martes, 15 de agosto de 2017

El primero de la familia

El debut del chileno Carlos Leiva es la historia de un cúmulo de problemas, de mil y un dramas, parece una gran tragedia griega, de cómo vive una familia pobre en un barrio periférico de Santiago de Chile. La madre sufre de dolores de espalda por una mala operación y debe usar muletas pero no quiere, el padre es un obrero que necesita le adelanten dinero y que suele ser un hombre sumiso, la hija menor es la burrita de la familia y ha quedado embarazada de un pandillero que no quiere hacerse cargo, por último el hijo mayor estudia medicina y acaba de ganar una beca para seguir su carrera en Inglaterra, pero oculta deseo sexual por su hermana, mientras toda la familia lo cree el mejor de todos ellos.

En el mismo cuarto duerme la abuela con los hijos, la muchacha tiene que cambiarse (desnudarse) en el cuarto, el hermano siempre la observa, lascivamente, no sabe qué hacer para controlarse y todo apunta a la debacle. La hermana confía en el hermano mientras el padre la menosprecia. Además la alcantarilla del patio se malogra y genera olores pútridos por toda la casa. Justamente esto hace pensar en la vida que llevan o que algo está por explotar.

El filme a ratos parece telenovela, grabado un poco de forma parecida, pero atrapa la atención, provoca seguir viéndola, hay actuaciones aceptables y cotidianidad tratada al menos con cierta decencia, aunque muestra una pobreza casi pornográfica, medio que te identificas, pero también sufres de indolencia. Gran parte ocurre en la precaria casa familiar, desde el pequeño lugar donde comen todos apretados y se pasan el sobrecito de té para que lo use más de una persona o que Tomás (Camilo Carmona), el hijo, se levante asustado a matar una cucaracha o insecto en la pared de su cuarto pensando ¿habrán más? Todo este panorama es tan obvio que uno no se compenetra mucho, requiere de un poco más de arte.

La sombra del incesto es lo que destaca de esta obra y su clímax es la audacia de la propuesta. El resto es muy similar y poca novedad aporta. Ver a la madre comprarse una prenda bonita algo fuera de su alcance o al padre enfrentar su pasividad otorgan algún respiro. Toda la familia está en conflicto con su realidad, y aunque Tomás las tiene todas para escapar y brillar, es la hermana, Catalina (Catalina Dinamarca), la que diría que es la que importa más, la que sufre más la situación, y de ese lugar podemos sacar una denuncia.

El filme requiere un poco de mejores transiciones, está como apurado en mostrar muchas cosas, lo mismo, drama tras drama. También algunas actuaciones lucen muy sufridas, falta a ratos variedad, matices, sorpresa. Son los hermanos los que más destacan del grupo. Esta película no es una obra trascendental pero debería ayudar a revisar el sistema neoliberal, como analizar el seguro médico o el derecho laboral y mejoras justas.

lunes, 14 de agosto de 2017

La región salvaje

El filme empieza enfocándose brevemente en el espacio con una roca a punto de caer a la tierra, más tarde algo se percibe extraño en el ambiente (el misterio dura como una hora y al descubrirse se aprecia claramente). Una mujer desnuda en una cabaña luce rara, ensimismada, excitada (pide más de algún tipo de sexo), luego ella comenta con un amigo sobre conocer no sé qué en un apartado de campo cercano a la ciudad, dice no conocer el sexo de ese ser que la tiene en éxtasis, que la ha dejado marcada.

El director mexicano Amat Escalante para sorpresa de quienes seguimos su carrera nos presenta un sci-fi, pero que recorre centralmente la relación oculta homosexual de un hombre con su cuñado. El filme apela al sexo y a la violencia como leitmotiv, y como todos creen ver a una alegoría de la sociedad en general y del pueblo mexicano en especial, que implica el caos tras la represión sexual.

Ángel (Jesús Meza) es un tipo que aparenta ser homofóbico –más que seguro que por la sociedad mexicana que lo empuja a ello- pero es bisexual en realidad, se divierte con el hermano de su mujer, Fabián (Eden Villavicencio), que es abiertamente gay. La vida de Ángel sería común y corriente si no fuera por esta doble vida sexual, y el filme muy cotidiano si no fuera por el extraterrestre. El filme contiene erotismo en aquel monstruo con tentáculos tipo falos, monstruo que recuerda a Possession (1981).

La propuesta es oscura a un punto, con un aire a velado culto satánico, como en The Witch (2015). Igualmente recuerda a Post Tenebras Lux (2012) en ese llamado del bosque a lo oculto, al desenfreno, y al juego con el demonio representado en la liberalidad que genera karma, e inconsciencia –una mente poseída, en blanco- como en Antichrist (2009). También a Tenemos la carne (2016) pero exhibiendo una película mucho más digerible y coherente, mejor estructurada, como mejor expuesta en su análisis social aunque este luzca leve.

El filme invoca referentes del terror, pero tiene una trama en mayor parte realista. El monstruo queda como en segundo plano, son las relaciones a la vera del sexo las que generan tantos problemas, y la cereza del pastel es ese ente “prodigioso” ofreciendo el placer máximo. Vemos distintos animales copulando dentro de una orgía sobre un cráter y más que felicidad se percibe como algo sórdido. La música también moviliza hacia esa dirección. Verónica (Simone Bucio) complementa el panorama como una especie de vampira acólita. 

martes, 1 de agosto de 2017

Heart of a Dog

Este documental experimental, de la compositora, músico y artista visual de performance Laurie Anderson, podría haber sido un documental triste, ya que trata de la muerte de nuestros seres más queridos, el que es un ensayo también sobre el amor, pero prefiere ser algo visualmente particular mientras en todo el metraje acompaña la voz en off de Laurie Anderson hablando de su mundo mental, de budismo, política, seguridad nacional, libertad e intimidad (tras la sombra del atentado del 11 de setiembre que compara con una metáfora de unos halcones y su perro confundido por estas aves con un conejo), de su pasado y de su vida personal, como cuando nos desnuda la relación difícil con su madre (que le significó un reto de auto-examinación ante su muerte), combinado con algunas exposiciones verbales algo extrañas donde participan sueños y otras realidades superpuestas a lo cotidiano.

La americana Laurie Anderson a sus 68 años –edad con que hizo este trabajo- denota ser medio freak, nos hace entender que desde siempre ha visto la vida de manera distinta, incluyamos que el mundo la ha hecho así también (por su desconfianza y aprendizaje infantil frente a los adultos con un accidente que la paralizó de las piernas por un tiempo y le decían sería para siempre; o por necesitar de una defensa psicológica frente al dolor), de esto su acercamiento natural -que vemos- a la filosofía (Wittgenstein, Kirkegaard), la literatura (David Foster Wallace), la pintura (Perro semihundido, de Francisco de Goya), lo místico –a su manera- y un poco a lo poético, si bien Laurie observa la vida con practicidad (salidas, paz), gracias a su cultura y espiritualidad.

Lo suyo en el fondo es una lucha contra el sufrimiento (nos dice: es sentirse triste sin estar triste), igual que frente al progresivo desvanecimiento que señala ocurre con la vejez. A ella le delata su rareza, la que puede ser algo criticable (sopesando que lucir distinto no es la superficialidad de verse cool ante el resto, sino consecuencia con uno y de la vida), aunque finalmente es su vida y de lo que ama lo que compromete dentro de la propia filosofía, su perra pinta, esculpe y toca piano como si fuera una persona, esto suena extravagante, o hasta ridículo, pero es justificable, porque el amor de una persona a un animalito llega a ser tan grande que buscas entregarle una existencia completa, lo más feliz (como cuando su mascota queda ciega), muy parecida a la tuya. Laurie como artista y mujer abierta a lo diferente está en toda coherencia, aunque nos suene cruel esperar que su perra Rat Terrier Lolabelle estando terminal llegue hasta la última exhalación, pero lo hace por sus conceptos budistas.

El filme no es (solo) sobre el amor a su perra Lolabelle, es un documental mucho más arduo, esconde la muerte de su marido, el famoso cantante Lou Reed, muerto 2 años antes y del que no se habla nunca directamente, pero cuando terminan los créditos vemos una foto de él jugando con Lolabelle, y así es el filme, están ambos fusionados. Cuando habla de Lolabelle también Laurie nos habla de Lou Reed, del amor por ambos y de vencer el dolor de sus muertes, creyendo además en la reencarnación. En las imágenes vemos filmes caseros, de súper 8, texturas, filtros, ilustraciones, recreaciones, collages, videos de cámara de vigilancia y, en especial, como si estuviéramos detrás de un vidrio empañado al que le está cayendo la lluvia, esta composición del vidrio es notoriamente melancólica, que se complementa con la voz modulada y predominante de Laurie que se mantiene firme y fuerte. El documental es propio del arte que siempre ha definido a Laurie Anderson, cada parte de él es muestra de honestidad e identidad. Si nos parece medio raro, tiene de paranoide y es a ratos oscuro, es porque es su esencia, la profundidad que la rige. 

lunes, 24 de julio de 2017

Kaili Blues

Un doctor y poeta llamado Chen Shen (un muy competente Yongzhong Chen) tiene un hermano apodado Cara de loco que gusta de las apuestas, el billar y la vida bohemia y descuida a su hijo pequeño, el inocente y sensible Weiwei. Chen quiere proteger a su sobrino con quien se identifica. Chen ha tenido una vida difícil, estuvo en la cárcel por matar a un hombre, su madre lo abandonó de niño y perdió a su mujer en la cárcel. Weiwei es supuestamente vendido a algún apostador y Chen decide ir en busca de su sobrino. Para eso realiza un viaje de su natal Kaili a Zhenyuan, pero antes atraviesa un pueblo místico y misterioso de nombre Dangmai. En ese trayecto el director chino Bi Gan hace una toma secuencia de 41 minutos de duración, con una planificación y soltura realmente virtuosa, el recorrido implica viajar en moto, en camioneta, caminar, subir escaleras, encontrarse con gente, la cámara siguiendo a otra gente, ver atravesar un río en lancha a una bella mujer, que el protagonista sea parte de un pequeño concierto local e ir a una peluquería.

