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miércoles, 14 de mayo de 2025

La strega in amore


Damiano Damiani adapta en su película hecha a la italiana la celebrada novela corta Aura (1962) del mexicano Carlos Fuentes. Un escritor, historiador y/o un periodista, Sergio (el británico Richard Johnson), es un mujeriego empedernido. Se da cuenta que una señora de cierta edad lo anda siguiendo o vigilando. Intrigado y fastidiado trata de acercársele para confrontarla. Un día le muestran un aviso del periódico donde éste parece hablar exactamente de él profesionalmente, de requerir sus servicios. Todo lo atrae hacia esa extraña señora que lo persigue, Consuelo (Sarah Ferrati). Como es una mujer vieja, Sergio no quiere saber nada de ella. Pero de repente en la casona de Consuelo aparece una mujer joven muy bella, Aura, interpretada por Rosanna Schiaffino, una ex modelo en la vida real, que soñaba con ser la próxima sex symbol italiana del cine y que finalmente no llegó a consagrarse. A Sergio, Aura, le parece mentirosa y corrupta (y difícil), entonces queda prendado de ella o quiere agregarla a su lista de conquistas. El problema es que Consuelo está muy unida con Aura. Consuelo es la madre alcahueta, inseparable, como en cierta forma te recuerda a Psycho (1960). Recordemos además que Ti West dijo haberse inspirado en ésta magistral película en su última trilogía sobre la vejez. La strega in amore (1966) es un filme de terror que tiene mucho de cine negro. Aura por una parte así parece una femme fatale o una especie de viuda negra. Por ese lado, recuerda a Luna de Hiel (1992), el agotamiento de lo sexual en el ser liberal. Así mismo tiene injerencia que la condición económica de ellas no es muy buena y han sido una familia adinerada. Sergio no es rico, pero se le perfila hacia obtener de él algo similar, como comenta Fabrizio, en la performance del gran Gian Maria Volontè, quien ya había trabajado con Sergio Leone en 2 de sus populares spaghettis western, pero aun no estaba en su máximo esplendor como actor, no obstante, exhibe cierto desarrollo actoral. En dicho comentario de Fabrizio se sugiere que puede convertirse Sergio en alguien capaz de llegar a hacer cualquier cosa por Aura, como si fuera esclavo del vampirismo o un hechizo, tal como volverse fácilmente criminal. El apasionamiento es dibujado como entrar en una espiral de subyugación mental, perder toda facultad de discernimiento o mesura propio. Y esa será la lucha sutil. En un momento baila Consuelo y también Aura de manera desenfrenada, incitando a Sergio a la demencia. Los hombres aquí se degradan por su apasionamiento. Ahí se puede ver conexión con Japón (2002) de Carlos Reygadas, en otro sentimiento. Hay una carga erótica cuidada en Rosanna Schiaffino como objeto de deseo, pero donde Damiano Damiani se mantiene discreto, humilde, sobre todo a los estándares de su época o hasta incluso del cine italiano. Damiani prefiere hacer un filme clásico, gótico, que típicamente sesentero, o de cine B, aunque tiene su cuota de cierta ridiculez narrativa (como literalmente lo es lo de la matagatos), si bien no daña el conjunto. Con Aura existe cierta ambigüedad de si seduce hombres y se deshace de ellos. En esa dirección se dice que Fabrizio, el amante de Aura, es peligroso, un mal elemento. Es un poco la temática del reemplazo de la novela icónica El Cartero siempre llama dos veces (1934) y de mucho cine noir. El hombre es malo y se pide que lo anulen, para ocupar su lugar. No es cuestión de simplemente decirle que se vaya. Fabrizio parece más pasivo que agresivo, pero un juego de esgrima lo pone a lucir también pícaro. Es como si fuera en realidad, Aura, un castigo para los hombres que se pretenden astutos con las mujeres. Aura intenta dominar a Sergio. En todo esto entra a tallar Consuelo quien no quiere dejar pasar el tiempo, no quiere aceptarlo. Es la mujer que ha dependido mucho de su belleza y le mortifica envejecer. Pensemos que es lo mismo con el vampirismo, el derroche de sensualidad y la vida eterna. Como una enfermedad, Sergio, empieza a perder la cabeza por la mujer que considera físicamente espectacular, por su deseo de poseerla sexualmente. Llega a entender todo, pero podría ser demasiado tarde, ya ha cruzado la línea, ha ido enmarañándose, lo han embaucado, le han dado de su propia medicina. Éste filme es en realidad un relato de perdición que de reencarnación, si bien es en gran parte fiel al libro y una notable adaptación cinematográfica. El misterio es sencillo, pero está bien ejecutado, aunque se toma algunas licencias, maneja algo de trampa, que dejan oscilando la narrativa entre el terror y el noir.

