domingo, 13 de enero de 2013

Looper


Rian Johnson se ha hecho más popular a nivel mundial pero aun no despega hasta lo más alto del séptimo arte en su país y de ahí irradiar al resto gracias al poder de su cine, pero está en ese camino, intentándolo y muy bien. Con la presente película nos demuestra que es capaz de manejar ingeniosas tramas, complejas ideas, ya que unir cabos entre el futuro y el presente en el cambio de la acciones producto de la tergiversación de lo que hacemos en el tiempo no es asunto sencillo, y no solo es eso sino que llega a urdir su propia imaginación colocando elementos nuevos y fantásticos, que son varios. Un rasgo de su inteligente propuesta es que se aboca a su tema y no trata de abarcar más de la cuenta ya teniendo mucho entre manos, para ello recurre a salidas ingeniosas en los diálogos, como quien quiere decir que sabe pero no necesita decirlo y ahí la elipsis no se echa en falta ni la trama necesita de mayor contexto. Looper para quien escribe ha sido una gran sorpresa, se esperaba un filme comercial trepidante y de alguna forma predecible pero el ingenio puesto ha dado un escalón más en su haber, algo que admirar.

Y no es primera vez que Johnson hace algo que parece muy original, ya en su primer filme, que se ha convertido en uno de culto, Brick (2005), se veía su habilidad con las  mismas características que Looper. Brick, es un neo-noir ambientado en la escuela secundaria, que también cuenta con el protagónico de Joseph Gordon-Levitt. La trama gira entorno a la ex novia desaparecida de Brendan (Gordon -Levitt) a la que no puede olvidar y que se halla metida con drogadictos y dealers en su promiscuidad y adicción. Una vez que ella balbucea algunas claves del relato en una conversación telefónica se da la búsqueda del misterio a manera de según declaraciones del autor de una típica historia inspirada en Dashiell Hammett (maestro de la novela negra americana) a quien admira y del cual se empapó tras ver Muerte entre las flores (1990) de los hermanos Coen. Brick se mueve aunque seriamente en medio del imaginario de una historieta, con algunos toques infantiles y fantásticos, bajo los prototipos que no faltan en el género literario, donde the pin es un chiquillo espigado y cojo que lidera el negocio de las drogas, pero aunque vive en un barrio pobre vistiendo elegantemente, comparte hogar con su madre que dulcemente atiende a su amigos, o Tugger es un joven matón bruto del tipo rapero que solo sabe golpear a todo el mundo, mientras no falta la femme fatale en la bella y sensual joven actriz Nora Zehetner que aunque desconocida me recuerda a Natalie Wood, o de otra vampiresa y explotadora que es aficionada al teatro y que viste muy cool en Kara, como tampoco la ayuda de un chico muy racional al que idóneamente se le conoce como el cerebro. Es una buena propuesta que luce sencilla visualmente pero que tiene un guion muy intrincado pero bien estructurado en donde se unen muchas aristas, se mezcla el amor, la droga, el robo, la mentira, la manipulación y la venganza, y no es hasta el final en que se descubre y se sabe la verdad, satisfactoriamente explicada. Como más tarde se ha podido ver en looper donde todo encaja perfectamente.

Looper nos remite al año 2042 en que unos asesinos a sueldo (los loopers) reciben del futuro, del año 2072, de la mafia que no puede ejercer el homicidio, a través de una máquina de regreso en el tiempo ya inventada por esa época, a tipos marcados para la muerte. Su deber, simplemente matarlos y cobrar su paga. Sin embargo hay una cláusula especial que cumplir sino serán ajusticiados en su actualidad por la empresa a la que remiten, si dentro de 30 años siguen vivos deberán ser enviados en el tiempo y ser asesinados por ellos mismos o por sus compañeros, ya que se quiere borrar todos los rastros de criminalidad. Y todo va “sobre ruedas” para Joe, el actor Joseph Gordon-Levitt, aprendiendo francés para su retiro millonario, solitario, sencillo, con una pareja sin ataduras y promiscua siendo asesino y adicto a las drogas. Cuando le llega lo que parece un trabajo más, y no es así, le viene desde el mañana su yo posterior (Bruce Willis) con su propia motivación entendible y hasta noble si bien el fin no justifica los medios, que no solo es no dejarse matar sino perpetrar algunos asesinatos por su cuenta que trastoquen su devenir y el de su pareja, y en ello se dará una lucha y una persecución y sobrevivencia en varias direcciones.

