miércoles, 10 de febrero de 2016

La terre penche


Un hombre quiere alquilar una casa, por lo que contacta a una corredora inmobiliaria, siendo Adèle (Laetitia Spigarelli) y Thomas (Thomas Blanchard), ambos de aspecto ordinario, los protagonistas de la posible formación de una pareja romántica, pero antes deben lidiar con las dificultades de hallar a esa persona ideal, cuando parece ser ella complicada para el amor, hecho expuesto literalmente en una amable conversación, pero sobre todo en sueños –donde ella sufre de narcolepsia, y es participe de surrealismo- y en los fantasmas que los pueblan, a Thomas un familiar, y a Adèle una pareja, muerto en un accidente, con cierta ambigüedad de por medio.

El mediometraje de la directora francesa Christelle Lheureux parte de la idea de darle vida a un acto menor en el cual radica la humanización de un rol bastante secundario, materializando conexiones en un relajo de figuras, perpetrando una liberación de las convenciones, mientras el final (esperado) es consolidarse como relación, siendo trabajada la construcción de su inicio de manera natural y sencilla, con una comida casual en un restaurante, ir a la playa intempestivamente o beber unas copas o té por la noche. Lo que podría ser una historia de romance más del montón, toma cierta mayor imaginación en que cada encuentro yace bajo una pequeña escenificación curiosa (asomando alguna tercera figura), donde tratan de conocerse y aceptarse mutuamente, enfrentando distintas posibilidades, una en que ella reniega de todo o presenta un conflicto psicológico de acceso, otra en que él se deja arrastrar por la frustración.  

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