jueves, 28 de febrero de 2019

Un asunto de familia (Shoplifters)


La palma de oro del 2018 es una película sobre la familia, cuando una recoge a una niña de la calle y la cuidan con amor aunque sin permiso de sus padres, se la quedan al saber que es maltratada, que yace en abandono, aunque esto pueda ser visto como un secuestro. El filme se ve convencional hasta el final donde surgen sorpresas y nada es lo que parece. Es una historia criminal, pero donde el director japonés Hirokazu Koreeda les da humanidad a quienes tienen de sórdidos. Es una película compleja difícil de digerir, que es inclasificable en quienes se deben encargar de los hijos o cuidar de otras personas. Es una película sensible pero dura también, como con la hermana que hace de mujer de diversión sexual. Pero tiene un lado medio inexplicable o al menos no de manera tradicional, cuando descubrimos quienes son toda esta familia que acoge a una niña. Todo parece ser algo básico, gente pobre que roba en tiendas, pero tienen un hogar amoroso, sólo que esto trasciende, con un par de añadidos, y queda un filme glorioso, muy digno de la palma de oro. Koreeda usa de base algo esencial, como la familia, el criar por sobre engendrar, y lo vuelve algo más complicado, con relaciones basadas en lo criminal, pero que se comportan delicadamente. La abuela que no quiere morir sola agradece por la familia que juega feliz en la playa. La pareja estéril es querida contra todo pronóstico, aun cuando uno ya se siente harto del modo de vida que han producido. Llamar papá o mamá es algo que nace de lo improbable, de lo excepcional. También se puede decir que no todos los criminales confesos son gente detestable en toda magnitud, asunto que suena polémico y arduo de procesar, pero Koreeda mantiene ese balance entre bondad y maldad que lleva uno en sí. Shoplifters se lee como un filme sensible en un comienzo y termina dándonos un fuerte golpe que nos confunde un poco, dicho paradójicamente de manera positiva –por lo menos como séptimo arte que busca la originalidad, la intelectualidad y la novedad- , porque es un filme notable, mostrando además harta escena de sobrevivencia, en un mundo que puede ser pobre o detestable pero también capaz de dar y recibir amor.

No profanar el sueño de los muertos


Un ultrasonido agrícola hace que los muertos se despierten en el campo de Manchester, en una película que se cocina a fuego lento. El director español Jorge Grau en una coproducción con Italia hace ésta película de zombies por encargo y le queda una obra cumbre en la época dorada del cine de género en España, de la que dicen incluso George A. Romero copió en sus secuelas de la saga y subgénero que inventó. No profanar el sueño de los muertos (1974) pone a un anticuario, George Meaning (Ray Lovelock), a enfrentar a los muertos, apoyado en una compañera de viajes por la campiña inglesa, Edna Simmonds (Cristina Galbó). Primero el filme tiene a un único zombie, un loco y vagabundo que hayan ahogado. Luego se despertará el pandemónium. El célebre Arthur Kennedy hace de un policía terco, que no quiere creer en nada sobrenatural, y culpa a Meaning de la muerte de alguna gente. Hay escenas magnificas de terror en ésta película, con muertos comiéndose las vísceras de sus víctimas, con unos zombies que cogen cosas y las usan como armas, que ahorcan con las manos y son súper fuertes. Hay un momento de extremo pánico cuando en una cripta quedan atrapados los dos protagonistas y son perseguidos por los muertos que recién despiertan. Luego de media hora o cuarenta minutos de ir formando el relato el filme dispara con gran fuerza su ataque de zombies. Meaning empieza incrédulo, sarcástico y algo tosco, y termina convertido en todo un héroe y caballero andante, pero con la policía tras él. Las mujeres tienen un papel más histérico, más de desequilibrio, que de heroínas. Los muertos lucen pálidos y sencillos pero son inmunes a descansar, se levantan una y otra vez, por más que son contraatacados con suma violencia, salvo por el fuego. Los muertos llegan a desenterrar enormes cruces de cemento y las usan para matar. El pandemónium sigue hasta un hospital donde surge una fiesta gore. Una vez que empieza la diversión no para nunca, hasta llevarse por entero a medio mundo.

miércoles, 27 de febrero de 2019

Una vela para el diablo


Dos hermanas de mediana edad tienen un hospedaje en una zona rural. Marta (Aurora Bautista), la hermana mayor, es una mujer reprimida, muy devota, tiene muy presente la moral y detesta el libertinaje que trae las nuevas épocas y en especial la gente de las grandes ciudades que vienen a vacacionar. Cuando ella ve a una turista rubia posando al sol con los senos descubiertos se vuelve loca y la increpa furiosa.

