martes, 19 de marzo de 2019

Quién te cantará


Es un filme algo misterioso, pero se  resuelve con bastante sencillez. Al final una confesión de la protagonista deja todo súper claro, igual con la narración o lo central no es que uno vea trabajar una alta expectativa de un devenir excepcional. El filme es el vínculo entre Lila (Najwa Nimri) y Violeta (Eva Llorach); la primera es una cantante famosa que está amnésica y la segunda es su fan número 1 que ha venido a rescatarla. Violeta es su imitadora en un karaoke y el pedido que le hacen es extraordinario, pero manejado con mucha diafanidad.

La relación tormentosa entre madre e hija es otra arista del filme, con una hija, Marta (Natalia de Molina), que está fastidiada de la vida y no encuentra mejor manera de desfogarse que hiriendo y molestando a otros, en especial a su madre, Violeta, para que así la joven se sienta una persona malvada o una porquería, para hacer la imagen más deprimente. Esto es interesante y está manejado muy bien, además de que Natalia de Molina lo asume con habilidad. Pero el filme es tan diáfano, tan pulcro, tan mínimo, que faltan destellos, más pirotecnia, incluso más escenas -de la locura de la hija-, por ahí salía algo aún más atractivo, porque esto está jugoso.

Por el final vemos una resolución de cierta oscuridad con un chorro de sangre y con un juego de espejos que recuerda a Persona (1966), y puede que Lila y Violeta se confundan entre sí, pero esto es breve, no demasiado sugerido. No obstante el trato entre Lila y violeta tiene sustancia, Llorach lo hace bastante verídico; también las canciones, lo musical, está correcto. Nimri mantiene una postura de mujer sufrida, pero sin caer en lo bajo, una mujer que intuye sufrimiento. Con ella hay misterio, de qué oculta su crisis en la playa.

Carlos Vermut hace una película de pocos elementos, es una película austera, narrativamente hablando, pero sin ser para nada desagradable, tiene una estética muy decente, un quehacer profesional, serio, pero recuerda a filmes de bajo presupuesto, en cuanto a qué moviliza en el escenario y en el filme. Al mismo tiempo, es interesante ver como maneja el melodrama, nunca es telenovelero, tiene una alta calidad en ello, tiene un aire elegante con poco recurso, es un canto de excelsa austeridad, aunque le falta un poco de fuegos artificiales.

Su melodrama es bueno, más noble y excelso que muchos, sólo que poner una sola escena fuerte huele a poco, me refiero a las paredes sucias. La anterior, la de la amenaza, es un hincón, una contextualización que en ese momento fastidia –ella es insoportable, hay que decirlo, mientras le aplaudimos la actuación- y a la misma vez  se denota notable. Otro destaque es que Llorach es una maravillosa fan, y esto es importante,  es el sostén del filme.

La relación entre las mujeres –entre artistas, digámosles- también se da magistral, en todo campo, no tiene fisuras por ninguna parte. Lo pop específicamente no es al oído genial, pero no deja de ser válido, además de incorporar performances, provocando identidad en la propuesta. Ahí tampoco hay ridiculez, se la salta toda, que hasta intuyéndola lo menciona en un momento.

Vermut es un buen director de cine, lo que hace es buen cine español, uno que no se regodea en el sexo ni en su rareza, como cierta línea ibérica. Habría que invocar en él un poco más de espectáculo, aunque tiene estilo propio. No veo en él nada de Almodóvar, como han mencionado otros, como si fuera un halago, aun cuando Almodóvar no es que me sea malo, tiene harta personalidad y distinción, y es que ambos la tienen. Sin embargo Almodóvar es más pirotécnico, más espectáculo, pero también impone un lado algo chusco y a veces se muestra torpe. Vermut toca a Bergman, pero lo hace con su minimalismo, sin complicarse, para bien y para mal, lo simplifica entre comillas en su propio relato.  

domingo, 17 de marzo de 2019

Just Don’t Think I’ll Scream y Los sueños del castillo


Just Don’t Think I’ll Scream

El francés Frank Beauvais hace una obra con pequeños pedazos de los filmes que vio durante una etapa de depresión y a la vez sumamente apasionada de cinefilia. Son más de 400 películas mostradas muy brevemente a modo de found footage. Estos fragmentos son siempre impactantes o curiosos otorgando novedad, extravagancia y notoriedad. También los fragmentos tienen que ver con la otra construcción del filme formando un vínculo coherente y sugestivo, que es el diario del director, ubicado en el tiempo entre abril y octubre del 2016 y que escuchamos en voz en off durante todo el filme, sin detenerse nunca. Beauvais recién terminaba con una pareja y vivía en una villa en Alsacia y se enfrascó en una cinefilia tremenda –4 o 5 filmes al día durante 6 meses y de exigencia hardcore-, lo cual constatamos con la visión de fragmentos poco identificables en su origen pero llenos de bastante atractivo visual, son imágenes de excepción, suponen las más llamativas de sus respectivos filmes. El diario cuenta el estado de ánimo del director, su reflexión y auto-auscultación, habla de política y de lo social también, se enfoca en algunos eventos de su país, pero sobre todo es un viaje emotivo y racional, muy analítico y preciso, donde revela muy bien su situación de soledad, mostrando sofisticación e intelectualidad. Es una mirada descarnada, honesta de uno mismo, por otra parte. Revela cosas íntimas, como la distancia que tenía con su padre y su convivencia con él por un breve lapso hasta su muerte o sus desequilibrios mentales.

Los sueños del castillo

Documental chileno, de René Ballesteros, que mezcla pesadillas o sueños y una correccional para menores. A los reclusos se les pregunta por sus sueños, parece un método psicoanalítico pero simplemente expuesto, dejado a la interpretación del espectador. En la correccional hablan mucho de apuñalamientos, son unas joyitas también. Pero el filme toma un lado humanitario tratando de comprender ésta juventud criminal. Incluso llega a entrevistar Ballesteros a la novia de un chiquillo criminal; ella muestra todo su amor y comprensión, también cierto dolor por como es. El castillo es la cárcel y tiene un lado de película de terror, ya que gira en parte a historias de ese tipo, como que el castillo no solo está ubicado en el campo, por lo que vemos vacas pasteando, sino que está sobre un cementerio. Directamente un par de educadores cuentan del fantasma de un compañero suyo que ronda el castillo. Se llega a hablar hasta de posesión demoniaca para los actos delictivos que han ejercido algunos. Partes de la correccional, infraestructura, es mostrada a ratos, enseñando un lado frío, duro. Igualmente una niebla ronda por el lugar, mostrando cierto lado siniestro. Los sueños, muchos de ellos, son premonitorios o es hallarse con seres queridos muertos o a punto de morir. Observamos la cotidianidad del lugar, vemos comer a los jóvenes, oír música de hoy, etc. La parte de cine de terror, con cosas a ese respecto, le da distinción al conjunto, abriendo un nuevo espectro de documental, no solo anclado a lo obvio, que sería estar interno, si no sería oír de las mil puñaladas que ha lanzado uno u otro sobre alguien, dicho sin perturbación alguna en el rostro, contado de la manera más natural. Por ello, por extraño que suene, lo sobrenatural nos abre a la idea de trasmitir humanidad, sensibilidad, imaginación, juego, un cierto lado infantil que minimiza la personalidad brusca, seca, bruta de los reclusos; chiquillos, pero duros, violentos, debajo de cuerpos pequeños. Los cuentos de terror son un lado algo arbitrario, pero funciona. Las propias paredes, la torre, los pasadizos, las luces fosforescentes, le dan una visión de cierto misterio, de cierta expectativa al filme, sugiriendo ficción. Y al estar en el campo –aislados- rodeados de vacas es como sacado de una película de género.  

jueves, 14 de marzo de 2019

Lazzaro felice


Lazzaro felice (2018) es la historia de un santo y la de un lobo viejo y hambriento, es cine social y fantástico, hecho por la talentosa Alice Rohrwacher. Lazzaro (un maravilloso Adriano Tardiolo) es un muchacho bondadoso, que luce algo lento, un campesino en un lugar del pasado donde a los campesinos no se les paga y se les explota.

La marquesa Alfonsina De Luna (Nicoletta Braschi), la reina del tabaco, sabe lo que hace pero igual le conviene, es una criminal, como veremos más tarde. Ella los explota. Lo curioso es que ella se cree con razones para lo injusto y puede que tenga de cierto de alguna manera, ella representa un poco al banco, un circulo interminable.

Lazzaro felice viaja en el tiempo, vemos a los  campesinos del pasado como gente de hoy, como pequeños ladrones y sobrevivientes. Lazzaro realiza tres milagros, uno cuando cae a un precipicio, momento glorioso, rompedor del filme; otro cuando le quita la música a gente que supuestamente es bondadosa y piadosa y son en realidad mezquinos; por último cuando revela su ser en la última parte o pasa a la acción, a una reacción.  

Lazzaro se hace amigo del hijo de la marquesa, Tancredi, y parece que todo va a ser convencional, sacrificando a Lazzaro por el niño rico y su amistad, pero el filme pega un salto y se aleja de lo predecible. El filme encanta con su viaje del pasado, muy bien adaptado, al presente, con otro tipo de situación, donde la pobreza sigue a los otrora campesinos. El filme une los tiempos con un hecho que suena real, un engaño.

Lazzaro felice es cine social sólido, pero que pasa por mucho más, que es un relato cautivante, y lo social es parte de. Pero esto está ahí, con gente humilde y decente primero maltratada, golpeada por el mundo en su inocencia, para luego ser corruptos, guiados por Antonia (Alba Rohrwacher), que tiene su lado humano; y por Ultimo (Sergi López), que es más propenso a olvidarse de la bondad, pero que Antonia corrige y éste obedece por amor.

En el filme el dinero vuelve a la gente corrupta, aun cuando guardan humanidad, como en la celebración de unidad de una especie de familia moderna. Tancredi se vuelve pobre, un banco le quita su fortuna, aunque sea una fortuna sucia por la criminalidad de la madre. Tancredi siempre ha sido una buena persona, parece que las buenas personas están destinadas a sufrir. Lazzaro es cuidado por los campesinos, es uno de ellos, aunque lo explotan un poco, pero lo quieren. Lazzaro cuando se enfrenta al mundo, representado por el banco, por la ambición, termina golpeado por una turba que no comprende su lado raro, su inocencia.

