Cristo se
detuvo en Éboli (1979) adapta autobiografía del escritor italiano Carlo Levi
inspirado en la época que fue exiliado por antifascista a un pequeño pueblo de
Lucania, hoy llamada Basilicata. Dirige Francesco Rosi. A Carlo Levi lo
interpreta Gian Maria Volonté. Volonté le da enorme dimensión al protagonista
como un tipo empático con el entorno rural, con el campesinado, con la gente
humilde de Italia. En el pueblito con la autoridad estatal se dan
conversaciones sobre ser un caballero o pertenecer a las élites, y se hace
diferencia con la comunidad o el pueblo, pastores, campesinos, agricultores, a
los que directamente se les tilda de supersticiosos, y en efecto corroboramos
que muchos comentan de prácticas de esa índole. Muchas de las personas que vemos
se perciben como que no son actores, sino como que hacen de ellos mismos y le
dan mucho realismo al producto. El realismo del filme es muy bueno. Por las
casas de piedra blanca vemos chanchos enormes, cabras, montón de animales
pasean mostrando tremenda naturalidad. Así mismo muchas tomas muestran el
paisaje o ponen de fondo la infraestructura del pueblo y se ve como parte de
otro tiempo. El filme es de 1979 pero se siente tranquilamente como el año que
retrata, 1935. Levi (Volonté) tiene estudios de medicina, pero no ha realizado
prácticas y a pedido de la gente común, por la falta de doctores en la zona, al
saber de sus estudios lo persiguen para que cure a los enfermos. Esto y su
amabilidad y respeto hace que los humildes le estimen. Levi también defiende
sociopolíticamente a las clases bajas. Levi comparte camaradería con todo el pueblo, desde lo más alto
hasta lo más sencillo. En varias oportunidades se le observa cogiendo
contextos. Escucha de la guerra, participa del folclore. Hay momentos donde
éste conversa sobre sus filiaciones ideológicas. Vivir en una zona atrasada
digamos, o con pocos avances, muchas carencias, puede pasar como que no hay
demasiadas cosas que hacer (o contar), pero la propuesta de Rosi siempre
muestra quehaceres interesantes, aun cuando son los habituales de lo rural.
Muchas escenas son de enorme poder de realismo, como cuando los niños
mataperrean persiguiendo para lanzarle piedras al cura alcohólico del pueblo.
Levi, una mañana, duerme en un hueco dentro del cementerio, bromeando con
escapar de su exilio frente a un guardia que lo sigue. Hay hasta la adopción de
un perro. Irene Papas hace también un gran papel como la empleada de Levi,
provocando muchas excelentes escenas. Aunque Papas es griega parece una
italiana típica, de aquellas rústicas y muy campechanas. Lea Massari como la
hermana de Levi otorga además cierta sensualidad italiana o latina al ambiente,
aun en un breve rol. Desde que llega nuestro protagonista al pueblo hasta que
se va un año después el filme se muestra propio de un detallismo y poder
vivencial glorioso. Es un filme que hace sentir pocas dificultades
existenciales, aun cuando se yace en el exilio, vigilado de cierta manera, pero
la vida rural asoma muy tranquila, muy simple pero al mismo tiempo muy bella en
éste retrato. Le faltan cosas a la población, pero Levi con el grandioso
Volonté se muestra muy dócil frente al campo, se adapta con naturalidad, el
filme respira afecto con él, no asoma enojo o frustración de su parte frente a
su condición. El personaje siempre yace en calma, se le ve siempre en control,
siempre inteligente. Mucha gente propia de la ciudad seguramente se sentirían
abrumados o hasta aburridos en éste entorno, pero aquí se percibe verdadera adaptación,
aun cuando hay una presión que lo ha puesto en dicho lugar al protagonista,
pero también se percibe convicción, ser tal cual lo que pensamos. Esa
adaptación habla justamente de esto, de sentirse realmente identificado con la
gente humilde del campo y su manera de vivir. La autoridad del pueblo (Paolo
Bonacelli) tiene sus ideas propias de su clase, pero no obstante no parece mal
tipo. En éste lugar no existen diferencias indisolubles, tenemos comunicación,
no se exhiben enemigos o antagonistas terribles, hay la posibilidad de puentes,
pero apunta una carta de Levi que el gobierno de Roma o de Mussolini dictamina
una estructura y un sistema que fomenta las diferencias sociales. Es un filme
austero, pero de una austeridad narrativa que te atrapa, rica en naturalidad,
neorrealista. No es un filme de típica grandilocuencia, pero tampoco de
aquellos donde todo es anodino, vacío, insignificante. Donde no hallas nada,
donde no pasa nada, sino se respira vida, momentos, como cuando Levi cura a la
gente. Papas también transmite sensualidad desde lo llano. Ella parece estar
lista para una aventura sexual, una historia simple de puro y duro realismo
italiano. Es una historia rural que se destaca, de aquellas de las que no
esperas mucho y te terminan encantando.