domingo, 30 de junio de 2019

Falbalas


Ésta película es una genialidad del director francés Jacques Becker y del séptimo arte. Falbalas (1945) tiene de protagonista a un modisto de alta moda, Philippe Clarence (Raymond Rouleau), que suele enamorar a mujeres, pero solo como juego, aquí le dicen como comedia, como aventura pasajera sexual y no formalizar con ninguna, para luego abandonarlas sin miramientos ni concesiones, esperando ellas un trato distinto. Cuando conoce a la novia de su mejor amigo, a Micheline Lafaurie (Micheline Presle), de lo más fresco busca hacer lo mismo, y lo consigue, logra acostarse con ella, un poco forzándola con su imponente seducción al estar medio reacia a ser infiel –pero se siente fuertemente atraída-.

No obstante al proponer el juego, la comedia, con ella, inesperadamente Clarence siente algo excepcional por ésta mujer, queda flechado por primera vez en su existencia. Sin embargo la historia terminará como todo un melodrama, muy triste. Pero viendo más atrás, la seducción es atractiva, efectiva, rápida, como toda la película, ella luce hermosa con la cámara posándose rendida a sus pies sobre su rostro atractivo, brillando la fémina bajo una luz santificadora, endiosándola, aunque Clarence se porte inicialmente como un perro con ella, donde la personalidad del protagonista será un duro golpe de realidad.

Clarence es alguien que nada en la imperfección, tiene bastante de recriminable y así lo toma la película, no es para nada un héroe. No obstante Clarence es un hombre de éxito en muchos campos, un tipo seguro de sí, pero ciertamente se perpetra cruel al pasar por encima de su mejor amigo sin ninguna pena, que lo hace desde el principio y éste -una persona de abierta nobleza y lealtad- ni cuenta se da. También hay una historia extra con una mujer del trabajo de la moda que yace enamorada locamente de Clarence, que fue una antigua pareja de estas pasajeras que él tiene, pero quedó prendada ciega por él, continuando asediándolo, esperanzada, ahí Clarence se notará insensible en más de una oportunidad, comparando ambos devenires y volviendo a ser atacada el aura de múltiple éxito del protagonista.

La película que nos convoca ahora fácilmente ha debido inspirar a Paul Thomas Anderson para hacer Phantom Thread (2017). Falbalas es maravillosa, algo terrorífica en un comienzo, y así de la misma manera termina, con el delirio de Clarence sobre un objeto inanimado. El mundo de la moda está retratado con maestría, no apunta a ser dominantemente femenino por convención natural sino se percibe universal, y ni se siente, parece un contexto como cualquier otro, aunque muy bien representado.

El filme de Becker traiciona a Clarence tanto igual que él lo hace con la buena fe de las mujeres. Hay que notar que aunque Clarence se luce como un galán o un romántico es un tipo aprovechado por costumbre, juega con los sentimientos de las damas, las utiliza y las bota, aquí las mujeres no son liberales, buscan sexo con amor. Por todo esto Becker finalmente se pone del lado de las mujeres, y Micheline se vuelve heroica como ave fénix, aunque Clarence termina dando pena a último minuto, pagando por sus actos sin oportunidad de redención.

Daniel Rousseau (Jean Chevrier), el novio de Micheline, inicialmente da la impresión con su pinta de ser un gángster italiano, pero es más dócil que el pan, muy controlado, pero bien trabajado, aunque atípico al uso cinematográfico. Se suele ver a su tipo de personaje más desaforado, más torpe. Notable también que Falbalas no haga uso de un exceso de sutileza, sino es una propuesta muy clara, evita los eufemismos, aunque es delicada como cine clásico, nunca será vulgar. No necesitamos ver dormir juntos a Clarence y Micheline para saber que han tenido un encuentro sexual. Pero las cosas se dicen por su nombre, y así funciona ejemplarmente, para sorpresa de muchos. Falbalas guarda unos minutos finales llenos de suspenso, minutos finales gloriosos para el cine.

