martes, 20 de junio de 2017

Vers Madrid: The Burning Bright

El documentalista francés Sylvain George filma el Movimiento 15-M, movimiento pacífico de protesta realizado en Madrid a raíz de un 15 de mayo del 2011. En este vemos por una parte, en un inicio, una especie de fiesta a lo Woodstock, pero sin drogas ni desenfreno hippie, con jóvenes aglutinados para protestar mientras cantan, bailan y se entretienen, como dice un extraño orador, para que no se aburran. Luego esto terminará en la represión del estado y la policía, donde se torna un poco violento el panorama y surge el desencanto.

El 15-M, por lo que vemos en el documental de Sylvain George, está plagado de oradores improvisados, lo cual denota autenticidad en el movimiento, no se trata de políticos encubiertos haciendo campaña para próximas elecciones o intentos políticos de lucirse, hacerse notar y conseguir beneficios más tarde, la política suele estar repleta de oportunistas y mentirosos. Esa improvisación tiene un lado negativo también, se le da pantalla a mucho tipo extravagante y poco serio, que parecen salidos de un teatro de variedades.

Sylvain George trata de exhibir lo atípico, lo curioso, en su documental, y cae mucho en lo poco atractivo, en lo intrascendente, generando más bien lo contrario a lo que busca, desinterés. Se entiende que trata de no mostrar el producto solo como un documental político tradicional, informativo, insulso, propio de la sencillez de un noticiero, sino pretende algo mucho más artístico, como se aprecia en esas construcciones de imágenes de  complemento -como collage- que intentan apaciguar, otorgar orden, a la suma espontaneidad y el caos –aunque pacifico- que ha filmado del 15-M. El intento artístico no es mucho en el filme, tampoco está muy conseguido, los insertos de apoyo o complemento lucen en parte arbitrarios, gaseosos y distantes en su búsqueda de metáforas. Finalmente el filme se rinde al material in situ y a la fluidez del momento.

El filme tiene momentos delirantes, como ver a dos hombres quitarse la ropa y quedarse completamente desnudos gritándoles reclamos y explicaciones a la fila de sordos y firmes policías. Es una película curiosa a fin de cuentas, más allá de tener o no material realmente atractivo, es como decir que es lo que hay, y esa naturalidad tiene valor. Se agradece que no sea cine de propaganda, o un cine calculadamente ideológico, se entiende lo que el 15-M defiende, contra quienes luchan, aunque el documental adolezca de mejor efecto. Le falta un balance ciertamente, está demasiado abandonado también, pero es un documental que se aleja de lo tradicional, como de lo racional, y explora lo esencial, lo auténtico y lo primitivo.  

domingo, 18 de junio de 2017

Personal Shopper

Personal Shopper, del galo Olivier Assayas, nada entre lo interesante y lo ridículo, en la que es una historia de fantasmas mezcla de terror, de The Devil Wears Prada (2006), de realismo como un thriller/misterio, y de la obsesión del gran Harry Houdini, por entablar comunicación con los muertos. Kristen Stewart ha pasado de ser una popular estrella mainstream con productos de dudosa calidad -La saga Crepúsculo- a una musa del cine arte y un poco una estrella del cine europeo gracias al mismo Assayas y su intervención en la película anterior de éste francés, Clouds of Sils Maria (2014), con la que Steward ganó un premio César. Nuevamente se convierte en la musa de Assayas, sale en topless en un par de ocasiones, desfila ropa sexy, aunque también tiene de mujer ruda (sin violencia), e incluso aparece masturbándose (brevemente). El filme pone a Steward de asistente de compras, mientras trata de comunicarse con su hermano muerto que era creyente de lo paranormal. El filme empieza con la idea de que ella logre contactarse, pero pronto ante la llamada de un desconocido –por mensajes de texto- en su celular el filme trasmuta en una película de misterio que disminuye mucho lo sobrenatural, aunque bascula en el cine de terror que se perpetúa en la ambigüedad, incluyendo un mix de géneros. Assayas maneja originalidad y riesgo con una película que logra salir a flote cuando su éxito inicialmente vacila. Entrados en la mitad del filme este yace en óptima forma, posee un buen ritmo además. Steward se pone en el papel de una persona algo extravagante y le sale bastante natural. También se luce misteriosa y sensual con cierta contención, quizá porque no es demasiado expresiva. El filme recurre mucho al uso del celular, un recurso que nunca agota, mantiene la expectación apoyándose de buenos diálogos que se manejan entre la extrañeza y la seducción del anonimato. Assayas tiene genio para extraer talento de sus actores, como pasaba igualmente con Edgar Ramírez en la miniserie Carlos. Junto a él Kristen Steward se muestra como una actriz atractiva en el cine arte. 