Lazzaro tiene fiebre y piensa en el amigo, sale a buscarlo, luego viene la gran sorpresa. Se abre el filme a lo sobrenatural, que intensifica la relación entre el santo y el lobo viejo y hambriento. Ésta mezcla y pequeño relato folclórico define el filme, define hacer muchas cosas espectaculares, buenas y malas, sobrevivir implica ser fuerte y un poco malvado. El filme se abre a la imagen del alma, con el lobo viejo visto como un gran depredador, aunque en el trayecto se le quiere destruir, es como decir una criminalidad justificada. El lobo es un héroe, un ser mitológico, pero también un ser humilde y despreciado.

martes, 12 de marzo de 2019

Las hijas del fuego


Las hijas del fuego (2018), de la argentina Albertina Carri, es una película incendiaria, medio pornográfica, o porno pero sin mantener la explicites todo el tiempo, con algunos momentos, y luego hay momentos artísticos a ese respecto. Pero el filme tiene una gran carga porno de todas maneras, siendo el principal hecho que ocurre en el filme. Un grupo de mujeres emprenden un viaje sin rumbo, que no sea hacer realidad su hedonismo, su sexualidad. Se van deteniendo y van aumentando la cantidad de pasajeros en ésta road movie.

Carri quiere que estas mujeres hagan lo que les plazca, como una oda al libertinaje o la libertad de tener sexo todo el tiempo que uno desee y éste es lésbico, entonces es la defensa de ésta libertad a voz en cuello, sin medias tintas. El grupo de mujeres no para de besarse –a cada rato- y de tener sexo entre ellas, cambiando de pareja y llegando al final hasta una orgía. No por algo el filme termina con una mujer masturbándose con el genital a la vista frontal de la cámara por cerca de unos 10 minutos, trasmitiendo toda su calentura.

El filme no tiene narrativa, o ésta es ir por ahí recogiendo mujeres, haciendo una porno poética como con esas palabras que vamos oyendo analizar el viaje y el hacer el propio filme. Hay momentos que son mínimos de trama como con Erica Rivas haciendo de mujer maltratada, defendida por el grupo de mujeres, tortilleras, como les llama el marido abusivo; o con la visita a la madre de una de las mujeres (Cristina Banegas) que prepara una comida con hongos alucinógenos, como parte de la rebeldía general y el sentido de unidad de la propuesta.

Las hijas del fuego es un canto al hedonismo, al placer lésbico, con sexo por doquier, esto es su principal sentido y lo vemos continuamente. No hay plan que no sea esto en realidad. El resto parece pretexto, la trama casi no existe. Sofía Gala Castiglione aparece sensual como regente de un lugar sadomasoquista y un burdel lésbico, luego come de un cuerpo desnudo. El filme se adscribe al reino de las mujeres, no hay hombres se diría, no es su película ni su poética, incluso la madre de una de las mujeres que visitan es viuda, aunque recuerda al marido con amor.

El grupo de mujeres es variado, hay todo tipo de cuerpos, bastante robustos o delgados, también tonalidades, no se trata de estética o sí, pero en la variedad y reverencia de todos los cuerpos existentes en el mundo. No hay diferencia entre las mujeres, nos parece decir Carri; lo que importa es la libertad sexual, ser lesbiana en todo gusto, intensidad y deseo. Eso se percibe con el final, con el placer buscado sobre todo, no hay nada que mortifique al deseo carnal ni que lo limite o siquiera lo intimide –como con aquella pelea en el bar-, sino que se da una y otra vez como un lugar totalmente abierto, celebrado e idolatrado, en el estado del poliamor, del amar a muchas y entre todas.

miércoles, 6 de marzo de 2019

Carelia: Internacional con monumento


El documental hace tiempo dejó de ser un mecanismo rígido de simple exposición didáctica, para convertirse en lo que desee cada director, no hay tema intrascendente ni la necesidad de ninguna explicación, sea para entender el tema o para mostrar lo que uno quiera. El director venezolano radicado en España Andrés Duque sigue ésta premisa en gran parte de su documental, exponiendo a la familia que le dio cobijo en éste su viaje de investigación política a Carelia, un país exótico para el espectador, pero que sigue su abordaje de Rusia.

Carelia es una república de Rusia limítrofe con Finlandia, un lugar novedoso para quienes observamos éste documental. En esa parte que quiere hacer lo que a uno le plazca nace mostrar a una familia formada por cinco hijos. El filme es la muestra de la libertad de esa familia, que tiene mucho de cultural, como cuando estudian un pedazo de árbol y lo atribuyen a un sátiro, mediando la audacia interpretativa de los niños y del padre que los motiva.

Los niños y adolescentes se entretienen entre ellos en el campo, a veces junto a su madre, son muy unidos a sus padres. Vemos su vida ordinaria, parecido a como si viéramos esa comunidad menonita de Luz silenciosa (2007), de Carlos Reygadas, aunque aquí es una familia bastante unida, muy respetuosa de sus vínculos y también independiente.

Por otra parte el filme es uno político, sobre las matanzas que hiciera la purga enfermiza de Josef Stalin en la zona, con árboles que muestran las fotografías de personas pertenecientes a distintos países, muertas e intentadas dejadas olvidadas y anónimas por la historia oficial. Pero el historiador Yuri Dmitriev ha hecho un gran esfuerzo por hacerlo público, siendo descubridor de las fosas comunes cuando el gobierno de Putin ha buscado reivindicar la imagen de Stalin.

Por todo esto muchos señalen que Dmitriev es un perseguido político en realidad, al pasar por un juicio donde se le señala de abuso de confianza con una hija adoptiva y se ven cosas atípicas al juicio ordinario. Su hija Katerina Klodt habla en pantalla, sin exaltarse ni disparar con ira, se le ve algo tímida, sobre la injusticia que percibe en el juicio que pasa su padre que ella atribuye a sus descubrimientos y a sus comentarios contra el régimen de Putin. También narra el impacto que fue descubrir y presenciar las fosas cuando apenas tenía 12 años.

La parte final del documental, unos cuarenta minutos, está dedicada a estos entierros clandestinos y asesinatos atroces en Sandarmokh, donde murieron más de 9 mil personas a fines de los 30s. No obstante hay un gran porcentaje de rusos que no ven mal el gobierno de Stalin a los que apunta incrementar Putin, tratando de imponer un cierto orgullo patrio, pero las purgas que hizo hablan fuerte y claro, hablan de crímenes y llaman a la unidad sin nacionalidad y a nuestra humanidad.

De aquí la importancia del documental, de difundir éstas terribles purgas, toda la crueldad y demencia de Stalin, mientras antes yace libre con una familia luminosa, con todo el ánimo rural, como cuando salen de la cabaña-carpa uno detrás del otro, cuando buscan meditar en familia –sin presión- o cuando el perseguido sol le da al rostro al pequeño más avispado que parece que conversara esencial con la naturaleza cuando se observa risueño frente al río.

martes, 5 de marzo de 2019

By the Name of Tania


Tercer trabajo en conjunto entre la belga Bénédicte Liénard y la peruana Mary Jimenez, película que versa sobre la trata de mujeres. Es una película que cuenta la historia de Tania que representa a muchas otras en su situación, es decir son varias historias unificadas las que nos presenta en realidad éste documental.

Pero pasa por un testimonio, los que recopilaron de casos como estos las dos directoras y que mediante actores amateurs lo recrean mientras en voz en off oímos los pensamientos de Tania. Estos pensamientos son poéticos, inteligentes y muy bien descritos, donde se recoge todo el dolor y padecimiento de la prostitución forzada.

El filme se ubica en la selva, vemos imágenes de flora tupida, vemos ríos, vemos la vida de ésta parte de nuestro país. Tania mira a través del hueco de una ventana en una casa a medio construir hacia otras casas parecidas mientras melancólica y algo ida reflexiona.

Es un híbrido entre documental y ficción; testimonios reales por debajo, imágenes que tratan de contener los lugares e historias, sin ser violentas de observar. Es un documental delicado de un tema duro, pero sopesando que los comentarios de Tania son de una caladura honda.

También observamos a la policía encargada de la trata de mujeres haciendo su trabajo, Tania habla con ellos. Tania cuenta su vida desde que murió su abuela hasta ser rescatada. Ella menciona no tener identidad, perderla en la prostitución y convertirse en Tania para siempre. No hay escenas sexuales, solo se sugiere, pero se profundiza bastante.

Es un documental artístico, aunque sin mucha pompa tampoco, con recreaciones sencillas, que cargan el sentir a flor de piel. Muchos comentarios llegan a ser sofisticados, las imágenes son más ásperas y humildes, algunas repetitivas intencionalmente. Tania refleja una chica dura, explotada y deshumanizada. Es un filme triste, pero el tono es calmado, pausado.

La voz de Tania y chicas como ella se eleva sobre lo ordinario, y coge el sufrimiento en todo grado, lo que es lo más importante del filme. El guion lo escriben las directoras y ahí radica todo su poder de reflexión, sumados momentos como ver un soplete quemando algo, haciendo dura una materia, rompiendo los contornos de algo, o tipos nadando, sumergiéndose en el agua del río, escenas que añaden expresión cinematográfica.

Tania baila con otras mujeres en círculo ofreciéndose sonriente -le han dicho que hay que sonreír siempre, fingir felicidad, liberalidad y desparpajo-, un hombre cualquiera las observa, un cliente, que trae polvo de oro, como cuenta un travesti explotador a una niña inocente; las muchachas secuestradas deben obedecer, mientras yacen cautivas bajo deudas imaginarias que crecen y crecen -por insolentes o por no querer tomar, entre otras cosas-.