lunes, 24 de febrero de 2025

Cristo se detuvo en Éboli

Cristo se detuvo en Éboli (1979) adapta autobiografía del escritor italiano Carlo Levi inspirado en la época que fue exiliado por antifascista a un pequeño pueblo de Lucania, hoy llamada Basilicata. Dirige Francesco Rosi. A Carlo Levi lo interpreta Gian Maria Volonté. Volonté le da enorme dimensión al protagonista como un tipo empático con el entorno rural, con el campesinado, con la gente humilde de Italia. En el pueblito con la autoridad estatal se dan conversaciones sobre ser un caballero o pertenecer a las élites, y se hace diferencia con la comunidad o el pueblo, pastores, campesinos, agricultores, a los que directamente se les tilda de supersticiosos, y en efecto corroboramos que muchos comentan de prácticas de esa índole. Muchas de las personas que vemos se perciben como que no son actores, sino como que hacen de ellos mismos y le dan mucho realismo al producto. El realismo del filme es muy bueno. Por las casas de piedra blanca vemos chanchos enormes, cabras, montón de animales pasean mostrando tremenda naturalidad. Así mismo muchas tomas muestran el paisaje o ponen de fondo la infraestructura del pueblo y se ve como parte de otro tiempo. El filme es de 1979 pero se siente tranquilamente como el año que retrata, 1935. Levi (Volonté) tiene estudios de medicina, pero no ha realizado prácticas y a pedido de la gente común, por la falta de doctores en la zona, al saber de sus estudios lo persiguen para que cure a los enfermos. Esto y su amabilidad y respeto hace que los humildes le estimen. Levi también defiende sociopolíticamente a las clases bajas. Levi comparte camaradería con todo el pueblo, desde lo más alto hasta lo más sencillo. En varias oportunidades se le observa cogiendo contextos. Escucha de la guerra, participa del folclore. Hay momentos donde éste conversa sobre sus filiaciones ideológicas. Vivir en una zona atrasada digamos, o con pocos avances, muchas carencias, puede pasar como que no hay demasiadas cosas que hacer (o contar), pero la propuesta de Rosi siempre muestra quehaceres interesantes, aun cuando son los habituales de lo rural. Muchas escenas son de enorme poder de realismo, como cuando los niños mataperrean persiguiendo para lanzarle piedras al cura alcohólico del pueblo. Levi, una mañana, duerme en un hueco dentro del cementerio, bromeando con escapar de su exilio frente a un guardia que lo sigue. Hay hasta la adopción de un perro. Irene Papas hace también un gran papel como la empleada de Levi, provocando muchas excelentes escenas. Aunque Papas es griega parece una italiana típica, de aquellas rústicas y muy campechanas. Lea Massari como la hermana de Levi otorga además cierta sensualidad italiana o latina al ambiente, aun en un breve rol. Desde que llega nuestro protagonista al pueblo hasta que se va un año después el filme se muestra propio de un detallismo y poder vivencial glorioso. Es un filme que hace sentir pocas dificultades existenciales, aun cuando se yace en el exilio, vigilado de cierta manera, pero la vida rural asoma muy tranquila, muy simple pero al mismo tiempo muy bella en éste retrato. Le faltan cosas a la población, pero Levi con el grandioso Volonté se muestra muy dócil frente al campo, se adapta con naturalidad, el filme respira afecto con él, no asoma enojo o frustración de su parte frente a su condición. El personaje siempre yace en calma, se le ve siempre en control, siempre inteligente. Mucha gente propia de la ciudad seguramente se sentirían abrumados o hasta aburridos en éste entorno, pero aquí se percibe verdadera adaptación, aun cuando hay una presión que lo ha puesto en dicho lugar al protagonista, pero también se percibe convicción, ser tal cual lo que pensamos. Esa adaptación habla justamente de esto, de sentirse realmente identificado con la gente humilde del campo y su manera de vivir. La autoridad del pueblo (Paolo Bonacelli) tiene sus ideas propias de su clase, pero no obstante no parece mal tipo. En éste lugar no existen diferencias indisolubles, tenemos comunicación, no se exhiben enemigos o antagonistas terribles, hay la posibilidad de puentes, pero apunta una carta de Levi que el gobierno de Roma o de Mussolini dictamina una estructura y un sistema que fomenta las diferencias sociales. Es un filme austero, pero de una austeridad narrativa que te atrapa, rica en naturalidad, neorrealista. No es un filme de típica grandilocuencia, pero tampoco de aquellos donde todo es anodino, vacío, insignificante. Donde no hallas nada, donde no pasa nada, sino se respira vida, momentos, como cuando Levi cura a la gente. Papas también transmite sensualidad desde lo llano. Ella parece estar lista para una aventura sexual, una historia simple de puro y duro realismo italiano. Es una historia rural que se destaca, de aquellas de las que no esperas mucho y te terminan encantando.  

