sábado, 14 de abril de 2018

No Me Digas Solterona


Patricia (Patricia Barreto) tiene 35 años y piensa en casarse, tiene cerca de 15 años de pareja y espera le pidan matrimonio, pero su pareja (Diego Carlos Seyfarth) la sorprende pidiéndole un tiempo de separación, y más tarde descubre que es porque sale con una chica de 20 años (Flavia Laos). El filme se enfoca en que a Patricia se le está pasando el tren cuando se ha quedado sola, pero el filme tomará otro giro, será que quererse a uno mismo es que no importa el apelativo de solterona y que no es necesario casarse o tener un hombre en especial.

De esto trata la comedia de Ani Alva Helfer, tras su debut El Beneficio de la Duda (2015), que fue una película de suspenso donde una mujer (Fiorella Rodriguez) anda con un tipo casado y es acosada una noche por un plan siniestro en manos de un hombre que se hace pasar por policía (Ricky Tosso). Éste debut tenía una cierta gracia, aunque era bastante sencillo.

La nueva película de Alva Helfer se hace “graciosa” mostrándonos el cambio en la vida de Patricia y como trata de salir de la depresión de la ruptura, frente a sus jefes y compañeros de trabajo -Marisol Aguirre, Adolfo Aguilar y Maricarmen Marín-, su madre -la mexicana Angélica Aragón- y la ayuda de sus tres mejores amigas -Yiddá Eslava, Natalia Salas y Anahí de Cárdenas-. La interactuación con las amigas brinda algunos buenos momentos de risa.

El filme es muy pegado a la realidad peruana, de cómo solemos pensar y actuar, por ende tiene mucho de lugar común, que se maneja con realismo y cierta creatividad funcional, incluso en las oportunidades donde los grandes amigos del ex -Javier Saavedra y Rodrigo Sánchez Patiño- y Patricia y sus leales amigas se reúnen, ya que pertenecen al mismo grupo de amistad. Con esto queda un vínculo en que hombres y mujeres aman a sus parejas pero ellas se sienten fuertemente identificadas con el abandono de Patricia, mientras hay un respaldo incondicional al amigo por los hombres. De aquí salen algunas otras buenas bromas de alcoba.

Patricia busca nueva pareja, tiene distintos pretendientes -Gino Pesaressi, Claret Quea y Christian Rivero- y nuevamente se dan bromas. Tras dar prioridad a la belleza física se pasa a quitarle peso en el amor o, mejor dicho, a priorizar la compatibilidad, a propósito de engordar. La juventud y la diferencia de edades en una relación es otro tema en discusión aunque se trate de forma superficial en medio del chascarrillo y el lugar común. Natalia Salas hace de una mujer liberal y sexy y juega a andar con un chico menor, pero da apertura a una relación seria, con lo que no siempre se apunta a criticar ésta situación, aunque como Natalia Salas es aun joven y bella todo pasa sin pena ni gloria. Con El Mota y con Belén -la chiquilla de 20-, en cambio sí hay un quiebre e imposibilidad por incompatibilidad generacional.

Uno de los pretendientes es el ideal, el tipo perfecto, y no se maneja con mayor alcance, está para generar una opción, una posibilidad feliz. También hay otro “pretendiente” ideal en José (André Silva), pero éste sí está bastante trabajado. Este personaje tiene mayor naturalidad que los demás, es más parecido a la propia Patricia, hace de consejero de a pie sobre el comportamiento masculino y cómo debe actuar la mujer frente a éste. Es el mejor personaje del filme. Muestra buenos matices. Incluso remonta muy bien la vulgaridad inicial; se llega a señalar en un diálogo un lado tosco en él propio de cómo son los amigos.

La propuesta empieza como una mezcla de comedia y cierto drama que es donde mantiene un mejor nivel, a pesar de que yace en busca de posicionarse, cuajarse, que ciertamente lo logra. Pero por el final la película se vuelve seca, pierde el tono cómico y termina proclamando un discurso, abocada a ser una película de autoayuda, como si el guion no mostrara personas sino que están dispuestos los personajes para hacer oír nuestro pensamiento, nuestro mensaje “revolucionario”, redentor, con lo cual pierde en calidad estructural y narrativa, como cuando Belén se autocritica de una forma totalmente irreal, aun cuando al personaje le han dado algo de humanidad. La última parte es la peor, salvo uno espere hallar una película que le haga sentir bien de manera tan directa. Cero sutilezas. Es hallar una empatía de lo más básica. Por un momento ya no estamos viendo un filme, estamos oyendo un flagrante discurso. El filme pasa por ser una voz muy femenina. Finalmente es una comedia que tiene su encanto nacional, identidad -que nunca pierde de distancia- y no es burda –aunque retrata a la clase media–media alta y muchos se romperán las vestiduras-.  

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