miércoles, 21 de febrero de 2018

Lady Bird


Saoirse Ronan interpreta a una joven rumbo a los 18 años, que pasa por todos los estados juveniles previos a la (supuesta) madurez. Se hace llamar con desparpajo lady bird, es una chica un poco extravagante, especial, tiene personalidad. Pero también sus vivencias son de lo más comunes, muchas de éstas son lugares comunes, se parece a tantas chicas de su edad. La directora Greta Gerwig ha hecho un canto de feminidad, de juventud, con su Lady bird, que tiene su encanto y nunca es ridícula, por más que hace muchas cosas locas propias de sus 17.

Sus problemas se adscriben a Sacramento, cree que es una ciudad aburrida, que no le permite desarrollarse en la cultura y el arte. Lady bird es una chica común, pero con ambiciones artísticas, es un claro álter ego de Greta Gerwig, su recuerdo de la edad. Lady bird también pelea mucho con su madre (una genial Laurie Metcalf), su madre es exigente y fastidiosa, está siempre sobre ella, quiere hacerla una chica correcta, además como no tienen una vida holgada, no faltan las recriminaciones económicas.

La madre de lady bird es como millones, pero en el fondo, desde luego, ama a su hija, pero prefiere andar corrigiéndola, o sea fastidiándola. Lady bird tiene una escena muy graciosa, ella yace peleando con su madre y harta de escucharla se arroja del carro en movimiento, termina con un brazo enyesado, y la madre aceptando llamarla como a ella le gusta, lady bird.

El filme pasa también por el amor, hay 2 muchachos en la vida de lady bird. El primero (Lucas Hedges) es muy educado, un chico decente y tranquilo, un chico muy católico, en pocas palabras, pero tampoco tonto. Éste terminará ofreciendo un momento algo forzado. El segundo es cool y snob (Timothée Chalamet), en el fondo un solitario, un chico bonito que se siente por encima del mundo, un poco como lady bird, pero más extremo y vanidoso, una mezcla del privilegio y de la incomprensión.

Lady bird no es la chica más guapa del lugar, es más bien una outsider de corazón, como su mejor amiga, Julie (Beanie Feldstein). Julie es una outsider, pero no por decisión propia, aunque es una chica soñadora, romántica, tierna, loca y muy divertida. Lady bird tiene un reparto sólido.

Notemos que a la chica más guapa del colegio (Odeya Rush), la clásica antipática americana, se le descubre como una chica agradable, sencilla y centrada, aunque con dinero y belleza. Greta Gerwig ha peleado por no crear estereotipos, a pesar de que trabaja con la identificación del espectador; finalmente ha escapado del asunto creando o la vuelta de tuerca, la desilusión, el profundizar en las personas o alguna pequeña novedad.

Lady bird siempre se las arregla para jugar con lo que conocemos, dándole un sentido personal. También se tiende a sobredimensionar a lady bird, como en su genialidad y distinción y su total despreocupación de cómo es, aunque es parte del encanto empático y la base que se quiere trasmitir, pero a veces uno quisiera algo de duda y algo más de originalidad en ello. Ser un outsider aquí es lo típico, algo bonito. Pero se entiende que lady bird no pretende ningún gran problema ni perderse de ser algo amable e identificador.

Cuenta muchas cosas, y todo lo hace sin exagerar en el humor, ni en detenerse por demasiado tiempo en los tantos momentos de crecimiento, en éste resumen de vida hacia la madurez. La broma vuela, y no pretende el carnaval, prefiere ser más contenida en ese sentido, no perder de vista su seriedad, su sentido de trascendencia empática.

Llegamos hasta New York, la ciudad de la originalidad y la juerga, porque lady bird ama lo particular, lo distintivo, lo cool, pero su simpatía termina reduciéndose a lo básico, a lo tierno, termina sintiendo mucho amor por sus raíces, esas que inicialmente desprecia y lo siente un pueblo chico infierno grande; es decir, añora a su fastidiosa madre y a su aburrido Sacramento.

The Post


Ésta es una película sumamente limpia, clara, muy bien explicada sobre un informe de análisis del propio gobierno americano sobre la guerra de Vietnam, denominado los Papeles del Pentágono, que señalan que el Departamento de Defensa sabía que era una guerra perdida y aun así seguían mintiéndole al pueblo americano, además de tener otros intereses anexos no oficiales desde los gobiernos de Harry S. Truman y Dwight D. Eisenhower que propiciaron la intervención americana. Esto se filtra de propia mano de un analista del Pentágono, Daniel Ellsberg, y llega a manos del periodismo, primero al The New York Times y después al Washington Post. El Post estaba dirigido por el legendario periodista Ben Bradlee y le pertenecía a Katharine Graham que también era la editora. Se enfrentaban a comienzos de los 70s con el gobierno de Richard Nixon.

