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jueves, 26 de abril de 2018

Godard Mon Amour (Le Redoutable)


Ésta película es interesante para hablar, es un poco picante, porque a muchos cinéfilos hardcore les parece lo peor de lo peor, teniendo en la mente al Godard que representa al cine experimental y al cine arte minoritario. Sería casi impensable querer ésta película. Encima el director que hace la Le Redoutable es el mismo que el de The artist (2011), el francés Michel Hazanavicius. The artist es una película que muchos amaron odiar, tanto como quienes disfrutaron su buena onda hacia el cine mudo, un cine poco o nada visitado por quienes se dirigía The artist. Se trata de esa pequeña lucha entre ser un cinéfilo hardcore, un cinéfilo respetado, o un cinéfilo light, un cinéfilo de cartelera digamos.

Jean-Luc Godard nunca ha sido un cine light, o sea un cine que no trasciende, que se olvida, pero el creador de maravillas como À bout de soufflé (1960), Le mépris (1963), Pierrot le fou (1965) o Alphaville (1965) entre muchas otras ha sido muy popular, su cine ha sido la representación del cine que más ama el mundo, el hedonista, un cine no sólo amado, sino sumamente respetado, mítico. Pero un día, Godard, como nos los cuenta fiel a la verdad Le Redoutable se aburrió de su mejor cine, decidió que la política vale más que el cine, que el cine en sí no tiene sentido, que el cine debe estar al servicio de la ideología, de su ideología maoísta, de cambiar al mundo, como pensar en Vietnam, y en todas las luchas sociales, en pleno mayo del 68, en medio de la lucha de los estudiantes franceses, de los nuevos revolucionarios, entonces Godard decidió participar no solo en presentaciones y reuniones socialistas o de los estudiantes sino con su cine. Ese día el Godard más amado murió.

El filme de Hazanavicius se basa en un libro de memorias de la que fue esposa de Godard con tan sólo 19 años, una actriz más tarde respetada aunque de pequeña carrera, nieta del Premio Nobel Francois Mauriac, Anne Wiazemsky, que aunque finalmente llega a ser parte del grupo de los decepcionados del cambio de Godard, guarda una eterna e irrompible admiración hacia él (como todo el mundo), e igualmente, por más que Hazanavicius ridiculiza -un poco- a éste genio del cine, por su inclinación política dominando su cine y renegar del anterior esto se mantiene finalmente, tanto que la última palabra del filme es el intento de suicidio de Godard y el auto-gestionamiento de su cine maoísta en el denominado grupo Dziga-Vertov que formalmente nunca iba a ser un cine popular, pero sí uno comprometido con las revoluciones, con la propaganda soviética, con la propaganda marxista.

Le Redoutable definitivamente no es una gran película, es sólo una pequeña comedia, una obra menor, un gustito pícaro del director, incluso para algunos un pastiche, ya que la película además copia un poco o, mejor dicho, juega, imitando algunas técnicas visuales de la nouvelle vague y, por supuesto, de su máximo artífice, el maestro Jean-Luc Godard. Como comedia no puede faltar bromear con la figura de Godard, a través de su historia y vida, contada de primera mano además por Anne Wiazemsky, de cómo se va haciendo imposible su matrimonio, como va destruyendo sin aflojar un centímetro al antiguo Godard, como defiende el movimiento marxista o de mayo del 68 y no tiene la simpatía de los estudiantes galos ni de los revolucionarios chinos, de cómo protestó e hizo cerrar el festival de Cannes un año, de cómo aunque hizo poco en sí en mayo del 68 anduvo en marchas y tuvo que correr de los golpes y persecuciones de los policías.

