miércoles, 30 de enero de 2019

Los muchachos de antes no usaban arsénico


Ahora que se viene El cuento de las comadrejas (2019), del argentino Juan José Campanella, atañe recuperar Los muchachos de antes no usaban arsénico (1976), ya que El cuento de las comadrejas es el remake de ésta película de su compatriota y maestro José A. Martínez Suárez. El cuento de las comadrejas se llama así justamente por una parte –por el final- del filme de Martínez Suárez cuando uno de los abuelos señala a sus enemigas como unas comadrejas que han estado torturándolos, y ¿cuál es la tortura?, que vendan su enorme casa.

Tres mejores amigos de avanzada edad comparten una gran amistad y vida en un lugar,  cuando la dueña de la casa donde viven –el marido, uno de los tres viejos, dueño también-, una estrella de cine mayor, retirada, melancólica porque ésta mansión y terreno fue como una pequeña Hollywood local la tiene siempre nostálgica y llorando frente al proyector de cine viéndose retratada muy joven y esplendorosa y quiere irse a vivir a un departamento de lujo para pasar la página, para olvidar. Pero su ex administrador, su ex doctor y su marido en silla de ruedas no quieren irse ni venderla, porque rompería con su convivencia y alejaría su amistad.

El filme de Martínez Suárez es muy sutil, aun cuando trata con humor negro, que veremos consolidado en la conclusión. Pero antes es una comedia muy leve, al tiempo de muy sugerente; lúdica con los tres ancianos. Están interpretados por tres grandes del cine, el actor Arturo García Buhr, el maestro del terror Narciso Ibáñez Menta y el director de cine Mario Soffici. Las comadrejas son Mara Ordaz (Mecha Ortiz), la vieja estrella de cine; y la corredora de inmuebles, la bella Laura (Bárbara Mújica). Se trabaja el filme sólo con estos 5 personajes y prácticamente en una sola locación, la enorme casa donde viven los 3 ancianos y la señora.  

Es un filme muy alegre, con los viejos tramando como intimidar a una carismática, seductora y tramposa Laura y a Mara tras bambalinas forzando la situación, pero más pasiva. Laura es la que quiere doblegarlos, pero aunque los viejos se dejan llevar un poco por ella, tienen muy presente en realidad no dejarse vencer por la corredora. Es un tira y afloja muy discreto, que no deja ver a plenitud las jugadas, pero que están ahí presentes. Por ratos pareciera que no pasara absolutamente nada, que todo fluyera hasta lo inminente, pero hay un gran remate guardado como as bajo la manga. El filme es impredecible y muy elaborado. Aunque se deja entender bien, no permite ver con claridad que hay una pugna, prefiere lo transversal y suave. Todo ello hacen del filme uno muy inteligente y entretenido, pero también algo exigente.

El título del filme es una ironía muy clara, trabajada. Los viejos son muy dinámicos, son de un espíritu muy joven e intenso. Es particularmente interesante ver como Narciso Ibáñez Menta juega con su personalidad histórica de actor, como personaje de terror, como con su araña. Arturo García Buhr aunque lo vemos en silla de ruedas sigue siendo un galán. En el filme es notable prestar atención a cierta perversidad de estos que parecen unos viejos simpáticos, como con sus mujeres, que será capital en la propuesta. Es un filme propio de lo clásico, con su inocencia y elegancia y humor fino por doquier, su cariz familiar, que se disfruta igual de sutil como es. Hay que estar atento a cada jugada, aunque no esperando lo común, donde parece que no pasa nada, como en un amistoso juego de bochas, que es como la avanzada edad, un sosiego externo y una efervescencia interna, una gran capacidad para sorprendernos.

lunes, 28 de enero de 2019

Suspiria


El remake de Luca Guadagnino es sólido aunque no plus ultra, se entiende todo a la perfección aun cuando tiene cierta complejidad. Dura el filme 2 horas 30 minutos y pudo ser más corto para hacerlo más dinámico, pero esto es decisión personal. El filme pone a Susie Bannion (Dakota Johnson) como una chica rara, con un pasado en flashbacks que habla de algo oscuro en ella, con la maternidad como determinante. En la academia alemana de danza llamada Tanz, a la que se inscribe, desde el arranque vemos sus fichas, quienes representan el mal, las brujas, pero qué se trama tras bambalinas es la gran pregunta. Cuando surgen tremendas decapitaciones, el mejor momento del filme, lo sabremos.

El filme tiene fuerte injerencia de la danza y eso es un plus, no solo algo decorativo, que hasta una tortura o muerte se fusiona con un baile de danza artística moderna. El baile toma simbolismo mezclado con el centro del filme, la brujería y lo demoniaco.  También es interesante como movilizan sus poderes las brujas, todo resulta a un punto original en ello. La camaradería femenina toma un lado perverso en el filme. La propuesta de Guadagnino tiene un espíritu clásico, elegante, de misterio, aun cuando presenta escenas gore en un momento.

Suspiria (2018) no solo trabaja con Dakota Johnson, también con las bailarinas que hacen Chloë Grace Moretz y Mia Goth, dividiéndose el protagonismo. No obstante es finalmente de Dakota, que hace de una chica ambigua, por momentos es fuerte y a otros ratos introvertida. Grace Moretz hace de una muchacha perturbada pero que tiene justificación, y ahí entra a tallar el Dr. Josef Klemperer (Tilda Swinton), que tiene una sub-trama donde participa la original Suzy Bannion, Jessica Harper, esforzándola a darle un beso a Tilda Swinton. Swinton hace un buen doble papel, hasta triple papel, pero no veo necesario que ella sea el Dr.