lunes, 12 de junio de 2017

It's Not the Time of My Life (Ernelláék Farkaséknál)

Esta película, ganadora del globo de cristal, máximo premio del festival de Karlovy Vary 2016, se manifiesta muy obvia y por un lado manida, marca una intención con alevosía y luego “huye” del lugar para pasar a otra cosa, porque de lo que se trata el filme es de hablar de la vida común a tantos otros desde el matrimonio relativamente joven (uno que está a comienzos de los 40s) con sus peleas, frustraciones, decepciones y miedos, sobre dos familias, una pobre y otra rica, unidas por parentescos de sangre, los de dos hermanas. La familia exitosa le pertenece a la menor, a Eszter, y a su marido Farkas (el mismo director del filme, el húngaro Szabolcs Hajdu), juntos tienen un niño de 5 años, Bruno, que es insoportable y está malográndoles el matrimonio porque producto de su comportamiento fuera de sí estallan continuas peleas. La familia pobre económicamente -y para colmo ella infiel- le pertenece a Ernella, y tiene una hija de 10 con el bueno pero austero de Albert. Ernella le echa en cara a Eszter de la forma más directa su situación social y el filme medio que naufraga en el sempiterno lugar común. Pero al menos la propuesta no se queda solo aquí, hay otros conflictos, el propio amor de pareja o el amor incondicional a los hijos se ponen en duda. Más tarde el filme se vuelca a lo Ingmar Bergman en una presentación casera de teatro realizada por los niños de ambas familias. Aparece una pequeña extravagancia, los padres lucen máscaras de carnaval. Y el filme pasa al estado emocional de la típica canción de “Todo va a estar bien”, que me hizo pensar en la serie de tv. La vida continúa, y tampoco es tan malo, la serie era muy entretenida. Lo mejor del filme es un arranque que aunque difícil de seguir muestra una anarquía y frenesí en parte interesante (¿a dónde nos hubiera llevado?), que luego se diluye en un filme amable, con una narrativa al menos decente y llevadera, fuera de tanto conflicto.

lunes, 5 de junio de 2017

The Fixer (Fixeur)

Radu (Tudor Istodor) es un periodista con muchas ganas de crecer en su medio periodístico afincado en Francia (se le llama un perfeccionista), para lograr su meta se interesa por un caso de dos chiquillas menores de edad prostituidas a la fuerza en París que salvadas de la trata de blancas han regresado a su hogar en Rumania. Radu por ser rumano se presta de intérprete y negociador del caso, con él viajan unos periodistas inescrupulosos franceses.

El rumano Adrian Sitaru discute sobre la ética del periodismo que tantas veces se comportan como buitres tras la noticia, sin importarles realmente la vida y el dolor de los involucrados, para esto la niña prostituida que buscan tiene a todas luces un trauma y aun no lo sobrelleva, pero el deseo de obtener una noticia mediática y de interés humanitario hace que solo les importe convencerla a toda costa y obtener lo que quieren, prestigio como periodistas. Sin embargo, Radu por más ambición que tiene se debate entre la moral propia y la influencia del grupo.

El filme tiene el estilo clásico del atractivo cine rumano, que suele poner el dedo en alguna llaga, abordando siempre temas cotidianos y universalmente representativos con suma naturalidad, dentro de un aire fresco, relajado pero jamás vacío o superficial, bajo una cierta infaltable audacia narrativa, en una atmosfera calma, mesurada, pero entendiéndose sin dificultad todo el panorama de alguna discusión importante, a veces saltando algo de explosividad, como cuando la niña intenta hacerle sexo oral de la nada a Radu, con lo que el punto queda muy claro. Pero por lo general suele recurrir a la sutileza, como también nunca le falta realismo, pero no el burdo.