Se bebe cerveza, se busca infringir inconsciencia, la entrada de uno de estos recintos mala muerte se muestra a cada rato. Lo tropical, lo musical y lo paradisíaco toma un sentido sórdido y criminal sobre mujeres maltratadas, abusadas vilmente; niñas, no solo mujeres.

sábado, 2 de marzo de 2019

El crimen de la calle de Bordadores


De los policiales más famosos del español Edgar Neville, La torre de los siete jorobados (1944) y El crimen de la calle de Bordadores (1946), éste último es mucho mejor. El crimen de la calle de Bordadores es costumbrista, así lo vemos con la presencia del flamenco y bailes típicos de teatro españoles; también por el caso real en que se basa, aunque Neville lo negaba. Sus personajes también tienen ese toque hispánico con una vendedora de lotería que sale del común por lo guapa que es, Lola (Mary Delgado), y ese canalla aprovechado de Miguel (Manuel Luna), que quiere seducirla y ella lo rechaza.

La historia tiene a Miguel sacando ventaja de una mujer mayor, Doña Mariana (Julia Lajos), mujer que morirá asesinada y será la que titula la película. En el filme hay una investigación policial que tiene a tres posibles culpables, a Lola, a Miguel y a la criada, Petra (Antonia Plana). Lo periodístico también tendrá su participación, aunque pequeña, mostrándose sensacionalista, e interesado sobre todo en sus ventas que servir. El filme tiene un escenario de película de época romántica y clásica con sus bellas calles antiguas y sus gentes humildes y educadas.

La gente va al bar a ver el espectáculo y se comporta como fans devotos, con la mirada fija y el entusiasmo a flor de piel. Pero hay también hampones, vividores, como Miguel y sus compinches, aunque disfrazados de hombres decentes. Ya lo dice todo cuando surge una pelea por celos y a alguien le rompen la cabeza, lo mismo con el forcejeo de Miguel a Lola. Pero el filme vuela más alto cuando en toda la imperfección también entra a tallar Doña Mariana, y los humildes como Lola y la criada son los verdaderos héroes aun con un asesinato de por medio.

El lado romántico no solo está por sus calles y costumbrismo, como ponerse a mirar como describen un crimen en plena calle como espectáculo de variedades, también además con una relación de afectos y un abandono que suena algo telenovelero, pero está muy bien tratado, y le da otra faceta al filme, que es un policial bastante investigativo con juicio incluido. El filme propone bien los posibles culpables, con un largo flashback que pone la situación más complicada, en lugar de simplemente ilustrar. El filme parece sencillo, pero la investigación toma otro vuelo con Lola La Billetera, mujer brava y honesta, que es más que una cara bonita, pudiendo haber sido una mujer fácil por su pobreza y soledad, pero escoge ser independiente y fuerte, como con aquel ajuste de cuentas que se propone y le trae tantos problemas.

El crimen de la calle de Bordadores tiene personajes marcados pero que esquivan ser fijados en una sola mirada aun así –son capaces de sorprendernos, sin ser inverosímiles-, salvo por Lola, aunque es el alma de la película, la mujer del pueblo. Miguel es un pícaro, Doña Mariana es algo perversa por culpa de amar a Miguel. El filme deja en claro quien es Miguel de golpe cuando éste pelea con el dueño del bar, es un timador, un pimp de otra época, pero se equivoca con Lola, que no es una mujer fácil. En todo esto entra lo romántico, hasta ese final de puro amor que enajena, dentro de un halo curiosamente de tipo celestial. Notable la forma de fijar el perder y hallar a alguien con un simple medallón.

El filme tiene su sutileza dentro de lo clásico y diáfano que es, una obra muy bien descrita, inteligente como policial, que completa una gran figura con precisos y pequeños momentos, que sabe engañar y encajar sospechas con apenas tres posibles culpables, que es una obra honesta, no hay asesinos sacados del aire, todo tiene plena justificación, y todo está a la vista, pero bien distribuido y trabajado para dar una vuelta de tuerca tras otra.

viernes, 1 de marzo de 2019

La torre de los siete jorobados


La torre de los siete jorobados (1944), de Edgar Neville, clásico del cine español. Basilio Beltrán (Antonio Casal) puede pasar por loco, se dice que tiene mucha imaginación como para hablar con un fantasma que él llama el tuerto con quien queda en deuda tras que éste lo hace ganar en los juegos de azar. Basilio entonces debe salvar a Inés (Isabel de Pomés) en agradecimiento. Ella está en peligro a raíz del descubrimiento de una ciudad subterránea que quieren mantener en secreto sus habitantes. Es una película que tiene a Basilio luchando por demostrar que no es ningún demente, que lo que está padeciendo es real, e incluye la rareza que un psiquiatra intente matarlo. En el camino Basilio que tiene todo el semblante de un tipo bueno se enamora de manera inocente de Inés. Ella está en su planeta, por ese lado se luce un romance algo seco, con un Basilio romántico y una Inés distraída, dormida. El filme tiene bastante de trama que Basilio se mueva por la ciudad subterránea que es de lo más llamativo del filme, al tiempo de estar llena de jorobados -con poca malicia- y parecer propio de un espacio surreal. El filme es anunciado como película de terror, pero de terror no tiene nada, aunque tiene de expresionismo alemán y de cine clásico americano y hay un fantasma que sólo Basilio puede ver. No es un filme muy narrativo, que tenga mucho que contar, sino que se regodea mucho en sus pequeños descubrimientos, en pasear paso a paso por pasadizos, puertas secretas y escaleras de la ciudad subterránea, pero tiene su perversidad con el posible estado de locura del protagonista, pero todo tratado de manera naif, limpia y básica. Le falta más aventura al filme, más acción, mejor romance y mejores rivales, más trabajados, más creativos, es una propuesta algo anodina, incluso así es el final, como para ya terminar. Antonio Casal está bien, es todo un tipo sano y clásico, con la curiosidad que enfrenta la locura, pero como dice un diálogo, tiene mucha imaginación, es de espíritu infantil.

Pánico en el Transiberiano


Una The Thing (1982) hecha diez años antes por el director español Eugenio Martín con Christopher Lee y Peter Cushing como un científico y un doctor respectivamente que estudian un fósil que en realidad como enemigo no tiene forma, es una energía extraterrestre que invade cuerpos –los mata y se apodera de ellos-, roba mentes y vive desde antes de los dinosaurios en la tierra. Mata con los ojos enrojecidos y parece un Pie Grande en una de sus principales formas. Todo desde un tren, el transiberiano, con chinos, rusos, polacos e ingleses en el mismo paquete. Su muestra de terror es una genialidad revelando desde el principio cómo será el filme, a toda vista del espectador. Se suma por el final la participación de Telly Savalas como un rudo soldado ruso. El monstruo ataca a oscuras y a veces frontalmente como cuando enfrenta a un grupo de soldados. Hay una pequeña investigación en curso de dónde puede ocultarse el ente y lo sabemos y eso lo hace más divertido, a lo Hitchcock y una mano simiesca que ocultar; encima hay un cura loco tipo Rasputín que termina alabando al demonio. El ente es inteligente, quiere sobrevivir y crecer mentalmente, pero también es visto como diabólico. El arranque con la enorme caja encadenada y el chino ladrón es una gran apertura. Estar en un tren también hace todo más genial, atrapados todos con algo sobrenatural matando gente, de ahí el pánico del título, aunque el ente más que algo brutal tiene cierta lógica. El actor español Julio Peña hace un gran papel junto a los íconos del terror Cushing y Lee. Savalas hace de matón pícaro, breve pero contundente. Un paraje frío, un fósil asesino y dos investigadores de primera construyen una buena película de terror.

jueves, 28 de febrero de 2019

Un asunto de familia (Shoplifters)


La palma de oro del 2018 es una película sobre la familia, cuando una recoge a una niña de la calle y la cuidan con amor aunque sin permiso de sus padres, se la quedan al saber que es maltratada, que yace en abandono, aunque esto pueda ser visto como un secuestro. El filme se ve convencional hasta el final donde surgen sorpresas y nada es lo que parece. Es una historia criminal, pero donde el director japonés Hirokazu Koreeda les da humanidad a quienes tienen de sórdidos. Es una película compleja difícil de digerir, que es inclasificable en quienes se deben encargar de los hijos o cuidar de otras personas. Es una película sensible pero dura también, como con la hermana que hace de mujer de diversión sexual. Pero tiene un lado medio inexplicable o al menos no de manera tradicional, cuando descubrimos quienes son toda esta familia que acoge a una niña. Todo parece ser algo básico, gente pobre que roba en tiendas, pero tienen un hogar amoroso, sólo que esto trasciende, con un par de añadidos, y queda un filme glorioso, muy digno de la palma de oro. Koreeda usa de base algo esencial, como la familia, el criar por sobre engendrar, y lo vuelve algo más complicado, con relaciones basadas en lo criminal, pero que se comportan delicadamente. La abuela que no quiere morir sola agradece por la familia que juega feliz en la playa. La pareja estéril es querida contra todo pronóstico, aun cuando uno ya se siente harto del modo de vida que han producido. Llamar papá o mamá es algo que nace de lo improbable, de lo excepcional. También se puede decir que no todos los criminales confesos son gente detestable en toda magnitud, asunto que suena polémico y arduo de procesar, pero Koreeda mantiene ese balance entre bondad y maldad que lleva uno en sí. Shoplifters se lee como un filme sensible en un comienzo y termina dándonos un fuerte golpe que nos confunde un poco, dicho paradójicamente de manera positiva –por lo menos como séptimo arte que busca la originalidad, la intelectualidad y la novedad- , porque es un filme notable, mostrando además harta escena de sobrevivencia, en un mundo que puede ser pobre o detestable pero también capaz de dar y recibir amor.

