martes, 26 de septiembre de 2017

Come drink with me, Dragon Gate Inn y A touch of Zen

Son tres películas míticas de artes marciales chinas, espadachines y de época, en China es un género en sí llamado wuxia, pertenecientes al chino King Hu, tres películas que sentaron las bases del cine de acción marcial de su país como renovación, expansión y popularidad.

Come drink with me (1966)

Tiene como heroína a la guerrera conocida como Golondrina de oro (Cheng Pei-Pei; la que más tarde haría de Zorra de Jade, la antagonista ambigua en Crouching Tiger, Hidden Dragon, 2000) y en segundo plano como su guardián secreto a un maestro de kung fu que se hace pasar por vagabundo y alcohólico apodado Gato borracho (Yueh Hua). La trama es sencilla y emocionante como buena cinta de acción.

Unos bandidos han secuestrado al hijo de una importante figura política para intercambiarlo por el líder de su banda que yace preso. Éste es el pretexto del filme para rivalizar, pero es innegociable porque el gobierno no accede a intercambios y envía a Golondrina de oro a rescatarlo. Con tan sólo esto vemos variedad de enfrentamientos donde la protagonista muestra toda su habilidad de pelea, especialmente con armas (cuchillos, dardos, espadas).

El filme no tiene una lógica estricta marcial, los combates tienden a exagerar, pero se ven excelentes las coreografías así, imponiendo mítica y pegándose a la historia, más que buscar la destreza real. Es un lugar para magnificar a los personajes y perpetrarlos como parte de un cuento. El filme es un sólido entretenimiento, con su ligereza argumental, vital y sus continuos ataques y contrataques, sobre todo porque la grandilocuencia no viene por la fluidez, rapidez y coherencia de los golpes, sino por la construcción en cuanto a la sobredimensión de habilidades en el combate, plenamente justificados en su propia visualidad y libertad.

La trama muestra a Golondrina de oro yendo de frente contra los bandidos cuando entra a sentarse en un restaurante-posada donde ellos suelen hallarse, toma un cuarto en el lugar, y más tarde los sigue hasta su escondite, un templo budista. Los bandidos que son un ejército quedan plenamente dibujados cuando matan a un niño fisgón. El filme saca un as de la manga con una sub-trama bien avanzado el metraje, con el hermano mayor de Gato borracho –hermano mayor que lo recogió, pero es un traidor y ambicioso- que es el gran reto final de combate de la propuesta. Gato borracho impone alegría, poética, humor, música y simpatía también, anda con un coro de niños y tiende a cantar. Lo curioso es que los artistas marciales principales se ven bien comunes, pero pelean como los más fieros. El filme crea su entero mundo fantástico. La ambientación y la vestimenta también son muy loables.

Dragon Gate Inn (1967)

Película que es algo más compleja que su antecesora, tiene más giros, más escapes para seguir con la acción. Ésta vez se trata de una zona dominada por un gobernante eunuco que tiene a su banda de guerreros tras los pasos de una dinastía que rivaliza por quien gobernará y quiere destruirlos. La ambición de poder y control hace que el eunuco en jefe mande a sus mercenarios a matar a los hijos de su contrincante político. Pero en el camino salen maestros marciales a defenderlos. Estos parecen gente casual y en un inicio como en un tipo de comedia -slapstick- parecen enfrentarse sin ton ni son a los malvados, pero aunque surgen infinidad de peleas y conspiraciones, para matar inocentes y entrometidos, el filme luego expresa motivos. El eje es simple, salvar la dinastía en peligro y vencer al eunuco y su banda de guerreros.

Xiao (Shi Juan) es el protagonista más importante, tiene mucho carisma y se ve bien ligero, pero como él mismo responde las apariencias engañan. Tiene a flor de piel el humor, pero pelea con grave destreza, frescura y cierta vanidad. Xiao es un lobo solitario, al que le han pagado, pero va más allá y se siente comprometido con la causa de los hijos del general Yu. Es un héroe en toda cabalidad, aunque de lo más sencillo y funcional, no tiene background alguno, y no pelea sólo, tiene su pequeño grupo de aliados, unidos por fervor a la misma causa.

El filme se presta sobre todo para combatir, hay infinidad de luchas impresionantes, pero lo hace con preámbulos donde hay sarcasmo, juego, suspenso, diálogos absurdos y jugosos, mucha gracia y picardía. El filme no sólo se aboca a pelear aunque tiene una trama muy práctica y esquemática, pero la estructura para generar pequeños pretextos de encuentros -acción, choque- es de suma elaboración y audacia. Hay una soberbia puesta en escena, como un uso del exterior natural maravilloso; toda una preparación y rodeos in situ para luego generar las esperadas y aclamadas luchas.

El contexto central es la posada Dragon Gate donde perro, gato y pericote se esconden, se preparan y se encuentran para pelear. En el arranque del filme son presentados los guerreros enemigos principales, pero al final poco importa sus nombres, sino que den muchas batallas, en ello la propuesta mantiene la tensión hasta el último minuto. Tsai Ming-liang le haría un homenaje a ésta película, pero a su estilo, con la maravillosa Goodbye, Dragon Inn (2003), centrada en una vieja sala de cine donde se está viendo éste famoso wuxia.