jueves, 30 de noviembre de 2023

Bandidos en Milán (Banditi a Milano)

Bandidos en Milán (1968), del italiano Carlo Lizzani es una gran película de asaltantes de banco, basada en hechos reales, en asaltantes y asaltos célebres reales, con tremendo actor protagonista en Gian Maria Volonte quien hace de un ladrón y líder que se jacta de su perversidad, de ser criminal, y goza leyendo que lo creen un asaltante culto. El filme de Lizzani abre con una parte que luce a documental, que con actores recrea a modo de documental la idiosincrasia criminal de Milán, una de las ciudades más pobladas, más industriales y más modernas de Italia. Ésta parte documental es bastante realista, partiendo del modo de informe analítico criminal tal como mencionar que se queman vivas a mujeres -modelos principiantes, actrices noveles- como castigo a finalmente no aceptar ser prostitutas de alto vuelo, tras inicialmente ser engañadas. Se dice que antes había códigos criminales, que los criminales eran más elegantes y más conscientes o digamos que, dentro de su criminalidad, más justos, como si hablaran de la mafia. Se nota que éste filme le ha servido de inspiración a Francis Ford Coppola con su magnificente The Godfather (1972). Incluso se menciona con admiración a un sugerente Marlon Brando. Se deja ver, lo dice supuestamente un criminal ranqueado de antaño, que ahora la criminalidad se ha vuelto un lugar demasiado violento, bruto, salvaje, vulgar. La propuesta de Lizzani tiene además un arranque bastante caótico, super intenso, desenfrenado, donde una muchedumbre en plena calle quieren linchar a alguien y llega la policía y se lo lleva en auto. Luego de éste lapso hiper histérico, arrebatado, potente, entramos en un racconto y nos contaran sobre una banda de 4 asaltantes. Conoceremos profundamente quienes son los 4, su vida personal, y como con el liderazgo de Piero Cavallero (Volonte) montan incluso una fachada de una empresa. El racconto contará la cotidianidad y los trasfondos de quienes son los asaltantes. También veremos sus tácticas de robo, cómo se preparan. Lo curioso de ellos es que suelen robar 2 bancos muy próximamente en el tiempo, cada vez que salen a hacer su labor criminal, como para desorientar a su enemigo. La parte policial representa también efervescencia, bastante intensidad, un quehacer popular, muy campechano, muy italiano, con Tomas Milian como el jefe de policía a cargo de la investigación. Milian es otro actor famoso del spaghetti western, como Volonte; quien curiosamente paso del cine arte al cine de género con bastante solvencia, como decir de lo arty a lo popular (con talento, con trascendencia). El racconto pasará por una secuencia que es de las mejores persecuciones de robo que ha dado el cine y que por la fecha, finales de los 60s, muchos habrán tomado nota. La secuencia explicará perfectamente lo del momento clímax caótico del anhelo de linchamiento. Antes tendremos carros persiguiéndose (en pequeños Fiat), disparos por doquier. Cavallero, un tipo muy frío y cruel, un sujeto imprevisible, empezará a disparar intencionalmente contra la gente para generar desorden y pueda así deshacerse de la policía que le pisa los talones. Los agentes harán una gran persecución