La empuja y termina matándola de casualidad contra un vitral, pero ella lo atribuye a un designio divino al ver el pedazo de vidrio que la mata con la ilustración de una espada celestial. No siente remordimiento ni temor de represalias, cree que es justo que muera por sucia, por forajida. Verónica (Esperanza Roy), la hermana menor es más tolerante, pero se ve influenciada por su hermana, a quien teme, además de que la apoya en todo por amor a ella, trata de salvarla y termina delinquiendo a su lado una y otra vez.

Éste filme de Eugenio Martín es otra película de esa gran época del cine de género español, con la muestra de cómo los cambios a las libertades sexuales chocan contra las dictaduras morales, aun cuando éstas 2 hermanas tienen también un alto libido y más bien están haciendo un esfuerzo por no seguir la tendencia de todo el mundo. Marta en un momento ve chiquillos desnudos y se excita. Para detener su desenfreno sexual corre contra unas plantas cortándose con ellas como un flagelo religioso mientras yace encendida en sensualidad. Verónica por su parte tiene un affaire con un muchacho, veinte años menor que ella.

Las hermanas se dedican en doble moral, represión y complicidad a juzgar a las turistas que creen desinhibidas o forajidas que se alojan en su pequeño hostal y a asesinarlas de la peor manera, con gran cálculo de deshacerse de sus cuerpos. Todo tipo de arma punzocortante les sirve para sus crímenes, junto con grandes toneles de vino y hornos para ocultar o destruir los cadáveres. El filme es un poco monotemático, pero funciona bien, con estas hermanas que creen que hacen justicia, mostrando un tipo de locura. El filme en ese sentido exagera un poco, pero estamos frente a una película de terror, y una buena.

La trama hace de un sitio rural acogedor, de tipo clásico, tranquilo, una trampa para turistas que vienen con todas las ganas de aventuras sexuales y diversión. Hay también muchos desnudos, bonitas tetas como las de Esperanza Roy, o la exhibición de unas nalgas de algún cuerpo caído por un cuchillo, abundan como típica película española, siendo menos clásica que otras propias de su época. El filme aborda un tema bien español, la libertad sexual, el libertinaje, las dictaduras, mediante un uso moderno del género, con llanos y directos asesinatos, cero sobrenaturalidad. Judy Geeson hace de investigadora y le aporta un cierto toque de cine B, mientras Lone Fleming, la esposa del director, se exhibe con desparpajo como turista hedonista. Aurora Bautista y Esperanza Roy son un gran dúo terrorífico.

martes, 26 de febrero de 2019

Ceremonia sangrienta


Clásico del cine de terror español, dirigido por Jorge Grau. Propio de la mejor época del cine de género de su país. Ceremonia sangrienta (1973) tiene varias ideas de terror en movimiento hasta converger en la leyenda de Erzebeth Bathory, llamada La Condesa Sangrienta, que interpreta Lucia Bosé. Es un filme que intenta hablar/mostrar lo sobrenatural, con el vampirismo, pero se trata en la trama de supersticiones en realidad, tanto como de un asesino en serie. Es un filme que tiene una gran atmósfera, visualmente cumple a la perfección, con aldeanos enojados con antorchas, carruajes con hombres siniestros, juicios de cacería de brujas, un castillo donde de un hueco del techo cae como ducha la sangre de las víctimas o una ama de llaves tan sabandija como la de Rebecca (1940) que le habla a la señora de la vida eterna, la belleza y la juventud, a través de bañarse con la sangre de mujeres. Es una historia como de una banda criminal, con gente influenciada por el entorno y por sus fuertes deseos, pero también de gente con acercamiento natural a lo perverso sin razón alguna, como cuando una vieja anuncia que tal persona es el demonio en persona. Lucia Bosé muestra mucha seriedad, en un porte aristocrático, tiene una faceta dura, pero también en otros ratos lucirá cabizbaja como con las visiones de las muertas, con lo que le persigue la culpa. El final es brutal, desde ese pequeño rato glorioso del terror con el aparato de tortura, tan minucioso, semejante al momento de la quema de una cabeza humana hasta derretirla. Espartaco Santoni hace una escenificación de culto, así mismo la bella Ewa Aulin como una aldeana y una fémina sadomasoquista y ambiciosa debajo de su piel de cordero.

sábado, 23 de febrero de 2019

La favorita (The Favourite)


La reina Anne (Olivia Colman) está enferma y medio que se desentiende de gobernar. La dama de sociedad, Lady Sarah (Rachel Weisz), casada con un alto mando militar, quiere que la guerra entre su país, Inglaterra, y Francia, se prolongue, aun cuando su marido está en el frente. El opositor Harley (Nicholas Hoult), hombre fuerte político, quiere que se firme la paz. Entre estos dos frentes Lady Sarah manipula a la reina, porque tiene un affaire con ella.

Con éste sencillo contexto sólo falta la llegada de una nueva sirvienta, Abigail (Emma Stone), mujer que fue una dama de sociedad, pero su padre la puso en apuesta y perdió su título. Abigail representa la otra relación de manipulación con la reina, representa a una arribista. El griego Yorgos Lanthimos pone a Weisz y Stone en duelo, aun cuando son primas. Lady Sarah tiene fuerte carácter y desprecia a Abigail, que es astuta y algo cruel –velado-. Se ve cuando pisa a un conejo, uno de los 17 que sintetizan el anhelo de afecto y paz interior de la reina.