El filme es una exhaustiva exposición del desarrollo de las publicaciones y la reacción del gobierno de Nixon que quiso detener las publicaciones y amenazó con llevar a la cárcel a Graham y a Bradlee por poner en peligro la seguridad nacional. En el filme Katherine Graham, interpretada por una talentosa Meryl Streep, tiene sus dudas de publicar estos papeles porque era amiga cercana del secretario de defensa Robert McNamara que tuvo mucha injerencia en la guerra de Vietnam y a quien le iba a caer gran parte del peso de las críticas sobre éste informe. Pero Bradlee (Tom Hanks), por lo que se ve en el filme, estaba muy decidido y era muy aguerrido e impávido y trataba todo el tiempo de convencer a Graham de publicar.

Katharine Graham luchaba contra un espacio periodístico machista y patriarcal, de hombres de negocios, donde las mujeres solían estar relegadas o prácticamente no existían en las altas esferas del poder, pero tenía carácter y mundo, y un compromiso con demostrar que podía llenar el lugar y sentirse orgullosa de su labor y entrega al pueblo americano. Graham es una mujer de dinero, y reuniones sociales, que estuvo dedicada a su matrimonio e hijos, pero el deber le llamó y en eso se enfoca mucho el filme de Steven Spielberg. Graham tiene dudas y temores en su cargo, pero tiene mucha voluntad y quiere dejar una marca.

En varias oportunidades vemos como la puesta en escena de Spielberg pone a Graham algo achicopala, pequeña, frente a la predominancia masculina, con ellos tratando de minimizarla o dominarla, haciéndole ver todo el tiempo que el Washington Post era una empresa y dependía de inversiones, banqueros y la bolsa, que se espantarían con éstas publicaciones. Graham lentamente sale a la luz y va tomando mayor fuerza y convicción, porque tiene ante todo un deber con el periodismo y la libertad de prensa, y el pueblo requiere la verdad. Vemos como Spielberg la coloca más tarde en la gloria de los reflectores, semejante a un ave fénix, ante un llamado de personalidad, brillando frente a la mayoría masculina.

En una escena Meryl Streep atraviesa un lugar lleno de damas esperando afuera de una entidad gubernamental (las mujeres dejadas en segundo plano), e ingresa a un lugar de puros hombres y ella queda por encima de todos (reubica a las mujeres bajo su representación), tal cual un conglomerado patriarcal que no puede con ella, que no puede sojuzgarla. Es una pequeña revolución feminista, donde una brillante mujer se impone, justificada por un deber mayor, universal e idealista, luchar contra la mentira, y el poder que yace a espaldas de la ciudadanía.

Katharine Graham es la protagonista de la película, es la mujer que tiene que definir su destino y del periodismo americano, o vivir pusilánimemente –frente a los amigos, el dinero y el poder- o brillar con fiereza, pero con razón, ayudada por ese soldado y subalterno valiente que es Ben Bradlee, quien también recapacita, no es un tipo cerrado o unidimensional, como pudo quedar plasmado, teniendo momentos de reflexión y relajo; uno de ellos llega por su esposa (Sarah Paulson), una ama de casa, que aunque está más encargada de llevar y pasar la comida a los periodistas también es inteligente y entiende la situación y puede influir en su marido; la otra lección llega a razón de la amistad con John F. Kennedy y es pensar que el deber está por sobre las relaciones, por sobre los amigos políticos, uno siempre tiene que decidir.

The Post (2017) es una clase maestra de periodismo, una película que es muy entretenida, que no es difícil de seguir y entender, que se explica maravillosamente, cuando pudo faltarle el dinamismo y ampararse en mucha información, ser verborrea. Ésta se halla muy bien distribuida y entregada, tiene ritmo, fuerza y amabilidad, es notable.

lunes, 19 de febrero de 2018

Dios y el Diablo en la Tierra del Sol, Tierra en Trance y Antonio Das Mortes



Dios y el Diablo en la Tierra del Sol (1964)

Ésta es la obra más aclamada y famosa del brasileño Glauber Rocha, la figura mayor del movimiento llamado cinema novo. Es la película más narrativa, más clásica y más clara de ésta trilogía, también la más potente y entretenida, cargada de folclore brasileño, historia nacional y mística popular. Hay varias figuras claves y representativas en su trama, figuras que hablan también de cine social y lucha de clases, pero que se adscriben a contar una historia ficcionalizada con cierto background real, apoyada de una estética y un estilo muy personal, no sólo por el típico blanco y negro. 