A touch of Zen (1971)

Ésta película dura unas 3 horas aproximadamente y es la película más famosa de King Hu y la que más trabajo y tiempo le demandó, tomó 3 años terminarla. El filme tiene la curiosidad que uno de los pilares del filme es el actor Shi Juan, como Ku Shen Chai, pero aquí no sabe artes marciales, es sólo un dibujante que vive con su madre que para fastidiándolo de solterón. No obstante más tarde se mostrará como un eximio estratega militar, cuando quiera salvar a una fugitiva, Yang Hui-ching (Hsu Feng), que es maestra de kung fu y sobre todo con la espada.

El filme demora 55 minutos en presentar su primera pelea marcial, antes maneja el misterio con un extraño visitante, además de que juega un poco con el terror con un fuerte encantado. Los malvados están liderados por el eunuco Wei y la cámara del este (sus agentes policiales), que quieren matar a Yang porque su padre delató al eunuco de corrupto. Ku y Yang tienen una escena romántica muy bella e interesante y queda unido a ella para siempre, aunque Yang es una mujer ruda y autosuficiente, es ella la que se enfrenta a espadazos con los asesinos, pero esa noche cae en brazos del que menos uno esperaría, un hombre débil físicamente, pero muy inteligente, honorable y valiente.

Yang además tiene a su lado gente leal de su padre que yacen de encubierto y son los que pelean hombro a hombro, cuerpo a cuerpo. Estos se enfrentan a los distintos mandos de la cámara del este que la buscan. No faltaran peleas muy vistosas, intensas y exigentes, pero igualmente será necesaria la inteligencia y sensibilidad de Ku, lo sobrenatural y la fe. Enfrentan la especial dificultad con el capitán Ouyang Nin que parece invencible y, después, al comandante Hsu Hsien-Chen, que es el doble de diestro que el capitán y más cáustico. El filme es un canto de mítica, personajes de un grato atractivo visual, en un empaque llano y transparente, valiéndose de un súper entretenimiento.

Otra participación determinante en el conjunto es la del abad Hui Yuan (Roy Chiao), líder de un grupo de monjes budistas y el que aunque aparece en pocas oportunidades brinda un aire místico y trascendental al filme, aparte de que ejecuta el llamado golpe del toque zen, un golpe espectacular dentro de un poderoso clímax. El filme finaliza artístico, desbocado, un poco extraño (pero entendible) y muy libre, lo mismo imitaría la genial y popular Crouching Tiger, Hidden Dragon -en mucha menor valía como colofón, pero se podría decir que por más tiempo, a partir del vagabundear descubierto de Jen Yu, la bella Zhang Ziyi-. A touch of Zen es una obra magistral e hito del séptimo arte. 

viernes, 22 de septiembre de 2017

Dragonfly Eyes

Una chica llamada Qing Ting (significa dragonfly, libélula) deja un templo budista donde iba a ser monja, pasa a trabajar a una fábrica lechera, luego a una tintorería donde una cliente de dinero hace que la expulsen, para eso todo el tiempo ha entablado amistad y más con Ken Fan, el hombre se entera del despido y se venga de la mujer, perpetra vandalismo y va a la cárcel. Qing Ting se hace cirugía y se transforma en celebridad de chat en línea, antes es camarera en un restaurante cosmopolita. Ken Fan sale de la cárcel y se convierte en Qing Ting.

A grandes rasgos ésta es toda la trama de la película que suena bastante extravagante, pero tiene aún más curiosidad porque está hecha íntegramente con las imágenes tomadas por cámaras de seguridad; es mediante la técnica del found footage que se reinterpreta la abundancia de lo compilado y el director chino Xu Bing en su debut cinematográfico fabula una historia arbitraria, propia, imaginativa, novedosa y también entretenida. Xu Bing tiene su debut con más de 60 años de edad, pero es un reputado artista, conocido por sus instalaciones artísticas y por ser catedrático en Estados Unidos y China.

Sus 2 protagonistas, una pareja de enamorados, él mucho más que ella, perviven en el rostro de las miles de caras que pasan por las cámaras de vigilancia con los que se logra plena continuidad narrativa; tomadas las personas a distancia, y en una estética no muy nítida pero no sucia, la especificidad se confunde y toma normalidad y credibilidad, pero ya lo dice una conversación de la trama que expresa que los seres humanos son como las vacas, se creen distintivos pero son todos muy parecidos, proyectando el experimento incluso frente a la dificultad de manejar lo físico, pero que Xu Bing lo hace ver muy fácil y bien articulado.

Dragonfly Eyes (ojos de libélula) hace clara referencia a las cámaras de vigilancia, a los miles de ojos artificiales que se posan sobre nuestra vida diaria y ordinaria, aunque también hay momentos donde brilla lo espectacular. Xu Bing hace uso de la grabación de suicidios también para darle forma a su trama, pero lo hace sin polémica, sino muy suavemente, las imágenes se perciben discretas. El filme hace uso de buenos símiles como con fenómenos naturales y grandes explosiones producto de accidentes de naturaleza grandilocuente para retratar emociones altisonantes. Es medio show las vidas tanto de Qing Ting como la de Ken Fan, buscan salirse de lo habitual de la existencia, lo cual llega a ser nefasto y epifánico. El filme termina donde comienza, tras atravesar lo mundano, la violencia y lo banal, la naturaleza humana (que critica), regresa a lo místico, a lo íntimo y frugal.