Bi Gan le brinda a su película un bello y muy cuidado aire onírico, bastante sutil en la manera que lo mezcla con la realidad del filme, desde ver pasar un tren pegado a una pared, ver relojes dibujados en la pared (relojes que apasionan a Weiwei y este suele pintarse uno en el brazo) u observar en repetidas ocasiones sumergirse en el río las sandalias de la añorada madre de Chen. El filme en Dangmai pasa por flexibilizar los tiempos y reunir gente del pasado y del futuro en el presente. Todo el filme puede leerse linealmente, pero sería perderse de la genialidad del filme. Chen lleva como encargo de su compañera –una anciana- del consultorio médico, una camisa floreada y un cassette a un viejo amor. Chen se pone la camisa floreada y entrega el cassette a la peluquera, en lugar del destinatario que le pidió la veterana doctora. Esta escena puede leerse como una visión del pasado, Chen y la peluquera mutan momentáneamente en la anciana doctora y su amor perdido. Otro momento similar se da cuando Chen habla con la peluquera y esta parece ser otra imagen del pasado, ser su mujer Zhang Xi. Por último el motorista que lo lleva le dice llamarse Weiwei, tiene unos 18 años, sufre maltrato y gusta de los relojes imaginarios.

Escuchamos la voz de Chen recitando sugerentes poemas que poetizan su discurrir, mientras el Sutra del diamante recorre toda la propuesta, el budismo, la reflexión existencial, el misticismo. El filme esconde los problemas y la melancolía en el carácter recio, práctico y sencillo de su protagonista, como el blues que articula preciso el título. También el filme hace alusión a la etnia Miao, a la que pertenece Bi Gan, y trae a colación más sobrevivencias. Kaili Blues ganó mejor director emergente en la sección Cineastas del presente en el festival de Locarno 2015, y hace recordar directores talentosos tales como Jia Zhangke, Wong Kar-wai y Hou Hsiao-Hsien, entre trenes, relojes, lo rural y violencia –pero elíptica o fuera de campo, incluso en una discusión la cámara se enfoca en el vaso roto de una mesa-. 

jueves, 20 de julio de 2017

Okja

Okja, la película del surcoreano Bong Joon-ho, llega para marcar una nueva época, como otra forma para apreciar y fomentar el séptimo arte, producida y estrenada por Netflix. Okja es un blockbuster pero también cine de autor, llamémosle cine comercial inteligente. El filme nos muestra a un animal mutado científicamente que es un supercerdo, pero que parece la mezcla de un hipopótamo y un tierno perro. Okja se llama el animal que es cuidado en la granja surcoreana del abuelo de una niña llamada Mija (Ahn Seo-hyun), niña que se encariñará con Okja al cuidarla y crecer con ella, por lo que cuando se da cuenta que Okja será llevada a un matadero para ser convertida en alimento decide ir a traerla sana y salva a su hogar.

La primera hora del filme que es un viaje, desde que Mija se rebela con convicción a su abuelo, típico granjero (consciente del destino de los animales de granja), hasta que un grupo de animalistas quedan en un plan para sabotear la empresa que vende los supercerdos como alimentos es intensa, graciosa y muy entretenida, realmente maravillosa. Todo es perfecto, el periplo de Mija está lleno de la mejor acción, que termina en tremenda ironía escénica tras una mala traducción. La hora que viene después es menor, pero todo no va a ser una montaña rusa, hay una historia por crear y es muy aceptable lo que continua. Se abren las puertas de la (leve) fantasía de la mano de Okja que luce dulce y creíble.

En la propuesta se da la caricaturización de personajes, en el que es un filme notoriamente familiar en el estilo de Steven Spielberg, con Lucy Mirando y su hermana gemela (dos personajes interpretados por la camaleónica y orgullosa freak Tilda Swinton), dueñas de la empresa de los supercerdos, la Corporación Mirando; el presentador de tv y zoólogo Johnny Wilcox (un Jake Gyllenhaal entregado a los retos artísticos) que es estrafalario, alevosamente ridículo y el más extremo (y no me disgusta en absoluto, como a muchos sí); y en menor grado Shirley Henderson como una asistenta fiel a la Corporación Mirando. Ellos son la cara de lo malvado, sumado el sarcasmo del rol de Giancarlo Esposito en un reparto que aporta mucha diversidad en el que es un filme muy cosmopolita.

Lucy no es que sea mala persona pero anhela demasiado el éxito propio y publicita el embellecimiento de lo que finalmente significa sacrificio de animales (lo que no suena descabellado, un concurso de belleza/salud para premiar el mejor supercerdo, y la futura mejor carne, solo que aquí conviven en el mismo lugar). El Dr. Johnny es más un hipócrita y lambiscón, pero nacido de la caricatura japonesa y la comedia. Otros puntales del filme es el activista por los animales Jay (Paul Dano) y su mano derecha y experto en tecnología conocido solo como K (Steven Yeun). Paul Dano es un buen actor y se presta para un compromiso entre serio, teatral e irónico, igual que los animalistas que representa. Bong Joon-ho maneja mucho humor, pero nunca falla, lo cual es increíble, lo digo sobre todo porque no soy muy afín a la comedia y esta es una buena película, que maneja con soltura, frescura y tino el tema.

Okja es también un llamado a la consciencia para no comer carne y la forma en que se trata a muchos animales, llegamos a ver hasta el proceso de cómo son asesinados en los mataderos y cómo son procesados en comida, esto no es visualmente violento, pero hace pensar, aun cuando los supercerdos son una creación de la imaginación, son sintéticos, pero provistos de mucha mayor ternura y lealtad que los animales de granja comunes. Recordemos que Okja salva a Mija de morir con lo cual vemos en pleno el vínculo entre los dos. Bong Joon-ho maneja muy bien el tono del filme, y los cambios de drama a comedia y viceversa. En un momento Okja hace pensar como que se halla en un campo de concentración, preparada para ir a morir de la forma más fría con sus semejantes. Es un momento lúgubre y emocional que rompe con el colorido del filme. El mensaje es muy claro, pero el filme extremadamente divertido de ver, fácil de seguir, de compenetrarse y hasta para reflexionar.

lunes, 17 de julio de 2017

Sieranevada

The Death of Mr. Lazarescu (Moartea domnului Lazarescu, 2005), el segundo largometraje de Cristi Puiu, es un referente importante del cine rumano, película con la cual muchos se enamoraron del nuevo cine rumano, por lo que seguir la carrera de Puiu es prácticamente un imperativo. Su quinto largometraje, Sieranevada, estuvo en el festival de Cannes 2016. Nos involucra con la misa por conmemoración de la muerte del patriarca de una familia, para dicha misa se reúne toda la extensa familia para una cena. Con muchos parientes medio irreconocibles se dan las típicas reuniones familiares, con los clásicos fastidios y sorpresas. Una mujer mayor lamenta la infidelidad de su marido hasta caer rendida por un aneurisma. Una jovencita lleva a una amiga inconsciente por alcohol o drogas. Son 3 horas de película, 3 horas también de mucha intrascendencia, desde un mismo lugar, la casa familiar. A ratos la cámara se posa en un lugar estratégico y muestra 2 habitaciones a la vez, la entrada y salida de los parientes, mucho movimiento y cierta tensión de la reunión, es la sensación de estar viendo algo pequeño, pero trascendental en nuestra humanidad, como el viejo marido abusivo que ve su mundo caer producto de la culpa. También hay lugar para preocuparse por hacer una comida suculenta, juguetear amorosamente entre hermanos o discutir el precio de un regalo.

La llegada del sacerdote ortodoxo rompe la monotonía, el padre terminado de practicar su rito, de lo más veraz, no puede contenerse de contar una anécdota, habla de la lucha personal por los valores eternos y mantener ciertas tradiciones. El momento emotivo de reflexión termina, y Puiu le quita solemnidad con un diálogo al paso que apunta a decir que no entendió de dónde vino aquello, creando un contraste de libertad e individualidad. La familia discute de varios temas, aunque mucho sobre ridiculeces que pretenden pasar por cotidianas. El atentado terrorista a EE.UU. del 11 de setiembre se repite a cada rato, pero sobre conspiraciones y justificaciones absurdas, esto remite a banalizar internet también. Otra característica del filme es mostrar lo moderno vs lo tradicional, en cómo uno trata de subsistir frente al otro. El cosmopolitismo siempre es interesante en todo país, pero aquí se presenta endeble, como ese arranque del filme en que se discute seriamente sobre las princesas Disney. Esto, desde luego, desde una contextualización a Rumania. Europa es atacada también por terroristas y los niños sean de donde sean aman y se identifican con Disney. Pero en un filme rumano uno quiere oír de Rumania, ver en una nacionalidad reconocer y fomentar lo propio. Por ello cuando una anciana tía pegada a la antigua defiende al régimen comunista, que remite al infaltable Nicolae Ceausescu, se hace muy jugoso de ver, aun cuando esta defensa a todas luces cae antipática a todo mundo, pero es una perspectiva fundamental de la realidad nacional.

