sábado, 18 de mayo de 2013

Jarjacha

Lo que vemos en pantalla debe hacernos amar el cine, entendiendo que debe haber una verdad aparte de una dedicación perfeccionista y pasional, la del cineasta, aunque no sea del agrado de muchos, la honestidad es primordial, pero si el filme está plagado de defectos e ineptitud eso solo puede respaldarlo alguien que no valore el séptimo arte, y más si es el suyo. Ya no hablo de entretenimiento, sino de que contenga una factura decente. La presente es muy precaria, con actuaciones muy amateur y con bastantes fallas. El cine regional debe existir pero lo que ofrece la presente debe mirar hacia concebirse como una mejor proyección, necesita de una mejoría (sabemos que se puede), buscar reforzar su base visual, sobre todo su forma (que sí tiene ideas), considerándose actualmente una especie de comienzo más que un trabajo último, ya que requiere de mayor técnica, una historia más limpia y mejores actores, y es que si los interpretes conocidos del medio muchos de ellos no llegan a exhibir demasiado talento, esta especie de neorrealismo italiano a la peruana deja en buena parte que desear. Nuestro deseo de promover distintas expresiones nacionales de cine y la iniciativa regional no debe confundirse con mirar hacia otro lado o escribir algo irreal. Sino de crítica abierta y constructiva en tanto sus virtudes como sus deficiencias.

La presente sin quererlo en parte incomoda, fastidia, te hace sentir un poco mal, es muy irregular tirando para abajo, sin embargo tiene ratos salvables y su trama ostenta cierta originalidad. La sexta película del director peruano de origen ayacuchano Palito Ortega Matute realizada el año 2002 y que ostenta una continuación el año siguiente nos presenta un relato sobre un mito andino. Entregándonos una película de terror. Hay varias en la región por lo que el género es popular en todo sentido. Cementerio general que se autodenomina como la primera del terror nacional y que está próxima a estrenarse, seguramente se erige de esa manera por poseer mayor calidad y ser promocionada en los cines comerciales en todo el Perú. Sin embargo Jarjacha es su principal antecesora ya que ha ganado notoriedad respaldando lo autóctono desde una mirada afable y supuestamente divertida. Por algo el terror siempre ha acompañado a los amantes del cine, su capacidad de llegada suele ser indiscutible, y aunque apunta a ser un género desenfadado y poco trascendental, incluso visualmente simple, no nos alcanza a perdonarle a la presente todos sus fallos. 

No obstante seamos un poco indulgentes, y busquemos aspectos favorables, algo que efectivamente podemos alabar es la historia y las ideas detrás, como se han desplegado los acontecimientos. Jarjacha en manos más hábiles y mejor presupuesto sería algo bastante más atractivo, pero seamos justos, también eso se debe a su director. Una característica creativa es que el demonio de los andes aparece recién a media película, antes es una aclimatación a lo rural desde tres estudiantes de antropología que viajan a un pueblito en la Sierra y encuentran un lugar hostil, oscuro y esquivo. El paisaje refleja a la población, hay un halo de salvajismo, de emotividad e instinto, que hacen de subtexto para reforzar la imagen del Jarjacha, monstruo curioso que tiene de los mitos del terror, de los zombies y del hombre lobo, aparte de monje enloquecido, come cerebros humanos tras escupir sangre e inmovilizar a su víctima y se transforma en llama en la copula incestuosa que genera su naturaleza asesina. El personaje posee leyenda propia y personalidad aun siendo algo redundante en un cúmulo de aspectos conocidos en el terror, y es que se nutre mucho del entorno andino, genera su personal transformación a nuestra idiosincrasia sin que se desvirtúe su carácter general y asimilable por cualquier espectador.

La figura esencial increíblemente dada nuestra proclividad general a la sencillez argumental a la que se adscribe tiene -aun así- mucho potencial. Pareciera que no, pero sí que la tiene, y por ende el relato ya contiene una parte ganada, pero vemos que no queda solo en eso y hay más ingenio ya que el Jarjacha demora en aparecer mientras se van creando antecedentes que parecen independientes pero terminan sumando, generando expectativa, formando una atmósfera y solidificando a los personajes y a la comunidad. Y de esta forma, hay  datos que juegan sueltos y a la vez suman al conjunto. También hacemos la salvedad o mejor dicho cierta enmienda que no todo lo técnico es malo, hay una mixtura entre una cantidad de tomas muy profesionales y otras poco apetecibles. Sin embargo en ese aspecto termina dominando  en la película la sencillez a menos.

Todo lo malo de alguna forma tiene algo que la rescata un poco, porque se siente que tiene alma el producto, y no tratamos con un cliché, ni con la ceguera de la condescendencia, sino con la llana y pura honestidad de una subjetividad.  Se da el caso de que ese neorrealismo del que hablamos termina generando una aura de llaneza que nos hace asumir una esencia contextual propia de la historia que se nos cuenta, como dé lugar perdido en el limbo, atrasado y primitivo pero atemporal, capaz de albergar una bestia demoniaca de carne y hueso. Si amas el cine B, si tienes esa predisposición sentimental no puedes evitar cierta confabulación, y es que además un síntoma malsano termina masoquistamente atrayéndote a cierto grado, como lo de la revelación del padre incestuoso atado desnudo vomitando y sangrando tras el apedreamiento del pueblo reunido (la mejor escena de la película, aun en toda esa clara imperfección y suciedad). Se trata de realismo en cuanto a lo fantástico que se nos narra, hay algo decente en todo ello, se logra crear un contexto solvente.

Lo sexual está pero hay que resaltar que hay buena mano al respecto, rehúye el sensacionalismo o la explotación del tema aun siendo parte de la leyenda; lo maneja con mayor sutileza de la que muchos hubieran optado, pero con ello gana muchos puntos. Muy provocativa la delicada escena del vecino mirándole las piernas a una campesina.

Otra mención importante para quien escribe es la de la autoridad, no nos parece gratuita su intervención sin que sea algo obvio de manipular sino juega de simbolismo sobre la ruptura de los hechos y la realidad, un reflejo de que todo es más inverosímil de lo que realmente parece, que se puede permitir algo tan espectacular. Un guiño  a una solvencia que si posee. Y es que hasta el final del metraje nos movemos en los confines del Jarjacha, creyéndonos lo que no existe más que en la imaginación y el agradecido temor del entretenimiento.

Bonus track

La maldición de los Jarjachas (2003), la segunda parte exalta más la comedia, lo que debilita la trama, y no resulta atrapante como finalmente tiene en sí la primera, aunque ostenta algo (menos) de la anterior en su vocación de cuenta cuentos con esos dos comunes jóvenes cazadores de demonios que viajan entre comunidades y que son perseguidos como terroristas por una turba que quiere matarlos (lástima que el personaje del padre se haga tan cargante), además de poseer en su forma sus mismos defectos; pero que también resulta novedoso  al cambiar los rasgos del demonio de los Andes y agregar otros retos como el de los condenados.

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