martes, 19 de marzo de 2013

La filmografía de Cristian Mungiu

Uno de los cines más atractivos del planeta u otro al que hay que tener en la mira es el séptimo arte de Rumania, que está pasando por una nueva ola o un auge que provoca entusiasmos. De los más reconocidos yace Cristian Mungiu que con Beyond the hills (Dupa dealuri, 2012), su última película se alzó con mejor guion y mejores actrices (Cristina Flutur y Cosmina Stratan) en el Festival de Cine de Cannes 2012. Mungiu tiene 4 filmes.

Occidente (2002)


Su debut fue uno muy auspicioso y exitoso, siendo una comedia con tintes melodramáticos sobre la difícil vida en Rumania, donde algunos personajes esperan huir hacia lo que ellos llaman occidente, Holanda, Italia, Francia, entendiendo que no se consideran como tales, no en el tiempo en que se contextualizan. Gente en condiciones precarias, mujeres sin oportunidad de casarse con alguien con dinero o simples e inocentes huérfanos sueñan con una mejor vida afuera. Algo muy natural en cualquier lugar al que uno sienta vetada la oportunidad de llevar una vida complaciente. Sin embargo a muchos el fin les da por aceptar “sacrificios”, y es cuando entra a tallar nuestro protagonista, Luci, que desprovisto de suerte y sin ningún trabajo decente se le escapan de las manos los amores. No es que no haya querido irse sino que le ha tocado quedarse y perder, arrimado a una vieja tía de la que espera le deje su apartamento cuando muera (el amigo le da azúcar o dulces tratando de acelerar el proceso) y subsistiendo con el disfraz de botella publicitaria (un gag muy manido pero efectivo, directo al punto, y es que es parte de cualquier realidad. Una virtud del filme es su fácil identificación universal). Lo suyo es ser un loser en una tierra sin facilidades. Todo visto desde la ligera crítica, más al pie de la sonrisa, de la cara de tonto pasivo de Luci abocado a aceptar lo que se le viene. Una buena forma de ver la realidad sin amargarse aunque sufriéndola discretamente en medio de una trama que se divide en tres partes y que en cada una va uniendo cabos, repitiendo algunas partes y agregando hasta consolidar una imagen completa. Técnica que implica ángulos tanto cinematográficos como dentro de su historia, con la audacia de ser impredecible yendo al cambio de sus desenlaces, sobre las damas, Sorina (Anca-Ioana Androne) y Mihaela (Tania Popa), que remiten al pobre y bonachón Luci. Una buena estética en una alturada comedia a la que no le faltan las simplezas tampoco pero con tino y buena onda, los niños escupiéndose todo el tiempo en la impresión de un salvajismo nacional a rebatir o la muñeca inflable usada como flotador en el cruce hacia otro país. Y entre ello no faltan verdades o razonamientos culturales. Hay que decir que no parece la película de un novato, es una muy buena película, muy cuajada y clara, con un toque reflexivo tranquilo.

4 meses, 3 semanas, 2 días (2007)


Como se podía anticipar con su ópera prima Mungiu era un aventajado en el arte y pronto lo demostraría contundentemente. Su segunda película tras su segmento “the turkey girl” (2005) ganaría la palma de oro en Cannes ese mismo año, junto con el fipresci. Este filme brilla por una trama muy sencilla pero desplegada con notoria y envidiable habilidad. La estética, la estructura, el tiempo y el desarrollo todo confabulan y nos van mostrando desde la cotidianidad de sus protagonistas la Rumania del dictador Nicolae Ceausescu y su gobierno comunista, recordando que ejerció el poder durante más de 20 años y que marcó a su país, a muchos rumanos. El tema es sobre una chiquilla universitaria, Gavita, que desea practicarse un aborto. Con la ayuda de su mejor amiga, Otilia (Anamaria Marinca), lo llevan a cabo con el riesgo que implica al ser ilegal en las condiciones que enlazan el contexto histórico y práctico. El filme gira completamente sobre ello y se ampara principalmente en sus dos actrices, mucho más en Marinca que es el ente activo/fuerte del asunto con una Gavita temerosa y débil. El cariño, la lealtad de Otilia no tiene precio, se las juega absolutamente por ella. Una gran persona que se pone a discusión implícitamente en la mesa de la familia de su novio, todo muy sugerente ya que el tema central plantea más la observación y a un grado razonable la neutralidad, no hay nada que te esté tratando de decir flagrantemente, sin embargo deja un panorama muy rico en diálogo, que propone un escenario complejo y desprovisto de sentimentalismos o posiciones dogmáticas de cualquier índole. Al final uno sacará sus conclusiones. Y es que el filme opta por una sensibilidad estable, espontánea y más discreta, un nombre afectivo como Gavita, las acciones valientes, el soporte y no las palabras, todo ello nos hace pensar en generosidad y preocupación, atributos de lo que implica amar o apreciar a alguien más que cualquier forma superficial. El tema es polémico pero la ejecución en la dirección es limpia, impecable, una lección de cine de pies a cabeza. Uno vive la tensión del ambiente a cada segundo. Te atrapa y luego te abstraes indiscutiblemente con la historia.

