viernes, 28 de abril de 2017

Los territorios

Se presenta como un documental, pero termina diciendo el director y protagonista del filme, sea con su voz en off o con su presencia, ya que la propuesta trata de él, el argentino Iván Granovsky, que se considera actor, no productor ni director de cine, mucho menos periodista (específicamente corresponsal de guerra) que es a lo que juega en la presente película, con lo que da a entender que el documental más bien trata de un cuento. Pero, ¿qué vemos?, a un chico bien, de familia con dinero, por la madre, y de padre periodista político, que busca encontrarse en alguna labor, tener algún tipo de éxito, aunque exponga más bien sus fracasos, pero muy ligeramente, como quien quiere caer simpático.

La película pasea por diferentes partes del mundo, juega con las banderitas (la de argentina hace gracia con el sol de cabeza), esto se ve muy fácil, muy relajado, los viajes son el plus del filme, lo que lo hace más que una ocurrencia de a ver en que puedo brillar. Granovsky intenta hacer de periodista, pero no le nace muy bien, aunque tiene un fuerte vínculo con su padre –que admira- a quien entrevista y comparte un trato próximo en la película. El protagonista enseña en pantalla sus cartas/conversaciones intimas con sus padres, amigos y algún posible contratante. El filme intenta y logra ser cálido en su tono ligero. También se pretende espontáneo, como que se va haciendo el filme al andar, con los pedazos de cada fracaso, que acerca empatía con el público o eso supone, incluyendo los amorosos, ya que Granovsky no es ningún conquistador, es un hombre sencillo, de eso va, hasta demasiado simple y con muchas limitaciones si pensamos en los fracasos, cosa que uno creería lo contrario con su personalidad, esa que exuda como guía del filme, con una voz que se oye inteligente.

El filme fluye, no es muy revelador, pero también pretende transparencia, leve intimidad, aunque quiera al final catalogarse como actor, que está fabulando una ficción de cómo se muestra, un perdedor en busca de gloria (dinero parece que ya tiene). Granovsky nos dice, no soy ninguna luminaria, nos muestra sólo a un buen tipo, uno como cualquiera diría. El filme tiene gracia aunque no va de nada especifico, lo cual es un tipo de cine arte y de documental, y a veces importa demasiado poco, pero entretiene, genera atención y puede que hasta complicidad, aunque surja intrascendente, filmando a papá, casual con mamá y paseando (por ahí hablando sin anhelo de profundizar de judíos y palestinos, de terroristas, de protestas o del contraste de derecha e izquierda). El filme termina y uno pareciera oír a Granovsky en elipsis diciendo: el éxito tampoco me quita el sueño, sino que es divertido viajar a donde sea, y hacer documentales al respecto. 

The Love Witch

Estamos ante una película con grandes virtudes de composición, y también como ensayo, con un discurso sólido y bien relacionado al mundo, a lo próximo, y a su propia historia especifica. Entre lo destacado del filme tenemos su estética, su puesta en escena, incluso un tono narrativo telenovelero (en el buen sentido, en lo adrede), en una propuesta que también recurre a homenajear al sexplotation y al cine cutre de terror de los 70s y 80s y hasta al cine de Herschell Gordon Lewis, sin gore, pero lo hace de manera estilizada, luce todo como una construcción calculada más no por limitaciones de perfeccionamiento, donde el erotismo y la sensualidad trasciende, no se presenta vulgar ni torpe, aunque tiene de explícito y de recurrente, porque este es parte importante de la argumentación.  Los hombres se guían por el sexo, por el cuerpo seductor, por el deseo del sexo casual, por las fantasías, por lo netamente físico y no pretenden nada más que divertirse, mientras las mujeres buscan al hombre perfecto, al hombre fuerte, bello, inteligente y amable, con el que pasar del sexo, un recurso de acercamiento, al amor, donde exista la entrega y compromiso de la personalidad y la vida íntima. En la argumentación, que es típica americana, los hombres son reacios a comprometerse, a entregarse emocionalmente, las mujeres en cambio como la protagonista, la muy guapa Elaine (Samantha Robinson), anhelan tener una relación sólida y eterna. Pero piensan que ser mujeres recatadas y correctas no les dará aquel príncipe soñado, por lo que Elaine se vale de su cuerpo, de ser un juguete sexual para las fantasías de los hombres, para luego caerles con lo personal, pero la gracia del filme es que Elaine es una bruja que utiliza pócimas para que los hombres pasen de lo físico a enamorarse y se suelten hasta la locura, que se vuelvan emocionales y abiertos. Solo que nada es perfecto, y entra a tallar el “terror”, los hombres enferman y mueren (lo que suena irónico también).

The love witch, de Anna Biller, tiene humor fino, hasta los striptease de salón son del tipo burlesque, no se presenta como un entretenimiento superficial, es un filme raro, tanto como original y valioso. Lo de las brujas está adaptado a la actualidad, juega con una palabra gringa muy popular (bitch) que tiene tantos significados, que por algo está muy cerca de esta otra witch (bruja). Elaine es todo eso, una zorra, una mujer sagaz, también algo desalmada y centrada sólo en sí misma, aunque es producto de la sociedad, el machismo, los cuentos de hadas y la calidad unidimensional del deseo y composición de un gran sector masculino. El filme juega con una realidad mayoritaria, pero no lo hace de forma barata. El filme es rico en perspectivas. Las brujas (witch, bitch) son perseguidas y castigadas hoy en día aunque de otra manera. Elaine tiene de hipócrita en algunos casos, y de doble moral, porque quiere también un hombre perfecto, un hombre guapo y fuerte, y cuando estos se comportan como cliché femenino, muy emotivos y dependientes, son desechados. El filme también la presenta como una mujer sensible, de buenas maneras, delicada, calmada, aunque juega al papel de objeto sexual, lo que a primera vista y en la estética se percibe muy natural e inofensivo (lo pagano incluso se siente así, parece todo digno del teatro), no obstante representa el subterfugio para obtener y hacer lo que sea. El filme dentro de su complejidad finalmente argumenta en favor de la protagonista, que más que una puta cruel y avispada de apariencia amable y atractiva busca un apoyo psicológico en la brujería, porque esconde mucha ternura, puede que hasta un audaz aire melancólico y solo quiere un príncipe azul, pero tiene un trauma detrás (redoble de audacias), que llega hasta la psicopatía, y solo atrae “malos” elementos, el cliché masculino, los hombres mujeriegos, en busca solo de sexo, a los que pretende cambiar. 

jueves, 27 de abril de 2017

Semilla de maldad (Blackboard jungle)

Un profesor de nombre Richard Dadier (Glenn Ford) llega a una escuela que es una verdadera jungla donde los estudiantes son híper rebeldes y hasta violentos y criminales. Dadier es recibido con una pelota de béisbol que impacta contra la pizarra al cometer el “error” de dar la espalda, cuando advierten entre ironía y verdad que no lo haga. Habrán actos extremos en el colegio que sorprenden un poco para el año del filme, 1955.

Incluso un alumno intenta violar a una maestra (Margaret Hayes). La mujer es guapa y sexy, que se oye decir que pudo ser su culpa por andar provocativa. Un comentario machista que proviene de otra mujer, y no va a mayores, cuando la verdad es que los alumnos de este colegio estatal se comportan como animales salvajes, otros simplemente de manera infantil.

La película es bastante emocionante, además de que uno se pregunta ¿cómo se resolverá la situación?, que yace desbordada y parece imposible de vencer. Dadier intenta por varios métodos atraer respeto y atención, como de uno de los líderes de la clase, Miller (Sidney Poitier), que se presenta también rebelde y conflictivo. El filme se traslada en la mayor parte del metraje al peor escenario y lo mejor es la expectativa de ver cómo se resuelve, y lo hace inteligente y coherentemente. El filme es como atender un regodeo insoportable en el infierno, produciéndose montón de intentos de salida.

El problema central es otro muchacho de la clase (Vic Morrow) y la poderosa influencia que ejerce. Este personaje está creado como muy funcional, no tiene background, y es un verdadero demonio. En cambio el personaje de Poitier es complejo a un grado decente, se manifiesta con mucho mayor realismo. Este filme es elemental, pero está bien realizado, existe mucha tensión e intensidad y atrapa. Glenn Ford está también a la altura de su papel, ya que tiene que pasar por mucho martirio.

Otro maestro, Jim Murdock (Louis Calhern), es el caustico del grupo y crea curiosidad saber de él que uno hubiera querido ver su desenvolvimiento en pleno, que queda como elipsis y comentarios al vuelo. El filme abre y cierra con Rock Around the Clock, de Bill Haley y sus Cometas, la que fue la primera canción de rock puesta en el cine e hizo de ella un hit.

El director de la película, Richard Brooks, es uno de los grandes nombres del cine americano que cruza el cine clásico y llega a hacer cine hasta los 80s, su película más famosa es Cat on a Hot Tin Roof (1958), pero tiene varios títulos geniales como Sweet Bird of Youth (1962), A sangre fría (1967) o la ambiciosa y épica Elmer Gantry (1960). 

miércoles, 26 de abril de 2017

Los amantes de la noche (They Live by Night)

El cineasta americano Nicholas Ray es popular y mundialmente conocido por Rebelde sin causa (1955), una película de la que oímos siempre, incluso antes de verla e intentar ser un cinéfilo hardcore; por el icónico James Dean y su película por antonomasia, aunque no participó en muchas en el cine, fueron solo tres, por iluminado, prometedor y por su muerte prematura; y por ser el filme símbolo de una época y guía para otros cineastas. Ray además fue idolatrado por La Nouvelle Vague y los famosos Cahiers du Cinéma a los que también inspiró como cineastas. Nicholas Ray tiene una filmografía bastante buena, desde luego no sólo se trata de la maravillosa Rebelde sin causa, donde sobresalen dos títulos en especial, el western Johnny Guitar (1954) con los duros Joan Crawford y Sterling Hayden; y In a Lonely Place (1950), un noir con dos iconos del género, Humphrey Bogart y Gloria Grahame (casada con Ray de 1948 a 1952). In a Lonely Place me recuerda a otra película maravillosa, Sospecha (1941), pero en ésta la duda no es por poder ser un asesino serial de mujeres ricas, por interés económico, es por la sinrazón de la locura y la violencia incontrolable de la personalidad, el descontrol de las reacciones. Bogart levita con su naturalidad en el papel, y Grahame está igual de sublime. Otra película a tener muy presente, que en particular me parece gloriosa, The Lusty Men (1952), que retrata la vida del rodeo, y cuenta con otro tipo duro del cine, Robert Mitchum, que aparentemente no es el protagonista del filme, o no lo es a la usanza, no tiene a la chica brava y bonita (Susan Hayward) ni es la luminaria del momento en el rodeo (Arthur Kennedy), es un solitario y viene de capa caída, pero es un enriquecido personaje guía. El arranque del filme, el retorno al hogar, es una de las grandes escenas históricas del séptimo arte.

