jueves, 1 de septiembre de 2016

The Neon Demon

En The Neon Demon la estética predomina, se distingue mayoritariamente, ya que lo que cuenta es poco, además de ser lo que muchos ya saben o intuyen, de que el ascenso a la fama, aquí el modelaje, es un lugar duro, en parte corrupto y corruptor, y poner a una chica de 16 años –que pasa por una de 19- sola en esa incursión es propio de buscarse problemas, los cuales llegan a través de la envidia y el deseo, ya que la chica en cuestión brilla por un aura especial, una belleza particular, pero al mismo tiempo se halla desprotegida, con pocos recursos y no muchos talentos.

El siempre llamativo director danés Nicolas Winding Refn pone a la bella Elle Fanning en el papel de Jesse, chica a la que se le abren todas las puertas, pero es punto fácil de ser atacada, en un filme poco sutil, uno más fantástico, que no solo todo lo adorna con cuidado y originalidad, sino se permite ilustrar el meollo del asunto de la forma más grotesca, implicando el canibalismo, que en parte se hecha en falta una mejor historia, pero que sin embargo resulta muy entretenida y atrapante. El filme se rodea de surrealismo, hace ver lo más sencillo como un viaje alucinógeno en aquellas luces de neón, haciendo pasar a Jesse de la candidez al deslumbramiento de su propio ser frente a la banalidad magnética de la belleza, donde el éxito carcome, destruye.

Elle Fanning está estupenda, lo que la hace actuar Winding Refn siempre es una curiosidad, porque contrasta con la propia realidad de ser una actriz tan joven en Hollywood. Ella está impecable, todo lo afronta con madurez y solvencia, no hay que olvidar que se enfrenta a ser un objeto de constante deseo sexual.

Por otra parte la actriz Jena Malone sorprende, tiene también muy buenas escenas, unas bastante exigentes, dando la talla en todo momento. Malone representa todo lo acechante desde el comienzo, lo que es parte importante de la ambigüedad que circula por toda la trama, en quien esconde algo o algo intenta en las sombras, su inestabilidad es el perfecto complemento de la pureza del rol de Fanning cada vez más contaminado por la vanidad.  

En manos de Winding Refn cada proceso se hace mágico, espectacular, atractivo, lleno de artificio, en el impacto que la chiquilla genera en los cazadores de talento y de belleza, en el mundo de la seducción y el hedonismo, pero también está el lado oscuro, el odio, el intenso deseo de posesión, la invisibilidad, donde unos deciden tan solo retirarse de escena, mientras otros no aceptan ser removidos de su lugar. Es una apuesta arriesgada, en todo momento existe un deseo de sorprender, de plasmar una estética que puede ser vacua, pero luce seductora, habiendo momentos que logran su cometido y otros no (el felino en el cuarto parece una tontería, y el papel de Keanu Reeves pura imagen de su celebridad).

El filme tiene una forma curiosa de recrear el camino (peligroso) del éxito y la fama, en la simbología del mundo de la moda dibujado como una película de terror (el sexo yace como detonante, pero invertido, no solo como libertinaje), habiendo hasta necrofilia, lo cual en lo personal me parece descabellado y genial como película, no obstante el trayecto es harto elemental, pero disfrazado de un gran viaje visual, mayor por las formas.

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