alemán y su inminente derrota, en lo que pudo ser fácilmente una nueva película con la segunda guerra mundial de fondo y éste loco comandando un séquito de asesinos de llamados traidores, en medio de un propio orden y la bohemia, la prostitución, la fiesta y el alcohol.

viernes, 29 de marzo de 2019

The Stuff


Ésta película que escribe y dirige Larry Cohen resulta bastante original, un especie de yogurt-helado llamado the stuff es una sustancia que en realidad tiene vida y hace mil estragos en el cuerpo y control de la gente que por su sabor se vuelve adicta a este producto. La sustancia blanca se come por dentro al cuerpo de las personas, los manipula como zombies o deja salir la sustancia de los cuerpos muertos como una masa viscosa que ataca como una marea. The stuff tiene de protagonista a Michael Moriarty, como un ex miembro del FBI –expulsado- que se dedica a sabotear por dinero las marcas de la competencia, es un pícaro y nuestro héroe. En el filme hay personajes curiosos, como Chocolate Chip (Garrett Morris), empresario de productos lácteos que es famoso por su simpatía, o el coronel Malcolm Grommett Spears (Paul Sorvino), un tipo de guerrillero nacionalista anti-comunista. El filme tiene una crítica social sobre venderle porquerías a la gente, o por el consumismo desenfrenado y la ambición de lucro sin miramientos de las empresas, por algo the stuff no pasa revisión sanitaria, se dice que sus ingredientes y fórmula mantienen el derecho al secreto como Coca Cola. The stuff (1985) tiene una línea general muy sencilla, pero es entretenida, no cabe duda. Moriarty es David “Mo” Rutherford quien con Chocolate Chip y el coronel Spears más una publicista y lado romántico (Andrea Marcovicci) y un niño (Scott Bloom) enfrentaran este ataque mundial. Nunca antes había sido tan fácil conquistar el mundo y luego salvarlo. El filme tiene varios mensajes publicitarios de the stuff y muy buenos y nutridos efectos especiales. Está claro que el hacer dinero sin pensar en el consumidor es pan de cada día donde entra un ataque del tipo de the stuff como humor negro, sci-fi y terror. Es un filme de esos que pueden ser de ataques alienígenas, pero el producto yace vivo de la nada en la tierra. Moriarty tiene un papel desenfadado, no muy exigente, pero tampoco es que The stuff sea una obra de arte, pero no le quita que es ingeniosa en su sencillez y divertida a rabiar. Es emocionante, además.

The Seventh Victim


Ésta película de terror y misterio de Mark Robson versa sobre la muerte, es así que la mujer que buscan en el filme, Jacqueline Gibson (Jean Brooks), es una mujer proclive al suicidio, que tiene una soga para ahorcarse preparada en una habitación para cuando se decida finalmente, mientras su vecina que está enferma terminal quiere vivir su último aliento a mil. Son dos caras de la misma moneda, querer morir y adorar la vida, propuesto desde lo tradicional, el vacío y la depresión versus la enfermedad terminal. Mary Gibson (Kim Hunter) busca a su hermana, ella está atrapada en un culto satánico, pero el filme no sigue el curso natural de gente malvada haciendo daño o matando sino que es un caso más elaborado con accidentes de por medio y traiciones que deben pagarse, pero éste culto satánico es ideológico –como forma de vida-, no quiere ser violento, por más raro que suene tener a la adoración al demonio como tipo de vida. En el trayecto hay relaciones afectivas, entre Mary y el esposo de Jacqueline, Gregory Ward (Hugh Beaumont), y un amigo poeta, Jason Hoag (Erford Gage). Se propone misterio y todo se resuelve inteligentemente, como buen cine clásico todo es claro. Mary tiene 16 años, pero es muy madura, despierta pasiones, al igual que su hermana, pero desde lados opuestos, una representa la luz –la vemos hasta tomando un vaso de leche- y la otra la sombra –con su estilo noir y dark-.Tom Conway hace el mismo papel que en la estupenda Cat People (1942), interpreta al psiquiatra Louis Judd, y pone un lado de sofisticación con un toque de intriga. Tenemos un lado romántico tratado muy suavemente. El economizar tiempo y exhibir mucho es magistral como cabe esperar del cine clásico, como cuando Jacqueline camina por la calle asustada perseguida por alguien que quiere matarla, hay un juego de sombras, pasos, calles y detalles poderoso. En un momento se deja ver un posible enamoramiento lésbico entre Frances Fallon (Isabel Jewell) y Jacqueline, pero la propuesta lo maneja de manera naif y hablan de agradecimiento por ser una buena patrona, cuando en una escena gloriosa se le quiere obligar a morir envenenada a Jacqueline. Val Lewton es el productor del filme con la RKO y su época gloriosa de películas B de terror, debut del director Mark Robson y también debut de Kim Hunter, recordada por ser Stella Kowalski en la obra maestra Un tranvía llamado deseo (1951).

