domingo, 20 de enero de 2013

Las Sesiones


As Good as It Gets (Mejor…imposible, 1997) es una de las mejores comedias que he visto, y no soy muy próximo a elogiarlas, dotada de un humor sarcástico pero aun así fino, repleto de ingenio. Con dicha película Helen Hunt ganó el Oscar, y por esa época ella era de las mejores estrellas del cine comercial americano, con películas muy populares y simpáticas como What Women Want (¿En qué piensan las mujeres?, 2000) y Pay It Forward (Cadena de favores, 2000), y la serie de televisión que encantaba en Estados Unidos, Mad About You, (Loco por ti, 1992-1999), sin embargo Hunt decayó y prácticamente desapareció de lo mediático, sin embargo con la presente vuelve como un ave fénix, obteniendo una nominación por mejor actriz principal. Con ella, dos actores de primera, el prometedor  John Hawkes, y el siempre interesante pero eterno secundario William H. Macy. Un trio que hacen una solvente actuación.

Un rasgo notorio a recalcar es que a pesar de que Hollywood suele premiar personajes como el de Hawkes, un tetrapléjico con apenas el movimiento de su cabeza, no lo ha nominado, y eso es un llamado de atención para aquellos que suelen decir que el Premio de la Academia es un lugar predecible (lo es en cierta filosofía como en cualquier otro certamen), pero menos esta vez con tantas nominaciones para Michael Haneke y una de director para Benh Zeitlin en su debut cinematográfico (aunque ellos premian calidad y no cantidad lo que es razonable pero igual nos sorprenden). Lo que no resulta irrefutable es cuando achacan al Oscar de ilógico muchas veces, y en realidad aunque tiene algunos buenos errores no deja de ser una gala competente. Pero yendo al asunto es una muy digna actuación (la elección de Hawkes hubiera sido tan inteligente como la de Hunt), sobre todo porque no se trata de un (estereotipado) melodrama sino de algo curioso pero vital en todo ser humano, la realización sexual, con la particularidad de dicha minusvalía.

Mark O'Brien (John Hawkes) aún es virgen  llegando a los cuarenta, solo se ha enamorado y pedido matrimonio a una única mujer y no hace mucho siendo rechazado, cuando le recomiendan una terapeuta sexual (Helen Hunt). Y ella dice en su primera presentación, esto es muy llamativo para evitarlo, que no es una prostituta, y el escenario es este, ella está casada, su marido sabe del tipo de terapia que hace y es un filósofo casero sin trabajo, mientras la mujer en cuestión  accede a dar seis sesiones por cliente explícitamente sexual con toda forma incluida. Claro, ella graba sus intervenciones, las analiza, tiene contacto con otros especialistas y es sumamente profesional, asumiendo coitos, sexo oral y prometiendo hasta orgasmos a su vez, más un trato cariñoso y educado, y parece todo muy complejo, y quisiéramos no ver la realidad, pero sin duda es una prostituta, y ella dice que porque no tiene deseo natural, excitación, no lo es, y resulta peor aún visto a esa luz, pero claro no es una ninfómana. Y el filme es un poco raro tanto en forma como en fondo, tiene un aire frío, realista digamos, en que el sexo se habla y se ofrece directamente, duro y al grano, aun con toda la dulzura y paciencia del mundo que esconde su verdadera naturaleza, una transacción de dinero por concebir actos sexuales, hay un aura de cierta falta de gracia en los actos, que está perfecto, en la vida esto se apega más a esa imagen, sin adornos, pero luego el filme quiere agradecer y enaltecer a la terapeuta sexual, y resalta su flagrante ambigüedad moral, que se ve desde darle satisfacción a un minusválido como un acto de caridad y bien social, muy noble pero también que implica indisoluble y predominantemente que se trata de promiscuidad, banalización e infidelidad. Y no es todo, muy moderno el filme, el mejor amigo de Mark es un sacerdote que escucha sus confesiones y le apoya, como no podía ser de otra forma, sino sería un convencionalismo y una negatividad que el filme no quiere, y es reciproca la amigabilidad que se esperaría.

Helen Hunt luce impresionante en su actuación,  ella es muy natural y le da dignidad y credibilidad a su papel, se desnuda sin problemas, lo hace continuamente (y ya está mayorcita, pero tiene un cuerpo trabajado, delgada y con curvas todavía agradables pero sencillas), y le da un descaro y confianza que hacen del personaje algo muy sólido, y ayuda a solventar la idea del director, que es más que una prostituta, además de colocar emotividad y sensibilidad que se hacen indispensables bajo dichas expectativas. Es un filme “particular” en su trato (si bien siendo de muy mente abierta es algo típico), pero se entiende la necesidad en la que la terapeuta se convierte, en la satisfacción y felicidad que brinda, y ese agradecimiento de alguien débil y especial es el que se asume. Y es coherente con ese mítico lugar común de cualquier ser humano, que suele terminar enamorándose de las prostitutas, ya que tampoco dejan de ser hombres y más estando en condiciones de fragilidad interior, hasta es más razonable ya que en efecto es un acto con condiciones que llenan un vacío muy grande.

Es un filme medio bobalicón no hay que negarlo , pero muy real, sincero,  y para ser más aceptado se le reviste de belleza, se le cubre de una atmósfera de mayor cuidado, sin embargo de esta manera piensan muchos en verdad, y es que la prostitución con minusválidos no será como se quiere prodigar, algo propio de santos, el vividor y pobre diablo del marido hasta lo recalca, pero es un quehacer universal que es inevitable y es hora de reconocerle algo, a la prostitución, pero sin engañarnos, o hacer como el filme convertirlo en algo romántico, dándole una personalidad imaginativa, Cheryl  menciona en un momento que no entenderían que es lo que hace, por supuesto parece que ella y el director Ben Lewin sí, y todos también sin coincidir en todo, porque tampoco se puede uno cegar y fabricar una fantasía que no es, ni para un lado ni para otro absoluto, mucho menos el del ideal en lo que tiene de amoral, por eso hay que reconocer que es una furcia y no el bonito nombre de terapeuta sexual, no cambiemos la esencia ni lo que es, para aceptarla, lo que hace el filme un tanto fallido en su mensaje y artificialidad pero si muy atractivo en su complejidad aun apuntando a la aprobación.

Al cabo de tener en gran parte del metraje un aire seco, práctico, pero amable y simpático, no se puede evitar una cierta estética para ello aunque un poco deslucida, luego se muestra sentimental en el personaje de Mark (en ella es una treta de una filosofía notoria), lo hace en el momento justo, ya no buscando la rápida conexión con el público, que se gana el tema sin esfuerzo y es muchas veces un error acometerla demasiado, sino para darle forma al hombre, que su estado implica sensibilidad y no hay que evitarla tampoco, que el cine no puede ser indolente con su tipo de vida, con su dolor, pero también creemos en los cuentos optimistas manteniendo un aire de cierta tragedia que habla solo intrínsecamente, en el filme revisado sin mucho drama, sin inquirir en la lagrima fácil, siendo la trama ante todo un recuerdo agradable el que se administra, y es loable verlo distinto de vez en cuando, aun con esa ilusión del agradecimiento, que es respetable visto bien. Además el filme nos dice que se basa en artículos de un tetrapléjico real, es su visión, su sentir, uno muy humano. Y el filme recoge esa sensación, fabrica esa contradicción, entre un realismo físico y un romanticismo espiritual.