Historias de la edad de oro (2009) 


Película ómnibus que Mungiu dirigió junto con 4 compatriotas. Ésta vez involucra sus dos precedentes, la comedia y la historia. El filme gira alrededor de seis leyendas “urbanas” rumanas (los guiones son todos de Mungiu) en la etapa llamada en derredor del gobierno de Ceausescu, como éste influye en la vida de sus habitantes. Todo lo que conlleva el comunismo y la figura del líder en cuestión. Todas siempre ligeras, sencillas pero desarrollando pensamientos, mientras yacen cargadas algunas de drama y de ironía dependiendo cual. La más reveladora en nuestra composición humana es la del camionero que transporta pollos, que tiene mucha inteligencia en su diafanidad. La de los fotógrafos es hasta cuan ridículo –en lo que confabula el miedo- puede llegar a ser la manipulación y la ostentación del poder absoluto. La de la visita del representante público en la comunidad que agasaja al “emperador” es bastante risible, como aprovechan algunos debajo de las filas de una ideología. Nuevamente induce la conveniencia o el temor, el no quedar otra que acatar y ser hasta diligente. Su final es el mejor de todo el filme, que aunque puede ser cantado es perfecto. Hay que agarrar la metáfora y que bella fotografía en dicha alusión. No falta la inocente comicidad, se juntan sutilmente tragedia y sonrisas. La leyenda del policía tacaño se intuye enseguida aunque no en el instante exacto y es de risa bastante fácil, igual se asume como complementario a la esencia general y es que hay una buena paradoja, ¿no se trata el comunismo de compartir? Luego está la del profesor que cree tiene una misión dentro de la ideología comunista y es que huele a frustración desde el inicio. La tontería intensifica la crítica. Y está bastante comprensible en alguna simbología, en la de los regalos en lugar de alfabetización. Por último la leyenda de los vendedores de aire que es la que abre el conjunto. Muy jugosa si cogemos el punto, entre el romance y la necesidad económica que hay que decir que es algo muy propio de toda sociedad en sus desigualdades y materialismos, solo que aquí la mayoría es pobre y debe ingeniárselas aun a costa de ir a la cárcel. En ella sobrevuela la sombra del filme Occidente como en la historia del conductor y los pollos.

Más allá de las colinas (2012)


Un filme también como antecede muy comprensible, que juega sobre una premisa y una lucha muy común y no menos atractiva. La religión y la vida laica enfrentadas en lo correcto o en lo mejor para nosotros. Dios en lugar del pecado del lesbianismo, que se puede desprender en la realización o inclinación sexual de una vida moderna sin espiritualidad, a un dogma algo arcaico, sin embargo la protagonista que se asume en su esencia carnal y en su enamoramiento llega hasta la obsesión, la locura, es decir la creencia que suele rebatir clásicamente el derecho a la homosexualidad, a partir del rechazo, de la ausencia del objeto amado, de la falta de concretar sus afectos, habiendo una proximidad hacia esa postura y una cierta tergiversación o excepcionalidad de la esencia de la pasión gay, que no es muy común en el concepto general o que se moviliza dentro de un excesivo romanticismo. Y es como siempre un estado de sutil recreación aunque podemos inclinarnos a ver una parte de barbarie mística. Se capta una postura aun concediendo o siendo algo (poco en realidad) indulgente el director con la iglesia ortodoxa rumana en sus buenas intenciones, sus donaciones, su asilo o su amable convivencia que termina rota por la injerencia de un outsider, cuando alguien pone en tela de juicio lo que ellos viven.

Otra característica que rehúye audazmente la figura de lugar común aun abordando un tema muy conocido es que a lo ojos ajenos está velada la atracción de Alina (Cristina Flutur, de ahora en adelante se espera sea un referente del cine rumano) y la fuerza de las convicciones de Voichita (Cosmina Stratan, el otro referente gracias a Cannes) que quiere creer, cree, escucha, repite y admira al sacerdote. Y eso lo apreciamos y se hace un juego único para el espectador, es como quería Hitchcock, que uno vea y entienda más allá de los personajes y disfrute de una compenetración mayor, ponerse en el lugar de los principales actores, convertirse en sus cómplices o refutar sus ideas. Lo cual implica a  su vez complejidad, ya que nadie se salva de caer en el exceso, otra hábil creación que supura vacíos interiores (la intrínseca soledad –nacemos solos, morimos solos pero vivimos buscando algún tipo de compañía- y la inclemencia del mundo que nos induce a buscar cobijo, sea en la religión o en el amor), un toque existencial que nos hace dependientes de otros, siendo ingenioso poner al amor como ente de destrucción, lo cual es patear toda idea preconcebida o menos buscada en nuestra imaginación. Algo que refuta esa definición en parte absurda de que todo yace escrito, que todo ya está hecho, y no, vemos que se enaltece la aun todavía viva libertad y la creatividad en el filme de Mungiu y como él “tantos” otros que también ostentan alguna obra maestra. Porque esta lo es en una transparencia que articula muchas ideas partiendo de un inteligente y claro panorama, sin la necesidad de simbolismos como creía Tarkovsky. Una honestidad y sencillez digna de elogio aun componiendo sobre un orden eclesiástico que se le representa para no confiar en este (y se dice de boca directa en el personaje de una doctora), que ante todo rescato debe ser discutible, y es que tenemos que verlo como una reforma, como un medio de elucubración y reflexión, no algo inamovible ni definitivo ni ninguna muerte sino paradójicamente como en el desenlace en el vehículo de la policía ¿y ahora qué viene?, ¿dónde está la culpa?, la vida continua y seguiremos solos. Tenemos una historia, una dramatización y una específica contextualización, pero de ahí hay que dialogar con las imágenes y sacar propias conclusiones. Se nos dice que uno es quien decide, pensando que la pasividad no ayuda ni tampoco apasionarse o embrutecerse de ninguna forma, se debe buscar el equilibrio, no hay a fin de cuentas unanimidad en el camino. Más allá de las colinas dice el título, del original Dupa dealuri, es decidir salir de ese cuadrante (como con el tipo que pregunta a Voichita por un lugar y ella refrenda el rótulo), ver lo que se oculta, crecer, enfrentar al mundo, dejar de ser tan básicos y sobre todo congeniar con nuestra libertad.

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