sábado, 24 de junio de 2017

Te prometo anarquía

Esta película hace honor a su título, exuda autenticidad y mucha potencia en el estilo de vida, e incluso no tiene mucha narrativa en realidad y parece más bien que exhibiera solo fragmentos de cotidianidad intrascendente, que además hasta lo skater parece un mero divertimento, algo no tan definitorio de lo que pudiera uno creer a simple vista, aunque indica una cierta vagancia y libertad juvenil, pero la cual en el fondo pudo ser cualquier otra. El filme se relaja a ratos de lo skater, se “olvida” un poco de esto y está muy bien, aunque pretende y exhibe audacias con esta práctica (el patinar completamente desnudo, el retorno en patineta por la carretera), pero todas estas fluyen, se pegan al contexto, porque de lo que se trata aquí es ser uno mismo, en este filme anárquico (argumentalmente), pero que se entiende perfectamente, aunque ausente prácticamente de una historia, que no sea vagar, ser un joven salvaje y libre.

Lo curioso y bien trabajado de esta película son sus dos protagonistas, dos jóvenes muchachos enamorados, si bien nada los ata que no sea la intensidad de su atracción mutua y la vida sin rumbo. Hacer dinero es llevar gente a que done sangre, y ahí se da una subtrama sobre la violencia de México, la que puede disparar por donde uno menos cree. Esta subtrama llena de culpa y enojo a los protagonistas, pero poco más y queda ahí, ya que de lo que va el filme es del apasionamiento de Miguel (Diego Calva Hernández) y Johnny (Eduardo Eliseo Martinez).

El eje es Miguel, el chico digamos que bueno, enamorado, mientras Johnny es el loquito suelto, el que es, vive, sin casi complicación alguna, aunque ambos son parte de la misma extravagancia, la que maneja perfectamente en la presente película el guatemalteco mexicano nacido en EE.UU. Julio Hernández Cordón –director de la austera pero muy simpática docuficción Las marimbas del infierno, 2010-, gracias a una conseguida liberalidad/libertad llena de frescura y naturalidad.

Miguel es el chico bien que se libera –es él mismo- con el chico de barrio, aunque esto no está marcado. Igual el filme no pretende presentar cortapisa alguna de su inclinación sexual, es un México totalmente libre y tolerante, inclusive la madre de Miguel apenas lo reprende, rendida ante el hijo rebelde, aun aduciendo su conocida amistad con Johnny. El apasionamiento de Miguel y Johnny están en todas sus acciones, ambos viven la vida a toda máquina, sin mucha meditación, pero les cae algo de karma por tanta anarquía, aunque viendo también que son mucho sólo circunstancias, un pequeño buen truco extraído de la chistera.  

La película que vendría después, Atrás hay relámpagos (2017), es mucho un remake asolapado aunque con distintos “nombres” en todo de Te prometo anarquía (2015), lo genial y significativo de esta primera luce bastante inferior, vacío y hasta defectuoso en la siguiente. 

jueves, 22 de junio de 2017

The Eremites (Die Einsiedler)

Dentro de una población austriaca ubicada en los Alpes italianos en una montaña hay una granja donde viven dos ancianos, su hijo Albert (Andreas Lust) de mediana edad ha pasado a vivir en la parte de la ciudad, mientras trabaja en una cantera no muy lejana del hogar de sus padres. La anciana madre, Marianne (Ingrid Burkhard), no quiere que su hijo viva en la montaña, quiere que se adapte a la ciudad y tenga una vida mejor. Albert es un poco retraído y le cuesta aun adaptarse a la ciudad, además de que siente un gran vínculo emocional con sus padres. Esa separación y contraste le pesa, aunque Albert ama a una mujer. En la montaña la vida ascética, por más raro que suene por una parte, no cumple con darle felicidad y tranquilidad a estos hombres del campo, la anciana siente los embates de la realidad y profesa decepción, lo que pretende es que el hijo se inserte en una vida menos sufrida. El frío y la soledad de la montaña que lleva Albert pegados al cuerpo es su lucha, además se enfrenta a compañeros de trabajo que lo aturden. Pero el único camino que parece quedar es abandonarla. El filme muestra mucha dureza por la vida en la granja, pero Albert siente demasiado amor hacia aquella existencia representada en sus padres. Este amor no es tan efusivo, el trato es llano, pero se percibe en todo momento. El filme del italiano Ronny Trocker intenta desligarse de lo místico y lo poético, y buscar la practicidad del mundo, todo lo que se entiende necesita Albert, y debe aceptarlo, a la inversa de lo que solemos escuchar, de la belleza y la paz de lo bucólico. 

The Saint (Sventasis)

Vytas (Marius Repsys) es un tipo grande que se ejercita en su casa, acaba de perder el empleo y pasa el tiempo amodorrado, tiene 2 hijas pequeñas y su correcta esposa para ocupada. Vytas se dedica a buscar empleo, pero no halla nada, la situación en Lituania, su país, es de crisis por lo que escuchamos a través de lo que ve en la tv. Vytas se tienta con una relación extramatrimonial con una peluquera cool que lo muestra inmaduro. Vytas me recordó instantáneamente -aunque suene curioso decirlo- al campeón mma Fedor Emelianenko por su parecido físico y porque Vytas a pesar de su gran tamaño luce como un tipo bastante tranquilo y amable. El director lituano Andrius Blazevicius muestra como su protagonista, en una muy buena actuación del novel Marius Repsys, pasa por el viacrucis del desempleo y la superficialidad del hedonismo para hallarse a sí mismo. El filme maneja muy bien lo cotidiano y las emociones, Vytas es un tipo sensible pero tiene mucho que vivir. El filme es un buen retrato de la vida misma, con un personaje algo atípico, un tipo que parece guardaespaldas o bouncer, pero que es igualito a todos nosotros. The Saint (2016) discute la epifanía, lo místico, pero desde la vida común, desde la aparente simplicidad, pero que yace cargada de existencialismo, mostrando que lo sencillo puede albergar mucha complejidad, que la vida de cualquier persona es importante, que ama, sufre, se equivoca y puede decidir ser mejor, se trata de la belleza de lo común, de los pequeños grandes problemas.

martes, 20 de junio de 2017

Vers Madrid: The Burning Bright

El documentalista francés Sylvain George filma el Movimiento 15-M, movimiento pacífico de protesta realizado en Madrid a raíz de un 15 de mayo del 2011. En este vemos por una parte, en un inicio, una especie de fiesta a lo Woodstock, pero sin drogas ni desenfreno hippie, con jóvenes aglutinados para protestar mientras cantan, bailan y se entretienen, como dice un extraño orador, para que no se aburran. Luego esto terminará en la represión del estado y la policía, donde se torna un poco violento el panorama y surge el desencanto.

El 15-M, por lo que vemos en el documental de Sylvain George, está plagado de oradores improvisados, lo cual denota autenticidad en el movimiento, no se trata de políticos encubiertos haciendo campaña para próximas elecciones o intentos políticos de lucirse, hacerse notar y conseguir beneficios más tarde, la política suele estar repleta de oportunistas y mentirosos. Esa improvisación tiene un lado negativo también, se le da pantalla a mucho tipo extravagante y poco serio, que parecen salidos de un teatro de variedades.

Sylvain George trata de exhibir lo atípico, lo curioso, en su documental, y cae mucho en lo poco atractivo, en lo intrascendente, generando más bien lo contrario a lo que busca, desinterés. Se entiende que trata de no mostrar el producto solo como un documental político tradicional, informativo, insulso, propio de la sencillez de un noticiero, sino pretende algo mucho más artístico, como se aprecia en esas construcciones de imágenes de  complemento -como collage- que intentan apaciguar, otorgar orden, a la suma espontaneidad y el caos –aunque pacifico- que ha filmado del 15-M. El intento artístico no es mucho en el filme, tampoco está muy conseguido, los insertos de apoyo o complemento lucen en parte arbitrarios, gaseosos y distantes en su búsqueda de metáforas. Finalmente el filme se rinde al material in situ y a la fluidez del momento.

El filme tiene momentos delirantes, como ver a dos hombres quitarse la ropa y quedarse completamente desnudos gritándoles reclamos y explicaciones a la fila de sordos y firmes policías. Es una película curiosa a fin de cuentas, más allá de tener o no material realmente atractivo, es como decir que es lo que hay, y esa naturalidad tiene valor. Se agradece que no sea cine de propaganda, o un cine calculadamente ideológico, se entiende lo que el 15-M defiende, contra quienes luchan, aunque el documental adolezca de mejor efecto. Le falta un balance ciertamente, está demasiado abandonado también, pero es un documental que se aleja de lo tradicional, como de lo racional, y explora lo esencial, lo auténtico y lo primitivo.  

domingo, 18 de junio de 2017

Personal Shopper

Personal Shopper, del galo Olivier Assayas, nada entre lo interesante y lo ridículo, en la que es una historia de fantasmas mezcla de terror, de The Devil Wears Prada (2006), de realismo como un thriller/misterio, y de la obsesión del gran Harry Houdini, por entablar comunicación con los muertos. Kristen Stewart ha pasado de ser una popular estrella mainstream con productos de dudosa calidad -La saga Crepúsculo- a una musa del cine arte y un poco una estrella del cine europeo gracias al mismo Assayas y su intervención en la película anterior de éste francés, Clouds of Sils Maria (2014), con la que Steward ganó un premio César. Nuevamente se convierte en la musa de Assayas, sale en topless en un par de ocasiones, desfila ropa sexy, aunque también tiene de mujer ruda (sin violencia), e incluso aparece masturbándose (brevemente). El filme pone a Steward de asistente de compras, mientras trata de comunicarse con su hermano muerto que era creyente de lo paranormal. El filme empieza con la idea de que ella logre contactarse, pero pronto ante la llamada de un desconocido –por mensajes de texto- en su celular el filme trasmuta en una película de misterio que disminuye mucho lo sobrenatural, aunque bascula en el cine de terror que se perpetúa en la ambigüedad, incluyendo un mix de géneros. Assayas maneja originalidad y riesgo con una película que logra salir a flote cuando su éxito inicialmente vacila. Entrados en la mitad del filme este yace en óptima forma, posee un buen ritmo además. Steward se pone en el papel de una persona algo extravagante y le sale bastante natural. También se luce misteriosa y sensual con cierta contención, quizá porque no es demasiado expresiva. El filme recurre mucho al uso del celular, un recurso que nunca agota, mantiene la expectación apoyándose de buenos diálogos que se manejan entre la extrañeza y la seducción del anonimato. Assayas tiene genio para extraer talento de sus actores, como pasaba igualmente con Edgar Ramírez en la miniserie Carlos. Junto a él Kristen Steward se muestra como una actriz atractiva en el cine arte. 

