domingo, 29 de abril de 2018

Wiñaypacha


El cine regional como fenómeno tiene unos 20 años de continuo trabajo en distintas regiones, pero es con Wiñaypacha, una película puneña, obra de Óscar Catacora, que se ha conseguido un elogio especial, que incluye una recepción decente del público limeño, tomando en cuenta que no es un cine masivo sino de cine arte, si bien se tiende a decir siempre como en un juego de ensayo y verdad sobre varias películas nacionales que estamos frente a una obra maestra, aunque es cierto que Wiñaypacha es especial en sí.

Aparte de que está hablada en aymara durante toda la película es una película contemplativa, de una manera muy marcada, no hay juegos de cámara ni existen tomas variopintas en uso, se trata de tomas fijas, y es con los personajes, la naturaleza serrana y los animales que se produce el movimiento y la dinámica en la pantalla. La cámara es un ojo clínico, un ojo atento, un ente utilizado de manera básica, de manera a veces muy evidente, recurriendo más bien al naturalismo como técnica cinematográfica.

Es notorio el quehacer del neorrealismo, todas las acciones son propias del Ande y de lo auténticamente autóctono, los únicos dos protagonistas, los actores, no son profesionales. Willka y Phaxsi son 2 ancianos aymaras que viven en la montaña, en la Sierra, y vemos todas sus prácticas cotidianas, como subsisten, como viven, que hacen, casi todo se lo gestionan de manera artesanal, sólo compran algunas cosas, que les quedan lejanas. Hay practicas reconocibles, pero no faltará alguna pequeña novedad en cuanto a la realidad originaria de nuestro país, a las actividades en el ande más autóctono. Son actividades simples, como preparar algún tipo de alimento o hilar un poncho.

El filme hace mucho uso de la palabra, Willka y Phaxsi siempre están conversando, dicen algunas cosas que no parecen necesarias, puesto que no todo lo tienen que explicar, pero también de otra forma quizá no entenderíamos todo lo que hacen. A su vez también sus diálogos enriquecen la propuesta, dicen cosas interesantes que realzan el contenido del filme. Algunos momentos son muy obvios, otros son potentes pensamientos aunque expresados de forma muy simple. Pero el filme presenta sustancia, profundidad.

Se lee el abandono en que vive la gente del Ande, su precariedad, que incluye la vejez, lo cual pone más grave y urgente el panorama. Cada acción de los protagonistas cuesta más esfuerzo, debido a su avanzada edad, pero aun así deben hacerlo para subsistir. El hijo que ha ido a vivir a la ciudad y sus padres lo añoran todo el tiempo es otro importante tema. Aunque el vástago nunca llega a estar físicamente está siempre presente en todo el conjunto. El hijo es un simbolismo de Lima, de cómo tiene abandonados a sus padres y lo que ello significa, a su historia, a sus orígenes. También es un llamado a la gente autóctona, a no perder ni olvidar sus raíces, su sangre indígena, y a todos los peruanos.

Éste filme puneño también tiene una narrativa, no solo es la vida común de Willka y Phaxsi en su lugar de origen folclórico, en ello se trabaja con los fósforos, con el fuego. De algo tan pequeño se presenta un desarrollo narrativo atractivo, sencillo, pero coherente con el eje del filme, el olvido, la indiferencia, la muerte –como en el sueño- por más que hay una mística y cierto encanto en cómo viven estos dos ancianos aymaras, en sus practicas ancestrales, en su adoración a los Apus.

El filme puede tener la cámara fija, pero lo que muestra en las tomas es muy rico en buena parte, también hay un gran manejo de la iluminación –se trabaja mucho con la noche y es notable-, y una fotografía básica pero competente donde los paisajes parecen irreales de lo fantástico que se ven los fondos. Donde Wiñaypacha incomoda es en la recreación neorrealista del ataque a los animales, son imágenes muy violentas, descarnadas, sobre todo porque son imágenes cero estéticas y que parecen ser muertes reales. 

sábado, 28 de abril de 2018

You Were Never Really Here


Joaquin Phoenix es Joe, un tipo que rescata gente secuestrada, especialmente niñas, que suelen ser raptadas para prostituirlas. En el trayecto infringe violencia, suele hacer uso de un martillo. Joe es un veterano de guerra y un hombre con muchos traumas, incluso de su infancia, por lo que Joe suele ser muy proclive al suicidio, lo anhela en cierta forma, pero a último minuto suele escapar de éste deseo. Se suele asfixiar con bolsas. Tiene sueños donde visualizamos de manera salvaje su anhelo suicida.

El filme de Lynne Ramsay es una cinta de acción, pero donde los actos violentos llevan una estética, mucha arte, yacen en composiciones generalmente finales, no vemos en sí la acción, solo una parte muy pequeña. Phoenix no necesita de vistosas coreografías de pelea, todo está acomodado como cine arte, al punto que momentos de acción que por lo general deberían ser intensos, pero simples, son algo ambiguos y hasta algo difíciles de descifrar.

La película es emocionante aun cuando no tiene coreografías de combate arduas en movimientos, tiene un toque muy cool, una buena banda sonora, una expresividad de tipo hip hop, como de gente salida de abajo. Phoenix muestra un lado inmaduro y juguetón en su personaje, que parece propio de historia de sobrevivencia económica, de película social británica. Hay un lado riesgoso y resbaladizo en ello porque puede desvirtuar la contundencia de la fuerza del protagonista. Pero al fin y al cabo es una humanización, esquiva estereotipos. Finalmente el personaje hace honor a la acción que promete el filme.

Entre la inmadurez, el sufrimiento existencial y la brutalidad tenemos a un personaje interesante, matizado digamos, con sus pros y contras, para bien y para mal. El filme se ampara en la soledad, a pesar de que uno pueda estar acompañado –Joe vive con su madre (Judith Roberts)-, una soledad psicológica más que literal, una especie de depresión. La adolescente (Ekaterina Samsonov) hija de un senador que debe rescatar Joe es parecida a él, comparten un mundo de trauma, depresión, divague, escapismo, soledad.  

Ésta propuesta no escatima violencia visual, pero yace como si estuviera congelada, es decir en estado final, como conclusión, por lo general crímenes, son cuadros poderosos de absorber. No es un filme para gente sensible. Lo cool incluye humanidad pero no sentimentalismos (Lynne muestra carácter), más es juego que afectos, más es dolor que cualquier otra cosa.  

Del filme se podría decir que es minimalista, tiene una trama escueta, pero visceral y con énfasis en la puesta en escena. Es un filme sencillo, casi se diría que no existe una verdadera trama. No obstante tampoco apunta a los juegos pirotécnicos de la acción, a las peleas grandilocuentes, sino como a composiciones de pinturas, fotogramas artísticos. Es notoriamente un filme hecho por alguien propio del cine arte y no del mundo de la acción. Pero es un filme entretenido, masivamente atractivo.

En la primera parte del filme no vemos al mejor Joaquin Phoenix ni al mejor Joe, pero en la segunda parte cuando todo el mundo empieza a aparecer muerto, la expresividad del sufrimiento y cierta locura de Joe toman vuelo y el gran Joaquin Phoenix justifica haber ganado el premio de mejor actor en el festival de Cannes 2017. Hay muchos pequeños flashbacks, escenas de tortura mental, un pasado que refleja una cierta insania, sobreexplotado, y donde se halla la argumentación del filme, el resto es simple.

