domingo, 28 de junio de 2026
White Heat
El americano Raoul Walsh es uno de los grandes nombres en dirección del cine clásico. Los entendidos saben de su grandeza como cineasta, pero yo diría que no es todo lo conocido que debería ser. Walsh hizo películas durante 6 décadas, lo cual es impresionante. Ha dejado algunas máximas propuestas en el séptimo arte y no en cualquier lugar, sino en uno de los más grandes, el cine clásico americano. El presente es uno de los mejores noir de la historia. El final hace recordar el final de Tony Montana, con el fuego, lo radical y desenfrenado, un estado de estar fuera de sí y creerse en la cima del mundo. James Cagney es el protagonista, experto en hacer de gángster. Ha dado muchas memorables actuaciones a ese respecto. Cagney es de baja estatura, cuerpo fuerte, sonrisa ladina, ojos y mirada fulminante, como si estuviera siempre a punto de estallar. Hace genialmente de loco, como Cody Jarrett, que tiene unos dolores de cabeza que lo tumban al suelo y que sólo adora a su madre, a más nadie, interpretada por Margaret Wycherly con 68 años. Cagney tenía 50 años en su rol y en éste tiene un gran apego materno, la que lo consciente en todo y lo empuja al crimen, a ser como es. Muchos lo ven como un superhormbre del hampa, como si fuera a prueba de balas, dicho abiertamente. En la trama, Cody y su banda asaltan inicialmente un tren en un despliegue visual bellamente coreografiado. Saltan de un puente a un vagón en movimiento. Cody no duda en matar, llega a matar a muchos, incluso a traidores. La película aunque es clásica se ve universal, uno puede admirarla actualmente con mucha facilidad porque le habla a lo atemporal. Hoy en día se puede ver que dialoga con el presente. Cody tiene una novia, que es la típica mujer interesada, que no lo quiere en realidad y lo hace notar. Él lo sabe, pero la tiene al lado por su notoria belleza y su sexualidad. Está con cualquiera por dinero, por lujo. Lo interpreta la bella Virginia Mayo. En un lapso de arrebato, clásico del gángster que suele interpretar Cagney, patea la silla donde está sentada Verna (Mayo), botándola hacia atrás. Surgen también jugueteos entre ellos, como cuando ella trepa en su espalda con una botella de alcohol en la mano. Parrandean, celebran la vida criminal, si bien viven con mucha tensión. El héroe es un policía infiltrado en la banda, Hank Fallon como Vic Pardo (Edmond O'Brien), a las ordenes de John Archer (Philip Evans). Fallon es muy inteligente, deduce bastante y se gana notablemente a Cody. Piensa por sí mismo. Por el final hay otro robo y se producen escenas magistrales. También hay un ajuste de cuentas y varios escapes. Fallon antes de infiltrarse hace que los criminales que lo conocen salgan de la cárcel a otro lugar, pero hay varias escenas donde peligra ser reconocido. En un instante que quiere dar un aviso es interceptado por un matón y pelea con él. Discute con Cody quien le señala su sofisticación en el modo de pelear que le hace dudar de su identidad. Al hacer proyecciones. El filme argumenta en varios momentos de manera clara y potente en la interrelación, lo cual es propio de la sabiduría del cine clásico. Se ven cosas atractivas aunque algo rudimentarias que actualmente se ven muy naturales, pero para le época eran avances tecnológicos, novedades, que son explicadas, como poner un radar por vibraciones para seguir el recorrido y ubicación de un auto, e igualmente así se ven los teléfonos grandes y antiguos en los vehículos policiales como radios entre ellos. El filme está plagado de audacia, y es una obra que es muy entretenida, con el usual ritmo perfecto del cine clásico. No falta que Cody empiece a disparar con una escopeta, lo cual le da gloria a sus enfrentamientos. Tener secuencias en la cárcel es otro punto atractivo de la película. Se ven escenas con muchos extras, tomas panorámicas con mucha gente que aportan gran realismo, como cuando los presos se ordenan para comer. Ahí Cody es atacado por las emociones y Cagney luce todo su tremendo histrionismo y corporalidad. Cody es un tipo con una vida penosa, destruida por sus elecciones, nadie lo quiere, todos lo quieren muerto. Se llega a manifestar su decepción -algo que lo persigue- aunque la pega de irónico, de tipo que no se amilana por nada, pero por el final se percibe que su locura es también un deseo de ya no querer continuar, pero en su ley. Los policías son ilustrados muy decentes, tratamos con el idealismo, porque también tienen emociones, miedo a perecer en acción y la violencia engendra violencia cuando Cody es un enemigo absoluto. Cagney brilla bastante en medio de un reparto excelente, incluso lo es toda su banda pero de perfil bajo, donde sobresale el viejo sordo.
