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viernes, 14 de abril de 2023

The Fabelmans

El filme termina con un encuentro capital, llamémosle así, entre ese amante del cine que es Sammy Fabelman (Gabriel LaBelle) y el legendario John Ford, interpretado por el gran David Lynch. Sammy está haciendo que su pasión se convierta en su profesión, en éste especie de biopic libre sobre el propio director que dirige, el también ya legendario Steven Spielberg, quien será estudiado en el futuro como otro John Ford. Éste encuentro entre el joven Sammy, el joven Spielberg quien ha contado antes la anécdota de éste encuentro, podría ser un cortometraje. En éste pequeño encuentro John Ford ya es gigantesco. Vemos como la cámara pasa revista a los pósters de sus películas y ahí hay una tras otra obra maestra. John Ford, el todopoderoso, éste genio de grave e intimidante carácter, le preguntará dónde se halla el horizonte en los fotogramas de sus películas. Eso será todo lo que dirá, lo que le enseñará, ¿donde pones el horizonte en el encuadre? Esto parece poco, pero ha dicho mucho en realidad. Le ha hablado de hacer arte, es decir, de cómo filmas, cómo debes filmar, cómo vas a conseguir arte, cómo usas la cámara, como plasmas el tiempo, el contexto, a los personajes, la narrativa. Ford le dice con esto que no haga películas aburridas, está plasmando la diferencia de cierta manera entre un cine popular pero artístico y uno arty y minoritario, justamente con ese horizonte, tal cual como si le dijera a Lav Diaz, no dejes morir la cámara en la toma. Aun más, lo interesante, es que cuando el joven Sammy sale de la oficina de Ford, la mismísima cámara de Spielberg o el ojo cinematográfico rápida, inteligente y muy didácticamente pone en juego tres tipos de horizonte y queda más que claro todo lo que ha dicho igualmente de sencillo y clarividente el mítico director. Spielberg hace una película tal cual le ha dicho éste maestro, una película que en dos horas y media jamás aburre, se manifiesta ágil, de dotado ritmo, es cautivante, y aunque hablamos de un especie de biopic se enfoca y sintetiza muy bien momentos capitales en la vida del joven cinéfilo que fue y el futuro cineasta que será. No se dispersará ni habrá sobreabundancia de memorias. Desde el inicio Sammy va desarrollando su pasión por hacer cine, vemos sus progresos y actividades, sus primeros filmes amateurs (obras bélicas, westerns, películas promocionales escolares); así como la marcada influencia de chico y en familia de su primer encuentro con una película, ésta es The greatest show on earth (1952). Ahí descubre algo que lo acompañará siempre de cierta manera en su arte y a muchos directores de cine popular, que el cine recurre mucho a la violencia y al impacto visual, aun tratándose bastante de escenas y secuencias hechas con mucho cuidado y en un cierto orden clásico o amable a la vista. Sammy, con su cámara, detendrá el tiempo, cogerá una experiencia y podrá vivirla un millón de veces, como un tipo de catarsis y puede que hasta una fantasía; vivirá, comprenderá, un lugar para soñar, alucinar y experimentar el mundo, sin provocar ningún daño en su libertad creativa. Esto estará inspirado y escenificado en el descarrilamiento de un tren y el choque con un vehículo deportivo. Otra cosa que acompaña siempre al filme y al protagonista es la familia de Sammy, incluso se dirá directamente que tendrá que escoger entre uno y lo otro. Sammy curiosamente optaría por el cine si habría que escoger, pero nunca deja de sentir compenetración, un fuerte vínculo, con sus padres y hasta con sus hermanas. No obstante es muy indulgente con su madre, la que justifica su honestidad y libertad dentro de una infidelidad y ruptura, como quien no se debe a nadie más que a sí misma, aun siendo egoísta, y diciéndolo y justificando ese egoísmo por el que cree el amor verdadero. Spielberg muestra ésta infidelidad y endiosamiento de la madre muy meticulosamente, arma todo muy lento y claro, se ve venir, se argumenta y queda muy bien, aun siendo discutible. Spielberg llena su filme de mensajes bastante relajados y un poco indulgentes como éste, dentro de hacer un buen cine, muy visual, que no están tampoco mal y hasta son especie de consejos útiles frente a la dureza del mundo, pero la vida puede ser más complicada que lo que deja ver (por decir uno importante, se minimiza el dolor del padre, queda él medio anulado, invisible o en un muy segundo plano), como decir que el fumar marihuana asemeja el caos del mundo y ese relajo que uno debe asumir frente a éste, lo ilustra en la sensación y los efectos de fumar marihuana, lo dice desde la juventud de la imagen. También explica con un evento climático, con un inesperado tornado que persigue su locuaz y medio extravagante madre, como que el mundo no necesariamente tiene un gran sentido o no todo es muy coherente o profundo o implica una razón secreta (como aquellos que suelen decir que todo pasa por algo), da a entender nuestro libre albedrio y nuestra capacidad para decidir de manera simple y práctica, sin esperar demasiado o embrollarse en elucubraciones difíciles y sin salida muchas veces, lo cual es un buen consejo. Así mismo en otro consejo interesante que deja ver éste buen filme, analizando vivir en medio de tanta ruptura y un especie de caos o tener conocimiento de la vida vista como un limbo, no saber por donde ir o qué viene o cómo hacer para avanzar, en reflexión directa sobre el sufrimiento, dice como que hay que aguantar, fluir y esperar, que pase el sufrimiento simplemente, que las cosas naturalmente vuelvan al cause o pasen, y que hay que dejarse estar en el sufrimiento o mejor dicho no pensar en éste, tratar de minimizarlo emocionalmente, todo lo que puede sentirse propio del Zen o el budismo. Tiene