La palma de oro del 2018 es una película sobre la familia,
cuando una recoge a una niña de la calle y la cuidan con amor aunque sin
permiso de sus padres, se la quedan al saber que es maltratada, que yace en
abandono, aunque esto pueda ser visto como un secuestro. El filme se ve convencional
hasta el final donde surgen sorpresas y nada es lo que parece. Es una historia
criminal, pero donde el director japonés Hirokazu Koreeda les da humanidad a
quienes tienen de sórdidos. Es una película compleja difícil de digerir, que es
inclasificable en quienes se deben encargar de los hijos o cuidar de otras
personas. Es una película sensible pero dura también, como con la hermana que
hace de mujer de diversión sexual. Pero tiene un lado medio inexplicable o al
menos no de manera tradicional, cuando descubrimos quienes son toda esta
familia que acoge a una niña. Todo parece ser algo básico, gente pobre que roba
en tiendas, pero tienen un hogar amoroso, sólo que esto trasciende, con un par
de añadidos, y queda un filme glorioso, muy digno de la palma de oro. Koreeda
usa de base algo esencial, como la familia, el criar por sobre engendrar, y lo
vuelve algo más complicado, con relaciones basadas en lo criminal, pero que se
comportan delicadamente. La abuela que no quiere morir sola agradece por la
familia que juega feliz en la playa. La pareja estéril es querida contra todo pronóstico,
aun cuando uno ya se siente harto del modo de vida que han producido. Llamar papá
o mamá es algo que nace de lo improbable, de lo excepcional. También se puede
decir que no todos los criminales confesos son gente detestable en toda
magnitud, asunto que suena polémico y arduo de procesar, pero Koreeda mantiene
ese balance entre bondad y maldad que lleva uno en sí. Shoplifters se lee como
un filme sensible en un comienzo y termina dándonos un fuerte golpe que nos
confunde un poco, dicho paradójicamente de manera positiva –por lo menos como
séptimo arte que busca la originalidad, la intelectualidad y la novedad- ,
porque es un filme notable, mostrando además harta escena de sobrevivencia, en
un mundo que puede ser pobre o detestable pero también capaz de dar y recibir amor.
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jueves, 28 de febrero de 2019
sábado, 13 de diciembre de 2014
De tal padre, tal hijo
El cine del nipón Hirokazu Koreeda es tierno, familiar, humanista, hasta diría que verdaderamente sabio, de forma natural, en el trayecto de Yasujirô
Ozu, intentando ser sumamente cotidiano, universal (a la vera de su propia
cultura), aunque en oportunidades toque lo fantástico como en -a mi ver su
mejor película- Air doll (2009) que se llena de lo existencial; o como en After life (1998),
que goza de un punto de partida harto cautivante, el encuentro de una especie
de cielo o transición a la vida eterna, dentro de un edificio como de orden público,
una apacible institución, donde se hace un recuento de cada vida a través del
arte del audiovisual –sí, por medio del metacine- en la búsqueda de perennizar
y definirnos en un único recuerdo determinante de nuestro recorrido en el mundo. Todas las elecciones de Koreeda son de ésta manera, temáticas maduras que tocan a todo
ser humano, las que le permiten reflexionar de forma transparente, pero
bastante detallada, sobre importantes contextos vivenciales.
Koreeda pone énfasis especial en la niñez. Véase Nadie
sabe (2004) o Milagro (Kiseki, 2011). No solo es velar por ellos, hacerse
responsable, ser decente, ejemplar y cultivador, también buscar por su alegría
desde lo llano. Así mismo Koreeda profundiza en la relación padre e hijo,
como en Still Walking (2008). Ambos lugares son revisitados en la presente película, analizados con sumo detenimiento, mediante el caso de un cambio de bebés en dos
familias de distinta condición social como de diferente educación emocional e
intelectual, luego de 6 años de crianza en sus respectivas reglas, con lo que
se desnuda como leitmotiv cómo formar a un niño, aparte de la disyuntiva de ¿qué
es más importante, la sangre o la crianza?, de lo que cae preciso recordar un pequeño
diálogo de Jersey Boys (2014) donde la hija de Frankie Valli que poco lo ve por
sus deberes con la música le pregunta si ella le cae bien, si le gusta, fuera
de la obligación sanguínea.