El filme con la rareza, detallismo y artificiosidad de Lanthimos crece notablemente y se vuelve una apuesta imponente, tal cual la época que representa, el siglo XVIII, y propio de las luchas en los reinados, los privilegiados y las cortes. El filme es un poco cruel, como con soltar aves para que hagan tiro las damas; también en la corte hay un esnobismo bravo que se burla de todo, como cuando lanzan verduras a un bufón como pasatiempo. El filme propone la superficialidad como existencia, a lo Marie Antoinette (2006). El filme tiene de Kubrick, de Barry Lyndon (1975), pero menos de lo que se cree.  

Es una propuesta entretenida, de buen ritmo, con su toque de maldad, de humor sarcástico, con su infaltable extravagancia, típica del director griego, pero disminuida en comparación a sus anteriores películas. No obstante no deja de ser una película extraña, menos mainstream que las habituales competidoras del Oscar donde ahora se halla. Tiene un quehacer rudo si se quiere, proponiendo un lesbianismo muy poco romántico, interesado. Se puede ver que Lady Sarah es una mujer dura, que no se derrumba fácilmente, pero que algo da a entender que siente realmente por la reina, mientras Abigail es más parecida a una prostituta de la reina.

Es un filme audaz, con poco sentimentalismo, más al servicio de la estrategia, del interés político y social, es amar el buen vivir de la clase aristocrática. Abigail sabe bien lo que es ser pobre, las humillaciones y abusos a los que debe someterse, por ello es una arpía a la hora de trepar y mejorar su estatus. Hay bastante diversión al respecto, Stone es carismática, sumamente expresiva, es un salto a otro de gestos poderosos; puede ser una desgraciada, pero también lleva de alma sufrida –vendida como carne a un tipo desagradable, empujada literalmente al barro montón de veces-, y debe ser fuerte para salir del pozo. Pero en ese lugar no se busca enaltecerla, sino todo la lleva a la superficialidad del dinero.

La reina más es una mujer emotiva, digamos que una buena persona a grosso modo, pero que el mundo la hace ser un poco vil, pero está al servicio de su propia felicidad, no es una buena gobernante, Lanthimos la hace en parte infantil, arrebatada, caprichosa. Lady Sarah tiene todo el portento y la personalidad del líder político, pero no tiene el poder directo. Por ello debe recurrir a engolosinar a la reina también, debe ser dulce, rastrera. En todo esto Weisz, Stone y Colman brindan grandes actuaciones, están perfectas las tres. Lo mismo Hoult con este personaje suyo que tiene matices, parece un buen político, pero también es engreído y cruel.

Es una película de relaciones sexuales, de relaciones extramatrimoniales, para llenar un vacío, el de la reina, mientras las otras ganan beneficios. Lady Sarah luce algo hipócrita, aunque es difícil de catalogar, parece muy calculadora, pero más discreta que Abigail, que odia la pobreza, porque le ha brindado tantos maltratos. Es una película de feminismos, pero no idealistas, lo que puede hacer rehusar el título. Lady Sarah decide el futuro de su esposo, es una mujer activa, firme. Abigail, como se ve luego con su matrimonio, quiere hacer lo que le da la gana, como los aristócratas varones.  

Las mujeres luchan por tener el poder, si bien la reina lo tiene ella como toda privilegiada de siempre es más egocéntrica, busca el placer primero, le es algo indiferente la responsabilidad, sobre todo ante tanto sufrimiento físico y espiritual en su existencia, de esto que veamos su facilidad para desconfiar de sus amantes, como con la desaparición forzada de una, y el abuso con su mascota que termina en otro ciclo de humillación. Estéticamente la película es un portento, igual que por toda su adaptación de época, también por su detallismo narrativo.

jueves, 21 de febrero de 2019

Inferninho


Inferninho (2018), de Pedro Diogenes y Guto Parente, tiene de protagonista a un travesti, Deusimar (Yuri Yamamoto), que por falta de empuje nunca se ha movido de su bar, y por curioso que parezca decide hacerlo cuando prácticamente es echada del lugar. Pero antes conoce al amor, a un marinero, a Jarbas (Demick Lopes), quien le traerá problemas. En su bar llamado inferninho hay tipos vestidos de superhéroes pero de manera muy pobre, muy rudimentaria, hay hasta un Wolverine. Deusimar se mueve con mucha naturalidad, mostrando todo su físico ambiguo. Jarbas de todas formas está plenamente seducido por ella. En inferninho una mujer canta todas las noches, es una música propia del lugar, barata. Deusimar termina paseando por especie de protectores de pantalla de computadora aludiendo que está viajando finalmente por el mundo. Todo el filme es muy precario. Es un filme con poca narrativa también. En inferninho hay montón de freaks, es un refugio para los marginados, esa es su gran justificación. Deusimar es tratada con afecto por todos, en particular por alguien vestido de conejo, aun cuando Deusimar tiene también mal carácter. Aunque no es una película desechable, tampoco es una maravilla, más interesante de Guto Parente es su otra película del mismo 2018, O Clube dos Canibais. Ésta busca ser una película marginal, y se queda bien ahí. Es una conformación de identidad, pero le falta mucha gracia, no tiene mucho don.  

