La legendaria actriz Marlene Dietrich es Lady Maria Barker, con 35 años. Casada con un millonario, un tipo exitoso. Bastante tranquilo y dulce con ella, pero que anda muy ocupado, para viajando sólo o pegado al teléfono, es diplomático y justo para 1937 (año del filme) hay muchas tensiones entre distintos países europeos -a puertas de la segunda guerra mundial-, cosa que canalizaba el director, Ernst Lubitsch, con un uso sutil de la política en varias de sus bromas suaves, que acompañaban sus propuestas. Lubitsch fue un elegante trasgresor, dentro del cine clásico, en particular de lo moral, optando muchas veces por una mirada feminista o donde la mujer era el ser más importante y trascendente. Muchas de sus películas van contra las convenciones sociales o las estudia de manera que su mirada se muestra audaz y libre, sin cruzar tampoco hacia lo reprobable, pero que se permitía poner en tela de juicio muchos parámetros sociales. Quizá por ello tuvo mucho respaldo de las casas productoras, de los jefes millonarios y de hasta de la crítica de su tiempo. También es curioso ver que el público común y corriente se divertía con sus comedias refinadas, que enaltecían o exhibían a millonarios o gente de poder adquisitivo, discutían sus situaciones y aventuras, que no pasaban por engreídos o banales como muchas veces se les ilustra hoy en día. Con Lubitsch no les eran indiferentes o enojosos al público. Logra complicidad con éste público masivo, aun cuando no estaba retratando a su condición social, sino apuntaba a quienes lo contrataban o a su entorno social o de donde provenía, la intelectualidad europea, que logró cimentar en Hollywood. Maria viaja a Paris y surge un affaire con Anthony Halton (Melvyn Douglas). Más tarde Lubitsch hará que Sir Frederick Barker (Herbert Marshall), el esposo de Maria, se muestre como amigo cercano de Halton y compartan una cena intima entre ellos y la mujer en disputa, sólo que Frederick no lo sabe. Así habrá un juego de guardar las apariencias, el decoro, por los amantes, el anonimato de la aventura y las identidades, el secreto. Halton hablara de Angel, el sobrenombre que le puso a Maria, la mujer que lo trae loco. Lubitsch sin embargo hace más racional a Maria que demasiado asustada de separarse o que tema por alguna reputación perdida, con la muy segura de sí y de aspecto firme e imponente Marlene, por algo fue tremenda actriz, aun cuando físicamente en realidad no era tan descomunal. Era delgada, de baja estatura, menudita. Pero muy elegante dentro de sus caracterizaciones. Ese es otro punto que debe lidiar el personaje de Dietrich, la vulgaridad de la infidelidad, que es como se presenta en la película con gente culta y sofisticada -manejada con mucha naturalidad y hasta sorpresiva tranquilidad-, de ir a Paris a una reunión de alta sociedad donde la gente busca emparentarse con alguien bello, nuevo o rico, hacer fiestas en honor y presentaciones. El mismo sobrenombre de Angel suena vulgar, y Lubitsch llega a hablar de ésta vulgaridad abiertamente. Pero así mismo se discute que Frederick prefiera la política a su mujer, o ponga los conflictos internacionales como prioridad, que a esa vera el director intrépidamente coloca otros parámetros, donde el amor (en el matrimonio) y la atención de éste es lo principal y hasta el arte y el entretenimiento, el arte o la ciencia del cine, desde su manera de verlo y concebirlo, que yace en lo más alto. Lubitsch no teme confrontar las convenciones sociales de los años 30s. Ataca el machismo y hasta la dignidad masculina. No todo lo veremos como él, pero nunca deja de argumentar su parecer de manera consistente. En ese sentido no es ligero, aun cuando es trasgresor. Es un tema que puede herir susceptibilidades o no ser del todo empático en lo que propone, pero he ahí la grandeza de éste director y su cine, porque el respaldo histórico ha sido unánime diríamos. El encuentro entre Maria, Halton y Frederick dura buen tiempo y es algo muy rico en sutilezas, pretensiones afectivas (aceptaciones) e ironías. Lubitsch luce todo su ingenio en esa reunión, como hacer uso de lo indirecto para hablar de la infidelidad, como con las conversaciones y apuntes de los sirvientes -mayordomos y ayudantes de cámara- que manifiestan alto nivel de educación y refinamiento, relacionado con la diaria interacción con sus patrones que se dice literalmente, dentro de una comedia sofisticada. Marlene tiene una voz muy encantadora mientras Melvyn se brinda galante, seductor, sin caer en gestos abruptos o enojos abiertos, como se puede llegar a entender producto de su lugar en la historia. Maria/Dietrich tiene que manejar la situación como el personaje más importante de la trama y su lugar respecta mayores dificultades en escena, con un Halton que como señala el mayordomo, puede ser un tipo bastante pesado, aun cuando Frederick tiene más que perder. Sin embargo por el final lo ponen a dirimir frontalmente el conflicto. Lubitsch no teme tocarlo desde lo álgido o picante y es una muestra de su enorme inteligencia al hacerlo con grave elegancia, con toda la magia del mejor cine clásico.
jueves, 13 de agosto de 2026
lunes, 13 de julio de 2026
A Slight Case of Murder
Ésta es otra de las películas del americano Lloyd Bacon que se destacan de su filmografía y es otra comedia del noir o de gángsters, donde mostró habilidad, llena de humor negro. Es una screwball comedy. Lleva un tono en varios ratos seco, inmerso en una propuesta de notable ritmo, muy dinámica. Su humor tiene momentos afilados como cuando bromean con los cadáveres de los rivales del protagonista, el capo mafioso Remi Marco, interpretado por el mítico Edward G. Robinson quien hace de un tipo que tras llegar la legalidad del comercio de cerveza plantea volverse un empresario honrado, sin embargo ahí vemos que los prestamistas pretenden jugarretas. Hay varias bromas entre ser alguien vulgar y querer ser personas más refinadas, como con la manera de hablar o dirigirse a la gente, que está bastante trabajado con la esposa de Marco, con Nora (Ruth Donnelly). Se oye una broma como que ella viene de abajo en sentido de ordinariez. La parafernalia de ser legal es ser al mismo tiempo rico y elegante, ver ahí también oportunidades. Marco tiene tres hampones que hacen de sus sirvientes en la transición a la legalidad. Sobresale Allen Jenkins entre estos secuaces quien parece salido de una película de gángsters de Martin Scorsese o, mejor dicho, parece un típico italoamericano. Edward Brophy es otro secuaz, pero más abiertamente cómico, torpe. El entendimiento de qué ha sucedido en la casa con un robo se mueve dentro de lo rápidamente práctico, funcional, porque el filme tiene mas que ofrecer o derivar e interrelacionar. En una fiesta a lo Bachelor party (1984), estilo cine clásico, donde el suegro millonario hipocondriaco dice que la casa está llena de idiotas y lunáticos, tenemos a un policía -habiendo hilaridad con reconocer quien es y a que viene- y a un asesino en pleno plan criminal pululando en una mansión llena de mafiosos, ex-contrabandistas y apostadores, junto con una esquiva alta suma de dinero que podría resolverle la vida a Marco. Es una película que opta por soluciones básicas, pero que generan mucho movimiento. Maneja muy bien el caos, sin perder elegancia clásica. No obstante tiene un humor que a veces se pasa de fino/sutil, pero con mucho uso de la jerga más inocencia para sacar risas atentas. También hay bromas que identifican perfectamente el mundo de los matones, con lo pedestre. Como elemento extra está el niño huérfano Douglas Fairbanks (Bobby Jordan con 15 años) con un lado humanitario y social de Marco. Es una película que se le puede sentir con altibajos -donde asoma sequedad para bien y para mal o cierto silencio negativo- o de camino sinuoso o como que aguantas el aliento para soltar finalmente el aplauso, pero el conjunto es memorable, si bien rompe un poco el molde en distintos (ambos) sentidos, con cierta humildad pero con personalidad que puede ser imperfecta, incluso con un talentoso y maestro en el género noir como Edward G. Robinson. Es notable (sólida) la representación del matrimonio que hacen Robinson con 45 años de edad y Donelly con 42. Su interacción se percibe como un plus, que vuela más allá de la popularidad. Llevan todos los valores clásicos imperecederos, tal quien dice: en las buenas y en las malas; o en lo ilegal y lo legal para más humor negro.