muchísima gracia, entretiene bastante, ver la vida diaria de Sammy filmando a sus amigos o compañeros de clase y a estos haciendo de su primer público, durante su época del colegio, o ver cuando se enamora de una chica particular que está obsesionada con Jesús -en plan irónico de Spielberg- y la religión católica, interpretada por la novel, una jovencita muy bella, Chloe East, aun cuando lo de la novia juega a anécdota popular que asumen muchos como propia. Toda la secuencia con ella es de gran belleza y tiene un aire leve cómico muy bueno. Con el típico chico popular del colegio, del tipo deportista, fuerte y galán, Spielberg no se ensaña, más bien parece alentar la popularidad, como quien defiende los íconos, y de paso el cine comercial de autor. Éste chico es un poco patán pero Sammy/Spielberg lo reivindica, aunque el director le da una chiquita, habla con él de falsas expectativas, de tener que buscar llenar los zapatos (particularmente en el futuro) y de un engrandecimiento que puede no tener en realidad o puede perder, por eso en el resumen escolar donde Sammy lo pone como una celebridad él se siente intimado por esa figura que debe llenar. Pero finalmente, al menos, en el colegio, queda de éste chico popular un recuerdo memorable y al fin y al cabo justificado; con esto se trata también de la honestidad de las imágenes, a la que se deben los autores auténticos, aunque es un juego a su vez con los sueños y la ilusión del séptimo arte que se ve en la idealización que logra el ecran con sus historias y en particular el cine de Hollywood, con Spielberg como un gran autor o el mejor de éstas canteras. La ruta -que se ve venir, ante la excesiva confianza con el amigo- de la infidelidad de la madre es seguida muy detallísticamente, es gran parte de la trama. No es que Spielberg esté a favor del divorcio, nadie creo, pero como que lo entiende y toma incluso una posición, la que es muy contemporánea y muy liberal además, con un marido que más parece un cero a la izquierda pero que se dice que es especialmente inteligente (hablamos de un pionero con las computadoras), y a través de quien parece quererse indicar, de Burt Fabelman (Paul Dano), el padre de Sammy, que las emociones priman por sobre lo intelectual, la trascendencia más bien está en las emociones positivas que nos hacen sentir parece decir, también como síntoma de identidad del cine con el que Spielberg trata, le satisface y le hace sentir más y mejor realizado, al que se rinde su manera de ver y hacer el mundo con la gran pantalla. La elección del cómico Seth Rogen es una gran elección, está perfecto en su sencillez formal pero con una gracia cuidada y muy digna. Hay un trabajo de personalidad, de un tipo menos inteligente que Burt Fabelman, pero alguien que hace reír a Mitzy Fabelman (Michelle Williams), por ende la hace feliz, con menos esfuerzo y más naturalidad (y harta empatía), porque se parecen de paso, aun cuando Burt es un buen tipo, pero alguien ya demasiado pasivo y a ratos bastante nulo como pareja (ya no parece noble, sino medio tonto en realidad y es normal muchas veces ser así, inteligente para algunas cosas y todo lo contrario para otras), aunque al menos Spielberg lo hace ver como un padre un poco cómplice (y accesible) de su pasión. Cuando Burt dice románticamente que la madre de Sammy siempre será parte de su vida, aunque es cierto lo que explica (muy dócilmente, demasiado racional o contenido), suena más a telenovela o a melodrama naif (o al típico nerd que parece haber sido). Se endiosa abiertamente a la madre, con una Michelle Williams sobreexplotada, aunque con infaltable carisma y personalidad. No obstante ciertamente se le sobredimensiona, incluso peca de loca light, con mono incluido, literal (y simbólico si bien en ello el tipo luce más tranquilo de lo esperado). El filme como es condescendiente con el chico más popular (que incluye el nombre clásico de su tipo), con Logan Hall (Sam Rechner), hace pagar las culpas al lacayo abusivo, a Chad Thomas (muy bien Oakes Fegley), el chico que parece no tener ningún atributo y es en realidad un parásito y un antisocial. El filme no es tan contundente o no genera tanta empatía con lo judío (como que genera cierta indiferencia), se percibe de baja fuerza, los insultos de ésta clase también son muy manidos, pero Spielberg no lo explota demasiado tampoco, no exagera con éste tipo de empatía fácil, aunque también es, lógicamente, parte de quien es y se comprende siendo aparte una autobiografía, la que finalmente -para bien- es de cierta humildad biográfica. No obstante queda como rasgo de identidad, parte de un conjunto, pero su universalidad funciona mejor, los pasos de un coming of age común o más general, el colegio, la pareja o primera relación, la familia, hasta el tío viajero -de estilo circense- motivador de la profesión, la abuela de pocas pulgas -y visionaria de la realidad-, el amor por el cine que está por todas partes. Lo del matrimonio y la infidelidad es temática a lo Ingmar Bergman pero desde el estilo y el cine popular de autor made in Steven Spielberg o el mejor Hollywood moderno o el mejor cine popular americano, totalmente Spielberg, asumiendo una historia de relaciones afectivas pero de manera bastante dinámica y muy actual, llena de belleza aun en el dolor, dueña de una poética relajada y una mirada en pos del entendimiento de lo femenino con la madre como centro del universo (aunque se trate de la mirada de un hijo y no de un marido). Es un filme notable de entretenimiento, donde aunque muchos pueden creerlo algo narcisista por ser la vida del propio director, éste ha hecho una historia atractiva para muchos, una historia universal, que se puede leer independientemente, y aun así suena interesante que sea la vida de tremendo director y maestro. 

