lunes, 20 de agosto de 2018

Harold y Maude


Ésta es una película trasgresora aunque amable, con humor. Le pertenece a Hal Ashby. La trasgresión está en el enamoramiento de un muchacho en los 20, Harold (Bud Cort), de una mujer a punto de cumplir 80, Maude (Ruth Gordon). El filme no es realista, tiene un tono más de simpatía, más de diversión, más hippie como lo conocían al director. La relación amorosa es más propia de la amistad y de la reunión de dos personas extravagantes, en las orillas opuestas de la existencia, uno en la efervescencia de la vida y otra en el ocaso de la suya pero tan iguales en sus locuras y en la felicidad y empatía que sienten de estar uno cerca del otro.

Harold es un muchacho hijo de una familia millonaria que quiere que el chico deje de ser un freak y se adapte socialmente, para ello su madre, la sra. Chasen (Vivian Pickles), le prepara citas para que pueda elegir una esposa. Cada reunión con una chica especialmente estudiada termina mal, producto de que Harold tiene una fijación con la muerte, el suicidio, y suele aparecer muerto en su propia escenificación de efectos especiales. Inicialmente, en la apertura del filme, esto resulta impactante, ver a un chiquillo suicidarse con pelos y señales, ahorcarse, el tener una imagen creíble ante nuestros ojos, muy fuerte. Pero enseguida se explica que esto es parte de la personalidad del muchacho protagonista y pasa a ser un juego de la película, presenciar suicidios más vistosos que otros.

Maude no se queda atrás, también es muy excéntrica, justamente conoce a Harold en un entierro, ambos suelen ir –sin conocer de quien se trata- y al verse tanto se hacen amigos, comparten el mismo pasatiempo. Maude también es de espíritu hippie, ama el medio ambiente en particular. Tiene un lado criminal pero tomado como jocoso, suele robar autos, no se dice cómo pero igual se los lleva, y se burla de paso de la policía, algo muy hippie. La relación de Maude y Harold es sorprenderse mutuamente, simplemente divertirse. El filme a ese respecto se dedica a poner locura tras locura, es una película muy libre, casi sin narrativa. Lo que trata es de lo extravagante que son sus protagonistas y celebrar su rareza.

Harold va al psiquiatra, aparece conversando con él en varias ocasiones, hay un empeño en que sea convencional, normal, pero lo que vemos es que se acepta tal cual, como un freak. Maude es más una reacción, como víctima del Holocausto. Hay una escena que se asume el fin de un coito, pero no tiene nada de impúdica visualmente, es más ocurrente que otra cosa. Maude a pesar de que es muy vieja nunca es ridícula, punto a favor del filme en su buen manejo del personaje. Ruth Gordon yace en estado de iluminación, y Bud Cort físicamente está perfecto en el papel. También como buen filme hippie hay una ironía hacia la guerra representado en el tío Víctor (Charles Tyner), amante del ejército.

The Tin Star


Es una historia de mentor y alumno entre Morgan Hickman (Henry Fonda), un ex sheriff convertido en cazarecompensas, y un reciente sheriff, Ben Owens (Anthony Perkins). Owens es un tipo valiente, terco y muy ético, pero aun inexperto y por ello está expuesto a un oeste salvaje que puede quitarle la vida por su torpeza. Cuando Hickman lleva un cadáver en busca de su recompensa conoce a Owens y pronto entablan un vínculo que termina en la enseñanza de Hickman para que Owens sea mejor sheriff, no pierda la vida.

En el pueblo de Owens hay muchos personajes interesantes. El antagonista es el robusto Bart Bogardus (Neville Brand), un pistolero rudo que no respeta la ley y por lo mismo tampoco a Owens, tal como un caso de bullying en que Owens que no le teme debe finalmente vencerlo. Bogardus es una mala semilla, una mala influencia para el pueblo. Entre lo atractivo de la hechura del pueblo está que convive gente salvaje, propensa a la violencia que no necesariamente son tipos unidimensionales, son sólo gente común, con personas muy queridas, como el doctor Joe McCord (John McIntire).

El filme opta por un movimiento original, no se encasilla con Bogardus sino lo complementa con 2 asaltantes de caminos, independientes de su criminalidad, Zeke McGaffey (Peter Baldwin) y Ed McGaffey (Lee Van Cleef). También en el filme hay 2 héroes, mentor y alumno. Como mentor, Hickman, es repudiado en el pueblo por ser cazarecompensas, por preferir matar a quienes persigue. La línea entre el orden y el pecado por llamarlo así es muy tenue, pero el idealista Owens querrá definir la situación en su pueblo.

Tanto mentor como alumno se nutren mutuamente. Hickman le habla mucho a Owens sobre cómo ser un sheriff capaz, lo que suele decir es coherente, inteligente, pero hay una sobreexposición de sabiduría, se siente que hay muchas palabras en el ambiente. Hickman también está dibujado como un tipo desilusionado de la gente, pero tampoco lo hacen muy difícil, rápidamente se encariña con un niño, Kip Mayfield (Michel Ray), que hay que mencionar que es muy carismático. Por ahí pasa una línea de no odiar a los indios ni a los extranjeros. Nada del otro mundo, pero vale su inclusión. La madre de Kip es la actriz Betsy Palmer que todo amante del terror conoce, como la madre de Jason Voorhees.

Ésta propuesta de Anthony Mann tiene 2 líneas narrativas centrales dadas por los héroes. Owens tiene todo para ser un héroe, pero le faltan algunos tips, a ratos es demasiado ingenuo. Es algo gracioso cuando se sorprende de que un criminal le dispare cuando trata de arrestarlo pacíficamente, aun cuando está mostrando bondad como sheriff. Pero, claro, nadie quiere que lo ahorquen o ir a la cárcel. De todas maneras es notable que a Owens se le de mérito, aun son épocas no tan cínicas o pesimistas. El filme tiene la magia del cine clásico, es de 1957.

Hickman no se cansa de decirle a Owens de que lo mataran como sheriff por cómo ve el mundo y se comporta, y Owens no se cansa de entregarle una estrella de la ley a Hickman, con lo cual es interesante notar que lo heroico no remite al más dotado, y que se aprecia a la juventud, capaz de influir en un viejo ducho, conviviendo dos mundos. El mensaje es bastante sano, ser apto parte de la convicción, de creer en uno, aunque detrás, perfilando lo que será la maravillosa The Man Who Shot Liberty Valance (1962), está Morgan Hickman, de manera menos trágica y más participativa de Owens en el terreno de lo salvaje.

viernes, 17 de agosto de 2018

Man of the West


Man of the West (1958), de Anthony Mann, es un western de mucha acción y violencia. A una mujer, a Billie Ellis (Julie London), unos bandoleros la obligan a desnudarse frente al grupo y amenazan constantemente al héroe con violarla aun cuando la creen su mujer. El héroe, Link Jones (Gary Cooper), es un ex outlaw que fue criado como un hijo por el pistolero y criminal Dock Tobin (Lee J. Cobb).

Se cansó y decidió cambiar. En un pueblito finalmente confiaron en él, nos dice el propio Link; y se casó y tiene 2 hijos. De éste pueblito donde lo han perdonado lo envían con dinero en busca de una maestra. Pero en el camino el tren en que va es asaltado y se rencuentra con su antigua pandilla, con Tobin. Mucha información sobre Link es dada verbalmente, porque el filme prefiere enfocarse en las escenas de acción y en la tensión entre Link y la banda de Tobin.

Un defecto marcado del filme es que Gary Cooper para éste western estaba ya viejo, pero hace de un hombre más joven, incluso es mayor que Lee J. Cobb pero no obstante Cobb hace de su padre adoptivo. A Cooper visualmente se le nota su edad, pero aun es un hombre ágil de movimientos, como lo muestra una pelea a puño limpio, larga, bastante coreografiada, y su talento para interpretar su papel. Hay diálogos que suenan notoriamente fallidos, dentro de la narrativa del protagonista, pero Cooper se muestra con aplomo y se puede paliar.

Por lo demás es un buen western, la brutalidad del oeste se ve especialmente en el abuso a la mujer, a Billie, una parte efectivamente desagradable pero cuidada en el filme, sugerente, pero potente. Las escenas de acción son muy buenas, poner a un pueblo fantasma de escenario es una gran idea. El filme trata como Link debe enfrentar su pasado, debe volver a regirse a la violencia, aunque ésta vez lo hace del lado de los buenos. No es un filme muy profundo, pero sí bastante entretenido. Cooper primero se hace ver débil, y va creciendo, hasta volver a ser el temido outlaw que fue antes, ese que despierta la admiración de Tobin.

La relación padre-hijo entre Tobin y Link es una relación de corrupción. Link sabe que éste hombre lo moviliza hacia ese lugar, lo vuelve alguien despreciable. Tobin es un tipo que está muy bien escenificado, es un ser que denota maldad y vulgaridad, pero aunque tiene en su banda gente muy fiel prefiere curiosamente a Link que no le corresponde, quien a pesar de que disimula se le nota y lo dice un diálogo. Ésta parte que puede parecer un poco ilógica más bien enriquece al filme porque la vida es de caprichos y contradicciones. También se debe a que Link fue un outlaw muy duro e inteligente, en cambio los de la banda de Tobin son más lentos y engreídos aunque sádicos, hasta hay un mudo al que se le achaca idiotez.

