miércoles, 30 de septiembre de 2026
Double Indemnity
Ésta película es uno de los noir más celebrados y populares del género. Escribe el guion, el director del filme, Billy Wilder, junto al escritor Raymond Chandler quien escribió 7 guiones para hollywood que lograron concretarse en 5 películas. 3 de sus trabajos como guionista fueron películas aplaudidas. Adaptaron a otro reconocido artífice del género, al escritor James M. Cain. La película es sencilla de entender, bastante simple se podría decir, pero se debe mucho a que ha sido copiada miles de veces y es como que uno reconoce con facilidad su trama y meandros. Tiene la particularidad de que se habla mucho en éste y esos diálogos si bien no es que complejicen directamente la trama criminal en sí, hacen al filme más rico, distintivo, en cuanto a hondura de personajes, en cuánto padecen emocionalmente la situación, cuan cínico puede uno ser y cómo van otorgándose matices en su personalidad y accionar. El filme es sobre un vendedor de seguros, Walter Neff (Fred MacMurray), quien dice en pantalla tener 35 años y es además la edad real del actor, quien tras buscar una venta casual o fidelizar clientes queda impactado por la mujer de un millonario, por Phyllis Dietrichson, interpretada por Barbara Stanwyck que tenía 36. Stanwyck hace de una femme fatale, supone ser una mujer deslumbrante. Lleva un brazalete en un tobillo, un fetiche que vuelve loco a Neff. Stanwyck, visualmente, no denota ser una mujer voluptuosa ni muy sensual o muy impresionante en realidad, fuera de que es cine clásico, cine refinado por llamarlo de alguna forma, pero es una actriz con mucha seguridad en pantalla, mucha personalidad, mucho talento, y hace un papel notable, por encima de su físico real. Esto tampoco es un detrimento para la propuesta porque observándolo de manera realista, no es en la vida real que la gente por lo general se ve estéticamente perfecta, sino esto da cierta cotidianidad, naturalidad, veracidad, humanismo. Phyllis engatusa a Neff, aun cuando luce astuto y comprende rápido que es lo que ella quiere y no es algo simple u ordinario, pero Neff curiosamente cruza sin problemas esa línea, hasta genera el plan, lo cual señala a un tipo bastante corrupto e inmoral, por más que después se plantea cierta nobleza de su parte con respecto a la felicidad de la hija de su víctima, no concretar un plan de escape cuando hay uno revoloteando claramente con Nino (Byron Barr con la pinta de niño gángster) o es su voz en off, muy literaria, muy noir, la que conduce la trama. Lo tenemos como nuestro vehículo de entendimiento, con el advertido atenuante que implica cierta atípica/antinatural imparcialidad pero que se lee como una descarnada honestidad frente al mea culpa final, en la apreciación de sentirse en su propio purgatorio, haber saltado al abismo y buscar cierta difícil condescendencia, quien como todo gángster no quiere ir a donde corresponde. Es conocer el razonamiento del mal, a través de un protagonista propio de cine amable, destinado al espectador, aunque la idiosincrasia de sus actos es todo lo contrario. Neff es el narrador de la historia, desde una herida de bala. Lo que le duele a éste protagonista es sentirse engañado, utilizado, traicionado, no verse dentro de algo espontáneo, aunque se trata de una rata juzgando a otra rata -pero curiosamente, ratas que también sienten-, una que con sus palabras demuestra comprender todo el panorama a la perfección, ser alguien con muy poca inocencia en la sangre. Moralmente es un criminal hecho y derecho, aun cuando su gran amigo -incondicional, que él emparenta al buen corazón, una interpretación que es la mirada de Chandler y es bastante discutible- es justamente el investigador de la película, que tiene la particularidad que es otro vendedor de seguros, pero un hombre de oficina (Neff sería el outsider emocional), alguien que suele pensar en todas las trampas y engaños de la gente para cobrar una alta suma de dinero, cobrar un seguro sin realmente merecerlo -y ellos, estos especies de empresarios, exhibiendo la apariencia de pocas ganas de querer pagar nada finalmente- o para el caso, una doble indemnización. Es éste personaje, Barton Keyes, interpretado por Edward G. Robinson, que con su cuantiosa experiencia, perspicacia y sapiencia siempre suele descubrir el lado criminal de muchos asegurados. Neff tiene a su favor que Keyes le tiene mucho aprecio y no pone en tela de juicio su participación en un sospechoso seguro por accidente o muerte, algo muy recurrente como trama criminal, pero por lo dicho, Double Indemnity (1944) ha sido ese faro de donde millones han bebido. Otra curiosidad es que Phyllis y Neff se suelen encontrar en una tienda de comestibles de las que acompañan los grifos, o un pequeño mercado del tipo americano. Pasean y discretamente se van hablando, ahora que tienen que esconder sus huellas, su estrecha relación, que es la más fácil de imaginar, que hasta Keyes lo alude sin inculpar a su amigo. La película es pues una historia de amistad también, una buddy movie de cierta manera. Algo muy americano dígase de paso. Pero si bien Neff cubre sus pasos de todos, me produce preguntar al ver la reacción de Keyes quien dice estar oyendo a Neff desde afuera de la oficina desde hace rato, ¿hasta donde se puede ser permisivo o cómplice con alguien próximo que tiene acercamiento con lo criminal? Es interesante el manejo clásico del filme sobre el meollo del asunto -aparte del dinero- en cuanto a una relación muy sexual entre Phyllis y Neff, sin que en pantalla haya prácticamente nada en ese aspecto desde lo visual, salvo unos besos histriónicos que indican apasionamiento. Siempre una lección de cine. La explicites siempre es el camino del más flojo y efectista y que trabaja con ese tipo de espectador, el que cree que el sexo es lo mismo que el amor. El arte y el intelecto son otra cosa.
lunes, 13 de julio de 2026
A Slight Case of Murder
Ésta es otra de las películas del americano Lloyd Bacon que se destacan de su filmografía y es otra comedia del noir o de gángsters, donde mostró habilidad, llena de humor negro. Es una screwball comedy. Lleva un tono en varios ratos seco, inmerso en una propuesta de notable ritmo, muy dinámica. Su humor tiene momentos afilados como cuando bromean con los cadáveres de los rivales del protagonista, el capo mafioso Remi Marco, interpretado por el mítico Edward G. Robinson quien hace de un tipo que tras llegar la legalidad del comercio de cerveza plantea volverse un empresario honrado, sin embargo ahí vemos que los prestamistas pretenden jugarretas. Hay varias bromas entre ser alguien vulgar y querer ser personas más refinadas, como con la manera de hablar o dirigirse a la gente, que está bastante trabajado con la esposa de Marco, con Nora (Ruth Donnelly). Se oye una broma como que ella viene de abajo en sentido de ordinariez. La parafernalia de ser legal es ser al mismo tiempo rico y elegante, ver ahí también oportunidades. Marco tiene tres hampones que hacen de sus sirvientes en la transición a la legalidad. Sobresale Allen Jenkins entre estos secuaces quien parece salido de una película de gángsters de Martin Scorsese o, mejor dicho, parece un típico italoamericano. Edward Brophy es otro secuaz, pero más abiertamente cómico, torpe. El entendimiento de qué ha sucedido en la casa con un robo se mueve dentro de lo rápidamente práctico, funcional, porque el filme tiene mas que ofrecer o derivar e interrelacionar. En una fiesta a lo Bachelor party (1984), estilo cine clásico, donde el suegro millonario hipocondriaco dice que la casa está llena de idiotas y lunáticos, tenemos a un policía -habiendo hilaridad con reconocer quien es y a que viene- y a un asesino en pleno plan criminal pululando en una mansión llena de mafiosos, ex-contrabandistas y apostadores, junto con una esquiva alta suma de dinero que podría resolverle la vida a Marco. Es una película que opta por soluciones básicas, pero que generan mucho movimiento. Maneja muy bien el caos, sin perder elegancia clásica. No obstante tiene un humor que a veces se pasa de fino/sutil, pero con mucho uso de la jerga más inocencia para sacar risas atentas. También hay bromas que identifican perfectamente el mundo de los matones, con lo pedestre. Como elemento extra está el niño huérfano Douglas Fairbanks (Bobby Jordan con 15 años) con un lado humanitario y social de Marco. Es una película que se le puede sentir con altibajos -donde asoma sequedad para bien y para mal o cierto silencio negativo- o de camino sinuoso o como que aguantas el aliento para soltar finalmente el aplauso, pero el conjunto es memorable, si bien rompe un poco el molde en distintos (ambos) sentidos, con cierta humildad pero con personalidad que puede ser imperfecta, incluso con un talentoso y maestro en el género noir como Edward G. Robinson. Es notable (sólida) la representación del matrimonio que hacen Robinson con 45 años de edad y Donelly con 42. Su interacción se percibe como un plus, que vuela más allá de la popularidad. Llevan todos los valores clásicos imperecederos, tal quien dice: en las buenas y en las malas; o en lo ilegal y lo legal para más humor negro.
