martes, 5 de marzo de 2013

“1”


Aunque en el Perú llamar a un cine en particular como independiente como se le suele atribuir al presente suena algo extraño ya que aquí los realizadores todos lo son en realidad ya que se buscan sus propios recursos, no habiendo ayuda de ninguna industria, esta denominación viene más por formar parte de una filosofía que se lleva detrás, la que se aleja de lo comercial o de lo establecido –intuyo más que refiere a lo foráneo siendo exacto de Hollywood ya que nuestro cine, el que sea, siempre está sufriendo por atraer a los espectadores- por un mensaje personal y más artístico, buscando ser un trabajo de autor y por amor al séptimo arte como fuente de conceptos e identificación de trascendencia intelectual o sensorial.  

Ante la pregunta de si cumple con tener voz propia, la tiene, pero de ahí a ser el camino a la transformación que pide el público nacional -y la mejor llegada de los cineastas- definitivamente no lo es, pero como fuente de variedad en nuestra cultura cinematográfica como algún alterego del director Eduardo Quispe suele decir está bien y es su elemento, ser un cine minoritario. Un complemento a nuestra cinefilia; de la que notablemente exuda nuestro compatriota. Y que yace en su criatura, en su yo cinematográfico, vinculada con las relaciones amorosas, el meollo del asunto, tratada incluso como discusión entre los protagonistas que a la vez viven la práctica de su teoría en un fondo apretado y dócil que adolece de mayor recurso visual para incrementar la potencia de algunos pensamientos entre manos.

"1" (2009) no es para despreciarle o no tenerle en cuenta aunque a muchos les parezca (y en buena parte ese rechazo es bastante entendible), porque derrocha honestidad y tiene sentido. En ese interior que pervive aún bajo una estética tan pobre.  Poseedora de tantas fallas técnicas, cortes abruptos, sonidos dispares, algunas voces ininteligibles, movimientos de cámara que denotan una insípida espontaneidad que molesta y luce artificial, encuadres que no se funden por completo o no realzan sino simplifican la intervención de los personajes viéndose muy novato el filme, intromisión de ruido ambiental en los diálogos o mala iluminación (salvando algunas buenas ideas con algunas tomas de detalle, el reflejo en el espejo del bar entre feo, simpático y curioso, o la mano jugando con la cucharita de la taza de café). Y todo porque esos defectos son constantes y flagrantes, se ven a simple vista. Como lo de su presencia. No obstante una vez acostumbrados a la estética podemos decir que resulta una fuente de identidad de ese cine llamado independiente, como si el feísmo fuera una declaración de guerra, de principios, como si siendo más llanos y más austeros estuviéramos diciendo que lo importante es el mensaje.  ¿Y qué de él? "1" retrata tres encuentros, tres citas de una posible futura pareja. Vemos desde que se levantan en su habitad  natural hasta que deciden encontrarse. En adelante se trata de sus conversaciones. El director Eduardo Quispe es el chico que demuestra mucha soltura escénica, mucha naturalidad, y sus explicaciones y conversaciones son fluidas, “cotidianas” pero inteligentes. Proponiendo varias ideas en ellas. Son puntos de vista desde una persona cualquiera pero bastante bien educada, que no contradice la atmósfera de clase media baja en la que se mueve sino la hace ver atractiva intelectualmente.

Escuchamos dentro de la variedad de comentarios en la charla de pareja que él entiende el machismo (uno de sus floridos y exóticos devaneos, siempre puesto en contexto pero libre como quien trata de atrapar la atención del receptor, ella y nosotros), y lo fundamenta audazmente sin quitarle su carácter negativo. Explayándose en observarlo más detenidamente, bajo una capa de relajo y sorpresiva comprensión. Y es que tampoco nos engañemos, somos una sociedad con muchos rezagos machistas. Esto es bueno, porque toma riesgos y logra caer de pie aun no teniendo todo nuestro respaldo en su opinión. Sus conversaciones son el alma del filme y nos brindan ese rescatable sabor de no estar ante algo desechable, sino por ello a darle  valor como séptimo arte. Uno artesanal  y en la posibilidad de muchos. Que no ha de extrañar que surjan otros autores parecidos aunque su exhibición sea una quimera en salas comerciales.

Es loable que los diálogos aun siendo algo complejos pero claros se vean sin esfuerzo o eviten caer en lo falso. Ayuda que la locuacidad de Quispe duda sin que se vea un vacío, espera la interacción (aunque a su lado la dama sea mucho más pasiva), usa palabras neutras o simplemente no se da tanta importancia. Trata de entretener, de contagiar a la chica y crear un ambiente acogedor aun no pudiendo contener su exuberancia verbal. Mientras ella es puro detalle corporal, cierto toque de nervio, inspirando inquietud aunque controlada. Parece llevar dentro intensidad, y si bien no pierde su seguridad ostenta mucho movimiento esquivo a la cámara. Hay en ella una cierta anti-naturalidad soportable, digamos que baila en medio de la credibilidad y la sensación de ocultar la molestia de ser filmada. Quizá, pensamos, es un tipo de personalidad, y facilita esa opción su simpatía. Ambos son carismáticos, la muchacha denota ser una buena persona, alguien muy común que suaviza el ambiente. Disminuye la carga de Quispe haciendo un contrapeso que flirtea con el diario vivir, con el romance, sino de ellos de sus palabras. Él roza la carga del que se complica y aunque en la vida real puede ser un poco pesado, alimenta el filme, lo sostiene, es lo mejor de él gracias a su contraparte. Logrando salir a flote sin perecer en el asunto ni convertirse en el cliché que tanto rehúye el cine al que se ampara.

Quispe lleva cuatro filmes, todos denominados por orden numérico, del 1 al 4, y ha dicho que le gustaría llegar a hacer 33. No suena difícil la meta. Solo esperemos que siga poseyendo ese magma rescatable del que hablamos. Suficiente como para atreverse uno a seguir ojeando su arte, y quien sabe, algún día pueda hacer una obra de arte como el mejor cine independiente.      

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