lunes, 12 de junio de 2017

It's Not the Time of My Life (Ernelláék Farkaséknál)

Esta película, ganadora del globo de cristal, máximo premio del festival de Karlovy Vary 2016, se manifiesta muy obvia y por un lado manida, marca una intención con alevosía y luego “huye” del lugar para pasar a otra cosa, porque de lo que se trata el filme es de hablar de la vida común a tantos otros desde el matrimonio relativamente joven (uno que está a comienzos de los 40s) con sus peleas, frustraciones, decepciones y miedos, sobre dos familias, una pobre y otra rica, unidas por parentescos de sangre, los de dos hermanas. La familia exitosa le pertenece a la menor, a Eszter, y a su marido Farkas (el mismo director del filme, el húngaro Szabolcs Hajdu), juntos tienen un niño de 5 años, Bruno, que es insoportable y está malográndoles el matrimonio porque producto de su comportamiento fuera de sí estallan continuas peleas. La familia pobre económicamente -y para colmo ella infiel- le pertenece a Ernella, y tiene una hija de 10 con el bueno pero austero de Albert. Ernella le echa en cara a Eszter de la forma más directa su situación social y el filme medio que naufraga en el sempiterno lugar común. Pero al menos la propuesta no se queda solo aquí, hay otros conflictos, el propio amor de pareja o el amor incondicional a los hijos se ponen en duda. Más tarde el filme se vuelca a lo Ingmar Bergman en una presentación casera de teatro realizada por los niños de ambas familias. Aparece una pequeña extravagancia, los padres lucen máscaras de carnaval. Y el filme pasa al estado emocional de la típica canción de “Todo va a estar bien”, que me hizo pensar en la serie de tv. La vida continúa, y tampoco es tan malo, la serie era muy entretenida. Lo mejor del filme es un arranque que aunque difícil de seguir muestra una anarquía y frenesí en parte interesante (¿a dónde nos hubiera llevado?), que luego se diluye en un filme amable, con una narrativa al menos decente y llevadera, fuera de tanto conflicto.

lunes, 5 de junio de 2017

The Fixer (Fixeur)

Radu (Tudor Istodor) es un periodista con muchas ganas de crecer en su medio periodístico afincado en Francia (se le llama un perfeccionista), para lograr su meta se interesa por un caso de dos chiquillas menores de edad prostituidas a la fuerza en París que salvadas de la trata de blancas han regresado a su hogar en Rumania. Radu por ser rumano se presta de intérprete y negociador del caso, con él viajan unos periodistas inescrupulosos franceses.

El rumano Adrian Sitaru discute sobre la ética del periodismo que tantas veces se comportan como buitres tras la noticia, sin importarles realmente la vida y el dolor de los involucrados, para esto la niña prostituida que buscan tiene a todas luces un trauma y aun no lo sobrelleva, pero el deseo de obtener una noticia mediática y de interés humanitario hace que solo les importe convencerla a toda costa y obtener lo que quieren, prestigio como periodistas. Sin embargo, Radu por más ambición que tiene se debate entre la moral propia y la influencia del grupo.

El filme tiene el estilo clásico del atractivo cine rumano, que suele poner el dedo en alguna llaga, abordando siempre temas cotidianos y universalmente representativos con suma naturalidad, dentro de un aire fresco, relajado pero jamás vacío o superficial, bajo una cierta infaltable audacia narrativa, en una atmosfera calma, mesurada, pero entendiéndose sin dificultad todo el panorama de alguna discusión importante, a veces saltando algo de explosividad, como cuando la niña intenta hacerle sexo oral de la nada a Radu, con lo que el punto queda muy claro. Pero por lo general suele recurrir a la sutileza, como también nunca le falta realismo, pero no el burdo.

The fixer es una película valiosa, partiendo de algo muy pequeño, expuesto de esa manera también, con humildad, que con el viaje y la búsqueda de lo cotidiano se viste de sencillez, una que suele distinguirle y no representa en absoluto un cine menor, sino una elección narrativa autentica y propia de su cine. De la mano va una subtrama –con el niño e hijo de Radu- que responde con inteligencia toda la temática, aunque pareciera engañosamente estar como sobrante por su excesiva delicadeza, que trata de la distancia del amor en cada caso.

domingo, 4 de junio de 2017

Alien: Covenant

Alien: Covenant es la segunda precuela de la saga Alien, que le sigue a la decente Prometheus (2012), a las que injustamente se les pide que emulen lo que hiciera el mismo director, Ridley Scott, con Alien - El octavo pasajero (1979), la primera película, la que fue un hito dentro del mix sci fi-terror, y para el cine en general, y es pedirle un imposible, pero Alien: Covenant es una buena película sin ser extraordinaria. En realidad, la saga de Alien es pura cinefilia, que en lo personal me fascina y entretiene mucho, lo que hicieran igualmente James Cameron, David Fincher y hasta Jean-Pierre Jeunet en las continuaciones. A este último, aunque más atacado que el resto, hay que reconocerle que le dio más background a la historia, respetando al original, y podemos apreciar que deja influencia filosófica y argumental en Alien: Covenant, que es una película que trata de salirse de la simple pero adictiva persecución, el escondite, el misterio y la acción pura y dura que se manifestaba sobremanera en las tres primeras, salvando que cada obra ha tratado de aportar un poco más a la mítica del xenoformo o alien.

Vemos que en Alien - El octavo pasajero se habla de la concepción y la maternidad de forma oscura, perturbadora y matricida, que ha sido la esencia del monstruo. Ahora además se trabaja -mucho más- con el doble y la dualidad, en aquellos sintéticos, tipos de robots que siempre han estado en la saga, que interpreta magistralmente por partida doble Michael Fassbender, y que muchos machacan que es lo único bueno de Alien: Covenant, cuando todo gira alrededor y consecuencia de él, toda la narrativa pasa por su participación, por lo que ver y disfrutar de estos 2 personajes más bien es elogiar toda la película.

Al comienzo del filme vemos al sintético David formular la base filosófica de la propuesta cuando conversa con su creador, un científico multimillonario, a quien David, alguien que buscará la perfección, lo siente cruel y que no lo ama, sino lo minimiza, lo ve como un objeto, y David, como los replicantes de Blade Runner (1982), se adhiere mucho a un espíritu muy humano, en sus pasiones y anhelos existenciales, y termina odiándolo y odiándonos, en medio surgirá un plan ego-maniático –todo a partir de un pequeño mensaje, un dulce- en una amalgama que tiene de mística, artificial y fantástica.

El filme de Ridley Scott tiene una tripulación no mala –por una parte desconocida- pero algo desangelada (obviamente Sigourney Weaver es irremplazable, y ya cumplió, y aquella tripulación de la primera Alien era demasiado estupenda, con el siniestro Ian Holm, la dramática Veronica Cartwright, el sensible John Hurt, el bobo/relajado simpático Harry Dean Stanton, el líder típico americano Tom Skerritt y el punk soft Yaphet Kotto), y no recrimino en absoluto la torpeza de la tripulación que es parte natural de toda película de género, es la entrada a la diversión y al juego con lo que espera por sus víctimas, pero esto es secundario, es una herramienta, porque el plan maestro oculto es lo que realmente importa y es típico del placer del cine de terror, tratar de matar sin demasiada pompa argumental a fin de cuentas.

Ridley Scott, la historia de los guionistas Jack Paglen y Michael Green, y los guiones de John Logan (guionista en solitario de las geniales El aviador, 2004; y Sweeney Todd, 2007) y el debut en guion de Dante Harper mutan/fusionan el argumento de Prometheus de los dioses extraterrestres. Todo encaja a la perfección, el argumento es bueno, claro y sólido, y no solo queda en esto el filme también impone acción trepidante y tenebrosas escenas de terror –con alguna tontería como la pelea entre David y Walter que parece salida de una mala película de kung fu, mejor la escena con la enseñanza de la flauta, y el ataque intempestivo-. Alien: Covenant muestra distintos (nuevos) tipos de xenoformos, hasta el clásico del final, recurre a todos los elementos propios del Alien (como era una queja hacia Prometheus, querían ver más al monstruo), también genera las clásicas emocionantes explosiones gore tras sembrar el Alien en el cuerpo humano a las que añade novedosas aperturas. 

lunes, 15 de mayo de 2017

Get Out

Película que mezcla la comedia con el terror casi al mismo nivel, incluso uno diría que hay más de comedia, primero es pura parodia, burlándose de lo social, de la diferenciación con los afroamericanos, visto desde uno, el director Jordan Peele, que recurre a la esencia clásica del género, indagar, pensar, a la sociedad, por debajo del entretenimiento y el placer, adaptado a los nuevos tiempos. Muchos lo creen un retorno a su base formal, cuando el cine de terror se ha vuelto producto de su abundancia y recurrencia en un simple entretenimiento, miles de veces de mirar y botar, matar el rato, y olvidar con la misma disponibilidad. Pero el cine de terror, tantas veces infravalorado, es más importante y significativo de lo que uno cree.

Jordan Peele parodia la sobre atención hacia los afroamericanos, la inquietud que pueden generar a otros, a los caucásicos, estos a veces envidiándolos un poco, pensando en lugares comunes. No todo es negativo. Comparado con la esclavitud y la defensa por los derechos igualitarios suena casi a un juego de niños, pero existe una lucha, por una naturalidad que aún falta, entre otras cosas. Y vemos a gente progresista blanca llenando de halagos exorbitados a nuestro protagonista, el afroamericano Chris Washington (Daniel Kaluuya), tratando de demostrar que no son para nada racistas, sino que admiran y les entusiasma la gente de color, pero no lo tratan con naturalidad, no se enfocan más que en exhibirse como amantes de los afroamericanos en todo momento, y que no tienen prejuicio alguno, cuando lo normal sería pensar en su personalidad y quien es y olvidarse de la raza. Por eso Chris se siente incómodo, aunque también él tiene sus prejuicios, y enseguida desconfía de los padres de su novia blanca, y dice sentirse más a gusto con otro afroamericano, en cuanto se cruza con uno. Sin embargo también le incomodan los empleados de color de la casa de los padres de su novia. Estos yacen como autómatas y raros, aparte de que lo tratan con cierto fastidio. Pero hay un motivo social, y de terror.

