miércoles, 6 de marzo de 2013

Nameless Gangster


El anterior y segundo filme del director coreano Yun Jong-bin, Beastie Boys o también llamado The Moonlight of Seoul (2008), versaba sobre los anfitriones sexuales en su país, que son buscados por damas jóvenes, guapas, algunas salvajes, adineradas y no siempre solteras emocionadas por su belleza y galantería, viniendo a cuento la notoria broma de los filmes coreanos de que un tipo es o no guapo (es que el pobre es tan feo dicen antes de pasar a mencionar algunas virtudes). La película aborda el tema seriamente y de forma directa, mostrando dos casos interconectados, uno de un puto y vividor endeudado que se aprovecha de las parejas que tiene y otro del dueño de un lugar de este tipo de servicios que se enamora -como atrapado por el karma- de una atractiva y discreta prostituta de alto vuelo. Un filme que en su conjunto resulta un poco apagado, demasiado calmo y seco en ciertas partes, pero con algunos giros y problemáticas muy bien desarrolladas a pesar de ello, predominando mucho el drama personal.

Lo mismo pasa con su última película, que no llega a ser redonda pero sigue siendo suficientemente valiosa para tenerla en cuenta. Se trata de la relación de un peligroso y violento joven gángster, Choi Hyung-bae (Ha Jung-woo) y un familiar lejano al que llama padrino, Choi Ik-hyun (Choi Min-sik), tras encontrar el segundo un fuerte cargamento de heroína por lo que entablan negocios y desarrollan un vínculo afectivo que los lleva a trabajar juntos. El más viejo quiere las gollerías y ventajas de los mafiosos, pero aparte de producir dinero no tiene esa sordidez e inmisericordia que se necesita, aun con los grandes contactos en las altas esferas ministeriales y policiales. De fondo yace la lucha contra la criminalidad desde un fiscal en particular que mediante flashforwards interroga a Choi Ik-hyun como principal acusado o delator.

Como es costumbre no falta la comedia ni una cierta frescura para narrar la historia, y en ese trayecto el famoso actor Choi Min-sik es objeto de cuanto vejamen y golpes se le ocurre al director, no falta el maltrato ni el compromiso con el papel. Más que respetar su intocable aura de superioridad artística, parece empujado a hacer mayores méritos para sostener su notoriedad. No luce como un tipo serio sino medio bobo y padece bajo esa imagen, solo que enfrentado a un contexto temible donde acuchillarse, enterrar vivos a los que nos descontentan o masacrar a botellazos a algún rival es muy propio del mundo al que se adscribe. Mientras en la otra orilla, el actor Ha Jung-woo invoca el poder de la fuerza, con ese aspecto de estar por encima del resto, ostentando seguridad y maldad a partes iguales pero sin caer en el estereotipo. No le faltan a estos personajes humanidad y sencillez cotidiana, no es que no caigan en alguna broma o relajo. Como el que proporciona en su abuso de confianza su contraparte sobre él. Sin embargo hay una característica principal en cada cual, y uno juega con el ridículo y el otro con lo temible.  

Un problema del filme es la larga duración de su metraje, más de dos horas en que parece sobre-explotarse la trama, inflarla sobre algunas circunstancias manidas solo que descritas al son del cine coreano, más libre, espontaneo  y atrevido que lo antes visto, junto con la buena actuación de sus protagonistas en un tono en parte de farsa, exagerado y a la vez irrespetuoso. No podemos desestimar la imaginación que da un toque de atractivo en éste séptimo arte, pudiendo ser al mismo tiempo convencional con la ambientación del mundo del hampa que tenemos en mente. Y es que juega con esas dos caras. Como de los tiempos, a través de los años, la delincuencia y los arrestos, en un proceso de la destrucción de las mafias por el quehacer policial, el que queda en segundo plano aunque simbólicamente termina siendo el ejecutor y el que se lleva la gloria.

Pesa mucho la contextualización en la trama, a favor está que hay su infaltable originalidad en la forma pero a su vez es como si la temática, los gángsters (como antes la prostitución masculina) predominara por encima de la historia en sí, en su particularidad, no siendo en ello algo verdaderamente especial. No en su trama especifica. Y eso suena a un gancho, a ampararse en algo que suele seducir al público y que uno lo identifica con el nuevo cine de Corea, salvando que resulta todavía novedoso, a diferencia de las mafias americanas que yacen muy bien popularizadas y son sumamente conocidas, pero que por ser parte de un género cinematográfico nunca dejara de verse en pantalla ni de buscarse la excelencia.

La propuesta peca de abundancia reiterativa aunque se mueve en la sugerencia de los elementos y no termina en su abarrotamiento. Tanto alrededor de un eje que cae en la disminución de su potencial, por culpa de su falta de atractivo argumental. Lo mejor, los dos monstruos de actores que se amoldan a sus personajes. Choi Min-sik da más de lo que uno  espera, afín a su buena fama y talento en donde su solo nombre nos crea expectación, junto con Ha Jung-woo que lo secunda magistral y le da el vínculo necesario para fomentar el relato. El que aprovecha y predomina en Min-sik.

Filme que entretiene pero que le falta sustancia, aun siendo aparatoso o aparentemente profundo o intrincado, y que pierde por ello, sin embargo sobrevive por otras cualidades, actores, temática o por seguir las características del típico cine moderno de su país. Irreverencia, soltura, sorpresa, en una “re-invención” de lo que conocemos por gángsters. Y por lo tanto, habrá valido la pena.

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