En un lugar llamado el monte santo un hombre se autoproclama santo y lo siguen fielmente, dan la vida por él, el pueblo le tiene fe a detrimento de la religión oficial con la que yace separado y repudiado. Sebastián (Lidio Silva) es éste santo de descendientes africanos. Un vaquero común, pobre, llamado Manuel (Geraldo Del Rey), exige justicia, la que la ley oficial le niega, porque es una ley que está al servicio de los terratenientes, entonces va en busca de Sebastián, a quien cree la justicia. Sebastián es un tipo extraño y a ratos cruel y violento. Éste maestro popular depara grandes escenas, llenas de esa fiesta y locura típica de carnaval brasileño; como cierta penitencia con una enorme piedra y después un doble crimen –ocasionado por un simbólico pueblo- en busca de la destrucción de ésta fe marginal.   

Todos los protagonistas de ésta película son ambiguos, tienen crímenes en su haber o hacen cosas perversas, a veces obligados por las circunstancias, pero finalmente todos son como llaman al vaquero Manuel, satanases. Antonio Das Mortes (Mauricio do Valle) es un cazarrecompensas, un matador de cangaceiros. Los cangaceiros son bandoleros de espíritu revolucionario identificados con el pueblo, pero que le dan una mala imagen, son perseguidos por el ejército y el gobierno, están en su última época (los 30s), luego los desaparecieron.

Antonio vive sintiéndose culpable por quién es y qué hace, pero es el único sentido de su existencia, matar cangaceiros, pero su trabajo lo obliga a trabajar para terratenientes y enfrentar al pueblo, que convive con estos bandoleros y santos ambiguos, pero es un pueblo a los que se les ilustra indefensos, constantemente maltratados, sojuzgados, hambrientos, pacifistas. Antonio es un antihéroe, y tiene su mítica de cowboy, en un mundo perdido. Este mundo es el sertón, tierra casi desértica.  

Corisco (Othon Bastos), es el cangaceiro de la historia, el número uno tras el más famoso cangaceiro de todos, Virgulino (alias Lampiao), de quien sólo se habla, pero se le menciona bastante, también se canta sobre su nombre y leyenda. Se oye por la voz admirativa de Corisco y el afán asesino de Antonio Das Mortes. Corisco es un extremista, un salvaje, un hombre que vive de la violencia. Es un tipo mujeriego y ladrón, pero también es un tipo con folclore y mítica; representa a los grandes bandoleros históricos. Tendrá que enfrentar a Antonio Das Mortes, dejando ver que tiene el filme un romance con ambos, lo cual se hace muy interesante, en una propuesta que ensalza en toda épica a sus protagonistas.

Es importante también la banda sonora, original y representativa de la película y que ayuda a contar la historia sin fastidiar, sin exagerar su presencia, sin asumirse una carencia visual  o una sustitución, aunque es notorio que el filme no recurre a un gran presupuesto. Genera mayor presencia en los protagonistas y en como contar la historia. Hay un estilo particular de canto.

Aparte de la búsqueda del hombre humilde y maltratado, por algún tipo de justicia, de un líder y guía salvador, escarbando en el propio pueblo, se ve mucho el rechazo y abandono a la mujer, que en Rosa (Yoná Magalhaes) se repite una y otra vez, obligándola a actuar, corrompiéndola. También está la búsqueda de la fe y de la paz interna al caer en la violencia, como en la historia del mar como si fuera el cielo.

Tierra en Trance (1967)

Ésta película es muy política, impresionantemente frontal y audaz, no esconde en absoluto su deseo de denuncia del abuso y mediocridad del poder, tiene un potente cine social, inteligente, que abarca toda arista, inclusive cree algo idiotas a los votantes, pero más es una crítica a la pasividad, desechando el sobrenombre de extremistas.

Posee una composición compleja, los tiempos de los sucesos están mezclados y puestos muy libremente y se hace algo complicado de seguirles, pero yacen en una estructura coherente. De forma directa el filme se defiende del señalamiento de ser una simple propaganda, y aunque tiene infaltables lugares comunes aduce -y tiene razón- ser más bien un cine de ideas, de defensas sociales y críticas racionales y argumentadas, quitando que ciertamente tiene un cierto mensaje extremista y algo belicoso.   

En el filme vemos a dos tipos de políticos, uno de izquierda, otro de derecha, uno populista y demagogo, otro empresarial, mercantil, religioso, manipulador a través de los medios de comunicación, pero los dos o son mentirosos o cobardes –en principios- o aprovechados. Postulan primero a gobernadores, luego a presidentes. Yacen en el lugar ficticio de El Dorado. Nuestro héroe social es un periodista idealista y poeta llamado Paulo Martins (Jardel Filho), quien trabajará con ambos políticos, Porfirio Diaz (Paulo Autran) y Felipe Vieira (José Lewgoy).