El desenlace sucede muy raudo, y resulta tan abrupto que se hace endeble, también la relación de la asistente y el recepcionista del hotel se ve nada significativa, innecesaria. Hawkes hace un estupendo papel, podemos ver que en efecto es un tipo poético y aquejado por la fragilidad, además de su miedo e inexperiencia muy bien desarrollado, y su entusiasmo en el descubrimiento sexual se luce contundente. Quizá no está nominado porque yace todo el tiempo en un estado de contento o mejor dicho, de tranquilidad aun petrificado en un camilla con la proclividad a la falta de oxígeno (otro punto negativo es cuando se va la luz y está solo de noche en su burbuja de aire, pasa por tres momentos veloces, primero resulta predecible, luego poca cosa -como si se arrepintiera el director-, y termina siendo algo mayor sin ahondarlo), sin exudar sufrimiento, y lo que busca es lo que no esperamos de un discapacitado, pero es un gran tema, una historia muy potente, te atrapa totalmente, una banalidad en él que no lo es tanto, ya que todo hombre tiene deseo sexual.

Es un filme imperfecto, con aire a un lado europeo y luego americano, que nada en aguas de originalidad explotando la leyenda urbana y un tipo de lugar común. Dulce discretamente, la playa y la reflexión de la culpabilidad. Simpático, cuando piropea a las damas, cuando se lee su poema. Notablemente realista a ratos, la última de las sesiones. Pero también tonto o fácil, cuando Cheryl empieza a cambiar o en el intercambio de miradas en la iglesia. Y es atrevida a un punto pero honesta en el sentir de su protagonista, que es lo más importante. 

jueves, 17 de enero de 2013

Batman: The Dark Knight Returns parte 1 y 2

Jay Oliva viene de trabajar de storyborder con muchos superhéroes como Linterna verde, Hulk, Batman, Spider-Man, Superman, La Mujer Maravilla, La liga de la justicia, y otros personajes como Robocop y Winnie Pooh; es él quien dirige las dos películas que trataremos, basada en 4 cómics de una serie hecha por Frank Miller (Sin City, 2005).

Jay Oliva en Batman: The Dark Knight Returns (parte uno: 2012 - parte dos: 2013) se muestra como un gran storyboarder, y no solo queda en ese lugar, sino que nos entrega a continuación una magnífica adaptación animada en dos partes del superhéroe que más ama el mundo, con perdón de Superman, Spider-Man y The Avengers que intentan hacerle la competencia

Otra película de la que hablaré de paso es Batman: year one (2011), de Sam Liu y Lauren Montgomery, también creada por Frank Miller, en 1987, un año después de la presente. Los cómics de Batman: The Dark Knight Returns son de 1986, a diferencia de los filmes que han invertido su lugar de exhibición. Batman: year one es un filme muy intenso, que nos remite al inicio de la construcción de Batman en una ciudad caótica donde el crimen reina hasta el punto de que la policía está totalmente corrompida, pero no está solo ya que al mismo tiempo aparece un compañero dentro de la legalidad, con quien codo a codo lucha por rescatar a ciudad Gótica, el detective de policía James Gordon. En paralelo se nos da la historia de ambos. Mientras uno crece y aprende su lado enmascarado de la justicia, el otro se enfrenta a la agresión y desconfianza de los corruptos compañeros, de la supervisión abusiva de su jefe y de una relación extramatrimonial mientras su esposa está embarazada. A la luz de un humano pero idealista Gordon que tiene fuerte presencia en el conjunto vemos a un Batman decidido, aceptando y proyectando su pasado, en datos a grosso modo pero precisos, mientras asume -y se asume- su papel en la salvación de la ciudad. Por ahí se ve la historia de Selina Kyle y su transformación rauda en Catwoman; sus habilidades de combate y su choque con el murciélago humano.

Batman: year one comparte vínculos con Batman: The Dark Knight Returns, siguen algunas ideas en común, aparte de provenir de una renovación dictada por la pluma de Frank Miller, su trazo veloz y un aura de arte rompedor nada limpio; tienen un destacado pero parcial tono realista, cercano a los cotidiano en varios rasgos, a los problemas identificables aunque dentro de una ficción y una aventura fantástica propia de cómics de superhéroes (más la segunda parte), como su modernidad y su lado cool, su soltura, su explicites en la acción y sus repercusiones en los combates, su ir a complacer más al adulto que a los niños, su agilidad narrativa y su claridad argumental sin perder un tono humano y mayor al simple dibujo animado de primera referencia, o sea el infantil, sino saciar ese lado oscuro que muchos creemos es la verdadera y mejor identidad del cómic que muchos apreciamos. Otro rasgo es que Batman, aunque muchos no lo ven así, vive una fuerte represión hacia su persona oculta, la que es una necesidad, entonces cuando la ciudad  vuelve a caer en el caos, en la alta criminalidad, en la anarquía y su peligrosidad callejera, y la policía no puede detenerla, se requiere de su presencia. Sin embargo la trama de The Dark Knight Returns nos presenta un nuevo contexto, bastante especial y opuesto, Bruce Wayne tiene 55 años de edad, yace retirado hace diez años tras la muerte de Robin, Jason Todd, y decide como anuncia el título regresar.

La primera parte de Batman: The Dark Knight Returns, nos pone como entes de destrucción e inseguridad a los denominados mutantes, una pandilla de punks que son inhumanos y asesinos implacables, naturalmente proclives a la violencia pero anclados al servilismo límite (matan a un niño aun recibiendo el rescate económico por él). Los mutantes tienen un líder muy parecido al Bane más ligero que uno conozca, solo puro músculo, y lo que se hace complicado al enfrentarlo, su juventud. En cambio el hombre murciélago está viejo pero sigue fuerte, valiente y confiado en sus nociones, por lo que vemos que hace frente a todos con esa misma agilidad de antaño, salvando algún esfuerzo extra. No obstante ahí es nada porque sale a flote no solo por su inteligencia, sus recursos técnicos, su osadía, sino con su capacidad de pelear a puño limpio. Acepta pelear cuerpo a cuerpo con el mastodonte, inmisericorde y bruto líder mutante, en dos oportunidades; la segunda ya con algún truco bajo la manga pero igual de aguerrido.

El relato es sencillo y es artificialmente nostálgico, como en un colofón glorioso que es lo que apunta constantemente, un ir hacia adelante frente a la lentitud, al pasar de los años, pero en donde a nuestro héroe le queda ante todo la experiencia si bien parece no haber cambiado en realidad. Aunque luce como un anciano sigue siendo Batman. Le da duro a todo el que se mete con él y no se podía esperar otra cosa, por lo que es, un cómic que con buena dosis de modernidad y audacia también requiere de ciertas constantes tradicionales, sino no existiría. Lo  mismo le pasa a fin de cuentas y en otro grado mucho menos notorio a Christopher Nolan y la discusión de que era o no realista, lo cual parece algo bastante tonto de pedirle a un personaje de historieta, y es que desde el arranque se nos muestra inverosímil, solo irrigado por unos pocos rasgos realistas pero que es una fantasía en toda regla.

Otro rival es Dos Caras, que nos dice literalmente –y en varios planos- que uno aun con cambios físicos sigue siendo el mismo. También destacan algunos toques de recuerdos que son muy escuetos pero son como brillos iluminadores, que hacen al héroe quien es, exhiben sus rasgos de identidad ya muy populares. Batman no deja de tener ese fuego en su interior ni con avanzada edad, yace inamovible ese combate por superar sus pérdidas y en quien lo ha convertido (depende de ello), bajo la curiosidad en el filme de monologar con su propia psiquis de forma exaltada, y es que si vemos bien Batman está un poco loco. Además, en pantalla se da la sutil ironía, en realidad de siempre con el personaje, para quienes decían de que Robin tenía un aire afeminado; la elección de una niña lo hace algo muy esencial, muy descarado, pero entretenido, como es siempre éste magnífico superhéroe.