La historia puede verse a ratos no tan efectiva producto de que no todo encaja con las imágenes de las cámaras de vigilancia, pero en general es un uso audaz y eficiente, además de que sí contiene una historia, decente, al menos, aunque ligera y marcada, por las imágenes que son mucho como explosiones, sobre todo en momentos claves, provocando intensidad narrativa. Es mucho un viaje de fuertes emociones, con imágenes que impactan, pero que no son morbosas, pero se percibe cierta locura del mundo. Tiene también momentos muertos, que se ven muy funcionales o apenas aprueban o nos son indiferentes y por otro lado otros que son hasta muy simpáticos (el baile y coreografía en el restaurante). La película de Xu Bing tiene de película de espías con la vigilancia computarizada y algo quizá de Matrix (1999). Dragonfly Eyes (2017) se hizo merecedora del fipresci en el festival de cine de Locarno 2017.

jueves, 21 de septiembre de 2017

Certain Women

El cine minimalista y de lo cotidiano, de lo pequeño y sutil, de la directora indie Kelly Reichardt adapta 3 cuentos de su compatriota la escritora Maile Meloy. En la primera historia Laura Dern es la abogada Laura Wells, mujer solitaria que tiene un affaire con un hombre casado. Tras el encuentro sexual, mimos femeninos y mucha despreocupación, ella se topa con un terco cliente, Fuller (un estupendo, muy natural, Jared Harris), que necesita dinero para curar consecuencias de un golpe que tuvo en el trabajo, pero le han dicho que no tiene chance de demandar a su empresa. El hombre no entiende y le sigue exigiendo ayuda a la abogada. El problema termina con una acción desesperada, poco inteligente. En la segunda historia una pareja de esposos –interpretados por James Le Gros y Michelle Williams- quieren la arenisca –rocas- de un amigo suyo para construir su casa; el hombre en cuestión, un anciano, sintiendo el paso del tiempo luce melancólico entregando lo que desean. En la tercera historia, la mejor del grupo, una joven cuidadora de caballos (Lily Gladstone) siente fuegos artificiales por una muchacha profesora nocturna de derecho (Kristen Stewart) que descubre casualmente al pasar por su lugar de trabajo. Ambas traban amistad y se suelen reunir terminada la clase a comer en un restaurante. Luego de la cena y la conversación la profesora debe manejar 4 horas de regreso a su hogar, y la cuidadora volver a su solitaria y humilde labor.

En la primera historia Fuller pasa de un hombre insoportable para Laura a un tipo con virtudes; de un ser extremo –impotente con su problema de salud; problema que más tarde nadie recordará- a un hombre coherente y simpático. Fuller brilla hasta en lo romántico. Caer bien hondo extrañamente lo recupera. En ese sentido las historias pueden ser bastante ligeras pero nunca malas. Éste relato hace hincapié en las apariencias, en conocer más a las personas. Fuller se describe tonto en un momento importante, pero sensible y muy humano y eso seduce a Laura. El resto es una elipsis matrimonial, al punto que uno puede imaginar escucharlos hablar de ésta anécdota –la primera historia- como un recuerdo muy romántico.

En la segunda historia un marido sintiéndose culpable pero mostrándose muy autosuficiente trata de contentar a su mujer (Williams), la que muestra carácter. La película es todo un canto femenino; en ésta realización la mirada les pertenece a las damas, pero dan cabida a pensar el comportamiento masculino (ante ellas). La talentosa Michelle Williams en su personaje también muestra sensibilidad, y no se enfoca -en principio- en el hombre que tiene al lado, sino medita la tristeza, soledad y silencio del anciano. Pero la vida es difícil y tiene ciclos. Otra lectura, con el marido que no es un personaje maniqueo (aunque simple), pero está más pegado al tipo poco empático a fin de cuentas, es que deben lidiar con la felicidad de su matrimonio, se entiende distanciamiento e indiferencia, de esto que la arenisca –sumada una hija típica, de espíritu rebelde- sea tan sugerente.

En la tercera historia todo es más emocional, solo que medio secreto, se vive mucha intensidad y sentimiento –aunque no es que exista mucha acción, todo es muy romántico, pero estando pegados a la realidad, a la timidez y a la personalidad sencilla y práctica- con aquellos encuentros que tienen de seducción silenciosa pero muy sugerente (escuchar, mirar atentamente con ojos embobados, mostrar una sonrisa perenne), viéndose a través de los detalles; preocuparse por la persona, no por la clase; plantear algo tierno y curioso, pero muy lógico y simbólico; y ya cuando la fuerza de amar –de mirar- surge gigante llega el arrebato y la pasión mayúscula –sin contacto físico sexual o alguno amoroso-.

El filme puede verse muy poco para un ojo distraído, enérgico o demasiado fijo en lo espectacular, pero las historias beben de los detalles y aunque no se trata de mucha argumentación sí de una gran proyección, de la potencia de lo esencial y diáfano. Es la fuerza además de la imagen, con momentos claves, pero delicados. 

miércoles, 20 de septiembre de 2017

Mrs. Fang

Leopardo de oro, máximo premio del festival de cine de Locarno 2017, documental dirigido por el cineasta chino Wang Bing. Una mujer de 67 años sufre de Alzheimer hace más de 5 años y ahora está en la peor fase, yace casi inmóvil postrada en una cama, la boca la tiene entreabierta con los dientes a la vista y los ojos se encuentran fijos lagrimeando a ratos, se mueve apenas, no habla, está como en otro mundo, está muy próxima al estado vegetal, su nombre es Fang Xiuying, y el documental de Wang Bing pone la cámara a ver su último trance en el mundo, hacia su cercana muerte. El documental la retrata junto a su amplia familia –en especial con sus 2 hijos, hombre y mujer- que la están cuidando, en un lugar estrecho y humilde en la villa de Maihui, en la provincia de Zhejiang.