El filme con su protagonista hace un recorrido por las campañas de ambos políticos, en principio Paulo seguirá a Porfirio Diaz como a un mentor, luego pasará a ser parte de las filas del izquierdista Vieira. Paulo tendrá -como el Manuel de la anterior película- la influencia final de su pareja, de tendencia social, que igualmente terminará en la soledad como en aquella predecesora carrera desesperada, poderosa y furiosa hacia el mar. Antes, Paulo desencantado de la política llevará una vida bohemia, tendrá mucho sexo, con mujeres hermosas y liberales. Pensemos que Brasil es un país muy sensual y erótico, como también uno de lucha social.  

Antonio Das Mortes (1969)

La tercera y última película de la trilogía es una continuación notoria de Dios y el Diablo en la Tierra del Sol (1964), Tierra en Trance parece que no tuviera mucha relación con ellas o fuera una película independiente de las otras dos, y esto se nota tanto que hasta repite muchos lugares de la primera y hasta se repite a sí misma en demasía o prolonga momentos sin mucho suspenso, le falla además exagerar cosas pasadas de la primera como la banda sonora de mismos rasgos sonoros y hasta letras, pero que llega a ser molestosa de lo ubicua que es.

Como anuncia el título se enfoca en Antonio Das Mortes (Maurício do Valle), que presentará su redención, al poco de ver que el pueblo necesita de la comida y las tierras de unos insensibles terratenientes que solo quieren llenarse de dinero. Antonio enfrentará al fantasma de los cangaceiros que tanta pasión y culpa le provocaban, en uno nuevo, del que duda, y es propio de una decadencia de su especie, el cangaceiro Coirana (Lorival Pariz), al que enfrentará con facón –cuchillo de trabajo o de pelea-  en una lucha típica, con un pañuelo agarrado a un lado y a otro por sus bocas. Luego Antonio también luchará con otro asesino a sueldo, Mata Vaca.

Hay personajes estrafalarios, como el coronel Horacio y un profesor borracho que se ríe de todo y para buscando revolcarse –literal- con Laura, una mujer ajena y de la vida, que dan un toque lúdico y curioso al producto, provocando uno escenas berrinchudas y el otro poco sentido narrativo, pero teniendo en cuenta que pasan por el tamiz de lo popular. El jefe de policía Mattos también tiene un aire a caricatura y exageración, sólo Antonio Das Mortes y su clásica canción se mantienen en el movimiento lento y calmado, esperando entrar en acción, como con aquel tiroteo final, en una propuesta que lleva de western tradicional, folclórico y moderno, en un filme que ocurre 29 años después de la primera película de la trilogía.

Este es un filme que es más un pequeño divertimento, no le falta cierta gracia, aunque es como una pequeña versión de la magnífica Dios y el Diablo en la Tierra del Sol. El otro título con el que se le conoce es El dragón de maldad contra el santo guerrero, nombres y significados que se mencionaban en la primera película, y que aluden a San Jorge y su mito, un santo cristiano hoy muy popular en Brasil, en el que prácticamente se convertirá Antonio Das Mortes, asumiéndose en pleno la mirada híbrida de lo popular, lo histórico y la fe.

viernes, 16 de febrero de 2018

El aficionado (Amator)


Un hombre de familia y vida humilde, Filip Mosz (Jerzy Stuhr), junta sus ahorros y compra una pequeña cámara de cine, quiere filmar a su hija recién nacida. En poco tiempo el asunto cambia de intención, empieza a entusiasmarse con la cámara y a hacer películas, los demás también se entusiasman, el cine es una fuente de emociones instantáneas. Filip desarrolla una afición que como él mismo dice le da sentido, pero a su mujer le molesta su pasatiempo y su apasionamiento. Filip desarrolla una carrera alterna y toma rumbo social.

El filme del polaco Krzysztof Kieslowski es muy sutil en enfocarse en la responsabilidad que otorga hacer una película, para el caso documentales sociales o de denuncia. Lo que filmas sale del estado privado e íntimo a algo público, digamos que pierde su candor. Un amigo y jefe de trabajo le dice a Filip que su labor cinematográfica le traerá mucha satisfacción, pero también un poco de culpa y generará beneficio como algún perjuicio.

Pilip es un tipo de espíritu mujeriego y deseoso -como todos- de que le den importancia. Su antigua vida familiar, pacífica y anodina, la que representaba su mujer, Irka (Malgorzata Zabkowska), ya no le llena. La cámara le trae popularidad y entusiasmo de la gente de la calle, de la gente de su barrio y de afuera. Aunque Pilip es amateur y lo que hace se ve simple, todo el mundo reacciona como si fuera un director consagrado o estuviera haciendo una gran obra. Quizá Kieslowski ironiza un poco, de manera muy discreta. Pero también genera soportes reales, como el festival de cine amateur. Pilip va tomando vuelo.