Joe no experimenta un espíritu típico del cine de acción, un espíritu de venganza furioso e indetenible pero justificado y a último minuto noble, sino luce medio autómata, como quien yace cansando de actuar que hasta lamenta las muertes -de pedófilos y asesinos fríos- y su justificación de hacerles daño, incluso se compadece de sus enemigos, sufre también por ellos, hasta ahí llega su agotamiento existencial y una emotividad algo lastimera (más claro no puede ser cuando se sumerge con piedras en el río). Pero aun así el filme permite no tomarse tan en serio, respirando cierta inmadurez más que atrevimiento (que Lynne lo tiene), no deja de ser entretenimiento y también de estar buscando esquivar lo plano, el vacío.   

viernes, 27 de abril de 2018

Jupiter's Moon (Jupiter holdja)


El título es un juego de pequeña audacia creativa que muy bien ejemplifica, simplifica y define qué es lo que veremos. Una luna del planeta Jupiter lleva el nombre de Europa, y es un llamado de humanidad a éste continente, vemos cómo el continente trata a los refugiados, además el espacio está asociado a la ciencia ficción, género del filme.

La película del húngaro Kornél Mundruczó es una muy sensorial, el inicio con los refugiados huyendo de la policía, entrando por la frontera a Hungría, es híper realista, podemos percibir muy cerca nuestro esos charcos de barro que pisan, ese río y hierba frondosa que cruzan. También el lado humano está desde el comienzo. Otro momento similar y una escena espectacular es una persecución en auto en cámara subjetiva en una sola toma, parece que el espectador estuviera jugando un juego de video.

Los momentos en que el protagonista, un refugiado sirio, Aryan Dashni (Zsombor Jéger), hace uso de un poder sobrenatural –levitar- que le ha venido intempestivamente tras una injustificada balacera, un acto criminal, de un policía corrupto (György Cserhalmi), son también muy sensoriales, ayudados por la cámara, como cuando ésta gira al deshacerse Aryan de un supremacista blanco, engrandeciendo el desorden y el poder que siente el personaje atacado.

El otro protagonista es el doctor Gabor Stern (Merab Ninidze), un doctor corrupto que lucra con la libertad de los inmigrantes árabes, pero que está en busca de la redención cristiana, es un hombre predispuesto a la fe, pero antes su naturaleza hacia el dinero hace que quiera lucrar con Aryan, proponiéndolo como un ángel, un ser milagroso, con tan sólo que lo observen levitar –con lo que llega a proponer paz-. Todo puede leerse porque Gabor tuvo una mala práctica profesional y no ha obtenido el perdón. Pero es con Aryan que Gabor se sentirá como un padre y cambiará, aparte de su predisposición religiosa, la que yace en toda la película en todo el mundo, como cuando en la calle llegan a ver muchos levitar a Aryan.

Se trata de cine fantástico, pero con un mensaje sociopolítico en que vemos el señalamiento critico que el sistema maltrata a los refugiados, a través de una película de entretenimiento, también un thriller, donde hay grandes escenas de acción. Hay un maltrato señalado incluso de trato común, como en el restaurante, aunque también se percibe un rechazo justificado con el miedo al extremismo árabe, visto en el filme en el ataque terrorista al subterráneo. Pero generalizan, se pierde un lado humano, que es un eje del filme, como los valores religiosos.

No se puede huir de las heridas de la historia, dice Gabor en un momento de inspiración, lo que se entiende como un llamado de consciencia, en el personaje es a razón de la culpa que carga por su mala práctica. El filme del director húngaro tiene una estructura narrativa no del todo convencional, aunque no sea abundante, pero se percibe en algunos momentos arduos de seguir, algo más arbitrarios, más elípticos. El reencuentro de Aryan es uno de ellos. Es un filme de entretenimiento, pero un filme que no esconde su mensaje social, cuando mucho cine de género lo tiene como subtexto. Que un refugiado sirio pueda levitar aparte del entretenimiento que articula, de la libertad del cine, tiene una lógica humanista, en el manejo que empuja a creer en lo místico y con ello en ser una mejor humanidad.

El amante doble (L'amant doublé)


El amante doble (2017), del francés Francois Ozon, es una película compleja estructuralmente, con varios niveles de lectura, de narración al mismo tiempo, con varios relatos superpuestos, se leen varias historias como centro en la película. La trama va mutando, pero toda ésta complejidad tiene suma coherencia, los cambios y las plasticidad suman, se entiende el filme, es un trabajo creativo exigente, un triunfo del ingenio, sorprendiendo constantemente al espectador. Por media película lo que parece más suave, menos elaborado y algo menos sólido toma potente forma aun en el riesgo.

El filme arranca fuerte pero estético, para luego bajar la velocidad, y más tarde disparar todo su ingenio y audacia. Empieza con la visión en plena pantalla de la observación de una vagina en una sala médica, para terminar la escena con el lagrimeo de un ojo. El filme tiene éste tipo de osadía, lo sexual es parte importante de la trama, es una arista del conjunto, la frigidez y la consiguiente experimentación libre del sexo hasta lo excéntrico, que finalmente en el strap-on toma forma en la psicosis que plantea el filme.

La película nos muestra a una bella mujer, a Chloé (Marine Vacth), que asiste al psiquiatra, donde Paul (Jérémie Renier), a quien le cuenta que tiene un dolor psicológico en el vientre, posiblemente asociado con su madre. Paul termina enamorándose de ella y la mujer se va a vivir con él. Pero como dice el propio Paul él es un desconocido para ella, y para nosotros, lo cual significa suspenso y misterio. En el camino Chloé descubre que Paul tiene un hermano gemelo llamado Louis, y se plantea el juego del gemelo malo y el gemelo bueno. Recuerda indefectiblemente por una parte a Dead Ringers (1988). Aquí el filme se pone un poco sórdido y pone el énfasis en el sexo y en las sospechas, en las dudas y miedos que siempre carga Chloé.

Hay un gran ejercicio de ambigüedad en el filme, por un buen tiempo, porque luego todo se entenderá sin problemas, y es tremenda virtud del filme ya que es uno complicado en su estructura formal y narrativa. Se percibe la tensión de que algo oscuro hay por debajo, inclusive una vecina se vuelve sospechosa, recordando al cine de Roman Polanski, a Rosemary's Baby (1968) y Le locataire (1976).  Los gatos toman un cariz macabro y misterioso. El filme maneja rareza, en un sentir atmosférico y en sus personajes.

Avanzada la película ésta se convierte en un thriller pleno, lleno de intensidad y velocidad, con lo que saltamos de sorpresa en sorpresa y sobresalto en sobresalto. El filme se mueve en base a varias historias de gemelos, y tiene una argumentación muy creativa e interesante al respecto. Uno empieza a hilar y hallar más de un posible argumento, más de un resultado, el filme juega con las posibilidades, y todas encajan perfectamente. Es meterse en el ámbito de la locura, pero como si el filme fuera esa locura, esa mente, esa subjetividad, y no algo visto por fuera, superficialmente, a un loco actuando para la cámara. La locura no es vista como algo extremo, sino como algo “manejable”, lo cual es algo atípico, porque se tiende a dramatizarlo, con lo que recuerda a Bajos instintos (1992).