La ópera prima de Nicholas Ray, Los amantes de la noche (1948), es otra excelente película, con todo lo que hace sublime al cine clásico, se brinda entretenida, con buen ritmo, precisión, claridad y profundidad emotiva. El filme es más romance que noir, aunque yacen fusionados, la trama nos habla de un joven ladrón de 23 años, Bowie (Farley Granger), junto a Chickamaw y T-Dub, dos experimentados, mayores, curtidos compinches quienes no dudan en matar a los que se les interpongan, se esconden donde un viejo grifero rural aficionado a la bebida y al despilfarro. En el lugar el viejo vive con su hija adolescente, Keechie (Cathy O'Donnell), ella y Bowie se enamoraran con inocencia y mucho romance. Bowie intentará escapar de la policía y formar una familia, anhelante de tener una vida común, apacible, lejos del pasado de cárcel que empezó a los 16 años por matar a un hombre y que lo persigue, está prófugo. Bowie roba pensando gastar el dinero en un abogado que lo limpie de sus delitos, pero sus relaciones criminales con Chickamaw y T-Dub lo arrastran.

El filme presenta a Bowie como una buena persona más allá de su situación, aunque la naturalidad con la que yace adaptado al crimen hace pensar más bien en una dualidad. Tiene maneras amables, y es sensible con Keechie, la que tiene carácter pero le falta mundo. Son una pareja humilde. La propuesta tiene escenas breves, diáfanas y muy potentes, como un matrimonio improvisado, o suspenso, especialmente cuando asecha el paredón, la sombra del final a lo Bonnie and Clyde (1967). La pareja predomina, y se van dando destellos de noir, se va cerrando el círculo, va quedando lo esencial, pensando que se trata de escapar del crimen y lograr vivir libres una vida sencilla. La pareja tiene química y son dulces, hay una agradable sensibilidad, ilusión y como se valoran los pequeños detalles juntos. El filme maneja bien la acción, y jamás agobia con lo romántico, aunque tiene buena cantidad, tiene encanto.  

Lo ideal sería una función doble, junto a la otra adaptación de la novela Thieves Like Us, de Edward Anderson, de título homónimo en la dirección de otro director de culto, Robert Altman, en 1974, y no se parecen, Altman hace una película distinta a la de Ray, el romance entre Keechie (Shelley Duvall) y Bowie (Keith Carradine) tiene modernidad, es decir, merma la belleza de las formas, empieza a verse el mundo más notoriamente vulgar, aunque en la de Ray Chichamaw era tuerto y medio bruto. Altman maneja otra manera de ser dulce e inocente, la nueva pareja son algo bobalicones, juguetones y bromistas, son una novedosa composición de pareja. En esta Chickamaw y T-Dub tienen más presencia, existen más aventuras en general y hay menos de los jóvenes enamorados. Una curiosidad es que Keechie es aficionada a la Coca Cola, y vemos mucha publicidad de la gaseosa, expuesta casualmente por los alrededores. Altman otorga a su película media hora más que la de Ray, y se pueden ver los mismos lugares pero expuestos de otra manera, cambiados, lo cual es estupendo, porque es ver el mismo magma pero dos películas muy distintas. Ray hace una obra ágil, redonda, no se hace problemas en nada, pero es completa sin demasiado, mientras Altman es extravagante y original, aunque un poco lento y a veces tonto. Ambos directores son propios de su tiempo, ambos ostentan personal genialidad. 

sábado, 8 de abril de 2017

Trilogía Oyama

Basada en la figura del nacido coreano nacionalizado japonés Masutatsu Oyama, legendario maestro de karate creador del estilo Kyokushinkai, no es ningún biopic, es jugar con algunas referencias biográficas suyas, y hacerlas participes de una trama más libre de una película de artes marciales donde el karate es la estrella. También se basa en el manga de Ikki Kajiwara por lo que se trasgrede mucho y se muestra una libertad que cae recurrentemente en lo políticamente incorrecto. En un momento Oyama (Shin'ichi Chiba, o Sonny Chiba) fuerza a una mujer sexualmente al creerla una prostituta vendiéndose a los americanos. Lo paradójico que ella luego enseguida le cuenta su historia, que es traductora de idiomas y su familia se ha sacrificado en la guerra, Oyama le pide disculpas rogándole perdón y termina enamorándose perdidamente de él. La primera película de la trilogía, Karate Bullfighter (1977), y toda la saga es propia de su tiempo, como de sus pocos anhelos artísticos, de una libertad amoral que será chocante y repudiada vista hoy en día. Y los filmes de la trilogía son así, sobre todo el primero y dígase que es el mejor del grupo, ya que como películas la cosa va decayendo.

Oyama es un tipo bruto, mal educado, vanidoso, conflictivo, aunque también se da humilde por momentos y se enternece con la realidad del que sufre, en esto hay mucha ligereza, no esperen mucho de la película a ese respecto. El filme es muy directo, mírese que el personaje de Oyama irrumpe en los dojos retando a los maestros y dándoles tremenda paliza, incluyendo a todos los alumnos, proclamando que el karate se ha convertido en un baile y ha perdido su veracidad, lo que él defiende, demuestra y promueve de la forma más llana, humillando a los llamados bailarines karatecas, ganando todas las peleas que propicia. No es una forma muy decente ni humana ni respetuosa de fomentar su heroísmo ni su arte pero así lo presenta el director Kazuhiko Yamaguchi, sino miren el arranque de Karate Bullfighter, en que Oyama se mete en el máximo torneo nacional de karate asistiendo con un traje roto y sucio, y cuando gana el trofeo lo arroja por una escalera y reniega del karate moderno o deportivo por creerlo una danza y no un arte marcial contundente y realista. En sentido ético el primer filme es harto criticable, pero como entretenimiento rocambolesco y libre tiene mucha más gracia.

En karate bullfighter el director se da cuenta qué comportamiento plasma el personaje Oyama y el maestro antagonista líder promotor de eventos y escuelas no lo soporta, dice que no tiene dignidad su karate ni su persona, sin embargo termina comportándose como un gángster y hace todo por matar a Oyama, unos dirán que tiene justificación, Oyama es una joyita. Karate Bullfighter asienta la leyenda de Mas Oyama cuando con sus propias manos éste mata a un toro bravo suelto contra la gente, pone rígida la palma de la mano y esta es como un cuchillo, la película y su leyenda histórica tiene de fantástica, Oyama corta botellas con aquella palma, y hasta desmiembra cuernos de toros. La lucha con el animal es una gozada.

El filme de Yamaguchi le da golpes morales a su héroe y hace que se dé cuenta, entre comillas, que el karate está siendo usado como un arma creadora de mucha violencia y de excesos, pero lo exhibe indirectamente como culpa, salvando a Oyama de la quema, con un discípulo suyo descarriado que en medio de todo adora a su maestro y este se enternece con él, lo mismo que sucede con un niño y su madre de los que trata de conseguir perdón rechazando el karate (que graciosamente terminan echándole porras a su arte y creando escenas sentimentales). En ese lugar se esconde la lectura de la humanización del criminal y de paso de Oyama, expresa que a pesar de todo debajo siempre hay un ser humano. Asunto que irónicamente no cuenta en los maestros rivales, y lo peor que él los ha incitado brutamente. El filme no es una maravilla, tiene defectos y puntos reprobables, pero Oyama es una leyenda. Se coge de la omnipotente libertad del manga, y es una película sinvergüenza de artes marciales. A ratos es toda una curiosidad, no es el típico héroe ni siquiera antihéroe de los últimos años, y es una apología “clásica”  al karate con contacto total y no al popular kung fu.

Las 2 películas siguientes muestran un comportamiento algo más sensato y sosegado –que antes- de Mas Oyama, no obstante sigue igual retando a los grandes maestros y golpeando a todo el mundo en los dojos haciendo ver que su karate es el verdadero y no el de otros, se hace guardaespaldas de un gángster en la segunda, en Karate Bearfighter (1977), y no se discute que trabaje con un criminal, solo que sea un subalterno de otra persona. Como no deja de ser imprudente nunca –es casi un dios- le da una golpiza hasta al mafioso, y se encariña con un imitador de él y su novia, y de un niño e hijo de un alcohólico. Tampoco le teme a las armas de fuego,  así con ellas también reparte golpe y sale indemne. Su situación de héroe no presenta límite alguno, y lo vemos llegando a enfrentar a un oso con sus puños y patadas. El oso se percibe como un disfraz pero aun así se logra una escena a un punto decente. Los karatecas rivales le dicen el karateca publicitario, por pelear con osos y toros. Pero Oyama va de bruto y simple. Sonny Chiba lo encarna muy bien, tiene gestos un poco cómicos sin querer, y se mueve con histrionismo, da sus gritos propios, a lo Bruce Lee, y tiene facilidad para poner caras tristes y echarse de vez en cuando unas lágrimas sin perder la figura de rudeza.

Karate for life (1977), las tres son de Kazuhiko Yamaguchi, tiene una apertura de esas gloriosas, Mas Oyama, Sonny Chiba que pelea muy bien, su karate es versátil, se enfrenta a 100 estudiantes de karate, y no sólo eso, llenan el piso de aceite para que Oyama no pueda ponerse en pie, mientras los estudiantes se ponen secos lo pies con algo como tierra. Tiene que vencer a los 100 sin parar para ganarse el mérito de retar al maestro. Tampoco falta que Oyama muestre nuevamente su sensibilidad y su lado de sentido de la justicia con otros encariñamientos. Lo curioso de este filme es que el héroe participará de combates de lucha libre profesional, con apuestas ilegales detrás y mafiosos vengativos.

miércoles, 29 de marzo de 2017

El viaje de los comediantes (O thiasos)

Esta obra maestra del griego Theo Angelopoulos, seguramente su obra más importante, de 4 horas de duración, recorre la historia de Grecia desde 1939 hasta 1952, pasando por momentos claves de su historia, la dictadura de Ioannis Metaxas (1931-1941), la guerra entre Italia y Grecia (1940-1941), la ocupación alemana (1941-1944), la guerra civil (oficialmente de 1946 a 1949, pero empezó antes), la intervención y estadía fiscalizadora americana e inglesa en Grecia (la ocupación inglesa con el general Ronald Scobie) y la llegada al poder en 1952 del mariscal griego Aléxandros Papagos como primer ministro de Grecia, habiendo comandado a la derecha, viniendo de comandar al ejercito griego contra el ataque de Italia, país al que venció, pero Alemania lo terminó derrotando y lo mandaron a un campo de concentración del que volvió triunfante.