El filme muestra la cotidianidad de su matrimonio con Anne Wiazemsky que anduvo alrededor de la ideología de Godard, una fijación, donde todo debía centrarse y girar, no había espacio para olvidarse de lo terrible del mundo. Todo esto no suena malo en sí, es la preocupación por los demás, por los desfavorecidos y más sufridos, pero lo que duele y decepciona es destruir el cine como placer, como liberación, como escapismo, su libertad, su eclecticismo, su magia, su  cercanía con paradójicamente la gente de a pie, para proclamar la política, la ideología, la propaganda, el mensaje, por sobre el cine en sí, el cine ya no tiene valor para Godard como tal, la política es lo único que importa. No parece un mensaje muy cinéfilo, pero a pesar de todo lo admirable e interesante no es que un burgués y un director tan reverenciado haya echado a la basura un cine tan querido a cambio del marxismo, sino que Godard haya sido siempre él, tan auténtico, a pesar de (la banalidad de) la poderosa seducción de la celebridad y popularidad. Godard terminó enfrentando con convicción mucho rechazo.

Pero quienes aman el cine como vemos en el recuerdo que figura a Bernardo Bertolucci no necesitan dejarlo de lado en su libertad y se pueden mantener ideas socialistas, pero Godard escogió ser un radical, y lo que muestra Hazanavicius tiene su justificación –como Godard su libertad- aunque el filme lo haga desde la comedia, también único espacio para no satanizarlo, porque el filme no lo hace, no pretende tomarse demasiado en serio con su crítica, porque finalmente el cine es cosa de cada uno, y Godard también como ha defendido de manera tan digna a pesar de todo y a un punto y por una parte admirable es ante todo una persona como cualquiera, no un dios, aunque se diga que Dios también hizo mierda y la baba por el cine que dejó, su primer cine, haga tan difícil y abrumador haberlo perdido, aunque en realidad Godard vive en toda su filmografía, en absolutamente toda su variedad, y el filme no apunta a detestarle, sino a mostrar una decepción, como quien ha insultado algo sagrado, pero es alguien querido, y Godard es el triunfo de la personalidad, como hacer que su última película, Le livre d'image, una película radical, compita por la palma de oro 2018, aunque en el cartel oficial del festival de Cannes está la nostalgia por su mejor cine, el cine hedonista.

Louis Garrel y Stacy Martin lo dejan todo en la cancha, bromean hasta con las frases afiladas de Godard, un tipo que admiraba a los estudiantes revolucionarios y sentía simpatía por cada uno de ellos aunque estos lo pifiaban y atacaban en las reuniones públicas socialistas, según vemos en el filme. Garrel y Martin convencen, en papeles exigentes, sin lograr fuegos artificiales, como tampoco los logra el filme de Hazanavicius, pero tampoco es un bodrio, permite mucho diálogo, y tiene su lado interesante y hasta –dígase placer culposo- entretenido, como cuando Godard, esposa y amigos no pueden parar de discutir en su regreso de un Cannes frustrado por Godard, vemos a un Godard muy humano, muy de a pie, y uno gracioso (como dicen que no es). Garrel expresa que es un actor malo fingiendo ser Godard, hasta ahí llega su entrega a la broma. Pero apreciando que con su interpretación se ha ganado respeto. Martin bromea también así, con la facilidad para el desnudo. El filme no es uno de cine intelectual, es de acceso mayoritario, pero su tema y eje da para pensar.

domingo, 29 de enero de 2012

The artist

Arrancan las apuestas para el Oscar 2012 y uno de los platos fuertes para llevarse muchos premios es ésta realización dirigida por el cineasta francés Michel Hazanavicius, que ha obtenido 10 nominaciones a la estatuilla dorada y que ya ha cosechado valiosos reconocimientos como mejor película en comedia o musical y mejor actor en los Globos de oro; éste último galardón también en el festival de Cannes para Jean Dujardin.

La trama nos transporta al cine mudo del año 1927 en que George Valentín (Jean Dujardin), máxima estrella de Hollywood no sabe lo que se le avecina, está a punto de sufrir el cambio de una época, el paso de la gran pantalla silente al del sonido -en una evolución que su orgullo no ve con buenos ojos- y que se verá reflejado en una debutante que irá en ascenso mientras la carrera de éste galán decae. Peppy Miller (Berenice Bejo), carismática y alegre actriz, despertará la complicidad del público en oposición contextual de Valentín que de lo alto se desbarrancará hasta la banca rota, la derrota y el olvido, sin embargo sus vínculos afectivos pueden ser la luz para salir de ese charco si permite que sus emociones no lo derriben para siempre.