El filme maneja mucho lo social, los nuevos lugares de la diferenciación, esta parte es lo que más ha gustado, la obviedad de los postulados ha calado, ya que el terror siempre lo ha tenido pero era menos apreciado por los intelectuales. A un punto me pregunto si de verdad aprecian el cine de terror, porque en esta parte es más flaco el filme, tiene huecos, y es menos especial, que tratar de sentirse contentos con la época de lo políticamente correcto. No hablo de defender la vulgaridad, la idiotez y la violencia, sino de ser quisquilloso con la libertad artística del cine. La parte del terror que viene más tarde vuelve al filme más convencional, incluso no se justifica tan bien el secreto de la casa de los padres de Rose (Allison Williams), la novia. Otro defecto es el mejor amigo de Chris (LilRel Howery, más culpa del personaje, pero también Howery es comediante) que seguramente habrá sido la delicia y risa de un sector del público, pero que más se hace una intromisión bastante pobre, demasiado llana para mi gusto.

El filme de Jordan Peele podríamos decir que es a un punto novedoso, entre comillas. La parodia está muy bien hecha, hay que reconocer, es tal cual buena parte de la realidad. Y ya podemos considerarlo de por sí representativo en el cine de terror (aunque en cuanto al horror en sí no sea de los mejores), y posiblemente más, por lo que nos hallamos frente a un filme bueno, pero ni hablar la maravilla que muchos creen ver. Como siempre uno se dice al verlo, cómo no se les ocurrió a otros, en su medida, porque no es el descubrimiento de la pólvora tampoco. Pero el descaro, poner todas la fichas a toda fuerza, coloca a Peele entre los que acaban de ganarse la lotería. El filme es el Adivina quién viene a cenar (1967) del siglo XXI, aunque mucho menos genial como un nuevo The Stepford Wives (1975). 

lunes, 8 de mayo de 2017

Fragmentado (Split)

M. Night Shyamalan se anota una buena película con esta y suben bastante sus bonos, ya apunta a hacer un crossover con una de sus mejores películas, Unbreakable (2000), y la presente, y suena interesante, uno vuelve a creer en él. En cuanto a Fragmentado (2016) pudo caer en el ridículo en más de una oportunidad, es más siempre lo tiene a puertas de aparecer (como cuando McAvoy sale creyéndose una mujer hacendosa o un niño mimado de 9 años), pero Shyamalan lo esquiva y logra salir a flote con una historia sólida.

El filme nos enseña a un tipo que tiene 23 personalidades, tiene un desorden de identidad, mientras prepara la llegada de La Bestia, un superhombre fomentado en la idea de que la mente puede transformar en lo que sea a la materia. Kevin Wendell Crumb (James McAvoy) es este hombre, que secuestra a tres muchachas, una de ellas se llama Casey (Anya Taylor-Joy) quien se asume de marginal. Junto a las consultas psiquiátricas y el razonamiento de la enfermedad de Kevin por parte de la doctora Karen Fletcher (Betty Buckley) este es nuestro escenario.

El filme va exhibiendo el trastorno de Kevin, nos muestra La Horda. Lo que va sucediendo atrapa, está bien combinado, querer escapar de un lugar sin poder identificarlo, las tantas visitas de las personalidades de Kevin, recuerdos traumáticos y un tira y afloja en la locura. Shyamalan ha buscado construir una historia de principio a fin y no un remate, y queda perfecta la idea de que La Horda y La Bestia pueden ser enemigos propios de un superhéroe más del tipo terrenal como anuncia el crossover, y también terror.

Anya Taylor-Joy siempre lleva una convincente pero monótona expresión de interrogación, cautela e inseguridad –de paso, a su pasado le falta fuerza visual- y McAvoy hace mil caras y esfuerzos/disfuerzos que en general son satisfactorios. El filme tiene algún susto típico (ver comer como a un depredador a La Bestia), pero son los menos, más es un ambiente extraño, una historia clínica ligera, pero no obstante existe su suspenso. En un inicio uno duda de la violencia de Kevin y de Shyamalan, pero cumple y tiene una lógica con La Bestia, sobre la superioridad y los dañados. No considero a Shyamalan una mente maestra, pero tiene creatividad y toma muchos riesgos, nuevamente tiene éxito, se disfruta, y es de celebrar. 

domingo, 7 de mayo de 2017

La cura siniestra (A Cure for Wellness)

Una película potente, pero imperfecta, por algo imprecisa y que genera dudas de unidad, no siempre la ambigüedad juega a favor de una película, pudo tener una explicación más sencilla y quedaba mejor, y no por eso uno no agradece tantas vueltas y novedades, porque este es un filme que salta de una sorpresa a otra que va mutando el centro del asunto hacia lo siniestro. La trama nos ubica en un lugar de descanso y sanación de millonarios hombres de negocios que yacen enfermos por consumirse en sus labores de ambición y éxito. Están en un spa en los Alpes Suizos, como en Youth (2015), donde cae Lockhart (Dane DeHaan) que tiene la misión de ir a traer a un director ejecutivo importante de su empresa, pero terminará internado.

El filme es uno de esos de paranoia y conspiración aunque manejado de manera tenue por la firmeza del protagonista. El lugar algo oculta –y es lo que nos intrigará en gran parte- en su panorama idílico donde los viejos ricos descansan y matan el tiempo. El que maneja el centro de bienestar es el doctor Heinreich Volmer (Jason Isaacs) que detrás de su amabilidad parece ocultar otra enfermera Ratched que no permite que nadie salga del lugar. En esto recuerda a One Flew Over the Cuckoo's Nest (1975). El filme es intenso, y muy misterioso, al estilo revelador de Shutter Island (2010). El siempre curioso director Gore Verbinski y el guionista y creador de la historia Justin Haythe (el guionista de la genial Revolutionary Road, 2008) realizan una película algo lejos de las convenciones de Hollywood, plantean algo de sordidez, y un poco de atrevimiento. El filme tiene mucho de amable, con su pizca de rebelde.

Todas las pesquisas las lleva acabo Lockhart que nunca descansa a pesar de que tiene una pierna enyesada, lo que hace más arduo su huida y la sensación de indefensión, moviéndose por pasadizos lúgubres como los de una morgue, y además se suele topar con anguilas que desde el inicio nos abren la idea de algo secreto, en la reja de entrada hay dos anguilas cruzadas, y Lockhart tiene el sueño recurrente de que estas tratan de asfixiarlo. El filme pareciera que pretendiera criticar el capitalismo, pero en el trayecto pasa a ser algo funcional y muy secundario. También parece dar a entender su deseo de ir contra las grandes ambiciones o, quizá, las películas de fórmula, defendiendo la libertad individual.

A cure for wellness es interesante, pero se hace larga –dura dos horas y media- y se enreda un poco. No obstante prestando atención todo encaja. La película tiene una historia gótica también, con sus viejos castillos y sus secretos legendarios y oscuros, o con sus muertes de épocas de abuso de poder, lo que se mezcla con la modernidad, esos jóvenes pandilleros del pueblo. Otra forma de la propuesta es la de lo psicológico, misma la bailarina que fabrica la madre del protagonista, y vemos imitándola, sin que lo sepa, a la chica rara del hospital o centro de bienestar, Hannah (Mia Goth).  

jueves, 4 de mayo de 2017

La morgue (The Autopsy of Jane Doe)

En una casa en un pueblo de Virginia se hallan 4 cuerpos destrozados, y todo indica que intentaron escapar, y no que haya entrado alguien, las puertas están cerradas por dentro. El panorama luce extraño y misterioso, más cuando hallan en el sótano el cuerpo de una bella joven (Olwen Kelly) a medio enterrar. El policía local transporta el cadáver de la muchacha, una NN, de ahí que se le atribuya el nombre de Jane Doe, como John Doe es para los hombres, que significa lo mismo en inglés, un cuerpo anónimo, a la morgue y crematorio Tilden, que es un local que ha pasado de generación en generación y ahora le pertenece a Tommy (Brian Cox) y a su hijo Austin (Emile Hirsch), dos forenses locales.

En la morgue el cuerpo empieza a ser diseccionado por padre e hijo, como si fuera una rutina científica más, sumado un aire de frescura musical, de entusiasmo generalizado, mientras van explicando qué van haciendo, y vamos viéndolo con pelos y señales, un festín gore de medicina forense para deleite del amante del terror. Todo luce perfecto, gimnástico, cuando de pronto empiezan a hallarse cosas novedosas y extrañas, y a la vez empieza a afectarse la sala, en medio del cuerpo inerte de expresión fría en unos ojos grises de Jane Doe, mostrando la apagada atracción por el cuerpo desnudo en medio de algo de repulsión general frente a la extirpación de órganos mezclado con la contradicción de la belleza de Jane Doe. El filme es una maravilla por entonces, esa combinación entre el cadáver visto desde varios ángulos y pequeños sucesos acaeciendo alrededor.

Finalmente llega al WTF, ya es demasiado, y empieza abiertamente el terror, lo paranormal, en medio de algún buen momento de confusión –cuando regresa a medianoche la novia de Austin- y un cajón de sastre de pequeños sustos, como el uso clásico y efectivo de una campanita. El filme entonces se dedica a explicar a qué se debe lo paranormal y empieza a perder gracia, aunque ate cabos con la forma de muerte de los primeros cadáveres, pero más es palabrería, ya que uno se pregunta, por más inteligentes que sean, ¿de dónde proviene la exactitud de las deducciones? Tranquilamente se han podido ahorrar las explicaciones pormenorizadas y quedaba mucho mejor. Una vez que se desata la locura de lo sobrenatural el filme decae pero aún mantiene cierto interés. El engaño de la puerta de salida tiene su ingenio, los fantasmas pueden ser irónicos. El filme cierra banalizando los recursos, con el cuerpo de Jane Doe haciendo guiños, pero el noruego André Øvredal ya nos ha entregado una buena película, sobre todo, claro, el momento forense, la atmósfera y el misterio. 

Hambre de poder (The Founder)

The founder, de John Lee Hancock, cuenta como Ray Kroc (Michael Keaton) convirtió un pequeño pero bastante innovador y exitoso restaurante de hamburguesas en una gigantesca cadena internacional de comida rápida que todos conocemos. Tomo todas las ideas novedosas en cuanto a lo interno (velocidad de entrega, utensilios desechables, compra a pie por ventanilla, un método estricto de preparación) y la honesta imagen del buen americano de los hermanos Dick (Nick Offerman) y Mac McDonald (John Carroll Lynch) e hizo un imperio para sí.