No profanar el sueño de los muertos


Un ultrasonido agrícola hace que los muertos se despierten en el campo de Manchester, en una película que se cocina a fuego lento. El director español Jorge Grau en una coproducción con Italia hace ésta película de zombies por encargo y le queda una obra cumbre en la época dorada del cine de género en España, de la que dicen incluso George A. Romero copió en sus secuelas de la saga y subgénero que inventó. No profanar el sueño de los muertos (1974) pone a un anticuario, George Meaning (Ray Lovelock), a enfrentar a los muertos, apoyado en una compañera de viajes por la campiña inglesa, Edna Simmonds (Cristina Galbó). Primero el filme tiene a un único zombie, un loco y vagabundo que hayan ahogado. Luego se despertará el pandemónium. El célebre Arthur Kennedy hace de un policía terco, que no quiere creer en nada sobrenatural, y culpa a Meaning de la muerte de alguna gente. Hay escenas magnificas de terror en ésta película, con muertos comiéndose las vísceras de sus víctimas, con unos zombies que cogen cosas y las usan como armas, que ahorcan con las manos y son súper fuertes. Hay un momento de extremo pánico cuando en una cripta quedan atrapados los dos protagonistas y son perseguidos por los muertos que recién despiertan. Luego de media hora o cuarenta minutos de ir formando el relato el filme dispara con gran fuerza su ataque de zombies. Meaning empieza incrédulo, sarcástico y algo tosco, y termina convertido en todo un héroe y caballero andante, pero con la policía tras él. Las mujeres tienen un papel más histérico, más de desequilibrio, que de heroínas. Los muertos lucen pálidos y sencillos pero son inmunes a descansar, se levantan una y otra vez, por más que son contraatacados con suma violencia, salvo por el fuego. Los muertos llegan a desenterrar enormes cruces de cemento y las usan para matar. El pandemónium sigue hasta un hospital donde surge una fiesta gore. Una vez que empieza la diversión no para nunca, hasta llevarse por entero a medio mundo.

miércoles, 27 de febrero de 2019

Una vela para el diablo


Dos hermanas de mediana edad tienen un hospedaje en una zona rural. Marta (Aurora Bautista), la hermana mayor, es una mujer reprimida, muy devota, tiene muy presente la moral y detesta el libertinaje que trae las nuevas épocas y en especial la gente de las grandes ciudades que vienen a vacacionar. Cuando ella ve a una turista rubia posando al sol con los senos descubiertos se vuelve loca y la increpa furiosa.

La empuja y termina matándola de casualidad contra un vitral, pero ella lo atribuye a un designio divino al ver el pedazo de vidrio que la mata con la ilustración de una espada celestial. No siente remordimiento ni temor de represalias, cree que es justo que muera por sucia, por forajida. Verónica (Esperanza Roy), la hermana menor es más tolerante, pero se ve influenciada por su hermana, a quien teme, además de que la apoya en todo por amor a ella, trata de salvarla y termina delinquiendo a su lado una y otra vez.

Éste filme de Eugenio Martín es otra película de esa gran época del cine de género español, con la muestra de cómo los cambios a las libertades sexuales chocan contra las dictaduras morales, aun cuando éstas 2 hermanas tienen también un alto libido y más bien están haciendo un esfuerzo por no seguir la tendencia de todo el mundo. Marta en un momento ve chiquillos desnudos y se excita. Para detener su desenfreno sexual corre contra unas plantas cortándose con ellas como un flagelo religioso mientras yace encendida en sensualidad. Verónica por su parte tiene un affaire con un muchacho, veinte años menor que ella.

Las hermanas se dedican en doble moral, represión y complicidad a juzgar a las turistas que creen desinhibidas o forajidas que se alojan en su pequeño hostal y a asesinarlas de la peor manera, con gran cálculo de deshacerse de sus cuerpos. Todo tipo de arma punzocortante les sirve para sus crímenes, junto con grandes toneles de vino y hornos para ocultar o destruir los cadáveres. El filme es un poco monotemático, pero funciona bien, con estas hermanas que creen que hacen justicia, mostrando un tipo de locura. El filme en ese sentido exagera un poco, pero estamos frente a una película de terror, y una buena.

La trama hace de un sitio rural acogedor, de tipo clásico, tranquilo, una trampa para turistas que vienen con todas las ganas de aventuras sexuales y diversión. Hay también muchos desnudos, bonitas tetas como las de Esperanza Roy, o la exhibición de unas nalgas de algún cuerpo caído por un cuchillo, abundan como típica película española, siendo menos clásica que otras propias de su época. El filme aborda un tema bien español, la libertad sexual, el libertinaje, las dictaduras, mediante un uso moderno del género, con llanos y directos asesinatos, cero sobrenaturalidad. Judy Geeson hace de investigadora y le aporta un cierto toque de cine B, mientras Lone Fleming, la esposa del director, se exhibe con desparpajo como turista hedonista. Aurora Bautista y Esperanza Roy son un gran dúo terrorífico.

martes, 26 de febrero de 2019

Ceremonia sangrienta


Clásico del cine de terror español, dirigido por Jorge Grau. Propio de la mejor época del cine de género de su país. Ceremonia sangrienta (1973) tiene varias ideas de terror en movimiento hasta converger en la leyenda de Erzebeth Bathory, llamada La Condesa Sangrienta, que interpreta Lucia Bosé. Es un filme que intenta hablar/mostrar lo sobrenatural, con el vampirismo, pero se trata en la trama de supersticiones en realidad, tanto como de un asesino en serie. Es un filme que tiene una gran atmósfera, visualmente cumple a la perfección, con aldeanos enojados con antorchas, carruajes con hombres siniestros, juicios de cacería de brujas, un castillo donde de un hueco del techo cae como ducha la sangre de las víctimas o una ama de llaves tan sabandija como la de Rebecca (1940) que le habla a la señora de la vida eterna, la belleza y la juventud, a través de bañarse con la sangre de mujeres. Es una historia como de una banda criminal, con gente influenciada por el entorno y por sus fuertes deseos, pero también de gente con acercamiento natural a lo perverso sin razón alguna, como cuando una vieja anuncia que tal persona es el demonio en persona. Lucia Bosé muestra mucha seriedad, en un porte aristocrático, tiene una faceta dura, pero también en otros ratos lucirá cabizbaja como con las visiones de las muertas, con lo que le persigue la culpa. El final es brutal, desde ese pequeño rato glorioso del terror con el aparato de tortura, tan minucioso, semejante al momento de la quema de una cabeza humana hasta derretirla. Espartaco Santoni hace una escenificación de culto, así mismo la bella Ewa Aulin como una aldeana y una fémina sadomasoquista y ambiciosa debajo de su piel de cordero.

sábado, 23 de febrero de 2019

La favorita (The Favourite)


La reina Anne (Olivia Colman) está enferma y medio que se desentiende de gobernar. La dama de sociedad, Lady Sarah (Rachel Weisz), casada con un alto mando militar, quiere que la guerra entre su país, Inglaterra, y Francia, se prolongue, aun cuando su marido está en el frente. El opositor Harley (Nicholas Hoult), hombre fuerte político, quiere que se firme la paz. Entre estos dos frentes Lady Sarah manipula a la reina, porque tiene un affaire con ella.

Con éste sencillo contexto sólo falta la llegada de una nueva sirvienta, Abigail (Emma Stone), mujer que fue una dama de sociedad, pero su padre la puso en apuesta y perdió su título. Abigail representa la otra relación de manipulación con la reina, representa a una arribista. El griego Yorgos Lanthimos pone a Weisz y Stone en duelo, aun cuando son primas. Lady Sarah tiene fuerte carácter y desprecia a Abigail, que es astuta y algo cruel –velado-. Se ve cuando pisa a un conejo, uno de los 17 que sintetizan el anhelo de afecto y paz interior de la reina.

El filme con la rareza, detallismo y artificiosidad de Lanthimos crece notablemente y se vuelve una apuesta imponente, tal cual la época que representa, el siglo XVIII, y propio de las luchas en los reinados, los privilegiados y las cortes. El filme es un poco cruel, como con soltar aves para que hagan tiro las damas; también en la corte hay un esnobismo bravo que se burla de todo, como cuando lanzan verduras a un bufón como pasatiempo. El filme propone la superficialidad como existencia, a lo Marie Antoinette (2006). El filme tiene de Kubrick, de Barry Lyndon (1975), pero menos de lo que se cree.  

Es una propuesta entretenida, de buen ritmo, con su toque de maldad, de humor sarcástico, con su infaltable extravagancia, típica del director griego, pero disminuida en comparación a sus anteriores películas. No obstante no deja de ser una película extraña, menos mainstream que las habituales competidoras del Oscar donde ahora se halla. Tiene un quehacer rudo si se quiere, proponiendo un lesbianismo muy poco romántico, interesado. Se puede ver que Lady Sarah es una mujer dura, que no se derrumba fácilmente, pero que algo da a entender que siente realmente por la reina, mientras Abigail es más parecida a una prostituta de la reina.

Es un filme audaz, con poco sentimentalismo, más al servicio de la estrategia, del interés político y social, es amar el buen vivir de la clase aristocrática. Abigail sabe bien lo que es ser pobre, las humillaciones y abusos a los que debe someterse, por ello es una arpía a la hora de trepar y mejorar su estatus. Hay bastante diversión al respecto, Stone es carismática, sumamente expresiva, es un salto a otro de gestos poderosos; puede ser una desgraciada, pero también lleva de alma sufrida –vendida como carne a un tipo desagradable, empujada literalmente al barro montón de veces-, y debe ser fuerte para salir del pozo. Pero en ese lugar no se busca enaltecerla, sino todo la lleva a la superficialidad del dinero.

La reina más es una mujer emotiva, digamos que una buena persona a grosso modo, pero que el mundo la hace ser un poco vil, pero está al servicio de su propia felicidad, no es una buena gobernante, Lanthimos la hace en parte infantil, arrebatada, caprichosa. Lady Sarah tiene todo el portento y la personalidad del líder político, pero no tiene el poder directo. Por ello debe recurrir a engolosinar a la reina también, debe ser dulce, rastrera. En todo esto Weisz, Stone y Colman brindan grandes actuaciones, están perfectas las tres. Lo mismo Hoult con este personaje suyo que tiene matices, parece un buen político, pero también es engreído y cruel.

Es una película de relaciones sexuales, de relaciones extramatrimoniales, para llenar un vacío, el de la reina, mientras las otras ganan beneficios. Lady Sarah luce algo hipócrita, aunque es difícil de catalogar, parece muy calculadora, pero más discreta que Abigail, que odia la pobreza, porque le ha brindado tantos maltratos. Es una película de feminismos, pero no idealistas, lo que puede hacer rehusar el título. Lady Sarah decide el futuro de su esposo, es una mujer activa, firme. Abigail, como se ve luego con su matrimonio, quiere hacer lo que le da la gana, como los aristócratas varones.  

