Mostrando entradas con la etiqueta Pier Paolo Pasolini. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Pier Paolo Pasolini. Mostrar todas las entradas

sábado, 16 de mayo de 2026

Porcile


Ésta es una película en mucho sentido minoritaria, de bajo presupuesto, arty, perteneciente a Pier Paolo Pasolini. Se divide en dos historias paralelas que hablan de clases sociales utilizando recursos mínimos. Una parte se ubica en la Alemania de su época, los 60s (el filme es de 1969) y es la historia de una familia burguesa, como ellos mismos se adjudican, empresarios, industriales, donde el hijo, Julian, interpretado por Jean Pierre Léaud con 25 años de edad, ya habiendo trabajado en varias obras de Truffaut y Godard, y a 10 años de su mítica Los 400 golpes (1959), es un muchacho con problemas de adaptación, hasta caer catatónico en cama. Su padre, Klotz (Alberto Lionello), que tiene un aire cómico y un abierto parecido a Hitler, puesto que éste filme lleva la ironía y rabia (aunque aquí controlada) de Pasolini, es un tipo que no tiene escrúpulos, aludiendo una notoria/obvia crítica al capitalismo puro y duro. Klotz exhibe una nula sensibilidad. No le importa mucho su hijo, tanto que quiere casarlo con una muchacha para aumentar su riqueza y relaciones, siendo los afectos secundarios, aunque es un buen partido en todo sentido. Quiere casarlo con Ida, interpretada por Anne Wiazemsky, a tres años de su debut con Robert Bresson a los 18-19 años, casada con Godard en 1967, un año después tras trabajar con él en la Chinoise (1967). Ésta parte/relato es muy verborréico. Se sostiene muchísimo de la palabra entre la pareja, Ida y Julian, y el padre con unos socios y disputas en el trayecto. Uno de estos socios lo interpreta Ugo Tognazzi y remite directamente a las secuelas del nazismo donde se da a entender que la Alemania Occidental o Federal mantenía estos vínculos, como crítica (ñoña) al capitalismo (fascismo, dirían algunos). En sí Pasolini es muy político pero también bastante simple en realidad, aunque lleva mucho ripio en la palabra (porque más no necesariamente es sinónimo de mejor), más de la cuenta y la propuesta parece de mayor complejidad de lo que en verdad es o exige prestar especial atención. Se podría decir que la presente es una comedia intelectual. Otro nombre famoso es el del director de cine habitualmente trasgresor Marco Ferreri en una de sus pocas actuaciones como el intermediario de los negocios entre Klotz y Herdhitze (Tognazzi). Ya éste último apellido parece decirlo todo en cuanto a que clase de negocios estamos tratando. Lo mismo que hacerlo entre cervezas, como camaradas disfrutando del momento. Ferreri se nota tenía mucha afinidad con Pasolini y viceversa. La Grande Bouffe (1973) parece clara inspiración para Salò o le 120 giornate di Sodoma (1975), aunque la de Pasolini es aun más extrema y mucho más insoportable. La otra parte o el otro relato luce como cine de género si bien austero, minimalista, pero con estética. Es la historia clásica de unos bandidos o gente salida de abajo para volverse criminales producto de la pobreza. El desierto representa la necesidad y la falta de oportunidades, expuesto al lado del Etna, un célebre volcán en Sicilia, lo que le da cierta imagen de yacer en otra época, en el pasado, hasta como un vislumbre apocalíptico, que uno puede creer de cierta inspiración para la saga de Mad Max. Pasolini fácilmente es asociable con un discurso, político, social, con una notoria identificación. Éste criminal parece salido de las épocas de las conquistas colonialistas europeas. Lo interpreta Pierre Clémenti y es un caníbal, hasta liderar un especie de grupo rebelde. Incluso, se puede leer, frente a la iglesia. Ésta parte es prácticamente muda. El grupo caníbal tiene una fuerte inclinación hacia lo sexual, como vemos cómo los atrapan, cómo los atraen, cómo caen en una trampa. En la parte de los burgueses se destapa un secreto, que se percibe autobiográfico, Julian gusta de dormir con cerdos, en los chiqueros, como anuncia el título. El secreto suena metafórico, y puede aludir la sexualidad de Pasolini y su proclividad a buscarla en la calle. El pueblo aquí son los cerdos que proféticamente acabaran con él de cierta manera. Igualmente puede verse como que alude a ser parte de la corrupción de una élite que son vistos como una porqueriza, e ir contra los idealismos. Esto es como la videncia de Rasputín frente a lo zares. Si me mata el pueblo ustedes continuaran reinando, se habrá consumado una excusa, un perdón, pero si lo hace su propia clase, perecerán, como problema directo. Se manifiesta que Julian es un ente muerto, hasta lo literal. No discute nada. No obedece, no asume un rol, pero tampoco se rebela. Es una clara crítica a la falta de involucrarse políticamente y se discute por medio del personaje de Ida que es activista. Pasolini escribe el guion en solitario desde su imaginación, lleva mucho de su propia existencia, así como denota estar influenciado por crear un cine con reminiscencias literarias y específicamente del teatro, cosa que en su filmografía se puede observar y en su cualidad de escritor y ensayista. Cuando uno escribe (crea) siempre trata de entusiasmar, desde nuestra personal esencia y que de ahí nazca un público real, que de verdad entienda. Eso pasa justamente con éste filme y Pasolini que puede adjudicárseles de difíciles. 

