domingo, 14 de junio de 2015

Climas

Siempre es sano escuchar voces diferentes, la unanimidad es síntoma de conformismo, de confort, de un quehacer laxo y poco productivo, no mueve al cine ni al pensamiento, cuando uno espera progreso y mayor consciencia con el séptimo arte peruano, por eso argumento una postura distinta, personal, en medio de las que han sido mayormente voces positivas, que a mi ver parecen bastante sobre-dimensionadas en su complacencia. Ya que en mi apreciación, la ópera prima de Enrica Pérez es un filme demasiado pequeño para tanta celebración, al punto de que se le propone como la mejor propuesta de lo que va el año, pero más va en la línea de la deficiente Viaje a Tombuctú (2014), que de Días de Santiago (2004) o El Mudo (2013), salvo como proyección a futuro como directora en ciernes, de lo que hay que reconocerle talento, porque aunque haga el papel del malo de la película se trata de un filme vacuo, aunque muy técnico, de emociones elementales, esquemático, con retratos sumamente cortos, simples, que caben en solo unas líneas, como si fuera un trabajo universitario, si bien de alto estándar, superficial internamente, pero muy laborioso en su cáscara, aunque pueda "engañar" dando rodeos o alargar descubrimientos con la redundancia de su empatía, y sobre todo sumido en el total cliché, como la sofisticación y el dinero en Lima (la costa, al estilo colonial), la calentura de la selva, y lo conmovedor, maltratado y humilde de la sierra.

No es como Madeinusa (2006) que les da matices y complejidad a la gente de la sierra, Llosa les pone perversidad y no busca congraciarse temerosamente con una imagen típica de conmiseración, paternalismo o de culpabilidad ancestral, ya no un cliché más de eterna bondad e injusticia corrompida por la modernidad, apremiada por el hijo ladrón de tendencia acriollado, algo muchas veces visto, no habiendo gran esfuerzo de creación como historia, aunque si en los paisajes, no obstante lo de los climas, o sea tender a poner de azul a la costa o rojiza a la selva luce algo demasiado simple como empatía, como esos silencios y miradas son harto básicos, un déjà vu elevado a la potencia. No trascienden más allá de lo primario, como si fuera un ejercicio cinematográfico donde vemos cómo funcionan los elementos cinematográficos, tales como cromatismo, sonido, iluminación, etc., pero la historia en sí es propio de una telenovela (especialmente en el capítulo de la costa), o como la popular serie mexicana dirigida por Silvia Pinal, Mujer casos de la vida real, que pasaban tanto por televisión.

Su gran talón de Aquiles es que no aporta profundidad argumental. Por recordar una propuesta que tengo bastante próxima, no es como Corn Island (2014), algo contemplativo y minimalista, pero complejo, en humanizar las labores agrícolas, unas que conllevan mucho realismo y esfuerzo en trabajar con un islote desde su nacimiento, asentamiento momentáneo, hasta su destrucción, donde vemos además el abordo de la femineidad, pero expuestas bajo distintas formas, más allá de la obviedad, no únicamente en base a lugares comunes. La directora peruana Enrica Pérez me parece una prominente artesana, pero es hasta que cree algo intelectual, argumental, propio de un verdadero festival, un aporte sustancial, que se llevara verdaderos aplausos, y no que solo se trate de estética vacua, y emociones bajo esfuerzo mínimo, trabajando simplemente lo que todos conocen, y ya uno se siente cansado de encontrar.

Puede que sea propio de un festival como se ha dicho en algún momento, porque en efecto (literalmente) estuvo participando en el festival de cine de Lima, solo que su contribución intelectual es nula, no encaja con la esencia del cine arte, como la propia directora se ha desligado, diciendo “No se asusten, Climas no es una película larga, lenta y aburrida de cine-arte, es una cinta entretenida”.  

Viéndolo desde su perspectiva puede ser una opción, pero el problema es que se pone en un equilibrio que no posee, un intermedio perfecto entre el placer y lo personal, dando algo supuestamente entretenido, que se afirma como tan primario, como si eso fuera suficiente para contentarnos, ubicándose simplemente por encima de comedias baratas como Asu Mare 2 (2015) o Macho peruano que se respeta (2015).

En lo que me solidarizo es que debió cumplir un buen ciclo de exposición, uno que ha sido mermado por una injusta programación de sólo 5 lugares de exhibición (con 16 horarios), hasta pasar a una segunda semana estando colocada en 2 cines, no obstante eso no debe ser razón para canonizarla. Y eso es lo que siento que define mi crítica, habiéndola apreciado en el mismo festival de cine de Lima del 2014, por el que pasó sin pena ni gloria por la voz de la crítica (estuvo en la competencia oficial, donde no obtuvo ningún galardón, no obstante ganó el Premio Epic, por primera y segunda obra), hasta verse redituada en una celebración actual desmedida. Que puede vernos conminados por una buena estética, un trabajo laborioso al respecto, pero demasiado modesto en sus tres historias. 

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