sábado, 4 de julio de 2026
Larceny, Inc
No sé que me apasiona más, si escribir de cine o ver películas, aunque en el fondo en mi caso es indisoluble. Ver películas es para todos, para cualquiera, a todos nos gusta el cine en distinta medida. Está instalado en toda vida. No implica ninguna intelectualidad necesariamente y así pasa en la mayoría de los casos. A ese respecto funciona para esto lo de sólo dejarse llevar por la película, que está bien, lógicamente. Para eso cada quien se especializa en algo o debe hallar su real virtud. Como planteaba Truffaut, dirigiéndose al público que lo llenaba y el cine o el quehacer que lo identificaba, para él se trata de coger -ver a través de- la empatía básica o lo emocional (que así mismo está bien, pero es parte de algo más grande), como bien lo define su obra más icónica, los 400 Golpes (1959), con su aspecto sentimental y autobiográfico, que hay que decir que ciertamente es una buena película. Leer películas es en realidad un don, una habilidad especial, aun cuando muchos no lo entienden así. Me refiero a pensar por uno mismo y profundizar en lo que vemos. Ofrecer creación. No simplemente copiar o citar, refiriéndome de paso a lo académico. Mayormente se ofrecen datos, info, incluyendo así los libros de cine, pero pensar el cine es justamente algo particular. No porque cualquiera no pueda pensar, todos poseemos un cierto grado de reflexión, pero profundizar -leer realmente el cine- es precisamente lo que hace que el séptimo arte me genere a mí tanta pasión. Hablo en primera persona: No puedo sentarme a sólo ver. Yo veo el cine como un acto muy personal, autodidacta, auténtico, especial, de descubrimiento intelectual y creación (que incluye la propia teoría). Larceny Inc (1942), del americano Lloyd Bacon, es todo un descubrimiento. A éste director no suele mencionársele mucho, si bien está de cierta manera canonizado dentro del cine clásico, aun cuando tiene cierto perfil bajo. Es una comedia del noir, como quienes hacen comedias del terror, aunque éstas últimas son más habituales. Se podría decir que Bacon se especializó en ello dentro de un paquete más grande donde también tuvo tradicionales noir y hasta alguno célebre. El protagonista es un ícono del cine de gángsters, de los más grandes del género, Edward G. Robinson, como "Pressure" Maxwell, quien yace acompañado todo el tiempo de 2 compinches, Jug Martin, interpretado por Broderick Crawford con 31 años -que se le ve joven y fornido, no gordo- que hace de un tipo un poco tonto, y Weepy Davis (Edward Brophy), quien, cuando Pressure intenta que sea maltratado para sacar algún provecho, contesta: "Esas no son mis líneas", mi párrafo, mi performance diríamos, ese no soy yo, que es una buena respuesta, con lo que Jug termina haciéndolo siempre. El filme abre con un partido de béisbol que es algo engañoso porque después se muestra que es dentro de una célebre cárcel americana y así se mueve la trama, entre lo criminal y lo familiar. Cuando salen de prisión, Pressure y Jug piensan en volver a los negocios ilícitos. Así se presenta el robo de un banco, pero terminan comprando una tienda de venta de maletas. El plan sigue en ejecución. Jug no puede dejar de delinquir, está como acto reflejo en muchos de su gags. Es una película screwball comedy también y no falta el caos, los golpes, lo abrupto, los movimientos toscos, la intensidad, la palabra rápida de vez en cuando. Pressure tiene la habilidad de convencer a la gente y así se gana, medio sin querer, a sus vecinos, a los negociantes de la misma calle de su tienda. Toda ésta interacción lleva inocencia e ironía. Curioso es ver que su hija adoptiva, interpretada por Jane Wyman con 25 años, es enamorada por un vendedor/manufactor de maletas que trata de convencerla, como si ella fuera una clienta, de venderle un matrimonio inmediato. También aparece el gran Anthony Quinn con 27 años como un criminal de temer, que atemoriza incluso a Pressure. El filme inicialmente se toma su tiempo, pero se vuelve luego dinámico como buena screwball comedy. Pressure llega a hablar bastante y a esa vera se arma, aunque con un poco de lentitud, de manera notable el inicio del filme. Es una película memorable, pero tiene un poco de perfil bajo, si bien hay espectáculo. Tiene sus escenas de extrema comedia, como las tantas que provoca el hueco para entrar al banco que es donde gira el filme junto a caerle paradójicamente bien a todo el mundo, no enterados de sus verdaderas intenciones que es donde se produce mucha comedia. Es una propuesta que parece inspirar una película más popular, más celebrada, The ladykillers (1955). Incluso hay una línea que dice que estos tres chiflados más parecen asaltantes de viejitas que criminales de peso. La popularidad es más fácil de sobrellevar, genera entusiasmo inmediato en general, pero yo siempre me pregunto: ¿me gusta lo que escribo?, ¿me gusta leerme?, y sigo escribiendo.
domingo, 28 de junio de 2026
White Heat
El americano Raoul Walsh es uno de los grandes nombres en dirección del cine clásico. Los entendidos saben de su grandeza como cineasta, pero yo diría que no es todo lo conocido que debería ser. Walsh hizo películas durante 6 décadas, lo cual es impresionante. Ha dejado algunas máximas propuestas en el séptimo arte y no en cualquier lugar, sino en uno de los más grandes, el cine clásico americano. El presente es uno de los mejores noir de la historia. El final hace recordar la muerte de Tony Montana, con el fuego, lo radical y desenfrenado, un estado de estar fuera de sí y creerse en la cima del mundo. James Cagney es el protagonista, experto en hacer de gángster. Ha dado muchas memorables actuaciones a ese respecto. Cagney es de baja estatura, cuerpo fuerte, sonrisa ladina, ojos y mirada fulminante, como si estuviera siempre a punto de estallar. Hace genialmente de loco, como Cody Jarrett, que tiene unos dolores de cabeza que lo tumban al suelo y que sólo adora a su madre, a más nadie, interpretada por Margaret Wycherly con 68 años. Cagney tenía 50 años en su rol y en éste tiene un gran apego materno, la que lo consciente en todo y lo empuja al crimen, a ser como es. Muchos lo ven como un superhombre del hampa, como si fuera a prueba de balas, dicho abiertamente. En la trama, Cody y su banda asaltan inicialmente un tren en un despliegue visual bellamente coreografiado. Saltan de un puente a un vagón en movimiento. Cody no duda en matar, llega a matar a muchos, incluso a traidores. La película aunque es clásica se ve universal, uno puede admirarla actualmente con mucha facilidad porque le habla a lo atemporal. Hoy en día se puede ver que dialoga con el presente. Cody tiene una novia, que es la típica mujer interesada, que no lo quiere en realidad y lo hace notar. Él lo sabe, pero la tiene al lado por su notoria belleza y su sexualidad. Está con cualquiera por dinero, por lujo. Lo interpreta la bella Virginia Mayo. En un lapso de arrebato, clásico del gángster que suele interpretar Cagney, patea la silla donde está sentada Verna (Mayo), botándola hacia atrás. Surgen también jugueteos entre ellos, como cuando ella trepa en su espalda con una botella de alcohol en la mano. Parrandean, celebran la vida criminal, si bien viven con mucha tensión. El héroe es un policía infiltrado en la banda, Hank Fallon como Vic Pardo (Edmond O'Brien), a las ordenes de John Archer (Philip Evans). Fallon es muy inteligente, deduce bastante y se gana notablemente a Cody. Piensa por sí mismo. Por el final hay otro robo y se producen escenas magistrales. También hay un ajuste de cuentas y varios escapes. Fallon antes de infiltrarse hace que los criminales que lo conocen salgan de la cárcel a otro lugar, pero hay varias escenas donde peligra ser reconocido. En un instante que quiere dar un aviso es interceptado por un matón y pelea con él. Discute con Cody quien le señala su sofisticación en el modo de pelear que le hace dudar de su identidad. Al hacer proyecciones. El filme argumenta en varios momentos de manera clara y potente en la interrelación, lo cual es propio de la sabiduría del cine clásico. Se ven cosas atractivas aunque algo rudimentarias que actualmente se ven muy naturales, pero para le época eran avances tecnológicos, novedades, que son explicadas, como poner un radar por vibraciones para seguir el recorrido y ubicación de un auto, e igualmente así se ven los teléfonos grandes y antiguos en los vehículos policiales como radios entre ellos. El filme está plagado de audacia, y es una obra que es muy entretenida, con el usual ritmo perfecto del cine clásico. No falta que Cody empiece a disparar con una escopeta, lo cual le da gloria a sus enfrentamientos. Tener secuencias en la cárcel es otro punto atractivo de la película. Se ven escenas con muchos extras, tomas panorámicas con mucha gente que aportan gran realismo, como cuando los presos se ordenan para comer. Ahí Cody es atacado por las emociones y Cagney luce todo su tremendo histrionismo y corporalidad. Cody es un tipo con una vida penosa, destruida por sus elecciones, nadie lo quiere, todos lo quieren muerto. Se llega a manifestar su decepción -algo que lo persigue- aunque la pega de irónico, de tipo que no se amilana por nada, pero por el final se percibe que su locura es también un deseo de ya no querer continuar, pero en su ley. Los policías son ilustrados muy decentes, tratamos con el idealismo, porque también tienen emociones, miedo a perecer en acción y la violencia engendra violencia cuando Cody es un enemigo absoluto. Cagney brilla bastante en medio de un reparto excelente, incluso lo es toda su banda pero de perfil bajo, donde sobresale el viejo sordo.