El filme es también toda la revolución que ocasiona hacer cine, se dice que el cine quiere generar un impacto, una transformación, pero la consecuencia real suele ser mínima. Sin embargo, en esta propuesta el impacto es grande. La gente toma mucha importancia a los documentales sociales de Pilip, se despide gente, se cierran y abren lugares, se cambian los lugares de inversión, se genera una imagen social empresarial. En el filme toma mucha importancia la empresa donde trabaja Pilip, que está muy receptiva a sus películas.

Amator (1979) tiene una narrativa de esas que parecen contar las cosas transversalmente, porque como que todo es muy pequeño, sencillo y discreto. Ciertamente es una película inteligente que ausculta la propia profesión, sin exageraciones ni polémicas ni satirizar nada. Kieslowski es un cineasta con un humor sumamente fino, con una audacia controlada, en su punto, es un cineasta culto, pero a la vez dueño de un cine amable y cotidiano.  

Finalmente la película parece centrarse en escoger entre la paz y la tranquilidad de una vida humilde sin estridencia alguna –monótona quizá- o una vida de aventuras, muchas caídas, soledades, viajes, iras y grandes entusiasmos –lo impredecible-. Lo curioso es que muchos dirán que la opción inmediata es la segunda, como que así es la vida en sí y además la mayoría en realidad así la prefiere, pero, desde luego, en el éxito y lo rutilante, y lo otro –además- es el anhelo general que nunca llega a concebirse por mucho tiempo (la paz prolongada prácticamente es una utopía). Pero el filme de Kieslowski pone las cosas de tal forma –sin ser barato y subrayado- que Pilip siente el embate de aferrarse a su nueva vida. Lo “pequeño” le cobra factura, eso que uno llama anodino –y el propio Pilip minimiza y deja en segundo plano- presenta mucha dignidad, y se da su lugar, un lugar que reorganiza nuestras prioridades y sentidos sin ser en el trayecto inocente o característico de la ilusión de la buena voluntad.

Good manners (As Boas Maneiras)


Todo empieza como una película de cine social. Una mujer de color (Isabél Zuaa), pobre, sin un buen currículo, se presenta a trabajar donde una mujer joven con dinero (Marjorie Estiano). La dueña es exigente y fácilmente la rechaza, pero por un momento de esos repentinos ella cambia de idea, ve su potencial práctico. Es contratada y demuestra que es muy competente, comprometida y sensible. La mujer dueña de la casa, Ana, tiene una enfermedad y es sonámbula. Esto traerá la curiosidad de que la película de los brasileños Marco Dutra y Juliana Rojas es una película de cine fantástico y de terror, aportando mucha imaginación.

Una parte es como cualquier película dramática. Una mujer, la empleada de Ana, Clara, tiene un niño que cuidar, pero no es cualquier niño, tiene que hacer uso de su ingenio para que éste no deje salir a la bestia que lleva dentro. El filme sería común sin ésta parte, además de que en algunos momentos los efectos son austeros y la propia historia muy sosegada. En la parte fantástica hay creatividad, la manera de combinar una historia sencilla de cotidianidad entre madre soltera e hijo y una de monstruos clásicos tiene distinción, sumando que el cine fantástico latinoamericano aun no es muy prolijo o abundante.

Los momentos fantásticos están dosificados, no son muchos, pero cuando llegan generan suma atención y espectáculo. Es como presenciar dos películas en una, que van cediéndose la posta en las dos horas de metraje, una de género, intensa, emocionante, llamativa, propia del entretenimiento, y otra de cine indie, de cosas mínimas, comunes y donde no pasa nada extraordinario. En el filme entra a tallar mucho las relaciones humanas, se sostiene de ellas, como en la parte indie de una relación homosexual.

Los vínculos son muy importantes, generan una sensibilidad especial, que en el filme está muy bien tratada, como cuando Clara tiene que decidir entre su humanidad y caridad y la indiferencia por la fealdad del mundo y el miedo a la violencia. En el filme Clara siempre está dispuesta al sacrificio, a la responsabilidad especial. En esto hay mucho tratamiento, es parte central de originalidad. No hay que esperar una justificación de origen seria (sobre lo fantástico), un filme de género se vale más del movimiento de sus fichas. Es una película que no tiene tanto de terror, es más cine fantástico. Sabe combinar música pop brasileña con memorias románticas, puedes ver el loable maridaje entre cine comercial y cine arte, como de buenos resultados teniendo un presupuesto pequeño. Exige un poco de paciencia, no es cine de género frenético, pero exhibe una construcción hibrida interesante.

martes, 13 de febrero de 2018

El loco del pelo rojo (Lust for Life)


Película de Vincente Minnelli, sobre la vida de Vincent van Gogh (Kirk Douglas). Douglas le da mucha dignidad a un personaje que aunque fue un genio de la pintura en vida fue más bien un perdedor, además de un tipo considerado desequilibrado. En la película dicen de él los pobladores que es el loco del barrio, pero Minnelli muestra toda la complejidad de van Gogh. Se menciona que sus cartas estaban repletas de pasión, emoción y una sensibilidad muy grande, como también que van Gogh se dedicó a predicar la palabra de Dios en la zona más marginal, y vivía con los mineros más pobres de la misma manera, sin ninguna ventaja o privilegio.