viernes, 29 de abril de 2022

The Batman


La oferta con los superhéroes es bastante grande, hay para todos los gustos y éste Batman es justamente para la cinefilia hardcore. Dirige el americano Matt Reeves. De lo bueno que presenta éste Batman es que más de media película recurre al cine negro, al cine de investigación y tiene suelto a un asesino en serie que es un enemigo clásico de Batman, The Riddler. El Riddler deja mensajes con misterios a resolver y tiene un plan maestro, mostrar que el sistema está corrupto y, copiando a Batman, buscar venganza. Batman, un muy buen actor en Robert Pattinson, golpeado por la muerte de sus padres quiere acabar con el crimen de su ciudad, aunque esto, sabe, es imposible, pero quiere intentarlo. Pattinson hace de un chico melancólico pero que se sostiene con fuerza por fuera, pero es un alma sufrida, un chico dark digámosle. En la película de Matt Reeves se trabaja un poco con el cine social, con cierta lucha de clases, se critica a los ricos, a los coludidos con las mafias y los policías corruptos. Pero también se habla hasta de los privilegiados en un alarde de lenguaje de actualidad. Hay una historia que se inserta en lo clásico y agrega novedades en la concepción del padre de Bruce Wayne (Pattinson), y esto presenta varios giros y vueltas de tuerca interesantes y bien argumentados. Es un filme que cambia  de centro de búsqueda de soluciones hasta en tres oportunidades. El final es un colofón de acción, y lleva una crítica social a esa típica gente desadaptada americana en busca de venganza que realiza tiroteos como francotiradores a victimas inocentes o también están esas bombas que colocan en la ciudad esos otros tipos de gente de cierta locura que intentan desquitarse de su frustraciones pasadas o existenciales generando muerte o destrucción de manera anárquica. Todo el filme, todo lo que veremos, es un estudio y reflexión sobre reemplazar la ira y la venganza por un camino de perdón, sanación y de construcción positiva. Es así que Batman entenderá ésta lección y sembrará en sí una nueva filosofía, como que aprenderá de The Riddler; así toma -en esa sugerente escena de las motos yendo hacia lados contrarios- el camino opuesto del robo a los ricos que escoge Catwoman, la bella y sexy Zoe Kravitz, que tiene una historia bien cimentada e interesante. Ella nada en cierta inclasificación, es una criminal menor con "justificación" y hasta código de humanidad, lo mismo que todos los personajes, vidas pobres, vidas duras y desagradables, querer desquitarse del mundo. Éste Batman yace mucho en la oscuridad, incluso literalmente el filme para siempre en la noche, entre sombras y tinieblas -manejo aparte del miedo-. Tiene un poquito de cine de terror, medido, bien manejado, para no desvirtuar la esencia del cómic. John Turturro hace de un importante mafioso, Carmine Falcone, un personaje usualmente menor, que con Turturro y Reeves crece bastante y es bastante atractivo. Colin Farrell es otro gángster, en la piel del legendario Pingüino, que tira más para el noir y el realismo. Es un filme que hay que prestarle mucha atención, puede ser complejo, pero se entiende todo, pasamos de una rata o soplón con varias facetas y rostros entre anónimos a un ajuste de cuentas también de cambios de historia en medio de la lucha por el poder que incluye lo político y el orden. Ésta propuesta tiene de Nolan y de Fincher. Paul Dano está excelente como un desquiciado con gran intelecto. El filme está lleno de detalles y es muy entretenido siendo inteligente y audaz con muestras cuidadas de crueldad y sufrimiento general. Es una obra notable, y es desde el mundo de los superhéroes, aunque con un código más pegado al cine de autor popular. 