policial donde no darán ni un milímetro de ventaja y seguirán al pie del cañón a los bandidos que generan bajas en las fuerzas de la ley. El filme hará pequeñas presentaciones dinámicas de las victimas, serán entre 3 o 4, y cuando se topan con Cavallero, manejando y disparando desenfrenadamente, sabremos quienes son. El enardecimiento de la gente tendrá mucho sentido, también la imagen de odio que genera éste tipo de criminalidad al pueblo italiano y a la gente común en general. No son ningunos Robin Hood, aunque es por quien es Cavallero, porque los otros 3 no se le parecen en el grado de violencia e irreflexión vulgar que éste manifiesta y lidera abiertamente (aunque él se pretende de mayor inteligencia). Incluso hay un joven asaltante de 18 años (Ray Lovelock) quien en el momento donde las papas queman se quiebra y quiere renunciar. Cavallero, dentro de una gran interpretación de Volonte, representa también una imponente tenacidad, aunque lo hace dentro de la perversidad y es de temer, aunque lo haga con una sonrisa de jolgorio. El escenario apunta a la derrota, pero Cavallero no se doblega, llega hasta amenazar sutilmente a uno de su compañeros, se ve que ofrece una fuerte influencia, es un líder innato (aunque deleznable), todo un personaje, y Lizzani lo hace sin obviedad o cliché, aunque su imagen se le reconoce dentro del criminal medio loco, apasionado por lo que hace. Ahí se puede ver y referir querer ser de cierta manera excepcional o vivir una especie de vida fantástica, sueños que habitualmente la tv, el cine, las revistas, la literatura, etc o, aquí se menciona (a manera de crítica), los cómics, pueden generar, pero que esto no exista -estos sueños de excepcionalidad, no de crimen- sería temer al corrupto o perverso y no dar cabida al soñador o emprendedor positivo, que quiere rebatir la crueldad existencial de la normalidad del vivir. El filme no sataniza del todo a Cavallero, es como ver a alguien tal cual, en un momento ve a una joven mujer hermosa -de esas impresionantes italianas que parecen modelos- y trata de enamorarla con atenciones y no se le ve agresivo, sino hasta hay suave ironía, simpatía. Igual vemos que tiene familia y ahí se comporta muy amable y normalmente, es como que el robo lo energiza, saca lo peor de él, la ambición de tener mucho dinero fácil, la vida que no le es accesible por vía natural, como puede dejar ver que tiene familia que trabaja industrialmente. Muchas cosas pueden corromper a un hombre y también hay clases de gente y distinta personalidad y proclividad a cruzar límites, es como las drogas, unos las toman o prueban -los comunes-, otros -los realmente más audaces- no, otros no les destruye-no les pasa mucho, a demasiados sí. La parte documental no pretende ni por asomo ser periodística o plana o propia de un noticiero de domingo, sino tiene mucho cine, mucho dinamismo, mucha arte y hay momentos donde en el quehacer de mostrar policías y criminales, Lizzani, juega con su exposición analítica y muestra a una bella italiana (Carla Gravina), parte del imaginario nacional, llamando a la policía para que un agente haga de sueño húmedo y galán. Es una inserción curiosa-simpática, aunque no es muy extensa, hay otras así en ésta parte. 