Las mujeres luchan por tener el poder, si bien la reina lo tiene ella como toda privilegiada de siempre es más egocéntrica, busca el placer primero, le es algo indiferente la responsabilidad, sobre todo ante tanto sufrimiento físico y espiritual en su existencia, de esto que veamos su facilidad para desconfiar de sus amantes, como con la desaparición forzada de una, y el abuso con su mascota que termina en otro ciclo de humillación. Estéticamente la película es un portento, igual que por toda su adaptación de época, también por su detallismo narrativo.

jueves, 21 de febrero de 2019

Inferninho


Inferninho (2018), de Pedro Diogenes y Guto Parente, tiene de protagonista a un travesti, Deusimar (Yuri Yamamoto), que por falta de empuje nunca se ha movido de su bar, y por curioso que parezca decide hacerlo cuando prácticamente es echada del lugar. Pero antes conoce al amor, a un marinero, a Jarbas (Demick Lopes), quien le traerá problemas. En su bar llamado inferninho hay tipos vestidos de superhéroes pero de manera muy pobre, muy rudimentaria, hay hasta un Wolverine. Deusimar se mueve con mucha naturalidad, mostrando todo su físico ambiguo. Jarbas de todas formas está plenamente seducido por ella. En inferninho una mujer canta todas las noches, es una música propia del lugar, barata. Deusimar termina paseando por especie de protectores de pantalla de computadora aludiendo que está viajando finalmente por el mundo. Todo el filme es muy precario. Es un filme con poca narrativa también. En inferninho hay montón de freaks, es un refugio para los marginados, esa es su gran justificación. Deusimar es tratada con afecto por todos, en particular por alguien vestido de conejo, aun cuando Deusimar tiene también mal carácter. Aunque no es una película desechable, tampoco es una maravilla, más interesante de Guto Parente es su otra película del mismo 2018, O Clube dos Canibais. Ésta busca ser una película marginal, y se queda bien ahí. Es una conformación de identidad, pero le falta mucha gracia, no tiene mucho don.  

Incredibles 2


Secuela que está a la altura de la primera que estuvo genial; dirige nuevamente Brad Bird, quien también se encarga en solitario del guion. Los superhéroes son ilegales y unos ricos empresarios, Winston Deavor (Bob Odenkirk) y Evelyn Deavor (Catherine Keener), dos hermanos, quieren volverlos legales, para lo que contratan a Elastigirl (Holly Hunter) para con ella hacer una buena publicidad y lograr revertir la imagen pública de los superhéroes. Mientras su súperesposa está afuera Mr. Incredible (Craig T. Nelson) se encarga del hogar, de cuidar a sus tres hijos, que incluye a un bebé con 17 súperpoderes.

Es un filme familiar, muy entretenido, con sus buenas escenas de acción y su humor por todas partes, pero que deja ver una historia, que no es una comedia. Hay mucha aventura. El malvado Screenslaver tiene una excelente escena de acción enfrentando a Elastigirl, que no tiene nada que envidiar a una cinta live action; es más, parece que la copia al milímetro, así igualmente el filme tiene muchas escenas serias y típicas del cine americano, emula muy bien la realidad. También hay ternura en los personajes de la familia, que le da un plus al producto.

Es un filme que tiende a lo cotidiano, aun cuando hay cosas extraordinarias, como súperpoderes y peleas con harta destrucción de infraestructura –asunto por el cual escogen a Elastigirl en lugar de Mr. Incredible-. Esto es lo mejor del filme, ese gran convivir con lo común, con el padre cuidando de su hijos; con una hija enfrentando la adolescencia, el querer tener un novio; con un padre que demuestra no ser machista y cuida de su hogar, mientras su mujer es la heroína y tiene el trabajo que él tanto ama. Se nota la unidad familiar en los protagonistas, haciendo todo por el beneficio mutuo, por amor, aun cuando hallan enojos. Es un filme que así trasmite harta empatía y tiene una buena historia.

El filme es un poco como The Dark Knight (2008) en su argumentación contra el sistema aunque con su propio discurso –alrededor de la flojera, pasividad y falta de emprendimiento de la gente-, que tiene una simple refutación, que la familia Parr o Increíble son pura bondad y ven desinteresados por el bien de los demás, aman cuidar de la gente, aman servir, aman ser superhéroes, aun cuando saben que su familia es importante y tienen que cuidarse –ver por los pequeños- o que lo común pueda verse afectado, pero su naturaleza altruista los moviliza y ahí forman su unidad familiar. Mr. Incredible es un poco un niño grande y así es el filme también, como con el auto deportivo del superhéroe. Pero a la par vemos la moto de Elastigirl; en ambos géneros hay una personalidad potente. También la animación es muy carismática.

martes, 19 de febrero de 2019

Green Book


Filme que trata de la amistad de un bouncer italoamericano, llamado Tony Lip (Viggo Mortensen), y un doctor en música y experto pianista clásico afroamericano, Don Shirley (Mahershala Ali), cuando el pianista contrata a Lip, o Vallelonga en su apellido original, para que haga de chofer, guardaespaldas y asistente en una gira por el (aun para la fecha) sur racista americano, en los 60s, cuando contratan a Shirley para galas intimas de ricos, para la clase alta sureña, clase social donde Shirley pertenece aun cuando sufre de discriminación.

El director del filme, Peter Farrelly, se separa en ésta oportunidad de la codirección con su hermano Bobby Farrelly, con quien hiciera una destacada carrera en la comedia, con títulos como Dumb and Dumber (1994), There's Something About Mary (1998), Me, Myself & Irene (2000), Amor ciego (2001) o Fever Pitch (2005), comedias muy divertidas, corrosivas e inteligentes. Peter Farrelly además salta a otro género, un drama sobre racismo, aunque no exento de momentos simpáticos y un humor suave.

Green book (2018) es una película amable y noble, sobre dos personas aparentemente distintas que forman un vínculo de amistad y con ello mejoran como seres humanos. Shirley aunque es sofisticado es un hombre solitario y alejado de su ascendencia afroamericana representada en lo popular, mientras Lip es un hombre que suele recurrir a la violencia, como estereotipo de gángster italiano. Lip es un hombre siempre simple y fuerte; Shirley es más complejo, a ratos puede verse muy poderoso y en otros momentos muy pequeño.

Lip dentro de todo tiene buen corazón, y su interacción hará que venza su racismo, que vemos es producto del trato común en su barrio, con otros italianos enfocados en su ascendencia. En ésta road movie se conocerán muy bien, hasta de una secreta tendencia sexual. Shirley será un poco dócil con el racismo y Lip lo influenciará para que sea más frontal, como es él; lo mismo en la educación al contrario, con un refinado Shirley culturizando a Lip mediante las cartas románticas a su esposa, la ideal Dolores (Linda Cardellini), y ayudándolo a vencer algunas malas actitudes, reduciendo el grado de brutalidad facilista al que suele recurrir Lip.

Es una propuesta muy agradable, aunque enfrenta el racismo. Es una feel good movie con voluntad altruista e inteligente para mostrar a un afroamericano que tiene muchos matices y sale del común. Se muestra el racismo normalizado, como no permitir el mismo baño o los mismos hoteles como menciona el título; Green book es un cuadernillo racista de lugares a los que son destinados en hospedaje los hombres de color. Resalta también ver a la policía como racista, lo que puede llevar a criminalizarse y verlos como el verdadero KKK de su época. Shirley va de gira por el sur porque quiere conseguir más libertades para su gente, lo cual lo plantea como un hombre de integridad y avanzada.

Pero el filme es relajado; es audaz y entretenido. No es un filme grandilocuente, en ningún sentido; busca ser medido, pero es inteligente en cómo va relacionando a ésta dupla, que dígase es una historia real, que primero es individual y luego se colectiviza. Mortensen aunque tiene entre manos un estereotipo, remite a vencer su lugar de origen, cómo los italianos se mueven culturalmente cuando yacen cerrados en sí,  y fácilmente podría ganar mil y un premios del público, mientras Ali tiene un rol más exigente, y no contiene total condescendencia, sino que presenta debilidades, cierta soberbia, cierto hermetismo.  

Hay escenas graciosas, como cuando Lip sobre-entusiasmado bota la gaseosa a la pista; gracias a los gestos de ambos actores. Tiene escenas inteligentes también, puestas en diferentes perspectivas, como con el Kentucky Fried Chicken, algo que en el lugar común dicen que aman los afroamericanos. Peter Farrelly lo utiliza como lugar de racismo en una cena de ricos, y en otro momento Lip le enseña a Shirley un poco de humildad y campechanía, alegando de paso que él es más negro que Shirley, porque es un hombre de clase trabajadora que conoce bien la música popular negra. Todo esto se revertirá de manera hollywoodense, pero no deja de ser una película con gracia y sensibilidad.

domingo, 17 de febrero de 2019

Van Gogh: En la puerta de la eternidad (At Eternity's Gate)


Willem Dafoe es Vincent van Gogh, en ésta película de Julian Schnabel, un van Gogh visto en su última etapa, por lo que lo oímos hablar de su estado de locura, al que se enfrenta siempre. Van Gogh también se oye más sabio, con esa emotividad que plasma el talento de Dafoe, cuando refiere a su arte y el único don que Dios le ha dado. El filme de Schnabel se pone a contestar sobre la vida del famoso pintor, si tiene cierta lógica el estado en que se encuentra, de ser visto como un perdedor, si realmente tiene talento. El filme responde que sí, y que su talento es de otro tiempo, está adelantado en el tiempo y le espera el futuro, la eternidad.

El filme tiene un toque artístico que lo saca de cierta convencionalidad, dibujados en esos momentos de trascendencia que vemos en varios momentos que definen la existencia de van Gogh. No sólo es discutir su estado lamentable, de locura, de derrota, de no saber encajar, de terminar recluido en sanatorios, de ser en parte detestado en los pequeños pueblos franceses -en Arles y en Auvers-sur-Oise- en los que se hospeda. Los momentos artísticos técnicos llegan con desenfoques en los bordes o con los movimientos de la cámara al son de las carreras. La naturaleza toma especial importancia y el filme se vuelve a ratos un poco contemplativo, se desembaraza de diálogos, y lo vuelve todo emotivo, dejando a Dafoe que haga su trabajo, que plasme sentimientos, de éxtasis y apasionamiento, o de congoja y de sufrimiento interno.