El filme simplemente documenta la pasividad de la mujer y el ajetreo y preocupación de los muchos visitantes a su alrededor –quizá también porque es la forma china de hablar-. La cámara se mete en la intimidad y en la tragedia de la enfermedad, Fang no se ve tranquila, su expresión es tensa, el filme la desnuda en un momento muy personal, y uno siente que invade su vida. El documental no apela al sentimentalismo, trata con la dureza y no pretende la ternura, las imágenes son sencillas pero fuertes.

Ver el estado de la señora Fang es incómodo, uno puede sentir como si ella nos dijera con su fija dolida expresión que nos vayamos, que no la miremos. Es como un alegato de sufrimiento, de un lugar sin solución y más bien demora en terminar. La familia discute de temas de sus vidas privadas, poco importa, la imagen de Fang lo abarca todo en este momento.

La señora Fang no necesita hacer nada, pero conmociona al espectador, y no es producto de violencia visual, el filme como máximo solo se fija en el rostro de la mujer, y no en sus necesidades fisiológicas cubiertas por su familia. Pero cuando vemos que le dan agua y ella casi se ahoga sabemos que el filme pudo ser mucho más explícito y mostrar una cara aún mucho más terrible para nuestra observación, aun cuando el filme está muy despojado.  

La propuesta presenta desahogo, en especial con la vista de la búsqueda de alimentación rural de los allegados de la señora Fang, cuando practican la pesca eléctrica y la cámara sigue hasta en tiempo real una larga caminata tras ésta labor. La pesca eléctrica se repite hasta en tres oportunidades ante nuestros ojos y es la misma monotonía que refleja los últimos días de la protagonista, de la que muy poco sabemos, y se ve bastante humilde, aunque lógicamente la muerte y su proximidad es culpable de quitarnos prácticamente todo.

El tema de la muerte que maneja Wang Bing es todo lo opuesto al espectáculo y a contar historias, es algo tan desprovisto de grandilocuencia y fantasía que acabada la película te quedas compartiendo el silencio con aquel cuerpo pasivo que hemos visto por tanto tiempo sin cambio llamativo. Es el tipo de vida que no solemos tener presente y más abunda; es el momento en que no pensamos y al que todos enfrentamos. 

martes, 19 de septiembre de 2017

Evolution

La directora de la película, la francesa Lucile Hadzihalilovic, esposa del polémico director Gaspar Noé, con quien ha colaborado en algún guion y edición, no podía entregar una propuesta convencional, por lo que atribuye poder simpatizar con su filme a lo sensorial en lugar de comprender una historia, y se pierde de ser harto más seductora, porque contiene buen material con el que tenía para crear una historia solvente y más interesante; rara y llamativa, pero justificable, a un grado que se hile, al menos. No obstante se aprecian algunos parámetros para conformar una historia, como contener un comienzo y un final novelesco, pero que en conjunto queda en ciernes, porque en realidad no hay mucho debajo y la experiencia se presta inferior.

En el filme de Hadzihalilovic vemos una isla con niños -sólo varones- dominados por unas falsas y frías madres que arguyendo enfermedad –inducida por ellas, como con el elixir que les dan- los trasladan rápidamente a un hospital lúgubre y de mal aspecto donde experimentan con ellos; en este lugar hay una fuerte relación con la concepción, a partir de los propios niños, los ya crecidos; ésta es la evolución que señala el título, pero que arguye una involución, claro, está, fuera de lo evidente, partiendo del rapto y el formateo.

Se ven prácticas cada vez más inexplicables y extravagantes que flirtean con la corrupción, siempre a un paso de la trasgresión, aunque la directora nunca llega a cumplir dicha amenaza –esto se aminora más bien en su composición- o no se capta en todo esplendor, pero a uno lo tiene en vilo, en el terror, paladeando que toda la experimentación tiene del género, que se plasma en el body horror, donde brilla finalmente más la ciencia ficción y cierta cordura –contenerse- o algo parecido.

Ésta corrupción incluye el asesinato de niños, como señala el muerto hallado en el fondo del mar con extrañas marcas que remiten a la estrella de mar (por ende a la experimentación), del que habla el pequeño protagonista. También tenemos a la pedofilia, velada y distorsionada en la experimentación, pero que al final con la relación con la enfermera (Roxane Duran) queda libre de cortapisas, sólo que resuelta bajo menor polémica, por el tiempo de los sucesos y por los hechos en sí; vemos un beso como un disparo, un ahogo simbólico –una recapitulación hasta la elección de lo correcto- y un amor primerizo, de aprendizaje y compasión, veloz como el chasquido de dedos, a través de lo tentativo, pero en última instancia platónico, mientras lo de los bebés inoculados o extraídos de los niños se siente medio absurdo, pero intriga.