Swinton como Madame Blanc es notable, tiene hasta un velado lesbianismo hacia el personaje de Dakota, que habla de admiración por el arte mutuo. La danza toma un entendimiento superior en la propuesta, como algo que hay que comprender más allá de lo común -no solo para ejecutar las performances-, que apasiona, yendo debajo lo macabro como complemento ingenioso, pero lógicamente arbitrario. El filme va dando pequeños momentos de terror, previos a las decapitaciones tan capitales. La obra prefiere ser más narrativa que terrorífica, que de pura acción o efectista. A ratos cansa un poco, quizá es muy detallista, pero es aplaudible que quiera tener una historia argumental sólida.

Hay una interacción colectiva jugosa entre las tantas profesoras de danza –como con sus conversaciones privadas y sus juegos con sus víctimas- y en el eje están Madame Blanc y Susie Bannion mientras el Dr. Investiga por su cuenta. Hay tres frentes bien desplegados, aunque algo lentos. De Mia pasa a Dakota. Suspiria es un buen remake, aunque no una obra maestra. Es muy endeble la parte del Dr., pensando que Swinton está debajo. El quehacer con Dakota se percibe medio freak, y funciona bien, aunque se vea extraño, como si fuera defectuoso, pero en realidad es ambiguo. Swinton como Madame Blanc es sofisticada, proponiendo la trascendencia necesaria de la brujería. Es la bruja más lograda, además. La conclusión resulta atípica en todo sentido, proponiendo lo argumental. Tenemos entre manos un filme de cierta originalidad y buena atmósfera de terror. Tanz es siniestro, en su propio universo.

miércoles, 23 de enero de 2019

The Gold-Laden Sheep & the Sacred Mountain


Un avión –que se menciona bastante, pero que no se ve el accidente- cae en una montaña sagrada en el Himalaya y esto despierta la codicia de los lugareños, habiendo una recompensa por recuperar al piloto y mucho oro en la zona, aun cuando dicen que entrar a la montaña es ir contra lo místico del lugar y la montaña te traga prácticamente. La naturaleza toma mucha injerencia en el relato, imponiéndose, prologándose el misterio y el suspenso en el vagabundeo (y sobrevivencia) de tres grupos. Entre ellos está un pastor viejo ducho conocedor del lugar, que aunque de trato rústico y campechano le lleva ventaja al resto, además de que es un sujeto muy dinámico. Otro grupo lo forman unos exploradores muy jóvenes; y por último el criado del pastor cae por torpeza en la zona prohibida. Sin embargo aunque se trata de seducir a la montaña, convencerla, nadie está libre de perecer, por lo que es una hazaña cruzar hacia allá. Frente a fogatas de estética plomiza los lugareños y el pastor conversan sobre el oro y la montaña, folclore que se emparenta con el Perú en la adoración a la tierra. Todos yacen entusiasmados por obtener riqueza, lo piensan bastante que olvidan el respeto por la montaña sagrada. De eso va el relato, de profanación y respeto a lo místico, a la tradición. El Himalaya luce maravilloso a la vista, con grandes picos de altura, abismos, vegetación, nieve y lo salvaje. El pastoreo de ovejas, mostradas hasta el más mínimo, el detallismo en los animales, cuidados y organizados, moviéndose en grandes grupos, es algo también bello de ver. Ésta propuesta de Ridham Janve no parece muy común en el cine de India, es más cine arte minoritario, a ratos contemplativo, bastante lento y con muy poca narrativa, repitiendo y futurizando escenas, yendo mucho a mostrar estar atrapados en la naturaleza, manteniendo la expectativa de lo imprevisible, que caigan en la red de lo fantástico, visto con austeridad, sutileza y humildad. Es el trabajo de lo mínimo, aunque India es un país filosófico, ultra místico y religioso y aquí se puede ver toda esa devoción y la fuerza del territorio enfrentados a la ambición natural de los hombres.  

lunes, 21 de enero de 2019

Llantas asesinas


El diablo sobre ruedas (Duel, 1971)

Es una de las primeras películas de Steven Spielberg, un celebrado telefilme, con guion de Richard Matheson quien adapta una historia suya. En ésta un conductor loco, enojado por algo trivial pero común fuente de enojo primitivo -que lo sobrepasen en la carretera-, maneja una cisterna vieja pero de gran motor y con éste camión aterroriza en las grandes pistas a un vehículo Plymouth Valiant, a un hombre común de clase media, interpretado por Dennis Weaver. Al conductor de la cisterna nunca se le ve, sólo brazos y a sus botas de vaquero. Es un filme con efectos especiales sencillos o bastante medidos, hasta el final donde es apoteósico, entre comillas. Pero se le suele elogiar a Spielberg el uso de la economía del filme y como concibe la película, una llena de suspenso, aunque un poco lenta. Se toma su tiempo o se toma en serio el suspenso. Pero es divertida, te mantiene al pie del cañón, viendo cual será la próxima maldad –o intento de asesinato- del camión cisterna. Hay una secuencia emocionante cuando se le calienta el carro al héroe y víctima –se va a detener su vehículo- y el conductor de la cisterna viene enloquecido detrás por él, como un pistolero o cowboy tras su venganza. Weaver hace de hombre ordinario, con disgustos maritales incluidos y cierta pusilanimidad, como típica película americana, pero quien debe ser valiente o extraordinario para salvar la vida. El filme es austero, pero logrado, con ninguna pieza afuera, pero con momentos sugerentes, sencillos, más que grandes explosiones, muertes o grandilocuencia. Es una clase maestra de como con bajo presupuesto se logra hacer una película competente de género.