Incredibles 2


Secuela que está a la altura de la primera que estuvo genial; dirige nuevamente Brad Bird, quien también se encarga en solitario del guion. Los superhéroes son ilegales y unos ricos empresarios, Winston Deavor (Bob Odenkirk) y Evelyn Deavor (Catherine Keener), dos hermanos, quieren volverlos legales, para lo que contratan a Elastigirl (Holly Hunter) para con ella hacer una buena publicidad y lograr revertir la imagen pública de los superhéroes. Mientras su súperesposa está afuera Mr. Incredible (Craig T. Nelson) se encarga del hogar, de cuidar a sus tres hijos, que incluye a un bebé con 17 súperpoderes.

Es un filme familiar, muy entretenido, con sus buenas escenas de acción y su humor por todas partes, pero que deja ver una historia, que no es una comedia. Hay mucha aventura. El malvado Screenslaver tiene una excelente escena de acción enfrentando a Elastigirl, que no tiene nada que envidiar a una cinta live action; es más, parece que la copia al milímetro, así igualmente el filme tiene muchas escenas serias y típicas del cine americano, emula muy bien la realidad. También hay ternura en los personajes de la familia, que le da un plus al producto.

Es un filme que tiende a lo cotidiano, aun cuando hay cosas extraordinarias, como súperpoderes y peleas con harta destrucción de infraestructura –asunto por el cual escogen a Elastigirl en lugar de Mr. Incredible-. Esto es lo mejor del filme, ese gran convivir con lo común, con el padre cuidando de su hijos; con una hija enfrentando la adolescencia, el querer tener un novio; con un padre que demuestra no ser machista y cuida de su hogar, mientras su mujer es la heroína y tiene el trabajo que él tanto ama. Se nota la unidad familiar en los protagonistas, haciendo todo por el beneficio mutuo, por amor, aun cuando hallan enojos. Es un filme que así trasmite harta empatía y tiene una buena historia.

El filme es un poco como The Dark Knight (2008) en su argumentación contra el sistema aunque con su propio discurso –alrededor de la flojera, pasividad y falta de emprendimiento de la gente-, que tiene una simple refutación, que la familia Parr o Increíble son pura bondad y ven desinteresados por el bien de los demás, aman cuidar de la gente, aman servir, aman ser superhéroes, aun cuando saben que su familia es importante y tienen que cuidarse –ver por los pequeños- o que lo común pueda verse afectado, pero su naturaleza altruista los moviliza y ahí forman su unidad familiar. Mr. Incredible es un poco un niño grande y así es el filme también, como con el auto deportivo del superhéroe. Pero a la par vemos la moto de Elastigirl; en ambos géneros hay una personalidad potente. También la animación es muy carismática.

martes, 19 de febrero de 2019

Green Book


Filme que trata de la amistad de un bouncer italoamericano, llamado Tony Lip (Viggo Mortensen), y un doctor en música y experto pianista clásico afroamericano, Don Shirley (Mahershala Ali), cuando el pianista contrata a Lip, o Vallelonga en su apellido original, para que haga de chofer, guardaespaldas y asistente en una gira por el (aun para la fecha) sur racista americano, en los 60s, cuando contratan a Shirley para galas intimas de ricos, para la clase alta sureña, clase social donde Shirley pertenece aun cuando sufre de discriminación.

El director del filme, Peter Farrelly, se separa en ésta oportunidad de la codirección con su hermano Bobby Farrelly, con quien hiciera una destacada carrera en la comedia, con títulos como Dumb and Dumber (1994), There's Something About Mary (1998), Me, Myself & Irene (2000), Amor ciego (2001) o Fever Pitch (2005), comedias muy divertidas, corrosivas e inteligentes. Peter Farrelly además salta a otro género, un drama sobre racismo, aunque no exento de momentos simpáticos y un humor suave.

Green book (2018) es una película amable y noble, sobre dos personas aparentemente distintas que forman un vínculo de amistad y con ello mejoran como seres humanos. Shirley aunque es sofisticado es un hombre solitario y alejado de su ascendencia afroamericana representada en lo popular, mientras Lip es un hombre que suele recurrir a la violencia, como estereotipo de gángster italiano. Lip es un hombre siempre simple y fuerte; Shirley es más complejo, a ratos puede verse muy poderoso y en otros momentos muy pequeño.