sábado, 4 de julio de 2026
Larceny, Inc
No sé que me apasiona más, si escribir de cine o ver películas, aunque en el fondo en mi caso es indisoluble. Ver películas es para todos, para cualquiera, a todos nos gusta el cine en distinta medida. Está instalado en toda vida. No implica ninguna intelectualidad necesariamente y así pasa en la mayoría de los casos. A ese respecto funciona para esto lo de sólo dejarse llevar por la película, que está bien, lógicamente. Para eso cada quien se especializa en algo o debe hallar su real virtud. Como planteaba Truffaut, dirigiéndose al público que lo llenaba y el cine o el quehacer que lo identificaba, para él se trata de coger -ver a través de- la empatía básica o lo emocional (que así mismo está bien, pero es parte de algo más grande), como bien lo define su obra más icónica, los 400 Golpes (1959), con su aspecto sentimental y autobiográfico, que hay que decir que ciertamente es una buena película. Leer películas es en realidad un don, una habilidad especial, aun cuando muchos no lo entienden así. Me refiero a pensar por uno mismo y profundizar en lo que vemos. Ofrecer creación. No simplemente copiar o citar, refiriéndome de paso a lo académico. Mayormente se ofrecen datos, info, incluyendo así los libros de cine, pero pensar el cine es justamente algo particular. No porque cualquiera no pueda pensar, todos poseemos un cierto grado de reflexión, pero profundizar -leer realmente el cine- es precisamente lo que hace que el séptimo arte me genere a mí tanta pasión. Hablo en primera persona: No puedo sentarme a sólo ver. Yo veo el cine como un acto muy personal, autodidacta, auténtico, especial, de descubrimiento intelectual y creación (que incluye la propia teoría). Larceny Inc (1942), del americano Lloyd Bacon, es todo un descubrimiento. A éste director no suele mencionársele mucho, si bien está de cierta manera canonizado dentro del cine clásico, aun cuando tiene cierto perfil bajo. Es una comedia del noir, como quienes hacen comedias del terror, aunque éstas últimas son más habituales. Se podría decir que Bacon se especializó en ello dentro de un paquete más grande donde también tuvo tradicionales noir y hasta alguno célebre. El protagonista es un ícono del cine de gángsters, de los más grandes del género, Edward G. Robinson, como "Pressure" Maxwell, quien yace acompañado todo el tiempo de 2 compinches, Jug Martin, interpretado por Broderick Crawford con 31 años -que se le ve joven y fornido, no gordo- que hace de un tipo un poco tonto, y Weepy Davis (Edward Brophy), quien, cuando Pressure intenta que sea maltratado para sacar algún provecho, contesta: "Esas no son mis líneas", mi párrafo, mi performance diríamos, ese no soy yo, que es una buena respuesta, con lo que Jug termina haciéndolo siempre. El filme abre con un partido de béisbol que es algo engañoso porque después se muestra que es dentro de una célebre cárcel americana y así se mueve la trama, entre lo criminal y lo familiar. Cuando salen de prisión, Pressure y Jug piensan en volver a los negocios ilícitos. Así se presenta el robo de un banco, pero terminan comprando una tienda de venta de maletas. El plan sigue en ejecución. Jug no puede dejar de delinquir, está como acto reflejo en muchos de su gags. Es una película screwball comedy también y no falta el caos, los golpes, lo abrupto, los movimientos toscos, la intensidad, la palabra rápida de vez en cuando. Pressure tiene la habilidad de convencer a la gente y así se gana, medio sin querer, a sus vecinos, a los negociantes de la misma calle de su tienda. Toda ésta interacción lleva