The Car (1977)

Elliot Silverstein hace una película con un auto Lincoln de lujo como un Tiburón (1975) sobre ruedas. Se lo toma tan en serio que hasta a ratos parece una premisa ridícula. El auto demoniaco, sin explicación de existencia, ataca a la gente sin razón alguna que la pura maldad. Hay una escena donde una mujer escucha el motor del auto asesino y teme por su vida, se mete en su casa y viene lo impresionante, el auto le ataca contra todo pronóstico. Esto supera cierta deficiencia de un ataque previo, medio bobo, como un toro enardecido, en un desfile y en un cementerio, contra unos niños y unas maestras –una hasta lo insulta, lo provoca-. El filme pone a la policía en un estado deplorable –mata a muchos-,  y no tienen nada de rudos, parece que se enfrentaran a algo descomunal, están desorientados y achicopalados, incluso hay un policía rubio que parece querer llorar de lo penoso que se le ve. El heroísmo es compartido, centralmente entre el policía que hace James Brolin y un abusador familiar –le pega a su esposa; así por increíble que suene- en el actor R.G. Armstrong a quien toda la policía recurre para vencer al auto malvado. Es un filme muy curioso no hay que negarlo, y entretenido también, pero es una película de cine B con sus deficiencias, y sus encantos.

Christine (1983)

Ésta película basada en una novela de Stephen King es mejor que The Car, tiene más terror; el auto, ésta vez un Plymouth Fury, incluso hasta posee a sus conductores, los vuelve malos. El dueño del auto asesino es un muchacho nerd convertido en chico cool, aunque más agresivo, Arnie Cunningham (Keith Gordon). Arnie logra conquistar a la chica más bella del colegio, a Leigh Cabot (Alexandra Paul), pero su verdadero primer amor es su Plymouth Fury llamada Christine, que mediante la música manda mensajes románticos o de violencia. Tiene una escena en una gasolinería que es preciosa de lo brutal que es como terror. Desde el arranque el filme plantea la violencia, ya que Arnie sufre de bullying y su maltrato pide venganza. Arnie tiene un mejor amigo, un jugador de futbol americano, Dennis (John Stockwell), quien es la parte agradable del filme, aun cuando es típicamente cool, pero humilde. Christine tiene la particularidad de que puede regenerarse inmediatamente, provocando ataques vistosos por su autodestrucción. Mientras en The Car éste jugaba con Brolin en varios momentos, Christine es implacable, carece de sentimientos, que no sean hacia Arnie y matar. En The Car el propio auto deja ver una sed de venganza con una maestra. Christine sin embargo intenta matar por estrangulamiento a Leigh, mujer que nada en la inocencia. En éste filme aparece muy secundario Harry Dean Stanton como un policía de investigación. Christine, de John Carpenter, es una película entretenida y bien hecha, un filme de culto; The Car también es de culto.

Rubber (2010)

Rubber (2010), de Quentin Dupieux, es una película descaradamente extravagante, con una llanta que usa poderes mentales para reventarle la cabeza a la gente. Empieza matando animales, rompiendo botellas, y termina matando personas en cantidad, hasta plantear la revolución de un triciclo infantil. La parte menos lograda es la de los espectadores y hacer ver que estamos viendo una película, pero se entiende para rellenar espacio, porque lo de la llanta es pura acción aunque poca narrativa, lo suyo es matar al estilo gore. La llanta no habla, tiembla y ¡boom!, explota en mil pedazos una cabeza, pero también siente deseo, como al ver desnuda a una chica bañándose en la ducha. La película a ratos es extraña, especialmente con el jefe de policía, pero el filme desde el comienzo empieza mostrando sus fichas, postulando la sinrazón. Todo el andar de la llanta aunque muy simple tiene gracia, incluso se pueden ver sentimientos en ella, lo cual suena muy loco, pero también entretenido, y no falta algo de risa, entre el absurdo bueno y malo. Rubber es una película de gran atrevimiento y se le perdona que no sea perfecta. En el arranque la llanta luce como un bebé dando sus primeros pasos, abandonada en el desierto, hasta llegar al éxtasis de la furia al ver a otras llantas siendo quemadas como basura. Lo que mueve a la llanta, desde estar tirada en el desierto como desecho, es el desprecio de los demás –aun cuando, claro, es una simple llanta, pero no pidan coherencia en el filme- . La meta última, bajo cierta ironía, es llegar a mucho público, ahí aguarda Hollywood –por la historia de Rubber- o el apocalipsis –por dónde empezar a matar-.

sábado, 19 de enero de 2019

Newton


Newton (2017), de Amit Masurkar, es una comedia india suave, con Newton (Rajkummar Rao), un muchacho bastante estricto consigo mismo, pero algo perdedor. Es alguien que es enviado a que voten en una población peligrosa, por la proliferación de guerrilleros maoístas. Newton lo ve como tremenda obligación y quiere hacer cumplir su deber al pie de la letra. En la zona hay un jefe militar que es el típico militar canchero (un excelente Pankaj Tripathi), quien será el antagonista de Newton, en justo lo contrario, hacer el trabajo de la votación como sea.

En el filme se oponen, pero sin ningún tipo de violencia –que no sea la propia presencia tacita-, ejército con personal de votación encabezado por Newton –un tipo bravo y obsesivo hasta la locura-. Mientras los militares que encabeza Aatma Singh (Tripathi) cogen a los votantes casi por la fuerza y solo quieren quedar bien con sus superiores y estos con su imagen ante el país, Newton es un idealista que raya lo tonto y quiere que pobladores bastante humildes desligados de la votación entiendan qué es democracia, su derecho, deber, la potencial oportunidad de cambio y bendición. Los militares los ven como ganado a los pobladores y poco les interesa las formas, Newton no soporta ese comportamiento, sufre existencialmente frente a ésta situación. De esto salen chispas de comedia, de humor negro.