La primera parte no auguraba algo destacable como ha sucedido, los mutantes son bastante planos como personajes, no representan mucha imaginación en el trazo ni en el fondo. No obstante todo el paquete es lo que la hace sumamente agradable, y aun con estos enemigos se hace audaz. En total, entre ambas partes, mucho importa ver la trasformación del tiempo, ese nuevo contexto desplegado como impremeditado, en cada presencia dentro de una novedosa interpretación visual y hasta en parte de su fondo, todo envuelto en un aire de cierta modernidad. Tenemos la infaltable y constante prensa, las autoridades, las entrevistas a analistas y psiquiatras, la intervención de un presentador de televisión, que la hacen una historia más mediática, analítica y referencial en su discurrir predominantemente ligero.

La segunda parte gracias al ambiente anterior –concreto y bien desarrollado- se dedica a ser solo un poco original en su trama, en la misma dirección pero ya de forma menor recogiendo la miel que le precede, pero nadando en personajes más atractivos a través del hecho de estar consolidados y ser un gancho seguro en el espectador que no se cansa de volver a verles. Surge siempre clásico el Joker como rival, que con él es como dicen que un superhéroe no sería nadie sin un buen antagonista. El plan es sencillo y es un macguffin, pero termina siendo una matanza insaciable y un enfrentamiento final muy duro y explícito. Hay más, Batman se enfrenta a Superman estando viejo. Es el hombre intachable que obedece al gobierno de Estados Unidos, versus el que es un audaz, efectivo, justo y exitoso outsider, metafóricamente interesante. Esto uno no lo puede creer sino lo ve y es que viendo lo que ya nos han reflejado parece una lucha imposible, aun siendo Batman, y juega como connotación doble, porque es un hombre contra uno que no lo es, sino de otro planeta con poderes superlativos, mucho sabiendo que el hombre de acero sigue siendo el mismo de antaño, joven y poderoso.  

Ésta segunda parte aunque en realidad no aporta casi nada nuevo en su superficie y utiliza un refrito muy gastado en una nueva guerra atómica entre una ulterior Unión Soviética y el país de las barras y estrellas por un territorio en disputa, se hace más entretenida, más fácil, e igual sigue el mismo método, aparecen algunos viejos personajes como Selina Kyle (a la que vemos irónicamente vestida de Mujer Maravilla y le cae precisa la frase malvada del Joker, los años no perdonan); y un superhéroe que ahora tiene su propia serie de tv., Oliver Queen, Flecha Verde, que es otro ejemplo de una constante en el filme, ser el mismo, seguir siendo un superhéroe aun siendo ya un hombre sin disfraz. De aderezo presenciamos a los mutantes divididos, a Robin, y la persecución policial en un nuevo comisario, y el anunciado y esperado cierre “definitivo” de la leyenda.

martes, 15 de enero de 2013

Life of Pi


La película que nos compete está dirigida por el taiwanés Ang Lee, merecedor del premio de la Academia del 2006, por Brokeback Mountain. Pi, un joven indio naufraga en el océano pacífico y sólo en una balsa adaptada por él queda a su supervivencia, conviviendo con un tigre de bengala llamado Richard Parker. Todo ello contado por el propio Pi a un novelista que cree que su historia será un éxito de ventas. Sin embargo, sería muy frío el filme si sólo fuera esto, y éste propone calidez, identificación, y se afianza a una reflexión sobre Dios y, además, la trascendencia de los animales, por lo que tenemos una propuesta muy solvente.

El filme arranca como un cuento, pero primero somos participes del exotismo y belleza salvaje de una gama de bestias del reino animal, para luego ya entrar a rememorar el particular nombre de nuestro héroe en la denominación de una famosa piscina francesa, Molitor, y así queda, en recuerdo del mejor momento de la vida del amigo entrañable de su padre, Piscina Molitor Pate; lo que será motivo de burla en el colegio, pero llegará el audaz rescate de su orgullo con un nuevo sobrenombre, únicamente –y bastante- Pi, como el esencial número irracional infinito. A continuación se brinda el contexto del protagonista, el zoológico, el primer encuentro con el tigre, el amor, las múltiples religiones y el viaje familiar a Canadá; mediante buen ritmo, carisma y soltura, mientras volvemos momentáneamente al presente, donde yace el actor indio -conocido en América- Irrfan Khan en el papel del personaje ya adulto.

Una notoriedad del filme es que aparte de una breve intervención del francés Gerard Depardieu no hay figuras que reconozcamos con facilidad en el mundo occidental, aunque en adelante estoy seguro que muchos recordaran la belleza de la actriz india Tabu, y al joven actor Suraj Sharma del cual el filme se apoya en lo que en realidad es, los días de abandono y resistencia de Pi en medio del océano, tras un comienzo atroz, el hambre y la depredación, entre una hiena, un orangután, una cebra y un tigre. Escena metafórica que nos reta a creer en algo increíble al servir de contraste y que pone en juego el reto de la fantasía para sustentar la creencia en Dios. Una hipótesis que busca “convencer” o conciliar con el no creyente, brindándole lo que espera escuchar aunque creando complicidad. Ya antecedido por el diálogo con el padre de Pi en la mesa familiar en donde invoca la racionalidad como centro de la mejor forma de creer. Audaz pero muy lejos de complacer a todo el mundo, pero, claro, busca hablarnos de religión de forma amable en un mundo que empieza a no creer más que en lo terrenal, sin embargo es de destacar que la habilidad de la historia logra colocarse de tal forma que la que parece fantasía resulta la mejor opción; otro homenaje, aunque discreto y parcial, al género al que se adscribe para algunos, mientras que para otros se trata de aventura. Y esto es definitorio para ponernos en el lugar al que llama nuestra consciencia religiosa o nuestro agnosticismo, e incluso el filme va más allá, propone que hay alma en los animales. Richard Parker puede ser un ángel, la última escena nos deja esa sensación. Lo que sí es que éste es un tipo de reto espiritual; es lo que entiende Pi sea o no verdad; un reto de fortaleza, como el mismo personaje lo dice.

El relato tiene un cariz fantasioso, propio de un cuento de las mil y una noches y se nota desde el comienzo por la forma de la narración, siendo además literalmente un recuerdo a puertas de ser una obra literaria. La condición del joven en la intemperie inclemente atrapado con un animal indomesticable no es algo muy realista. Aprender a sobrevivir sin ninguna experiencia, con manuales, con un bote que parece salido de un milagro, estando impávido, y encima afrontar una responsabilidad ajena y especial, no alcanza como historia verídica, pero como ese es el leit motiv del filme, estamos ante una propuesta redonda en lo argumental.

Al naufragio se le dan algunos matices. Pi sueña, desvaría, ve en los ojos del tigre, y esto inteligentemente se ajusta nuevamente al fondo de la trama, a la creencia de Pi en algo distinto a su padre, como en el lado cristiano del protagonista. No obstante, esto hace de espejismo, de treta al fin y al cabo, ya que Pi recurre a la lógica paterna para proclamar su ideología. El asunto de creer se vuelve más alucinante, recordemos que ya sabe el director que eso le sirve -gracias al guion de David Magee, basado en la obra del canadiense Yann Martel-, y cae en lo que se puede ver como otra metáfora, el mundo tiene una noche y un día, dolor y esperanza, mientras en la vivencia más práctica la isla yace desierta por su capacidad de muerte que la cobija y eso impulsa a que nuestro héroe emprenda la retirada.

