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sábado, 22 de julio de 2023

Grandeur nature

Éste filme del gran cineasta español Luis García Berlanga es el más raro de su filmografía. El guion lo escribe él y dos guionistas muy celebrados, uno es el francés Jean-Claude Carriere y el otro el español Rafael Azcona. Es una película que se entiende en gran parte pero que desconcierta un poco. Un dentista (Michel Piccoli) se hace de una muñeca de tamaño natural y la trata como a su mujer y amante, dejando de lado a su propia mujer. El filme en un inicio critica la liberalidad sexual francesa, el filme es una coproducción francesa y se ubica en Paris, la promiscuidad y apertura sexual de la mujer del dentista (Rada Rassimov). Pero luego la muñeca que es tal cual, un objeto inanimado, se vuelve hasta peor que su propia mujer o lo que es aun más perturbador, es tratada con tremenda violencia sexual, con una brutalidad que versa sobre la violación y hasta múltiple. El relato hace ver al dentista como una mala persona, habla de amor trágico donde solo hay violencia y abuso. El filme puede leerse como una critica al machismo más salvaje, a la violencia hacia la mujer, producto de una engañosa liberalidad y querer estar siempre dando la hora en lo sexual o estar siempre en pos de la lascivia. El dentista parece querer otro tipo de mujer, pero pronto ella -la muñeca-  termina como el doble y aun más, que la cónyuge que quiere dejar. El dentista luce consciente de que está con un objeto inerte, lo hace notar así en sus diálogos, pero la trata como si fuera de verdad, aunque con tosquedad y sin el debido respeto por lo que significa una mujer y un ser humano. Todo es a ratos como si fuera muy natural, algo medio sutil, pero se puede dilucidar la violencia en el trato del dentista. En un momento la muñeca hace turno con una prostituta, es claro que el dentista no tiene un comportamiento decente con las mujeres, las ve como objetos sexuales, aunque la viste, le da de comer y a ratos disimula con algo de cariño y ternura, pero el comportamiento barbárico asoma en él y es terrible en su entorno. Por el final, el deambular de la muñeca es chocante, aun cuando hay un cierto tono de relajo en el ambiente y en general un extraño sentido del humor, todo lo que hacen de éste filme una propuesta particular aunque no tan notable. La introducción de la muñeca al mundo cotidiano del dentista se puede ver como un noviazgo hacia la formalidad, pero pronto la liberalidad y la violencia masculina no dejará títere con cabeza. 

martes, 4 de agosto de 2020

Diabolik

Mario Bava es mundialmente celebrado por su cine de terror, pero hizo muchas otras películas, en ésta oportunidad una de acción y le quedó muy buena. Para Diabolik (1968) podemos pensar que pudo inspirarle To catch a Thief (1955), sobre crear a un mítico ladrón. Es notoria la admiración de Bava por Hitchcock, también su sentido del entretenimiento, de querer llegar a muchos, con algo con autoría y distinción, pero popular. Al mismo tiempo Bava no busca ser una copia de Hitch sino hacer su propia película, proponer su propia personalidad, como vemos aquí y siempre. En la presente propuesta viene a la mente la elegancia y astucia de James Bond, pero en éste personaje además con su cierta perversidad y un toque pop. Diabolik (John Phillip Law) está lleno de artilugios, como un especie de Batman también, que va disfrazado y armado como muñequito ninja de GIJoe. Lo acompaña siempre su pareja sentimental, la guapa y sexy Eva Kant (Marisa Mell), a la que rescata y da costosos regalos robados. Su rival es el inspector de policía Ginko (el gran Michel Piccoli), y también se pelea con él un mafioso, Ralph Valmont (Adolfo Celi). El filme tiene humor, humor que tenía Bava, pero que no lo exageraba. Es una película donde Diabolik perpetra muchos robos, robos gigantescos y un poco complicados, habiendo sentido del espectáculo y de fuegos artificiales. Diabolik hace cosas increíbles, cosas de cierta inverosimilitud, pero es propio del cómic que adapta, lugar de mucha libertad y entretenimiento. La banda sonora parece al servicio de una discoteca de su época, como si Diabolik estuviera de fiesta tras cada aventura suya, compuesta por Ennio Morricone. 

martes, 26 de mayo de 2020

Las criaturas (Les Créatures)