El van Gogh de Minnelli es un genio atormentado, no se percibe que dude de su arte, sino que vive de epifanías y apasionamientos, los cuales lo conducen a una crisis y a un empeoramiento de su salud mental, que tiene como uno de sus puntos picos el famoso cerceno de su oreja, lo cual tiene de discutible y misterioso en la vida real. Aquí en la película se atribuye a la versión más típica, que fue producto de un arrebato del propio van Gogh.

El personaje de Paul Gauguin (Anthony Quinn, que ganó el Oscar) da momentos muy ricos de interacción, no es muy extensa su participación, pero provoca mucha intensidad, se le pinta de un tipo salvaje (lo admite y se vanagloria), solitario, frío, duro, rudo y hasta antisocial y mal padre (de todo esto demás no quiere hablar), lo cual hacen ver a van Gogh más normal de alguna forma. Deja duda de que pudo ocasionarle en una pelea la extirpación de su oreja, por como es el personaje de Gauguin en el filme que por lo que vemos del hecho en sí, que queda precisado en el propio acto loco, desesperado y crítico de van Gogh ante la lejanía del amigo y ser admirado. También la interacción con el temperamento de Gauguin provoca un diálogo analítico sobre la violencia en la existencia de van Gogh, que es un tema interesante, visto que el pintor holandés tendía también a enojarse, a gritar y a discutir. Mucha gente lo marginaba por ello, aunque se ve en gran parte que el van Gogh de Kirk Douglas no deja de tener una clásica empatía y simpatía propia de la mayoría de los protagonistas.

Minnelli aunque le otorga dignidad a van Gogh, y Kirk Douglas lo realza en mucho, tampoco evita mostrar el lado perdedor y derrotado que siempre acompañó a éste genio de la pintura, como cuando van Gogh pretende a su bella y joven prima viuda y ésta lo repudia. Finalmente van Gogh termina teniendo por pareja a una sencilla lavandera madre soltera. El filme muestra la obsesión de van Gogh por la pintura, en esto no caben dudas, van Gogh se esfuerza, vive cada motivo de su obra, se ve como surgen sus epifanías y entusiasmos, se entiende qué lo mueve, y se explica un poco su estilo y búsquedas. El filme propaga y enaltece el lado genio de van Gogh, haciendo un contraste que tiene de real, y que justifica la dignidad que presenta.

El trato con su hermano Theo (James Donald) no puede faltar, queda también muy delineado el amor y la paciencia que le tenía Theo, su ayuda y respeto. En esto Minnelli muestra todo puro e ideal, Theo es un gran hermano, y van Gogh lo ama y muestra agradecimiento. El filme exhibe una relación muy limpia y natural. Pero no se magnifica tampoco la ayuda. Van Gogh demuestra que puede manejarse, aunque su apasionamiento le cobra factura. En todo el filme hay una línea que habla de los tantos defectos del pintor holandés, pero no  se hace escarnio de ello, siempre hay respeto, sensibilidad, tino y humanidad. Minnelli no necesita del golpe bajo ni de la exageración, hay clímax sí, pero efectismos baratos no. Hay delicadeza, pero también franqueza en mostrar a van Gogh, en un tono clásico, inteligente y amable.

Días sin huella (The Lost Weekend)


El director de ésta película fue uno de los máximos genios del cine clásico americano, Billy Wilder, con obras maestras como Sunset Blvd. (1950), Ace in the Hole (1951) y Love in the Afternoon (1957); películas muy populares y queridas como The Seven Year Itch (1955), Some Like It Hot (1959) y The Apartment (1960). Tiene muchas comedias de gran nivel en su filmografía, donde fue un maestro del humor inteligente, elegante y afín a muchos. Pero también tiene películas dramáticas o más serias en su haber. La máxima de éstas películas es Días sin huella (1945), ganadora de 4 premios Oscar.