lunes, 25 de marzo de 2019

Mandy


Jeremiah (un estupendo Linus Roache), el líder de una secta, queda prendado de una mujer al verla simplemente pasar, de Mandy (Andrea Riseborough), esposa de Red (Nicolas Cage), y como Jeremiah cree que todo en el mundo le pertenece la secuestra, la droga y trata de hacerla su mujer. Mandy lo rechaza, se burla de él, y éste se vuelve loco. Lo que viene después es la venganza de Red, de un Nicolas Cage totalmente fuera de sí, con un Panos Cosmatos, el director del filme, haciendo una película ultra violenta y muy entretenida.

Cosmatos no teme dar unos diálogos cargados, no teme en absoluto el ridículo, y acierta en todo momento, con un Jeremiah dando discursos entre absurdos, pedantes y cósmicos, esto último como lo es toda la película, con mención a los planetas favoritos de Mandy y Red que veremos al final como si hubiéramos presenciado un sci-fi y no una película de acción y fantasía. Mandy (2018) también es terror, ya de por sí la idea de enfrentar una secta lo es, cuando muchos las han tratado en el género. Pero Mandy además tiene de terror por unos motoristas demoniacos, tipo cómic, que debe enfrentar Cage, a lo sobrenatural.

Mandy manipula los colores, produciendo un filme con identidad propia, con unos colores o tendencias rojizas y purpuras que dan una imagen de terror al conjunto, de oscuridad, de algo siniestro, de algo misterioso, de algo irreal o excepcional. Tener a Cage con la cara ensangrentada, manchada con la sangre que le han salpicado las muertes que ocasiona su venganza es tener un filme híper divertido entre manos, uno que rompe todo limite y quiere ser rebelde en toda esencia. Otro gran momento es ver como Cage prepara su hacha, como la construye, en el momento más artesano y preparativo.

Todo el filme es genial, pero destaco dos secuencias de acción en especial, cuando Cage enfrenta a los motoristas demoniacos, así, sin miedo, frontalmente, a lo loco, sin plan alguno, solo positivo –como menciona un dialogo sarcástico- y cuando se da una lucha con motosierras y enormes cadenas. Ver a Bill Duke, actor de la película Depredador (1987), también tiene su encanto. Duke le explica a Cage sobre la parte sobrenatural del filme, sobre lo oscuro, sobre lo terrorífico, sobre el mal en toda esencia. Destaca a su vez otro momento en la propuesta, cuando un especie de ministro le da la ubicación de la familia-secta de Jeremiah al hombre venganza y es un momento donde solo habla el sujeto y Cage lo mira con la cara de perturbado, mientras este hombre suelta a un tigre.

Cosmatos tiene grandes ocurrencias en su filme, está lleno de imaginación de la buena, y es tan entretenido como un filme de Tarantino, se muestra igual de hábil con el hedonismo. El filme tiene hasta dibujos animados como pesadillas, vemos a Mandy señalarle el camino a su marido, imponiendo el lado místico pagano, y es que el filme es atrevido, como ver la secta de Jeremiah adornada con cruces y señalamientos a lo cristiano, pero con la suciedad de la criminalidad y el peor abuso en las acciones.

Jeremiah es un hombre trastornado, semejante al papel de Cage, y se dará un dialogo final, aunque Cage apenas abre la boca, bastante rico, en el lado de lo irreverente y rebelde, propio del director que no teme fallar y plasma toda su extravagancia a pleno y a mil. El filme juega con lo hippie perverso, con lo religioso demencial, con lo blasfemo. Mandy y su marido viven en el bosque y son algo excéntricos, ella es de otro mundo, señala Jeremiah creyendo conectar con su persona, y el filme se pega a esto, Mandy guía el filme, Cage es su herramienta.