lunes, 13 de noviembre de 2023

The Working Class Goes To Heaven

En otra brillante colaboración, el director y guionista Elio Petri y el coguionista Ugo Pirro trabajan nuevamente juntos en ésta, la segunda película de la trilogía del Poder o la trilogía de la Neurosis como la llaman otros, ambos títulos muy acertados. Ésta película -ganadora de la palma de oro de 1972- es mas loca, o de aspecto caótico, en comparación a su predecesora (si bien en la anterior había un humor y un relato mucho más audaz o mas vistoso), pero es la sensación que dan las constantes -que es el contexto en que nos movemos- manifestaciones o huelgas y proclamas, disputas, defensas y exigencias de regulaciones de los derechos de los trabajadores, en manos de los sindicalistas, socialistas o izquierdistas, dividiendo por un lado la mirada hacia los obreros y otra hacia los estudiantes, haciendo ver que de cierta forma son un poco diferentes, como que el estudiante o intelectual es más confrontativo, e idealista si se quiere, mientras el obrero es más simple porque necesita trabajar para subsistir -y mantener a su familia- y a fin de cuentas solo quiere ciertas mejoras en su empleo, menos explotación -frente a un rendimiento que genera muchos dividendos- y más dinero o facilidades. El filme realmente tiene una buena argumentación, coherente, seria, pero como es también una sátira (aunque en menor medida), sobre la idiosincrasia ideológica de la época que atañe al pueblo y la realidad nacional no solo de Italia sino del mundo se permite exagerar en la visualidad o recreación del ambiente de huelga -o así se siente- que hasta medio parece película distópica con la gente amontonada como ganado, peleando fuera de las fábricas o detrás de rejas (hasta le llegan a quemar el auto a un supervisor). En ese ambiente de caos y lucha entre la muchedumbre izquierdista y los empresarios (a quienes no vemos directamente) tenemos a Lulu Massa (Gian Maria Volonte) quien es un trabajador muy aplicado -hasta lo obsesivo-, incluso lambiscón y fiscalizador de sus compañeros -lo suelen poner de ejemplo- que un día pierde un dedo trabajando y esto le cambia la visión y decide finalmente unirse a la huelga, dejar de trabajar, pero pronto verá que su situación irá de mal en peor, y llegará hasta pensar en la locura (lo conduce a visitar amigos en el manicomio; que hacen ver una pared imaginaria en representación de no poder ser libres, y lo que a cada uno compete), al no poder volver a adaptarse, entrar en un tipo de crisis (donde otros también enloquecen de obreros en medio del trabajo y puede parecer que se sentían como en especies de cárceles). Es de ésta manera que extrañará poder comprar cosas, aunque lo hace medio maquinalmente, como todos que incluye muchas cosas superficiales. Al entrar en la huelga se suma pelear con su familia donde su mujer pronto puede convertirse en una microempresaria, producto de su perseverancia. La mujer de Lulu, Lidia (Mariangela Melato), lo hace pensar en que la rueda algunas veces no es tan injusta como parece o puede mejorar o necesita complementarse. Da a entender que una persona común puede transformarse en jefe. Esto habla de la apertura mental del dúo Petri-Pirro, que señalan cosas positivas e igualmente manifiestan crítica, o permiten ver todo el panorama. Muestran que la huelga también genera beneficios y reivindicaciones justas. Así mismo se deja ver que producción debería equivaler a compensación, y aquí existe, pero debe siempre regularse. Además conocemos estudiantes que se ven conflictivos e intratables, que no saben en realidad porqué pelean pero quieren pelear; llegan a perder algunos la brújula de con quien combaten. Pero Lulu Massa es un obrero que se halla en su trabajo, aun cuando sucede que a unos los enloquece y a otros les parece la cárcel. Otro punto es que Lulu Massa tiene de perdedor. La propuesta abre con sutil comedia (o que da a entender que estamos frente a una película italiana, alrededor de la fogosidad latina y la cotidianidad), su mujer tiene sueños húmedos y Lulu está como si nada, como que no le interesa. Lulu señala en conjunto, en quien es él, la dificultad de ser heroico. En el fondo Lulu representa al obrero humilde, al hombre común y corriente, a la mayoría, a los muchos, a la humanidad, y finalmente solo conoce la forma de su vida, que es aceptar su imperfección. 