Días sin huella nos pone a Ray Milland –ganador del Oscar por ésta actuación- en la figura de un alcohólico, Don Birnam, que no puede controlarse y quiere beber todo el día, todo el tiempo piensa en esto. La película tiene un realismo y una dureza bárbara, no da pie a medias tintas, el alcohol se asemeja a un uso mortal y extremo propio de las peores drogas. Don es un tipo al que vemos vivir para emborracharse. Tiene una novia hermosa, bondadosa y refinada (Jane Wyman) y un hermano preocupado por él y caritativo (Phillip Terry), pero Don siempre trata de engañarlos y alejarse de ellos en el alcohol.

Desde el principio Wilder nos pone las cosas claras con Don, con una botella que cuelga de una cuerda en la ventana para que no se la quite el hermano. El tipo se siente un perdedor, sabe que sólo vive para beber, para engañar a su hermano y a su novia, y poder conseguir una botella. Alguna vez quiso ser escritor, pero su miedo lo venció, aún tiene la máquina de escribir, pero no tiene la perseverancia para sentarse a hacerlo. Su lucha con el alcohol también es por su autoestima, no confía en sí mismo. Es una película clásica, pero oscura y muy dura, aprieta al protagonista hasta las últimas consecuencias.

El filme tiene una escena magistral en que Don está en una ópera, mira La traviata, y cuando todos en escena beben, celebran, Don piensa en la botella que escondió en su gabardina. Entra en fijación y empieza a sufrir cada segundo por un trago cuando observa a todos beber. No sólo ahí se muestra de cuerpo entero, suplica y roba por licor. Se humilla hasta lo máximo.

El filme de Wilder no pretende ser una historia bonita, cándida, es ciertamente muy cautivante y entretenida, como la mayoría de las películas de éste gran director, pero es brutal en su figura, en mostrar la total degradación de éste hombre, que pone en segundo plano a sus seres queridos. Hasta el barman lo mira con desprecio, no puede creer que sea digno de su novia. Mención especial de una mujer de la vida enamorada de Don, interpretada por Doris Dowling.

Don es un tipo que se mueve en la cultura, pero se muestra como el tipo más vicioso, tiene la mente encerrada, pero éste sabe su situación, sabe que es un alcohólico de lo peor, que todo para él es beber. En ese lugar entra a tallar la nobleza, lealtad y sensibilidad humana. Es un filme visceral, cargado de emotividad, de sufrimiento y también del amor verdadero de los próximos. Es una poderosa y magistral historia que muestra el abismo de un hombre.

sábado, 3 de febrero de 2018

The Square

El director sueco Ruben Ostlund, ganador de la palma de oro 2017, nos habla desde la clase privilegiada, sobre la mirada de la civilización sobre lo vulgar, para ello lo hace sutilmente en algunos momentos y en otros mediante el humor negro. Esto incluye una mirada más obvia o superficial acerca del arte, hacia lo que pretende serlo y no lo es, como decir, en otro plano, lo que hay que adaptar, convivir o soportar en la sociedad nos diría la postura de la clase privilegiada que articula Ostlund con su protagonista, Christian (Claes Bang), un curador de arte moderno de un museo.

Christian pasa por pequeños contratiempos en donde estudiamos el punto de Ostlund. En un primer momento parece una mirada algo soberbia, que yace por encima de los otros, los desfavorecidos; para el caso, se trata con mendigos, algunos con aires de idiotas o de conchudos/frescos, que inclusive enojan al protagonista que no puede ignorarlos al final producto de un cargo de consciencia que le viene al poco tiempo de desdén hacia ellos. Es fácil de suponer porque ésta película no llegará a agradar a un sector, viendo que muchos cunden por lo social, y ésta es una mirada atípica a la postura de los privilegiados (más representada por la clase media), que por lo general no se dejan ver demasiado.

El filme tiene una puesta en escena digamos que austera, pero estética, es decir, recurre a pocos elementos y a los más cotidianos y simples. Es un filme que trata con el día a día. Aunque Christian tiene dinero se mueve como cualquier mortal por la ciudad. La propuesta empieza con un robo de carterista, tras lo que el protagonista cree es una hazaña suya, en ese sentido, él aprenderá, en el lado más naif y amable del filme, a ser una persona más humilde y compasiva con los pobres. Curioso que se use a niños como ejemplos.

El filme en la última parte girará hacia un lugar de bondad y buena onda. Todo lo anterior será como el lado malo, indolente y avispado, del protagonista y del poder, aunque se siente en mucho algo más que eso, también una pequeña crítica hacia abajo y el escape de luz de una idiosincrasia social (lo que falta para que el mundo sea un lugar perfecto comunitario, en primera instancia está claro, explotar en pedazos a los mendigos), de cierto fastidio que es difícil de aceptar, y que no nos dibuja tan nobles, y se hace tan arduo de defender, que no sea tomárselo a la ligera, como una especie de comedia en su mayoría.