El filme abre con Lary (Mimi Branescu), su bella y sofisticada esposa y su pequeña y tranquila hija haciendo compras o diligencias en la calle antes de ir a la reunión familiar. Impecable naturalidad de este pequeño prólogo de cotidianidad. La propuesta que en la trama dura 1 día de congregación implica más de 2 horas de metraje en un solo espacio, el hogar del patriarca difunto, y solo unos 30 minutos afuera -una vez más, tras los 10 minutos de la apertura- cuando Lary va a recoger a su intensa esposa que ha salido un rato de la reunión. El momento que se da afuera es penoso y humillante, más que sensible, Lary se desmorona ante un mal momento de vergüenza y autoconsciencia. Esta escena seguramente agradará a muchos, es como la vida misma, no hay duda, pero resulta trágica, la vida mostrándose cruel, que ver a un tipo simple aplastado por las circunstancias, culpas aparte, llega a fastidiar. El momento contiene una anécdota de infancia –y amor paterno y de pareja- que trasmite una gloriosa naturalidad, clásica del mejor cine rumano, pero su emotividad duele y es incomoda que (me) cuesta celebrarla, pero es la gran escena del filme. 

martes, 11 de julio de 2017

La Terquedad

Adaptación de la séptima obra de la Heptalogia de Hyeronymus Bosch del dramaturgo, director de teatro y actor argentino Rafael Spregelburd, que se basa en la pintura La mesa de los pecados capitales, de El Bosco, conocido también como Hyeronymus Bosch, que trata del pecado de la ira, pero que en la obra de Spregelburd le llama terquedad, presentada en el Centro Cultural de la Universidad del Pacifico, dirigida por Sergio Llusera. La terquedad es una obra compleja digamos, pero llega hasta lo extraño y se pierde un poco y uno con ella también. Pierde fuerza producto de su dispersión y de su tontería, genera un poco de desinterés en cierto momento ante el mandato de querer ser distinta o ardua, que es original e inteligente no hay duda, pero no es necesario tampoco encerrarse en un tipo. Hay ratos que su disque ironía o audacia es estúpida, como el personaje de la francesa loca que genera tremendo giro, un absurdo más que una genialidad. En el cine se ven muchas historias que se vuelcan a lo descabellado o violento en el último minuto como fórmula e impacto en busca del supuesto entusiasmo, como que hay historias que trabajan para llegar a estos momentos. La terquedad más bien pierde seriedad y volumen con esta “hazaña”.

Una posible razón –fuera de quebrar con cierta predictibilidad- puede ser que el protagonista, Jaume Planc (Alberto Isola), un comisario fascista que inventa un diccionario o lengua que remite a las computadoras e incluso a lo místico contradice su anhelo humanista -de poder entendernos mejor y todos fácilmente- con la subordinación a lo que será el franquismo (la obra se contextualiza en el final de la guerra civil española, en 1939), entonces es un tipo propio de lo malo/negativo y criticado (el gobierno de Franco, incluida en la trama la búsqueda de una lista por la que todos se pelean, para poder salvar comunistas “encubiertos”), por lo que muchos pensaran que merece un castigo, lo cual no es un pensamiento ilógico, pero el problema es que este comisario llega hasta caer simpático, y es medio un arroz chaufa, pero no merece un final tan superficial. Se le ha plasmado complejidad, se ha pretendido ambigüedad, que la tiene y es un personaje interesante. También Planc no parece muy fiel a los falangistas, sino que se le entiende como un lugar conveniente para él.

La obra tiene muchas idas y venidas, tires y aflojes, varias aventuras, con cosmopolitismo, en medio de lo político que fabula su pequeña guerra civil interna, mientras maneja a la vez la lingüística de forma inteligente y hasta con relajo. El hogar de Planc y sus relaciones amorosas toman igualmente bastante enredo y perspectivas. Jely Reátegui como la hija “loca” es la mejor del reparto (como polifacética haciendo de la esposa joven de Planc), agregando que son 7 actores competentes (Óscar Meza, Rodrigo Palacios, Sofía Rocha, David Carrillo, Claret Quea, Alberto Isola y Jely Reátegui). El rol de Reátegui tiene de exorcismo y de fraude, de locura o trauma, de sarcasmo, de perversidad y a su vez de inocencia. El juego del cura con la hija “loca” va uno a favor y en contra, puede ser una crítica esperable, pero la hija es un personaje rico, después de Jaume Planc. Su intensidad, herejía y lujuria son (aun) audaces.

La obra de Spregelburd busca las contradicciones y la ambigüedad, trabaja con la ética, lo esencial, rompiendo los límites, exhibiéndonos impredecibles. Y esto es interesante más allá de tener o no una apetitosa narrativa en todo momento, o la mejor forma de narrarlo. Tiene originalidad e imaginación, tiene personalidad y es inteligente, aunque también uno sienta que algunos personajes, momentos o diálogos parecieran sobrar, como el borracho o el escribidor. 

lunes, 10 de julio de 2017

Spider-Man: Homecoming

Estamos frente a un nuevo reboot de Spider-Man, tras el desastre The Amazing Spider-Man 2 (2014), de Marc Webb, que empezó bien con The Amazing Spider-Man (2012), y lo mismo pasó con la trilogía de Sam Raimi, las 2 primeras fueron muy buenas y aun son las mejores de todas las que se han hecho de Spider-Man, pero la tercera fue una caída. Este nuevo reboot es un muy buen filme, a pesar de algunas cosas criticables. Incluso es mejor que la primera de Webb, tiene mucho de juvenil y de última generación, más que la de Webb lo cual es notable. En el filme de Jon Watts se llega hasta futurizar y jugar a H. G. Wells y Julio Verne, a tratar mucho con el sci-fi, observamos la naturalización de armas, aviones y artefactos de gran imaginación futurista, como que el traje de Spider-Man, inventado por Tony Stark (Robert Downey Jr., que tiene una buena fórmula en su seguridad, vanidad y carisma), es de una tecnología fantástica, con todos los implementos clásicos de El Hombre Araña y muchos nuevos, que se equipara con la plasticidad y eterna novedad, puede que más, de Iron Man, teniendo en cuenta que Tony Stark es el mentor de Spider-Man en esta historia, aunque Spider-Man buscará plasmar su personalidad, y si bien reniega de la simplicidad de sus primeras misiones, quiere mayores retos y aventuras, y admira y quiere emular a los Avengers, terminará quedándose en su pequeño rincón, que también tiene sus grandes misiones.

El reto de Spider-Man en esta oportunidad se llama The Vulture (El Buitre), interpretado por un estupendo Michael Keaton, que dentro de su grupo criminal tiene otro villano famoso del cómic, Shocker (y no es solo uno, sino son dos, en el cuerpo de Logan Marshall-Green y Bokeem Woodbine), que esta medio encubierto en el estilo del realismo que impuso Christopher Nolan en sus adaptaciones de cómics, estilo que tiene una cuota pero que no domina el filme, porque es estilo Marvel, con mucha ironía y relajo, más el de Stan Lee, con la temática adolescente y pequeño existencial, más la capacidad mental de ¡6 guionistas!, incluido el director. El buitre de Keaton está dibujado entre asesino en serie y gángster, medio loco y matón, al hallarse decepcionado del sistema, y se siente empujado a delinquir, a ver por sí mismo y su familia mediante la venta ilegal de armas. Tiene una gran escena, en la que lleva a Peter Parker en el auto, que es rara e incómoda y sale un poco del parámetro del cómic, recurriendo al cine noir.

Los combates, desde luego, son espectaculares, pero lo menos interesante a fin de cuentas (si no fuera así seríamos todos fans de la saga de los Transformers con los  impresionantes efectos especiales que posee), porque uno quiere hallar sobre todo argumentos, como cuando The Vulture no quiere irse sin ninguna ganancia y ciego arriesga su vida o cuando Peter Parker trata de ser un superhéroe más allá de la máscara al caer bajo escombros y superar también su calidad de novato en cada aventura, pero son escenas entretenidas además. En medio está la frescura que trasmite Tom Holland como el nuevo Spider-Man que es maravillosa, y se ve en cada hazaña, vuelo o llamado del deber, que tiene broma, novedad y mucha libertad. El filme se logra emocionante, intenso y de sorpresa en sorpresa en sus escenas centrales, en el caso del caos que se genera en el monumento a Washington y en el ferry de Staten Island.

El filme muy inteligente evita volver a contar por enésima vez como se convierte Peter Parker en Spider-Man, mientras la trama es original en que siga, se enliste, se adiestre y medio que lo cree Tony Stark, junto a su mano derecha en el asunto, Happy (Jon Favreau), aunque lo de tía May (Marisa Tomei) y tío Ben sea demasiado pobre o inexistente. Tomei es parte de un quehacer idiota de extrema atracción, sumado a la clásica sobreprotección, no obstante es coherente con la línea de crear un Spider-Man efervescente, ultra moderno y veloz.

El filme tiene su lado de autoayuda, aunque no en el nivel de la muy aplaudida –demasiado, diría- pero respetable Wonder Woman (2017). Plantea mucho la diversidad, puede que hasta exagere un poco, como con el bully del cómic Flash Thompson que ahora hace Tony Revolori, que tampoco resulta mal hecho, a pesar de que luce algo extraño al uso, ya que finalmente tiene veracidad porque pertenece al mundo nerd de Peter Parker. Pero están muy bien trabajados los amigos y la aspiración amorosa de Peter Parker, tienen una base sólida. Son divertidos, como el mejor amigo de Peter, Ned (Jacob Batalon), o manejan bien el sarcasmo, como Michelle (Zendaya), o son cool y maduros como la deseada Liz (la bella Laura Harrier). 

viernes, 7 de julio de 2017

Atlal

El pequeño pueblo de Oulad Allal, Argelia, en 1997 producto del brutal choque entre militares y terroristas fue destruido en gran parte, esto dentro de la guerra civil argelina que fue presa del terrorismo desde 1991 hasta el 2002 y ocasionó 200 mil muertes, guerra civil nacida a partir del golpe de estado a una facción política islamista que no llegó a gobernar y que desencadenó en la furia de dos grupos rebeldes armados islámicos. Este es el contexto de Atlal -que en árabe significa ruinas- del argelino Djamel Kerkar, del que no se dan nombres, ni de organizaciones, y que hay que conocer para no perderse en lo que veremos. En este documental incluso se les apoda de cowboys a los terroristas por no mencionar nombre alguno o está más que sobrentendido, a los que se les culpa de todo el daño de su país. Al gobierno actual le cae crítica también, por su inutilidad en cuanto a las oportunidades y progreso de sus ciudadanos, la falta de resurgimiento nacional, y la pobreza que reina en Argelia y en especial en Oulad Allal.

La propuesta empieza mostrando viejas imágenes rodadas en VHS que describen la ruina y la destrucción de Oulad Allal, pueblo del que se conoce internacionalmente muy poco. El filme en sí entrevista centralmente a 2 personas, a un viejo agricultor lisiado de una pierna que combatió por su propia seguridad contra los terroristas que amenazaban sus labores agrarias, y a un joven de 20 años que es medio poeta y que habla mucho, no se guarda ningún pensamiento. Con ellos aparecen otros a su alrededor, amigos o conocidos de ellos, del viejo otros agricultores o por ahí algún hombre religioso, y del joven amigos con los que callejea, filosofa y rapea –se puede oír rap nacional muy realista, duro y con una pizca de ironía, aun haciendo a veces alusión respetuosa a Dios- alrededor de una fogata, sobre la realidad nacional, la pobreza, las carencias, la soledad, y no queda más que huir del país nos dicen, a la par que fuman, toman y se entretienen entre ellos.

