jueves, 2 de abril de 2015

Pasolini

Último filme hasta la fecha del director americano Abel Ferrara, cineasta independiente y uno de culto, ya que no suele acaparar tanto la atención, acotando que tiene cierto lugar de respeto dentro del cine arte actual, aunque su trabajo cinematográfico suele ser imperfecto tanto como atrevido, y polémico, pero claro. El mismo 2014 deja terminadas dos piezas de su autoría (también es co- guionista de sus obras), la primera Welcome to New York (2014) donde su Devereaux, interpretado por el enorme y mítico actor francés Gérard Depardieu que encarna perfectamente el deseo desmedido de tener cuanto pase por su mente, cogiéndolo sin atenuante/consciencia alguna de por medio, es el trasunto de Dominique Strauss-Kahn y un ruidoso affaire con él; un político francés que fue el director del Fondo Monetario Internacional, y del que se dice que tiene una apetencia desmedida por las mujeres y el sexo, que en el filme compensa con costosas prostitutas e íntimas fiestas orgiásticas en lujosos espacios de su privilegiado orden social, en una adicción y comportamiento omnipotente que lo llevan a forzar a una sencilla empleada de un prestigioso hotel de New York, y con ello cayó en un juicio escandaloso que empañó su prometedora carrera política, además de la imagen idealista de su juventud, como atendemos en aquel monólogo frente a unos representativos rascacielos, del capitalismo que lo consume arrebatado y ciego. En una contundente, descarnada, hasta lo literal, crítica, contra el obnubilarse y corromperse con el poder y el dinero. Volviéndose un animal depredador que poco o nada tiene que ver con el humanismo, incluso la cordura, y los valores enaltecedores del éxito. La segunda es la que nos compete, y nos retrata las horas finales de vida del famoso director italiano Pier Paolo Pasolini, un revolucionario del arte y de la lucha contra la violencia de su país, esa que intenta ser la hegemonía política nacional, como explica el propio Pasolini en su última entrevista, en que nos habla de una ambición desmedida que implica romper las reglas y todo límite; véase que justamente es lo que indica la anterior película de Ferrara.

Pasolini (2014) son especies de fragmentos, porque es lo que hace en éstas horas últimas (aunque con la ayuda de representar/ver un retazo de un escrito a publicarse donde se ve salvaje promiscuidad y homosexualidad, que indica autobiografía y cierto auto-desprecio por algunos actos o emociones encontradas; y el de un futuro guion/película), lo que se cuece en aquella actualidad, y puede dejar un poco confundido al espectador al no estar al tanto de la biografía del director italiano vista la brevedad y su lugar temporal en movimiento, pero se puede entender –y esa parece la mayor intención- como la esencia de un hombre, su ideología de vida, sus características y cotidianidad descriptiva, que versa sobre el ideal y una dosis de poética, tanto como de cierto realismo, en su intensa inclinación sexual y en la criminalidad de su defunción que puede leerse como la radiografía de un país en su forma política y social, transversal a la simpleza de los acontecimientos fúnebres.

En ella vemos como prepara una nueva película, desmedida a un punto pero con su cuota de filosofía existencial, cuando está apunto de exhibirse la incendiaria, polémica y difícil de aguantar Saló o los 120 días de Sodoma (1975). El protagonista lo representa un viejo, tierno y liberal (relajado) a partes iguales, Ninetto Davoli, que fue actor recurrente de Pasolini, y amigo cercano como vemos en la actuación de Riccardo Scamarcio que lo interpreta en el filme.

El Pier Paolo Pasolini de Abel Ferrara en la piel de un siempre comprometido y todo terreno Willem Dafoe –tiene que dar la impresión de hacer sexo oral gay en un carro; tanto como logra dar una sensibilidad, un aire de meditación e interiorización, o humanidad cuando sencillamente juega al fútbol en un espacio rustico y cálido- es un hombre común, del pueblo, de espíritu humilde, a su vez alguien inteligente, que sabe quién es perfectamente, aunque guarda momentos de lucha emocional; vive con fuerza, está metido en mil asuntos profesionales y es un sujeto polifacético al que la definición del pasaporte (escritor) le queda corta, pero se da el tiempo para “simplemente” andar con amigos (algunos extravagantes como el rol que hace la actriz portuguesa Maria de Medeiros), o con su madre, con quienes comparte el arte; e ir a comer a pequeños restaurantes donde lo saludan como a uno de la familia, le llaman con cariño; tanto como recoger a algún muchacho hambriento puto, y dejar volar la leyenda hasta el final de sus días. En quien puede ser muy controversial ya que todo lo que toca tiene cierta connotación sexual, tanto como social y política, en lo que también se exhibe su autenticidad en sacar tanto lo excesivo como lo íntimo a la luz.

Pasolini de Ferrara es como flotar sobre un recuerdo, sentirse empático por quien evoca, un director admirado y querido, en un trabajo más arduo de ver a la costumbre, aunque yace argumentalmente sencillo o mínimo, o por eso, en lo que parece evanescente, gaseoso, siendo destellos, instantes, una entrevista determinante y profética, o deambular “intrascendente”, si bien se pueden conjugar posturas, como con aquel poeta hablador que menciona un diálogo, en que se humaniza por una parte al mito, hasta vislumbrar reproche, un cierto salvajismo del que casi nadie sale indemne por la época y el lugar, una razón por la que luchar, en un estado de cierta contradicción. Dentro de una búsqueda de cambio interno y nacional, en medio de una resolución que la tragedia no le dejo. 

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