sábado, 29 de junio de 2019

El azar (Przypadek)


Ésta película versa en tres versiones del devenir futuro de un muchacho que tiene fuerte nexo político con el estado de su país; en una parte con comunistas que son el gobierno y en otra con gente que está contra el comunismo que hacen periodismo clandestino. El muchacho se llama Witek Dlugosz (Boguslaw Linda) y es un estudiante de medicina. En una versión Witek abandona su carrera de medicina y se mete al partido comunista, se pone con el orden hegemónico de su tiempo. Witek hace de enviado especial para sofocar una revuelta y se da uno de los momentos clímax del filme, pero en general es un filme pesado. Al mismo tiempo vemos la relación de Witek con una joven de su infancia, habiendo bastantes escenas eróticas y artísticas junto a ésta mujer. No obstante repercute en ellos el orden del partido comunista. En otra versión Witek pertenece a un grupo anticomunista y tiene además una relación con una mujer casada de su grupo habiendo más un estado político-social que erótico entre ellos. Por ultimo en la tercera versión Witek es neutral, ni pro ni contra el comunismo, piensa en tener familia y desarrollar su carrera de medicina aun cuando el decano lo ayuda, lo encausa profesionalmente, pero el decano tiene problemas políticos. El filme abre bien arty, con unos cuerpos muriendo en un hospital –sabremos que uno de ellos será el de la madre de Witek-, luego el padre del protagonista yace moribundo melancólico confundiendo su futuro y Witek pequeño aparece despidiéndose de una niña a la que promete volver a ver. El azar (1987) es un filme muy político y se hace difícil que uno se entretenga realmente, aunque tiene sus escenas agraciadas, de buen cine arte. El director polaco Krzysztof Kieslowski muestra a Witek corriendo desesperado hacia un tren y en el trayecto empuja a una vieja y hace que una moneda ruede hacia un vagabundo que luego toma una cerveza como centro de unión de todas las versiones. Estas escenas son arty igualmente, son pequeñas genialidades visuales, pero lo político está tan enraizado en todo que la propuesta agota. Las escenas eróticas ayudan, pero se suman conversaciones pesadas con casi todas las parejas que pasan por la existencia del protagonista. La última yace de pie completamente desnuda frente al umbral de una puerta, esta escena es muy sensual que destaca entre todas por su naturalidad y fuerza.

jueves, 27 de junio de 2019

Faster, Pussycat! Kill! Kill!


El director de ésta propuesta, Russ Meyer, hacia películas de segunda categoría, pero la presente película es una súper película, una obra de arte popular, una obra maestra del entretenimiento. Lo tiene todo como goce mayúsculo. Ostenta una malvada de antología, Varla (Tura Satana), que mata a puño limpio con golpes de karate. El filme abre con carreras de auto informales, con tres mujeres pandilleras de cuerpos esculturales, especialmente de tetas grandes, fisonomía distintiva del cine de Meyer. Estas tres mujeres se topan con una pareja de novios jóvenes donde el hombre quiere lucir la velocidad de su auto, su eficacia al volante, y Varla le hace el alto de la peor manera, al estar dotada de un ego gigantesco y peligroso. Luego las tres bellas pandilleras terminan en un rancho de un hombre en silla de ruedas que guarda una cuantiosa fortuna y conocen a sus 2 hijos, uno es un Hulk gringo de cierto retardo, el otro es un cowboy común, de valores, aun con este padre. El filme es pura acción, Varla hace todo en sus manos para no ser acusada de nada y querer llevarse la fortuna escondida. El tipo en silla de ruedas (Stuart Lancaster) es un sujeto perverso por su lado también, tiene sed de venganza de matar mujeres, pero se topará con la horma de su zapato en la temible Varla. El filme es uno de sobrevivencia donde Varla querrá deshacerse de todo testigo. Faster, Pussycat! Kill! Kill! (1965) tiene el erotismo medido, cuidado, al servicio del relato. No son necesarios argumentos profundos, solo es dejarse llevar por su intensidad, por su acción, todo es hacer, más que pensar, y así es hedonismo puro, la sencillez en estado de gracia.

