domingo, 12 de enero de 2014

The Broken Circle Breakdown

Ganadora del premio del público en el festival de cine de Berlín último, y mejor guion y actriz en el festival de Tribeca 2013. El director belga Felix Van Groeningen  trae frescura en su cine que suele congeniar entre lo cool, un halo de eterna juventud que debe enfrentarse a la dureza de la vida, y -a esa vera- lo dramático que llega hasta el melodrama.

Dagen zonder lief (2007), que traducida sería "Con amigos como ellos", no es la más recomendable de sus películas, y aun así no es una mala propuesta, pero sí bastante menor como opción, siendo lo importante de su mención que permite ver el estilo de éste cineasta, aunque en estado menos elaborado. La historia retrata como una muy buena amiga de antaño aun joven, vital y guapa pero con un novedoso teñido de cabello rubio regresa a su ciudad origen y se reencuentra con sus viejos amigos, que son igual de alocados que ella, solo que están pasando por un trance, empiezan a madurar a la fuerza, a razón de la realidad que golpea, más por el pasar del tiempo que otra cosa, algo intrínseco; sin embargo siguen teniendo ese espíritu libre de irse a emborrachar, hacer diabluras –uno tiene un bar de desnudistas, un segundo tiene al padre de su novia como ayuda con un trabajo en su empresa, que no le gusta, y otro labora con la informática desde su casa - y solo querer divertirse, aunque empieza a agotárseles, y dado el caso central de Kurt deben enfrentarse a la frustración de una etapa adulta que nos descubre la importancia de tomar seriedad en la vida, que en Van Groeningen  significa -como muchos argumentan- que hay que mantener la posibilidad del escape para tomar aire, y luego aceptar lo que viene, si bien la forma de entenderlo es bajo un quiebre mental violento. El belga en esta obra resulta muy superficial, se deja llevar en buena parte por la fiesta que impone, a pesar de que luego la desestabiliza, pero que al final ello resulta poca cosa. No obstante al exponer a los personajes bastante extrovertidos, imperfectos, débiles emocionales e inestables se hace de la contundente presentación de la locura de una edad que empieza  a mutar. No será ésta obra una maravilla de la introspección porque nada en lugares comunes y parece no pretenderse más que como una lección existencial sumamente pequeña, pero tiene su toque de entretenimiento con retrato y mensaje desde lo buena onda. Seguramente es bastante olvidable, pero para los curiosos y a los que les gusta lo juvenil puede gustarles.

De helaasheid der dingen (2009), que puede titularse "Los desafortunados", parece una toma de consciencia del director –que luego traiciona o agota porque se decanta por un giro de último minuto, tras explotar el desastre que es lo que hace cautivante su filme aun siendo más de lo mismo, solo que en un país europeo- o asumir lo que antes no concretó, o quizás solo dibuja una injusticia del mundo que corrige con la ilusión facilista. Si vemos que en la anterior película se muestra tolerante con la inmadurez, que claro lo entiende seguramente como mantener la alegría de la temprana edad, como que se las juegan por la felicidad. Este filme carga con un error que llevará The Broken Circle Breakdown, que se repite en él, su simpleza en cuanto a lo que deciden sus criaturas, su ligereza para contarnos una historia, imitando el cine americano comercial que no llega a capturar en toda su habilidad si bien aprueba y llega a agradar, que en ésta anterior película se presenta como un golpe de suerte, querer ser escritor, que no a través del trabajo duro –aun no hablando de un oficio de empleado, los que hace ver sumamente desagradables y a lo que le damos la cuota de veracidad, al menos- para lograr el éxito. Y al respecto, creemos que no basta solo enseñar penuria, pobreza,  y a razón de ello dibujar un (común) disgusto que culpa el pasado con el cual también es condescendiente (siendo curioso que teme convertir esta realización en un melodrama y más tarde lo aborda en toda ley, como antes con la inmadurez y su devenir en la vida, en que tampoco en la presente puede evitar dejarse llevar, porque en el filme muchas vivencias idiotas se llegan a disfrutar), aunque en lo práctico revierte un lastre -aunque sea el de un padre que en su calidad de vago tenia buenos sentimientos debajo- y un contexto que dirige mucho nuestra realidad, algo que en Van Groeningen le falta asumir mejor, puede que porque se pretende naturalista o documentalista en su ficción de alguna forma, no quiere inmiscuirse mucho en sus ilustraciones de personalidad y de reflejo de ello, pero eso denota que el fondo que imprime a sus filmes suele ser muy endeble, algo que le acompaña, y únicamente le salva pensar que sus retratos son los de personas tan sencillas que no ameritan más de parte de él. Aunque como fuera, es un filme que no podemos negar que genera atención,  divierte, y mucho, y eso hace complicado clasificarlo, no se le pude criticar del todo, porque asoman aciertos en su imperfección. Su mayor problema es que se pretende sencillo, pero también es su basa, porque atrapa.