Al filme se le propone desde el punto de vista de la izquierda de su país, viendo que Grecia estuvo dividida todo este tiempo, por un lado los monárquicos, por el otro el partido comunista griego, que tuvo gran repercusión con el Ejército Popular de Liberación Nacional que claudicó en 1945 con el Pacto de Varkiza donde entregaron las armas. El Ejército popular de Liberación Nacional luchó en la segunda guerra mundial de 1941 hasta 1945 contra Alemania. La derecha venció a la izquierda y quedó una sensación de yacer pospuestos y desear buscar redención.

Angelopoulos no solo se queda con este tremendo panorama y manejo histórico también hace uso de la literatura griega, se basa en la Orestíada de Esquilo, en superponerla en su trama, mostrando traiciones y venganzas dentro de la representación de la guerra civil griega, hablándonos de Agamenón (padre), Clitemnestra (su esposa), Aegisthus (el amante de Clitemnestra), y Orestes y Electra (los hijos de Agamenón y Clitemnestra).  Esto funciona no tan contundentemente porque la trama tiene su propia libertad narrativa, guiada por un teatro itinerante, un grupo de protagonistas de las vicisitudes de su época. El teatro ambulante pone constantemente en escena  la obra teatral Golfo la pastorcilla, una historia de amor, muerte y traición, que se mezcla con todos los componentes históricos antes mencionados.

El filme de Angelopoulos resulta arduo de comprenderlo en su totalidad pero con todos estos datos y elementos en el conocimiento del espectador uno queda maravillado de semejante estructura y narrativa, tan compleja y completa. Hay que estar muy atento, en varios momentos escuchamos información histórica, como con los altavoces de la propaganda política que hacen como de voz en off, explicativa y contextual, aunque está inmersa en lo autodiegético.  En otros momentos lo vivimos, incluso simbólicamente, como narrativa, como cuando dos bandos luchan, unos disparan y otros corren y cambian de lugar, en una toma fija de una calle, de izquierda salen pobladores, luego salen de la derecha; o cuando soldados ingleses se burlan de la compañía de teatro y empiezan a forzarlos a bailar con ellos; está también la escena brutal de una mujer comunista violada como venganza a una acción paramilitar, mujer que luego le habla directamente a la cámara y detalla hechos históricos, la realidad del partido comunista; o esa escena en un bar donde mediante la música se dan arengas contra el gobierno monárquico y luego estos reaccionan y dan sus propias proclamas cantando. La música juega un gran papel en la propuesta, mostrando lo popular, sea la facción que sea, hay un tono llano en todo el filme.

El viaje de los comediantes es una obra monumental que fascina cuando entendemos todo el alcance de su propuesta, contada en varios niveles, con una manera próxima, bella y emotiva. La estructura de como fluyen los tiempos -que van y vienen- es otra imponente virtud, sobre todo porque a pesar de que el filme tiene 4 horas de duración contiene pocos cortes, generando una estética más personal y una filosofía con las largas tomas. Presenta mucha originalidad y variedad de expresión. Ganó el premio fipresci en el festival de Cannes de 1975.

viernes, 24 de marzo de 2017

Silencio

Durante el siglo XVII ante el miedo a la expansión del catolicismo en Japón, y lo que podía significar, el control colonial europeo, Japón prohíbe la práctica del catolicismo y se dedica a perseguir, castigar hasta matar o hacerlos renunciar, a los que profesan ésta fe, sean de su población o extranjeros. Dos padres jesuitas portugueses Rodrigues (Andrew Garfield) y Garupe (Adam Driver) escuchan que su maestro, Ferreira (Liam Neeson), ha apostatado, tiene ahora nombre japonés y propia familia incluida, ellos no lo creen, saben que Ferreira estaba en un viaje de evangelización, y deciden ir a averiguar. Garupe y Rodrigues ven la fuerte situación que reina en Japón, pero practican el cristianismo en la zona, tratan de seguir su misión a escondidas a contracorriente de que el inquisidor Inoue (Issei Ogata) pone mano dura en el territorio.

Inoue luce algo ridículo, como una figura algo exagerada, pero también se manifiesta inteligente, su debilidad producto de la edad la suple con el enorme poder de su cargo, sabe bien el deber que tiene, se le siente que es para él algo personal, como el japonés que piensa que está defendiendo la gloria de su nación. La religión es solo el pico del iceberg, lo que esconde un orden y control político. El filme en manos de los padres jesuitas es un quehacer más inocente, al menos en lo que creen y profesan Garupe y Rodrigues, sienten que están propagando una necesaria verdad que atañe a todo hombre, buscando salvar las almas de los campesinos nipones.

No es casualidad la imagen del primer encuentro con Kichijiro (Yôsuke Kubozuka) que parece un perro callejero sucio, es el reflejo de la pobreza reinante y la dejadez del poder. En esa situación la palabra de Jesús cala profundamente, pero en lugar de solucionar el problema, la diferencia social, producto de la ideología y la estructura política, monárquica y feudal, les conviene mejor sólo usar la violencia, torturar, y hacer que renuncien e insulten al Dios cristiano, hacer que la superficie desaparezca.  Por cierto, Kichijiro da cierta risa, con lo endeble que luce, pero se entiende que es así por la fuerza con la que choca su fe. El temor a morir. Pero es a un punto increíble ver que a pesar de todo Dios –y los padres- le perdonan, le dan infinitas oportunidades, y él finalmente digamos que retribuye. Es la duda absoluta, medio un Judas cómico.

En el filme hay dos líneas de desenlace, que es lo que finalmente más importa. Una es la aceptación del poder japonés, la negación del cristianismo en suelo nipón, que va por Ferreira, quien argumenta de forma interesante (pero aunque lo niegue se debe su apostasía a la tortura fina y estratégica), aduciendo que Japón es un pantano donde no se podrán sembrar nunca ciertas plantas. En esa línea hallamos otra adaptación de la novela histórica de Shûsaku Endô, Chinmoku (1971), de Masahiro Shinoda, que es derrotista con el catolicismo, y triunfalista del Japón tradicional. La otra línea, la del genio Martin Scorsese, es la de que Ferreira es como un especie de Satanás, un tentador, imitando a la biblia, lo que es constante en el filme y más que seguro en el libro. Y la tortura, el salvar a los campesinos a cambio de la apostasía, los que le valen muy poco a los monárquicos, es un chantaje brutal, un subterfugio de implacable debilidad contra la fe, pero, ¿qué hace un padre ante esto? El filme de Scorsese ve el sacrificio, la entrega, y sobre todo el perdón de Dios. ¡Dios habla!, aunque parezca más una alucinación de la tensión. 

Otra discusión atractiva de la película es la que dice que los campesinos no saben bien lo que hacen, sobre entender la trascendencia, y que incluso no comprenden bien a quien le rezan ni por quien lo hacen (se dice que le rezan al sol), pero su devoción, martirio y muerte –aun en sus limitaciones- es acción suficiente para no pretender desestimarlos, porque la vida es lo más preciado que tiene uno (tenemos a Kichijiro para corroborarlo), como que todo hombre vale sin importar su humildad, cosa que no se comparte en el tiempo de la ambientación por los mandos japoneses ni por el renacido Sawano Chuan (Ferreira), y entregarla por una creencia religiosa es tal cual la aceptación de aquella visión de Cristo, uno se debe a ellos, a su respeto y honra. En ese sentido la intervención de Shin'ya Tsukamoto como un campesino creyente es de una emotividad maravillosa. Lo mismo que con el traductor aliado del poder japonés (Tadanobu Asano),  son contrastes magníficamente definidos, aun tan marcados.                                                                                                                      

jueves, 23 de marzo de 2017

Seijun Suzuki (24 de mayo de 1923 – 13 de febrero de 2017)

El japonés Seijun Suzuki es un director de culto, y para mi sorpresa tiene un cine bastante bueno, no se le suele mencionar mucho como otros de sus compatriotas, además de que se le conoce por haber hecho cantidad de películas de serie B sobre yakuzas para la productora Nikkatsu. Pero en los últimos años, trabajó para Nikkatsu por 11 años, empezó a tener problemas con la compañía, cuando Suzuki seguramente cansando de lo mismo empezó a complicar las tramas de sus películas y a hacerlas más avant-garde, al punto de que con Branded to Kill (1967), el culmen de las películas yakuza que hizo, lo despidieron. Suzuki ganó un litigio que entabló contra Nikkatsu pero tuvo que recluirse por 10 años en la tv. como castigo de las productoras.  

Gate of flesh (1964). La mejor película de Seijun Suzuki, así como Branded to kill es el pico más alto de sus historias de yakuza, Gate of flesh es el de otra de sus temáticas preferidas, la prostitución, pero aquí no hay una narrativa intrincada, y la rebeldía se asume como realismo y mucha dureza. La prostitución es el abismo donde no te permiten amar, de eso trata el filme. La sordidez de la vida de prostituta y el defender el territorio y la sobrevivencia de un modo de vida hace que las propias prostitutas canibalicen a sus compañeras. Les hagan la vida un infierno si pretenden dar sexo gratis, o sea, entregarse por amor. La narrativa es diáfana, pero está llena de potencia, su historia impacta, da cierta tristeza regirse al destino, morir pobre. A una mujer se le enseña a ser aprovechada y fría con alguien que pretende ser un marido, a otra a resignarse a ser la peor puta. Un hombre, un ladrón y asesino, Shintaro Ibuki (Joe Shishido) remecerá el pequeño clan de prostitutas protagónico. El filme se ambienta en la postguerra, la de la segunda guerra mundial, el ambiente está plagado de americanos. Suzuki muestra la degradación de los japoneses a través de esa aparente fiesta en las calles de la abundancia de prostitución, para los extranjeros, y los hombres nacionales no hacen nada, solo se acomodan, tratando de salvaguardar a ratos su honor con la violencia, lógicamente a escondidas. Shintaro por eso se comporta como un bruto, pero trae loca a más de una prostituta, es el semental. Estas se comportan lo más salvajes. Suzuki es duro, rehúye las formas clásicas. El filme fluye, cautiva, es franco y evita los romanticismos, salvo buscar la poética de los sufridos, de los derrotados, en un submundo que los engulle sin piedad.