domingo, 26 de abril de 2026
The Lady Eve
Preston Sturges es uno de los grandes nombres del cine clásico americano. En otra película de él del mismo año, Sullivan´s Travels (1941) se menciona a Ernst Lubitsch y Frank Capra que estaban consagrados para 1941. Sturges entre 1940 y 1944 buscaría emularlos, haría sus mejores películas que lo inmortalizarían de golpe en la historia del séptimo arte americano. Fue uno de los guionistas precursores en convertir sus escritos en éxitos dentro de su propia dirección de cine. Tuvo mucho respaldo durante estos 5 años de gloria y popularidad porque venía de haberse labrado un nombre sólido en el teatro. La presente película es una comedia romántica, de verdad cómica y de verdad romántica, y también una screwball comedy donde hay golpes, caídas, torpezas, y mucho movimiento, mucha intensidad, en la palabra, en las acciones, presentando un dotado ritmo y una economía para narrar muchas cosas en un espacio de hora y media que es lo que los más grandes poseen. Es una película bastante sencilla, pero sumamente efectiva. Jean Harrington, Barbara Stanwyck con 34 años de edad y cerca de 15 años de experiencia como actriz, es una muchacha avispada, muy astuta y pícara, que viene de una familia de estafadores. Sabe que el hijo de un millonario de la cerveza, Charles Pike, Henry Fonda con 36 años de edad y 6 años de carrera como actor pero que ya había trabajado con Fritz Lang, William Wyler y John Ford, va a ir en el mismo crucero suyo. Junto con su padre planean sacar una buena cantidad de dinero de él. No obstante Jean se enamorará realmente de Charles, quien es un hombre de ciencia pero bastante inocente como persona. En el inicio dicen que no sabe tratar con las mujeres, que desconoce su proceder. Cuando recién está en el barco, todas las mujeres de alrededor lo ven como el mejor partido, guapo, muy educado y millonario. Charles no sabe como ignorarlas a todas, que no le quitan la mirada. Es así que Jean le pone literalmente cabe, así de lo más ordinaria, y le achaca haberle roto un taco, y que debe ayudarle llevándola a su recámara. En dicho lugar surge un coqueteo que maneja la muy "moderna" -éste cine maneja tremenda elegancia como buen cine clásico-, feminista en toda ley, Jean. Para esto Sturges muestra que estaba adelantado a su época, proponiendo una fémina muy independiente y muy segura de sí misma, por encima de los hombres, sin que sea difícil de tratar o caiga antipática. A pesar de ser muy aprovechada y tomarle el pelo a Charles, exhibe un halo de mujer simpática, carismática, cosa que es pura Barbara Stanwyck, donde no cabe duda que tenía una notoria personalidad avasalladora, por encima de su real belleza, pero se las ingeniaba con su cuerpo muy delgado y de pocas curvas para pasar por incluso sensual. En ésta película la que manda, la que hace prácticamente todo, es ella, la que genera las situaciones. Charles es un monigote en sus manos. Henry Fonda lo hace muy bien, como éste hombre ingenuo y que se deja llevar por Jean. En una cena se cae mil veces, se ensucia de manera atroz en múltiples oportunidades, como un gag. La esencia de la screwball comedy en ese sentido no se denota forzada, sino muy natural, además Sturges era terrible haciendo que sus protagonistas hagan el tonto. Fonda le da mucha dignidad a su personaje, aun cuando tiene mucho de bobo. Ante la trampa de la doble no llega a entender en pantalla de que va la burla del segundo encuentro. Jean para sus deseos enamora dos veces -hasta tres veces- a Charles que cae fácil redondito en sus encantos. Lo bueno que es cine amable y Jean finalmente no es una mala persona, más allá de sus antecedentes criminales, familiares y sus allegados. Hace ver que el dinero puede ser secundario para ella, mostrando que está en sí ser otro tipo de persona. Es una comedia en toda la palabra, es una propuesta que va de ligera, de alegre, que gusta a muchos y es una muy buena película. Tiene escenas dulces, románticas, muy conseguidas. El rato en el tren enumerando a los incontables amantes bromea con las convenciones de manera limpia y audaz. Jean no puede ser cruel porque está en realidad enamorada y eso cambia hasta al más reticente. Le duele mofarse de Charles, pero éste en mucho tradicional ni se da cuenta. Es una película feminista, pero de las que hace al público cómplice sin distinción de género. Sturges igualmente muestra que se adelanta un poco al futuro cuando en Sullivan´s Travels menciona que los afroamericanos merecen mayor igualdad que la que poseen para la época, enfocándolo desde una visión religiosa, si bien los emparenta con el trato a los presos. La aparición de Lady Eve Sidwich es una audacia formal de Sturges, porque como le responde Charles a su desconfiado guardaespaldas (William Demarest, cómico en sus refunfuños) sería un descaro venir así sin más, pero sólo basta engolar la voz. Esto habla de que la clase alta no parece marcar grandes diferencias. Esa parte agrega un chisme y sostiene el suceso muy bien. Pensaba previo a ello: ¿Cómo hará para no ser rechazada en la cena?, que se repite sin caer en la telenovela o la corrección política de hoy en día, aun tratando con el arribismo, las diferencias sociales y el background sexual. He ahí la grandeza del cine clásico y el dotado guion, la portentosa claridad y la inteligencia del director. La propuesta lleva mucha mención del relato bíblico de Adán y Eva, pero sin mucha parafernalia o trascendencia argumental, sino como sencilla comedia, alusiones ligeras. Jean le suelta una manzana en la cabeza al distraído Charles, cuando recién llega al barco, lo que parece un acto absurdo, pero que da a entender que ella hará lo que quiera con él. Sin embargo el amor lo salvará de ésta truhan. Igualmente Charles es un estudioso de la serpientes y hasta tiene una como mascota. El sobrenombre de Eva es otra mención, como quien dice, un dolor de cabeza. Así mismo representa seducción. Todo lo que invoca comer de la manzana.
