miércoles, 18 de diciembre de 2013

The Counselor

Esta película debería ser una obra maestra, contiene varios actores bastante famosos y hasta talentosos, un guion firmado por un escritor de alto nivel literario como Cormac McCarthy, y un director preparado y experimentado en Ridley Scott que tiene obras importantes en su haber; Los duelistas (1977), Alien el octavo pasajero (1979), Blade Runner (1982), Thelma y Louise (1991) o Gladiador (2000) avalan su genio; sin embargo no lo es, y lo que es peor, la crítica se ha cebado con ella, le han dado duro sin contemplación.

El principal problema de ella es que no tiene una trama que se explique bien, que sea fácil unir cabos y entenderla completamente, y es porque usa pocos recursos en su elaboración, y a uno solo le queda conjeturar soluciones y ser analítico e imaginativo, coger cada línea y momento clave para salir airoso, que como sea, siempre habrá que poner mucho de nuestra parte, a menos que nos quedemos con nuestras dudas y pues nos dejemos llevar por el trazo grueso, la sacada de vuelta de un transporte de drogas en que la maldad y el ingenio milimétrico de una femme fatal llamada Malkina (Cameron Diaz) le roba a su propia pareja y a sus amigos y compinches, el resto pormenores, y tampoco estaría mal, porque nos queda aparte de la adrenalina de su relato, la ambientación y los personajes, unos con ligeros toques creativos, en que se opta por algo que los haga rápidos para marcar un entusiasmo primario, o una temática contundente en el conflicto del narcotráfico con la legendaria contemporaneidad del desierto de Texas y su límite con México, sus historias de mujeres desaparecidas y las decapitaciones.

Su historia versa sobre alguien conocido únicamente como el consejero al que no se le identifica por nombre – Michael Fassbender- quien cae en el pecado álgido/decisivo de su existencia, por soñar realidad una cuantiosa suma de dinero sucio, y pasar de servir de abogado de criminales a ser uno, al ser amigo de un narco “pintoresco” en su apariencia y su irreverente extroversión visual y frontalidad verbal, Reiner (Javier Bardem) con quien se prepara para un negocio ilegal  de drogas, queriendo ampliar su opulenta felicidad y su aclamada seguridad tras proponerle matrimonio -y regarle un diamante como aro de nupcias- a Laura (Penélope Cruz), su novia latina, la que ofrece dar más de sí ante el futuro en ciernes (tomándose como principal la noción de mayor atrevimiento y perversidad sexual, algo muy americano) ante la cierta mojigatería de su catolicismo. Entonces para hacer el trabajo se ve con un mensajero o intermediario, el vaquero moderno Westray (Brad Pitt) que le advierte que una vez dentro ya no hay vuelta atrás (más tarde llegara la explicación de la consecuencia de los actos irreflexivos); le dice que debería pensárselo mejor antes de participar porque es un juego temerario en que asoma mucho la derrota donde pocos como él saben escapar. Consejo que no escucha por supuesto el supuesto tipo listo, culpa de ser un constante ganador, el llamado paradójicamente consejero que es más un inexperto y el sobrenombre le viene gigante (o más claro, por ironía del guion), aunque se entiende que es porque suele ser el que administra la sabiduría legal para que sorteen la cárcel sus delincuenciales clientes, solo que en esta nueva lid ponerse del otro lado le hace ser carne en el asador para gente más ducha y oscura. Justo en donde brilla Malkina, con una Cameron Diaz en un papel jugoso dentro de su carrera y esencial en la propuesta, pero adscrita a un registro conocido, sencillo a fin de cuentas, bajo tres parámetros, su desbordante belleza y sensualidad provocadora (como su lascivia sugerida a la par de su impune misteriosa crueldad en su anhelo caprichoso de confesión; aprovechada específicamente en el filme, o mejor dicho asumida, desde una copula con un vehículo último modelo, gracias a su flexibilidad y al voyerismo de su entrepierna), su inteligencia para ejercer un plan maestro –que de la mano de la tentación, la ambición y el haber pensado mejor el cruzar la línea de la criminalidad son la película- y su calidad de cazador (a), gracias a su frialdad, que arguye una dimensión unilateral: la de un demonio.