El filme como thriller con un toque sórdido pero finalmente estético y un aspecto muy contemporáneo recuerda al cine de Brian de Palma, al mejor Brian de Palma. Pero agregando ese atrevimiento y esa liberalidad expresiva tan europea. No la más extrema (extravagante), sino un filme que apuesta por esta identidad –también se basa aunque libremente en la novela de la americana Joyce Carol Oates-, pero haciéndolo muy coherente al mismo tiempo que arduo.

jueves, 26 de abril de 2018

Godard Mon Amour (Le Redoutable)


Ésta película es interesante para hablar, es un poco picante, porque a muchos cinéfilos hardcore les parece lo peor de lo peor, teniendo en la mente al Godard que representa al cine experimental y al cine arte minoritario. Sería casi impensable querer ésta película. Encima el director que hace la Le Redoutable es el mismo que el de The artist (2011), el francés Michel Hazanavicius. The artist es una película que muchos amaron odiar, tanto como quienes disfrutaron su buena onda hacia el cine mudo, un cine poco o nada visitado por quienes se dirigía The artist. Se trata de esa pequeña lucha entre ser un cinéfilo hardcore, un cinéfilo respetado, o un cinéfilo light, un cinéfilo de cartelera digamos.

Jean-Luc Godard nunca ha sido un cine light, o sea un cine que no trasciende, que se olvida, pero el creador de maravillas como À bout de soufflé (1960), Le mépris (1963), Pierrot le fou (1965) o Alphaville (1965) entre muchas otras ha sido muy popular, su cine ha sido la representación del cine que más ama el mundo, el hedonista, un cine no sólo amado, sino sumamente respetado, mítico. Pero un día, Godard, como nos los cuenta fiel a la verdad Le Redoutable se aburrió de su mejor cine, decidió que la política vale más que el cine, que el cine en sí no tiene sentido, que el cine debe estar al servicio de la ideología, de su ideología maoísta, de cambiar al mundo, como pensar en Vietnam, y en todas las luchas sociales, en pleno mayo del 68, en medio de la lucha de los estudiantes franceses, de los nuevos revolucionarios, entonces Godard decidió participar no solo en presentaciones y reuniones socialistas o de los estudiantes sino con su cine. Ese día el Godard más amado murió.

El filme de Hazanavicius se basa en un libro de memorias de la que fue esposa de Godard con tan sólo 19 años, una actriz más tarde respetada aunque de pequeña carrera nieta del Premio Nobel Francois Mauriac, Anne Wiazemsky, que aunque finalmente llega a ser parte del grupo de los decepcionados del cambio de Godard, guarda una eterna e irrompible admiración hacia él (como todo el mundo), e igualmente, por más que Hazanavicius ridiculiza -un poco- a éste genio del cine, por su inclinación política dominando su cine y renegar del anterior esto se mantiene finalmente, tanto que la última palabra del filme es el intento de suicidio de Godard y el auto-gestionamiento de su cine maoísta en el denominado grupo Dziga-Vertov que formalmente nunca iba a ser un cine popular, pero sí uno comprometido con las revoluciones, con la propaganda soviética, con la propaganda marxista.

Le Redoutable definitivamente no es una gran película, es sólo una pequeña comedia, una obra menor, un gustito pícaro del director, incluso para algunos un pastiche, ya que la película además copia un poco o, mejor dicho, juega, imitando algunas técnicas visuales de la nouvelle vague y, por supuesto, de su máximo artífice, el maestro Jean-Luc Godard. Como comedia no puede faltar bromear con la figura de Godard, a través de su historia y vida, contada de primera mano además por Anne Wiazemsky, de cómo se va haciendo imposible su matrimonio, como va destruyendo sin aflojar un centímetro al antiguo Godard, como defiende el movimiento marxista o de mayo del 68 y no tiene la simpatía de los estudiantes galos ni de los revolucionarios chinos, de cómo protestó e hizo cerrar el festival de Cannes un año, de cómo aunque hizo poco en sí en mayo del 68 anduvo en marchas y tuvo que correr de los golpes y persecuciones de los policías.

El filme muestra la cotidianidad de su matrimonio con Anne Wiazemsky que anduvo alrededor de la ideología de Godard, una fijación, donde todo debía centrarse y girar, no había espacio para olvidarse de lo terrible del mundo. Todo esto no suena malo en sí, es la preocupación por los demás, por los desfavorecidos y más sufridos, pero lo que duele y decepciona es destruir el cine como placer, como liberación, como escapismo, su libertad, su eclecticismo, su magia, su  cercanía con paradójicamente la gente de a pie, para proclamar la política, la ideología, la propaganda, el mensaje, por sobre el cine en sí, el cine ya no tiene valor para Godard como tal, la política es lo único que importa. No parece un mensaje muy cinéfilo, pero a pesar de todo lo admirable e interesante no es que un burgués y un director tan reverenciado haya echado a la basura un cine tan querido a cambio del marxismo, sino que Godard haya sido siempre él, tan auténtico, a pesar de (la banalidad de) la poderosa seducción de la celebridad y popularidad. Godard terminó enfrentando con convicción mucho rechazo.

Pero quienes aman el cine como vemos en el recuerdo que figura a Bernardo Bertolucci no necesitan dejarlo de lado en su libertad y se pueden mantener ideas socialistas, pero Godard escogió ser un radical, y lo que muestra Hazanavicius tiene su justificación –como Godard su libertad- aunque el filme lo haga desde la comedia, también único espacio para no satanizarlo, porque el filme no lo hace, no pretende tomarse demasiado en serio con su crítica, porque finalmente el cine es cosa de cada uno, y Godard también como ha defendido de manera tan digna a pesar de todo y a un punto y por una parte admirable es ante todo una persona como cualquiera, no un dios, aunque se diga que Dios también hizo mierda y la baba por el cine que dejó, su primer cine, haga tan difícil y abrumador haberlo perdido, aunque en realidad Godard vive en toda su filmografía, en absolutamente toda su variedad, y el filme no apunta a detestarle, sino a mostrar una decepción, como quien ha insultado algo sagrado, pero es alguien querido, y Godard es el triunfo de la personalidad, como hacer que su última película, Le livre d'image, una película radical, compita por la palma de oro 2018, aunque en el cartel está la nostalgia por su mejor cine, el cine hedonista.

Louis Garrel y Stacy Martin lo dejan todo en la cancha, bromean hasta con las frases afiladas de Godard, un tipo que admiraba a los estudiantes revolucionarios y sentía simpatía por cada uno de ellos aunque estos lo pifiaban y atacaban en las reuniones públicas socialistas, según vemos en el filme. Garrel y Martin convencen, en papeles exigentes, sin lograr fuegos artificiales, como tampoco los logra el filme de Hazanavicius, pero tampoco es un bodrio, permite mucho diálogo, y tiene su lado interesante y hasta –dígase placer culposo- entretenido, como cuando Godard, esposa y amigos no pueden parar de discutir en su regreso de un Cannes frustrado por Godard, vemos a un Godard muy humano, muy de a pie, y uno gracioso (como dicen que no es). Garrel expresa que es un actor malo fingiendo ser Godard, hasta ahí llega su entrega a la broma. Pero apreciando que con su interpretación se ha ganado respeto. Martin bromea también así, con la facilidad para el desnudo. El filme no es uno de cine intelectual, es de acceso mayoritario, pero su tema y eje da para pensar.

sábado, 21 de abril de 2018

The Seen and Unseen (Sekala Niskala)


Tantri es una niña muy unida a su hermano gemelo, Tantra, quien enferma y toda su familia se prepara para lo inminente. Es el sufrimiento y como enfrentan la situación la que plasma con originalidad la directora indonesia Kamila Andini. El filme recurre a la filosofía y espiritualidad de Bali, de manos de Tantri, una niña de 10 años. En el filme hay momentos que pueden leerse como sueños pero se entienden coherentes dentro de la realidad, a pesar de que tiene un toque visual creativo. Hay mucha simbología también, como el sentir de colectividad en el dolor con unos niños siguiendo la meditación de Tantri, con coreografías de identificación y repetición. El filme tiene muchas puestas en escena bastante elogiables, desde unas sencillas con esperar afuera de la habitación del hermano enfermo o bañarse junto a su madre hasta aquellas caminatas nocturnas por la hierba o esas miradas melancólicas a través de la ventana.