Se habla de la crueldad experimentada en la guerra civil, de defender el país, incluso de los colonizadores europeos. Otro joven del grupo de la fogata que pareciera algo lento se muestra creativo expresándose a través de las letras de las canciones que pone en su celular, ante la música se pierde en su mente, entristece recordando a su familia o vuelve en sí sonriente cuando se queda pegado con la mirada en el graffiti de un muro, de las iniciales de un glorioso equipo de fútbol nacional, MCA (Mouloudia Club d'Alger).

Es un documental interesante, que tiene mucho de queja, pero también su lado positivo, y aunque austero tiene alguna estética como la sombra y toma distante del joven central, un joven cool e intelectual –el caballo en pos de libertad- aludiendo la luna y la respiración. Vemos también a los pobladores de Oulad Allal sembrando, retomando la civilización o muy simples reconstruyendo alguna parte de su pueblo, como en la sencillez muy simbólica de enrejar (levantar) una ventana. Parafraseando al viejo agricultor: soy pobre, pero orgulloso de amar y haber defendido a mi país, mi cuerpo esta lastimado y gastado, pero mi corazón es fuerte y feliz. 

La Soledad

A la muerte de la dueña de una casona, la bisabuela del director de este filme, del venezolano Jorge Thielen Armand, queda cuidándola una criada de toda la vida, Rosina (María Agamez Palomino), ella con el tiempo lleva a muchos parientes a vivir al lugar, esto no ocasiona conflicto entre clases como uno pudiera pensar (sobre todo teniendo un gobierno de corte socialista). El director Thielen Armand muestra más bien buenas relaciones, entre los dueños que medio que abandonan la casa y los empleados que toman posesión ante su ausencia, pero aun la famila Thielen la visita y tienen la potestad, como que un día uno de los herederos de la casona –que es un simple reparador de cosas particular y vendedor de lo que saca de la casa- le dice al hijo de Rosina, el negro, como le llaman a José (José Dolores López), un muchacho que ha sido amigo de infancia del director, que van a demoler la casa para vender el terreno. José acepta la decisión sin pelear, igual que Rosina, pero no saben que van a hacer, a donde ir.

El negro vive con su esposa y su hija pequeña también en la casona, él trabaja ocasionalmente en lo que puede, no tienen dinero, su familia es pobre, y la casona además está muy vieja y descuidada, pero de pronto José cree que en la casona puede haber escondido un tesoro de morocotas, unas monedas que circularon oficialmente en Venezuela. Este argumento prácticamente sale de la nada, pero aun así resulta coherente ante la situación apretada que vive el protagonista y su abuela Rosina. José en su búsqueda -un poco- desesperada se topa con una pequeña atmosfera surrealista, un antiguo pariente o quizá un esclavo histórico del lugar como un ángel lo cubre bajo un aura de protección y anima su fe, también se cruza con un caballo blanco, que puede significar la liberación del protagonista, el negro abraza al equino como rendido ante este anhelo.

El filme involucra lo social y político de la realidad actual de Venezuela, vemos incluso largas colas para obtener productos alimenticios básicos o la dificultad de hallar medicinas primordiales como para la presión alta. La vida en la casona puede ser leída como la simbología de cómo está hoy Venezuela, sumida –su población- en la precariedad y en la carencia, en la falta de sostenibilidad, a la vera de la riqueza intempestiva – las morocotas son una metáfora del petróleo venezolano y del gobierno socialista- que de un plan –del gobierno- serio y bien ejecutado. Pero el filme es leve en todo ello y es mejor así, prefiere dejarlo como trasfondo o lectura complementaria y se articula más como una ficción, con su propia individualidad y originalidad, siendo en gran parte real, la historia de la familia y los recuerdos de infancia del joven director.

Los protagonistas se representan a ellos mismos, no son actores profesionales, pero son muy competentes, no son presa de los estereotipos, sino personas de carne y hueso, incluso están más allá de ser limitados a las clases sociales. José exuda personalidad –con sus pesas y poleas caseras, tatuajes, trabajos manuales, preocupaciones nocturnas y sueños, por eso que verlo flotar en el agua, emparentado con el recuerdo del director, sea muy significativo, por encima de ser un recurso muy conocido- y a la vez autenticidad y naturalidad –como su esposa, con la que se ve un gran vínculo, exento de exageraciones- sin ser tampoco un descollar de creatividad, como somos al fin y al cabo la mayoría. 

miércoles, 5 de julio de 2017

Antonio uno dos tres

La construcción de este filme, la estructura, es muy interesante y además lograda. Utiliza unas pocas líneas de una historia, se basa ligera y libremente en Noches blancas, novela de Fiódor Dostoyevski, y está expuesta como la vida ordinaria y contemporánea de Lisboa, Portugal. Esas pocas líneas generan variaciones pequeñas, el filme del brasileño Leonardo Mouramateus vuelve a contar la misma historia, como que juega a las opciones hasta hallar la mejor o la más romántica, a armar los pedazos enseñando diferentes imágenes, otros ángulos o la misma escena pero lo que antes no vimos. Como eje tenemos a Débora (Deborah Viegas), una turista brasileña en Portugal que vivió en Rusia y ya regresa a su país; al protagonista, a Antonio (Mauro Soares) que exuda calor y simpatía; a la vecina y cómplice de Antonio, Teresa; al padre de Antonio; a un amigo gay y extravagante actor; y a la ex novia sofisticada de Antonio.

La trama se mueve alrededor de la existencia sencilla de Antonio en Portugal, director de una obra de teatro como de su vida, típica de cualquier muchacho. La preparación de la obra teatral hace de metaficción y en ella vemos a  Antonio y sus pequeñas aventuras artísticas con sus amigos en Lisboa. El filme tiene 2 conflictos centrales, qué hacer de la vida de uno y nuestra vida sentimental. Las variaciones, los personajes repetidos dentro de la obra de teatro y el filme dividido en tres etapas narrativas, la carta delatora, ir a buscar donde quedarse y el retorno al hogar paterno tienen una edición sublime, lo cual es lo mejor del filme. La mezcla de lo ordinario, la metaficción y una adaptación literaria recuerda al cine del argentino Matías Piñeiro, pero bajo la propia personalidad, tiene mayor sencillez argumental pero lo compensa con una edición mucho más compleja, muy plástica, tal si tuvieras un cubo de rubik entre las manos, y aun así es una propuesta amable, clara y fluida. 

The Road Movie

El presente documental found footage o de metraje encontrado, del director ruso Dmitrii Kalashnikov, recurre a las Dashcams, una pequeña cámara de parabrisas o de tablero de carro, las que están muy difundidas en su país, como medio de que el ciudadano común pueda filmar alguna posible extorsión policial o deslindar culpabilidad por un accidente automovilístico. El joven director Kalashnikov (1986) recopila cantidad de estas filmaciones y muestra el espectáculo en ellas. El documental como conjunto tiene mucha vitalidad, frescura, intensidad y simpatía, distribuye muy bien las distintas posibilidades o sucesos.

No solo ves accidentes impresionantes, que sería lo esperado (como peleas en la calle por desavenencias de conducción), tiene una variedad decente, como ver un tremendo despliegue de seguridad policial contra un vehículo particular con dashcam, una despistada echando gasolina e incendiando su auto, una chica a la que un taxista le roba la maleta de la manera más tonta, o un tipo con problemas mentales trepándose de pronto a un capó, en fin, un montón de situaciones que hacen muy entretenido este documental, donde a veces esperas que pase algo y no pasa nada, o lo que es más recurrente, pasa algo espectacular.

El filme expresa matices, puede ser algo pequeño, muy sencillo, algo mediano y seco, o algo sorprendente. No faltan los choques poderosos, par con alguna tormenta, o accidentes que se sienten muy próximos, como terminar escuchando el dolor de unas personas tras un impacto. El filme también muestra su cuota de humor sin perder tampoco la cabeza, no obstante tratamos con entretenimiento puro y duro, y aunque no se trata de ningún estudio social de Rusia funciona en general, vemos brutos, indiferentes, pendencieros, otros dispuestos a ayudar inmediatamente o hasta preocupados por los animales; personas inocentes, despiertas o lentas; juerga, insensatez y ocurrencia.

Este documental no es nada extraordinario como séptimo arte, es una idea de lo más común, pero tiene una selección, edición y composición que hablan de un director que sabe aprovechar el found footage, aunque no se trate de un uso vanguardista o experimental de la técnica, pero que maneja decentemente la rutina de la concepción formal, otorgando timing, un balance expresivo o picos de entusiasmo, dentro de la exhibición breve, y aunque se presta mucho para lo abrupto -y especial de alguna forma- también tiene ratos de suspenso, simplicidad, tontería o risa llana, y además hay poco relleno.

sábado, 1 de julio de 2017

Stories Our Cinema Did (Not) Tell

La directora brasileña Fernanda Pessoa nos muestra lo que fue un tipo de cine que se hacía mayoritariamente en los 70s, llamado pornochanchada, un cine popular y erótico oriundo de su país, mezcla de comedia ligera y soft porn, que acompañó a la dictadura militar que duraría 21 años a partir de 1964, y que ambas desaparecieron en los 80s.