Por otro lado donde más se han quedado muchos es en el aire de superioridad que pretende Ostlund frente a lo que es y no es arte, algo que no es tan descabellado, porque actualmente vemos también piezas de basura que son enaltecidas hacia lo más alto. A su vez se recurre a exponer el método que sería el que cree más efectivo el filme para convertir una pieza anónima en una popular y reverenciada mediante la publicidad. Este método sería la polémica, pero este quehacer es muy endeble, porque no tiene ningún tipo de sutileza, y se ve de lejos, que luego se rebate con facilidad. La publicidad y algunos métodos de engrandecimiento difusivo implican mayor sabiduría que este uso tan básico y didáctico.

El protagonista se desliga sin problemas de todo porque nunca lo vemos excederse ni mostrarse tal cual lo que le sobrevuela, su cariz es más bien pausado, bien educado y más “diplomático”, es un hombre de la civilización carismático y bien parecido, un hombre de pequeños gestos o de insignificancias, como ser tachado de mujeriego o de banalizar a las mujeres (Elisabeth Moss) que va por lo políticamente correcto.

En el otro lado está el peor espécimen, en ese hombre mono, que hace Terry Notary, –que también puede tener mayor lógica en representar a los criminales- en plena cena al que no queda más que golpearlo hasta matarlo, suprimirlo, tras un canto de brutalidad producto de lo rustico y demasiado primario, una justificación de lo peligroso que puede llegar a ser también lo vulgar, hasta para alienar o desmerecer a la civilización. Entiéndase igualmente el pauperizar el sentido del arte.

jueves, 1 de febrero de 2018

Three Billboards Outside Ebbing, Missouri

Ésta es una película que tiene humor negro, pero también se deja ver seria. Tiene a tres actores en roles muy atractivos. Ebbing es un pueblito donde los policías tienen mucha libertad de acción. En éste lugar el director Martin McDonagh juega a ironizar un poco sobre el abuso policial, con las golpizas que a veces tienden a dar –en especial a los afroamericanos- y ese toque de intimidación que produce en su sociedad la policía americana.

Uno de los protagonistas es el jefe de policía Willoughby (Woody Harrelson), un policía que todo el mundo quiere, quien propaga el amor y la ayuda en su comunidad, pero que sufre de una enfermedad terminal. Otro es su segundo al mando, Dixon (Sam Rockwell), un muchacho violento y alcohólico que vive con su madre, pero que el filme lo matizará cambiando su eje con una pequeña misiva de su mentor. Lo curioso es que éste cambio no se sentirá abrupto, porque Rockwell siempre presentará un aura irónica en su brutalidad y un extraño carisma producto de mostrar a veces un lado un poco lento. El tercer principal es Mildred (Frances McDormand), una mujer que ha perdido una hija, y el crimen no lo han podido resolver y esto la mueve a una acción potente y fastidiosa para contra la policía.

El filme es sencillo y claro, pero lleno de interacción interesante. Ésta propuesta tiene mucho de violenta, bruta y de ruda, pero está recubierta con un tono que la hace mucho más amable. Hay mucha intimidación, la muerte y violación por necrofilia de una muchacha es un caso serio y fuerte, que trae momentos tristes y dolorosos, pero yace el filme manejado con tires y aflojes de sucesos que traen una cierta chispa y sorpresa amena que está más allá. No es un filme propio del mayor espectáculo hollywoodense, pero tiene un manejo privilegiado.

Mildred trata de hacer que la policía actúe, que investigue, que no sea ociosa, pero al atacar al jefe de policía todo Ebbing le guarda enfado y muchos son de armas a tomar, como típico pueblo sureño, de gente del interior americano. El espíritu de Willoughby es muy fuerte localmente, es un gran hombre y un policía ejemplar, pero Mildred quiere al culpable y sus carteles son su método para que lo atrapen. Un cambio de actitud es el ejercicio pleno de la mezcla dramática y cómica del filme, un maridaje perfecto, bajo un relajo que hace todo tan digerible, fácil, simpático y otorga un buen estilo al producto.

Tiene líneas de diálogos muy avispadas y audaces, la actitud de Mildred es oro puro también, con una Frances McDormand que encaja en toda proporción y sabe de humor negro y gente de carácter. Una línea ironiza, no botamos a los policías racistas porque nos quedaríamos sin policías, sólo con los más gays. Pero al poco rato vemos que aparece un policía de color y en el filme ningún policía se muestra racista, la brutalidad de uno no diferencia raza al final.

El filme nunca es demasiado políticamente incorrecto, lo es sí, pero en una dosis controlada y digamos que llevadera, no pretende ser muy agresivo, polémico o mordaz, sólo algo picante. Ante todo es hacer un entretenimiento inteligente y de manera transparente, suelta, despreocupada. Se trata de un cine comercial valioso.