Schnabel muestra la convivencia con Paul Gauguin (Oscar Isaac), un tipo práctico que quiere romper con todo lugar común en la pintura, y que al irse genera una crisis en van Gogh. El filme tiene un lado igual de práctico, mostrando todo bastante simplificado. El filme puede resumirse en pocas líneas volviéndose un filme más visual que argumental. No obstante tiene diálogos jugosos también, como los de Shakespeare con  Madame Ginoux (Emmanuelle Seigner) y un cura analítico (Mads Mikkelsen). También hay ratos de ternura, como con el hermano, Theo (Rupert Friend), abrazados ante un primer internamiento de Vincent. Oscar Isaac hace de un Gauguin firme pero no violento, menos intratable a otra figura suya. Lo mismo pasa con Dafoe y su van Gogh, tiene problemas de adaptación pero se muestra más la conclusión, no los ratos de violencia; a van Gogh se le ve débil más que fuera de sí.

Los momentos de interacción son muy buenos, como también lo es con el Dr. Paul Gachet (Mathieu Amalric) y hasta con un loco (Niels Arestrup). No obstante el filme tiene muchos momentos de soledad, donde van Gogh es tan existencial, sufrido, reflexivo, cosa que hace menguar algo al filme, tanto como distinguirlo, incluido lo estético. Es un filme que no profundiza tanto en hechos sino en sentimientos, en dudas, en pensamientos, siendo un filme a un punto intelectual, en tratar de entender a van Gogh, y verlo más que un loco con un don. Es visto como un tipo inteligente, tiene reflexiones sobre sí mismo muy ricas, que se escabullen un poco a cierta realidad, la de la derrota del presente, pero el filme se enfoca en la eternidad, en el futuro que no conocería el autor, y ahí entra a tallar la admiración de los creadores, los guionistas Jean-Claude Carrière, Louise Kugelberg y el propio director.

jueves, 7 de febrero de 2019

Climax


Climax (2018), de Gaspar Noé, usa el baile como manifestación de terror, con esos movimientos que parecen que se están quebrando los propios huesos, con esos bailes similares a orgías y como la invasión de un virus que enloquece a sus participantes. Es algo sensual y violento. El baile lo es todo en el filme, vistoso y virtuoso, con grandes coreografías, una hasta tomada desde arriba. Como película de terror el filme tiene al baile como arma, cosa que también pretende cierta polémica vista tanta sexualidad, pero así es Noé, aunque ésta vez éste filme ha logrado lo imposible, que todo el mundo lo celebre.

Es un filme que tiene una narrativa escueta, más es el baile moderno que otra cosa, pero todo tiene perfecta concordancia general, tiene sentido, en que unos bailarines se reúnen en un lugar abandonado en la nieve, tipo bunker, y en medio de sus prácticas y exhibiciones exóticas e imponentes se despierta el daño, el crimen masificado, en la que es también una fiesta desenfrenada, muy hedonista y libertina.

Antes de que se expanda el mal tenemos un visionado fascinante, hay que admitirlo, lo mejor del filme, al proponer tremenda maestría en las coreografías, que no son en absoluto delicadas. Se trata de algo potente, intenso, decidido, festivo, como lo es el cine del irreverente Noé. Locura que se despierta a raíz de que la gente es drogada anónimamente, sin mayor razón. Pero se puede entender fácilmente una justificación.

En el inicio vemos que ante la cámara se presenta cada uno de los bailarines, ésta parte busca ser irreverente y más bien desanima, no es una presentación muy interesante, es obvia, pero cuando todos estos “personajes” extravagantes salen en grupo a bailar todo es esplendoroso, entretenido, impactante. Pero la propuesta no es mucho tampoco, aunque tiene lógica.

En un momento por un cromatismo que domina el filme, el rojo, de peligro, de ardor, y el constante juego de la cámara, poner en ángulos difíciles las imágenes o prender y apagar la visibilidad, tenemos el caos en todo apogeo, producto de que todos quedan drogados excesivamente, pero en éste momento fastidia observar un poco la película. Luego se verán momentos de violencia desagradable, típico en Noé, y termina paseando la mirada por un reguero de perdición en conclusión. Esto no luce muy bien, aun cuando no está tan extendido, o por más que el filme había anunciado que era un hecho real. Las escenas de sexo, aunque sin explicites, tampoco son muy gratificantes.

El filme con su querer ser polémico o híper libre más bien lo muestra barato, mediocre. No obstante Noé tiene talento en manifestar el baile como terror, pero lo sexual le cobra la grandeza; es como tener grandes técnicas o ideas, pero una exhibición finalmente pobre. El baile como monstruo es ingenioso, pero las escenas de exceso no están a la altura, es decir, Noé falla porque quiere ser irreverente, cuando debería enfocarse más bien en lo que concibe, en la narrativa. Lo mejor es simplemente el baile tal cual y después su proyección en distintas otras formas. Por todo lo dicho es un filme imperfecto, como uno ha de esperar de Noé pero también muy irregular, malo por partes –sobre todo al final-, bueno en otras. Me quedo con las coreografías y la técnica, pero en construir una película narrativa no mucho.

miércoles, 6 de febrero de 2019

Aterrados


El filme del argentino Demián Rugna es una potente propuesta de terror que no escatima momentos de miedo, poniendo todo al servicio de ello, poco le interesa hacer un filme de feliz resolución o de ya está, terminamos, combatimos lo extraño, fin; lo que le importa es poner escenas impactantes una detrás de la otra, pero armadas dentro de una lógica, en su propio mecanismo de miedo.

No se trata de momentos que se perciban efectistas, vacíos, sino son el meollo del asunto tal cual, muy sencillos argumentalmente, propios del enorme poder siniestro contra el cual pelean los protagonistas, dos doctores de ciencia paranormal, Albreck (Elvira Onetto) y Rosentock (George L. Lewis), y un ex policía forense, Jano (Norberto Gonzalo), ayudados en el trayecto por un capitán de la policía, el comisario Funes (Maximiliano Ghione).

La trama no explica el mal en todo, en realidad lo hace en muy poco, no hay mucho que explicar tampoco, en lugar habla de guardar la información como novedad, por lo que todo es enorme de enfrentar, prácticamente imposible de detener y no se espera que el bien venza necesariamente. El mal habita en un vecindario de clase media de Buenos Aires.

Los investigadores paranormales van al lugar y cerciorados de que todo es real están medio en el limbo contra tanta actividad extraordinaria, lo que en lugar de ser un defecto significa pura diversión para el espectador, que padecerá sus tantos momentos de alto impacto. No se sabe hasta dónde llegará todo, siempre con el complemento de tratar de explicarlo con lo normal y esto será superado siempre.

Rugna es muy abierto con los sustos, es muy directo, austero como narrativa, pero sumamente efectivo visualmente, sabiendo apreciar tanto background del género que hay ya. No es un filme de narrativas sesudas, arduas, todo es muy práctico y bastante simple. Es ir a luchar/ver lo paranormal y punto, no pidan mucho, pero todo funciona a la perfección como disfrute. 

No para hasta el final de exhibir sorpresa tras sorpresa cada vez más terrorífica, bien distribuidas y manifestadas, aunque hay algunos pocos momentos endebles, como lo de los vidrios en los ojos, pero toda la parte del muerto debajo de la cama que recuerda al monstruo de Rec (2007) está excelente, igualmente el niño con el vaso de leche.

lunes, 4 de febrero de 2019

Conversaciones con asesinos: las cintas de Ted Bundy


Documental de 4 horas de duración, perteneciente a Joe Berlinger. En lo personal hallo muy interesante el tema de los asesinos en serie y Ted Bundy es uno de los más brutales y raros. En el documental conoceremos muy bien a Bundy. Por el título se da a entender que Berlinger se ampara en unas cintas, que fueron grabadas por un periodista durante buen tiempo, pero en éstas se habla más de como él se veía a sí mismo, como se idealiza y, desde luego, miente en su figura, como deja ver el filme mediante entrevistas y datos complementarios, creando en conjunto algo más atractivo que lo común, al oír por él su manera de pensar, su personalidad, una parte de ella, y corroborarla y complementarla con la otra parte tan ruin, sus crímenes, incluyendo variedad de hechos concretos de su existencia.

Ted Bundy habla en las grabaciones y va germinando en él un lado de cierta irrealidad, o como él se dividía en 2 personas. Por una parte, como frente a un público imaginario o un teatro de admiraciones propias, un notorio narcisismo, se muestra como un prometedor estudiante de derecho y graduado en psicología con aspiraciones políticas y económicas altas, de trato amable, pacifico, un tipo con presencia física, bien educado y hasta simpático. También suma una infancia y familia idílica. Todo esto en el detallismo será muy distinto a como lo manifiesta, aunque se especule que los criminales en serie son medio inexpugnables.

Pero en lo oscuro hay mucho más, hay un tipo demencial, asesino de 30 a 36 mujeres jóvenes, incluyendo una menor, asesinadas sin razón alguna, o dando a entender que fue el deseo de desfogar y sobredimensionar pequeñas frustraciones psicóticas, como no sentirse exitoso y aceptado en la medida de sus delirios, aunque si era un hombre inteligente, que hasta trabajo para la policía un tiempo, que le sirvió para hacer el mal. Bundy tiene relaciones estables con mujeres, pero al mismo tiempo sale a matar jovencitas, en su escarabajo. Otra cosa inexplicable de su personalidad, un total desdoblamiento.

El documental no busca ser explicito con los asesinatos, deja ésta parte terrible un poco como en segundo plano, trata más bien de entender la personalidad tan rara de éste asesino en serie o mostrar su total contradicción como ser. Bundy es un tipo enigmático, se dice no ser un loco, sino un tipo común, pero su proceder es totalmente anormal, pero él finge ser otra persona, y no tiene remordimientos como mentir alegando inocencia hasta casi el final. Cuando lo entrevistan o aparece en público es difícil de creer que éste tipo sea tan salvaje, sádico y cruel, pero llega a verse algo de su perversidad de propia exhibición cuando interpreta sus crímenes en tercera persona o pide detalles de estos.