jueves, 20 de julio de 2017

Okja

Okja, la película del surcoreano Bong Joon-ho, llega para marcar una nueva época, como otra forma para apreciar y fomentar el séptimo arte, producida y estrenada por Netflix. Okja es un blockbuster pero también cine de autor, llamémosle cine comercial inteligente. El filme nos muestra a un animal mutado científicamente que es un supercerdo, pero que parece la mezcla de un hipopótamo y un tierno perro. Okja se llama el animal que es cuidado en la granja surcoreana del abuelo de una niña llamada Mija (Ahn Seo-hyun), niña que se encariñará con Okja al cuidarla y crecer con ella, por lo que cuando se da cuenta que Okja será llevada a un matadero para ser convertida en alimento decide ir a traerla sana y salva a su hogar.

La primera hora del filme que es un viaje, desde que Mija se rebela con convicción a su abuelo, típico granjero (consciente del destino de los animales de granja), hasta que un grupo de animalistas quedan en un plan para sabotear la empresa que vende los supercerdos como alimentos es intensa, graciosa y muy entretenida, realmente maravillosa. Todo es perfecto, el periplo de Mija está lleno de la mejor acción, que termina en tremenda ironía escénica tras una mala traducción. La hora que viene después es menor, pero todo no va a ser una montaña rusa, hay una historia por crear y es muy aceptable lo que continua. Se abren las puertas de la (leve) fantasía de la mano de Okja que luce dulce y creíble.

En la propuesta se da la caricaturización de personajes, en el que es un filme notoriamente familiar en el estilo de Steven Spielberg, con Lucy Mirando y su hermana gemela (dos personajes interpretados por la camaleónica y orgullosa freak Tilda Swinton), dueñas de la empresa de los supercerdos, la Corporación Mirando; el presentador de tv y zoólogo Johnny Wilcox (un Jake Gyllenhaal entregado a los retos artísticos) que es estrafalario, alevosamente ridículo y el más extremo (y no me disgusta en absoluto, como a muchos sí); y en menor grado Shirley Henderson como una asistenta fiel a la Corporación Mirando. Ellos son la cara de lo malvado, sumado el sarcasmo del rol de Giancarlo Esposito en un reparto que aporta mucha diversidad en el que es un filme muy cosmopolita.

Lucy no es que sea mala persona pero anhela demasiado el éxito propio y publicita el embellecimiento de lo que finalmente significa sacrificio de animales (lo que no suena descabellado, un concurso de belleza/salud para premiar el mejor supercerdo, y la futura mejor carne, solo que aquí conviven en el mismo lugar). El Dr. Johnny es más un hipócrita y lambiscón, pero nacido de la caricatura japonesa y la comedia. Otros puntales del filme es el activista por los animales Jay (Paul Dano) y su mano derecha y experto en tecnología conocido solo como K (Steven Yeun). Paul Dano es un buen actor y se presta para un compromiso entre serio, teatral e irónico, igual que los animalistas que representa. Bong Joon-ho maneja mucho humor, pero nunca falla, lo cual es increíble, lo digo sobre todo porque no soy muy afín a la comedia y esta es una buena película, que maneja con soltura, frescura y tino el tema.

Okja es también un llamado a la consciencia para no comer carne y la forma en que se trata a muchos animales, llegamos a ver hasta el proceso de cómo son asesinados en los mataderos y cómo son procesados en comida, esto no es visualmente violento, pero hace pensar, aun cuando los supercerdos son una creación de la imaginación, son sintéticos, pero provistos de mucha mayor ternura y lealtad que los animales de granja comunes. Recordemos que Okja salva a Mija de morir con lo cual vemos en pleno el vínculo entre los dos. Bong Joon-ho maneja muy bien el tono del filme, y los cambios de drama a comedia y viceversa. En un momento Okja hace pensar como que se halla en un campo de concentración, preparada para ir a morir de la forma más fría con sus semejantes. Es un momento lúgubre y emocional que rompe con el colorido del filme. El mensaje es muy claro, pero el filme extremadamente divertido de ver, fácil de seguir, de compenetrarse y hasta para reflexionar.

lunes, 30 de noviembre de 2015

Youth

La gran belleza (2013) fue tremenda película, un tope muy grande para Paolo Sorrentino en su filmografía y carrera, como para el séptimo arte reciente, más allá del reconocimiento en los premios Oscar a mejor película extranjera, por lo que esperar su siguiente propuesta era de una expectación mayúscula, y para éste director italiano un gran reto tras el éxito y el gran alcance artístico que logró con dicha obra. Youth (2015) se posiciona entre el odio y el amor hacia ella, genera polarizaciones y bandos enfrentados, que en lo personal me satisface con ciertas reticencias, como que su estructura lleve pequeños intersticios, chispazos o instantes donde haya alguna ironía, ocurrencia u absurdo que le da un tono efectista al conjunto tras esas breves intromisiones, como que se le noten además las costuras de cierta irreverencia general y exhibir el deseo de tomarse libertades, mostrar relajo y seguridad frente a cualquier antecedente, presión o vanagloria, acotando que no llegan a descalificar la cualidad narrativa del filme ni su coherencia como historia, habiendo una fuerte connotación en el exceso y lo barroco, valorando que más tarde las mayores extravagancias se entenderán.