El filme nos enseña a dar prioridad al lado humano, a la solidez emocional, más que presionar a los niños para que desarrollen talentos, virtudes y logros personales, como lo hace la familia adinerada representada por el exigente, exitoso y disciplinado padre que es Ryota Nonomiya, un convincente Masaharu Fukuyama, que lleva casi todo el peso del filme, en contraste de su sensible, pero por una parte endeble cónyuge, interpretada por Machiko Ono. El filme sirve como lección y cambio del orden autoritario y didáctico riguroso/profesional a uno más permisivo, condescendiente y juguetón. El otro progenitor, Yudai Saiki (Riri Furanki), es diferente. Furanki recibió el premio de mejor actor de reparto de la Academia Japonesa por ésta actuación. Yoko Maki hace de su esposa y es como más pensante.
La familia Saiki se divierte con su prole, comparte
tiempo de esparcimiento, él es relajado con ellos –arregla él mismo sus juguetes- y
quiere que sus hijos simplemente lo pasen bien, crezcan felices, lo cual asoma
como algo muy inteligente y atípico por un lado, preocuparse menos por el
futuro (económico, intelectual) y más por el interior del niño, con lo que
Ryota se replanteará si ha sido un buen padre hasta la fecha o no lo ha sido
nunca mientras minimizaba sin querer a su pequeño, teniendo en cuenta para
conocerlo una frase de propia boca que lo describe, expresa que ahora entiende
porque no le rendía, porque no se le parecía en cuanto a virtudes, al saber que
no es su verdadero niño. No obstante pronto recapacitará, a la vez que le extrañará,
verá un vacío. Se da dentro de un quehacer muy minimalista, en el descubrimiento de la cámara fotográfica,
en qué ha gastado su tiempo el infante, algo bien trabajado pero con la
libertad del corto tiempo del metraje para asumirlo en todo realismo, aun con sus
dos horas de duración.
El filme tiene varias variantes de exposición, aunque es
sencillo de ver, y es que no busca el camino fácil ni las soluciones
simplistas, pondera puntos de vista distintos, confronta, expone con soltura, claridad y libertad (un logro viendo cierta dificultad de abordaje), aunque al final delibera,
deja entender una posición, la que habría que complementar, aunque quizá se da por
hecho viendo que Ryusei, el hijo criado por la familia Saiki, de clase media, luce
inteligente, despierto y educado. No denota mucha diferencia –por ahora digamos, y esto es relativo- con el
introvertido y observador Keita, el otro niño criado por los Nonomiya, de clase
acomodada.
Son dos campos centrales, bajo lo que nos define ser padres, qué y cómo, que van unidos, lo que le convierte en un filme honesto, valiente, producto de un pensamiento bien desarrollado en el metraje, enseñándole al aspecto ajeno dominante (predomina la voz del pueblo, sin denotar oportunismo), consensuando sin aspavientos, levemente, ya que a fin de cuentas no deja de ser fino en sus resoluciones (más por su tono clásico), de lo que antes plantea un escenario complejo colocando todas las posibilidades en el tablero, creando un recorrido metódico, por ende lento, que coloca toda su atención en desmenuzar el tema, afrontarlo con seguridad, ocupándose de ello en pleno detallismo, en toda fase (los escenarios/ejemplos son abundantes, pueden remarcar pero no abruman), aun a costa del ritmo, del cual éste autor japonés suele adolecer en una medida (y es lo que podría costarle), tanto por lo que se adscribe a una laboriosa inocencia que es base de su quehacer cinematográfico (segunda posibilidad de rechazo), que en la presente se diluye, se maneja mucho mejor que en ocasiones anteriores.