Estamos ante un canto de optimismo, muy fiel a lo que vemos en el protagonista, si no tampoco hubiera sobrevivido. Por ahí un grito de increpación al Todopoderoso, mismo Teniente Dan Taylor en Forrest Gump (1994), poco antes de entender el designio divino; sólo un momento pasajero y natural. Fácil sí, aunque tiene siempre la intención de dejar para la imaginación cierto dolor, ya que en esencia el naufragio representa algo dramático, pero razonablemente no en el quehacer cinematográfico de Ang Lee. Pero es que el filme no busca salirse de ser una obra que desea entretener, hacerte sentir bien, siendo en efecto bastante sencilla aunque con su toque inteligente que la haga mayor de lo que es y que lo consigue, y eso que falta mencionar que es trepidante, tiene una buena promesa de violencia (proclamada en las agresiones carnívoras de la hiena), es satisfactoriamente deliciosa visualmente, tiene buena estética (como lucir algunas mezclas de colores atractivos), sabe mantener la expectativa en el ambiente, dosificar la tensión y manejar una coherencia notable, que genera una falsa sensación de realismo. Un filme notable, que sabe llegar al público, que es reflexivo en dosis respetable, que quiere presentarnos una aventura extraordinaria, como la vida misma, en que lo mejor nos dice es creer, pensar el mundo con ilusión y fantasía, con fe. 

domingo, 13 de enero de 2013

Looper

Rian Johnson se ha hecho más popular a nivel mundial pero aun no despega hasta lo más alto del séptimo arte en su país y de ahí irradiar al resto gracias al poder de su cine, pero está en ese camino, intentándolo y muy bien. Con la presente película nos demuestra que es capaz de manejar ingeniosas tramas, complejas ideas, ya que unir cabos entre el futuro y el presente en el cambio de la acciones producto de la tergiversación de lo que hacemos en el tiempo no es asunto sencillo, y no solo es eso sino que llega a urdir su propia imaginación colocando elementos nuevos y fantásticos, que son varios. Un rasgo de su inteligente propuesta es que se aboca a su tema y no trata de abarcar más de la cuenta ya teniendo mucho entre manos, para ello recurre a salidas ingeniosas en los diálogos, como quien quiere decir que sabe pero no necesita decirlo y ahí la elipsis no se echa en falta ni la trama necesita de mayor contexto. Looper para quien escribe ha sido una gran sorpresa, se esperaba un filme comercial trepidante y de alguna forma predecible pero el ingenio puesto ha dado un escalón más en su haber, algo que admirar.

Y no es primera vez que Johnson hace algo que parece muy original, ya en su primer filme, que se ha convertido en uno de culto, Brick (2005), se veía su habilidad con las  mismas características que Looper. Brick, es un neo-noir ambientado en la escuela secundaria, que también cuenta con el protagónico de Joseph Gordon-Levitt. La trama gira entorno a la ex novia desaparecida de Brendan (Gordon -Levitt) a la que no puede olvidar y que se halla metida con drogadictos y dealers en su promiscuidad y adicción. Una vez que ella balbucea algunas claves del relato en una conversación telefónica se da la búsqueda del misterio a manera de según declaraciones del autor de una típica historia inspirada en Dashiell Hammett (maestro de la novela negra americana) a quien admira y del cual se empapó tras ver Muerte entre las flores (1990) de los hermanos Coen. Brick se mueve aunque seriamente en medio del imaginario de una historieta, con algunos toques infantiles y fantásticos, bajo los prototipos que no faltan en el género literario, donde The Pin es un chiquillo espigado y cojo que lidera el negocio de las drogas, pero aunque vive en un barrio pobre viste elegantemente, y comparte hogar con su madre que dulcemente atiende a su amigos; otro que destaca es Tugger, un joven matón bruto del tipo rapero que solo sabe golpear a todo el mundo, mientras no falta la femme fatale en la bella y sensual joven actriz Nora Zehetner que aunque desconocida me recuerda a Natalie Wood; también tenemos a la vampiresa y explotadora que es aficionada al teatro y que viste muy cool en Kara; tampoco falta la ayuda de un chico muy racional al que idóneamente se le conoce como el cerebro. Es una buena propuesta que luce sencilla visualmente pero que tiene un guion muy intrincado pero bien estructurado en donde se unen muchas aristas, se mezcla el amor, la droga, el robo, la mentira, la manipulación y la venganza, y no es hasta el final en que se descubre y se sabe la verdad, satisfactoriamente explicada. Así mismo en Looper todo encaja perfectamente.

Looper nos remite al año 2042 en que unos asesinos a sueldo (los loopers) reciben misiones del futuro, del año 2072, de la mafia que no puede ejercer el homicidio. A través de una máquina de regreso en el tiempo ya inventada por esa época se encargan de tipos marcados para la muerte. Sin embargo hay una cláusula especial que cumplir sino serán ajusticiados en su actualidad por la empresa a la que remiten, si dentro de 30 años siguen vivos deberán ser enviados en el tiempo y ser asesinados por ellos mismos o por sus compañeros, ya que se quiere borrar todos los rastros de criminalidad. Todo va “sobre ruedas” para Joe, el actor Joseph Gordon-Levitt, aprendiendo francés para su retiro millonario, solitario, sencillo, con una pareja sin ataduras y promiscua siendo asesino y adicto a las drogas. Cuando le llega lo que parece un trabajo más no termina siendo así, le viene desde el mañana su yo posterior (Bruce Willis) con su propia motivación entendible y hasta noble si bien el fin no justifica los medios. No solo es no dejarse matar sino perpetrar algunos asesinatos por su cuenta que trastoquen su devenir y el de su pareja, y en ello se dará una lucha y una persecución y sobrevivencia en varias direcciones.

Algo que no hay que olvidar es que estamos inmersos en un contexto de puros criminales y a fin de cuentas amorales véase como se vea, algunos no hoy sino mañana pero todos son gente carente de la salvedad del ideal que se suele seguir, por lo tanto el desorden que propicia el Joe viejo ya viene adscrito desde el inicio. Ni el personaje de Willis, ni el de Levitt o el niño que será el hacedor de lluvia (además ya denota inestabilidad y peligro con sus poderes de explosión) son ni serán impolutos. Las decisiones que se toman versan desde la humanidad de cada uno, pero son en esencia aceptables; tenemos el amor por la esposa, por la joven de la que recién se ha enamorado o por el hijo, pero como se ve todo lleva consecuencias que perjudican a terceros. Ésta mujer es la bella Emily Blunt, con un acento rural americano muy bien desarrollado, a quien se le agradece una belleza sin tanto artificio. Al final, visto bien, el filme se resuelve de la única forma lógica, pero se debe de decir que no llega a ser predecible, gracias a los momentos bien desplegados de los propios intereses, a los nuevos descubrimientos progresivos, muy bien distribuidos, a los encuentros de los distintos bandos y esa secundaria bisagra en Blunt. La organización de los loopers tampoco representan a los malos –en sí como se ve todos los entes activos lo son- sino solo cumplen con lo que hacen, se deben a sus reglas, y Joe en ese sentido no puede achacarles nada siendo uno de ellos y sabiendo de que trata, incluso llega a ponerlo en práctica con su mejor amigo (en el papel de Paul Dano), por no perder su dinero.