Las películas de ciencia ficción de grandes presupuestos y efectos especiales impresionantes tienen bastante encanto y cinefilia con obras y sagas con historias sólidas como Star Wars -aun cuando la última trilogía bajaba bastante el listón-, pero el sci-fi chiquito, sin (o casi sin) efectos especiales y con historias curiosas, siempre son cosa especial, excepcional y atractiva, al menos para éste servidor. Tiene un encanto especial también que la obra en cuestión pertenezca además -no es, obviamente, indispensable, pero sí un plus- a un autor respetado que no se dedica al cine de género en particular. Las criaturas (1966) le pertenece a Agnes Varda, autora que cumple a cabalidad con lo antes expuesto. Su película pone a Michel Piccoli como Edgar, un escritor que está justo elaborando una obra literaria. Lo curioso viene a ser que lo que escribe se confunde con su vida íntima; realidad y fantasía se mezclan sin ser tan fácil diferenciar donde empieza uno y donde acaba el otro, aunque se ven indicios decentes para distinguirlos. La cuestión es jugar en estos dos ámbitos fusionados. Edgar nunca deja de escribir, de soñar digamos. Su vida personal bien diferenciada también es particular, el filme arranca con un accidente a razón de la irresponsabilidad de Edgar para con su mujer, la bella Catherine Deneuve como Mylene. Edgar está en el trance de convertirse en papá. Ésta relación tiene su ambigüedad, en varios niveles, se cuela la ruptura de la pareja, y la muerte y la locura además. Pero Varda opta por un cine amable. No obstante siempre interesante y exigente. El filme tiene una escena de una caída sumamente explícita y violenta, híper realista. Como se aprecia, a Varda tampoco le falta carácter como directora y como una profesional de alto nivel tiene mucha apertura mental. Edgar dice en un momento que lo que está escribiendo es una obra de misterio y un sci-fi, y eso es lo que presenciamos. El filme es un poco raro, pero tiene tacto y aunque raro tiene coherencia. Edgar llega a jugar con el mundo contra un ingeniero demiurgo, como en una partida de póker a través de las historias de las personas, esto es el sci-fi en sí. También las pequeñas historias que acompañan versan sobre la ruptura del amor especialmente, pero con otras cosas más -como un anexo atractivo sobre 2 ladrones-, y la interacción con Edgar se hace muy entretenida y llamativa, aparte de que hay buenas actuaciones y buen cine arte. Ésta es una película que en su estreno no agradó y hoy pocos la valoran y conocen, pero, sin duda, no solo es curiosa, tiene su atractivo.

jueves, 11 de julio de 2019

La muerte en este jardín (La mort en ce jardín)


Luis Buñuel hace una película de aventuras, con un país equis en América latina que está gobernando por militares y que un día prohíben a los extranjeros extraer diamantes. Esto genera el choque entre los extranjeros y el gobierno dictatorial. Así comienzan las persecuciones, se forma un grupo que quiere escapar, se van rumbo a la selva del Brasil. Un extractor de diamantes, Castin (Charles Vanel), quiere casarse con la prostituta local, con Djin (Simone Signoret), ella lo considera viejo, pero por interés acepta. De esto saldrá una pequeña aventura sorpresa más adelante, con francotirador incluido. El héroe es un tipo corrupto en varios sentidos, un tipo violento con las mujeres, Shark (Georges Marchal), un ladrón que simplemente sobrevive como puede y se une al grupo de la fuga. Michel Piccoli es el padre Lizardi, un tipo común, curiosamente una rara avis de Piccoli que en el cine hace mucho de hombre extraño y extravagante. Junto a ellos la hija sordomuda de Castin (la hermosa Michèle Girardon). El filme recuerda el cine de aventuras de John Huston, pero con un toque de personalidad propia. Buñuel es más primitivo para escenificar los comportamientos. El filme es bastante práctico, tiene buen ritmo. Está explicado con suma facilidad, pretende la movilidad. No hay grandes protagonistas, están a media caña, les falta grandeza, por más que se intenta, pero se distinguen, no son personajes planos. Las acciones son decentes e interesantes, pero muchas muy simples, aunque es un filme que escapa del rótulo final de típico. Shark es un tipo bastante rudo y aporta cierto realismo, aunque carece de carisma. La mort en ce jardin (1956) es una película entretenida, pero no una gran película. Esta propuesta es una mezcla mexicana con francesa. Un nado entre europeo y latino. Sobresale la actuación de Piccoli.

martes, 24 de julio de 2018

El confidente (Le doulos)


Le doulos (1963), de Jean-Pierre Melville, es cine polar, cine negro francés. Tenemos a Maurice Faugel (Serge Reggiani) como un ladrón y gángster que va a vengarse de alguien que mató a una pareja suya años atrás cuando estuvo en la cárcel. Éste es el punto de partida del filme pero hay mucho más, se trata sobre todo de un soplón con el que jugará la propuesta.

El filme tiene la curiosidad de que prepara escenas a la manera inversa, como con la apertura. Propone un lazo de amistad entre Faugel y Gilbert Varnove (René Lefèvre), los vemos interactuar todo muy cálido y amable, y termina con su asesinato a sangre fría, con el rostro de Varnove sorprendido. Faugel le roba unas joyas y dinero, las esconde. Por más que Varnove había mostrado arrepentimiento y una amistad muy abierta Faugel se deshace de él. Éste filme tiene esa característica, se trata de hombres muy violentos y fríos, clásico del género del que bebe, del cine negro americano, más su toque de distinción francés.

Otra escena magistral en el mismo sentido es la aparición de otro gángster, Silien (Jean-Paul Belmondo), que persigue a Faugel, aunque son amigos, y mata a su pareja, una mujer muy sensual y hermosa (Monique Hennessy). La escena es brutal, muy llamativa como noir. Nuevamente sucede lo que uno no espera, cuando parecía que había una atracción sexual. Silien tiene un amigo en la policía aunque también es perseguido por la ley. Son las extrañas relaciones que mantienen todos, y no se sabe quién es quien hasta el final. El filme manipula mucho las apariencias y ahí yace su maestría como cine negro.