Fernanda Pessoa no niega el lugar de la pornochanchada, la señala como parte de la historia del séptimo arte brasileño y por tanto no se le puede invisibilizar. La pornochanchada era reflejo de la influencia de su época –la libertad sexual- y a su vez del poder –la dictadura-, aunque más tarde su liberalidad narrativa y argumental terminó adaptándose también a un tiempo que invocaba cambio político y mayor libertad. Pero la pornochachada luce a la vez impresentable, vulgar, en su mayoría, y el documental escoge ser cine experimental, mediante el uso de la técnica del found footage o metraje encontrado, donde la directora le brinda una lectura personal, salida de su edición, fragmentación y yuxtaposición, viendo que la vanguardia en el filme viene a ser la ironía que impone la directora sobre todo el material recopilado –cerca de una treintena de películas-, sobre lo que transmitía y significaba la pornochanchada. Nada de esto es espectacular si conocemos medianamente el cine porno, donde, como sabemos, la argumentación suele ser ridícula y absurda, pero verlo como el cine bandera de una época es como para pensar en un estudio sociológico, no obstante este documental no pretende tanto. Pero el filme deja una buena idea de lo que es la pornochanchada y es cuestión de pensar por uno mismo para ir más lejos.

El análisis visual de Fernanda se dedica a ironizar y entretener con este cine que no escatimaba vergüenza alguna en lo que exhibía, lo cual podía llegar hasta lo impensable. En el documental vemos que promulgaban violencia, salvajismo, corrupción, sordidez y suma banalidad, a través de mensajes directos hacia el pueblo brasileño. Uno de ellos muy marcado es el excesivo apego al dinero por sobre la moral, como ver que a las mujeres se les insta a prostituirse por el fin –el dinero- justifica los medios. Estos filmes como se aprecia en este documental se lo tomaban en parte en serio, no todo era comedia ni el humor justifica todo.

Lo político y lo social es la parte recriminable, la parte erótica puede ser anecdótica (pone a uno frente al mandato de la excitación ciega y absoluta, tal cual el cine porno), aunque resulta algo trágico si lo tenemos como expresión central de cine. No hay casi nada salvable argumentalmente (según lo seleccionado), que no sea reírse de lo extremo, disfrutar de alguna hermosa anatomía o de alguna calentura, pero como expresa la directora, es parte de su historia y merece un lugar, de esto que ironizar sea en parte algo que cae natural, aunque también amerita un estudio sociológico.

El filme no explica nada, sino que las imágenes hablan por sí mismas, mediante la repetición de lugares. El documental no enseña mucho los desnudos o las escenas de sexo, no va por ahí, no va por lo fácil, aunque sea un documental sencillo. Se enfoca más en el halo de impresentables de estos filmes y de no poder creer en parte lo que fueron o donde estuvieron, como solía decir el genial Jack Palance en su programa de tv., aunque usted no lo crea, de Ripley.  

Spectres Are Haunting Europe

El documental de los griegos Maria Kourkouta y Niki Giannari nos hace ver que remite a las bases de Europa, a las de una vida digna, igualitaria y libre, y a la fraternidad entre los seres humanos, el filme retrata las luchas de toda persona. Para el caso se trata de refugiados venidos de oriente medio que yacen varados en Idomeni, pequeño pueblo griego fronterizo, que colinda con la República de Macedonia. Grecia no permite que avancen, pero les brinda ayuda humanitaria, provisiones (comida, ropa, carpas), y esto genera agradecimiento y enojo dependiendo de que parte de los refugiados.

El título del filme hace referencia a la introducción del Manifiesto Comunista de Karl Marx y Friedrich Engels, pero la película es más un llamado humanista que político, aunque sí hay confrontación de posiciones políticas, que se aprecian sencillas, espontáneas y no muy extensas entre algunos refugiados, pensemos que están estancados esperando sin hacer prácticamente nada. El filme tampoco exhibe demasiado estas quejas y opiniones que suelen contraponer entre ellos. Pero escuchándolos más cala la palabra de los refugiados que alegan ser profesionales, de que no se trata de salvajes ni gente a temer, sino que tienen muchas semejanzas con los europeos, como que la religión musulmana quede en segundo plano o se escuche poco de ella de lo que se suele acostumbrar e identificar. Se oye decir que un mal elemento no significa toda una familia, deslindando generalizaciones.

El filme se puede dividir en tres partes. Primero es un filme exigente, pero también a un punto emotivo, con la cámara estática –cargando sentido expresivo- ubicada en algún lugar clave. Vemos muchas veces solo el andar de la cintura para abajo o las piernas de los refugiados moviéndose sobre el lodo y los charcos que ha dejado la constante lluvia. El filme enseña especialmente esos zapatos sucios y bastante gastados que portan, el largo recorrido que han llevado y el que tienen que sobrellevar aun. Luego de aclimatarnos y sensibilizarnos a la realidad que expone la propuesta y temática, la gran dificultad por la que pasan estas personas, en la segunda parte los escuchamos haciendo algunas arengas y discutiendo, es el momento político, han bloqueado las vías del tren ante la negativa de que puedan pasar la frontera. En la tercera parte la imagen cambia a blanco y negro y surge una reflexión humanista, y una poética además, escrita por Niki Giannari, y expuesta mediante una voz femenina en off que llama a la aceptación e identificación con los refugiados, es un llamado a la consciencia de los europeos, mientras tanto vemos gente manifestando alegría y simplicidad a la cámara, como muchos niños jugando en muy austeras condiciones. 

miércoles, 28 de junio de 2017

La defensa del dragón

Película colombiana, debut de Natalia Santa, que gira alrededor del ajedrez, con Samuel (el compositor Gonzálo Sagarminaga) de protagonista, un profesor de ajedrez y de matemática que yace separado y tiene una hija aun pequeña y vive solo en un humilde apartamento. Anda con 2 mejores amigos quienes se le parecen mucho, cincuentones como él que pasan por algunas dificultades económicas o amorosas. Uno es un don juan frustrado, indiferente a su matrimonio; el otro como reparador clásico de relojes pasa por complicaciones por no adaptarse ni querer a los relojes más modernos, o a los digitales. Pero el filme coloca a Samuel como el más perdedor de los tres con una eterna cara de derrota, de perro triste, a pesar de que tiene el respeto y cariño de los asiduos visitantes del antiguo -y real- club de ajedrez más antiguo de Bogotá, el club Lasker. No obstante tiene de cierto su semblante cuando vemos que no puede lograr consumar una cita afectiva con la madre divorciada de uno de su alumnos de matemática, quizá porque la cree por arriba de sus posibilidades producto de que tiene mejor posición económica que él, aunque ella parece atraída. También es un tipo muy ético, como cuando la hija de quien le arrienda el departamento se le ofrece muy sensualmente, directa al grano, no obstante tampoco es que Natalia Santa sea una pacata y lo vemos a Samuel oliéndose la mano a poco de tocar la entrepierna de la bella muchacha. La trama es estática en casi todo el metraje en cuanto a hacerlo ver a Samuel como un perdedor y un hombre de baja autoestima, consciente del peso de su soledad y aunque ama y respira ajedrez y tiene su saber esto no le reconforta. Para más inri pierde en su club una partida con un visitante extranjero frente a su fanaticada ajedrecista. El filme no posee mucha acción, prefiere plasmar un ánimo, es lento, busca lo más cotidiano y llano y así –o, si lo prefieren, aun así- resulta una propuesta cautivante. No necesita ser una maravilla o un canto de exuberante originalidad en el cine arte para ser agradable.   

lunes, 26 de junio de 2017

City of the Sun

Chiatura, Georgia, es una ciudad minera semi-abandonada hoy en día, otrora muy prospera cuando surtía de mineral –muy especialmente de manganeso, incluso a escala mundial- a la Unión Soviética, la que repercutía en el embellecimiento de la ciudad (aunque también existió una época previa de hambre en la ciudad, y es como si uno esperara, como en lo bíblico, un nuevo ciclo de renovación), pero actualmente en estado post-industrial, post-soviética, se ve post-apocalíptica. El georgiano Rati Oneli nos muestra lo que ha quedado de aquella pequeña gloriosa ciudad, ahora medio fantasmal, a sus ciudadanos movilizándose entre subsistir, buscar algún dinero, y desarrollar sus pasiones, sea la música, el teatro o el deporte.

Dos chiquillas, atletas silenciosas, corren y corren, infatigables, son propias del imaginario de la lucha, pero el mensaje se hace demasiado obvio y la composición manida, pero hay otras escenas logradas, como seguir en más de una oportunidad la caminata de algunas personas a tiempo real en la expectación de a dónde irán a parar, o la de una mina y su carrito de transporte de metales avanzando veloz iluminando su paso. También hay significación más particular y exitosa, como ver una vaca atrapada en un hueco, no sabiendo por donde moverse para escapar de las ruinas, o a un tipo laborioso destruyendo con martillo el concreto a gran altura, aprovechando las ruinas, pasando quizá la página.

El filme plasma tomas y secuencias digamos que artísticas -curiosas, bellas, de ángulos y fondos particulares- y significativas –algunas misteriosas, y puede que algo nostálgicas, sopesando que involucra a la Unión Sovietica- de los espacios de Chiatura, acompañado generalmente del diario existir de sus pobladores, notando que muchas veces el lugar les queda enorme, como que se traga a sus ciudadanos, la pasada gloria lo absorbe todo, y duele un poco de observarse. Apreciamos gente empequeñecida por el espacio, aunque hay ratos que la cámara lo aborda colectivamente y uno olvida un poco el entorno. Es así que la composición visual por simple que a veces sea es metafórica.

Chiatura tiene mucho de soledad, pero también de fiesta, tiene gente humilde pero resiliente o, si así lo quieren, indiferente. Sin embargo no se puede evitar atender que la ciudad se percibe como un gigante moribundo y su gente como “rémoras” de la situación, simplemente existiendo, pero además, aunque muchos son como olas que tan solo chocan contra las piedras, también tienen sueños y anhelan/buscan placeres, la mayoría en el arte y así vemos muchas expresiones que dan vida –aun- a Chiatura, a un minero de actor de teatro, o a un profesor de música rompiendo concreto para vender metal, ambos -y otros más- otorgan calado y virtud al filme. 