Una curiosidad de la propuesta es ver que Gordon –Levitt tenía un rostro medio raro, y eso se ha debido a que lo han transformado con maquillaje a los rasgos faciales de un joven Bruce Willis, para hacer más creíble la noción de ser los mismos. Esto es algo irrelevante en realidad pero que habla del perfeccionismo del autor. A su vez “sorprende” ver, y es que uno tiene pegado en la mente su vena cómica, a Jeff Daniels como el jefe de los loopers en el presente. No lo hace mal pero no logra cautivar, sino resulta muy anodino, y eso invoca la poca fuerza que representa su organización a la hora de la verdad, y es que la acción de estos no logra ni hace nada impresionante. No obstante predomina un cuidado en ello, que termina siendo correcto y justo para el total. Pero si vemos la ironía de que se enfrentan a Willis y lo que uno se predispone con Daniels, todo resulta bastante coherente. Además, es algo paradójico, porque el filme carece de buena comedia, el lado tonto lo quiere dar en parte el personaje de Kid Blue (Noah Segane, asiduo en los filmes de Rian Johnson) y pasa muy por debajo, no por él sino por su papel. De todas formas esa ausencia de relajo en la broma en general no se hace estimar, salvo cuando en pocas ocasiones se le busca y falla, siendo algo menor ante tanto logro.

Visto desde adelante hacia atrás todo parece muy sencillo, y eso enaltece la obra ya que es redonda, consciente de su ingenio y estructura, no hay falsedades ni extravagancias aun siendo una cinta curiosa y audaz. Es ante todo un cine transparente, racional. Se puede ver que Johnson ha construido una tela de araña perfecta que se cierra en cuanto se toma noción del entorno, de los acontecimientos y vertientes, cuando ya el futuro yace limpio, y nuevamente predomina la virtud máxima del filme, aprender, ser mejor, aunque unos en realidad estén equivocados, y lo notamos ante lo que define y reúne todo.  El filme se afirma en algunas palabras claves que llegado el momento saltaran como chispas en el espectador y no en el arranque sino en el desenlace, pero en la misma senda, si afinamos la vista notaremos que Rian Johnson ha seguido las antiguas coordenadas de Brick pero con un presupuesto mayor, con actores famosos, con una estética y efectos especiales de primera. Ahí yace el ejemplo de lo que significa apertura económica, poder hacer más perfectas visualmente las ideas (que son como ha demostrado el director lo más importante). Por lo tanto, Rian Johnson nos alienta a pensar que al cine comercial americano le espera una mayor luz de grandeza gracias no solo a directores como Ben Affleck o Christopher Nolan sino también al traspase de algunos cerebros del mundo indie como él que toma fuerza y al que le auguramos más éxito.

Kauwboy


Hay pequeños filmes que con su llaneza pero solidez atrapan la emotividad del espectador,  un poco de calidez y reflexión bien encaminada pueden ganarse el aplauso general, incluso de la exigente y atrevida crítica. Kauwboy es esa clase de filme. La trama la podemos resumir en un tronar de dedos, un niño que vive solo con su padre, un guardia de seguridad algo duro, encuentra un grajo (un ave negra de especie europea) y al adoptarla arma un vínculo con ella ante la dificultad de tenerla en su  hogar por la negativa del progenitor, la vida de los animales está afuera le dice, en clara metáfora de los seres humanos que yacen en su interior.  Además comparte atracción con una vecina y compañerita espigada, rubia y sencilla del equipo de waterpolo que tiene la característica de hacer globos gigantes de chicle de color azul. Todo debajo del meollo del asunto en la ausencia de la madre.

No es un filme complicado pero maneja sutil sustancia, hay una unidad que relaciona el cuidado del ave con la falta que le hace al niño la madre, supuestamente de gira musical en Estados Unidos, y a la que el pequeño Jojo (Rick Lens) de 10 años de edad llama repetidas veces para contarle sus fantasías y diario vivir, en el teléfono solo deja mensajes, nadie le responde. Es entonces que el cariño volcado hacia el ave hace aparición, su trato ordinario propio de un niño curioso con una mascota atípica a la cual aun a toda prueba sabe cuidar oculta sentimientos interiores no procesados, hirientes o complicados en la mente de un chiquillo. Esa introspección se presenta de manera muy idónea con el razonamiento infantil, vista desde un aire psicoanalítico.

La propuesta del holandés Boudewijn Koole que apenas dura hora y veinte minutos es un filme pausado pero no lento, con aire simpático pero con pequeños conflictos, algunos roces en el colegio o el trato a veces rudo con su padre, uno que no es un ogro ni una mala persona pero que tiene arrebatos desagradables. El niño es muy activo, muy seguro e independiente que exuda alegría e intensidad. También destila en su discreta historia la ternura de su entusiasmo por aquella niña con la que comparte su pasión por su ave, que se le da cabida como si fuera un personaje más, a la que estudia en sus características, es un niño despierto.

En la pantalla vemos la cotidianidad del jovencito, su mundo, su nuevo compañero y mascota, su cierta soledad, ya que hay una distancia con su padre y en la casa él debe hacer los quehaceres, ser diligente, aunque todavía se le escapan naturalmente algunas tonterías. No es un filme de grandes acontecimientos ni siquiera de contundentes verdades sino de un ser humano en crecimiento que enfrenta su existencia ya con varios retos y actos de superación, de cierta forma se debe hacer un hombre a temprana edad, asumiendo algunas responsabilidades y actitudes (positivas) dentro de su espacio, como en ese acto simbólico transportado del ser padre hacia él en su grajo, es un reflejo de lo que necesita y a falta de tenerlo lo da, lo busca. Sin embargo necesita comprensión ya que esta en edad de descarriarse, de perderse (la ira con la piedra sobre el puente), de resentirse con la vida. El filme gira entorno a él, es la historia de Jojo y no hay más. Lo que hace la propuesta algo que visto sin ojos sensibles puede pasar desapercibida, minimizada, ser poca cosa ya que el filme se afianza a una estructura que lo hace una realización ante todo intima.

Debemos ponernos en su lugar, para eso Koole nos hace reaccionar con algunos efectos pero en sí no se luce intensión de efectismos gratuitos. El padre no es una caricatura aunque es un personaje con no demasiadas aristas desarrolladas, no obstante hubiera sido fácil provocarla, ni el niño representa la indefensión absoluta (aunque claro es un menor), sino es a un punto autosuficiente y hasta atrevido. Reacciona como con los golpes de enojo que les da a los casilleros insistentemente, la huida de casa, su reiteración de tener el ave (más fuerte que todo porque representa su solidez emocional) o la mordedura a su tramposo compañero en la piscina.

Es grato hallarse con un filme tan diáfano, tan humilde pero bien hecho, con un mensaje claro, una mirada a la infancia, tan importante por la pureza y el arco iris que se merecen en un mundo que lastimosamente les toca a muchos ser duro desde antes de lo previsto. Se trata de calidez de principio a fin. Y eso irradia al observador.

jueves, 10 de enero de 2013

The Man from Nowhere

El primer filme del director surcoreano Lee Jeong-beom, Cruel Winter Blues (2006) fue un gran debut, una trama sentimental y llena de simpatía en la relación de un gánster con la madre del asesino de su mejor amigo en que esta va sacando un lado sensible a este salvaje hombre que planea su venganza alrededor de ella, retratándose el accionar de los criminales haciendo la pregunta de si es que hay algún código ético entre ellos o si es que guardan humanidad frente a su diario quehacer delincuencial en que el deber y la frialdad son una norma. En ese lugar el  protagonista sale de la apariencia única y definitoria de rudeza para mostrarse ineludiblemente violento en ocasiones dado su naturaleza pero principalmente a la par de otro ser humano ordinario, enamorándose, ennobleciéndose con una anciana y haciendo reír al público con su extravagante personalidad.