Lo mejor del filme es la horrible y prolongada tensión entre Link, sus amigos del tren y la banda de Tobin, y más tarde la pelea a tiros en el pueblo fantasma. La huida de unos de los criminales en estado agonizante es de una belleza sublime, la toma de la secuencia hasta el final es de esos detallismos muy artísticos y cinematográficos que uno suele amar y llamar séptimo arte, proporcionando mucho drama y visualidad.

viernes, 10 de agosto de 2018

Pueblo Viejo


Pueblo Viejo (2015), del huancaíno Hans Matos Camac, es un western andino, con el uso de nombres en quechua y aymara como el del sobrino del llamado Principal, Supay (Alberto Nue), que significa demonio, el personaje más duro que enfrentará el héroe, el misti -que traducido es criollo u hombre blanco- Eduardo Camac (Cristhian Esquivel). El Principal es el hombre más poderoso del pueblo, de la región, y éste va cambiando, a medida que se impone la ley del western. El Principal Don Abelardo (Juan Manuel Ochoa) es un tipo que se aprovecha de todos. Finalmente cuando sucede la pelea entre Don Abelardo y el hermano menor de los Camac empieza digamos que la acción. El filme en realidad carece de escenas intensas, es un filme muy calmado, que se toma su tiempo además, que recorre el (clásico) drama familiar y social, la lucha contra el poder abusivo. La historia de amor la provee la actriz Mayella Lloclla, sugerente, pero aun así algo erótica en su amalgama con una pequeña argumentación. En los momentos de acción pareciera que fuera un filme defectuoso, pero en realidad éstas escenas excesivamente austeras, apagadas, alejadas de todo espectáculo, en momentos de confrontación claves, las volvemos a ver más tarde en mejor estado como una revelación, la maquinación de Supay. Finalmente esto toma distinción, como esa lentitud y actitud como dormida del filme y genera un cierto encanto que palia el sentir de imperfección dominante. Es rescatable su personalidad andina, aun recurriendo tan sólo a lo elemental, el paisaje rural, unos cuantos nombres autóctonos, la denuncia social. No es un western típico, debido sobre todo a que no posee intensidad, no es un filme de grandes escenas de acción, no es un filme de género en toda la palabra. La última escena de acción que es la más directa es muy básica, pero sus formas se sienten como identidad, hay una coherencia. Es un filme humilde, pero simpático. Tiene a ratos su toque arty en la puesta en escena, como con ese cuarto de cárcel desnudado al mínimo en que pasa sus días el héroe. También se puede sentir la presencia de José María Arguedas en esas escenas de las reparticiones de agua, tan burocráticas, insustancialmente formales. No es una propuesta tampoco demasiado social, prefiere ser un tipo de entretenimiento, un filme contemporáneo, y así se percibe con la figura del Principal, quien sepulta sus homicidios él mismo a pico, le rezan mujeres en secreto, es un tipo duro que se impone al resto y luego quizá se termina corrompiendo, lo cual se acerca a la esencia del western aunque en la combinación con lo andino mediante la lógica de lo rural.

jueves, 9 de agosto de 2018

Sobredosis de amor


Comedia de Jesús Álvarez Betancourt que es una mezcla de comedia de cine americano, sexualidad bien mente abierta e identidad nacional. Con la sexualidad se juega mucho y en ello no es tan pegada a la realidad de nuestro país, es mucho más atrevida y bastante libre, exagera un poco, quiere ser muy open mind, pero carece de cierta naturalidad, no es tan realista, parece propia de la sociedad de un país europeo.

En su sexualidad se siente muy ligera en todo sentido, en lugar de liberadora. Pero como es una comedia esto hace que a nadie le importe mucho su sexualidad o no lo tome en serio. Otra cosa resaltante es que prefiere la amistad que el amor verdadero, aunque dice que ésta es su verdadera historia de amor, y aunque puede ser poco afín al pensamiento mayoritario y normal se rescata su originalidad. No obstante en su tratamiento, el carácter voluble y superficial de la protagonista de éste amor-amistad, hace aguas por muchas partes.

Es una propuesta que da muchos giros y lo hace tan seguido que pierde coherencia y tiende a fallar, aunque le sobrevive cierta novedad, el intentar hacer algo distinto. No resulta como esperan pero denota un filme con cierta personalidad y deseo de hacer algo propio, una comedia novedosa. Centralmente pesa la amistad por sobre el amor verdadero confundiendo los lugares, pero hay una subtrama que señala el orden natural de las relaciones amorosas. Hasta ahí llega su constante indefinición, que le cobra factura, incluso con un remate dizque audaz que suena a golpe de boomerang y deja más bien desamparada a su heroína.

Por todo más parece inmadurez, superficialidad, algo de estupidez y absurdo lo que maneja a Jimena (Gianella Neyra), la protagonista, éste ser confundido en aguas raras, en cuanto a corresponder al amor impulsivo y medio caprichoso de sus 2 mejores amigos –tras un lugar común, que ellos se enamoren-, interpretados por el dúo Renzo Schuller y Gian Piero Díaz. Gianella Neyra aporta credibilidad, refleja bien la personalidad de su rol, tiene carisma, actuando, como solemos decir, como un calzoncillo más, una mujer que se comporta y es tratada igual a los hombres con los que comparte una fuerte proximidad de amistad.

El filme no es muy gracioso, pero hay una indudable empatía especial como peruanos, las formas son propias del Perú, aunque específicamente no seamos tan relajados como sociedad como la protagonista. Gian Piero Diaz interpreta a un chico más formal, más recatado, algo más ganso, mientras Schuller es el mujeriego, el loquito suelto y solitario. A Schuller se le conoce por ser un tipo gracioso, pero no hay que olvidar que tiene su talento para actuar. No obstante su personaje está lejos de ser sólido, es caricaturesco y a ratos ridículo.

Aunque es una comedia sorprende un poco –no es lo común- que los amantes sean retratados con un halo de idiotez –aunque se entiende también por quienes son el dúo de amigos y la comedia que se les suele atribuir-, como con la pelea con el novio. Incluso el futuro esposo de la protagonista (un carismático Arap Bethke) hace de un modelo, de alguien delicado y pretencioso, pero finalmente se opta por hacerlo dulce, muy aguantador y amable, parece la versión común de un extranjero buscando novia latinoamericana, sólo que más refinado físicamente.

Definitivamente no es una película memorable, está cargada de defectos y mil cosas recriminables, y aunque suene algo masoquista decirlo necesitamos de más películas como ésta, aun cuando tenga momentos tan ñoños que den vergüenza, comedias románticas que quieren salir del molde y llevan ésta empatía especial de vernos reflejados en el cine, aunque en parte haga uso también del formato extranjero. Por último mencionar a Pietro Sibille, actor respetado que suele buscar la distinción, que hace de un personaje esperpento.

martes, 7 de agosto de 2018

Bixa Travesty


Documental de los brasileños Kiko Goifman y Claudia Priscilla que sigue a un travesti que se hace llamar Linn da Quebrada que muestra su espectáculo de baile pop -hay harto twerking- y voz por la libertad absoluta de los homosexuales, con canciones atrevidas, desenfadadas sobre su homosexualidad, sobre su travestismo, en forma agresiva. Dice las cosas de la manera más directa, incluso mostrando desnudos, el órgano masculino y su manipulación, como mensaje de rebeldía y postura de impacto, de una fuerte definición. Linn da Quebrada interactúa con sus amigos, como con integrantes de su grupo musical, y va explayando sus ideas sobre su condición sexual. No busca ser una mujer sino un travesti, es decir, un hombre con inclinaciones femeninas pero que proyecta su órgano sexual original. Éste documental no guarda la mínima compostura, tiene mucho de vulgar, mientras es totalmente franco, dispara a fuego abierto. Linn da Quebrada hace todo tipo de performances trasgresoras. En éstas épocas no escandaliza tanto, no es ningún tipo de hito, ha llegado tarde, pero es firme, tiene una voz potente. Puede que haber tenido cáncer le haya dado ese autodescubrimiento, esa ofensiva como activista de su propia condición homosexual. Hay una parte de archivo de su enfermedad mezclada con su agresividad performativa. Linn da Quebrada también habla en la radio y se autodefine como un gay negro travesti de las favelas, con lo que su activismo incluye lo social, la lucha contra la marginación de distintos cauces. Es una propuesta que no se guarda en nada, que tiene muchas escenas fuertes homosexuales, aunque exentas de coito. El concepto gira alrededor de exposiciones artísticas propias del arte moderno. El protagonista tiene una muy buena voz más allá de las letras a quemarropa, y en cierta manera el filme parece un musical, tiene un lado soft, o cálido, agregando el compañerismo, la amistad, la militancia gay y la gravitación de todo un entorno –artístico y argumental-, ateniéndonos a un activista brutal, de los tiempos que corren.

sábado, 4 de agosto de 2018

Ayer Maravilla Fui


Sci-fi mexicano, cine fantástico, perteneciente a Gabriel Mariño que pone de centro de atención a un ente no identificado que toma cualquier cuerpo, cualquier forma humana, aunque no lo premedita, es como algo que le sucede y debe lidiar con ello. El filme no abunda en argumentación, pero es bastante efectivo y sugerente, con el ente que es un ser solitario y melancólico enamorado de una peluquera, llamada Luisa. Éste ente pasea por México DF y recuerda al ángel enamorado de El cielo sobre Berlín (1987).

En un momento, Ana (Sonia Franco, ganadora de mejor actriz en el festival de Morelia 2017, además de primera o segunda mejor película mexicana), la forma del ente que más predomina en la narrativa del filme, le cuenta un sueño a su amada, le revela su condición fantástica. La propuesta pone al ente con la única motivación de ser pareja de Luisa cuando tiene la dificultad de perder su aspecto físico y tener que volver a enamorarla. Parece algo fácil de resolver, simplemente contarle, convencerla a toda costa, pero aunque no se da razones el ente enamorado no lo dice abiertamente, sólo finge contarle un sueño. Claro, dirán, sino pensará que está demente. Pero ahí están esos especies de origamis.

El filme se atiene a la dificultad de lo sobrenatural para volver a ser amado, en la siempre empática consideración de que el amor debe trascender lo físico. No obstante tomemos en cuenta que el ente ama una figura precisa, a Luisa, y hasta llora con su fotografía. Aparte de éste atractivo centro escueto fantástico se maneja como cine indie, proveyéndose de bellas escenas, de la mano del siempre leal, creador de profundidad, plástico, proveedor y efectivo blanco y negro, con un estilo de cine arte de expresividad poética en el deambular callejero de Ana junto a unos breves clásicos divagues filosóficos existenciales, que hacen una buena conjunción, aunque con el anciano apuntaba mucho a lugar común. Pero la idea audaz propia del sci-fi le da harto vuelo. Suma también el tener una relación lésbica, engrandecida por la indistinción de género y edad, que propone un costo, el esfuerzo.