miércoles, 7 de septiembre de 2022

As Long As Shotguns Remain, Carta a mi madre para mi hijo, La ricotta y Falling Leaves


As Long As Shotguns Remain (2014)

Ganadora del oso de oro 2014 en cortometrajes. Dirigen los franceses Jonathan Vinel y Caroline Poggi. Es un filme sobre la familia y en particular la relación entre hermanos. Tenemos sensibilidad y mucha violencia. Uno de dos hermanos le busca una pandilla al otro, porque quiere que él tenga una familia cuando se vaya, porque sufre una ausencia en su pueblo y siente que debe volar lejos. Hay historia de fantasmas medio oculta. Es un filme lleno de estéticas. Se busca notoriamente plasmar momentos artísticos. Suena extraño que a uno lo induzcan queriéndote a una pandilla, ofrecerle de cierta forma el mal a alguien, pero se está ofreciendo juventud -o entenderla de cierta manera- y un pretexto para vivir. No es un filme muy ético, pero también se habla mucho de soledad, depresión y de abandono. 


Carta a mi madre para mi hijo (2022)

Dirige la española Carla Simón, es un filme dedicado a su madre y a su hijo recién nacido. Vemos a Simón desnuda embarazada con sus partes intimas ocultas por computadora. Vemos archivo familiar, películas en super 8 y después una historia. Hay un baile sensual con flamenco, un hombre que morirá, tenemos el fuego como símbolo del alma. Hay una mención muy buena, la madre dice a la hija que hará que tenga menos miedos en el planeta, la maternidad/paternidad como sentido de seguridad y fuerza en uno mismo, no solo por presencia física sino como lección de vida. Simón materializa a la madre y la hace pasar por una canción sobre una mariposa blanca. Es la historia de la madre, es la propia historia. 3 estados del alma arden a lo lejos. Simón mira, despide el pasado para hacerse cargo del futuro.  


La ricotta (1963)

Pier Paolo Pasolini es incendiario a un punto, aquí pretende burlarse de la iglesia católica italiana. En un set de cine vemos que trabajan con la recreación de la crucificción de Jesucristo, ese es el contexto. El director de la película es Orson Welles haciendo de Pasolini. Éste se describe de manera directa, describe de analfabeto al pueblo, de ignorante a la clase privilegiada, llena de defectos horribles a la gente promedio. ¿A quien se dirige Pasolini?, su público es la clase media intelectual. A pesar de ser obvio en sus ganas de fastidiar a la iglesia, no es tan grave lo que hace. Tiene de protagonista a Stracci (un carismático Mario Cipriani), un tipo entre bufonesco y hampón de poca monta. Vive amando la comida que sirve para verlo con menosprecio y padecer humillación del propio pueblo. Stracci es un señalamiento de quien uno es si no se ama o no se da cuenta. Es un llamado al propio pueblo, ese que puede enojar a Pasolini, y también a quien le habla como un padre preocupado pero también algo violento. Pasolini quiere dejar huella y es un poco pretencioso (aunque ya sus 2 primeros filmes previos señalan su genialidad), también está lleno de furia.  


Falling Leaves (1912)

Es un filme muy bien hecho, pero básico, de la francesa y pionera del cine Alice Guy-Blaché. Tiene tomas fijas solamente, tratamos con el cine recién iniciado, es cine mudo. La historia es simple pero buena, y tiene decentes actuaciones, aunque histriónicas, un poco exageradas. Una muchacha se enferma de tuberculosis, su pequeña hermana oye algo y quiere evitarlo mediante un poco de fantasía e inocencia. Un doctor aparece como príncipe azul, desde la casualidad, si bien representa la intro del filme. La propuesta recurre al cine más práctico, mueven una cama de lugar para darle otra vida a la toma; la movilidad del cuerpo en el encuadre es también la movilidad de la cámara de cierta manera. Las habitaciones e incluso el jardín son muy nutridos, tal si fueran barrocos. 

martes, 24 de noviembre de 2015

La trilogía de la vida

En homenaje a uno de los grandes directores del séptimo arte, del que el 2 de noviembre se cumplieron 40 años de su muerte.