Es un filme que trasciende lo común, es cósmico y putrefacto, con un Cage que divierte con su estado de alta violencia, que destila luz –goce- mediante un camino sangriento. Cuando sonríe con la cara bañada en sangre alucinando a su esposa a la que rememora en sueños húmedos imbuidos en finales de pesadilla es todo locura y placer extremo. Mandy es juerga en toda la palabra, con un pequeño toque freak, como la novela que lee Mandy, como todos los rostros de los miembros de la secta, rostros perversos, perturbadores. Olwen Fouéré, Ned Dennehy y Clément Baronnet están magníficos. 

Dogman


Estamos ante una película de bullying, donde un tipo enorme, un matón, el tipo más odiado del barrio por ser violento, aprovechado y abusivo se mete con un hombre débil, pequeño, querido por todos. Es la historia del matón Simoncino (Edoardo Pesce) y el peluquero de perros Marcello (Marcello Fonte).

Marcello tampoco es un santo, aparte de su negocio de cuidado de perros micro-comercializa droga, pero es un tipo tranquilo, ordenado, buena gente, bonachón, buen padre, pero como vive en un  barrio de esos peligrosos y no le alcanza para subsistir vende droga, justificación valida o no valida es su realidad, y uno de sus clientes es Simoncino, que hace lo que hace con todos, pasa por encima de la gente, no respeta nada ni a nadie.

Por todo esto, en aquella ciudad sacada de un cuento apocalíptico o pueblo derruido donde viven ambos todos comentan que en cualquier momento algo trágico le va a pasar a Simoncino tarde o temprano, pero pasa el tiempo y nada sucede. Más tarde entra a tallar la sorpresa, aunque no tan sorpresa porque el filme cuenta un hecho real muy conocido en Italia. En ello el filme apoya a Marcello, como que lo comprende y perpetra como que una cosa lleva a la otra, y no por un estado de brutalidad semejante al que impone Simoncino.

Marcello va a la cárcel, pero no vuelve tan cambiado, pero quiere respeto, y aunque manifiesta de cierta manera un acto osado de venganza no es que esté dispuesto a ser un criminal en toda la magnitud, como un Simoncino que tiene todas las del matón bruto y primitivo. Marcello siente que se ahoga cuando hace submarinismo con su hija, algo le aprieta el corazón y es justamente la presencia abusiva de Simoncino.

Éste hombre gigante y abusivo no para de darle motivos a todo el mundo, aunque claro, como justificar matarlo, diríamos. Hay una discusión a ese respecto, y se delibera que por más cretino y bestia que sea éste tipo no hay que eliminarlo. Nadie quiere volverse un criminal, o pagar para matarlo, hay cierta ética. Y el ambiente se vuelve tan tenso y opresivo, el hombre bondadoso deja todo su ser y recibe tremendo golpe, es hasta humillado, tratado como si su persona no mereciera respeto alguno, menos amistad ni gratitud.

El filme quiere dar a entender que se puede ser criminal y no ser una mala persona, como el caso de Marcello, porque un hombre que ama tanto a los animales como él no puede serlo; alguien capaz de regresar a un lugar donde recién han robado y han huido –como cómplice del robo- para salvar a un pequeño perro de morir congelado es alguien humano. Simoncino es el monstruo que el pequeño David debe enfrentar, pero a qué precio. El italiano Matteo Garrone vuelve con Dogman (2018) a su mejor estado, el de Gomorra (2008).

martes, 19 de marzo de 2019

Quién te cantará


Es un filme algo misterioso, pero se  resuelve con bastante sencillez. Al final una confesión de la protagonista deja todo súper claro, igual con la narración o lo central no es que uno vea trabajar una alta expectativa de un devenir excepcional. El filme es el vínculo entre Lila (Najwa Nimri) y Violeta (Eva Llorach); la primera es una cantante famosa que está amnésica y la segunda es su fan número 1 que ha venido a rescatarla. Violeta es su imitadora en un karaoke y el pedido que le hacen es extraordinario, pero manejado con mucha diafanidad.