Tokyo Drifter (1966). Tiene una sencilla banda sonora, pero de aquellas que entusiasman, hecha por Hajime Kaburagi, y es una película muy simpática y entretenida. Sobre un yakuza que es un especie de ronin, el que huye de una facción de la mafia producto de ser un tipo leal y valiente. Es la historia que enaltece a ese héroe que es el más bravo de todos, aunque el más dejado. El que no puede huir de su pasado, y viste como un pimp. El filme posee un toque sesentero de libertad estética, colorido, y previsualiza al cine coreano moderno, al noir más plástico.

Branded to kill (1967). Considerada su obra más famosa, reivindicada con los años y convertida en película de culto. Es una propuesta que no se toma en serio, que es irreverente, nunca mejor explicado en que el final del filme se asemeja a un show de cachascán. A la vez es adictiva con la adrenalina e intensidad argumental que propone, como la escena en el muelle con el carro como escudo frente a una emboscada de francotiradores, los asesinos colocados en un propio ranking criminal y una femme fatale que colecciona mariposas disecadas. Finalmente el antihéroe yakuza Goro Hanada (Joe Shishido), aficionado a ir tras el olor del arroz hirviendo, deberá enfrentar a la mafia y al hitman Nro. 1, cuando él es el Nro. 3 y quiere ser el primero.

Tsigoineruwaizen (1980). Es parte de una trilogía y donde se reinventa Seijun Suzuki, con historias que llevan terror. Tsigoineruwaizen es una película maravillosa, pero exige paciencia, porque se cocina muy despacio, tiene una duración de dos horas veinte minutos y enseña momentos como para generar movimiento sin mucha trascendencia, como distracción, pero una vez hecho un pacto que parece una locura y un juego, algo suelto u ocurrente propio de un tipo de personalidad, entre dos mejores amigos y maestros muy distintos, que a escondidas del otro se intercambian las esposas, genial Michiyo Ohkusu como la esposa de aire pervertido, la historia finalizará en una película compleja y perversa, donde una estancia de vacaciones brindará alternativas macabras. Es un filme que te dejará pensando, pero sobre todo donde existe un buen manejo del miedo. La película tiene varios matices, es extraña y tiene humor idiota, pero también un aire serio y oscuro ubicado en la era Taisho.

sábado, 11 de marzo de 2017

King of the Belgians

El rey de los belgas visita Estambul, Turquía, y al escuchar que una región de su país, Wallonia, que es la mayor extensión del territorio belga, se ha separado e independizado de Bélgica, decide volver al país y enfrentar la situación, salvar la existencia de Bélgica, sin embargo un problema climático, una tormenta solar, le impide el retorno habitual, no hay vuelo alguno con este clima, y para peor la seguridad turca le restringe el retorno por protegerlo. Nicolas III (Peter Van den Begin) participa además de las reuniones turcas de un documental de propaganda para su figura, del británico Duncan Lloyd, y éste le propone irse, “escaparse”, en un ómnibus de unos músicos folclóricos búlgaros, el rey acepta, y es cuando junto a tres miembros de su administración que emprenden el viaje de retorno en la presente road movie, comedia y mockumentary.

King of the belgians es una película muy ligera con un sentido del humor híper suave, a ratos ni se percibe y es más una historia llevadera, mínima, puede que hasta nos produzca cierta desidia tanta simplicidad, no obstante tiene un toque benigno que puede ser agradable, desde el punto de vista que se le vea. El rey atraviesa los Balcanes, a los que un asesor denomina de conflictivos, como quien teme que algo peligroso pueda suceder, igualmente se escuchan comentarios políticos en tono leve sobre la integración de Turquía a la Unión Europea.

El filme tiene demasiado de sutil y ligero que su cuota política puede hasta pasar por desapercibida, y verlo como un simple filme de pequeñas aventuras, ver al mismo rey de los belgas atravesando la vida llana, y discutir la necesidad y sentido de la monarquía de paso de manera apacible (quizá nos esté diciendo la película, medio sin querer, que su presencia es totalmente irrelevante), mediante un ordinario viaje por carretera, hasta llegar a querer cruzar en un pequeño bote a motor el territorio balcánico y caer en una Albania que parece algo bárbara y no brinda un trato especial. Nicolas III es la humildad, candor y simpatía en persona, y más parece uno más del grupo, no presenta ningún tipo de distinción, puede ser hasta ya demasiado común y sernos indiferente, o quizá tanta normalidad pase por propagandística. Falta malicia, sea en su persona o hacía él. La propuesta de Peter Brosens y Jessica Woodworth es un relajo total, no existen estridencias ni espectáculo, su trama es la austeridad amable en pleno ejercicio.  

jueves, 9 de marzo de 2017

Buzzard

Marty Jackitansky (Joshua Burge) es un estafador de poca monta, engaña al sistema –del que reniega- siempre que puede, a cambio de pequeños montos, pero este es su medio de vida prácticamente porque es un slacker en realidad, aunque trabaja de empleado de un banco, donde suele evitar todo esfuerzo. Su mayor estafa es usar cheques cambiados de nombre. Un día se siente a puertas de ser atrapado (por un comentario), entra en paranoia y decide escapar. Primero se esconde en el sótano de un compañero de trabajo, de Derek (el mismo director del filme, Joel Potrykus), y junto a él en su estancia saca todo su lado infantil, lo que lo persigue, hasta haber diseñado un guante igual al de Freddy Krueger con un aparato del Nintendo. Luego decide esconderse en la parte poco agraciada de Detroit y surgen más aventuras.

Marty y Derek son perdedores y algo patéticos, por lo que Marty aun con tanto defecto a cuestas por otra parte se hace entrañable o uno siente conmiseración hacia su persona. Tal es el caso empático de adorar las películas de A Nightmare on Elm Street y verlas en pósters por todas partes de su casa. Marty es un fan del cine de terror y del heavy metal. De todas formas Marty es un desadaptado y tiene arranques de ira, esto crecerá y llegará a convertirlo en alguien peligroso. Marty también no se guarda nada, es muy libre en todo sentido, sumado a su inmadurez, que tiene de graciosa, simpática y de ridícula. En un momento se tira vestido con una bata de baño blanca a la cama de un hotel a comer espaguetis y se ensucia como un niño. Por la calle es todo un freak, suele usar máscaras de Halloween.

El filme expone a una América con gente que no puede ni se esfuerza –quizá por derrotista- en surgir en la vida. Aunque a su esencia se le señala de culpable, por lo infantil, lo abandonado, lo solitario y metidos en sí que están, y hasta medio locos, distanciados un poco de la realidad, si uno se pone en su pensamiento sería porque el sistema sanguijuelea al pueblo y ser slacker es la respuesta antisistema. El filme de Joel Potrykus muestra crítica social en un empaque de bajo presupuesto, y fabrica una propuesta contundente. También es divertido verla y no sólo por su humor negro, pensemos en los juegos entre Derek y Marty, quienes actúan libremente, como con la competencia de comer el máximo de snacks del tipo de los doritos sin usar las manos. Buzzard es una película inteligente, como que además tiene para convertirse en una película memorable del séptimo arte.

miércoles, 8 de marzo de 2017

Casa Roshell

Un grupo de travestis se guarecen en esta casa, aquí son enteramente libres del escrutinio público, del rechazo, de la contención, les enseñan a ser mujeres, y muchos visitantes del lugar los ven así, como otro prototipo de mujer. Pueden contar historias, cambiarse el nombre, hacerse seducir, mostrar engreimiento, inventar un disfraz. Por esa noche que se hallan en el lugar son como parte de una película dirigidas al placer de ellas. Lo mismo que hace la directora chilena Camila José Donoso en su segunda película, ahora en solitario, embelesada con su tipo de vida e idiosincrasia. Entabla una comunicación con los transexuales, donde abren su mundo al espectador, no sólo sus frustraciones y miedos, también sus fantasías.

Roshell Terranova es la dueña del lugar, una pionera de estos nightclubs gays en México (tiene 51 años), señora de una guarida y escuela, una respetada casa de diversiones para cortejar y acostarse con los travestis, llevarlos a un cuarto oscuro al que no llegaremos a entrar. Hay que recordar que se busca en una medida lo estético y cuidado, lo simpático, no lo vulgar, no obstante no sin veracidad y autenticidad. La casa no es muy fastuosa, yace más oscurecida en sus detalles, vemos sobre todo rincones, espacios reducidos. Sin embargo antes de ir al cuarto oscuro fingen ser seductoras y provocativas damas en algún lugar exótico en medio del planteamiento de un romance pasajero. No falta un halo de irrealidad, de adaptación imaginaria, pero al mismo tiempo de convencimiento. Los invitados o clientes hacen de caballeros, algunos se consideran aun heterosexuales, aclaran que tan solo están tras distinto tipo de mujer, de otra forma de belleza y feminidad; otros son más llanos y realistas, se confiesan bisexuales.

Vemos pocos hombres en el lugar, algunos clientes también son en otros lados travestis o tienen doble vida. El filme muestra el hábitat, su lugar de confort, Roshell es como una maestra, en sí el lugar es un espacio de aprendizaje, de aceptación, de ilusión, de creación. Pasar de la T a la X. Dejar atrás con trucos el cuerpo masculino para convertirse en la fantasía e ilusión de ser mujeres. Muchos travestis son poco agraciados a la vista, son los tímidos, tienen una vida afuera que los intimida, o esa es una de las historias tipo de la casa, quizá simplemente interpretada para la cámara. Roshell y su séquito enseñan seguridad, a sacar de adentro de ellos belleza. Al inicio del filme vemos toda la operación física, el largo trabajo de pasar de hombre a mujer. Maquillaje, peluca, vestuario, fajas, zapatos altos, adornos, etc. El rostro duro, rudo y áspero pronto se torna en la gran sonrisa, los mimos, los gestos exagerados femeninos y la coquetería. La casa Roshell propone adoctrinamiento político, talleres de personalidad, aderezado con comedia, un decálogo dentro de un stand up comedy, y musicales con playback, además. Casa Roshell fue parte de la sección Forum, del festival de cine de Berlín 2017.