La ambigüedad y el esbozo tienen su belleza. Lucile Hadzihalilovic crea un buen filme, por una construcción estética y un tono brillante que señalan personalidad, pero imaginemos que tuviera una historia tan potente y seductora argumentalmente como la de La Isla del Doctor Moreau de la que la directora ha declarado beber, estaríamos ante una obra maestra del séptimo arte, y el tono y la estética son tan poderosos que ésta meta no sonaba lejana. 

martes, 12 de septiembre de 2017

Pi

La ópera prima de Darren Aronofsky es una película de bajo presupuesto hecha en blanco y negro, tiene una premisa interesante y extraña. El matemático Max Cohen (Sean Gullette) quiere hallar los patrones universales del planeta a través de los números y poder predecir cualquier asunto por medio de ellos.

Max Cohen toma pastillas como caramelos y tiene una jaqueca brutal, pero no detiene su búsqueda. La propuesta combina surrealismo, onirismo, locura y realidad. Nunca estamos al tanto donde realmente nos encontramos.

El matemático se topa con una secta de judíos por medio de Lenny Meyer (Ben Shenkman), un amigo que parece perseguirlo, y es que muchos están enterados de la búsqueda de Max; hay que apuntar que el filme se mueve en gran parte por la mente del protagonista. Esta secta cree que los patrones universales están en la Torah –la biblia hebrea- y quieren que Max lo trabaje, pero lo de Max es una obsesión solitaria sin la especificación de su ambición.

Max tiene un mentor, Sol Robeson (Mark Margolis), que renunció a la misma búsqueda; ellos juegan Go –juego chino de hace más de 2 milenios de existencia-. Sol cree que el Go contiene los patrones universales. Además hay una empresa de analistas de Wall Street que tratan de acorralar a Max y asociarlo a su empresa.

Sol le dice a Max que está más cerca de la numerología que de la ciencia, y así se percibe la narrativa y tono del filme, con un aire hacia algo terrorífico u oscuro in crescendo. El filme es mucho una pesadilla, sentir la presión -y las alucinaciones- del protagonista, arrastrado hacia la imagen psicótica de un taladro perforando un cráneo.

La propuesta indie de Aronofsky mezcla lo místico con las computadoras. Max no luce inteligente, pero supone alguien excepcional, aunque más parece un demente. El filme es una ilusión y puro suspenso, lo que es su mayor virtud o quehacer torturador, inquietante, perturbador, aunque tiene de ridículo también. 

lunes, 11 de septiembre de 2017

The Eyes of My Mother

Película filmada en blanco y negro, ópera prima de Nicolas Pesce, de una hora 15 minutos, dividida en tres partes (mamá, papá, familia). El filme relata la corrupción de una mente y el nacimiento de una asesina. Una niña muy unida a su madre, una cirujano ocular de origen portugués, suele atender como trabaja con los animales de su granja, la madre va formando su personalidad, pero es cuando ocurre un incidente salido de la nada que queda perturbada.

Prácticamente sola en el mundo con un padre que no le habla, que está pegado a la televisión y apenas comparte un baile ocasional con ella es que su mente sigue el camino inevitable de la distorsión. Lo que viene después es ver a una persona fría y malvada; surge la tortura y la animalización de víctimas. El filme se apropia de la sangre caliente –latina- de la protagonista –lesbiana, además-, la que macabramente habla sola -llamando a su madre- y algo –el bosque, lo oscuro- le escucha y le cumple sus deseos.

La propuesta puede verse sólo como una trama criminal de una persona perturbada. Queda claro que Francisca (Kika Magalhaes) es una mujer enferma, una psicópata, el filme crea un personaje sólido con ella; es más, ella es la película. Las tres partes del filme son cómo va definiéndose como persona, cómo estos puntales construyen su psiquis. La trama es muy austera por donde se le vea, pero muy placentera como terror.

Uno de los asesinatos por extraño que suene se percibe como un baile sensual –a lo Hannibal Lecter-, en medio de apuñalamientos y el sabor agridulce del karma. La escena de la mujer esclavizada avanzando a oscuras hacia un posible atropellamiento también ostenta una estética, rara e inquietante.

El filme muestra mucha crueldad y extravagancia en el comportamiento de Francisca, la que es como un animalito sin demasiado entendimiento de sus acciones. Pero no vemos asesinatos explícitos, estos yacen en fuera de campo; la historia se enfoca en la locura a raíz de la soledad, el vacío y la pérdida, en las voces de su cabeza, en sus necesidades físicas y emocionales corrompidas, en el aprendizaje del placer sórdido y el recuerdo de la profesión materna.

domingo, 10 de septiembre de 2017

Doble

Esta película peruana colombiana dirigida por el colombiano Felipe Martínez Amador es una película comercial simpática y con un nivel decente de comedia, aunque a ratos se va por el camino fácil de la broma gruesa y la jerga, pero son los menos. El nivel general del filme es saludable, y está bien constituido, aunque buscando motivos y continuidad al hecho de mezclar los tiempos para hacerse con la mujer deseada se note a ratos algo forzado, sin embargo funciona en general. El filme de Martínez Amador por momentos es bastante ligero, pero su narrativa en conjunto fluye, es amable y agradable, también tiene su audacia con la mezcla de las distintas realidades, de la realidad paralela, del deseo de Fede (Salvador del Solar) de tener más tiempo libre con su esposa, la que para ocupada con un trabajo demandante, aunque de mucho éxito y dinero, pero aun así ella trata de complacer a su marido. La esposa la interpreta la colombiana Majida Issa como Mariana.

