martes, 2 de enero de 2024

Rollerball y The blood of heroes

Rollerball (1975)

La dirige el canadiense Norman Jewison. Es la película por esencia de los deportes futuristas expuestos en distopías. Está basada en el cuento de 1973 del americano William Harrison quien se encarga del guion y denota ser fiel a su procedencia literaria, a su austeridad en general. Rolleball es más compleja que las películas de su tipo, no obstante opta por planteamientos simples finalmente, como lo del poder controlador de una empresa fantasma -ubicua pero sin identificarse específicamente- que hace de Gran Hermano, con el deporte como nexo popular conquistador/pacificador de las masas. Un deportista de élite, Jonathan E. (James Caan, en una de sus actuaciones más memorables), ha batido todo récord y se ha convertido en un héroe nacional, la máxima celebridad mundial, y cómo haciendo una lectura de la vida de (y quien fue) Muhammad Ali se sostiene que nadie puede ser más grande que el sistema o el orden establecido. Se señala que el deporte en sí debe pesar más que cualquier individualismo, y sin tanta cháchara, con una ambigüedad y misterio light, se le pide a Jonathan E. que se retire, pero Jonathan E. no quiere, aun cuando el deporte se pondrá más rudo, más especial, con él. En el mundo distópico del filme, el poder busca que la gente esté desprovista de profundidad. El poder se encuentra representado en especies de empresarios, a los que se les ve como millonarios entre engreídos y caprichosos y seres robóticos, repetitivos. Estos empresarios ambicionan controlar todo y a eso se dedican. A esa vera los subyugados (la población) tratan de congraciarse con el poder y es así que la mujer amada de Jonathan E. se va de su lado, donde luce en mucho semejante a una dama de compañía. Ella, igualmente, parece una autómata, curiosamente representada por la modelo y actriz sueca Maud Adams. La presente es una película de ideas sin demasiado desarrollo. Hay una atmósfera típica del mundo distópico, un estilo sobre esto, de cierta inquietud, pero es mínimo. El deporte expuesto es extravagante y tiene escenas violentas bajo esa batuta. Tenemos motos, golpes, balones, un velódromo. Es un mix de prácticas deportivas, pero tiene mucho del hockey. Presenciamos muchas secuencias de éste deporte futurista llamado Rollerball y si bien tiene sus momentos emocionantes carga cierto sinsentido como deporte, falta un poco de mayor credibilidad. A Rollerball parece que le falta más sustancia. Es como una promesa trunca ante cierto estado de ambición conceptual. No deja de ser una propuesta atractiva, pero a todas luces había material como para hacer algo más especial, aunque de todas formas la parte deportiva tiene su destaque, su cuota de originalidad. Se siente que coge de muchas partes sin ahondar, en ello lo hace más decente con Antonioni que con Kubrick. 


The blood of heroes (1989)

Ésta es la única película que ha dirigido el célebre guionista David Webb Peoples, guionista de obras maestras como Blade Runner (1982) y Unforgiven (1992) y de la interesante Twelve Monkeys (1995). The blood of heroes (1989) es sólida en su credibilidad como una combinación entre football americano y gladiadores romanos. En la película de David Webb Peoples el deporte es la puerta hacia pertenecer a la élite, al grupo de los privilegiados, dentro de un mundo postapocalítptico como del tipo de los desiertos de Mad Max. La trama es una historia de sueños y segundas oportunidades. The blood of heroes es una propuesta básica esencialmente, no obstante, tiene varios elementos deportivos reales/reconocibles muy bien expuestos en éste mundo distópico. Es plenamente competente, efectiva y notablemente entretenida (con un protagonista, interpretado por Rutger Hauer, que tiene potente pinta de legendario). The blood of heroes se presenta de manera muy frontal y sencilla donde en ese trayecto está llena de empatía de cara en particular a los que les encantan las películas de acción de los 80s y 90s, de la época dorada de éste cine, y para los que aman el deporte. Maneja muy bien la emotividad, la que yace en su punto, presentando a dos personajes valiosos enfrentados a la fragilidad y a su sensibilidad de cara a la existencia y a sus sueños y metas de ser mejores, como de salir adelante. Sus historias y luchas son una preparación para entender y ser plenos en el mundo. Estos personajes los interpretan con mucho talento Joan Chen y Vincent D'Onofrio. Éste último venía de impactar a todos, de ganarse mucha admiración, con su papel en Full Metal Jacket (1987). Joan Chen es una mujer muy fuerte en varios sentidos, especialmente ruda para destacar en el deporte, en la distopía de un tiempo futuro. Tiene que serlo si quiere tener éxito. Buscar vencer las dudas que suelen presentarse frente a una enorme exigencia, no sólo física, muy competitiva (muchos quieren llegar hasta la cúspide), sino existencial, para cumplir sus sueños, complicados, escurridizos para muchos. Incluso debe ser un poco cruel dentro de una cierta firmeza para conseguir sobresalir. El filme plantea solventar la resistencia corporal y auto-motivacional. Kidda (Chen, la que aunque visualmente bastante rústica mantiene cierto atractivo físico) se exhibe además dentro del papel romántico (compañera pasajera del protagonista), inmersa en una existencia en todo sentido áspera, difícil de disfrutar, muy poco embellecida, como aludiendo cierto cine social. Hauer como el mítico Sallow representa al hombre curtido, pero sin vanagloriarse o pintar de que lo sabe todo porque ha sufrido. Él es un samurái, un verdadero gladiador, un hombre experimentado y humilde, que sabe qué tiene que hacer/potenciar para vencer, que entiende qué ha perdido, qué no tiene y qué quiere y qué va a conseguir (por su mentalidad de campeón). Conoce la gloria máxima y la caída en el olvido, como el poema de Kipling. Sabe cual es el camino para volver a la cima. Es el estratega por antonomasia. Su figura es la de aquellos que hablan poco, pero es un maestro, de los jóvenes que lo admiran en silencio, quienes saben quien es, más allá de las engañosas apariencias. Sallow es el hombre que promete, con acciones, como líder, el futuro. Joan Chen tenía 28 años y Vincent D'Onofrio 30 y señalan justamente juventud. Hauer tenía (preciso para el rol) 45, la edad donde el deporte suele dejarse por lo general de practicarse en alta competitividad, y esto habla de la mediana edad y querer alcanzar de cierta manera lo "imposible" o remar contra las probabilidades.