viernes, 12 de diciembre de 2025
High Sierra
Ésta película tiene muy buenos antecedentes. La película la dirige Raoul Walsh, que tuvo una filmografía prolífica y dominó el noir. Éste es uno de los noir más celebrados de la historia del cine clásico. El guion está hecho por William Burnet quien escribió la novela que adapta Little Caesar (1931) que guionizó, película seminal y de las más destacadas del noir. Burnet escribió la novela que adapta el presente filme y con el tiempo cimentó su nombre en el género tanto en literatura como en el cine. Lo acompaña como guionista John Huston quien ahí no más debutaría como director con otro noir capital, El Halcón Maltés (1941). El protagonista es un criminal, un asaltante de bancos que recién ha salido de la cárcel tras 8 años encerrado, Roy Earle, interpretado por Humphrey Bogart que con ésta película pasó de actor secundario a actor principal, es el punto de inflexión en su carrera. Es una película muy detallista, muestra cada cosa, pero lo hace con esa edición magistral que posee el cine americano, maestros del tiempo y de la exposición. Cuando a la pareja de Earle se le dice que mañana va a tomar el bus para huir, sobrevivir, efectivamente lo hace. Se ve como se despiden besándose a cada rato. Cuando Earle requiere conducir el auto de un estado a otro lo vemos en pantalla. Se plasma visualmente lo que muchos suelen evitar mostrar y lo hace de manera harto frontal. Cuando Earle sale recién de la cárcel y quiere volver a descubrir el mundo lo vemos a continuación pasear al aire libre de manera sencilla. Expresa querer corroborar que las cosas (mínimas) siguen tal cual las conocía. La brevedad va de la mano con la precisión y con lo exhibido proyecta nuestra imaginación. Ciertamente podrían durar algunas acciones un poquito más, no obstante no se percibe como un defecto, sino siempre es competente. Tomemos en cuenta que hacer un filme demasiado/prolongadamente especifico fácilmente podría catalogarse de defecto en sentido no de realismo positivo, que la escena muestre un alto grado de verdad hacia la comprensión del espectador sin darle algo vacuo, sino que al ser uno muy lento con el cine es por lo general una deficiencia. Earle es un criminal hecho y derecho, es la vida que lo define. Se dice varias veces. Se podría adjudicar que es un hombre malo. No duda en dispararle al policía cuando éste lo enfrenta. No le queda otra dirían. Lo mata, a poca distancia. Cuando los jóvenes ladrones muestran debilidad, les falta el temple y pierden el control y se desbarrancan, Earle los desestima sin ambages, por frágiles, por no estar hechos para la vida que han escogido seguir o practicar. Dice también haber optado mal por no matar al cómplice interno del robo de los diamantes. A él le dice abiertamente que se le nota que terminará como un soplón. Pero sólo le cuenta una historia para asustarlo. Así mismo a Earle también le aflora un buen corazón en otros momentos, como con la chica coja a quien nunca le falta el respeto aun cuando ella se comporta cruel con él. No reniega de haberles ayudado. Otra manifestación a favor de él es que puede cambiar de juicio (no es un tipo intratable, a pesar de estar inmerso en un mundo violento), tiene comprensión, oye a los demás, como con Marie, interpretada por Ida Lupino, que tiene una performance a la altura de su protagonismo. Marie ha sido bailarina desnudista, pero quiere otra vida, quiere a un hombre de verdad, quiere ser leal. Llora en un momento como damisela abandonada para convencerlo y lo conmueve. Earle la llega a querer, hasta ser capaz de morir por el otro. Pero como bien dice el doctor, ahí está la estela del mítico John Dillinger, morir en la ley del hampa. Earle no va a regresar a prisión. Se siente reflejado en una paloma que asciende libre al cielo. El criminal prefiere morir a ser otra vez atrapado, enfrentar en esa gloriosa escena de Sierra Nevada, tras las montañas, a una gran cantidad de policías que lo tienen rodeado, lugar que se ve es imposible de escapar. Entra la mítica del perrito simpático, pero malagüero, similar al propio Earle, quien ya ha escogido su destino. El jefe mafioso se justifica, todos vamos a morir dice, que no te importe pensar en ello. La ley del criminal. Hay persecuciones en auto bastante notables, al puro estilo clásico. Llevan potente adrenalina y por entonces sin efectos especiales. Participamos de muchos disparos, tenemos mucha acción, más su toque melodramático. Earle es de los de verdad. Earle es realmente duro. Ya el corte militar o alemán lo manifiesta todo, al estilo del corte de Dillinger. Pero se permite hablar de las estrellas con tremenda sonrisa. El rostro iluminado de Bogart. El hollywood fundacional en toda grandeza. Se permite ironizar con la bondad, tras traer al perro en el auto, mostrando amabilidad.
jueves, 9 de mayo de 2024
Harvey
Ésta película suena bastante peculiar, es una película friki con todo el formato del mejor cine clásico, con el protagonismo de uno de los actores más renombrados y talentosos -y más queridos- de la época sino el más representativo, James Stewart. Pero no es cualquier película friki en una época donde de su categoría no abundaban sino adapta una obra de teatro ganadora del prestigioso premio Pulitzer (entregado en 1945), perteneciente a la americana Mary Chase. Harvey (1950) si bien friki es como Que bello es vivir (1946). Un hombre llamado Elwood P. Dowd (James Stewart), un hombre soltero de más de 40 años, se comporta como un loco. Le habla a un amigo imaginario todo el tiempo y la gente queda descolocada o se asusta al ver la normalidad con la que habla de -y le habla en público a- Harvey, un ser invisible, que él mismo describe como un conejo gigante. Y más tarde sabremos que proviene de la mitología y fantasía celta, que es un Pooka. Algo parecido en otro universo se podría entender que es el legendario y popular Totoro (1988). Elwood es un hombre con dinero y es super amable y comprensivo con todos, busca hacerse amigo hasta de la persona más humilde, a todos trata con mucha bondad e invita a su opulenta casa. Elwood, aunque muy educado y afable y muy solvente económicamente pero un hombre de a pie, es muy aficionado a la bebida y puede entendérsele como un borrachín con alucinaciones, alguien que ha caído en desgracia y se ha vuelto loco. Es así que su hermana, Veta Louise (Josephine Hull, ganadora del Oscar por ésta actuación, una muy histriónica y con grandes momentos cómicos), y la hija de ella, con quienes vive no aguantan vivir en ese estado que les provoca Elwood, que siempre mencione y presente a Harvey y los haga ver como una familia de freaks. Ellas son de sociedad y la hija no puede conseguir novio, fácilmente son marginados al conocer al tío loco. Éste filme es una comedia además y uno se ríe mucho de varias ocurrencias, como cuando confunden como una loca a la hermana por Elwood. Hay momentos cómicos que se perciben originalmente difíciles o habitualmente incómodos y pueden ser asumidos de humor negro, aunque en general éste es un filme accesible y amable. El tratamiento que vemos en ésta película, por una parte (porque también hay un lado más sofisticado), de las personas con problemas mentales es muy tosco, muy acelerado, hasta pasa por violento, poco empático, incluso arcaico, sobre todo con respecto al enfermero Martin Wilson (con un tremendo Jesse White), que cree peligrosos a todos los que sufren de desequilibrios. Esto puede ser porque se trata de crear humor (un humor más cerca del slapstick), pero también puede ser una radiografía de la ciencia de la época. Incluso un actor del prestigio de James Stewart (quien demuestra que es un actor grande pero todoterreno o justamente por eso, sentando bases para el resto) es maltratado en pantalla por Wilson (que será parte del desparpajo cómico de un romance improbable). No obstante Elwood es la tolerancia absoluta, invoca la comprensión de un santo y se deja llevar por todos, si bien tiene momentos donde se expresa verbalmente muy ecuánime y hasta de manera sabia y excepcional, como un particular monje budista. Igualmente la normalidad con la que habla de Harvey, tan abiertamente, lo hacen pasar por un demente, pero en el mirar de toda la película y es parte de la personalidad y originalidad general de la propuesta se llega a imprimir una extraordinaria coherencia que versa sobre ideas mayores de justamente un comportamiento friki, marginal o habitualmente ferozmente descalificador. Justifica lo injustificable y le da trascendencia y humanismo y maneja genialidad con su argumentación y aceptación, y sin que sea arduo de comprender. No obstante apuntando que es algo que como se dice en pantalla de la propia arte de la pintura, no solo es realismo (cine clásico) sino tienen injerencia nuestros sueños, nuestras fantasías, nuestra creatividad, nuestra imaginación, nuestra libertad, nuestra autoafirmación y nuestra capacidad de búsqueda y autoconocimiento y con el universo, yendo más lejos de lo ordinario. Es así que Elwood existirá dentro de un especie de universo paralelo pero anclado a un pueblito americano común y corriente desde quien tiene el aura de un ángel que es influenciada o irradiada por la existencia de un conejo gigante y ciertamente suena absurdo pero de eso trata soñar y de eso trata el arte, a razón de la mitología celta, de un misticismo especial, de cierta filosofía. En un momento -donde la palabra trasciende- Elwood describe de manera interesante muchas cosas, con respecto a la humanidad, al prójimo, y a la mirada de verse uno en el planeta, que choca contra muchos, como señala esa breve pero contundente participación del taxista. Implica apostar por un mundo mejor, optar por hallarse feliz y trasmitirlo e intentar ver cada día perfecto, estar un poco loco.