Fede exagera un poco el problema de la distancia, cuando ella no puede ir a celebrar su aniversario -20 años de casados- al lugar donde se conocieron. Quizá por eso su estupidez y –entre comillas- buena onda termine golpeándole como un boomerang, aunque él crea que hace lo mejor y hasta se sienta realizado y feliz consigo mismo. Pero vayamos más atrás, Fede al ver pasar un cometa, el mismo de su juventud y el mismo del comienzo de su romance con Mariana, pide un deseo medio sin querer queriendo y vuelve al pasado, a conocer otra vez a su mujer, 20 años atrás, mientras su mujer de la actualidad se va alejando de verdad de él y éste paradójicamente siente que es lo mejor. Doble estupidez, y es que doble no sólo es la mujer repetida. El filme pretende la corrección política. Fede aunque en un inicio hace lo que le da la gana, se va con la versión joven de su mujer, la que quiere ser fotógrafa, y él su manager y no su marido, termina minimizándose y prácticamente botándose a la basura; claro, que con algún detallito de por medio como ganar la independencia laboral.

Detrás de la película hay un argumento –un lugar común cinematográfico- disque idealista, pero que realmente es superficial y antinatural, porque no retrata personas, sino entes inanimados y fantasiosos, pero más allá de esto –aunque un punto clave- el filme tiene muy buena comedia y la ciencia ficción con el manejo de las aventuras y el rock de la vida paralela de hace 20 años se hace muy entretenido, otorgándose flexibilidad y plasticidad e incluso hay cambios que llegan a ser muy graciosos, porque no se les toma en serio en absoluto, sobre todo con el personaje que hace Christian Meier que es jocoso. A Meier le va muy bien la comedia, como a Salvador del Solar sin caer en lo alevoso.

El filme tiene su buena cuota de ingenio en esta interacción con los tiempos y las distintas versiones de Mariana, la que se hace creíble en dos épocas y edades distintas, mérito de ella sin aspavientos. Salvador del Solar también está a la altura como el personaje central, tiene carisma y la ligereza que implica su papel. El filme se ambienta en Colombia, pero los lugares tienen un aire muy general que poco importa confirmar en donde nos hallamos. El filme en ese aspecto hace ver la actualidad de Fede y Mariana como gente con cierto poder adquisitivo y el pasado algo tipo punk, rebelde. No se necesita mayor complejidad en los escenarios.

El efecto y la justificación del cometa mágico y el deseo cumplido es lo suficiente funcional, pero logrado, que como dice un diálogo, no es necesario hablar de duendes y subrayar que tratan con lo absurdo. También hay momentos muy coherentes que hacen un buen contraste con el aspecto fantástico. A ese respecto la psicóloga y gurú de la mujer casada dominante que interpreta otra colombiana, Julieth Restrepo, se brinda muy competente. Este filme no apela a la vulgaridad habitual de la comedia del cine nacional, entrega un cine más sofisticado en cuando a maneras y a su temática, sin perder en el trayecto la cercanía con el público, ser entretenido y tener un toque de arte. La mezcla de los tiempos, los cambios del futuro y la estructuración no necesitan ser revolucionarios, sólo hace falta algo de imaginación, gracia, proximidad, sentido del ritmo y de la comedia, para hacer algo valioso. Como entretenimiento comercial es un éxito, sin ser plus ultra. Es un filme ligero con un manejo claro y algo curioso, una comedia romántica efectiva –divertida- con su toque interesante que hasta se da el lujo de saltarse alguna convención determinante, mediando un cierto aire pro-feminista (también bromea con ello con la psicóloga), aunque todo manipulado por un hombre.

Verano 1993 (Estiu 1993)

Frida (Laia Artigas), una niña de 6 años, pierde a sus padres, no sabemos cómo específicamente, aunque sólo le tensiona y tiene presente la muerte de su madre, su padre parece que la arrastró a una enfermedad y todo sugiere que fue el Sida. Ni Frida ni la película de la española debutante en el largometraje de ficción Carla Simón lo dicen abiertamente, que Frida sufre mucho la muerte de su madre. Todo el metraje del filme es la conmoción y shock silencioso de la pérdida, Frida pasa por el trance de aceptar la muerte más importante de su existencia a muy corta edad. La niña ha ido a parar a vivir con un tío (el hermano de su mamá), su mujer y su pequeña hija (más pequeña que Frida); ha pasado a vivir a una buena casa de campo. Su nueva familia es muy cálida, bondadosa y responsable, aman a Frida, pero la niña -rebelde en este momento, por el vacío e impacto que lleva dentro- lucha por adaptarse a su nuevo hogar.

Lo que más puede agradar, teniendo en cuenta que el presente filme ha conseguido complacer prácticamente de forma apabullante, su parte distintiva y artística, es que tiene un tratamiento muy moderado y calmado de lo que siente Frida, de un golpe brutal en su vida, un dolor expuesto transversalmente mediante sus continuas travesuras, ocurrencias, escapes y exabruptos (por pequeñeces), es decir, Frida sufre, pero no lo vemos con lágrimas ni melodrama, está aparentemente postergado, pero lo que presenciamos en realidad en la trama de la catalana Carla Simón es la catarsis de la pequeña (para expulsar la enfermedad del organismo), y esto es a través de aprender a vivir con su nueva familia. La adaptación a la villa es un trance mortuorio íntimo, “secreto” y personal; entrar en la corrección es superar el sufrimiento interno.