The fixer es una película valiosa, partiendo de algo muy pequeño, expuesto de esa manera también, con humildad, que con el viaje y la búsqueda de lo cotidiano se viste de sencillez, una que suele distinguirle y no representa en absoluto un cine menor, sino una elección narrativa autentica y propia de su cine. De la mano va una subtrama –con el niño e hijo de Radu- que responde con inteligencia toda la temática, aunque pareciera engañosamente estar como sobrante por su excesiva delicadeza, que trata de la distancia del amor en cada caso.

domingo, 4 de junio de 2017

Alien: Covenant

Alien: Covenant es la segunda precuela de la saga Alien, que le sigue a la decente Prometheus (2012), a las que injustamente se les pide que emulen lo que hiciera el mismo director, Ridley Scott, con Alien - El octavo pasajero (1979), la primera película, la que fue un hito dentro del mix sci fi-terror, y para el cine en general, y es pedirle un imposible, pero Alien: Covenant es una buena película sin ser extraordinaria. En realidad, la saga de Alien es pura cinefilia, que en lo personal me fascina y entretiene mucho, lo que hicieran igualmente James Cameron, David Fincher y hasta Jean-Pierre Jeunet en las continuaciones. A este último, aunque más atacado que el resto, hay que reconocerle que le dio más background a la historia, respetando al original, y podemos apreciar que deja influencia filosófica y argumental en Alien: Covenant, que es una película que trata de salirse de la simple pero adictiva persecución, el escondite, el misterio y la acción pura y dura que se manifestaba sobremanera en las tres primeras, salvando que cada obra ha tratado de aportar un poco más a la mítica del xenoformo o alien.

Vemos que en Alien - El octavo pasajero se habla de la concepción y la maternidad de forma oscura, perturbadora y matricida, que ha sido la esencia del monstruo. Ahora además se trabaja -mucho más- con el doble y la dualidad, en aquellos sintéticos, tipos de robots que siempre han estado en la saga, que interpreta magistralmente por partida doble Michael Fassbender, y que muchos machacan que es lo único bueno de Alien: Covenant, cuando todo gira alrededor y consecuencia de él, toda la narrativa pasa por su participación, por lo que ver y disfrutar de estos 2 personajes más bien es elogiar toda la película.

Al comienzo del filme vemos al sintético David formular la base filosófica de la propuesta cuando conversa con su creador, un científico multimillonario, a quien David, alguien que buscará la perfección, lo siente cruel y que no lo ama, sino lo minimiza, lo ve como un objeto, y David, como los replicantes de Blade Runner (1982), se adhiere mucho a un espíritu muy humano, en sus pasiones y anhelos existenciales, y termina odiándolo y odiándonos, en medio surgirá un plan ego-maniático –todo a partir de un pequeño mensaje, un dulce- en una amalgama que tiene de mística, artificial y fantástica.

El filme de Ridley Scott tiene una tripulación no mala –por una parte desconocida- pero algo desangelada (obviamente Sigourney Weaver es irremplazable, y ya cumplió, y aquella tripulación de la primera Alien era demasiado estupenda, con el siniestro Ian Holm, la dramática Veronica Cartwright, el sensible John Hurt, el bobo/relajado simpático Harry Dean Stanton, el líder típico americano Tom Skerritt y el punk soft Yaphet Kotto), y no recrimino en absoluto la torpeza de la tripulación que es parte natural de toda película de género, es la entrada a la diversión y al juego con lo que espera por sus víctimas, pero esto es secundario, es una herramienta, porque el plan maestro oculto es lo que realmente importa y es típico del placer del cine de terror, tratar de matar sin demasiada pompa argumental a fin de cuentas.

Ridley Scott, la historia de los guionistas Jack Paglen y Michael Green, y los guiones de John Logan (guionista en solitario de las geniales El aviador, 2004; y Sweeney Todd, 2007) y el debut en guion de Dante Harper mutan/fusionan el argumento de Prometheus de los dioses extraterrestres. Todo encaja a la perfección, el argumento es bueno, claro y sólido, y no solo queda en esto el filme también impone acción trepidante y tenebrosas escenas de terror –con alguna tontería como la pelea entre David y Walter que parece salida de una mala película de kung fu, mejor la escena con la enseñanza de la flauta, y el ataque intempestivo-. Alien: Covenant muestra distintos (nuevos) tipos de xenoformos, hasta el clásico del final, recurre a todos los elementos propios del Alien (como era una queja hacia Prometheus, querían ver más al monstruo), también genera las clásicas emocionantes explosiones gore tras sembrar el Alien en el cuerpo humano a las que añade novedosas aperturas.