La trama plantea vencer la personalidad, el background, nuestra visión del mundo, hacer ver que el amor es lo que llena y mueve todo, aunque mediante el uso de lo mínimo. Es difícil ser tan gaseoso, como aquel ente cambiante y amoldable a todo. El filme juega con que la identificación del ser sea suficiente, no importando absolutamente nada de lo externo –lo físico-, pero hablando del cambio de una mujer joven a un anciano con parkinson la cosa se pone bastante complicada o peor, con la duplicidad, y es ingenioso como algo tan pequeño, éste eje del ente cambiante, un ardid intelectual, albergue su buena complejidad para reflexionar e intentar quizá desestimar una de las esencias del amor.

Da para pensar mil cosas, poner posiciones. Defender la no definición sexual, la libertad total; o la fuerza de lo físico, y no es algo estético, en cuanto a un solo tipo de belleza, pero si un aprecio personal de un físico. La propuesta exige mucho más que el deterioro, es decir que el amor verdadero debe ser propio de la ceguera y las feromonas. La personalidad tampoco está demasiado trabajada, no observamos gran distinción, se trabaja con personajes muy ordinarios, básicos, haciendo más ardua la aceptación. El enamoramiento surge por sencilla amabilidad, por un acto de ayuda, es la cotidianidad y llaneza de la mayoría, le habla al hombre común.

viernes, 3 de agosto de 2018

Análisis de sangre azul


Los españoles Blanca Torres y Gabriel Velázquez hacen una película bastante curiosa, no todo es perfecto –hay cierta inverosimilitud narrativa, cierto lado algo torpe-, pero luce interesante como propuesta. Mediante película de 16 milímetros y super 8 hacen un mockumentary (un falso documental). Recrean estéticamente una película como found footage (metraje encontrado). Trata del hallazgo de un hombre en la zona española de Los Pirineos, apodado por sus rasgos físicos como El inglés. Éste hombre al haber perdido la memoria es trasladado por quienes lo hallan a un sanatorio. Quien filma lo que vemos se dice es el Dr. Pedro Martínez quien realiza estudios psiquiátricos al inglés. Después se habla de antropología y de genética en la zona de Los Pirineos. Éste mockumentary hace uso de archivos, de documentales etnográficos de la zona, haciendo el filme más fidedigno. Sin saber nada de ésta película puede hacerte medio dudar, todos los actores están muy bien, aunque hay demasiado material, además de que cuando se habla de la idiotez de algunos pacientes pierde cierta seriedad, aunque de la manera como hablan de la genética suena propio del año a que remite lo que vemos, 1933. Es también cine mudo, con diálogos escritos en la pantalla. A la vez es una película de ficción, una historia que muestra la vida de un personaje, el inglés, un paciente psiquiátrico, que todo señala pertenece a cierta aristocracia, y luego se adjudica ser el dueño del valle de Valdelomar, nombre que remite al director español José Val del Omar, cineasta experimentador y aficionado a la cultura española, al costumbrismo ibérico. La creíble recreación estética, elaborada al más mínimo, y el discurrir de un personaje enigmático que remite a cierta fantasía local hacen de éste filme uno atractivo de apreciar, tanto como arte como por narrativa.

jueves, 2 de agosto de 2018

Casanovagen


Documental de la alemana Luise Donschen. Se trata del gen del libertino Giacomo Casanova en la vida diaria de nuestra pequeña mundanidad, en todo lo que elige mostrar la directora como formas de la seducción y el placer, mediante un toque extravagante, arty y algo irónico. Vemos a unos biólogos, todo muy científico, estudiar unos pájaros, asociados con nuestra humanidad, aludiendo un poco de ironía feminista, o suena demasiado ordinario pensar en la herencia genética de la promiscuidad, aun en las aves –las que saltando de un lado a otro, perseguida la hembra por el macho, tiene humor-. Vemos el carnaval y la iglesia, la iconografía y niños jugando en un bosque, aventura y fe representan seducción y placer. Una dominatriz juega con su esclavo sexual y el hipnotismo se hace presente para generar orgasmos. Esto es lo más obvio, pero también un poco incómodo. Un arlequín induce al público a tomarse fotos, las góndolas y el paisaje seductor de Venecia hacen pensar en la fiesta. El filme pone pequeños momentos y nos hace imaginar cosas con ellos, no todo es efectivo, pero el planteamiento general está ahí como recordatorio. Mucho de lo que vemos es vago, intenta generar una cierta conmoción, un qué demonios estamos viendo, tal cual cuando unas personas van a una galería de arte y se quedan pasmados frente a la pintura de unas flores. ¿Qué ven?, arte o nada, una segunda imagen o quizá el filme se burla un poco del espectador. El raro y genial John Malkovich mientras se quita un amado disfraz de teatro comenta del tema, la seducción, Casanova. No importa demasiado lo que verbaliza el filme, se oyen como absurdos o engañosa trascendencia. Ésta propuesta es motivar una reacción, ganarse al público con un WTF. El cine contemporáneo, minoritario y arty haciendo de las suyas. Ver a Malkovich aun sin prestarle mucha atención a lo que habla tiene de cautivante, como a veces la extravagancia per se. El filme fiel a ello cierra con el baile moderno de un joven, entre agraciado, sensual y gracioso.

Matar a Jesús


Matar a Jesús (2017), de Laura Mora Ortega, es una película que tiene una magnífica recreación, bastante cautivante. Todo el recorrido por los lugares marginales de Medellín es perfecto. Hasta el más mínimo momento tiene gran fuerza escénica, visual. La historia en sí es bastante sencilla, pero solvente. Una chica ve morir a su correcto y admirado padre en manos de un sicario en moto y una vez que se topa con él en una discoteca se plantea matarlo. Pero antes se le vuelve próxima, indaga, toma confianza, mientras piensa en comprar un arma, sólo que al conocerlo se mezclan sus emociones.

Ésta premisa, querer acercarse, andar con él, es algo más elaborado de lo que uno haría, quizá busca el momento preciso para matarlo, tenerlo cerca, a punto, pero la interacción le rebota. Aunque la protagonista, Paula (Natasha Jaramillo), viene de una clase social más alta se mezcla sin dificultad con el submundo criminal del muchacho, de Jesús (Giovanny Rodríguez). El joven le enseña el uso de armas –que yace muy presente- y la pasea en moto. Paula nada en un lago con Jesús; miran la ciudad desde la altura, el paisaje urbano imponente.

Éste vínculo afectivo no es congruente, pero es el conocimiento del otro, del tipo distinto, que aflora. Se da cuenta ella que Jesús es un mero ejecutor, como él mismo menciona, y la violencia que hay en Medellín es la verdadera culpable, el chico es un peón, uno más del montón, propio de la pobreza y la falta de instrucción. El quehacer de la muerte del padre de Paula más que seguramente tiene que ver con algo político, nunca se aclara.

En un momento se oye decir que nunca llegará al fondo del asunto, que nunca atrapara al gestor intelectual, se echa la culpa a la maquinaria. El filme pretende con la simbología del nombre del sicario hacer la gracia de evitar la violencia, buscar la misericordia, es algo complicado pero es no seguir con la cadena, es también comprender la situación. La solución es un trabajo grande, que queda sin mencionarse.

El filme prefiere ser intenso, un lugar de emociones, al tiempo de mostrar fielmente los lugares, el barrio, la fiesta, la vida del delincuente, es vivir el submundo. Lo mejor de la propuesta es ésta contextualización, éste neorrealismo local. Después es muy simple, hasta falto de profundidad y un poco incongruente. Pero, desde luego, no es la solución más violencia –como lo dice aquel vomito simbólico, aunque ridículo para los que la acompañan-, Jesús es pieza pequeña de algo mucho más profundo, aunque tampoco merece impunidad.

La interactuación entre Paula y Jesús es potente, la cosa es no pedirle mayores justificaciones con la violencia de Medellín, no pretende dar soluciones, sino señalar simplemente que se trata de la cadena más baja. Es pensar en un mundo deplorable, de marginalidad, inconsciencia, brutalidad, una juventud arrastrada hacia la normalidad de la criminalidad.

lunes, 30 de julio de 2018

The Shooting


The Shooting (1966), de Monte Hellman, es un western raro, se parte a partir de una tumba, una muerte misteriosa y una huida, pero no se entiende hasta el final. Tiene a una mujer (Millie Perkins) que le paga a un ex cazarecompensas para que sea su guía, la transporte a un lugar. Willett Gashade (Warren Oates) es éste guía, que acepta a regañadientes por la terquedad de ésta mujer, pero a medida que el filme empieza su recorrido hacia un territorio del que poco se explica Gashade tiene una corazonada de lo que pretende la mujer y es lo que secretamente lo motiva a seguir y aguantarla.

Junto a Gashade está un hombre medio idiota llamado Coley (Will Hutchins) que el guía obliga a la mujer a que le pague y los acompañe. Coley es un tipo bonachón y Gashade lo quiere como un hermano pequeño. Coley no es cómico sino es un tipo lento e infantil. Su participación es algo molesta, además de que se siente fuertemente atraído por la mujer y se comporta más tonto aun. Pero el filme propone cierta originalidad con él, como cuando se topa con un hombre abandonado moribundo en el desierto y le regala caramelos.

El filme es el trayecto sin explicación hacia un lugar, pero a medida que avanza el filme se empieza a intuir de qué trata todo, y es algo sencillo, pero se guarda Monte Hellman de explicarlo hasta el final. El filme se entiende claramente en última instancia con aquellos fotogramas ralentizados del doble, aun cuando la propuesta tiene una argumentación mínima. Pero es un western atípico, hay muy poca o casi ninguna escena de acción.