The Childhood of a Leader

Por una parte el filme presente, debut promisorio en la dirección del actor americano Brady Corbet, se presenta como una película de terror, y lo veo muy leve en ese aspecto, la atmósfera no llega nunca a ser terrorífica (su valía será otra), por más que el niño protagonista invoca a The omen (1976). Prescott (Tom Sweet) es un niño engreído de buena familia que es sumamente malcriado, las razones de sus reacciones son muy poco definidas, de un momento a otro empieza a tirarle piedras a los compañeritos del coro de la iglesia, el filme se divide en 3 berrinches y un epilogo, éste es su primer berriche, lo cual se quiere emparentar con algo oscuro. Prescott es el hijo de un estricto diplomático americano (Liam Cunningham) que se ha mudado recién a Francia para preparar el Tratado de Versalles.

El filme de Corbet pretende hablarnos como lo hacía Michael Haneke en la magnífica La cinta blanca (2009) soterradamente de la semilla del mal, del nacimiento de los nazis, del fascismo, de los dictadores, cómo se van gestando desde niños. Prescott lo refiere con su comportamiento violento y rebelde. Golpea a su madre y le toca un (provocador) seno a su profesora de francés (Stacy Martin), lo del seno no sin antes sentir como los animales el olor del sexo, lo hace instintivamente, y le cae una reprimenda. En su hogar su madre (Bérénice Bejo) es una mujer fría y distante con él, rígida, que no duda en generarle un panorama desagradable creyendo que lo alecciona, lo corrige, como botar a su querida nana por engreírle a sus espaldas. Prescott tiene carácter, se enfrenta a sus padres, pero estos reaccionan con la misma violencia.

El filme trabaja con ese ambiente, el de la lucha entre los padres y el pequeño, al que suelen confundir con mujer por su cabello largo y fastidiarlo (aquí se esconde el magma de sus reacciones, que no llegan a especificarse, los padres tampoco se dignan a indagar como es debido, el padre está muy ocupado, la madre simplemente es una esnob, y Prescott se manifiesta hermético y siempre independiente y autosuficiente, aun a su tan corta edad). Prescott tiene mucha inteligencia (no obstante surge temperamental), encaja perfectamente con la imagen del título, la de un líder, puede que sea algo inexplicable (un estudio de psicología y educación) y tiene un ego atroz, el mismo que le ocasiona tantas fricciones y desencuentros con padres poco entregados a tratarlo con sabiduría, solo aplican la vieja y rancia disciplina.

En un ambiente gótico The Childhood of a Leader plantea ver cuán lejos llega ésta disputa, cuan peligroso puede convertirse el niño en las manos poco gráciles, torpes, de sus padres. La trama no tiene todo el efecto posible, pero es deliberado, trata de ser una propuesta sutil, y lo logra. Al final llega un giro y mueve nuestra perspectiva, las imágenes que tantas veces construimos nos engañan. Un recurso audaz nos enseña a perdernos un poco de las expectativas. El mal en realidad puede venir de donde menos pensamos, nuestras previsiones pueden ser inútiles.    

martes, 7 de marzo de 2017

Paterson

El último largometraje de ficción de Jim Jarmusch nos muestra la vida de un conductor de ómnibus vista durante una semana, Paterson (Adam Driver), que en su tiempo libre es poeta, aunque aún inédito, tomando en cuenta que de alguna forma todos en la ciudad, Paterson, New Jersey, son poetas. Sobrevuela la filosofía y figura poética de William Carlos Williams, tan compenetrada con la ciudad, a quien el protagonista admira, es su poeta favorito.

Paterson vive con su esposa Laura (Golshifteh Farahani) y su perro bulldog Marvin. Ella quiere convertirse en algún tipo de artista, ser una mujer exitosa y popular, para eso trata de aprender a tocar guitarra, o todo lo quiere transformar en arte en su casa, todo lo pinta o lo adorna a su gusto, un tanto impresentable. Quiere tener un negocio de postres también. Laura es una mujer simpática como persona, una buena pareja, su deseo de arreglarlo todo no es molesto, es tierno, como su sueño de éxito es expuesto de manera naif, y Paterson lo vive y siente así, por lo que nunca discuten por su mal gusto, o su deseo de rediseñarlo todo, ni por algún pedido costoso.

Paterson tiene una vida monótona, pero feliz, se levanta de la cama, come cereal, habla con su mujer, escribe algo en tono muy natural (en cuanto puede, y vemos las letras en pantalla), camina hacia el trabajo, otro empleado le anota la salida del vehículo que tiene a cargo (uno de origen indio siempre quejumbroso de su vida), sale con el ómnibus público a las calles, y en el trabajo escucha algo al vuelo de los pasajeros, donde no hay vulgaridad, sino siempre gente de a pie inteligente y noble, como el mismo Paterson, que bien lo llegan a describir en un comentario como un chofer de ómnibus muy instruido, una curiosidad quizá. A la noche saca al perro y va a tomarse una cerveza a un bar cercano donde el viejo cantinero es un coleccionista de fotos de celebridades de Paterson y aficionado al ajedrez. Regresa a su casa, y comparte conversaciones con su mujer, los sueños y los muchos entusiasmos de ella, cuando él es más tímido y discreto.

Paterson es un filme simpático, que nunca aburre, por más que exhibe suma sencillez en todo sentido, y hay una construcción argumental y narrativa de repetición, que varía en su exposición detallista, mostrando otros ángulos de lo mismo. La idea general está muy clara, es la vida apacible y común de un hombre cualquiera (aun cuando su relación amorosa contrasta con los amores problemáticos de afuera y señala una química especial, sin ser irreal), que con una vida humilde es pleno, la de la sencillez que tiene belleza en sí, y que no es sólo un simple chofer, su mundo tiene la misma hermosura que sus poemas, están hermanados, describen su existencia.

Cuando Paterson recibe el regalo del turista japonés es como decir, tu vida es poesía, no dejes que tus problemas –u otros- te hagan cambiar de pensamiento u olvidarlo, aunque el filme suene romántico, idílico e idealista en general, y recibe un regalo aparentemente muy simple, pero cargado de simbolismo (lo mismo que trasmite que aquel nipón viaje en pos de Paterson New Jersey y William Carlos Williams), éste le dice (sin hablarlo directamente, Jarmusch tan sólo sugiere por varios elementos), haz poesía, escribe sobre tu vida, y no es una ilusión complaciente ni conformista, únicamente una forma positiva y optimista de ver y fomentar el mundo, celebrar a nuestros congéneres, igual a las cosas pequeñas, apreciar donde otros minimizan, agradecer el amor, el hogar, el arte, los sueños, querer y poder vivir tranquilo con uno mismo, porque creer en la poesía de nuestro mundo siempre será saludable, y los límites los pone uno. 

viernes, 3 de marzo de 2017

Rey

Un abogado francés salido del campo, Orélie Antoine de Tounens (Rodrigo Lisboa), en el siglo XIX viaja a Chile hasta la zona de los mapuches, al llegar busca a los temibles líderes indígenas y logra entablar un acuerdo con ellos, le ceden un territorio donde Tounens se nombra rey de la Araucanía y la Patagonia, sólo que el gobierno chileno inmediatamente lo desconoce y decide capturarlo, les importa poco la hazaña de no haber perdido la vida en el viaje a tierra salvaje. La historia desde luego se oye muy atrayente en el papel y además es un hecho real, pero otro asunto es hacer una película al respecto, sobre todo cuando hay huecos históricos y falta –se ha perdido- mucha información.

El director chileno-norteamericano Niles Atallah fabrica una película rara, experimental, ayudándose de que es videoartista, por eso vemos que en un momento nos ataca la psicodelia, las luces, las distorsiones, los ensambles y los colores, lo que da a entender como que Tounens está demente, y su aventura es ese resultado.  El filme llega un momento en que se pierde en el videoarte, lo que encuentro bastante débil como séptimo arte. Lo atractivo está en otras partes, previas. Atallah trata de plasmar su propio universo fílmico, su manera personal de contar la historia de Tounens, muy libremente, lo mismo puede compatibilizar con la parte del videoarte pero no lo hallo significativo, ni siquiera estéticamente curioso o imaginativo, más bien gastado y muy simple, como si pasa con que los mapuches estén interactuando visualmente en la trama de distintas maneras a lo usual, no del todo original, pero al menos valorable positivamente.

Tenemos el disfraz de unas caras gigantes con mantas hacia abajo (que recuerdan lejanos a los Moái de la isla de Pascua), que son como especies de sacerdotes y hacen un extravagante rito de iniciación, coronación o integración en el que dan de beber miel a Tounens. En otro momento son representados los indígenas con cabezas de caballo, al mismo tiempo los blancos europeos o los criollos chilenos usan máscaras de rostros completos y detallistas, de los propios rostros. Son formas de darle estética al producto, y tiene gracia. Toma el filme mayor vuelo de esta forma, no olvidemos que hay una historia sumamente austera entre manos. Atallah se dedica a llenar espacios con su libre albedrio. Tounens en su locura se cree Jesús, monologa como si pudiera conceder milagros o hacer algo sobrenatural, o da la impresión que se le identifica con él, lleva una corona parecida a la de espinas, una túnica, barba y cabello largo. El filme casi no posee narrativa convencional, aunque existen puntos históricos identificables como el encierro y juicio de Tounens. Rey ganó el premio especial del jurado (segundo lugar, tras la india Sexy Durga) en el festival de Rotterdam 2017.

martes, 28 de febrero de 2017

Rester vertical

Competidora por la palma de oro del festival de Cannes 2016, la última película del francés Alain Guiraudie tiene más trama que su anterior película El desconocido del lago (2013), si bien son como las vicisitudes de un tipo, Leo (Damien Bonnard), un citadino que se siente atraído por el campo, por la naturaleza, como lo muestra su asistencia regular con una extraña terapeuta naturista, esa a la que visita sumergido de pronto dentro de una selva, como inmerso en un sueño, en un viaje surrealista en canoa. Son vicisitudes y ocurrencias, más que la construcción convencional de una historia, como se acostumbra en buena parte del cine arte. Leo, un guionista en busca de inspiración y dinero, decide ir al campo y tras discutir –tener opiniones encontradas- con una pastora de cabellos rubios tiene una aventura con ella, y termina teniendo un hijo. Ella cansada, ya tiene 2 niños y le aburre el campo, lo abandona, y es cuando Leo empieza a tratar de sobrevivir con el bebé y a conocer a un par de personajes,  la pareja de un viejo renegón que vive encerrado en su casa y su muchacho novio al que suele maltratar verbalmente. 

