miércoles, 3 de abril de 2013

Berberian Sound Studio

El director inglés Peter Strickland ha hecho un filme de terror poco convencional, al punto de que si nos pasamos esperando una trama de horror con un asunto por resolver/enfrentar se nos irá la película. Es una propuesta que gira totalmente sobre un estudio que pone sonido a un giallo de los 70s, para lo que se contrata a un especialista británico, de personalidad tímida y muy bien educado, Gilderoy (Toby Jones),  un típico hijo de su patria, pero que colinda con la locura fundiendo su vida con la de su trabajo.

El filme de estilo psicológico nos permite conocer casi didácticamente como se realizan los efectos de sonido de una película de terror al estilo popular italiano en un contexto donde se está elaborando una historia salvaje con ritos satánicos, asesinatos, brujas y demonios, que aunque no nos deja ver un ápice de sangre nos imbuye en sus parámetros, sugiriéndonos todo el panorama (durante el metraje casi podremos armar toda esa película “elíptica”). La que ostenta un realismo que parte del poder de la imaginación, en un estado de consciencia inducida. Pero tratándose de algo leve en sus efectos para con el espectador distraído, que si nos concentramos puede ser hasta perturbador, ya que hay que vivir a través de Gilderoy, compenetrarnos con pequeños momentos del filme. Dentro de que mejor prueba de que la música se asemeja al cine, según palabras de Tarkovski. En un estado de despertar el sentido de nuestro oído, viendo el artificio con lechugas, sandias o algún  recurso audaz que imita hechos concretos que son muy duros de experimentar como de los cuales salir indemnes. La trama subyace en el miedo sensorial.

En la película hay un estado de inquietud a  veces discreto que es la mayoría y a otras más flagrante –en donde se palpa aparte de lo anecdótico, o el rumor, a través de la vivencia de lo común dentro del estudio-  que se da sin dar ningún golpe violento visual, en que no solo se nos brinda a través del personaje que limita con la demencia sino  bastante por medio de detalles, cotidianidad perdida en el limbo (casi sin tiempo), en parte en lo onírico, y bajo la composición parcial, siempre de piezas constitutivas que van armándose hasta robar el alma de la existencia  del protagonista convirtiendo en un hecho la fantasía. Dentro de un conjunto sutil en un ambiente que es lo más importante de la película, los gritos de las actrices, el espacio claustrofóbico del estudio, su perenne oscuridad, el hogar mental de Gilderoy, que a un lado parece estar en su casa y luego yace en el lugar que dicta el título, viéndose incluso dentro de la proyección del giallo que están haciendo. De lo cual ya no distinguimos uno de otro, apoderándose el filme de su cerebro. La (temida) araña que pasa de una mano a otra muy pacíficamente, la carta evolutivamente decadente de la madre sobre unos gorriones (ultimo bastión de cordura), el someterse a la luz de las velas, la tensión entre los compañeros, los abusos sexuales impunes, la desconfianza general, la pasión de los participantes que creen demasiado en lo que hacen.

Lo que plantea  Strickland es un homenaje en toda claridad al giallo desde la paradójica noción de hacer lo opuesto en lo que en si es. Contrarrestando sus defectos como la exageración, su sencillez, efectos baratos, el mal gusto o la brutalidad en un filme inteligente, austero y en cierta forma elegante. En donde pesa o exalta artificios sugestivos como en ese aviso luminoso de silencio, como quien augura que ya viene el pánico en una constante promesa incumplida, que yace generando intriga frecuentemente. La expectación es un alarde del filme, pero sin agotarnos.

La presente realización puede entenderse como una argucia argumental explicativa que se basa en la forma complementaria. Se podría tratar sencillamente de un tratado revelador de cómo hacer un filme determinado si no fuera porque asume las características de relato de horror. Con un Toby Jones que implica en su apariencia ambigüedad, inseguridad y maleabilidad, atributos que revelan ser parte del dominante ambiente, el verdadero jefe de la trama, él y la atmósfera son uno, los dos grandes personajes de la propuesta.

Si uno espera algo extraordinario vendrá la decepción, no va de explícito o algo claro, y es que este terror se mueve en lo mínimo, principalmente en lo discreto o en lo indirecto. Si nos engañamos esperando algo enfático en lugar de poner de nuestra parte no apreciaremos el filme que a su modo es especial, funcionando en el artificio constante del detalle que es indisoluble del conjunto, que es el conjunto.

El maltrato de Gilderoy y de su entorno es como la historia de una crónica de una muerte anunciada, es la alimentación de vivir en un lapso de rareza, la pasividad que lo absorbe todo. Y es cuando le dicen que se abra, en un rato significativo, cuando es demasiado tarde, lo que sale es la secreta esquizofrenia, estando atrapado en la película.  Dice un personaje que lo que están haciendo se basa en algo verídico, que ha pasado, y que hacen historia, que la perennizan en pantalla, que no es solo un cuento de terror. Que mejor explicación de lo que es el filme en cuestión. En un cine dentro del cine, en una cámara de espejos.

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