The Broken Circle Breakdown es su culmen, es mejor que las anteriores pero carga con algunos fallos habituales, y más que eso diríamos que son rasgos ya de identidad, de estilo. En esta oportunidad su trascendencia toma más seriedad, se afianza más, pero aunque ciertos comportamientos tienen su lógica padecen de cierta irreflexión, y es que lo del tatuaje y reiniciar -como anteceden los sobrenombres- se trastoca, pierde su efecto mayor, y puede ser romántico y melancólico pero improductivo, contradictorio. Nuevamente hay un final sorpresivo que resulta a un punto frío aun en su efectismo y llamado emotivo, exagerado, pero que sigue el código de un subgénero y por lo tanto es idóneo. Lo que tampoco luce descabellado como opción dada las circunstancias, sino un acto de nuestra debilidad e imperfección, esa que hay que reconocer que retrata muy bien Van Groeningen sin aspavientos. Sus protagonistas propician que uno se enamore de ellos, son simpáticos, calan siendo inocentes y frescos en sus juegos de afecto, y eso ayuda mucho más a entablar conexión con el conflicto. Su química es impecable, creemos en ese Alabama Monroe que se queda volando en el aire. Como lo de los pájaros chocando contra  el vidrio, al no ver lo que es, primero como fuente de comprensión de la muerte en lo literal, y luego en la metáfora de la imposibilidad de aprender. Tanto como en el dulce gesto de las calcomanías de águilas como una sanación/salvación temporal, anímica. Que sin embargo, aunque no todos, muchos superan lo que parece imposible.

Lo mejor, su música bluegrass, un tipo de sonido country más profundo, como se dice. Sus composiciones y cantos dentro de un espectáculo versado sobre un sentir de proximidad o en los lugares de reunión familiar otorgan bastante fuerza escénica, se ganan al espectador, hacen brillar el drama llenándolo de un aura especial y con ello el logro formal de la propuesta que toma un cariz audaz y seductor, cómplice, actual. También está mucho más logrado que antes el quitarle solemnidad al filme, con los flashbacks y las rememoraciones de los tiempos compartidos, que van explicando como un rompecabezas el contexto, aunque también sirvan para la lágrima, al comparar momentos.

El filme nos cuenta como Didier (Johan Heldenbergh) y Elise (Veerle Baetens) se enamoran, siendo ella tatuadora –que hay que decir que los abundantes tatuajes de su personaje lucen sensuales y no vulgares a diferencia de lo que siempre se ve, y no le restan afabilidad o ternura- y él músico de folk, tocando el banjo y cantando la música autóctona norteamericana –un amante de EE.UU desde su natal Bélgica, y anotamos que su crítica no es hacia un país, sino hacia una política-, que ante una duda inicial enseguida logran consolidar su amor y tener una niña, que luego se enferma y les lleva a replantearse la vida; y en ese trayecto de pena decidir por un camino, y son dos las respuestas consiguientes, mientras pelea el ateísmo y la fe. Ella cree en el cielo pero rompe sus reglas, él no y las refuta enarbolando un anhelo de cambio a través de su experiencia íntima. La resolución de cada uno genera crítica, una pasiva (hacia Dios) y otra activa (hacia el hombre), y la que más se apodera del filme es la racional.

Esta película es un melodrama y por ende tiene su lado que estimula mucho las emociones, y es inevitable sentir que se nos instiga a sufrir a través de la historia, mientras la sencillez que no en la forma porque utiliza todos los tiempos y uno va conociendo detalles que hacen de background y anticipando momentos ante esa estructura, juega a favor como en contra según el criterio y nuestra sensibilidad como la propia exigencia. Aunque afirmamos que esta propuesta no es nada del otro mundo, sigue parámetros comunes, y no representa una historia compleja de seguir siendo Van Groeningen naturalmente propenso a no dejarse absorber por un ritmo y un entendimiento más arduo, sin embargo la historia por tener una temática delicada crea un alcance mayor, como cavilación existencial, que apela a nuestros sentimientos más puros y más definitorios, y hay que decir del belga que no se excusa de aprovecharlo, de presionar hacia la compenetración primaria. Pero con su buena mano, logrando que le prestes atención, que disfrutes su narrativa mientras procesas su desgracia, en un relato dulce y amargo, como el mismo bluegrass, en donde letras melancólicas o cargadas de sentimiento se dan con una melodía vital, vibrante, que valga la paradoja produce el baile, y es que es una buena señal ante las adversidades, el aceptarlas y seguir adelante, el palpar la idiosincrasia de la vida, y el mundo, y respirar. 

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