No hay que olvidar cual es la tendencia sexual de Guiraudie y lo que le interesa mostrar, abunda la homosexualidad expuesta en total libertad, y quizá nos parezca irreverencia por una parte, aunque se trata más bien de su mundo. También suele ser muy explícito en sus escenas sexuales, a lo que incluye ésta vez mostrar un parto con pelos y señales. No soy muy entusiasta del cine de éste director francés, pero lo abordo en mi vocación ecléctica por el cine, además de que Guiraudie está muy bien catalogado por un pequeño sector de la crítica que lo cree de culto. Tampoco es poca cosa ser parte de la selección oficial del festival más importante del mundo, el festival de Cannes, es una buena carta de presentación. Su cine no es maravilloso, pero tiene su interés y curiosidad. Tiene sentido del humor y expone mucho sin rodeos su tendencia sexual. Como pasaba en El desconocido del lago, lo que curiosamente le encanta a una parte de la crítica. No obstante, en absoluto niego que en general tenga su cuota de arte. 

El filme tiene una narrativa de esas que uno no sabe dónde va a acabar, tiene también una manera “particular” de ver el mundo. Vemos que el sexo y la liberalidad no es gran cosa para ninguno de sus personajes, saltan de la heterosexualidad a la homosexualidad sin que se les mueva un pelo de la cabeza. Leo llega a cumplirle el último deseo a un amigo, el de un suicidio asistido, donde se acuesta con él, tras que el hombre y anciano bebe algo para morir. La escena no presenta muchos adornos, pero yace dentro de una especie de celebración, con música rock y algunos pocos toques románticos. El filme implica una escena (semi)explicita al respecto. Aparte, en otra escena, se enseña la vulva de Marie (India Hair), la pastora, en primer plano.

En cuanto a la historia, se trata del vagabundeo de Leo con su recién nacido, como quien debe vencer las adversidades de la vida, que incluye la falta de dinero. Más tarde veremos lobos (de los que se habla mucho y producen odio como fascinación), y se oye la mención que para subsistir contra ellos deben mantenerse firmes, proponiendo una analogía bastante clara.

En otro momento Leo pasa por ser atacado por indigentes de la calle, quedando desnudo al aire libre. Guiraudie tiene estas ocurrencias, pero lo que me suena imperdonable es que Leo termine muy suelto de huesos con el abuelo de su hijo, adaptándose a su proposición sexual a cambio de un hogar, cuando antes éste granjero se presenta como abusador. El filme no es para cualquiera, no gustará a todos, a muchos yo diría que no, aunque hay quienes lo creen parte de un dotado cine arte y lo celebran. Ni una cosa ni otra, sólo un cine curioso, con altibajos, escenas secas explicitas sexuales, bajo una filosofía de vida distinta y una narrativa “impredecible”. 

Manchester by the Sea

Un conserje antisocial, hermético y dejado/agobiado del mundo recibe la noticia de que su hermano ha muerto finalmente (tenía el tiempo contado), y le deja a su cuidado a su sobrino adolescente, a Patrick (Lucas Hedges, que luce maravillosamente espontáneo), por lo que debe volver a su pueblo natal, Manchester by the Sea, donde le espera un profundo dolor -que prácticamente ha destruido su alma- y un traumático recuerdo, que unos potentes flashbacks nos revelara, desnudará todos sus vínculos afectivos, a través de flashbacks que por rara vez son más que decorativos o de mínima repercusión en la trama, sino que complejizan la narrativa dramática, funcionan al mismo nivel que la línea central del presente.

Lee Chandler (Casey Affleck), amaba a su hermano mayor (Kyle Chandler), con el que tenía un fuerte vínculo, que llegaba hasta su hijo Patrick, reflejado en el salir de pesca y disfrutar del mar en un barco familiar, y es cuando le avisan de él que no duda en correr a verlo a Manchester by the sea, a pesar de la triste historia que tiene en ese lugar y de la que quiere pero no puede escapar. El filme evita ser lacrimógeno por el tipo de protagonista que tiene, que expresa su dolor no relacionándose con mujeres (se queda mudo en su compañía), peleando en el bar por tonterías, viviendo austeramente y lejos de Manchester by the sea, y mediante una indiferencia del que solo rueda por el mundo, pero es con el retorno y su interrelación con la gente de su pueblo natal que conoceremos qué es lo que le mortifica, oíremos del pasado que lo tiene hundido. Hay que entender que tenemos entre manos una historia de esas que suelen buscar exprimirle el corazón al espectador, sin embargo, el director, dramaturgo y guionista Kenneth Lonergan se las arregla para bajarle, controlar, balancear, el nivel de sentimentalismo del filme, sólo perdonándole una recurrente música conmovedora de acompañamiento – en  manos de la compositora canadiense Lesley Barber, y de música clásica muy sugerente- y la recreación visual de los hechos que afligen a Lee, como también un reencuentro (magistral) con el personaje que hace la grandiosa Michelle Williams, y en el que Affleck, desde luego, está a la altura, aunque más impresionante de él sea la imagen del interrogatorio policial.

El filme tiene una narrativa que ahonda con fuerza en el conflicto y dolor de Lee, es explicativo hasta en lo más mínimo, todo queda plenamente claro en la película, y algunas veces incluso subrayado, no necesariamente de forma verbal, la mayor de la veces son las imágenes  las que redundan o sobreexponen que está sucediendo en el interior de Lee y con su  entorno, no es necesario lanzar una escena de llanto o de sufrimiento abierto, sencillamente se expone la actitud del protagonista, que deja ver más que claramente el meollo. Mientras tanto Casey Affleck a ratos se deja ver muy relajado, casi como que no estuviera ni actuando, sino comportándose como él mismo, e igualmente en el arranque  del filme da la sensación de que el guion lo ha coescrito Casey también, al menos hasta que vemos el punto de inflexión en la vida de Lee.

Patrick es un mujeriego, promiscuo y un éxito con las mujeres, sin remordimientos ni fastidios de por medio, con tremenda madurez/control. Patrick es la perfección andando, no importa que sea un muchacho flacucho y pelirrojo que puede pasar por nerd ante quien lo vea por primera vez. Lo suyo es ser el líder de una banda de rock y ser un as del deporte, es más, en más de un deporte, como él mismo llega a vociferar defendiéndose frente a tener que dejar Manchester by the sea, como para que nadie tenga dudas, es decir, es lo más cool que puede haber, en contraste con el perdedor de su tío Lee. Este contacto es parte importante y abundante de la trama, a través del decidir de la custodia de Lee, ver el mundo del que se está perdiendo (donde está parado), y conocer su pasado, por medio de esos magníficos flashbacks. No obstante tampoco hay que equivocarse con el muchacho, creerlo superficial, Patrick es la nobleza, la inteligencia y la profundidad además, y hasta tiene un resbalón psicológico –muestra híper sensibilidad, por ver el cadáver de su padre, cuando parecía muy tranquilo con esto- pero que solo le dura una noche, para volver a disfrutar de los favores de su amigas, con (casi) el permiso de los siempre actualizados padres, como no dejar perder sus paseos en barco y su afición al mar. 

El filme es complejo, pero entendible, en su auscultación del dolor, solo que tiene varios puntos discutibles y otros débiles, como la figura del cristianismo en la trama, que luce inteligente como argumento de desligamiento y da para pensar bastante, pero que se ve floja en la recreación en sí (no ayuda para nada la presencia del simpático Matthew Broderick, aunque sí la breve mirada a la escultural figura desnuda de Gretchen Mol como una alcohólica). Kenneth Lonergan tiene mucha capacidad argumental, es muy inteligente y puede trasmitirlo amablemente, sabe muy bien trabajar la diferencia entre teatro y cine recurriendo a ambos. Como en Margaret (2011), con esa muchacha apasionada que busca ser profunda y comprometida con el planeta (Anna Paquin), de muy bellas piernas, exhibidas en varias oportunidades cerca del fetiche, que se le presenta la gran oportunidad de ser trascendente con un accidente y negligencia que causa una muerte, explicada legalmente de forma increíble, comprensible, y que habla de su desconexión familiar y crisis personal. Margaret es una magnífica película, que no teme la antipatía de su protagonista. 

domingo, 26 de febrero de 2017

Pronósticos del Oscar 2017

Mejor Película
ME GUSTARÍA QUE GANE: La llegada
VA A GANAR: La La Land
PUEDE DAR LA SORPRESA: Moonlight

Cómo lo veo yo (de mejor a menor):
1.-La llegada (Arrival)
2.-Hell or High Water
3.-Moonlight
4.-Hacksaw Ridge
5.-La La Land
6.-Manchester junto al mar
7.-Fences
8.-Hidden Figures
9.-Lion  

Mejor Dirección
ME GUSTARÍA QUE GANE: Denis Villeneuve, después Kenneth Lonergan
VA A GANAR: Damien Chazelle
PUEDE DAR LA SORPRESA: Barry Jenkins

Mejor Actriz Principal
ME GUSTARÍA QUE GANE: Isabelle Huppert
VA A GANAR: Emma Stone
PUEDE DAR LA SORPRESA: Natalie Portman

Mejor Actor Principal
ME GUSTARÍA QUE GANE: Me da igual Denzel Washington o Casey Affleck.
Aunque más me simpatiza Viggo Mortensen.
VA A GANAR: Denzel Washington o Casey Affleck

Mejor Actor de reparto
ME GUSTARÍA QUE GANE: Jeff Bridges es el mejor, pero es el tiempo de Mahershala Ali que tampoco lo hace mal.
VA A GANAR: Mahershala Ali

Mejor Actriz de reparto
ME GUSTARÍA QUE GANE: Naomie Harris, después Michelle Williams
VA A GANAR: Viola Davis

Mejor Guión original
ME GUSTARÍA QUE GANE: Hell or High Water, después Manchester junto al mar
VA A GANAR: Manchester junto al mar

Mejor Guión adaptado
ME GUSTARÍA QUE GANE: La llegada
VA A GANAR: Moonlight

sábado, 25 de febrero de 2017

Luz de luna (Moonlight)

Dividida en tres etapas con tres subtítulos de nombres que representan a un hombre, el primero se llama Little, el segundo Chiron, y el tercero Black. Es el desarrollo de una persona que se descubre homosexual en un barrio difícil, donde los bullies lo acosan, no lo dejan respirar. Little (Alex R. Hibbert), que es débil, debe huir y de casualidad conoce a Juan (Mahershala Ali), un tipo que vende droga, pero que tiene un buen corazón, el que lo trata con respeto y cariño al niño, y le sirve de soporte al tiempo que el pequeño tiene una madre drogadicta que no cuida de él, llamada Paula (una realista, fuerte y natural Naomie Harris, potente, sin exagerar), cuando apenas está descubriéndose y haciendo preguntas duras para sí. Alex R. Hibbert como Little tiene una profunda expresión en sus grandes ojos, trasmite inocencia, timidez, se guarda en los silencios.