The Challenge

Unos jeques árabes se preparan para un torneo de cetrería a darse en Qatar, mientras aguardan vemos como la cámara del italiano Yuri Ancarani nos muestra la vida privilegiada de estos millonarios catarís. Ellos se encuentran siempre en total naturalidad, sosiego y seriedad, metidos en su propio mundo, y lo espectacular es que podemos conocer su intimidad de la forma más transparente. En una de las mejores escenas del filme los observamos cenando tradicionalmente, es una mirada antropológica, cultural, pero también curiosamente tienen muchas similitudes con occidente. Se puede apreciar que es un mundo de hombres, no aparece en el filme ni una sola mujer, esto sumado, excepcionalmente claro, a la ideología de relegar en su cultura a la mujer a un segundo plano o a un estado de sumisión, pero es similar a occidente en cómo se hallan, en las demostraciones de poder, de intrínseca e inconsciente ostentación, de irradiar admiración por el lugar que ocupan y qué tanto poseen, como de una masculinidad extrema, es el juego y divertimento de los machos.

No necesariamente los jeques se manifiestan vacíos con su riqueza, simplemente es el estado de las cosas, son ricos y este es su forma de vida común, si tienes, lo quieres, lo compras, es tuyo y, pues, lo disfrutas, y es que están en su hábitat (el desierto nunca más simbólico), además de que yacen dentro de un fin de semana “loco”. La cámara por ello más bien trata de no parecer intrusa o fuera de lugar, celosa o juzgarles de banales. Ancarani y su filme mantienen mayormente silencio, e incluso apenas se oyen un par de voces de los árabes, el resto es observación y curiosidad, las imágenes se dedican a enseñar sin juzgar, sin imponer ninguna perspectiva. Pero más humanos/terrenales los árabes imposible.

Vemos un lado de despilfarro, los jeques conducen Lamborghinis, poseen aviones privados para conducir a sus halcones, uno tiene de mascota a un guepardo o chita, exhiben tecnología de punta, pero todo se ve como si de un campamento de verano se tratara, tal cual las carpas observadas a distancia, donde juegan videojuegos o componen autos para generar altas velocidades y mucho ruido y fuego a su paso.

Implica en los protagonistas ser extravagante, pero también la cetrería es una práctica milenaria, tradicional del mundo árabe, tanto como de occidente, y la conducen de esa manera, cuidan y preparan a sus halcones con suma delicadeza, saber y cariño, tienen respeto por estas aves, como Ancarani lo muestra por este mundo de privilegio catarí, de aquí que resulte coherente que la mirada subjetiva de la cámara fusione a los imponentes halcones con los catarís, mostrando en la toma de captura a las aves en plena libertad y espontaneidad. 

sábado, 24 de junio de 2017

Te prometo anarquía

Esta película hace honor a su título, exuda autenticidad y mucha potencia en el estilo de vida, e incluso no tiene mucha narrativa en realidad y parece más bien que exhibiera solo fragmentos de cotidianidad intrascendente, que además hasta lo skater parece un mero divertimento, algo no tan definitorio de lo que pudiera uno creer a simple vista, aunque indica una cierta vagancia y libertad juvenil, pero la cual en el fondo pudo ser cualquier otra. El filme se relaja a ratos de lo skater, se “olvida” de esto y está muy bien, aunque pretende y exhibe audacias con esta práctica (el patinar completamente desnudo, el retorno en patineta por la carretera), pero todas estas fluyen, se pegan al contexto, porque de lo que se trata aquí es ser uno mismo, en este filme anárquico (argumentalmente), pero que se entiende perfectamente, aunque ausente prácticamente de una historia, que no sea vagar, ser un joven salvaje y libre.

Lo curioso y bien trabajado de esta película son sus dos protagonistas, dos jóvenes muchachos enamorados, si bien nada los ata que no sea la intensidad de su atracción mutua y la vida sin rumbo. Hacer dinero es llevar gente a que done sangre, y ahí se da una subtrama sobre la violencia de México, la que puede disparar por donde uno menos cree. Esta subtrama llena de culpa y enojo a los protagonistas, pero poco más y queda ahí, ya que de lo que va el filme es del apasionamiento de Miguel (Diego Calva Hernández) y Johnny (Eduardo Eliseo Martinez).

El eje es Miguel, el chico digamos que bueno, enamorado, mientras Johnny es el loquito suelto, el que es, vive, sin casi complicación alguna, aunque ambos son parte de la misma extravagancia, la que maneja perfectamente en la presente película el guatemalteco mexicano nacido en EE.UU. Julio Hernández Cordón –director de la austera pero muy simpática docuficción Las marimbas del infierno, 2010-, gracias a una conseguida liberalidad/libertad llena de frescura y naturalidad.

Miguel es el chico bien que se libera –es él mismo- con el chico de barrio, aunque esto no está marcado. Igual el filme no pretende presentar cortapisa alguna de su inclinación sexual, es un México totalmente libre y tolerante, inclusive la madre de Miguel apenas lo reprende, rendida ante el hijo rebelde, aun aduciendo su conocida amistad con Johnny. El apasionamiento de Miguel y Johnny está en todas sus acciones, ambos viven la vida a toda máquina, sin mucha meditación, pero les cae algo de karma por tanta anarquía, aunque viendo también que son mucho sólo circunstancias, un pequeño buen truco extraído de la chistera.  

La película que vendría después, Atrás hay relámpagos (2017), es mucho un remake asolapado aunque con distintos “nombres” en todo de Te prometo anarquía (2015), lo genial y significativo de esta primera luce bastante inferior, vacío y hasta defectuoso en la siguiente. 

jueves, 22 de junio de 2017

The Eremites (Die Einsiedler)

Dentro de una población austriaca ubicada en los Alpes italianos en una montaña hay una granja donde viven dos ancianos, su hijo Albert (Andreas Lust) de mediana edad ha pasado a vivir en la parte de la ciudad, mientras trabaja en una cantera no muy lejana del hogar de sus padres. La anciana madre, Marianne (Ingrid Burkhard), no quiere que su hijo viva en la montaña, quiere que se adapte a la ciudad y tenga una vida mejor. Albert es un poco retraído y le cuesta aun adaptarse a la ciudad, además de que siente un gran vínculo emocional con sus padres. Esa separación y contraste le pesa, aunque Albert ama a una mujer. En la montaña la vida ascética, por más raro que suene por una parte, no cumple con darle felicidad y tranquilidad a estos hombres del campo, la anciana siente los embates de la realidad y profesa decepción, lo que pretende es que el hijo se inserte en una vida menos sufrida. El frío y la soledad de la montaña que lleva Albert pegados al cuerpo es su lucha, además se enfrenta a compañeros de trabajo que lo aturden. Pero el único camino que parece quedar es abandonarla. El filme muestra mucha dureza por la vida en la granja, pero Albert siente demasiado amor hacia aquella existencia representada en sus padres. Este amor no es tan efusivo, el trato es llano, pero se percibe en todo momento. El filme del italiano Ronny Trocker intenta desligarse de lo místico y lo poético, y buscar la practicidad del mundo, todo lo que se entiende necesita Albert, y debe aceptarlo, a la inversa de lo que solemos escuchar, de la belleza y la paz de lo bucólico. 

The Saint (Sventasis)

Vytas (Marius Repsys) es un tipo grande que se ejercita en su casa, acaba de perder el empleo y pasa el tiempo amodorrado, tiene 2 hijas pequeñas y su correcta esposa para ocupada. Vytas se dedica a buscar empleo, pero no halla nada, la situación en Lituania, su país, es de crisis por lo que escuchamos a través de lo que ve en la tv. Vytas se tienta con una relación extramatrimonial con una peluquera cool que lo muestra inmaduro. Vytas me recordó instantáneamente -aunque suene curioso decirlo- al campeón mma Fedor Emelianenko por su parecido físico y porque Vytas a pesar de su gran tamaño luce como un tipo bastante tranquilo y amable. El director lituano Andrius Blazevicius muestra como su protagonista, en una muy buena actuación del novel Marius Repsys, pasa por el viacrucis del desempleo y la superficialidad del hedonismo para hallarse a sí mismo. El filme maneja muy bien lo cotidiano y las emociones, Vytas es un tipo sensible pero tiene mucho que vivir. El filme es un buen retrato de la vida misma, con un personaje algo atípico, un tipo que parece guardaespaldas o bouncer, pero que es igualito a todos nosotros. The Saint (2016) discute la epifanía, lo místico, pero desde la vida común, desde la aparente simplicidad, pero que yace cargada de existencialismo, mostrando que lo sencillo puede albergar mucha complejidad, que la vida de cualquier persona es importante, que ama, sufre, se equivoca y puede decidir ser mejor, se trata de la belleza de lo común, de los pequeños grandes problemas.

martes, 20 de junio de 2017

Vers Madrid: The Burning Bright

El documentalista francés Sylvain George filma el Movimiento 15-M, movimiento pacífico de protesta realizado en Madrid a raíz de un 15 de mayo del 2011. En este vemos por una parte, en un inicio, una especie de fiesta a lo Woodstock, pero sin drogas ni desenfreno hippie, con jóvenes aglutinados para protestar mientras cantan, bailan y se entretienen, como dice un extraño orador, para que no se aburran. Luego esto terminará en la represión del estado y la policía, donde se torna un poco violento el panorama y surge el desencanto.

El 15-M, por lo que vemos en el documental de Sylvain George, está plagado de oradores improvisados, lo cual denota autenticidad en el movimiento, no se trata de políticos encubiertos haciendo campaña para próximas elecciones o intentos políticos de lucirse, hacerse notar y conseguir beneficios más tarde, la política suele estar repleta de oportunistas y mentirosos. Esa improvisación tiene un lado negativo también, se le da pantalla a mucho tipo extravagante y poco serio, que parecen salidos de un teatro de variedades.

Sylvain George trata de exhibir lo atípico, lo curioso, en su documental, y cae mucho en lo poco atractivo, en lo intrascendente, generando más bien lo contrario a lo que busca, desinterés. Se entiende que trata de no mostrar el producto solo como un documental político tradicional, informativo, insulso, propio de la sencillez de un noticiero, sino pretende algo mucho más artístico, como se aprecia en esas construcciones de imágenes de  complemento -como collage- que intentan apaciguar, otorgar orden, a la suma espontaneidad y el caos –aunque pacifico- que ha filmado del 15-M. El intento artístico no es mucho en el filme, tampoco está muy conseguido, los insertos de apoyo o complemento lucen en parte arbitrarios, gaseosos y distantes en su búsqueda de metáforas. Finalmente el filme se rinde al material in situ y a la fluidez del momento.