martes, 7 de noviembre de 2023
While the City Sleeps
sábado, 5 de agosto de 2023
Design for Living
jueves, 22 de diciembre de 2022
Foolish Wives
sábado, 9 de abril de 2022
Little Caesar y El enemigo público
Little Caesar (1931)
Dirige Mervyn LeRoy. Es una de las grandes y más famosas películas del cine negro, una película seminal del cine de gángsteres, y Edward G. Robinson como Rico o El Pequeño César (Little Caesar) el primer popular gángster del séptimo arte. Robinson está magistral, trasmite esa violencia y ese temperamento fuerte y esa enorme ambición de poder y dinero de todo mafioso. El estilo es distinto al del gángster italiano, aquí la cosa luce más humilde, más de a pie. Rico empieza asaltando gasolineras con su amigo Joe Massara (Douglas Fairbanks Jr.). En la apertura, en una escena en un bar común, lo oímos a Rico soñar despierto lleno de la intensidad y el orgullo que jamás lo abandonará. Siempre es violento, directo, va al grano con fuerza, es un hombre de acción. Su ascenso se ve venir de lejos. Se impone a todos. Su negocio se mueve en los robos. Lo vemos reunirse con su clan en un club, El Palermo. Él representa al premonitorio hombre tóxico y su amigo Joe al tipo sensible, un seductor. Pero aquí, porque a Joe le gusta bailar y el teatro, El Pequeño César lo considera afeminado. El amor será el escape para Joe, su reivindicación fuera de la mafia. En una gran escena César enfrenta a Joe, la cámara enfoca la expresión de César que empuña un arma, su ira creciente, luego viene la toma subjetiva de su persona, la cara sorprendida de suspenso de Joe, breve pero contundente, puro cine clásico. Es curioso ver que el final se da a través del tamiz literal del teatro, detrás del panel de publicidad del musical teatral de Joe y su amada, como si esto fuera la orden superior. Se nota que Edward G. Robinson ha influenciado en el Al capone de Robert De Niro, de Los Intocables (1987). Éste filme tiene 3 grandes secundarios. Uno es el hampón Sam Vettori (Stanley Fields) que tiene de viejo fanfarrón y hombre sutilmente melancólico y también aire de borracho o es que Little Caesar lo abruma y disminuye todo con sus personalidad y violencia. Otro el jefe de la policía Flaherty (Thomas E. Jackson), que es sarcástico y venenoso, muy rudo aunque educado y no teme a nadie. El tercero es el guardaespaldas de Rico, Otero (George E. Stone), que tiene todas la del lacayo bravo, sin forzar nada.
El enemigo público (1931)
La dirige William A. Wellman. Es otro de los filmes pilares del cine negro y James Cagney uno de los más famosos actores interpretando gángsters. Cagney es Tom Powers y lo vemos robando desde niño, influenciado por un pequeño maleante, Putty Nose (Murray Kinnell). Finalmente entra en un robo grande, junto a su mejor amigo, Matt (Edward Woods). Se da una gran secuencia que incluye un oso disecado. Luego así como de la nada, todo muy natural, en la misma esencia de Putty Nose aparece Paddy Ryan (Robert Emmett O´Connor), un bartender que quiere traficar con alcohol durante la época de la prohibición, los años 20, y les plantea el negocio a Tom y Matt. Paddy es más accesible y leal que Putty y luce menos rudo. Pronto en cierta elipsis y excelente edición Tom se alia detrás de un gángster top, Nails Nathan (Leslie Fenton) y se vuelve un reputado mafioso, siempre acompañado de su inseparable amigo Matt. La escena -una muy buena- cuando buscan sus mujeres es de estilo clásico pero juega con lo vulgar, con dos mujeres guapas pero trepadoras. Ella es poco para Tom, que finalmente encuentra a su otra mitad, a una mujer de aspecto algo extravagante, interpretada por la mega popular Jean Harlow, que aparece solo en 2 secuencias, pero deja huella, con su rubio platinado y una pinta que fácil puede inspirar al cine latino. Cagney tiene cara de pícaro, con sus ojos saltones y sugerentes, parece burlarse del mundo, pega bien como mafioso astuto y no tanto de líder sino de soldado de armas a tomar. Entra a tallar el que hace del hermano mayor de Tom, oficial del ejército y un tipo intachable, que puede haber ayudado a la imaginación para crear a Michael Corleone y también el beso sentencia a Fredo. La escena en la lluvia cuando Cagney se prepara para hacer de kamikaze es una de las joyas del séptimo arte, y perpetrar un gran fuera de campo y una performance de un solo hombre contra todos que seguramente habrá inspirado el Scarface (1983) de De Palma, y también incluso a directores como Akira Kurosawa.