Son dos campos centrales, bajo lo que nos define ser padres, qué y cómo, que van unidos, lo que le convierte en un filme honesto, valiente, producto de un pensamiento bien desarrollado en el metraje, enseñándole al aspecto ajeno dominante (predomina la voz del pueblo, sin denotar oportunismo), consensuando sin aspavientos, levemente, ya que a fin de cuentas no deja de ser fino en sus resoluciones (más por su tono clásico), de lo que antes plantea un escenario complejo colocando todas las posibilidades en el tablero, creando un recorrido metódico, por ende lento, que coloca toda su atención en desmenuzar el tema, afrontarlo con seguridad, ocupándose de ello en pleno detallismo, en toda fase (los escenarios/ejemplos son abundantes, pueden remarcar pero no abruman), aun a costa del ritmo, del cual éste autor japonés suele adolecer en una medida (y es lo que podría costarle), tanto por lo que se adscribe a una laboriosa inocencia que es base de su quehacer cinematográfico (segunda posibilidad de rechazo), que en la presente se diluye, se maneja mucho mejor que en ocasiones anteriores.
Otro dato logrado es que es sutil y atinado en no dejarse
llevar por lo lacrimógeno, que es parte de los temas de su cine, ineludible
hasta aparecer como intrínseco, ni tampoco explotar el lugar común, aunque toca
espacios muy afines a la gente de a pie, pero nunca vulgares, siempre con su
toque de refinamiento, siendo interesante. Igualmente no se hace de estereotipos aun
sabiendo lo que ataca, teniendo un objetivo cultural y universal entre manos
que criticar, el anhelo subyugante de éxito, de excepcionalidad. Cambia los parámetros,
pudiendo lograr la misma meta, aunque la prioridad sea otra. Lo toca con buena mano, elípticamente a un punto, aunque lo desmienta en
parte considerable, como en la pobreza supuestamente emparejada con la ignorancia,
o en la relevancia de la carencia material. La familia Saiki es austera, como
su negocio rústico por fuera, pero vive saludablemente. Mientras, el tocar el piano
hace como de eslabón perdido entre clases, lo que remite a la cultura y
educación. Es un filme no solo hermoso, como siempre ha pretendido el autor en toda su filmografía –con distinta
intensidad de resultados-, sino de aquellos que
permiten ver luz al final del recorrido.
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viernes, 27 de abril de 2012
Air Doll
Air doll (2009) es una película que sale de cierta forma de la
filmografía de Hirokazu Koreeda o puede dar solo esa impresión en realidad pero que claramente
mantiene el estilo del cineasta japonés, su extrema sensibilidad dentro de la
reflexión de temáticas muy duras. La que nos compete se puede ver como la
introspección de la promiscuidad de una prostituta y sus emociones más
personales, además de un paralelismo general con el vacío, la soledad, la indiferencia
y la melancolía de los seres humanos.
La trama nos remite a un relato fantástico en que una muñeca
inflable toma vida. Mientras sigue cumpliendo sus funciones de noche con su
dueño, de día trabaja en una tienda de renta de vídeos, a la vez que descubre
significados en el planeta.
El aspecto general de Nozomi, la estupenda actriz sur-coreana
Doona Bae que toma movimientos y estética perfecta, es de una candidez y
docilidad extrema pero provista de una dureza irrefutable en aceptar que es una
sustituta de la realidad sexual de un hombre, un objeto que brinda placer sin
la más mínima negativa. Sin embargo ambigua en su definición esencial ella
quiere entender el mundo, provista de un corazón despierta en ella la
curiosidad natural de su entorno e indaga en las relaciones humanas.
Los vuelcos por la existencia de quien no conoce nada se dan
sin mediarse problemas para el autor del filme, recordando que es propio del
género de fantasía aunque de estructura muy en orden realista que es como si
algo excepcional se introdujera en toda una cosmovisión convencional e
identificable con facilidad.
Éste idóneo drama existencial a manera de parábola abunda en
metáforas y la pertinente reflexión de que el mundo es un lugar cada vez más
frío, más triste y más individual a pesar de que como nos dice la película,
todos dependemos de los demás, somos un constante complemento como las flores
que sin el viento ni los insectos no polinizan su pistilo y no florecen. El presente es un
filme de base sencilla y entretenido pero cargado de ideas.
El desenlace como en todo filme de Koreeda se alarga
constantemente, parece querer resolver todo cuanto pasa por la mente, una valía
para los curiosos pero un poco molesto, queriendo cerrar un circulo sin
perder una línea, un ir por múltiples posibilidades que cae en la sobre-exposición
última. No obstante tiene su mérito ya que acierta en su mayoría, si bien el final es algo tenue, dentro de un aporte que remite a que el contexto central es más que
suficiente, ya que inicia igual, de lleno a la narración sin crearse conflictos, un ir al aparato meditativo que refleja la muñeca
inflable.