Kroc hasta los 50 años de edad y poco más era prácticamente un perdedor, pero quien nunca dejó de intentar a pesar de los fracasos estrepitosos, y se convirtió casi de la nada –por su facilidad de palabra, ambición visionaria y constante sentido de la oportunidad- en el director de las franquicias de McDonald's, más tarde el dueño absoluto. El filme nos habla de traición, pero denota también un contraste con los fundadores originales, que idealistas, pero también cortos de mira, estaban lejos de los anhelos de Kroc y el sentido del negocio a prueba de todo. El dinero y el éxito cada vez más grande estaban en los ojos de Kroc, frente a una cierta humildad, decencia y conformismo de los McDonald. Desde luego es una historia que hace ver a Kroc como un ser insensible, duro, aprovechado y bastante materialista, pero también muestra a un tipo que con probada -y proclamada- perseverancia llegó a la cúspide.

La ética juega un gran papel en la historia, y choca con el realismo y la brutalidad de este hombre capaz de todo, al que llegamos a oír en la verdadera voz como le faltan escrúpulos, pero también cuan brillante, consciente y decidido estaba. Difícil admirar a un tipo así, pero ahí está la complejidad humana. El tipo hace del sueño americano un camino más vulgar, pero aun así se mantiene presente en él. Tampoco esconde su naturaleza, la defiende y es lo que le hace quien es y qué lo llevó hasta donde llegó, aunque solo le importaba él, viendo que se habla de valentía para decidirse, quitarle el poder a los McDonald o cambiar de mujer. Sin embargo podemos ver que ayudó a otros parecidos a él, gente capaz, necesitada de éxito y darle una buena vida a su familia, pero hundidos en la derrota y frustración, y le retribuyeron, le dieron más éxito.

No queremos creer al mundo así, pero la película es como un golpe duro de realidad, de capitalismo puro y duro, el resto diría seguramente Kroc son sólo idioteces. Se dice como lema de que el talento y la virtud infinidad de veces se quedan en la derrota, pero la perseverancia, la motivación y la fijación absoluta, mediando la habilidad y astucia impía para los negocios, rendirá frutos. Kroc hasta le roba el alma a los buenos de los McDonald, el sentido americano y familiar de su restaurante. Ni la autenticidad se salva de las manos de la ambición, y se sale con la suya. Kroc es consciente de todo, de ello que nunca cambiara el nombre original, y eso lo hace una persona más terrible, pero brillante. Triste, pero cierto. El filme siempre es interesante y emocionante, nunca baja la guardia, y Michael Keaton, en una de las mejores actuaciones de su carrera, Nick Offerman y John Carroll Lynch están excelentes.

Atrás hay relámpagos

En el mundo de las bicicletas bmx y las acrobacias 2 amigas, Soledad (Adriana Alvarez) y Ana (Natalia Arias), son las protagonistas del día a día, de la intrascendencia y el juego entre amigos, de una pandilla, paseando rodeados de focos de luz en sus bicicletas y teniendo sexo en carros deportivos clásicos. El filme tiene una pequeña trama sobre el hallazgo de un cadáver no identificado, en unos de los carros de la casa de la abuela de Soledad. Pequeña trama que desaparece sin más. El asunto del filme es ir por ahí en son de rebelde sano, pero vago. El director, el guatemalteco mexicano nacido en EE.UU. Julio Hernández Cordón, trata de hacer una película para lucimiento de sus 2 protagonistas, pero al comienzo caen medio insoportables con su actitud de chicas locas, en pos de lo cool, pero a medida que avanza el filme empieza uno a adaptarse a ellas, y sentir el clásico pura vida de Costa Rica, que es donde nos ubica Cordón, San José. El director a ratos pareciera tener solo en mente hacer escenas estéticas y de entusiasmo primario, con su infaltable toque musical confabulador. No pretende narrar nada especial, ni argumentar nada que no sea vagabundear con las bicicletas y ser simplemente por siempre joven. No hay mucho que decir del filme, es bastante simple, aunque tiene su simpatía, como un final terrible, una crisis salida de la nada. 

Niñato

El título remite al nombre artístico que se ha colocado un joven español de 34 años llamado David Ransanz, aspirante a rapero, que viene trabajando por tener una oportunidad, lo vemos cantando por ahí, rapeando a cada rato en solitario ante la cámara, haciendo cambios y retoques musicales en su computadora, pero no se ve ningún progreso y sigue en el limbo a pesar de los años, que no sea un sueño que anhela firme contra todo pronóstico y realidad, ese que lo define algo injustamente de niñato, aunque él se lo toma muy suave y ligeramente y así se presenta, con un nombre artístico irreverente y conchudo, e igual de fresco frente al documental de su compatriota y amigo cercano Adrián Orr, pensando quizá en que puede ser su oportunidad para alcanzar la fama, o algún tipo de esta.

Niñato le viene porque tiene 3 hijos chicos -Mimi, Luna y Oro- que mantener y lo intenta muy ajustadamente o eso parece, presenciamos casi nada al respecto, es algo que tan solo queda tenue en el ambiente, tampoco Orr trata de juzgarlo con demasiada dureza, que ya lo hace con su inmadurez en general. David vive en casa de sus padres también, pero estos mantienen una respetuosa distancia hacia su voluntad. Niñato sale fumando marihuana en repetidas ocasiones de lo más tranquilo, y pasea con su novia por la cámara, ella es secundaria en realidad, son los niños y en especial el único hombrecito, el menor, quienes llaman realmente la atención. El pequeño busca emular a su papá, le entusiasma mucho también el hip hop, se sabe de memoria sus canciones y no se lleva bien con las tareas del colegio, es un rebelde.

El joven padre es cariñoso y amigo de sus hijos, se le ve una buena persona y a su manera corrige y educa a los niños. Lo vemos proponiendo mucho diálogo, como en aquella escena en que los despierta muy temprano alistándolos para ir al colegio y es toda una revolución, los niños se comportan difíciles, pero él insiste aunque con buenas maneras hasta que los moviliza. Esta escena es la mejor de la película. Niñato expande el mundo de un corto de Adrián Orr, Buenos días resistencia (2013), que abordaba a David y a sus hijos. Orr es parte del nuevo cine español, del otro cine español, el que va a festivales y busca brillar en el cine arte.

El filme atiende dos realidades, que al momento -y ya van años- son incompatibles, cuidar y hacerse responsable de lleno de los niños, y al joven rapero intentando seguir siendo un adolescente con su sueño de siempre, este es el sentido -notorio- del filme, por lo que no se le puede reclamar nada a la propuesta si hasta lo tiene de título. El documental invoca un pequeño llamado de atención en pos de la aparición de la madurez de David, pero también dígase que de su claudicación. Pero como en aquella otra escena en que los niños yacen solos esperando ir al colegio, hay un deber más importante que esta primero que uno mismo. Niñato ganó mejor película en la competencia internacional del Bafici 2017. 

domingo, 30 de abril de 2017

Merry Christmas Mr. Mo

Una película que empieza como todo filme que se pretende fácilmente de cine arte, con un hombre al que todo le molesta, es antisocial y es raro, pero no insoportable, se le pretende irónico en tono leve, un barbero que no gusta de hablar, de no comunicarse demasiado y teme hasta recibirle el almuerzo a su cuñada para no deberle ningún favor. Pero pronto el filme gira y se vuelve una película de la relación del protagonista Mr. Mo (Gi Ju-bong) y la gente que lo quiere de alguna forma, incluyendo a los asiduos de un club de natación, especialmente con su hijo cineasta ayudado por una esposa más inteligente y buena onda que él. Mr. Mo se muere de cáncer y quiere hacer una película, siempre quiso ser actor y nunca pudo, y se inspira en Charles Chaplin y en su propia enfermedad.

El filme del surcoreano Lim Dae-hyung viaja con Mr. Mo a preparar la película, un acierto es que el corto que veremos al final lo vamos apreciando –sin saber mucho- en escenas previas del filme que cobran sentido al verlas en el corto finalmente. El viaje de Mr. Mo tiene revelaciones, pero a estas les falta peso, y no generan ningún cambio o empatía especial, aunque más tarde en esa sala de cine reconozcamos a los pocos asistentes, gente secundaria, Mr. Mo ante todo ha sido un solitario y un hombre hermético. El filme tiene comedia y trasmite su pequeña cuota de sensibilidad, aunque pretende más de la que llega y cuando se relaja funciona mejor. En su desarrollo se vuelve más común y amable como película y gana más bien. Es un filme que no es perfecto, pero tiene su interés y entretenimiento.

Arábia

Un joven sale de la cárcel, quiere enmendar su vida. Lo vemos ir de trabajo en trabajo, mostrando lo duro que es sobrevivir, mantenerse a flote, para la gente honesta y de pocos recursos. Su intimidad la conocemos por el diario que ha dejado -y por su voz en off que acompaña y explica todo de principio a fin- y ha sido encontrado por un equis, el comienzo es muy endeble y poco importa como relato pero sí como significado de recepción general, sólo escuchamos que alguien lee y le parece interesante la vida de Cristiano (Aristides de Sousa), que contrasta con la suya, y puede hasta inspirarla. El filme, una road movie, va comunicando de los trabajos pesados que realiza Cristiano, los que son muchos, y a veces simplemente se dedica a mencionarlos. La propuesta nos enseña el de construcción civil, cargador de sacos, trabajador industrial, recolector de fruta, pero también presenciamos algún agradable momento de camaradería, como aquella escena donde todos los compañeros cantan felices y contagiosos mientras beben y fuman. La música es importante, tanto como la pena que va dejando las muertes de los buenos compañeros. Cristiano muestra su agotamiento, su estar enterrado en trabajos pesados, donde llega a percibir la soledad y no tener más que mostrar. Su mayor logro, y mayor estado de felicidad, es cuando se enamora de Ana que considera muy inteligente, aparte de ser bella, y al comienzo cree le queda muy grande y lejana, cosa que no es así, parece más poética suya, la mujer en cuestión es muy simple, pero igualmente la mala fortuna le cae encima y llega la depresión, pero el filme como en aquel obvio sueño del oscuro bosque expresa que lo importante es estar vivo, seguir en pie, vencer esa lucha que es ser correcto y seguir optimista tras la felicidad. La obra de los brasileños Joao Dumans y Affonso Uchoa trasmite humanidad y honestidad, pone en la palestra la voz de los humildes. Cristiano tiene una vida difícil, aunque común a muchos, siempre a puertas de caer en lo criminal, de tentarse por lo fácil y abandonar el trabajo duro. El filme rinde tributo a aquellas personas que afrontan toda esta realidad, hallan fuerzas para levantarse temprano todos los días, ser probos y máquinas de trabajo. 