domingo, 20 de febrero de 2022
La soga (Rope)
La soga (1948), de Alfred Hitchcock, es una de sus obras más reconocidas. Se basa en la obra de teatro del mismo título del británico Patrick Hamilton que se inspira en el famoso caso de los estudiantes asesinos Leopold y Loeb escrita a cinco años de cometer su famoso homicidio de un niño de 14. En el filme de Hitchcock dos mejores amigos, Brandon (John Dall) y Phillip (Farley Granger), matan a un compañero de estudios y lo meten en un cajón donde especifica y macabramente van a comer en una pequeña reunión que organizan. Brandon es la mente maestra, un tipo perverso que quiere probar las elucubraciones de su maestro universitario, de Rupert Cadell (James Stewart), que se basa en Nietzsche, sobre la superioridad y el superhombre por sobre la insignificancia de cierta humanidad. Brandon lo hace también por disfrute personal, lo siente como un reto constante, por eso organiza una fiesta y quiere que el mismo maestro Rupert asista, como para jugar con él, vencerlo intelectualmente, de manera secreta. A la reunión poco después de matar al compañero va el padre del muerto, su novia, el ex de la novia, Rupert y la tía de la victima. En plena reunión Brandon saca el tema del profesor y éste empieza inmediatamente a sospechar de ellos. La fama de particular le precede a Brandon. Por dársela de astuto empieza a luchar por no ser atrapado. Luego saltan algunos indicios; también suma que Phillip luce nervioso, alterado, para como apunto de llorar o rendirse, y para peor para él empieza a emborracharse fastidiando a Brandon que yace gozando con todo el asunto organizado. El baúl y el cadáver pueden simbolizar la homosexualidad de la pareja de asesinos; el miedo a que se descubra el cuerpo puede ser el mismo por la propia sexualidad, visto como una trasgresión de la moral de la sociedad. Tanto Phillip como Brandon no dan esa imagen ni se manifiestan nunca así, salvo por algunos engreimientos en su expresividad, pero se decía que los verdaderos asesinos pudieron serlo en secreto. No obstante esto jamás se confirmó. De la misma manera tanto Granger como Dall si lo eran en su vida intima. Como bien dice un débil Phillip está Rupert jugando al juego del gato y el ratón, a investigar que algo extraño está pasando en la reunión y quiere saberlo. Es un filme que recurre sólo a 9 personajes, incluidos unos segundos el cuerpo del asesinado David Kentley. A los invitados se le suma la criada. John Dall actuaría muy poco en el cine, su pasión sería el teatro, aun cuando su debut en el cine le dio una nominación al Oscar y lo puso como prometedor en el medio. No obstante nunca llegó a saborear mucha popularidad en el cine aun así. Farley Granger sí tiene algunas películas muy famosas en su filmografía, aunque su carrera no fue del todo gloriosa, pero sí nutrida, con altibajos. James Stewart fácil puede ser el mejor actor clásico del cine y no es poco decirlo. Como se basa éste filme en una obra de teatro es una propuesta digamos que austera, con pocos recursos, como estar en un único lugar, la casa de los asesinos. Hitchcock lo convirtió un poco en un filme experimental, no por raro, porque es super clásico y muy bueno, sino porque se estructuró bajo unas pocas secuencias de 10 minutos cada una y Hitch trató de esconder los cortes, las uniones, como mediante la repetición de apuntar -salir y entrar-con la cámara a la ropa. La soga es un filme sencillo, pero notable, con muy buenas actuaciones, con conversaciones directas al punto, pero muy ricas, con su sabrosa interacción de misterio e investigación, con su toque de picardía, su pizca de trasgresión y su pequeña cuota de filosofía, con el famoso y poderoso suspenso del director y con sus inteligentes momentos de tensión, sospecha tras sospecha. Se disfruta de manera muy fluida a través de algo interesante. El profesor lanzará un monólogo de subsanación en pos de su cátedra de autosobrevaloración narcisista intelectual, explicación que responde a Nietzsche. También se puede ver ahí a Hitchcock que se divertía con esto -el negocio del crimen- con su cine y lo fantástico, la excepcionalidad que le otorga su profesión, como ese juego intelectual en el aula que profesa Cadell y es malentendido y fríamente puesto en práctica. Como se dice, hay una personalidad dañada que es la culpable, la que convierte fantasía y abstracción en sordidez.
sábado, 19 de febrero de 2022
Vértigo
Éste filme es de los más populares y celebrados oficialmente del séptimo arte. Muchos lo consideran, antes más quizá, el filme número 1 de todo el cine. Hitchcock fue un director de muchas obras maestras, pero éste filme suelen destacarlo en particular, adaptación de una novela negra del francés Pierre Boileau. Es una propuesta que puede leerse como relato de terror, pero a media hora de terminar se define como cine negro por la puerta grande o con alevosía, una historia de crimen. Es un thriller psicológico, juega con la locura al tiempo que es una historia de fantasmas, de posesiones e inducción al suicidio. Finalmente todo queda como un plan perfecto, el asesinato perfecto. Es una historia de amor también, muchos la ven como de necrofilia o atraviesa esto sutilmente como perversa fantasía sexual. El protagonista, John Ferguson (el legendario James Stewart), se enamora con pasión, con furia, convencido de haber hallado a su otra mitad. A él no le importa meterse con una mujer casada, ni pareja de alguien de confianza, la necrofilia tampoco parece asustarle, lo suyo es obsesivo. Es un filme que puede leerse un poquitín machista, haciendo de una mujer semejante a otra (copiándola), ideal en la mente de John, pero también es su subconsciente que está buscando respuestas y curas, como a su fobia con la altura que va de la mano con la propia locura tras el sentido de culpa y debilidad de no poder haber salvado al objeto de amor absoluto, se trata entonces de una reconstrucción del alma. Es así que todo conduce a recrear el momento clave de la historia. Puede leerse que esto implica cierta perversidad, pero también es una investigación trunca que un detective por naturaleza -frustrado en ese ámbito también- está administrando cerrar. Todo pasa porque John, alias Scottie, halle la luz, su tranquilidad profesional y su sanación emocional. Aunque se plantea un accidente, y también un final rápido y de efecto a lo Hitch, se entiende tener cerca recurrentemente a una mala mujer, un asunto que va en varias sub-tramas, si bien alguna por meterse con criminales habiendo elipsis al respecto. Así mismo la mujer española parece haber sido infiel, denota otro juego de espejos. Tenemos entre manos una trama que hace uso del doble, del que no puede despegarse de la imagen preconcebida, quiere decir que hay un destino que no suelta a ésta mujer que interpreta Kim Novak, un objeto de adoración, pero también maldito, aun cuando hay belleza y un aura de sofisticación y actos de bondad y sensibilidad de su parte. No obstante no falta cierta vulgaridad, como deja ver el aspecto en cierta manera de Judy, mientras lo español puede que juegue con el cliché de lujuria. Así mismo Scottie es un tipo destinado a sufrir. El crimen parece pagar. Paradójicamente amar se siente como un error que deviene en fatalidad. Es el mal el que hace de las suyas, como buen cuento de terror, aunque no pueden o no suelen faltar las soluciones. La mujer perfecta en el relato es la amiga, Marjorie, pero es Madeleine y la española las escogidas y con ellas la tragedia. Es la eterna elección de las pasiones, por lo que uno cree aburrido o más convencional, también parte clásica del noir y de la novela en general, la atracción por el pecado. Pertenece a la obra romántica, de aire gótico, aunque se ubica en lo urbano, frente al imponente puente Golden Gate. Como crimen perfecto se oye algo fantástico, pero finalmente suena aceptable. Dicho desde una lectura sencilla, hacer películas se puede decir, tomando específicamente de parámetro ésta película, es meterle literalmente rollo, un poquito de poesía -mucha amabilidad- y otro de mítica -trabajar detalles como la forma de llevar el cabello-. Es así que Hitch propone el éxito con un estilo comercial-exagerado (a su manera), con ideas ligeras, cine de masas pues, aunque los académicos fieles al pensamiento de Truffaut lo tomaron más que en serio. Truffaut fue defensor del cine comercial por encima del cine intelectual, de donde se puede entender tanto respaldo por Vértigo (1958), a diferencia de Godard, que después de tocar el éxito éste dominaría su quehacer cinematográfico, sería el sentido de su cine. Godard, incluso, priorizaría la política por encima del cine (como arte) donde rompería con Truffaut y dejaría de hacer obras maestras como Alphaville (1965), donde justamente hace arte con mayúsculas, que contiene política, un logro mayor a todo lo demás suyo. Truffaut, en su visión, llamó a un cine, de qualité (o esnob), que no era tampoco radicalmente distinto al que apoyó, pero suena lógico lo que hizo, porque sus obras en general denotan cierta imperfección, si bien no llegan a casos graves. Lo denominó de qualité por hallarlo más cuadriculado, menos vitalista, quizá más formal, más cuidado, con más recursos. Dicho como un hecho, no le fue difícil imponerse. La reconstrucción física de la obsesión es rauda pero es parte del estilo del director de como cerraba muchas veces sus películas. Vértigo tiene una explicación llamémosle decente, aunque coquetea con lo ridículo, una explicación de esas impresionantes o espectaculares, cosa que ciertamente Hitchcock defendía de su cine, de manera abierta, de donde tuvo detractores inicialmente. Las caídas lucen realmente brutales, son terror del bueno, y curiosamente desde lo clásico, lo cuidado, lo delicado. Ésta propuesta es una buena historia de terror que se convierte en cine negro, psicología que gira hacia la practicidad, entretenimiento de nivel, popularidad a la vena, como era lo que hacia uno de los grandes directores del séptimo arte.