inocencia e ironía. Curioso es ver que su hija adoptiva, interpretada por Jane Wyman con 25 años, es enamorada por un vendedor/manufactor de maletas que trata de convencerla, como si ella fuera una clienta, de venderle un matrimonio inmediato. También aparece el gran Anthony Quinn con 27 años como un criminal de temer, que atemoriza incluso a Pressure. El filme inicialmente se toma su tiempo, pero se vuelve luego dinámico como buena screwball comedy. Pressure llega a hablar bastante y a esa vera se arma, aunque con un poco de lentitud, de manera notable el inicio del filme. Es una película memorable, pero tiene un poco de perfil bajo, si bien hay espectáculo. Tiene sus escenas de extrema comedia, como las tantas que provoca el hueco para entrar al banco que es donde gira el filme junto a caerle paradójicamente bien a todo el mundo, no enterados de sus verdaderas intenciones que es donde se produce mucha comedia. Es una propuesta que parece inspirar una película más popular, más celebrada, The ladykillers (1955). Incluso hay una línea que dice que estos tres chiflados más parecen asaltantes de viejitas que criminales de peso. La popularidad es más fácil de sobrellevar, genera entusiasmo inmediato en general, pero yo siempre me pregunto: ¿me gusta lo que escribo?, ¿me gusta leerme?, y sigo escribiendo.
sábado, 9 de abril de 2022
Little Caesar y El enemigo público
Little Caesar (1931)
Dirige Mervyn LeRoy. Es una de las grandes y más famosas películas del cine negro, una película seminal del cine de gángsteres, y Edward G. Robinson como Rico o El Pequeño César (Little Caesar) el primer popular gángster del séptimo arte. Robinson está magistral, trasmite esa violencia y ese temperamento fuerte y esa enorme ambición de poder y dinero de todo mafioso. El estilo es distinto al del gángster italiano, aquí la cosa luce más humilde, más de a pie. Rico empieza asaltando gasolineras con su amigo Joe Massara (Douglas Fairbanks Jr.). En la apertura, en una escena en un bar común, lo oímos a Rico soñar despierto lleno de la intensidad y el orgullo que jamás lo abandonará. Siempre es violento, directo, va al grano con fuerza, es un hombre de acción. Su ascenso se ve venir de lejos. Se impone a todos. Su negocio se mueve en los robos. Lo vemos reunirse con su clan en un club, El Palermo. Él representa al premonitorio hombre tóxico y su amigo Joe al tipo sensible, un seductor. Pero aquí, porque a Joe le gusta bailar y el teatro, El Pequeño César lo considera afeminado. El amor será el escape para Joe, su reivindicación fuera de la mafia. En una gran escena César enfrenta a Joe, la cámara enfoca la expresión de César que empuña un arma, su ira creciente, luego viene la toma subjetiva de su persona, la cara sorprendida de suspenso de Joe, breve pero contundente, puro cine clásico. Es curioso ver que el final se da a través del tamiz literal del teatro, detrás del panel de publicidad del musical teatral de Joe y su amada, como si esto fuera la orden superior. Se nota que Edward G. Robinson ha influenciado en el Al capone de Robert De Niro, de Los Intocables (1987). Éste filme tiene 3 grandes secundarios. Uno es el hampón Sam Vettori (Stanley Fields) que tiene de viejo fanfarrón y hombre sutilmente melancólico y también aire de borracho o es que Little Caesar lo abruma y disminuye todo con sus personalidad y violencia. Otro el jefe de la policía Flaherty (Thomas E. Jackson), que es sarcástico y venenoso, muy rudo aunque educado y no teme a nadie. El tercero es el guardaespaldas de Rico, Otero (George E. Stone), que tiene todas la del lacayo bravo, sin forzar nada.