El filme tiene momentos delirantes, como ver a dos hombres quitarse la ropa y quedarse completamente desnudos gritándoles reclamos y explicaciones a la fila de sordos y firmes policías. Es una película curiosa a fin de cuentas, más allá de tener o no material realmente atractivo, es como decir que es lo que hay, y esa naturalidad tiene valor. Se agradece que no sea cine de propaganda, o un cine calculadamente ideológico, se entiende lo que el 15-M defiende, contra quienes luchan, aunque el documental adolezca de mejor efecto. Le falta un balance ciertamente, está demasiado abandonado también, pero es un documental que se aleja de lo tradicional, como de lo racional, y explora lo esencial, lo auténtico y lo primitivo.  

domingo, 18 de junio de 2017

Personal Shopper

Personal Shopper, del galo Olivier Assayas, nada entre lo interesante y lo ridículo, en la que es una historia de fantasmas mezcla de terror, de The Devil Wears Prada (2006), de realismo como un thriller/misterio, y de la obsesión del gran Harry Houdini, por entablar comunicación con los muertos. Kristen Stewart ha pasado de ser una popular estrella mainstream con productos de dudosa calidad -La saga Crepúsculo- a una musa del cine arte y un poco una estrella del cine europeo gracias al mismo Assayas y su intervención en la película anterior de éste francés, Clouds of Sils Maria (2014), con la que Steward ganó un premio César. Nuevamente se convierte en la musa de Assayas, sale en topless en un par de ocasiones, desfila ropa sexy, aunque también tiene de mujer ruda (sin violencia), e incluso aparece masturbándose (brevemente). El filme pone a Steward de asistente de compras, mientras trata de comunicarse con su hermano muerto que era creyente de lo paranormal. El filme empieza con la idea de que ella logre contactarse, pero pronto ante la llamada de un desconocido –por mensajes de texto- en su celular el filme trasmuta en una película de misterio que disminuye mucho lo sobrenatural, aunque bascula en el cine de terror que se perpetúa en la ambigüedad, incluyendo un mix de géneros. Assayas maneja originalidad y riesgo con una película que logra salir a flote cuando su éxito inicialmente vacila. Entrados en la mitad del filme este yace en óptima forma, posee un buen ritmo además. Steward se pone en el papel de una persona algo extravagante y le sale bastante natural. También se luce misteriosa y sensual con cierta contención, quizá porque no es demasiado expresiva. El filme recurre mucho al uso del celular, un recurso que nunca agota, mantiene la expectación apoyándose de buenos diálogos que se manejan entre la extrañeza y la seducción del anonimato. Assayas tiene genio para extraer talento de sus actores, como pasaba igualmente con Edgar Ramírez en la miniserie Carlos. Junto a él Kristen Steward se muestra como una actriz atractiva en el cine arte. 

lunes, 12 de junio de 2017

It's Not the Time of My Life (Ernelláék Farkaséknál)

Esta película, ganadora del globo de cristal, máximo premio del festival de Karlovy Vary 2016, se manifiesta muy obvia y por un lado manida, marca una intención con alevosía y luego “huye” del lugar para pasar a otra cosa, porque de lo que se trata el filme es de hablar de la vida común a tantos otros desde el matrimonio relativamente joven (uno que está a comienzos de los 40s) con sus peleas, frustraciones, decepciones y miedos, sobre dos familias, una pobre y otra rica, unidas por parentescos de sangre, los de dos hermanas. La familia exitosa le pertenece a la menor, a Eszter, y a su marido Farkas (el mismo director del filme, el húngaro Szabolcs Hajdu), juntos tienen un niño de 5 años, Bruno, que es insoportable y está malográndoles el matrimonio porque producto de su comportamiento fuera de sí estallan continuas peleas. La familia pobre económicamente -y para colmo ella infiel- le pertenece a Ernella, y tiene una hija de 10 con el bueno pero austero de Albert. Ernella le echa en cara a Eszter de la forma más directa su situación social y el filme medio que naufraga en el sempiterno lugar común. Pero al menos la propuesta no se queda solo aquí, hay otros conflictos, el propio amor de pareja o el amor incondicional a los hijos se ponen en duda. Más tarde el filme se vuelca a lo Ingmar Bergman en una presentación casera de teatro realizada por los niños de ambas familias. Aparece una pequeña extravagancia, los padres lucen máscaras de carnaval. Y el filme pasa al estado emocional de la típica canción de “Todo va a estar bien”, que me hizo pensar en la serie de tv. La vida continúa, y tampoco es tan malo, la serie era muy entretenida. Lo mejor del filme es un arranque que aunque difícil de seguir muestra una anarquía y frenesí en parte interesante (¿a dónde nos hubiera llevado?), que luego se diluye en un filme amable, con una narrativa al menos decente y llevadera, fuera de tanto conflicto.

lunes, 5 de junio de 2017

The Fixer (Fixeur)

Radu (Tudor Istodor) es un periodista con muchas ganas de crecer en su medio periodístico afincado en Francia (se le llama un perfeccionista), para lograr su meta se interesa por un caso de dos chiquillas menores de edad prostituidas a la fuerza en París que salvadas de la trata de blancas han regresado a su hogar en Rumania. Radu por ser rumano se presta de intérprete y negociador del caso, con él viajan unos periodistas inescrupulosos franceses.

El rumano Adrian Sitaru discute sobre la ética del periodismo que tantas veces se comportan como buitres tras la noticia, sin importarles realmente la vida y el dolor de los involucrados, para esto la niña prostituida que buscan tiene a todas luces un trauma y aun no lo sobrelleva, pero el deseo de obtener una noticia mediática y de interés humanitario hace que solo les importe convencerla a toda costa y obtener lo que quieren, prestigio como periodistas. Sin embargo, Radu por más ambición que tiene se debate entre la moral propia y la influencia del grupo.

El filme tiene el estilo clásico del atractivo cine rumano, que suele poner el dedo en alguna llaga, abordando siempre temas cotidianos y universalmente representativos con suma naturalidad, dentro de un aire fresco, relajado pero jamás vacío o superficial, bajo una cierta infaltable audacia narrativa, en una atmosfera calma, mesurada, pero entendiéndose sin dificultad todo el panorama de alguna discusión importante, a veces saltando algo de explosividad, como cuando la niña intenta hacerle sexo oral de la nada a Radu, con lo que el punto queda muy claro. Pero por lo general suele recurrir a la sutileza, como también nunca le falta realismo, pero no el burdo.

The fixer es una película valiosa, partiendo de algo muy pequeño, expuesto de esa manera también, con humildad, que con el viaje y la búsqueda de lo cotidiano se viste de sencillez, una que suele distinguirle y no representa en absoluto un cine menor, sino una elección narrativa autentica y propia de su cine. De la mano va una subtrama –con el niño e hijo de Radu- que responde con inteligencia toda la temática, aunque pareciera engañosamente estar como sobrante por su excesiva delicadeza, que trata de la distancia del amor en cada caso.

domingo, 4 de junio de 2017

Alien: Covenant

Alien: Covenant es la segunda precuela de la saga Alien, que le sigue a la decente Prometheus (2012), a las que injustamente se les pide que emulen lo que hiciera el mismo director, Ridley Scott, con Alien - El octavo pasajero (1979), la primera película, la que fue un hito dentro del mix sci fi-terror, y para el cine en general, y es pedirle un imposible, pero Alien: Covenant es una buena película sin ser extraordinaria. En realidad, la saga de Alien es pura cinefilia, que en lo personal me fascina y entretiene mucho, lo que hicieran igualmente James Cameron, David Fincher y hasta Jean-Pierre Jeunet en las continuaciones. A este último, aunque más atacado que el resto, hay que reconocerle que le dio más background a la historia, respetando al original, y podemos apreciar que deja influencia filosófica y argumental en Alien: Covenant, que es una película que trata de salirse de la simple pero adictiva persecución, el escondite, el misterio y la acción pura y dura que se manifestaba sobremanera en las tres primeras, salvando que cada obra ha tratado de aportar un poco más a la mítica del xenoformo o alien.

Vemos que en Alien - El octavo pasajero se habla de la concepción y la maternidad de forma oscura, perturbadora y matricida, que ha sido la esencia del monstruo. Ahora además se trabaja -mucho más- con el doble y la dualidad, en aquellos sintéticos, tipos de robots que siempre han estado en la saga, que interpreta magistralmente por partida doble Michael Fassbender, y que muchos machacan que es lo único bueno de Alien: Covenant, cuando todo gira alrededor y consecuencia de él, toda la narrativa pasa por su participación, por lo que ver y disfrutar de estos 2 personajes más bien es elogiar toda la película.

Al comienzo del filme vemos al sintético David formular la base filosófica de la propuesta cuando conversa con su creador, un científico multimillonario, a quien David, alguien que buscará la perfección, lo siente cruel y que no lo ama, sino lo minimiza, lo ve como un objeto, y David, como los replicantes de Blade Runner (1982), se adhiere mucho a un espíritu muy humano, en sus pasiones y anhelos existenciales, y termina odiándolo y odiándonos, en medio surgirá un plan ego-maniático –todo a partir de un pequeño mensaje, un dulce- en una amalgama que tiene de mística, artificial y fantástica.

El filme de Ridley Scott tiene una tripulación no mala –por una parte desconocida- pero algo desangelada (obviamente Sigourney Weaver es irremplazable, y ya cumplió, y aquella tripulación de la primera Alien era demasiado estupenda, con el siniestro Ian Holm, la dramática Veronica Cartwright, el sensible John Hurt, el bobo/relajado simpático Harry Dean Stanton, el líder típico americano Tom Skerritt y el punk soft Yaphet Kotto), y no recrimino en absoluto la torpeza de la tripulación que es parte natural de toda película de género, es la entrada a la diversión y al juego con lo que espera por sus víctimas, pero esto es secundario, es una herramienta, porque el plan maestro oculto es lo que realmente importa y es típico del placer del cine de terror, tratar de matar sin demasiada pompa argumental a fin de cuentas.