Los entretelones de la votación están perfectamente desplegados, aunque con sencillez formal, pero contienen todo el escenario de éste tipo de eventos. El filme llega hasta la confrontación abierta entre Aatma y Newton, en ello, el pico de la propuesta, muestra humor exagerado, pero efectivo. El resto es suave, discreto. Presenciamos el día “típico” de la labor del personal de votación, más con un jefe estricto como Newton. Lo que hace todo aún más curioso –aparte del protagonista- es que están en medio de lo natural, de lo salvaje, de cierto atraso, y encima con guerrilleros forzando que no se ejecuten las elecciones. Los maoístas hacen simple presencia con un asesinato y de ahí en adelante la noción de su presencia es perpetua, pero el verdadero contratiempo de Newton es Aatma, aun cuando los militares están para protegerlo y apoyarlo.

Aatma es astuto, aunque desplegado con la misma inocencia que Newton. Los baches que le pone el jefe militar es lo típico que hacen los militares dictatoriales, y en esa dialéctica entre el ideal –Newton- y la corrupción –Aatma- está lo más trascendente de la propuesta. Es un filme creíble, a pesar del humor, pero muy simple, de narrativa austera. Pero entretiene bastante. No es que invente nada, todo lo conocemos, pero está muy bien ejecutado, con lo especial –si bien es idéntico a muchas realidades, incluyendo la peruana- de un espacio indio de pueblo perdido y peligroso. Todo es fácil de identificar. Newton tampoco está hecho de manera redundante o burda, aun cuando es un tipo propio de lo muy estricto. Newton aunque tiene de loser, es un tipo también con habilidades, coherencia y trato. Newton es un muy buen protagonista, aunque Aatma es más divertido, sin mucho esfuerzo, está preciso.

viernes, 18 de enero de 2019

Rio Verde: El tiempo de los Yakurunas


Éste documental de los hermanos Álvaro y Diego Sarmiento es observacional y etnográfico sobre los indígenas de la Amazonía peruana conocidos como los hombres del agua, Yakurunas. Vemos gente preparando comida, en su hábitat, de acuerdo a sus costumbres, preparando alimentos con yuca o con plátano, yendo a cazar o a pescar, paseando por canoa en el río. También hay una construcción artística con detalles que apuntan a enfocarse por mencionar alguno en el reflejo del agua. Teniendo en cuenta que los yakurunas se les define por ella se hace mucha mención del agua pero sin hablar, casi no hay diálogos en el filme, sino mostrando simplemente. Hay mucha austeridad, se enfoca la propuesta en poca gente. La selva tiene su presencia en lo artístico. Las relaciones de afecto igualmente hacen presencia, como con el padre y el hijo pescando y jugando medio a competir entre ellos. Se ve a un padre orgulloso, y a un hijo que tal cual sigue sus pasos. El cazador se echa humo en el cuerpo, hace su rito de bienestar. Una mujer teje muy parsimoniosa. Un hombre sale en busca de sus chanchos. Todo es muy ligero, pero hay que cogerlo sin explicaciones. No obstante todo es fácil de entender. Es ver acciones de cotidianidad de indígenas de la selva. Hay mucha calma, no se percibe atisbo de violencia, se luce como un mundo humilde, pero feliz. Se percibe gente que no se autocritica, que simplemente vive. Por la ropa te percatas de la intromisión de la mezcla cultural, de la modernidad, pero aún mantienen sus costumbres reducidas a lo elemental. Es un documental de lo mínimo, del trabajo continuo de la alimentación. Son como hormigas trabajadoras, para un fin netamente utilitario. No se ve entretenimiento directo, que incluso los niños ayudan a sus padres, pero la pesca es también juego, como sobrevivencia. Una escena sintetiza todo el documental en su estructura, estética y tono, un cesto se llena de alimento –pez tras pez-, el padre pescador prepara el pescado, lo filetea a su estilo, cocina el plátano, pone un pescado entero mediano y un pedazo de plátano y dice, esto es para ti, esto es para mí. La cámara enfoca todo muy sencillo, con apenas elementos en el encuadre.

Sir


Lo que pudo ser un melodrama abierto, algo telenovelero, donde abundan éste tipo de relaciones románticas, entre patrón y empleada, en el Perú tenemos a Natacha, Rohena Gera lo hace con un tratamiento delicado, muy cuidadoso de no caer en esto o al menos no en demasía, aparte de fomentar la relación sentimental muy lentamente, con mil atenciones de parte del patrón, Ashwin (Vivek Gomber), a quien Ratna (Tillotama Shome), la empleada del hogar, llama siempre formalmente Sir (Señor), y lo cuida al milímetro, le sirve la comida, limpia la casa, lo acompaña todo el tiempo, con suma docilidad.

Ratna es una mujer servil y muy humilde, mientras Sir es un muchacho de familia adinerada, pero como se ha de esperar Ashwin es un gran tipo, muy bondadoso y sencillo. El filme en ello pone al frente una relación poética, separada por el ridículo como lo llama ella. Pero a Sir no le interesa en absoluto, no tiene la más mínima duda. Todo parte de que Sir es dejado a punto de casarse y Ratna lo reconforta anímicamente. Ella no le corresponde fácilmente porque no quiere ser la puta del patrón, además de que es muy respetuosa de su origen, la villa, el campo, lugar arcaico donde la tienen relegada, pero aun así ella la lleva muy presente.

El desarrollo de los afectos entre el Señor y la empleada del hogar es bastante trabajado, hay mucho detallismo, y continua atención mutua. Casi todo el filme  es éste desarrollo de formar un vínculo afectivo sólido entre ellos, aun cuando Ratna es sumamente humilde, como en una telenovela de Thalía o Verónica Castro, pero sin llegar al trazo grueso de la ignorancia. Ratna estudia para ser sastre, pero lo que verdaderamente quiere ser es diseñadora de alta costura. En un momento Sir le dice que quizá llegue a ser muy famosa y ni lo reconozca.