El filme gusta inmediatamente porque se trata de una niña dulce y carismática, que identifica y sensibiliza al público y no sólo porque es linda en varios sentidos, tiene momentos donde denota una personalidad muy femenina; desde luego, inocente, pero también tiene su carácter y debe desarrollarlo aún más, sobre todo cuando este filme coming of age nos presenta una prueba –injusta- de la vida. El filme cautiva al que entiende –y no pierde de vista- el gran golpe que padece, ésta es una presencia mental y constante en cada acción. Es mirar su comportamiento –la reacción ante el leitmotiv del filme- en cada rincón. No obstante, la propuesta tiene cantidad de ratos de alegría, aventura y ternura, sumado a que no hay excesos de dramatismo con lo que se hace muy simpático y llevadero de observar; el filme requiere sensibilidad, la que aplaca cierta falta de originalidad y su sencillez formal.

viernes, 8 de septiembre de 2017

Atómica (Atomic Blonde)

Lo primero que llama la atención de ésta película, y es inevitable ya que suena como arbitraria y potente la banda sonora, es la selección de la música del filme, con canciones de los 80s de músicos y bandas emblemáticos de la época. Escuchas a David Bowie, The Clash, Queen, Depeche Mode, New Order, Blondie, The Cure, George Michael, Peter Schilling, entre otros. Las canciones en medio de las luchas cuerpo a cuerpo se oyen extrañas, pero son canciones que hacen distinguir la película y le dan una combinación curiosa y simpática a fin de cuentas, luego de acostumbrarnos. Propician una atmósfera de intensidad y de fiesta.

El director de la presente película, David Leitch, es un consumado doble de acción y coordinador de escenas de riesgo y combate quien fue codirector de la magistral película de acción John Wick (2014), oficialmente sólo de Chad Stahelski, donde Leitch hizo de productor, además.  Atomic Blonde (2017) es un filme de espías en toda regla, es decir, uno tan complejo que es difícil de comprender en su totalidad, cargado de traiciones y dobles espías, uno no sabe para quienes trabajan muchos de los involucrados hasta el último segundo.

La protagonista es una espía de las más duras, interpretada por la hermosa y talentosa Charlize Theron, que demuestra que es capaz de hacer hasta lo impensable en su carrera de actriz, se reta constantemente, como con la actual película donde tiene que demostrar dominio del arte marcial y enfrentarse a puño limpio hasta la muerte con tipos enormes e igual de preparados que su personaje, una badass, una James Bond de última generación. Theron le da volumen a su personaje, cuando éste tiene mucho trabajo de campo, especialmente matar rusos.

Lorraine Broughton (Charlize Theron) en el presente es interrogada no de forma muy cálida por sus duros superiores del M16. Cuenta su periplo por la Alemania comunista a puertas de caer el muro de Berlín (el año de 1989), sobre la misión de hallar -antes de que empiece una cacería- una lista donde se delataría a todos los espías en favor de su país. A través de flashbacks Lorraine entra de encubierto en Alemania del este, lugar en que debe contactar con el espía David Percival (James McAvoy), un tipo pícaro y muy cool, que carga a menudo su Jack Daniel's. Entre ellos está una espía aprendiz francesa, Delphine Lasalle (Sofia Boutella), con la que Theron tendrá un romance de esos candentes pero finalmente intrascendentes en la trama. También Lorraine tendrá que sacar del país a un miembro del Stasi –servicio de inteligencia de Alemania del este- interpretado por el competente Eddie Marsan, como Spyglass, un hombre pequeño. Junto a estos cuatro personajes están los militares rusos con sus guardaespaldas, asesinos y guerreros gigantes, y el malvado jefe ruso (Roland Moller) que hace su impactante entrada dándole una golpiza a un skater con su propia patineta. Estos enemigos rusos poco importan, son un lugar común sin mucha pompa efectiva, aunque algo se les distingue; sus combates sí son excelentes, como el que Lorraine tiene al querer salvar a Spyglass de una lógica emboscada para que no traicione a la Stasi, que hasta el final es espectacular, con el auto en el agua. Theron sale bien golpeada, sangrante, quedando con mal semblante. Hay otros personajes, aliados, espías y pequeñas vueltas de tuerca adicionales, pero ésta película es complicada de seguirle en todo, y tampoco es indispensable hacerlo.

Quedarse con sólo las peleas es ser tacaño con la propuesta, porque el filme de David Leitch no se trata únicamente de esto, tanto que sorprende por ser un filme arduo de espías, aunque tiene sus ejes claros (la lista; Satchel, el traidor de la corona; Spyglass). Si buscas sólo combates marciales los tendrás pero no hay en demasía aunque suficientes (si quieres muchos de ellos, intensos, frenéticos, alucinantes y en toda gloria, John Wick es la mejor opción), más es el juego de los traidores, de identificar enemigos y amigos (y conocer mejor a los amantes), de especular y sacar conjeturas. Lo que pasa es que Atomic Blonde palia su complejidad argumental con los combates, con ejes fáciles y vistosos y con su locuaz banda sonora, pero todo se complementa y entrega una muy buena película, que tiene estilo y su originalidad como película de acción, y como cine de espías es más llevadera. Se basa en la novela gráfica The Coldest City (de esto también lo cool del filme), del inglés Antony Johnston.