La rivalidad del héroe Gashade la aporta Jack Nicholson como el pistolero Billy Spear, se trata de crearle mítica, pero Nicholson aunque luce una buena presencia como pistolero, creíble, por su comportamiento y engrandecimiento se nota algo ridículo. Oates en cambio está muy natural, y mejor. Esta rivalidad se pone un poco infantil cuando Coley no puede esconder que le desagrada Spear, y no le teme aunque Coley con las armas sea muy común. Esta interacción de los tres es particular, no lo hace un western tan trascendental, pero mantiene la atención.

Es un filme que en el fondo no parece western, sino una road movie con gente que no se lleva muy bien y no tiene una idea muy clara de que están haciendo, pero siguen adelante porque lo que importa es la interacción entre ellos, las armas parecen meros adornos o juego. De cierta manera el remate es como sacar un truco bajo la manga. Aunque está obviamente planificado parece casual o quizá un pretexto para darle lógica a un filme espontáneo. El filme tiene un toque psicológico si se quiere, un toque muy indie, la acción propia del western es irrelevante. Por todo ello no tiene desperdicio, no es lo que uno espera en el género, pero sí como cine.

Ride in the Whirlwind


Éste western de Monte Hellman fue escrito por Jack Nicholson y es un filme convencional, pero muy intenso, bastante bueno aunque común, sin mucho de por medio. Arranca con el robo detallado de una diligencia y se pone en perspectiva cuando tres vaqueros cruzan la zona y ven a un hombre ahorcado colgado de un árbol. Esto sonaría a película de terror sino fuera un western, lo que significa una alarma para los héroes o, mejor dicho, víctimas.

El filme pone a los tres hombres a descansar en la cabaña y escondite de los asaltantes, liderados por el tuerto Dick (Harry Dean Stanton), y grave error, terminan siendo confundidos como parte del grupo por unos vigilantes de la zona, los hombres que ahorcan criminales. El filme tiene a estos vigilantes como tremenda banda de implacables perseguidores, que se toman la ley en sus manos. Esta premisa sencilla da mucho entretenimiento.

Tanto la banda del tuerto Dick como los vaqueros de paso, Wes (Jack Nicholson), Vern (Cameron Mitchell) y Otis (Tom Filer), quedan sentenciados a muerte y empieza una fuga y un combate fiero contra los vigilantes, que son en mucho anónimos y un número gaseoso, enorme. Salir vivo es casi imposible, pero se lanzan a intentarlo, no les queda otra. El filme genera mucha adrenalina, lo que suma al no poder los vaqueros quitarse de encima el estigma de criminales, y no les queda más que sobrevivir como pueden, aceptando verse como tales, porque los vigilantes disparan a matar y solo piensan en ahorcarlos.

El filme apenas dura 1 hora y 20 minutos y desde que son marcados los tres amigos vaqueros se ven en el infierno, acorralados, agredidos a una cuenta de tres, escondidos, huyendo, hasta llegar a una casa de colonos donde los sobrevivientes juegan damas pensando en la muerte; los flashbacks, la tensión y lo que se avecina parpadea en sus mentes. Nicholson y Mitchell trabajan muy bien el miedo y la expectativa, como su valentía frente a la adversidad.

Es un filme sumamente básico, pero genial por el ritmo que posee y la acción trepidante viéndose vehementemente perseguidos, sin tregua alguna, mientras los criminales capturados son inmediatamente colgados de la manera más sencilla, sin juicio, tal cual abre el robo de la diligencia que es también brutal y abusivo. Justos pagan por pecadores. La propuesta suena a un buen alegato contra la pena de muerte.

La educación del Rey


La educación del Rey (2017), del argentino Santiago Esteves, es un policial. No es un filme con muchas escenas de acción, pero las tiene y cuando llegan cumplen. Es un filme de acción con pocos elementos, se podría decir que son 2 o 3 escenas muy sencillas pero intensas. Lo que más apunta la propuesta es al drama, a raíz del primer crimen de un muchacho, que cae en manos de un hombre que sin demasiada justificación, aunque coherente, se vuelve su protector y un poco como un padre.

Germán de Silva interpreta a éste especie de padre adoptivo o simbólico, además de que como guardia de seguridad y el uso de armas tiene un vínculo digamos que cool con el muchacho, que no es tampoco un punk, pero sí se le describe con carácter y termina violento. Por el lado del crimen se maneja muy bien la imagen de unos policías corruptos. En un inicio la credibilidad no es tan potente, pero a medida que el filme muestra tanta seguridad en sí, se la cree, se convierte en un policial más que decente, descontando lo entretenido que es.

La parte social es leve con el muchacho medio suelto en plaza con el mal ejemplo del hermano mayor, todo expuesto con velocidad. Lo que pesa más en el filme es el drama de padre adoptivo formando a hijo descarriado con potencial emocional de buen muchacho. Éste vínculo hará que los más sensibles gusten del filme, mientras todo decanta finalmente en escenas de acción que complementan muy bien, sin ser muy audaces, ni extensas.  

Algunas escenas tienen ligera originalidad, como cuando van a comprar ropa deportiva, se ve una chica linda, un protector ambiguo, reacciones y alguna pequeña maldad. Es una película muy simple, pero competente. Pasa de una cosa a otra con gran ritmo. Tiene sus momentos predecibles, pero muchos otros no lo son. El segundo conflicto criminal del protagonista, Rey (Matías Encinas), es prácticamente inevitable, sino por donde continúan, piensas. Pero aunque ahí no deja mucho espacio para sorprendernos, lo que viene después sí en una medida.  

La educación del rey no será de las películas más memorables, pero trabaja bien como entretenimiento, como policial o thriller a ese respecto. Piensa la solidez de pocos elementos, es un filme muy práctico, y alcanza. No le pidan demasiada originalidad, pero tampoco es una propuesta sin gracia en lo que ofrece. Se pega al mínimo en todo sentido, justifica lo suficiente como para darle la predominancia a la agilidad narrativa, tramita con la coherencia básica. Pero eso crea un entretenimiento dinámico, intenso y vital, y tienes lo emocional.

domingo, 29 de julio de 2018

Un día en la vida de Andrei Arsenevitch y A.K.


Un día en la vida de Andrei Arsenevitch

Ensayo cinematográfico del francés Chris Marker que analiza el cine de Andrei Tarkovsky, y hasta lo filma en sus últimos días. Una curiosidad es que menciona que en una sesión de espiritismo que hiciera Tarkovsky se comunicó con Borís Pasternak y le manifestó que haría 7 películas, justamente lo que pasó, y aunque él creía que eran pocas películas le dijeron que serían notables. Según el filme Tarkovsky toma conciencia de ésta premonición cuando lo vemos editando su última propuesta enfermo desde su cama. El documental compara, unifica, las películas de Tarkovsky con su vida real, como con la espera del director ruso y su mujer por la llegada de su hijo, el permiso de la URSS para que salga del país, que lo hacen ver igual que El espejo (1974); o el lograr la toma perfecta del incendio del final de El Sacrificio (1986) y que Tarkovsky grite de alegría lo unen con la celebración tras el levantamiento de la campana en Andrei Rublev (1966). En el estudio del cine de Tarkovsky se menciona que el director hacia sus filmes pensando en los cuatro elementos de la naturaleza. Sus personajes se mezclaban, se revolcaban, con la tierra; se veía incluso a la lluvia y el fuego en una misma toma; el aire se hace presente como con el globo aerostático y la bella mirada desde arriba en Andrei Rublev. Estos elementos se convertían en arte en el cine de Tarkovsky. Igualmente su lado místico, con lo que no buscaba que sus personajes miraran hacia el cielo, sino que el cielo mirara hacia los hombres, que Dios observara su creación. Con el tiempo Tarkovsky –nos dice el documental- se desprende de pretextos y explicaciones. Tarkovsky quiere que el cine iguale a las mayores artes, sea apreciado en la misma liga, con la misma admiración. Utiliza por ello la pintura como un espejo o hace hincapié en la lectura de literatura o de historia en sus personajes. Tarkovsky siempre tuvo trabas y negatividad de parte de la URSS, fue un cineasta exiliado, pero fue el más ruso de todos nos dicen, y se deja ver en Nostalgia (1983). La censura de la URSS incluso le recriminó que el protagonista en Solaris (1971) no llevara pantalones. El documental hace ver que Tarkovsky dejó muchos lugares de fe por creer en su séptimo arte, como la medio inexplicable La Zona de Stalker (1979); creyó en la ciencia ficción como vehículo para lo místico. También nos dice que en una de las primeras escenas de La infancia de Iván (1962) aparece un niño al lado de un árbol joven y se cierra el círculo en Sacrificio con un árbol muerto.

A.K.

Documental de Chris Marker que es un detrás de cámaras de la película Ran (1985). Nos habla de los lugares comunes del cine de Akira Kurosawa, dividido por secciones, como el amor del director japonés por los caballos que incluso simbolizan cosas en sus películas. También por la lluvia que John Ford le dijera que había notado su aprecio especial por ello cuando se conocieron y el nipón se lo confirmó directamente. Kurosawa luchaba a menudo contra el clima, lo tenía como un rival, como en el Monte Fuji durante el rodaje de Ran, pero esculpía con éste igualmente su arte. Le criticaban la violencia en sus obras, pero el director se defendía que mostrarlo, verlo, era enfrentar y vencer el miedo hacia ello. Afirmaba no gustarle en absoluto la violencia, pero era su manera de catarsis exhibirla en sus películas. La niebla y el fuego también toman mucha parte en su séptimo arte. Vemos a Kurosawa involucrarse en toda la fabricación de Ran, convertirse en un autor en toda la palabra, secundado por gente con quien siempre trabajaba, bien explicado en el uso de tres cámaras al mismo tiempo. Al director nipón se le ve muy tranquilo y amable, luce todo un caballero y alguien humilde, pero estaba en todas, corregía hasta lo más mínimo. Éste detrás de cámaras permite ver la admiración de Marker y del entorno de Kurosawa, a quien llamaban sensei, uso más frecuente en el arte marcial, pero refiere a un dominio excepcional. Kurosawa ya tiene cierta edad en éste documental, como admite, no obstante sigue al pie del cañón dominando cada pedazo de su magistral arte, como mandar a pintar la vegetación de color dorado y fabricar una luna para crear una escena exacta a su gusto e imaginación. Es un quehacer meticuloso como ver la sincronización de flechas encendidas con fuego arrojadas hacia la niebla profunda. El detrás de cámaras es medio gaseoso visualmente, más que todo es ver la arcilla en transición, la grandeza viene después al ver Ran terminada y cada obra suya. Son órdenes, planificación y detallismo lo que presenciamos, gente comprometida, apasionada, hasta los extras, a los que observamos meterse en su rol, vestirse, comer, gritar, coordinar, marchar, bromear, etc. Son parte importante desde el más pequeño gestor hasta su sensei, el gran Akira Kurosawa.

viernes, 27 de julio de 2018

Las herederas


La película del paraguayo Marcelo Martinessi pudo pasar por la historia de dos hermanas mayores enfrentándose al mundo, más un descubrimiento sexual adulto, pero prefiere ser más original, más impredecible, y es en su lugar el relato de una pareja lésbica de mujeres mayores que se enfrentan al desgaste de su relación amorosa, sólo que una únicamente se da cuenta, la más pasiva y clásica femenina, la que anda en el hogar, la que depende de la otra, la del carácter fuerte, más masculino. Al mismo tiempo es la historia de la decadencia de una cierta aristocracia o burguesía paraguaya, desde el plano económico.