domingo, 13 de febrero de 2022
Compulsion
Se basa en la novela de no ficción de Meyer Levin escrita en 1956 que es previa a la mega popular y maravillosa A sangre Fría, escrita en 1966, donde Truman Capote popularizaría el tipo de novela, la llevaría a lo más grande. Dirige Richard Fleischer ya en la mejor etapa de su carrera, en toda gloria de cine clásico. Se basa en un crimen real, el de los asesinos Leopold y Loeb, cuando tenían 19 y 18 años respectivamente. Ambos provenían de familias muy ricas y ellos tenían altos intelectos, sobresalían en los estudios universitarios, estudiaban derecho. Loev en el filme es Arthur Straus (Bradford Dillman) y Leopold es Judd Steiner (Dean Stockwell); llevaban en la propuesta otros nombres para evitar demandas. El libro de Levin fue escrito mediante además entrevistas a Leopold, pero tenía de ficción y se cambiaron varias cosas; Leopold se fastidió con el resultado del libro y la película. Leopold fue muy amigo siempre de Loev quien murió apuñalado en la cárcel. En el filme Steiner/Leopold es medio manipulado por la amistad y devoción que le tenía a Straus/Loev. No obstante es Steiner a quien vemos más hablar del super hombre y la superioridad intelectual que proponía Nietzsche, y esto los lleva a poner éstas ideas en práctica y planificar delitos pequeños para luego asesinar a un chico del mismo barrio suyo, un niño de 14 años. En el super hombre de Nietzsche el pensamiento es que éste super hombre yace por encima de la moral de Dios, es el hombre como Dios por sobre la mediocridad. En ello no hay culpa ni misericordia por encima de lo "vulgar". En el relato del filme saltamos de pequeños delitos a ya consumado el crimen -no lo veremos- y van aflorando datos y conversaciones que dan por entendido, informan, sobre el homicidio ya ejecutado y en estado de investigación. En éste trayecto conocemos las personalidades de Straus y Steiner. Straus es un tipo muy egocéntrico y que quiere llamar siempre la atención, se jacta de todo y siempre quiere pretenderse incorregible y trasgresor, el más astuto del grupo. Steiner no salía con mujeres, era solitario, y se da a entender que tenía inclinaciones homosexuales y quizá estaba enamorado de Straus. Bradford Dillman tiene una sonrisa muy pícara, su performance colinda con la superficialidad y el engreimiento notorio, como con su aproximación con su madre. Se ve en repetidas ocasiones que empuja a hacer cosas a Steiner. Dean Stockwell hace de tipo sufrido, siempre golpeado y pensativo, metido en sí mismo (salvo para jactarse de ser muy inteligente), lleno de dudas y miedos, interpreta a alguien como hecho de gelatina. Es un gran dúo y estupenda interacción e imagen la que consigue Fleischer con ellos, sobre todo cuando la primera parte es conocerlos, profundizar en sus mentes, personalidades y emociones (mucho del débil Steiner que del por encima del mundo Straus). La segunda parte es la investigación de su crimen, donde Straus muy frío participa directamente hasta ironizando, mientras Steiner se ve humano con una primera relación con una mujer. El presente filme refuta las ideas de Nietzsche, con su objeto símbolo, unos no tan comunes lentes de medida. La tercera parte es todo Orson Welles, en particular con monólogos gloriosos contra la pena de muerte. No obstante es difícil aun así de tragar, pensando que perder a un hijo (y además en un crimen horrendo) es un tema bastante intratable. Welles hace de un abogado famoso, genio e idealista quien en verdad existió e hizo lo que vemos en el filme. Es una obra llena de emotividad. También trata un poco con la diferencia y lucha de clases, el resentimiento -aparte de lo razonable- y el peor abuso. Loev y Leopold eran ratas, son retratos complicados, el final se afirma en ello, aunque se maneja momentos donde muestran afectos y sensibilidad, y parece Straus un tipo gracioso, relajado, un chico nice, de elevada educación y sofisticación. El odio, sin tampoco exageración, hacia ellos y lo que representan como niños ricos se ve claramente en el amigo periodista, en Sid (Martin Milner), que representa a la clase trabajadora, pero en pos de lo intelectual, una intelectualización si se quiere diáfana y más humilde. Sid también aprenderá a ser más humano -saliendo de lo general-, desde gente muy consciente, como la imperfecta Ruth Evans (Diane Varsi), que ven el mal y el bien en el mundo y no pierden la fe.
viernes, 11 de febrero de 2022
Follow Me Quietly
Éste es cine B, dirigido por Richard Fleischer, cuando tenía poco tiempo de comenzada su carrera como director. Se basa en una historia del también director de cine Anthony Mann. Es notorio cine B porque maneja cierta idea torpe, imperfecta y hasta algo ridícula, en el uso de un muñeco similar al dummy como prueba de identificación de un asesino en serie. El dummy se basa en el peso y la altura de un recurrente sospechoso, pero no hay rasgos físicos de ningún tipo del rostro. Sin embargo se usa como si fuera algo elaborado y útil para identificar al asesino. No obstante hay sus momentos valiosos con éste, como en la secuencia donde el investigador policial principal, Harry Grant (William Lundigan), interactúa con el muñeco en una noche solitaria en su oficina. En ésta secuencia se crea terror, suspenso y surge tensión. No se puede evitar cierta sonrisa involuntaria con muchos momentos donde se usa el muñeco, es su mayor defecto, pero el filme tiene sus virtudes también; es cine clásico, aunque cine B, y se nota. Otros momentos tontos de investigación los produce la pista de una revista hallada en uno de los lugares de crimen. No obstante una cosa lleva a la otra y van avanzando en aproximarse al asesino. Éste proceso luce gaseoso, débil como soporte, pero todos actúan con tal seriedad y entrega que se forma un contraste curioso y uno sigue adelante, se entretiene y sale algo no desechable en conjunto. La última secuencia es de acción, de lucha y persecución en una fábrica, con psicología encima y es una maravilla. El asesino en serie ataca solo cuando llueve y quiere castigar los pecados de las personas. Esto es poco, no hay mucha argumentación al respecto, es un filme de 1 hora, pero, desde luego, tiene lo suyo. Hay una escena donde se ve en toda violencia un ataque bien frontal y sorpresivo del asesino. A razón de éste ataque -un disparador- en otro momento cuando aparece la lluvia en la oficina del investigador se maneja un suspenso sólido. Es un filme que no es obviamente una obra maestra, pero es atractivo y curioso. Fincher ha debido de verlo, entre otros de Fleischer, de asesinos en serie. Otro agregado es que se odia notoriamente a los periodistas y se argumenta bastante de esto, pero finalmente se trabaja con ellos, desde la posibilidad de un romance, incluido un momento naif clásico (bueno) en pijama, con la periodista rubia y agradable Ann (Dorothy Patrick). La mayoría de actores presentes son de cine discreto o de performances no popularizadas en el tiempo, pero no lo hacen mal, otorgan personalidad a éste poco celebrado pero simpático noir.