viernes, 21 de junio de 2019

Las margaritas (Sedmikrásky)


El filme es simple y a la vez no tan simple. Simple porque la propuesta trata de dos muchachas hermosas locas que se dedican a las mataperradas, a disfrutar de la vida haciendo locuras e incomodar al resto banalmente con sus libertades, con su deseo de tontear. Y no tan simple porque muchas de las cosas que hacen tienen pequeños efectos cinematográficos o parece simple juego “absurdo” y es difícil de cogerlo en la memoria. Se tiende a disfrutar lo que hacen, como cine, pero también a olvidarlo.

En un restaurante hay un espectáculo de Charleston, las chicas se dejan llevar por el baile y empiezan a hacer desmanes, a desenfrenarse, a ponerse intensas, haciendo que todo sea cómico como en una película muda de slapstick. En otro momento la rubia le corta el vestido a la de cabello negro, a la mejor amiga u hermana, y ésta en un efecto básico de edición le corta con la tijera un brazo, luego se decapitan y sus cabezas bailan, más tarde todo el escenario se hace picadillo, diminutos cuadritos, en total estado de juego. Es un filme de momentos así, de disfrute efímero, con unas muchachas simplemente vacilándose.

A ellas las veremos mostrándose lúdicas con tijeras, comen con éstas como cubiertos, apelando al festín, al fuego, al poder, a lo impredecible y a la violencia. Las chicas dicen que el mundo está corrupto entonces argumentan que no tienen por qué ser tampoco intachables, también serán corruptas, no hay regla que las detenga. Interactúan con el socialismo y el capitalismo. Con el primero (el socialismo) sucede cuando se topan con un jardinero trabajando concentrado en lo suyo y llaman algo hermoso a lo que hace, luego roban unas mazorcas y se extrañan que el trabajador no les llame la atención. Con el segundo (el capitalismo) sucede cuando entran a una fábrica. Se meten apiñadas en un pequeño ascensor de carga, y al abrir una puerta terminan en una cena de lujo donde aún no han llegado los invitados y como ellas son adictas a la comida como estado pleno de goce y diversión se dedican a tragar, a destruir todo orden y a lanzarse la comida.

Una se viste con una cortina, se trepa sobre la mesa de agasajos, camina sobre los alimentos, pisoteándolos rebeldemente, se burla del modelaje. Es la belleza al servicio de la personalidad, no la belleza vacía, tal cual preguntan filosóficamente, pero a su vez son libres para hacer de tontas en mil oportunidades. También se burlan de la edad, de los hombres mayores exitosos –mientras se le rinde pleitesía a la juventud-, con los que salen y terminan aprovechándose de ellos, en comilonas que estos pagan, para luego hacer que el tren se los lleve; los humillan y los desechan, bajo mímica cómica. El filme no es uno sexual, no hay escenas subidas de tono, a lo mucho vemos a la rubia salir desnuda tapándose sus partes más íntimas con cuadros de mariposas disecadas, siempre en estado de broma naif, pero sabiendo del poder sexual, de su poderosa femineidad.

Se burlan de tener pareja, también lo hacen de cualquier hombre, con uno que llama y expresa estar enamorado en el teléfono y ellas ignoran por completo sumidas en sus locuras. Es un canto de feminismo como entretenimiento, de fuerte e imponente personalidad, de extravagancia amable, como aparecer jugueteando a menudo en una piscina, echadas al lado, semejante a unas muñecas, o cuerpos en absoluto relajo. Las margaritas (1966), de la checa Vera Chytilová, es pura irreverencia alegre, un llamado a no aburrirnos nunca, a ser intensos y felices siempre, aunque haciendo mataperradas, portándonos como niños malcriados.