Una de las mujeres protagonistas, Chiquita (Margarita Irun), termina en la cárcel por fraude,  pero dentro se maneja con aplomo, a pesar de venir de una familia con dinero, no se intimida por el lugar bullicioso, vulgar y peligroso, con gente agresiva, loca y algunos extravagantes. La que sufre más el embate por paradójico que suene es la que yace afuera, Chela (Ana Brun), que no sabe cómo subsistir. Ya por entonces ambas se encuentran vendiendo las pertenencias de su casa, y se ve ese fastidio y pena silenciosa de ir perdiendo su opulencia, que llega hasta el extremo de que Chela empieza a hacer taxi.

La idea del empleo de taxista exclusiva proviene de una mujer amiga de Chela, una anciana llamada Pituca que va a jugar cartas con amigas de su edad y todas éstas se convierten en clientes en potencia. Pero la que más llama la atención es una mujer adulta, Angy (Ana Ivanova), que también asiste. Angy es una mujer sensual, muy femenina, que pronto genera ésta cierta originalidad narrativa, fomenta la tentación de una infidelidad lésbica.

Chela guarda mucho silencio, yace como intimidada por la seguridad de Angy que es la que toma la iniciativa. En ese trayecto de vender los muebles del hogar y relacionarse con Pituca y sus amigas en el taxi y una comedia suave con sus engreimientos y posición económica Chela duda en serle fiel a Chiquita que yace buscando salir legalmente de prisión. La infidelidad domina el filme por completo, sumido el contexto en la decadencia económica. De ahí el título de las herederas, el cambio generacional, los nuevos tiempos.

El filme tiene un aire clásico con Chela, que guarda mucho las formas, de esto que uno pensara que en lugar de lesbiana era una solterona, pero es el silencio en realidad la simple duda de cambiar a Chiquita por Angy tras varias décadas de estar juntas y una lealtad que le debe. Pero el desmoronamiento económico la tiene a punto de quebrarse. Es un filme con una protagonista que su pasividad se pone en juego en busca de la trasgresión, de buscar pensar más en ella, ser algo cruel también, aunque Chiquita luce muy fuerte.

Lo que es un lugar común es la representación burgués de las empleadas, las tienen por brutas, no trasmiten mucho, y hasta hablan de regalarle a una un desodorante. Esto es algo un poco fastidioso y no aporta mucho, es un recurso fácil además. Es mejor para conseguir el aire aristocrático esa elegancia que mantiene Ana Brun en todo momento, esa introversión, ese recato, hasta un estado infantil y de timidez, muy apropiado con el sobrenombre de muñeca dado por el padre, niña mimada, niña bonita. Brun ganó mejor actriz en el festival de Berlín, y es muy merecido, porque sostiene una cierta original ambigüedad en su manera de ser.

El filme al final parece plantear un robo de juventud, en todo sentido, de aire fresco, un llenado de intensidad, de vitalidad, como que al terminar una mala racha viene algo nuevo, una renovación, una nueva marcha, algo bueno, una nueva Paraguay también, creer en una nueva generación y es algo social y político, aunque la protagonista sea una mujer mayor, una representación simbólica del mismo país, expuesto con la chiquillada de escapar en el auto.

Cierto, dirán, tremendo rollo por una infidelidad –dicho como cine, porque el cine suele ser más radical, audaz, crudo o trasgresor que la vida misma producto siempre de buscar impactarnos, de impresionarnos, de hacernos vivir lo impensado, mil experiencias-, pero es también el arte de la delicadeza, también 30 años de pareja no es poca cosa, una herencia difícil de desprenderse, una fuga suena prácticamente inviable. El filme se mueve mediante una aproximación lésbica de sugerencia, sin contacto físico en pantalla, todo trabajado a través del personaje de Angy, la provocación abierta, con sus ademanes y confianzas. Es un cine arte latino que tiene ya su identidad atrás, bien y mal nos reconocemos en éste estilo.

jueves, 26 de julio de 2018

El reino de la sirena y Siempre andamos caminando


El reino de la sirena

Documental austero, de Luis Rincón, que se contextualiza en un pueblo de pescadores en Nicaragua, que mezcla fantasía con violencia. Vemos la cotidianidad de un hombre en silla de ruedas y lentes negros de sol que ha sido buzo y se dice que quedó así producto de una maldición de sirenas. Dos personas mayores son entrevistadas, hablan de las sirenas, lo hacen de manera muy básica y poco original. El filme tiene mucho de cine social; la gente que observamos es humilde. Otro ex buzo dice haber dejado atrás la vida de gángster y además rechazar el mar. Una mujer joven embarazada que le invita un vaso de agua no le cree, pero él persiste en decir que es cierto aunque con una sonrisa de ironía. Éste mismo hombre habla coherentemente de la precariedad con la que se realiza el buceo en la zona, y cómo ésta misma precariedad es la culpable de tanta invalidez y muerte. Lo dice sin esforzarse en convencer a nadie. Al mismo tiempo el filme deja correr los relatos locales de sirenas, mientras presenciamos las labores de los pescadores. Hay hasta cámara submarina. En un efecto de la cámara –sencillo, pero que queda bastante bien- ésta entra o sale como si formara un pasadizo imaginario, entra a un mercado, sale de un puerto. También el paisaje tiene su belleza, el día común de los pescadores igualmente su interés. El lado más logrado de la propuesta es lo social, que en mucho simplemente vemos, y no lo oímos machacar. Los dos ex buzos protagonistas tienen atractivo narrativo, uno por carismático, otro por muy natural.

Siempre andamos caminando

El documental de Dinazar Urbina Mata abre con un camioncito llevando gente a un pueblo llamado Santa Rosa de Lima. Apiñados atrás observamos una escena sencilla, como una madre da de beber agua a su hijo. El filme tiene a tres mujeres de protagonistas, nos ubicamos en el estado de Oaxaca y se ve como la gente pasa de la sierra a la costa en busca de trabajo. Alberta tiene 21 años, trabaja de agricultura, pero se da tiempo para cuidar a su hijo. La vemos en una bella escena bañando a su bebé en una batea, muy ducha en su cuidado. Catalina vende comida, mientras nos cuenta de una decepción familiar y de cierta humillación de la gente por no hablar bien el castellano. Catalina se siente bendecida por tener un lugar propio, para sus hijos. Julia tiene 28 años y celebra no tener hijos, imagina hijos malogrados, pero llora por una pareja que yace a la distancia. La miramos robusta recogiendo limones. Siempre andamos caminando es una frase que sale de su boca y refiere a estar expuestos a los peligros, en la humildad del trajín diario, pero agradeciendo estar libre de daño. Las tres mujeres son fuertes y sencillas. Las tres hablan muy bien, de manera clara y se ven humildes y auténticas. Es un filme que está ahí para oírlas, para conocer de su sobrevivencia, sus logros, sus afectos. Ninguna habla con amargura, a pesar de tanta dificultad. Hablan sí de la necesidad de migrar para vivir mejor, hablan de gente que las ha decepcionado, pero las tres en su naturalidad muestran felicidad, tranquilidad, en un retrato diáfano y austero de nuestra humanidad.

miércoles, 25 de julio de 2018

Amore, piombo e furore


Western dirigido por Monte Hellman ayudado por el italiano Tony Brandt, es un western de bajo presupuesto que es inclasificable en cierta manera. Tiene muchas escenas sexuales, pero no explicitas, sólo eróticas, entre el protagonista, el pistolero Clayton Drumm (Fabio Testi) y Catherine Sebanek (Jenny Agutter), la esposa del hombre a quien lo han enviado a matar.

El filme puede adscribirse al romance por una parte con ésta aventura e infidelidad que ocurre en medio de la acción, con varias escenas de sexo expuestas con bastante detalle sensual, prolongadas más de la cuenta, que se hacen sentir que tienen demasiado espacio. Pero las escenas de acción son buenas, a pesar de ser un filme algo barato o propio de un cine imperfecto. La trama también no está mal, es atractiva y muy entretenida.

Drumm es perdonado de morir en la horca por la ley pero tiene que matar a un hombre que se niega a vender su terreno a una empresa que quiere hacer una vía de tren. Éste hombre es Matthew Sebanek (Warren Oates), un tipo terco, que es secundado por sus hermanos. Finalmente se cambian los papeles, Drumm huye con la mujer de Sebanek y él va tras ellos en busca de venganza. En el camino Drumm se defiende simplemente, no suele tomar la ofensiva. Al mismo tiempo pistoleros de la empresa del tren van a asesinar a Sebanek.