El director en esta nueva oportunidad nos da un argumento contrario, esta vez un hombre silencioso y solitario se convierte en un animal de caza, un ser que depende de su violencia y efectividad para deshacerse de sus enemigos. Requiriendo de otro tipo de conversión en que despierta en él su sed de venganza, su necesidad de recurrir a toda su brutalidad, para recobrar a su pequeña vecina, So-mi (Kim Sae-ron), una tierna niña de unos 12 años de edad, que yace en una condición de desamparo con una madre drogadicta y que en su mutua soledad lo llena de cariño con sus actos dulces, haciendo que éste la ponga como prioridad frente incluso a su propia vida contra un grupo de micro-comercializadores de droga y vendedores de órganos, una nueva mafia que tras un ajuste de cuentas la tiene de rehén en las condiciones de ejecutar sus ilícitos negocios a costa de la vida de ella.

Lee Jeong-beom utiliza como héroe de acción al actor Won Bin, quien camaleónico pega el salto de su actuación de hijo con cierto retardo en su anterior película, Madeo (2009), a este ser implacable que ha sido por mucho tiempo un ente de elite de fuerzas especiales, encargado de aniquilar objetivos y que además es un experto en lucha cuerpo a cuerpo.  El filme no es ninguna novedad, se trata de la enésima vez que se retrata a un furioso salvador que trata de eliminar a una banda de asesinos, solo y en un despliegue espectacular de sus habilidades, sin embargo es un goce del entretenimiento verlo en pantalla. Y aunque se da con talento en el cine occidental que lo ha sabido explotar a raudales y lo sigue haciendo constantemente, nos trae la gama de luchas marciales que el cine asiático sabe bien manejar y ostenta su personalidad (el enfrentamiento explícito y descarnado -a velocidad en que el ojo puede apreciar el movimiento- con cuchillos de un solo hombre contra un grupo amplio de mafiosos), dándonos una exhibición potente que suele ser la delicia del espectador del cine de acción. No falla aun empezando muy suave y elípticamente, ya que se recurre a mostrar varios combates resueltos, ensanchándose la curiosidad de hasta qué punto Cha Tae-sik (Won Bin) es una amenaza matando, y llega por la mitad en adelante del filme en que se nos brinda el despliegue tan esperado, totalmente preparado pero cumplidor, donde vemos las continuas ejecuciones, las muertes implacables, de ese lobo que empieza a comerse a las ovejas. Ahí como se acostumbra los ataques son frontales e impresionantes, no se trata de astucia en realidad sino de un aniquilamiento atroz en que  se exalta la acción más vistosa y llamativa. Y todo tras calentar la expectativa, enaltecerlo y postergar los actos en plena faena. Se crea la sensación de desilusión pero para luego premiar nuestra paciencia con creces.

Tampoco pueden faltar los antagonistas, los targets que están detrás del jefe gánster a perseguir siendo este un poco pusilánime, uno es el hermano criminal que yace con la sonrisa sátira y burlona, Jong-Suk (Kim Sung-Oh) que no muestra el más mínimo escrúpulo, y que nos recuerda aunque en mucha menor medida a ese maravilloso carisma para hacer de peligroso matón del actor Billy Drago en Los Intocables de Brian de Palma. Otro el guardaespaldas muy bien entrenado que está a la par con nuestro héroe y representa el gran reto, Ramrowan (Thanayong Wongtrakul). Y del otro lado los detectives de la policía que abren el espectro de un todo contra todos en que como se ha de esperar no consienten el ojo por ojo pero de alguna forma entienden que éste se trata del mal menor para ellos. Los dos oficiales logran imprimirse su propia identidad haciendo que el filme tome forma. Con su método rudo y su decisión de terminar con el clan y con el renegado que los está siguiendo.  Como se aprecia todo muy típico, y aun así que trepidante y emocionante resulta la película. Es algo muy primario el efecto en el público pero reconfortante hallarse de vez en cuando con un cine de estas características que cumple plenamente con el género. Recurriendo a las sólidas bases, con un guion que no es vulgar ni mediocre pero tampoco excepcional y avalando coreografías y repercusiones, toques de emotividad bien resueltos. La toma del choque contra la ventana se ve muy bien, muy natural y llena de adrenalina. Mientras la escena del frasco con los ojos una audacia muy bien planteada en su momento  a pesar de ser chocante. Si falla o no en ese sentido más tarde trastocando su brutalidad y realismo ya depende del sentimentalismo de cada uno que yo comparo con sentirse como ya liberado de un orgasmo y el cierre transcurre en ese lapso aunque ya se la había jugado, faltó creatividad  a último minuto.

La historia presenta capas de varios conflictos, hay una enredada trama llena de delitos y en que se apela a la traición y separación de bandos, hay una estructura compleja dentro de la mafia, en la que se prolonga el misterio de las habilidades de Cha Tae-sik y en que se da acción secundaria. Sobresale el actor Song Young-Chang (The foul King, 2000) que expande las miras y hace menos predecible la película. Queda como una tercera pieza en juego. No obstante es solo densidad en buena parte gratuita ya que finalmente es la acción y el ajuste de cuentas el que toma toda forma y dominio. Es un filme neto de entretenimiento, y como tal es muy adecuado para relajarse. Si vemos bien no nos propone más de ello desde el arranque con la uña pintada de rostro feliz, no le pidamos más entonces y saldremos muy satisfechos.

Ruby Sparks


Pequeña Miss Sunshine (2006), ganadora de dos Oscars, uno por guion y otro por actor secundario para Alan Arkin, es un estupendo debut de Jonathan Dayton y Valerie Faris, la historia de una linda niña un poco gordita y de grandes gafas que quiere ganar un concurso de belleza, y mueve a su extravagante familia que colinda con la imagen del perdedor, el suicida, el drogadicto o el antisocial, a llevarla al evento en un largo viaje por carretera en una van la cual no arranca más que en tercera.  Esta gran ópera prima no podía más que augurar un segundo filme igual de potente, sobre todo teniendo tanta destreza en el desarrollo del guion y en la dirección que compone ese marco a seguir, no obstante ésta vez el ingenioso guion ha sido obra de la actriz y protagonista Zoe Kazan, y en ellos ha quedado la otra importante labor que tan bien han demostrado llevar. Pequeña Miss Sunshine tenía unos pocos defectos, alguno que otro exceso de entusiasmo, pero era una historia muy noble y tierna sobre la liberación de esa continua lucha por ser un tipo in y cool en medio de una vorágine despiadada que margina a muchos por su apariencia física o alguna particularidad de adaptación. Esta vez el nuevo filme, que cuenta como protagonista principal a Paul Dano, joven promesa del cine indie, que a su vez ha participado en grandes películas como Pozos de ambición (2007) y que repite trabajo con Dayton y Faris, es más ambicioso, mucho más complejo, y es una de las propuestas más originales que se pueden ver sobre una temática universal, el aceptar a los demás tal cual ellos son, y sí repiten esencia pero esta vez anclados al amor de pareja.