Otra característica que agiganta la realización, a mi ver, pero que muchos críticos han hallado de insufrible regodeo y hasta ha habido sorna con esto tildándolos de ridículos o confusos, y que quizá pueda enloquecer a algunos espectadores que por norma general son indiferentes a cierto esfuerzo, como a otros serles objetos de decepción al seguir estando en el limbo, en la propia historia y en la vida, en la experiencia a través del arte, es la retórica trascendental de McCarthy, típica de su literatura, junto con la violencia que también tiene momentos gloriosos en el filme con la planificación del homicidio del motociclista y negociador, o tras la liquidación que prepara una conversación casual acerca de un dispositivo de decapitación que más adelante lo veamos en acción con pelos y señales. Los diálogos que propone el guion, los que denotan que Ridley Scott le ha seguido fielmente, son metafísicos como el que se da con el joyero que articula el actor alemán Bruno Ganz, o vienen a ser explicaciones profundas sobre el mundo del crimen, de la droga y la fatalidad que envuelve a todo ello. El momento que finalmente muestra lo que las palabras argumentan, cuando un camión de basura echa un cadáver sobre una montaña de desperdicio, es vastamente impactante, una bofetada existencial como la que estaba sopesando un conocedor de su ámbito, Westray, y finalmente trata de proporcionar sentido a una forma de vida que muchos no “entenderán” ni deben tomar a la ligera si bien como se dice, la muerte puede ser algo banal e influir la seducción de la suntuosidad y la vida fácil, que parece algo siempre tan intrascendente e inconsciente.

Queda el mensaje de las decisiones que tomamos, y creo que se hace sublime, aunque algún monologo  como el que proporciona Malkina  a puertas de un nuevo negocio sea tan propio del estereotipo que representa (su expresión de autosuficiencia y estar por encima del resto es logrado pero unidimensional), con unos ágiles y bellos largos felinos iluminados por el inclemente sol, como metáfora  a un punto manida, la que aun con crítica cae en gracia como una potente presentación, en sus fieras corriendo tras un conejo en medio de un paseo exótico/erótico a la vera de unos cocteles que permiten entablar una de tantas revelaciones verbales sobre la ausencia de dependencia emocional con gente allegada que desaparece de nuestras vidas (la declaración de una filosofía). Tanto como el peinado exaltado de Bardem y su naturalidad física y su personalidad al estilo de la serie Miami Vice, como también resalta la escena de cama y sabanas etéreas que yace en la apertura de la película, que sería el mayor aporte de Cruz, teniendo uno de los cuerpos más esculturales de Hollywood y del que hubiéramos querido ver más; como la sorpresa de ver -en repetidas ocasiones- tan risueño a Fassbender (uno que está memorable cuando se quiebra con el CD enviado por el cartel en la ley de su justicia), y es que cada personaje es importante aunque a los actores les hayan sacado poco jugo en realidad, fuera de sus imponentes presencias y como saben utilizarlas, siendo el uso de ellos en parte más aspaviento que otra cosa o para ser condescendientes, un engrandecimiento y la ardua proyección de lo mínimo, al igual que con el conjunto del relato. Uno que celebramos en buena medida, y que no es como para despreciar aun no siendo todo lo grande que alumbraba seguramente en el inicio, y es que más de una vuelta de tuerca esconde este filme, desde varios ángulos, ejerciendo Scott y McCarthy lo que han querido, y ese entusiasmo debe primar por honesto y esencial, desde la mañana que el escritor americano decidió hacer un guion, una historia específica para el cine sobre sus constantes; el que debería de tener una segunda oportunidad para congeniar con el público, pero sin vender su alma, esa que The Counselor posee en su calidad de entretenimiento sofisticado e intenso. 

6 comentarios:

  1. Fíjate yo aproveche el gancho de esta peli para hacer a Penélope Cruz protagonista del mes y luego con las críticas tan malas me dio mucha pereza verla...

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  2. Es un auténtico despropósito, no se ve al director, el guión hace aguas por mucho que me duela decirlo y no me creo a los personajes, es un fiasco, un flop. Segunda vez que me pasa este año, la primera en verano con The Canyons, con guión de Bret Easton Ellis y dirigida por Paul Schrades. Un abrazo

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  3. Coincido bastante con tu opinión. No será una obra maestra (aunque para mí ya está entre lo mejor del año...), pero desde luego es una gran película que no ser debería dejar pasar, y que, por supuesto no se merece los tremendos palos que les están cayendo. En lo que no creo es en que el uso de estrellas solo esté para dar empaque a la película. La utilización que se hace de sus primeros planos en el que las arrugas de su cara muestran todo la experiencia vital que llevan a sus espaldas me parece estupendo.
    Por si te apetece, acabo de publicar algo sobre ella.
    Buena entrada.
    Saludos

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  4. Estupenda crítica. Pero esta peli tiene algo que no termina de llamarme. NO creo que la vea.
    Besotes!!!

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  5. Me he leído esta entrada por encima, Mario, porque tengo la intención de ver la película en breve. Cuando vi tanto nombre importante junto (sobre todo Pitt y Fassbender, jajajja, para qué nos vamos a engañar) me entraron muchísimas ganas de meterme en el primer cine para disfrutarla. La falta de tiempo y las, como dices, horribles críticas que le han caído me fueron quitando las ganas. Ahora creo que iré con más templanza y menos aspiraciones. Besos.

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  6. No me llama absolutamente nada, pero nada de NADA.
    La acabaré viendo, lo sé, por ser de quien es...

    Besotes

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