La relación tormentosa entre madre e hija es otra arista del filme, con una hija, Marta (Natalia de Molina), que está fastidiada de la vida y no encuentra mejor manera de desfogarse que hiriendo y molestando a otros, en especial a su madre, Violeta, para que así la joven se sienta una persona malvada o una porquería, para hacer la imagen más deprimente. Esto es interesante y está manejado muy bien, además de que Natalia de Molina lo asume con habilidad. Pero el filme es tan diáfano, tan pulcro, tan mínimo, que faltan destellos, más pirotecnia, incluso más escenas -de la locura de la hija-, por ahí salía algo aún más atractivo, porque esto está jugoso.

Por el final vemos una resolución de cierta oscuridad con un chorro de sangre y con un juego de espejos que recuerda a Persona (1966), y puede que Lila y Violeta se confundan entre sí, pero esto es breve, no demasiado sugerido. No obstante el trato entre Lila y Violeta tiene sustancia, Llorach lo hace bastante verídico; también las canciones, lo musical, está correcto. Nimri mantiene una postura de mujer sufrida, pero sin caer en lo bajo, una mujer que intuye sufrimiento. Con ella hay misterio, de qué oculta su crisis en la playa.

Carlos Vermut hace una película de pocos elementos, es una película austera, narrativamente hablando, pero sin ser para nada desagradable, tiene una estética muy decente, un quehacer profesional, serio, pero recuerda a filmes de bajo presupuesto, en cuanto a qué moviliza en el escenario y en el filme. Al mismo tiempo, es interesante ver como maneja el melodrama, nunca es telenovelero, tiene una alta calidad en ello, tiene un aire elegante con poco recurso, es un canto de admirable austeridad, aunque le falta un poco de fuegos artificiales.

Su melodrama es bueno, más noble y excelso que muchos, sólo que poner una sola escena fuerte huele a poco, me refiero a las paredes sucias. La anterior, la de la amenaza, es un hincón, una contextualización que en ese momento fastidia –ella es insoportable, hay que decirlo, mientras le aplaudimos la actuación- y a la misma vez  se denota notable. Otro destaque es que Llorach es una maravillosa fan, y esto es importante,  es el sostén del filme.

La relación entre las mujeres –entre artistas, digámosles- también se da magistral, en todo campo, no tiene fisuras por ninguna parte. Lo pop específicamente no es al oído genial, pero no deja de ser válido, además de incorporar performances, provocando identidad en la propuesta. Ahí tampoco hay ridiculez, se la salta toda, que hasta intuyéndola lo menciona en un momento.

Vermut es un buen director de cine, lo que hace es buen cine español, uno que no se regodea en el sexo ni en su rareza, como cierta línea ibérica. Habría que invocar en él un poco más de espectáculo, aunque tiene estilo propio. No veo en él nada de Almodóvar, como han mencionado otros, como si fuera un halago, aun cuando Almodóvar no es que me sea malo, tiene harta personalidad y distinción, y es que ambos la tienen. Sin embargo Almodóvar es más pirotécnico, más espectáculo, pero también impone un lado algo chusco y a veces se muestra torpe. Vermut toca a Bergman, pero lo hace con su minimalismo, sin complicarse, para bien y para mal, lo simplifica entre comillas en su propio relato.  

domingo, 17 de marzo de 2019

Just Don’t Think I’ll Scream y Los sueños del castillo


Just Don’t Think I’ll Scream

El francés Frank Beauvais hace una obra con pequeños pedazos de los filmes que vio durante una etapa de depresión y a la vez sumamente apasionada de cinefilia. Son más de 400 películas mostradas muy brevemente a modo de found footage. Estos fragmentos son siempre impactantes o curiosos otorgando novedad, extravagancia y notoriedad. También los fragmentos tienen que ver con la otra construcción del filme formando un vínculo coherente y sugestivo, que es el diario del director, ubicado en el tiempo entre abril y octubre del 2016 y que escuchamos en voz en off durante todo el filme, sin detenerse nunca. Beauvais recién terminaba con una pareja y vivía en una villa en Alsacia y se enfrascó en una cinefilia tremenda –4 o 5 filmes al día durante 6 meses y de exigencia hardcore-, lo cual constatamos con la visión de fragmentos poco identificables en su origen pero llenos de bastante atractivo visual, son imágenes de excepción, suponen las más llamativas de sus respectivos filmes. El diario cuenta el estado de ánimo del director, su reflexión y auto-auscultación, habla de política y de lo social también, se enfoca en algunos eventos de su país, pero sobre todo es un viaje emotivo y racional, muy analítico y preciso, donde revela muy bien su situación de soledad, mostrando sofisticación e intelectualidad. Es una mirada descarnada, honesta de uno mismo, por otra parte. Revela cosas íntimas, como la distancia que tenía con su padre y su convivencia con él por un breve lapso hasta su muerte o sus desequilibrios mentales.

