lunes, 13 de julio de 2026

A Slight Case of Murder


Ésta es otra de las películas del americano Lloyd Bacon que se destacan de su filmografía y es otra comedia del noir o de gángsters, donde mostró habilidad, llena de humor negro. Es una película que es una screwball comedy y lleva un tono en varios ratos seco, si bien es un filme de notable ritmo, muy dinámico. Su humor tiene momentos afilados como cuando bromean con los cadáveres de los rivales del protagonista, el capo mafioso Remi Marco, interpretado por el mítico Edward G. Robinson quien hace de un tipo que tras llegar la legalidad del comercio de cerveza plantea volverse un empresario honrado, sin embargo ahí vemos que los prestamistas pretenden jugarretas. Hay varias bromas entre ser alguien vulgar y querer ser personas más refinadas, como con la manera de hablar o dirigirse a la gente, que está bastante trabajado con la esposa de Marco, con Nora (Ruth Donnelly). Se oye una broma como que ella viene de abajo en sentido de ordinariez. La parafernalia de ser legal es ser al mismo tiempo rico y elegante, ver ahí también oportunidades. Marco tiene tres hampones que hacen de sus sirvientes en la transición a la legalidad. Sobresale Allen Jenkins entre estos secuaces quien parece salido de una película de gángsters de Martin Scorsese o, mejor dicho, parece un típico italoamericano. Edward Brophy es otro secuaz, pero más abiertamente cómico, torpe. El entendimiento de qué ha sucedido en la casa con un robo se mueve dentro de lo rápidamente práctico, funcional, porque el filme tiene mas que ofrecer o derivar e interrelacionar. En una fiesta a lo Bachelor party (1984), estilo cine clásico, donde el suegro millonario hipocondriaco dice que la casa está llena de idiotas y lunáticos, tenemos a un policía -habiendo hilaridad con reconocer quien es y a que viene- y a un asesino en pleno plan criminal pululando en una mansión llena de mafiosos, ex-contrabandistas y apostadores, junto con una esquiva alta suma de dinero que es capaz de solucionarle la vida a Marco. Es una película que opta por soluciones básicas, pero que genera mucho movimiento. Maneja muy bien el caos, sin perder elegancia clásica. No obstante tiene un humor que a veces se pasa de fino/sutil, pero con mucho uso de la jerga más inocencia para sacar risas atentas. También hay bromas que identifican perfectamente el mundo de los matones, con lo pedestre. Como elemento extra está el niño huérfano Douglas Fairbanks (Bobby Jordan con 15 años) con un lado humanitario y social de Marco. Es una película que se le puede sentir con altibajos -donde asoma sequedad para bien y para mal o cierto silencio negativo- o de camino sinuoso o como que aguantas el aliento para soltar finalmente el aplauso, pero el conjunto es memorable, si bien rompe un poco el molde en distintos (ambos) sentidos, con cierta humildad pero con personalidad que puede ser imperfecta, incluso con un talentoso y maestro en el género noir como Edward G. Robinson. Es notable (sólida) la representación del matrimonio que hacen Robinson con 45 años de edad y Donelly con 42. Su interacción se percibe como un plus, que vuela más allá de la popularidad. Llevan todos los valores clásicos imperecederos, tal quien dice: en las buenas y en las malas; o en lo ilegal y lo legal para más humor negro.