domingo, 12 de noviembre de 2023

Investigation of a Citizen Above Suspicion

Ésta película del italiano Elio Petri ganó el Gran Premio del Jurado en el festival de Cannes de 1970 y el premio Oscar a mejor película extranjera en 1971. Los guionistas son el mismo Petri y su compatriota Ugo Pirro quien también es guionista de El jardín de los Finzi Contini (1970) de Vittorio De Sica, que así mismo ganó mejor película extranjera en los Oscars de 1972. Lo protagoniza el excelente actor italiano Gian Maria Volonte quien fue muy popular internacionalmente desde el inicio de su carrera actuando en célebres spaghettis western, pero que gustaba mucho del cine social-político donde también destacó como con la maravillosa película presente. Ésta obra es una sátira sobre el poder, y el control de quienes lo lideran, enfrentados a los movimientos socialistas o izquierdistas de la época, representados en la huelga de trabajadores y especialmente la lucha de los estudiantes marxistas, todo muy propio de su época de fuerte lucha social e ideológica. Al protagonista lo conoceremos como El Doctor (Volonte) y es el jefe de homicidios en la policía italiana, que está apunto de retirarse, admirado, respetado y aplaudido por sus subalternos, compañeros y jefes, pero quien planea una locura, botar todo a la basura, destruir su reputación (e ir a la cárcel) y de paso de la policía y de sus líderes, donde entra a tallar el humor negro, reírse de lo que no es habitual reírse. Pero no se trata de delatar corrupción o eso no es lo más importante, sino de cosas que parecen mucho más superficiales, celos, capricho, sentirse humillado en quien es (quizá por alguien que cree menos que él), una especie de fantasía sadomasoquista que llega muy lejos, ponerse a prueba como asesino, poner a prueba su inteligencia y su saber, y a la propia policía en lo que debería ser, pero todo ello al servicio de lo criminal, de un calculado y frío asesinato, de su bella y banal amante, pero una mujer sensual que gusta de estar cerca del poder, en cierta manera una especie de Marilyn Monroe. No hay que obviar que El Doctor cree muy parecido lo criminal, en su estructura y movimientos, a la misma fuerza de la ley. El filme es una sátira plena observando al Doctor buscando inculparse con muchas pistas obvias pero que rayan en el humor inteligente, aunque también medio WTF, y a toda la fuerza policial confundida o incapaz de asumir su culpabilidad. Es ahí que Petri y Pirro hacen de las suyas con bastante creatividad, exhibiendo mucho conocimiento del cine noir, del cine criminal, al tiempo que el fondo es político y de lucha de poder, si bien los estudiantes marxistas no poseen demasiada dimensión, ni tampoco los líderes gubernamentales que hacen lo imposible porque no salga a la luz que el jefe de homicidios es un asesino y así evitar no manchar la reputación y el orden de las cosas. Hay escenas muy desopilantes con policías en realidad inteligentes (acá no hay tontos), que ven en efecto pruebas contundentes contra el Doctor pero no quieren aprobarlas de ninguna manera, por lo que significaría, aparte de una cierta sutil lealtad de cuerpo y así van a culpar a quien sea, menos a su profesión y esto curiosamente no es tan irreal, pero lógicamente se trata de separar malos elementos, no de tacharlo todo, y puede leerse como una crítica. Estos policías driblean no aceptar que El Doctor es un asesino (hasta alguno parece pedir permiso para poder intentar culparlo). Incluso hay un especie de momento onírico -igualmente como de videncia- donde los jefes obligan a El Doctor, humillándolo, a aceptar su rocambolesca inocencia, es decir mirarse como monigote del poder, puesto que hay cosas más importantes que defender y por las que pelear. El filme empieza laborando a través de cierto notorio absurdo y lentamente justifica todo hasta ser muy lógico aunque dentro de la libertad creativa del humor negro y la sátira política. Da mil justificaciones de porqué el Doctor está cometiendo ésta locura, sin optar por lo más fácil, es decir que es un desequilibrado que está yendo contra la esencia de quien es, y quien lo ha concebido con un acto perverso, siendo un filme mucho más audaz que si hubiera propuesto abiertamente el idealismo. El poder simplemente se comporta como el poder -en el planteamiento juguetón y nada siniestro pero tampoco nada ridículo de El Gran Hermano- mientras los estudiantes son reflejo típico de la época, incluso se ven violentos y básicos, en cierto contraste con la mujer erótica de El Doctor, interpretada por la hermosa Florinda Bolkan, actriz brasileña que trabajó mucho en Italia. El filme versa en el noir hecho humor inteligente. Cada cosa que hace contra sí el Doctor es un deleite -y hace mil peripecias tanto como presenciamos muchas memorias de soporte-, con un Volonte que da clases de actuación con su intensidad y hábiles discursos, con su emotividad a flor de piel, con su expresividad. 