sábado, 15 de junio de 2019

Carta de una desconocida


Una película muy celebrada, perteneciente a Max Ophüls, de poética maldita, de tragedia romántica, con una mujer que se enamora perdidamente de un hombre, su vecino, y muere amándolo, dejando una carta confesándole todo su amor. Lisa (Joan Fontaine) desde chiquilla queda prendada de un famoso pianista mujeriego, Stefan Brand (Louis Jourdan), y llega a conquistarlo, pero el hombre mujeriego como es la olvida y hasta redunda en ese olvido. En una estación de tren él dice que la buscará a su regreso de un concierto suyo, pero no lo hace. Ella firme en no incomodarlo –en no prestarle obligaciones- termina poniéndose a un lado –tontamente-, llevando un hijo de Stefan, a quien en vida no le confiesa de la existencia del muchacho –error aún más grande-. Es una película triste, con un hombre que se autodestruye inconscientemente al dejar pasar el amor verdadero, porque él ama a Lisa pero ha fallado por equis motivo en cumplir con ésta mujer. Ahí yace un pequeño misterio, ¿qué lleva a Stefan a dejarle entender a ella de que es su otra mitad en la vida, con aquello de lo que siempre ha sentido le ha faltado y necesitado, pero termina olvidándola o no reconociéndola varias veces?, esto puede sonar a un defecto de la propuesta, pero también plantea que el filme sea romántico, poético y trágico mediante éste olvido inexplicable y leitmotiv. Al final el hombre quien ha cometido el gran error de su vida recordará en su mente todos sus encuentros, identificándola, desde pequeña, mucho gracias a la carta sentida que ella le deja. Stefan no es un mal hombre, solo alguien que ha dejado escapar al amor. Simplemente es un hombre torpe, ejecutor de tantos fracasos, mientras Lisa representa a la mujer abnegada, una tragedia andando con su enamoramiento apasionado. El filme tiene muchas escenas dulces, todo no es llanto o drama. Pero el fin es ese, echar unas lágrimas con una historia triste.

viernes, 14 de junio de 2019

El bien esquivo


Los protagonistas toman de modelo levemente al Inca Garcilaso y a Sor Juana Inés de la Cruz, como a El carbunclo del diablo, de Tradiciones peruanas, de Ricardo Palma. Jerónimo de Ávila (Diego Bertie) es un mestizo que en el siglo XVII quiere ser reconocido por los ascendentes de su padre español para obtener derechos, ya que ser mestizo no los tiene. Inés Vargas de Carvajal (Jimena Lindo) es una monja que escribe poemas sensuales a escondidas, es una mujer muy sensorial, lo cual le puede costar la vida por sacrílega frente a la inquisición.

El filme pone a la inquisición como el malvado de la película, tratando de extirpar las idolatrías. El líder de las persecuciones en ésta propuesta es Ignacio de Araujo (Orlando Sacha). Ávila se meterá en problemas con la ley española buscando el acta de matrimonio de su padres, prácticamente es una persona torpe para ir de error en error criminal. Peleará con un notario corrupto, matará a un hombre tras unas apuestas, será acusado de idolatría por las relaciones con su madre india (Delfina Paredes). Inés aunque parece dócil esconde cierta rebeldía, pero inocua, solo que la inquisición será implacable con ella.

Ésta es una película de muchas aventuras, hay un romance llamativo entre la monja y el mestizo que es un espadachín. Es una trama que habla de las raíces incaicas frente a las españolas, habla de identidad nacional, pone al culto místico inca contra la religión católica, que recorre todo el filme. Es una película que contiene a los actores más populares del medio, muchos en pequeños papeles. Es un filme competente, aunque no una obra de arte. El bien esquivo (2001) es el filme más reconocido de Augusto Tamayo.

La película tiene buenas actuaciones, inclusive de los que hacen de actores muy secundarios, como indígenas, aunque también tiene momentos muy ligeros, demasiado austeros en lo visual, como con el disparo de la ballesta y el final, a lo película de fantasía, con un Gianfranco Brero bien maquillado como salido de El señor de los anillos. La huida por el desierto pasa por lo mismo, a lo paisaje de Lawrence of Arabia, sin casi presupuesto. Pero en los claroscuros –en especial de sus pasadizos coloniales, de su infraestructura- esconde cierta magia, cierta esencia de misterio, aunque ésta obra se presta bastante transparente.