En el subtítulo “Chiron” está la etapa que lo definirá, la adolescencia, de ahí que el subtítulo lleve su nombre real. En esta etapa compartirá un momento especial de su sexualidad que siempre le acompañará. Chiron (Ashton Sanders) dará más de un paso hacia su libertad, pero pasará a ser Black (Trevante Rhodes). Ashton Sanders trasmitirá lo mismo que el pequeño Alex R. Hibbert, pero agregando desilusión y agotamiento. En las tres etapas hay similitud –y predominancia- en la expresividad del rostro. En la personalidad (encerrada y vigilante), en las pocas palabras.

Hasta una llamada. La reunión será larga, una parte adrede muy lenta, llena de suspenso, mientras hay un buen manejo de diálogo. El filme de Barry Jenkins se torna romántico, y tiene una parte de confrontaciones que otorgan interés –especial sensibilidad- a la historia, al cerrar capítulos trascendentes. El filme tiene un infaltable realismo acerca de la vida de los afroamericanos pobres, de esa vida que te lleva a terminar convirtiéndote en el estereotipo, por ello Black es un (sobre)nombre bastante lógico para el subtítulo, no obstante hay una profundidad secreta, nos dice el filme, yendo a lo general.

La trama tiene una lucha más grande que lo común dentro de la comunidad afroamericana, producto de la soledad que le aqueja al protagonista y por su identidad sexual y la represión del entorno representado por los bullies, de esto que su familia postiza sirva de respiro y seguridad emocional ante tanto embate de violencia. Los tres Chiron están perfectos, los dos últimos Kevin también (Jharrel Jerome y André Holland). El momento de la visita, la comida y la rockola en el restaurante tiene una tensión, una atracción y un combate silencioso –con una sugerente mirada a la puerta de salida- que está satisfactoriamente trabajado. A lo que en el conjunto se suman momentos muy estilizados y artísticos que buscan embellecer el filme, plasmarle una poética. 

viernes, 24 de febrero de 2017

Hasta el último hombre (Hacksaw Ridge)

La vuelta de Mel Gibson al perdón y aceptación de Hollywood es una película que defiende la guerra, que proclama la necesidad de ir a luchar a una, para salvar a los niños y a las mujeres de nuestro país, nos dice un diálogo, que completo, de la opresión y el abuso del enemigo dominador, que uno puede substituir pensando en American Sniper (2014), viendo como niños y mujeres son empujados a acciones de defensa contra los invasores y caen muertos por el francotirador. El filme es una apología a la guerra y un tributo al soldado americano, específicamente al de La Segunda Guerra Mundial, y más a fondo, en la escalada de Hacksaw Ridge, en la batalla de Okinawa. Todo apuntaría a una película bélica más, enarbolando lo habitual, nacionalismo y justificación, no obstante el ingenio de la película de Mel Gibson se basa en unificar la guerra con la religión, con el humanismo, con la sensibilidad por no matar. Es decir, hacerlos compatibles, y justificar doblemente las acciones bélicas, y esa forma terrible de asesinar, que Gibson sabe muy bien retratar de forma brutal, sin dejar nada a la imaginación.

La guerra, lo horrible de morir y matar queda retratado fielmente –con su toque de humor, otro de exageración y un potente anhelo de entretenimiento- en la película, habiendo largas y variadas exhibiciones de combate (como media película son las recreaciones pormenorizadas de los combates), asumidos en el gore y en la explicites más liberal, viendo cómo se salen las vísceras, surgen incansables mutilaciones, sangre por doquier, escenas de todo tipo de destrozo sobre el cuerpo humano. Por ese lado sabe uno a lo que va y el patriotismo y el heroísmo queda fehaciente, al mismo tiempo que el miedo queda relegado en la obra de Gibson.

Lo inteligente de la propuesta es justificarlo del lado de lo humano, del miedo a ir contra Dios, y quedar bien con matar al prójimo, como versan las religiones y el ideal, y la que más se adapta al lugar es la religión de nuestro protagonista, el médico y primer objetor de consciencia medalla de honor en combate Desmond Doss (Andrew Garfield), quien en realidad existió y es un héroe total, que en el filme llegan hasta santificarlo –hay una escena de elevación muy clara al respecto- y a convertirlo en el guía espiritual de la guerra para sus compañeros americanos, que sí usan las armas convencionalmente, mientras él simplemente salva a los heridos, no solo como médico, sino en una acción especial, algo sobrehumana, que puede sonarnos fantástica e irreal. De hecho hay su buen toque de maquillaje y cine, pero eso no le quita un ápice histórico a la valentía y excepcionalidad de Doss. La religión que sirve para adecuarse a la guerra es la Iglesia adventista del séptimo día. Doss va a la guerra sin usar armas, ni matar a nadie, cuando los japoneses son retratados como militares radicales, casi locos, no tienen humanidad, son simples entes para reflejar al enemigo que había que combatir y destruir, otro punto de concordancia con la idea clásica de retratar la guerra en el cine americano (al otro lado están los salvajes), que la notable Cartas desde Iwo Jima (2006) no acataba y se mostraba generosa, real y más humana.  

En el filme hay una jugada maestra, se habla de tolerancia, hacia este soldado que no quiere matar, que se niega a usar un arma, pero siente una necesidad de participar en la guerra, pero, claro está, sirve también para esa otra tolerancia a perpetrar y defender la guerra. Lo cual es la audacia del filme, esta conjunción y convivencia. El resto es entretenerse con la visualidad de Gibson, que es todo un showman con el gore de los combates.

El filme empieza enseñando el hábitat de Doss, con un Andrew Garfield haciendo de joven maduro y bondadoso con cara de niño bueno y tonto perpetuo, sumándose un enamoramiento tierno, pero con menciones al divertimento de la sangre, el que tanto gusta al hijo prodigo Mel Gibson. Muy bien la guapa y dulce Teresa Palmer como la novia de Doss. También decir que Garfield proyecta más cuando ya queda involucrado en la guerra. Vince Vaughn como el sargento Howell, el entrenador del ejército, cumple, no lo hace mal, pensando que total nunca nadie superará la figura y recuerdo del Sargento e instructor Hartman (R. Lee Ermey) en el cine. El que sí merece mucho más respeto y luz es Hugo Weaving que hace del alcohólico, abusador familiar y ex –militar con trauma y dolor existencial Tom Doss que termina comportándose decentemente más tarde. Lo que uno puede notar del filme de Mel Gibson es que utiliza las ideas manejables y aceptables de la guerra, y arregla los errores de una película como American Sniper (2014). Gibson es entretenido, pero nunca barato.

viernes, 17 de febrero de 2017

The Alchemist Cookbook

Una película que luce de muy bajo presupuesto sobre un tipo que vive en un remolque en el bosque en el oeste de Michigan, con su gato Kaspar, y que es visitado por un amigo que le trae víveres y cosas que necesita, aparte de su necesidad de gatorade y doritos, de su medicina para mantenerse estable y coherente, lo que le faltará y se perderá en la locura.

La película del americano Joel Potrykus puede leerse como el viaje de un hombre hacia la insania, el que parece estar fabricando droga, lógicamente a escondidas, que en el filme se dice que yace practicando la alquimia, de la que pronto se aburre y pasa a otro nivel. Lo cierto es que éste joven se siente perseguido y pretende hacer dinero rápido y fácil. En este lugar se pueden observar dos lecturas, una más inocente, y una típica del mundo lumpen de los afroamericanos, habiendo drogas, robo, huida, que compagina con ese mundo alterno en que vive Sean (Ty Hickson), uno más de ficción, que realista. Se describe a Sean como un ermitaño en busca de producir oro. Pero lo que enseguida nos trae al realismo es la presencia y diálogo con el amigo que habla de pandillas, de compartir este lugar secreto y que recrimina constantemente a Sean la forma en que vive, abandonado, sucio y a puertas de la locura.

El amigo, o quizá hasta un primo, Cortez (Amari Cheatom), no le da el interés debido al medicamento que urgentemente le hace recordar Sean que quiere que le traiga. Esto habla de desconocer una posible enfermedad mental. Este punto más que un error de la trama es producto de la ambigüedad que practica Potrykus con su filme, acerca de si en verdad se trata de un tema de locura; o se trata de una historia de terror, donde la práctica de sacrificios de animales y lecturas en latín invocando al demonio han degenerado en una situación extraordinaria. En esto llegamos incluso a presenciar al demonio, pero más bien todo apunta al delirio y la alucinación, presenciando que Sean va degenerando como si fuera un esquizofrénico que llega a volverse muy peligroso para su entorno.

El filme tiene un toque de impresentable, de fealdad y suciedad, de una estética rustica, propia del cine independiente marginal, cuando vemos la trasformación del protagonista, no obstante La Mosca (1986) le queda muy grande. Ya lo decía de otra forma el arranque del filme con el vagabundeo del protagonista y la música clásica de fondo. El filme también tiene humor negro, y hay diálogos dichos en lenguaje de barrio negro, es decir, quiere ser cool, juvenil. El filme tiene tan solo a 2 personajes, a dos afroamericanos. El deterioro de Sean puede verse interpretado a razón de la perversión del ambiente, tras la invocación del demonio. El filme también es una película de terror psicológico, como a su vez pretende ser tipo The Blair Witch Project (1999). 