The artist (2011) es un filme romántico que nos llena de optimismo aun en sus conflictos, que practica alegría por cada parte de su estructura y que entretiene con esa magia que nos permite sonreír con la ilusión del arte por medio de sus exponentes humanos a quienes admiramos en pantalla. Es un estado de homenaje para y por el celuloide. No maneja ninguna crítica mordaz hacia esa evolución que dejó afuera a muchos, retraídos por su falta de adaptación, sino más se trata de apreciar la lucha por aceptar la renovación aunque con el filme volvamos atrás en el tiempo y paradójicamente utilicemos lo de antaño para explicar esa transformación, pero desde los más diáfanos sentimientos que no de los hechos históricos. No busca ser un compendio de lo que desapareció, de sus causas, efectos y pormenores sino rendirnos al amor de un artista que representa lo que el viento se llevó, a la par que crece un nuevo mito. Vivimos a través de la suave agonía de la fama que cambia de manos, poniéndonos en la piel del ángel caído que tiene nuestro apoyo desde la butaca y junto a él sin sentir enojo; también por su personalizada competencia, una diva sanamente pícara y sensible que acaba de nacer.

Se ambienta como si estuviéramos dentro de los inicios del amado mundo audiovisual público, en el uso del blanco y negro, y sin utilizar la voz, requiriendo los cuadros con las frases que indican los diálogos. No obstante no se aborda como si realmente fuera cine mudo ya que es la recreación moderna que crea la apariencia aunque con todos los trucos contemporáneos.

Douglas Fairbanks es el ícono que más se acerca a la caracterización ficticia que articula el protagonista; elegante, simpático, agradable y atlético, con ademanes, trabajos y similitudes físicas en común; es la representación del ídolo de masas que seduce a las mujeres con su atractivo y educación, y a los hombres con su arrojo y fascinación para el sexo opuesto. Puede ser un héroe de aventuras que da forma al zorro o a un mosquetero o en el drama un seductor lacrimógeno que muere en el hundimiento de las arenas movedizas. Todo ese trayecto se evapora para dar paso a una fresca y cercana intérprete la cual aprovecha dócilmente los nuevos aires. El personaje de Berenice Bejo se dibuja más familiar de cara a nosotros ya que su figura no es la de una diosa sensual o la de una mujer de apabullante belleza, sino más bien propio del promedio aunque con cualidades como naturalidad, dulzura y empatía a través de su latente intensidad y efusividad. No obstante Valentín y Peppy no parecen diferentes sino solo es que la audiencia quiere un nuevo tipo de diversión que la intervención del sonido produce y al que el actor se niega o no puede acometer con solvencia.

Visto desde adentro sentimos con los protagonistas, el final y el comienzo pueden vincularse, unirse para crear algo más grande, que es la esencia del filme de Hazanavicius, la hazaña de volver atrás y fusionar dos lapsos temporales poniéndose en el siguiente y un tercero en el presente, sentados delante del ecran viviendo un anacronismo delicioso e ingenioso, una obra maestra del entretenimiento. Ésta es la respuesta de que para hacer arte se requiere del aroma del afecto que es lo que circunda en éste guion que muestra el alma de sus criaturas y por eso nos fraterniza; nos conmueve, pero con una amplia sonrisa, tan parecida a la de los dos protagonistas. El filme no pretende el drama aunque lo tiene, sino la leve comedia de aire romántico, cálido y noble, a un palmo de nuestro corazón, sin maltratarlo ni movilizarlo vacíamente.

Se puede sentir pasión hacia el cine por obras como ésta que llegan a todos por igual siendo una de las mejores propuestas que se puedan dar en la actualidad; no es necesario más que dejarnos atrapar por los miedos de un artista al que se le hace complicado hablar, y al que sus virtudes como persona se le retribuyen por gente que lo aprecia, dándole la ayuda que sus defectos y dificultades urgen tener, incluso de su hermoso y leal perro, ese compañero perfecto que con sus audaces movimientos se robará más de un aplauso cómplice, que no faltaran para toda ésta mágica película, como los que se dan desde ésta pequeña tribuna.