El bien esquivo es pasional, con la monja literata delicada y expresiva en sus gestos, y el mestizo bravo y llano pero no chacra, prestos al romance más altisonante, aunque breve. Araujo es un gran personaje, que recuerda a alguien como al Senador Palpatine, poseedor de un lado fantasioso aunque identificable en la realidad con su sencilla sotana y su crucifijo brilloso, pero se le percibe con un aire oscuro, secretamente perverso, una fuerza subyugadora, manipuladora, castigadora, un sujeto bien letrado, con excelentes diálogos, una mente inteligente, pero un tipo calculador, firme en su deseos, en imponer el catolicismo a los pueblos conquistados que buscan mantener sus raíces y conceptos propios, creándose un poderoso contraste con los héroes.

miércoles, 12 de junio de 2019

La Vigilia


Edgardo Chocano (Gianfranco Brero), un hombre de dinero, solo, de noche, piensa y escribe en su computadora un trabajo académico, cuando es sorprendido por una mujer bella y salvaje del pueblo (Stephanie Orúe). La mujer lo termina atando y amenazándolo en su casa. No se sabe que quiere. El hombre culto no es un esnob, tiene bien puestos los pies en la tierra y sabrá manejar la situación, hasta llegar a compartir una extraña amistad con la mujer.

Ésta película de Augusto Tamayo es un thriller, y es uno decente, aunque con ciertos defectos. Uno de ellos está normalizado y generalizado en el cine peruano, hablar demasiadas lisuras, como una metralleta de vulgaridad, para reflejar realismo o porque todos dicen que así hablamos. Otro, por ratos el filme adolece de mayor creatividad, se le siente demasiado común o en buena parte conocido. Pero es un filme interesante en el planteamiento de la relación de los protagonistas, en ponerlos a enfrentarse entre ellos primero y luego a una banda criminal, que tiene de motivo un macguffin, que hace entretenido el filme.

El filme tiene una primera parte en que la mujer agrede con suma violencia al hombre de la casa, y aguarda el misterio en sus actos. Puede ser simplemente la invasión terrorífica de una casa privilegiada donde la mujer pobre aprovecha los bienes materiales que ha usurpado. Luego da un giro el filme y tenemos una relación particular. Se habla de sexo, pero se trata en realidad de una amistad, lo que hace curiosa la relación, que no es de padre e hija aunque Edgardo es mayor y ella hace de chica muy joven.

Ella es sexual, y violenta también manifestándolo. En un momento se adjudica ser una prostituta, aunque no lo es, pero es firme y atrevida con esto, podría haberlo sido. Hay una escena donde ella yace toda desnuda en la bañera; hay otra donde ella tiene sexo de pie en un cementerio. Son momentos claves de sexualidad donde el hombre mayor hace de voyeur, como de un hombre muy contenido. Pudo ser más profunda ésta parte, pero queda como que Edgardo es un tipo híper civilizado, aunque sea capaz de enfrentar el infierno por ésta chica.

Edgardo tiene dinero, pero es un hombre que puede manejarse dentro del pueblo sin problemas, dentro de lo criminal también, como cuando va a distritos más inseguros con total tranquilidad y conocimiento. Los viajes en auto economizan harto tiempo de cine, tienen una buena edición hay que anotar. El lado de la persecución criminal no está muy desarrollado, o es bastante simple, pero esto otorga a su vez personalidad, porque pesa mucho la relación entre el hombre mayor y la joven, una relación difícil de definir a cierto punto, quizá un poco un hueco, o medio un enigma, pero un disparador de intensidad, curiosidad y maleabilidad.