Hay una fuerte vigía en la niña. La enfermedad y la sombra de la muerte está por todas partes, aunque también hay momentos de luz donde Tantra participa, no solo es un eje de observación, como cuando el niño hace uso del Wayang kulit, el teatro tradicional nacional de sombras de marionetas, en el cuarto de hospital. Hay mucho folclore en el filme, expuesto con suma naturalidad. En un momento la enfermedad se siente ser la luna llena que es cubierta por las nubes, más tarde Tantri le baila a la luna. En los mejores momentos del filme vemos a Tantri hallar inspiración en su entorno, como cuando aprecia una pelea de gallos o pasea por la playa entre los monos. Surgen disfraces artesanales sencillos, pero distintivos e ingeniosos, y unas danzas que tienen una suave mística, una belleza creativa de ver y una pizca inasible.

El filme recurre a una originalidad que le funciona, aunque se siente algo distante con la trascendencia que pudiera invocar. Pero el filme luce muy imaginativo en la habilidad para retratar el dolor y la preocupación de poder perder a alguien tan importante en nuestras vidas. Recurre también a lo directo, como el llanto, pero es cuando lo vemos a través de distintos ritos que entusiasma. Romper un huevo en la mano toma un sentir de sufrimiento, como simplemente comerlo o abandonar el plato, es curioso ver los cambios que atraviesa uno por el comer. El filme está organizado alrededor de su propia identidad, como de la música, el canto reflexivo, los instrumentos (y el no poder tocarlos), comer con la mano o el arroz en hojas, o los distintos rezos e invocaciones. El filme no tiene muchos diálogos, son más composiciones que actuaciones dramáticas. Trasmite desde lo esencial, a pesar de su curiosidad, y aunque le da al mismo tema una y otra vez jamás llega a agotar.

Mochila de plomo


Un niño recibe un arma de un amigo de su edad que le dice que la guarde, pero está pronto a salir de la cárcel el asesino de su padre. Hay una influencia social criminal que pasa de entre hermanos a entre los niños y mejores amigos. Tenemos una situación de cierta precariedad económica. El corte de pelo como identidad popular, los niños jugando en grupo, las bicicletas y el fútbol, el fervor deportivo, la reunión tras la parrilla y el alcohol en la comunidad. Tomás (Facundo Underwood) es indisciplinado, pero no es un mal niño, trasmite sensibilidad aunque se comporta rebelde -rayando el carro, escupiendo del puente, fumando-, yace descuidado por su madre y tiene un abuelo mecánico distante. Tomás tiene como eje el arma que carga a todas partes en su pesada mochila, va mientras tanto preguntando cómo lo veían a su padre, cómo era, cómo fueron sus últimos días. Tiene una presión, cree entender que el mundo parece empujarlo a vengar a su padre, pero él tiene sus dudas y miedos, no quiere hacerlo, aunque algo también en su interior se lo exige. En el filme del cordobés Darío Mascambroni existe poca información alrededor de la muerte del padre. Los adultos rehúyen explicar que sucedió. El filme mantiene el arma palpitando. Se mueve en base al suspenso y la intriga, ¿qué va a suceder?, Tomás es sólo un niño de 12 años y tiene un gran peso encima, aunque es un niño que está muy libre en la vida. El filme tiene su emotividad, sobre todo porque el centro de la propuesta yace en el amor familiar, hacia los padres, hacia las ausencias. En un momento Tomás utiliza un golpe que recibió en la cara para generar la atención de su madre, es un niño en busca de afectos. El padre es un elemento de admiración, también de oscuridad, no lo conoce exactamente, de ahí tantas preguntas. La situación crece en alcance por pequeños indicios y sugerencias. Es un discurrir hacia una hora señalada. Éste filme argentino apenas dura una hora y unos minutos, pero tiene tiempo suficiente para producir un panorama completo, el niño y sus andanzas, hacia el colegio, amigos, conocidos y familiares, su barrio, momentos en que departe con todos ellos bajo la sombra del padre, al que imaginamos en diferentes personalidades o en un mix, bajo distintos recuerdos. Un gran movimiento de lo mínimo.

Persepolis y Virus Tropical


La madre de Paola se ha ligado las trompas, todos los doctores están sorprendidos porque parece estar embarazada y tiene ésta operación, le dicen que seguramente sufre de un virus tropical, pero no, está embarazada de su tercera hija. Paola es ésta hija. La película del  animador colombiano Santiago Caicedo se basa en la novela gráfica de la ilustradora e historietista también colombiana Paola Gaviria, la que se hace llamar Power Paola. La película de Caicedo se basa en una novela gráfica autobiográfica. Paola Gaviria también fue la directora de arte de la película, hizo dibujos -brindando la estructura- especialmente para el filme.

Se nota que Virus tropical (2017) se inspira en Persepolis (2007), de la franco –iraní Marjane Satrapi quien logró convertir sus novelas gráficas autobiográficas en bestsellers en Francia. Sus novelas gráficas se convirtieron en Persepolis que codirige con el galo Vincent Paronnaud y trata de la infancia de una niña hasta la adultez joven frente al cambio político en Irán, a lo que es el extremismo islámico. Virus tropical habla de cómo Paola nace hasta se hace joven adulta, de su vida diaria y común con su familia, su madre que lee la suerte y su padre que quiere seguir siendo sacerdote y deja la familia por un buen tiempo, junto a sus 2 hermanas, la del medio es su ejemplo y una segunda madre para Paola, lo mismo que vemos en Persepolis donde la abuela de Marjane, así también se llama su protagonista, le enseña mucho de la vida, forma su personalidad, como también un tío –hermano de su papá-  le trasmite su idealismo como un revolucionario socialista totalmente integro. En persepolis hay un mejor trabajo al respecto, hay mayor profundidad, pero Virus tropical mantiene una gran simpatía y empatía básica. 

La memoria de la familia es importante dice el tío revolucionario a Marjane pequeña. En Persepolis esto trasciende porque vemos los cambios políticos y la guerra en Irán, mientras que en Virus tropical es algo más propio de la individualidad. No obstante lo que nos muestra se asemeja a muchos como problemas familiares, una familia disfuncional, sobrevivencia económica, drogas, novios, inmigración, adaptación social, hallar el amor, vivir en una sociedad peligrosa, pequeños placeres y dolores de cabeza, un sinfín de momentos sencillos. Persepolis es una propuesta muy política, pero apunta a la identidad y al amor a la patria a pesar de todo -del maltrato a la libertad de uno-, al mismo tiempo es una película feminista como Virus Tropical, también ambas son historias coming of age y ahí, sin haber demasiado como en Virus tropical que se centra en la vida común de Paola y su crecimiento, Persepolis es más potente, entretenida y simpática, con una Marjane amante del punk que igualmente busca el amor con pretendientes que luego la desilusionan. Pero como es un filme político incluye el divorcio que está mal visto en su sociedad, pero a la vez se adscribe a la mirada común hacia la mujer en general, de cómo son vistas tras saber que ya han tenido sexo.