El enfrentamiento de Drumm contra los hermanos de Sebanek es original, tiene mucha buena adrenalina además, y no solo se usan armas. Luego más tarde habrá tres frentes en una nueva balacera, entre Drumm, los hermanos de Sebanek y el mismo Sebanek y los asesinos del tren. Es un filme que cuando propone acción lo hace muy bien, pero tiene muchos ratos de pacifismo, de meditación y de arreglo, ya que Drumm es tremendo pistolero, pero típico héroe, muy justo y humanitario, inclusive en mucho un tipo sensible con las mujeres.

Warren Oates hace de un tipo mucho más vulgar, algo detestable, pero también razonable, es atacado por su mujer quien incita al pecado a Drumm a quien lo ve no solo físicamente más atractivo tras prolongadas miradas y candentes silencios sino la trata mucho mejor. Luego pretende vengarse de ella, la mujer es humillada, pero se llegan a manejar matices, no es un enemigo cliché, aunque carece de simpatía. No obstante Monte Hellman tiene misericordia para con él, ya que le aplastan la dignidad. Es un tipo valiente también, dice no ser de los que huyen, aun cuando su cabeza tiene un irrevocable precio y enfrenta mucho poder. Así mismo le hace frente a Drumm aun cuando sabe que no está en su misma liga como pistolero.

Tanto Fabio Testi como Jenny Agutter aportan mucha sensualidad, Testi no yace desnudo frontalmente pero si de otras maneras, mientras Agutter muestra todo varias veces. Sin embargo esto es lo menos interesante, lo que lo hace más barato al producto, pero también distintivo en menor medida. Pero toda la acción que propone y el recorrido que sigue Drumm son muy coherentes y excitantes y el affair –que no el exceso de erotismo- tiene sentido. Clayton Drumm aunque bonachón, es un pistolero efectivo, cumple a la hora de la acción.

martes, 24 de julio de 2018

El confidente (Le doulos)


Le doulos (1963), de Jean-Pierre Melville, es cine polar, cine negro francés. Tenemos a Maurice Faugel (Serge Reggiani) como un ladrón y gángster que va a vengarse de alguien que mató a una pareja suya años atrás cuando estuvo en la cárcel. Éste es el punto de partida del filme pero hay mucho más, se trata sobre todo de un soplón con el que jugará la propuesta.

El filme tiene la curiosidad de que prepara escenas a la manera inversa, como con la apertura. Propone un lazo de amistad entre Faugel y Gilbert Varnove (René Lefèvre), los vemos interactuar todo muy cálido y amable, y termina con su asesinato a sangre fría, con el rostro de Varnove sorprendido. Faugel le roba unas joyas y dinero, las esconde. Por más que Varnove había mostrado arrepentimiento y una amistad muy abierta Faugel se deshace de él. Éste filme tiene esa característica, se trata de hombres muy violentos y fríos, clásico del género del que bebe, del cine negro americano, más su toque de distinción francés.

Otra escena magistral en el mismo sentido es la aparición de otro gángster, Silien (Jean-Paul Belmondo), que persigue a Faugel, aunque son amigos, y mata a su pareja, una mujer muy sensual y hermosa (Monique Hennessy). La escena es brutal, muy llamativa como noir. Nuevamente sucede lo que uno no espera, cuando parecía que había una atracción sexual. Silien tiene un amigo en la policía aunque también es perseguido por la ley. Son las extrañas relaciones que mantienen todos, y no se sabe quién es quien hasta el final. El filme manipula mucho las apariencias y ahí yace su maestría como cine negro.

Es un filme complejo, pero muy bien urdido, perfectamente entendible prestando atención. Hasta el último minuto hay sorpresas, todos bajo la ley del crimen, matar, hacerse cargo de los enemigos, defender a los amigos –quien recoge a Faugel herido-, vengar al caído –que incluye a un policía-. En ello entra a colación otro personaje, otro gángster, Nuttheccio (Michel Piccoli), que maneja apuestas y juegos de casino; al mismo tiempo una mujer provocativa pero enamorada (Fabienne Dali), a la orden de los criminales.

Nuttheccio es un personaje importante, pero más pasivo, del que se habla más que todo y sirve para redondear la trama, dentro de una gran planificación y una gran secuencia. Los que más se mueven son Faugel y Silien, cada uno por su cuenta, para converger al final. Silien de manera más audaz, Faugel más emocional, impetuoso. El filme es un enfrentamiento de intelectos, de manera muy novedosa, donde policías y criminales juegan su propia partida, pero los más importantes son los mafiosos.

El silencio es un cuerpo que cae


El documental de la argentina Agustina Comedi remite a su padre, Jaime, a quien ella le rinde homenaje, hablando de su homosexualidad. Jaime de un momento a otro decidió casarse y tener un hijo, era su sueño tener un hijo. Estuvo con un hombre 11 años poco antes, Néstor, quien fue su mejor amigo en su nueva vida. Comedi entrevista a gente cercana a su padre, tratando su verdadera orientación sexual.

El filme desentraña su pasado y resalta que debió ser libre, porque eso es maravilloso expresa, como lo señala el hijo pequeño de la directora al final del filme cuando se le pregunta indirectamente por algunos significados. Comedi no tiene pena ni molestia en revelar el sacrificio que hizo su padre para encajar en la sociedad y en la imagen paterna de ella, hija que confiesa ser bisexual, lo que ayuda también a entender el hacer éste documental. El dolor queda ajeno, en su madre, más que seguramente, aunque el filme dice que Jaime le decía una y otra vez que volvería a casarse con ella, y le llevaba siempre flores.

Pero el pasado era la esencia de éste hombre, a quien su hija ya grande, porque se fue temprano, murió cuando aún era una adolescente, cuando ella tenía 12 años, comprende, le conmueve, porque su homosexualidad estuvo desde siempre, y no era una pequeña parte que manejar como le refirió un examen psicológico. Todos los entrevistados hablan de la homosexualidad de Jaime, esto es muy sólido, hay hasta antiguas parejas, como un travesti. Lo que más le mueve al filme es que no pudo vivir a plenitud su tendencia sexual, por la sociedad argentina tan represiva que vivió, de la que hablan muchos en la propuesta.

La única persona que se abstiene de hablar es la madre de la directora, Monona, pero la vemos en las imágenes y se habla de ella, se dice que hasta hoy carga consigo una foto de su marido. Se casó con él sin saber de su homosexualidad, recién cuando su hija tenía 4 años supo que su marido era gay, pero como vemos siguió con él. No se dice como lo resolvieron, hay muchas cosas que quedan sin explicarse del todo, una de ellas es la razón del cambio de Jaime, no está tan claro, aunque hay indicios, presión social, querer tener un hijo, una ruptura amorosa, la propia familia dándole consejos y preocupándose por el Sida.

Si Jaime tuvo o no sus escapadas casado tampoco se dice, se habla de un cambio y una parte que dejó atrás tras nacer su hija. No obstante se topaban con él antiguos amigos gays, aunque Néstor, su vínculo más fuerte con su pasado decía verlo muy poco o nada. Jaime filmaba todo, pero no salía en las imágenes, y es como decir que daba paso a su nueva vida y él se borraba o quedaba en segundo plano. En el documental hay mucha presencia de Agustina, de Disney en especial, y esa simbolización de vida familiar feliz.

Pero el filme quiere rescatar y enaltecer la libertad, el ser uno mismo, aun cuando por lo que se sacrificó es por quien habla -la directora- y su realidad, que nazca, tener un hijo, una esposa, una vida heterosexual, una vida familiar tradicional. Pero el amor de hija es inconmensurable, sumada la propia identificación homosexual, y es decirlo, comprenderlo, superarlo quizá también y al mismo tiempo que no se repita en otros, y que todos vivan su sexualidad, libres, felices, aceptados por la sociedad. Lo importante es Jaime, el amor hacia el padre.

Lo que vemos son los videos caseros del padre y entrevistas, en mal estado la mayoría por el soporte y por el tiempo. La cordobesa Agustina Comedi indaga con naturalidad entre amigos, familiares, antiguas parejas y compañeros de ideología, la socialista que Jaime usó – donde muchos negaban la homosexualidad y se lo hacían más difícil- para apoyar a los gays. El filme trabaja con una enorme cantidad de videos caseros, hasta presenciamos bailes de travestis, pero sobre todo a la hija pequeña, dominando por completo la existencia de Jaime. La madre queda relegada en éste culto al padre, pasa a un plano de devoción por sobre todo. Jaime es el protagonista que no aparece, o aparece muy poco, pero que es más que uno, representa a muchos, y esa es la complicidad que fomenta el filme, su empatía, la sensibilidad.  

lunes, 23 de julio de 2018

Robar a Rodin


Robar a Rodin (2017), el documental del chileno Cristóbal Valenzuela Berríos, es como su protagonista, Luis Emilio Onfray Fabres, un filme vital, lleno de intensidad, algo de gracia, cierta particularidad o extravagancia, y dedicado al arte. El filme también nos informa de un incidente, por el que se mueve, el robo del Torso de Adele, del famoso escultor francés Auguste Rodin. Fue sustraído por Onfray Fabres cuando tenía 20 años y causó como hemos de esperar mucho revuelo en Chile, incluso internacionalmente.

El robo ocurrió el 2005, la escultura de Rodin de 20 kilos fue cogida por Onfray Fabres del Museo Nacional de Bellas Artes, en Santiago de Chile. El documental recorre ese incidente y apunta a mostramos todo alrededor de quien hurtó la pieza. Nos dicen que Onfray era un chico especial, y lo vemos hablando también. Éste de muchacho quiso hacer una acción de arte robando el Rodin y querer guardarlo por 2 semanas y esperar a ver como repercutía en el entorno, en la sociedad, pero cuando se dio cuenta del castigo judicial que podía caerle, no hace mucho se estipulaban 5 años inmediatos de cárcel, pensó en como devolverlo enseguida.

El filme nos menciona tres versiones que quedaron en la memoria de los chilenos, creando cierto mito alrededor. Todo esto pasa por una mirada de juventud, de inmadurez y de audacia. También de no meditar muchas consecuencias, lo que hace pensar en la necesidad de un castigo sugerente, aunque al final el documental lo llama un triunfo para el joven. Lo pusieron a trabajar una vez a la semana por un año en la biblioteca de una cárcel.