Una transformación en Hitler empieza en el desconcierto, pero es la aspiración a una exigencia interpretativa, en el rol que hace el talentoso Paul Dano, como un famoso actor de Hollywood entre engreído, dandy, sensible e inteligente, que quiere sacarse el estigma de superficial ante una actuación popular pero banal que lo persigue y ser reconocido de trascendente en el cine. Una ocurrencia que se entiende perfectamente es ver a una leyenda del fútbol de ideología marxista, zurdo, tan fácil de reconocer sin nombrarlo (Maradona), cuando pasaba por un prominente sobrepeso, y se le pone avejentado y con una válvula de oxígeno al lado, pero aun así es capaz de dominar con excepcionalidad una pelota de tenis con los pies (un homenaje realista, irreverente y de voluntad narrativa; es así, un hombre exagerado).

Entra en juego el tiempo que claramente es el motivo general del filme, en que la vida pasa, está llegando a su fin y viene el análisis de lo que hemos atravesado, de la autoconsciencia, de lo que hemos perdido y añoramos, de lo que queremos dejar, habiendo memorias y mil olvidos, como tantos errores, dibujados en diálogos casuales, caminatas, cenas, masajes, baños, interacciones profesionales y afectivas, como algunos surrealismos, en que el más llamativo yace en la sub-trama con el videoclip de una cantante pop -Paloma Faith- que me recuerda a Madonna, y que remite a una broma y lugar común dentro de una metáfora de la sexualidad, esa que ronda y se deja ver sugerente, artística y hasta a veces arty (sentir que sobrevuela, pero que la plena consciencia de ello logra superar y ser un filme amable finalmente).

El director de orquesta clásica Fred Ballinger (Michael Caine, en una de sus mejores actuaciones) y el director de cine Mick Boyle (el querido y admirado Harvey Keitel que yace bastante bien) se enfrentan digamos que a sus últimos retos profesionales. A Fred se le exige que toque una vez más, para la reina Isabel II, sus llamadas canciones simples, que no quiere compartir tras un nexo afectivo secreto, estando enfrascado en la revelación tardía de haber desperdiciado el amor de su mujer y estar a la orden de resarcirse con su hija Lena (una Rachel Weisz que sorprende exigiéndose emotiva e histriónica, aunque no del todo lograda) que pasa por un  mal trance, uno que incide en la libertad (habiendo una simbología sobre el miedo en el montañismo que es de Kindergarten). El filme se enfoca por una parte en el amor y en la sensualidad, de ahí que veamos desnuda a una belleza escultural, a Madalina Diana Ghenea, que hace de Miss Universo, quien rompe con obviedad algunos clichés sobre la inteligencia para luego lucir su matiz central en su despampanante juventud en la piscina de éste Spa de lujo en los Alpes Suizos donde se contextualiza Youth.

En cuanto a Mick, quiere dejar su testamento fílmico, una obra mayor, con la intervención de su actriz principal de años, en el rol de Jane Fonda que hace un alarde de diva. Todo detrás de cierto cine dentro de cine, donde participa el proceso creativo de construcción de un filme, con sus guionistas en pos de las escenas más productivas, bajo líneas precisas, audaces, emotivas o cáusticas, bien inmerso y práctico en la trama, implicando la búsqueda del arte -de la profundidad- por sobre lo comercial, en el sentido de sentir pasión por el cine, que como dice un diálogo no está detrás de lo intelectual, pero si siendo capaz el hombre común de coger lo culto y hacerlo suyo con llaneza, viendo que el resultado es irrelevante, se trata del anhelo, como que todo en Youth es el convencimiento de hacer lo correcto, pero también lo mejor para uno, aprovechando a su vez el placer, sin otorgarse demasiada importancia ni a la propia existencia, esto bascula en todos sus motivos, tanto en obligaciones, como en los propios sueños, muchos frustrados, dando a entender que la imperfección es lo natural, pero habiendo también espacio para lo imposible (un monje flota en el aire), en el retrato de nuestra complejidad.