sábado, 29 de abril de 2017

Adiós entusiasmo

Esta coproducción entre Argentina y Colombia dirigida por el colombiano Vladimir Durán se hizo merecedora del premio de mejor director y mejor película colombiana en el Festival de Cine de Cartagena de Indias 2017 (FICCI). Durán emula el cine de Yorgos Lanthimos pero de manera muy leve, muy mínima, con una situación central, con una madre que vive encerrada en su cuarto, nunca la cámara la deja ver, solo se comunica por una ventanita del baño y habla tras la puerta, da indicaciones, consejos y mimos a su hijos, y recibe su comida, libros, vídeos de películas o su cumpleaños que celebran en la casa pegados a su puerta. Aparte de este encierro voluntario, de lo que una pelea clama que es porque la madre está loca, se sabe que toma algún tipo de pastillas, su cumpleaños lo decide celebrar 3 días antes de la fecha porque así lo quiere, se le antoja. La mujer tiene 4 hijos, 3 mujeres jóvenes y un chiquillo, ellos cuidan de ella, pero a veces sienten fastidio hacia su situación, sin embargo nunca se oponen, lo aceptan sin justificaciones que conozcamos. El filme tiene esa rareza, después es lo más ordinario, aunque todo gira alrededor de ese cuarto de la madre que nunca vemos por dentro. Tampoco esconden la situación, los hijos llevan gente a su casa, pretendientes y amigos. El filme puede interpretarse como el extremo de una enfermedad mental, tipo Howard Hughes, aunque a la madre se le oye muy despreocupada, pero también a ratos inocente. El acomodo de la situación igualmente recuerda a The Wolfpack (2015), como con el pequeño festival de variedades que se montan, preparándose con anticipación, pero por sentirse atraídos hacia su madre, se percibe voluntad propia, a la que se supone quieren proteger y compartir con ella, producto del amor, ya que la madre suena muy afectuosa también aun tras su encierro, y se acomodan a ese atípico eje, aunque se presiente que produce ciertos enraizamientos psicológicos en los hijos que a la larga les puede terminar cobrando una factura. 

El Amparo

La ópera prima del venezolano Rober Calzadilla es un filme de denuncia y derechos humanos, retratando la masacre de El Amparo, localidad venezolana ubicada en el estado de Apure a orillas del río Arauca y fronterizo con Colombia, donde fueron asesinados 14 pescadores por las fuerzas militares venezolanas que los creyeron guerrilleros colombianos. Ocurrió el 29 de octubre de 1988 durante el gobierno de Jaime Lusinchi en manos del Comando Específico “José Antonio Páez” (Cejap). El filme nos habla del hecho real de la sobrevivencia de 2 pescadores que se tiraron al agua y se escondieron, los que más tarde fueron inculpados de terroristas. Según el filme el gobierno y el ejército trataron de deshacerse de ellos, luego intentaron que firmaran una confesión de culpabilidad. El gobierno no quería aceptar responsabilidad, y quiso comprar a los familiares. Lo mismo pasa con el contratante de los pescadores que va queriendo convencer a las esposas.

El filme delinea mucho la figura y se pone en clara y potente defensa de los pescadores, y exhibe al gobierno de Lusinchi y al ejército como corruptos. Las circunstancias de las muertes no se revelan más allá de lo muy esencial y básico, que solo queda imaginar los motivos concretos. La propuesta pierde cierta sensación de cine arte ante su cariz subrayado de denuncia, pero en general está acompañada de una buena estética y las actuaciones son dignas. En el filme uno ve como el pueblo respalda a los sobrevivientes y lo mismo el policía local que se comporta heroico, también los dos pescadores inculpados, Chomba y Pinilla, se niegan a firmar confesiones con abogados tramposos, todo surge muy obvio, y algo fabuloso, pero hacen pensar en una lucha valiente y desde abajo por los propios derechos, por los derechos de los humildes y desprotegidos, que es lo que quiere dejar fehaciente la película.

No es un filme con matices, aristas o ambigüedades, aunque a la película se le siente palpitar, querer tocar emocionalmente, por lo que abunda lo dramático sin llegar a lo patético, si bien la emboscada del comando específico no se llega a ver, sólo la salida cargada de fiesta y optimismo, entre música, alcohol barato y distintas generaciones, lo que acerca al público hacia la cotidianidad y el trabajo duro de pobladores pobres. La despedida por miedo y cansancio de la esposa de un sobreviviente –las esposas y familiares juegan un papel importante, más que el periodismo que se ve útil pero secundario- o la procesión de los entierros en que vemos llorar a Pinilla, o a Chomba clamar ser todo lo peor menos guerrillero, logra alguna conexión más íntima. Otros momentos dramáticos son la confusa bulla que hacen afuera de la dependencia policial por querer saber que ha pasado con los pescadores, algunos diálogos entre esposas que confrontan no venderse y defender y guardar memoria, o una mujer corta verduras y hace ver el cuchillo entre sus manos como posible reacción. 

viernes, 28 de abril de 2017

Los territorios

Se presenta como un documental, pero termina diciendo el director y protagonista del filme, sea con su voz en off o con su presencia, ya que la propuesta trata de él, el argentino Iván Granovsky, que se considera actor, no productor ni director de cine, mucho menos periodista (específicamente corresponsal de guerra) que es a lo que juega en la presente película, con lo que da a entender que el documental más bien trata de un cuento. Pero, ¿qué vemos?, a un chico bien, de familia con dinero, por la madre, y de padre periodista político, que busca encontrarse en alguna labor, tener algún tipo de éxito, aunque exponga más bien sus fracasos, pero muy ligeramente, como quien quiere caer simpático.

La película pasea por diferentes partes del mundo, juega con las banderitas (la de argentina hace gracia con el sol de cabeza), esto se ve muy fácil, muy relajado, los viajes son el plus del filme, lo que lo hace más que una ocurrencia de a ver en que puedo brillar. Granovsky intenta hacer de periodista, pero no le nace muy bien, aunque tiene un fuerte vínculo con su padre –que admira- a quien entrevista y comparte un trato próximo en la película. El protagonista enseña en pantalla sus cartas/conversaciones intimas con sus padres, amigos y algún posible contratante. El filme intenta y logra ser cálido en su tono ligero. También se pretende espontáneo, como que se va haciendo el filme al andar, con los pedazos de cada fracaso, que acerca empatía con el público o eso supone, incluyendo los amorosos, ya que Granovsky no es ningún conquistador, es un hombre sencillo, de eso va, hasta demasiado simple y con muchas limitaciones si pensamos en los fracasos, cosa que uno creería lo contrario con su personalidad, esa que exuda como guía del filme, con una voz que se oye inteligente.

El filme fluye, no es muy revelador, pero también pretende transparencia, leve intimidad, aunque quiera al final catalogarse como actor, que está fabulando una ficción de cómo se muestra, un perdedor en busca de gloria (dinero parece que ya tiene). Granovsky nos dice, no soy ninguna luminaria, nos muestra sólo a un buen tipo, uno como cualquiera diría. El filme tiene gracia aunque no va de nada especifico, lo cual es un tipo de cine arte y de documental, y a veces importa demasiado poco, pero entretiene, genera atención y puede que hasta complicidad, aunque surja intrascendente, filmando a papá, casual con mamá y paseando (por ahí hablando sin anhelo de profundizar de judíos y palestinos, de terroristas, de protestas o del contraste de derecha e izquierda). El filme termina y uno pareciera oír a Granovsky en elipsis diciendo: el éxito tampoco me quita el sueño, sino que es divertido viajar a donde sea, y hacer documentales al respecto. 

The Love Witch

Estamos ante una película con grandes virtudes de composición, y también como ensayo, con un discurso sólido y bien relacionado al mundo, a lo próximo, y a su propia historia especifica. Entre lo destacado del filme tenemos su estética, su puesta en escena, incluso un tono narrativo telenovelero (en el buen sentido, en lo adrede), en una propuesta que también recurre a homenajear al sexplotation y al cine cutre de terror de los 70s y 80s y hasta al cine de Herschell Gordon Lewis, sin gore, pero lo hace de manera estilizada, luce todo como una construcción calculada más no por limitaciones de perfeccionamiento, donde el erotismo y la sensualidad trasciende, no se presenta vulgar ni torpe, aunque tiene de explícito y de recurrente, porque este es parte importante de la argumentación.  Los hombres se guían por el sexo, por el cuerpo seductor, por el deseo del sexo casual, por las fantasías, por lo netamente físico y no pretenden nada más que divertirse, mientras las mujeres buscan al hombre perfecto, al hombre fuerte, bello, inteligente y amable, con el que pasar del sexo, un recurso de acercamiento, al amor, donde exista la entrega y compromiso de la personalidad y la vida íntima. En la argumentación, que es típica americana, los hombres son reacios a comprometerse, a entregarse emocionalmente, las mujeres en cambio como la protagonista, la muy guapa Elaine (Samantha Robinson), anhelan tener una relación sólida y eterna. Pero piensan que ser mujeres recatadas y correctas no les dará aquel príncipe soñado, por lo que Elaine se vale de su cuerpo, de ser un juguete sexual para las fantasías de los hombres, para luego caerles con lo personal, pero la gracia del filme es que Elaine es una bruja que utiliza pócimas para que los hombres pasen de lo físico a enamorarse y se suelten hasta la locura, que se vuelvan emocionales y abiertos. Solo que nada es perfecto, y entra a tallar el “terror”, los hombres enferman y mueren (lo que suena irónico también).