Ella le dice que está loco en su accionar, lo dice de la manera más llana y vulgar, poniéndose en duda las razones abiertamente, sin que él responda del todo –estando bien muchos de sus silencios-; también todo podría haber sido parte de la imaginación de Edgardo, oyéndose mejor que todo haya sido literatura que un estudio del primitivismo o el choque de clases. La vigilia (2010) tiene ocurrencias como la de toparse con el peligro de la embestida de un toro que se percibe un poco boba, al tiempo de básica, pero tiene un minimalismo atractivo, mucho más saludable y hedonista que la exuberancia y telenovela de Una sombra al frente (2007).

jueves, 6 de junio de 2019

La ronda (La ronde)


Son pequeñas historias de amor fugaz interconectadas por una persona de las parejas, realizadas en cadena, pasando de una aventura a otra aventura, con Raconteur (Anton Walbrook) como el presentador y ser ubicuo entre las parejas, en un carrusel del placer y la felicidad, aunque también hay decepción y traición. Pero sobre todo brilla la felicidad.

Hay grandes actores franceses de parejas, con una Simone Signoret haciendo de una prostituta, aunque no una común, capaz de saltarse cobrar por tener un encuentro de su predilección, pasando por terminar durmiendo con un aristócrata de buen aspecto físico (Gérard Philipe), donde queda todo en un estado idílico de romanticismo y ternura –con una Signoret como flotando en las sábanas ante la mirada voyeur de la cámara acariciándole el rostro, su belleza- , porque el director Max Ophüls no juzga, ni al adultero ni al libertino, sino que celebra el amor libre, el placer sexual como hallazgo total de felicidad.

Serge Reggiani interpreta a un soldado que sólo quiere divertirse, quiere gastar su día libre bailando, mientras cambia de pareja, no pretende estabilidad. Simone Simon hace de una bella y sumisa empleada del hogar rendida a los pies del hijo de su patrón (Daniel Gélin), como fantasía húmeda, y el hijo del patrón pasa a cumplir una segunda fantasía, metiéndose con una mujer casada (Danielle Darrieux) que duda y teme ser descubierta. Pero el marido de ésta (Fernand Gravey) también la engaña, con una joven humilde atraída por el dinero. No obstante ésta dama realmente desea a un poeta (Jean-Louis Barrault), y se hace pequeña frente a éste.

En la alcoba, en camas separadas, pero próximas, con sus lámparas respectivas a tiro de cordón, los esposos hablan sobre la infidelidad, sobre la calma de su relación que el hombre inocente venera y a la mujer le aburre secretamente. Ella, pícara, le pregunta si de joven ha estado con una mujer casada, él autosuficiente sorprende confesando que sí, sólo que remata que a esas mujeres no se les ama en esos affaires, ella queda meditabunda, en un prender y apagar las lámparas en medio de la curiosidad de ambos, saliendo del silencio y la monotonía matrimonial. Esto implica una escena paradójicamente simpática e irónica, levemente humorística. Plasma la perversidad en el amor, que aquí también tiene cabida.  

La ronda (1950) es un filme que con el presentador explica que estamos ante una obra creativa o cinematográfica, un divertimento, mostrándonos como nos comportamos, o como la gente revolotea alrededor del placer. Y lo hace con chascarrillo, con libertad, con un toque de despreocupación, algo de trasgresión, aun cuando es una propuesta de aire clásico, con muchas formas, delicadeza y amabilidad para narrar.

El presentador ayuda a la consumación de las aventuras, cómplice en el adulterio, como un alter ego de Ophüls y a quien adapta, a Arthur Schnitzler, que celebra el placer, que puede ser platónico, o impío, o algo forzado, o sensual, o engrandecedor. Hay desbalances e iluminaciones, se ama al vuelo, se desea con fuerza, y te corresponden -como el hijo del patrón cerrando las ventanas para propiciar un encuentro romántico o a través del velo como preámbulo sensual-, o no te aman pero te aceptan la aventura, también te la niegan.

