sábado, 12 de enero de 2019

Under the Silver Lake


Under the silver lake (2018) es una película con harto sinsentido, anclada a muchas ideas locas de todo tipo, con noir, algo de terror y su toque de ciencia ficción. Dirige David Robert Mitchell. Sam (Andrew Garfield) es un slacker que está a punto de ser echado de su apartamento cuando queda prendado de una chica bonita (Riley Keough), pero ésta desaparece misteriosamente y empieza en él una obsesión por hallarla. En adelante juega con lo extraño y se dedica a seguir pistas fantásticas. A todo esto se le suman mil historias de lo más raras como la asesina con rostro de búho; o el rey de los vagabundos, que recuerda a El rey pescador (1991). Todo llega hasta el misticismo hippie; y huele por todas partes a Thomas Pynchon.

Ésta propuesta muestra mil historias, mil vueltas de tuerca y un continuo camino de sorpresa en sorpresa; contiene mucha originalidad o, mejor dicho, buen manejo de su temática –la locura-, pero por lo mismo también mucha arbitrariedad. Nada tiene lógica, o no una normal o convencional, auto-gestionándose cada cosa un mundo alternativo donde hay mucho culto al cine y al entretenimiento; hay putas bellas y jóvenes que parecen modelos, fiestas estrambóticas y fastuosas, teorías particulares por doquier, un compositor terrorífico híper capitalista destructor de ilusiones y un sinfín de personajes bohemios.

La ciudad de Los Ángeles ostenta un papel importante en el filme, con su camino de sueños, como ya lo expusiera Mulholland Dr. (2001), de losetas doradas, y sus desilusiones y tragedias a la par, donde la ciudad tiene un rostro festivo y de ilusión; y otro más oscuro, menos conocido, producto de que la celebración del entretenimiento es potente. Pero aunque Andrew Garfield hace de un chiquillo “ordinario”, pero con atractivo físico aunque sin esforzarse en mostrarlo, a quien se le abren todas las puertas, el filme se pasea por lo más llamativo, suntuoso y lujurioso de la zona, pero todo bajo un aire fresco, de juventud, cool, moderno, actual y desenfadado, aunque más tarde se diga que todo es producto de lo contrario, de lo viejo, feo y la ambición fijación del dinero, a costa de su invisibilidad, mientras brilla lo pop, lo universal.

En el filme hay mucha sensualidad, está la amiga que viene disfrazada sexualmente, la vecina mayor mostrando siempre las tetas, la chica del globo que parece anime, la chica de la película del cabello corto y los zapatos de plataforma gigantes, la hija bisexual del millonario desaparecido, las muchachas “secuestradoras”, hay mucha mujer hermosa, erótica y sexy. Por el lado de los hombres sobresale Jesús (Luke Baines), como el tipo sensual y típico músico de la modernidad, del sonido underground –no obviando que hay en la propuesta un culto al grupo Nirvana-. Topher Grace tiene un pequeño papel, y aunque es muy cool y está medio irreconocible representa a la sensatez.

El que es un loco de atar es Sam. No obstante el filme siempre le da la razón y a las teorías descabelladas que persigue, pero que no dejan de tener cierta ironía –aunque en menor medida-, como cuando Sam termina tranquilo tomando yogurt detrás de un supermercado tras mil vueltas, pasajes y pistas increíbles. El filme aunque cree en lo que hace, es decir, no es una comedia, es la investigación de un supuesto crimen, tiene también su humor negro, su toque de crueldad. Hay escenas gore; y otras violentas, como cuando le pegan a los niños malcriados.

La escena con el compositor demoníaco y los desnudos con la hija del millonario en el agua son potentes, impresionan, pero también por su estética. La chica del globo (Grace Van Patten) o Jesús igual visualmente. Under the silver lake tiene escenas estéticas austeras también, pero todas revestidas de alguna grandilocuencia teórica hacia el absurdo. Es un filme contundente, a pesar de tanta extravagancia y locura, donde no se salvan ni actrices del cine mudo ni los clásicos de ciencia ficción más míticos.