The love witch, de Anna Biller, tiene humor fino, hasta los striptease de salón son del tipo burlesque, no se presenta como un entretenimiento superficial, es un filme raro, tanto como original y valioso. Lo de las brujas está adaptado a la actualidad, juega con una palabra gringa muy popular (bitch) que tiene tantos significados, que por algo está muy cerca de esta otra witch (bruja). Elaine es todo eso, una zorra, una mujer sagaz, también algo desalmada y centrada sólo en sí misma, aunque es producto de la sociedad, el machismo, los cuentos de hadas y la calidad unidimensional del deseo y composición de un gran sector masculino. El filme juega con una realidad mayoritaria, pero no lo hace de forma barata. El filme es rico en perspectivas. Las brujas (witch, bitch) son perseguidas y castigadas hoy en día aunque de otra manera. Elaine tiene de hipócrita en algunos casos, y de doble moral, porque quiere también un hombre perfecto, un hombre guapo y fuerte, y cuando estos se comportan como cliché femenino, muy emotivos y dependientes, son desechados. El filme también la presenta como una mujer sensible, de buenas maneras, delicada, calmada, aunque juega al papel de objeto sexual, lo que a primera vista y en la estética se percibe muy natural e inofensivo (lo pagano incluso se siente así, parece todo digno del teatro), no obstante representa el subterfugio para obtener y hacer lo que sea. El filme dentro de su complejidad finalmente argumenta en favor de la protagonista, que más que una puta cruel y avispada de apariencia amable y atractiva busca un apoyo psicológico en la brujería, porque esconde mucha ternura, puede que hasta un audaz aire melancólico y solo quiere un príncipe azul, pero tiene un trauma detrás (redoble de audacias), que llega hasta la psicopatía, y solo atrae “malos” elementos, el cliché masculino, los hombres mujeriegos, en busca solo de sexo, a los que pretende cambiar. 

jueves, 27 de abril de 2017

Semilla de maldad (Blackboard jungle)

Un profesor de nombre Richard Dadier (Glenn Ford) llega a una escuela que es una verdadera jungla donde los estudiantes son híper rebeldes y hasta violentos y criminales. Dadier es recibido con una pelota de béisbol que impacta contra la pizarra al cometer el “error” de dar la espalda, cuando advierten entre ironía y verdad que no lo haga. Habrán actos extremos en el colegio que sorprenden un poco para el año del filme, 1955.

Incluso un alumno intenta violar a una maestra (Margaret Hayes). La mujer es guapa y sexy, que se oye decir que pudo ser su culpa por andar provocativa. Un comentario machista que proviene de otra mujer, y no va a mayores, cuando la verdad es que los alumnos de este colegio estatal se comportan como animales salvajes, otros simplemente de manera infantil.

La película es bastante emocionante, además de que uno se pregunta ¿cómo se resolverá la situación?, que yace desbordada y parece imposible de vencer. Dadier intenta por varios métodos atraer respeto y atención, como de uno de los líderes de la clase, Miller (Sidney Poitier), que se presenta también rebelde y conflictivo. El filme se traslada en la mayor parte del metraje al peor escenario y lo mejor es la expectativa de ver cómo se resuelve, y lo hace inteligente y coherentemente. El filme es como atender un regodeo insoportable en el infierno, produciéndose montón de intentos de salida.

El problema central es otro muchacho de la clase (Vic Morrow) y la poderosa influencia que ejerce. Este personaje está creado como muy funcional, no tiene background, y es un verdadero demonio. En cambio el personaje de Poitier es complejo a un grado decente, se manifiesta con mucho mayor realismo. Este filme es elemental, pero está bien realizado, existe mucha tensión e intensidad y atrapa. Glenn Ford está también a la altura de su papel, ya que tiene que pasar por mucho martirio.

Otro maestro, Jim Murdock (Louis Calhern), es el caustico del grupo y crea curiosidad saber de él que uno hubiera querido ver su desenvolvimiento en pleno, que queda como elipsis y comentarios al vuelo. El filme abre y cierra con Rock Around the Clock, de Bill Haley y sus Cometas, la que fue la primera canción de rock puesta en el cine e hizo de ella un hit.

El director de la película, Richard Brooks, es uno de los grandes nombres del cine americano que cruza el cine clásico y llega a hacer cine hasta los 80s, su película más famosa es Cat on a Hot Tin Roof (1958), pero tiene varios títulos geniales como Sweet Bird of Youth (1962), A sangre fría (1967) o la ambiciosa y épica Elmer Gantry (1960). 

miércoles, 26 de abril de 2017

Los amantes de la noche (They Live by Night)

El cineasta americano Nicholas Ray es popular y mundialmente conocido por Rebelde sin causa (1955), una película de la que oímos siempre, incluso antes de verla e intentar ser un cinéfilo hardcore; por el icónico James Dean y su película por antonomasia, aunque no participó en muchas en el cine, fueron solo tres, por iluminado, prometedor y por su muerte prematura; y por ser el filme símbolo de una época y guía para otros cineastas. Ray además fue idolatrado por La Nouvelle Vague y los famosos Cahiers du Cinéma a los que también inspiró como cineastas. Nicholas Ray tiene una filmografía bastante buena, desde luego no sólo se trata de la maravillosa Rebelde sin causa, donde sobresalen dos títulos en especial, el western Johnny Guitar (1954) con los duros Joan Crawford y Sterling Hayden; y In a Lonely Place (1950), un noir con dos iconos del género, Humphrey Bogart y Gloria Grahame (casada con Ray de 1948 a 1952). In a Lonely Place me recuerda a otra película maravillosa, Sospecha (1941), pero en ésta la duda no es por poder ser un asesino serial de mujeres ricas, por interés económico, es por la sinrazón de la locura y la violencia incontrolable de la personalidad, el descontrol de las reacciones. Bogart levita con su naturalidad en el papel, y Grahame está igual de sublime. Otra película a tener muy presente, que en particular me parece gloriosa, The Lusty Men (1952), que retrata la vida del rodeo, y cuenta con otro tipo duro del cine, Robert Mitchum, que aparentemente no es el protagonista del filme, o no lo es a la usanza, no tiene a la chica brava y bonita (Susan Hayward) ni es la luminaria del momento en el rodeo (Arthur Kennedy), es un solitario y viene de capa caída, pero es un enriquecido personaje guía. El arranque del filme, el retorno al hogar, es una de las grandes escenas históricas del séptimo arte.

La ópera prima de Nicholas Ray, Los amantes de la noche (1948), es otra excelente película, con todo lo que hace sublime al cine clásico, se brinda entretenida, con buen ritmo, precisión, claridad y profundidad emotiva. El filme es más romance que noir, aunque yacen fusionados, la trama nos habla de un joven ladrón de 23 años, Bowie (Farley Granger), junto a Chickamaw y T-Dub, dos experimentados, mayores, curtidos compinches quienes no dudan en matar a los que se les interpongan, se esconden donde un viejo grifero rural aficionado a la bebida y al despilfarro. En el lugar el viejo vive con su hija adolescente, Keechie (Cathy O'Donnell), ella y Bowie se enamoraran con inocencia y mucho romance. Bowie intentará escapar de la policía y formar una familia, anhelante de tener una vida común, apacible, lejos del pasado de cárcel que empezó a los 16 años por matar a un hombre y que lo persigue, está prófugo. Bowie roba pensando gastar el dinero en un abogado que lo limpie de sus delitos, pero sus relaciones criminales con Chickamaw y T-Dub lo arrastran.

El filme presenta a Bowie como una buena persona más allá de su situación, aunque la naturalidad con la que yace adaptado al crimen hace pensar más bien en una dualidad. Tiene maneras amables, y es sensible con Keechie, la que tiene carácter pero le falta mundo. Son una pareja humilde. La propuesta tiene escenas breves, diáfanas y muy potentes, como un matrimonio improvisado, o suspenso, especialmente cuando asecha el paredón, la sombra del final a lo Bonnie and Clyde (1967). La pareja predomina, y se van dando destellos de noir, se va cerrando el círculo, va quedando lo esencial, pensando que se trata de escapar del crimen y lograr vivir libres una vida sencilla. La pareja tiene química y son dulces, hay una agradable sensibilidad, ilusión y como se valoran los pequeños detalles juntos. El filme maneja bien la acción, y jamás agobia con lo romántico, aunque tiene buena cantidad, tiene encanto.  

Lo ideal sería una función doble, junto a la otra adaptación de la novela Thieves Like Us, de Edward Anderson, de título homónimo en la dirección de otro director de culto, Robert Altman, en 1974, y no se parecen, Altman hace una película distinta a la de Ray, el romance entre Keechie (Shelley Duvall) y Bowie (Keith Carradine) tiene modernidad, es decir, merma la belleza de las formas, empieza a verse el mundo más notoriamente vulgar, aunque en la de Ray Chichamaw era tuerto y medio bruto. Altman maneja otra manera de ser dulce e inocente, la nueva pareja son algo bobalicones, juguetones y bromistas, son una novedosa composición de pareja. En esta Chickamaw y T-Dub tienen más presencia, existen más aventuras en general y hay menos de los jóvenes enamorados. Una curiosidad es que Keechie es aficionada a la Coca Cola, y vemos mucha publicidad de la gaseosa, expuesta casualmente por los alrededores. Altman otorga a su película media hora más que la de Ray, y se pueden ver los mismos lugares pero expuestos de otra manera, cambiados, lo cual es estupendo, porque es ver el mismo magma pero dos películas muy distintas. Ray hace una obra ágil, redonda, no se hace problemas en nada, pero es completa sin demasiado, mientras Altman es extravagante y original, aunque un poco lento y a veces tonto. Ambos directores son propios de su tiempo, ambos ostentan personal genialidad. 

sábado, 8 de abril de 2017

Trilogía Oyama

Basada en la figura del nacido coreano nacionalizado japonés Masutatsu Oyama, legendario maestro de karate creador del estilo Kyokushinkai, no es ningún biopic, es jugar con algunas referencias biográficas suyas, y hacerlas participes de una trama más libre de una película de artes marciales donde el karate es la estrella. También se basa en el manga de Ikki Kajiwara por lo que se trasgrede mucho y se muestra una libertad que cae recurrentemente en lo políticamente incorrecto. En un momento Oyama (Shin'ichi Chiba, o Sonny Chiba) fuerza a una mujer sexualmente al creerla una prostituta vendiéndose a los americanos. Lo paradójico que ella luego enseguida le cuenta su historia, que es traductora de idiomas y su familia se ha sacrificado en la guerra, Oyama le pide disculpas rogándole perdón y termina enamorándose perdidamente de él. La primera película de la trilogía, Karate Bullfighter (1977), y toda la saga es propia de su tiempo, como de sus pocos anhelos artísticos, de una libertad amoral que será chocante y repudiada vista hoy en día. Y los filmes de la trilogía son así, sobre todo el primero y dígase que es el mejor del grupo, ya que como películas la cosa va decayendo.

