sábado, 24 de junio de 2017

Te prometo anarquía

Esta película hace honor a su título, exuda autenticidad y mucha potencia en el estilo de vida, e incluso no tiene mucha narrativa en realidad y parece más bien que exhibiera solo fragmentos de cotidianidad intrascendente, que además hasta lo skater parece un mero divertimento, algo no tan definitorio de lo que pudiera uno creer a simple vista, aunque indica una cierta vagancia y libertad juvenil, pero la cual en el fondo pudo ser cualquier otra. El filme se relaja a ratos de lo skater, se “olvida” de esto y está muy bien, aunque pretende y exhibe audacias con esta práctica (el patinar completamente desnudo, el retorno en patineta por la carretera), pero todas estas fluyen, se pegan al contexto, porque de lo que se trata aquí es ser uno mismo, en este filme anárquico (argumentalmente), pero que se entiende perfectamente, aunque ausente prácticamente de una historia, que no sea vagar, ser un joven salvaje y libre.

Lo curioso y bien trabajado de esta película son sus dos protagonistas, dos jóvenes muchachos enamorados, si bien nada los ata que no sea la intensidad de su atracción mutua y la vida sin rumbo. Hacer dinero es llevar gente a que done sangre, y ahí se da una subtrama sobre la violencia de México, la que puede disparar por donde uno menos cree. Esta subtrama llena de culpa y enojo a los protagonistas, pero poco más y queda ahí, ya que de lo que va el filme es del apasionamiento de Miguel (Diego Calva Hernández) y Johnny (Eduardo Eliseo Martinez).

El eje es Miguel, el chico digamos que bueno, enamorado, mientras Johnny es el loquito suelto, el que es, vive, sin casi complicación alguna, aunque ambos son parte de la misma extravagancia, la que maneja perfectamente en la presente película el guatemalteco mexicano nacido en EE.UU. Julio Hernández Cordón –director de la austera pero muy simpática docuficción Las marimbas del infierno, 2010-, gracias a una conseguida liberalidad/libertad llena de frescura y naturalidad.

Miguel es el chico bien que se libera –es él mismo- con el chico de barrio, aunque esto no está marcado. Igual el filme no pretende presentar cortapisa alguna de su inclinación sexual, es un México totalmente libre y tolerante, inclusive la madre de Miguel apenas lo reprende, rendida ante el hijo rebelde, aun aduciendo su conocida amistad con Johnny. El apasionamiento de Miguel y Johnny está en todas sus acciones, ambos viven la vida a toda máquina, sin mucha meditación, pero les cae algo de karma por tanta anarquía, aunque viendo también que son mucho sólo circunstancias, un pequeño buen truco extraído de la chistera.  

La película que vendría después, Atrás hay relámpagos (2017), es mucho un remake asolapado aunque con distintos “nombres” en todo de Te prometo anarquía (2015), lo genial y significativo de esta primera luce bastante inferior, vacío y hasta defectuoso en la siguiente. 

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