Es increíble cómo se separa de sus asesinatos, pero más adelante vemos que los tiene en la mente, y aun así vive de lo más tranquilo. En ese sentido el documental es muy claro e inquietante con éste tipo de criminal. El término de asesino en serie era algo nuevo en la práctica para la policía. Había poca tecnología, menos ciencia, escasa interrelación policial entre estados, cosa que favoreció a Bundy, quien fue siempre astuto. Transportaba, desmembraba y ocultaba cadáveres. Pero también era muy intenso e impetuoso, capaz de volver a atacar bastante cerca de la zona de algún crimen suyo. El documental de Berlinger es un poderoso y atractivo retrato de alguien que quería ser excepcional y que se creía apto para ello, y lo manifestó de la manera que la mayoría terminó celebrando su muerte.

sábado, 2 de febrero de 2019

Todos somos marineros


Ópera prima del peruano Miguel Angel Moulet, con un barco extranjero atracado en el puerto de Chimbote con tres tripulantes rusos esperando por irse, abandonados en Perú, mientras se las arreglan como pueden. En el barco vive el capitán de la embarcación –que es en realidad irrelevante- y dos hermanos.

El hermano de mayor edad (Andrey Sladkov) tiene una relación con la dueña de un pequeño restaurante ubicado en un mercado (Julia Thays). Hay un chico típico criollo avispado que lleva la comida, quien es como un sobrino para la dueña del restaurante. Con estos pocos personajes tenemos el discurrir de la película.

Moulet pone en marcha la cotidianidad en buena parte de la propuesta, o sea que parece que no pasa nada. El filme abre con el hermano menor ruso (Ravil Sadreev) sufriendo de un golpe en la cabeza, lo cual se conocerá la razón después. Es un buen arranque, misterioso, curioso. El barco ruso parece un enorme submarino, lleno de cubículos, pasadizos y recovecos, con sus mesas sucias con botellas abiertas y restos de comida.

La imagen de la mujer del mercado y el ruso adulto de mediana edad al término de una faena sexual tiene un aire encantador, típico del cine peruano por una parte, pero de manera estética, cuidada, romántica sin sentimentalismos baratos. El filme también tiene un aire europeo, con ese barco tirando para los azules y plomizos y el idioma ruso en boca de los tripulantes que suelen hablar transversalmente de cierta desesperación velada.

La trama presenta un suceso trascendental, un punto definitorio -en pos de irse o quedarse con la mujer; perderse o salvarse-, medio inesperado de cierta manera –fácilmente podía seguir igual, tipo cine indie-, que moviliza el filme hacia una gran tensión –aunque del tipo observacional, meditativo, no se trata de un estado visual crispado, alterado o más primario, es más una inquietud silenciosa, una composición/cohesión a prueba- y la expectativa de hacia dónde se moverán los protagonistas, pero el filme va ya rumbo al remate, sucede cuando la película está por acabar y marcar el final como fotografía postal de cine independiente.
                                                                                                                                                            Ese gran suceso no es algo tan ingenioso, porque es algo un poco predecible –no venía sucediendo nada importante en el filme- o por una parte efectista –es algo que busca impactar, sorprender, desestabilizar, aunque vale-. Para bien y para mal rompe un poco con todo –aunque mantiene el lado dormido de la personalidad de los rusos-, cuando el filme apuntaba bastante a lo intrascendente, a lo ordinario, a lo llano.

Lo más importante del filme hasta entonces era estar sin poder salir del puerto y su ciudad, yacer en la cercanía de las orillas, que quiere decir en el olvido y la proclividad a la perdición -que es latente, hasta finalmente enfrentarla-, mientras sólo quedaba esperar y aguantar –ese es el lema silencioso, que incluye más tarde la consciencia, la culpa-.

Con ese gran suceso en la mente del espectador dice la mujer del mercado, me gustaría tener un hermano mayor; y no sabe lo que dice en realidad o suena secretamente melancólico a razón del relato, es una paradoja que en sus zapatos la hubiera favorecido; porque ella ve que el ruso mayor lo suele proteger al hermano menor, que es enfermizo, parece tener epilepsia, tiene problemas neurológicos. En todo esto salta un quehacer de sufrimiento en distintas direcciones, aunque el tono del filme es otro.

El filme constaba de momentos de cotidianidad –golpear un saco de box, montar en una moto, bromear con la gente, dar de comer a las gaviotas, estar con los perros, ser parte de una procesión-, era una obra sin demasiado conflicto a desarrollar. No obstante estar ahí abandonados era un conflicto, aunque no se hace sentir mucho; no posee pico de entusiasmo en ese sentido y al final lo busca de otra manera.

La propuesta, lo mismo que de sufrimiento, no habla de hambre o necesidad –no es en absoluto una película de cine social, aunque tiene de popular-, al menos no directamente o lo deja como algo secundario o quizá sobreentendido. La mujer del restaurante es un desarrollo notable de una mujer trabajadora que vive bien con su esfuerzo a razón de algo humilde. Se refleja el vivir bien con su cuarto de aire paradisiaco, con su toque erótico, con cierta pinta de putañero. 

miércoles, 30 de enero de 2019

Los muchachos de antes no usaban arsénico


Ahora que se viene El cuento de las comadrejas (2019), del argentino Juan José Campanella, atañe recuperar Los muchachos de antes no usaban arsénico (1976), ya que El cuento de las comadrejas es el remake de ésta película de su compatriota y maestro José A. Martínez Suárez. El cuento de las comadrejas se llama así justamente por una parte –por el final- del filme de Martínez Suárez cuando uno de los abuelos señala a sus enemigas como unas comadrejas que han estado torturándolos, y ¿cuál es la tortura?, que vendan su enorme casa.

Tres mejores amigos de avanzada edad comparten una gran amistad y vida en un lugar,  cuando la dueña de la casa donde viven –el marido, uno de los tres viejos, dueño también-, una estrella de cine mayor, retirada, melancólica porque ésta mansión y terreno fue como una pequeña Hollywood local la tiene siempre nostálgica y llorando frente al proyector de cine viéndose retratada muy joven y esplendorosa y quiere irse a vivir a un departamento de lujo para pasar la página, para olvidar. Pero su ex administrador, su ex doctor y su marido en silla de ruedas no quieren irse ni venderla, porque rompería con su convivencia y alejaría su amistad.

El filme de Martínez Suárez es muy sutil, aun cuando trata con humor negro, que veremos consolidado en la conclusión. Pero antes es una comedia muy leve, al tiempo de muy sugerente; lúdica con los tres ancianos. Están interpretados por tres grandes del cine, el actor Arturo García Buhr, el maestro del terror Narciso Ibáñez Menta y el director de cine Mario Soffici. Las comadrejas son Mara Ordaz (Mecha Ortiz), la vieja estrella de cine; y la corredora de inmuebles, la bella Laura (Bárbara Mújica). Se trabaja el filme sólo con estos 5 personajes y prácticamente en una sola locación, la enorme casa donde viven los 3 ancianos y la señora.  

Es un filme muy alegre, con los viejos tramando como intimidar a una carismática, seductora y tramposa Laura y a Mara tras bambalinas forzando la situación, pero más pasiva. Laura es la que quiere doblegarlos, pero aunque los viejos se dejan llevar un poco por ella, tienen muy presente en realidad no dejarse vencer por la corredora. Es un tira y afloja muy discreto, que no deja ver a plenitud las jugadas, pero que están ahí presentes. Por ratos pareciera que no pasara absolutamente nada, que todo fluyera hasta lo inminente, pero hay un gran remate guardado como as bajo la manga. El filme es impredecible y muy elaborado. Aunque se deja entender bien, no permite ver con claridad que hay una pugna, prefiere lo transversal y suave. Todo ello hacen del filme uno muy inteligente y entretenido, pero también algo exigente.

El título del filme es una ironía muy clara, trabajada. Los viejos son muy dinámicos, son de un espíritu muy joven e intenso. Es particularmente interesante ver como Narciso Ibáñez Menta juega con su personalidad histórica de actor, como personaje de terror, como con su araña. Arturo García Buhr aunque lo vemos en silla de ruedas sigue siendo un galán. En el filme es notable prestar atención a cierta perversidad de estos que parecen unos viejos simpáticos, como con sus mujeres, que será capital en la propuesta. Es un filme propio de lo clásico, con su inocencia y elegancia y humor fino por doquier, su cariz familiar, que se disfruta igual de sutil como es. Hay que estar atento a cada jugada, aunque no esperando lo común, donde parece que no pasa nada, como en un amistoso juego de bochas, que es como la avanzada edad, un sosiego externo y una efervescencia interna, una gran capacidad para sorprendernos.

lunes, 28 de enero de 2019

Suspiria


El remake de Luca Guadagnino es sólido aunque no plus ultra, se entiende todo a la perfección aun cuando tiene cierta complejidad. Dura el filme 2 horas 30 minutos y pudo ser más corto para hacerlo más dinámico, pero esto es decisión personal. El filme pone a Susie Bannion (Dakota Johnson) como una chica rara, con un pasado en flashbacks que habla de algo oscuro en ella, con la maternidad como determinante. En la academia alemana de danza llamada Tanz, a la que se inscribe, desde el arranque vemos sus fichas, quienes representan el mal, las brujas, pero qué se trama tras bambalinas es la gran pregunta. Cuando surgen tremendas decapitaciones, el mejor momento del filme, lo sabremos.

El filme tiene fuerte injerencia de la danza y eso es un plus, no solo algo decorativo, que hasta una tortura o muerte se fusiona con un baile de danza artística moderna. El baile toma simbolismo mezclado con el centro del filme, la brujería y lo demoniaco.  También es interesante como movilizan sus poderes las brujas, todo resulta a un punto original en ello. La camaradería femenina toma un lado perverso en el filme. La propuesta de Guadagnino tiene un espíritu clásico, elegante, de misterio, aun cuando presenta escenas gore en un momento.

Suspiria (2018) no solo trabaja con Dakota Johnson, también con las bailarinas que hacen Chloë Grace Moretz y Mia Goth, dividiéndose el protagonismo. No obstante es finalmente de Dakota, que hace de una chica ambigua, por momentos es fuerte y a otros ratos introvertida. Grace Moretz hace de una muchacha perturbada pero que tiene justificación, y ahí entra a tallar el Dr. Josef Klemperer (Tilda Swinton), que tiene una sub-trama donde participa la original Suzy Bannion, Jessica Harper, esforzándola a darle un beso a Tilda Swinton. Swinton hace un buen doble papel, hasta triple papel, pero no veo necesario que ella sea el Dr.