Talentos Ocultos (Hidden Figures)

Basado en hechos reales sobre tres afroamericanas que trabajaban en la NASA como matemáticas, ingenieras o científicas que en los comienzos de los 60s sufrían de discriminación racial y en segundo grado del machismo. Es una película que hay quienes tildan de televisiva y sentimental, para agradar a la gente apelando a lo sensible y altruista. La lucha y la superación de la segregación racial. Sin embargo, no la encuentro una mala película. Tiene sus momentos de fácil empatía sí, pero la hallo ligera y distinta a cierto cine, donde existe mucho sentir del sufrimiento, hay un radical reflejo de la crueldad, el dolor y la humillación. Puede que como ya se trata de los 60s y que estas mujeres entregaron un enorme trabajo al desarrollo aeronáutico y del espacio de su país en un lapso clave el trato que vemos no deja de ser duro, pero se da menor a antaño. Lo cual la hacen una película menos efectista, y algo más graciosa, más entretenida, vista bajo una óptica algo diferente, sin por ello obviar la lucha por los derechos igualitarios.

Entra a tallar que las reacciones contra la discriminación y los logros se exponen de manera más relajada. Como ver que Katherine G. Johnson (Taraji P. Henson), la líder del grupo, la que más logros tiene en la historia americana de las tres, suele caer en gestos corporales de apuro y contención para llegar a tiempo al baño que han colocado lejos de su escritorio de trabajo.

Desaparece el quehacer melodramático, de debilidad y melancolía, de extremismo, y se vuelve algo más propio del carácter, donde tanto  Octavia Spencer, Taraji P. Henson y Janelle Monáe muestran atrevimiento, propio de los nuevos tiempos, pero sin que acompañe lo violento, soberbio o hipersensible, cuando éstas afroamericanas no pueden aun integrarse por completo a la sociedad, que separa a las minorías y privilegia a los blancos, como crear el uso de baños, espacios y utensilios para gente de color, no poder ejercer cargos muy altos que dominen personal caucásico o no permitirles el ingreso a muchas universidades, todo lo cual éstas tres mujeres logran superar, ser las primeras y dejar una marca histórica y abrir una puerta para el resto de los afroamericanos, aparte de perpetrar grandes logros en el progreso de la NASA y la lucha de la carrera espacial contra la URSS, tal es poder hacer que el astronauta americano John Glenn pueda orbitar alrededor de la tierra y regresar a salvo.

El filme se muestra agradable sin mucho embrollo, uno acompaña cada gesto de progreso (sea con la habilidad matemática o alguna intelectual, cierto, expuesto como aperitivo de McDonalds), en un ahínco que queda explicado por su lado mediante sus relaciones afectivas/familiares. El filme permite que las respuestas sean audaces cuando cuestionan a los blancos. Frente al compañero antipático (Jim Parsons) o el rol de jefe de Kirsten Dunst que guardan prejuicios, pero estos se manejan con más respeto hacia los afroamericanos que lo que se acostumbra en la temática, están dispuestos a escuchar, a comprender y a soltar. Se siente más sencilla la exposición de las desigualdades y se resuelve de la misma manera.

Un discurso naif puede ser determinante, como frente al juez. El jefe ejemplar de mente abierta que hace Kevin Costner rompe un cartel de segregación frente a todos, hay sus momentos de aplausos empáticos corrientes. El filme no es particularmente especial, no hay complejidad en la labor del director Theodore Melfi (la parte científica y matemática se reduce en que son genias y resuelven problemas), pero tiene su gracia como película familiar.

jueves, 16 de febrero de 2017

El soñador

El cine peruano va evolucionando, ya hay mayores ofertas, todavía nos falta, pero se ve que vamos cogiendo consistencia. El filme presente, el segundo del joven Adrián Saba, tras El Limpiador (2012), en la mayoría de la trama uno piensa, esto ya lo he visto mil veces, y aun así es una película simpática, aunque no tanto, le queda muy lejos, a una que inmediatamente me viene a la mente, Romeo + Juliet (1996). El filme luego bien avanzando trata de crear novedad, agregar momentos particulares, como ir a un recinto de acogimiento de menores en busca de papeles que pueden servir para algo futurista o cuando la madre de los amigos asaltantes sale de la cárcel y prodiga un código de lealtad familiar, pero no aportan demasiado al final. No es mucho pero el filme da unos pequeños pasos de mejoría en cuanto a tener una historia propia entre manos. En todo caso el filme es como la adaptación de Saba de lo que existe y se conoce, se reconoce fácilmente y se ha vivido mucho en el cine, aunque no necesariamente peruanizando  el background, ya que el filme posee una cierta ambigüedad espacial y temporal, la que se maneja con la idea de combinar el límite entre el sueño y la realidad, cosa que tampoco es un aporte que se llegue a argumentar mucho, juega a dejar la idea de la ilusión bastante en libertad.

Queda claro que el que sueña es Chaplin (Gustavo Borjas), su meditación en el transporte con la mirada típica perdida en el vidrio, la mezcla de lo urbano y el desierto en la golpiza, la botella con el papel, así lo demuestran.  Se entiende que es Perú –no solo Lima- por los lugares, pero a la vez se maneja un aporte de artificio y un cierto –elogiable- encubrimiento de donde -y cuando- nos encontramos. El filme trata de la historia de un muchacho conocido como Chaplin que yace en una banda de ladrones, dos hermanos pertenecientes a la banda tienen una bella hermana, llamada Emilia (Elisa Tenaud), de la cual Chaplin se enamora, y esto le trae problemas. Al filme le ha faltado imaginación, en casi todo empieza bien y luego carece de materia. El personaje de Manuel Gold, Teta, luce curioso inicialmente, ayuda una estética de la que se rodea, luego termina como un simple joven consumidor de marihuana, ofreciendo snacks, hablando tonterías mal disfrazadas, teniendo un dinero que ni presta atención (con lo que pudo crearse algo más). El filme tiene un trabajo visual más que decente y un reparto que se distingue, también tiene ideas, pero que quedan muy flacas. Es un filme que llega a entretener, y tiene su curiosidad, pero que resulta efímero, más allá de las apariencias y de los antecedentes nacionales.

viernes, 10 de febrero de 2017

Fences

Lo primero que denota el filme es que es una adaptación de una obra de teatro (la del dramaturgo August Wilson con la que ganó el Pulitzer y el premio Tony en 1987), lo cual se siente mucho, aunque no invalida el producto. Lo que significa que hay muy pocos lugares como escenarios, el filme yace dominado por la casa en los suburbios de Pittsburgh Pennsylvania de una familia afroamericana, los Maxson; que se habla mucho, yo diría que harto; que hay una exhibición austera en cuanto a elementos visuales (hay unos pocos intersticios de ubicación y estética). Es la interactuación de unos pocos personajes en un espacio reducido y recurrente. El patio donde el protagonista, Troy Maxson, construye una cerca para su hogar. 

Troy, Denzel Washington, director además de la película, es el amo y señor de la historia. Un hombre de mediana edad común y corriente, promedio, pero aun así especial y muy interesante, el que nos cuenta en largos monólogos sobre qué ha vivido, cómo se ha hecho quien es y hasta hacia dónde se dirige, qué es lo que espera de la vida que le falta (viviendo en la rutina familiar y la de la carga laboral). Escuchamos de sus hazañas (como retar constantemente a la muerte), sus pequeñas luchas, su manera de ver y ser en el mundo. También entendemos de sus carencias, defectos, errores, crueldades y abusos.

Troy reniega de los blancos que no lo dejan/dejaron ascender en la vida, desde que fue un deportista prometedor (sobre todo a su ver), aunque más tarde se sabrá que presentaba propios puntos en contra. Troy está cansado de cargar y recoger pesados tachos de basura en su barrio, quiere ser chofer del camión de la basura, un trabajo que está destinado a los blancos, y el que le representa más dinero, tranquilidad, un ascenso. Pero el filme que se ubica en los 50s permite ver que los tiempos están cambiando en cuanto a los derechos civiles y oportunidades de los afroamericanos. El hijo de Troy, Cory (Jovan Adepo), puede desarrollar una carrera profesional en el futbol americano, pero su padre -producto de cómo ve el mundo- lo restringe, lo obstaculiza. Lo que pasa es que Troy es un hombre egocéntrico, todo cree que gira -y debe girar- a su alrededor, y su familia y amigos son como su pequeño reino dictatorial.

Lo mejor de Fences es Troy, por supuesto; el retrato de este sujeto es bastante rico, no obstante teniendo en cuenta que es una persona detestable, en buena parte una mala persona, pero a la vez un sobreviviente. Los desaciertos, fracasos y tantos golpes de su crecimiento lo constituyen y lo persiguen (de esto que el béisbol se vive siempre en la trama). No podemos obviar que es tal cual los hombres que se dejan llevar por sus frustraciones y malas experiencias, y siembran a su paso daño, dolor, cargas, humillaciones y conflictos. Sin embargo el filme quiere por una parte congraciarse con la figura de Troy. Quiere que uno le comprenda, que incluso llegue a admirarle de alguna forma, como un hombre complejo, y para el caso vemos a su esposa, la muy talentosa Viola Davis como Rose Maxson, mujer de carácter, intensa, pero una simple ama de casa dócil ante Troy, defenderlo y dirigirlo a la gloria, a razón de una “extraña” nostalgia. La película es la convivencia de este hombre con su esposa, sus dos hijos (uno de un previo matrimonio, un músico pobre y lambiscón), su hermano mayor discapacitado, y su mejor amigo y compañero de trabajo, Jim Bono (Stephen Henderson), que está espléndido en cada intervención.  

El hermano discapacitado mental (Mykelti Williamson, Bubba, de Forrest Gump, 1994) no está mal en su hechura y performance, que va y viene vagabundeando en la trama, pero resulta efectista en gran parte, algo visto –no llega a impresionar ni proporcionar novedad en realidad- pretendiendo ser la audacia/extravagancia del filme. El que apunta a describir otra mala jugada de parte de Troy que presenta ambigüedad en el amor hacia su hermano.

Ver cómo llegan hasta celebrar la existencia de éste hombre terrible vale muy bien ver el filme, perdonando la verborrea, sobre todo del comienzo, y escuchar como Troy abundante nos cuenta hasta lo más mínimo de su pasado y lo que pasa por su cabeza. Este hombre dará una sorpresa tras otra. Es un retrato popular –no solo afroamericano- de un tipo de ser humano que podemos constatar fácilmente que existe. Denzel Washington lo interpreta con gran solvencia, provocando varias escenas memorables, y otras disque memorables, hay para todos los gustos. La interactuación de idas y venidas con el protagonista es intensa y prolífica, a ratos toma mucha velocidad y luego como que explota, para, y vuelve a la carga. Troy Maxson es como decía Forrest Gump, a colación de que Bubba está en el reparto, es tal cual una caja de bombones.