La abuela de Marjane impone feminismo y eso lo recoge la protagonista. Paola es mucho más simple, una chica muy común, que pasa de vivir en Quito, Ecuador, a ser una adolescente en Cali, Colombia. Trata de independizarse, algo –muy pequeño- influye la disfuncionalidad familiar, pero en Persepolis la situación política empuja a esta independización haciéndola madurar más rápido a Marjane que además es muy graciosa y cool. La lucha entre propia personalidad, política y realidad nacional afloran todo el tiempo, se combinan, formando un quehacer más definido y argumentado que en las raíces ecuatorianas de Paola viviendo en Colombia. Marjane con cada cosa que hace más que un acto de rebeldía juvenil es un acto de libertad, de derecho y esto hace grande al producto, de forma natural, con la misma espontaneidad que es la base y el mayor logro de Virus tropical.

La rebeldía juvenil está en Virus tropical, aunque Paola es una chica más centrada que el resto y se maneja bien en sus experiencias de crecimiento –novios, poder adquisitivo, drogas, integración social- pero es algo muy común, en sí Virus tropical es un recuento por la vida general de todas las personas con algunas diferencias como el apego religioso del padre que genera cierta ambigüedad pero que no trasciende. Esto tiene originalidad, pero en Persepolis lo religioso es histórico y cargado de tremendo conflicto por lo que la comparación es abismal. Marjane de chica habla con Dios, hasta termina peleando con él y más tarde reconciliándose, la adolescencia la pasa en represión por dogmas extremos. Persepolis habla de temas que hoy conocemos bien, pero su trato es muy creativo e imprime originalidad. Virus tropical también tiene su parte de creatividad, pero se siente mucho menos. Persepolis proclama la libertad, el feminismo, la independencia, la individualidad, occidente –reflejo de nuestro derecho al hedonismo- vive en nuestra libertad pero se ama -se mantiene en el corazón- al propio país, Virus tropical es también reflejo de su realidad –centrada en la familia-, de nuestra idiosincrasia, cotidianidad, de cómo piensa y actúa un latino sencillo y promedio.


Para hacer ésta película de 90 minutos de duración el austriaco Johann Lurf requirió de más de 500 filmes y los ordenó de manera cronológica. El título es simplemente el símbolo de una estrella, que es de lo que trata, se aboca a poner fragmentos de cielos estrellados sacados de todo tipo de películas, de aventura, terror, suspenso, religiosas, ciencia ficción, románticas, musicales, experimental, hasta de animación -pero no se nota casi la diferencia con las de ficción-. Lo que no incluye es documentales, lo cual hubiera sido más fácil y quizá poco original. Comienza desde el cine silente, lo cual desconcierta un poco por su precariedad. En cambio cuando aparecen las bandas sonoras empieza también un juego y un disfrute, una cierta identificación. Las bandas sonoras, los sonidos, las voces en off en distintos idiomas dan distinción a cada fragmento. También es importante lo visual, como complemento, fusión, destaque. Vemos diferentes explosiones galácticas, viajes a la velocidad de la luz, estrellas fugaces, el espacio, el firmamento, la galaxia, gas y polvo interestelar, nubes, luz. Aunque el eje temático –la ilustración de las estrellas en la historia del cine, que Lurf ha dicho continuará actualizando- pareciera algo pequeño y sencillo hay sorprendentemente una gran variedad. Está desde lo más simple y utilizado, un fondo negro y minúsculos puntos brillantes, a lo más elaborado y bello visualmente. En uno de los mejores momentos del filme, bien avanzado el metraje, surge el silencio total, la pantalla yace en negro y empieza a verse muy lentamente, de a pocos, pequeños brillos, aparecen las estrellas, es algo místico. El filme nos hace experimentar muchas sensaciones, que incluyen el entretenimiento en un filme muy curioso y cinéfilo. Se oyen a los Rolling Stones, sobresale muy claramente el habla en japonés, hay una voz en off en español, la sombra de Star Wars asoma por doquier –tiene sonidos que parecen repetirse-, en el juego difícil de la adivinanza, pero es más el dejarse llevar por la creatividad de la variedad de un tema tan sencillo, el mirar hacia las estrellas.

miércoles, 18 de abril de 2018

Azougue Nazaré


El filme del brasileño Tiago Melo se sitúa en Nazaré da Mata, Pernambuco, una zona rural, donde es muy importante el maracatu, tradición afrobrasileña de baile y música que se celebra como carnaval y es fuente de identidad y hedonismo. El protagonista, un hombre grueso de color, ama ésta tradición, pero su mujer lo restringe, también porque él se convierte en Catita, se traviste y se comporta con desorden. Su mujer, Darlene, es muy religiosa, asiste donde un pastor evangelista que detesta el maracatu, éste lo ve como un lugar de pecado. Pero el filme satiriza el fanatismo religioso, a lo Pasolini, hace que el cura se avispe y trate de cumplir un sueño de Darlene donde ella debe tener un hijo con el pastor. Ésta propuesta tiene esa lucha, entre religión y carnaval, aunque la mayoría de la población participa del maracatu. Mientras todo esto sucede hay una atmósfera de ciertos acontecimientos sobrenaturales, en que gente del campo se viste como salidos de tribus y se dedican a secuestrar gente haciendo ritos populares. El filme es bastante variopinto y algo extravagante. Tiene un sentido del humor que pondrá a prueba nuestro convencionalismo. Hay mucha juerga y cotidianidad, como la introducción de batallas de samba, que imitan las batallas de rap en que uno trata de decir la última palabra audaz frente a algún contrincante, revelando lo que al otro le tortura, y como están en un pueblo chico todo se sabe, pero de todas maneras no faltan las sorpresas como aquella joven mujer morena casada con un cerrajero que tiene un amorío con un músico. El filme muestra el tonteo de los amigos de Catita, todos amantes de la fiesta, del maracatu. La religión y la superstición ponen la nota discordante. El pastor es visto como un extremista. Es un filme loco, como su protagonista, lleno de humor y escenas llamativas, como la de la mulata teniendo sexo en el carro o los secuestradores paganos que parecen extraterrestres corriendo detrás de sus presas como historia de terror por los sembríos de caña.

Teatro de guerra


Es un documental algo especial, plantea hacer performances, poner a actuar a veteranos de la guerra de las Malvinas, o la guerra de las islas Falklands, según como la conocen a cada lado del conflicto. La directora argentina Lola Arias como actriz, performer y directora teatral hace que veteranos argentinos e ingleses actúen para ella haciendo una película a ratos extravagante, pero que ausculta los sentimientos de haber participado en ésta guerra. Los veteranos se manifiestan desde el lado humano, e igualmente exponen sus buenos argumentos y cada lado siente que tenía la razón, se habla de colonialismo británico y de la sucesión del colonialismo español, de la ocupación armada británica de 1833 o del primer ataque –por Argentina- por la recuperación de las islas, también del plebiscito.

Más allá de argumentaciones personales y una fuerte carga emocional unida no sólo a nuestra sensibilidad general, también a su país, se ve camaradería entre ingleses y argentinos, se prestan para el juego que busca la película. Hay muchos ratos graciosos y otros irreverentes, muy propios de la labor artística de las perfomances. Se ve como hay una elección de cierta gente excéntrica o predispuesta a mostrar un lado infantil. Éstas performances llevan una carga de seriedad y otra hasta de la que se le escapa de las manos, chacotera, con adultos envueltos en una temática sí, pero también prestos a cierta espontaneidad desbocada.

Tenemos a un nepalí, un voluntario militar al servicio británico, que enseña un ataque con cuchillos en una puesta en escena con un perro interrumpiendo la demostración. Éste hombre ya mayor muestra un desgaste y sus exhibiciones son muy precarias, pero tiene un espíritu fuerte y empático que se gana al espectador. Un veterano argentino en buen estado físico cuenta su cercanía con la natación en un acto de liberación existencial, lo vemos como señala el título del filme actuar como en un teatro y recrear su momento de epifanía. Un inglés conocido por haber llorado una experiencia de guerra en un popular documental revela una y otra vez que es llevar ese peso encima –el de la muerte- e incluye el de la notoriedad.