Youth es un viaje con muchas vueltas, razonamientos, intrepidez, como tonterías o banalidad pretendiéndose audaz, como también momentos para cumplir (el erotismo de la masajista con brackets, la pareja anciana vigilada en la cena o todo el aspecto del suicidio en un empaque a lo Rápidos y furiosos), frases hechas y ternuras prefabricadas/vacías (alrededor de los afectos de Fred) y una vocación notoria de querer ser inclasificable y original, que le funciona, sin duda, pero le juega un poco en contra, teniendo un cierto olor a pop rancio, uno que enfrenta sarcásticamente pero también llega a supurar. Youth como propuesta tiene su encanto, sobre todo gracias a dos guías magníficos que salen de lo común en plena contemporaneidad, y a su mayor materia y festividad, a una buena noción narrativa y a una estética. 

martes, 28 de enero de 2014

12 años de esclavitud

Teniendo a Shame (2011) como una de las mejores películas que se han hecho recientemente, que yo sitúo en lo más alto, la emoción y curiosidad por la última película de Steve McQueen no se hacía esperar, aun temiendo por la temática que se presta mucho para historias fáciles, debido a su sentimentalismo, en tocarnos rápidamente con su condición humana. No obstante, si bien uno disfruta a rabiar con la irreverencia, originalidad y el entretenimiento de filmes como Django desencadenado (2012) el séptimo arte requiere también de seriedad en abordar historias tan delicadas, que tampoco intocables en cuanto a creatividad. Y es ahí que Steve McQueen sortea por un lado defectos, facilismos, y por otro cumple con presentarnos un relato contundente, pero profundo sobre el sufrimiento que generó la esclavitud, contextualizada en el bastión más reacio al cambio, el sur de Norteamérica, centrándose  en el secuestro del que era un hombre libre, un afroamericano instruido, que tocaba finamente el violín y tenía una bella familia, Solomon Northup (Chiwetel Ejiofor). Basándose en su libro homónimo y autobiográfico. 

Ésta es la narración de un viaje a la oscuridad del ser humano, al maltrato, abuso y humillación de unos hacia otros, en una ley que infravalora a los negros y los trata como animales, objetos de la violencia y el capricho de un patrón y dueño, trabajos forzados sumamente agotadores como en plantaciones de algodón, hasta la muerte en ahorcamientos improvisados o continuas violaciones sexuales en el caso de las mujeres, que es lo que le sucede a Patsey (Lupita Nyong'o, en un destacado debut en el cine, que le ha conseguido una nominación como actriz secundaria al Oscar 2014), la “engreída” de Edwin Epps (Michael Fassbender, uno de los mejores actores de la actualidad, quien este año finalmente obtiene una merecida nominación a la estatuilla dorada), un despiadado e impredecible terrateniente que siente una atracción perversa por ella, ya que incluye azotarla salvajemente por un simple jabón en medio de un ataque de celos, y es que la siente su posesión, un objeto que se rige a su placer, mientras su inclemente esposa azuza la brutalidad. Representada por quien nos sorprende con una performance harto dura, la actriz Sarah Paulson. 

Si hay algo inmediato que destacar es que su dureza y realista recreación no solo permite ver y sentir una época inhumana, sino que no tiende a dramatizarlo todo, convertir el filme únicamente en un charco de lágrimas, que lo es a fin de cuentas predominantemente sí, pero deja espacio para que Solomon Northup sea algo más que un títere de las circunstancias, por lo que genera una personalidad sólida y compleja en él, que por supuesto tiene muchos ratos de sumisión, no le queda otra ante el embate que le viene si no obedece y se adapta, a diferencia de otros que son –aunque comprensiblemente- más emocionales y menos astutos, pero también hay lapsos de rebeldía, de expresarse a riesgo de padecer, incluso intentar un movimiento contrario, defenderse, arriesgarse por algo más fuerte ¡vaya! que temer la muerte (recordando que Solomon es solo un hombre, no un mito), lo que hace que en él yazca la muestra de un espíritu grande, despierto en distintas formas.

Véase cuando va a ser golpeado injustamente, una obviedad aun visto los parámetros que rigen esta sociedad sureña del siglo XIX, agraria, dependiente de mano de obra gratuita, por la ira que despiertan sus conocimientos (algo que le advertirán siempre, el aparentar ignorancia, como no saber leer ni escribir, el mejor camino a la sobrevivencia), a manos de un joven capataz llamado Tibeats (el prometedor – al salto de la fama, de la popularidad, pero que ya es una figura en el cine independiente- e interesante Paul Dano, que deja ver en poco espacio una estupenda actuación). O incluso enfrentando, entre comillas, a Epps en una persecución con cuchillo de éste tras su persona a ras de que el maligno jefe corra en el barro y entre los chanchos, lo que demuestra la inestabilidad –por medio de la versatilidad y la plena sensación de espontaneidad de Fassbender- del patrón, y a que debe atenerse, cosa seria. Hablamos de miedo en el aire ante el porvenir (aunque esto sea bajo un tono elíptico). Que ya lo demuestra en todo auge un diálogo con un anterior dueño suyo que dentro de la realidad que le aqueja era alguien amable, con respecto a conformarse con la situación esclavista, con Ford (Benedict Cumberbatch, un actor aun no tan visible, pero que lo intenta con ahínco, que en esta oportunidad se deja ver muy bien), el que le ofrece paz, solo que dentro de la costumbre de una vida inferior a la condición humana que todo hombre merece, y a Northup no le llena, porque sabe lo que merece, ha sido libre en su pasado.

