martes, 18 de febrero de 2014

El vientre

El primer largometraje del cineasta peruano Daniel Rodríguez Risco, El acuarelista (2008), extrañamente no gustó a muchos críticos, le llovieron muchos palos, sin embargo a mí me parece una cinta muy bien hecha (a la que se le debe una justa reconsideración), la que cuenta con un toque curioso que vale elogiarla –aspira a crear un ambiente emulando un estilo, llevado a lo personal, y considero que lo logra- e interesante con algo bastante concreto que nos entrega como resultado una propuesta entretenida. Me deja una buena sensación, recordándome en efecto como el propio autor ha dicho –aunque con la clara diferencia de que la obra de Roman Polanski es superior en toda su irreverencia, esperpento, personalidad, manejo de géneros (en donde predomina el thriller) y osadía- a El inquilino (1976). Quedando una versión mucho más ligera y llevadera en comparación a su antecesora. Constando con una reiterativa comedia sin ruido, irónica, fácil, simpática, mezclada con el terror existencial -muy vivo por medio del sonido ambiental- dentro de una historia pequeña que versa sobre el sueño de inmortalidad de un artista novato, entregado, ambicioso e iluso; la aspiración de un idealista que ve frustrado su anhelo por culpa de sus conflictivos y absorbentes vecinos.

La nueva película de Rodríguez Risco parece haber sido recibida con mayor aprecio, al menos en las salas de exhibición, y aunque en mi parecer es menos singular que su ópera prima nuevamente hace gala del don de "imitación" de su cineasta, consiguiendo un logrado filme de terror psicológico que luego pasa a lo concreto –a asesinatos- pero con el arte de lo sugerente, lo artístico, más que lo explícito o brutal. Aunque haya la sensación de deja vu, pero que no le suprime su propio quehacer cinematográfico.

Estamos ante un filme en realidad pequeño pero que sabe expandir y proyectar su campo de interés, generar tensión, que la busca y la propone con ahínco, mostrando con constancia el desequilibrio de su monstruo, el que tiene la fijación de quedarse con el bebé de su empleada, la que ha  elegido en un camal donde brilla la metáfora de la muerte por naturaleza salvaje -producto de los chillidos y la desesperación- del chancho, que se empareja con el título, El vientre (y es una invitación al horror, bajo mucho suspenso). Lo que obtenemos -ante un fuerte deseo de realización o necesidad- de una vida que nos es muy secundaria.

La trama es bastante sencilla, trata de una viuda en los cuarenta, acomodada, guapa, pero solitaria, perturbada e infértil que vive en una casona en el campo, llamada Silvia (Vanessa Saba), la que contrata a Mercedes (Mayella Lloclla) para que cuide de su hogar, tramando un plan en que la embarazan y luego le roba a su hijo por nacer. Para ello tiene a un obrero arreglando su casa, de nombre Jaime (Manuel Gold) con quien quiere unirle para su propósito.

Se puede notar que la claridad del filme genera mucho control sobre éste, para ello se hace uso de un ambiente, algo que conoce muy bien Rodríguez Risco, haciendo uso de lo claustrofóbico, lo opresivo, lo reducido como único mundo, el que quiere ser suficiente y para ello requiere de Mercedes que se ahoga ante ese  deseo, viviendo como dentro de un espacio mental ajeno, el de su patrona. Sosteniéndose con la oscuridad de sus aposentos, lo lúgubre, el silencio, la elegancia anticuada, lo despojado y natural, lo desértico que se insufla de la intensidad de un thriller con sus pocos pero imponentes inquilinos.  Como también es capital su música incidental que genera ansiedad, la necesaria atmósfera, siendo un aspecto trascendental en cuanto al terror que se magnifica, aunque a su vez sirve como juego u otros contextos. Hay un admirable uso continuo de ello, pero que llega hasta lo obvio como en el piano en contraste de lo que está aconteciendo, que afirma la inestabilidad de Silvia.

Tiene una puesta en escena en que hay ratos que imprime el tiempo en lo estático armando una buena fotografía, véase los asesinatos o la toma del paseo en el patio ante la estricta vigilancia del ama sentada con botas de caucho. Esa mirada artesanal pudo ser más larga, pero está conseguida tal cual, sin perder ritmo que aun con pocos elementos el filme lo tiene y mucho, sabiendo generar novedad a cada rato, a pesar de existir ciertos lugares manidos, como el ojo avizor en plano de detalle o cierto intento de escape, explotados ambos actos en repetidas ocasiones, y hay que decir que funciona. Logrando desprenderse del sentir de la redundancia en el entendimiento del mecanismo de un motivo, asumiendo una pequeña variedad en su interior. 

Puede que se apresura en poner toda la carne sobre el asador, más por el lado del enojo y la malacrianza de Mercedes, en generar los antagonismos, que con su historia y la locura de Silvia, pero eso es porque su leitmotiv no son los secretos (que hay por ahí algunos poco llamativos a fin de cuentas, pero funcionales, como el pasado y muerte del esposo doctor), sino como hacía mucho Hitchcock, en mover las fichas conocidas; y se debe al aprisionamiento, un lugar que permite mucha maleabilidad, que justifica la decisión.

Sobre las actuaciones no son grandiosas pero no están nada mal, sirven al cometido del filme, en que brilla sobre todo Vanessa Saba que logra poner un cariz raro en su papel, concibiendo superar su belleza, poner un aire señorial pero también siendo muy natural, de a pie, hay una buena conjunción al respecto. Manifiesta una rudeza sin sobreactuaciones, que viene bastante bien porque no pierde cierta delicadeza y credibilidad, se equilibra y permite realismo, posibilidad. Aunque puede haber momentos demasiado muertos –que en varias partes funcionan porque son características de una personalidad que yace extraviada- o apurados en su actuación, en un conjunto que tiene una buena consumación. Por su lado Mayella Lloclla tiene de dulce, lo menos, lo que puede ser intrínseco a ella, pero mucho de chica fuerte que podemos identificar sin dificultad, lo cual es a un punto un halago a su performance, aun siendo menuda de cuerpo; y lo más importante, que logra plegarse a su papel de víctima en mucho del metraje, aunque sin dejar de ser ordinaria, no obstante entendiendo que su papel, salvando diferencias con el concepto, de scream queen, no es que sean de los más complejos. Mientras mencionar de Manuel Gold que está claro que nos cuesta desligarlo de la comedia (la simpatía a veces tiene precio), de su simpleza, y ha sido inteligente no sacarlo del todo de ella, sigue siendo gracioso y juvenil aun aceptando hacer un poco de drama, de ejercer seriedad.

El filme tiene un desenlace muy poderoso en cómo queda la imagen, la que alberga toda la idea del conjunto, y es algo en buena parte bestial, primario, que se convierte en un relato y concepto pleno de cara al inicio, en el matadero. Dos escenas que se complementan, y que nos invoca una promesa cumplida, a su elección. Y eso es lo que significa toda la realización, atención, inquietud y entretenimiento, sin que sea algo excepcional. Fiel al cine de género, al terror aunque sutil, a su naturaleza, bien hecho, a ganarse nuestra complicidad. 

1 comentario:

  1. Mención a Polanski... mmm, no conozco el film pero me interesa, como siempre. El otro día te visité y no había caja de comentarios :)

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