Los sueños del castillo

Documental chileno, de René Ballesteros, que mezcla pesadillas o sueños y una correccional para menores. A los reclusos se les pregunta por sus sueños, parece un método psicoanalítico pero simplemente expuesto, dejado a la interpretación del espectador. En la correccional hablan mucho de apuñalamientos, son unas joyitas también. Pero el filme toma un lado humanitario tratando de comprender ésta juventud criminal. Incluso llega a entrevistar Ballesteros a la novia de un chiquillo criminal; ella muestra todo su amor y comprensión, también cierto dolor por como es. El castillo es la cárcel y tiene un lado de película de terror, ya que gira en parte a historias de ese tipo, como que el castillo no solo está ubicado en el campo, por lo que vemos vacas pasteando, sino que está sobre un cementerio. Directamente un par de educadores cuentan del fantasma de un compañero suyo que ronda el castillo. Se llega a hablar hasta de posesión demoniaca para los actos delictivos que han ejercido algunos. Partes de la correccional, infraestructura, es mostrada a ratos, enseñando un lado frío, duro. Igualmente una niebla ronda por el lugar, mostrando cierto lado siniestro. Los sueños, muchos de ellos, son premonitorios o es hallarse con seres queridos muertos o a punto de morir. Observamos la cotidianidad del lugar, vemos comer a los jóvenes, oír música de hoy, etc. La parte de cine de terror, con cosas a ese respecto, le da distinción al conjunto, abriendo un nuevo espectro de documental, no solo anclado a lo obvio, que sería estar interno, si no sería oír de las mil puñaladas que ha lanzado uno u otro sobre alguien, dicho sin perturbación alguna en el rostro, contado de la manera más natural. Por ello, por extraño que suene, lo sobrenatural nos abre a la idea de trasmitir humanidad, sensibilidad, imaginación, juego, un cierto lado infantil que minimiza la personalidad brusca, seca, bruta de los reclusos; chiquillos, pero duros, violentos, debajo de cuerpos pequeños. Los cuentos de terror son un lado algo arbitrario, pero funciona. Las propias paredes, la torre, los pasadizos, las luces fosforescentes, le dan una visión de cierto misterio, de cierta expectativa al filme, sugiriendo ficción. Y al estar en el campo –aislados- rodeados de vacas es como sacado de una película de género.  

jueves, 14 de marzo de 2019

Lazzaro felice


Lazzaro felice (2018) es la historia de un santo y la de un lobo viejo y hambriento, es cine social y fantástico, hecho por la talentosa Alice Rohrwacher. Lazzaro (un maravilloso Adriano Tardiolo) es un muchacho bondadoso, que luce algo lento, un campesino en un lugar del pasado donde a los campesinos no se les paga y se les explota.

La marquesa Alfonsina De Luna (Nicoletta Braschi), la reina del tabaco, sabe lo que hace pero igual le conviene, es una criminal, como veremos más tarde. Ella los explota. Lo curioso es que ella se cree con razones para lo injusto y puede que tenga de cierto de alguna manera, ella representa un poco al banco, un circulo interminable.

Lazzaro felice viaja en el tiempo, vemos a los  campesinos del pasado como gente de hoy, como pequeños ladrones y sobrevivientes. Lazzaro realiza tres milagros, uno cuando cae a un precipicio, momento glorioso, rompedor del filme; otro cuando le quita la música a gente que supuestamente es bondadosa y piadosa y son en realidad mezquinos; por último cuando revela su ser en la última parte o pasa a la acción, a una reacción.  