El filme tiene un lado hippie que se pega al muchacho aunque más contemporáneo, y nos va enseñando curiosidades, como mencionar también un precedente en  el hurto de La Gioconda, del Museo del Louvre en París, ocurrido en 1911. Se entrevistan a todos los implicados, a la jueza, abogados, amigos, etc., y hablan hasta analistas franceses. El filme lo hace con un tono relajado, muy personal y cierto humor además.

Se habla de cómo son los chilenos y de la importancia del arte, hasta presenciar como enardece a muchos una escultura de arte moderno donde cualquier cosa absurda puede convertirse en excepcional, como una silla de playa, que fue robada también como una acción de arte. Consideraban un insulto aquella exhibición y fue defender la verdadera trascendencia. El robo del Rodin aunque denota algo más casual tiene la idea del deseo por la ausencia, que puede ramificar hasta la propia ausencia del padre de Onfray a quien rechaza finalmente.

Se habla de una necesidad del arte, de algo que está muy cerca a uno y no es algo elitista, el Rodin que es una pieza para conocedores es tratado como una joya al alcance de muchos, dicho simbólicamente, porque es una pieza de museo. No obstante el arte que subyace en el trabajo presente del joven ladrón o activista es uno minoritario y más de arte moderno, ironías de la vida aparte, pero también por lo extravagante que es como persona. Sin embargo lo importante es que tiene la necesidad de trasmitir un mensaje en el que cree, discusiones al margen, y eso fue al parecer el robo del Rodin y eso es lo que queda en la propuesta.

Éste documental es ameno, muy moderno, ligero e interesante. De poco saca mucho, sin buscar inventar, forzar nada, sino recurrir a mil ideas y detalles que generan complemento y una visión global, poderosa, que le rinde culto al arte y a una juventud tal cual, criticable en su cierta inmadurez, pero también culta pero de a pie, sin rimbombancias intelectuales, con una rebeldía y locura que el filme celebra, que mira con complicidad.

Léon Morin sacerdote (Léon Morin, prêtre)


La película de Jean-Pierre Melville empieza con una mujer llamada Barny (Emmanuelle Riva) que confiesa estar enamorada de otra mujer (Nicole Mirel), una mujer bella de su trabajo. Barny tiene una hija y es así de rebelde, de fuerte personalidad. Es el tiempo de la ocupación alemana en la segunda guerra mundial, y Melville retrata de manera original a sus personajes. Un americano intenta aprovecharse de Barny, un alemán juega con la hija de Barny, en el camino de esperar lo impredecible, aunque finalmente las cosas toman el orden normal.

Entre lo atrevido está que Barny quiere seducir a un cura, a Léon Morin (Jean-Paul Belmondo), a quien admira y es gran amigo de ella. Barny regularmente va a conversar con él, hablan de filosofía, de religión, de literatura. Barny se considera atea pero mediante los diálogos con Morin se volverá creyente, católica, se rendirá a sus argumentos que le contestan sabiamente siendo ella también inteligente. Barny en un inicio quiere vencerlo –negar a Dios-, cuando es época de renegar incluso de ser judío, para salvar la vida, sabiendo que Jesús fue judío.

Barny en un ataque de audacia conoce a Morin cuando quiere enojarlo, ridiculizarlo con su inteligencia, quiere entrar al confesionario y vencer a éste padre que ha elegido por su condición humilde, por su cercanía al pueblo, ya que Barny rechaza la burguesía. Morin muy austero –como vemos cuando el cuadro se posa sobre el detalle de su ropa- incluso defenderá a la gente con mucho dinero, a todo ser humano frente a la misericordia de Dios.

La gran escalera subiendo al cuarto de Morin es tomada por la cámara como el constante preámbulo de emociones, generando momentos de mucha expresión, dramatismo, temor, pena, curiosidad, entusiasmo. Son mujeres las que visitan a Morin, en tiempo de guerra son las que esperan en casa. Todas quedan enamoradas de él, por su solidez al hablar, e incluso alguna más avispada, más puta, quiere llevarlo a pecar, a que tenga sexo, sin mayor razón.

La curiosidad es que Barny sensibilizada le pide a Dios que le conceda acostarse con Morin, también quiere pasar por alto que es pecado e ir contra el gran temple del cura, aunque hay más entre ellos –respeto y cariño-, mediante una escena muy hermosa donde ella –la toma- mira –sugiere- hacia la cama, a su cuarto, a pasos de ella y Morin. Pide con fervor poder tener sexo con el cura. Morin que es muy religioso y honesto escapa, entre furioso y recio a odiarla.

Morin es noble y tolerante, de mente abierta –como cuando oye de la bisexualidad-, pero tiene carácter también. Se enoja de manera brusca. Es tosco, pero no violento, como cuando tiene un hacha entre las manos. No es para nada delicado en muchos de sus actos. Esto le otorga mucha masculinidad, un toque que mezcla sensualidad, provocación pasiva, y fe muy firme. Son dos grandes personajes en disputa y atracción, pero no solo ellos, el grupo de mujeres del trabajo de Barny también muestran mucha personalidad y proponen interesantes momentos alrededor del antisemitismo, la convivencia, el poder, la admiración y la seducción.

El filme hace mucho hincapié en lo maravilloso que es Morin, puede notarse mucho esto, lucir a ratos algo fácil, pero ese es el eje de la propuesta, la atracción del cura inteligente y auténtico, que contrasta con tantas críticas a la iglesia y a la debilidad y hasta la corrupción del cuerpo. Mientras todo esto sucede tenemos un escenario especial, aunque muy afín al cine de Melville, la segunda guerra mundial que también aporta. Es un filme amable de bellos momentos en la interactuación y que no es cruel ni demasiado sufriente –más es sugerente- a pesar de tremenda guerra o estar uno por conocerse más en profundidad y cometiendo fallas, que es lo que sobrevive cuando la protagonista le agradece finalmente a Dios.

jueves, 19 de julio de 2018

Sal


Segundo largometraje del director colombiano William Vega que se contextualiza en el desierto de La Tatacoa donde hay salinas. Es un filme misterioso con un personaje que busca a su padre. Éste personaje se ha accidentado en moto y se recupera con el cuidado de una pareja de mediana edad. La película tiene una parte poética e histórica leída a colación del árido territorio por una chica de ascendencia china que repite varias veces estar soñando, y aunque vemos al protagonista interactuar en un momento con dicha chica y hablar de su viaje al desierto puede ser toda su vicisitud éste sueño femenino. Ésta parte es la menos conseguida en todo sentido. 

La búsqueda del padre es metafórica al igual que el desierto. Puede ser un Purgatorio, un limbo o un lugar de muertos. También puede ser reflejo del conflicto armado colombiano, aunque se oye hablar de entes violentos más fantásticos. El filme tiene una atmósfera apocalíptica y el protagonista habla de estar atrapado en éste lugar. El filme a su vez tiene una estética de espacio rústico muy atractiva -lo mejor de la propuesta-, como su anterior obra, La Sirga (2012).

La recuperación del protagonista y el arreglo de su moto tienen bastante espacio narrativo. El filme se siente muy libre, como que no le importa contar una historia, pero tiene mucha visualidad. Vemos como la mujer lo cura -el antebrazo rociado de sal es una bella imagen-, como el marido le ayuda con la moto y hay un tercer hombre que es un negociante y remite a la desesperación. El protagonista dice ser poeta, pero es muy pedestre y humilde también. El padre puede ser muchas cosas, incluso el hombre que le ayuda con la moto llega a autodenominarse así. Entonces el desierto puede representar en una interpretación el hogar familiar. El desierto tiene un claro sentido surreal con el centro de la recuperación de un gran golpe. Es un filme de datos mínimos y ahí está el juego. No es un filme de certezas.

martes, 17 de julio de 2018

The Naked Spur


Un ranchero, Howard Kemp (James Stewart), pierde su rancho cuando su novia lo vende y se va con otro, pero él se ha dispuesto a recuperarlo. El dinero lo pretende por la recompensa de un criminal, Ben Vandergroat (Robert Ryan), que ha asesinado a un sheriff. Por las montañas rocallosas, en el sur del estado de Colorado, Kemp persigue a Vandergroat.

Finalmente lo atrapa, junto a una muchacha inocente, Lina (Janet Leigh), habiéndosele unido 2 tipos con quien debe compartir la recompensa. Estos son un buscador de oro con muy mala suerte, Jesse Tate (Millard Mitchell), y un militar del ejército del norte, Roy Anderson (Ralph Meeker). El filme se moverá con tan sólo estos 5 personajes –en estado de gracia- y el ataque de los indios. Darán mucho drama del bueno, en pleno camino de las montañas. Anthony Mann dirige éste western, otra de sus genialidades en el género.

Por poco tiempo se mantiene la ambigüedad del tipo de prisionero que es, pronto se revela como una persona despreciable, siempre con la sonrisa de burla en la cara y la trama de algún acto de violencia o alguna confabulación para poder escapar. Es como el demonio tentador, generador de criminales, de gente sin moral, de brutalidad.

Lina es algo más ambigua, uno no entiende del todo la razón de que ayude a Vandergroat, cuando parece buena persona, aunque se aduce un padre amigo de él y muy parecido y el sueño de ir a California, además de su juventud. Pero sobre todo es la audacia que tienen los western de Mann que brindan matices a sus personajes, como con el oficial del norte que tiene un lado violento también y hasta criminal, o que al buscador de oro lo arrastra la ambición hasta la traición. Ambos generan aventuras, riesgos y sus propias grandes escenas. Una con el ataque de los indios que vienen por el oficial y otro con un escape.

Es un filme lleno de momentos muy potentes, cargados de la lucha contra la propia humanidad. En varios instantes Kemp que luce como un tipo noble aunque aplastado por su pasado se le hace perder la paciencia hasta llegar a retar a duelo a Vandergroat. El criminal es pícaro y muy inteligente, más que ducho con el arma. Es un western propio de la interacción humana que de balazos, pero muy rico en aventuras. Todo el viaje por las montañas depara mil grandiosos descubrimientos, con personajes valiosos en sí aunque expuestos con sencillez.  