La tensión se vive cara a cara, todos los días, los que en la forma esquivan la rigidez del tiempo, del que decimos que no nos abocamos a contabilizarlo o a aguardarlo, y es que la atención se la gana a pulso por mérito propio, sin embargo aunque no esperamos exactamente maquillaje de envejecimiento o métodos que terminen siendo demasiado artificiosos se hecha en falta alguna pequeña identificación de ello en el trayecto, más allá de ese desenlace ordinario aunque muy lógico, predecible, complaciente, solo correcto.

Los hechos narrados se vuelven símbolos de su historia, algo a “repetirse”, a ser una esencia vivencial de un universo, momentos escogidos que representan un constante martirio de 12 años que es lo que articula y ofrece el título, tanto como prácticos, viscerales, físicos, didácticos, lugares álgidos de conflicto, y es que su poderío como relato no tiene descalificación, teniendo su toque necesario de credibilidad con oportunidades de respiro, las que proporcionan equilibrio.

La atrocidad de la esclavitud implica en Solomon una fuerza existencial sorprendente, de la que se hace cargo, la tiene, aunque no pueda evitar compungirse (el gesto de Chiwetel Ejiofor es potente y centra síntomas de dolor en un ánimo que intenta ser sólido, lo que agrega verdadera empatía de cara al espectador exigente, aparte de una sutileza que enarbola emociones más trabajadas), sentir alguna sacudida, como vibrar con una canción intensa de reposición emotiva cantada en coro de manera relativamente optimista en un funeral rústico, visualmente triste, o debatirse ante una ineludible pugna interna -entre dejarse derrotar por el sistema hegemónico que le subyuga o seguir teniendo fe en el mañana, que sus amigos del norte se enteren en donde está y lo rescaten, que obtenga su libertad, que vuelva con su familia- bajo gestos precisos, porque se opta por esconderse en sí mismo, endurecerse, si bien ya tenía consistencia.

Solomon Northup exhibe mucha paciencia y coraje, porque nunca llega a ser débil en toda palabra, y si lo es no en el alma (McQueen le proporciona a su protagonista un aura que admirar muy a pesar de todo contexto cruel, no le quita cierta dignidad o logra imprimírsela por ratos que perviven en conjunto, tiene hasta un cariz heroico o -dado  el instante- más racional de acuerdo a lo que exige su vida, aun viéndose tratado como bestia cuando se le baña junto a un grupo de esclavos desnudos mismos equinos en un rancho, o como se le minusvalora en la cotidianidad cuando en venganza está a punto de ser ahorcado, quedando detenido en una escena memorable dentro de una fotografía perfecta abandonado a punto de sucumbir al cansancio y por consiguiente a cumplirse el designio y a morir con el cuello roto, siendo esos minutos de zozobra los que componen la imagen global que perdurará en nuestra mente, la impronta de la trama), aun con un entorno tan castrador y limitador, tan omnipotente en su dominio, el que cree en sus propias reglas que incluso no está enojando a Dios mientras se tiene como parte de una muy discutible religiosidad.

12 años de esclavitud es el reconocimiento de una esperanza ejemplar de aspecto verdadero, concebida en una dura lucha anclada a una pequeña luz personal, semejante a excepciones como las que representa Bass (un correcto Brad Pitt, de orden y apariencia sensible) ante la idiosincrasia de una deshonra capital de la humanidad, de la que en esta historia sobrevive un mensaje importante. 

jueves, 10 de enero de 2013

Ruby Sparks


Pequeña Miss Sunshine (2006), ganadora de dos Oscars, uno por guion y otro por actor secundario para Alan Arkin, es un estupendo debut de Jonathan Dayton y Valerie Faris, la historia de una linda niña un poco gordita y de grandes gafas que quiere ganar un concurso de belleza, y mueve a su extravagante familia que colinda con la imagen del perdedor, el suicida, el drogadicto o el antisocial, a llevarla al evento en un largo viaje por carretera en una van la cual no arranca más que en tercera.  Esta gran ópera prima no podía más que augurar un segundo filme igual de potente, sobre todo teniendo tanta destreza en el desarrollo del guion y en la dirección que compone ese marco a seguir, no obstante ésta vez el ingenioso guion ha sido obra de la actriz y protagonista Zoe Kazan, y en ellos ha quedado la otra importante labor que tan bien han demostrado llevar. Pequeña Miss Sunshine tenía unos pocos defectos, alguno que otro exceso de entusiasmo, pero era una historia muy noble y tierna sobre la liberación de esa continua lucha por ser un tipo in y cool en medio de una vorágine despiadada que margina a muchos por su apariencia física o alguna particularidad de adaptación. Esta vez el nuevo filme, que cuenta como protagonista principal a Paul Dano, joven promesa del cine indie, que a su vez ha participado en grandes películas como Pozos de ambición (2007) y que repite trabajo con Dayton y Faris, es más ambicioso, mucho más complejo, y es una de las propuestas más originales que se pueden ver sobre una temática universal, el aceptar a los demás tal cual ellos son, y sí repiten esencia pero esta vez anclados al amor de pareja.