Lazzaro se hace amigo del hijo de la marquesa, Tancredi, y parece que todo va a ser convencional, sacrificando a Lazzaro por el niño rico y su amistad, pero el filme pega un salto y se aleja de lo predecible. El filme encanta con su viaje del pasado, muy bien adaptado, al presente, con otro tipo de situación, donde la pobreza sigue a los otrora campesinos. El filme une los tiempos con un hecho que suena real, un engaño.

Lazzaro felice es cine social sólido, pero que pasa por mucho más, que es un relato cautivante, y lo social es parte de. Pero esto está ahí, con gente humilde y decente primero maltratada, golpeada por el mundo en su inocencia, para luego ser corruptos, guiados por Antonia (Alba Rohrwacher), que tiene su lado humano; y por Ultimo (Sergi López), que es más propenso a olvidarse de la bondad, pero que Antonia corrige y éste obedece por amor.

En el filme el dinero vuelve a la gente corrupta, aun cuando guardan humanidad, como en la celebración de unidad de una especie de familia moderna. Tancredi se vuelve pobre, un banco le quita su fortuna, aunque sea una fortuna sucia por la criminalidad de la madre. Tancredi siempre ha sido una buena persona, parece que las buenas personas están destinadas a sufrir. Lazzaro es cuidado por los campesinos, es uno de ellos, aunque lo explotan un poco, pero lo quieren. Lazzaro cuando se enfrenta al mundo, representado por el banco, por la ambición, termina golpeado por una turba que no comprende su lado raro, su inocencia.

Lazzaro tiene fiebre y piensa en el amigo, sale a buscarlo, luego viene la gran sorpresa. Se abre el filme a lo sobrenatural, que intensifica la relación entre el santo y el lobo viejo y hambriento. Ésta mezcla y pequeño relato folclórico define el filme, define hacer muchas cosas espectaculares, buenas y malas, sobrevivir implica ser fuerte y un poco malvado. El filme se abre a la imagen del alma, con el lobo viejo visto como un gran depredador, aunque en el trayecto se le quiere destruir, es como decir una criminalidad justificada. El lobo es un héroe, un ser mitológico, pero también un ser humilde y despreciado.

martes, 12 de marzo de 2019

Las hijas del fuego


Las hijas del fuego (2018), de la argentina Albertina Carri, es una película incendiaria, medio pornográfica, o porno pero sin mantener la explicites todo el tiempo, con algunos momentos, y luego hay momentos artísticos a ese respecto. Pero el filme tiene una gran carga porno de todas maneras, siendo el principal hecho que ocurre en el filme. Un grupo de mujeres emprenden un viaje sin rumbo, que no sea hacer realidad su hedonismo, su sexualidad. Se van deteniendo y van aumentando la cantidad de pasajeros en ésta road movie.

Carri quiere que estas mujeres hagan lo que les plazca, como una oda al libertinaje o la libertad de tener sexo todo el tiempo que uno desee y éste es lésbico, entonces es la defensa de ésta libertad a voz en cuello, sin medias tintas. El grupo de mujeres no para de besarse –a cada rato- y de tener sexo entre ellas, cambiando de pareja y llegando al final hasta una orgía. No por algo el filme termina con una mujer masturbándose con el genital a la vista frontal de la cámara por cerca de unos 10 minutos, trasmitiendo toda su calentura.

El filme no tiene narrativa, o ésta es ir por ahí recogiendo mujeres, haciendo una porno poética como con esas palabras que vamos oyendo analizar el viaje y el hacer el propio filme. Hay momentos que son mínimos de trama como con Erica Rivas haciendo de mujer maltratada, defendida por el grupo de mujeres, tortilleras, como les llama el marido abusivo; o con la visita a la madre de una de las mujeres (Cristina Banegas) que prepara una comida con hongos alucinógenos, como parte de la rebeldía general y el sentido de unidad de la propuesta.

Las hijas del fuego es un canto al hedonismo, al placer lésbico, con sexo por doquier, esto es su principal sentido y lo vemos continuamente. No hay plan que no sea esto en realidad. El resto parece pretexto, la trama casi no existe. Sofía Gala Castiglione aparece sensual como regente de un lugar sadomasoquista y un burdel lésbico, luego come de un cuerpo desnudo. El filme se adscribe al reino de las mujeres, no hay hombres se diría, no es su película ni su poética, incluso la madre de una de las mujeres que visitan es viuda, aunque recuerda al marido con amor.