El documental se presta a trasmitir un legado, una memoria, le enseña literalmente a los niños lo que fue aquella experiencia como psicología, también le pasa la antorcha a la nueva generación de aspirantes militares. El filme tiene un lado bélico marcado que es mostrado a ratos más como curiosidad que como algo profundo. Son un montón de momentos llamativos, fuera de lo común, pero expuestos con suma sencillez y austeridad. También aparecen en escenarios básicos, como un set de televisión. Se percibe la intención de querer abarcar lo íntimo, hasta lo más mínimo, como cuando se revelan pensamientos personales sobre razones y manejos para hacer éste documental.

Una banda de música de rock formada con todos los veteranos presentes promueve el espectáculo o llámese la unidad; el dolor de la mala vida por trauma asoma a ratos a la vez que el orgullo y la identidad con lo militar per se; un tipo se desnuda como si estuviera en una fiesta alcoholizado; alguien enseña defensa personal. Se intenta dar a entender que somos ante todo seres humanos y no nacionalidades, un cúmulo de emociones y locuras, como lo es la misma guerra. Puede sentirse como que va a saltar la fricción entre argumentos, porque muchos lo tienen muy claro y no parecen querer dar su brazo a torcer, pero prima y brilla cierto primitivismo amical, la simpatía y la ocurrencia. También un legado de humanidad.

domingo, 15 de abril de 2018

Morgiana


El checo Juraj Herz es un director bastante atrayente en el cine de terror, sobresalen en especial tres de sus películas. La mejor de las suyas es El incinerador de cadáveres (1969), una película de horror, pero también cine arte complejo, cargado de estilo y detallismo, sobre un incinerador amante de la muerte que pasa de ser un inofensivo extravagante a un insano partícipe del Holocausto en su país. Otra es La virgen y el monstruo (Panna a netvor, 1978), una adaptación del cuento de la bella y la bestia, bajo una ilustración gótica, pero también algo sucia y violenta, con un monstruo con cuerpo de pájaro que habla consigo mismo como un psicótico en pugna por su humanidad, que por el amor aparentemente imposible de una dama bondadosa e impoluta sufre doblemente su bestialidad, su fealdad física, pero por ella trata de ser diferente a su naturaleza animal y controlar sus trastornos producto de verse rechazado por el mundo. La tercera es Morgiana (1972).

Morgiana nos pone a dos hermanas, interpretadas por la misma actriz, Iva Janzurová, que por el maquillaje y color y forma del cabello increíblemente parece dos personas distintas, uno fácilmente las puede confundir por físicamente individuales. El filme juega con la dualidad, a dos personalidades, psicologías, que escenifican una, aunque en la trama se trata de dos personas, pero una está muy unida a la otra. Viktorie envidia a su hermana Klára, envidia su belleza y sensualidad, sus apasionados encuentros sexuales, su fortuna y propiedad, ya que ella ha recibido la mayor parte de la herencia familiar. Viktorie planea matarla y la envenena lentamente, ocasionándole alucinaciones, distorsiones.

En el trayecto vemos que Viktorie odia prácticamente al mundo, está insatisfecha de todo, la observamos apedrear a una mujer por ser simplemente bella, por yacer libre y desnuda bañándose a la intemperie con otras féminas. Viktorie tiene una cierta locura a cuestas. Klára es libre y superficial, pero una buena persona al final, está feliz con su existencia y vive despreocupada. La hermana en cambio sufre cada minuto. Una representa el placer, la otra el dolor, dos caras capitales de nuestra humanidad.

El filme de Juraj Herz estéticamente es exagerado, es muy abundante en todo sentido, gótico pero con su toque de mal gusto, todo lo que hace del filme un lugar de originalidad visual, más no como se pudiera pensar de daño o asco estético. Como curiosidad está decir que Morgiana es el gato de Viktorie quien observa toda la maldad de su ama, nos ponemos en varias oportunidades aunque de manera sencilla desde la vista del animal que pareciera seguir cada acto cruel de Viktorie. En el filme hay un quehacer de cine B, como que la muerte no es determinante por más que antes, el último suspiro, ha sido muy claro. Se hace un especie de juego de ruleta rusa donde el veneno apunta a matar y se escabullen las predicciones.

El galán del filme, un militar, juega a las cartas con habilidad y pasea con compañeros alcoholizados y con prostitutas. No obstante el galán enamorado finalmente rechaza acostarse con una puta, que no aguanta la negativa y le arma un espectáculo. El filme tiene un cierto sabor barato, donde abunda el color. En un momento Klára se topa con un vagabundo y éste intenta emborracharla y violarla. Una mujer chantajea a Viktorie, se dan –entre éstas dos brujas ambiciosas y amorales- unos diálogos jugosos, aun cuando huelen a telenovela, a su grandilocuencia expresiva y emotiva. La desesperación toma otro nivel en el filme, en la vida de Viktorie. Es como si Herz se propusiera utilizar todo lo malo y convertirlo en arte, sin perder el sentido popular, por más que estemos viendo gente adinerada.

El comportamiento es medio salvaje en el filme, camuflado en ciertas formas. Esta propuesta recuerda indefectiblemente a What Ever Happened to Baby Jane? (1962). Un poco lo malo del filme es la banda sonora, ayuda en varios momentos, pero su omnipresencia llega a molestar, a hacerse sentir demasiado. Por ratos es hasta incongruente, un rasgo más de esas fusiones “inverosímiles” propias de éste genial director checo.

sábado, 14 de abril de 2018

Súper Cóndor


La película de Alejandro Nieto Polo es muy básica y no presenta mucha originalidad, pero es a la vez la primera película de superhéroes del Perú y tiene su entretenimiento. Pedro (Gerardo Zamora) es un contador y padre soltero que va de visita a su pueblo, a Marcahuasi, y halla un cuarzo mitológico incaico que le señala súper-poderes y su destino trazado, convertirse en Súper Cóndor, con lo cual podrá volar, llevar un especie de boomerang para pelear, ser ágil y más fuerte de lo normal y recuperarse fácilmente de las heridas. La entrada al protagonista es muy rápida, sin prácticamente preámbulo, pero eficaz. En ello hay una línea graciosa. Una voz de leyenda le dice a Pedro: Eres el elegido. Pedro responde: Ya pues, no bromees.

El filme tiene mucha acción, hay una lucha de bandos de narcotraficantes y políticos corruptos, que incluyen al presidente de la república. Hay una balacera en el centro comercial Arenales y una persecución en la carretera panamericana. También hay rostros conocidos del medio aunque en roles muy secundarios como el de Reynaldo Arenas que hace del padre de Pedro y Antonio Arrué como un jefe de la policía, otro corrupto o intimidado por la corrupción. Mayella Lloclla hace de periodista y la parte sentimental de la trama, paseando por restaurantes a manera de comercial publicitario de televisión.

Los narcotraficantes se dejan ver con chicas sexys y oímos salsas de fondo, el lado y sabor criollo está servido. José Luis Ruiz es el Mayor Martínez y aliado de Súper Cóndor. Aunque hay corrupción policial también policías honestos y valientes. Súper Cóndor (2016) tiene balaceras breves, secuestros, torturas, venganzas y un sinfín de actos criminales, que hasta en un momento se baten los delincuentes desde varias posiciones, con Súper Cóndor y el Mayor Martínez fuera del conflicto. El aporte del superhéroe en sí es muy primario, muy convencional, todo muy conocido. Pero está decente visualmente. Willy Méndez como la mano derecha del congresista corrupto (Havier Arboleda) es el malvado con mayor carisma, parece aunque simple parte de un cómic. Zamora recuerda la bondad e inocencia de Superman, es sumamente correcto. El mensaje es claro, luchar contra los corruptos en todas las capas sociales, mejorar la paz de la ciudad y los valores y la identidad del país.