Oyama es un tipo bruto, mal educado, vanidoso, conflictivo, aunque también se da humilde por momentos y se enternece con la realidad del que sufre, en esto hay mucha ligereza, no esperen mucho de la película a ese respecto. El filme es muy directo, mírese que el personaje de Oyama irrumpe en los dojos retando a los maestros y dándoles tremenda paliza, incluyendo a todos los alumnos, proclamando que el karate se ha convertido en un baile y ha perdido su veracidad, lo que él defiende, demuestra y promueve de la forma más llana, humillando a los llamados bailarines karatecas, ganando todas las peleas que propicia. No es una forma muy decente ni humana ni respetuosa de fomentar su heroísmo ni su arte pero así lo presenta el director Kazuhiko Yamaguchi, sino miren el arranque de Karate Bullfighter, en que Oyama se mete en el máximo torneo nacional de karate asistiendo con un traje roto y sucio, y cuando gana el trofeo lo arroja por una escalera y reniega del karate moderno o deportivo por creerlo una danza y no un arte marcial contundente y realista. En sentido ético el primer filme es harto criticable, pero como entretenimiento rocambolesco y libre tiene mucha más gracia.

En karate bullfighter el director se da cuenta qué comportamiento plasma el personaje Oyama y el maestro antagonista líder promotor de eventos y escuelas no lo soporta, dice que no tiene dignidad su karate ni su persona, sin embargo termina comportándose como un gángster y hace todo por matar a Oyama, unos dirán que tiene justificación, Oyama es una joyita. Karate Bullfighter asienta la leyenda de Mas Oyama cuando con sus propias manos éste mata a un toro bravo suelto contra la gente, pone rígida la palma de la mano y esta es como un cuchillo, la película y su leyenda histórica tiene de fantástica, Oyama corta botellas con aquella palma, y hasta desmiembra cuernos de toros. La lucha con el animal es una gozada.

El filme de Yamaguchi le da golpes morales a su héroe y hace que se dé cuenta, entre comillas, que el karate está siendo usado como un arma creadora de mucha violencia y de excesos, pero lo exhibe indirectamente como culpa, salvando a Oyama de la quema, con un discípulo suyo descarriado que en medio de todo adora a su maestro y este se enternece con él, lo mismo que sucede con un niño y su madre de los que trata de conseguir perdón rechazando el karate (que graciosamente terminan echándole porras a su arte y creando escenas sentimentales). En ese lugar se esconde la lectura de la humanización del criminal y de paso de Oyama, expresa que a pesar de todo debajo siempre hay un ser humano. Asunto que irónicamente no cuenta en los maestros rivales, y lo peor que él los ha incitado brutamente. El filme no es una maravilla, tiene defectos y puntos reprobables, pero Oyama es una leyenda. Se coge de la omnipotente libertad del manga, y es una película sinvergüenza de artes marciales. A ratos es toda una curiosidad, no es el típico héroe ni siquiera antihéroe de los últimos años, y es una apología “clásica”  al karate con contacto total y no al popular kung fu.

Las 2 películas siguientes muestran un comportamiento algo más sensato y sosegado –que antes- de Mas Oyama, no obstante sigue igual retando a los grandes maestros y golpeando a todo el mundo en los dojos haciendo ver que su karate es el verdadero y no el de otros, se hace guardaespaldas de un gángster en la segunda, en Karate Bearfighter (1977), y no se discute que trabaje con un criminal, solo que sea un subalterno de otra persona. Como no deja de ser imprudente nunca –es casi un dios- le da una golpiza hasta al mafioso, y se encariña con un imitador de él y su novia, y de un niño e hijo de un alcohólico. Tampoco le teme a las armas de fuego,  así con ellas también reparte golpe y sale indemne. Su situación de héroe no presenta límite alguno, y lo vemos llegando a enfrentar a un oso con sus puños y patadas. El oso se percibe como un disfraz pero aun así se logra una escena a un punto decente. Los karatecas rivales le dicen el karateca publicitario, por pelear con osos y toros. Pero Oyama va de bruto y simple. Sonny Chiba lo encarna muy bien, tiene gestos un poco cómicos sin querer, y se mueve con histrionismo, da sus gritos propios, a lo Bruce Lee, y tiene facilidad para poner caras tristes y echarse de vez en cuando unas lágrimas sin perder la figura de rudeza.

Karate for life (1977), las tres son de Kazuhiko Yamaguchi, tiene una apertura de esas gloriosas, Mas Oyama, Sonny Chiba que pelea muy bien, su karate es versátil, se enfrenta a 100 estudiantes de karate, y no sólo eso, llenan el piso de aceite para que Oyama no pueda ponerse en pie, mientras los estudiantes se ponen secos lo pies con algo como tierra. Tiene que vencer a los 100 sin parar para ganarse el mérito de retar al maestro. Tampoco falta que Oyama muestre nuevamente su sensibilidad y su lado de sentido de la justicia con otros encariñamientos. Lo curioso de este filme es que el héroe participará de combates de lucha libre profesional, con apuestas ilegales detrás y mafiosos vengativos.

miércoles, 29 de marzo de 2017

El viaje de los comediantes (O thiasos)

Esta obra maestra del griego Theo Angelopoulos, seguramente su obra más importante, de 4 horas de duración, recorre la historia de Grecia desde 1939 hasta 1952, pasando por momentos claves de su historia, la dictadura de Ioannis Metaxas (1931-1941), la guerra entre Italia y Grecia (1940-1941), la ocupación alemana (1941-1944), la guerra civil (oficialmente de 1946 a 1949, pero empezó antes), la intervención y estadía fiscalizadora americana e inglesa en Grecia (la ocupación inglesa con el general Ronald Scobie) y la llegada al poder en 1952 del mariscal griego Aléxandros Papagos como primer ministro de Grecia, habiendo comandado a la derecha, viniendo de comandar al ejercito griego contra el ataque de Italia, país al que venció, pero Alemania lo terminó derrotando y lo mandaron a un campo de concentración del que volvió triunfante.

Al filme se le propone desde el punto de vista de la izquierda de su país, viendo que Grecia estuvo dividida todo este tiempo, por un lado los monárquicos, por el otro el partido comunista griego, que tuvo gran repercusión con el Ejército Popular de Liberación Nacional que claudicó en 1945 con el Pacto de Varkiza donde entregaron las armas. El Ejército popular de Liberación Nacional luchó en la segunda guerra mundial de 1941 hasta 1945 contra Alemania. La derecha venció a la izquierda y quedó una sensación de yacer pospuestos y desear buscar redención.

Angelopoulos no solo se queda con este tremendo panorama y manejo histórico también hace uso de la literatura griega, se basa en la Orestíada de Esquilo, en superponerla en su trama, mostrando traiciones y venganzas dentro de la representación de la guerra civil griega, hablándonos de Agamenón (padre), Clitemnestra (su esposa), Aegisthus (el amante de Clitemnestra), y Orestes y Electra (los hijos de Agamenón y Clitemnestra).  Esto funciona no tan contundentemente porque la trama tiene su propia libertad narrativa, guiada por un teatro itinerante, un grupo de protagonistas de las vicisitudes de su época. El teatro ambulante pone constantemente en escena  la obra teatral Golfo la pastorcilla, una historia de amor, muerte y traición, que se mezcla con todos los componentes históricos antes mencionados.

El filme de Angelopoulos resulta arduo de comprenderlo en su totalidad pero con todos estos datos y elementos en el conocimiento del espectador uno queda maravillado de semejante estructura y narrativa, tan compleja y completa. Hay que estar muy atento, en varios momentos escuchamos información histórica, como con los altavoces de la propaganda política que hacen como de voz en off, explicativa y contextual, aunque está inmersa en lo autodiegético.  En otros momentos lo vivimos, incluso simbólicamente, como narrativa, como cuando dos bandos luchan, unos disparan y otros corren y cambian de lugar, en una toma fija de una calle, de izquierda salen pobladores, luego salen de la derecha; o cuando soldados ingleses se burlan de la compañía de teatro y empiezan a forzarlos a bailar con ellos; está también la escena brutal de una mujer comunista violada como venganza a una acción paramilitar, mujer que luego le habla directamente a la cámara y detalla hechos históricos, la realidad del partido comunista; o esa escena en un bar donde mediante la música se dan arengas contra el gobierno monárquico y luego estos reaccionan y dan sus propias proclamas cantando. La música juega un gran papel en la propuesta, mostrando lo popular, sea la facción que sea, hay un tono llano en todo el filme.

El viaje de los comediantes es una obra monumental que fascina cuando entendemos todo el alcance de su propuesta, contada en varios niveles, con una manera próxima, bella y emotiva. La estructura de como fluyen los tiempos -que van y vienen- es otra imponente virtud, sobre todo porque a pesar de que el filme tiene 4 horas de duración contiene pocos cortes, generando una estética más personal y una filosofía con las largas tomas. Presenta mucha originalidad y variedad de expresión. Ganó el premio fipresci en el festival de Cannes de 1975.

viernes, 24 de marzo de 2017

Silencio

Durante el siglo XVII ante el miedo a la expansión del catolicismo en Japón, y lo que podía significar, el control colonial europeo, Japón prohíbe la práctica del catolicismo y se dedica a perseguir, castigar hasta matar o hacerlos renunciar, a los que profesan ésta fe, sean de su población o extranjeros. Dos padres jesuitas portugueses Rodrigues (Andrew Garfield) y Garupe (Adam Driver) escuchan que su maestro, Ferreira (Liam Neeson), ha apostatado, tiene ahora nombre japonés y propia familia incluida, ellos no lo creen, saben que Ferreira estaba en un viaje de evangelización, y deciden ir a averiguar. Garupe y Rodrigues ven la fuerte situación que reina en Japón, pero practican el cristianismo en la zona, tratan de seguir su misión a escondidas a contracorriente de que el inquisidor Inoue (Issei Ogata) pone mano dura en el territorio.

Inoue luce algo ridículo, como una figura algo exagerada, pero también se manifiesta inteligente, su debilidad producto de la edad la suple con el enorme poder de su cargo, sabe bien el deber que tiene, se le siente que es para él algo personal, como el japonés que piensa que está defendiendo la gloria de su nación. La religión es solo el pico del iceberg, lo que esconde un orden y control político. El filme en manos de los padres jesuitas es un quehacer más inocente, al menos en lo que creen y profesan Garupe y Rodrigues, sienten que están propagando una necesaria verdad que atañe a todo hombre, buscando salvar las almas de los campesinos nipones.