Lip dentro de todo tiene buen corazón, y su interacción hará que venza su racismo, que vemos es producto del trato común en su barrio, con otros italianos enfocados en su ascendencia. En ésta road movie se conocerán muy bien, hasta de una secreta tendencia sexual. Shirley será un poco dócil con el racismo y Lip lo influenciará para que sea más frontal, como es él; lo mismo en la educación al contrario, con un refinado Shirley culturizando a Lip mediante las cartas románticas a su esposa, la ideal Dolores (Linda Cardellini), y ayudándolo a vencer algunas malas actitudes, reduciendo el grado de brutalidad facilista al que suele recurrir Lip.

Es una propuesta muy agradable, aunque enfrenta el racismo. Es una feel good movie con voluntad altruista e inteligente para mostrar a un afroamericano que tiene muchos matices y sale del común. Se muestra el racismo normalizado, como no permitir el mismo baño o los mismos hoteles como menciona el título; Green book es un cuadernillo racista de lugares a los que son destinados en hospedaje los hombres de color. Resalta también ver a la policía como racista, lo que puede llevar a criminalizarse y verlos como el verdadero KKK de su época. Shirley va de gira por el sur porque quiere conseguir más libertades para su gente, lo cual lo plantea como un hombre de integridad y avanzada.

Pero el filme es relajado; es audaz y entretenido. No es un filme grandilocuente, en ningún sentido; busca ser medido, pero es inteligente en cómo va relacionando a ésta dupla, que dígase es una historia real, que primero es individual y luego se colectiviza. Mortensen aunque tiene entre manos un estereotipo, remite a vencer su lugar de origen, cómo los italianos se mueven culturalmente cuando yacen cerrados en sí,  y fácilmente podría ganar mil y un premios del público, mientras Ali tiene un rol más exigente, y no contiene total condescendencia, sino que presenta debilidades, cierta soberbia, cierto hermetismo.  

Hay escenas graciosas, como cuando Lip sobre-entusiasmado bota la gaseosa a la pista; gracias a los gestos de ambos actores. Tiene escenas inteligentes también, puestas en diferentes perspectivas, como con el Kentucky Fried Chicken, algo que en el lugar común dicen que aman los afroamericanos. Peter Farrelly lo utiliza como lugar de racismo en una cena de ricos, y en otro momento Lip le enseña a Shirley un poco de humildad y campechanía, alegando de paso que él es más negro que Shirley, porque es un hombre de clase trabajadora que conoce bien la música popular negra. Todo esto se revertirá de manera hollywoodense, pero no deja de ser una película con gracia y sensibilidad.

domingo, 17 de febrero de 2019

Van Gogh: En la puerta de la eternidad (At Eternity's Gate)


Willem Dafoe es Vincent van Gogh, en ésta película de Julian Schnabel, un van Gogh visto en su última etapa, por lo que lo oímos hablar de su estado de locura, al que se enfrenta siempre. Van Gogh también se oye más sabio, con esa emotividad que plasma el talento de Dafoe, cuando refiere a su arte y el único don que Dios le ha dado. El filme de Schnabel se pone a contestar sobre la vida del famoso pintor, si tiene cierta lógica el estado en que se encuentra, de ser visto como un perdedor, si realmente tiene talento. El filme responde que sí, y que su talento es de otro tiempo, está adelantado en el tiempo y le espera el futuro, la eternidad.

El filme tiene un toque artístico que lo saca de cierta convencionalidad, dibujados en esos momentos de trascendencia que vemos en varios momentos que definen la existencia de van Gogh. No sólo es discutir su estado lamentable, de locura, de derrota, de no saber encajar, de terminar recluido en sanatorios, de ser en parte detestado en los pequeños pueblos franceses -en Arles y en Auvers-sur-Oise- en los que se hospeda. Los momentos artísticos técnicos llegan con desenfoques en los bordes o con los movimientos de la cámara al son de las carreras. La naturaleza toma especial importancia y el filme se vuelve a ratos un poco contemplativo, se desembaraza de diálogos, y lo vuelve todo emotivo, dejando a Dafoe que haga su trabajo, que plasme sentimientos, de éxtasis y apasionamiento, o de congoja y de sufrimiento interno.

Schnabel muestra la convivencia con Paul Gauguin (Oscar Isaac), un tipo práctico que quiere romper con todo lugar común en la pintura, y que al irse genera una crisis en van Gogh. El filme tiene un lado igual de práctico, mostrando todo bastante simplificado. El filme puede resumirse en pocas líneas volviéndose un filme más visual que argumental. No obstante tiene diálogos jugosos también, como los de Shakespeare con  Madame Ginoux (Emmanuelle Seigner) y un cura analítico (Mads Mikkelsen). También hay ratos de ternura, como con el hermano, Theo (Rupert Friend), abrazados ante un primer internamiento de Vincent. Oscar Isaac hace de un Gauguin firme pero no violento, menos intratable a otra figura suya. Lo mismo pasa con Dafoe y su van Gogh, tiene problemas de adaptación pero se muestra más la conclusión, no los ratos de violencia; a van Gogh se le ve débil más que fuera de sí.