No Me Digas Solterona


Patricia (Patricia Barreto) tiene 35 años y piensa en casarse, tiene cerca de 15 años de pareja y espera le pidan matrimonio, pero su pareja (Diego Carlos Seyfarth) la sorprende pidiéndole un tiempo de separación, y más tarde descubre que es porque sale con una chica de 20 años (Flavia Laos). El filme se enfoca en que a Patricia se le está pasando el tren cuando se ha quedado sola, pero el filme tomará otro giro, será que quererse a uno mismo es que no importa el apelativo de solterona y que no es necesario casarse o tener un hombre en especial.

De esto trata la comedia de Ani Alva Helfer, tras su debut El Beneficio de la Duda (2015), que fue una película de suspenso donde una mujer (Fiorella Rodriguez) anda con un tipo casado y es acosada una noche por un plan siniestro en manos de un hombre que se hace pasar por policía (Ricky Tosso). Éste debut tenía una cierta gracia, aunque era bastante sencillo.

La nueva película de Alva Helfer se hace “graciosa” mostrándonos el cambio en la vida de Patricia y como trata de salir de la depresión de la ruptura, frente a sus jefes y compañeros de trabajo -Marisol Aguirre, Adolfo Aguilar y Maricarmen Marín-, su madre -la mexicana Angélica Aragón- y la ayuda de sus tres mejores amigas -Yiddá Eslava, Natalia Salas y Anahí de Cárdenas-. La interactuación con las amigas brinda algunos buenos momentos de risa.

El filme es muy pegado a la realidad peruana, de cómo solemos pensar y actuar, por ende tiene mucho de lugar común, que se maneja con realismo y cierta creatividad funcional, incluso en las oportunidades donde los grandes amigos del ex -Javier Saavedra y Rodrigo Sánchez Patiño- y Patricia y sus leales amigas se reúnen, ya que pertenecen al mismo grupo de amistad. Con esto queda un vínculo en que hombres y mujeres aman a sus parejas pero ellas se sienten fuertemente identificadas con el abandono de Patricia, mientras hay un respaldo incondicional al amigo por los hombres. De aquí salen algunas otras buenas bromas de alcoba.

Patricia busca nueva pareja, tiene distintos pretendientes -Gino Pesaressi, Claret Quea y Christian Rivero- y nuevamente se dan bromas. Tras dar prioridad a la belleza física se pasa a quitarle peso en el amor o, mejor dicho, a priorizar la compatibilidad, a propósito de engordar. La juventud y la diferencia de edades en una relación es otro tema en discusión aunque se trate de forma superficial en medio del chascarrillo y el lugar común. Natalia Salas hace de una mujer liberal y sexy y juega a andar con un chico menor, pero da apertura a una relación seria, con lo que no siempre se apunta a criticar ésta situación, aunque como Natalia Salas es aun joven y bella todo pasa sin pena ni gloria. Con El Mota y con Belén -la chiquilla de 20-, en cambio sí hay un quiebre e imposibilidad por incompatibilidad generacional.

Uno de los pretendientes es el ideal, el tipo perfecto, y no se maneja con mayor alcance, está para generar una opción, una posibilidad feliz. También hay otro “pretendiente” ideal en José (André Silva), pero éste sí está bastante trabajado. Este personaje tiene mayor naturalidad que los demás, es más parecido a la propia Patricia, hace de consejero de a pie sobre el comportamiento masculino y cómo debe actuar la mujer frente a éste. Es el mejor personaje del filme. Muestra buenos matices. Incluso remonta muy bien la vulgaridad inicial; se llega a señalar en un diálogo un lado tosco en él propio de cómo son los amigos.

La propuesta empieza como una mezcla de comedia y cierto drama que es donde mantiene un mejor nivel, a pesar de que yace en busca de posicionarse, cuajarse, que ciertamente lo logra. Pero por el final la película se vuelve seca, pierde el tono cómico y termina proclamando un discurso, abocada a ser una película de autoayuda, como si el guion no mostrara personas sino que están dispuestos los personajes para hacer oír nuestro pensamiento, nuestro mensaje “revolucionario”, redentor, con lo cual pierde en calidad estructural y narrativa, como cuando Belén se autocritica de una forma totalmente irreal, aun cuando al personaje le han dado algo de humanidad. La última parte es la peor, salvo uno espere hallar una película que le haga sentir bien de manera tan directa. Cero sutilezas. Es hallar una empatía de lo más básica. Por un momento ya no estamos viendo un filme, estamos oyendo un flagrante discurso. El filme pasa por ser una voz muy femenina. Finalmente es una comedia que tiene su encanto nacional, identidad -que nunca pierde de distancia- y no es burda –aunque retrata a la clase media–media alta y muchos se romperán las vestiduras-.  

miércoles, 11 de abril de 2018

Un lugar en silencio (A Quiet Place)


Unos extraterrestres han dominado el planeta y para sobrevivir las personas no deben emitir ningún sonido, por más pequeño que éste sea, los extraterrestres destruyen a los seres humanos en cuanto los perciben, pero son ciegos y se guían por el ruido. En esas circunstancias una familia trata de sobrevivir. El padre (John Krasinski) y la madre (Emily Blunt) plantean la preocupación de cuidar a sus hijos, hiperbolizando la situación normal del amor maternal y paterno. Los padres sufren pensando en el porvenir de sus hijos. El filme arranca aún más grave todavía, cuando el hijo pequeño es asesinado por uno de los monstruos. La sensación de culpa acompaña su recorrido y la atención se duplica.

La primera parte del filme es no emitir sonido, se mantiene el suspenso, la muerte asecha al mínimo error. En la segunda parte empieza la acción, se desencadenan secuencias muy bien preparadas y ejecutadas. Un clavo brilla por su premeditación. En la bañera la madre va a dar a luz y no puede gritar, el escenario es tenso y sublime. Los monstruos están cerca. Así, secuencia tras secuencia abunda la emoción. En la caminoneta los hijos están a la merced de los extraterrestres y surge una acción desesperada, aunque mecánica y predecible para tanto background cinematográfico. Krasinski un actor cómico hace gala de un buen histrionismo, se vuelve un conductor y protector melodramático efectivo. Blunt y la hija que hace Millicent Simmonds sobresalen al respecto, provocando gloriosos momentos emotivos. La familia ama y muere por cada uno de sus integrantes.

El filme que dirige John Krasinski tiene cohesión entre la responsabilidad de ser padre y la amenaza sobrenatural de la muerte. En una escena el padre enseña a su hijo (Noah Jupe) a ser valiente a pesar de la adversidad, le trasmite seguridad, con la pequeña caída de agua. Los monstruos están muy bien manejados, recuerdan al uso de la saga de Alien. El final aunque se va preparando no luce excepcional ni especialmente argumentado, tan sólo correcto. Termina con el remate clásico de que ya la humanidad está preparada para hacer frente a los monstruos, tienen el valor correspondiente, ya no se trata de ser sigiloso, que es parte trascendental de la propuesta, que lleva un uso magistral del silencio y la amplificación de sonidos en especial. A quiet place (2018) es memorable en su lenguaje de señas y falta de diálogo, creando mucho suspenso y luego mucha acción, como con la inundación del sótano y el ruido del llanto del bebé que atrae el miedo y la zozobra, la obra del peligro latente.

martes, 3 de abril de 2018

Ready Player One


Steven Spielberg es un gran nombre del entretenimiento y el cine en pantalla grande, así que casi cualquier cosa que se le ocurra hacer por ser él será motivo para que asista a ver lo que ha hecho, y lo que ha hecho es un cine familiar y juvenil. Ha puesto de escenario un mundo virtual llamado el Oasis, creado por un hombre amante de la cultura popular americana, como el mismo Spielberg, llamado James Halliday (Mark Rylance).

