viernes, 8 de mayo de 2015

La habitación azul (La chambre bleue)


“La vida es diferente cuando la vives que cuando la cuentas después”

Presente en Un Certain Regard en Cannes 2014, ganadora de mejor director en el festival de Mar del Plata del mismo año. Película dirigida por el francés Mathieu Amalric. Adapta la novela homónima de Georges Simenon.

Este filme de apenas hora y quince minutos empieza con un gran misterio que dura cerca de media hora, ¿de qué se le acusa a Julien Gahyde (Mathieu Amalric, que por algo es llamado recurrentemente en el cine de autor)?, en un contraste potente entre la comisaría y el pasado, uno que no revelaré específicamente para que guarden ansias con la presente película y puedan apreciar esos bellos treinta minutos primeros, que son el fuerte, el tope máximo, del filme, que luego se revela con un aspecto/tono casi clínico, aunque no del todo apagado, en lo que exige un proceso, cargado de mucha información secundaria que entrega y construye pedazos de lo que habrá que imaginar y deducir para llenar todo la figura y las circunstancias, aunque lo prioritario raya en la sencillez argumental.

Julien yace disfrutando, o mejor dicho lo ha hecho, de unos momentos cargados de hedonismo, de lujuria, libertad, paz, riesgo, de dejarse llevar, y eso describe la esencia de este cine negro, primero pasional, efervescente, estético, luego neuronal/burocrático, un poco seco, aunque sin ser matemático o enredado, ni del todo abrumador o frio como nos puede hacer pensar el “ubicuo” azul del título que remite más a una segunda parte del filme en la que se sobrelleva tristeza, ya que contiene una cara de pesar, tanto como de locura, un halo emocional, que se maneja delicadamente debajo de la estructura formal que va indagando, descubriendo y resolviendo, en un quehacer vaporoso, como la otra cara de la moneda, tras lo (eternamente) efímero, la llegada de la responsabilidad, la culpa, el castigo.

Nos ubicamos en el presente en que se le investiga e interroga a Julien que está arrestado en la estación de policía, y lentamente a través de fragmentos, recuerdos y flashbacks que parecen estar solo en su cabeza (en una relectura), es decir no toda la información queda al descubierto, incluso aparece la mentira, vemos dos partes de una vida común, una haciéndose el desentendido y afectuoso con su esposa, pero honesto y ligado con su hija engreída (notando la distancia conyugal, bien dibujada en aquella escena en la cama matrimonial donde el marido se queda mirando insomne en tensión), y la otra que es el eje de la propuesta, donde es amante de una mujer casada, a quien conoce desde la infancia, Esther Despierre (Stéphanie Cléau, actriz novel, una mujer de rostro maduro, de solvente y bella espigada figura) con quien vemos sensualmente, continuamente desnudos –como en aquel pubis y vulva que parecen hacer flotar al protagonista en la justificación del no pensar, en una oda intensa a la belleza femenina, y sus consecuencias- o en diálogos donde Esther se muestra en pleno sueño maravilloso y no esconde su obsesión y admiración, mientras él parece simplemente gozar de su cuerpo, y es que poco sabremos de las verdaderas intenciones de Julien que guarda celoso silencio durante la trama, pero deja ver en un exabrupto que no está tan entregado como su amante, en un pecado producto del agotamiento, y la monotonía de un zona donde la gente se conoce; vemos que la esposa de Julien aprecia al farmacéutico esposo de la amante, y se dice que hay habladurías sobre ellos.

Se revelará en la dura realidad un monstruo, la fascinación, hasta mensajes y líneas dementes tergiversando lo evanescente, la fantasía, el deseo, el cuerpo, la inconciencia. En una definición de la desilusión y lo macabro.

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