El Decamerón (1971)



Son nueve relatos engarzados y fluidos que adaptan la obra de título homónimo, de Giovanni Boccaccio, que tuvo tanto éxito que se convirtió en una trilogía, en donde Pier Paolo Pasolini da rienda suelta, o confabula con el original, en el pensamiento de irreverencia y mofa hacia la religión, mostrando a curas, monjas y a la propia iglesia como un espacio de erotismo y de libertinaje, junto a ladrones, mujeriegos, damas infieles, pecadores, pícaros y tipos audaces, todos detrás del fresco o mural de un pintor, Allievo di Giotto, interpretado por el propio Pasolini, en que se estipula el juego y el sueño, luego convertido en arte, que para él es secundario al placer que emana del magma de lujuria, comedia, alegría y argucia de sus historias y vivencias, para hacerse con la chica hermosa, con la riqueza o simplemente salir libre de polvo y paja ante alguna travesura, que como dice uno de los cuentos (el de los amigos que se prometen volver de la muerte y contar donde terminaron, en el cielo o en el infierno), hay supuestos pecados que no tienen castigo, donde la sensualidad y el coito pasajero brillan como pasión por la vida, aunque tenga sus riesgos, como que un joven pretendiente, de otro de los cuentos, termine muerto con su cabeza venerada en una planta. Sin embargo lo que más predomina es la felicidad de gozar el momento, olvidando consecuencias y peligros, atreviéndose, radicando en la intensidad de existir, argumento central del filme. La propuesta tiene un buen toque de simpática comedia, especialmente en aquel milagro entre las monjas anhelantes de que se cumplan sus deseos carnales con el jardinero tonto y sordomudo, pero perfecto padrote de tanta hembra fogosa, aunque estemos hablando de religiosas entregadas a Dios. También con aquel cura que dice transformar a su burro en mujer cuando lo requiere para tener abrigo caliente por la noche, y luego regresarlo a animal para subsistir económicamente, con lo que termina acongojando a un marido cornudo e ingenuo poniéndole la cola a su mujer, que resulta un relato hilarante, en quien tiene la gestualidad a flor de piel y un parecido notable con Roberto Benigni. Todo entre actores jóvenes y bellos, chiquillas luminosas y desinhibidas (no faltan desnudos, y toques sensuales, como el del gorrión). Pero también otros poco agraciados (como desdentados, entradas en carne y ancianos de rostros graciosos), que hacen una conjunción poderosa de naturalidad, gracia y estilo, uno en parte neorrealista, donde muchos de los actores no profesionales sonríen abiertamente a la cámara, parecen posar, intentar seducirla o mostrar simplemente un cariz festivo, de entusiasmo. Dentro del grupo de intérpretes sobresalen dos nombres fetiches de Pasolini, en su historia respectiva. El gran Franco Citti, que hace de un hombre ladino y terrible que hasta el final hace de las suyas, logrando burlar un merecido entierro vulgar, bajo un poderoso dramatismo; y Ninetto Davoli, como un tipo pícaro y cómico que es engañado, pero logra salir victorioso al final.

Los cuentos de Canterbury (1972) 