miércoles, 5 de enero de 2022
The Shop Around the Corner
El filme se ubica en Hungría, adaptando la obra de teatro Perfumería del húngaro nacionalizado americano Miklós Lászlo, dirigida por el megafamoso nacido alemán nacionalizado americano Ernst Lubitsch. Ésta es la película más famosa de uno de los grandes nombres del cine clásico. La obra se contextualiza a puertas de la navidad y termina en la celebración de éste día. La historia nos presenta el trabajo en una tienda, perteneciente a Hugo Matuschek (Frank Morgan), un jefe serio, justo y noble por igual, hay respeto hacia él y formalismo, pero aprecio hacia su persona y de éste por sus trabajadores a quienes trata de nombre, es el jefe ideal sin rollos de ningún tipo, bueno, decente pero inteligente. Se percibe dificultad por hallar trabajo en la época o el país o respeto por tenerlo o es el reflejo del de Matuschek. El trabajador más destacado del lugar es Alfred Kralik (el sensacional James Stewart), quien es un tipo muy culto, en un trabajo humilde; su inteligencia lo hace algo difícil con algunas personas, lo que hará el drama de la película y generará complejidad en ésta comedia romántica. La que lleva un trato duro de Kralik es la nueva trabajadora, la señorita Klara Novak (Margaret Sullavan), quien es una mujer abiertamente culta, amante de libros, literatura y textos académicos, pero de trato sencillo, es una mujer amable y carismática. Luego sabremos que tanto Kralik como Klara son almas solitarias; ella la lleva peor por la época, es melancólica y algo propensa a la crisis mental. Klara escribe a eso de las citas románticas con extraños y empieza a recibir cartas de un pretendiente. La curiosidad es que el pretendiente es Kralik y ella no lo sabe. Klara producto del trato laboral detesta a Kralik aunque guarda ciertas formas y educación. No obstante lo cree un tipo vulgar. En ello entonces entra a tallar una especie de historia a lo Cyrano de Bergerac. El filme economiza bastante narrativa, recurre a talentosas elipsis, maneja el tiempo como los más grandes; su estructura permite conocer cosas más allá de lo lineal, con ello implica mucha sorpresa y novedad, genera curiosidad siempre, ya que más tarde se conocen las razones de hechos que impactan primero y parecen incoherentes momentáneamente. Aunque hay elipsis y un tratamiento no simple, sabe explicarse muy bien y ser entendible a un público amplio. Con Matuschek hay un coqueteo con Ebenezer Scrooge, de manera distintiva y personal. Estamos ante una de las mejores películas que se han hecho por navidad.
sábado, 12 de junio de 2021
Hombres Lobo clásicos
El hombre lobo (The Wolf Man, 1941)
La maldición del hombre lobo (1961)
La marca del hombre lobo (1968)
miércoles, 16 de septiembre de 2020
I Married a Monster from Outer Space
I married a monster from outer space (1958), de Gene Fowler Jr., es una muy buena película, perteneciente al cine B, pero es tremenda equivocación generalizar y pensar que éste cine es malo o se halla plagado de errores. Es un filme de bajo presupuesto, sí, pero esto conlleva doble mérito porque aun así es una maravilla de película. Éste filme tiene gran nivel en todo sentido, es sólido e inteligente, tiene efectos especiales más que decentes, y es bastante entretenido, es el paquete completo para cualquier cinéfilo que se precie de hardcore. La trama es sencilla, alienígenas sumamente feos, monstruos como dice el título -con una presencia y estética de gloria para amantes del cine de género-, pero de gran inteligencia, dispuestos a aprender -cómo las emociones humanas, amor de pareja, amor familiar, devoción, lealtad, tristeza, etc- y a viajar por el espacio y salvar a su raza, secuestran hombres y toman sus cuerpos y recuerdos, se hacen pasar por ellos. La protagonista, Marge (Gloria Talbott), se casa con Bill (Tom Tryon), pero éste a un día de casarse es tomado su cuerpo por lo extraterrestres. Lo que viene es la interacción matrimonial del nuevo Bill y Marge y no es en absoluto una comedia como uno podría pensar, el filme es muy serio y transmite incluso cierto drama, hay feeling en la propuesta. Esto es una genialidad si pensamos que se trata físicamente de monstruos, sin medias tintas estéticas, pero también porque Fowler no sobredimensiona nada, no busca el melodrama, sino todo tiene un aire súper clásico y tranquilo. No obstante al final ciertamente hay un querer hacer un poco de espectáculo, propio del cine de género, y está muy bien, es un combate abierto cuando Marge ha logrado su misión. Marge es la heroína, es una mujer común, pero eso no le impide delatar al nuevo Bill, mostrando carácter y osadía. Aunque ella lucha por tener el matrimonio que ha soñado -un matrimonio tradicional- claramente tiene ella un sentir feminista en su ser, de lucha férrea contra eso extraño que no le gusta, Bill pues no es el mismo, no la satisface como esposa, en ello está la frustración de no tener un hijo. Marge lo siente frío con ella además, y eso no es nada, intervendrá la locura. En la relación entra a tallar, claro, que el nuevo Bill no es humano y no conoce las emociones, trata de disimular, pero es tal cual estar en un disfraz. En mucho el filme habla de desamor. La película se pone buena porque el nuevo Bill empieza a sentir amor, a valorar éste sentimiento, y a sus enemigos -a los seres humanos-, y se vuelve compasivo, ve más allá de su esencia de procreación y subsistencia, incluso cuando Marge quiere deshacerse de él. Marge nos está diciendo que no puede amar a un monstruo, léanse todas las posibilidades de lectura que algo tan sencillo y claro puede provocar, esa es la magia del cine clásico. La obra de Fowler Jr. crea escenas memorables como cuando la desesperación gobierna y la consecuencia es la burla y el crimen. El nuevo Bill tiene un retrato complejo, puede ser muy frío y decidido, como cuando mira por la ventana a sus compañeros en acción, o muy sensible, hasta ser suicida.
jueves, 10 de septiembre de 2020
I was a teenage werewolf
I was a teenage werewolf (1957), de Gene Fowler Jr., fue un hit en su tiempo, un film de cine B que está tan bien hecho que no parece cine B, pero el cine no tiene finalmente etiquetas en cuanto a ser bueno o malo, malo o bueno puede ser (casi) cualquier filme. Hay cine B que es muy bueno -tanto como otro bastante malo-, como el presente que es una obra maestra, un clásico de culto dígase además. El hombre lobo adolescente del filme lo interpreta Michael Landon, que se hizo muy popular por trabajar en series, como la familia Ingalls o Bonanza. Landon hace de joven rebelde que roza lo sociópata. Le sale pelearse muy fácilmente, el lanzarse a los puños sin mucha meditación. Pero Tony (Landon) al fin y al cabo tiene consciencia y tiene su nobleza y educación, es un hombre muy enamorado, de la bella Arlene (Yvonne Lima), por la que decide ir donde un psiquiatra, el doctor Brandon (Whit Bissell), a que lo eduque y lo corrija, mediante un método de hipnotismo, y una ciencia particular. Lo insospechado es que con éste doctor se esconde el verdadero mal y la ambición desmedida. La primera parte que tiene muy en mente Rebelde sin causa (1955) pero con su cierta personalidad y su propia sencillez formal, más un toque clásico, se vuelve en la segunda una película de terror hecha y derecha, muy bien realizada, llena de intensidad y ritmo, aunque con mucha delicadeza, y suma asertividad, donde cada movimiento luce inteligente y muy coherente. Es una película de terror notable en lo que realiza el hombre lobo, desde unos efectos especiales sencillos, pero buenos, partiendo de una alarma, curiosidad y cierto deseo velado como punto de transformación. Hay una escena de canto con un chico rubio llamado Vic (Ken Miller), que tiene todo el sabor del más bello cine clásico, que le sigue un montón de bromas juveniles inocentes que terminan en una explosión. Ésta primera parte es un drama, que en la segunda tiene al hombre lobo suelto en plaza, éstas dos partes bien distinguibles se fusionan perfectamente. Fowler fue un reconocido editor, pero también tenía su talento como director de cine, como pocos supieron ver en un inicio. Ésta película inspiró a muchos en el género a enfocarse en la adolescencia.

