Ratna tiene complejos, en varios momentos se siente menospreciada por si sola cuando su patrón no tiene esa disposición en sus comentarios, pero ella lo siente así. Ratna es inteligente y muy honrada, pero tampoco es un muerto, muestra alegría, aunque mucha sencillez. El filme tiene las características románticas de una película india, así que no teme ser sensible, aunque no exagera, se cuida de no ser melodramática como suele ser. La relación entre patrón y empleada es dulce, está bien cimentada. En un momento Ashwin lleva una mujer bella a su casa, a la mañana siguiente Ratna la ve salir del cuarto y ésta pide un vaso de agua. Ratna siempre servil la atiende, pero se percibe su desilusión, aunque sugerente.

La protagonista tiene una amiga con la que comparte mucho tiempo, en un momento la amiga se pone un casco rojo de motocicleta con una estrella al lado –como quien señala una revolución light-y lleva a Ratna a hacer compras para realizar su sueño de estudiar algo y poder superarse, suena en ese momento la música de celebración o alegría india. Es así de típica también la película. Pero aunque la relación romántica central es un lugar común visto millones de veces Rohena se las arregla para hacer un filme simpático y delicado a un punto, un filme noble. Es una propuesta donde los chicos de la ciudad son buenos chicos, como deja oír un diálogo.

miércoles, 16 de enero de 2019

Ángel

Escrito por Mario Salazar


Ángel que vuelas circunspecto con tus alas esplendidas
Vestido de blanco y bajo la luz del brillo divino
Nadie puede verte y estas en cada rezo
Brazo derecho de los hombres de cálidos sentimientos
Amo tu planeamiento en mi imaginación de niño perpetuo
Como un ser mitológico desciendes y asciendes en vuelo pleno
Acaricias al hombre de desvelos y encierros
Luz luminosa de ser en eterno destello
Inspiración de bondad y amistad para el destierro
Si te hicieras material te imploraría el cielo
En tus alas de ave sobre tu espalda alejas el invierno
Miras invisible al hombre en su desierto
Queriendo colmarlo de atenciones para que deje el sufrimiento
Diáfana belleza de paz espiritual
Que has alcanzado por obra y gracia del Supremo
Humildemente feliz en tu labor de socorrer al enfermo
Alma, luz, sendero, ruta fraternal hacia lo imperecedero
Quiera Dios que te vea y suspire anhelante de ser tú
Para cubrir de besos y abrazos a los que de gran corazón padecen el infierno
Quisiera tu misión de sanear el alma herida de saetas ponzoñosas
Yo volaría a través de tu transparencia de ensueño idílico
Sería ave racional de escuchar el castigo del verdugo terreno
Para socavar lamentos y entristecimientos
En tu aura de santificación para verme reflejo soñar solo puedo.

domingo, 13 de enero de 2019

El peral silvestre (Ahlat Agaci)


El filme del turco Nuri Bilge Ceylan debajo de la crítica y fastidio hacia el padre de Sinan (Dogu Demirkol), Idris (Murat Cemcir), de éste su hijo, habla de ir contra la corriente, de tratar de imponer nuestra perspectiva, originalidad o personalidad. Es así que Idris es tachado de perdedor, su padre dice que una vez lo dejaron olvidado en el campo y se llenó de hormigas –imagen que llegamos a ver- y esto lo dejó medio loco o con esas ideas que nunca llegan a buen puerto, como con el pozo y hallar agua donde todo el mundo dice que no hay.

Sinan siempre está enojado y a la defensiva con su padre, un tipo que era muy prometedor de joven, como maestro, pero la rigidez del sistema y lo convencional terminan avasallando a tipos como él, como deja ver un diálogo que habla de su alto saber con los perales silvestres, un tema rebuscado, y que hoy es hasta inviable de enseñar éstas cosas, enseñar algo fuera del plan de estudios; quizá por eso se convirtió en un tipo mediocre, pero, claro, todos culpan a Idris de su devenir presente. Aparte, Idris se malgasta en las apuestas de caballo, por lo que también es culpable, al tiempo que mantiene ideas contrarias al común denominador con su granja, pero aunque él parece feliz a pesar de todo, es mal visto en su comunidad, como un perdedor y deudor, aun cuando ejerce de profesor de niños.

Como se ve es una sociedad rígida, cerrada, aunque no dictatorial, con su pequeña ventana abierta al diálogo, si lo apreciamos aquí, contextualizada además en el campo; se llega a decir que todos son campesinos y la tienen más difícil de sobresalir. Idris es criticado por su entorno, hay una gran cercanía entre todos, pero con formas. La sociedad, la moral, y la religión lo juzga todo; en uno de los grandes diálogos del filme se discute ello, la injerencia de la religión frente al libre albedrío o incluso el ateísmo; la rigidez del islam también. El peral silvestre (2018) es un filme de a pie, emotivo, pero al mismo tiempo intelectual, de manera vivencial; de esto que haya conversaciones extensas en varias partes mientras caminan hacia un restaurante muy campestre bajando una colina o por las calles de paso por un puente por mencionar algunos.