El filme es un juego virtual, es estar inmerso en un videojuego lleno de referencias pop, de la música, el cine, la literatura, el cómic, el anime, los mismos videojuegos o la televisión. Hay pasajes muy logrados como el que utiliza de base El Resplandor (1980). El héroe virtual se hace llamar Parzival (Tye Sheridan), tiene una vida conflictiva y humilde en la realidad, y se escapa en el mundo virtual, aunque en él hay una pasión por el mundo de Halliday. Parzival es un personaje propio de su edad, alguien poco meditativo, aunque no sea ningún chico rebelde ni frustrado, es como cualquier muchacho, lleno de alegría y vida, y de superficialidad. A él por el tipo de personalidad y el manejo de su conducta le queda perfecto el mensaje final de Halliday, que busque despegarse del mundo virtual y ame la realidad, a pesar de que suena algo contradictorio, porque la vida de Parzival no es muy amable.

La parte real parece ser un mundo post-apocalíptico, tener el planeta destruido, como si refugiarse en lo virtual fuera una salida necesaria para poder tener una mejor vida. Pero luego esto queda desmentido, y se ve más bien que la gente está ciega por jugar, simplemente buscan el placer virtual, cosa que luego se descubre no hizo feliz al inventor en cuanto a su propia vida, que fue un hombre solitario y fracasado social que finalmente había desperdiciado su vida en lo virtual, y que debió de aprovechar más el mundo tal cual, como salir a bailar y ser menos nerd. Parzival y sus amigos son chiquillos, y se aplican a éste mensaje, de que deberían jugar en el mundo real, que es más valioso que el virtual nos dice el filme.

El filme es puro entretenimiento, a eso se aboca, sólo difiere en donde debemos andar más, es el llamado de lo natural, del pasado, de la tradición. Al final Hallyday agradecerá a quienes jugaron su juego, implicando humildad y melancolía, se irá tipo perro triste, mismo final de Big (1988), dejando entrever que su mundo virtual tampoco es tan malo, pero no representa la verdadera felicidad. Hallyday a pesar de la edad –no luce físicamente natural- es como un muchacho más, un tipo común, y no el semidiós que se ha ganado ser con su creación. Visualmente es un filme impresionante, hay tantas referencias en pantalla que hasta abruma, aunque hay semejante abundancia que pierde cierta estética y toma una presencia kitsch. Además no todos los avatares por computadora lucen cautivantes.

La trama consiste en que una vez muerto Hallyday deja un juego donde los participantes –apunta a toda edad, pero en adultos con pelo en pecho se luce un poco ridículo- deben hallar tres llaves, tras tres acertijos mediante un juego de acción, donde entra a tallar un mundo más que de sci-fi del género de fantasía. El que encuentre las tres llaves ganará el premio mayor que es la fortuna de Hallyday con la que se podrá acceder al control del Oasis, en que los retos implican el significado de la felicidad.

Entra a tallar también que éste lugar virtual que aman todos jugar es una empresa, de lo que queda flotando en el aire que uno debe recurrir a la esencia, a lo básico, en una clara crítica al futuro, a la tecnología y al propio entretenimiento. Como también es una película de aventura no faltan los villanos gestores de acción, guiados por Nolan Sorrento (Ben Mendelsohn) y su tropa de mercenarios virtuales salidos de lo casual. Sorrento ambiciona el Oasis, pero lo ve sólo como un negocio, no ama ni conoce demasiado lo pop –es un frío y monetario empresario-, por ende se entiende que tampoco ama a la gente. Es gracioso ver que Sorrento era el que servía los cafés como practicante en la empresa de Hallyday.

En un mundo que ama las referencias Ready Player One (2018) tiene las fichas ganadoras, desde una carrera de vehículos que incluye la moto de Tron (1982), el DeLorean de la trilogía de Volver al futuro, el auto de la película de terror Christine (1983), la camioneta de la serie de tv The A-Team, el batimóvil de la serie de los 60s y la moto de Akira (1988) en medio de la persecución de un T. Rex de Jurassic Park (1993) y de King Kong, hasta El gigante de hierro (1999) despidiéndose a lo Terminator 2 (1991) o un Goro (Mortal Kombat) explotándole el pecho por un xenomorfo pequeño, como en Alien (1979).

domingo, 1 de abril de 2018

La hora final


El filme de Eduardo Mendoza se basa en la captura de Abimael Guzmán, líder terrorista de Sendero Luminoso, a manos del GEIN, grupo de inteligencia de la policía peruana. La propuesta mezcla ficción con hechos reales. Pero es más entretenimiento, lo cual está muy bien, es un buen thriller. Los protagonistas son 2 policías, Gabriela Coronado (Nidia Bermejo) y Carlos Zambrano (Pietro Sibille), ambos fingen ser pareja para vigilar casas de posibles terroristas.

El filme tiene mucha acción, muestran al SIN, Servicio de Inteligencia Nacional, como secuestradores y torturadores, que dificultan las labores del GEIN, y desconfían de sus policías. Estos generan mucho juego con Zambrano y Coronado, culpa de que Coronado tiene a un hermano terrorista, pero quiere salvarlo. Zambrano enamorado de ella duda en entregarla. Zambrano también tiene su propia historia en la separación de su hijo adolescente y lo mal que se lleva con su ex mujer (Katerina D'Onofrio).

El filme tiene bien insertada la realidad de los pasos que llevaron a la captura de Abimael Guzmán, mientras va moviéndose a través de los problemas de la pareja de policías que tienen momentos que desaparecen como aparecen, por completo. El guion es potente, intenso, desde aquella explosión del coche bomba, la imagen de la tortura con la mujer colgando del techo y sus senos al aire, y el cuerpo arrojado al mar. Ésta película propone un buen toque de tensión y un desarrollo violento. En los intermedios hay risas y camaradería de los compañeros del GEIN, encabezados por Bernales (Toño Vega).

El filme tiene un manejo visual muy fotogénico aun siendo algunos lugares pobres, hay control en ese aspecto, con la toma de la casa en el cerro o la panorámica del encuentro del ente del gobierno con Bernales. El filme tiene una estructura sencilla al igual como son los diálogos que tampoco exageran con la campechanía ni la jerga. Es un filme muy bien calculado y decentemente estético, pero finalmente austero y práctico en general. Algo que siempre llama la atención en nuestro cine son la recreaciones de personajes famosos, como ver a un Abimael Guzmán propio de ésta película y es notable su parecido, no cae en la mala broma.

No se trata de un filme espectacular, es más medido en cuanto a la realidad, prefiere ser más modesto en su creatividad, recurriendo al thriller, pero con hechos más bien pequeños, resueltos de manera total y marcada, como para que no queden dudas. Tiene un aire bien peruano, como la escena de Coronado y su hermano ideologizado peleados en el puerto con música andina de fondo, dos ayacuchanos sufriendo por el terrorismo. La propuesta de Mendoza sigue una tradición de cómo hacer cine en nuestro país, pero con mayores recursos. Es una historia bien narrada, competente, aunque asumiendo poco atrevimiento.