martes, 6 de diciembre de 2016

Las plantas

Esta película chilena y debut de Roberto Doveris es una película rara a un punto, no es de las más amables para empezar, sino más bien puede generar disgusto en su explicites sexual y tipo de coming of age desenfadado, por lo que por obvias razones tuvo cierta polémica en su país, y no le faltaron los ataques, sin embargo más tarde mereció 2 premios en el festival de Berlín 2016. La propuesta invoca el despertar sexual de una chica de 17 años que no es muy típica; figura, claro, propia de la siempre buscada originalidad del cine, de perpetrar personajes extravagantes, especiales, y en ello pueden hasta ser incómodos (y ahí apreciándola o no, tiene su logro y audacia), aunque no es la costumbre.

Florencia (la cantante argentina Violeta Castillo) contacta por internet a muchachos que quieren tener relaciones sexuales casuales, pero una vez que llegan a buscarla ella los manipula y juega con su deseo sexual, los obliga a masturbarse y en segundo plano tan solo los observa, no quiere contacto, solo es una experimentación y curiosidad. Los hombres, desde luego, se enfadan, se sienten defraudados y ansiosos. De esto que haya una gran escena cargada de tensión, de cómo va a terminar uno de los encuentros que se convierte en el juego del gato y el ratón. En esos momentos el filme se posa sobre el poder de seducción de la mujer, en el control por sobre los hombres (en un arranque feminista que termina en frustración y en ortodoxia), y en la responsabilidad y peligro de llevar ese deseo con una, aunque desde un caso extremo.

Florencia señala a todos los de su edad, un cierto aspecto friki general por antonomasia en la juventud, lo cual puede sentirse como disonante en el concepto del cine latinoamericano, más propio de la modernidad norteamericana. El problema de cierta adaptación clásica de Florencia, pero que está llena de amigos, es que su rareza proviene de tener a un hermano en estado vegetal y tener que cuidar de él, de cara a ser parte de una familia muy golpeada. Florencia impredecible –también hace cosplay y se anima a hacer coreografías singulares a ese respecto- toma al hermano por un maniquí y lo manipula como le viene en gana, no es que no lo quiera, sino que le da vida con su irreverencia, lo hace por un optimismo particular. Lo mismo pasa cuando lee un cómic de unas plantas fantásticas que hablan transversalmente de la vida del hermano, como un mundo alterno y secreto, otro despertar. El que ve o quiere compartir Florencia (¿incesto?), chica muy imaginativa y atrevida. El filme carece de cierta consistencia, parece que algo está aquí y allá sin mayor motivo, como momentos dispersos y llamativos, a propósito quizá como estilo y lugar común de cine arte. Gira en base a tres elementos centrales, el cómic (la cultura pop), la sexualidad y lo vegetativo/la enfermedad (como ella pasmada frente al vidrio de la puerta), donde se triplica una experiencia. La de las plantas que desbordan sexualidad. Lo que suena interesante, como concepto, pero que queda en un filme regular solamente. 

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