Night of the Demons (trilogía)

Night of the Demons (1988) la dirige Kevin Tenney con guion de Joe Augustyn, cuenta como un grupo de 10 amigos -muchachos locos en busca de diversión- deciden ir a la casa Hull en noche de Halloween, una casa de la que se dice está poseída por demonios y que fue una funeraria, crematorio y cementerio. La casa Hull también tiene una historia de homicidios con los dueños –muerte entre familiares- y, además, una leyenda india sobre no cruzar hacia allá. Pero los muchachos quieren celebrar la noche de brujas de la mejor forma y esto es ir a la fiesta que organiza la muchacha marginal apegada a la magia negra, llamada Angela (Amelia Kinkade), la que va con su mejor amiga Suzanne (Linnea Quigley), la chica fácil y sexy.

La chica virginal, temerosa y recatada, estereotipo que no falta en la clásica película de género, se llama Judy (Cathy Podewell) y ella es algo la voz de la consciencia o la que menos bulla hace. Tiene 2 pretendientes, el galán superficial Jay –que sólo se la quiere coger- y el rebelde, rústico y solitario Sal –el amor inesperado-. Con ellos va una pareja de novios cercanos a Judy, personajes anodinos, pero que sirven para poner más carne sobre el asador, y otros tres chicos aparte en su propio auto, un afroamericano que le teme a todo, una chica que sirve sólo para que la insulten y un muchacho grueso, bromista, maltratador, misógino y vulgar.

La película tiene varias escenas de sensualidad, hay que recordar que es una película de típicos adolescentes en busca de juerga, donde hay 3 grandes escenas. Una es cuando Suzanne enseña su voluptuoso trasero en ropa interior –Judy también aunque casual cambiándose en su cuarto- y sus lindas piernas sobre tacos altos rosados para que su amiga pueda robar cosas para la fiesta. Otra es un baile entre freak y erótico de Angela con la canción Stigmata Martyr, de Bauhaus, de fondo; que es el arranque de las posesiones. La última es cuando Suzanne entra en estado de posesión y se pone absurda e imprevisible. Estas dos últimas escenas mencionadas generan buenos momentos de terror.

El filme de Tenney es muy básico, pero es un buen filme. Ya hay mucha agua recorrida en el género pero aun así se las arregla para hacer lo suyo, aunque por sus venas pasa El exorcista (1973), The Evil Dead (1981), Demons (1985), Demons II (1986) y Evil Dead II (1987). La propuesta está bien constituida; su historia mete de todo para justificarse y lo hace muy ligeramente, pero tiene buen manejo de las escenas de terror y su sentir adolescente es sólido. El ambiente central de la casa se presta para la lujuria y lo macabro, su combinación máxima.

Night of the Demons 2 (1994), de Brian Trenchard-Smith con guion de Joe Augustyn, también funciona, no es mala película aunque no es de las más memorables. Imprime mucha comedia, pero mantiene algo el interés en sus escenas de terror, tiene aún efectos especiales decentes. Ésta vez la Angela (Amelia Kinkade) de la anterior película es el demonio central, y tiene un pariente en una chica a la que le suelen hacer bullying (el alma pura a sacrificar). Se inscribe el filme en un internado de chicos problemáticos, con separación de hombres y mujeres, a los que una monja rígida suele vigilar dictatorialmente. Ésta monja (Jennifer Rhodes) hará también de héroe, propiciando cero ingenio más bien; los adolescentes tampoco yacen iluminados (aunque se ve algo en Zoe Trilling, y el taekwondo de uno de los muchachos). No es una película brillante, pero el director y el guion de Augustyn al menos no son un cero a la izquierda. El filme tiene un lado infantil, pero que no llega a destruir la película, se acopla al terror que mantiene un cierto lado serio. Usan pistolas de agua y globos con agua bendita para combatir a los demonios, y sin embargo tiene gracia. Tiene su culto también.

Night of the Demons III (1997), de Jim Kaufman con guion de Kevin Tenney, baja ya demasiado el nivel, se nota un filme en extremo barato, no es ni para televisión; además, la narrativa es en parte repetición de la primera. Se instala en la casa Hull y llegan nuevos adolescentes; el cabecilla del grupo, Vince (Kris Holden-Ried, el mejor actor del reparto, si eso es posible), carga instinto criminal y hace que tengan que escapar de la policía tras un tiroteo. Ésta película no tiene buenos efectos especiales o no los sabes utilizar, no tiene un solo momento de terror decente, incluso llegan a ser vergonzosos, como su humor. La sensualidad también es nula en la propuesta, incluso la chica llamada perfecta –popular, bella- y decente (Stephanie Bauder) no tiene un ápice de gracia. La trama respeta la segunda parte de la trilogía, pero sin salirse del cuadrante de la casa Hull; en la anterior llegan los demonios hasta el internado por un objeto curioso que proporcionaba además una escena a lo Poltergeist 2 (1986), aunque por debajo de su toque memorable. Regresa Angela (Amelia Kinkade) y se le ve bastante a la actriz que la interpreta, en la anterior aparecía pero se veía sobre todo como demonio. La presencia/performance de Angela/Kinkade vuelve infantil la trama en la peor forma para el género, hasta tiene bromas idiotas, de nivel cero de comedia. En esta oportunidad el personaje de Angela es central en la historia, pero se hace bastante mediocre, no tiene ni terror ni simpatía ni audacia por ninguna parte, sólo intenta un momento erótico chupando una pistola como un felatio y extraer las balas es la eyaculación, pero es un personaje igual de adefesiero que el de la monja de la película anterior.