Es un filme que tiene escenas muy sentimentales y hermosas, como cuando Sinan conversa con Hatice (Hazar Ergüçlü) y ella aunque es una mujer humilde -también físicamente bella- muestra inteligencia y hasta rebeldía y sensualidad, y se provoca un beso apasionado y poderoso en sugerencias. Entre ellos hay un diálogo que cambia estados  -placer, enojo-, hay puntos encontrados, pero sale a flote un diálogo maduro. Sinan es un muchacho que tiene fuerte personalidad, se parece a su padre –aunque el progenitor es más light, alegre-, cuando no lo cree así. No obstante más tarde se dará cuenta, gracias a la literatura y ser tenido por un outsider. Sinan es un tipo que gusta debatir, como con el escritor consagrado, un hombre que contrasta con él por sus pies en la tierra y su carácter convencional. 

En ésta propuesta perdura lo poético, lo romántico, como con el final -además de un canto de amor, de aprendizaje y valoración-, pero machacando lo ajeno en primera instancia, como quien señala que salir de la norma es convertirse en perdedor, pero a medida que avanza el filme el protagonista, Sinan, querrá hacer la diferencia y se percatará que Idris no es ningún loco –quien lo ama y admira-, aun cuando vea el éxito en otros, y suena emotivo pero así es el cine –idealista-, como con la declaración de amor de la madre al padre narrada al hijo, de volver a casarse con éste perdedor aun sabiendo cómo será.

sábado, 12 de enero de 2019

Under the Silver Lake


Under the silver lake (2018) es una película con harto sinsentido, anclada a muchas ideas locas de todo tipo, con noir, algo de terror y su toque de ciencia ficción. Dirige David Robert Mitchell. Sam (Andrew Garfield) es un slacker que está a punto de ser echado de su apartamento cuando queda prendado de una chica bonita (Riley Keough), pero ésta desaparece misteriosamente y empieza en él una obsesión por hallarla. En adelante juega con lo extraño y se dedica a seguir pistas fantásticas. A todo esto se le suman mil historias de lo más raras como la asesina con rostro de búho; o el rey de los vagabundos, que recuerda a El rey pescador (1991). Todo llega hasta el misticismo hippie; y huele por todas partes a Thomas Pynchon.

Ésta propuesta muestra mil historias, mil vueltas de tuerca y un continuo camino de sorpresa en sorpresa; contiene mucha originalidad o, mejor dicho, buen manejo de su temática –la locura-, pero por lo mismo también mucha arbitrariedad. Nada tiene lógica, o no una normal o convencional, auto-gestionándose cada cosa un mundo alternativo donde hay mucho culto al cine y al entretenimiento; hay putas bellas y jóvenes que parecen modelos, fiestas estrambóticas y fastuosas, teorías particulares por doquier, un compositor terrorífico híper capitalista destructor de ilusiones y un sinfín de personajes bohemios.

La ciudad de Los Ángeles ostenta un papel importante en el filme, con su camino de sueños, como ya lo expusiera Mulholland Dr. (2001), de losetas doradas, y sus desilusiones y tragedias a la par, donde la ciudad tiene un rostro festivo y de ilusión; y otro más oscuro, menos conocido, producto de que la celebración del entretenimiento es potente. Pero aunque Andrew Garfield hace de un chiquillo “ordinario”, pero con atractivo físico aunque sin esforzarse en mostrarlo, a quien se le abren todas las puertas, el filme se pasea por lo más llamativo, suntuoso y lujurioso de la zona, pero todo bajo un aire fresco, de juventud, cool, moderno, actual y desenfadado, aunque más tarde se diga que todo es producto de lo contrario, de lo viejo, feo y la ambición fijación del dinero, a costa de su invisibilidad, mientras brilla lo pop, lo universal.

En el filme hay mucha sensualidad, está la amiga que viene disfrazada sexualmente, la vecina mayor mostrando siempre las tetas, la chica del globo que parece anime, la chica de la película del cabello corto y los zapatos de plataforma gigantes, la hija bisexual del millonario desaparecido, las muchachas “secuestradoras”, hay mucha mujer hermosa, erótica y sexy. Por el lado de los hombres sobresale Jesús (Luke Baines), como el tipo sensual y típico músico de la modernidad, del sonido underground –no obviando que hay en la propuesta un culto al grupo Nirvana-. Topher Grace tiene un pequeño papel, y aunque es muy cool y está medio irreconocible representa a la sensatez.

El que es un loco de atar es Sam, no obstante el filme siempre le da la razón y a las teorías descabelladas que persigue, pero que no dejan de tener cierta ironía –aunque en menor medida-, como cuando Sam termina tranquilo tomando yogurt detrás de un supermercado tras mil vueltas, pasajes y pistas increíbles. El filme aunque cree en lo que hace, es decir, no es una comedia, es la investigación de un supuesto crimen, tiene también su humor negro, su toque de crueldad. Hay escenas gore; y otras violentas, como cuando le pegan a los niños malcriados.

La escena con el compositor demoníaco y los desnudos con la hija del millonario en el agua son potentes, impresionan, pero también por su estética. La chica del globo (Grace Van Patten) o Jesús igual visualmente. Under the silver lake tiene escenas estéticas austeras también, pero todas revestidas de alguna grandilocuencia teórica hacia el absurdo. Es un filme contundente, a pesar de tanta extravagancia y locura, donde no se salvan ni actrices del cine mudo ni los clásicos de ciencia ficción más míticos.

sábado, 5 de enero de 2019

Burning


El coreano Lee Chang-dong hace un filme prodigioso y sutil con ésta adaptación de un cuento de Haruki Murakami, todo es sugerente y ambiguo en el filme. Uno puede tratar de interpretarlo, pero se entiende que puede haber más de lo literal. En general se entiende que un hombre compite con otro por el amor de una mujer; uno de los hombres es común y más pobre en varios sentidos, Lee Jong-su (Yoo Ah-in), mientras el otro es rico y mucho más sofisticado, igual en muchas cosas, Ben (un maravilloso Steven Yeun).