La historia se adscribe a la fantasía y al romance, con su toque dramático y hasta existencial, un día un exitoso joven escritor que no es muy sociable, quien en buena parte se mueve en la timidez, la soledad y lo anticuado, pensando en una nueva novela tiene la gran idea de recurrir a un sueño suyo que lo tiene embobado, en donde aparece la mujer perfecta en su opinión, una complicada, fresca y bella pintora que suele salir con hombres mayores y está buscando un cambio en su vida, un novio distinto, y la que suele tener la particularidad de usar unas medias vistosas de luminosos colores, no saber quién es Francis S. Fiztgerald y ser muy sagaz en la réplica y en su comportamiento. Todo sería muy normal si es que no fuera que dicha dama ideal se materializa en su vida cotidiana y real siendo entera creación de su imaginación en un reflejo de su propia personalidad, ego y deseo.

Calvin (Paul Dano), que suele asistir al psiquiatra siente que está volviéndose loco pero luego entiende que es participe de un milagro, y el sueño de todos los hombres, concebir a la mujer de sus sueños, con tan solo redactar en su vieja máquina de escribir como debe ser Ruby (Zoe Kazan, The Exploding Girl, 2009, mejor actriz en Tribeca). Sin embargo ese trayecto de felicidad, de previsión y fácil conformidad, docilidad, pronto se quebrará o se disolverá en esos naturales conflictos que empiezan a surgir en las parejas (ni siquiera Ruby es indemne a esto), y que son los que deciden si realmente una relación va a ser duradera. Como lo demuestran los diálogos con el hermano, quien nos cuenta una cierta desilusión con la ligera pero visible transformación de su mujer a lo que experimentan todos en los primeros momentos de amor, y de la cual en una oportunidad se ha separado. Es inevitable una adaptación, un acto de superación, de aceptación y de convivencia en un tira y afloja conveniente que pone a prueba a cualquier pareja.

En un inicio parece que el filme va a ser convencional con la ligera audacia de crear a alguien desde la mente de un escritor pero aunque los directores no tienen problemas en mostramos una “normal” realización afectiva en que se flirtea día y noche con la espontaneidad y la constante aventura en la difícil edad madura (el caso del eterno sensual marido en Antonio Banderas, en su enésima vez en que recurren a su carisma e imagen de latin lover, al cual le deseamos que se canse algún día cuando todavía le quede posibilidad, y en mención admirativa de una muy bella Annette Bening  a los 54 años de edad), optan por darnos algo mejor, especial e inteligente que como la vida misma nunca viene por el camino fácil. Y Ruby Sparks se convierte en esa maravilla de película que es, proponiendo mucho conflicto desde la claridad y elementos identificables, aun apelando a su lado fantástico que poco importa porque más parece una metáfora de la realidad, una excusa y una libertad para llegar más lejos, y como sabemos el arte busca sus propios medios para ser mucho más profundo.

El filme no opta por romper con su apariencia de ficción, sino se justifica en sus propios medios. Es o no realidad ese vínculo afectivo “irreal” poco importa sino su magma de donde emerge la historia. Así vernos una vez más retratados con tanta fuerza nos hace aplaudir el ingenio que le robamos desde la pantalla al amado séptimo arte.

Si algo raudos hay que elogiar es que sea tan contundente su retrato, que lleve mensaje casi sin proponérselo aunque en plena facultad y control. Y no falta un tono ligero, entretenido, audaz, su lado de comedia relajada pero aferrándose en verdad a un drama central y mayor, la dificultad de conocer y ponerse serio con el ser que amamos, verlo en toda transparencia, y es que los seres humanos, incluso lo menos originales y más simpáticos, conllevan algo de complicación, además de que este filme recurre a unos protagonistas bastante particulares pero sin ser para nada lejanos, Ruby, Zoe Kazan no implica belleza como prioridad sino se muestra como alguien elaborada siendo una más de nosotros en el anonimato, compleja no por culta sino por personalidad, que puede ser alocada o irreflexiva, al sacarse la ropa interior en una discoteca, al meterse a la piscina en una fiesta con un extraño, o cocinar muy bien y hablar francés, e igual luchará por esa felicidad recurrentemente esquiva y ardua aun en su cotidianidad , y en que importa mucho el amor y lo que hacemos por mantenerlo ya que esa es la elipsis y leit motiv del filme. Uno que destila un aire indudablemente trascendental desde la calidez estructural y que nos hace pensar en el mejor cine americano.

martes, 8 de enero de 2013

The cabin in the Woods

La ópera prima de Drew Goddard, que comparte guion con Joss Whedon (The Avengers, 2012) es un filme de terror que nos muestra bases importantes y generales de éste, nos exhibe el formato de los personajes estereotipo dispuestos para nuestra recreación, se ubica en un lugar típico del género como una apartada cabaña en el bosque –como reza su título- y explota en un mix totalitario toda clase de ejes activos del horror, juega a parodiar el rubro con total irreverencia, y no se hace ninguna comedia, sino igual muestra un efectivo impacto en su lado gore (el cuarto en que se libera a todas las bestias, entes paranormales, asesinos y monstruos) y termina tras revelarse tan creativamente desenfadado como una estupenda muestra del misterio que cumple con maestría el darnos hora y media de espanto, en una historia que nos expresa que el cine de terror y esas muertes tan violentas y escalofriantes que la definen son el punto de soporte de algunos ritos de sacrificio pagano necesarios y ancestrales del que depende el equilibrio del planeta. Jugada maestra que cierra una historia en pleno dominio de una constante originalidad.

Cuando vemos que una historia paralela, unos tipos detrás  de varios computadores, a las vacaciones de cinco amigos universitarios, están de alguna forma vinculados, empieza la extrañeza, y la curiosidad, se despiertan las expectativas de saber de qué se trata todo, que conllevara  algo que trata de desmitificar al propio terror, y cuando esperas que todo lleve sentido, que en realidad se justifica pero desde su fantástica visión, miedo y broma, te asalta el entusiasmo de una propuesta muy imaginativa y contundente, y se satisface esa espera.

No duda en restregar su malvado sarcasmo en la pantalla, pero sigue siendo una historia que imprime temor y sobresaltos – en una parte es una mezcla de John Carpenter y George A. Romero-.  Propuesta que seguramente quedara como cinta de culto. Incluso llega a aparecer un ícono del cine sci fi de horror para tratar de resolvernos de que trata toda la historia, y no se hace problemas, nos lo resuelve en cuatro palabras y esa frescura llega hasta el final.

Todos sabemos que el cine de terror es algo prioritariamente para divertirse, al que no le solemos pedir demasiada argumentación, ya que es para dejarse llevar, para explayarnos en nuestro instinto de supervivencia, para impresionarse con lo visual, para estremecerse sin pudor, pero en la presente parece una consigna, luciendo como la exposición de una clase de cine específico, que indica la esencia, su práctica y hasta su pasión, el mundo necesita de historias de terror, lo dice literal y metafóricamente.

Muéstrale al público lo que quiere, señala un espectador del cine hecho realidad, uno de nosotros como protagonista, un amante de estas películas. Quiere que la bella rubia fácil se desabroche el camisón y enseñe sus redondos y formados senos. Y por supuesto, lo hará y ya sabemos lo que viene, una espantosa muerte en la noche, típico del slasher. No una sino muchas veces se van desnudando las ideas, en una continua revelación de autor pero adscribiéndose en ser otra exhibición más, teniendo una trama propia y un hilo conductor, que por su particularidad es y no es, y es perfecto porque los límites están para superarse.

