domingo, 8 de noviembre de 2015

La cumbre escarlata

Uno de los directores más queridos del planeta, Guillermo del Toro, maestro del cine fantástico, con la maravilla de El laberinto del fauno (2006), otra con mezcla de terror como El espinazo del diablo (2001), o a secas, con la interesante y latinoamericana Cronos (1993), tanto como entretenimiento del bueno, Hellboy (2004), aunque con algún producto sobrevalorado, Titanes del Pacífico (2013). Uno de los grandes directores mexicanos que ha sabido instalarse bastante bien en el cine de Hollywood (junto a sus compatriotas contemporáneos Alfonso Cuarón y Alejandro González Iñárritu), aunque anclado al cine de género, por el que trasuda auténtico amor al cine. Nos trae nuevamente una producción por esos lares, con un reparto de estrellas angloparlantes, presentando una historia de terror gótico, con clásicas mansiones tenebrosas de pasado sórdido y oscuro (que recuerda joyas del séptimo arte como The Haunting, 1963; y The Innocents, 1961), ilustrada en una elevación natural del color de la arcilla que la sostiene en medio de la nieve, como anuncia el título, en un escarlata que rápidamente evoca a la sangre o el augurio de aquello.

Es la trama de una joven escritora en ciernes admiradora del estilo de Mary Shelley, llamada Edith (una fantástica Mia Wasikowska, que representa la luz), nacida en una familia acaudalada hecha en América, del llamado nacionalismo “self-made” (construido por uno mismo, con esfuerzo y trabajo duro) representada en el refinado patriarca familiar, Carter Cushing, que ve con sumo desagrado el enamoramiento de su hija y mimada niña de sus ojos, con un apuesto y misterioso visitante de origen europeo, de estirpe de abolengo, pero estado actual en decadencia, que vive de la gloria pasada, Thomas Sharpe (Tom Hiddleston), producto de una sospecha hacia este y rechazo pre-visualizando una condición de aristócrata ocioso y suave.

La cumbre escarlata es el choque entre los representantes del final de la época victoriana, y los prósperos y renacientes hombres del nuevo mundo. Implica una historia de romance trágico y perverso a partes iguales, ejemplificado perfectamente en aquellos parásitos que se alimentan de las mariposas, las que simbolizan la belleza, la inocencia y la pureza, como menciona un diálogo y la visibilidad en pantalla de esa cruel alimentación, en donde se espolvorea únicamente el terror en sí, siendo lo fantasmagórico la exhibición de vidas interrumpidas brutalmente (seres sufrientes), a la vera de una vocación por señalar culpabilidad, como hacía El sexto sentido (1999), pero que directamente resulta secundario en la trama, y más pasa el horror por una elaborada urdiembre realista aunque exagerada pero elegante (como barroca termina siendo la estética, la narrativa y su argumentación, en los tantos vuelcos que escenifica el filme por el desenlace, tras luchas con objetos punzocortantes que imprimen emoción), con una atmósfera y una época lograda de por medio. De lo que los verdaderos monstruos son de carne y hueso.

El filme, provisto de un gran diseño, presenta varias capas de supuesto terror, con un aire fantástico que bien domina el director, con un Tom Hiddleston seductor y normalmente simpático, y una Jessica Chastain como la hermana Sharpe que imprime el recelo necesario en el ambiente, y actúa como un contundente elemento gótico, con su ropa oscura, su cabello azabache, su mirada dura y quizá pérfida, sus habilidades con el piano y su orden de ama de llaves que bien recuerda a Rebeca (1940), viéndose que ella aunque inicialmente desaparece de escena termina como una carta muy fuerte, que invoca ese feminismo que implica el sueño literario de Edith; en lo que es como que Guillermo del Toro confunde adrede las virtudes y defectos de sus protagonistas, articulando harto disfraz en su narrativa, en el que es el background que explica la esencia de las almas en pena. 

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