viernes, 16 de febrero de 2018

El aficionado (Amator)


Un hombre de familia y vida humilde, Filip Mosz (Jerzy Stuhr), junta sus ahorros y compra una pequeña cámara de cine, quiere filmar a su hija recién nacida. En poco tiempo el asunto cambia de intención, empieza a entusiasmarse con la cámara y a hacer películas, los demás también se entusiasman, el cine es una fuente de emociones instantáneas. Filip desarrolla una afición que como él mismo dice le da sentido, pero a su mujer le molesta su pasatiempo y su apasionamiento. Filip desarrolla una carrera alterna y toma rumbo social.

El filme del polaco Krzysztof Kieslowski es muy sutil en enfocarse en la responsabilidad que otorga hacer una película, para el caso documentales sociales o de denuncia. Lo que filmas sale del estado privado e íntimo a algo público, digamos que pierde su candor. Un amigo y jefe de trabajo le dice a Filip que su labor cinematográfica le traerá mucha satisfacción, pero también un poco de culpa y generará beneficio como algún perjuicio.

Pilip es un tipo de espíritu mujeriego y deseoso -como todos- de que le den importancia. Su antigua vida familiar, pacífica y anodina, la que representaba su mujer, Irka (Malgorzata Zabkowska), ya no le llena. La cámara le trae popularidad y entusiasmo de la gente de la calle, de la gente de su barrio y de afuera. Aunque Pilip es amateur y lo que hace se ve simple, todo el mundo reacciona como si fuera un director consagrado o estuviera haciendo una gran obra. Quizá Kieslowski ironiza un poco, de manera muy discreta. Pero también genera soportes reales, como el festival de cine amateur. Pilip va tomando vuelo.

El filme es también toda la revolución que ocasiona hacer cine, se dice que el cine quiere generar un impacto, una transformación, pero la consecuencia real suele ser mínima. Sin embargo, en esta propuesta el impacto es grande. La gente toma mucha importancia a los documentales sociales de Pilip, se despide gente, se cierran y abren lugares, se cambian los lugares de inversión, se genera una imagen social empresarial. En el filme toma mucha importancia la empresa donde trabaja Pilip, que está muy receptiva a sus películas.

Amator (1979) tiene una narrativa de esas que parecen contar las cosas transversalmente, porque como que todo es muy pequeño, sencillo y discreto. Ciertamente es una película inteligente que ausculta la propia profesión, sin exageraciones ni polémicas ni satirizar nada. Kieslowski es un cineasta con un humor sumamente fino, con una audacia controlada, en su punto, es un cineasta culto, pero a la vez dueño de un cine amable y cotidiano.  

Finalmente la película parece centrarse en escoger entre la paz y la tranquilidad de una vida humilde sin estridencia alguna –monótona quizá- o una vida de aventuras, muchas caídas, soledades, viajes, iras y grandes entusiasmos –lo impredecible-. Lo curioso es que muchos dirán que la opción inmediata es la segunda, como que así es la vida en sí y además la mayoría en realidad así la prefiere, pero, desde luego, en el éxito y lo rutilante, y lo otro –además- es el anhelo general que nunca llega a concebirse por mucho tiempo (la paz prolongada prácticamente es una utopía). Pero el filme de Kieslowski pone las cosas de tal forma –sin ser barato y subrayado- que Pilip siente el embate de aferrarse a su nueva vida. Lo “pequeño” le cobra factura, eso que uno llama anodino –y el propio Pilip minimiza y deja en segundo plano- presenta mucha dignidad, y se da su lugar, un lugar que reorganiza nuestras prioridades y sentidos sin ser en el trayecto inocente o característico de la ilusión de la buena voluntad.

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