El héroe en motocicleta augura la salvación, pero en una sacada de vuelta será el tonto el que tome la posta, y es que el filme rompe muchas reglas tras mostrarlas. Y así como uno de los protagonistas hace ver, es como si estuviéramos en un reality, un lugar para ver la “naturalidad” de los comportamientos y el develar de los secretos. No deja indiferente, tiene bastante personalidad y es muy entretenida. Sí, para fanáticos, pero que más se puede pedir.

miércoles, 2 de enero de 2013

In another country


El director surcoreano Hong Sang-soo es uno de los favoritos de buena parte de la crítica aunque todavía no ha logrado un triunfo importante en ningún gran festival, pasando sin pena ni gloria por el último Cannes. Suele hacer un cine minoritario bastante apegado a lo cotidiano en donde los conflictos son propios de cualquiera, en el trabajo, los afectos familiares, el amor o el entretenimiento, con un cine casi opuesto, y bastante más calmado, que el que se suele hacer por norma en su país y en sí en el séptimo arte asiático. Personal y con un aire de autor, suele versar siempre sobre algún director como protagonista pero desde el ser humano que es más que el propio oficio; recurre al espacio temporal y a diferentes versiones de un mismo cuento como en la pequeña obra que tenemos enfrente, una trama muy en esencia del cine que suele hacer pero más amable aún, más simpático, y más ágil sobre todo, teniendo un aire a comedia ligera, aunque se adscribe al drama que en realidad es muy llevadero.

El relato se nos cuenta desde la memoria de una escritora y arrendataria de un apartamento, sobre la llegada de una francesa a una playa de Corea del Sur, quien es nada más y nada menos que la famosa y experimentada actriz gala Isabel Huppert, un poco mayorcita para el papel de una seductora pero con la enorme y admirable habilidad para hacernos creer una imagen relajada y aventurera suya sin perder la compostura, la buena educación, la autosuficiencia y esa seriedad innata en ella, que logra romperse por momentos con su luminosa sonrisa, con sus diálogos naturales, con una soltura que puede sorprender a quienes la tenemos por mucho más compleja de lo que en esta oportunidad vemos, y aunque no parece su elemento, lo hace más que aprobable, muy bien. 

La trama consta de tres historias con un grupo de personajes de origen coreano que cambian un poco en sí, que van y vienen formando un nuevo contexto general. Se da en el encuentro con el joven salvavidas que habla un inglés muy básico, la pareja de esposos con la dama embarazada o la interrelación con una de las arrendatarias, sea la madre o la hija. Aparecen otros personajes secundarios además, un amante coreano o un monje, éste sutilmente gracioso en el verse más simple y vacío de lo que se suele presentar como estereotipo. De todo el grupo, sobresale por renombre aunque con un papel muy pequeño Yoon Yeo-jeong (The housemaid, 2010) y para mi personal satisfacción la joven que hace de embarazada, que es sumamente divertida de forma muy fresca y espontánea, elogiablemente fácil de reconocer en su postura, la esposa celosa y critica con su pareja pero con un cierto aire de justa razón y otro de típica intolerancia, aparte de Huppert que es el indiscutible plato fuerte, justificadamente llamativo por su talento más que por algún conflicto concreto y elaborado, que no los hay sino son pequeñeces divertidas y variadas, siempre cambiantes proponiendo variantes de algo semejante, pesando el intento o consumación de algún affaire sea en la infidelidad, la atracción física más pedestre e incluso la realización afectiva. Como se ve Hong Sang-soo es un experto creando personajes muy reales, rápidos de identificar sin que sean baratos, sino muy sustanciales en su sencillez. Todo el reparto encaja en la mirada divertida del director, poseen un carisma casi irrefutable, y a su vez universal, por destacar otro representativo está el salvavidas en un personaje de esos entre tonto, bonachón y atractivo pero no desprovisto de humanidad, sino dentro de un aire de respeto hacia ellos aunque sea mínimo. No llega nunca ninguno a ser esquemático o sin ningún valor, logran ser alguien en la trama y esa es una sensación general. Otro elemento es el que se presten a diferentes contextos no tan éticos o astutos pero siempre sobrellevando un cariz de veracidad, bajo un porcentaje de aceptación o hasta de complicidad. Huppert juega tanto a esa imagen que hasta llega a parecer un cierto defecto si no notamos que la trama no quiere complicarse demasiado, no llega a juzgarlos. Estamos con un entretenimiento de autor sin que esto suene incongruente, algo pequeño verdaderamente, pero hecho con bastante maestría.

Lima Bruja. Retratos de la música criolla



Reviso una propuesta denominada off the record como la mejor película del año dentro de las 31 cintas peruanas que se estrenaron el 2012, 8 comercialmente y 23 por vía alternativa, en cineclubs y en provincia. El documental y ópera prima de Rafael Polar.

Un filme netamente nacional, popular, y vamos entrando más a fondo: criollo, familiar antes que bohemio, de callejón como el mismo se atribuye, jaranero, sano aún entre menciones de juerga con cerveza, que no recurre a los nombres más vendedores del medio –que yacen en vistosas peñas- sino a ese grupo no oficial que vive una pasión diaria solventándose la vida por otros medios, en la que cualquier pretexto es bueno para celebrar una fiesta con cajón y guitarra; en donde la improvisación con unas cucharas importa (es sonido y ritmo); donde existe la tradición de generación en generación y cualquiera es aceptado (de rasgo multicultural); donde se canta e inmortaliza a la hija fallecida, Francisco “Chiquito” Rodríguez le dedica “Flor de María”; donde se comen ricos y abundantes platos criollos. La humildad brilla junto con el talento, en que Ruben Blades denomina un tour latinoamericano suyo en recuerdo de uno de esos inmortales discretos criollos con los que sintió un vínculo natural apenas conociéndolo, en aquel tímido y admirado Lorenzo Pedraza.

Como expresa el guitarrista e investigador Willy Terry, perenne cómplice de la música criolla y participe recurrente del documental, no se trata de un día -el 31 de octubre- sino de toda una existencia, que equivale a tradición, reunión, amistad, identidad, intimidad, a la alegría que corre por las venas de celebrar la vida, gozar de ella, lejos de cualquier encasillamiento en una idiosincrasia económica y política, siendo cuestión de sentimiento, el que se plasma en sus letras sencillas y es vital en su cobijo.

16 canciones son el homenaje del documental a su hilo conductor, a esa pasión musical que hace llorar a un niño conmovido con el canto de su gente, en recuerdo de un querido familiar, Carlos Abán, padre de Eduardo “Papeo” Abán que yace en la escena con su noble y alegre cajón; dos importantes gestores de distinta generación dentro de la cultura que se contextualiza. Un registro cinematográfico que se labra en 12 capítulos entre relatos de los personajes que lo materializan sin que pesen primero sus nombres, aunque son vastamente reconocibles dentro de una comunidad de amigos y compañeros de parranda, piezas que se unen y se complementan, un grupo que simboliza la esencia de la gesta del filme, ese que rehúsa a mitigarse en una única fecha al año, ese que no es sólo turismo o dinero, ese que sigue vivo y coleando aun cuando la mayoría de sus escuelas de barrio cierran sus puertas.

Un filme que respira vida por cada parte de su metraje, hay muchos momentos emotivos que se despiertan en la espontaneidad de una cámara que parece ser invisible al artificio y que aparece en el momento justo, plasmando ese amor verdadero que viven estos compatriotas al celebrar la música criolla, bajo un aire de evocación que va y vuelve eterno-atemporal, con esos viejos tocando modestamente pero con intensidad, tanto que parece que no está menguando la música criolla cuando lo está haciendo, sino que el legado jamás morirá porque la felicidad del barrio yace en sus estrofas.