Swinton como Madame Blanc es notable, tiene hasta un velado lesbianismo hacia el personaje de Dakota, que habla de admiración por el arte mutuo. La danza toma un entendimiento superior en la propuesta, como algo que hay que comprender más allá de lo común -no solo para ejecutar las performances-, que apasiona, yendo debajo lo macabro como complemento ingenioso, pero lógicamente arbitrario. El filme va dando pequeños momentos de terror, previos a las decapitaciones tan capitales. La obra prefiere ser más narrativa que terrorífica, que de pura acción o efectista. A ratos cansa un poco, quizá es muy detallista, pero es aplaudible que quiera tener una historia argumental sólida.

Hay una interacción colectiva jugosa entre las tantas profesoras de danza –como con sus conversaciones privadas y sus juegos con sus víctimas- y en el eje están Madame Blanc y Susie Bannion mientras el Dr. Investiga por su cuenta. Hay tres frentes bien desplegados, aunque algo lentos. De Mia pasa a Dakota. Suspiria es un buen remake, aunque no una obra maestra. Es muy endeble la parte del Dr., pensando que Swinton está debajo. El quehacer con Dakota se percibe medio freak, y funciona bien, aunque se vea extraño, como si fuera defectuoso, pero en realidad es ambiguo. Swinton como Madame Blanc es sofisticada, proponiendo la trascendencia necesaria de la brujería. Es la bruja más lograda, además. La conclusión resulta atípica en todo sentido, proponiendo lo argumental. Tenemos entre manos un filme de cierta originalidad y buena atmósfera de terror. Tanz es siniestro, en su propio universo.

miércoles, 23 de enero de 2019

The Gold-Laden Sheep & the Sacred Mountain


Un avión –que se menciona bastante, pero que no se ve el accidente- cae en una montaña sagrada en el Himalaya y esto despierta la codicia de los lugareños, habiendo una recompensa por recuperar al piloto y mucho oro en la zona, aun cuando dicen que entrar a la montaña es ir contra lo místico del lugar y la montaña te traga prácticamente. La naturaleza toma mucha injerencia en el relato, imponiéndose, prologándose el misterio y el suspenso en el vagabundeo (y sobrevivencia) de tres grupos. Entre ellos está un pastor viejo ducho conocedor del lugar, que aunque de trato rústico y campechano le lleva ventaja al resto, además de que es un sujeto muy dinámico. Otro grupo lo forman unos exploradores muy jóvenes; y por último el criado del pastor cae por torpeza en la zona prohibida. Sin embargo aunque se trata de seducir a la montaña, convencerla, nadie está libre de perecer, por lo que es una hazaña cruzar hacia allá. Frente a fogatas de estética plomiza los lugareños y el pastor conversan sobre el oro y la montaña, folclore que se emparenta con el Perú en la adoración a la tierra. Todos yacen entusiasmados por obtener riqueza, lo piensan bastante que olvidan el respeto por la montaña sagrada. De eso va el relato, de profanación y respeto a lo místico, a la tradición. El Himalaya luce maravilloso a la vista, con grandes picos de altura, abismos, vegetación, nieve y lo salvaje. El pastoreo de ovejas, mostradas hasta el más mínimo, el detallismo en los animales, cuidados y organizados, moviéndose en grandes grupos, es algo también bello de ver. Ésta propuesta de Ridham Janve no parece muy común en el cine de India, es más cine arte minoritario, a ratos contemplativo, bastante lento y con muy poca narrativa, repitiendo y futurizando escenas, yendo mucho a mostrar estar atrapados en la naturaleza, manteniendo la expectativa de lo imprevisible, que caigan en la red de lo fantástico, visto con austeridad, sutileza y humildad. Es el trabajo de lo mínimo, aunque India es un país filosófico, ultra místico y religioso y aquí se puede ver toda esa devoción y la fuerza del territorio enfrentados a la ambición natural de los hombres.  

lunes, 21 de enero de 2019

Llantas asesinas


El diablo sobre ruedas (Duel, 1971)

Es una de las primeras películas de Steven Spielberg, un celebrado telefilme, con guion de Richard Matheson quien adapta una historia suya. En ésta un conductor loco, enojado por algo trivial pero común fuente de enojo primitivo -que lo sobrepasen en la carretera-, maneja una cisterna vieja pero de gran motor y con éste camión aterroriza en las grandes pistas a un vehículo Plymouth Valiant, a un hombre común de clase media, interpretado por Dennis Weaver. Al conductor de la cisterna nunca se le ve, sólo brazos y a sus botas de vaquero. Es un filme con efectos especiales sencillos o bastante medidos, hasta el final donde es apoteósico, entre comillas. Pero se le suele elogiar a Spielberg el uso de la economía del filme y como concibe la película, una llena de suspenso, aunque un poco lenta. Se toma su tiempo o se toma en serio el suspenso. Pero es divertida, te mantiene al pie del cañón, viendo cual será la próxima maldad –o intento de asesinato- del camión cisterna. Hay una secuencia emocionante cuando se le calienta el carro al héroe y víctima –se va a detener su vehículo- y el conductor de la cisterna viene enloquecido detrás por él, como un pistolero o cowboy tras su venganza. Weaver hace de hombre ordinario, con disgustos maritales incluidos y cierta pusilanimidad, como típica película americana, pero quien debe ser valiente o extraordinario para salvar la vida. El filme es austero, pero logrado, con ninguna pieza afuera, pero con momentos sugerentes, sencillos, más que grandes explosiones, muertes o grandilocuencia. Es una clase maestra de como con bajo presupuesto se logra hacer una película competente de género.

The Car (1977)

Elliot Silverstein hace una película con un auto Lincoln de lujo como un Tiburón (1975) sobre ruedas. Se lo toma tan en serio que hasta a ratos parece una premisa ridícula. El auto demoniaco, sin explicación de existencia, ataca a la gente sin razón alguna que la pura maldad. Hay una escena donde una mujer escucha el motor del auto asesino y teme por su vida, se mete en su casa y viene lo impresionante, el auto le ataca contra todo pronóstico. Esto supera cierta deficiencia de un ataque previo, medio bobo, como un toro enardecido, en un desfile y en un cementerio, contra unos niños y unas maestras –una hasta lo insulta, lo provoca-. El filme pone a la policía en un estado deplorable –mata a muchos-,  y no tienen nada de rudos, parece que se enfrentaran a algo descomunal, están desorientados y achicopalados, incluso hay un policía rubio que parece querer llorar de lo penoso que se le ve. El heroísmo es compartido, centralmente entre el policía que hace James Brolin y un abusador familiar –le pega a su esposa; así por increíble que suene- en el actor R.G. Armstrong a quien toda la policía recurre para vencer al auto malvado. Es un filme muy curioso no hay que negarlo, y entretenido también, pero es una película de cine B con sus deficiencias, y sus encantos.

Christine (1983)

Ésta película basada en una novela de Stephen King es mejor que The Car, tiene más terror; el auto, ésta vez un Plymouth Fury, incluso hasta posee a sus conductores, los vuelve malos. El dueño del auto asesino es un muchacho nerd convertido en chico cool, aunque más agresivo, Arnie Cunningham (Keith Gordon). Arnie logra conquistar a la chica más bella del colegio, a Leigh Cabot (Alexandra Paul), pero su verdadero primer amor es su Plymouth Fury llamada Christine, que mediante la música manda mensajes románticos o de violencia. Tiene una escena en una gasolinería que es preciosa de lo brutal que es como terror. Desde el arranque el filme plantea la violencia, ya que Arnie sufre de bullying y su maltrato pide venganza. Arnie tiene un mejor amigo, un jugador de futbol americano, Dennis (John Stockwell), quien es la parte agradable del filme, aun cuando es típicamente cool, pero humilde. Christine tiene la particularidad de que puede regenerarse inmediatamente, provocando ataques vistosos por su autodestrucción. Mientras en The Car éste jugaba con Brolin en varios momentos, Christine es implacable, carece de sentimientos, que no sean hacia Arnie y matar. En The Car el propio auto deja ver una sed de venganza con una maestra. Christine sin embargo intenta matar por estrangulamiento a Leigh, mujer que nada en la inocencia. En éste filme aparece muy secundario Harry Dean Stanton como un policía de investigación. Christine, de John Carpenter, es una película entretenida y bien hecha, un filme de culto; The Car también es de culto.

Rubber (2010)

Rubber (2010), de Quentin Dupieux, es una película descaradamente extravagante, con una llanta que usa poderes mentales para reventarle la cabeza a la gente. Empieza matando animales, rompiendo botellas, y termina matando personas en cantidad, hasta plantear la revolución de un triciclo infantil. La parte menos lograda es la de los espectadores y hacer ver que estamos viendo una película, pero se entiende para rellenar espacio, porque lo de la llanta es pura acción aunque poca narrativa, lo suyo es matar al estilo gore. La llanta no habla, tiembla y ¡boom!, explota en mil pedazos una cabeza, pero también siente deseo, como al ver desnuda a una chica bañándose en la ducha. La película a ratos es extraña, especialmente con el jefe de policía, pero el filme desde el comienzo empieza mostrando sus fichas, postulando la sinrazón. Todo el andar de la llanta aunque muy simple tiene gracia, incluso se pueden ver sentimientos en ella, lo cual suena muy loco, pero también entretenido, y no falta algo de risa, entre el absurdo bueno y malo. Rubber es una película de gran atrevimiento y se le perdona que no sea perfecta. En el arranque la llanta luce como un bebé dando sus primeros pasos, abandonada en el desierto, hasta llegar al éxtasis de la furia al ver a otras llantas siendo quemadas como basura. Lo que mueve a la llanta, desde estar tirada en el desierto como desecho, es el desprecio de los demás –aun cuando, claro, es una simple llanta, pero no pidan coherencia en el filme- . La meta última, bajo cierta ironía, es llegar a mucho público, ahí aguarda Hollywood –por la historia de Rubber- o el apocalipsis –por dónde empezar a matar-.