No es casualidad la imagen del primer encuentro con Kichijiro (Yôsuke Kubozuka) que parece un perro callejero sucio, es el reflejo de la pobreza reinante y la dejadez del poder. En esa situación la palabra de Jesús cala profundamente, pero en lugar de solucionar el problema, la diferencia social, producto de la ideología y la estructura política, monárquica y feudal, les conviene mejor sólo usar la violencia, torturar, y hacer que renuncien e insulten al Dios cristiano, hacer que la superficie desaparezca.  Por cierto, Kichijiro da cierta risa, con lo endeble que luce, pero se entiende que es así por la fuerza con la que choca su fe. El temor a morir. Pero es a un punto increíble ver que a pesar de todo Dios –y los padres- le perdonan, le dan infinitas oportunidades, y él finalmente digamos que retribuye. Es la duda absoluta, medio un Judas cómico.

En el filme hay dos líneas de desenlace, que es lo que finalmente más importa. Una es la aceptación del poder japonés, la negación del cristianismo en suelo nipón, que va por Ferreira, quien argumenta de forma interesante (pero aunque lo niegue se debe su apostasía a la tortura fina y estratégica), aduciendo que Japón es un pantano donde no se podrán sembrar nunca ciertas plantas. En esa línea hallamos otra adaptación de la novela histórica de Shûsaku Endô, Chinmoku (1971), de Masahiro Shinoda, que es derrotista con el catolicismo, y triunfalista del Japón tradicional. La otra línea, la del genio Martin Scorsese, es la de que Ferreira es como un especie de Satanás, un tentador, imitando a la biblia, lo que es constante en el filme y más que seguro en el libro. Y la tortura, el salvar a los campesinos a cambio de la apostasía, los que le valen muy poco a los monárquicos, es un chantaje brutal, un subterfugio de implacable debilidad contra la fe, pero, ¿qué hace un padre ante esto? El filme de Scorsese ve el sacrificio, la entrega, y sobre todo el perdón de Dios. ¡Dios habla!, aunque parezca más una alucinación de la tensión. 

Otra discusión atractiva de la película es la que dice que los campesinos no saben bien lo que hacen, sobre entender la trascendencia, y que incluso no comprenden bien a quien le rezan ni por quien lo hacen (se dice que le rezan al sol), pero su devoción, martirio y muerte –aun en sus limitaciones- es acción suficiente para no pretender desestimarlos, porque la vida es lo más preciado que tiene uno (tenemos a Kichijiro para corroborarlo), como que todo hombre vale sin importar su humildad, cosa que no se comparte en el tiempo de la ambientación por los mandos japoneses ni por el renacido Sawano Chuan (Ferreira), y entregarla por una creencia religiosa es tal cual la aceptación de aquella visión de Cristo, uno se debe a ellos, a su respeto y honra. En ese sentido la intervención de Shin'ya Tsukamoto como un campesino creyente es de una emotividad maravillosa. Lo mismo que con el traductor aliado del poder japonés (Tadanobu Asano),  son contrastes magníficamente definidos, aun tan marcados.                                                                                                                      

jueves, 23 de marzo de 2017

Seijun Suzuki (24 de mayo de 1923 – 13 de febrero de 2017)

El japonés Seijun Suzuki es un director de culto, y para mi sorpresa tiene un cine bastante bueno, no se le suele mencionar mucho como otros de sus compatriotas, además de que se le conoce por haber hecho cantidad de películas de serie B sobre yakuzas para la productora Nikkatsu. Pero en los últimos años, trabajó para Nikkatsu por 11 años, empezó a tener problemas con la compañía, cuando Suzuki seguramente cansando de lo mismo empezó a complicar las tramas de sus películas y a hacerlas más avant-garde, al punto de que con Branded to Kill (1967), el culmen de las películas yakuza que hizo, lo despidieron. Suzuki ganó un litigio que entabló contra Nikkatsu pero tuvo que recluirse por 10 años en la tv. como castigo de las productoras.  

Gate of flesh (1964). La mejor película de Seijun Suzuki, así como Branded to kill es el pico más alto de sus historias de yakuza, Gate of flesh es el de otra de sus temáticas preferidas, la prostitución, pero aquí no hay una narrativa intrincada, y la rebeldía se asume como realismo y mucha dureza. La prostitución es el abismo donde no te permiten amar, de eso trata el filme. La sordidez de la vida de prostituta y el defender el territorio y la sobrevivencia de un modo de vida hace que las propias prostitutas canibalicen a sus compañeras. Les hagan la vida un infierno si pretenden dar sexo gratis, o sea, entregarse por amor. La narrativa es diáfana, pero está llena de potencia, su historia impacta, da cierta tristeza regirse al destino, morir pobre. A una mujer se le enseña a ser aprovechada y fría con alguien que pretende ser un marido, a otra a resignarse a ser la peor puta. Un hombre, un ladrón y asesino, Shintaro Ibuki (Joe Shishido) remecerá el pequeño clan de prostitutas protagónico. El filme se ambienta en la postguerra, la de la segunda guerra mundial, el ambiente está plagado de americanos. Suzuki muestra la degradación de los japoneses a través de esa aparente fiesta en las calles de la abundancia de prostitución, para los extranjeros, y los hombres nacionales no hacen nada, solo se acomodan, tratando de salvaguardar a ratos su honor con la violencia, lógicamente a escondidas. Shintaro por eso se comporta como un bruto, pero trae loca a más de una prostituta, es el semental. Estas se comportan lo más salvajes. Suzuki es duro, rehúye las formas clásicas. El filme fluye, cautiva, es franco y evita los romanticismos, salvo buscar la poética de los sufridos, de los derrotados, en un submundo que los engulle sin piedad.

Tokyo Drifter (1966). Tiene una sencilla banda sonora, pero de aquellas que entusiasman, hecha por Hajime Kaburagi, y es una película muy simpática y entretenida. Sobre un yakuza que es un especie de ronin, el que huye de una facción de la mafia producto de ser un tipo leal y valiente. Es la historia que enaltece a ese héroe que es el más bravo de todos, aunque el más dejado. El que no puede huir de su pasado, y viste como un pimp. El filme posee un toque sesentero de libertad estética, colorido, y previsualiza al cine coreano moderno, al noir más plástico.

Branded to kill (1967). Considerada su obra más famosa, reivindicada con los años y convertida en película de culto. Es una propuesta que no se toma en serio, que es irreverente, nunca mejor explicado en que el final del filme se asemeja a un show de cachascán. A la vez es adictiva con la adrenalina e intensidad argumental que propone, como la escena en el muelle con el carro como escudo frente a una emboscada de francotiradores, los asesinos colocados en un propio ranking criminal y una femme fatale que colecciona mariposas disecadas. Finalmente el antihéroe yakuza Goro Hanada (Joe Shishido), aficionado a ir tras el olor del arroz hirviendo, deberá enfrentar a la mafia y al hitman Nro. 1, cuando él es el Nro. 3 y quiere ser el primero.

Tsigoineruwaizen (1980). Es parte de una trilogía y donde se reinventa Seijun Suzuki, con historias que llevan terror. Tsigoineruwaizen es una película maravillosa, pero exige paciencia, porque se cocina muy despacio, tiene una duración de dos horas veinte minutos y enseña momentos como para generar movimiento sin mucha trascendencia, como distracción, pero una vez hecho un pacto que parece una locura y un juego, algo suelto u ocurrente propio de un tipo de personalidad, entre dos mejores amigos y maestros muy distintos, que a escondidas del otro se intercambian las esposas, genial Michiyo Ohkusu como la esposa de aire pervertido, la historia finalizará en una película compleja y perversa, donde una estancia de vacaciones brindará alternativas macabras. Es un filme que te dejará pensando, pero sobre todo donde existe un buen manejo del miedo. La película tiene varios matices, es extraña y tiene humor idiota, pero también un aire serio y oscuro ubicado en la era Taisho.

sábado, 11 de marzo de 2017

King of the Belgians

El rey de los belgas visita Estambul, Turquía, y al escuchar que una región de su país, Wallonia, que es la mayor extensión del territorio belga, se ha separado e independizado de Bélgica, decide volver al país y enfrentar la situación, salvar la existencia de Bélgica, sin embargo un problema climático, una tormenta solar, le impide el retorno habitual, no hay vuelo alguno con este clima, y para peor la seguridad turca le restringe el retorno por protegerlo. Nicolas III (Peter Van den Begin) participa además de las reuniones turcas de un documental de propaganda para su figura, del británico Duncan Lloyd, y éste le propone irse, “escaparse”, en un ómnibus de unos músicos folclóricos búlgaros, el rey acepta, y es cuando junto a tres miembros de su administración que emprenden el viaje de retorno en la presente road movie, comedia y mockumentary.

King of the belgians es una película muy ligera con un sentido del humor híper suave, a ratos ni se percibe y es más una historia llevadera, mínima, puede que hasta nos produzca cierta desidia tanta simplicidad, no obstante tiene un toque benigno que puede ser agradable, desde el punto de vista que se le vea. El rey atraviesa los Balcanes, a los que un asesor denomina de conflictivos, como quien teme que algo peligroso pueda suceder, igualmente se escuchan comentarios políticos en tono leve sobre la integración de Turquía a la Unión Europea.

El filme tiene demasiado de sutil y ligero que su cuota política puede hasta pasar por desapercibida, y verlo como un simple filme de pequeñas aventuras, ver al mismo rey de los belgas atravesando la vida llana, y discutir la necesidad y sentido de la monarquía de paso de manera apacible (quizá nos esté diciendo la película, medio sin querer, que su presencia es totalmente irrelevante), mediante un ordinario viaje por carretera, hasta llegar a querer cruzar en un pequeño bote a motor el territorio balcánico y caer en una Albania que parece algo bárbara y no brinda un trato especial. Nicolas III es la humildad, candor y simpatía en persona, y más parece uno más del grupo, no presenta ningún tipo de distinción, puede ser hasta ya demasiado común y sernos indiferente, o quizá tanta normalidad pase por propagandística. Falta malicia, sea en su persona o hacía él. La propuesta de Peter Brosens y Jessica Woodworth es un relajo total, no existen estridencias ni espectáculo, su trama es la austeridad amable en pleno ejercicio.