El enemigo público (1931)
La dirige William A. Wellman. Es otro de los filmes pilares del cine negro y James Cagney uno de los más famosos actores interpretando gángsters. Cagney es Tom Powers y lo vemos robando desde niño, influenciado por un pequeño maleante, Putty Nose (Murray Kinnell). Finalmente entra en un robo grande, junto a su mejor amigo, Matt (Edward Woods). Se da una gran secuencia que incluye un oso disecado. Luego así como de la nada, todo muy natural, en la misma esencia de Putty Nose aparece Paddy Ryan (Robert Emmett O´Connor), un bartender que quiere traficar con alcohol durante la época de la prohibición, los años 20, y les plantea el negocio a Tom y Matt. Paddy es más accesible y leal que Putty y luce menos rudo. Pronto en cierta elipsis y excelente edición Tom se alia detrás de un gángster top, Nails Nathan (Leslie Fenton) y se vuelve un reputado mafioso, siempre acompañado de su inseparable amigo Matt. La escena -una muy buena- cuando buscan sus mujeres es de estilo clásico pero juega con lo vulgar, con dos mujeres guapas pero trepadoras. Ella es poco para Tom, que finalmente encuentra a su otra mitad, a una mujer de aspecto algo extravagante, interpretada por la mega popular Jean Harlow, que aparece solo en 2 secuencias, pero deja huella, con su rubio platinado y una pinta que fácil puede inspirar al cine latino. Cagney tiene cara de pícaro, con sus ojos saltones y sugerentes, parece burlarse del mundo, pega bien como mafioso astuto y no tanto de líder sino de soldado de armas a tomar. Entra a tallar el que hace del hermano mayor de Tom, oficial del ejército y un tipo intachable, que puede haber ayudado a la imaginación para crear a Michael Corleone y también el beso sentencia a Fredo. La escena en la lluvia cuando Cagney se prepara para hacer de kamikaze es una de las joyas del séptimo arte, y perpetrar un gran fuera de campo y una performance de un solo hombre contra todos que seguramente habrá inspirado el Scarface (1983) de De Palma, y también incluso a directores como Akira Kurosawa.
sábado, 26 de febrero de 2022
Soylent Green
Ésta es una de las mejores películas de Richard Fleischer, es ciencia ficción sin efectos especiales. El año en que yace es 2022 y tiene cosas que podemos ver que pueden llegar a pasar, que no suenan para nada extrañas. El filme abre con como la humanidad viene malogrando el medio ambiente y el planeta, nos estamos autodestruyendo, y a esto se agrega la sobrepoblación y la escasez de comida. Las brechas sociales son más notorias, el rico puede tener lo que ya la gente común no, como carne, fresas o un jabón, cosas simples. La gente come de una empresa que fabrica una comida artificial, llamada soylent green, sacada del océano, del fitoplancton. El filme es también un noir, un empresario rico es asesinado, hay una conversación ambigua entre él y su asesino, un tipo simple con un fierro de carnicero. Hay dos asesinos sueltos, el que todos sabemos y uno escondido. Tenemos a un policía muy particular, Thorn (Charlton Heston, que físicamente parece literalmente un Schwarzenegger flaco); es particular porque es bastante conchudo, e hiper machista, pero al mismo tiempo es un policía dedicado y a ratos sensible, como con su trato con el abuelito y ayudante que interpreta el legendario Edward G. Robinson en su último papel en el cine, enfermo terminal en la realidad y quien se despide en pantalla en una escena de eutanasia. Edward G. Robinson trasmite mucho feeling todo el tiempo. Thorn tiene una relación con una prostituta que parece un robot, él incluso la llama mueble; ésta mujer era la pareja (comprada) del millonario que han asesinado, que lo interpreta otro rostro clásico famoso, Joseph Cotten, en un papel cortito. Es una película bastante básica, pero muy entretenida y muy bien desarrollada, con su cuota de novedad aun siendo sencilla, con una -medio clásica en el género- última línea verbal impresionista y de sorpresa (que entusiasmaría a Shyamalan). Heston es el típico policía con cancha, sobrado y efectivo, aunque como su mundo va de solitario, sucio y loco se siente que a ratos pasa miedo. Éste filme tiene sus buenos tiroteos y hasta su notable pelea a puño limpio a lo peleador callejero. Se respira un aire hippie corrupto y perverso. Soylent green (1973) es una película sólida, de principio a fin. No requiere de tecnología, pero tiene mucho ingenio para palear bajos presupuestos. Perpetra una imagen potente con camiones de basura, desde lo minimalista.