La historia se adscribe a la fantasía y al romance, con su toque dramático y hasta existencial, un día un exitoso joven escritor que no es muy sociable, quien en buena parte se mueve en la timidez, la soledad y lo anticuado, pensando en una nueva novela tiene la gran idea de recurrir a un sueño suyo que lo tiene embobado, en donde aparece la mujer perfecta en su opinión, una complicada, fresca y bella pintora que suele salir con hombres mayores y está buscando un cambio en su vida, un novio distinto, y la que suele tener la particularidad de usar unas medias vistosas de luminosos colores, no saber quién es Francis S. Fiztgerald y ser muy sagaz en la réplica y en su comportamiento. Todo sería muy normal si es que no fuera que dicha dama ideal se materializa en su vida cotidiana y real siendo entera creación de su imaginación en un reflejo de su propia personalidad, ego y deseo.

Calvin (Paul Dano), que suele asistir al psiquiatra siente que está volviéndose loco pero luego entiende que es participe de un milagro, y el sueño de todos los hombres, concebir a la mujer de sus sueños, con tan solo redactar en su vieja máquina de escribir como debe ser Ruby (Zoe Kazan, The Exploding Girl, 2009, mejor actriz en Tribeca). Sin embargo ese trayecto de felicidad, de previsión y fácil conformidad, docilidad, pronto se quebrará o se disolverá en esos naturales conflictos que empiezan a surgir en las parejas (ni siquiera Ruby es indemne a esto), y que son los que deciden si realmente una relación va a ser duradera. Como lo demuestran los diálogos con el hermano, quien nos cuenta una cierta desilusión con la ligera pero visible transformación de su mujer a lo que experimentan todos en los primeros momentos de amor, y de la cual en una oportunidad se ha separado. Es inevitable una adaptación, un acto de superación, de aceptación y de convivencia en un tira y afloja conveniente que pone a prueba a cualquier pareja.

En un inicio parece que el filme va a ser convencional con la ligera audacia de crear a alguien desde la mente de un escritor pero aunque los directores no tienen problemas en mostramos una “normal” realización afectiva en que se flirtea día y noche con la espontaneidad y la constante aventura en la difícil edad madura (el caso del eterno sensual marido en Antonio Banderas, en su enésima vez en que recurren a su carisma e imagen de latin lover, al cual le deseamos que se canse algún día cuando todavía le quede posibilidad, y en mención admirativa de una muy bella Annette Bening  a los 54 años de edad), optan por darnos algo mejor, especial e inteligente que como la vida misma nunca viene por el camino fácil. Y Ruby Sparks se convierte en esa maravilla de película que es, proponiendo mucho conflicto desde la claridad y elementos identificables, aun apelando a su lado fantástico que poco importa porque más parece una metáfora de la realidad, una excusa y una libertad para llegar más lejos, y como sabemos el arte busca sus propios medios para ser mucho más profundo.

El filme no opta por romper con su apariencia de ficción, sino se justifica en sus propios medios. Es o no realidad ese vínculo afectivo “irreal” poco importa sino su magma de donde emerge la historia. Así vernos una vez más retratados con tanta fuerza nos hace aplaudir el ingenio que le robamos desde la pantalla al amado séptimo arte.

Si algo raudos hay que elogiar es que sea tan contundente su retrato, que lleve mensaje casi sin proponérselo aunque en plena facultad y control. Y no falta un tono ligero, entretenido, audaz, su lado de comedia relajada pero aferrándose en verdad a un drama central y mayor, la dificultad de conocer y ponerse serio con el ser que amamos, verlo en toda transparencia, y es que los seres humanos, incluso lo menos originales y más simpáticos, conllevan algo de complicación, además de que este filme recurre a unos protagonistas bastante particulares pero sin ser para nada lejanos, Ruby, Zoe Kazan no implica belleza como prioridad sino se muestra como alguien elaborada siendo una más de nosotros en el anonimato, compleja no por culta sino por personalidad, que puede ser alocada o irreflexiva, al sacarse la ropa interior en una discoteca, al meterse a la piscina en una fiesta con un extraño, o cocinar muy bien y hablar francés, e igual luchará por esa felicidad recurrentemente esquiva y ardua aun en su cotidianidad , y en que importa mucho el amor y lo que hacemos por mantenerlo ya que esa es la elipsis y leit motiv del filme. Uno que destila un aire indudablemente trascendental desde la calidez estructural y que nos hace pensar en el mejor cine americano.