Lee es un tipo un poco lento o, más bien, de los que miran y se guardan sus pensamientos, que tienen dudas, anda achicopalado o es propio de silencios y miradas. Ben es algo perverso, astuto, parece jugar con Lee y con su entorno. Ben suele decir que hace todo por diversión, y puede uno llegar a pensar en American Psycho (2000). Esa es la idea que anida en la mente de Lee, que tiene mucho de sospechoso también. Puede que Ben sea un desdoblamiento, aunque el filme da a entender muchas cosas hechas por Ben y hay correlación con el entorno. Pero cuando Lee quema un invernadero parece un momento tramposo y estar haciendo de Ben sin darse cuenta, aunque puede parecer que trata de incriminarlo a su vez.

Lee tiene obsesión con Ben, hay una fuerte envidia ahí, más allá de los celos por Hae-mi (una entregada y talentosa Jun Jong-seo). Ben se nota que no está tan interesado en Hae-mi; ella en cambio como es una chica voluble y algo fácil, aparte de un poco rara, sí se siente atraída por Ben, pero al mismo tiempo por Lee. Todos estos intercambios entre los tres dan mucha materia para imaginar mil y un cosas, gracias también a que el filme riega montón de lugares ambiguos, como con el gato primeramente invisible o el cuarto sucio y luego limpio. Pero al mismo tiempo el filme es literal, simplemente pudo desaparecer Hae-mi, ya que tenía muchas deudas, además de que con el pozo queda la idea de que puede ser una mentirosa compulsiva.

El filme da pie a que uno lo manipule bastante. También el final visto literalmente es de una brutalidad y fuerza descomunal, verlo así tal cual es impresionante y una expresividad artística. Pero se puede entender como el hartazgo de las frustraciones, aunque algo demencial. Puede ser el sueño recurrente del protagonista, un anhelo oculto y no tan oculto. Ben con el comentario de los invernaderos deja la puerta abierta a la especulación y la imaginación, pero pudo ser simplemente ganas de perturbar a Lee, una maldad, que al final le cobra factura.

Ben es el malo de la película teniendo a Lee por nuestro supuesto héroe, muy entre comillas, ya que queda medio mal desde su rareza, cuando lo vemos masturbándose en el cuarto de Hae-mi, incluso hasta soñarla masturbándolo -lo sensual, tan propio de Murakami-, representación de un ego solitario en movimiento. Lee también tiene de malvado, como termina en el final –en una de las versiones-, o igualmente todo puede ser producto de su escritura, por cuando aparece viviendo en el cuarto de Hae-mi más tarde. Pero ese final también puede ser una catarsis, aunque a un lado salvaje, y en otro, no literal, borrar su fastidio. De todas maneras es un final brutal como novela, y eso puede bastar y sobrar.

Tampoco faltan las escenas domésticas y cotidianas –campo, ciudad- muy bien esparcidas y ejecutadas, los momentos de pasar el rato, que explotan en escenas poderosas como cuando Hae-mi se desnuda del pecho, se híper-sensibiliza, se pone eufórica, luego decae en llanto. Todo es discutible, cada uno de los tres protagonistas puede presentar una versión y hasta más de una, es la libertad de la interpretación en lo plástico de la ambigüedad. Lee o Hae-mi pueden tener problemas de normalidad, ya lo dice las relaciones de familia o la soledad, mientras Ben es sólo un demonio asiático, un pretexto para inquietar el gallinero.

Dark City


Película del director australiano Alex Proyas que con The Crow (1994) y Yo, robot (2004) son sus mejores películas; The Crow y Dark City (1998) son películas de culto. Dark City parece un cómic llevado a la pantalla grande. Su ciudad en tinieblas, sus extraterrestres de hielo, movilizado dentro del código del cine negro y la novela gráfica es todo lo genial  que uno puede esperar de un sci-fi. La historia es rocambolesca, parte de algo demencial, pero entretiene bastante en el relajo de sus formas. Maravilla lo fantástico, su visualidad, como con la bañera en un lugar lúgubre y sucio y el señalamiento de asesino en serie del protagonista y mesías, John Murdoch (Rufus Sewell), que se niega estoico a creerlo y termina enfrentando la manipulación de su ciudad, que recuerda a una mezcla entre The Truman Show  (1998) y, la muy popular en la misma temática, aunque viene después, Matrix (1999). Los contextos cambian constantemente –como con el espectáculo de la arquitectura y el espacio, la sala de experimentación-, la gente duerme como títeres al sonido del reloj, de las doce, se implantan memorias, nuevas existencias al gusto, como ratas de laboratorio, asunto por el que discurre todo el filme, en tratar de coger el alma humana, entender a la humanidad y emularla, con una humanidad que aquí tiene una imagen positiva y valiosa a diferencia de como suelen retratarla por lo general, autodestructiva, poco meditativa, violenta. En el filme la humanidad es noble y sólo busca liberarse, ser autónoma, a través del elegido. Por el final el filme se vuelve una lucha frontal de fuegos artificiales, cae de lleno en la ciencia ficción más pirotécnica, pero con su detective de policía (William Hurt) y su cantante sexy (Jennifer Connelly) es el noir en todo su esplendor también, con pesquisas de misterio –hasta existenciales- aunque propias de un estado de locura. Kiefer Sutherland está sobresaliente en los dos polos de acción -el bien y el mal-, y lo hace de manera de que nunca pierde su verosimilitud.

viernes, 4 de enero de 2019

The Sisters Brothers


Western del francés Jacques Audiard con Joaquin Phoenix y John C. Reilly como Charlie y Eli Sisters, dos pistoleros mercenarios que simplemente siguen el dinero y a un jefe tras bambalinas, al Comodoro (Rutger Hauer). El filme es duro, no es del tipo del western clásico, aquí no se pretende hacer de los hermanos Sisters unos héroes modelo, son antihéroes en toda la palabra –con humanidad, eso sí, aunque suene contradictorio-, pero con crueldad y barbarie encima. No obstante aun así con cierta empatía para el público. Son los protagonistas y pueden ser muy salvajes como con Mayfield (Rebecca Root), que tiene de feminista.