sábado, 14 de julio de 2018

Yo soy la revolución (A bullet for the General)


Spaghetti Western dirigido por Damiano Damiani que exuda bastante inteligencia, en su argumentación social, en su narrativa, muy bien estructurada, que a la vez es muy entretenida. Tenemos a un americano apodado El Niño (Lou Castel), siempre de sastre a lo gángster, que se une a la revolución mexicana, se hace compañero de un líder llamado El Chuncho (Gian Maria Volonte), un tipo rustico y muy llano, pero autentico y honesto. Con él está un sacerdote revolucionario, interpretado por Klaus Kinski haciendo una vez más de loco. Kinski aparece poco. El protagonismo se lo reparte Castel y Gian Maria Volonte.

Es un filme notable, que prefiere ser realista que mítico. En un inicio vemos tal cual la revolución, que tiene que matar gente opuesta a ellos, que no son muy distintos. En el tren se teje un plan secreto aunque se ve de lejos, con un Niño muy audaz, muy calculador, un tipo que persigue como él mismo anuncia el dinero. Después con el Chuncho pasan a tener enfrentamientos con el gobierno mientras buscan conseguir armas.

Vemos en toda claridad como el pueblo le exige justicia a los guerrilleros, quieren la tierra de un rico terrateniente y su ajusticiamiento, todo está muy directo y trabajado a fondo que no se busca ninguna poesía en el asunto y queda una recreación muy sólida pero que por ello a muchos menos ha de gustar. Se ve que el terrateniente no es una mala persona, su familia sufre su sentencia, aunque la gente del pueblo  lo tiene por indiferente con su entorno y lo ven como el eje del sostenimiento de la pobreza de los demás.

El filme tiene éste tipo de argumentación social, el filme defiende el socialismo, que en oposición tiene al gringo, al Niño, un capitalista absoluto, un amante del dinero. La propuesta plantea el idealismo de la revolución de la mano de un tipo muy común y hasta salvaje en el Chuncho, excelentemente interpretado por Gian Maria Volonte, que como hombre de acción igualmente da la talla, como el filme, que muestra mucha adrenalina e intensidad. En ese sentido Kinski sobresale, lanzando granadas y rezos, aunque se limita a esto.