Los momentos de interacción son muy buenos, como también lo es con el Dr. Paul Gachet (Mathieu Amalric) y hasta con un loco (Niels Arestrup). No obstante el filme tiene muchos momentos de soledad, donde van Gogh es tan existencial, sufrido, reflexivo, cosa que hace menguar algo al filme, tanto como distinguirlo, incluido lo estético. Es un filme que no profundiza tanto en hechos sino en sentimientos, en dudas, en pensamientos, siendo un filme a un punto intelectual, en tratar de entender a van Gogh, y verlo más que un loco con un don. Es visto como un tipo inteligente, tiene reflexiones sobre sí mismo muy ricas, que se escabullen un poco a cierta realidad, la de la derrota del presente, pero el filme se enfoca en la eternidad, en el futuro que no conocería el autor, y ahí entra a tallar la admiración de los creadores, los guionistas Jean-Claude Carrière, Louise Kugelberg y el propio director.

jueves, 7 de febrero de 2019

Climax


Climax (2018), de Gaspar Noé, usa el baile como manifestación de terror, con esos movimientos que parecen que se están quebrando los propios huesos, con esos bailes similares a orgías y como la invasión de un virus que enloquece a sus participantes. Es algo sensual y violento. El baile lo es todo en el filme, vistoso y virtuoso, con grandes coreografías, una hasta tomada desde arriba. Como película de terror el filme tiene al baile como arma, cosa que también pretende cierta polémica vista tanta sexualidad, pero así es Noé, aunque ésta vez éste filme ha logrado lo imposible, que todo el mundo lo celebre.

Es un filme que tiene una narrativa escueta, más es el baile moderno que otra cosa, pero todo tiene perfecta concordancia general, tiene sentido, en que unos bailarines se reúnen en un lugar abandonado en la nieve, tipo bunker, y en medio de sus prácticas y exhibiciones exóticas e imponentes se despierta el daño, el crimen masificado, en la que es también una fiesta desenfrenada, muy hedonista y libertina.

Antes de que se expanda el mal tenemos un visionado fascinante, hay que admitirlo, lo mejor del filme, al proponer tremenda maestría en las coreografías, que no son en absoluto delicadas. Se trata de algo potente, intenso, decidido, festivo, como lo es el cine del irreverente Noé. Locura que se despierta a raíz de que la gente es drogada anónimamente, sin mayor razón. Pero se puede entender fácilmente una justificación.

En el inicio vemos que ante la cámara se presenta cada uno de los bailarines, ésta parte busca ser irreverente y más bien desanima, no es una presentación muy interesante, es obvia, pero cuando todos estos “personajes” extravagantes salen en grupo a bailar todo es esplendoroso, entretenido, impactante. Pero la propuesta no es mucho tampoco, aunque tiene lógica.

En un momento por un cromatismo que domina el filme, el rojo, de peligro, de ardor, y el constante juego de la cámara, poner en ángulos difíciles las imágenes o prender y apagar la visibilidad, tenemos el caos en todo apogeo, producto de que todos quedan drogados excesivamente, pero en éste momento fastidia observar un poco la película. Luego se verán momentos de violencia desagradable, típico en Noé, y termina paseando la mirada por un reguero de perdición en conclusión. Esto no luce muy bien, aun cuando no está tan extendido, o por más que el filme había anunciado que era un hecho real. Las escenas de sexo, aunque sin explicites, tampoco son muy gratificantes.

El filme con su querer ser polémico o híper libre más bien lo muestra barato, mediocre. No obstante Noé tiene talento en manifestar el baile como terror, pero lo sexual le cobra la grandeza; es como tener grandes técnicas o ideas, pero una exhibición finalmente pobre. El baile como monstruo es ingenioso, pero las escenas de exceso no están a la altura, es decir, Noé falla porque quiere ser irreverente, cuando debería enfocarse más bien en lo que concibe, en la narrativa. Lo mejor es simplemente el baile tal cual y después su proyección en distintas otras formas. Por todo lo dicho es un filme imperfecto, como uno ha de esperar de Noé pero también muy irregular, malo por partes –sobre todo al final-, bueno en otras. Me quedo con las coreografías y la técnica, pero en construir una película narrativa no mucho.

miércoles, 6 de febrero de 2019

Aterrados


El filme del argentino Demián Rugna es una potente propuesta de terror que no escatima momentos de miedo, poniendo todo al servicio de ello, poco le interesa hacer un filme de feliz resolución o de ya está, terminamos, combatimos lo extraño, fin; lo que le importa es poner escenas impactantes una detrás de la otra, pero armadas dentro de una lógica, en su propio mecanismo de miedo.