Ridley Scott, la historia de los guionistas Jack Paglen y Michael Green, y los guiones de John Logan (guionista en solitario de las geniales El aviador, 2004; y Sweeney Todd, 2007) y el debut en guion de Dante Harper mutan/fusionan el argumento de Prometheus de los dioses extraterrestres. Todo encaja a la perfección, el argumento es bueno, claro y sólido, y no solo queda en esto el filme también impone acción trepidante y tenebrosas escenas de terror –con alguna tontería como la pelea entre David y Walter que parece salida de una mala película de kung fu, mejor la escena con la enseñanza de la flauta, y el ataque intempestivo-. Alien: Covenant muestra distintos (nuevos) tipos de xenoformos, hasta el clásico del final, recurre a todos los elementos propios del Alien (como era una queja hacia Prometheus, querían ver más al monstruo), también genera las clásicas emocionantes explosiones gore tras sembrar el Alien en el cuerpo humano a las que añade novedosas aperturas. 

lunes, 15 de mayo de 2017

Get Out

Película que mezcla la comedia con el terror casi al mismo nivel, incluso uno diría que hay más de comedia, primero es pura parodia, burlándose de lo social, de la diferenciación con los afroamericanos, visto desde uno, el director Jordan Peele, que recurre a la esencia clásica del género, indagar, pensar, a la sociedad, por debajo del entretenimiento y el placer, adaptado a los nuevos tiempos. Muchos lo creen un retorno a su base formal, cuando el cine de terror se ha vuelto producto de su abundancia y recurrencia en un simple entretenimiento, miles de veces de mirar y botar, matar el rato, y olvidar con la misma disponibilidad. Pero el cine de terror, tantas veces infravalorado, es más importante y significativo de lo que uno cree.

Jordan Peele parodia la sobre atención hacia los afroamericanos, la inquietud que pueden generar a otros, a los caucásicos, estos a veces envidiándolos un poco, pensando en lugares comunes. No todo es negativo. Comparado con la esclavitud y la defensa por los derechos igualitarios suena casi a un juego de niños, pero existe una lucha, por una naturalidad que aún falta, entre otras cosas. Y vemos a gente progresista blanca llenando de halagos exorbitados a nuestro protagonista, el afroamericano Chris Washington (Daniel Kaluuya), tratando de demostrar que no son para nada racistas, sino que admiran y les entusiasma la gente de color, pero no lo tratan con naturalidad, no se enfocan más que en exhibirse como amantes de los afroamericanos en todo momento, y que no tienen prejuicio alguno, cuando lo normal sería pensar en su personalidad y quien es y olvidarse de la raza. Por eso Chris se siente incómodo, aunque también él tiene sus prejuicios, y enseguida desconfía de los padres de su novia blanca, y dice sentirse más a gusto con otro afroamericano, en cuanto se cruza con uno. Sin embargo también le incomodan los empleados de color de la casa de los padres de su novia. Estos yacen como autómatas y raros, aparte de que lo tratan con cierto fastidio. Pero hay un motivo social, y de terror.

El filme maneja mucho lo social, los nuevos lugares de la diferenciación, esta parte es lo que más ha gustado, la obviedad de los postulados ha calado, ya que el terror siempre lo ha tenido pero era menos apreciado por los intelectuales. A un punto me pregunto si de verdad aprecian el cine de terror, porque en esta parte es más flaco el filme, tiene huecos, y es menos especial, que tratar de sentirse contentos con la época de lo políticamente correcto. No hablo de defender la vulgaridad, la idiotez y la violencia, sino de ser quisquilloso con la libertad artística del cine. La parte del terror que viene más tarde vuelve al filme más convencional, incluso no se justifica tan bien el secreto de la casa de los padres de Rose (Allison Williams), la novia. Otro defecto es el mejor amigo de Chris (LilRel Howery, más culpa del personaje, pero también Howery es comediante) que seguramente habrá sido la delicia y risa de un sector del público, pero que más se hace una intromisión bastante pobre, demasiado llana para mi gusto.

El filme de Jordan Peele podríamos decir que es a un punto novedoso, entre comillas. La parodia está muy bien hecha, hay que reconocer, es tal cual buena parte de la realidad. Y ya podemos considerarlo de por sí representativo en el cine de terror (aunque en cuanto al horror en sí no sea de los mejores), y posiblemente más, por lo que nos hallamos frente a un filme bueno, pero ni hablar la maravilla que muchos creen ver. Como siempre uno se dice al verlo, cómo no se les ocurrió a otros, en su medida, porque no es el descubrimiento de la pólvora tampoco. Pero el descaro, poner todas la fichas a toda fuerza, coloca a Peele entre los que acaban de ganarse la lotería. El filme es el Adivina quién viene a cenar (1967) del siglo XXI, aunque mucho menos genial como un nuevo The Stepford Wives (1975). 

lunes, 8 de mayo de 2017

Fragmentado (Split)

M. Night Shyamalan se anota una buena película con esta y suben bastante sus bonos, ya apunta a hacer un crossover con una de sus mejores películas, Unbreakable (2000), y la presente, y suena interesante, uno vuelve a creer en él. En cuanto a Fragmentado (2016) pudo caer en el ridículo en más de una oportunidad, es más siempre lo tiene a puertas de aparecer (como cuando McAvoy sale creyéndose una mujer hacendosa o un niño mimado de 9 años), pero Shyamalan lo esquiva y logra salir a flote con una historia sólida.

El filme nos enseña a un tipo que tiene 23 personalidades, tiene un desorden de identidad, mientras prepara la llegada de La Bestia, un superhombre fomentado en la idea de que la mente puede transformar en lo que sea a la materia. Kevin Wendell Crumb (James McAvoy) es este hombre, que secuestra a tres muchachas, una de ellas se llama Casey (Anya Taylor-Joy) quien se asume de marginal. Junto a las consultas psiquiátricas y el razonamiento de la enfermedad de Kevin por parte de la doctora Karen Fletcher (Betty Buckley) este es nuestro escenario.

El filme va exhibiendo el trastorno de Kevin, nos muestra La Horda. Lo que va sucediendo atrapa, está bien combinado, querer escapar de un lugar sin poder identificarlo, las tantas visitas de las personalidades de Kevin, recuerdos traumáticos y un tira y afloja en la locura. Shyamalan ha buscado construir una historia de principio a fin y no un remate, y queda perfecta la idea de que La Horda y La Bestia pueden ser enemigos propios de un superhéroe más del tipo terrenal como anuncia el crossover, y también terror.

Anya Taylor-Joy siempre lleva una convincente pero monótona expresión de interrogación, cautela e inseguridad –de paso, a su pasado le falta fuerza visual- y McAvoy hace mil caras y esfuerzos/disfuerzos que en general son satisfactorios. El filme tiene algún susto típico (ver comer como a un depredador a La Bestia), pero son los menos, más es un ambiente extraño, una historia clínica ligera, pero no obstante existe su suspenso. En un inicio uno duda de la violencia de Kevin y de Shyamalan, pero cumple y tiene una lógica con La Bestia, sobre la superioridad y los dañados. No considero a Shyamalan una mente maestra, pero tiene creatividad y toma muchos riesgos, nuevamente tiene éxito, se disfruta, y es de celebrar. 

domingo, 7 de mayo de 2017

La cura siniestra (A Cure for Wellness)

Una película potente, pero imperfecta, por algo imprecisa y que genera dudas de unidad, no siempre la ambigüedad juega a favor de una película, pudo tener una explicación más sencilla y quedaba mejor, y no por eso uno no agradece tantas vueltas y novedades, porque este es un filme que salta de una sorpresa a otra que va mutando el centro del asunto hacia lo siniestro. La trama nos ubica en un lugar de descanso y sanación de millonarios hombres de negocios que yacen enfermos por consumirse en sus labores de ambición y éxito. Están en un spa en los Alpes Suizos, como en Youth (2015), donde cae Lockhart (Dane DeHaan) que tiene la misión de ir a traer a un director ejecutivo importante de su empresa, pero terminará internado.

El filme es uno de esos de paranoia y conspiración aunque manejado de manera tenue por la firmeza del protagonista. El lugar algo oculta –y es lo que nos intrigará en gran parte- en su panorama idílico donde los viejos ricos descansan y matan el tiempo. El que maneja el centro de bienestar es el doctor Heinreich Volmer (Jason Isaacs) que detrás de su amabilidad parece ocultar otra enfermera Ratched que no permite que nadie salga del lugar. En esto recuerda a One Flew Over the Cuckoo's Nest (1975). El filme es intenso, y muy misterioso, al estilo revelador de Shutter Island (2010). El siempre curioso director Gore Verbinski y el guionista y creador de la historia Justin Haythe (el guionista de la genial Revolutionary Road, 2008) realizan una película algo lejos de las convenciones de Hollywood, plantean algo de sordidez, y un poco de atrevimiento. El filme tiene mucho de amable, con su pizca de rebelde.

Todas las pesquisas las lleva acabo Lockhart que nunca descansa a pesar de que tiene una pierna enyesada, lo que hace más arduo su huida y la sensación de indefensión, moviéndose por pasadizos lúgubres como los de una morgue, y además se suele topar con anguilas que desde el inicio nos abren la idea de algo secreto, en la reja de entrada hay dos anguilas cruzadas, y Lockhart tiene el sueño recurrente de que estas tratan de asfixiarlo. El filme pareciera que pretendiera criticar el capitalismo, pero en el trayecto pasa a ser algo funcional y muy secundario. También parece dar a entender su deseo de ir contra las grandes ambiciones o, quizá, las películas de fórmula, defendiendo la libertad individual.

A cure for wellness es interesante, pero se hace larga –dura dos horas y media- y se enreda un poco. No obstante prestando atención todo encaja. La película tiene una historia gótica también, con sus viejos castillos y sus secretos legendarios y oscuros, o con sus muertes de épocas de abuso de poder, lo que se mezcla con la modernidad, esos jóvenes pandilleros del pueblo. Otra forma de la propuesta es la de lo psicológico, misma la bailarina que fabrica la madre del protagonista, y vemos imitándola, sin que lo sepa, a la chica rara del hospital o centro de bienestar, Hannah (Mia Goth).