El Chuncho es muy violento, pero también aunque de tipo bruto carismático, es un simple obrero de la revolución, aunque líder de un grupo bajo el mando del General Elías. El Chuncho se hace muy amigo del gringo y en esto salta su lugar en el mundo. El filme sólo al final se permite una cierta poética, aunque fiel a su argumentación. Sobresale también la participación de Martine Beswick como Adelita, una revolucionaria con cerebro y bella además.

El Niño es el tipo más audaz del filme, el pistolero más dotado, el más frío y solitario, aunque el protagonismo a fin de cuentas le pertenece al Chuncho, curioso porque es el tipo más ordinario de todos. En esto está pensar en que cualquiera puede ser héroe, incluso alguien por una parte cruel –capaz de matar a un compañero o querer acostarse con la mujer de un ajusticiado-, como en un inicio se ve en los revolucionarios con el trato a los que van en el tren, que no están caricaturizados en nada, ni los militares, que temen por sus vidas, dudan qué hacer.

Pero al mismo tiempo hay muchas escenas para hacer simpático al Chuncho, como esa en que agotado tira piedras a la mujer robusta insaciable sexualmente o cuando salta hacia detrás de un muro para evitar morir ante los disparos torpes de los nuevos reclutas, guerrilleros a lo cine de Pasolini, muy humildes, poco agraciados, algo cómicos.

domingo, 8 de julio de 2018

Cara a cara (Faccia a faccia)


Éste es el segundo spaghetti western que hizo el italiano Sergio Sollima y está interpretado por Tomas Milian como el bandido Solomon Bennet y por otro ícono del western italiano, por Gian Maria Volonte, como el profesor Brad Fletcher. Fletcher es un intelectual y un hombre alejado de toda forma de violencia propia, mientras Solomon es un pistolero famoso. Pero el filme se basa en que ambos cambiaran de comportamiento y de filosofía de vida. Pronto Fletcher se irá corrompiendo, atrayéndole más y más la fuerza bruta, y Solomon se impregnará del idealismo inicial del profesor y su amigo.
 
El filme tiene a Solomon tratando de escapar de la ley y queriendo formar nuevamente su pandilla de asaltantes, y en ese trayecto Fletcher irá enamorándose de la esencia del western. Solomon es muy respetado y buscado, y aunque suene extraño querido por muchos, a pesar de que no duda en matar. La amistad que forma con el profesor lo ablanda. Es el aprendizaje de la vida ajena a la vera de mucha acción. Hay un pueblo llamado Purgatorio y en éste Solomon sólo enfrenta a muchos pistoleros. También hay un refugio de maleantes y mercenarios donde se cobija Solomon y su gente.

A la par hay un cowboy espía enviado por una agencia histórica famosa de ley privada, la agencia Pinkerton, con William Berger como Siringo, el héroe, aunque yace medio opacado por el mal, representado por Solomon y Fletcher. Éste mal no es completo, está matizado con algunas acciones nobles y palabras, como salvar al pueblo Purgatorio del poder abusivo, aunque a cambio de dinero. Hay un cierto heroísmo y popularidad que enaltece criminales. También es irrefutable la simpatía que brota de Milian. Suma igualmente vivir en un mundo salvaje, donde matar es algo normal y hay mucho hombre ambicioso.

Volonte hace un gran papel, primero se le ve muy débil, y luego es creíble como matón. El cambio de cada uno es progresivo, pero Sollima denota mayor justificación con Volonte que con Millian. Volonte es un tipo que habla de hacer historia en un inicio y se ve minimizado por el mundo que lo rodea y es que hay curiosamente más oportunidades para el salvaje que para el intelectual, es un mundo bárbaro. Milian es más un ave libre sin demasiada profundidad, y como que da a entender un cansancio de vacío, de inconciencia.

Uno quiere más, y el otro menos, menos acción. Pareciera un relevo, pero es más la lucha del bien contra el mal, que al final cohabitan en un contexto de corrupción en que el ideal surge como ave fénix, para imponerse. Es una cuestión de liderazgo en muchos sentidos. En todo éste despliegue de filosofía de a pie surge un western emocionante, entretenido.