Es un filme complejo, pero muy bien urdido, perfectamente entendible prestando atención. Hasta el último minuto hay sorpresas, todos bajo la ley del crimen, matar, hacerse cargo de los enemigos, defender a los amigos –quien recoge a Faugel herido-, vengar al caído –que incluye a un policía-. En ello entra a colación otro personaje, otro gángster, Nuttheccio (Michel Piccoli), que maneja apuestas y juegos de casino; al mismo tiempo una mujer provocativa pero enamorada (Fabienne Dali), a la orden de los criminales.

Nuttheccio es un personaje importante, pero más pasivo, del que se habla más que todo y sirve para redondear la trama, dentro de una gran planificación y una gran secuencia. Los que más se mueven son Faugel y Silien, cada uno por su cuenta, para converger al final. Silien de manera más audaz, Faugel más emocional, impetuoso. El filme es un enfrentamiento de intelectos, de manera muy novedosa, donde policías y criminales juegan su propia partida, pero los más importantes son los mafiosos.

viernes, 30 de diciembre de 2011

Habemus Papam

El cine italiano ya no es el de Fellini, Antonioni, Visconti, Pasolini o De Sica que tanto impactaron al mundo, sin embargo todavía mantiene algunos nombres que representan dignamente su séptimo arte; entre ellos está Nanni Moretti, que en ésta realización hace de maestro de orquesta actuando, dirigiendo y co-escribiendo el guión.

El retrato que nos trae es el de un Papa que teme acceder a semejante responsabilidad, proponiendo dudas con respecto a su vocación, en ese trance se ve a un hombre y no a la mítica imagen de la representación del cargo. No resulta tan fácil para él sentir que hay un designio divino detrás de su persona, y es que ser Jesús es algo excepcional.

No solo es un adulto mayor buscando su identidad en el planeta sino que no teme revelarse ante la voluntad de su gremio sin que esto sea la verdadera razón; sino que yace en la disyuntiva que lo alberga desesperado por rehuir a una vida de entrega a la religión en el máximo lugar en la tierra. Recuerda haberse inclinado de joven por el teatro aunque falló al no ingresar a una academia con lo que el sueño desapareció. En la actualidad recita con pasión una obra de la dramaturgia de Chejov mientras corre a esconderse en una puesta escénica de aquella autoría.

Michel Piccoli nos describe a un sumo pontífice meditabundo y entristecido por su próximo rol que desestabiliza su seguridad individual; presentándose algo perdido y con la memoria frágil. Quiere cumplir ya que sabe que su negativa quiebra el estatuto e imagen de su iglesia pero a su vez no desea vivir enclaustrado en un título que siente no lo es idóneo para sí. Es sensible y compungida su expresión en constante vaivén huidizo, a ratos muy infantil en parte, porque no pensamos que un anciano pueda todavía no saber quién es en realidad. Moretti lo humaniza, le hace decir que de pequeño solía irse de manos con las niñas o se le ve gritar a sus dóciles compañeros ante la presión de que asuma las votación en su nombre.

El entorno es muy tranquilo, parece una vida pasiva sin emociones grandes a la que los sacerdotes acceden sin cuestionarse y en ese lugar el que sería el futuro Papa pretende mucho más o es que el vacío lo ha alcanzado sin miramientos distintivos en su ser. Otra pregunta sería ¿es el santo padre proclive a desear placeres terrenales? Quedan tantas hipótesis en el aire.

El tema provee de varias interrogantes pero es en un tono sutil en que se nos presentan, no es una cinta imponente sino más pegada a lo discreto con una comedia medida que más parece dar espacio al pequeño drama, no obstante bastante bien hecha que se hace agradecer que no busque congraciarse con los más crédulos o quienes solo aspiran a la polémica que la hay pero en justo equilibrio o buen gusto. Y quizás habría que ponerle algo de picante al tema que tampoco se trata de apagarle las luces al espectador o ponerle el panorama muy bonito.

Tiene un desarrollo de aspecto algo opaco empero el leitmotiv del filme está claro y la irreverencia está servida como plato suave pero contundente. Se ve convencional en su estructura pero con la salvedad de que el temor papal es una audacia del cineasta que interpreta a un psicoanalista que de igual forma no se toma en serio y en su relajo de figuras nos despierta la complicidad emotiva primaria. El sumo pontífice brinda esa trascendencia que de otra forma sería poco curiosa y es de rescatar que Moretti guarda respeto por el catolicismo aunque se permite sus libertades con éste.

El centro es la indecisión, es que nuestro protagónico no sabe qué camino tomar, la confusión lo agobia y no hay que menospreciar el sentimiento que nos gobierna, somos seres humanos anclados a deseos, sueños, afinidades y voluntades, nadie se excusa de la emotividad, ni siquiera el representante de Dios en la tierra que también se presta para la discusión fuera de su edad o que se deba a millones de personas. Y ahí está el mensaje para quien lo quiera “descubrir”, al fin y al cabo únicamente somos hombres.