Hay una línea narrativa que luego se reúne con los hermanos Sisters, la forman el químico  Hermann Kermit Warm (un notable Riz Ahmed) y el buscavidas romántico John Morris (Jake Gyllenhaal) que va en voz en off apuntando en su diario su discurrir por la vida y es alguien que ha dejado una cierta buena vida atrás, pero quiere hacerse su propio camino; lo mismo Warm que tiene una filosofía socialista, medio utópica y filantrópica, en contraste con los Sisters, pero que en general la apuesta es por una vida de paz en todo sentido. El filme tiene muchos diálogos ricos, medio atípicos al western más puro, en especial entre Morris y Warm, que profundizan sobre la existencia en el oeste, mientras entre Eli y Charlie hay hasta humor.

La propuesta tiene intensas y muy veloces escenas de acción, los tiroteos son secos, inmediatos, desde la aparición de los hermanos en una misión a un granero, pero se da poca mítica antagonista –más son estos accesorios- o muy poco tradicional –como con Mayfield-. Los hermanos Sisters se roban toda la mítica, se trata de su historia, de ellos, en casi la totalidad. Pero la llevan más relajada que antaño. Luce el filme fluir despreocupado en que tenga o no leyenda sus protagonistas, aun cuando los hermanos Sisters si hacen mención de su reputación, al menos a Charlie le interesa y tiene de vanidad y matonería.

El filme tiene un estilo fuerte, rudo, que puede no agradar y lo hace a un punto un western exigente, pero también tiene escenas sensibles o de comedia ligera; la amistad y la hermandad están muy bien definidas, son sólidas y aportan todo el tiempo, son un eje potente, brilla la lealtad a prueba de todo, incluso contra poder sobrevivir, ponerse en riesgo o enfrentar criminales y cazarecompensas inmisericordes. También el filme tiene muchas cosas impensadas, como con la araña y la fiebre o el arrebato de ambición y torpeza de Charlie que propone algo descomunal. Tiene la propuesta momentos de creatividad visual, como con las persecuciones a los hermanos Sisters y su reducción de acción y estructuración a esa vera.

El sueño del padre mutilado es también muy sugerente y fuerte, y aunque deja abierta la descripción exacta, con esto basta y sobra para más que entenderlo y dejar tremenda sensación y mezcla de sentimientos. El dúo Phoenix y Reilly es logrado, son creíbles, cuando no todo el tiempo son serios o tienen acuesta el humor en su carrera y pueden perder verosimilitud, aun cuando son muy carismáticos como actores. También la vestimenta y la actitud sobresalen en ellos; todo es bastante natural. El retorno de cuando Eli le cubre la espalda a su hermano de sus ex compañeros es glorioso visualmente, y maneja la elipsis.

Lo voluble en Charlie es coherente porque a ratos se muestra inmaduro y lo mueve mucho el dinero y la acción; no le falta la risa sarcástica de pasar todo por alto, de la mano de su furia, egocentrismo y rebeldía. Su sonrisa de ambición, la mirada perdida, su expresividad de tipo loco, es notable en Phoenix. Reilly es más el lado humano, suave, familiar, como con la prostituta o el caballo, pero es un gran apoyo y es ahí hacia donde finalmente se dirige la película, tras enfrentar la aventura juvenil, lo efímero, lo atrevido, que termina en golpe existencial, en la soledad y vacío del pistolero, en cierta derrota y en la naturaleza brutal del western moderno.

En la boca del miedo (In the Mouth of Madness)


John Trent (Sam Neill), un hombre que investiga fraudes es contratado para hallar a un escritor de novelas de terror y a su última obra perdida, a Sutter Cane (Jürgen Prochnow). Éste escritor de novelas tiene la particularidad de que sus obras vuelven literalmente demente a la gente y hay una ola de violencia por su culpa. Trent no cree en ello pero lentamente cae en esa vorágine mental –el filme muestra en el inicio a Trent en un manicomio- . Su llegada al pueblo de las novelas es el momento en que la ficción sobrepasa la realidad, como una llegada a un mundo de Oz –genial la constante repetición de volver donde una turba-. Verá monstruos y todo tipo de formas de espanto. Lo de la viejita de la novela con el marido atado a su talón con grilletes y desnudo es todo un acontecimiento. El filme vuelve plástico, recurrente, lo sobrenatural, que recuerda en parte a H.P. Lovecraft, con esos monstruos de rostro tipo pulpo. El filme tiene cantidad de escenas memorables de terror; por mencionar algunas, ésta esa en la carretera oscura cuando pasa el anciano demoniaco en bicicleta o cuando de una iglesia aparecen perros dóberman para atacar a pobladores armados y enardecidos. El filme de John Carpenter plasma que todo es producto del metalenguaje, como si el mundo fuera una enorme sala de escritura creativa y algo tan superficial pero adictivo como el entretenimiento –libros, películas- movilizaran al planeta hacia el apocalipsis. Es un filme divertido más que terrorífico, partiendo solamente de que es extravagante y algo irónico en su inicio con un Trent en el manicomio poniendo cruces por todas partes. Se percibe querer entretener, aun manipulando algo como la locura. Es el miedo a lo irracional, convertido en sobrenatural y realidad, a la vera del hedonismo masoquista. El final en el cine es de antología.