Tiene un final muy poderoso, lleno de adrenalina, donde nuevamente sale a la luz la ambición, la brutalidad, la moral de los hombres. En el fondo de lo que trata el filme es de ser un hombre correcto, muy a pesar de las frustraciones, carencias y tentaciones del mundo. El motor de la propuesta es que Vandergroat quiere escaparse a como dé lugar, tan simple como ello, mientras los demás anhelan una mejor vida, pero que se mezcla con el querer dinero, que tiene de enceguecedor con lo ético. Al final lo que necesita Kemp no es una tierra o una recompensa económica sino la restitución de su afecto y fe hacia el mundo.

The Man from Laramie


Éste es otro western maravilloso de Anthony Mann que tiene mil giros y sorpresas, es todo lo impredecible e intenso que uno pueda pensar. Un hombre que dice no ser un pistolero, Will Lockhart (James Stewart), pero sí un hombre de carácter, va a un pueblo llamado Coronado en busca del culpable de la muerte de su hermano, muerto en una masacre por los violentos y combativos apaches, producto de que alguien les ha vendido rifles.

Ésta masacre de un regimiento militar es sólo el punto de partida de una película que contiene muchos hilos emocionales, centrados en la familia más poderosa del territorio, con el patriarca Alec Waggoman (Donald Crisp), dueño de casi todo, un tipo ejemplar, aunque hecho con la fuerza de su carácter, que lo mantiene aún en la edad, en el que es un gran personaje.

Alec Waggoman provoca una escena en que enfrenta con las armas a Lockhart sólo, aun viejo y casi ciego. Lockhart por su parte también esta disminuido físicamente, herido de una mano, y así agarra la escopeta. Lockhart es un tipo muy bravo y muy justo, quien no necesita ser pistolero, pero es un héroe en toda grandeza, sencillo, pero clásico.

El filme tiene varios enemigos, alguno impensado, creando una competencia por el poder y la herencia que no tiene nada de típica, entre el agresivo Dave Waggoman (Alex Nicol), que parece el más corrupto, pero es su deseo de estar a la altura del legado de su padre, y Vic Hansbro (Arthur Kennedy), un tipo que luce correcto, encargado del imperio de Waggoman, pero termina como todo un descubrimiento.

En el filme Lockhart no quiere irse, a pesar de que su vida pende de un hilo. También siente atracción por la sobrina de Alec, Barbara Waggoman (Cathy O'Donnell), comprometida con Vic, a quien Lockhart al oírle decir que no es tan bella le dice que a él le parece deliciosa. Más tarde ella brindará otra hermosa escena romántica clásica donde confiesa su confusión amorosa.

Anthony Mann en un principio pareciera que hablara de ir contra el monopolio del territorio, pero luego lo resuelve de manera muy sencilla, prácticamente se olvida del tema. El único apoyo de Lockhart es una dama solterona ya mayor, Kate Canaday (Aline MacMahon), éste personaje tiene la frase audaz y precisa en la punta de la lengua. Mann hace ver el enfrentamiento de Lockhart como el de un sólo hombre contra muchos, contra lo que parece imposible de salir victorioso, como la llegada de los apaches por las armas, pero todo lo resuelve con gran inteligencia y coherencia.

El filme se ampara mucho en la inestabilidad familiar de los Waggoman, producto del carácter explosivo, cruel, engreído e inmaduro de Dave, que empieza como un enemigo total, y luego se diluye en medio de accidentes y homicidios no premeditados. El enemigo se vuelve menos predecible, aunque Dave y Lockhart entregan escenas gloriosas, como cuando Dave hace su entrada y hace que arrastren del caballo sobre una fogata a Lockhart. Luego también cuando Lockhart busca la revancha en una toma hermosa saliendo furioso y decidido a su encuentro.

Hay peleas a puño limpio y duelos con final novedoso, muy bien dramatizados, sin recurrir a la exageración de las habilidades, es realista y con su propia expectativa, pero jugando al héroe solitario y valiente hasta lo suicida. La acción tiene un toque menos brutal, pero muy impredecible y emocionante, recurriendo mucho a las relaciones humanas y a su complejidad. Dave tampoco es un pistolero, pero tiene en sí la furia y violencia del peor rival de la tierra.

domingo, 15 de julio de 2018

Winchester '73


Anthony Mann dirige éste western con James Stewart, un pistolero que quiere vengar la muerte de su padre, en manos de su hermano, que se hace llamar Dutch Henry Brown (Stephen McNally). Aparte de ésta curiosidad de criminalidad entre parientes es notable el trayecto que recorre un rifle winchester, plagado de aventuras y mucha acción, en un western muy entretenido, de los mejores que hay.

El filme es todo lo clásico que puede ser pero también muy emocionante en sus combates, que incluye el ataque de los indios que también llegan a tener en sus manos el famoso winchester. Cada pedazo del filme es perfecto, tiene mucha bravura y naturalidad, como con el apostador y vendedor de armas que enfrenta a la banda de Dutch. La cobardía está presente como tema en un personaje, en Steve Miller (Charles Drake), y provoca otras grandes escenas, como una persecución de los indios contra una carreta con una toma hermosa general con el vehículo al frente seguido por los caballos enemigos y el paisaje en toda panorámica.

Hay un matón y bandolero importante aparte de Dutch, el pícaro Waco Johnny Dean (Dan Duryea) que enfrenta a la ley, a Dutch y a Lin McAdam (James Stewart). El filme está lleno de personajes notables, como la rubia Lola Manners (Shelley Winters), mujer valiente, pero también presta a la feminidad, aunque se le achaca ser una cabaretera, no obstante luciendo muy elegante y formal, pero se entiende al cambiar simplemente de compañía. Inclusive hay secundarios de oro como el mejor amigo de Lin, High Spade (Millard Mitchell), el sargento amable Wilkes (Jay C. Flippen) y hasta vemos a un tranquilo y viejo Wyatt Earp (Will Geer).

El filme tiene potentes escenas de acción, vemos de todo y en poco tiempo, hay grandes cambios y recorridos del winchester, todo enhebrado a la perfección, hay tremenda maestría para dar coherencia y visibilidad a cada aventura del arma admirada. Es un western emocionante de principio a fin, desde que Lin compite con Dutch por el winchester en el pueblo de Wyatt Earp hasta el duelo final tras las montañas. También sobresale el robo de una diligencia con un enfrentamiento de los más geniales del cine, todo dentro del uso privilegiado del tiempo, en su economía, claridad y precisión. Mientras Anthony Mann se dedica a entusiasmarnos con la intensidad de mil aventuras su western remite a la amistad, la lealtad, el respeto familiar, la libertad femenina y el llamado del deber, ver por otros.

El día de la ira (I giorni dell'ira)


Spaghetti western perteneciente a Tonino Valerii, con Lee Van Cleef como un pistolero sin ley, llamado Frank Talby, que ve por sí mismo únicamente. Lo mejor del filme, donde yace su originalidad, es el paso de tipo noble a tipo despreciable de Talby. Se debe mucho a un código de vida que tiene y que se lo enseña a su pupilo, Scott Mary (Giuliano Gemma).

Scott es un tipo huérfano de padre e hijo de una prostituta que por esto es maltratado por todos en el pueblo, es despreciado además por ser un tipo que se encarga de la limpieza. Ésta parte está muy subrayada y no es lo mejor del filme, pero queda clara la condición del protagonista que ve en Talby un ídolo, un maestro. Scott no aprende a disparar por Talby, sino por el humilde Murph (Walter Rilla) que fue sheriff, pero Talby le da el carácter suficiente para convertirse en un pistolero respetado como él.

Ésta propuesta tiene una primera parte muy dramática, bastante telenovelera, donde se repite el maltrato de casi todos los pobladores a Scott, que incluso los padres de las hijas deseadas lo menosprecian, lo llaman bastardo. Esto no obstante puede verse también algo ingenioso, porque el rechazo es gigantesco a algo no tan serio aunque propio de los tiempos más clásicos, donde la pertenencia al hogar era muy importante.

Le caen a golpes siempre y éste aguanta sin responder. Scott debe ser el tipo más golpeado y humillado en la historia del spaghetti western. Luego llega Talby, le invita su primer whisky y mata a un tipo que quiere humillar a Scott. A razón de esto Scott lo sigue fielmente y Talby le indica su código de vida, le da sus lecciones, que en el último duelo Scott ducho las pondrá todas en práctica, hasta las más salvajes, propias del western.

En su segunda parte el filme mejora notablemente, Talby va en busca de dinero y se hace cargo de mucha gente, tanto de pistoleros como de empresarios corruptos, banqueros, dueños de bares, jueces y sheriffs. En esta parte hay muy buena acción, más viaje e imponente paisaje, hasta un toque de cine sucio, barato, que no desestimo, como aquella golpiza del cowboy deudor en un bar. En sí el filme tiene varias escenas austeras pero efectivas.

La tercera parte es la mejor con un Talby poderoso y temido por medio mundo, habiendo tenido varias escenas gloriosas, como aquella en que Scott lo ayuda y se vuelve un pistolero. También es estupenda la escena del duelo de Talby con un asesino a sueldo montados a caballo y con escopetas. Muchos quieren deshacerse de él y hay un escenario de lograda ambigüedad, ya no se sabe bien quienes son los malos y los buenos, todos tienen algo reprochable. Surgen varias muertes y las escenas se llenan de más elementos, de abundancia.

El filme toma un rumbo impredecible, aunque el protagonista es Scott, al que se le quiere poner la mítica de Doc Holliday. Es notable la explicación sobre el uso de las pistolas para tomar ventaja en duelos. Es un Spaghetti western interesante, lleno de muchos momentos, giros, mucha trama que no opta por lo sencillo y una argumentación sobre la violencia y lo bruto en el oeste. Finalmente Scott se pega a lo simple, pero con el respeto de su lado.