Es notorio el querer pensar a través de ella, como en la
banca con el viejo haciendo el símil de lo humano con el objeto de placer. También hay una crítica muy patente a como nos desenvolvemos como seres humanos
en nuestra contemporaneidad, las ciudades consumen la vida, el hombre vive y
convive mal, no sabe generarse la felicidad sino más bien hace todo por
alejarla, en su torpeza. Incluso el amor y la alegría de Nozomi
desfallece/muere, siendo concluyente que los cuentos de hadas no terminan muy
bien ya, en un contexto masivo humano proclive a lo inmisericorde y al
inminente fracaso, un pesimismo palpable, a pesar de que hay un aire de entusiasmo y de fe. Las respuestas no alcanzan ni la bondad surte el
efecto deseado en el interior de la pantalla, quizás porque lo desagradable hace mayores
estragos en nosotros, aunque como se entiende tenemos la última palabra como espectadores, a ponerlo en práctica tras la lección.
Nozomi, aunque se intuye, parece ocultar ir a un inexorable
destino y es que no logra adaptarse -siendo aún en su carácter especial una
vista colectiva y reconocible- ya que su aventura está plagada de realidades
implacables que consumen y destruyen pero como ser que es tratado como objeto y
se ve como tal, aunque su secreto no sea el que define el asunto ya que es un
pretexto todo el aparato de la muñeca inflable. Es un filme que va en la línea de
Koreeda pero con algo más de fuerza de lo acostumbrado en un salto “abrupto” pero
coherente hacia la descomposición digna de las más crueles tragedias, hasta la
ausencia del deseo de supervivencia, que existía en Nadie sabe (2004), filme emblemático del cineasta japonés, que era más
gradual y abiertamente irremediable.
Se sobredimensiona el drama cuando se piensa mucho, por ello
el que sea una muñeca inflable lo hace más digerible, más pedagógico y menos exigente en cuanto a sentimientos, o
de repente no si lo vemos desde su posibilidad que lleva una cierta frialdad
para no endulzar ya demasiado, notando que Koreeda de por sí es bastante perceptivo,
agregando un ambiente ordinario de neutral a algo cálido muy necesario, que puede cansar si no somos cercanos a lo
estático en un cine que requiere calma, contemplación paciente, que igual lleva
un tema interesante que despierta atención y que es una ventaja que se explota
muy bien, que se amolda preciso al requerimiento de un cineasta con las
características de Koreeda y que a pesar
de mostrar coitos y una banalización recreativa de lo que es el siglo XXI lo
hace con el buen tino de un fino pero consistente demiurgo.
Koreeda mengua a ratos la paliza con un cántico de optimismo
circunstancial en que lo cotidiano puede ser encantador pero
luego cambia y enaltece a la desventura pero sin paliativos a la hora de la
verdad, sea viendo al jefe de la tienda de cine chantajeando a Nozomi a cambio
de sexo, las múltiples personas sufriendo en sus ambientes concretos e íntimos o
en el juego erótico y el consiguiente terrible error de inflarse al creerse
semejantes. Pero como implica el final del filme, hay belleza en el lugar menos
pensado, un aliento de reposición cuando Nozomi agradece a la creación, al
creador, también a la capacidad de comprender, valorando lo que muchos
consideran pequeñeces o desgracias como el nacimiento, el cumpleaños o la vejez, o en el anhelo de sentir, de amar todo y –no literalmente- a todos, por eso su
idiosincrasia es triste, que es sello de Koreeda, en el quehacer humano de esos dos embaucadores del verso de Kipling que dice que no hay que dejarse engañar ni por el
triunfo ni por la derrota.
La película es más que sobre sexo o amor, eso sería encerrarla
en muy poco -siendo temas muy bien manejados además- o muy simple para
venderla, es la historia de una niña en pleno mundo, explorándolo cuando éste
lo que hace es combatirla por leyes que todos absurdamente nos generamos, un
desamparo que requiere ver belleza en lo triste y amor en la comunidad de
todos, que es el mensaje que aplica Koreeda.
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