La segunda película de la trilogía de la vida es la adaptación de la obra de Geoffrey Chaucer, interpretado por Pasolini que yace entre sonrisas, acopios del entorno, uno medieval, e imaginaciones del pueblo. Ésta propuesta tiene mucho parecido con la de Boccaccio y, desde luego, bastante con la anterior película de Pasolini. Nuevamente es la búsqueda de la felicidad y el goce pasajero el que asoma en la picardía, la travesura y en la infidelidad en general, en la mayoría de relatos. En uno la actriz y asidua colaboradora y amiga de Pasolini, Laura Betti, hace de ninfómana y matrona a la vez, acotando que el sexo sobrevuela por todas partes en el filme, incluso hay anexos de este tipo en tramas independientes a ello, como en plena comedia supuestamente naif vemos danzar a mujeres desnudas. Pero hay otras historias de excepción sobre transportar esa misma audacia hacia otros menesteres como el interés económico o la subsistencia dentro de una existencia fácil y rápida, como con Ninetto Davoli que hace de un tal Perkin figurando a Charlot en un día a día de aprovecharse irónicamente de las situaciones en tono inocente, en el que es un homenaje claro al maestro, sobre todo teniendo a Josephine Chaplin, hija del gran Charles Chaplin, en uno de los relatos, haciendo de una mujer vulgar y carnal que se casa por la presión del dinero y el poder. Sin embargo logra hacer de las suyas en un jardín encantado con ninfas y elfos, en una burla obvia a lo burgués, con un marido privilegiado que se cree en derecho absoluto de todo y al que se le toma el pelo. Otra historia de ese tipo es la de tres estudiantes mataperreros que gustan de fastidiar por donde pasan, que sin percatarse de la simbología entre manos quieren burlar a la muerte, de lo que terminan sancionados por su pútrida ambición y traición, que aunque Pasolini se posicionaba en la libertad y el libertinaje, exhibe castigos a un comportamiento de corrupción. Pero que en el cineasta italiano implica más fuerza contra lo político y religioso, como se aprecia en el relato con Franco Citti que hace del demonio, tras un colaborador (delator) de la inquisición que es despreciable y falso, en donde Pasolini aprovecha para ilustrar la hipocresía en cuanto a la homosexualidad, en un cuento literalmente chillón y brusco, y un subrayado que se perdona por el cariz de ligereza, sarcasmo y burla que brilla en el conjunto. Después, el cierre es de lo más descarado que uno puede imaginar en cuanto a una crítica eclesiástica. El infierno es un culo gigante que escupe frailes por los aires, arrojándolos como pedos, mientras en otras partes son sodomizados y juzgados sádicamente por su cinismo y doble cara, como sucede con aquel cura que va al lecho de un moribundo con el interés real de sacar provisiones para sí mismo y recibe una flatulencia. La mofa es notoria y pre-visualiza lo que más tarde será el golpe mayúsculo en Saló o los 120 días de Sodoma (1975). Se hace una doble crítica, hermanadas, señalando que el dinero y el poder es el bastión para la impunidad, el abuso, la omnipotencia y los lacayos. Todo en un empaque de relajo y entretenimiento, aunque menor a su filme predecesor. No obstante se hizo con el Oso de Oro del festival de Berlín de 1972.

Las mil y una noches (1974) 



Éste filme concatena pequeñas historias, sólo mencionando algún nombre legendario del libro maestro que adapta, como los 40 ladrones, de Ali Baba, relato que no incluye, ni a Scheherezade, mientras fluye inicialmente como en una sola trama (que hace de hilo central) en la graciosa esclava negra llamada Zumurrud (Ines Pellegrini), vendida por propia voluntad al emotivo joven Nur Ed Din (Franco Merli), guapo para ella, seductor, y bastante humilde, bajo un rostro lejos de ser perfecto (igual al de muchos en el filme), desarreglado, de dientes torcidos, de lo que un viejo rico rechazado y ofendido por la esclava manda a un sirviente, conocido únicamente como el de los ojos azules, a secuestrarla para castigarla, y es ahí que empieza un periplo lleno de aventuras en pos de la búsqueda mutua de que la pareja se reencuentre, invocando al amor pleno, que tiene cabida en varios relatos. Véase en uno lúdico, cómico (el de la apuesta tras las capturas); en otro fantasioso y siniestro (en el descuartizamiento). Hay mucho sexo y exhibición de genitales masculinos, más que los femeninos, que exuda erotismo y desinhibición por todas partes, donde los desnudos son parte trascendental de la propuesta y de la ideología del director y del sentido de ésta trilogía. Pero invocando finalmente naturalidad por sobre irreverencia y, sobre todo, acoplándose al entretenimiento. Luego, en medio del sexo y la felicidad de éste, con el risueño Merli metido en una orgía, bajo un aire humorístico y con el uso de pequeñas metáforas verbales, se pasa a la implementación de cajas chinas y una estructura bastante compleja si se quiere, perfectamente hilada en que los relatos toman mayor vuelo. El más largo es el de Ninetto Davoli, en el rol de Aziz, quien prefiere el libertinaje y la aventura carnal, con una misteriosa belleza, al amor convencional, dentro de un tránsito de madurez en que reconoce tardíamente la entrega afectiva, haciendo antes gala de la poesía de la infidelidad, el desnudo, el juego y el placer, mientras su prima Aziza hace de confidente y ayuda con su amorío, sacrificándose. Otras historias implican sobrenaturalidad, como salvar a una mujer de un demonio que la tiene enclaustrada, interpretado por Franco Citti; o ir a cumplir un destino mitológico; o enamorar a una mujer que desprecia al otro género y se presenta la integración como un gran reto. Ésta película fue grabada en el bellamente natural y terrenal Medio Oriente donde brillan las bañeras árabes y las cámaras subterráneas secretas, en un territorio revestido de sensualidad y un poderoso goce por la vida, a diferencia de lo que hoy plantea una fe castradora, la que combate Pasolini, visionariamente, fiel a su intelectualidad. Las mil y una noches se hizo merecedora del Gran Premio del Jurado del festival de Cannes.