La prostituta busca el sentimiento, un soldado no le corresponde como quiere, está muy apurado por divertirse, que curiosamente no pretende el camino fácil, quiere la dilación. Pero si un conde, que sufre un repentino deslumbramiento frente a la elocuencia romántica inesperada. El poeta es deseado como una celebridad por la humildad de una mujer (Odette Joyeux) y rechazado como algo de poco valor aun pasando por una necesidad, por una engreída actriz de teatro (Isa Miranda); aflora todo el paquete, en la vocación de la fuente del entretenimiento abierto y celebrado, prominente, lleno de calor e ingenio transparente.

El placer (Le plaisir)


Max Ophüls nos muestra 3 historias, dos cortas de unos 15 a 20 minutos y una extensa que es la del medio y la que más llama la atención. Las cortas hay una que es sobre un hombre viejo que se pone una máscara de un hombre joven para ir de fiesta; la otra es sobre una mujer que pelea siempre con su pareja, un pintor, y se separan, y ella quiere volver con él a toda costa.

La del centro es acerca de un grupo de cortesanas y su madame que dejan su discreto prostíbulo que parece una casa de fiestas para ir al campo a la primera comunión de la hija del hermano de la madame. El hermano es interpretado por Jean Gabin, y queda prendado, en busca de un affaire extramatrimonial, de una cortesana (Danielle Darrieux).

El filme tiene una escena muy hermosa cuando una cortesana recién llega al campo, cuando sale a ver por una ventana y se maravilla de las estrellas, el cielo y el paisaje rural. Es breve pero llena de cine. La película versa sobre el placer, como señala el título, el primer hombre lo busca con ahínco a pesar de que su tiempo ya ha pasado, y su cuerpo no resiste los sucesos hedonistas y suele caer enfermo.

La última historia es más femenina, una mujer anhela el placer en su relación con el hombre de sus sueños, pero no puede evitar pelear con él quien quiere escapar de ella y solía amarla con devoción. No obstante la bella dama (Simone Simon) quiere volver a contener ese amor romántico (Daniel Gélin), mientras el hombre se muestra terco en no volver a sus brazos.

Le plaisir (1952) tiene escenas atractivas, muy cinematográficas, como con el encuadre de los hombres mayores exitosos mirando a la playa al no hallar el prostíbulo abierto. El filme es elegante, nunca es vulgar aun cuando trata con el sexo y el libertinaje, es un canto a la libertad del placer, pero de manera inocente y alegre.

domingo, 2 de junio de 2019

Madame de...


Una dama aristocrática (Danielle Darrieux) vende unos finos aretes que son regalo especial de su marido, un general (Charles Boyer), por sus deudas. El general se inquieta y los busca con ahínco, los termina comprando de nuevo, pero curiosamente se los regala a su amante. Aquí el hombre se pinta de cuerpo entero y prácticamente justifica que su mujer termine enamorándose de un pretendiente, de un diplomático (Vittorio De Sica). El diplomático sabe que ella es una mujer coqueta pero que no pasa de ello, que hasta el marido bromea comentándoselo, sin embargo él nunca deja de seducirla con su caballerosidad. El director Max Ophüls simplifica la seducción mediante los incontables bailes que comparten, sin despegarlos, los vemos en secuencia danzando pegados uno al otro, hablando en el tiempo. Ella apoyada en una puerta termina diciendo que no lo ama rendida ante él, éste “no” en realidad es un sí cómplice. Pero pronto el general se pondrá las pilas y buscará cortar éste affaire. En ello el filme luce refinado, lo mismo con ponerse capas mediante ayudantes, el filme es elegante y muy clásico. Es una historia de infidelidad y romance. De Sica luce como un seductor neto, con gran porte. Boyer es un hombre de aire inteligente, un hombre muy despierto, pero ésta relación se le escapa de las manos. El filme es muy sutil en toda la infidelidad, mientras el general guarda las formas. Finalmente el filme se decide por una salida más “brutal”, un duelo de pistolas, aunque de caballeros, y tiene un final hermoso, con el foco en las velas de la iglesia, un rezo sin nadie, su cuota de suspenso y una puesta en escena de cierto misterio. Éste puede tenerse por un filme aristocrático, con un trío de actores geniales.