No se trata de momentos que se perciban efectistas, vacíos, sino son el meollo del asunto tal cual, muy sencillos argumentalmente, propios del enorme poder siniestro contra el cual pelean los protagonistas, dos doctores de ciencia paranormal, Albreck (Elvira Onetto) y Rosentock (George L. Lewis), y un ex policía forense, Jano (Norberto Gonzalo), ayudados en el trayecto por un capitán de la policía, el comisario Funes (Maximiliano Ghione).

La trama no explica el mal en todo, en realidad lo hace en muy poco, no hay mucho que explicar tampoco, en lugar habla de guardar la información como novedad, por lo que todo es enorme de enfrentar, prácticamente imposible de detener y no se espera que el bien venza necesariamente. El mal habita en un vecindario de clase media de Buenos Aires.

Los investigadores paranormales van al lugar y cerciorados de que todo es real están medio en el limbo contra tanta actividad extraordinaria, lo que en lugar de ser un defecto significa pura diversión para el espectador, que padecerá sus tantos momentos de alto impacto. No se sabe hasta dónde llegará todo, siempre con el complemento de tratar de explicarlo con lo normal y esto será superado siempre.

Rugna es muy abierto con los sustos, es muy directo, austero como narrativa, pero sumamente efectivo visualmente, sabiendo apreciar tanto background del género que hay ya. No es un filme de narrativas sesudas, arduas, todo es muy práctico y bastante simple. Es ir a luchar/ver lo paranormal y punto, no pidan mucho, pero todo funciona a la perfección como disfrute. 

No para hasta el final de exhibir sorpresa tras sorpresa cada vez más terrorífica, bien distribuidas y manifestadas, aunque hay algunos pocos momentos endebles, como lo de los vidrios en los ojos, pero toda la parte del muerto debajo de la cama que recuerda al monstruo de Rec (2007) está excelente, igualmente el niño con el vaso de leche.

lunes, 4 de febrero de 2019

Conversaciones con asesinos: las cintas de Ted Bundy


Documental de 4 horas de duración, perteneciente a Joe Berlinger. En lo personal hallo muy interesante el tema de los asesinos en serie y Ted Bundy es uno de los más brutales y raros. En el documental conoceremos muy bien a Bundy. Por el título se da a entender que Berlinger se ampara en unas cintas, que fueron grabadas por un periodista durante buen tiempo, pero en éstas se habla más de como él se veía a sí mismo, como se idealiza y, desde luego, miente en su figura, como deja ver el filme mediante entrevistas y datos complementarios, creando en conjunto algo más atractivo que lo común, al oír por él su manera de pensar, su personalidad, una parte de ella, y corroborarla y complementarla con la otra parte tan ruin, sus crímenes, incluyendo variedad de hechos concretos de su existencia.

Ted Bundy habla en las grabaciones y va germinando en él un lado de cierta irrealidad, o como él se dividía en 2 personas. Por una parte, como frente a un público imaginario o un teatro de admiraciones propias, un notorio narcisismo, se muestra como un prometedor estudiante de derecho y graduado en psicología con aspiraciones políticas y económicas altas, de trato amable, pacifico, un tipo con presencia física, bien educado y hasta simpático. También suma una infancia y familia idílica. Todo esto en el detallismo será muy distinto a como lo manifiesta, aunque se especule que los criminales en serie son medio inexpugnables.

Pero en lo oscuro hay mucho más, hay un tipo demencial, asesino de 30 a 36 mujeres jóvenes, incluyendo una menor, asesinadas sin razón alguna, o dando a entender que fue el deseo de desfogar y sobredimensionar pequeñas frustraciones psicóticas, como no sentirse exitoso y aceptado en la medida de sus delirios, aunque si era un hombre inteligente, que hasta trabajo para la policía un tiempo, que le sirvió para hacer el mal. Bundy tiene relaciones estables con mujeres, pero al mismo tiempo sale a matar jovencitas, en su escarabajo. Otra cosa inexplicable de su personalidad, un total desdoblamiento.

El documental no busca ser explicito con los asesinatos, deja ésta parte terrible un poco como en segundo plano, trata más bien de entender la personalidad tan rara de éste asesino en serie o mostrar su total contradicción como ser. Bundy es un tipo enigmático, se dice no ser un loco, sino un tipo común, pero su proceder es totalmente anormal, pero él finge ser otra persona, y no tiene remordimientos como mentir alegando inocencia hasta casi el final. Cuando lo entrevistan o aparece en público es difícil de creer que éste tipo sea tan salvaje, sádico y cruel, pero llega a verse algo de su perversidad de propia exhibición cuando interpreta sus crímenes en tercera persona o pide detalles de estos.

