martes, 13 de febrero de 2018

Días sin huella (The Lost Weekend)


El director de ésta película fue uno de los máximos genios del cine clásico americano, Billy Wilder, con obras maestras como Sunset Blvd. (1950), Ace in the Hole (1951) y Love in the Afternoon (1957); películas muy populares y queridas como The Seven Year Itch (1955), Some Like It Hot (1959) y The Apartment (1960). Tiene muchas comedias de gran nivel en su filmografía, donde fue un maestro del humor inteligente, elegante y afín a muchos. Pero también tiene películas dramáticas o más serias en su haber. La máxima de éstas películas es Días sin huella (1945), ganadora de 4 premios Oscar.

Días sin huella nos pone a Ray Milland –ganador del Oscar por ésta actuación- en la figura de un alcohólico, Don Birnam, que no puede controlarse y quiere beber todo el día, todo el tiempo piensa en esto. La película tiene un realismo y una dureza bárbara, no da pie a medias tintas, el alcohol se asemeja a un uso mortal y extremo propio de las peores drogas. Don es un tipo al que vemos vivir para emborracharse. Tiene una novia hermosa, bondadosa y refinada (Jane Wyman) y un hermano preocupado por él y caritativo (Phillip Terry), pero Don siempre trata de engañarlos y alejarse de ellos en el alcohol.

Desde el principio Wilder nos pone las cosas claras con Don, con una botella que cuelga de una cuerda en la ventana para que no se la quite el hermano. El tipo se siente un perdedor, sabe que sólo vive para beber, para engañar a su hermano y a su novia, y poder conseguir una botella. Alguna vez quiso ser escritor, pero su miedo lo venció, aún tiene la máquina de escribir, pero no tiene la perseverancia para sentarse a hacerlo. Su lucha con el alcohol también es por su autoestima, no confía en sí mismo. Es una película clásica, pero oscura y muy dura, aprieta al protagonista hasta las últimas consecuencias.

El filme tiene una escena magistral en que Don está en una ópera, mira La traviata, y cuando todos en escena beben, celebran, Don piensa en la botella que escondió en su gabardina. Entra en fijación y empieza a sufrir cada segundo por un trago cuando observa a todos beber. No sólo ahí se muestra de cuerpo entero, suplica y roba por licor. Se humilla hasta lo máximo.

El filme de Wilder no pretende ser una historia bonita, cándida, es ciertamente muy cautivante y entretenida, como la mayoría de las películas de éste gran director, pero es brutal en su figura, en mostrar la total degradación de éste hombre, que pone en segundo plano a sus seres queridos. Hasta el barman lo mira con desprecio, no puede creer que sea digno de su novia. Mención especial de una mujer de la vida enamorada de Don, interpretada por Doris Dowling.

Don es un tipo que se mueve en la cultura, pero se muestra como el tipo más vicioso, tiene la mente encerrada, pero éste sabe su situación, sabe que es un alcohólico de lo peor, que todo para él es beber. En ese lugar entra a tallar la nobleza, lealtad y sensibilidad humana. Es un filme visceral, cargado de emotividad, de sufrimiento y también del amor verdadero de los próximos. Es una poderosa y magistral historia que muestra el abismo de un hombre.

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