Algo que no hay que olvidar es que estamos inmersos en un contexto de puros criminales y a fin de cuentas amorales véase como se vea, algunos no hoy sino mañana pero todos son gente carente de la salvedad del ideal que se suele seguir, por lo tanto el desorden que propicia el Joe viejo ya viene adscrito desde el inicio. Ni el personaje de Willis, ni el de Levitt o el niño que será el hacedor de lluvia (además ya denota inestabilidad y peligro con sus poderes de explosión) son ni serán impolutos. Por lo que las decisiones que se toman versan sobre la humanidad desde cada uno y son en esencia aceptables, el amor por la esposa, por la joven de la que recién se ha enamorado (una bella Emily Blunt con un acento rural americano muy bien desarrollado, y agradeciéndole su natural belleza aquí sin tanto artificio) o por el hijo, pero como se ve todos llevan consecuencias que perjudican  a un tercero. Al final, visto bien, el filme se resuelve de la única forma lógica, pero se debe de decir que no llega a ser predecible, gracias a los momentos bien desplegados de los propios intereses, a los nuevos descubrimientos progresivos, muy bien distribuidos, a los encuentros de los distintos bandos y esa secundaria bisagra en Blunt. La organización de los loopers tampoco representan a los malos –en sí como se ve todos los entes activos lo son- sino solo cumplen con lo que hacen, a su reglas, y Joe en ese sentido no puede achacarles nada siendo uno de ellos y sabiendo de que trata, incluso llega a ponerlo en práctica con su mejor amigo (en el papel de Paul Dano), por no perder su dinero.

Una curiosidad de la propuesta es ver que Gordon –Levitt tenía un rostro medio raro, y eso se ha debido a que lo han transformado con maquillaje a los rasgos faciales de un joven Bruce Willis, para hacer más creíble la noción de ser los mismos. Algo irrelevante en realidad pero que habla del perfeccionismo del autor. A su vez “sorprende” ver, y es que uno tiene pegado en la mente su vena cómica, a Jeff Daniels como el jefe de los loopers en el presente. No lo hace mal pero no logra cautivar, sino resulta muy anodino, y eso invoca la poca fuerza que representa a la hora de la verdad su organización, y es que la acción de estos no logra ni hace nada impresionante (predomina un cuidado en ello, que termina siendo correcto y justo para el total), pero si vemos la ironía de que se enfrentan a Willis y lo que uno se predispone con Daniels, todo muy coherente. Además, es algo paradójico, porque el filme carece de buena comedia, el lado tonto lo quiere dar en parte el personaje de Kid Blue (Noah Segane, asiduo en los filmes de Rian Johnson) y pasa muy por debajo, no por él sino por su papel. De todas formas esa ausencia de relajo en la broma en general no se hace estimar, salvo cuando en pocas ocasiones se le busca y falla, siendo algo menor ante tanto logro.

Visto desde adelante hacia atrás todo parece muy sencillo, y eso enaltece la obra ya que es redonda, consciente de su ingenio y estructura, no hay falsedades ni rarezas aun siendo una cinta atípica y audaz, es ante todo un cine transparente, racional. Se puede ver que Johnson ha construido una tela de araña perfecta que se cierra en cuanto se toma noción del entorno, de los acontecimientos y vertientes, cuando ya el futuro yace limpio, y nuevamente predomina la virtud máxima del filme, aprender, ser mejor, aunque unos en realidad estén equivocados, y lo notamos ante lo que define y reúne todo.  El filme se puede definir en algunas palabras claves que llegado el momento  saltaran como chispas en el espectador y no en el arranque sino en el desenlace pero en la misma senda, si afinamos la vista notaremos que Rian Johnson ha seguido las antiguas coordenadas de Brick pero con un presupuesto mayor, con actores famosos, con una estética y efectos especiales de primera. Y ahí yace el ejemplo de lo que significa apertura económica, poder hacer más perfectas visualmente las ideas, que son como ha demostrado el director lo más importante. Y por lo tanto, Rian Johnson nos alienta a pensar que al cine comercial americano le espera una mayor luz de grandeza gracias no solo a directores como Ben Affleck o Christopher Nolan sino también al traspase de algunos cerebros del mundo indie como él que toma fuerza y al que le auguramos más éxito.

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