Es increíble cómo se separa de sus asesinatos, pero más adelante vemos que los tiene en la mente, y aun así vive de lo más tranquilo. En ese sentido el documental es muy claro e inquietante con éste tipo de criminal. El término de asesino en serie era algo nuevo en la práctica para la policía. Había poca tecnología, menos ciencia, escasa interrelación policial entre estados, cosa que favoreció a Bundy, quien fue siempre astuto. Transportaba, desmembraba y ocultaba cadáveres. Pero también era muy intenso e impetuoso, capaz de volver a atacar bastante cerca de la zona de algún crimen suyo. El documental de Berlinger es un poderoso y atractivo retrato de alguien que quería ser excepcional y que se creía apto para ello, y lo manifestó de la manera que la mayoría terminó celebrando su muerte.

sábado, 2 de febrero de 2019

Todos somos marineros


Ópera prima del peruano Miguel Angel Moulet, con un barco extranjero atracado en el puerto de Chimbote con tres tripulantes rusos esperando por irse, abandonados en Perú, mientras se las arreglan como pueden. En el barco vive el capitán de la embarcación –que es en realidad irrelevante- y dos hermanos.

El hermano de mayor edad (Andrey Sladkov) tiene una relación con la dueña de un pequeño restaurante ubicado en un mercado (Julia Thays). Hay un chico típico criollo avispado que lleva la comida, quien es como un sobrino para la dueña del restaurante. Con estos pocos personajes tenemos el discurrir de la película.

Moulet pone en marcha la cotidianidad en buena parte de la propuesta, o sea que parece que no pasa nada. El filme abre con el hermano menor ruso (Ravil Sadreev) sufriendo de un golpe en la cabeza, lo cual se conocerá la razón después. Es un buen arranque, misterioso, curioso. El barco ruso parece un enorme submarino, lleno de cubículos, pasadizos y recovecos, con sus mesas sucias con botellas abiertas y restos de comida.

La imagen de la mujer del mercado y el ruso adulto de mediana edad al término de una faena sexual tiene un aire encantador, típico del cine peruano por una parte, pero de manera estética, cuidada, romántica sin sentimentalismos baratos. El filme también tiene un aire europeo, con ese barco tirando para los azules y plomizos y el idioma ruso en boca de los tripulantes que suelen hablar transversalmente de cierta desesperación velada.

La trama presenta un suceso trascendental, un punto definitorio -en pos de irse o quedarse con la mujer; perderse o salvarse-, medio inesperado de cierta manera –fácilmente podía seguir igual, tipo cine indie-, que moviliza el filme hacia una gran tensión –aunque del tipo observacional, meditativo, no se trata de un estado visual crispado, alterado o más primario, es más una inquietud silenciosa, una composición/cohesión a prueba- y la expectativa de hacia dónde se moverán los protagonistas, pero el filme va ya rumbo al remate, sucede cuando la película está por acabar y marcar el final como fotografía postal de cine independiente.
                                                                                                                                                            Ese gran suceso no es algo tan ingenioso, porque es algo un poco predecible –no venía sucediendo nada importante en el filme- o por una parte efectista –es algo que busca impactar, sorprender, desestabilizar, aunque vale-. Para bien y para mal rompe un poco con todo –aunque mantiene el lado dormido de la personalidad de los rusos-, cuando el filme apuntaba bastante a lo intrascendente, a lo ordinario, a lo llano.

Lo más importante del filme hasta entonces era estar sin poder salir del puerto y su ciudad, yacer en la cercanía de las orillas, que quiere decir en el olvido y la proclividad a la perdición -que es latente, hasta finalmente enfrentarla-, mientras sólo quedaba esperar y aguantar –ese es el lema silencioso, que incluye más tarde la consciencia, la culpa-.

Con ese gran suceso en la mente del espectador dice la mujer del mercado, me gustaría tener un hermano mayor; y no sabe lo que dice en realidad o suena secretamente melancólico a razón del relato, es una paradoja que en sus zapatos la hubiera favorecido; porque ella ve que el ruso mayor lo suele proteger al hermano menor, que es enfermizo, parece tener epilepsia, tiene problemas neurológicos. En todo esto salta un quehacer de sufrimiento en distintas direcciones, aunque el tono del filme es otro.

El filme constaba de momentos de cotidianidad –golpear un saco de box, montar en una moto, bromear con la gente, dar de comer a las gaviotas, estar con los perros, ser parte de una procesión-, era una obra sin demasiado conflicto a desarrollar. No obstante estar ahí abandonados era un conflicto, aunque no se hace sentir mucho; no posee pico de entusiasmo en ese sentido y al final lo busca de otra manera.

La propuesta, lo mismo que de sufrimiento, no habla de hambre o necesidad –no es en absoluto una película de cine social, aunque tiene de popular-, al menos no directamente o lo deja como algo secundario o quizá sobreentendido. La mujer del restaurante es un desarrollo notable de una mujer trabajadora que vive bien con su esfuerzo a razón de algo humilde. Se refleja el vivir bien con su cuarto de aire paradisiaco, con su toque erótico, con cierta pinta de putañero.