El grupo de mujeres es variado, hay todo tipo de cuerpos, bastante robustos o delgados, también tonalidades, no se trata de estética o sí, pero en la variedad y reverencia de todos los cuerpos existentes en el mundo. No hay diferencia entre las mujeres, nos parece decir Carri; lo que importa es la libertad sexual, ser lesbiana en todo gusto, intensidad y deseo. Eso se percibe con el final, con el placer buscado sobre todo, no hay nada que mortifique al deseo carnal ni que lo limite o siquiera lo intimide –como con aquella pelea en el bar-, sino que se da una y otra vez como un lugar totalmente abierto, celebrado e idolatrado, en el estado del poliamor, del amar a muchas y entre todas.

miércoles, 6 de marzo de 2019

Carelia: Internacional con monumento


El documental hace tiempo dejó de ser un mecanismo rígido de simple exposición didáctica, para convertirse en lo que desee cada director, no hay tema intrascendente ni la necesidad de ninguna explicación, sea para entender el tema o para mostrar lo que uno quiera. El director venezolano radicado en España Andrés Duque sigue ésta premisa en gran parte de su documental, exponiendo a la familia que le dio cobijo en éste su viaje de investigación política a Carelia, un país exótico para el espectador, pero que sigue su abordaje de Rusia.

Carelia es una república de Rusia limítrofe con Finlandia, un lugar novedoso para quienes observamos éste documental. En esa parte que quiere hacer lo que a uno le plazca nace mostrar a una familia formada por cinco hijos. El filme es la muestra de la libertad de esa familia, que tiene mucho de cultural, como cuando estudian un pedazo de árbol y lo atribuyen a un sátiro, mediando la audacia interpretativa de los niños y del padre que los motiva.

Los niños y adolescentes se entretienen entre ellos en el campo, a veces junto a su madre, son muy unidos a sus padres. Vemos su vida ordinaria, parecido a como si viéramos esa comunidad menonita de Luz silenciosa (2007), de Carlos Reygadas, aunque aquí es una familia bastante unida, muy respetuosa de sus vínculos y también independiente.

Por otra parte el filme es uno político, sobre las matanzas que hiciera la purga enfermiza de Josef Stalin en la zona, con árboles que muestran las fotografías de personas pertenecientes a distintos países, muertas e intentadas dejadas olvidadas y anónimas por la historia oficial. Pero el historiador Yuri Dmitriev ha hecho un gran esfuerzo por hacerlo público, siendo descubridor de las fosas comunes cuando el gobierno de Putin ha buscado reivindicar la imagen de Stalin.

Por todo esto muchos señalen que Dmitriev es un perseguido político en realidad, al pasar por un juicio donde se le señala de abuso de confianza con una hija adoptiva y se ven cosas atípicas al juicio ordinario. Su hija Katerina Klodt habla en pantalla, sin exaltarse ni disparar con ira, se le ve algo tímida, sobre la injusticia que percibe en el juicio que pasa su padre que ella atribuye a sus descubrimientos y a sus comentarios contra el régimen de Putin. También narra el impacto que fue descubrir y presenciar las fosas cuando apenas tenía 12 años.

La parte final del documental, unos cuarenta minutos, está dedicada a estos entierros clandestinos y asesinatos atroces en Sandarmokh, donde murieron más de 9 mil personas a fines de los 30s. No obstante hay un gran porcentaje de rusos que no ven mal el gobierno de Stalin a los que apunta incrementar Putin, tratando de imponer un cierto orgullo patrio, pero las purgas que hizo hablan fuerte y claro, hablan de crímenes y llaman a la unidad sin nacionalidad y a nuestra humanidad.

De aquí la importancia del documental, de difundir éstas terribles purgas, toda la crueldad y demencia de Stalin, mientras antes yace libre con una familia luminosa, con todo el ánimo rural, como cuando salen de la cabaña-carpa uno detrás del otro, cuando buscan meditar en familia –sin presión- o cuando el perseguido sol le da al rostro al pequeño más avispado que parece que conversara esencial con la naturaleza cuando se observa risueño frente al río.