martes, 3 de julio de 2018

Vamos a matar, compañeros


El italiano Sergio Corbucci hace una película contextualizada en la revolución mexicana, con dos líderes revolucionarios enfrentados y muy distintos entre sí, uno utópico, idealista, interpretado por Fernando Rey como el profesor Santos, y el otro, un tipo bastante corrupto y salvaje, en el general Mongo (José Bódalo), genial en su rusticidad. Pero la fiesta viene con los dos héroes, porque el presente aunque un spaghetti western también es una comedia.

El filme pierde algo de valor porque cantidad de momentos privilegian la broma que la acción. Pero es una película entretenida aun así y también le sobreviven muchas escenas intensas. Los 2 héroes son El Vasco (Tomas Milian) y el sueco Yodlaf Peterson (Franco Nero).

Entre El Vasco y el sueco surgen muchas bromas, con un Peterson muy listo, tanto como ambicioso, y un Vasco humilde y medio tonto pero muy corajudo, como un creyente en la revolución, salido de abajo, empieza de lustrabotas. Peterson le toma el pelo a su amigo todo el tiempo, El Vasco aun así exuda mucho carisma y tiene sus ratos de pequeña revancha.

Ambos pasan momentos de indefensión –el astuto Peterson siempre está a puertas de morir, aunque mantiene su sentido del humor- y requieren de la suerte o del otro para vivir. Corbucci bromea en toda libertad con la imagen de sus héroes y mantiene su bravura con las armas.

Otro puntal curioso es el de un tal John (Jack Palance), típico nombre americano y cowboy ruin, que se parece en el accionar al sueco, ambos se ven movilizados por el dinero. John es aficionado a la marihuana, tiene una mano artificial y carga un halcón que ama. Todo esto apunta a crear un rival atractivo en el plano de la imagen, aunque en la acción en sí genera poca magia. Jack Palance no está particularmente inspirado, se le aprecia mejor más serio, rudo.

Es un filme que se burla un poco de la revolución o da a entender que prefiere el espectáculo. Se celebra la violencia como entretenimiento, se celebra el western no tomándosele demasiado en serio. En la parte política –que hay mucha, sin mayor profundidad- la broma dispara por todas partes, el sueco puede ser visto como un extremo capitalista y el Vasco como un idiota revolucionario, más una figura a lo Che Guevara, lo mismo con Santos, como un tipo inocente, y a Mongo como un mentiroso, un oportunista, un clásico político.

Lo mejor del filme es la interacción entre Milian y Nero, actores representativos del spaghetti western, prestos en ésta oportunidad a la comedia, a bromear con su imagen. Como están en toda la película -que abre con un duelo entre ellos- hay que decir que es una película decente, salvaje, como algo en bruto. Mención especial de la belleza de la alemana Iris Berben como una creíble mexicana, rústica, sensual, combativa, aunque secundaria.

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